Son las décimas elecciones europeas, desde las primeras de 1979. En las anteriores, en mayo de 2019, el temor político estaba centrado en los efectos del Brexit (salida del Reino Unido de la UE, tras el referéndum de junio de 2016), el riesgo de avance de la ultraderecha nacionalista en Francia, Holanda, Italia y Alemania. Ahora, en estas elecciones del 9 de junio, está en juego el propio proyecto europeo: si avanzamos hacia “más Europa” o si retrocedemos a posturas nacionalistas, con más peso de los Estados y menos avances en la integración económica, financiera, fiscal y política en Europa. De nuevo, elegimos entre “avanzar” o “retroceder” en los Estados Unidos de Europa.
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lunes, 3 de junio de 2024
Elecciones europeas 2024: mucho en juego
Este domingo 9 de junio, 360 millones de europeos elegimos
el gobierno de la Unión Europea para los próximos 5 años. Unas elecciones
cruciales, porque en Bruselas se deciden temas claves para nuestro día
a día y nuestro futuro: la lucha contra el Cambio Climático, la
energía, el control de la inmigración, la seguridad europea y,
sobre todo, la supervivencia económica de Europa frente a Estados Unidos
y China, además de mantener a Europa como el continente más libre y
socialmente avanzado del mundo. En las últimas décadas, el gobierno
europeo lo ha gestionado una alianza de demócratas cristianos,
socialdemócratas y liberales, pero ahora, la extrema derecha (Le
Pen, Meloni, Vox…) pugna por ser el tercer bloque político,
promoviendo una coalición con la derecha más conservadora (parte del PPE) para dar
marcha atrás en muchas políticas, desde el negacionismo climático a la inmigración,
nuevos ajustes o el recorte de libertades. Y defienden más poder de los
paises frente a más Europa. Nos jugamos el futuro. Vota
avanzar, no retroceder. Enrique Ortega
Son las décimas elecciones europeas, desde las primeras de 1979. En las anteriores, en mayo de 2019, el temor político estaba centrado en los efectos del Brexit (salida del Reino Unido de la UE, tras el referéndum de junio de 2016), el riesgo de avance de la ultraderecha nacionalista en Francia, Holanda, Italia y Alemania. Ahora, en estas elecciones del 9 de junio, está en juego el propio proyecto europeo: si avanzamos hacia “más Europa” o si retrocedemos a posturas nacionalistas, con más peso de los Estados y menos avances en la integración económica, financiera, fiscal y política en Europa. De nuevo, elegimos entre “avanzar” o “retroceder” en los Estados Unidos de Europa.
Con todo, el gran temor es que se produzca “un cambio
político de fondo” en la gestión de la política europea, en el
Parlamento Europeo y luego en la Comisión, el gobierno de los 27. En las
últimas décadas, el
proyecto europeo lo ha liderado una coalición integrada por conservadores
socialcristianos (177 diputados en 2019), socialdemócratas (140 diputados) y
los liberales y centristas (102 diputados
en el grupo Renew Europa), que tienen la mayoría, con los Verdes (72) y La
Izquierda europea (37 escaños), en el Parlamento de Estrasburgo (705 escaños
tras la salida del Reino Unido). Pero en los últimos años han
crecido los grupos de extrema derecha, muy poderosos en Francia (Le Pen),
Italia (Meloni y Salvini), Polonia (PiS), Hungría (Fidesz), (Alemania (AfD) y
Holanda (Partido por la Libertad), aunque están presentes en todos los
parlamentos europeos, salvo en Irlanda, Eslovenia y Lituania.
Si los grupos de extrema derecha ya consiguieron un
21,8% de los votos en las elecciones europeas de 2019 (19,29% si restamos a la ultraderecha británica), ahora se espera que
crezcan en las elecciones del 9-J. Y con ello, la
extrema derecha podría convertirse en el tercer grupo político de Europa, ampliando
los diputados que ya tienen los 2
grupos ultraderechistas presentes en Estrasburgo: 73 diputados de Identidad
y Democracia (Le Pen, Alternativa para Alemania, Salvini y Partido por la
Libertad de Holanda) y 68 diputados de ECR, Conservadores y Reformistas
(Meloni, el polaco PiS, el francés Reconquista y el español VOX). Y podrían unírseles
los futuros eurodiputados del húngaro Víktor Orban, cuyos 13
eurodiputados fueron
expulsados en 2021 de las filas del grupo popular europeo (PPE), tras
múltiples encontronazos políticos.
La derecha europea, el PPE (donde está el PP español) es consciente
del “cambio político” y ha querido anticiparse con un “cambio de
estrategia”: la candidata del PPE a presidenta de la Comisión Europea, Úrsula
von der Leyen (líder de la CDU, democracia cristiana alemana), enfrentada
desde hace años con el presidente del PPE (Manfred Weber, líder de la CSU, los
socialcristianos alemanes), está dispuesta a compensar la pérdida esperada
de diputados propios (el PPE bajará a 170), socialdemócratas (entre 130 y
140) y sobre todo de centristas y liberales (esperan bajar a 85), más verdes
(43) y de izquierdas (30) con
una alianza futura con parte de la extrema derecha, a la que hasta
ahora los conservadores europeos han impuesto “un cordón sanitario”,
sobre todo en Alemania.
En concreto, Von der Leyen dice que está
dispuesta a gobernar con los diputados de Meloni, porque aunque sea de
extrema derecha, es “europeísta” y está contra Putin (y contra
los inmigrantes ilegales, a los que deporta a Albania, contra el aborto y la
homosexualidad, además de contra muchas libertades, siendo su aliado en España el líder
de Vox, Santiago Abascal). Este cambio de los conservadores europeos ha
sido criticado por el líder de los socialdemócratas, el luxemburgués Nicolas
Schmit, que amenaza
con romper la coalición con Von der Leyen si pacta con Meloni.
Así que en estas elecciones se juega si sigue
gobernando la alianza conservadora-social- liberal o si
el gobierno de Bruselas se escora a la derecha, empujado por la
ultraderecha y los populistas, que tienen en común ser más “nacionalistas”,
apostar por mantener el poder de los paises en muchas cuestiones y frenar los
avances en la integración europea en temas
claves como el Cambio Climático, la independencia energética, la
inmigración, la política de seguridad y, sobre todo, los avances en el mercado único
y la integración económica, fiscal y financiera, para conseguir unos Estados
Unidos de Europa. Los grandes retos de Europa.
El primer gran reto de Europa (y del mundo) es afrontar
la Crisis Climática. Hasta ahora, el continente ha sido el líder en
la lucha contra las energías fósiles y en el desarrollo de las energías verdes,
aprobando en
2019 el Pacto Verde Europeo, con un objetivo pionero
en el mundo: reducir las emisiones de gases de efecto invernadero un 55% hasta
2030 y dejarlas en cero emisiones netas para 2050. Para ello, la
Comisión ha aprobado estos años múltiples Planes e inversiones, pero le ha
costado aprobar en el Europarlamento la
Ley de Restauración de la Naturaleza, que salió adelante el 24 de febrero
de 2024, con los votos en contra de la extrema derecha europea y parte de
los conservadores. Ley duramente criticada por los agricultores
europeos y que ahora debe ser ratificada por los paises, en el Consejo
de Medio Ambiente del 17 de junio, tras las elecciones del 9-J.
Si la ultraderecha y la derecha más conservadora y
negacionista (como el PP español) avanzan en estas elecciones europeas, podría
haber una marcha atrás en las políticas medioambientales, a pesar de
que el
80% de los hábitats europeos están en mal estado (la Ley sólo pretende
restaurar el 20% que está peor para 2030). Si avanza la derecha negacionista,
cobrará fuerza la resistencia económica y empresarial contra los
impuestos verdes y las normas anti-emisiones, con la “excusa” de que el
liderazgo medio ambiental de la UE pone en peligro la competitividad y los
empleos de las empresas europeas. Y eso sería especialmente grave para el sur
de Europa, muy afectado por la Crisis Climática.
El segundo gran reto es regular la inmigración a Europa. El
problema es serio, porque en 2023 llegaron a la UE un total de 255.332
inmigrantes irregulares, una cifra elevada pero muy distante de los 1,04
millones que llegaron en 2015, tras la guerra de Siria. Eso sí, Europa sigue
siendo un continente atractivo para los millones de jóvenes sin futuro de
África, Oriente Medio, Asia y América, como lo demuestra que las
solicitudes de asilo se hayan vuelto a disparar: el récord fue en 2015
(1.216.868 solicitudes), bajó a menos de la mitad en 2018 (564.115) y luego ha
crecido año tras año, hasta llegar a 1.049.020 solicitudes de asilo en 2023,
según
Eurostat (320.025 en Alemania, 160.460 en España, 145.095 en Francia,
130.565 en Italia y 55.605 en Austria). Un problema, la llegada de inmigrantes,
que hay que canalizar aunque Europa necesita empleo extranjero, por
su alto
envejecimiento: el 21% de los europeos tienen más de 65 años y en
2050 serán mayores el 29,5%. De hecho, la ONU ha alertado que Europa
necesita 60,8 millones de inmigrantes para 2050.
Los gobiernos europeos han intentado tomar
medidas para regular la inmigración, tras la avalancha de 2015, sin
conseguirlo: han puesto “parches” a las llegadas, que han sufrido
Grecia, Italia y España, junto a Alemania, entre el desinterés del resto,
mientras 3.000 inmigrantes morían en el Mediterráneo. Finalmente, la Comisión y
los paises han buscado aprobar un Pacto
sobre Migración y Asilo antes de estas elecciones, temiendo que luego
sea más difícil lograrlo. Se
aprobó el 10 de abril en el Europarlamento, con muchas críticas tanto de la
derecha como de la izquierda (322 votos a favor, 266 en contra y 31 abstenciones).
Y el Consejo
ratificó el 14 de mayo este Pacto migratorio que endurece la entrada y el
asilo de inmigrantes, permitiendo que los paises del norte puedan comprar su
insolidaridad pagando 20.000 euros por los inmigrantes que les toquen y no
acojan.
Pero este Pacto migratorio in extremis, manifiestamente
insolidario, no resuelve el problema: dos días después del acuerdo del
Consejo Europeo, el 16 de mayo, 15
paises europeos enviaron una carta a la
Comisión en la que pedían que “explorara acuerdos para
crear Centros de acogida fuera de la UE para inmigrantes rescatados en el mar”,
al igual que quiere hacer el británico Rishi Sunak en Ruanda (la carta de la
vergüenza la enviaron Dinamarca, República Checa, Bulgaria, Estonia,
Grecia, Italia, Chipre, Letonia, Lituania, Malta, Paises Bajos,
Austria, Polonia, Rumanía y Finlandia). Si en esos paises y en el
resto de Europa avanza la extrema derecha, el endurecimiento de las políticas
migratorias será una realidad. A pesar de que el porcentaje de extranjeros sólo
supera el 10% de la población en 7 paises UE: Suecia (20,4%), Alemania (19,5%%), España
(17,1%), Francia (13,1%), Portugal (16,1%), Grecia (11,3%) e Italia (10,9%). En
total, hay 63,6
millones de europeos nacidos en el extranjero, el 13,3% del total
(15,3% en EE. UU.).
El tercer gran reto europeo es la defensa y seguridad,
sobre todo tras la invasión de Ucrania por Putin (febrero 2022) y ante el temor
de que Trump gane la presidencia de EEUU. Parece claro que Europa no
puede dejar la defensa y seguridad del continente en manos de la OTAN,
una organización financiada en un 67% por EEUU. Ya en 2020, la Comisión
y los paises aumentaron
el gasto europeo en Defensa, que pasará de 214.000 millones (2021) a
284.000 millones en 2025. Y se creó, en 2021, un Fondo
Europeo de Defensa, dotado con 7.921 millones hasta 2027 para promover
la investigación y desarrollo de nuevas armas, dentro de una Política de Defensa
Europea, que contempla fomentar una industria armamentística europea y
un Mercado Común de la Defensa, para evitar que pase lo que ahora: el 80% del
gasto que ha hecho la UE para defender Ucrania ha servido para crear
empleos en USA, Turquía o Corea, no en Europa.
Cara al futuro, los paises tendrán que afrontar la creación
de un Ejército Europeo, que complemente a la OTAN, aumentando el
gasto en Defensa y Seguridad. Actualmente, sólo
11 de los 31 paises de la OTAN gastan más del 2% del PIB en Defensa (3,90%
Polonia, 3,50% USA, 3,01% Grecia, 2,73% Estonia, 2,54% Lituania, 2,45%
Finlandia, 2,44% Rumania, 2,43% Hungría, 2,27% Letonia, 2,07% Reino Unido y
2,03% Eslovaquia), mientras Francia gasta 1,90%, Alemania 1,57%, Italia
1,46% y España 1,26% del PIB en 2023. Ya este 2024, la OTAN espera
que dos tercios de los paises gasten más del 2% en Defensa, una prioridad,
como la Seguridad (física y cibernética) para el próximo Gobierno europeo.
Y llegamos al cuarto gran reto europeo, el
fundamental: mejorar
su competitividad, asegurar su lugar en un mundo cada vez más
complejo y dominado por Estados Unidos y China. “Europa
puede morir”, alertó el presidente Macron en la Sorbona, al abrir
la campaña de las europeas. El temor es que Europa pierda el
tren del futuro, desde la tecnología y la digitalización a los chips y la
inteligencia artificial, que las empresas europeas no sean capaces de
competir en los mercados mundiales con los gigantes norteamericanos y
chinos. Hay dos datos preocupantes. Uno, que el
déficit comercial de la UE con China se ha duplicado: de -182.300 millones
en 2020 saltó a -396.800 millones en 2022, aunque ha bajado a -291.600
millones en 2023. El otro, que la mayor parte del ahorro
europeo lleva años “fugándose” del continente, a inversiones
punteras en Estados Unidos y China.
Europa necesita buscar su lugar en el mundo, ser
más competitiva y con empresas punteras para sobrevivir en un siglo que
estará dominado por USA, China y quizás India. El miedo es que Europa
no avance en su integración, porque país a país será incapaz de
sobrevivir. Para saber qué hacer, la Comisión
encargó dos informes, a los exministros italianos Enrico Letta y Mario Draghi.
El informe de Letta (“Mucho
más que un mercado”) propone
cambios estructurales en 3 grandes áreas: telecomunicaciones,
energía y finanzas. Tres sectores donde Europa tiene muchas empresas
pequeñas y necesita conseguir grandes multinacionales (con fusiones
europeas), para competir con USA y China. Y pone como ejemplo la industria
aeronáutica: Airbus es líder mundial porque es una empresa
europea (Francia, Alemania y España). Si fuera sólo la empresa de un país, la líder sería
la norteamericana Boeing…
Este ejemplo de Airbus hay que replicarlo en las
telecomunicaciones, la energía, la banca, las empresas tecnológicas, las
farmacéuticas, las de armamento, las automovilísticas, los chips, la
inteligencia artificial, etc., etc., movilizando esfuerzos e inversiones
europeas. Y para ello, Europa
debe avanzar en el mercado único, en una mayor integración
presupuestaria (el Presupuesto de la UE-27 es ridículo comparado con el de
los paises, el de USA o China), fiscal (más impuestos a nivel europeo y
menos nacionales) y financiera (fusiones para lograr gigantes
financieros europeos y crear una gran Bolsa europea).
Para competir en un mundo globalizado y muy
competitivo, hay que avanzar en más Europa, en construir
de verdad los Estados Unidos de Europa, no potenciar los nacionalismos
como defiende la ultraderecha y gran parte de los conservadores europeos. Sólo
así Europa podrá ser más competitiva, crecer más y crear empleos estables,
mientras busca reducir las
desigualdades entre la
Europa del norte y la del sur, que se han agravado: la renta
media disponible por habitante de Alemania (23.107 euros) es 1,34 veces
la de España (17.254 euros) y más del doble que la renta por habitante
de Bulgaria (9.671 euros en 2022).
Como vemos, muchos son los retos que tiene por
delante Europa y que nos afectan a todos. Por eso son
claves estas elecciones, porque no son lo mismo las recetas que
proponen los conservadores moderados, socialdemócratas o liberales que la
derecha menos evolucionada y la ultraderecha. Está en juego el modelo de
Europa, no solo sus libertades sino también sus posibilidades de competir
mejor en el mundo, de crear riqueza, empleo e igualdad, en un continente más
sostenible y que integre a nacionales y extranjeros. Al final, se trata de apostar
por más Europa, para conseguir una España mejor. Avanzar y no
retroceder. Vota.
Son las décimas elecciones europeas, desde las primeras de 1979. En las anteriores, en mayo de 2019, el temor político estaba centrado en los efectos del Brexit (salida del Reino Unido de la UE, tras el referéndum de junio de 2016), el riesgo de avance de la ultraderecha nacionalista en Francia, Holanda, Italia y Alemania. Ahora, en estas elecciones del 9 de junio, está en juego el propio proyecto europeo: si avanzamos hacia “más Europa” o si retrocedemos a posturas nacionalistas, con más peso de los Estados y menos avances en la integración económica, financiera, fiscal y política en Europa. De nuevo, elegimos entre “avanzar” o “retroceder” en los Estados Unidos de Europa.
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VOX
jueves, 30 de mayo de 2024
Las exportaciones se frenan (en España y la UE)
Las exportaciones españolas cayeron en marzo (último
dato), por 12º mes consecutivo, algo que sólo ha pasado dos
veces (en 2009 y 2020) en los últimos 40 años. Bajan las
exportaciones a Europa, pero sobre todo a América y Asia, todas
salvo alimentos y automóviles. El problema no es sólo de España, porque las
exportaciones han caído el último año en toda Europa (menos), por el
estancamiento económico en la mayoría de paises (que compran menos fuera) y
porque han “pinchado” las exportaciones europeas a EE. UU., China y Asia.
Y esto preocupa mucho, porque es síntoma de la menor competitividad europea,
que ha perdido cuota exportadora en el mundo, mientras la ganan China y
USA. Por eso, mejorar la competitividad europea es una prioridad tras las elecciones
del 9-J. En España, urge un Plan de apoyo a las exportaciones,
porque con ellas nos jugamos parte del crecimiento (un tercio en 2023 y
la mitad en 2022) y mantienen 1 de cada 4 empleos. Por eso hay que "mimarlas". Enrique Ortega
En marzo, las exportaciones españolas cayeron un -19,2%, la mayor caída mensual en el último año, aunque está distorsionada por la Semana Santa (descontando el efecto calendario, cayeron sólo un -5,6%), según los últimos datos de Comercio. Con esta bajada, son ya 12 meses consecutivos (desde abril de 2023) en que bajan las exportaciones españolas al exterior, algo que no había pasado antes, salvo en 2009 (crisis financiera) y en 2020 (pandemia). De hecho, las exportaciones españolas llevan creciendo, año tras año, desde 1985, al amparo de la entrada de España en la Comunidad Europea (1986). A raíz de la crisis financiera (2008), las empresas españolas multiplicaron sus esfuerzos pasa vender fuera, a la vista de la crisis interna. Y consiguieron duplicar con creces las exportaciones de bienes, desde los 159.859 millones en 2009 a los 389.208 millones vendidos fuera en 2022 (récord histórico). Eso sí, en 2023 pincharon las exportaciones, cayendo un ligero -1,4%.
En 2024 ha continuado la bajada de las exportaciones,
un -9% en el primer trimestre, con 93.430 millones vendidos fuera, según
los datos de Comercio. Han caído las ventas de casi todo, pero sobre
todo las exportaciones españolas de energía (-28,2%), de productos
químicos (-25,9%), semi manufacturas químicas (-11,9%), materias primas
(--11,7%), bienes de consumo (-6,8%), textil, calzado y juguetes (-5,1%),
mientras han crecido las ventas fuera de alimentos (+3,3%) y
automóviles (+1,7%). Por
destinos, han caído algo más que la media las exportaciones españolas a
la UE (-9,6%), sobre todo a Bélgica (-52,1%), Irlanda (-41,2%), Finlandia
(-25,3%), Paises Bajos (-13,4%) e Italia (-7%), pero el mayor “pinchazo” se ha
dado en las exportaciones a Latinoamérica (-14,3%, por una bajada de
ventas del -29,3% a Argentina y -21,9% a Brasil, mientras crecían un +21,4 %
nuestras ventas a México), a EE. UU. (-11%), China (-13,9%), Japón
(-16,3%) y Marruecos (-6,2%), aunque crecen las exportaciones a Argelia (+712%), Arabia (+12,1%) y
Australia (+2,6%).
En paralelo a la caída de las exportaciones, han bajado
también las
importaciones españolas en el primer trimestre, aunque menos (-7,1%), sobre
todo porque hemos comprado menos energía (-15,3%) y materias primas (-20,6%) más
baratas. Con ello, el déficit comercial (importaciones-exportaciones) ha
crecido, hasta -8.105 millones de euros en el primer trimestre
(+23,2%), según
Comercio, un “agujero” comercial que se compensa con los ingresos de
las exportaciones de servicios y el turismo. En este primer trimestre, tenemos
superávit comercial con toda Europa pero menor (+11.050 millones,
frente a +14.565 en el primer trimestre de 2023), teniendo sólo déficit en
el comercio con 10 paises UE: Paises
Bajos (-1.691 millones), Alemania (-1.612), República Checa (-563), Hungría
(-363), Suecia (-309), Irlanda (-181,5), Eslovaquia (-143,9), Austria (-42,8),
Luxemburgo (-36,2) y Finlandia (-9,7 millones). Fuera de la UE, tenemos superávit
con Reino Unido (+3.447 millones) y déficit comercial
con USA (-2.571 millones), Latinoamérica (-940), China (-8.267),
India (-723), Japón (-610), Corea (-397), Vietnam
(-1.050), Rusia (-500) y toda África (-4.085 millones), teniendo superávit
con Oriente Medio (+330) y Oceanía (+425).
Las exportaciones no sólo se han frenado en
España, también en toda Europa, aunque menos: frente al -9%
que han caído en España en el primer trimestre, cayeron un -2,9%
en Alemania, un -2,4% en Francia, un -28% en Italia
y un -0,4% en Reino Unido, según Eurostat, mientras crecían en China
(+4,9%) y Japón (+8,8%) y se estancaron en EE. UU (-0,3% en el primer
trimestre), según
Eurostat. Una tendencia, la caída de las exportaciones, que se mantiene también
desde hace 12 meses en toda Europa.
De hecho, Bruselas alerta de un
freno en las exportaciones europeas en 2024,
tanto las ventas entre los propios paises europeos como las exportaciones a
paises fuera de la UE. Así, en el primer trimestre, el comercio entre los 27
paises UE ha bajado un -6,9% (de 1,097 billones de euros a 1,022 billones),
según
Eurostat. Y las exportaciones de la UE-27 al resto del mundo han
caído un -3,3% en el primer trimestre (de 650.300 a 628.800 millones de
euros), aunque la balanza comercial cierra con un superávit de la UE con el
resto del mundo (+48.700 millones). Pero eso se debe al superávit comercial
de Europa con EE. UU. (+17.000 millones), Reino Unido (+15.200
millones), Turquía (+1.900 millones) y Brasil (+300 millones),
porque seguimos con déficit comercial con China (-21.400 millones de
euros, frente a -22.600 al inicio de 2023), Noruega (-4.000), India (-1.700),
Corea (-900) y Japón (-100 millones de euros).
La causa del “pinchazo” en las
exportaciones europeas es doble. Por un lado, la caída de las ventas
entre paises UE se debe al estancamiento
de la economía europea, que apenas ha crecido en 2023 (+0,5%, frente
al +3,4% de 2022), con Alemania en recesión (-0,1% en 2023) y mínimos
crecimientos en Italia (+0,7%) y Francia (+0,9%), aunque algo más en España
(+2,5% crecimos en 2023). Por otro, la caída de las exportaciones a terceros
paises se debe a que Europa está perdiendo competitividad en el
mundo, por tener mayores costes energéticos y salariales y menos innovación y
tecnología. De hecho, Europa
ha perdido cuota de mercado en el comercio mundial de bienes (-1%
entre 2019 y 2023), mientras ganaba cuota China (+1,5%) y la mantenía Estados
Unidos. Y además, gran parte de la inversión mundial (incluso europea) se
está desviando en los últimos años de Europa a USA y China.
Por todo esto, en Bruselas preocupa el pinchazo de las
exportaciones europeas, como síntoma de que falla la
competitividad de las empresas europeas, por lo que la
Comisión Europea ha encargado dos informes, a los ex políticos
italianos Enrico Letta y Mario Draghi, para que propongan medidas para mejorar
la productividad y competitividad de Europa ante USA y China, lo que
será la prioridad de la futura Comisión Europea tras las
elecciones del 9 de junio. Medidas
que pasan por reforzar el mercado único, fomentar la creación de grandes grupos
industriales europeos y aumentar las inversiones en tecnología, digitalización y
economía verde, reduciendo normativa para competir con USA y
China.
Entre tanto, España no puede esperar a que en
Bruselas haya una nueva Comisión y se aprueben medidas para mejorar la
competitividad europea. Urge que el Gobierno español apruebe un
Plan de choque para fomentar la exportación, porque la exportación
en España todavía tiene menos peso que en el resto de Europa (supone el 41% del
PIB frente al 56% de media en la UE-27) y porque tenemos una serie de problemas
estructurales propios, que debemos resolver, según
señala el propio Club de Exportadores. El primero, un exceso de
concentración de la exportación en
pocas empresas (sólo 26.687 empresas exportan más de 50.000 euros al
año y de ellas, sólo 1.000 empresas exportan el 67% del total desde hace 25
años), en
Europa (allí van el 75,7% de todas las exportaciones, frente a
sólo un 7% a USA, China y Japón, que suponen el 28% de las importaciones
mundiales) y en
6 autonomías (Cataluña, Madrid, Andalucía, Comunidad Valenciana, País
Vasco y Galicia concentran el 74,2% de todas las exportaciones). Y el segundo, el
escaso peso de las exportaciones de alta tecnología, de alto
valor añadido: un
6,8% del total de las exportaciones españolas, frente al 17,7% de las
exportaciones europeas.
En definitiva, que España debe conseguir que haya más empresas
y autonomías que exporten (las pymes apenas venden fuera), buscar más
mercados fuera de Europa y mejorar la tecnología y la calidad de los productos,
para competir mejor fuera. Ahora lo hacemos “al modo de China”,
compitiendo con bajos salarios (18,2
euros por hora trabajada, frente a 24 euros que se paga en la UE y 31,6
euros en Alemania) y bajos precios: en 2022 y 2023 hemos tenido menos
inflación que la UE-27 y que Alemania, aunque ahora tenemos más inflación (3,4%
anual en abril, frente a 2,6% en la UE-27 y 2,4% en Alemania y Francia, según
Eurostat). Es hora de competir
de otra manera, por producto y no por costes, lo que exige mejorar la
productividad de España, algo complicado. Para ello, los
expertos proponen aumentar el tamaño de las empresas, dar más peso a la
industria, apostar por la tecnología, la innovación y la digitalización,
mejorar la formación de los trabajadores y gestores y apostar por la inversión
y la internacionalización de la economía.
Los exportadores españoles llevan
años pidiendo medidas para reforzar su papel: medidas
fiscales para promover la actividad exterior, mejora de la financiación
pública y privada a la exportación y ayudas a la promoción comercial y a la
diversificación de los mercados, desde la apertura de más oficinas
comerciales, la mayor participación de las empresas en el diseño de la ayuda al
desarrollo, las becas exteriores para jóvenes y la mejora de nuestra diplomacia
económica por el mundo. Todos los paises ayudan a sus exportadores
y hasta Alemania (el tercer mayor exportador del mundo, tras China y
USA) aprobó
en septiembre un Plan de choque para apoyarlos (32.000 millones en 4 años).
Es importante volcarse en la exportación ahora que ha pinchado, por dos
razones. Una, porque la exportación de bienes (y servicios) es
clave para el crecimiento de España: en 2022 aportó la mitad de todo
el crecimiento del PIB y en 2023 ha aportado un tercio. Y la
otra, porque el sector exterior mantiene 1 de cada 4 empleos en España
(5,3 millones), según
la OCDE. Así que “cuidar” la exportación es clave para
todos.
En marzo, las exportaciones españolas cayeron un -19,2%, la mayor caída mensual en el último año, aunque está distorsionada por la Semana Santa (descontando el efecto calendario, cayeron sólo un -5,6%), según los últimos datos de Comercio. Con esta bajada, son ya 12 meses consecutivos (desde abril de 2023) en que bajan las exportaciones españolas al exterior, algo que no había pasado antes, salvo en 2009 (crisis financiera) y en 2020 (pandemia). De hecho, las exportaciones españolas llevan creciendo, año tras año, desde 1985, al amparo de la entrada de España en la Comunidad Europea (1986). A raíz de la crisis financiera (2008), las empresas españolas multiplicaron sus esfuerzos pasa vender fuera, a la vista de la crisis interna. Y consiguieron duplicar con creces las exportaciones de bienes, desde los 159.859 millones en 2009 a los 389.208 millones vendidos fuera en 2022 (récord histórico). Eso sí, en 2023 pincharon las exportaciones, cayendo un ligero -1,4%.
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