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lunes, 19 de diciembre de 2022

Las exportaciones (récord) nos salvan

La alta inflación se está comiendo los ingresos de las familias y frena el consumo, la actividad y el empleo. Pero de momento, el crecimiento económico no cae (el PIB aumenta un mínimo +0,2% este 4º trimestre, según el Banco de España). Y en parte, eso se debe a las exportaciones, que crecen un +23,6% este año y baten récords históricos, sosteniendo parte de la actividad y 2,5 millones de empleos. Así que las exportaciones vuelven a “salvarnos” ahora, como en la crisis de 2008 y en la pandemia, aunque las importaciones también se han disparado a máximos históricos, al encarecerse las compras de energía, lo que ha casi cuadruplicado el déficit comercial de España. Ahora, 2023 se presenta como un año difícil para que las exportaciones nos “salven”, por la recesión en Europa y el estancamiento del comercio mundial. Por eso es importante tomar más medidas para contener la inflación y mejorar los salarios, para que no caigan más el consumo, la economía y el empleo. Y cuidar el flanco exterior.

Enrique Ortega a partir de Flash Gordon de Alex Raymond

Uno de los mayores cambios que se han dado en España en las últimas décadas ha sido la apertura comercial al exterior, sobre todo tras el ingreso en la CEE (1986) y en el euro (2000). Con ello, las exportaciones españolas han crecido, año tras año, desde 1985 a 2021, con sólo tres años de caída (2008, 2009 y 2020), según los datos de Comercio. El tirón de las exportaciones se ha notado más desde 2010, cuando la crisis obligó a las empresas españolas a buscar mercados fuera, ante el desplome de la demanda dentro. Eso ha provocado que las exportaciones españolas se hayan duplicado con creces: de 159.889 millones vendidos fuera en 2009 se pasó a 316.609 millones exportados en 2021. Y este año 2022, sólo hasta octubre, las exportaciones ya alcanzaron los 319.731 millones (+23,6%). Una parte se debe, claro, a la inflación, que aumenta el valor de lo que se exporta, pero descontando "la ayuda" de los precios más altos, las exportaciones crecieron "en volumen" un +4,2% anual, como la economía, aunque es la tercera parte que en 2021 (+13,3% en volumen). 

Mucha gente podría pensar que este tirón de las exportaciones sólo beneficia a las empresas y sectores que venden fuera de España. Pero no es así: las exportaciones son claves para la economía y el empleo de todos (mantienen 2,5 millones de puestos de trabajo, el 12% del total), a los que contribuyen cada vez más. Si en 2009 aportaban un 15% del crecimiento total (PIB), en 2021 aportaron ya un 26,3%, más de la cuarta parte. Y si añadimos a las exportaciones de mercancías las de servicios (trabajos realizados fuera por empresas españolas), la aportación de todas las exportaciones supone ya más de un tercio de toda la economía, el 35% en 2021 (22% en 2009).

Además de aportar un tercio del crecimiento, las exportaciones “nos han salvado” ya tres veces en poco más de una década, creciendo cuando el resto de la economía caía. La primera vez fue con la crisis de 2008: entre 2009 y 2013, la economía española estuvo en recesión, con bajadas del PIB, pero habríamos caído mucho más si las exportaciones no hubieran crecido. Un ejemplo, el año 2009, el peor de esa crisis financiera: el PIB cayó un -3,6%, pero hubiera caído mucho más (también el empleo) si las exportaciones no hubieran aportado un +2,8% al crecimiento.  La segunda vez fue con la pandemia, en 2020: las exportaciones cayeron menos que la economía (-1,9% frente al -10,8% que cayó el PIB). Y ayudaron también a la recuperación en 2021: el sector exterior aportó un 0,2% del +5,5% que creció España. Ahora, con la crisis de la inflación de 2022, las exportaciones vuelven a “salvarnos”: aportaron el triple que la demanda nacional al crecimiento del tercer trimestre (PIB +0,2%) y el doble en el 2º trimestre (PIB +1,5), impidiendo una mayor caída en el 1º (-0,2%).

En definitiva, que ahora, cuando el consumo apenas crece (por la inflación, que se come salarios, pensiones y ahorro), las exportaciones españolas sirven de contrapeso, creciendo con fuerza a pasar de la incertidumbre internacional. Así, de enero a octubre (último dato publicado por Comercio, el jueves), España ha exportado por valor de 319.731 millones de euros, un +23,6% más que el año pasado y el mayor aumento en ese periodo desde 2013. Un aumento de las exportaciones que supera al del resto de Europa, donde crecen un +18% en la zona euro, un +14% en Alemania, +20% en Francia y  +21% en Italia, superando incluso al crecimiento de las exportaciones en EEUU (+19,9%), Japón (+18,7%) y China (+13%), sólo por debajo del +25,7% que crecen en Reino Unido, según Eurostat. 

¿Por qué las exportaciones crecen más en España? Por un lado, por lo mismo que en las crisis de 2008 y en la pandemia: porque las empresas buscan compensar fuera lo que no venden dentro, por la mayor inflación y la escasa subida de los salarios. Pero además, hay otras tres causas particulares. La primera, que afecta a media Europa, es la ayuda que presta  la débil cotización del euro, que se ha depreciado frente al dólar, lo que abarata de hecho los productos que se exportan a paises que pagan en dólares. En concreto, el euro ha caído de valer 1,1379 dólares el 1 de enero a perder la paridad y caer por debajo del euro (hasta 0,9607 dólares por euro) entre el 26 de septiembre y el 4 de noviembre. Y aunque hoy se ha recuperado algo, cotiza a 1,0607 dólares por euro (viernes 16), lo que supone una caída del -6,8% sobre enero. O sea, que los productos europeos  son un 6,8% más baratos para los que pagan en dólares, lo que ayuda a los exportadores europeos. Pero hay otras dos causas que ayudan específicamente a los españoles: tener menos inflación y menores salarios.

Las exportaciones españolas son ahora más competitivas porque la inflación en España es más baja que en el resto de Europa, Reino Unido y EEUU: en noviembre, último dato publicado, la inflación anual en España era del 6,6%, inferior al 10,1% de la zona euro, el 11,3% de inflación en Alemania, el 12,6% de Italia, el 7,1% de Francia, el 10,7% en Reino Unido o el 7,1% de inflación en EEUU. Esto facilita la venta de los productos y servicios españoles en otros mercados. Y también ayuda decisivamente que las empresas españolas y los exportadores paguen menos salarios, lo que refuerza su competitividad en el exterior. Los sueldos por hora en España (17 euros) son un 30% inferiores a los de los paises euro (24,5 euros/hora) y bastantes más bajos que los sueldos en Alemania (29 euros/hora), Francia (25,7 euros) o Italia (21 euros), siendo los más bajos de toda Europa, salvo Grecia (13,6), Portugal (12,7) y los países del Este (9,4 euros en  Polonia), según Eurostat.

Gracias al esfuerzo exportador de las últimas décadas y a la ayuda del euro, la menor inflación y nuestros bajos salarios, España bate los aumentos de exportaciones del resto de Europa. En lo que va de año, el mayor aumento de las exportaciones españolas se da en los productos químicos (+33,2%), gracias a los productos químicos orgánicos (+38,6) e inorgánicos (+41,1), al tirón de los medicamentos exportados (+45,3%) y los abonos (+89,6%), los productos energéticos (la exportación de gas crece un +110%, petróleo y derivados un +76,5% y carbón y electricidad un +270,6%), hierro y acero (exportaciones +27,7% ) y papel (+31,2%), aceites y grasas (+36,9%), lácteos y huevos (+23,8%), buques (+74,6%) y aeronaves (+34,4%), motores (23,7%) y calzado (+22,7%). Mientras, la exportación de automóviles y componentes (nuestro 5º renglón exportador) creció sólo un +5,4% y los alimentos (la 3ª partida exportadora) un +13,8%, según los datos de Comercio.

Por paises, casi las tres cuartas partes de las exportaciones van a Europa (73,4%, el 62,4% a los 27 paises de la UE), donde crecen como la media (+23,2% hasta octubre), desde +15,7% las exportaciones a Alemania, +19,4% a Francia o +18,5% a Italia hasta un récord de +32,9% en las exportaciones a Portugal. Y crecen mucho más las exportaciones españolas fuera de Europa, sobre todo a Singapur (+72,8%), Arabia Saudí (+47,1%), Argentina (+44%), Brasil (+36,4%), México (+34,2%), EEUU (+30,9%), Marruecos (+27,7%) y Turquía (+24,2%), mientras caen nuestras ventas a Argelia (-36,1%), Nigeria (-12,4%), China (-9,8%) y Egipto (-4,4%), según los datos de Comercio. Y en el origen, el mayor salto exportador lo ha dado este año Madrid (+46,6% de aumento), que aporta el 14,5% de las exportaciones españolas, por detrás de Cataluña (origen del 24,2% y donde crecen un +17%). Les siguen Andalucía (11,2% de las exportaciones totales y crece +28,8%), Comunidad Valenciana (aporta el 10,3% y crecen +24,6%), País Vasco (8,5% y +29,1%) y Galicia (7,8% y +20,6%).

Las exportaciones españolas baten récords pero ha bajado el número de exportadores, por debajo de los 100.000 en 2021 (91.649, un -0,7% sobre 2020), aunque crecen los que exportan más de 50.000 euros anuales: 40.221 exportadores, un +4,8%. El problema sigue siendo que hay pocas empresas exportadoras (un 0,33% de los 3 millones existentes) y, sobre todo, que la mayoría exportan poco, dado que sólo hay 857 exportadores que vendan fuera más de 50 millones de euros. Y los 5.000 mayores exportadores concentran el 87% de las ventas exteriores, aunque en realidad los 25 mayores exportadores aglutinan el 25% de las ventas exteriores. Falta que la exportación cale más entre empresas medianas y pequeñas. Y otro problema de fondo es que España exporta, sobre todo, productos de bajo valor añadido.

Junto a este nuevo récord histórico de las exportaciones españolas, también este año asistimos a otro récord histórico de las importaciones, impulsado por el tirón de precios de las importaciones energéticas. El total de importaciones alcanzó los 380.020 millones de euros, un 38% más que el año pasado. La partida que más creció fue la importación de productos energéticos (76.158 millones, +114,2%), por el salto en las compras de gas (21.900 millones, +249% sobre el año pasado), petróleo y derivados (49.075 millones, +83,4%) y carbón y electricidad (5.182 millones, +106,8%), según Comercio. Y del resto, destacan las importaciones de alimentos (42,740 millones, +34,2%), metales (7.556 millones, +55%), hierro y acero (11.735 millones, +33,8%), papel (4.385 millones, +39,5%), abonos (1.469 millones, +66,7%), equipos de oficina y telecomunicaciones (17.061 millones, +33,6%), material de transporte (8.345 millones, +58,9%), aeronaves (3.744 millones, +109%, automóviles (14.861 millones, +22,7%), textiles (23.519 millones importados, +33%) y calzado (3.007 millones, +45%). Los paises que se han beneficiado de nuestras mayores importaciones son EEUU, Brasil, Nigeria, Irak (por la energía), Bangladesh, China, Turquía y Camboya por la ropa y varios paises europeos por la compra de equipos.

El problema de que las importaciones se disparen y crezcan más que las exportaciones es que se agrava el histórico déficit comercial de España: la diferencia entre importaciones y exportaciones era, a finales de octubre, de -60.289 millones de euros, 3,6 veces más que el año pasado (-16.628 millones) y el récord desde 2008. Todo apunta a que cerraremos 2022 con un déficit que rondará los -75.000 millones de euros, el triple que en 2021 (-26.177 millones). Con ello, España se consolida como el 2º país europeo con más déficit comercial, sólo por detrás de Francia (-156.700 millones de euros hasta octubre) y con el doble de déficit comercial que Italia (-33.600 millones), mientras Alemania mantiene su superávit comercial, aunque lo ha reducido este año a la tercera parte (+58.400 millones), según Eurostat.

Este indicador, el déficit o superávit comercial, es un claro indicador de la competitividad de un país y de su riqueza, ya que, en general (Francia es un caso aparte), los paises más competitivos exportan más de lo que importan y eso les permite crecer más (más PIB) y mantener más empleo (por la actividad dentro y por lo que exportan). Es el caso de Alemania, Italia (suele tener superávit comercial), Bélgica, Paises Bajos, Chequia, Irlanda o Dinamarca, paises con  superávits comerciales. En el caso de España, este déficit comercial se ha podido compensar, “tapar”, entre 2012 y 2021, gracias a los ingresos del turismo y las remesas exteriores. Así, en 2021, España consiguió tener un superávit con el exterior de +11.523 millones, según el Banco de España. Pero este año, con el triple de déficit comercial y unos ingresos por turismo aún recuperándose, el superávit exterior se ha reducido drásticamente: era sólo de +1.376 millones a finales de septiembre, la cuarta parte que en 2021 (+6.223 millones en septiembre), según el Banco de España.

Así que la crisis de la energía y sus precios disparados está haciendo mucho daño a la independencia económica de España, al amenazar con volver a tener un déficit con el exterior, tras haber superado este viejo problema desde 2012, gracias al tirón de las exportaciones y al turismo. De momento, la previsión de la Comisión Europea y del Gobierno español es que España siga con superávit con el exterior en 2023, pero todo va a depender de las importaciones, las exportaciones y el turismo. Y las perspectivas son preocupantes, porque todavía tendremos que importar petróleo, gas y carbón muy caros, así como otros productos con precios altos. Y en paralelo, será difícil que las exportaciones nos vuelvan a salvar en 2023, porque no se espera que crezcan tanto por la recesión en Europa y el estancamiento del comercio internacional (crecerán sólo un +1%, frente al 3,5% en 2022, según la OMC).

En principio, la previsión del Gobierno es que España crezca un +2,1% en 2023 y que todo venga de la demanda interna, que el sector exterior reste (-0,3% del PIB) y no sume (como en 2020 y 2021). Pero si el consumo no nos salva en 2023 (se espera que aporte +2,4% al PIB), porque entremos en recesión, las exportaciones serán claves para crecer algo más o para evitar una mayor caída (como en 2008 y 2020). Por eso, el Gobierno debería aprobar un Plan de apoyo a las exportaciones, para “cubrirse las espaldas” ante lo que pueda pasar con el consumo y la actividad interna. Un Plan para conseguir diversificar las exportaciones, en origen (las tres cuartas partes están concentradas en 6 autonomías) y en destino (sólo el 26,6% van fuera de Europa, un 4,7% a Latinoamérica. un 8,2% a Asia y un 5,6% a Africa), con ayuda de más medios para las oficinas comerciales y más asesoramiento exterior, financiación e incentivos fiscales a las empresas españolas, sobre todo pymes. Y en paralelo, aprobar también un Plan de choque para reducir las importaciones energéticas, fomentando más el ahorro y diversificando compras. Tenemos que tener claro que el crecimiento y el empleo en España dependen mucho de competir mejor fuera y de reducir nuestra costosa dependencia energética. Cuidar el flanco exterior es clave.

jueves, 22 de septiembre de 2022

Ojo al "agujero" comercial (déficit x5)

Todos sabemos lo que nos cuesta la inflación disparada por la crisis de la energía y la guerra de Ucrania. Pero quizás no sabemos lo que le cuesta al país: la factura del petróleo, el gas y las materias primas que compramos fuera se ha disparado y el déficit comercial se ha multiplicado por 5 este año. Ha pasado en toda Europa, pero somos el 2º país con más déficit comercial de la UE, tras Francia. El problema es que este “agujero” comercial hay que pagarlo y los ingresos por exportaciones (récord) y por turismo no aportan divisas suficientes. Y por ello, España ha vuelto a tener en 2022 déficit con el exterior, tras 10 años de superávit. Así que ahora, por esta crisis y este “agujero”, necesitamos financiarnos fuera (aumentar la deuda) y somos más dependientes del exterior, más vulnerables a inversores y subidas de tipos. Urge ahorrar energía, porque consumimos más gas y carburantes y casi la misma luz que antes. Y no podemos pagarlo.  

Enrique Ortega

A pesar de la actual crisis internacional, España vende más en el extranjero mes a mes: las exportaciones españolas alcanzaron los 222.961 millones de euros de enero a julio, una cifra histórica y un aumento del +24,2% sobre los 7 mismos meses de 2021. Somos el país europeo donde más crecen las exportaciones este año, por encima de la media UE (+21,4%), de Italia (+21,8%), Francia (+19,5%), Alemania (+13,2%) o Reino Unido (+19,1%), e incluso crecen más que las exportaciones de EEUU (+20,5%), China (+14,7%) o Japón (+15,8%), según los últimos datos de Comercio. Están creciendo todas las ventas españolas fuera, pero sobre todo de energía, materias primas medicamentos y productos químicos, más a América (+30,8%) que a Europa (+24,3%). Y con ello, continúa la racha de exportaciones récord, creciendo año tras año desde 2010, para contrarrestar primero la crisis y luego la pandemia, aprovechando ahora la caída del euro (-13,3% desde enero), que abarata nuestros productos fuera (un 13,3%).

Hasta aquí muy bien: las exportaciones nos ayudan a vender, crecer y mantener empleo en plena crisis internacional. Pero la otra cara de la moneda, las importaciones, llevan un camino muy preocupante: se han disparado este año, hasta los 261.485 millones de euros (enero a julio), una cifra histórica que supone un aumento del +40,2%, casi el doble de lo que crecen las exportaciones. Una factura importadora que se ha disparado por el fuerte encarecimiento de las compras exteriores de energía, materias primas y alimentos, que además hemos tenido que pagarlas en dólares más caros (el euro se ha depreciado un -13,30% frente al dólar): petróleo (35.044 millones importados, +101%), gas natural (14.241 millones, +318%), materias primas (8.377 millones, +23%), abonos (910 millones, +68%), aceites (3.265 millones, +56%), pescado (5.057 millones, +34,6%), hierro y acero (8.915 millones, +56%), papel (3.016 millones, +39%), productos químicos inorgánicos (2.185 millones, +66%), plásticos (9.862 millones, +33%), material de transporte (5.545 millones, +52%), motores (1.505 millones, +61%), ropa (15.046 millones, +30,8%) y calzado (2.280 millones importados, +38%).

Los países que se han beneficiado de estas mayores importaciones españolas son sobre todo Estados Unidos (las importaciones españolas de USA ascendieron a 20.787 millones hasta julio y crecen un +143,5%, por la fuerte compra de petróleo y gas), Brasil (5.450 millones importados, un +127%, por el petróleo, materias primas y alimentos), Emiratos Árabes (901 millones, +180%), Argelia (4.666 millones importados, +108,6%, sobre todo gas), Nigeria (5.705 millones, +104,3%, por el petróleo), Egipto (por el gas: 1.652 millones importados, +184%), Rusia (4.408 millones importados, +53,5%), China (27.201 millones importados, +52%), Taiwán (1.459 millones, +55,7%, por compras de hierro y acero, también hechas a Francia, Alemania e Italia), Vietnam (2.296 millones, +55%, por ropa y pescado), así como Turquía, Marruecos y Bangladesh, por mayores importaciones de ropa.

Este récord importador ha disparado el déficit comercial de España (la diferencia entre importaciones y exportaciones). Siempre hemos comprado fuera más de lo que vendemos, pero este “agujero comercial” se ha disparado este año, a pesar del récord de las exportaciones: el déficit comercial alcanzó los -38.534 millones de euros entre enero y julio de 2022, 5 veces más que en los siete primeros meses de 2021 (-6.995 millones) y más que en todo el año 2021 (-26.178 millones de déficit comercial). La culpa de este “agujero” comercial la tienen las compras de energía, que suponen el 80% del déficit comercial (-31.045 millones). Y por paises, la mayor parte del déficit comercial lo tenemos con China (-22.705 millones, un 44% más que el año pasado), Estados Unidos (-9.825 millones, 60 veces el déficit que teníamos el año pasado), Nigeria (-5.481 millones, el doble que en 2021), Argelia (-3.726 millones , el triple que en 2021), Rusia (-3.564 millones, más del doble que el año pasado), Brasil (-3.448 millones, el triple que en 2021), India (-2.405 millones, +35%) y Vietnam (-2006 millones déficit, el doble que el año pasado). Con el resto de Europa, España sigue teniendo superávit comercial, salvo con Alemania (-3.217 millones, déficit similar al de 2021), Paises Bajos (-1.915 millones, -16%), República Checa (-1.143 millones,+31%), Hungría (-669 millones déficit, +23%) e Irlanda (-553 millones, +42%).

Este grave problema, que se dispare el déficit comercial, lo está sufriendo toda Europa: la zona euro ha pasado de tener superávit comercial con el resto del mundo (+100.600 millones de euros en el primer semestre de 2021) a tener ahora un abultado déficit comercial (-140.400 millones de euros hasta junio). Pero España lo sufre más, porque somos un país con un déficit comercial crónico (mientras 11 países UE suelen tener superávit comercial) y porque tenemos una grave dependencia energética. De ahí que ahora, somos el 2º país con más déficit comercial de Europa (-33.500 millones en el primer semestre), sólo por detrás de Francia (-89.000 millones) y por encima del déficit comercial de Grecia (-17.600 millones), Portugal (-14.100 millones) o Italia (-13.000 millones), mientras Alemania tiene superávit (+33.200 millones), como Irlanda (36.100) y Países Bajos+28.800), según Eurostat.

La primera consecuencia económica de este problema, el disparado déficit comercial de España (por la inflación, la energía, la guerra de Ucrania y el euro débil), es que nos resta crecimiento y empleo. Hasta ahora, el crecimiento de las exportaciones (desde 1995 y sobre todo desde 2010: se han casi duplicado, pasando de 185.799 millones en 2010 a 316.609 millones en 2021) ha servido para contrarrestar las crisis interna, tanto la de 2008 como la pandemia: los empresarios intentaban vender fuera lo que no podían vender dentro. Y por eso, las exportaciones “nos han salvado dos veces”, en la crisis de 2008 y en la pandemia de  2020: cayó el crecimiento (PIB), pero habría caído más de no ser por las exportaciones (y por unas importaciones no disparadas). En 2021, el sector exterior aportó un 0,2% del 5,5% que creció España. Y en 2022, crecimos un +0,2 % en el primer trimestre gracias al sector exterior (+0,8%), porque la demanda interna cayó (-0,6%). Y en el 2º trimestre, el tirón de las importaciones ha restado al crecimiento, según el INE: crecimos un 1,1%, por la recuperación del consumo interior (+2,2%) y el sector exterior fue un lastre (restó un -1,1% al crecimiento total).

Ahora, el temor es que el sector exterior siga restando crecimiento y no ayude en la segunda mitad de 2022, provocando que España crezca muy poco o nada. Y además, el sector exterior es clave para el empleo: las exportaciones sostienen 2,5 millones de empleos en España, el 12% del empleo total (y 38 millones de empleos en toda la UE, ahora afectados). Hay que recordar que cuando se disparan las importaciones (recordemos: han crecido un +40,2%), se está creando empleo fuera de España (en China, USA, Brasil, Argelia, Nigeria, Rusia, Taiwán, Vietnam…) y no aquí. Por eso debe preocuparnos el déficit comercial.

Pero hay otro motivo de preocupación ahora, por haberse quintuplicado el déficit comercial: este “agujero” hay que taparlo, hay que financiarlo. Y lo grave es que España no tiene ahora divisas suficientes para hacerlo y ha incurrido otra vez en un déficit con el exterior: los ingresos por exportaciones y por turismo (divisas) no son suficientes para pagar la disparada factura de las importaciones. Y así, en el primer semestre de 2022, España tiene un déficit de -1.230 millones de euros con el exterior (llamado “déficit por cuenta corriente”), según el Banco de España, cuando teníamos un superávit de +2.087 millones en el primer semestre de 2021 (porque las exportaciones y el turismo ingresaban más divisas que el coste de las importaciones).

Volvemos así a un viejo problema de España, con Franco y con buena parte de la democracia: la insuficiencia de divisas para financiar las compras al extranjero, lo que nos obligaba a restringirlas y a endeudarnos para pagarlas. Sólo entre 1987 y 2011, España sufrió 26 años de déficit con el exterior (ver gráfico). Y sólo en los últimos 10 años, entre 2012 y 2021, hemos logrado tener superávit con el exterior (+17.057 millones en 2021), gracias a los sucesivos récords de ingresos por las exportaciones y el turismo. Ahora, al haberse disparado la factura de las importaciones, volvemos a las andadas, al histórico problema del déficit de España con el exterior, que reduce nuestra independencia económica, al obligarnos a endeudarnos para financiar este agujero exterior. Y nos pilla en un mal momento, porque España se ha visto obligada a aumentar su deuda externa con la pandemia: alcanzó un récord histórico en el primer trimestre de 2022, según el Banco de España: 2.341.000 millones de euros entre deuda pública (1,48 billones) y privada, 231.000 millones más de deuda externa que antes de la pandemia (diciembre 2019). Y encima, están subiendo los tipos de interés, lo que aumentará los intereses a pagar por esta abultada deuda externa.

En definitiva, que la actual crisis de inflación no sólo afecta a nuestros bolsillos (encareciendo la cesta de la compra, la luz, los carburantes y casi todo) sino que ha disparado la factura de importaciones del país (+40,2%), multiplicando por 5 el déficit comercial. Y esto va a restarnos crecimiento y empleo en España, además de obligarnos a financiar este “agujero exterior” con más deuda externa, porque no llega con las divisas que aportan las exportaciones y el turismo, lo que reduce nuestra “independencia económica” y la maniobrabilidad del Gobierno. Y una deuda que ahora tendrá más coste para el Estado y las empresas, al estar subiendo los tipos de interés.

El tema puede parecer  algo técnico pero es una cuestión clave para la economía y para todos: las importaciones se han disparado y no las podemos pagar sin grandes sacrificios para el crecimiento, el empleo y el pago de la deuda. Por eso, urge frenar la factura energética: no podemos permitírnosla. Hay que recortar el consumo de petróleo, gas y materias primas, que empobrecen a las familias y al país. Y no parece que tengamos conciencia de ello. Porque los españoles consumimos ahora más energía que antes de la invasión de Ucrania. Veamos los datos. El consumo de gasolinas ha aumentado un +14% en el primer semestre y el de gasóleos, un +3,73%, a pesar de haberse disparado los precios, según CORES. El consumo de gas natural ha aumentado otro +5,2%. Sólo el consumo de luz ha bajado, pero muy poco: -2% de enero a septiembre, según REE.

Ahora, la Comisión Europea va a aprobar un Plan para recortar el consumo de energía en Europa un 15% de media cara al invierno, un paquete de medidas que pretende reducir el consumo de gas y racionalizar el uso de la energía, que está destrozando las cuentas de los europeos y las balanzas comerciales de los paises, sobre todo de España. No se trata sólo de ahorrar para evitar cortes de suministro de energía (a empresas y familias), sino sobre todo evitar que la factura de la energía rompa las economías y el empleo. No se trata de si cada uno de nosotros puede o no pagar la luz, la calefacción o los carburantes, sino que no podemos pagarlos como país. Acuérdese del tremendo agujero del déficit comercial (x5) y sus consecuencias: nos limita y nos endeuda. Recuerden esta otra visión de la crisis, de la que no se habla.

miércoles, 18 de abril de 2012

El tropezón de las exportaciones


Las exportaciones, lo único que crece en nuestra economía junto al turismo, han dado un traspiés y crecen este año la cuarta parte, por culpa de la recesión en Europa, donde vendemos dos tercios de nuestros productos. Y España ha perdido cuota en el comercio mundial, por la mayor competencia de los países emergentes. Ahora, estamos obligados a ayudar a las pymes a exportar de forma estable, sobre todo fuera de Europa. Y a suministrarles más ayudas, créditos y asesoramiento a través de las embajadas. El problema es que los recortes también afectan a la exportación, desde el ICEX a las ayudas fiscales. Con todo, hay que cuadruplicar las empresas exportadoras y vender productos más caros y de más calidad.
enrique ortega
Ya llevamos tres meses con las exportaciones creciendo a menor ritmo: un 4,4 % entre enero y febrero, frente al 22 % que crecieron en los dos primeros meses de 2011 y el +15,4% en todo el año pasado. Y un aumento del 2% en términos reales (descontando la inflación), similar al de diciembre pero inferior al crecimiento del 5,4% del cuarto trimestre de 2011. Y en paralelo, se estancan las importaciones (+1,7 % entre enero y febrero de 2012, frente a un crecimiento del 9,6% en todo el año 2011), como reflejo de la recesión y la caída de la inversión y el consumo en España.

Preocupa el tropezón de las exportaciones porque han sido en 2011, junto al turismo, lo único que ha crecido en la economía, aportando 2,5% de crecimiento y evitando así un hundimiento del PIB (+0,7%) y una mayor caída del empleo. El Gobierno quiere repetir la jugada en 2012, estimando que las exportaciones van a aportar un crecimiento del 2,9% a la economía, mayor que el de 2011, algo difícil de creer ya que se espera que las exportaciones crezcan este año menos de la mitad (con lo que el PIB caería más del 1,7% previsto).

Hay dos nubarrones en el horizonte de nuestras exportaciones. El primero, la recesión en Europa, que debilita las compras de nuestros principales clientes (66% exportaciones van a la UE). Y el otro, la dura competencia de los países emergentes, que tiran precios, calidades y normativas, ganando mercados año tras año en un comercio mundial que también se ha recortado. España, el 17º país exportador del mundo, volvió a perder cuota de mercado en 2011 (el 1,64% del comercio mundial), la cuota más baja desde 1.993.

Aun así, España consiguió en 2011 un hito histórico: tener superávit comercial con la Unión Europea (+4.059 millones €), vender al resto de europeos más de lo que les compramos. De los restantes 26 países UE, tenemos superávit comercial con 12 (sobre todo con Francia, Portugal y Reino Unido) y déficit con los 14 restantes (sobre todo con Alemania, Países Bajos e Irlanda). Del resto, destaca el fuerte crecimiento de nuestras exportaciones a China (+28% en 2011), Japón (+30,8%, por la venta de gas), Canadá (+31%), Rusia (+26,6%), EEUU (+20,8%) y América Latina (+20,2%). Y en nuestras ventas, destacan cuatro partidas: bienes de equipo (20% del total), automóviles (15,4%), alimentos (14,2%) y productos químicos (13,7%).

Cara a 2012, las exportaciones cuentan con dos ayudas: la inflación (los precios son más bajos en España que la media europea) y el euro, que puede debilitarse, con la crisis de la deuda, facilitando las ventas. Pero hay muchas incertidumbres: la recesión europea, los precios aún altos respecto a terceros países y, sobre todo, el excesivo peso de las importaciones energéticas: España importa el 99,9% de un petróleo disparado de precio  y la factura energética cuesta 55.821 millones anuales, la cuarta parte de lo que ingresamos exportando.  

La exportación española tiene cinco problemas de fondo que hay que solventar. Uno, la excesiva concentración en Europa: 66% ventas son a la UE y el 73,6% al conjunto de Europa. Dos, de 3,2 millones de empresas españolas, sólo 39.000 exportan de manera regular, ya que muchas dejan de hacerlo al cabo de un tiempo. Tercero, falta financiación: si es difícil encontrar crédito para el día a día de las empresas, más difícil resulta montar una estructura de exportación. Cuarto, falta información y asesoría comercial a las empresas para salir fuera. Y sobre todo, hay que cambiar lo que exportamos: la mayoría de la exportación española, según el Banco de España, son productos de tecnología baja (alimentos, ropa y calzado) y media (plásticos, metales y automóviles), mientras Alemania, el segundo exportador del mundo, vende más productos de alta tecnología. Tenemos que exportar productos de más valor añadido, más sofisticados, más innovadores y que no compitan sólo por precio.

El gran reto ahora es exportar fuera de Europa, sobre todo en Latinoamérica, Estados Unidos, Asia y África, las zonas del mundo con mayor crecimiento (real y potencial). Las grandes empresas ya están en ello, como lo demuestra que las 35 empresas del IBEX ya venden un 60% fuera de España (y 11 de ellas, más del 70%). Ahora falta sumar a esta cruzada a las pymes, para lo que el Gobierno estudia conceder una ayuda de 12.700 euros a las que salgan al exterior (para contratar asesores y pagar la promoción exterior). Y es clave ayudarles a que consigan financiación, con créditos blandos del ICO y el ICEX. Y luego, reorientar las oficinas comerciales de las embajadas, desviando recursos de los países desarrollados a los emergentes, donde debe volcarse la exportación española.

Todo está muy bien, pero los recortes del Presupuesto 2012 pueden cortar las alas a la exportación, como ya han hecho con la Cooperación al desarrollo, una buena base para ayudar a construir la marca España. Este año, la exportación vuelve a ser clave para no hundirnos más y hay que volcarse con los exportadores, porque lo tienen más difícil con la recesión europea y la competencia mundial. Hay que mimarles, porque en sus manos está buena parte del empleo actual y del que podría crearse. Hechos, no palabras. Y nada de recortes aquí. Sería un suicidio.