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lunes, 12 de noviembre de 2018

Más deuda: la peor herencia de Rajoy


No sabemos si 2019 tendrá nuevo Presupuesto o si el Gobierno Sánchez prorrogará el de 2018 (lo más probable). Pero sí sabemos algo: el primer gasto que incluirá serán 32.000 millones para pagar los intereses de la deuda, una prioridad por delante de las pensiones, sanidad o educación. Lo obliga la Constitución, tras la reforma pactada por ZP y Rajoy en 2011. Tendremos que afrontar la peor herencia de Rajoy, junto a los recortes, la precariedad y la pobreza: haber aumentado un tercio la deuda pública, hasta los 1,16 billones, un récord en un país que lleva 500 años con graves problemas de deuda, desde Carlos V. Debemos 25.000 euros por español, una hipoteca que se ha llevado 290.000 millones para pagar intereses a inversores y bancos en los últimos 10 años. Y ahora, con la subida de tipos, pagar la deuda nos costará más. Por eso, urge un Pacto para reducirla, aumentando la recaudación fiscal, no bajando impuestos. No podemos dejar esta pesada losa a nuestros nietos.

enrique ortega

España es “el único país del mundo que ha sufrido la adicción a la deuda durante 5 siglos” y el país que tiene “un mayor historial de bancarrotas e impagos” de la deuda desde el siglo XVI, según explica el profesor Francisco Comín en su interesante libroLa crisis de la deuda soberana en España 1500-2015”, un repaso histórico a los episodios de deuda e impagos desde Carlos V hasta Rajoy. Tras la deuda con los Austrias y los Borbones, con múltiples suspensiones de pagos y una “leyenda negra” como país mal pagador,  el primer récord “moderno” de deuda pública se alcanzó en 1879 (con el general Martínez Campos y Alfonso XII), cuando la deuda española alcanzó el 165% de la producción del país (PIB). En 1898, al acabar la Guerra de Cuba, seguía en el 124% del PIB y empezó el siglo XX con el 101% de deuda en 1909. Luego bajó, tras la I Guerra Mundial (39%) y la II (59% del PIB), y más tras la Guerra Civil, hasta un 22,4% de deuda en 1944 y un mínimo del siglo en 1.975, al morir Franco: la deuda era sólo de 39.819 millones de euros de hoy, el  7,3% del PIB español.

Con la democracia y la Transición, aumentaron las demandas de gasto y la deuda pública se triplicó en tres años, hasta el 22,2% del PIB en 1977. Se duplica para 1993 (56,1% del PIB), tras los fastos del 92 (Olimpiada y Expo) y la crisis, alcanzando un máximo del 67,4% en 1996. A partir de ahí, se suceden “los años de vacas gordas” y la deuda alcanza un mínimo en 2007: 384.662 millones, el 35,6% del PIB. Pero viene la crisis y Zapatero aumenta el gasto público y con él la deuda, que deja al irse, en 2011, en 744.323 millones, el 69,5% del PIB. Rajoy reduce el déficit pero aumenta la deuda año tras año, superando otra vez el 100% del PIB en marzo de 2016 (100,8%), casi como en 1909. En 2017, la deuda cerró con 144.425 millones (98,3% del PIB) y en junio de 2018, un mes después de irse Rajoy, alcanzó un récord histórico en cantidad: 1.163.885 millones de euros, el 98,3% del PIB, según el Banco de España. Era un tercio más (+419.562 millones, un 56% más) de la deuda que recibió Rajoy de ZP en 2011. Eso supone que debemos 25.000 euros por español.

Con esta deuda pública (97% del PIB en 2017), España es el 18º país más endeudado del mundo, por detrás de Japón (debe el 224% de su PIB), Grecia (180%), Líbano (142), Yemen (136%), Italia (131%), Portugal (128%), 9 paises en desarrollo, Bélgica (104% del PIB) y Canadá (98%), según CIA World Factbook. Y somos el 7º país de Europa con más peso de la deuda pública en junio de 2018 (98,3% del PIB), tras Grecia (179,7%), Italia (133,1%), Portugal (124,9%), Bélgica (106,3%), Chipre (104%) y Francia (99,1%), según los recientes datos de Eurostat, que fija la deuda media de la UE-28 en el 81% del PIB comunitario.

¿Quién ha contraído esta deuda en España? Más de las tres cuartas partes de la deuda pública española la tiene la Administración Central (1.032.903 millones en junio 2018), que ha triplicado su deuda con la crisis (318.869 millones en 2007) y la ha casi duplicado con Rajoy (624.238 millones deuda Administración Central en 2011). La cuarta parte de la deuda española la tienen las autonomías (293.246 millones en junio 2018), que tenían sólo 61.960 millones de deuda en 2007 y 145.879 en 2011. Las autonomías más endeudadas son Cataluña (78.489 millones), Comunidad Valenciana (46.322 millones), Andalucía (34.329 millones) y Madrid (34.009 millones) Luego hay otros 29.413 millones que deben los Ayuntamientos, los únicos que han reducido deudas (debían 36.819 millones en 2011) y 34.888 millones de deuda de la Seguridad Social, que se ha duplicado (17.169 millones debía en 2011), según los datos del Banco de España. Al final, la suma de estas deudas da más de la cifra global, 1.163.885 millones de deuda pública, que es la que cuenta, porque hay traspasos de deuda entre administraciones que hay que depurar después.

¿Por qué la deuda pública ha aumentado en un tercio con Rajoy, si su Gobierno redujo el déficit público del 9,64% del PIB (2011) al 3,1% (2017)? Básicamente, porque la deuda no sólo aumenta por financiar con ella el déficit público. Según un estudio de la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (AIReF), el 25% del aumento de deuda pública con Rajoy (+419.562 millones) se debe a la debilidad de las cuentas públicas (con la crisis, caen los ingresos públicos), otro 21% a gastos derivados de la crisis (203.874 millones del Fondo de liquidez autonómica y 41.800 millones del Plan de pago a proveedores de autonomías y Ayuntamientos, más 30.000 millones de deuda por el déficit de tarifa eléctrico), un 8% por el pago de intereses de la deuda (85.000 millones), un 7% por las ayudas a la banca, un 4% para pagar los rescates de Grecia, Irlanda, Portugal y Chipre y un 6% más (25.192 millones) de los préstamos hecho en 2017 y 2018 a la Seguridad Social para tapar su déficit. El Gobierno Rajoy rebajo el déficit con los recortes, pero otros gastos los pospuso vía deuda.

Cara al futuro, parece muy difícil rebajar la deuda pública heredada de Rajoy. La última previsión de la Comisión Europea (julio 2018) estima que España sólo rebajará su deuda del 98,3% del PIB en 2017 al 97,6% en 2018 y el 95,9% en 2019, año en que todavía seríamos el 5º país europeo con más deuda, tras Grecia (170,3% del PIB), Italia (129,7%), Portugal (119,5%) y Bélgica (100,2%). El Gobierno Sánchez, en los escenarios presupuestarios que ha enviado a Bruselas, apuesta por bajar más la deuda, al 95,2% del PIB en 2019, para dejarla en el 89,1% en 2021, casi el triple que antes de la crisis (35,6% en 2007) y muy por encima del tope del 60% del PIB que fija la UE para los paises del euro. La AIReF estima que España no alcanzará ese nivel de deuda del 60% hasta 2034 (dentro de 15 años) y eso si los Gobiernos cumplen con la reducción del déficit pactada con Bruselas…

El problema de la deuda es que hay que pagarla, amortizando cada año una parte y sobre todo, pagando intereses anuales a los que la tienen: el 44% son inversores extranjeros (fondos y bancos), el 22% el BCE, el 16% bancos españoles y el resto inversores institucionales y particulares españoles. Y estos intereses son “sagrados”, más desde 2011, cuando Zapatero y Rajoy pactaron una reforma exprés de la Constitución para incluir que los pagos de intereses de la deuda “gozarán de prioridad absoluta” (artículo 135). Eso quiere decir que hay que pagar los intereses de la deuda lo primero de todo, antes incluso que las pensiones, la sanidad o la educación, que no tienen esa prioridad constitucional. Una exigencia de Alemania, Francia y sus inversores y bancos, para asegurarse que España siempre va a pagarles...

El pago de esos intereses de la deuda supone ya la segunda partida más importante de los Presupuestos del Estado, tras las pensiones (144.834 millones en 2018): se llevan 31.547 millones de euros en 2018 (el pago de intereses era la mitad, 16.609 millones en 2008), más del doble que el gasto en los parados (17.702 millones para subsidios) y tanto como el gasto en  investigación (6.041), educación (2.600), Sanidad (4.251), servicios sociales (2.512), infraestructuras(5.675), subvenciones al transporte (2.108), Industria y energía (5.768) y Justicia (1.780 millones) juntos. O sea, que si tuviéramos la mitad de deuda y pagáramos la mitad de intereses, podríamos gastar más en servicios públicos. Baste un dato espectacular: entre 2008 y 2018, España ha pagado intereses por su deuda a inversores y bancos por un importe de 290.000 millones de euros, lo que da para pagar casi 2 años de pensiones.

De cara a 2019, el problema de la deuda se va a agravar aún más para España. Primero y fundamental, porque el 1 de enero, el Banco Central Europeo deja de comprar deuda pública de los paises, una ayuda inestimable que el BCE inició en marzo de 2015 y que ha permitido asegurarnos la colocación de una parte de nuestra deuda (250.711 millones, una media de 80.000 millones al año), además a tipos bajos. Ahora, ya no tenemos este “colchón” del BCE, muy tranquilizador, y España tendrá que colocar su deuda en el mercado, buscando inversores que confíen en el país y no pidan demasiado interés. Y somos un país muy vulnerable, porque España tendrá que emitir 220.000 millones de nueva deuda en 2019, para cubrir las amortizaciones y pagos necesarios más financiar el déficit previsto en 2018 (2,7% del PIB). Mucha deuda para financiar un año en que además de los nervios de los mercados (por la situación en Italia y el estancamiento en la zona euro) habrá una subida de los tipos de interés, después del verano. Y se estima que una subida de tipos del 1% le cuesta a España 3.600 millones más en el pago de intereses de la deuda.

Así que si la deuda es una pesada hipoteca, en los próximos meses y años nos va a costar más pagarla. Por eso, tanto la Comisión Europea como el FMI y la OCDE llevan años pidiendo a España que reduzca su deuda pública, porque nos hace muy vulnerables, al depender demasiado de inversores extranjeros (los famosos “mercados”) que se pueden poner nerviosos y no financiarnos o pedirnos más rentabilidad, a costa de tener que recortar otros gastos públicos necesarios. Ahora, la nueva ministra de Economía, Nadia Calviño, se ha sumado a este coro de expertos y ha señalado que “la deuda pública es uno de los tres grandes problemas estructurales de España, junto al paro y a la pobreza. Y tan estructural, como que lo arrastramos desde Carlos V

Entonces como ahora, el problema es el mismo: España gasta más de lo que ingresa y por eso tiene que endeudarse. Así que la solución es doble: o gasta menos o ingresa más. Gastar menos es posible, pero no parece fácil, dadas las enormes demandas sociales sin resolver y sobre todo porque España gasta mucho menos que el resto de Europa: el 41% del PIB frente al 45,8% de media en la UE-28, el 56,5% en Francia, el 48,9% en Italia el 43,9% en Alemania o el 41,1% en Reino Unido, según Eurostat. A lo claro: que gastamos unos 56.000 millones menos cada año que la media de europeos. La otra opción es ingresar más, lo cual debería ser posible, porque recaudamos bastante menos que Europa: el 37,9% del PIB (2017) frente al 44,9% en la UE-28, el 53,9% en Francia, el 46,6% en Italia, el 45,2% en Alemania o el 39,1% en Reino Unido, según datos de Eurostat. A lo claro: que si recaudáramos como europeos, ingresaríamos 81.650 millones más cada año. Como para reducir el déficit y la deuda y además poder gastar más.

Así que reducir la deuda es posible, siempre que se haga un gran Pacto político y social, con el objetivo, por ejemplo, de rebajarla al 60% del PIB en 10 años, para 2028, 6 años antes de lo que estima la AIReF. Eso puede hacerse si aumenta la recaudación entre 20.000 y 40.000 millones anuales los próximos años y dedicamos la mitad de esos ingresos extras a amortizar deuda. Y se puede aumentar la recaudación si se consigue que paguen más impuestos los que hoy pagan pocos (grandes empresas, multinacionales y los más ricos), si se racionaliza el IVA (quitando tantos tipos reducidos y parte del fraude) y el IRPF (quitando tantas exenciones), además de conseguir nuevos ingresos con los impuestos verdes y tecnológicos. Como no puede reducirse la deuda es bajando impuestos, como defienden PP y Ciudadanos. Salvo que apliquen más recortes drásticos del gasto, que es mucho menor al europeo.

Al final, el gran problema de la deuda es que las tres cuartas partes es deuda a largo plazo y los intereses se estarán pagando hasta 2050 y después. O sea, que la deuda que hemos generado nosotros la pagarán nuestros hijos y nietos. Esa es la gran injusticia de la deuda, la pesada losa que les dejamos en herencia: el pago obligado de intereses año tras año, a costa de que no puedan gastar en otras cosas. Por eso, por justicia con las futuras generaciones, hay que recortar la deuda pública como sea.

jueves, 9 de junio de 2016

La herencia económica de Rajoy


Rajoy y el PP llevan cuatro años largos quejándose de la herencia recibida de Zapatero y los socialistas. Mañana comienza  la campaña electoral y sería bueno ver la herencia que deja Rajoy. Sobre todo en economía, el “logro” del que más presume. Es cierto que la economía ahora crece y crea empleo, pero el balance es bastante negativo: hay menos españoles trabajando que en 2011, con peores contratos y sueldos, la deuda pública se ha multiplicado por 2,5, Europa nos amenaza con una multa y más recortes porque Rajoy ha incumplido el déficit los 4 años, las pensiones han multiplicado su déficit por 36 y se han comido dos tercios de la hucha, han crecido la pobreza y la desigualdad y los recortes han deteriorado la sanidad, la educación,  la Justicia, los servicios sociales y la dependencia, con 400.158 ancianos esperando ayuda. Y los españoles tienen menos renta y están más lejos del nivel de vida de Europa que en 2011. Vean los datos (oficiales) de la herencia que nos deja Rajoy.
 
enrique ortega

Empecemos por lo que parece la herencia “buena”, que Rajoy y el PP repiten sin cesar: la economía ahora crece y crea empleo. Es cierto, la economía creció un 3,2% en 2015, mientras Zapatero la dejó cayendo (-1% en 2011). Pero hay que matizar algunas cosas. La primera, que no es verdad que España sea el país de Europa que más crece, como repite machaconamente Rajoy: en 2015 hubo 8 países europeos que crecieron más que España (Irlanda un 6,9%, Luxemburgo 4,7%, Malta 4,9%, Suecia 3,6%, Rumania 3,6%, Eslovaquia 3,6% y Polonia 3,5%). Y sobre todo, que aunque la economía española ha crecido en 2015 (+3,2%) y 2014 (+1,4%), antes cayó mucho, en los dos primeros años de la Legislatura de Rajoy, en 2012 (-2,6%) y 2013 (-1,7%), con lo que el balance del crecimiento en estos 4 años es pequeño: lo que produjo España en 2015 (1.081.190 millones de euros) es sólo un 1% más de lo que producimos en 2011 (1.070.413 millones de PIB). No es para tirar cohetes…

Además, España es uno de los 8 países europeos que aún no han recuperado el crecimiento de antes de la crisis: nuestro PIB en 2015 está un 3,9% por debajo del de 2007, sólo mejor que Grecia (-27%), Chipre (-8,6%), Italia (-8,6%), Italia (-8,6%), Finlandia (-6,4%), Portugal o Letonia (-5,6%) y Eslovenia (-4,7%). Y eso mientras la Europa del norte se ha recuperado ya de la crisis y ha ganado crecimiento sobre 2007, sobre todo Luxemburgo (+12,3%), Irlanda (+7,7%), Alemania (+5,6%), Bélgica (+4,7%) o Francia (+2,7%). Algo que se le olvida decir a Rajoy, lo mismo que otro dato del balance: en 2014 estábamos más lejos de la renta media europea (93 sobre 100) que en 2011, con ZP (98 de 100).

Y otra cuestión importante: España ha crecido mucho en 2014 y 2015, sí, pero no por Rajoy. La mitad de ese crecimiento se debe, según un estudio de Ceprede, a dos factores externos, que han empujado nuestra economía: los bajos precios del petróleo y el euro barato. Y buena parte del resto del crecimiento se debe al Banco Central Europeo (BCE), que ha ayudado con mucha liquidez y tipos bajos, evitando su presidente, Mario Draghi, el rescate de España, en el verano de 2012 (sustituido por un “rescate por la puerta de atrás”: el rescate de la banca, que nos ha costado 107.914 millones de euros, según el Tribunal de Cuentas , otra herencia de Rajoy que habrá que pagar en los próximos años).

Y vayamos ahora a la herencia “mala” de Rajoy, empezando por el empleo, la mayor preocupación de los españoles: a finales de marzo de 2016 había 123.400 españoles menos trabajando que cuando Rajoy llegó a la Moncloa, en diciembre de 2011, según la EPA (18.029.600 ocupados frente a 18.153.000). Y eso porque se destruyó mucho empleo en 2012 y 2013 (y primer trimestre de 2016), que no fue compensado por los 959.000 empleos creados en 2014 y 2015. Además, el empleo que se está creando ahora, tras la reforma laboral de 2012 (otro hito del balance de Rajoy), es un empleo muy precario: el 25% es empleo temporal (somos el 2º país de Europa, tras Polonia, con más contratos temporales) y el 19% es empleo a tiempo parcial (la tercera parte, por una semana de trabajo o menos).

Vayamos al paro. No hagan caso de que el paro registrado ha bajado de los 4 millones en mayo: esos son los parados apuntados en las oficinas de paro (SEPE), una cifra que varía según los meses, que no refleja todo el paro real, que cualquier Gobierno puede reducir (endureciendo requisitos) y que baja también porque muchos parados se borran al no cobrar ya el paro. La cifra que importa en toda Europa (ningún país euro usa el paro registrado) es el paro estimado, el paro que da trimestralmente la EPA: en marzo 2016 había en España 4.791.400 parados estimados, 495.900 parados menos que al llegar Rajoy a la Moncloa (5.287.300). ¡Vaya, una buena herencia¡ Bueno, hay que matizarlo. Primero, porque si hay menos paro se debe a que hay 619.300 españoles que han tirado la toalla en estos cuatro años, que han dejado de buscar trabajo (ya no son “activos”), porque se han ido a casa (mujeres y mayores de 55 años) o a estudiar (jóvenes) o han emigrado (españoles y extranjeros que han vuelto a su país). Por eso se produce el “milagro” de que habiendo menos empleos que en 2011 haya también menos parados.

Aunque ahora haya menos parados (el 21% de los españoles en edad de trabajar, frente al 22,5% en 2011), lo están pasando peor: porque ahora solo cobran algo el 45% de los parados EPA (dos tercios cobran sólo 426 euros al mes), mientras que cuando llegó Rajoy a la Moncloa cobraban el 55,4% de los parados (y sólo la mitad el subsidio de 426 euros). Y es que ahora, los parados llevan más tiempo sin trabajar: 1,4 millones de parados (el 27,69%) llevan ya más de tres años en paro, sin expectativas de volver a trabajar.

Vayamos a otra herencia: la deuda pública, que se ha multiplicado por 2,5 con Rajoy. En diciembre de 2011, España tenía una deuda pública de 743.530 millones (el 69,5% del PIB) y en marzo de 2016 ha llegado a 1.095.000 millones, superando el 100% del PIB, por primera vez desde 1910. Rajoy ha conseguido así que España sea el 6º país europeo con más deuda pública (tras Grecia, Italia, Portugal, Chipre y Bélgica) y el 14º país más endeudado del mundo, por detrás de los anteriores, Japón, EEUU y 5 pequeños países de África y el Caribe. Un volumen de deuda que hace a España muy vulnerable, como ha advertido reiteradamente la Comisión Europea, porque dependemos de los inversores y de los mercados, que, si se ponen nerviosos, nos cobrarán más por prestarnos (la famosa “prima de riesgo”). De hecho, hacer frente a esta billonaria deuda nos costará este año 33.500 millones en intereses (la mitad del gasto en Educación), un pago mayor que con Zapatero (27.420 millones en 2011).

Rajoy lega al próximo Gobierno una gran deuda porque ha tenido que financiar en sus cuatro años de Gobierno un elevado déficit, además de cubrir los agujeros de las autonomías (la mayoría gobernadas esos años por el PP) y el rescate de la banca. Precisamente, otra herencia de Rajoy es que ha incumplido reiteradamente los objetivos de déficit: Rajoy no cumplió nunca con los déficits prometidos a Bruselas, desde 2012 a 2015. Y aunque ha rebajado casi a la mitad el déficit que le dejó Zapatero (del 9,4% del PIB en 2011 al 5% en 2015), sigue siendo el segundo mayor de Europa, sólo detrás de Grecia (-7,2% del PIB).  Y lo peor es que Bruselas sabe que Rajoy ha incumplido el déficit porque ha bajado los impuestos, en 2015 y 2016, como maniobra electoral. De hecho, la rebaja de 2015 supuso dejar de ingresar 4.800 millones (4.800 millones más de déficit) y en 2016 supondrá recaudar otros 4.166 millones menos (2.641 millones se lo “ahorrarán” las empresas).

Este incumplimiento del déficit público, año tras año, supondrá una doble herencia de Rajoy para el próximo Gobierno: la Comisión Europea amenaza con una multa a España (2.000 millones de euros) y nos exige nuevos recortes, por 8.100 millones de euros, justo lo que Rajoy ha recortado en impuestos (sobre todo, a las empresas y a las rentas más altas). Además, en Bruselas “se hacen cruces” con que Rajoy esté prometiendo otra vez “volver a bajar los impuestos si gana”, en la segunda parte de la próxima Legislatura.

Otra herencia preocupante de Rajoy, el grave “agujero” de las pensiones: deja un déficit que es 36 veces el que recibió de ZP. Las pensiones tuvieron superávit hasta 2011, el primer año en  que los ingresos no cubrieron los gastos, cerrando con un déficit de 487,3 millones. En 2012, Rajoy multiplicó este déficit por 12 (-5.812 millones) y luego lo ha triplicado incluso, para cerrar 2015 con un déficit de 16.707 millones de euros (que podría haber subido a 17.772 millones  en marzo de 2016, según un estudio de la Universidad de Valencia). Para tapar estos déficits, Rajoy ha echado mano desde 2012 a la hucha de las pensiones, que Zapatero le dejó con 66.815 millones de euros, cogiendo en estos cuatro años largos 47.201 millones. Y a este ritmo, la hucha se agotará en 2018.

El déficit de las pensiones se ha disparado con Rajoy no porque crezcan mucho los gastos (sólo un 3%, menos que en las décadas pasadas, gracias a los recortes aprobados por ZP en 2011 y Rajoy en 2013) sino porque aumentan poco los ingresos (sólo el 1,3% en 2015 y el 1,8% en 2016), a pesar de que se hayan creado casi un millón de nuevos empleos. Y eso se debe a que son empleos muy precarios, con bajos salarios, que cotizan poco. También se debe a que Rajoy ha multiplicado las bonificaciones a la Seguridad Social  de empresas y autónomos (“tarifas planas”), además poco efectivas, con lo que la SS ha dejado de ingresar 3.439 millones en estos 4 años (y otros -2.016 para  2016). Y hay una tercera causa: como hay la mitad de parados que cobran una prestación contributiva en 2016 que en 2011, también son la mitad a cotizar a la SS (si no cobran paro o perciben  subsidios asistenciales, no cotizan).

Y hay otra herencia de Rajoy que no podemos olvidar: los recortes. Según los datos de la Intervención del Estado (IGAE), el gasto público en España se redujo en 30.284 millones entre 2009 y 2014. De estos recortes, 22.000 millones corresponden a Rajoy, que siguió recortando en muchas partidas en 2015 y hasta en 2016, con lo que su tijera podría llegar a 25.000 millones. De ellos, la mayor parte se reparte entre Sanidad (-9.000 millones), Educación (-7.000 millones), gastos sociales  (-3.000 millones) y Dependencia (-2.865 millones), sin olvidar  los recortes en tecnología (-2.183 millones en I+D+i), Cooperación internacional (-1.650 millones en ayuda al desarrollo) y Justicia (-302 millones).

Estos recortes hicieron caer la inversión y el consumo y provocaron una segunda recesión de la economía (y más paro) en 2012 y 2013, recesión que hizo caer la recaudación más de lo previsto, incumpliendo las prometidas rebajas del déficit público (es “el circulo vicioso de la austeridad”: recortes llevan a menos crecimiento que lleva a menos recaudación y a más déficit y a nuevos recortes). Pero sobre todo, estos recortes deterioraron el Estado del Bienestar en España, que tanto ha costado construir con la democracia. En Sanidad, los recortes, despidos y falta de medios han hecho subir las listas de espera y han deteriorado la calidad del servicio. En Educación, los recortes han reducido profesores y medios, suprimiendo becas y ayudas y encareciendo tasas y matrículas, convirtiendo a la Universidad pública española en una de las más caras de Europa. En ayudas sociales, que ya piden más de 8 millones de españoles, los recortes han reducido las ayudas municipales y de ONGs, mientras se disparaban las necesidades. En Dependencia, los recortes se traducen en 400.158 ancianos esperando una ayuda que tienen reconocida pero que las autonomías no pueden pagarles. En I+D+i, los recortes han supuesto perder 12.000 investigadores y múltiples proyectos.  En Justicia, se ha agravado el colapso de los Juzgados, ante la falta de medios (se han abierto 4 Juzgados nuevos)  y jueces (la mitad que en Europa). Y en Cooperación Internacional, los recortes nos han llevado a perder presencia y  ayuda humanitaria, en Latinoamérica y África, a costa también de la “marca España”.

Las consecuencias de estos recortes las han sufrido día a día la mayoría de españoles en estos cuatro años. Pero Rajoy les ha dejado más herencias. A los que trabajan, un empleo más precario o con menos sueldo, tras aprovechar las empresas la reforma laboral de 2012. De hecho, la rebaja media de los sueldos fue del 15% entre 2012 y 2014. Y ahora se recuperan muy lentamente: crecieron un 0,74% en 2015 (convenios) y se espera una subida del 1,2% en 2016. Y los españoles ganamos la cuarta parte que el resto de europeos: 15,8 euros por hora (2015) frente a 22 euros en la zona euro o Francia, 25 euros por hora en Alemania o 35,6 euros en Dinamarca, según Eurostat.

Rajoy nos ha bajado los impuestos en 2015 y 2016, pero en diciembre de 2011 hizo la mayor subida de impuestos de la democracia, que completó en julio de 2012 con la subida del IVA. Al final, el balance es que en 2015 pagábamos 17.578 millones más de impuestos que en 2011. Y Rajoy deja a las familias con impuestos más altos de los que tenían con ZP, tanto en el IRPF (12,1% de gravamen medio frente a 11,9%), IVA (15,5% de media frente a 12,7%) e impuestos especiales (26,5% frente a 23,2), aunque las empresas (impuesto Sociedades) pagan menos con él (19,5% tipo medio frente a 19,9% con ZP).

Al final, con muchos parados, empleos precarios y más impuestos, la herencia de Rajoy se traduce en que las rentas de las familias han caído, según el INE: los ingresos medios por hogar se han reducido en 1.655 euros, un 6% (de 27.747 euros en 2011 a 26.092 euros en 2014, último dato publicado). Y los ingresos por persona en 376 euros, un 3,5% (de 10.795 euros en 2011) a 10.419 en 2014). Con ello, durante la crisis, se ha producido además un cambio social: 3 millones de españoles han dejado de ser “clase media” y han pasado a ser “clase baja”, según un reciente estudio de la Fundación BBVA y el IVIE.

Y para terminar, la peor herencia de Rajoy, al menos para mí: deja 700.000 pobres más de los que había con ZP. En 2015, un 28,6% de los españoles (13.300.000) tenían una situación de pobreza, escaso empleo o carencias materiales severas, según el indicador europeo AROPE, mientras en 2011 eran el 26,7% (12.600.000 españoles). Y ese porcentaje de pobreza es mayor entre los niños (33,4% de los menores de 16 años) y entre los trabajadores (31,6% entre los que tienen de 16 a 64 años), sobre todo madres solas, jóvenes e inmigrantes. Y hay ya 3,3 millones de españoles en la pobreza extrema, según Cáritas. Mientras, los ricos son más ricos que en 2011, según el reciente estudio de Intermón Oxfam, y España es el país de la OCDE (34 países desarrollados) donde más ha crecido la desigualdad en estos años de crisis, sólo por detrás de Chipre. Basta este dato “obsceno”: los 20 españoles más ricos tienen tanto como los 14 millones de españoles más pobres (el 30% de la población).

Bueno, son muchos datos (oficiales o de fuentes rigurosas) pero dejan en evidencia que la herencia de Rajoy no es tan brillante. Y que deja al próximo Gobierno problemas económicos muy serios que se han agravado bajo su mandato, aunque la oposición no sepa utilizarlo ni se aproveche de ello para sustituirlo. Pero los votantes, al menos, deberíamos analizar su herencia económica con datos y rigor. Y después, votar en consecuencia.