Mostrando entradas con la etiqueta sueldos jóvenes. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta sueldos jóvenes. Mostrar todas las entradas

lunes, 30 de junio de 2025

Los jóvenes, precarios, mal pagados y aislados

Que la situación económica de los jóvenes es alarmante no es noticia, desgraciadamente. Lo más preocupante es que se han beneficiado poco del fuerte crecimiento del empleo tras la pandemia, que siguen teniendo mucho paro y empleos precarios y mal pagados. Y que ahora, con los alquileres y pisos por las nubes, no pueden formar una familia ni emanciparse. Pero además, un reciente informe señala otros dos problemas de fondo para los jóvenes. Uno, que el bajo crecimiento de la población lastra la economía mientras a sus padres les benefició el “baby boom”. Y el otro, que la política y la economía benefician hoy más a los mayores que a los jóvenes, que son menos que los jubilados y no tienen casi protagonismo político. Urge tomar medidas para evitar que malviva toda una generación y acabe siendo utilizada por la extrema derecha. Medidas que van desde la educación y formación a los contratos, los sueldos y condiciones laborales, la conciliación laboral y, sobre todo, la vivienda.

                           Enrique Ortega

El fuerte crecimiento económico de España tras la pandemia se ha traducido en un récord de nuevos empleos, pero los jóvenes se han beneficiado menos de ellos que el resto de la población. Los datos son elocuentes: la ocupación aumentó en casi 1,8 millones de personas (+1.798.500) entre finales de 2019 y marzo de 2025, según la EPA y sólo un 22% de estos nuevos empleos fueron para menores de 30 años (+403.400 empleos) mientras los mayores de 45 años aumentaron su ocupación en +1.734.600 empleos. Los jóvenes de 16 a 19 años sólo aumentaron su ocupación en +8.600 empleos (+5,8%), los de 20 a 24 años en 186.600 empleos (+20,5%) y los de 25 a 29 años en +208.200 empleos (+12,1%), mientras los mayores de 55 años, por ejemplo, ganaron +1.066.400 empleos (+29,42%). 

Y lo mismo pasa con el paro: se redujo de 3.191.900 desempleados a finales de 2019 a 2.789.200 en marzo de 2025 (-402.700 parados), según la EPA, pero sólo bajó el desempleo de los jóvenes (16-24 años) en -12.500 parados (-2,70%), mientras bajaba el paro en 422.000 personas (-19,02%) entre los de 25 a 54 años y subía en +31.000 parados (+6%) entre los mayores de 55 años, por el aumento del paro de larga duración. Y el paro juvenil  (menores 25 años), aunque ha bajado (del 30,5% en 2019 al 25,6% en marzo de 2025), es todavía casi el doble del europeo (14,8%) y cuatro veces el de Alemania (6,8%), según Eurostat.

Así que el crecimiento, el empleo y la bajada del paro han beneficiado menos a los jóvenes, que tienen un problema de entrada: tardan varios años en colocarse y tienen una tasa de empleo más baja que el resto de la población y que en el resto de Europa. Así, en España, la tasa de empleo es del 42,3% entre los 16 y 29 años (trabajan menos de la mitad de los que podrían hacerlo), mientras es del 67% para el conjunto de la población (16 a 64 años). Y si comparamos a nuestros jóvenes con Europa (la estadística de Eurostat se refiere a los jóvenes de 15 a 29 años), en España trabajan el 40,3%, frente al 49,5% en la UE-27, el 62,9% en Alemania, el 48,6% en Francia y el 34,4% en Italia.

Trabajan menos jóvenes en España por 2 razones, según los expertos. Una, por el modelo económico español, que tiene empresas más pequeñas y un menor peso de la industria y la tecnología, con un exceso del sector servicios, que ofrece un empleo más vulnerable. Y la otra, por la menor formación de los jóvenes españoles, con más universitarios pero menos con formación media y FP: hay una “brecha” del 37% entre los empleos que buscan las empresas y la formación de los jóvenes que buscan empleo, según un informe de McKinsey. Y además, eso provoca que España sea el país con más jóvenes “sobrecualificados”: el 35,8% de los graduados superiores (20 a 64 años) están empleados en puestos de baja cualificación (licenciados que trabajan de camareros o cajeros de supermercado), frente a sólo el 21,9% de jóvenes “sobrecualificados” en la UE-27.

El siguiente problema de los jóvenes, cuando ya encuentran un empleo, es que suele ser muy precario y mal pagado. En 2024, el 60,5% de los contratos de los menores de 30 años fueron temporales, según un reciente estudio de Fedea y el Consejo de Economistas. Y además, muchos contratos de los jóvenes son a tiempo parcial, por horas o días: más de la cuarta parte de los jóvenes que trabajan (el 27,7%) tienen uno de estos contratos a tiempo parcial, el doble que el conjunto de trabajadores (la parcialidad global afecta al 14,1% de los ocupados). En consecuencia, en 2024 había 852.900 jóvenes (16 a 29 años) trabajando a tiempo parcial (la mayoría, 518.600, mujeres jóvenes). Y lo más preocupante es que casi la mitad de estos jóvenes que trabajan menos horas (el 46%) lo hacen porque no encuentran un trabajo a jornada completa, según los datos de la EPA.

Con tantos empleos temporales y a tiempo parcial, la consecuencia es que el sueldo de los jóvenes es más bajo que el del resto de los trabajadores.: el salario medio bruto de los menores de 30 años es de 1.558 euros mensuales, un 27% más bajo que la media de sueldos en España, según el estudio de Fedea y el Consejo de Economistas. Y por franjas de edad, hay sueldos aún más bajos: 11.313,36 euros brutos de media ganan los menores de 20 años (el 40% de la media nacional), 15.364 euros es el sueldo medio de los que tienen de 20 a 24 años (el 55% de la media) y 21.039 euros el sueldo anual de los que tienen entre 25 y 29 años (el 75% de la media nacional), según la Encuesta de salarios del INE (2023).

Además de estos bajos sueldos brutos, el sueldo neto de los jóvenes es también bajo, porque pagan impuestos y cotizaciones. Aunque muchos jóvenes no declaran, por sus bajos sueldos, soportan una alta carga fiscal por pago de cotizaciones sociales e IVA. Así, los jóvenes menores de 20 años pagan un 6,45% de su sueldo bruto (11.313 euros anuales) en cotizaciones, los que tienen de 20 a 24 años (y ganan 15,364 euros) pagan un 7,31% entre IRPF más cotizaciones y los que tienen entre 25 y 29 años (que ganan 21.039 euros brutos) pagan un 18,56% entre IRPF y cotizaciones, según el Consejo de Economistas. Y a la hora de comprar y pagar el IVA, los menores de 35 años son los que dedican más parte de sus ingresos a pagar IVA: el 7,7%, frente al 6,6% los que tienen entre 55 y 64 años, el 6,4% los que tienen entre 65 y 74 años y el 6,3% los mayores de 75 años.

Además de la precariedad y los bajos sueldos, los jóvenes llevan una década sufriendo el disparatado precio de la vivienda, tanto la compra (los pisos han subido un +55,4% entre 2014 y 2024) como el alquiler (+81% subida desde 2024). Mientras la mayor parte de sus padres tienen su casa en propiedad (el 70%), sólo el 42% de los hogares jóvenes ha podido comprar o acceder a una vivienda. Y la mayoría tiene que alquilar, algo difícil porque apenas hay alquileres disponibles (cada oferta tiene 35 potenciales inquilinos) y porque su precio está disparado (1.305 euros de media en España, 1.953 euros en Madrid y 2.151 en Barcelona, según Idealista) y obliga a los jóvenes a destinar el 40% y más de su sueldo a pagar el alquiler, algo que limita su emancipación y su movilidad geográfica.

De hecho, los jóvenes se emancipan en España a los 30,3 años (era a los 28,4 años en 2008), frente a los 26,4 años en la UE-27 y los 23 y 24 años a los que se emancipan en Francia o Alemania. Y además, muchos jóvenes, al no ver oportunidades en España, emigran: entre 2021 y 2024 han salido de España 650.000 jóvenes de 18 a 35 años, buscando una oportunidad laboral y vital en el extranjero, según el estudio de Fedea y el Consejo de Economistas. En paralelo, muchos jóvenes no pueden irse a trabajar a otra ciudad distinta a la que viven sus padres (en la hostelería o como profesores, médicos o policías) porque no pueden pagar allí el elevado alquiler (caso de Madrid, Barcelona y las islas).

Junto a todos estos problemas, los jóvenes españoles sufren una “doble desventaja estructural, según el reciente estudio de Fedea y el Consejo de Economistas. La primera, que la demografía no les ayuda (como a sus padres) sino que les supone ahora un lastre: si en el siglo pasado (entre 1980 y 1999), el crecimiento per cápita creció mucho (+59,4%), en gran parte fue por la demografía, el “baby boom” (aportó un 11,15%). Pero ahora, entre 2000 y 20129, el crecimiento per cápita ha sido la tercera parte (+20,34%) ha sido porque la demografía (pocos nacimientos) ha lastrado el crecimiento (-2,76%). A lo claro: la demografía frena ahora el crecimiento de los jóvenes mientras empujó el de sus padres.

La otra desventaja, más polémica, es que la política económica y las prioridades de los Gobiernos son los mayores y no los jóvenes, porque son más y votan, según el estudio de Fedea y el Consejo de Economistas. Si en los años 80 y 90, los padres de los jóvenes actuales protagonizaban la economía y la política, sus hijosno tienen aliados, según el estudio, que insiste en el protagonismo económico y político de los mayores. Y se apoyan en que las pensiones se llevan ya el 30% del gasto público y suponen el 12,9% del PIB, siendo “las más generosas de Europa”: la pensión pública  representa el 77% del último salario en España, frente al 62,6% en Paises Bajos, el 59,3% en Italia, el 41,6% en Francia o el 36,8% en Alemania, según datos de Eurostat (2022).

En definitiva, el estudio señala que hay un desequilibrio en las prioridades y el gasto a favor de los mayores (que son más: 10 millones de españoles tienen más de 65 años) y en perjuicio de los jóvenes (hay 7 millones entre los 18 y 30 años), que además se encuentran socialmente más aislados, “pasando de la política” y sin cauces propios de representación institucional (salvo la “atracción” por la extrema derecha en muchos casos). Por eso, estos expertos piden “reequilibrar el contrato generacional”, destinar más recursos a las políticas juveniles y a mejorar la productividad de la economía, para alentar un crecimiento de fondo, al margen de la demografía. Y por eso piden que se cumpla una regla sencilla: por cada nuevo euro que España gaste en mayores, que se gaste otro euro en políticas dirigidas a los jóvenes. Y que en todas las nuevas Leyes y en el Plan de recuperación en marcha, se tenga en cuenta el impacto sobre los jóvenes.

Además de orientar más la política y la economía a los jóvenes, los expertos coinciden en la necesidad de tomar medidas en varios frentes para dar una salida a las nuevas generaciones. Hay que empezar por el principio, por la enseñanza: mejora de la formación en colegios, institutos y Universidades, para adecuarla a lo que necesitan las empresas, mejorando la orientación laboral de los jóvenes y su digitalización. En el mercado laboral, hay que fomentar la contratación indefinida y avanzar en la formación dual (trabajo y formación) y en mejorar las prácticas y becas (el Estatuto del Becario sigue sin aprobarse por el Gobierno, tras anunciarse con los sindicatos hace más de 700 días). Y hay que mejorar la conciliación laboral de las familias jóvenes, con más ayudas por hijos. Pero sobre todo, urge una política de vivienda que facilite el alquiler a los jóvenes, con ayudas hoy escasas e ineficaces.

En resumen, que la situación de los jóvenes es cada vez más preocupante en España, quizás porque los distintos Gobiernos han pensado más en los mayores, que son los que más cotizan, pagan impuestos y votan. Pero si queremos tener futuro como país, hay que cambiar las reglas del juego y pensar que son los jóvenes los que han de protagonizar la modernización de la economía y la mejora del nivel de vida, la digitalización, la descarbonización y el salto formativo y  tecnológico que nos hagan más productivos y competitivos. Sin abandonar a los mayores, pero reequilibrando el “contrato generacional” en España. Urge pactar un Plan de medidas a favor de los jóvenes, a corto y medio plazo, para conseguir que los jóvenes de dentro de 20 años vivan mejor que los de hoy. Se lo debemos.

lunes, 6 de noviembre de 2023

Jóvenes sin oportunidades

La OCDE ha dado la alerta en su reciente informe sobre España: los casi 7 millones de jóvenes españoles tienen serios problemas de altísimo paro, poco empleo y precario, bajos sueldos y difícil acceso a la vivienda, lo que hace que dos tercios sigan viviendo con sus padres. Y el 16% de nuestros jóvenes  tienen problemas de salud mental. Toda esta preocupante situación de los jóvenes es “un lastre para el potencial de crecimiento futuro de España”, advierte la OCDE.  Y propone medidas para mejorar la formación de los jóvenes, de la escuela a la Universidad, potenciando la Formación Profesional y contando más con las empresas para saber los perfiles que necesitan. También mejorar las oficinas de empleo, que hoy no sirven para colocar a los jóvenes. Promover viviendas en alquiler para jóvenes, además de ayudas autonómicas que hoy no funcionan. Y un Plan de empleo juvenil para incentivar su contratación y ofrecerles empleos decentes. Hay que dar más oportunidades a los jóvenes: nos jugamos el futuro.
   
                 Enrique Ortega

En España hay casi 7 millones de jóvenes entre 16 y 29 años (6.906.808 en 2022), un 14,5% de toda la población, según el INE. De ellos, el 46% trabajan (3.178.500 a finales de septiembre de 2023), otro 41,3% estudian (2.852.511) y el 12,7% restante (877.164 jóvenes) ni estudian ni trabajan, son “ni-nis”: España es el 4º país europeo con más jóvenes “ni-nis, tras Rumanía (19,8%), Italia (19%) y Grecia (15,4%), por encima de la media europea (11,7%) y sobre todo de Paises Bajos (sólo el 4,2% jóvenes son “ni-nis”), Suecia (5,7%), Portugal (8,4%), Alemania (8,6%), Irlanda (8,7%), Finlandia (9,5%) y Francia (12%).

El problema de fondo de muchos jóvenes españoles empieza en su educación, insuficiente en muchos jóvenes, señala el informe de la OCDE, que habla de que “salen de sus estudios con pocas habilidades”. De hecho, España es uno de los paises occidentales con más porcentaje de jóvenes poco formados: el 26,5% de los jóvenes de 25 a 34 años tiene sólo la ESO o menos, frente al 12,2% en Europa (UE-25) y el 13,8% en la OCDE, según el informe Panorama de la Educación 2023 de la OCDE. Y por el otro lado, España es uno de los paises occidentales con más jóvenes universitarios: el 50,5% de los jóvenes (25 a 34 años) tiene un título, frente al 44,7% en la UE-25 y el 47,2% en la OCDE. Pero, en cambio, tenemos pocos jóvenes con una formación intermedia (Bachillerato o FP), la que consigue muchos empleos: la tienen el 22,9% de los jóvenes españoles frente al 43,1% de los europeos y el 39,4 % en la OCDE. Y ello se debe, en gran medida, al poco peso de la Formación Profesional (FP) en España: sólo la cursaban (en 2021) el 24% de los que estudian al terminar la ESO (la mayoría hacen Bachillerato), frente al 37,2% en Europa, el 55% en Paises Bajos, el 51,5% en Italia, el 36,9% en Francia y el 32,1% en Alemania, según la OCDE.

En definitiva, tenemos muchos jóvenes con poca formación, demasiados que estudian carreras sin salida y pocos con estudios intermedios y FP, lo que más buscan las empresas. Una formación deficiente, que es fruto de nuestro menos gasto en educación, de unos planes de estudios muy memorísticos y poco prácticos, un profesorado insuficiente y precario (que precisa reciclarse) y una enseñanza pública colapsada por alumnos con problemas. Todo ello se traduce en altas tasas de repetición de los jóvenes (un 7,6% en ESO, el porcentaje más alto en Europa, donde sólo repiten curso el 2,2%) y en un mayor abandono escolar temprano (jóvenes que no estudian al acabar la ESO): un 13,9% en España frente al 9,7% en la UE. Además, los jóvenes españoles tienen peores resultados educativos en matemáticas, ciencias y comprensión lectora, según los informes PISA.

Con esta deficiente formación, a los jóvenes españoles les resulta más difícil trabajar que al resto de jóvenes europeos, también porque nuestra estructura económica (más pymes,  más servicios y menos industria, menos innovación y tecnología) ofrece menos empleo (75% de los adultos europeos trabajan frente al 64,5% de españoles). El informe de la OCDE revela que son más los jóvenes españoles que van directamente al paro al acabar sus estudios (el 9%, frente al 4% en la UE, el 2% en Alemania y el 3% en Holanda) y menos los que encuentran directamente un trabajo. La mayoría han de esperar 4 años o más, en el subempleo y en empleos precarios. Y al final, la tasa de ocupación de los jóvenes españoles no llegaba al 40% en 2022 (38,8% entre 15 y 29 años), según Eurostat, mientras en la UE-27 trabajan casi la mitad de los jóvenes (49,2%), el 79,3% en Paises Bajos, el 64,2% en Dinamarca, el 63,9% en Austria, el 61,7% en Alemania, el 58,7% en Irlanda, el 57,2% en Finlandia y Suecia, el 48,6% en Francia o el 43,1% en Portugal, estando sólo peor en Italia (33,8% jóvenes trabajando) y Grecia (33,1%).

Además de trabajar menos, los jóvenes españoles tienen trabajos muy precarios. Por un lado, tienen un mayor porcentaje de contratos temporales que el resto de españoles, aunque esta temporalidad se ha reducido con la reforma laboral de 2022: un 68,11% de los contratos son temporales entre que trabajan entre 16 y 19 años, un 47,86% entre 20 y 24 años y un 26,48% entre 25 y 48 años, frente al 17,25% de contratos temporales entre todos los españoles que trabajan, según la EPA de septiembre. Y esa tasa de temporalidad de los jóvenes en España (35% entre los 16 y 29 años) es el triple que la media europea. Además, los jóvenes tienen un mayor porcentaje de empleo a tiempo parcial (por horas o por días): el 48,6% de los jóvenes que  trabajan con 16 a 19 años, el 30,9% de los ocupados con 20 a 24 años y el 14,3% de los que trabajan con 25 a 29 años. Eso da una media de un 22,5% de contratos a tiempo parcial entre los jóvenes (16 a 29 años), frente al 12,6% con trabajo parcial entre todos los ocupados en España. Y lo más importante: el 44% de los jóvenes que trabajan pocas horas(o días) lo hacen “obligados”, porque no encuentran un trabajo a tiempo completo, mientras en Europa sólo les pasa esto al 17% de los jóvenes que trabajan a tiempo parcial, según este informe de Trabajo.

Los jóvenes no sólo tienen trabajos más precarios, más contratos temporales y a tiempo parcial, sino que un tercio largo están “sobre cualificados”, realizan un trabajo para el que no necesitan la alta formación que tienen (economistas trabajando en un bar o abogadas de cajeras de supermercado): España lidera la sobre cualificación en la UE, con un 36,1% de nuestros universitarios, frente al 22,1% de los licenciados europeos, según Eurostat.

Con tanto empleo precario, los jóvenes españoles tienen sueldos más bajos que el resto de trabajadores: si el sueldo medio en España era de 25.896,22 euros brutos en 2021 (1.900 euros netos al mes en 12 pagas), según el INE, un joven de menos de 20 años ganaba casi la tercera parte (9.180 euros brutos, 675 euros netos al mes en 12 pagas),  un joven de 20 a 24 años ganaba la mitad (13.224 euros brutos, menos de 1.000 euros mensuales en 12 pagas) y un ocupado con 25 a 29 años ganaba una cuarta parte menos (19.089 euros brutos, sobre 1.400 euros netos al mes en 12 pagas). En definitiva, el sueldo medio de los menores de 29 años ronda los 13.830 euros brutos al año, la mitad que el conjunto de trabajadores. Y  los universitarios ganan menos de 1.500 euros al mes en los 4 años siguientes a licenciarse, según un estudio del BBVA e IVIE.

Estos bajos ingresos de los jóvenes les llevan a muchos a una situación real de pobreza y exclusión social, que se considera cuando alguien gana menos del 60% de los ingresos medios del país. En España, en 2022, había 9.522.000 personas en situación de pobreza, un 20,4% de los españoles, según los datos oficiales publicados por el INE. Y de ellos, 1.474.000 eran “pobres jóvenes”, de 16 a 29 años, según la EAPN. En consecuencia, los jóvenes son el 2º grupo de edad con más tasa de pobreza (el 22,5%), solo por detrás de los niños (27,7% de menores de 16 años viven en hogares “pobres”) y por encima de la tasa de pobreza de los de 30 a 44 años (19,2%), de 45 a 64 años (18%) y de los jubilados (18,7% pobres).

Con estos ingresos tan bajos, a los jóvenes les cuesta mucho emanciparse y aún más formar una familia, sobre todo en la última década, al haberse disparado los alquileres: han subido un +68,7% desde 2014 hasta ahora, según Idealista, y el alquiler medio está ya en 11,8 euros por metro cuadrado, lo que implica que un piso de 90 m2 se alquila ya por 1.062 euros (y por mucho más en Madrid, Barcelona y las grandes ciudades). Si el sueldo medio de un joven era de 1.089 euros en 2022 (según el Consejo de la Juventud), pagar un alquiler le suponía de media el 83,9% del sueldo. Y sumando los recibos obligatorios, se “comería” el 93,6% del sueldo.

 Por eso, la mayoría de los jóvenes españoles no pueden emanciparse, como alerta el reciente informe de la OCDE sobre España: el 66% de nuestros jóvenes (de 18 a 34 años) viven con sus padres, frente a una media del 49% en la UE-27. Y somos el 4º país europeo donde más jóvenes siguen viviendo con sus padres, tras Grecia (72% no se emancipan), Portugal (71%) e Italia (69%).Y este altísimo porcentaje de jóvenes que siguen viviendo  con sus padres (66%) contrasta con el bajísimo porcentaje en los paises nórdicos (13% en Suecia, 16% en Dinamarca) y el bajo porcentaje en centro Europa (31% jóvenes viven con sus padres en Alemania, 36% en Paises Bajos, 37% en Reino Unido, 43% en Francia y 44% en Bélgica), según el informe de la OCDE.

Esta imposibilidad de independizarse (el 65% de los jóvenes que viven con sus padres querrían dejar el hogar familiar), junto al elevado paro juvenil (el 27,8% de los menores de 25 años están en desempleo en España, el doble que en la UE-27, con 14,2% de paro, y cinco veces el paro de los jóvenes alemanes, el 5,8%), la tremenda precariedad de su trabajo y el bajo sueldo de la mayoría provocan una gran insatisfacción en los jóvenes y aumentan su desinterés por participar en la sociedad donde viven y en la política. Y esa insatisfacción se manifiesta además en problemas de salud mental: un 16% de los jóvenes españoles encuestados por la OCDE reconocen haber sufrido algún trastorno mental (más del doble que en 2017). Y sólo la mitad buscó ayuda profesional. Otro estudio reciente, de la Fundación Mutua y FAD Juventud, alerta que el 59,3% de los encuestados (de 15 a 29 años) “reconocen padecer problemas de salud mental. Y un 31,7% de ellos están tomando fármacos por ello.

Este informe de la OCDE sobre España es tajante, tras analizar esta falta de oportunidades de nuestros jóvenes, su baja tasa de emancipación y su preocupante salud mental: “es un lastre para el potencial futuro de España”. Y a continuación, la OCDE aporta una serie de medidas para corregir lo que considera un hecho: que los jóvenes españoles “tienen más difícil que los de otros paises de su entorno la transición a una vida adulta independiente, productiva y feliz”. Proponen  al futuro Gobierno actuar sobre todo en la educación, el empleo, la vivienda y la salud mental de los jóvenes.

El primer conjunto de medidas que proponen se refieren a la mejora de la educación, desde la escuela a la Universidad, con programas concretos para reducir el abandono escolar, la mejora de la formación de los docentes y una enseñanza que mejore las habilidades de los alumnos. Y se centran sobre todo en potenciar más la Formación Profesional, donde faltan plazas públicas (300.000 según los sindicatos) y donde la nueva formación dual (que contempla impartir entre un 25% y un 35% de prácticas, unas 500 horas anuales) exige más de 1 millón de empresas que colaboren. Y sobre la formación universitaria, la OCDE pide que las empresas participen más con las Universidades en los planes de estudio.

Otro frente donde proponen cambios es en las políticas de empleo, para que las oficinas públicas de empleo ayuden más a los jóvenes a colocarse, sobre todo a conseguir el primer empleo (ahora, sólo el 2% encuentra empleo gracias a las oficinas de empleo). Advierten que los jóvenes españoles apenas acuden al SEPE: sólo el 25% contactan con las oficinas para buscar trabajo, frente al 53% que lo hacen en la UE o el 52% en Francia. Proponen más gasto y más personal (España destina la mitad que Europa) para conseguir que los jóvenes tengan más acceso a un trabajo, como se hace por ejemplo en Holanda.

Otra propuesta de la OCDE es que España aumente el parque público de viviendas, que sólo son 300.000 viviendas,  el 2,5% del parque total, frente al 9,3% en Europa (el 30% en Paises Bajos, 17,5% en Reino Unido y el 5% en Alemania). Urge promover más viviendas en alquiler (públicas y privadas), para afrontar los 120.000 viviendas que se necesitan cada año (y sólo se terminan 80.000), la mayoría para los jóvenes. Y mejorar las ayudas públicas a los jóvenes que conceden las autonomías, que la OCDE considera insuficientes: sólo benefician al 10% de los jóvenes en Madrid, por ejemplo, según lo que ingresan los jóvenes (los que ganan menos de 1.800 euros) y que el alquiler sea inferior a 900 euros al mes. Y además, la OCDE propone más atención a la atención pública mental de los jóvenes españoles.

En resumen, la OCDE propone mejorar las oportunidades de los jóvenes españoles, con más  empleo, mejores sueldos y alquileres más asequibles, para lo que se deben mejorar la educación y la contratación de los menores de 29 años, su inserción laboral, las ayudas al alquiler y a su salud mental. Urge mejorar el empleo de los jóvenes, su trabajo y su sueldo, facilitarles una vivienda y formar una familia. Conseguir que vivan mejor que nosotros.

lunes, 10 de diciembre de 2018

Un Plan (tardío y escaso) contra el paro juvenil


El Gobierno Sánchez aprobó el viernes pasado un Plan de choque por el empleo joven, que Rajoy debió aprobar en 2012 o en 2014. Como no se ha hecho nada, la situación de los jóvenes españoles es penosa: un tercio está en paro (el doble que en Europa) y los que trabajan lo hacen con más precariedad que los adultos: un 57% tienen contratos temporales y un 28% trabajan a tiempo parcial. Y su sueldo, ni siquiera mileurista, ha caído entre el 9 y el 28% sobre 2008. Por eso, el 81% de jóvenes siguen viviendo con sus padres. Un negro panorama que les provoca “precariedad vital” y desconfianza  ante el futuro.  Urge  centrarse en su formación (peor que la de los jóvenes europeos, aunque no se diga), incentivar su contratación, que tengan salarios dignos y ayudarles con la vivienda y a crear una familia. El Plan de choque es un punto de partida, pero Gobierno y oposición deberían volcarse en medidas más ambiciosas para mejorar la penosa situación de nuestros jóvenes.

enrique ortega

La crisis se cebó especialmente en los jóvenes españoles. Lo dicen claramente las estadísticas oficiales : de los 3.802.800 empleos perdidos en España entre 2007 (3º trimestre) y 2014 (1º trimestre), el 72,15% (2.744.000 empleos) fueron empleos perdidos por los jóvenes (de 16 a 29 años), según la EPA. Y lo peor es que la recuperación ha beneficiado también menos a los jóvenes: de los 2.577.400 empleos creados entre 2014 y 2018 (3º trimestre), sólo 484.900 son de jóvenes (16 a 29 años), el 18,8% del total. O sea que 3 de cada 4 empleos perdidos con la crisis fueron de jóvenes y ahora solo consiguen 1 de cada 5 nuevos empleos creados con la recuperación. Y todavía hay 2.259.100 jóvenes menos trabajando hoy que en 2007, así que los jóvenes tienen pendiente todavía recuperar un 45% de sus empleos perdidos.

Y este penoso balance, de la crisis y la recuperación, podría ser peor para los jóvenes si no hubieran contado con “una gran ayuda”: la pérdida de población, hay menos jóvenes. Si en 2007 había 8.377.400 jóvenes españoles (16 a 29 años), se produjo una fuerte caída en 2014 (había ya 6.764.600 jóvenes), que continúa hoy (6.584.300 jóvenes), según el INE. Así que hay 1.793.100 jóvenes menos hoy que en 2007 (se han perdido 1 de cada 5 jóvenes: si no hubiera caído esa población joven, la situación de los que quedan sería peor: serían más a repartirse el poco empleo existente. Además, España ha tenido “otra ayuda”: con la crisis, muchos jóvenes en paro o sin perspectivas de empleo han vuelto a estudiar, con lo que además de haber menos jóvenes (por la caída de la población), ha habido menos jóvenes “activos”, buscando trabajo: si en 2007 había 5.637.700 jóvenes activos (trabajando o parados buscando trabajo), en 2018 hay 3.702.900 jóvenes (16 a 29 años), según el INE, casi 2 millones de “activos” menos, lo que también ha “aliviado” el mercado de trabajo. Y la explicación es que muchos jóvenes, en vez de buscar un trabajo casi imposible, han vuelto a estudiar.

A pesar de estas dos “ayudas (menos jóvenes y menos buscando trabajo), ha habido poco empleo para los jóvenes (sólo se han llevado 1 de cada 5 nuevos empleos) y por eso ha crecido el paro juvenil, que, a pesar de la recuperación, duplica todavía hoy el de 2007: es del 45,43% entre 16 y 19 años (era del 29,19% en 2007, aunque llegó al 70,16% en 2014), del 30,10% entre 20 y 24 años (14,78% en 2007 y 52,86% en 2014) y del 19,31% entre 25 y 29 años (frente al 8,09% en 2007 y 32,76% en 2014), según la EPA, el doble y el triple que el paro total en España, que es del 14,55% (7,93% en 2007 y 25,93% en 2014).

Y lo peor es que el paro juvenil en España se ha alejado del europeo, tanto con la crisis como con la recuperación. Si en 2007, el paro de los jóvenes españoles (15 a 29 años) era del 12,9%, muy parecido al de Europa (12% la UE-28 y 12,1% la zona euro), en 2014, tras la crisis, se había distanciado enormemente y lo duplicaba con creces: 39,7% de paro juvenil (15 a 29 años) en España frente a 17,7% en Europa (UE-28) y el 19,6% en la zona euro. Y aunque ha bajado con la recuperación, en 2017 la distancia con Europa es el doble que en 2007: tenemos un 29,4% de paro juvenil (15-29 años), frente al 13,2% en la UE-28, el 15,4% en la zona euro, el 5,8% de Alemania, el 8,4% de Reino Unido, el 17% de Francia o el 26,7% de Italia, siendo superados sólo por Grecia (35,6%), según Eurostat. Y si tomamos sólo el paro de los menores de 25 años, tenemos más del doble que Europa: 34,9% de paro juvenil en octubre 2018, frente a 15,3% en la UE-28, 17,3% en la zona euro, 6,2% en Alemania, 10,9% en Reino Unido, 21,4% en Portugal, 21,5% en Francia y 32,5% en Italia, superándonos solo el paro juvenil de Grecia (32,5%), según la última estadística de Eurostat.

El problema de los jóvenes no es sólo que haya muchos en paro (934.500 parados en septiembre 2018, el 31,6% de los jóvenes activos) sino que los pocos que trabajan (2.768.500 en septiembre 2018, el 44% de los jóvenes en edad de trabajar) lo hacen con mucha precariedad: dos tercios de los jóvenes empleados (66%) tienen un contrato temporal y/o a jornada parcial, frente a un tercio (30%) los mayores de 30 años, según un estudio de Comisiones Obreras. Y lo peor es que la crisis ha aumentado la precariedad de los jóvenes, hoy mayor que en 2006. Así, el porcentaje de jóvenes con contrato temporal era en 2017 del 57,50%, frente al 55% en 2006 (y el 44% en 2009), mientras en el conjunto de trabajadores españoles se ha reducido (del 34% de temporales en 2006 al 27% en 2017). Y lo mismo pasa con los contratos a tiempo parcial: los tenían un 28,17% de jóvenes (16-29 años) en 2017, frente al 15,4% de contratos a tiempo parcial en 2006, según CCOO.

Y esto es el balance de precariedad de todos los jóvenes empleados, porque los contratos que se hacen ahora son aún más precarios: el 90% de los nuevos contratos hechos en 2018 son temporales y un 35% a tiempo parcial. Y sólo el 4% de los contratos nuevos de los jóvenes son “de calidad”: indefinidos y a tiempo completo. Además, cada vez hay más rotación: si en 2007, cada asalariado joven firmaba una media de 3,4 contratos al año, en 2017 se firmaron 5,7 contratos de media por joven (16-29 años). Y los contratos temporales de los jóvenes son por menos tiempo: en 2017, un tercio fueron por menos de un mes. Y eso les llevó a estos jóvenes a firmar hasta 46 contratos temporales en 2017, según el informe de COOO.

Con tanto paro y tanta precariedad, el salario de los jóvenes es muy bajo: el salario medio anual de los jóvenes menores de 20 años fue de 7.182 euros brutos (508 euros/mes netos en 12 pagas), el de los jóvenes de 20 a 24 años fue de 11.316 euros brutos (801 euros/mes netos en 12 pagas) y el de los jóvenes de 25 a 29 años de 19.339 euros brutos (1.369 euros/mes netos en 12 pagas), según la última estadística del INE (sueldos 2016). Eso supone que el sueldo de los jóvenes es el 31% (16-19 años), el 49% (20-24 años) o el 68% del sueldo medio de todos los trabajadores (23.156 euros brutos en 2016). Y son tan bajos porque los sueldos de los jóvenes se han reducido con la crisis, se han devaluado entre 2008 y 2016: cayeron un -20% los sueldos de los menores de 20 años, un -15% los de 20 a 24 años y un -9% los sueldos de los jóvenes de 25 a 29 años, mientras aumentaban un +6% en el total de trabajadores, según la Encuesta anual de estructura salarial del INE.

Con estos sueldos, muchos jóvenes no llegan ni a “mileuristas y tienen serios problemas para sobrevivir. De hecho, con la crisis han crecido los jóvenes “pobres, considerados así por la estadística europea AROPE cuando ingresan menos del 60% de la media española (menos de 8.522 euros anuales los solteros y menos de 17.896 euros anuales las familias con 2 hijos): son ya pobres un tercio de los jóvenes de 16 a 29 años (el 34,8% en 2017), un 12% más que en 2008 (22,8% de los jóvenes eran pobres). Y esta tasa de pobreza juvenil es mucho mayor que la media española (26,6% son pobres) y que en el resto de las edades (25% de pobres entre 30 y 44 años o 16,4% de pobres entre los mayores de 65 años).

Con tanto paro, tanta precariedad y unos sueldos tan bajos, los jóvenes españoles viven en lo que CCOO llama “la precariedad vital”: su objetivo es vivir al día, sobrevivir, sin demasiadas esperanzas de mejorar. Saben que tienen muy difícil cosas “normales” para sus padres, como alquilar o comprar un piso y formar una familia. Y tampoco irse de casa: el 80,6% de los jóvenes españoles menores de 30 años vivían con sus padres en 2017, nada menos que 5.236.860 jóvenes, 4 de cada 5 en esas edades, según el Observatorio del Instituto de las Juventud. Y hay 8 autonomías donde suben del 82% los jóvenes no emancipados: Andalucía, Extremadura, Murcia, Asturias, Cantabria y el País Vasco. Un dato que contrasta con el 70% de jóvenes no emancipados que hay en Europa.

Si el presente de los jóvenes es difícil, a pesar de la recuperación, el futuro se presenta aún más problemático, por dos razones. Una, porque para 2030, un tercio de los empleos actuales (34%) están en riesgo, por la robotización de la economía, según un reciente estudio de la consultora PWC hecho en 27 países, que señala a España como el 4º país más afectado por la automatización del trabajo, tras Eslovaquia (perdería el 44% de los empleos actuales), Italia (-39%) y Alemania (-37%). Y la otra, porque el empleo del futuro será más especializado y el 70% de los nuevos empleos que se creen en 2025 requerirán una “alta formación”, según la Comisión Europea. 

Y nuestros jóvenes (25-34 años) tienen todavía baja formación, aunque un tercio largo sean universitarios, según el último informe educativo de la OCDE: el 35% tienen baja formación (sólo tienen la ESO o ni siquiera) frente a menos de la mitad en la OCDE (16%) y en Europa (15% en UE-22 y 13% en Alemania, Francia y Reino Unido), con lo que somos el país europeo con más porcentaje de jóvenes poco formados y el tercero de la OCDE, tras Turquía (45% jóvenes poco formados) y México (53%). En un nivel medio (con Bachillerato y FP) están el 24% de los jóvenes españoles, frente al 42% en la OCDE y el 40% en la UE-22. Y eso sí, tenemos casi tantos jóvenes universitarios (41% como la OCDE (43%) y más que Europa (40% en UE-22).

Así que es verdad que tenemos “los jóvenes mejor preparados de la historia”, pero también es verdad que están “peor formados que los jóvenes europeos”. Y no es porque los jóvenes sean vagos y no estudien, sino porque muchos abandonaron el colegio o el Instituto para trabajar en los años del ladrillo (sin acabar su formación) y otros han dejado las aulas “por imposible”, con una tasa de “fracaso escolar” que es la 2ª mayor de Europa, tras Malta (tenemos un 18,3% de jóvenes entre 18 y 34 años que han abandonado sus estudios, frente al 10,6% de media de la UE-28). Pero no es verdad que los jóvenes españoles “ni estudian ni trabajan”: sólo son “ni-nis” realmente el 8% y el 92% restante están trabajando, estudiando, buscando empleo, de cuidadores o trabajando en el hogar, según el informe de CCOO, que rechaza “culpabilizar a los jóvenes” de su situación. Y también que estén en paro por estar “sobrecualificados”: no trabajan porque el modelo productivo español no es capaz de darles empleo, no porque estén demasiado formados, señala CCOO.

Visto el panorama y el futuro de los jóvenes, habría que haber tomado medidas hace años, pero el Gobierno Rajoy no hizo casi nada, salvo apuntarse (con una mala gestión) a un Plan europeo de Garantía Juvenil, aprobado en 2013, que ha resuelto poco: sólo 419.606 jóvenes habían encontrado un trabajo (precario) entre 2014 y principios de 2018, según el Ministerio de Trabajo. En septiembre, el presidente Sánchez prometió un Plan de choque por el Empleo joven, cuyo borrador (ha habido 18) se envío a las autonomías (que lo tienen que gestionar), los sindicatos y la patronal CEOE (que puso inicialmente "pegas" y ahora lo apoya), que le han dado el visto bueno el 5 de diciembre, con lo que se aprobó en el Consejo de Ministros del pasado 7 de diciembre. Ahora, son las autonomías las que han de aplicarlo, cada una a su ritmo, y se espera que lo pongan en marcha para marzo de 2019.  

El Plan de choque por el empleo joven es un “parche”, porque sólo contará con 2.000 millones de gasto en tres años (665 en 2019,666 en 2020 y 668 en 2021), casi lo que ya se ha pagado (1.800 millones) a las 9 concesionarias de autopistas por rescatarlas de la quiebra. Pero “bienvenido sea” a la vista de la penosa situación de los jóvenes. El grueso del Plan (1.138 millones) se gastará en formación de los jóvenes, para recuperar a 100.000 sin título de la ESO, formar a 80.000 en idiomas y otros 226.000 jóvenes en temas digitales. Otra partida importante (616,5 millones) irá a bonificar la contratación de los jóvenes, pagando cotizaciones a empresas y autónomos. Y la “medida estrella” es contratar a 3.000 orientadores laborales, para que ayuden a los jóvenes a colocarse desde las oficinas de empleo (en 2012, Rajoy despidió a 3.000 orientadores del SEPE). Además, El Plan de choque incluye aprobar un Estatuto del becario y becas para jóvenes que no terminaron la ESO. El objetivo es bajar el paro juvenil (16-24 años) del 33% actual  al 23,5% en 2021.

Además de este Plan, hay que tomar otras medidas en tres frentes para ayudar a los jóvenes, como propone CCOO. Uno, el educativo, ampliando la educación infantil de 0 a 3 años (los “cimientos” de la formación), extendiendo la educación obligatoria a los 18 años, apostando por la Formación Profesional y mejorando las becas. El segundo, el laboral, con un Estatuto del becario, una mejora de los contratos de formación, reducir la precariedad (con más inspecciones de Trabajo), unos salarios dignos y una “carrera profesional” para los jóvenes. Y un tercer frente de mejora de su calidad de vida, con ayudas al alquiler, parque público de viviendas para jóvenes y ayudas a la emancipación, junto al fomento de la familia y la natalidad, claves en un país que va a un “suicidio demográfico” (menos jóvenes y más viejos). Todo esto y más debería ser objeto de un gran Pacto por la juventud, que deberían apoyar todas las fuerzas políticas y sociales, al margen de ideologías. Porque se trata de “dar una salida” a los jóvenes, la clave del presente y futuro de España. Nada menos.

lunes, 19 de marzo de 2018

Los jóvenes, de mal en peor


La cacareada recuperación no llega a los jóvenes. Más de un tercio siguen en paro (37,46%) y somos el tercer país con más paro juvenil, doble que en Europa. Y tenemos la 4ª tasa más baja de empleo juvenil, mientras se crean empleos muy precarios (sólo el 2% de los contratos hechos a jóvenes en 2017 fueron indefinidos y a tiempo completo) y se abusa del contrato en prácticas, con licenciados trabajando en tiendas o de camareros. Y hay 1.400.000 jóvenes que trabajan de becarios sin cobrar ni cotizar. Los jóvenes que sí cobran, ganan 898 euros netos al mes (640 los menores de 24 años). Y con estos sueldos y esta precariedad, el 80% de los jóvenes siguen viviendo con sus padres. Los jóvenes no salen a la calle para protestar, como los jubilados o las mujeres, pero su situación es dramática. Urge un Plan de empleo, que fomente contratos justos para una generación muy formada pero subempleada. Y mejorar las ayudas fiscales y al alquiler, para que puedan emanciparse y crear una familia, tarea urgente para asegurar las pensiones. Hay que apostar por su futuro.



La crisis de la última década se cebó sobre los jóvenes: de los 3.802.800 empleos perdidos en España entre 2007 y 2014, casi las tres cuartas partes (2.744.000) los perdieron los jóvenes menores de 30 años, según la EPA. Ahora, han recuperado 914.600 empleos (un 44,6% de todo el empleo creado), que es bastante, pero aún les queda recuperar dos tercios del empleo perdido (1.829.400 empleos pendientes de recuperar por los menores de 30 años). En 2017, los jóvenes consiguieron el 30% de todo el empleo creado, pero aún así, su tasa de empleo es baja: sólo trabajan 2.577.200 jóvenes menores de 30 años, el 39,66% de los jóvenes de esa edad. Y si tomamos a los jóvenes de 15 a 24 años, su tasa de empleo es sólo del 21,1%, la cuarta más baja en Occidente, sólo por debajo del nivel de empleo de los jóvenes en Sudáfrica (12,8% empleados), Grecia (14,4%) e Italia (17%) y muy lejos de Francia (28,6%), la media europea (34,7% jóvenes trabajando), la OCDE (41,4% empleados), Alemania (46,6%), Reino Unido y EEUU (50% jóvenes empleados), según la OCDE (2016).

A los jóvenes que han encontrado trabajo estos años les ha pasado como al resto de españoles: que han sido empleos muy precarios, más aún entre los jóvenes. Así, sólo 8 de cada 100 empleos han sido indefinidos (el 5% en Andalucía, Castilla la Mancha y Cantabria) y el 92% temporales, según el Observatorio del Instituto de la Juventud. Y en 2017, sólo el 2% de los contratos hechos a los jóvenes (menores de 30 años) fueron contratos indefinidos y a tiempo completo, según una reciente respuesta parlamentaria del Gobierno. Impresionante. Con ello, el porcentaje de jóvenes asalariados (16 a 29 años) que trabajan con un contrato temporal es ya del 57,5% (1.347.100 de 2.333.200 ocupados), un récord histórico. Y si tomamos sólo a los jóvenes menores de 25 años, el 72% tienen un contrato temporal. Y además, el 23% de los jóvenes  tienen contratos a tiempo parcial, por horas, la mayoría porque no encuentran otra cosa. 

La creación de empleo en los últimos cuatro años ha ayudado a bajar el paro de los jóvenes, pero de forma insuficiente, ya que a finales de 2017 había 1.014.400 jóvenes en paro (de 16 a 29 años), uno de cada seis jóvenes, según la EPA. Lo más llamativo es que el paro ha aumentado en 2017  entre los jóvenes de 16 a 19 años, en +2.700 jóvenes, lo que se explica porque hay chavales que han dejado los estudios y se han animado a buscar trabajo a la vista de que aumentaba el empleo. Y eso pasa también en edades superiores. Así, hay 100.000 jóvenes de menos de 24 años que se han sumado a buscar trabajo desde 2014, la mayoría de ellos (60.000) en 2017. Un fenómeno preocupante porque muchos de ellos han dejado sus estudios para buscar trabajo y aumentar de momento las cifras del paro.

En conjunto, el paro juvenil se redujo en 110.200 jóvenes en 2017, pero la tasa de paro juvenil sigue siendo muy elevada: 54,20% (más de la mitad) entre los jóvenes de 16 a 19 años, el 33,95% para los de 20 a 24 años y el 21,71% para los de 25 a 29 años, tasas muy superiores a la media del paro en España (16,55% en 2017, según la EPA). En conjunto, España tiene la tercera mayor tasa de paro juvenil de Occidente, según las estadísticas de la OCDE (2017): 37,46% de los jóvenes menores de 25 años, sólo por detrás de Sudáfrica (53,3%) y Grecia (47,4%) y el doble de la media UE-28 (18,7% de paro juvenil), quedando por encima del paro juvenil de Italia (37,8%), Francia (24,6%), Portugal (23,9%), Reino Unido y la OCDE (13%), EEUU (9,2%), Alemania (7%) o Japón (4,7%). Y encima, en España hay 5 autonomías con una tasa de paro juvenil exagerada (menos 25 años): Melilla (68,59%), Extremadura (51,03%), Ceuta (48,94%), Andalucía (47,88%) y Castilla la Mancha (46,08%).

 Mucho paro juvenil y poco empleo, que además de precario se ve rodeado de abusos” en la contratación por parte de las empresas. El sindicato CCOO acaba de publicar un informe sobre los contratos de formación y aprendizaje donde denuncia que las empresas (sobre todo las más pequeñas) utilizan este contrato para ofrecer empleos a jóvenes licenciados que no pretenden mejorar su nivel educativo sino conseguir mano de obra barata. Así el 35% de estos contratos de formación se hacen en la hostelería y el comercio para jóvenes universitarios, encadenando ilegalmente contratos: un licenciado puede ser contratado para “aprender” de camarero y al año hacerle otro contrato como dependiente y al año otro como empleado de limpieza. La misma persona y sin cotizar un euro por él, ya que estos contratos están exentos, lo que ha privado a la Seguridad Social de ingresar 1.893 millones en cotizaciones los últimos 5 años (bonificaciones como ésta son una de las razones de su déficit). CCOO denuncia que con los contratos de formación se está subvencionando contratos precarios y ayudando a que las academias privadas (que cobran por cada “alumno”) ganen dinero, mientras la patronal CEOE quiere ahora que estos contratos de formación” se amplíen a mayores de 45 años (ahora el límite son 30 años).

Otro “abuso” en la contratación de jóvenes son los becarios. Un estudio de InfoJobs ya revelaba, en 2015, que el 52% de los becarios trabajaban gratis. Y ahora, en 2018, un informe de CCOO denuncia que en España hay 1.445.000 becarios que ni cobran ni cotizan: 1 millón son universitarios en prácticas externas, 63.000 desempleados en formación para el empleo y 100.000 en otras tres modalidades de prácticas no laborales. De hecho, cotizar por los becarios es obligatorio desde 2011, pero CCOO estima que sólo cotizan una minoría, unos 80.000 (otra causa del déficit de la Seguridad Social). Y encima, la patronal CEOE acaba de pedir que no se les obligue a cotizar ni a pagar a los becarios

Otro problema muy habitual en la contratación de los jóvenes es que hacen trabajos que poco tienen que ver con su formación, están “sobrecualificadospara el empleo, lo que les desanima mucho y supone un despilfarro de los recursos invertidos en formarles. En 2017, el 47,7% de los menores de 30 años estaban “sobrecualificados” para el trabajo que hacían, según el Observatorio  del Instituto de la Juventud,  especialmente en Aragón, Extremadura y Baleares, donde los jóvenes sobrecualificados suponían el 53% de los contratos. Y los universitarios que han hecho un master, aunque trabajen en lo suyo, ven que el 26,8% ganan menos de 1.000 euros y que el 61% no supera los 1.600 euros al mes, según un estudio del CRUE. Tanto estudiar para esto...

Entre el paro, la precariedad laboral y el tipo de contratos que tienen, el 39,3% de los jóvenes españoles menores de 30 años no ingresa nada, según el Observatorio 2017 del Instituto de la Juventud. Y entre los que sí ganan algo, el sueldo neto mensual es de 898,35 euros para los trabajadores menores de 30 años (y 640 euros al mes para los menores de 24 años). Una estimación que parte del Decil de Salarios de la EPA, que fija un salario medio bruto para los jóvenes de 1.029,30 euros al mes (2016), casi la mitad del salario medio bruto para todas las edades (1.878,1 euros brutos). El salario varía con la edad de los jóvenes, según la Encuesta de Salarios del INE 2015: si el sueldo medio bruto español es de 23.106 euros anuales, los jóvenes menores de 20 años ganan la tercera parte (7.526 euros brutos), los de 20 a 24 años la mitad (11.228 euros) y los que tienen entre 25 y 29 años ganan dos tercios de la media (16.046 euros brutos). Y las mujeres jóvenes menos, porque si la brecha de género es del  -22,86%, entre 20 y 24 años sube al -23,74% y luego baja al -14% entre 25 y 29 años.

Con este nivel de ingresos, poco pueden hacer los jóvenes, desde alquilar o comprar un piso a pensar en formar una familia o, mucho menos, ahorrar para la jubilación, como les piden algunos. Y la situación ha ido a peor en los dos últimos años, con la subida de los precios de los pisos (+6,2% en 2017, la mayor subida en 10 años) y de los alquileres (+18,4% en 2017, la mayor subida en 11 años). Estas fuertes subidas han afectado muy negativamente a los jóvenes, que tienen ahora mucho más difícil emanciparse. Así, comprar un piso le supone a un joven, de media, dedicar el 61% de sus ingresos a pagar la hipoteca, algo que además de imposible les invalida ante los bancos (cuyo tope es que el hipotecado destine a pagarles el 30% de los ingresos). Pero tampoco pueden alquilarlo porque el alquiler medio, de 767 euros (difícil de encontrar en una gran ciudad) les supone a los jóvenes dedicar el 85,4% de sus ingresos, según el Observatorio del Instituto de la Juventud. Imposible.

La consecuencia es evidente: con estos precios de pisos y alquileres y sus limitados ingresos (encima muy precarios e inestables), los jóvenes optan por quedarse a vivir con sus padres: en el verano de 2017, el 80,6% de los españoles jóvenes menores de 30 años vivían con sus padres, nada menos que 5.236.860 jóvenes, 4 de cada 5 en esas edades, según el Observatorio del Instituto de la Juventud. Y hay 8 autonomías donde suben al 82% los jóvenes no emancipados: Andalucía, Extremadura, Murcia, Asturias, Cantabria y el País Vasco, la mayoría de España. Un dato que contrasta con el 70% de jóvenes no emancipados en Europa.

Si el presente de los jóvenes es difícil, a pesar de la recuperación, el futuro se presenta más problemático, por dos razones. Una, porque para 2030, un tercio de los empleos actuales (34%) están en riesgo, por la robotización de la economía, según un reciente estudio de la consultora PWC hecho en 27 países, que señala a España como el 4º país más afectado por la automatización del trabajo, tras Eslovaquia (perdería el 44% de los empleos actuales), Italia (-39%) y Alemania (-37%). Ya hace un par de años, la OCDE señalaba a España como el tercer país occidental más afectado por la robotización, tras Alemania y Austria.

Pero hay otro motivo de preocupación: el empleo del futuro será más especializado y el 70% de los nuevos empleos que se creen en 2025 requerirán una “alta formación”, según la Comisión Europea. Y nuestros jóvenes (25-34 años) tienen todavía baja formación, aunque un tercio largo sean universitarios, según el último informe educativo de la OCDE: el 35% tienen baja formación (sólo tienen la ESO o ni siquiera) frente a menos de la mitad en la OCDE (16%) y en Europa (15% en UE-22 y 13% en Alemania, Francia y Reino Unido), con lo que somos el país europeo con más porcentaje de jóvenes poco formados y el tercero de la OCDE, tras Turquía (45% jóvenes poco formados) y México (53%). En un nivel medio (con Bachillerato y FP) están el 24% de los jóvenes españoles, frente al 42% en la OCDE y el 40% en la UE-22. Y otra vez, tenemos casi tantos jóvenes universitarios (41% como la OCDE (43%) y más que Europa (40% en UE-22). Una pirámide de formación totalmente “de locos”: muchos jóvenes muy formados, muchos jóvenes sin formación y pocos con formación media.

Ante este difícil panorama para los jóvenes, con poco empleo, mucho paro y un futuro que exige más formación, ni el Gobierno Rajoy ni la “oposición” plantean alternativas, mientras los jóvenes se mantienen “dormidos”, tratando de sobrevivir al día a día. Es urgente tomar medidas para afrontar el futuro de nuestros hijos y nietos, cada día más oscuro. Y como en todo lo demás, no hay “soluciones milagro”, sino que hace falta afrontar un abanico de medidas a corto, medio y largo plazo, que exigen dinero, medios y valentía política.

Lo más urgente es poner en marcha un Plan de empleo que gire en torno a los jóvenes, las mujeres y los mayores de 45 años, los que menos se benefician de la recuperación. Hay que acabar con los “contratos basura” para jóvenes, que esconden la “explotación laboral” y la precariedad bajo paraguas de formación y aprendizaje. Y fomentar la contratación estable a tiempo completo, con incentivos fiscales y más inspección de trabajo. E implicar a las empresas y a la Universidad en la formación para el empleo, con más prácticas remuneradas y unos cursos de formación actualizados para los jóvenes parados. Y, por supuesto, una reforma a fondo de las oficinas de empleo (SEPE), para que reorienten y coloquen a los jóvenes. No basta con gastar el dinero europeo (Garantía Juvenil) en buscar un contrato en prácticas o un curso de formación a los jóvenes por unos meses. Hacen falta contratos de verdad.

En paralelo, hay que reformar de arriba abajo la enseñanza, desde la ESO al Bachillerato y la Formación Profesional y la Universidad, para que los niños y jóvenes actuales estudien lo que la economía va a demandar dentro de 2 décadas (quizás no sepamos qué, pero si sabemos los estudios que no tendrán salida, para no seguir “fabricando parados”). Y en esta tarea, resulta clave recuperar a los jóvenes perdidos por el camino, ese 18,2% de jóvenes que han abandonado los estudios (en Europa son el 10,7%) en 2017 (570.672 jóvenes de 18 a 24 años) para irse al paro o al subempleo y que habría que recuperar para las aulas, para que tengan oportunidades de empleo en el futuro.

Un tercer frente de actuación es apostar por una política de apoyo a la familia (en España sólo se gasta el 0,7% del PIB en ayudas a la familia, según Eurostat, frente al 1,7% de media en la UE-28 y el 2,4% en Francia, que tiene incluso un Ministerio de Familia, como Alemania), con múltiples actuaciones para ayudar a los jóvenes a emanciparse y crear una familia: ayudas a la vivienda (sobre todo al alquiler: el nuevo Plan de vivienda da 390 euros de ayuda mensual a los jóvenes que ganen menos de 19.000 euros, pero es insuficiente para muchos jóvenes y además las ayudas provocarán más subidas de los alquileres), promoción de guarderías, horarios laborales más razonables, mejora permisos paternidad y maternidad, ayudas a la natalidad y medidas fiscales, para frenar la caída de la población y aumentar el número de cotizantes, clave para salvar las pensiones a medio plazo (las de "los jóvenes de hoy").

Pero sobre todo, Gobierno, políticos e instituciones tienen que demostrar a los jóvenes que saben dónde vamos, que nos preocupamos por las nuevas generaciones y por sentar las bases del futuro de España. Porque lo que hay ahora, con el 80% de los jóvenes dependiendo de los padres, es la muestra de un gran fracaso, como país y como generación. No se escuden en el “conformismo” de los jóvenes o en su “impotencia” para seguir sin hacer nada. Nos estamos jugando su futuro.