Mostrando entradas con la etiqueta inversión en tecnología.. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta inversión en tecnología.. Mostrar todas las entradas

jueves, 12 de diciembre de 2019

España invierte poco


Hablar de inversión suena a “rollo”, incita a no seguir leyendo. Pero es uno de los tres factores claves, junto a la formación de los trabajadores  y la tecnología, que hacen que un país avance y cree riqueza y empleo. A más inversión, más desarrollo y más nivel de vida. El problema es que España, un país que atraía inversiones propias y extranjeras al ladrillo, ha visto caer la inversión con la crisis y no recuperarse: ahora es un 25% menor que en 2007. Y la mayor caída se ha dado en la inversión pública (por los recortes), que está a niveles de hace 50 años. Urge reanimar la inversión pública en infraestructuras y servicios, para que “tire” de la inversión privada. Y asegurar financiación a las empresas, sobre todo a las pymes, para que inviertan y se modernicen. Porque sólo invirtiendo más, en equipos, tecnología y digitalización, España será un país más productivo. Y creará más empleo y riqueza. Como ven, nos jugamos mucho con la inversión. Lean.

enrique ortega

España ha sido un paraíso” para la inversión nacional y extranjera, sobre todo en el ladrillo y las infraestructuras. El despegue se inició a partir de 1986, con la entrada de España en Europa, y se aceleró a principios de este siglo, con el “boom” inmobiliario: la inversión se duplicó entre 2000 (172.590 millones) y 2007 (327.418 millones, el máximo histórico), según el INE. Pero con la crisis, la inversión se desplomó, sobre todo porque la mayoría se financiaba con créditos y los bancos “cortaron el grifo”: año a año se invirtió menos hasta el mínimo en 2013, el peor año de la crisis, con 175.660 millones de inversión. Después, con la recuperación, la inversión ha mejorado, pero sigue por debajo que antes de la crisis: 2018 cerró con 244.949 millones, un 25,18% menos que en 2007. 


Y además, la inversión ha perdido peso como motor del crecimiento español: si en 2007 aportaba el 30,44% del PIB, en 2013 cayó su peso al 17,21% y en 2018 sólo aporta el 20,37% del PIB (el resto es el consumo, que aporta el 76,91% del PIB,  y el sector exterior, que resta un 7,35% al crecimiento porque importamos más que exportamos), según los datos de Estadística (INE). Así que la inversión nos ayuda ahora un 10% menos a crecer.


La caída de la inversión en España ha sido mayor que en Europa, según los datos de Eurostat: si en España el peso de la inversión (aportación al PIB) ha caído un -10,07% entre 2007 y 2018, en Europa cayó entre un -3,3% (UE-28) y un 2,8% (zona euro), mientras apenas caía en Alemania (-0,1% sobre el PIB), Francia (-1,1%) y Reino Unido (-1,4%), aunque cayó más en Italia (-4,1%). A pesar de esta mayor bajada con la crisis, el peso de la inversión en España ronda el que tiene en Europa (20,6% en la UE-28 y 20,8% en la zona euro) y Alemania (20%), aunque está lejos de los paises ricos del norte, que tienen mucha más inversión (comparativamente al PIB) que España: 31,8% Irlanda, 24,9% Suecia, 22,2% Finlandia, 23,4% Bélgica, 23,1% Austria y 22% Francia. Y a la cola de la inversión, claro, los paises más pobres, Grecia (11,7% de inversión sobre el PIB) y Portugal (16,2%).


La inversión ha caído más en España por dos razones. Una, el excesivo endeudamiento de las empresas (y del sector público), que les obligaba en 2007 a destinar un 72,2% de sus beneficios a pagar la deuda, dificultándoles invertir  (hoy lo tienen más fácil, porque, tras devolver muchos préstamos, sólo destinan a pagar deudas el 33,2% de sus beneficios),según un estudio de la Fundación BBVA e Ivie. Y la otra, por la mayor caída del crédito en España a partir de 2007, tras una mayor crisis bancaria: en 2011, un 25% de las empresas españolas tenían problemas para financiarse e invertir. De hecho, la caída de la inversión ha sido mucho mayor entre las empresas españolas con restricciones de crédito, según ese estudio.


Con todo, la mayor caída de la inversión en España se ha dado en la inversión pública, que se ha desplomado a partir de 2009, por los recortes: si en 2009 (con el tirón inversor del Plan E de Zapatero, inútil para frenar la crisis), la inversión pública supuso un 5,1% del PIB (55.100 millones invertidos), cayó al 3,7% en 2011 (25.900 millones) y siguió bajando hasta otro mínimo del 1,9% del PIB en 2016 (23.000 millones de inversión pública), el mismo 1,9% que supondrá la inversión pública este año 2019 (26.300 millones). Eso significa que el Estado invierte hoy 30.000 millones menos al año que en 2009 y que el peso de la inversión pública en la economía (1,9% del PIB) ha caído a niveles de hace 50 años, según el Banco de España. Y otra vez más, la inversión pública tiene en España menos peso que en Europa, donde representa el 3% del PIB (un tercio más) y en paises como Suecia el 4,6%, según Eurostat


Esto es el resultado de los recortes hechos por ZP y sobre todo por Rajoy para bajar el déficit público. De hecho, la inversión pública ha sido “la gran sacrificada con el ajuste”: si la inversión supone el 10% del gasto público, los recortes que ha sufrido suponen el 60% de todos los recortes hechos, según estima el Banco de España. Así que el ajuste se ha traducido  en  menores inversiones en investigación, en obras públicas, en carreteras y autovías, en infraestructuras hidráulicas (sequías e inundaciones) y de transporte (corredor ferroviario del Mediterráneo o trenes a Extremadura), en tecnología sanitaria y nuevos hospitales, en colegios e institutos (barracones), en viviendas públicas… Recortes que han reducido drásticamente la inversión pública y la privada, de las empresas que dependen de ella.


Al final, tenemos menos inversión que antes de la crisis y menos que Europa, sobre todo por el desplome de la inversión pública. Lo positivo es que, tras la crisis, la inversión es ahora “más sana, más “productiva”, porque se dirige más a la compra de tecnología, maquinaria y transporte que al ladrillo, según un reciente estudio de la Fundación BBVA e Ivie. Antes, a principios del siglo, dos tercios de la inversión se dirigía a la construcción y al sector inmobiliario (más especulativos y menos “productivos”) y ahora, en 2018, sólo suponen el 50% de toda la inversión, mientras ha subido hasta el otro 50% la inversión en maquinaria, bienes de equipo, transporte, tecnologías de la información (TIC) y “activos inmateriales” (software y tecnología). Con todo, todavía necesitamos invertir más en estos “activos inmateriales”, que sólo suponen el 15% de la inversión total, muy lejos de los paises competitivos.


El problema ahora es que la inversión española se dirige a sectores más productivos pero donde la inversión es “menos duradera que en el ladrillo. Son activos que se deterioran antes, que hay que reponer antes por exigencias de la competitividad. Y como consecuencia de este cambio, la inversión acumulada (el “stock” de capital) está más envejecido que antes. Y eso obliga a invertir más, para renovar equipos y maquinaria. Y si no se hace, “se frena el progreso técnico, al no incorporar equipos más innovadores”, lo que reduce la productividad, según refleja el estudio de la Fundación BBVA e Ivie.


Al final, el mayor problema de España no es tanto que nos falte capital (aunque se invierta menos ahora) como que nos falta conseguir una mayor productividad de ese capital. Porque aunque se ha mejorado, al invertir ahora más en máquinas que en inmuebles, todavía tenemos inversiones con baja productividad, menor que las de los paises punteros de Europa. Además, con grandes diferencias regionales: el capital privado se ha invertido con más rentabilidad en el País Vasco, Madrid, Cataluña y Navarra (por eso son los territorios más ricos) y con menos eficacia en Castilla y León y Castilla la Mancha, según el estudio de BBVA e Ivie. Por eso, el reto no es sólo invertir más, sino invertir en activos (maquinaria, equipos de transporte, tecnología, software) que sean más productivos. Se habla mucho de mejorar la productividad del trabajo, pero muy poco de mejorar la productividad del capital.


Y además, resulta clave para consolidar el crecimiento invertir más en toda España, no sólo “donde siempre”, porque la inversión está muy concentrada: el 60% de la inversión total se concentra en 4 autonomías (Cataluña, Madrid, Andalucía y Comunidad Valenciana), ahora igual que antes de la crisis, lo que ha mantenido “las 2 Españas”, según el informe de la Fundación BBVA e Ivie. Sólo destacan pequeños cambios, como que Madrid ha ganado peso como destino de la inversión (el 17% del total) y lo ha perdido Cataluña y el País Vasco, mientras atraen ahora más inversiones Castilla la Mancha, Murcia y Baleares y menos Castilla y León, Asturias, Extremadura y la Comunidad Valenciana.


Ahora, uno de los grandes retos de España es aumentar la inversión y su eficacia, su “productividad”, claves para competir mejor, crecer más y crear más empleo. Para ello, sería clave un Pacto de Estado en materia de infraestructuras, para recuperar la inversión pública, como ha pedido la patronal de infraestructuras Seopan. Y eso, porque si el Estado invierte “tira” de la inversión de las empresas que hacen las obras, tiene un efecto multiplicador sobre la inversión privada. La propuesta de Seopan es que España invierta 100.000 millones en la próxima década (10.000 al año, con inversión mixta, pública y privada) en 814 proyectos de infraestructuras prioritarios, relacionados con el transporte, las obras hidráulicas, el medio ambiente, el agua, los residuos, la logística, el acceso a las ciudades y la movilidad. Además, urgen inversiones públicas en centros de salud y tecnología sanitaria, colegios e institutos y vivienda pública para alquiler y venta (se hicieron 5.191 VPO en 2018, frente a más de 100.000 anuales entre 1957 y 1989). Y por supuesto, más inversiones públicas en tecnología, innovación y digitalización de la economía.


En paralelo, hay que fomentar la inversión privada productiva, facilitando el acceso de las empresas a la financiación (privada y pública, a través del ICO). Muchas empresas, sobre todo las grandes, no invierten suficiente porque destinan una parte creciente de beneficios a dividendos, “recompra” de acciones propias y compras de empresas, pero otras, las pequeñas y medianas, necesitan disponer de crédito barato para invertir más. Y el problema es que el 74,9% de las empresas que tienen “inversión negativa” (la inversión no cubre ni las amortizaciones necesarias) tienen problemas para financiarse, según otro estudio de la Fundación BBVA e Ivie. Y esa dificultad para financiarse (y para invertir) es mayor en las “microempresas” (menos de 9 trabajadores): la mitad tienen problemas para financiarse, un 17,9% tienen el grifo cerrado y otro 31,9% tienen restricciones, según el estudio.


Así que el futuro Gobierno debería conseguir que fluya más el crédito  para nuevas inversiones (sobre todo a las pymes) y recaudar más ingresos para aumentar la inversión pública en tantas cosas que hacen falta, lo que “tiraría” de la inversión privada. Y todo ello, buscando invertir con eficacia, para mejorar la productividad de la economía y de las empresas, no en obras megalómanas ni en nuevas “burbujas”. Es la hora de la inversión, para apuntalar los cimientos de una recuperación en entredicho, el crecimiento y el empleo. No vale con crecer a costa del consumo, como hacemos. Lo duradero sería gastar menos, ahorrar algo más como país y dedicarlo a mejorar la inversión. Apostar por el futuro.

lunes, 16 de octubre de 2017

Ciencia: menos dinero y no se gasta


Sabemos que los recortes han afectado mucho a la Ciencia, que ha perdido un 10% de recursos desde 2008. Pero muchos no saben que, además, este dinero público para la Ciencia (escaso) no se gasta: cada año se deja de gastar casi la mitad y en 2016 no se gastó el 62% de lo presupuestado. Hay un doble recorte: lo que se presupuesta menos y lo que no se gasta. En total, desde 2009, la Ciencia ha perdido 42.000 millones, el Presupuesto de 4 años largos. Y esto sucede aunque el FMI, la Comisión Europea y la OCDE reiteran al Gobierno que debe corregir nuestro retraso tecnológico, culpable de que España sea menos productiva y tenga el doble de paro. Pero como si nada: en 2017, el Presupuesto para Ciencia ha subido un 1,3%, un aumento que se come la inflación. Urge un Pacto por la Ciencia, que asegure más fondos estables  y que se gasten mejor. Porque la recuperación no llega a la Ciencia.


                                                                                             enrique ortega

La tecnología es una de las grandes asignaturas pendientes de España en este siglo, junto a la educación y formación, el recorte y envejecimiento de la población y la reindustrialización y digitalización de la economía. Y el problema es que lejos de avanzar, retrocedemos: el gasto total en Ciencia (I+D) se ha recortado un 10,4% en España desde 2008 mientras aumentaba en un 25% en Europa, según el último informeCOTEC. Así que con la crisis, España está tecnológicamente más lejos de Europa, a la distancia (0,75% del PIB) que estábamos en 2004. Más de una década perdida. Y lo mismo frente a paises en desarrollo, con los que no podemos competir en sueldos. Y la consecuencia es clara: somos un país menos productivo, menos competitivo: ocupamos el puesto 34 en el ranking mundial de productividad del Foro Económico Mundial.

Los datos son muy ilustrativos. El gasto total de España en Ciencia se situaba en 2016 en unos 13.500 millones de euros, el 1,23% del PIB (el porcentaje de 2006), muy por debajo del 2,02% de media de la UE-28 y del objetivo europeo del 3% para 2020, según los últimos datos de la OCDE. Sólo hay 7 paises europeos que gasten menos que España en Ciencia (Rumanía, Letonia, Bulgaria, Grecia, Eslovaquia, Polonia y Lituania) y estamos muy lejos de los más innovadores: Suecia (gasta el 3,30% del PIB), Finlandia (3,17%), Dinamarca (3,05%), Austria (2,97%), Alemania (2,46%), Francia (2,22%) y Reino Unidos (1,66%). Y lo más grave: somos uno de los 4 únicos paises europeos que todavía no ha recuperado el gasto en tecnología de antes de la crisis (2008), mientras los 24 restantes gastan ya mucho más. Además, estamos a la cola de Europa (puesto 27) en el ranking de solicitud de patentes.

La caída del gasto en Ciencia desde 2008 se debe sobre todo al recorte de los fondos públicos para I+D+i, que suponen algo menos de la mitad del gasto total (6.513 millones en 2017, el 48% del gasto en Ciencia). Aquí es donde el Presupuesto “ha caído a plomo” desde 2009, el mejor año para la Ciencia: se ha pasado de un gasto público presupuestado de 9.673 millones (2009) a los 6.513,78 millones del Presupuesto 2017. Es un recorte de 3.160 millones, un tercio del gasto de 2009 (-32,66%). En estos 8 años de ajustes, la Ciencia ha dejado de recibir 21.728 millones, dos años largos de Presupuesto. De ellos, 1.509 millones se deben a la tijera de Zapatero (recortes 2010 y 2011) y 20.219 millones (casi todo el recorte) a la tijera de Rajoy (entre 2012 y 2014, ya que los tres últimos años, el Presupuesto ha subido, aunque una miseria: 367 millones).

Pero además, esta pretendida “subida del gasto en Ciencia”, cacareada por el Gobierno Rajoy en los tres últimos años, no es tal. Primero, porque suben algo los fondos totales, pero a costa de aumentar los créditos (que no se piden, porque las Universidades e instituciones están muy endeudadas ya) y bajar las subvenciones a fondo perdido. Y luego, porque la subida es tan mínima que se la come la inflación. Es lo que ha pasado este año 2017. El gasto público en Ciencia es de 6.513,78 millones, un 1,3% más que en 2016. Pero las subvenciones bajan un 2,36% y lo que suben (+3,9%) son los créditos, que se piden poco. Y además, si los precios suben este año entre el 1,5 y el 2% (el IPC está en el 1,8% y al alza), eso significa que el gasto real en Ciencia bajará este año 2017. Así que no presuman de “ayudar a la Ciencia”.

Pero este es sólo un primer recorte que sufre el gasto público en la Ciencia. Hay otro recorte “escondido”, que acaban de confirmar los datos de la Intervención de Hacienda: el gasto presupuestado en Ciencia no se gasta, año tras año, según los datos aportados por la asociación de científicos COSCE. Y el problema ha ido en aumento: si en 2008 no se gastaba el 19,7% del Presupuesto del Estado en Ciencia, en 2010 ya era el 30,8%, en 2011 el 42,4% y en 2015 no se gastaba el 48,10% del Presupuesto, casi la mitad. Pero la alarma ha saltado en 2016: el año pasado no se gastó el 61,78% del Presupuesto en Ciencia (3.115 millones nada menos), un porcentaje superior al “habitual” porque el Gobierno Rajoy cortó el gasto público a 20 de julio, para reducir el déficit lo prometido a Bruselas.

La mitad del Presupuesto de Ciencia no se gasta (los dos tercios el año pasado) porque la mayoría de los créditos (que son el 60% del Presupuesto) no se conceden, o bien porque las instituciones y Universidades no los piden (tienen mucha deuda y topes de hacienda para endeudarse más, además de que hay que devolverlos) o no se los conceden, para así reducir el gasto y el déficit público. Y también porque no se conceden todas las subvenciones, por retraso en las convocatorias o excesiva complejidad burocrática para solicitarlas. El año 2016, de los 3.115 millones no gastados, 2.886 eran créditos y 229 millones de subvenciones, según los datos recientemente aportados por COSCE.

Este “recorte escondido”, el Presupuesto para Ciencia que no se gasta año tras año, ha supuesto un recorte adicional a la Ciencia de 17.691 millones perdidos entre 2009 y 2016, a los que habría que añadir otros 3.000 millones que no se gastarán este año 2017. Si los sumamos a los 21.728 millones menos presupuestados estos años por ZP y Rajoy, nos da un total de 42.000 millones perdidos por la Ciencia desde 2009, el Presupuesto para Ciencia de más de 4 años perdido. Un auténtico drama para un país que está a la cola de Europa en tecnología y productividad (y en cabeza en paro).

Pero esto son los recortes que afectan al gasto público, algo menos de la mitad del gasto total en Ciencia. La mayoría del gasto en I+D+i (el 52%) lo hacen las empresas y aquí también ha habido recortes, aunque no tan drásticos: si en 2008, las empresas gastaban 8.073 millones de euros en tecnología, en 2015 (último dato del INE) gastaron 6.920 millones, un 14,2% menos. Pero no es sólo que las empresas españolas gasten menos. Es que un tercio de las que invertían en I+D en 2008 han dejado de hacerlo (5.000 empresas de 15.000), según COTEC. Y que las empresas españolas gastan en tecnología la mitad de lo que gastan las empresas europeas con las que compiten (el 0,64% del PIB frente al 1,07% en la UE-28) y un tercio de lo que gastan las empresas occidentales (gastan el 1,5% PIB en la OCDE).

Otra debilidad tecnológica de las empresas españolas es que la inversión en tecnología se concentra en las pymes (45,5%) y no en las grandes empresas, que son en Europa y en el resto del mundo el motor de la investigación (hacen el 80% del gasto en I+D en Francia, Italia o Reino Unido y el 90% en Alemania, frente al 54,5% en España), según destaca el informe COTEC 2017. En su opinión, este menor peso tecnológico de las grandes empresas españolas se debe a su menor número (hay un 99,66% de pymes y sólo 4.312 grandes empresas), a la insuficiente cualificación y cultura innovadora de sus directivos, al menor peso de los sectores económicos con tecnología media y alta  y a que falla el esquema de incentivos fiscales para fomentar la innovación empresarial (es demasiado complejo y falto de garantías).

Al final, este recorte en el gasto público y privado en Ciencia se ha traducido en una pérdida de proyectos e investigadores (12.216 perdidos entre 2010 y 2015), que se han ido al paro o al extranjero. En España hay 6,8 investigadores por 1.000 ocupados frente a 7,9 de media en Europa, según los datos de COTEC. La gran diferencia se da en las empresas (2,4 investigadores/1.000 ocupados frente a 3,8 en la UE), porque tenemos más investigadores que Europa en el sector público (1,1/1.000 ocupados frente a 0,9 en la UE-28) y en la Universidad (3,1/1.000 ocupados frente a 2,7 en Francia, 2,4 en Alemania y 2 en Italia).

Hasta aquí los datos de una situación tecnológica preocupante, que no mejora con la recuperación, a pesar de que todos los organismos internacionales reiteran que es uno de los grandes problemas de España. En diciembre de 2016, la misión del FMI señaló que “para impulsar el crecimiento y la productividad” era necesario “apoyar a la innovación por medio de la inversión privada en I+D, que es baja en comparación con la de otros paises europeos, y de mejoras en la eficacia del gasto público en I+D”. Unos meses después, en marzo de 2017, la OCDE recomendaba a Españapromover la inversión empresarial en innovación como clave para aumentar la productividad”. Y en mayo, una de las 3 recomendaciones del Consejo Europeo a España era “garantizar un nivel adecuado y sostenido de inversiones en investigación e innovación”. Y lo mismo piden insistentemente el Banco de España, la mayoría de expertos y por supuesto, los investigadores y la Universidad, que han planteado un Manifiesto por la Ciencia para pedir recursos y medidas. Sin conseguirlo.

Urge poner en marcha un Pacto por la Ciencia, asentado en dos frentes: conseguir más recursos para la Ciencia (estables y a medio plazo) y reformas para gastarlos mejor. El objetivo debería ser, al menos, conseguir los 9.673 millones que se gastaban en 2009 al final de esta Legislatura: eso supondría presupuestar 3.000 millones más, 1.000 millones extras al año. Y gastarlos, para lo que la OCDE ya propuso en marzo al Gobierno que se cambien partidas de gasto en Ciencia de créditos a subvenciones. Además, reformar todo el sistema de ayudas e incentivos fiscales para que las empresas también recuperen el gasto tecnológico de 2009: eso supondría que gastaran 1.100 millones más al año y recuperar a 5.000 empresas que ya no invierten en tecnología. Sobre todo, que gasten más las grandes empresas, ahora que llevan tres años con aumento de beneficios (más de 40.000 millones ganaron en 2016 las empresas del IBEX): que gasten más en tecnología e innovación, la clave para competir fuera y dentro, para asegurar un crecimiento y un empleo estables.

El otro frente de actuación deberían ser las reformas para gastar mejor. La OCDE y la Comisión Europea proponen a España reducir la excesiva burocracia en los procesos de investigación, eliminando las excesivas rigideces (sobre todo en las Universidades). Y realizar evaluaciones sistemáticas (auditorías) de las herramientas de apoyo a la I+D, mejorando la coordinación entre el Estado Central y las autonomías (muchas “van a su aire” en investigación y hay enormes diferencias de gasto entre el País Vasco, Madrid, Navarra o Cataluña, las líderes, y el resto), así como una mejor colaboración público-privada, aumentando los proyectos conjuntos y los investigadores en las empresas.

Mucho se habla de la recuperación económica pero no llega (tampoco) a la Ciencia, que ha perdido el tren europeo sin que se tomen medidas. Urge recuperar la década perdida, reducir la brecha con los paises tecnológicamente punteros, que son también los más competitivos y ricos, los que tienen más empleo y menos paro. Es una de las grandes asignaturas pendientes de España, no recortar más el déficit público a cualquier precio. La Ciencia debe ser nuestro pasaporte para el futuro. Pero recuperar el retraso tecnológico exige dinero, investigadores  y reformas. Y necesitamos tiempo, una o dos décadas. Por eso urge empezar ya.