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jueves, 12 de marzo de 2026

Demasiadas muertes por trabajar

Cada día mueren 2 personas en el trabajo o yendo y viniendo de trabajar. Fueron 735 muertes por accidente laboral en 2025, 61 menos que en 2024, aunque aumentaron los muertos en la construcción (+29 fallecidos). Y España es el 6º país europeo con más muertes laborales en relación con los que trabajan. Los sindicatos denuncian que son “demasiadas muertes” y que muchas podrían evitarse si las empresas invirtieran más en prevención. Además, se quejan de que hay muchas enfermedades profesionales que no se reconocen, como algunos cánceres. En febrero de 2026, Gobierno y sindicatos han pactado una reforma de la Ley de prevención de riesgos laborales de 1995, para reforzar la prevención y afrontar nuevos riesgos de salud mental, trabajo digital y cambio climático. Pero la patronal se descolgó del acuerdo, porque no quiere más normas sino regularlo en los convenios. Ahora falta aprobar los Decretos y la nueva Ley, algo que no será fácil por los enfrentamientos en el Congreso. Pero hay que tomar medidas para frenar estas “muertes silenciosas”. No puede ser que el trabajo mate.

                           Enrique Ortega

Este lunes, un hombre de 56 años murió al caer desde el tejado de una empresa en la que estaba trabajando en Sant Fruitós de Bages (Barcelona). Es el penúltimo trabajador muerto este año por accidente laboral en España, tras los 735 fallecidos en 2025, en el trabajo (584 muertes) o yendo y viniendo de trabajar (otros 151 muertos “in itinere”), según los datos recién publicados por Trabajo. Una cifra que reduce en 61 los 776 muertos en accidentes laborales en 2024 y que es algo menor a los 721 muertos en accidente laboral en 2019, antes de la pandemia, aunque ahora hay 2,5 millones de personas más trabajando. Aún así, son muchos más que los 558 muertos laborales de 2013, el mínimo desde antes de la crisis financiera (hubo 841 muertos en 2007), y la mitad de las 1.580 muertes en el trabajo (más de 4 diarias) que se contabilizaron en España en el año 2000.

Empecemos por los datos de los accidentes laborales, que prácticamente se estancaron en 2025: hubo 1.163.047 accidentes declarados, un 1,5% menos que en 2024 (1.181.202). Pero algo menos de la mitad (542.661, -1,8%) fueron “accidentes sin baja”, generalmente leves, porque muchos de estos trabajadores prefirieron no pedir la baja, para no tener problemas laborales (los sindicatos denuncian que estos accidentes sin baja crecen en los últimos años). Algo más de la otra mitad fueron “accidentes con baja”, 620.386 en 2025, casi los mismos que en 2024 (628.300), aunque muy lejos de los accidentes con baja que había en España en plena “burbuja inmobiliaria” (1.022.067 en 2007), aunque es una cifra de accidentes con baja similar a la que había antes de la pandemia (650.602 en 2019). Pero hay que recordar que ahora trabajan en España 2,5 millones de personas más…

El grueso de los accidentes de trabajo con baja se produjo en el trabajo (529.838 accidentes,-19% que en 2024) y el resto fueron accidentes in itinere (90.548,+2,9% que en 2024), accidentes producidos al ir y venir de trabajar, que son los accidentes que más crecen en los últimos años, por accidentes de tráfico. La mayoría de los accidentados en el trabajo son hombres (70,2%), pero curiosamente son las mujeres quienes tienen más accidentes laborales “in itinere” (el 54% del total), quizás porque se desplazan más para conciliar el trabajo con llevar a los hijos al colegio o hacer las compras. La gran mayoría de los accidentados con baja son asalariados (95,4%) y el resto autónomos (4,6%).

Las actividades más peligrosas en 2025, con más accidentes laborales en el trabajo con baja, fueron la industria (96.068, el 18,3% del total), la construcción (78.845 bajas, el 15,06%), el comercio y la reparación de vehículos (69.968 accidentes, el 13,20%), las actividades administrativas y servicios auxiliares (57.030, el 10,76%), la hostelería (50.837, el 9,59%), el transporte y almacenamiento (41.168, el 7,76%) y las actividades sanitarias y servicios sociales (40.864 accidentes, el 7,71%). Pero si tenemos en cuenta los que trabajan en cada sector, la “siniestralidad relativa” (accidentes por cada 100.000 trabajadores), las actividades más peligrosas son en realidad  la construcción (5.510 accidentes en el trabajo por cada 100.000 trabajadores), la minería (5.413), el suministro de agua y saneamiento (5.136), la industria (4.364), el campo (3.759), el transporte y almacenamiento (3.555), las actividades administrativas y servicios auxiliares (3.473) y la hostelería (2.731), los 8 sectores con más accidentes que la media (2.547 por 100.000 trabajadores). Y las autonomías más “peligrosas” para trabajar son, curiosamente, Baleares (3.791 accidentes/100.000 trabajadores), Navarra (3.655), Castilla la Mancha (3.227), La Rioja (3.155) y Aragón (2.912), por encima de la “siniestralidad” de Andalucía (2.720), Comunidad Valenciana (2.509),Cataluña (2.356) o Madrid (1927 accidentes/100.000 trabajadores).

Centrándonos en la gravedad de los accidentes laborales, en 2025 se produjeron en el trabajo 3.701 accidentes graves, de los que 584 fueron mortales (62 muertes menos que en 2024). De estas muertes en el trabajo, la mayoría fueron hombres (546 muertes, 62 menos que en 2024) y 38 fueron mujeres (igual que en 2024). Por edades, los trabajadores mayores son quienes tienen más muertes en el trabajo: entre 55 y 59 años (121 muertes en 2025), de 60 a 64 (105) y de 50 a 54 años (102 muertes). La 1ª causa de estas muertes en el trabajo son los infartos y derrames cerebrales y otras “causas naturales” (251 muertes, 15 menos que en 2024), que los sindicatos atribuyen en muchos casos al “estrés laboral”. Le siguen los golpes y caídas (97 muertes, 3 más que en 2024), los aplastamientos (82 muertes, 17 menos) y los accidentes de trafico (73 muertes, 23 menos). En el caso de las muertes “in itinere” (151 fallecidos, 1 más que en 2024), la mayoría fueron por accidentes de tráfico (138) y afectaron más a hombres (122 muertes,+2 que en 2024) que a mujeres (29,-1).

Centrándonos en las muertes en el trabajo (584 en 2025), las actividades más letales fueron los servicios (262 muertos, -64 que en 2024), la construcción (164 muertos, 29 más, por lo que “alertan” los sindicatos), la industria (110 muertes laborales, -6) y el campo (48 muertos, -21). Pero si tenemos en cuenta la “siniestralidad relativa”, el sector con más muertes en el trabajo es la construcción (11,32 muertes por 100.000 trabajadores), a mucha distancia del campo (6,68 por 100.000), la industria (4,52) y los servicios (1,61 muertos por 100.000 trabajadores, muy por debajo de la media: 2,81 muertes/100.000). Y por autonomías, las más letales para trabajar son Andalucía (95 muertes en el trabajo), Cataluña (91 muertes, su peor dato desde 2009), Comunidad Valenciana (66), Madrid (55) y Castilla la Mancha (41 muertes). Pero si lo comparamos con los trabajadores de cada región, la “siniestralidad relativa” cambia:  las más “letales” son Castilla la Mancha (5,32 muertos en el trabajo por 100.000 trabajadores), Asturias (5,24), Murcia (4,32), Galicia (4,23) y Castilla y León (3,98), frente a 2,95 muertes/100.000 trabajadores en Andalucía, 2,41 en Cataluña y 1,52 en Madrid.

Los accidentes y las muertes laborales preocupan también en Europa, donde se producen casi 2,2 millones de accidentes con baja (2.153.161 en 2023) y 2.972 muertes en el trabajo (2023), según los últimos datos de Eurostat. España es el 2º país europeo con más accidentes en el trabajo en relación a los que trabajan (2.707 accidentes por cada 100.000 trabajadores en 2023), sólo superado por Portugal (2.995 accidentes) y muy por encima de la tasa europea (1.500 accidentes por 100.000 trabajadores), cerca de Francia (2.644) y lejos de Alemania (1.620/100.000), Italia (1.182), Bélgica (1.513) o Dinamarca (1.578). Y en cuanto a las muertes en el trabajo, la tasa de España (2,28 muertes/100.000 trabajadores) supera a la media europea (2,28/100.000), a Paises Bajos (0,6), Alemania (0,91) o Bélgica (1,67), pero es menor que la mortalidad laboral en Francia (4,42 muertes/100.000) o Italia (2,62).

El trabajo no solo provoca accidentes y muertes, también enfermedades profesionales que en muchos casos acaban inhabilitando o matando al trabajador en unos años. Y están creciendo: en 2024 (último dato oficial) se contabilizaron 26.803 partes de enfermedades profesionales,+4,6% que en 2023 y menos que antes de la pandemia (27.392 en 2019). De este total, la mayoría son partes sin baja (15.269), alcanzando los 11.534 con baja. Más de la mitad (54%) los dan las mujeres y por tramos de edad, la mayoría (19,84%) los dan las mujeres de 50 a 54 años y los hombres de 45 a 49 años (otro 19,7% de los partes).Por autonomías, las que concentran más partes por enfermedades profesionales en relación a sus trabajadores  son Murcia (362 por 100.000 trabajadores), Navarra (336), La Rioja (260), País Vasco y Comunidad Valenciana (162/100.000 trabajadores). Y las actividades con más bajas por enfermedad profesional son la minería (368 por 100.000 trabajadores, sobre todo en Extremadura y Galicia), la industria (301/100.000 trabajadores, sobre todo en Murcia, Navarra, la Rioja y País Vasco), la construcción (118), las actividades sanitarias (107) y administrativas (107) y la hostelería (106,99 partes/100.000 trabajadores).

Las causas que provocan estos partes de enfermedades profesionales son los agentes físicos (81,2% del total, la mayoría por posturas forzadas y movimientos repetitivos), los agentes biológicos (el 6,4%, sobre todo infecciones), las enfermedades de la piel (5,6%), la inhalación de sustancias (3,8%), los agentes químicos (3,27% del total) y sólo 104 bajas por enfermedad (el 0,37%) fueron por cáncer (107 en 2022). Precisamente, los sindicatos denuncian cada año el bajísimo reconocimiento del cáncer como enfermedad profesional (104 casos en 2024, 54 por amianto) y que la mayoría de los casos se reconocen porque el trabajador afectado acaba en los Tribunales. UGT considera que 1 de cada 3 casos de cáncer en España podrían estar relacionados con la exposición a sustancias cancerígenas en el trabajo. Los trabajos con más riesgo, según detectó la Encuesta WES, son los relacionados con el amianto, la sílice cristalina respirable, las emisiones de motores diesel y el polvo de madera, aunque también el benceno, la radiación ultravioleta solar, el formaldehido, el cromo hexavalente y el plomo y sus compuestos orgánicos.

Los sindicatos valoran positivamente la reducción de muertes en el trabajo en 2025, aunque les preocupa la alta peligrosidad de la construcción y el aumento de las muertes “in itinere”. Pero reiteran que esas 735 muertes laborales son “excesivas” y muchas podrían evitarse si las empresas (y los trabajadores) cumplieran la normativa de riesgos laborales y si las pymes dedicaran más medios y personal a prevenir los riesgos laborales (que muchas empresas “subcontratan” fuera). Y denuncian que, tras el COVID y las crisis posteriores, muchas empresas “han bajado la guardia” y gastan menos en la prevención, a pesar de que por cada euro invertido en seguridad recuperan 2 euros. Además, los sindicatos se quejan de la falta de control, porque la inspección de Trabajo carece de medios para vigilar la seguridad en el trabajo (tienen 1 funcionario por cada 13.000 trabajadores, frente a 1 por 10.000 de media en la UE). Y denuncian también la falta de medios judiciales para acabar con la impunidad penal en los accidentes laborales: en 2023 hubo sólo 406 sentencias por siniestralidad laboral, 235 condenatorias, algunas sobre accidentes de hace 20 años (17 de 2001 a 2010).

En junio de 2021, la Comisión Europea aprobó un Marco Estratégico de Seguridad y Salud en el Trabajo 2021-2027, para atajar los accidentes y muertes laborales en Europa. Ahí se fijaba la obligación de crear una Mesa tripartita (Gobierno, sindicatos y patronal) sobre seguridad laboral dentro del diálogo social, Mesa que se creó en España el 12 de febrero de 2024, con año y medio de retraso. Tras diversas reuniones sobre medidas a tomar, dos años después (el 10 de febrero de 2026) se ha alcanzado un Pacto entre el Gobierno, UGT y CCOO (la patronal CEOE no lo ha firmado) para mejorar y modernizar la vigente Ley de Prevención de Riesgos Laborales, que es de 1995. El objetivo es reforzar la normativa de seguridad laboral, mejorar la detección de las enfermedades profesionales y reforzar la protección de los trabajadores ante los riesgos de salud mental (la 2ª causa de bajas laborales) y los problemas de salud laboral que provocan la digitalización y el cambio climático.

Ahora, en un próximo Consejo de Ministros, el Gobierno aprobará esta reforma de la normativa de seguridad laboral pactada con los sindicatos, mientras la patronal reitera que no ha firmado el acuerdo porque debería tratarse en la negociación de los convenios. Como el Gobierno sabe los problemas que tendrá esta reforma de la Ley en el Congreso (Junts, el PP y Vox votarán en contra, como apoyo a la patronal), la estrategia será aprobar también una serie de Decretos (que no haya que convalidar) para reformar los actuales Reglamentos de prevención de riesgos laborales en materia de riesgos psicosociales, digitales y climáticos, más cambios para lograr un mayor control del cumplimiento de la normativa vigente.

Al final, se intenta adaptar una Ley del siglo XX a los trabajos y riesgos laborales del siglo XXI, aunque la clave es que la normativa se cumpla, no sólo por las empresas (las pymes tienen menos medios) sino también por sus trabajadores (falta una mayor “cultura de la seguridad”), apostando por la vigilancia y las sanciones en caso contrario, porque se juegan vidas e incapacidades. Habría que alcanzar acuerdos, como país y empresa a empresa, para conseguir un objetivo a medio plazo: muertes cero” en el trabajo. Es una tarea de todos: no podemos consentir que el trabajo mate.

jueves, 16 de febrero de 2023

Más muertos por trabajar: 2,2 diarios

En 2022 se dispararon los accidentes laborales y los muertos: 826 fallecidos al ir a trabajar o trabajando. Son 121 más que en 2021 y el mayor número de muertos desde 2009. La mayoría fallecieron por infartos y derrames, caídas, golpes, aplastamientos y accidentes de tráfico, sobre todo en la construcción, el transporte, el campo y la industria, especialmente en Andalucía, Cataluña, Murcia, Comunidad Valenciana y Madrid. Con ello, España se coloca como el tercer país europeo en muertos por trabajar, tras Francia e Italia. Y también han aumentado las enfermedades profesionales en 2022, aunque apenas se computa el cáncer de origen laboral ni las enfermedades mentales. Los sindicatos denuncian que las empresas han bajado la guardia y se incumple la normativa, con la ayuda de una escasa inspección y de mínimas multas y condenas judiciales (255) por accidentes mortales. Urge un Plan de choque contra los accidentes laborales, con más medios, formación y vigilancia. Hay que acabar con estas “muertes silenciosas” y conseguir “0 muertes” en el trabajo.

Enrique Ortega

Un trabajador de 42 años murió el viernes en Valencia, al caer al vacío tras desprenderse el andamio donde trabajaba en la construcción de un edificio. Es el penúltimo trabajador muerto este año por accidente laboral en España, tras los 826 fallecidos en 2022, en el trabajo (679) o yendo a trabajar (147 muertos “in itinere”), según los datos de Trabajo. Una cifra que dispara los muertos laborales de 2021 (705) y 2020 (708 fallecidos) y que supone 105 muertos más que antes de la pandemia (721 fallecidos en 2019). Hay que remontarse a 2009 para encontrar una mortalidad similar (831 muertos por accidentes laborales), que bajó después, por la crisis, hasta un mínimo de 558 muertos en 2013. Pero en 2014 volvió a subir, durante 7 años, estabilizándose con la pandemia. Y ahora, con la economía creciendo otra vez, volvemos a superar los 2 muertos diarios.

Empecemos por los datos de accidentes laborales, que crecieron un 5,17% en 2022: hubo 1.196.429, frente a 1.137.523 en 2021. Pero sólo la mitad fueron accidentes con baja (631.724 accidentes,+10,4%), porque en la otra mitad (564.701) el accidente fue leve y muchos trabajadores prefirieron no pedir la baja, para no tener problemas laborales (los sindicatos denuncian que estos accidentes sin baja crecen año tras año). Esta cifra de accidentes con baja está lejos del récord de accidentes de 2007 (1.022.067), en plena burbuja inmobiliaria, pero muy superior a la de accidentes en lo peor de la crisis (468.038 en 2013). Y es similar a la de antes de la pandemia (650.602 accidentes con baja en 2019).

El grueso de los accidentes laborales con baja de 2022 se produjo en el trabajo (552.173, el 87% del total) y el resto son accidentes “in itinere”, accidentes producidos al ir y venir de trabajar (79.551 accidentes con baja), que crecieron menos en 2022, tras ser los que más repuntaron los años anteriores. La mayoría de los accidentados en el trabajo son hombres (el 69%), pero, curiosamente, son las mujeres las que tienen más accidentes “in itinere (el 53% del total), quizás porque se desplazan más por los hijos. Y la mayoría de los accidentados con baja fueron asalariados (94,5%), el resto autónomos (5,5%).

Del total de accidentes laborales con baja, 4.714 fueron accidentes graves, con muertos o heridos de importancia (el 0,74%, 142 más que en 2021). De ellos, 826 fueron accidentes mortales (121 más que en 2021), la mayoría hombres (751) y asalariados. Y esas muertes se repartieron entre las producidas en el trabajo (679, 104 más que en 2021) y las que se registraron al ir o volver a trabajar (147 muertes, 17 más que en 2021). Las principales causas de estas muertes laborales fueron los infartos y derrames cerebrales (285), los atrapamientos (103), los accidentes de tráfico (99), las caídas (89), los choques (32) y los ahogamientos (23), aunque en las muertes in itinere, la mayoría fueron por accidente de tráfico.

Las actividades más peligrosas, con más accidentes laborales (con baja) en 2022, fueron la industria (92.012 accidentes), construcción (81.525), sanidad y servicios sociales (70.000 accidentes: han crecido un +47,1% en 2022), comercio y reparación de vehículos (67.435), actividades administrativas y auxiliares (56.083) y hostelería (49.647 accidentes: han crecido un +37%). Pero ese es el ranking por número de accidentes. Si miramos la incidencia en porcentaje sobre los que trabajan, las actividades más peligrosas son las minas (6.185 accidentes por cada 100.000 trabajadores), la construcción (6.131), el agua y saneamiento (5.485), la industria manufacturera (4.375) y el campo y la pesca (4.140 accidentes). Ojo: los trabajadores agrícolas en España son los que sufren más accidentes en Europa, (incluido el vuelco mortal de tractores) según los datos de Eurostat. Y por autonomías, el ranking de accidentes por 100.000 trabajadores lo encabezan, curiosamente, Baleares (4.714 accidentes, por el salto en los accidentes turísticos), la Rioja (4.234), Cantabria (4.205), Castilla la Mancha (3.980), Navarra (3.717) y Asturias (3.410), estando a la cola Madrid (2.236 accidentes por cada 100.000 trabajadores), según los datos de Trabajo.

Centrándonos en las muertes laborales, las actividades más letales son la construcción (150 muertos en 2022, un +32%), el transporte y almacenamiento (111, -3%), la agricultura (95 muertes, un +43%) y la industria (95 muertes, +9%), el comercio y reparación de vehículos (62), las actividades administrativas (48), la administración pública (24) y la hostelería (22 muertes). Y por autonomías, destacan Andalucía (118 muertos), Cataluña (80), Comunidad Valenciana (76), Madrid (73), Galicia (67) y Castilla y León (50 muertes). Si ponemos estas muertes en relación con los que trabajan, la mayor letalidad se da en la minería (18,13 muertes por cada 100.000 trabajadores), el campo y la pesca (13,53), la construcción (11,28) y el transporte (11,01), todas muy por encima de la media (3,51 muertes por 100.000 trabajadores). Y por autonomías, las más letales laboralmente son Murcia (7,45 muertes por 100.000 trabajadores), la Rioja (6,95), Galicia (6,59%), Extremadura (6,28%) y Castilla y León (5,51%), estando a la cola Madrid (2,21), Cataluña (2,26) y País Vasco (2,48).

Los accidentes y muertes laborales preocupan también en Europa, donde se producen 3.300 accidentes mortales cada año y hasta 200.000 trabajadores mueren por enfermedades relacionadas con el trabajo, según la Comisión Europea. España es el tercer país en accidentes laborales con 4 días de baja o más (307.949 en 2020), detrás de Alemania (638.894) y Francia (381.609) y delante de Italia (169.363), según Eurostat (2020). Pero como tenemos menos trabajadores, ocupamos el 2º lugar europeo en incidencia (2.384 accidentes por 100.000 trabajadores), sólo por detrás de Francia (2.597) y por delante del porcentaje de accidentes de Alemania (1.782) e Italia (1.036). Y en muertes por accidente laboral, la tasa en España (2,76 muertes por 100.000 trabajadores en 2020) era superior a la media europea (2,11) y a la de Alemania (0,96 muertes), aunque nos superaban en 2020 Francia (3,16 muertes) e Italia (3,03), a las que hemos superado en 2022 (3,51).

El trabajo no sólo provoca accidentes y muertes, también enfermedades profesionales, que  en muchos casos acaban inhabilitando o matando al trabajador en unos años. Y también crecen: en 2022 se contabilizaron 22.589 partes de enfermedades profesionales, un +10,83% más que en 2021 (20.381), según Trabajo. Entre las causas destacan los agentes físicos (19.598), seguidas muy lejos por las enfermedades de la piel (1.065), inhalación de substancias (814), agentes químicos (576), agentes biológicos (429) y agentes cancerígenos (sólo 107 partes de cáncer profesional, aunque son más del doble que en 2020 y 2021). Las actividades con más bajas por enfermedades profesionales son la industria (el 38,5%), la reparación de vehículos (14,1%) y las actividades administrativas y de servicios (10,2% de las bajas totales), siendo pocas en construcción (8,5%) y hostelería (7,3% del total).

Los sindicatos denuncian cada año el bajísimo reconocimiento del cáncer como enfermedad profesional (107 casos en 2022), que en la mayor parte de los casos se reconocen porque el trabajador acaba en los Tribunales. De hecho, la OIT y la OMS estiman que 9.550 personas mueren cada año en España por un cáncer originado en el trabajo (y 120.000 en Europa), lo que convierte este origen laboral en la 4ª causa de cáncer, motivado por la exposición a sustancias cancerígenas (el amianto, en la mitad de estos cánceres, y el formaldehido). A pesar de este alcance, los sindicatos denuncian que menos del 10% de los cánceres laborales son reconocidos e indemnizados (con la prestación correspondiente). Y su atención corre a cargo de la sanidad pública, en vez de costearlo la Seguridad Social. Además, los sindicatos piden revisar el catálogo de enfermedades profesionales, para dar entrada a las enfermedades psicológicas y mentales, que se han disparado en los trabajo.

¿Qué está pasando para que se disparen los accidentes y muertes laborales, así como las enfermedades profesionales?  Los expertos creen que hay dos causas claves. Por un lado, la pandemia y sus exigencias sanitarias ha retrasado las tareas de prevención y seguimiento de enfermos crónicos y con riesgos, lo que ha disparado los casos de infartos y derrames cerebrales en el trabajo (causa de 288 muertes en 2022, 1 de cada 3 muertes laborales), agravadas por la escasez de plantillas y el mayor trabajo. Y por otro, las empresas y los trabajadores “han bajado” la guardia ante los riesgos laborales, preocupados por olvidarse de la COVID y “volver a la normalidad”. Los sindicatos aportan una causa más: las empresas se preocupan menos ahora por la seguridad en el trabajo, destinando menos tiempo, formación y recursos a evitar accidentes laborales ahora que les suben los costes. Y sobre todo las pymes, las menos preparadas para evitar los accidentes laborales.

Además, sindicatos y expertos alertan que el alto grado de siniestralidad laboral en España tiene mucho que ver con la alta precariedad laboral, con un mayor porcentaje de trabajadores temporales (ahora, tras el primer año de reforma laboral, son un 17,91% frente al 14% en la UE-27). De hecho, los trabajadores temporales tienen en 41,4% de los accidentes de trabajo (y el 42% de las muertes), cuando son el 28% de los asalariados. Y además, los trabajadores con menos de un año de antigüedad concentran el 46% de los accidentes (y el 41% de las muertes). Así que a más precariedad y menos formación, más riesgo de accidentes y muertes. Y más cuando muchas empresas no invierten en prevención y la subcontratan fuera. UGT añade otra causa a los accidentes: el exceso de carga de trabajo y los plazos ajustados para los pedidos, que obliga a muchos empleados a “trabajar contra reloj”.

El aumento de accidentes y muertes laborales en 2022 es especialmente preocupante, porque certifica el fracaso del Plan de choque contra los accidentes laborales presentado por el Gobierno en diciembre de 2021 y que se puso en marcha durante todo 2022. El Plan consistía en utilizar los datos de siniestralidad laboral disponibles para centrar la tarea de la inspección de Trabajo en los sectores y empresas más peligrosas, cuya seguridad se iba a vigilar con lupa el año pasado: empresas de demolición y preparación de terrenos (128 muertos por cada 100.000 trabajadores), transporte de mercancías y mudanzas (88 muertes), la pesca (82), la recogida de residuos (48), la construcción de edificios (31,5), las instalaciones eléctricas y de fontanería (28,6), la producción ganadera (25,5), la captación, depuración y distribución de agua (23,5) y los cultivos perennes (21,33 muertes por 100.000 trabajadores), aunque la mayor vigilancia se iba a concentrar en las empresas de trabajo temporal (ETTs), que sufren 138 muertes por cada 100.000 habitantes.

Evidentemente, el Plan de choque ha fallado, ya que ha habido más accidentes (+59.276 accidentes con baja) y más muertes (+121 trabajadores fallecidos) que en 2021. Los sindicatos ya advirtieron al aprobarse que el Plan de choque les parecía “insuficiente, porque no llevaba aparejado un Presupuesto que permitiera contar con más medios para prevención e inspección. Y recordaban que la Inspección de Trabajo sólo tiene 858 inspectores y 173 subinspectores, una plantilla exigua (1 funcionario por cada 13.000 trabajadores, frente a 1 por 10.000 en la UE) para el ingente trabajo que tienen (desde vigilar la contratación y el cumplimiento de la reforma laboral  a la seguridad en el trabajo).

Ahora, el Gobierno, los sindicatos y la patronal tienen que aprobar la Estrategia Española de Seguridad e Higiene en el Trabajo 2022-2027, que lleva un año de retraso, para cumplir con el Marco Estratégico de Seguridad y Salud en el Trabajo 2021-2027 aprobado por la Comisión Europea en junio de 2021. Los sindicatos quieren aprovechar la ocasión para reforzar la política de seguridad laboral, dotando con más medios a la formación y la prevención, así como a la vigilancia de la Inspección de Trabajo. Que se cree una figura estatal para la prevención de riesgos laborales, similar al actual delegado territorial. Y que se acabe con la actual impunidad penal de los accidentes laborales: en 2021 hubo sólo 426 sentencias judiciales  por siniestralidad laboral, 255 de ellas condenatorias. Por ello, la Fiscalía del Estado, los jueces (CGPP) y los Ministerios de Trabajo, Justicia e Interior firmaron en noviembre un Convenio de colaboración para coordinarse mejor y tratar de evitar la impunidad de las empresas responsables de los accidentes y muertes laborales.

En definitiva, se trata de contar con más medios para vigilar el cumplimiento de las normas de riesgos laborales y castigar con más dureza (multas y penas) a los culpables, porque tanto los sindicatos como los expertos creen que no hacen falta más normas, sino que se cumplan. Y, sobre todo, que las empresas (y los trabajadores) apuesten por la seguridad en el trabajo, no sólo por sentido común sino porque es rentable”: los accidentes laborales le cuestan cada año a Europa un 3,3% de su PIB, según la UE, entre bajas, gastos médicos e indemnizaciones, lo que supone un coste global de 480.000 millones de euros (a España le cuestan unos 40.000 millones anuales). Y se estima que por cada euro invertido en seguridad, la empresa obtiene algo más del doble en productividad.

Hay que acabar con esta lacra de los accidentes y muertes por trabajar, 826 muertos “invisibles” de los que no se habla, al contrario que los muertos por tráfico (1.148) o por violencia de género (48). Una factura humana inadmisible y escandalosa, más en el siglo XXI. Hay que alcanzar un gran Pacto social, como país y empresa a empresa, con un solo objetivo: conseguir “muertes cero” en el trabajo. No podemos consentir que el trabajo mate.

jueves, 10 de diciembre de 2020

Más muertos en accidentes de trabajo

 

Con la pandemia y la menor actividad económica, han bajado los accidentes laborales, pero aumentan los muertos: 543 trabajadores murieron en el trabajo o de camino hasta septiembre, 36 más que el año pasado. Y hasta hoy, van ya 581 muertos, casi tantos como por accidentes de tráfico (640). Y eso que no se contabilizan la mayoría de muertes de sanitarios por la COVID 19. Además, las enfermedades profesionales batieron un récord histórico en 2019, aunque bajan ahora. Los expertos achacan este repunte de muertes laborales a que empresas y trabajadores han bajado la guardia, a un aumento de infartos e ictus por un menor seguimiento y a que no se invierte en seguridad, sobre todo las pymes. Los sindicatos piden un Plan de choque, con mayor control e inversiones, porque creen que 1 de cada 3 muertes serían evitables si se cumplen las normas de seguridad, algo rentable porque los accidentes tienen un alto coste. No es admisible que en pleno siglo XXI, trabajar mate.

 


Un trabajador de 35 años falleció anteayer en el Viso de San Juan (Toledo), al caer desde cinco metros de altura cuando instalaba unos adornos de Navidad. Es el penúltimo muerto por accidente laboral en España, donde van ya 581 muertos en el trabajo o de camino hasta hoy, según la estadística diaria (“El contador de la vergüenza”) que publica UGT en su web. Con ello, se confirma el aumento de muertes en accidentes de trabajo este año, a pesar de la pandemia: se han producido 543 muertes hasta finales de septiembre, 36 más que el año anterior, según la última estadística de Trabajo. Se corta así la racha de estabilización de los muertos en accidentes laborales, entre 2015 y 2017 (629 muertos anuales), superada en 2018 (708) y mantenida en 2019 (641), tras los mínimos de 2013 (558) y 2014 (580) y muy alejada de los más de 1.000 muertos anuales provocados entre 2000 (1.580) y 2008 (1.065).

España superó a comienzos de este siglo el millón de accidentes laborales (1.005.289 en el año 2000, 989.353 en los trabajos y 72.357 “in itinere”), pero luego bajaron ligeramente, aunque subieron después, hasta batir otro récord en plena “burbuja económica”: 1.022.067 accidentes laborales en 2007. Con la crisis, la menor actividad y 3,8 millones de trabajadores menos, los accidentes laborales cayeron en picado, hasta un mínimo en 2013 (468.030 accidentes, 404.284 en los trabajos y 63.746 “in itinere”). Pero después, con la recuperación iniciada en 2014 y la precariedad del empleo creado, volvieron a crecer, hasta los 596.606 accidentes laborales en 2017 y los 650.602 accidentes laborales con baja en 2019 (562.756 en las empresas y 88.846 “in itinere”), la mayor cifra de accidentes desde 2010. Este año 2020, con la pandemia y la menor actividad, los accidentes laborales se han desplomado, cayendo un -26,4% entre enero y septiembre (348.862 accidentes laborales), pero han provocado más muertos (579 en 9 meses, +36 que en 2019).

Antes de la pandemia, España era el tercer país europeo con más accidentes de trabajo (617.488), sólo por detrás de Alemania (877.501 accidentes, con más del doble de trabajadores) y Francia (771.837 accidentes), por delante de Italia (291.503), Reino Unido (220.985) y Portugal (130.434), según los últimos datos publicados por Eurostat (de 2018). Y éramos el 4º país europeo con más muertes en el trabajo (323 en 2018, sin contar los muertos “in itinere”), tras Francia (615), Italia (523) y Alemania (397), por delante de Reino Unido (249 muertes), Rumanía y Portugal, según Eurostat. Pero si relacionamos las muertes laborales con el número de trabajadores, la situación de España mejora y su siniestralidad laboral (1,96 muertes por cada 100.000 trabajadores en 2018) nos coloca como el país nº 14 de la UE-28, peor que la media europea (1,77 muertes laborales por 100.000 trabajadores), Alemania o Reino Unido (0,78 muertes/100.000 ambos), pero mejor que Francia (2,74), Italia (2,25), Portugal (2,12) y la mayoría de los paises del Este, según Eurostat (2018).

Volviendo a los últimos datos de 2020, la estadística de Trabajo indica que aunque el número de accidentes laborales haya caído drásticamente, un -26,4% (348.862 accidentes totales con baja hasta septiembre, 308.453 en las empresas y 40.409 “in itinere”), hubo 36 muertos más: 543 muertes en total, 456 durante la jornada de trabajo (+62) y 87 muertos en el camino al trabajo (-26 muertos que el año pasado, al haber menos actividad y más teletrabajo). El mayor aumento de accidentes (y muertes) se ha dado entre los hombres (+62 muertes sobre 2019, mientras morían las mismas mujeres), sobre todo entre los 45 y 59 años (más de la mitad de las muertes), en las tareas del campo (de 31 a 75 muertes este año)  y en la industria ( de 63 a 93 muertes), creciendo muy poco los accidentes y muertes en los servicios (+5,5%) y bajando en la construcción (-10,3%), según Trabajo. Y donde más han aumentado las muertes en el trabajo este año ha sido en Castilla la Mancha (+19 muertes sobre 2019), Castilla y León (+17), Asturias (+8), Extremadura (+7), País Vasco y Andalucía (+6 cada una), aunque las regiones con más muertes en el trabajo en 2020 son  Andalucía (75), Cataluña (55), Castilla y León (48), Comunidad Valencia (46), Galicia (45) y Castilla la Mancha (40 muertos hasta septiembre).

Y un dato importante, según, según denuncian los sindicatos: estas estadísticas oficiales no valoran el efecto de la COVID 19 entre los trabajadores sanitarios y socio sanitarios. De hecho, sólo recogen 2.648 accidentes de trabajo en esos dos sectores (los únicos que tienen reconocida esa contingencia profesional), de los que 7 son accidentes graves y 17 son mortales. Esto supone un grave “subregistro” de accidentes y muertes profesionales, porque las propias estadísticas de Sanidad incluyen 88.471 casos de personal sanitario contagiados por la COVID hasta el 3 de diciembre, 63 de ellos fallecidos. Además, las estadísticas de accidentes laborales sólo incluyen los accidentes con baja laboral y cada vez hay más accidentes sin baja, por miedo de los trabajadores a perder su empleo, según denuncian los sindicatos. De hecho, en 2019, hubo más accidentes sin baja (724.321) que con baja (650.602) y lo mismo en años anteriores y en 2020 (378.851 frente a 348.862, hasta septiembre), según las estadísticas de Trabajo.

¿Por qué hay más muertes en el trabajo a pesar de la pandemia? Los expertos creen que se debe a que empresas y trabajadores “han bajado la guardiacon la seguridad laboral, impactados por la COVID-19 y sus consecuencias. Otro factor es que los trabajadores están más preocupados y se cuidan menos, controlan menos su salud, se hacen menos chequeos y no van tanto al médico. Hay un dato que lo apoya: la principal causa de las muertes en el trabajo son los infartos y derrames cerebrales, que han provocado este año 171 muertes (+14%), seguida muy de lejos por atrapamientos (76 muertes), accidentes de tráfico trabajando (63 muertes), caídas (60) y choques (36 muertes), según Trabajo.

Los sindicatos añaden que, con la pandemia, las empresas han desatendido aún más sus inversiones en seguridad, que ya eran bajas y en muchos casos se subcontratan fuera (lo hacen el 88,75% de las pymes, según Asepeyo), en empresas de protección de riesgos laborales “low cost”, baratas y con pocos medios (expertos y sanitarios). Además, resaltan que el 54% de las pymes desconoce cómo funciona la prevención de riesgos, según un estudio del Colegio de Politólogos y Sociólogos. Y para completar el cuadro, 1 de cada 3 autónomos (hay 3 millones) no sabe cómo actuar si sufre un accidente laboral.

El trabajo no sólo provoca accidentes y muertes sino también enfermedades profesionales, que en muchos casos acaban incapacitando o matando al trabajador en unos años (en 2019 murieron 7 trabajadores por enfermedades profesionales notificadas a partir de 2007). En este año 2020, hasta finales de noviembre, las enfermedades profesionales han caído un -32,5% (17.182 expedientes), pero llevan creciendo año tras año desde 2007 (16.791 casos) y en 2019 alcanzaron un récord histórico: 32.589 enfermedades causadas por el trabajo: 27.292 enfermedades profesionales como tales y otras 5.277 patologías no traumáticas causadas o agravadas por el trabajo. Estas enfermedades profesionales afectan más a las mujeres (51,43% del total, aunque trabajan menos) que a los hombres y a los trabajadores mayores (entre 45 y 49 años de media, entre 50 y 54 años en el caso de las mujeres), sobre todo de la industria alimentaria, la construcción y las industrias metálicas y del automóvil, más en Navarra (3,5 veces la media), La Rioja (2,6 veces), Murcia (2,3) y País Vasco (2,2 veces), dándose poco en Ceuta, Andalucía, Madrid y Andalucía.

La mayoría de estas enfermedades profesionales se deben a esfuerzos y malas posturas (el 84,8%), seguidas de lejos por enfermedades de la piel (4,32%), agentes biológicos (3,61%), inhalación de sustancias (3,95%), agentes químicos (2,98%) y agentes cancerígenos (0,34%), una causa que está creciendo mucho: hubo 94 trabajadores con cáncer de origen laboral en 2019 (la mayoría por amianto), frente a 27 en 2018 y 50 en 2017. UGT estima que unas 9.500 muertes por cáncer cada año están relacionadas con enfermedades profesionales. Y  denuncian que tampoco afloran muchas depresiones y enfermedades psíquicas causadas por el estrés laboral. Y también muchas enfermedades profesionales de las mujeres, que quedan fuera de las enfermedades laborales que recoge el real decreto vigente. Al final, los sindicatos se quejan de que un 20% de las enfermedades profesionales reales no se contabilizan como tales, porque no quieren reconocerlas así las empresas o las Mutuas, para ahorrarse dinero al pasar la factura de estas enfermedades (“profesionales”) a la Sanidad pública: el coste extra se estima en 2.000 millones de euros anuales.

Al final, el trabajo ha matado ya este año a 579 trabajadores, en su empresas o yendo y viniendo a trabajar, casi tantos como en accidentes de tráfico (640 muertes). Una “cifra de la vergüenza” para UGT, que ha pedido al Gobierno un Plan de choque contra la siniestralidad laboral, que podría dispararse en 2021 si hay recuperación. Por un lado, pide aumentar las inspecciones de Trabajo (faltan inspectores y medios) y exigir a las empresas que cumplan escrupulosamente la Legislación vigente sobre riesgos laborales, de 1995. Y exigen al Gobierno y a las autonomías que vigilen el cumplimiento de las normas, pidiendo que se creen Delegados de prevención de riesgos laborales en las autonomías y más Juzgados especializados, porque la mayoría de los accidentes graves no acaban en los Juzgados. De hecho, en 2018, sólo se incoaron 152 causas por homicidio en accidente laboral y las sentencias se retrasan muchísimo (6 años y 4 meses de media) y son escasas y a la baja: 495 en 2018, frente a 579 en 2017 y 676 en 2014, según la última Memoria del Poder Judicial.

Los sindicatos y expertos coinciden en que el aumento de los accidentes y muertes en el trabajo tienen mucho que ver con la precariedad laboral y la baja inversión en prevención. De hecho, los trabajadores temporales han tenido el 40% de los accidentes en el trabajo (y el 42% de las muertes), cuando son el 28% de los asalariados. Y los trabajadores con menos de 1 año de antigüedad concentran el 46% de los accidentes (y el 41% de las muertes). Así que a más precariedad y menos formación, más riesgo de accidentes y muertes. Y cuanto menos se invierte en prevención o más se subcontrata con empresas poco especializadas, más riesgo para empresas y trabajadores. Y al final, más coste, no sólo en vidas (el más grave), sino también en horas perdidas y en gastos sanitarios. De hecho, la OIT estima que los accidentes laborales cuestan el 4% del PIB de los paises. En España, según este cálculo, nos costarían 50.000 millones al año. Como para que gastáramos algo en campañas públicas de prevención: se hacen campañas de Tráfico pero no contra los accidentes laborales.

Con todo, la clave es que cada empresa tenga planes de prevención de riesgos laborales y los cumplan, los trabajadores y las empresas. Porque un 31% de los accidentes laborales se producen en trabajos donde no se ha realizado la evaluación de riesgos laborales obligatoria,  según un estudio de UGT. Eso significa que 1 de cada 3 accidentes en los trabajos (no “in itinere”) se podrían evitar si las empresas cumplieran la Ley. Eso significa que, sólo este año, se podrían haber evitado 180 muertes en el trabajo. Y casi 2.000 de las 6.500 muertes por accidentes laborales en la última década. Es como para tomárselo en serio y ponerlo en la lista de prioridades del diálogo social, junto a los ERTES y la reconstrucción. Debe ser un objetivo para todos, empresas, sindicatos y Gobierno. Hay que acabar con esta otra pandemia. Porque no es de recibo que, en pleno siglo XXI, “el trabajo mate”.

jueves, 6 de diciembre de 2018

Más muertes en el trabajo y en el camino



Cada 14 horas muere un trabajador en España, 12 muertos a la semana en el trabajo o al ir y volver. Tras haberse estabilizado los muertos por accidente laboral en 2015, 2016 y 2017, este año vuelven a subir y son ya 469 muertos hasta septiembre, 8 más que el año pasado. Y siguen creciendo los accidentes, como sucede desde 2014. Con ello, España es el tercer país europeo con más accidentes laborales y el cuarto con más muertes en el trabajo. Y además, hemos batido otro récord de enfermedades profesionales, ocupando el 2º lugar europeo detrás de Francia. Los sindicatos culpan del aumento de accidentes y muertes a la precariedad laboral, porque el 41% los sufren trabajadores temporales y con poca antigüedad. Y piden que las empresas (sobre todo las pymes) cumplan la normativa, porque si lo hicieran se evitarían 1 de cada 3 accidentes y muertes. No es de recibo que, en el siglo XXI, "el trabajo mate".


enrique ortega

Un trabajador de 47 años murió anteayer en Gandía (Valencia), al caer por el hueco del ascensor desde el quinto piso cuando intentaba repararlo. Es el penúltimo muerto por accidente laboral en España, donde este año van ya 469 muertos hasta septiembre, entre los fallecidos en el trabajo (368) y en el camino de ida o vuelta a trabajar (101 muertos “in Itinere”), 8 muertos más que en los nueve primeros meses de 2017, según las estadísticas del Ministerio de Trabajo. Con ello se rompe una racha de tres años (2015, 2016 y 2017) en que los muertos por accidente laboral se habían estabilizado, en 629 muertos anuales, tras aumentar desde el mínimo de 2013 (558 muertos), muy alejado de los máximos históricos: 1.580 muertos por accidente laboral en 2000, entre 1.500 y 1.306 después y 1.065 muertos en 2008, cayendo a 831 en 2009.

España superó a comienzos de este siglo el millón de accidentes laborales (1.005.289 en 2000, 989.353 en los trabajos y 72.357 “in Itinere”), pero luego bajaron ligeramente para batir un récord en plena “burbuja económica”: 1.022.067 accidentes laborales en 2007. Con la crisis, la menor actividad y 3,8 millones de trabajadores menos, los accidentes laborales cayeron en picado, hasta un mínimo en 2013 (468.030 accidentes, 404.284 en el trabajo y 63.746 “in Itinere”). Pero después han crecido a partir de 2014, por la recuperación económica y la precariedad del empleo creado, hasta los 596.606 accidentes laborales en 2017 (515.082 en el trabajo y 81.524 “in Itinere”), según las estadísticas de Trabajo. Y este año, hasta septiembre, ya se han producido 451.677 accidentes, un 3,7% más que en 2017.

España es el tercer país europeo con más accidentes de trabajo, sólo por detrás de Alemania (844.541 accidentes, con más del doble de trabajadores) y Francia (844.541 accidentes) y muy por delante de Italia (295.162 accidentes), Reino Unido (237.008 accidentes) y Portugal (134.378 accidentes), según los últimos datos de Eurostat para 2015. Y somos el 4º país europeo con más muertes laborales, tras Francia (595 muertos). Italia (543) y Alemania (450 muertos), por delante de Polonia (304 muertos), Reino Unido (260) y Portugal (161 muertos). Pero si relacionamos el número de muertes laborales con los trabajadores, España mejora y su siniestralidad  (2,3 muertes laborales por cada 100.000 empleados en 2015, que hoy son ya 3,1) y se coloca como el país nº 16 de los 28, por encima de la media europea (1,83 muertes laborales por cada 100.000 trabajadores en la UE-28) pero por detrás de Portugal (3,54 muertes/100.000), Francia (2,57) e Italia (2,42), aunque peor que Alemania (0,97 muertes/100.000) y Reino Unido (0,83), según la última estadística de Eurostat para 2015.

Analizando los accidentes laborales en España, la mayoría de los 451.677 acaecidos este año son accidentes en el trabajo (391.293) y el resto (60.384) son accidentes al ir o volver de trabajar, que crecen año tras año. Dentro de los accidentes en el trabajo, la casi totalidad (el 99,14%) son leves y menos de un 1% son graves (2.963) o mortales (368). El 70,8% los sufren los hombres, sobre todo por un sobreesfuerzo físico (36% de los accidentes) y golpes contra algo inmóvil (24,7%) o en movimiento. El mayor número de accidentes se da en la industria (19,1%), los comerciales y repartidores (13,95%) y en la construcción (12,8%), aunque la mayor siniestralidad se da (teniendo en cuenta el número de trabajadores) en las industrias extractivas, la construcción, los trabajos de agua, saneamiento y residuos y la industria. Y en los accidentes “in itinere”, dos tercios son accidentes de tráfico y más de la mitad los sufren  las mujeres (54,5%), quizás porque tienen más estrés al tener que compatibilizar el trabajo con el cuidado de los niños y las tareas domésticas.

Respecto a las muertes en el trabajo (368 este año), la gran mayoría son hombres (349), sobre todo de 40 a 59 años (72,8% de los muertos), siendo mayor la siniestralidad entre los operadores de maquinaria, la construcción, el campo, la industria y los servicios. Y hay más muertes en el trabajo, en relación con los ocupados, en Aragón (5,6 muertes/100.000 trabajadores frente a 3,1 de media en España), Castilla y León, Ceuta (5,4), Cantabria (5) y Murcia (4,7), siendo las regiones con menos muertes (en relación a los que trabajan) Cataluña (1,5 muertes/100.000 ocupados), Baleares (1,7), Madrid (1,8) y Canarias (2,3), según las estadísticas de Trabajo. Y las primeras causas de muerte en el trabajo son los infartos y derrames cerebrales (43,4%), los accidentes de tráfico trabajando (23,3%), los aplastamientos y atrapamientos (12,5%) y los golpes y caídas (10,6% de las muertes). En las muertes al ir o volver de trabajar (101 muertes “in Itinere), la mayoría son también hombres (84), la mitad entre menores de 44 años, en carreteras y medios de transporte.

¿Por qué aumentan los accidentes laborales y las muertes? La patronal y los empresarios argumentan que hay más actividad y más gente trabajando (+2,57 millones desde 2014) y que por eso hay más siniestralidad. Pero los sindicatos no están de acuerdo y lo achacan a la precariedad laboral, agravada con la reforma laboral aprobada por el Gobierno Rajoy en 2012. Y señalan dos datos que son oficiales, del Ministerio de Trabajo. Uno, que en 2017, el 41,16% de todos los accidentes laborales los sufrieron los trabajadores temporales, cuando son solo el 26,7% de los asalariados. Y estos trabajadores temporales, generalmente con menos formación y experiencia, sufrieron también el 41,12% de las muertes en el trabajo (204). El otro dato relevante es que los trabajadores con menos de 1 año de antigüedad sufrieron el 44% de todos los accidentes y el 41% de las muertes en el trabajo en 2017.

Los sindicatos añaden que la precariedad laboral y los cambios en la organización del trabajo fomentados por la reforma laboral (mayor libertad al empresario para organizar jornadas y turnos) han provocado más tensión y más estrés en el trabajo, lo que favorece los accidentes. Y además se quejan de que las estadísticas oficiales no incluyen todos los accidentes que se producen realmente, porque sólo incluyen los accidentes con baja y las Mutuas están endureciendo los criterios para darlas (sólo dan las graves, de más de 4 días), lo que está produciendo un “trasvase” de accidentes leves a accidentes sin baja. De hecho, los accidentes laborales sin baja son este año superiores (546.082) a los accidentes con baja (451.677). Y en muchos casos, es el propio trabajador accidentado el que no pide la baja, por miedo a que la empresa le despida si falta.

Otra causa de que crezcan los accidentes laborales y las muertes es que muchas pymes no tienen políticas adecuadas de prevención de riesgos laborales, bien porque no quieren gastar dinero y tiempo en ellas o bien porque las subcontratan fuera (lo hacen el 88,75% de las pymes, según Asepeyo) y se despreocupan del seguimiento. De hecho, el 54% de las pymes desconoce cómo funciona la prevención de riesgos, según un estudio del Colegio de Politólogos y Sociólogos. Y para completar el cuadro, 1 de cada 3 autónomos (hay 3 millones)  no sabe cómo actuar si sufre un accidente laboral.

El trabajo no sólo provoca accidentes y muertes sino también enfermedades profesionales, que en muchos casos acaban incapacitando o matando al trabajador a medio plazo (4 murieron en 2017 por enfermedad profesional). En 2017, las enfermedades profesionales batieron el récord del siglo: 27.770 casos (21.049 como tales y otras 4.704 como patologías no traumáticas causadas o agravadas por el trabajo), un 5,68% más que en 2016, según las estadísticas de Trabajo. Y en 2018, hasta octubre, ya van 20.463 expedientes de enfermedades profesionales, un 14,40% más que el año pasado. Estos datos nos colocan como el 2º país europeo con más enfermedades profesionales tras Francia, según el propio Ministerio de Trabajo. La mayoría de estas enfermedades (el 83%) son causadas por esfuerzos y malas posturas (trastornos musculo-esqueléticos), seguidas de las producidas por agentes biológicos, inhalación de sustancias y enfermedades de la piel, con una baja media de 100 días. La mayor incidencia de estas enfermedades profesionales se da entre los 45 y 49 años, en la industria manufacturera y la minería, sobre todo en Navarra, el País Vasco y la Rioja, siendo poco frecuentes en Andalucía, Ceuta y Melilla.

Los sindicatos se quejan de que un 20% de las enfermedades profesionales no se contabilizan como tales, porque no quieren reconocerlas las empresas o las Mutuas, para ahorrarse dinero pasando la factura de estas enfermedades a la Sanidad pública (el coste se valora en 2.000 millones de euros anuales). Así, estudios de UGT estiman que unas 9.500 muertes por cáncer podrían estar relacionadas cada año con enfermedades laborales. Y sin embargo, sólo se han contabilizado  este año 12 casos de cáncer laboral (la mayoría, por amianto). Y denuncian que tampoco afloran como enfermedades profesionales muchas depresiones y enfermedades psíquicas, motivadas por el estrés laboral. Asimismo, creen que existe una “desigualdad de género”, porque las enfermedades profesionales se están cebando más con las mujeres: desde 2013, señala UGT, se comunican más partes de baja por enfermedad profesional de mujeres que de hombres, a pesar de que hay menos mujeres trabajando. Y además, porque en el Real Decreto de enfermedades profesionales no están recogidas algunas de las enfermedades que sufren más las mujeres.

Al final, el trabajo ha matado 469 personas este año, más de la mitad que los accidentes de Tráfico (895 muertos hasta septiembre), aunque se habla de ello mucho menos. Y van ya 6.400 muertos por accidentes laborales en los últimos 10 años. UGT ha pedido un Plan de choque para reducir estas muertes, aumentando las inspecciones de Trabajo (faltan medios) y forzando a las empresas a que cumplan la legislación vigente sobre riesgos laborales (de 1995). Para vigilar que se cumplen las normas, los sindicatos piden que se creen Delegados territoriales de prevención y Juzgados especializados en siniestralidad laboral, porque ahora son muy pocos los accidentes que acaban en los Juzgados (sólo se incoaron 190 causas por homicidio en accidente laboral) y las sentencias se retrasan muchísimo (la media tarda 6 años y 6 meses) y son escasas (579 dictadas en 2017), porque la mayoría de los expedientes acaban en sobreseimiento por su complejidad y la falta de medios.

Curiosamente, la patronal CEOE ha pedido al Gobierno poder hacer controles de alcohol y drogas cuando un trabajador sufre un accidente laboral. Pero mientras, no se vuelcan en invertir más en prevención, aunque sea lo más barato, porque los accidentes laborales no sólo cuestan vidas sino también pérdidas de horas de trabajo y otros costes. De hecho, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) estima que los accidentes laborales cuestan un 4% del PIB anual de los paises. Y otros estudios valoran en 476.000 millones al año el coste mundial de los accidentes laborales. Por eso, y por los altos costes que suponen los accidentes laborales y enfermedades profesionales para la sanidad pública, harían falta campañas de concienciación para mejorar la seguridad laboral: no tiene sentido gastar 13 millones en campañas de Tráfico y ni un euro en campañas contra los accidentes de Trabajo.

Con todo, la clave es que las empresas tengan planes de prevención de riesgos laborales y los cumplan. Porque un 31% de los accidentes laborales se producen en trabajos donde no se había realizado la evaluación de riesgos laborales obligatoria, según un estudio de UGT. Eso significa que 1 de cada 3 accidentes en los centros de trabajo (no “in itinere”) se podrían evitar si las empresas cumplieran la Ley. Sólo en 2017, se habrían evitado 160.000 accidentes laborales y habrían salvado su vida 153 trabajadores… Un objetivo para volcarse todos, Gobierno, empresas y empleados, con más firmeza y medios. Porque no es de recibo que, en pleno siglo XXI, “el trabajo mate”.