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lunes, 28 de mayo de 2018

El petróleo frena la recuperación


El petróleo ha sido clave para ayudar a la economía española a salir de la crisis, al caer su precio de 114 dólares en 2014 a 46 en 2015 y 28 dólares en 2016. Pero el petróleo sube desde el verano y ha superado los 80 dólares, mientras también cae el euro, con lo que el coste del barril se ha encarecido un 18% desde enero. El viernes, el crudo bajó a 76,50 dólares, ante el anuncio de Rusia y la OPEP de que podrían subir la producción, por temor a un colapso del mercado ante la crisis de Venezuela e Irán. Pero el petróleo seguirá caro y corre peligro la recuperación mundial y más en España, uno de los países más dependientes del crudo importado. El Gobierno estima que si sigue caro, la economía crecerá este año un 0,7% menos y se crearán 150.000 empleos menos. Porque suben los carburantes y la inflación, baja el consumo y suben los costes de las empresas y el país. Urge tomar medidas para reanimar la economía ahora que soplan vientos en contra desde fuera: petróleo, tipos de interés, proteccionismo, crisis en Italia, bajo crecimiento Europa... Y más con la inesperada crisis política en España. No vale esperar y ver. Pero no está el patio político para pensar en la economía.
enrique ortega

El mundo tiene una gran dependencia del petróleo y su precio agrava o mejora los ciclos económicos. En 2008, tras la crisis financiera en EEUU, el petróleo se contagió de los temores mundiales y saltó a 146 dólares el barril, el máximo histórico reciente, agravando la recesión. Luego, ante las medidas para reanimar las economías, suavizó su precio, por debajo de los 80 euros en 2009 y 2010. A partir de ahí volvió a subir, en torno a los 110 dólares en 2011 y 2014. Y tras marcar otro máximo en junio de 2014, 114,81 dólares por barril, empezó una bajada durante año y medio, a 46,59 dólares en enero de 2015 y 27,88 euros, el mínimo histórico reciente, en enero de 2016. Una caída del precio del 75% en año y medio, que ayudó decisivamente a la recuperación de la economía mundial, y, sobre todo, de España (junto a la bajada de tipos y del euro, no por la política de Rajoy, como dice).

El petróleo se mantuvo estable, en torno a los 50 euros, otro año y medio, todo 2016 y la primera mitad de 2017. Pero el verano pasado comenzó a subir y cerró el año en 66,7 dólares. Y la subida ha seguido este año 2018, sobre todo en mayo, cuando el día 17 superó los 80 dólares por barril, el precio más alto desde hacía tres años y medio (noviembre de 2014). Luego se mantuvo por encima de los 79 dólares, hasta que el viernes 25 bajó a 76,50 dólares barril, tras el anuncio de la OPEP y Rusia de que estudiaban producir más petróleo, "para evitar un shock del mercado", ante la crisis de producción en Venezuela e Irán. Aún con esta bajada, que podría continuar esta semana, el petróleo cuesta un 15,05% más que en enero. Y si añadimos que el petróleo hay que pagarlo en dólares y que el billete verde también ha subido (un 2,90% frente al euro desde enero), el barril nos cuesta ya un 18% más que en enero.

¿Por qué ha subido tanto el petróleo? El último detonante ha sido Donald Trump, al denunciar en mayo el acuerdo nuclear con Irán y anunciar nuevas sanciones, entre ellas la prohibición de comprarles petróleo. Irán es el 5º productor mundial (produce 3,82 millones de barriles al día) y, tras el acuerdo con Obama de 2015, estaba exportando entre 500.000 y 1,5 millones de barriles al día: la mitad podrían no llegar ahora al mercado mundial. Otro problema geopolítico que resta barriles es Venezuela (el 10º productor mundial, con 1,44 millones de barriles al día), con serios problemas de bombeo que le suponen producir 500.000 barriles diarios menos. Y también ayuda a recortar la producción mundial de crudo la tensión política en Yemen (con terroristas pro-iraníes que amenazan las instalaciones petrolíferas de Arabia Saudita), Libia (ha recuperado su producción de 1 millón de barriles al día, pero es un país muy inestable) y Angola (el 9º productor mundial), con serios problemas de bombeo que le han hecho perder 300.000 barriles al día desde finales de 2017.

Estos distintos problemas geopolíticos han agravado un problema anterior: el recorte de producción acordado por la OPEP y Rusia en 2016 y 2017. El 30 de noviembre de 2016, los 14 países de la OPEP (liderados por Arabia Saudita, el 3º productor mundial, tras EEUU y Rusia) y Rusia (el 2º) acordaron recortar la producción de crudo en 1,8 millones de barriles día desde enero de 2017. En mayo de 2017 extendieron el acuerdo y el 29 de noviembre de 2017, se sumaron a este acuerdo de la OPEP y Rusia otros 10 países productores no OPEP, entre ellos México, Nigeria y Libia, acordando extender ese recorte de la producción (-1,8 millones barriles/día) a todo el año 2018. Y lo están cumpliendo.

Así que el problema de fondo, más que la crisis con Irán o Venezuela, es que la oferta de petróleo se ha recortado drásticamente en el último año, mientras, a la vez, aumenta la demanda de crudo, un 5% en los últimos tres años, por el tirón de la recuperación. Y se prevé que la demanda crezca más este año 2018, superando los 100 millones de barriles al día, por primera vez en la historia reciente, según la Agencia Internacional de la Energía (AEI). Y además, los países y las empresas se encuentran con bajas reservas de crudo, con lo que el déficit oferta/demanda tira al alza de los precios. Y lo seguirá haciendo en los próximos meses, con lo que varios expertos auguran un petróleo a 100 dólares en 2019. La clave estará en lo que decidan la OPEP y Rusia en su Cumbre del 22 de junio, donde podrían "suavizar" sus recortes actuales y producir algo más en la 2ª mitad de 2018, porque tienen miedo "que el mercado colapse" por la caída de producción en Venezuela y las nuevas sanciones a Irán. 

Llegue a 100 dólares o se quede en torno a los 75 dólares,  el petróleo costará este año más de lo previsto (entre el 10 y el 15% más) y eso afecta muy negativamente a toda la economía mundial, a Europa y muy especialmente a España, porque somos uno de los países con mayor dependencia del petróleo importado. Así, España importa el 71,9% de toda la energía que consume, frente al 53,6% de media en la UE-28, el 35,3% de Reino Unido, el 47,1% de Francia, el 63,5% de Alemania y el 77,5% de Italia, según los últimos datos de Eurostat (2016). Y si nos centramos en la dependencia del petróleo, España importa el 99,2%, frente al 86,7% de media europea, el 33,9% de Reino Unido, el 91% de Italia, el 96,4% de Alemania y el 97,5% de Francia: somos el 2º país europeo más dependiente del petróleo, tras Grecia (importa el 99,6%).

Esta enorme dependencia del petróleo importado hace que España sea muy sensible a los vaivenes de precios. Y si entre 2014 y 2017 nos ahorramos 13.000 millones en la factura del petróleo (un regalo del 1,3% de crecimiento extra del PIB), ahora nos tocará pagar más: la factura del petróleo (que costó 30.326 millones de euros en 2017) podría subir hasta 9.000 millones más en 2018, si los precios siguen como hasta ahora. Y esta factura la pagaremos todos, sobre todo las empresas (más costes) y los ciudadanos (carburantes más caros y una subida generalizada de precios).

Las primeras consecuencias del petróleo caro ya las estamos sufriendo en los carburantes, que suben desde marzo. La gasolina roza los 1,40 euros por litro (1,38 euros la semana pasada), el máximo desde hace tres años. Y el gasóleo ronda los 1,30 euros por litro (1,28 la semana pasada), el precio más alto desde diciembre de 2014. Con ello, llenar un depósito cuesta ahora entre 5 y 8 euros más que hace unos años, un dinero que las familias no podrán gastar en otra cosa. Y la subida del petróleo, si se mantiene, también subirán los precios del transporte (sobre todo, los billetes de avión), el comercio (sobre todo online, por encarecerse las entregas), la industria y los alimentos, haciendo subir el IPC (en vez del 1,6% podría acabar el año por encima del 2%), con lo que salarios y pensiones perderían poder adquisitivo. Y a las empresas les subirán los costes, con lo que se reducirán sus beneficios, salvo que recorten otros costes (salarios) o frenen inversiones y empleo.

La subida del petróleo encarece costes y precios y la consecuencia es que las familias consumen menos y las empresas venden e invierten menos, con lo que se reduce el crecimiento y el empleo. El propio Gobierno ha estimado que si el petróleo sigue en torno a los 80 dólares barril, la economía española crecería este año un 0,7% menos de lo previsto (2% en vez de 2,7%) y se crearían 150.000 empleos menos (unos 300.000). Y eso en un escenario “moderado”, sin “sustos” en Irán, Corea del Norte o Venezuela. Además, con menos crecimiento, habrá menos recaudación y no se podrá recortar tanto el déficit público. Y con menos empleo, habrá poco aumento de cotizaciones para pagar las pensiones.

Pero no sólo el petróleo juega en contra de la recuperación. Otra amenaza es la subida de los tipos de interés en Europa, que está a la vuelta de la esquina tras varios años de tipos 0 que han ayudado a España (uno de los países más endeudados del mundo) a salir de la crisis. Ahora, si el petróleo dispara la inflación, EEUU volverá a subir los tipos (quizás en junio, tras subirlos 6 veces desde diciembre 2015) y el BCE podría adelantar la subida prevista para dentro de un año, lo que supondría otro frenazo en el crecimiento, sobre todo para España (encarecería los intereses de la deuda pública y los créditos de empresas y familias). Una subida del 1,25% en el precio del dinero podría reducir el crecimiento del PIB un 1% a medio plazo, lo que supondría crear otros 125.000 empleos menos al año.

Y también juega en contra de España la debilidad de la recuperación en Europa, donde Alemania creció sólo un 0,3% en el primer trimestre (la mitad que en los anteriores) y Francia un 0,3% (también la mitad), mientras Reino Unido sufre ya las consecuencias del Brexit (con un exiguo crecimiento del 0,1%) e Italia (+03% crecimiento) está paralizada por su política interna y el extraño Gobierno que han formado, que ya encarece su deuda (y la de España), con peligro de detonar otra crisis del euro. Y todo ello puede frenar las exportaciones españolas, que ya han caído en marzo (-2,4%), afectadas por la atonía europea y el aumento del proteccionismo en el mundo (promovido por Trump). Y recordemos que las exportaciones han sido otro de los motores de la recuperación en España, junto al petróleo y los tipos.

Así que el problema no es sólo que suba el petróleo sino que lo hace cuando empiezan a subir los tipos de interés, se frena la economía europea y crecen las tensiones comerciales que dificultan las exportaciones. O sea, que los vientos que nos han favorecido estos años, “soplando a favor de la recuperación, soplan ahora de frente”, en contra. Y por si no fuera suficiente, estalla la crisis política en España, a raíz de la sentencia del caso Gürtel y la moción de censura presentada por el PSOE, que provocan una enorme incertidumbre económica, otra amenaza (interna) para la recuperación.

Antes de este "shock político", el Gobierno Rajoy no hacía caso al cambio en los "vientos exteriores" y seguía con su política favorita: “esperar y ver”. Pero habría que tomar medidas porque la subida del petróleo y el resto de la incertidumbre económica internacional nos afectan muy directamente, recortando el crecimiento y el empleo y empobreciendo a los ciudadanos, tanto a los trabajadores (salarios) como a los pensionistas, que volverán a perder poder adquisitivo este año. Por eso, Gobierno y “oposición” deberían acordar un Plan de choque, para empujar la economía desde dentro ahora que “vienen mal dadas” de fuera. Pero claro, "no está el patio para pactos", aunque la pelea política agrave aún más los problemas económicos externos.

Pero si pasa la tormenta política, quien gobierne y la oposición deberían impulsar cuanto antes medidas urgentes. El Plan de choque debería  empezar por recaudar más, para poder financiarlo. Y eso pasa por subir el IVA (como acaba de pedir el Banco de España), reduciendo los artículos que pagan sólo el 10% y el 4%,  y subir los impuestos a los carburantes (como llevan años pidiendo la Comisión Europea, la OCDE y el FMI), no sólo para recaudar más sino para reducir las emisiones de CO2 (que han subido un 7,4% en 2017). Con ambas medidas se podrían conseguir 4.000 millones extras en un año y dedicar esos recursos a aumentar las inversiones públicas que hacen falta (tecnología, formación, infraestructuras, digitalización, ayudas a la exportación), tratando así de mantener el crecimiento y el empleo. Y en paralelo, habría que forzar una mayor subida de salarios (en torno al 3%), para que no caiga tanto el consumo con la subida de precios. Y a medio plazo, plantearse un Plan de ahorro energético, para sustituir petróleo por otras energías (en el transporte, generación de electricidad y viviendas), para que los vaivenes del petróleo no nos hundan periódicamente la economía.

En resumen, que el petróleo y otros problemas exteriores van a frenar la recuperación y habría que intentar contrarrestarlo, no sentarse a ver cómo evoluciona el barril, los tipos de interés, Italia, Irán, Corea o las guerras comerciales. Algo se puede hacer aquí para “empujar a la economía desde dentro”. Para eso están el Gobierno, los políticos y las empresas. Aunque ahora estén todos "en otras cosas". Pero ojo: peligra la recuperación.

martes, 13 de octubre de 2015

Latinoamérica cae y España lo sufrirá


A todo el mundo le preocupa el “pinchazo” de China, pero pocos comentan que Latinoamérica ha caído en recesión, según confirmó la semana pasada el FMI. Hay tres países que decrecen, este año y en 2016: Brasil, Venezuela y Ecuador. Argentina está parada y en 2016 caerá en recesión. Y México y los países del Pacífico (Chile, Colombia y Perú) crecen poco, este año y el próximo. Este "pinchazo" de Latinoamérica, el continente que peor lo está pasandoafecta a España mucho más que el frenazo de China, porque somos el segundo país con más inversión allí y porque muchas de nuestras grandes empresas y bancos venden más en América Latina que en España. Así que mucho empleo y crecimiento aquí depende de que Latinoamérica se recupere, y más ahora que España crece menos. Y eso va a depender de lo que haga EEUU, del precio del petróleo y las materias primas y, sobre todo, de las recetas que ellos apliquen para salir de la crisis. Si siguen con los recortes, como ya han hecho México y Brasil, la economía latinoamericana podría tardar más en ponerse en marcha. Y eso retrasaría también nuestra recuperación.
 

enrique ortega


Latinoamérica sufrió la mayor de las crisis durante más de dos décadas, en los años 80 y 90.Pero a partir de 2003 inició una “década dorada”, con un fuerte crecimiento que sorprendió al mundo, máxime porque coincidió con el estallido de la crisis financiera en Estados Unidos. Latinoamérica sorteó esta crisis y en 2010 crecía al 6,1%, mientras USA, Europa y Japón salían débilmente de la recesión. El tirón del continente latinoamericano duró hasta 2013 (crecimiento medio del 4% en esa “década prodigiosa”) pero empezó a enfriarse en 2014, con un crecimiento ya de sólo el 1,3%. Y este año 2015 ha empeorado  la situación : Latinoamérica ya no crecerá un 0,5%, como preveía el FMI en julio, sino que caerá un -0,3 % en 2015. Y sólo crecerá un 0,8% en 2016.

La Cumbre del FMI, celebrada la semana pasada en Lima, agravó los peores pronósticos sobre Latinoaméricaes el continente con peores expectativas (caerá un -0,3% )en un mundo con una economía aún débil, que sólo crecerá un 3,1% en 2015 (el más bajo en los últimos 6 años). Y eso porque la mitad de Latinoamérica está en recesión, este año y el que viene. De hecho, América del Sur caerá un -1,5% este año y un -03% en 2016, según las previsiones del FMI. Y eso porque Brasil, la octava economía del mundo, decrecerá en 2015 (-3%) y en 2016 (-1%), al igual que Venezuela (en recesión en 2014,2015 y 2016) y Ecuador (-0,6% y 0,1%), mientras Argentina, estancada este año (+0,4%) retrasa su recesión a 2016 (-0,7%). El otro gigante de Mercosur, México crece poco (+2,3 y +2,8%), mientras los principales países de la Alianza del Pacífico (Chile, Colombia y Perú), que habían sorprendido por su fuerte crecimiento en la última década, tendrán crecimientos más modestos, del 2,3 al 3%. Sólo América central, con poco peso económico, crece y crecerá en torno al 4%.

La recesión de medio continente y el frenazo del resto se deben sobre todo al desplome en el precio de las materias primas, acelerado por la caída del comercio mundial en el último año. El precio del petróleo, clave para países como México, Venezuela, Brasil, Colombia o Ecuador, cayó un 46% sólo en 2014 y sigue sin recuperarse. La soja (clave para Brasil, Argentina, Paraguay y Uruguay) se depreció un 22% y también cayeron los precios de muchos alimentos (un 17%) y de los minerales, en especial el cobre (clave para Chile y Perú, que han sufrido una caída del precio del 17%) y del mineral de hierro (clave para Brasil, al que le han caído los precios un 17%). Esta caída de precios ha recortado los ingresos por exportaciones y los ingresos públicos, depreciando las monedas. Y la fortaleza del dólar ha disparado la inflación, forzando al alza los tipos de interés (14% en Brasil), lo que debilita el crecimiento. Y en este contexto, el consumo y la confianza se han debilitado y también la inversión, con la fuga de capitales hacia Estados Unidos y el dólar.

La puntilla a este preocupante panorama en Latinoamérica se la dio China en agosto, al dar señales de debilitamiento en su crecimiento y en sus compras al exterior. Y eso porque China es clave para Latinoamérica, sobre todo para Brasil, Chile y Argentina, por tres razones: por sus enormes compras, por su ingente inversión en el continente (se ha multiplicado por diez en la última década) y porque son el banquero de Latinoamérica, prestando 20.220 millones de euros sólo en 2014, más que el Banco mundial y el Interamericano de Desarrollo (BID) juntos. Así que el pinchazo de China agrava el estancamiento de Latinoamérica.

La situación más preocupante es la de Brasil, la octava economía mundial, que lleva dos trimestres con la economía cayendo (-0,7% y -1,9%) y donde las previsiones son aún más negativas: el FMI cree que caerá este año un -1,5% (para crecer un 0,7% en 2016) y la OCDE estima incluso que caiga  más este año (-2,8%) y también el próximo (-0,7%). No están ayudando los graves problemas de corrupción y la crisis política, agravados por la decisión de Standard&Poors de declarar a la deuda de Brasil como “bono basura”, lo que dificulta y encarece su financiación y promueve la fuga de capitales. Mientras, el Gobierno se ve obligado a hacer recortes y mantener tipos altos para frenar el creciente déficit y la inflación. La recesión de Brasil afecta muy especialmente a Argentina, su principal socio comercial, que ve  recortar sus exportaciones mientras se devalúa su moneda y crece su déficit público, problemas agravados por la incertidumbre electoral ante los comicios de octubre. Y Venezuela, que lleva en recesión desde 2014, agrava su crisis (el FMI cree que el PIB caerá el 7% este año), por el desplome del crudo y los precios disparados (inflación superior al 100%).

México, el otro gigante de Latinoamérica, no está en recesión pero crece poco, el 2,4% este año según el FMI (que en primavera apostaba por un crecimiento del 3%). Sufre especialmente el desplome del crudo (aporta un tercio de sus ingresos públicos) y el bajo crecimiento hasta ahora de EEUU, donde van el 80% de sus exportaciones. Pero sobre todo, los recortes y subida de impuestos hechos por el Gobierno (2015 y para 2016) han frenado el consumo y restan confianza en el futuro, de los ciudadanos y los inversores. Y en los tres “tigres del sur”, Chile, Perú y Colombia, no hay crisis pero el crecimiento se ha ralentizado.

Latinoamérica es sólo el 10% de la economía mundial, por lo que su estancamiento preocupa menos que el de China (17% del PIB mundial) o el de Europa (20% PIB mundial). Pero para España, es mucho más preocupante la crisis de Latinoamérica que la de China. Primero, porque España es el segundo mayor inversor extranjero en Latinoamérica (sólo por detrás de EEUU), con 135.000 millones de euros (un tercio de la inversión española en el exterior), concentrados en Brasil (43% del total), México (20%), Chile (10%), Argentina (5,1%), Colombia (4,8%), Venezuela (4,2%) y Perú (3,4%). Y segundo, porque muchas grandes empresas y bancos españoles tienen una enorme presencia en el continente y ya hay 150 grandes empresas españolas que venden más en Latinoamérica que en España, entre ellas Telefónica, Banco Santander, BBVA, Mapfre o Gas Natural Fenosa. Y para otras, como Repsol, Iberdrola, Indra, Abertis o Día son mercados claves.

Por ello, debería preocuparnos que Latinoamérica se estanque, porque de ese continente depende mucho empleo y crecimiento en España. De momento, la crisis está afectando a las grandes empresas y bancos españoles a través de la depreciación de las monedas: el real brasileño (ha caído un 25% respecto al euro), el peso argentino o mexicano valen menos y por ello, nuestras empresas y bancos ingresan menos en euros o en dólares. Y además, como un 6% de nuestras exportaciones van a Latinoamérica (2015), afectará  a muchas empresas españolas que ahora los latinoamericanos compren menos, sobre todo los países a los que más vendemos: México (1,8% exportaciones españoles), Brasil (1,1%) y Argentina (0,6%).

En definitiva, que cada vez que oigamos hablar de Latinoamérica y su crisis, pensemos que nos toca muy de cerca, por lo que hay que estar muy pendiente de su futuro. Todo apunta a que no saldrán del bache hasta 2017 y eso va a depender de varios factores externos e internos. Fuera será clave lo que haga Estados Unidos (si crece más, ayudará a la recuperación de México y Centro América) y la subida de tipos que se anuncia para diciembre en USA: podría afectar negativamente a Latinoamérica, al depreciar más sus monedas y agravar la fuga de capitales. Los precios del petróleo y las materias primas no van a mejorar en el corto plazo, según el FMI, con lo que por aquí no habrá ayuda. Y será decisivo lo que haga China, clave para la recuperación del continente.

A nivel interno, Latinoamérica está ahora más saneada que en los años 80 y 90, con lo que esta crisis no debería ser tan dura ni larga como la de entonces. Por un lado, la mayoría de su deuda está en moneda local (69%), no en dólares, con lo que una revalorización del dólar como la que se espera en 2016 no debería costarles muchos más intereses (aunque sin duda elevará los tipos en el continente). Además, todos los países han acumulado muchas reservas de divisas y están económicamente más saneados, tras el fuerte crecimiento de la pasada década y haber sacado de la pobreza a 60 millones de latinoamericanos. Pero el desplome de los precios de las materias primas les ha hecho enormes agujeros en sus finanzas públicas, que ahora tienen que tapar. Y eso puede obligarles a recortes y subidas de impuestos, como los que ya han hecho México y Brasil, que hundirán más sus economías, como ha pasado en España y en la Europa del sur con la austeridad.

Latinoamérica tiene que ajustar sus cuentas y sus economías, al haber caído sus ventas y sus ingresos, pero ha de hacerlo de forma gradual si no quiere acelerar la recesión, como ya se ve en Brasil y en México. El FMI les ha recomendado aumentar las inversiones públicas en infraestructuras y en educación, para compensar el frenazo de los recortes y hacer más competitivas sus economías. Además, ahora la democracia se ha impuesto en Latinoamérica y si el ajuste no se hace con tino, los conflictos sociales agravarán aún más la crisis.

Que Latinoamérica acierte en las recetas para salir de la crisis es clave para España y para la recuperación de nuestras empresas, nuestra economía y el empleo aquí. Sobre todo ahora que España crece algo menos (0,8 décimas en el tercer trimestre, dos décimas menos que en primavera) y Europa no despega (ha vuelto la inflación negativa, síntoma de una economía débil). Hay que aguantar el tirón y seguir allí, con las inversiones de nuestros bancos y empresas.Y tratando exportar más (ahora vendemos a toda Latinoamérica menos que a Portugal). Y eso, por dos razones. Una, porque Latinoamérica es la región del mundo con más potencial a medio plazo: tienen energía, agua, alimentos, grandes superficies cultivables, materias primas y una población joven con gran potencial consumidor. Y otra, porque España tiene una ventaja comparativa (idioma, cultura, presencia inversora y empresarial) para aprovechar mejor que nadie este potencial cuando Latinoamérica salga del bache, quizás en 2017. Van a necesitar de todo y España puede ser su principal socio si apostamos por seguir allí y salir de la crisis con ellos.  Así que hay que estar muy pendientes del continente y seguir haciendo las Américas.

jueves, 9 de octubre de 2014

Latinoamérica se resfría (y nos contagia)


Nos crecen los enanos. En el último mes, sufrimos los temores de una tercera recesión en Europa. Y ahora, se desinfla Latinoamérica, donde muchas grandes empresas españolas venden ya más que en España. Primero fue la crisis de Argentina y ahora es Brasil, el gigante latinoamericano, el que está en recesión, lo mismo que Venezuela. Y tanto México como Chile apenas crecen. Todo apunta a que el continente sudamericano estará estancado este año y el que viene, afectado por el poco crecimiento de China y EEUU, la caída de precios de las materias primas y un menor consumo, tras los años del boom. Y esto afecta mucho a España, sobre todo a nuestros bancos y grandes empresas, porque somos el segundo inversor en la región, tras USA. Si Latinoamérica crece menos, España también. Pero hay que aguantar el tirón y mantener posiciones allí, para cuando se recuperen en 2016, porque es una apuesta clave para nuestro crecimiento y empleo futuros. Somos latinoamericanos.
 
enrique ortega

En Latinoamérica se acabó lo bueno, la década dorada iniciada en 2003, tras veinte años de dura y larga crisis. Tras crecer un 4,1% de media entre 2005 y 2009 y un 6% en 2010, se bajó el pistón en 2011 (+4,6%) y se entró en 2012-2013 en un bienio de bajo crecimiento (+2,9 y +2,6%), que se deteriorará más este año 2014, en que el FMI apuesta por un crecimiento de sólo el +1,3% para Latinoamérica, la mitad que en 2013 y la tercera parte que en los buenos tiempos. Y auguran que en 2015 seguirán “estancados” (+2,2%), con la esperanza de despegar en 2016.

Las grandes economías de Latinoamérica están aún peor. Brasil, la sexta economía del mundo (tras superar en 2011 a Reino Unido) ha entrado en recesión (-0,2% en el primer trimestre y -0,6% en el segundo), tras la resaca del Mundial de fútbol: el consumo privado y público (grandes inversiones en infraestructuras) se ha agotado, dejando una estela de enorme deuda (pública y privada), empeorada por la alta inflación y la ralentización de las exportaciones, sobre todo a China, USA y Europa. Argentina, su vecino y principal vendedor, sufrirá más que nadie esta crisis brasileña, con una economía impactada por los problemas de la deuda, la devaluación del peso y la alta inflación (31%), mientras caen el consumo y las exportaciones. Y el FMI acaba de vaticinar que Argentina   estará en recesión este año (-1,7%) y el próximo(-1,5%). México apenas crece (+1,8%), mientras la reforma fiscal retrae el consumo junto a las menores compras USA. Y lo mismo Chile (+2% en julio), afectado por la caída del consumo y del precio del cobre. Y Venezuela estará también este año y el próximo en recesión. Sólo se salvan de la crisis Colombia (aspira a superar a Argentina como tercera potencia regional) y Perú, la economía que más crece.

Al final, en Latinoamérica hay dos bloques económicos que van a dos velocidades. Uno, Mercosur (creado en 1991), integrado por Brasil, Argentina, Uruguay, Paraguay, Bolivia  y Venezuela, que han avanzado poco en su integración comercial y son más proteccionistas frente al exterior, con unas economías estancadas, que apenas van a crecer este año (+1,1%) y en 2015 (+1,5%). El otro bloque, la Alianza del Pacífico, integrado por México, Chile, Colombia y Perú, ha avanzado mucho en su integración comercial y en la liberalización frente a terceros países (USA, UE y Asia), y están creciendo más, tanto este año (+3,3%) como el que viene (+4%). Los inversores y empresas extranjeras apuestan más por los países de la Alianza del Pacífico, porque creen que tienen más potencial a medio plazo y porque les gustan más sus políticas económicas, más “liberales” y menos intervencionistas que las de Mercosur (donde no les gustan los tintes socializantes y populistas).

En cualquier caso, la crisis de toda Latinoamérica está ahí y afecta muy seriamente a España, el segundo inversor en el continente, tras EEUU: la inversión neta española en Latinoamérica asciende a 131.853 millones de euros, un 35% de toda nuestra inversión en el mundo, dirigida sobre todo a las finanzas, telecomunicaciones, energía, infraestructuras y servicios. Y las dos terceras partes se concentran en cuatro países: Brasil (tiene la mitad de toda la inversión española en Latinoamérica), México (18,7%), Argentina y Chile. Aunque desde 2005 se ha ralentizado la inversión española, se ha reanimado en 2013 y 2014, según un estudio de IE Business School, debido a la llegada de nuevas empresas a Colombia y Perú, los “países de moda” en el continente.

De momento, las grandes empresas con presencia en Latinoamérica ya están sufriendo la crisis de Brasil, Argentina, México y Chile por las menores ventas (al caer el consumo) y la devaluación de las divisas (peso argentino y mexicano, real brasileño y nuevo sol peruano), que ha afectado a sus cuentas de 2014, sobre todo a Telefónica, bancos, eléctricas y constructoras. Y es que hay 150 grandes empresas españolas que ya venden más en Latinoamérica que en España. Sólo las 35 empresas del IBEX, facturan allí un tercio de sus ventas totales, que representan un 25% de los beneficios. Y mucho más para algunas: Banco Santander (51% beneficios vienen de Latinoamérica), Telefónica (51% ingresos y 46% beneficios), Endesa (42% beneficios) OHL (40%), BBVA (22% beneficios), Repsol (19% ingresos), Iberdrola (15% beneficios), Mapfre (37,5% primas), Indra (29%), Abertis (22%), Gas Natural (26%), Prosegur (27%), Sacyr (25%)…

La otra vía por la que nos afecta la crisis de Latinoamérica es que ahora les vendemos menos: nuestras exportaciones al continente (8.128,5 millones enero-julio 2014) han caído un -8,6%, especialmente las ventas a Brasil (-14,7%), Chile (-16,7%) y Venezuela (-44,3%), aunque han crecido a México (+8,5%) y a Argentina (+6,8%). Con todo, España está comercialmente muy lejos de Latinoamérica, ya que sólo representa un 5,8% de nuestras exportaciones, un porcentaje mínimo para nuestra penetración inversora. Baste decir que exportamos más a Portugal que a toda Latinoamérica. Y que vendemos más a Canadá, India o Noruega que a Argentina, por poner otro ejemplo significativo.

Ahora queda ver si este enfriamiento de Latinoamérica y la recesión de Brasil, Argentina y Venezuela mejoran o se agravan en los próximos meses, por culpa del débil crecimiento económico mundial, debido al bajo crecimiento USA (+1,7% en 2014, según el FMI), al estancamiento de Europa (quizás crezca menos del 1%) y al menor crecimiento de China (sus compras son claves para Latinoamérica). Otro factor negativo es la retirada de estímulos en EEUU para 2015, lo que hará subir los tipos y el dólar, provocando una fuga de inversores y capitales de Latinoamérica a USA, que debilitará más las monedas latinoamericanas y sus déficit exteriores. Con todo, el mayor riesgo es que distintos países y nuevos gobernantes (hay varias elecciones de aquí a un año) caigan en la tentación de aplicar ajustes y recortes en sus economías, una receta que frenaría más el consumo, las inversiones y el crecimiento, agudizando la recesión, como ya pasó en Latinoamérica en los años 80 y 90. Ahora, sus economías están más saneadas, con menos déficits, y por tanto deberían aplicar reformas pero también medidas para fomentar el consumo y la inversión y reanimar el débil crecimiento.

Para España, que Latinoamérica se desinfle es una mala noticia, que no ayuda a la recuperación (máxime cuando Europa sigue estancada, como reconoce Draghi). Pero hay que aguantar el tirón y seguir allí, con las inversiones de nuestros bancos y empresas y tratando de exportar más. Por dos razones. Una, porque es la región del mundo con más potencial a medio plazo: tienen energía, agua, alimentos, grandes superficies cultivables, materias primas y una población joven que está saliendo de la pobreza (lentamente). Y otra, la fundamental, porque España tiene una ventaja comparativa (idioma, cultura, presencia) para aprovechar mejor que nadie ese potencial cuando Latinoamérica salga del bache, probablemente en 2016. Van a necesitar de todo y España puede ser su principal socio, si seguimos apostando por estar allí y salir de esta crisis con ellos. Pero hay una tercera razón: sin Latinoamérica, nuestras empresas no pueden mantener las ventas y el empleo (y menos crecer y aumentar plantillas). Así que hay apechugar con su resfriado y  contagiarse lo menos posible. Y seguir haciendo las Américas.