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jueves, 2 de julio de 2026

España "low cost": crece con baja productividad

Se ha puesto de moda hablar de España como una economía de bajo coste (“low cost”), que compite y crece gracias a sus bajos salarios y energía barata más que por su innovación y productividad, de las más bajas de Europa. Este modelo de crecimiento, junto a la inmigración, ha permitido que España crezca los últimos 5 años más que Europa, pero esto esconde una realidad: en el PIB por habitante, lo que marca la competitividad de un país y su renta, ocupamos el puesto 15 en el ranking de la UE-27. A lo claro: hay 14 paises europeos más productivos y más ricos, algo que lleva pasando décadas. La culpable es esa baja productividad española, que impide mejorar salarios y rentas. Para converger con la mayoría de Europa, el Consejo de Productividad propone aumentar el tamaño de las empresas, gastar más en tecnología, aumentar la inversión privada, mejorar la formación y la organización de las empresas. Crecer sí, pero siendo más productivos para vivir mejor.

                             Enrique Ortega

La OCDE ha sido la última organización en pronosticar, este mes de junio, que España crecerá este año un +2,2%, casi el triple que la eurozona (+0,8%) y más incluso que Estados Unidos (+2%). De confirmarse, será el 6ª año consecutivo (de 2021 a 2026) en que España crece más que el resto de Europa, empujados por el turismo, el consumo privado, los inmigrantes y las exportaciones, sin olvidar los Fondos europeos. Pero lo importante para un país no es sólo lo que crezca su PIB (somos el 4º país con el PIB más alto, tras Alemania, Francia e Italia) sino lo que aumente su PIB por habitante, el indicativo de la productividad de un país y, en consecuencia, de su nivel de vida. Producimos mucho más cada año, pero con 3.326.100 trabajadores más que en 2019. Ahí está “el truco”. 

Y aquí, en el PIB por habitante, España ha vuelto a “pinchar” en 2025, según los datos de Eurostat: somos el país nº 15 en el ranking europeo de producción por habitante real (descontando la inflación), con 38.272 euros por habitante, el 92% del PIB por habitante real de la UE-27 (41.600 euros). Y estamos por detrás de la producción por habitante de Luxemburgo (239% del PIB per cápita europeo), Irlanda (238%), Paises Bajos (133%), Dinamarca (127%) o Austria (118% del PIB habitante europeo), paises mucho más pequeños que España pero más productivos y que por eso tienen más renta y mejores salarios. También estamos por detrás del PIB por habitante real de Alemania (115% de la media UE-27), Bélgica (114%), Suecia (111%), Malta (110%) o Finlandia (101%), que cierran la lista de los 10 paises europeos con un PIB por habitante superior a la media UE-27. Les siguen Francia y Chipre (98% del PIB por habitante europeo), Italia (96%) y Chequia (92%). Y a continuación, en el puesto 15º se encuentra España, con el 92% del PIB por habitante europeo. Un nivel y un puesto similar a los de 2023 (91%) y 2024 (92%), que cayó del 90% entre 2020 y 2022 por la pandemia y que está por debajo de la media desde 2010 (96%).

¿Por qué somos menos productivos y por tanto menos ricos que 14 paises europeos? Básicamente, hay 2 causas “de fondo” que lo explican: en España trabaja menos gente que en la mayoría de Europa y trabajan peor, con menos eficacia y productividad. Veámoslo.

Primero, trabaja menos gente, hay un porcentaje menor de personas en edad de trabajar que están ocupadas y creando riqueza (PIB). La tasa de empleo en España (porcentaje de personas de 20 a 64 años ocupadas) era, en marzo de 2026, del 72,7%, frente al 76,3% en la UE-27, el 81,5% en Alemania y el 75,2% en Francia, según Eurostat. Y sube al 83,3% en Paises Bajos, al 79,4% en Irlanda, al 82,2% en Suecia o al 83,4% en Malta, paises con más PIB por habitante que España (mientras es más baja en Italia, el 68%). Este bajo nivel de empleo tiene mucho que ver con nuestro modelo de crecimiento, basado en los servicios y el turismo, en empresas más pequeñas, con poca tecnología y exportación, que crean menos valor añadido y menos empleo. Ojo: si España tuviera la tasa de empleo de la UE-27, tendríamos 1.026.000 personas más trabajando (y aumentando nuestro PIB y nuestra renta, también el PIB por habitante). Y si tuviéramos la tasa de empleo de Alemania, en España trabajarían 2,5 millones más. Y con ello, aumentaría el numerador del PIB por habitante (PIB producido /habitante) y seríamos más productivos y más ricos.

Segundo, los españoles que trabajan lo hacen “peor”, son menos eficientes. Un dato lo resume bien: en la eurozona, cada hora trabajada aporta 61 dólares al PIB, frente a 53 dólares en España (-13,11%), según la OCDE. Y esa menor productividad en España acumula una caída del -7,3% del año 2.000 al 2022, mientras en Estados Unidos creció un +15,5%, en Alemania un +11,8% y en Francia un +0,8%, bajando también en Italia (-5,1%), según un reciente estudio de la Fundación BBVA e Ivie. De hecho, nuestra baja productividad es un problema que arrastramos hace décadas y que nos sitúa en el puesto 39º del ranking mundial de competitividad 2025 publicado por el Foro Económico Mundial, por detrás de la competitividad de 19 paises europeos: Suiza (1º del ranking mundial), Dinamarca (4º), Irlanda (7º), Suecia (8º), Paises Bajos (10º), Noruega (12º),Finlandia (14º), Islandia (15º), Alemania (19º), Luxemburgo (20º), Lituania (21º), Bélgica (24º), Chequia (25º), Austria (26º), Reino Unido (29º), Francia (32º), Estonia (33º), Portugal (37º) y Letonia (38º).

Recientemente, el nuevo Consejo de Productividad de España ha elaborado su primer informe, donde destaca que la baja productividad de España es un problema endémico, que arrastramos desde finales del siglo XIX. Así, entre 1890 y 1994, el PIB per cápita creció en España un +1,8% anual, frente al +2% que creció en Europa y el +2,2% en EEUU. Y entre 1995 y 2022, el PIB per cápita creció en España el +0,8% anual, también por debajo del +0,9% que aumentó en la UE-27 y el +1,3% que creció anualmente en EEUU. Eso sí, entre 2022 y 2025, la productividad por hora trabajada en España crece el doble (aunque poco: el +1% anual) que entre 2014 y 2019 (+0,5%), aunque los datos de Eurostat señalan que la productividad española crece entre un 10% y un 15% por debajo UE-27.

El informe del Consejo de Productividad señala dos problemas. Uno, la baja productividad española. Y el otro, que las mejoras de productividad están mal repartidas y los trabajadores se llevan (en sus sueldos) la menor parte. Entre 1999 y 2017, la productividad por hora trabajada creció un 95% acumulado, pero la remuneración por hora (sueldo) sólo creció un 3%. Y entre 1999 y 2024, la productividad por hora trabajada ha crecido un 13%, mientras la remuneración por hora trabajada (sueldos) ha crecido un 11%. Resultado: el trozo de pastel de los salarios en el reparto de la productividad es hoy inferior al de 2019. Y lo más preocupante: los salarios reales (descontando la inflación) apenas han crecido en España en los últimos 25 años. Así que crecemos, pero la mayoría de los trabajadores no lo notan.

¿Por qué España sigue teniendo una baja productividad? El Consejo señala los dos factores que lo explican: la baja inversión en tecnología e innovación y una estructura productiva centrada en sectores poco productivos, como los servicios, el turismo, el comercio o la agricultura. Y señala otra debilidad de la economía española: la baja inversión, sobre todo privada, que ha crecido menos que en Europa (que a su vez invierte también menos que EEUU, lo que explica su menor productividad). Y también destacan otros factores que bajan la productividad : la escasez de mano de obra, la falta de competencia, el exceso de burocracia y las 17 normativas autonómicas, los impuestos y la normativa laboral.

Otros expertos señalan tres factores claves que explican nuestra baja productividad. El primero, el menor tamaño de nuestras empresas, el exceso de pymes. En 2025, las estadísticas oficiales registraban casi 3 millones de empresas, de las que sólo 6.019 eran grandes (0,2% con más de 250 trabajadores), 27.673 eran medianas (0,8%) y el resto (99%) eran pequeñas: 175.597 tenían entre 10 y 49 trabajadores y 1.140.107 tenían de 1 a 9 trabajadores (la gran mayoría, el 84,5% de las pequeñas), siendo el resto (1.614.187) empresas registradas por autónomos sin asalariados. La estructura es similar a la del resto de Europa, donde hay también un 0,2% de grandes empresas (salvo en Francia, centro Europa y Alemania, donde hay un 0,7% de empresas grandes, 25.000 en Alemania), aunque tienen más empresas medianas (el 0,93%) y casi idéntico porcentaje de pequeñas (98,87%).

El problema de tener demasiadas pymes es que suelen ser menos competitivas que las medianas y grandes empresas, exportan, invierten e innovan menos, tienen más dificultades para financiarse y, sobre todo, crean menos empleo. El dato aportado por Funcas es muy llamativo: de los 2.496.400 nuevos empleos creados tras la pandemia (2020-2025), más de dos tercios (el 68,7%) lo han creado las grandes empresas (con más de 250 trabajadores), mientras las microempresas (1 a 9 trabajadores), que son la mayoría (84,5%) sólo han creado el 1,5% de los nuevos empleos. También pasa en Europa, donde las grandes empresas (el 0,2% del total) mantienen el 37% del empleo total, mientras las medianas mantienen el 15% y el resto de pymes acapara el 48% del empleo total.

La 2ª causa que explica nuestra menor productividad es la falta de tecnología e innovación en las empresas. En España, el gasto en I+D+i fue del 1,50% del PIB en 2024, frente al 2,25% en la UE-27. Pero la mayor “brecha” con Europa se da en la inversión tecnológica de las empresas: en España invierten el 0,7% del PIB mientras en Europa invierten una proporción doble, el 1,48% del PIB. Además, esta imprescindible inversión empresarial en I+D+i se concentra en las grandes empresas, que suponen dos tercios de la inversión tecnológica privada. En definitiva, las pymes invierten poco en tecnología e innovación y eso frena su productividad, lo mismo que su menor internacionalización (pocas pymes exportan) y la mayor dificultad que tienen para financiarse.

El tercer factor clave que reduce nuestra productividad es la menor inversión en España. En los últimos años, la inversión total se ha estancado (14,8% del PIB en 2025, casi igual al 14,7% que invertíamos en 2019) y sigue por debajo de la inversión en Europa (16,1% del PIB) y en  Estados Unidos (17,4% del PIB), según Funcas, aunque debería haber repuntado mucho más por el aluvión de Fondos europeos. Esta baja inversión, en España y en Europa, explica en buena medida la menor competitividad frente a EEUU y China, según el informe Draghi, y “limita la capacidad del país para aumentar su productividad y cerrar la brecha de renta per cápita con los países más avanzados de la eurozona”, según BBVA Research.

Hay un 4º factor que explica también nuestra baja productividad: la menor formación de los trabajadores españoles y sus jefes. Hay pocos trabajadores con formación tecnológica y capacidades digitales. En paralelo, muchas empresas adolecen de capacidades gerenciales y hay empresarios que gestionan sin la suficiente formación y sin capacidad de organizar equipos, apoyados en el “ordeno y mando”. Otras causas se atribuyen a factores institucionales: demasiada economía sumergida (¿20%?), excesiva dependencia de las empresas del crédito bancario (más que en el resto de Europa ), mucha  burocracia (sólo en 2024, el Estado y las autonomías aprobaron más de 1.000 nuevas normas), barreras de entrada sectoriales y territoriales que reducen la competencia, dispersión normativa en 17 autonomías y dificultades regulatorias y fiscales para que las pymes aumenten de tamaño y superen los 50 trabajadores…

En definitiva, que hay muchos cambios estructurales que hacer para conseguir que no sólo crezcamos mucho sino que produzcamos más por trabajador, que seamos más eficientes y productivos, la verdadera clave para mejorar los salarios y nivel de vida, para acercarnos más a la Europa rica del centro y norte del continente. El Consejo de la Productividad propone maximizar los incentivos a la innovación tecnológica, apoyar la transformación digital y energética, mejorar la formación de los trabajadores y la inversión en educación, aumentar el tamaño de las empresas, aumentar la inversión y reducir barreras a las nuevas empresas. Y recuerdan: la mejora de la productividad es la base de un crecimiento que permite aumentar la renta per cápita y mejorar los salarios reales, estancados desde hace 30 años.

Ya sabemos lo que pasa, por qué España tiene los salarios más bajos de Europa y un nivel de vida inferior a 14 paises europeos, muchos de ellos más pequeños. Y tenemos una hoja de ruta para mejorar esta situación, con el gran objetivo de mejorar la productividad. No podemos seguir con una economía “low cost”, que compita en Europa y el mundo con bajos salarios y costes de la energía, con pequeñas empresas con poco capital y poca inversión. No podemos seguir compitiendo por precio, como la China de Europa: necesitamos dar un salto cualitativo y competir con productos de mayor valor añadido, con más tecnología e innovación, con empresas más grandes, más internacionalizadas y que inviertan más en el futuro. Hay que mirar no sólo que crezcamos más sino que crezcamos siendo más productivos. Sólo así mejorarán nuestros bajos salarios y aumentará nuestro nivel de vida. Ser más productivos debería ser el gran objetivo nacional a medio plazo. Para todos.

jueves, 26 de marzo de 2026

Necesitamos empresas más grandes

Las pymes disfrutan en España de una excelente imagen pública, mejor que las grandes empresas. Pero lean este dato: de los 2,5 millones de empleos creados desde 2020, casi el 70% lo han creado las grandes empresas, mientras las micropymes (1 a 9 trabajadores) sólo han creado el 1,5% del nuevo empleo. Y esto es preocupante porque sólo un 0,2% de las empresas españolas son grandes (más de 250 trabajadores) y el 90% son pymes con menos de 50 empleados. Los estudios demuestran que las grandes empresas son más competitivas, exportan más, tienen más innovación y tecnología y crean más empleo estable y mejor pagado. Y que una de las causas de que España tenga menos productividad es que tenemos demasiadas pymes. Por eso, Europa, que también tiene muchas pymes, busca apoyar a las empresas medianas para que ganen tamaño y competitividad. En España se aprobó en 2022 la Ley Crea y Crece, para facilitar la creación de empresas y aumentar su tamaño. Porque el tamaño importa y mucho.

                             Enrique Ortega

España ha crecido en los últimos 5 años (de 2021 a 2025) más que la media europea y más que Alemania, Francia o Italia. Y se ha consolidado como la 4ª potencia económica de la Unión Europea, con una producción (PIB) de 1.685.783 millones de euros en 2025, sólo por detrás de Alemania (4.469.910 millones), Francia (2.979.085 millones) e Italia (2.258.049 millones), aunque somos la 5ª economía europea si contamos a Reino Unido (3.545.339 millones de PIB). Y las tres economías que nos siguen quedan todavía lejos: Paises Bajos (1.179.660 millones € de PIB), Polonia (918.464 millones) y Bélgica (641.893 millones).

Pero este dato del PIB total es engañoso, porque unos paises tienen más población que otros. Por eso, lo relevante es lo que produce cada país por habitante, el verdadero indicador de la productividad y renta de cada país. Y con este dato, nuestra  posición cambia drásticamente: España produjo 28.310 euros por habitante en 2025 (ajustado con la inflación), el 83% del PIB real per cápita de la UE-27, que fue 34.100 euros, según acaba de publicar Eurostat

Y si ajustamos este PIB por habitante con el poder de compra de cada país (PPA), la producción real por habitante, España salta del 4º al 15º puesto de la UE-27, según publica hoy Eurostat, porque hay 14 paises más productivos (PIB real per cápita) que España (92% del PIB real UE-27): Luxemburgo (239% del PIB por habitante europeo), Irlanda (237%), Paises Bajos (134%),  Dinamarca (127%), Austria (117%), Bélgica (115%), Alemania (115%), Malta (110%),  Suecia (110%), Finlandia (101%), Francia (98% del PIB real comunitario), Chipre (98%), Italia (96%) y Chequia (92% del PIB por habitante real UE). España baja un puesto en este ranking (nos adelanta Chequia) y mantiene el porcentaje del 92% del PIB por habitante de 2024, que empezó en el 76% en 1986 (al ingresar en la CEE), subió del 100% entre 2002 y 2009, bajó hasta el 83% en 2020 (pandemia) y se recupera hasta el actual 92% del PIB por habitante europeo.

Este es el dato importante para comparar la productividad entre paises y el que explica la diferencia entre nuestra renta y nuestros salarios y los de otros paises europeos con mayor productividad y mejor nivel de vida. Así que crecemos mucho, más que el resto, pero también ha crecido mucho nuestra población (somos 2,5 millones más que en 2019, básicamente por los inmigrantes), con lo que se mantiene una “brecha”, una distancia con Europa en nuestro PIB real por habitante (era el 83,45% en 2019 y el 83,02% ahora).

¿Por qué somos menos productivos y por tanto menos ricos que 14 paises europeos? Básicamente, hay 2 causas “de fondo” que lo explican: en España trabaja menos gente que en la mayoría de Europa y trabajan peor, con menos eficacia y productividad. Veámoslo.

Primero, trabaja menos gente, hay un porcentaje menor de personas en edad de trabajar que están ocupadas y creando riqueza (PIB). La tasa de empleo en España (porcentaje de personas de 20 a 64 años ocupadas) era, a finales de 2025, del 72,4%, frente al 76,2% en la UE-27, el 81,4% en Alemania y el 75,5% en Francia, según Eurostat. Y sube al 83,4% en Paises Bajos, al 80,2% en Irlanda, al 81,8% en Suecia o al 83,6% en Malta, paises con más PIB por habitante que España (mientras es más baja en Italia, el 67,6%). Este bajo nivel de empleo tiene mucho que ver con nuestro modelo de crecimiento, basado en los servicios y el turismo, en empresas más pequeñas, con poca tecnología y exportación, que crean menos valor añadido y menos empleo. Ojo: si España tuviera la tasa de empleo de la UE-27, tendríamos 1,12 millones de personas más trabajando (y aumentando nuestro PIB por habitante y nuestra renta). Y si tuviéramos la tasa de empleo de Alemania, en España trabajarían 2,7 millones más. Y con ello, aumentaría el numerador del PIB por habitante (PIB producido /habitantes) y seríamos más productivos y más ricos.

Segundo, los españoles que trabajan lo hacen “peor”, son menos eficientes. Un dato lo resume bien: en la eurozona, cada hora trabajada aporta 61 dólares al PIB, frente a 53 dólares en España (-13,11%), según la OCDE. Y esa menor productividad en España acumula una caída del -7,3% del año 2.000 al 2022, mientras en Estados Unidos creció un +15,5%, en Alemania un +11,8% y en Francia un +0,8%, bajando también en Italia (-5,1%), según un reciente estudio de la Fundación BBVA e Ivie. De hecho, nuestra baja productividad es un problema que arrastramos hace décadas y que nos sitúa en el puesto 39º del ranking mundial de competitividad 2025 publicado por el Foro Económico Mundial, por detrás de la competitividad de 19 paises europeos: Suiza (1º del ranking mundial), Dinamarca (4º), Irlanda (7º), Suecia (8º), Paises Bajos (10º), Noruega (12º),Finlandia (14º), Islandia (15º), Alemania (19º), Luxemburgo (20º), Lituania (21º), Bélgica (24º), Chequia (25º), Austria (26º), Reino Unido (29º), Francia (32º), Estonia (33º), Portugal (37º) y Letonia (38º).

¿Por qué España tiene menos productividad? La causa que siempre se argumenta es nuestro modelo productivo, el elevado peso en la economía de los servicios (turismo, hostelería y comercio), actividades intensivas en mano de obra y con baja productividad, y el menor peso de la industria. Pero si España tuviera la misma estructura productiva del resto de Europa, seguiríamos teniendo un -10% de productividad, según la Fundación BBVA e Ivie, que señala otro factor que suele esgrimirse, con razón: el menor tamaño de nuestras empresas (demasiadas pymes), lo que les dificulta financiarse, invertir e innovar.

Estos expertos argumentan otras 3 causas de peso para explicar nuestra menor productividad. La primera y fundamental, la menor formación de los trabajadores españoles y sus jefes. Hay pocos trabajadores con formación tecnológica y capacidades digitales. En paralelo, muchas empresas adolecen de capacidades gerenciales y hay empresarios que gestionan sin la suficiente formación y sin capacidad de organizar equipos, apoyados en el “ordeno y mando”. La 2ª causa es la falta de tecnología e innovación en las empresas. En España, el gasto en I+D+i fue del 1,50% del PIB en 2024, frente al 2,25% en la UE-27. Un tercer factor contra la productividad es la caída de la inversión en España, pública y sobre todo privada, desde 2008. Otras causas se atribuyen a factores institucionales: demasiada economía sumergida (¿20%?), excesiva dependencia de las empresas del crédito bancario (más que en el resto de Europa ), mucha  burocracia (sólo en 2024, el Estado y las autonomías aprobaron más de 1.000 nuevas normas), barreras de entrada sectoriales y territoriales que reducen la competencia, dispersión normativa en 17 autonomías y dificultades regulatorias y fiscales para que las pymes superen los 50 trabajadores.

Voy a centrarme en una de estas causas, el pequeño tamaño de nuestras empresas, clave para explicar nuestra baja productividad y el empleo que se crea. En 2025, las estadísticas oficiales registraban casi 3 millones de empresas, de las que sólo 6.019 eran grandes (0,2% con más de 250 trabajadores), 27.673 eran medianas (0,8%) y el resto (99%) eran pequeñas: 175.597 tenían entre 10 y 49 trabajadores y 1.140.107 tenían de 1 a 9 trabajadores (la gran mayoría, el 84,5% de las pequeñas), siendo el resto (1.614.187) empresas registradas por autónomos sin asalariados. La estructura es similar a la del resto de Europa, donde hay un 0,2% de grandes empresas (salvo en Francia, centro Europa y Alemania, donde hay un 0,7% de empresas grandes, 25.000 en Alemania), aunque más empresas medianas (el 0,93%) y casi igual porcentaje de pequeñas y microempresas (98,87%).

El problema de tener demasiadas pymes es que suelen ser menos competitivas que las medianas y grandes empresas, exportan, invierten e innovan menos, tienen más dificultades para financiarse y, sobre todo, crean menos empleo. El dato aportado por Funcas es muy llamativo: de los 2.496.400 nuevos empleos creados tras la pandemia (2020-2025), más de dos tercios (el 68,7%) lo han creado las grandes empresas (con más de 250 trabajadores), mientras las microempresas (1 a 9 trabajadores), que son la mayoría (84,5%) sólo han creado el 1,5% de los nuevos empleos, creado el resto del empleo (29,8%) las empresas medianas (50 a 249 empleados) y pequeñas (de 10 a 49 empleados). Según este estudio, una de las claves es que las grandes exportan mucho más (1.000 grandes empresas suponen el 67% de la exportación total) y eso les permite crecer y crear más empleo. También pasa en Europa, donde las grandes empresas (el 0,2% del total) mantienen el 37% del empleo total, mientras las medianas mantienen el 15% y el resto de pymes acapara el 48% del empleo total.

Lo positivo de los últimos años, según Funcas, es que el número de grandes y medianas empresas ha crecido en España tras la pandemia: hay +23,6% grandes empresas (+250 trabajadores) y +11,5% medianas y pequeñas (10 a 249 empleados), mientras ha caído el número de micropymes (-1,1%). Este mayor aumento de grandes y medianas se observa en la mayoría de sectores, más en servicios profesionales y actividades con alto contenido tecnológico, también en sectores ligados al turismo y al consumo interno. Parece que las empresas españolas han ganado tamaño para acceder mejor a los Fondos europeos, por el aumento del salario mínimo (que fuerza a las empresas a una mayor eficiencia y al cierre de micropymes) y por las ayudas públicas y la reducción de los umbrales regulatorios y tributarios que les ha permitido crecer de tamaño.

Con todo, seguimos con demasiadas pymes y hay poco dinamismo y regeneración empresarial: se crean pocas empresas nuevas y las que se crean duran pocos años, mientras persisten las más longevas (las empresas con más de 22 años de antigüedad), que aportan la mitad de la inversión total. Por eso, los expertos piden ayudar a las nuevas empresas a hacerse un hueco, fomentando la formación y el talento (que no encuentran las empresas más jóvenes), su internacionalización y financiación (que tienen más difícil), reduciendo la normativa (a la estatal se suman las normas “dispares” de 17 autonomías).

Pero otro estudio de AFI señala que la principal causa de que las pymes españolas no crezcan más no es la falta de financiación y ayudas o el exceso de regulación sino las decisiones de gestión y el mayor o menor “apetito por el riesgo”. Y lo justifican con un estudio en 9.000 empresas medianas y su evolución entre 2008 y 2023, donde vieron que había un Top de 100 empresas medianas líderes en crecimiento de ventas (x10), plantillas (x8), inversión (el doble que la media), productividad y rentabilidad (+50% que la media). Y además, la mitad de estas 100 empresas “scalers” (crecimiento rápido) o “scaleups dieron un salto a la categoría de “gran empresa”. Y los autores creen que este éxito de esas empresas se explica por su estrategia y ambición, siendo menos relevantes las exigencias contables, fiscales o laborales que argumentan las pymes como freno para crecer.

Cara al futuro, el estudio de AFI señala que España necesita duplicar el número de empresas medianas (de 27.673 a 50.000) y grandes (de 6.019 a 10.000) y además que estén mejor repartidas por todos los sectores (hoy las grandes se concentran en los servicios y la industria)  y territorios (Madrid, Cataluña, Comunidad Valenciana y Andalucía concentran las medianas y grandes empresas), como requisito clave para mejorar la productividad y crear más empleo. Y plantean este dilema: o mejoramos la productividad (produciendo más por habitante, con más valor añadido) o será la baja productividad quien nos gobierne, con sus secuelas de salarios bajos (son un 20% más bajos porque tenemos un 20% menos de productividad que la zona euro) y menor PIB por habitante, un menor nivel de vida que gran parte de Europa.

Como el problema del tamaño empresarial no es sólo español (aunque se agrava en España), la Comisión europea aprobó en mayo de 2025 una Recomendación para promover a las empresas medianas-grandes, las llamadas “small mid-caps” (de 250 a 750 trabajadores y una facturación anual de 50 a 150 millones de euros), para que sean la punta de lanza de un proceso de aumento de tamaño de las empresas europeas, para ayudarles con una regulación y financiación específica a que den un salto de escala y en unos años ganen tamaño, productividad y competitividad, clave para que Europa compita mejor en el mundo.

En España, el Gobierno Sánchez aprobó en julio de 2024 el Consejo Nacional de Productividad, integrado por 15 expertos independientes, que han publicado este 4 de marzo el I Informe sobre la Productividad en España, donde proponen impulsar la inversión privada, mejorar el acceso de las empresas jóvenes a la financiación no bancaria (mercados, emisiones, micromecenazgo), una “mejor” regulación (no “menos”) y el fomento de la formación y el capital humano, alertando de que si las empresas españolas no aceleran la incorporación de la Inteligencia Artificial (IA), podría aumentar nuestra “brecha de productividad”. Además, falta que se desarrolle la Ley “Crea y Crece, aprobada por el Congreso en septiembre de 2022, para facilitar la creación de empresas (ahora se pueden  constituir con 1 €, frente a 3.000 antes), mejorar su financiación, reducir los obstáculos regulatorios e impulsar su crecimiento, reforzando la unidad de mercado (1 país y 17 autonomías).

En resumen, es fundamental conseguir que haya más empresas y de mayor tamaño, para que compitan mejor, vendan y exporten más, creen más empleo estable y ayuden a mejorar la productividad del país, con lo que mejoraría el nivel de vida de todos. Para eso hace falta modernizar la economía, digitalizarla y resolver los retos medioambientales, una normativa laboral con amplio apoyo y que mejore la calidad del empleo, apostar por  la educación y la formación, gastar más en tecnología y apoyar la reindustrialización. Pero también tener más empresas medianas y grandes. Porque el tamaño sí importa.

jueves, 23 de noviembre de 2023

España amplia su distancia con paises OCDE

La OCDE, la organización que integra a las 35 mayores economías de Occidente, acaba de dar otro “toque” a España: nuestra producción por habitante ha caído en los últimos 20 años respecto a la media OCDE, donde ocupamos el puesto 19º (14º en 2000), por la crisis financiera y la pandemia. También hemos retrocedido en el ranking mundial, donde somos la 14ª mayor economía pero el país nº 42 en PIB por habitante, que determina la renta y el nivel de vida. La culpa está en que seguimos teniendo menos productividad, porque trabaja menos gente y trabaja con menos eficacia, debido a la baja cualificación de los trabajadores, el menor tamaño de las empresas, el bajo peso de la industria y la tecnología, la caída de la inversión y el modelo de organización empresarial. Al final, su receta es mejorar la productividad, nuestra gran asignatura pendiente para mejorar el nivel de vida y el futuro. Algo de lo que no hablan ni políticos ni medios.

                 Enrique Ortega

Lo que marca el poderío de un país no es sólo cuanto produce y su valor (PIB) sino cuanta gente trabaja para lograr esa producción (PIB por habitante), entre cuantos hay que repartir lo conseguido (renta per cápita). Así, España produjo en 2022 por valor de 1.346.377 millones de euros (PIB) y Paises Bajos produjo por valor de 958.549 millones de euros. España es una economía más grande (la 4ª mayor de la UE, tras Alemania, Francia e Italia) que la neerlandesa (la 5ª economía europea), pero mucho menos eficiente: aquí somos 47,4 millones de habitantes para conseguir (y repartir) ese PIB y en Países Bajos 17,8 millones. Por eso, lo importante es la producción por habitante (PIB por habitante): 28.280 euros en España y 54.150 euros en Paises Bajos. Por eso, los holandeses tienen más renta y son más ricos que los españoles. 

Y lo mismo pasa a nivel mundial. España era en 2022 la 14ª mayor economía del mundo, por detrás del PIB de Estados Unidos (24.162.663 millones de euros, 18 veces la producción de España), China (17.174.722 millones euros, 12,7 veces el PIB de España), Japón (4.017.108 millones), Alemania (3.876.810, 2,8 veces el PIB de España con menos del doble de población), India (3.213.281), Reino Unido (2.913.623), Francia (2.639.092, el doble de PIB que España con un tercio más de población), Rusia (2.116.735), Canadá (2.030.446), Italia (1.946.479 millones), Brasil (1.825.767), Australia (1.614.888) y Corea del Sur (1.346.377), tras haber superado el año pasado a México (1.341.808 millones de PIB). Pero si tenemos en cuenta la población, España baja al puesto 42º en el ranking mundial del PIB por habitante: nos superan Paises Bajos, Austria, Bélgica, Noruega, Suecia, Finlandia, Dinamarca, Irlanda, Islandia, Malta, Luxemburgo, República Checa, Eslovenia, Estonia, Lituania, Andorra, Suiza, Mónaco, San Marino, Liechtenstein, Arabia Saudí, Brunei, Kuwait, Catar, Singapur, Nueva Zelanda, Cuba y Bahamas (ver listado PIB por habitante paises).

La OCDE acaba de publicar un informe sobre la evolución del PIB por habitante en 27 paises desarrollados (entre ellos España), de los 35 que integran la organización. Y nos ha dado un nuevo “toque”: España crece mucho pero es uno de los paises occidentales que ha aumentando su “brecha”, su distancia, con el PIB por habitante medio de la OCDE en los últimos 20 años. Según sus datos, si en el año 2000, la producción española por persona (PIB por habitante) era el 88% de la media OCDE, en 2020 se ha ampliado la distancia al 76%, tras la crisis financiera y la pandemia. También han aumentado su brecha con la media OCDE Francia (de superarla, el 102% al 0,89% en 2020), Italia (del 107% al 80%), Portugal (del 78% al 68%) y Grecia (del 75% al 57%), la Europa del sur, sobre todo por el tremendo impacto de la crisis de deuda de 2010-2013. Y España ocupaba en 2020 el puesto 19º en el ranking OCDE del PIB por habitante cuando en el año 2000 éramos el país nº 14 (nos han “adelantado” Corea, Nueva Zelanda, República Checa, Eslovenia y Lituania).

Los grandes paises de la OCDE apenas han empeorado su posición, tanto EEUU (de tener el 134% del PIB por habitante de la OCDE al 129%), Japón (del 98% al 92%), Alemania (del 109% al 108%) o Reino Unido (del 99% al 91%), lo mismo que Finlandia, Paises Bajos, Austria o Bélgica. Y curiosamente, los que más han reducido su “brecha” con la OCDE (PIB por habitante) han sido los paises del Este de Europa (Polonia, por ejemplo, tenía el 44% del PIB medio de la OCDE y ahora tiene el 70%), los paises nórdicos (Suecia, Dinamarca y Noruega ya superaban el PIB por habitante de la OCDE en el año 2000 y ahora lo superan más), mejorando también y reduciendo su “brecha” Corea, Nueva Zelanda y Turquía.

Este aumento de la “brecha” de España con los paises desarrollados entre 2000 y 2022, que refleja el informe de la OCDE, se ha repetido en el aumento de la brecha de España con la Unión Europea, según los datos de Eurostat. En 2022, España tuvo un PIB per cápita (ajustado por el nivel de precios de cada país) que fue el 85% del PIB per cápita de la UE-27, reduciendo así la brecha de 2021 y 2020 (teníamos en 83% del PIB per cápita europeo). Y esa “brecha” es mayor que antes de la pandemia (en 2019 producíamos el 93% que Europa por habitante, tras producir más del 100% de la UE-27 sólo entre 2002 y 2009). Este dato, que refleja la productividad y por tanto la riqueza de cada país, nos coloca (año 2022) en el puesto 18º en el ranking europeo de producción por habitante, tras los 11 paises que producen más que la media europea (Luxemburgo, Irlanda, Dinamarca, Países Bajos, Austria, Bélgica, Suecia, Alemania, Finlandia, Malta y Francia, por ese orden) y de los 6 restantes que tienen un PIB por habitante inferior a la media UE-27 pero mayor que España (Italia y los 5 paises que nos han “adelantado” en los últimos años: Eslovenia, Chipre, República Checa,  Lituania y Estonia). Todos producen más que España por habitante.

El informe de la OCDE destaca la pérdida de la productividad de España, que sigue por debajo de la productividad media de la OCDE (86,3 dólares por empleado frente a 89,1 dólares de media y los 144,5 dólares que los paises más competitivos). Otros datos revelan que la producción por hora trabajada (PIB por hora) en España se ha estancado, ya que era el 74% de la de la eurozona y el 61% de la alemana en el año 2000 y sigue siendo del 76% de la eurozona y del 63% de la alemana en 2022, según este estudio de CaixaBank Research. Y además, España ocupa el puesto 36 en el ranking mundial de productividad que publica el Foro Económico Mundial (2022) y mide 12 variables, quedando por detrás de 18 paises europeos que se consideran más competitivos: Dinamarca (el 1º de este ranking mundial), Suiza (2º), Suecia (4º), Paises Bajos (6º), Finlandia (8º), Noruega (9º), Irlanda (11º), Luxemburgo (13º), Alemania (15º), Islandia (16º), Austria (20º), Bélgica (21º), Estonia (22º), Reino Unido (23º), República Checa (27º), Francia (28º), Lituania (29º) y Letonia (35º).

¿Por qué somos menos productivos que media Europa y por eso, menos ricos?  Hay una respuesta corta: porque trabajamos menos gente y trabajamos peor, con menos eficacia. En España trabajan el 64,4% (diciembre 2022) de las personas entre 15 y 64 años, frente al 69,8% en la UE-27 y el 76,9% en Alemania o el 81,8% en Paises Bajos. Eso significa que si tuviéramos la tasa de empleo europea, en España deberían trabajar (y producir) 1,7 millones de personas más. Y si fuéramos como Alemania, tendríamos 4 millones de ocupados más. Este bajo nivel de empleo tiene que ver con nuestro modelo económico, basado más en los servicios (turismo y comercio) y menos en la industria, con empresas menos tecnológicas, que exportan menos y productos de bajo valor añadido.

Además de trabajar menos españoles de los que deberíamos, trabajamos “peor”, con menos eficacia y competitividad. Si vemos el mapa de la productividad de Europa, estamos en el 2º nivel de productividad por empleado, muy por debajo de centro Europa y los paises nórdicos (salvo Madrid, País Vasco y Navarra) y que Francia o Alemania, siendo sólo menor la productividad de los paises del Este (salvo República Checa, Eslovenia, Estonia y Lituania, que nos superan). ¿Por qué somos menos productivos? No es culpa de los trabajadores, sino de una serie de problemas estructurales, que resume este estudio de CaixaBank Research.

El primer “hándicap” que reduce la competitividad de España es que tenemos demasiados trabajadores, empresarios y autónomos poco formados, lo que es un problema porque los empleados con más nivel educativo y más cualificados son más productivos. En cuanto a los asalariados, el 30% tienen en España un nivel bajo de formación (y un 21% un nivel medio) frente a sólo el 19% en la eurozona (donde el 42% tienen formación media), según un estudio del Banco de España. Lo mismo pasa con los empresarios españoles: el 32% tienen un nivel educativo bajo (y un 27% medio), frente al 20% en Europa (y el 39,5% medio). Y también los autónomos: 38% con formación baja aquí (y 22% media) frente al 20,5% en Europa (y el 39,5% con nivel medio, casi el doble que en España).

El segundo “hándicap” es el menor tamaño de las empresas españolas (las grandes son más productivas). En España, sólo el 2,11% tienen más de 50 empleados y crean el 35% del empleo total, mientras en Alemania, esas empresas grandes y medianas (rondan el 5%) crean el 66% del empleo total. El problema de fondo es que tenemos demasiadas pequeñas empresas y microempresas (98,89% del total), que producen la mitad por trabajador (32.000) que las grandes (68.000 euros), por lo que deberían fomentarse las fusiones.

El tercer “hándicap”, que frena las mejoras de la productividad es el bajo gasto en innovación y tecnología, tanto a nivel de país (España invierte el 1,3% del PIB en I+D+i frente al 2% la UE, el 2,3% de Francia o el 3,2% en Alemania) como las empresas (había un 21,4% menos de empresas que invertían en tecnología en 2021 que en 2008, sobre todo pymes, y la inversión privada en tecnología supone sólo el 56% de la inversión tecnológica total frente al 66% en Europa, según COTEC). Eso se traduce en que producimos y exportamos productos y servicios con menos valor añadido que los paises punteros de Europa.

Otro “hándicap” clave, que limita nuestra productividad es la menor inversión, tanto pública como privada. Por un lado, la inversión pública se redujo un -60% entre 2010 y 2014, por lo recortes impuestos por Bruselas, lo que ha limitado el gasto en infraestructuras públicas y de transporte, así como el gasto social, factores claves para crecer y competir. Y a pasar de la recuperación posterior y de los Fondos europeos, la inversión pública en España sigue un 55% por debajo a la que teníamos en 2009, según un informe de la Fundación BBVA, que refleja cómo la inversión pública en España (1,94% PIB) es un tercio menor a la europea (3,02%) y la cuarta parte que en Finlandia (4,22%) o Suecia (4,65%). Y la inversión privada de las empresas lleva años muy floja, más tras las subidas de los tipos de interés.

Los expertos añaden otros factores que han frenado la productividad en España: la mayor precariedad del empleo (más contratos temporales y a tiempo parcial), sobre todo antes de la reforma laboral de 2022 (hoy tenemos un 17,26 de asalariados temporales, menos “productivos”, frente al 14,1% en Europa), el exceso de normativas (máxime con 17 autonomías que tienen múltiples competencias) y una gestión empresarial demasiado centrada en el “ordeno y mando”, con poca integración laboral y sindical, junto a un clima laboral deteriorado (“sólo el 30% de los trabajadores están contentos con su trabajo y el 70% están descontentos con su sueldo”, según una Encuesta de Infoempleo Adecco ), que no ayuda a mejorar la productividad en España.

Visto el aumento de la brecha económica (PIB por habitante) entre España y la OCDE, el organismo internacional plantea una prioridad: mejorar la productividad. Y proponen a España 5 medidas: impulsar la competitividad de las empresas (pymes) y regiones más retrasadas, con un PIB por habitante inferior a la media (Andalucía, Canarias, Extremadura, Melilla, Castilla la Mancha y Murcia), proporcionar habilidades laborales y reciclaje a los empleados y parados con menos formación, fomentar la inversión pública (y privada) en infraestructuras y servicios públicos, vivienda, innovación y tecnología, mejorando el acceso de las empresas a la financiación, coordinar mejor la gobernanza entre los distintos niveles de Gobierno (Estado, autonomías y Ayuntamientos) y descentralizar la capacidad estratégica, administrativa y fiscal, para favorecer la igualdad territorial.

En definitiva, España crece (más que otros paises) pero seguimos con un problema de fondo: trabajan menos personas de las que deberían y lo hacen con menos eficacia que en otros paises, lo que provoca que seamos menos productivos, un 85% de la media europea. Y por eso, hay 17 paises europeos que producen más por habitante y  tenemos menos nivel de vida, somos más pobres que la Europa del centro y norte. Un problema que arrastramos desde hace décadas y que ha ido a peor desde el año 2.000, tras tres crisis. Ahora es el momento de afrontarlo, de tomar las medidas necesarias, que nos reitera la OCDE: más formación, fusiones de empresas, más industria, innovación y tecnología, más inversión pública y privada, empleos de calidad y mejor organización del trabajo. Sólo así seremos más productivos, un reto clave del que apenas se habla. Y sólo así viviremos mejor. A ello.

lunes, 3 de abril de 2023

España crece pero sigue lejos de la Europa rica

España es el país europeo grande que más creció en 2022 (y 2021), aunque todavía producimos menos que antes de la pandemia, porque caímos mucho más en 2020. Pero nadie dice que España es también uno de los paises europeos que menos produce por habitante, lo que distancia nuestra renta de la europea (es el 85%). Y eso no mejora. En 2022, España ocupaba el puesto 18º en el ranking europeo de productividad y en los últimos años nos han “adelantado” 6 paises pequeños, que producen más por habitante: Malta, República Checa, Eslovenia, Chipre, Lituania y Estonia, los 6 ahora “más ricos” que España, igual que otros 11 paises del centro y norte de Europa. ¿Qué pasa? Que somos menos productivos, porque aquí trabaja menos gente y trabaja peor, con menos eficacia, por culpa de la peor formación, tecnología, inversión, tamaño empresas, precariedad  y escaso peso de la industria. Por eso urge modernizar la economía. Nos jugamos mejorar el nivel de vida y acercarnos a la Europa rica de una vez.

Enrique Ortega

España volvió a crecer con fuerza en 2022, según ha confirmado el INE, a pesar de la inflación y la guerra de Ucrania: un +5,5%, lo mismo que en 2021. Con ello, volvemos a ser, por 2º año consecutivo, el país europeo grande que más crece, aunque todavía no recuperamos la producción (PIB) de antes de la pandemia, porque fuimos el país europeo que más cayó en 2020 (-11,3%). Con ello, España se consolida como la 4ª mayor economía de la Unión Europea, con una producción de 1.327.108 millones de euros (PIB 2022), sólo por detrás de Alemania (3.867.050 millones de euros, un PIB tres veces mayor), Francia (2.642.713 millones de PIB, dos veces el de España) e Italia (1.99.154 millones de euros producidos, casi vez y media el PIB español). Y si tomamos toda Europa, seríamos la 5ª economía europea, porque Reino Unido es la 2ª mayor economía (2.910.698 millones de euros de PIB en 2022). A España le siguen, ya lejos, Paises Bajos (941.186 millones de PIB), Polonia (654.644 millones), Bélgica (552.000 millones) e Irlanda (502.584 millones de euros).

Pero este dato del PIB total es engañoso, porque unos paises tienen más población que otros. Y por eso, lo importante es lo que produce cada país por habitante (el PIB por habitante), el verdadero indicador de la renta y la riqueza de cada país. Y ese dato, corregido con la inflación, para no sobreestimar el PIB de los paises con más inflación. Así llegamos a una estadística de la que se habla poco, pero que es crucial para determinar qué paises son más productivos y por tanto tienen mejor nivel de vida y más renta: el PIB per cápita ajustado por el nivel de precios. Un dato que Eurostat acaba de publicar para 2022 y que revela que España no ha recortado apenas su distancia con el resto de Europa: producimos por habitante el 85% de la media europea (UE-27), cuando en 2021 y 2020 era el 83%, pero todavía es peor que en 2019, cuando producíamos el 93% que Europa.

Este dato, lo que produce cada país por habitante (descontando el efecto de la inflación) es el que realmente indica la productividad y la riqueza de cada país: los paises del centro y norte de Europa producen más por habitante y por eso tienen más renta. En 2022, había 11 paises europeos que producían más que la media europea (índice 100) y por eso son los más “ricos”, según Eurostat: Luxemburgo (261% del PIB por habitante europeo, porque tiene un alto PIB y poquísima población censada), Irlanda (234%, porque tiene radicadas muchas multinacionales que facturan allí y producen en otros paises), Dinamarca (produce un 136% el PIB medio UE), Paises Bajos (130%), Austria (125%), Bélgica (121%), Suecia (119%), Alemania (117%), Finlandia (109%), Malta (102%) y Francia (101%).

Luego hay un 2º grupo de paises europeos, que están por debajo de la media de productividad de Europa (100) y por ello tienen una renta “media”, por debajo de los 11 paises de la Europa rica, destacando el puesto nº 12 de Italia (96% del PIB por habitante europeo, que perdió en 2014) y el puesto nº 18 de España (83% del PIB europeo en 2022), que en los últimos años ha sido “adelantada” por 6 paises pequeños: Malta (nos superó en 2014 y tiene el 102% del PIB por habitante de la UE-27), la República Checa (nos adelantó en 2019 y ahora tiene el 91% del PIB por habitante europeo), Eslovenia (92%), Chipre (92%) y Lituania (90%), tres paises que adelantaron a España en 2020, y Estonia (que superó a España en 2021 y tiene el 87% del PIB por habitante europeo).

En el tercer grupo de paises, el furgón de cola de la productividad y la renta, están Polonia (79% del PIB europeo, más cerca de adelantar a España, con el 85%), Hungría, Portugal y Rumanía (tres paises con un PIB por habitante del 77% de la media UE-27), Letonia (74%), Croacia (73%), Grecia (68%), Eslovaquia (67%) y Bulgaria (el farolillo rojo: su PIB por habitante es el 57% de la media europea y muy alejado de la Europa rica.

Así que somos la 4ª mayor economía de la UE, pero el país nº 18 en producción por habitante y renta, cuando en 2013 ocupábamos el puesto nº 12 de este ranking. Cuando España ingresó en la CEE, en 1986, teníamos un PIB por habitante que era el 76% de la media europea. La incorporación a Europa tuvo costes, pero relanzó el crecimiento español, con lo que en el año 2.000 rozamos el nivel europeo de productividad (98%) y lo superamos por primera vez en 2002 (101%), alcanzando el máximo en 2006 (105% del PIB por habitante europeo) y manteniéndonos por encima en 2007(104%), 2008 (102%) y 2009 (101%). Con la crisis financiera y de deuda, nos dimos el batacazo en 2010 (el PIB por habitante bajó al 96% de la UE-28), para seguir cayendo después y marcar dos mínimos en 2013 y 2014 (90% de la renta por habitante europea), Con la recuperación, la productividad mejoró algo, pero seguía la brecha con Europa (91% en 2019). Y con la pandemia, la productividad volvió a bajar (al 83% en 2020 y 2021) y apenas se recuperó en 2022: nuestro PIB por habitante es el 85% del europeo, la distancia de 1990.

El problema no es sólo que España tenga por delante a 17 paises europeos más productivos, que producen más por habitante y por ello tienen mayor renta. Es que además, esa menor productividad afecta a casi todas las regiones: sólo hay tres autonomías más productivas que la media europea, con datos de 2021 (los últimos de Eurostat regionalizados): Madrid (114% de la media UE-27), País Vasco (108%) y Navarra (101%). Las 16 regiones restantes tienen menos productividad que Europa, aunque están por encima de la media española (83% en 2021) La Rioja (89%), Aragón (94%) y Cataluña (98% de la media europea). Pero lo más dramático es que España tiene 8 regiones con menos del 75% de la productividad media europea, con menos de tres cuartas partes de su renta: Andalucía, Extremadura y Canarias (62% del PIB por habitante UE-27), Melilla (63%), Castilla la Mancha (67%), Murcia y Ceuta (69%) y Comunidad Valenciana (73%), según Eurostat.

¿Qué pasa? ¿Por qué producimos menos por habitante que 17 paises europeos? Básicamente, por 2 causas de fondo, que explican también que tengamos un menor nivel de vida que dos tercios de Europa: porque aquí trabaja menos gente y trabaja peor, con menos eficacia o productividad. Veámoslo.

Lo primero, trabaja menos gente en España, hay menos ocupados produciendo y creando riqueza (PIB).La tasa de empleo en España (porcentaje de personas de 15 a 64 años ocupadas) es del 64,4% (diciembre 2022), frente al 69,9% en la UE-27, el 77,2% en Alemania, el 68,1% en Francia y el 60,1% en Italia, según Eurostat. Incluso trabaja mucha más gente que en España  en Malta (72,7%), República Checa (73,5%), Eslovenia (73,1%), Chipre (72,7%), Lituania (73,8%) y Estonia (76,4%), los 6 paises que nos han “adelantado” estos años. Este bajo nivel de empleo en España tiene mucho que ver con nuestro modelo económico, basado en los servicios, poca industria, empresas con poca tecnología, que exportan menos y venden productos con menos valor añadido, que crean menos empleo. Si España tuviera la tasa de empleo media de la UE-27, tendríamos 1,7 millones de personas más trabajando (y aumentando nuestro PIB por habitante y nuestra renta). Y si tuviéramos la tasa de empleo de Alemania, en España trabajarían casi 4 millones más que ahora.

Además de tener menos gente trabajando, los que trabajan lo hacen “peor”, con menos eficacia: somos menos productivos por empleado. De hecho, si vemos el mapa de la productividad de Europa, estamos en el 2º nivel de productividad por empleado, muy por debajo de centro Europa y los paises nórdicos (salvo Madrid, País Vasco y Navarra) y que Francia o Italia, siendo sólo menor la productividad de algunos paises del Este (salvo la de República Checa, Estonia, Lituania y Eslovenia, que nos superan). Además, España ocupa el puesto 36 en el ranking mundial de productividad que publica el Foro Económico Mundial (2022) y mide 12 variables, quedando por detrás de 18 paises europeos a los que se considera más competitivos: Dinamarca (el 1º del ranking mundial), Suiza (2º), Suecia (4º), Paises Bajos (6º), Finlandia (8º), Noruega (9º), Irlanda (11º), Luxemburgo (13º), Alemania (15º), Islandia (16º), Austria (20º), Bélgica (21º), Estonia (22), Reino Unido (23º), República Checa (27º), Francia (28º), Lituania (29ª) y Letonia (35º).

Somos menos productivos que media Europa (y por eso, menos ricos) por 3 causas fundamentales, según este estudio de la Fundación BBVA e Ivie: porque invertimos menos en tecnología, porque tenemos una mano de obra peor formada y porque hay menos inversión (pública y privada). Analicemos estos hándicaps.

El primero, la menor apuesta por la tecnología y la innovación, claves para mejorar la productividad de un país. España ha estado más de una década, desde 2010, recortando su inversión en Ciencia, que es la mitad de la europea: 363,66 euros por habitante (2021) frente a 695 euros en la UE-27. La inversión en I+D+i ha pasado del 1,35% del PIB en 2008 al 1,43% en 2021, aumentado la distancia con Europa (que pasó el 1,88% del PIB al 2,32% en 2021, según la Fundación COTEC. Y lo preocupantes es que invertimos en Ciencia la tercera parte que Alemania (3,4% en 2021), la mitad que Francia (2,35%) y menos que Italia (1,53%), nuestros directos competidores. Pero además, España gasta menos en Ciencia que paises más pequeños de la Europa del Este que nos han adelantado en productividad: Eslovenia (gastan el 2,15% del PIB), República Checa (1,99%) o Estonia (1,79%). Incluso gastamos menos en Ciencia, en porcentaje, que Portugal (1,58% PIB) y Grecia (1,49%). El retraso en la tecnología está sobre todo en las empresas, que gastan en Ciencia la mitad que las empresas europeas (0,78% del PIB frente al 1,50% en la UE-27).

El 2º factor clave para ser productivos es tener trabajadores bien formados. Y aquí, España tiene un doble problema. Por un lado, tenemos muchos más adultos con poca formación (el 36,1% no tiene acabada la ESO, frente al 16,4% en la UE-22 y el 20,1% en la OCDE) y pocos con formación intermedia, Bachillerato o FP Grado medio (23,2% en España frente al 45,8% en la UE-22  y el 42,1% en la OCDE), según el informe Panorama de la Educación 2022 de la OCDE. Por otro lado, la mayoría de los jóvenes españoles eligen Bachillerato y no Formación Profesional (35%, frente al 48% en la UE-22 y el 45% en la OCDE), con lo que tenemos “demasiados universitarios”, con enseñanzas poco dirigidas al empleo que se demanda y un exceso de jóvenes “sobrecualificados”, trabajando en actividades poco productivas.

El tercer factor que explica nuestra menor productividad es que España invierte menos, tanto en inversión pública como privada, dos factores que contribuyen a que un país sea más eficiente. La inversión total cayó un 10% entre 2008 y 2019, por los recortes en la inversión pública (de 2010 a 2016) y en la inversión privada, por la crisis empresarial. Y aunque la inversión mejoró en 2021 y 2022, todavía está por debajo de 2008, sobre todo en infraestructuras, equipamientos y reposición de equipos e instalaciones, lo que dificulta aumentar la productividad, sobre todo en algunos sectores y regiones, a la espera de que empiecen a notarse las inversiones derivadas de los Fondos europeos.

Hay otros factores que nos restan productividad y riqueza. Uno muy importante y destacado desde hace años por la Comisión Europea, el FMI y la OCDE es la elevada precariedad del empleo en España, con el doble de empleos temporales que Europa hasta 2021 (25,4% frente al 13,1% en la UE-27). Y aunque la reforma laboral ha reducido la temporalidad en España (al 17,91% en 2022), aún supera a la europea (12,4%). Y está demostrado que los trabajadores temporales son “menos productivos”. Además, también influye negativamente la organización del trabajo en España, donde hay “poca participación de los trabajadores en la gestión de las empresas”, según un estudio de CaixaBank Research, que revela una menor gestión en equipo y un fuerte peso de los jefes del “ordeno y mando”, lo que no ayuda a crear un buen clima laboral ni a mejorar la productividad.

Otro factor clave, que nos resta productividad es que en España hay demasiadas pymes y pocas grandes empresas, que suelen ser “más productivas”. Según el último Censo, tenemos 2.922.993 empresas, de las que el 93,37% son muy pequeñas (el 54,96% sin asalariados y otro 38,41% con menos de 10 empleados), el 5,35% son pequeñas (162.099 tienen de 10 a 50 trabajadores), un 0,90% son medianas (26.341 tienen entre 50 a 249 trabajadores) y sólo hay 5.305 empresas grandes (el 0,18%), con más de 250 trabajadores. Un estudio de la patronal CEPYME revelaba que las empresas pequeñas son más vulnerables: cierran antes, se financian peor, venden menos, crean menos empleo, pagan menos salarios, innovan, invierten y exportan menos. O sea, son menos productivas.

Y todavía hay más factores que restan productividad a España, , como la excesiva regulación y burocracia, la dispersión de normas (17 autonomías), la falta de competencia en muchos sectores (electricidad, petroleras, telecomunicaciones, banca…), la lentitud en la Justicia, las dificultades de financiación de las pymes, los mayores costes energéticos y de transporte, la falta de estabilidad laboral o el retraso en la digitalización de la economía.

Ya sabemos mejor por qué somos menos productivos y menos ricos que media Europa, por  qué nos han adelantado 17 paises, aunque crezcamos más que la mayoría. Hasta ahora, las empresas han tratado de compensar esta menor productividad “devaluando salarios”, un tercio más bajos que la media en Europa. Y se ha reflejado también en una menor renta y un menor nivel de vida de los españoles respecto a la Europa del centro y norte del continente. Pero ahora, el Plan de Recuperación y las reformas emprendidas pueden cambiar esto, mejorar nuestra productividad y nuestro nivel de vida. Hay que modernizar la economía y conseguir que trabaje más gente y que trabajen mejor. Sólo así viviremos mejor.