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lunes, 15 de septiembre de 2025

Otoño incierto: tenemos más problemas

Tras la vuelta de vacaciones, este otoño se presenta muy incierto, con más problemas económicos que antes del verano. Por un lado, Europa ha cerrado con Trump un acuerdo comercial muy negativo, que va a agravar el estancamiento de la economía europea, que apenas creció un 0,1% en el 2º trimestre, con una crisis en Alemania y problemas en Francia e Italia. Además, la incertidumbre ha impedido que baje el Euribor en agosto (y los tipos del BCE en septiembre). Y las locuras de Trump y su abultada deuda debilitan el dólar, fortaleciendo al euro (+13% este año), lo que nos resta competitividad y encarece los productos europeos y el turismo. En España, los problemas de Alemania y Francia más los altos precios y el euro fuerte han frenado en julio el impulso del turismo, el motor de nuestro “milagro económico”, junto a los inmigrantes (atacados dentro y fuera). Así que la polémica coyuntura política, internacional y nacional (extrema polarización) , pone en peligro los logros de la economía española tras la pandemia. Pintan bastos.

                                                                                          Enrique Ortega

El verano nos trajo, además de las olas de calor y los incendios, un pésimo acuerdo comercial entre la Unión Europea y EEEU, presentado en un club de golf de Trump en Escocia el 27 de julio. La Comisión Europea se ha afanado en defender la bondad del acuerdo, porque es mejor aceptar un arancel del 15% que el 30% que nos iba a imponer Trump si no pactábamos. Y añaden que hemos salido “mejor parados” que la mayoría de paises (salvo Reino Unido, que tendrá un arancel del 10%), igual que Japón (15%) y mucho menor que el 35% de Canadá, el 25% de México o el 50% de Brasil e India (ver mapa aranceles), mientras China negocia todavía bajarlo del 30%.

Pero en realidad, el acuerdo arancelario aceptado por Europa es una humillación en toda regla. Básicamente, porque Trump impone un arancel del 15% a la mayor parte de los productos europeos (que ahora pagaban el 1,43% de media) mientras EEUU paga un 0% por vender sus productos en Europa. Eso, traducido en cifras, es escandaloso: de los 850.000 millones de productos europeos exportados a USA en 2024, ahora (desde el 7 de agosto), la mayoría (780.000 millones exportados) pagan aranceles del 15%, lo que tendrá un coste para los europeos de 117.000 millones de euros, un “impuesto” que nos pone Trump para reducir su abultada deuda y bajar impuestos a los norteamericanos (ricos).

Pero hay más concesiones. Una, que a cambio de ponernos sólo un 15% de arancel (no el 30% con que amenazaba), Europa se compromete a comprar a EEUU petróleo, gas y equipamiento nuclear por valor de 700.000 millones de dólares, además de comprarles 40.000 millones en chips y compras millonarias de material militar. Y si Europa no lo hiciera, amenaza Trump, nos subiría los aranceles. Además, EEUU acepta rebajar los aranceles de los coches y piezas del automóvil europeas al 15% (del 35% inicial, ahora en el 27,5%) si Europa abre su mercado a productos norteamericanos agrícolas y pesqueros (alimentos, frutos secos, soja…), que ahora podrán vendernos sin restricciones, una medida que ya ha legislado Bruselas para que los coches europeos sólo paguen un 15% de arancel en USA. Y por si acaso nos sentimos ya “tranquilos”, Trump ha amenazado con incluir también en el futuro una rebaja de la vigilancia sobre los servicios digitales, para forzar a Bruselas a que no controle tanto a las tecnológicas ni les cobre (tasa Google) si no queremos problemas...

Así que Europa ha cedido en casi todo, mientras Trump lanza cada día una nueva amenaza, que alimenta la incertidumbre en las empresas, inversores y paises. Y además, el Tribunal de apelaciones de EEUU acaba de decir que los aranceles de Trump no son legales, aunque permite que sigan en vigor hasta el 14 de octubre. Pero Trump lo va a recurrir ante el Tribunal Supremo USA, donde tiene mayoría conservadora. Así que los aranceles seguirán adelante, dañando la economía internacional y sin que por el momento dañen a los estadounidenses, que los acabarán pagando con más inflación y menos crecimiento a medio plazo. Pero mientras, Trump pretende recaudar millones de dólares del resto del mundo y presentar unos logros que le permitan ganar las elecciones de medio mandato (noviembre 2026).

En consecuencia, desde principios de agosto, los aranceles de Trump dificultan las exportaciones a EEUU del resto del mundo, que pagan una media cercana al 20% (el 50% de aranceles al aluminio y al acero). Eso va a tener una consecuencia inmediata: menos ventas en EEUU y menos comercio mundial, encareciendo la mayoría de los productos y recortando el crecimiento y el empleo. Y también en Europa. En el primer trimestre, tras el anuncio de aranceles el 2 de abril, muchos paises aceleraron las ventas a EEUU, antes de que entraran en vigor. Y eso aumentó las exportaciones europeas y el crecimiento. Pero ahora, cuando los aranceles ya están en vigor, el frenazo económico en la UE será inevitable. De hecho, ya se ha producido: la economía de la UE-27 creció un +0,5% en el primer trimestre de 2025 y después se ha estancado, creciendo sólo un +0,1% en el 2º trimestre, según Eurostat.

Sobre todo lo ha notado Alemania, el país europeo que sale peor parado por los aranceles de Trump, dado que allí van el 10,4% de sus exportaciones: en el 2º trimestre, según Eurostat, la economía alemana ha caído un -0,1% (tras crecer un 0,3% en el primer trimestre), sufriendo sobre todo sus multinacionales del automóvil y numerosas industrias. También ha caído en el 2º trimestre la economía de Italia (-0,1%), otro país que depende mucho de las ventas a USA (el 10,4% de sus exportaciones totales). Y ha tenido menos efecto en Francia, que crece un +0,3% en el 2º trimestre, porque vende menos a EEUU (el 8% de sus exportaciones), aunque es un porcentaje alto, como el de Finlandia (9,7%), Suecia (8,9%) y Austria (8,2%), si bien el país más afectado es Irlanda (el 32% de sus exportaciones van a EEUU). España, de momento, sigue siendo el país que más crece (+0,7% en el 2º trimestre), por una menor dependencia comercial de EEUU (4,6% de nuestras exportaciones), pero nos acabará afectando, sobre todo si el resto de Europa entra en recesión este otoño/invierno.

De momento, la crisis en Alemania y Francia  ya ha retraído el turismo hacia España en los últimos meses, según los datos de pernoctaciones hoteleras del INE. Y en julio, aunque España tuvo un récord histórico de turistas (más de 11 millones), sólo aumentaron un 1,6% sobre 2024 y cayeron los turistas alemanes (-4,8%) y franceses (-3,1%), estancándose los turistas británicos (+0,7%), una tendencia que ha podido repetirse en agosto y que supondría un cierto “freno” del boom turístico, el motor de nuestro crecimiento récord. De hecho, el empleo en España ha cerrado su peor verano en 6 años, con casi 200.000 afiliados menos en agosto.

Otro factor que juega a la contra de Europa (y de España) es la debilidad del dólar, motivada por la errática política de Trump y su abultada deuda (36,2 billones de dólares, el 124% de su PIB), que provoca una revalorización del euro frente al dólar: +13,2% en lo que va de año (el euro cuesta hoy 1,1728 dólares frente a 1,036 a principios de año). Eso significa que todos los productos europeos cuestan en dólares un 13% más, lo que resta competitividad a los productos de la UE y encarece Europa (y España) a los turistas no europeos. Y encima, los expertos apuestan porque Trump siga dejando caer al dólar (para reforzar sus exportaciones), hasta el nivel de 1,20 euros por dólar (casi +16% revalorización), lo que dañaría más a Europa.

Así que lo que antes era una amenaza, la subida de aranceles, es ya una realidad desde el 7 de agosto, y está dañando a las grandes empresas exportadoras europeas, sobre todo al automóvil, los bienes de equipo y maquinaria, el vino, la industria del lujo, la aeronaves, la siderurgia y la industria química y farmacéutica. En el caso de España, el sector más afectado es la industria alimentaria (USA es su 2º gran mercado, tras Europa), el vino (España es el 4º exportador europeo), el aceite (somos el primer exportador europeo a USA), la industria de componentes de automóvil (no exportamos coches a EEUU, pero los coches que exporta el resto de Europa llevan piezas fabricadas en España) y la industria farmacéutica.

Lo más preocupante es que “el bombazo” de los aranceles de Trump pillan a Europa en medio de una profunda crisis política, agravada por los problemas económicos en Alemania y la crisis política en Francia, donde ha caído el primer ministro). La Unión Europea se tiene que plantear a la vez cómo afronta una serie de problemas de futuro: configurar una Defensa europea (con más gasto militar, que pone en peligro otros gastos económicos y sociales), cobrar un mayor protagonismo geoestratégico (los conflictos de Ucrania y Gaza revelan el escaso peso internacional de la UE), configurar una política de inmigración (Europa necesita mano de obra extranjera, pero el auge de la extrema derecha europea fuerza a los paises a posturas xenófobas), una postura más decidida ante la crisis climática (crece el negacionismo en muchos paises y en la Comisión Europea, lo que fuerza a suavizar políticas medioambientales) y, sobre todo, la urgencia de dar un salto adelante en la mejora de la competitividad europea, impulsando la tecnología, la digitalización y la industrialización para competir con USA y China. Cuestiones claves en la que la actual Comisión Europea no avanza, mientras la humilla Trump.

Y en el caso de España, las consecuencias de los aranceles y el menor crecimiento de Europa y el resto del mundo nos van a acabar de hacer daño, rebajando el consumo, las exportaciones y las inversiones (por la incertidumbre), lo que se traducirá, antes o después, en menor crecimiento y menos empleo, después de varios años de “milagro económico” tras la pandemia. La incertidumbre por los aranceles, incluso, ha frenado la bajada del precio del dinero: el Euribor, en agosto, ha subido (al 2,114%), tras 6 meses a la baja. Y el BCE frenó la semana pasada sus rebajas de tipos (siguen en el 2%), por temor a un repunte de la inflación, lo que sigue aumentando el Euribor (2,17% en septiembre), dificultando la rebaja de las futuras hipotecas  (aunque bajará la cuota de las antiguas cuando se revisen).

Por ello, Europa y España deberían aprobar un Plan de choque, como hicieron con la pandemia o la hiperinflación tras la invasión de Ucrania, para afrontar este menor crecimiento y mantener las empresas y el empleo. En Europa, tal medida no parece fácil y ya hay paises como Alemania que hablan de “reducir el Estado del Bienestar” para salir adelante de esta crisis. En España, un acuerdo para reanimar la economía en los próximos meses parece aún más difícil, a la vista de la tremenda polarización política, que impide hasta afrontar juntos los incendios forestales.

Pero si alguna vez hace falta acordar algo es ahora, para afrontar el posible estancamiento económico en Europa y la desaceleración económica en España. Urge aprobar unos Presupuestos que reanimen la economía, con un pacto fiscal que consiga aumentar la recaudación para afrontar el necesario mayor gasto en protección civil ante el cambio climático (incendios, inundaciones, malas cosechas…). La enseñanza de los incendios de este verano es que el Estado (desde la Administración central a las autonomías y Ayuntamientos) sólo puede afrontar las catástrofes con más medios y para eso hace falta gastar más. Y eso pasa por recaudar más, por ingresar más de los que más tienen, lo que exige una reforma fiscal que Europa nos lleva pidiendo décadas. Pero con el actual panorama político, ni Presupuestos ni reforma fiscal ni acuerdos contra la crisis climática.

Las otras dos prioridades económicas de este otoño deberían ser la vivienda y la ejecución de los Fondos Europeos, porque queda menos de un año (hasta agosto de 2026) para comprometer los proyectos pendientes (sólo se han comprometido 53.600 millones de 163.014 que recibiremos, entre subvenciones y créditos), dado que si no se ejecutan se perderán los Fondos UE. Y eso exige también pactar las reformas pendientes, requisito obligado para que llegue el dinero que falta (hemos perdido ya Fondos UE por el rechazo de la derecha y los nacionalistas en el Parlamento a la subida de impuestos al gasóleo exigida por Bruselas). Urgen pactos para terminar las reformas pendientes y para promover la construcción de viviendas, pero ambos parecen imposibles.

Ya lo saben: tenemos problemas, tendremos más en los próximos meses y la solución pasa por acuerdos políticos y económicos para afrontarlos. Pero como esto es imposible, iremos a peor. Y serán los políticos, al menos una parte de ellos, los responsables de que España ponga fin al mejor balance económico de las últimas décadas. Pintan bastos.

lunes, 17 de marzo de 2025

Inversiones extranjeras: España, de moda

La llegada de inversiones extranjeras ha sido clave para impulsar el fuerte crecimiento de España los últimos años: los extranjeros han inyectado 71.300 millones en 2023 y 2024, más del doble que en Francia, un 50% más que en Italia y casi lo mismo que en Alemania (economía tres veces mayor). Este dinero extranjero es clave para modernizar el país y mantener 1,88 millones de empleos. Y sigue llegando, de EEUU, Reino Unido y el resto de Europa porque los inversores valoran que España crezca más que otros, los Fondos europeos, su posición geográfica, las buenas infraestructuras digitales y físicas y la mano de obra, formada y más barata. Incluso España ha aprobado un Fondo público (FOCO) para co-invertir con inversores extranjeros en sectores estratégicos. Pero ahora preocupa que el proteccionismo de Trump y la marcha atrás en la globalización reduzca las inversiones extranjeras en España, mientras apenas remonta la inversión española. Por eso es clave seguir vendiendo “la marca España”, como eslabón clave de “la marca Europa”.  


Las inversiones extranjeras han sido claves en el “milagro económico” español de los últimos años, cuando crecemos más que la de la mayoría de paises, porque han aportado recursos para modernizar el país, mejorado nuestra tecnología y competitividad y creado empleo estable. España se ha convertido tras la pandemia en un destino atractivo para los inversores extranjeros, que han apostado por participar en grandes y medianas empresas, instalar nuevos proyectos y financiar muchos sectores, desde los hoteles e inmobiliarias a las renovables, la sanidad o las residencias de ancianos. Sólo en 2023 y hasta septiembre de 2024, según Funcas, las inversiones extranjeras directas en España han sido de 71.300 millones de euros, más del doble de las recibidas por Francia, un 50% más de las que han dio a Italia y casi las mismas que Alemania (una economía tres veces mayor).

Ya en 2023, las inversiones extranjeras directas en España superaron los 30.000 millones de euros (30.362 millones), por 2º año consecutivo (32.207 millones recibidos en 2022), muy por encima de las inversiones recibidas antes de la pandemia (24.197 millones en 2019) e incluso en los años del boom económico anterior a la crisis financiera (29.718 millones recibidos en 2018), según la serie histórica publicada por Comercio. Ese año 2023, el último con datos completos, la mayor inversión extranjera vino de EEUU (7.588 millones de euros), seguida de Reino Unido (3.822 millones), Alemania (3.448), Francia (2.707), Suecia (1.454), Australia (1.228), Canadá (1.199) y México (1.058 millones). La mayor parte de esta inversión extranjera directa se dirigió a Madrid (55,5%), Cataluña (15,64%), Comunidad Valenciana (11%) y País Vasco (5,13%). Y a la industria manufacturera (4.543 millones), el comercio (4.107), la industria extractiva (3.549), energía (2.789), información y comunicaciones (2.717) e inmobiliarias (2.024 millones de inversión extranjera directa).

En 2024, la inversión extranjera directa siguió llegando y los datos disponibles (enero-septiembre) reflejan una entrada de 23.607 millones de euros (+11,8% que en 2023), lo que permite esperar que vuelvan a superarse los 30.000 millones de inversiones extranjeras en 2024 (31.500). El año pasado cambió algo el panorama, porque las inversiones de Reino Unido (5.596 millones hasta septiembre) superaron a las de EEUU (sólo 2.864 millones), mientras Francia (1.601 millones) superaba a Noruega (1.588), Alemania (1.436), Paises Bajos (1.209) e Italia (774 millones). Y en 2024, Madrid se llevó el 71,7% de las inversiones extranjeras, yendo el 14,62% a Cataluña. Además, se centraron más en la energía (3.665 millones) que en la industria (2.769 millones), aumentando en la información y comunicaciones (2.513 millones) y actividades profesionales y técnicas (1.508 millones).

Si vamos a la inversión extranjera directa acumulada, España ha recibido ya 603.100 millones de euros, desde 1993 hasta 2024. Históricamente, el país que más ha invertido en España estas tres décadas ha sido Estados Unidos (106.950 millones de euros, el 18% del total), seguido de Francia (64.331), Reino Unido (57.652), Alemania (55.435) e Italia (52,665 millones), completando la lista México (28.369 millones), Paises Bajos (16.548), Suiza (15.396), Portugal (13.522), Japón (12.511) y China (11.347 millones). Dos tercios de estas inversiones históricas se han dirigido a Madrid (68,8%), seguida de Cataluña (13,7%), Asturias (3,20%) y País Vasco (3.14%), concentrándose en la industria (24,4% del total), energía, electricidad y gas (15,3%), comercio e inmobiliarias (10% cada sector).

Con esta llegada de inversiones extranjeras, España se coloca como el 11º país del mundo y el 3º de Europa (tras Alemania y Francia) en la recepción de inversión extranjera directa desde 1990, según un informe de Funcas con datos de la UNTAD. Pero además, el peso del capital extranjero acumulado en la economía española (56,7% del PIB entre 2014 y 2023) es incluso mayor del que tiene en Francia (32,3% del PIB), Alemania (27,3% del PIB) o Italia (22,6%). Y en los dos últimos años, la llegada de inversiones extranjeras a España (71.300 millones ) ha sido muy superior a las inversiones recibidas por Francia (la mitad) o Italia (la cuarta parte), igualando a las recibidas por Alemania, un país con el triple de PIB que España. Además, estas inversiones extranjeras mantienen en España 1.880.000 empleos (2023), un 9,1% de la población ocupada total y 707.000 empleos más de los que mantenían estas inversiones extranjeras en 2014.

Las inversiones extranjeras llevan tres décadas llegando a España de forma continuada, pero el mayor salto se ha dado tras la pandemia, a partir de 2021, gracias a varios factores. Por un lado, España es un gran mercado (49 millones) y la economía europea que más crece, además de forma estable (con superávit exterior, poco déficit y una deuda pública con una baja prima de riesgo (+0,64% frente a Alemania), inferior a la de Francia (0,70%), Italia  (+1,08%) o Reino Unido (+1,85%). Por otro, es el primer país receptor de los Fondos europeos de recuperación, que están aumentando las inversiones en sectores estratégicos y promoviendo la digitalización y descarbonización de la economía (2º país europeo líder en renovables). Además, España tiene una potente infraestructura de comunicaciones (cables submarinos) y digital (la fibra óptica española supera a la de Francia, Alemania, Italia y reino Unido juntas), con modernas infraestructuras de carreteras, aeropuertos y puertos, junto a una envidiable posición geográfica entre América, Europa, África y Asia. Y encima, tiene una mano de obra formada y con bajos salarios. Y un Gobierno que apuesta por la inversión extranjera.

Algunos inversores se preocuparon cuando el Gobierno Sánchez aprobó, en plena pandemia (17 de marzo 2020) un Real Decreto de medidas urgentes que, en su Disposición final 4ª, “sometía a autorización gubernamental la compra por inversores extranjeros (extracomunitarios) del 10% o más del capital de empresas de sectores estratégicos”: sanidad, energía, transporte, agua, materias primas, alimentación, datos, aeronáutica, Defensa, finanzas, tecnológicas, inteligencia artificial, robótica, semiconductores, ciberseguridad o nanotecnología. El temor era que el desplome de las Bolsas (por la pandemia) abaratara tanto el valor de las empresas españolas que las hiciera muy vulnerables a OPAS hostiles de inversores no europeos. Lo que hizo el Gobierno Sánchez fue simplemente trasponer una Comunicación similar “de protección· hecha por la Comisión Europea el 13 de marzo.

Este “blindaje anti-OPAS” (ampliado 2 años más en enero, hasta finales de 2026) ha evitado “sustos de compras hostiles durante estos años, obligando a autorizaciones de operaciones como la entrada del fondo soberano saudí STC (que ha comprado el 9,97% de Telefónica). Pero no ha evitado la llegada de inversiones extranjeras a España, que han crecido después, en 2021,2022, 2023 y 2024. De hecho, el Gobierno Sánchez ha multiplicado los contactos con inversores y multinacionales extranjeras para que se instalen en España, en sectores claves para el futuro, como las baterías, los chips, las renovables, empresas digitales, Centros de Datos o inteligencia artificial, con Planes concretos de ayudas e inversiones dentro del Plan de recuperación y los Fondos UE.

Además, en abril de 2024, el  Consejo de Ministros aprobó un Fondo público de co-inversión, FOCO, para impulsar la atracción de inversiones extranjeras en empresas españolas. Este Fondo público está dotado de 2.000 millones de euros hasta 2026, financiados por los Fondos UE del Plan de Recuperación y gestionados por COFIDES, un organismo público dependiente del Ministerio de Economía. La idea es que este Fondo aporte la mitad  del capital en nuevos proyectos de inversores extranjeros en  España (incluyendo posibles socios españoles) siempre que ellos pongan la otra mitad de la financiación y sean proyectos vinculados a la transición energética, transformación digital, movilidad sostenible, biotecnología o agricultura sostenible. Es una forma de atraer a nuevos inversores extranjeros (startups), aportando la mitad de la financiación inicial.

En paralelo a este boom de las inversiones extranjeras directas, en empresas españolas o en multinacionales con sede en España, se ha producido también un aluvión de inversiones de Fondos e inversores extranjeros en múltiples empresas y bancos. De hecho, el 49% de la Bolsa española estaba controlada por inversores internacionales en 2023, según el último balance de BME, con más de 90.000 millones invertidos.

El mayor inversor extranjero en España es el Fondo norteamericano Black Rock, el mayor fondo del mundo, cuyas inversiones en España alcanzan los 33.000 millones de euros, con participaciones de algo más del 5% en BBVA y Santander (donde es el primer accionista), CaixaBank, Iberdrola, Repsol, Enagás, ACS, Redeia o Telefónica, siendo accionista también del Sabadell, Acciona o Aena. Le siguen el Fondo de inversión Vanguard Group (USA), que tiene invertidos otros 23.000 millones de euros en 35 importantes empresas españolas, Capital Group (otro Fondo USA), con 22.000 millones invertidos en las principales empresas y bancos, el fondo soberano noruego Norges, con 12.500 millones y presente en el capital de 55 empresas españolas, y Fidelity (Fondo USA), con 10.000 invertidos en las principales empresas del IBEX.

Además, los Fondos e inversores extranjeros han aumentado su presencia en el sector inmobiliario español, entrando en inmobiliarias y Fondos de inversión inmobiliaria (SOCIMI), desde la compra de edificios y oficinas a hoteles, Centros comerciales o polígonos industriales y locales. De hecho, la inversión inmobiliaria en España batió todos los récords en 2024 (14.000 millones de euros, +20% que en 2023, según CBRE) y el 45% de esas inversiones procedieron de capital extranjero (13% USA,6% británico, 3,5% latinoamericano). Su mayor interés se centra en la compra de viviendas y edificios (30%), hoteles (23%), locales y Centros Comerciales (20,7%) , oficinas (  11,4%) e inmuebles industriales y logísticos (10%). Y parece  que esta “fiebre inmobiliaria” extranjera por España va a seguir, porque los expertos creen que es el 4º país con más potencial de beneficios, tras Reino Unido, Alemania y Polonia.

Los Fondos e inversores extranjeros no sólo tienen mucho interés en invertir en empresas, bancos, inmuebles y hoteles en España, sino que han diversificados sus inversiones (muy especulativas la mayoría) en nuevos sectores: sanidad y hospitales, enseñanza (colegios privados, Universidades y centros privados de Formación Profesional), residencias de ancianos  y residencias de estudiantes y hasta en empresas funerarias españolas

Lo importante es que se mantengan las inversiones extranjeras directas, porque son las más estables (en empresas españolas o en filiales de multinacionales, como las del automóvil, farmacéuticas, químicas, energéticas o tecnológicas) y menos especulativas, las que crean más y mejores empleos. El riesgo ahora es que las políticas disruptivas de Trump retraigan la inversión USA en España (y en Europa) y, como consecuencia del auge del proteccionismo, se dé marcha atrás en la globalización, frenando la internacionalización de las inversiones. De momento, los inversores extranjeros siguen confiando en España y cara a 2025, apuestan por seguir invirtiendo. Así, el 89% de las empresas de capital extranjero esperan aumentar o mantener sus inversiones este año, según el Barómetro del Clima de Negocio en España, elaborado por el ICEX y el IESE, con las opiniones de 700 empresas con capital extranjero instaladas en España. Un 36% esperan aumentar sus inversiones, un 33% prevén aumentar sus exportaciones y un 41% contemplan aumentar plantillas.

En cualquier caso, resulta clave que las inversiones extranjeras sigan llegando con fuerza, sobre todo si las inversiones de españoles siguen débiles, como reflejan los datos: la inversión privada nacional sigue un 5% por debajo de 2019 y no se recuperará de la pandemia hasta 2027, según el Banco de España. Para conseguir mantener el flujo de inversiones extranjeras, hay que implicar a estos inversores foráneos en las cuantiosas inversiones previstas en el Plan de Recuperación, que hay que comprometer antes de agosto de 2026. Y en paralelo, hay que atender algunas quejas de los inversores extranjeros en España, que piden menos burocracia, menos retrasos en los juzgados mercantiles, una menor disparidad en las normativas autonómicas, un menor coste de la energía y una mayor apuesta por la tecnología y la formación del capital humano.

Pero además, Europa se tiene que “poner las pilas”  y poner en marcha un Plan de industrialización y modernización que atraiga la inversión europea (cada año, 300.000 millones del ahorro de los europeos se “escapan” a invertir en EEUU) y la inversión extranjera, que ahora se dirige más a América y Asia. Urge que Europa sea “un continente atractivo” para los inversores foráneos, lo que exige poner en marcha proyectos punteros y competitivos. Y eso nos ayudaría mucho, porque España podría ser uno de los grandes puntos de “desembarco” de las inversiones mundiales en Europa. Las necesitamos.

jueves, 12 de septiembre de 2024

2ª bajada (mínima) de los tipos de interés

El BCE ha bajado hoy los tipos de interés, un -0,25% (al 4%), por 2ª vez este año, tras subirlos 10 veces (del 0 al 4,50%) entre julio de 2022 y septiembre de 2023. Lo justifican porque la inflación europea ha bajado al 2,2% (desde el 10,6% en 2022), pero no ha sido por sus drásticas subidas sino por la bajada de energía, materias primas y alimentos, por cambios en los mercados y medidas de los Gobiernos. No reconocen que su “ricino monetario” ha dañado a familias (hipotecas), empresas (créditos) y paises (deuda), beneficiando sólo a la banca. Y ha provocado el estancamiento de la economía europea: apenas crece (+0,2%), mientras decrecen Alemania, Austria, Irlanda, Suecia, Letonia y Hungría. Saben que tienen que bajar tipos, para reanimar la inversión y el consumo, pero lo hacen poco a poco: el dinero cuesta todavía el 4%, el precio más alto desde 2007. Y así, Europa sigue estancada y crece la tercera parte que EEUU.

                             Enrique Ortega

La inflación parece no ser ya el primer problema de la economía mundial, como lo ha sido en 2022 y 2023. De hecho, en la zona euro, la inflación anual ha caído al 2,2% en agosto, desde el máximo del 10,6% que subía en octubre de 2022, tras la invasión de Ucrania y la drástica subida de la energía y las materias primas. Y en EEUU, los precios subieron el 2,5% anual en agosto, la menor inflación desde febrero de 2021 y muy por debajo de la subida máxima alcanzada en junio de 2022, el 9,1%. Con ello, los bancos centrales de Europa (BCE) y USA (Reserva Federal) han visto el momento de bajar los tipos de interés, tras las drásticas subidas aprobadas en 2022 y 2023, para “atajar” la alta inflación. De hecho, EEUU subió 11 veces sus tipos de interés (entre marzo de 2022 y julio de 2023), desde el 0% al 5,25% actual. Y ahora, la Reserva Federal  planea aprobar la primera bajada el próximo miércoles, 18 de septiembre. Y el BCE, que subió 10 veces sus tipos (entre julio de 2022 y septiembre de 2023), del 0 al 4,50%, ha aprobado hoy su 2ª bajada este año, del -0,25%, tras la primera hecha el 6 de junio pasado.

El BCE, como la Reserva Federal, creen en la subida de tipos como en “un dogma de fe”: es la mejor receta contra la inflación, aunque tenga el coste de hundir la actividad y el crecimiento, frenando el empleo. En el caso de que la inflación esté provocada por un fuerte crecimiento económico, por un exceso de consumo (“inflación de demanda”), el “ricino” de la subida de tipos, al encarecer el dinero, puede ayudar a “enfriar la economía”. Pero lo que ha sufrido el mundo tras la invasión de Ucrania y la “hiperinflación” ha sido una “inflación de oferta”, de costes, provocada por una subida disparada de la energía (petróleo y gas), las materias primas y alimentos, con una rotura adicional de las cadenas de suministro mundial. Y en este caso, subir el precio del dinero no es una receta correcta, como señalan muchos expertos, porque no provoca una bajada del petróleo, el gas o los alimentos y sí daña a  las economías, las empresas y las familias.

Pero tanto el BCE como la Reserva Federal (con más motivo, porque la economía USA si estaba algo “recalentada”, mientras Europa no crece) “han seguido en sus trece”, con una subida de tipos drástica (del 0 al 4,50 (en Europa) o al 5,25% (en USA) y muy rápida (en año y medio), que parece haber bajado la inflación. Pero es sólo “un espejismo”: la inflación ha bajado porque se han ajustado los mercados energéticos (más producción de petróleo en EEUU, medidas de ahorro, cambio en los proveedores de gas) y porque los gobiernos han tomado medidas para bajar el precio de la electricidad y subvencionar la energía, las materias primas y los alimentos, con ayudas a empresas y familias. Y gracias al ajuste de los mercados y a las medidas aprobadas, se ha rebajado la inflación, no por las subidas de tipos. Y a pesar de estas críticas, la Reserva Federal y el BCE llevan meses retrasando las bajadas: el BCE ha esperado a junio y EEUU hará la primera rebaja la próxima semana. Todo por insistir en su “ortodoxia”, en su “fundamentalismo monetario”, tan inútil como dañino.

El BCE ya había visto que la economía europea estaba estancada en el primer trimestre (creció sólo un +0,3%), como lo había estado en todo 2023 (la UE creció un +0,6%, la cuarta parte que EEUU: +2,4%), pero esperó al 6 de junio para hacer su 1ª bajada de tipos (desde la 10ª subida, hecha el 14 de septiembre de 2023), un mínimo recorte del 0,25% (dejando los tipos al 4,25%). Su argumento para seguir con la “ortodoxia” era que la inflación seguía alta (ojo: está por debajo del 3% desde febrero de 2024, cuando estaba en el 10,6% en octubre de 2022) y que temían por un repunte de los salarios en Europa (que relanzaran la inflación). Ahora, el BCE ha decidido su 2ª subida (mínima otra vez: -0,25%, dejando los tipos en el 4%) por dos datos. Uno, que la inflación en la zona euro ha bajado al +2,2% en agosto, la más baja desde abril de 2021. Y el otro, que las subidas salariales se han moderado (los costes salariales aumentaron un +3,6% en el 2º trimestre, tras crecer un 4,7% en el primero).

Pero el dato que les debía haberles preocupado más es que, tras la drástica y rápida subida de tipos (recordemos: del 0 al 4,5% en 14 meses), la economía europea está estancada: la UE-27 ha crecido sólo un +0,2% en el 2º trimestre de 2024, según Eurostat, menos que en el 1º (+0,3%), la tercera parte que en todo 2023 (+0,6%) y muy por debajo de lo que crecía Europa antes de la pandemia, la invasión de Ucrania y el inicio de la drástica subida de tipos (+2,2% en 2019 y +3,4% en 2022). Y otro dato: la UE-27 creció en el 2º trimestre (+0,2%), menos de la tercera parte que EEUU (+0,7%), a pesar de que los tipos de la Reserva Federal eran más altos (5,25% frente al 4,50%), lo que significa que Europa estaba estancada mientras EEUU seguía creciendo mucho más, aunque ahora temen un estancamiento próximo.

Y lo peor, lo que tendría que haber llevado al BCE a una mayor rebaja de tipos hoy (y en los próximos meses) es que Alemania, la locomotora europea está “gripada”: cayó en 2023 (decreció un -0,3%, mientras España crecía un +2,4% y Francia un +1%) y sigue estancada (creció un 0,2% en el primer trimestre) e incluso cayendo (-0,1% en el 2º trimestre de 2024). Y no es un caso aislado: en el 2º trimestre ha caído también el PIB en otros 5 paises europeos: Irlanda (-1%), Austria (-0,4%), Suecia (-0,3%), Letonia (-0,9%) y Hungría (-0,2%). Así que la economía UE pasa por un mal momento y no se merece que el BCE mantenga un precio del dinero tan alto: el 4% actual es el más elevado desde junio de 2007 (4%) y contrasta con el 0% que costaba el dinero en Europa entre 2016 y 2022.

Así que ya sabemos a dónde nos ha llevado la “ortodoxia monetaria” del BCE, que pone por delante la bajísima inflación (el 2% como objetivo, que no se conseguirá hasta finales de 2025) al crecimiento, la inversión y el empleo. Ese debería ser el debate económico ahora: Europa debería aceptar una inflación en torno al 3%, a cambio de tipos más bajos (del 2 al 3%) y un mayor crecimiento y empleo en el continente. Pero casi nadie habla de esto.

Mientras, la política de tipos altos (que se mantiene), ha tenido (y tiene) un alto coste para familias, empresas y paises, a los que el BCE perjudica con su ortodoxia (y lo sabe). Las familias europeas llevan dos años largos pagando más por sus hipotecas, lo que perjudica su poder adquisitivo y su consumo. En España lo saben bien las 4 millones de familias que están pagando una hipoteca y cuya cuota mensual les ha subido drásticamente, de la mano del Euribor: de ser negativo hasta marzo de 2022 (-0,237%), se puso en positivo en abril  y llegó a un máximo del 4,160% en octubre de 2023, encareciendo drásticamente las hipotecas (del 1,3% en 2021 al 3,94% en octubre de 2024). Y aunque ahora ha bajado del 3%, con las dos bajadas de tipos del BCE y las previstas, todavía las hipotecas son mucho más caras que hace dos años. Un ejemplo: una hipoteca de 150.000 euros a 25 años, que paga el Euribor+1%, cuesta ahora 805,57 euros al mes, que es menos que hace un año (883,28 euros en agosto 2023) pero mucho más que hace dos (654,12 euros en agosto 2022).

Además de pagar más por las hipotecas, a pesar de la rebaja de agosto (84,6 euros al mes sobre agosto de 2023), las familias también han visto subir los tipos de sus créditos al consumo, para comprar un coche, irse de vacaciones o cambiar muebles: han subido del 6,10% en 2021 al 7,13% en 2022 y al 8,23% en octubre de 2023, aunque ahora estén en el 7,63% (julio 2024), según el Banco de España. Y también las empresas llevan dos años pagando más por sus créditos. Así, una pyme ha visto subir un crédito de 250.000 euros del 1,69% en 2021 al 3,53% en 2022 y al 5,25% en noviembre de 2023, aunque ahora paguen el 4,66%, según el Banco de España. Y los créditos a empresas superiores al millón de euros han subido del 1,04% (2021) al 4,95% en 2023, aunque ahora están al 4,72%.

También los paises han pagado en sus Presupuestos la drástica subida de tipos del BCE, al encarecerse el interés que tienen que pagar a los inversores para colocar la deuda pública. Así, el bono español a 10 años ha pasado de pagar el 0,41% de interés en noviembre de 2021 al 2,46% en noviembre de 2022 y un máximo del 3,94% en septiembre de 2023, bajando al 3,41% en junio de 2024 y al 2,94% en septiembre de 2024. Eso se traduce en que España tiene que pagar ahora más intereses por su deuda (39.078 millones en 2024 frente a 30.175 en 2022) y por eso puede gastar menos de lo que haría falta en sanidad, educación, dependencia, ayudas públicas o pensiones.

Como se ve, el coste económico y social de la “ortodoxia monetaria” del BCE es muy elevado, aunque hay un sector que sale muy beneficiado: la banca. En España, las familias y empresas han pagado 47.971 millones de euros más en intereses por hipotecas y créditos entre 2022 y 2023 (+14.035 millones los hogares y +33.936 millones las empresas), según los datos del Banco de España. Y esta subida de tipos y márgenes (más la mayor remuneración por el dinero que tienen depositado en el BCE)  ha permitido a los bancos europeos tener beneficios récord. Así, los 6 grandes bancos españoles aumentaron un 28% sus beneficios en 2022 (20.850 millones) y otro 26,4% en 2023 (26.088 millones). Y con el retraso en las bajadas de tipos, los 6 grandes bancos españoles han ganado en el primer semestre de 2024 otros 15.286 millones de euros (+23,4%), el primer semestre mejor de su historia.

Ahora, el BCE anticipa que hará otra pequeña rebaja de tipos (otro -0,25%) el 12 de diciembre, con lo que acabaríamos 2024 con un precio del dinero al 3,75%, el tipo que teníamos en mayo de 2023 y el tipo más alto desde octubre de 2008 (3,75%). Y que seguirá siendo “prudente” en las bajadas durante 2025 (podría aprobar 4 más), con lo que se cerraría el próximo año con los tipos al 2,75%. Eso claro, si no repunta la inflación por la energía y otras causas geopolíticas. Así que nos vaticinan tipos altos (hipotecas y créditos caros), aunque la economía europea siga estancada: se espera un débil crecimiento del 1% este año y un mínimo 1,7% en 2025, siempre por debajo de EEUU.

Mientras la economía europea no despega, algo que no parece preocupar al BCE, la presidenta de la Comisión ultima su Gobierno y se plantea las prioridades para los próximos 5 años. En Bruselas sí preocupa el estancamiento de la economía europea, frente a EEUU y a China, y por eso la Comisión encargó un informe a Mario Draghi, anterior presidente del BCE y ex primer ministro italiano. El informe, divulgado este martes, apuesta por un Plan de reactivación de la economía europea, invirtiendo 800.000 millones al año (inversión privada, pública y emisión de deuda europea) en apostar por la innovación y la tecnología, la reindustrialización, las energías limpias, la industria de la defensa  y avanzar en la integración europea, desde los mercados de capitales a la banca y la competencia. Un nuevo “Plan Marshall” para Europa, de origen europeo, para mejorar la competitividad y reducir distancias con EEUU y China. Un objetivo crucial. Pero el BCE debe contribuir al salto de la economía europea recortando más rápidamente los tipos. Aunque suba algo la inflación. Peor es el estancamiento económico actual, que frena el empleo y la calidad de vida. Recapaciten.

jueves, 9 de noviembre de 2023

El temor de Europa a China

Los coches chinos están inundando Europa, sobre todo los eléctricos: el 54% de los importados vienen de China. Eso ha provocado que Bruselas abra una investigación para detectar las ayudas y subvenciones que permiten los bajos precios de los coches chinos, para tomar medidas. Ya hubo antes competencia desleal china con los paneles solares, la siderurgia o los semiconductores. Al final, esta invasión comercial china se traduce en este dato: el déficit comercial de Europa con China se ha duplicado en los últimos dos años y es el primer proveedor de la UE, con el 21% de todas las importaciones, más que las de EEUU y Reino Unido juntas. Y Alemania ha multiplicado por 5,6 su déficit comercial con China, mientras España lo ha duplicado. La Comisión Europea está dispuesta a defenderse y ha pedido ha Draghi un Plan para mejorar la competitividad europea. Urge tomar medidas para fomentar la industria y la tecnología en Europa, no vale sólo con aprobar aranceles y defenderse. Poder europeo.

                         Enrique Ortega

China y su competencia desleal a Europa fue el tema estrella del debate del Estado de la Unión celebrado el 13 de septiembre en el Parlamento Europeo, el último antes de las próximas elecciones europeas (junio de 2024). Allí, la presidenta de la Comisión Europea anunció la apertura de una investigación sobre las ayudas del Gobierno chino a la fabricación, distribución y venta de sus coches eléctricos. Según explicó Von der Leyen, los coches eléctricos chinos se venden en Europa un 20% más baratos que el resto gracias a las ayudas estatales que reciben. Y citó tres caminos por los que se canalizan esas ayudas gubernamentales: transferencias directas a fabricantes y distribuidores, ayudas fiscales y exención de impuestos más créditos “blandos (préstamos a bajo interés). Además, la industria china del automóvil se beneficia de una energía barata por ser sucia: el 70% procede del carbón, mientras los fabricantes europeos pagan más cara la energía (más limpia).

Esta investigación a los coches eléctricos chinos, abierta en octubre, se produce después de los modelos chinos (MG, BYD, Link&Co, Geely, Volvo, Great Wall Motors) se hayan hecho con una buena parte del mercado europeo, por delante de Volkswagen, Peugeot, Renault o Skoda. De hecho, en Alemania, 3 de los 10 coches eléctricos más vendidos son chinos. Y en España, el MG4 es el 4º eléctrico más vendido. En los 7 primeros meses de 2023, los eléctricos chinos copan el 8,2% del mercado europeo y se teme que lleguen pronto al 10%, lo que supondría perder la venta de 1,5 millones de eléctricos europeos (son muchos ingresos y muchos empleos). Pero el dato más demoledor de la invasión china lo dan las importaciones de coches eléctricos en Europa: el 54% se importaron de China en 2022 (6.800 millones de euros), frente al 19% de Corea del Sur y el 10% del Reino Unido. Y lo peor: sólo el 6% de los coches eléctricos importados por China llegaron de Europa (pagaron 1.320 millones de euros): el 23% los importaron de USA y otro 23% de Reino Unido, según Eurostat.

En definitiva, los chinos inundan Europa con sus coches pero se cierran a la entrada de coches europeos. Es lo mismo que ha pasado antes con otros productos, como recordó la presidenta Von der Leyen en el Parlamento. Ya sucedió con los paneles solares, donde la industria europea era líder pero cayó ante la competencia desleal de China, que forzó la quiebra de la mayoría. También ha pasado con la siderurgia, donde las ayudas públicas al acero chino provocaron un desplome mundial de precios y obligaron a Bruselas a implantar aranceles (impuestos) a las importaciones chinas, beneficiadas también de una energía sucia más barata. Y la historia se ha repetido con los chips, teléfonos móviles, semiconductores y artículos de media y alta tecnología, donde China arrasa gracias a las ayudas derivadas de su Plan Made in China 2025.

Y ya no es sólo que los chinos ayuden a sus productos para colocarlos en Europa. Es que siguen poniendo trabas a los productos e inversiones europeas en China. A finales de septiembre, el vicepresidente de la Comisión Europea se reunió en Pekín con un viceministro chino para intentar avanzar en los dos problemas que preocupan a Europa: mejorar el acceso al mercado chino de empresas europeas (tienen más problemas las agroalimentarias, de productos sanitarios y preparados para lactantes y las de cosméticos) y que se equilibren las relaciones comerciales entre los dos bloques, muy favorables hoy a China.

Los datos de este desequilibrio comercial entre Europa y China son apabullantes. China se ha convertido en el 2º socio comercial de Europa (sumando importaciones y exportaciones), sólo por detrás de EEUU. Pero es, de lejos, el primer proveedor de Europa: de China vinieron en 2022 el 21% de todas las importaciones europeas, más de lo que compramos a  EEUU (12%) y Reino Unido (7%) juntos. En cambio, China es el tercer país comprador de Europa: recibió en  2022 el 9% de todas las exportaciones europeas, muy por debajo de las ventas a Estados Unidos (19,5%) y Reino Unido (12,8% del total). Y este desequilibrio, entre muchas compras chinas y pocas ventas allí, provoca que el déficit comercial de Europa con China se haya disparado: ha saltado de -182.300 millones de euros en 2020 a -250.300 millones en 2021 y a -396.600 en 2022, según Eurostat. El “agujero” comercial de Europa con China se ha duplicado en los últimos dos años. Y este año 2023, hasta agosto, asciende ya a -197.600 millones de euros, algo menos que el año pasado (-295.500 millones de euros en esos 8 meses), debido al estancamiento europeo, a la crisis en el comercio mundial y a la marcha atrás en la globalización.

El problema es serio porque este abultado déficit comercial de Europa con China indica que estamos creando riqueza y empleo en China, a costa de la crisis en la industria europea y en el empleo de los 27. Esto se ve con dureza en Alemania, que hoy está en recesión, en buena medida por el pinchazo de sus exportaciones a China (el primer socio comercial de Alemania) y el aluvión de importaciones chinas. Un dato revelador: el déficit comercial de Alemania con China (con EEUU tienen superávit: +150.000 millones de euros en 2022) se ha multiplicado por 5,6  en los tres últimos años, saltando de -15.000 millones de euros de media anual entre 2000 y 2019, a -21.530 millones en 2020, -39.400 millones en 2021 y -84.300 millones en 2022. ¿Qué pasa? Pues que Alemania necesita a China para importar muchos productos intermedios con los que luego fabrica en el país, pero China necesita cada vez menos importar productos alemanes, cuya venta en China mantiene más de 1 millón de empleos en Alemania y el 10% de las ventas totales de las multinacionales germanas.

España tiene el mismo problema, aunque nuestro déficit comercial con China no es tan grave. Pero también se ha disparado: de un “agujero comercial” (importaciones menos exportaciones) de -22.353 millones de euros en 2019 se pasó a -26.173 millones en 2021 y -41.639 millones en 2022. Así que el déficit comercial se duplicó el año pasado, como consecuencia de las mayores compras de equipos de oficina (el 16,8% de lo que les compramos), otros bienes de equipo (15,93%), productos químicos (10,14%), ropa (10%), maquinaria (8%) y automóviles (7,5% importaciones). Mientras se disparan las compras (49.653 millones), las ventas españolas a China llevan tres años estancadas (8.013 millones en 2022) y se centran en productos químicos (23% del total), minerales (20,4%) y productos cárnicos (20,3%), sobre todo carne de cerdo.

China se ha convertido ya en el primer proveedor de España, porque nos vende el 10,9% de todas nuestras importaciones (2022), por delante de Alemania (9,4%), Francia (9%) y EEUU (7,4%), cuando en 2011 era nuestro tercer proveedor (por detrás de Alemania y Francia). Y sin embargo, China es nuestro 11º cliente en el mundo, ya que compra sólo el 2,1% de todas nuestras exportaciones (2022), mucho menos que Alemania, Bélgica, Francia, Reino Unido, Italia, Portugal, EEUU, Paises Bajos, Polonia y Marruecos. Y no sólo nos vende 6 veces más de lo que nos compra, sino que además invierte mucho en España, sobre todo en energía, servicios a empresas e inmobiliarias: ha invertido 10.291 millones entre 2012 y 2021, frente a sólo 4.831 millones invertidos por España en China, según datos de la Fundación España-China. Y la relación también se desequilibra respecto al empleo: las inversiones chinas en España generaron 11.586 empleos y las españolas en China 28.690 empleos.

Todas estas estadísticas dejan claro que hay “una invasión de China en Europa, comercial e inversora. Son mayoría los expertos que la achacan a una “competencia desleal” de China, que “dopa “a sus empresas con ayudas, subvenciones, crédito y energía barata, ayudándolas también al carecer de exigencias medioambientales y laborales, que suponen una desventaja para la industria europea. Es verdad. Pero también lo es que muchas industrias chinas son más competitivas que las europeas, tras grandes inversiones en tecnología e innovación. Un ejemplo es el automóvil y en especial el coche eléctrico. Muchos expertos reconocen en privado que el liderazgo chino se debe no sólo a las ayudas públicas sino a que sus coches tienen mejores baterías, mejor software y mejores prestaciones (info entretenimiento). Y que mientras los chinos llevan una década volcados en el coche eléctrico, los fabricantes europeos se han quedado rezagados, tratando de ganar tiempo con los “combustibles limpios”, el retraso en las normas de contaminación o la apuesta por los “falsos eléctricos” (híbridos).

Está claro que algo tiene que hacer Europa, porque el abultado déficit comercial con China es un claro “SOS” para la industria y el empleo. Es posible que antes de un año, Bruselas imponga “aranceles” o impuestos a los coches chinos, como antes hizo con la siderurgia o los panelas solares. Y podría cerrar mercados públicos a empresas chinas, como se plantea con  Huawei en el negocio del 5G. Pero son un parche y además peligroso, porque China podría cerrar aún más sus mercados y en ese pulso, Europa tiene más que perder. Lo que hace falta es que Europa “se ponga las pilas” y apueste por potenciar su industria y su tecnología, por conseguir bienes y servicios más competitivos, ante China y ante el resto del mundo. Para conseguirlo, la presidenta de la Comisión Europea anunció en el Parlamento que ha pedido a Mario Draghi, el ex primer ministro italiano y ex presidente del BCE, que prepare un Informe sobre el futuro de la competitividad europea. Un acierto, aunque tardará.

Europa es un gigante económico y comercial, pero un “enano empresarial”: entre las 40 mayores empresas del mundo, sólo 5 multinacionales son europeas (Shell, BP, Volkswagen, Daimler y Total).Y entre las 10 mayores compañías, 7 son empresas tecnológicas, 5 de EEUU y 2 de China, ninguna de Europa. Aquí está el fondo del problema: Europa no puede defender su futuro sin grandes empresas que puedan competir con las chinas y norteamericanas (y luego con las indias). Y para ello, tiene que lanzar ya una estrategia para crear campeones europeos, grandes empresas europeas fruto de la fusión de empresas alemanas, francesas, italianas, españolas y de otros paises. Pero eso exige tiempo, ayudas y financiación, además de leyes, cuestiones todavía pendientes y que serán un reto clave para el futuro gobierno europeo que salga de las elecciones de junio 2024.

Pero el gran reto, por encima de los demás, es avanzar en la integración europea. Resulta muy difícil competir con China (o con EEUU), cuando son dos potencias que tienen un único Gobierno, no 27 paises que tienen que ponerse de acuerdo para todo. Y eso supone avanzar en política fiscal, en homogeneizar normas y ayudas, en agrupar esfuerzos para crear una economía más homogénea en el continente. Y sobre todo, en avanzar más en innovación y tecnología, donde Europa sigue rezagada frente a EEUU y China. En el siglo XIX, Inglaterra fue capaz de superar a China, que había sido “el gran imperio del mundo” entre los siglos I y XIX (ver gráfico histórico con el reparto del PIB por continentes), gracias a la Revolución Industrial, que permitió  a Occidente superar a China hasta hoy. Sólo la tecnología, la innovación y la integración económica pueden salvar a Europa en el siglo XXI. Reaccionen.

lunes, 25 de septiembre de 2023

Las exportaciones (flojas) ayudan menos

España es un país muy abierto al exterior y por eso nos afecta mucho la actual debilidad de la economía internacional y el estancamiento de Europa: llevamos 4 meses (de abril a julio) en que las exportaciones españolas crecen menos que en los dos últimos años (cuando batieron récords) y eso está afectando negativamente a algunas regiones (Canarias, Andalucía, Valencia y Murcia), a muchas empresas y al empleo (las exportaciones mantienen 4,6 millones de empleos). Por eso, aunque no salga en los medios, preocupa el “pinchazo” de las exportaciones y la debilidad del comercio mundial. Sobre todo, porque las exportaciones de bienes y servicios han aportado la mitad del crecimiento de España en 2022 y 2023, pero no van a ayudarnos nada en 2024 y 2025, según el Banco de España. Por eso, urge que el futuro Gobierno priorice un Plan para reanimar las exportaciones españolas, con ayudas, como ha hecho Alemania. Nos jugamos fuera de España una buena parte del crecimiento y el empleo interno. Apóyenlos.

                 Enrique Ortega

Uno de los tres “motores” que tiran de la economía (el consumo, las inversiones y las exportaciones) está “gripado” en los últimos meses: las exportaciones españolas. Batieron un récord histórico de crecimiento en 2021 (+21,2%), en 2022 (+22,9%) y en el primer trimestre de 2023 (+14,6%), pero “han pinchado” y llevan cuatro meses decreciendo respecto al año pasado. Ya en el segundo trimestre de 2023 (abril a junio), las exportaciones de bienes cayeron un -4% sobre el inicio de 2022. Y en julio de 2023 han vuelto a caer un -5% sobre ese mismo mes del año pasado, según el dato publicado por Comercio el jueves pasado. Con ello, las exportaciones españolas han alcanzado los 230.397 millones de euros de enero a julio de 2023, un récord histórico (se ha exportado más en 7 meses que en todo 2010, 2011 y 2012) pero sólo un +3,3% más que el año pasado. O sea, que las exportaciones crecen, pero la sexta parte que antes. Han “pinchado”. Sobre todo en Canarias (-40,5%), Andalucía (-9%), Murcia (-5,2%) y Comunidad Valenciana (-2,2%).

Este “pinchazo” de las exportaciones españolas es un mal generalizado en todos los paises, donde los exportadores también están sufriendo en los últimos meses la debilidad de la economía internacional, el menor crecimiento de China, la guerra en Ucrania, los “tapones” y enfrentamientos en el comercio mundial y el estancamiento de Europa, con Alemania en recesión. De hecho, la exportación española está superando mejor que la mayoría de paises este “bache comercial generalizado: nuestras exportaciones crecen ese +3,3% hasta finales de julio, más del doble que las de los 20 paises de la zona euro (+1,2%), más que las de toda la UE (+1,8%) y que las exportaciones de Alemania (crecen +2,7%), Italia (+2,3%), Japón  y China (+1,5%) o EEUU (caen un -2% este año), superándonos sólo Francia (+6,5%) y Reino Unido (+6,1%), según Eurostat. Este menor “`pinchazo” se debe a que los productos españoles, al tener nosotros una menor inflación que la mayoría de paises (y los salarios más bajos) son más competitivos.

¿Qué exportaciones y a qué paises se han desinflado? Por un lado, las ventas fuera que más están cayendo son las de productos energéticos (derivados del petróleo, carbón y gas), productos químicos, electrodomésticos y electrónica y textil, mientras siguen tirando las exportaciones de automóviles (crecen un 31,9% este año, cuando el pasado caían por estas fechas), bienes de equipo (maquinaria) y alimentos, aunque menos que en 2022. Y por paises, las exportaciones caen este año (sobre 2022) a EEUU (-1,3%), Asia (-4,7%, aunque crecen un 0,2% con China), Oriente Medio (-6,7%) y Africa (-8,9%, por el desplome de las exportaciones a Argelia, aunque crecen un 4,7% a Marruecos). Y siguen creciendo, aunque la sexta parte, las exportaciones a Europa (+4,7% este año frente al 24,3% en 2022) y a Latinoamérica (+19,6% hasta julio, frente al 32,9% en 2022).

Para el resto del año 2023, las perspectivas son que las exportaciones sigan cayendo sobre el año pasado o se estanquen, rondando los 400.000 millones de euros vendidos fuera, tras el récord histórico de 2022: 389.208 millones de euros exportados, más del doble de los 186.780 millones exportados en 2010. Hay varios factores que juegan a la contra de las exportaciones en lo que queda de año. El primero y fundamental, el débil crecimiento de la economía internacional, como alertó en agosto la OCDE: creció sólo un +0,4% en el 2º trimestre, una décima menos que en el primer trimestre. Y el FMI prevé que las economías avanzadas crezcan sólo un +1,5% este año (casi la mitad del 2,7% de 2022), algo más EEUU (1,8%) y mucho menos la eurozona (+0,9%), con una recesión en Alemania (-0,3%). Y con este débil crecimiento, el comercio mundial y las exportaciones irán también al ralentí: crecerá sólo un +1,7% (frente al +2,7% en 2022), el menor crecimiento desde 2019 (salvando la caída de 2020 por la COVID), debido al débil crecimiento, la alta inflación, los elevados tipos de interés y la guerra de Ucrania, según la Organización Mundial del Comercio (OMC).

Junto a este panorama gris de la economía y el comercio para los próximos meses, tampoco ayudará a los exportadores el euro. Tras unos meses muy débil (entre julio y noviembre de 2022 cotizó por debajo de 1 dólar por euro), lo que ayudaba a vender fuera a los exportadores europeos, el euro subió  este año, hasta alcanzar una cotización récord el 17 de julio (1,1236 dólares por euro), con lo que los productos europeos eran un 12% más caros, frenando nuestras exportaciones fuera de la eurozona. Ahora, con la debilidad de la economía europea y la menor subida de tipos que EEUU (4,5% frente al 5,5%), el euro lleva dos meses a la baja, cotizando el viernes a 1,0660 dólares, lo que ha abaratado los productos europeos un -5,2%. Pero aún son un 7% más caros que hace un año. Ahora, se espera que el euro se estabilice en los niveles actuales o baje muy poco, con lo que no ayudará a los exportadores.

Al final, se desinflen más o menos las exportaciones españolas, lo realmente preocupante es que van a ayudar menos a que la economía crezca y cree empleo. Porque el sector exterior es uno de los motores claves de la economía española: entre las exportaciones de bienes (389.208 millones de euros aportados en 2022) y las exportaciones de servicios (otros 94.800 millones ingresados por empresas españolas que venden fuera servicios de consultoría, financieros, tecnológicos, telecomunicaciones, información y ocio), aportaron el 41,7% del PIB español en 2022 (aportaban sólo el 23% en 2009). A lo claro: casi la mitad de la riqueza, se genera fuera de España. Y ese sector exterior mantiene 4,6 millones de empleos, casi 1 de cada 4 puestos de trabajo existentes.

Y este sector exterior nos ha salvado la economía y el empleo en varias ocasiones. Primero, durante la crisis financiera (2008 a 2015): en 2009, por ejemplo, el PIB español cayó un -3,6%, pero hubiera caído mucho más (también el empleo) si las exportaciones no hubieran aportado ese año un +2,8% al crecimiento español. La segunda vez fue con la pandemia, en 2020: las exportaciones cayeron menos que la economía (-1,9% frente al -10,8% que cayó el PIB). Y ahora, han ayudado decisivamente a la recuperación, sobre todo en 2022, según el INE: la economía creció un 5,8%, la mitad por las exportaciones (aportaron un 2,9% al PIB). Y en el primer trimestre de 2023, el sector exterior salvó a la economía de caer: aportó un +0,4% al PIB, el doble de la aportación de la demanda interior (+0,2%), permitiendo que la economía española creciera un +0,6% ese primer trimestre.

El panorama ha cambiado en el 2º trimestre de 2023, ya que “el pinchazo” de las exportaciones” ha restado crecimiento a la economía española, según el INE: la aportación exterior fue negativa (-0,5%) y sólo la demanda interior (+1%) permitió que la economía creciera (+0,5% en el 2º trimestre). Ahora, podría pasar lo mismo el resto del año, aunque el Banco de España cree que todavía este año 2023, el sector exterior ayudará a la economía, aportando casi la mitad del crecimiento total (+1,2% del +2,3% previsto que aumente el PIB). Pero esa ayuda se va a acabar en 2024 y 2025, por el pinchazo de las exportaciones: en 2024, el sector exterior restará -0,3% al crecimiento anual (que bajará por eso al 1,8%) y en 2025 no aportará casi nada (+0,1% a un PIB que crecerá un 2%), según el Banco de España.

Esta perspectiva de unas exportaciones más débiles, por la ralentización de la economía y el comercio mundial, deberían forzar al futuro Gobierno (cuando lo haya, algo también incierto) a tomar medidas para impulsar el sector exportador y con ello, la economía y el empleo. Habría que actuar a dos niveles. Uno, inmediato, con un Plan de choque para impulsar las exportaciones de bienes y servicios, en línea con el Plan de apoyo a sus empresas y su economía que acaba de aprobar Alemania (32.000 millones de ayudas en 4 años). Habría que incluir ayudas financieras, fiscales y de promoción de la exportación, sobre todo en las regiones y sectores donde más se hayan reducido las ventas exteriores.

Y  a medio plazo, habría que tomar medidas estructurales para corregir los problemas “de fondo” que tienen las exportaciones españolas: están demasiado concentradas, en origen (sólo 25.000 empresas exportan más de 50.000 euros al año, las tres cuartas partes de ellas concentradas en Cataluña, Madrid, País Vasco, Comunidad Valenciana, Galicia y Andalucía) y en destino (el 74,6% de las exportaciones van a Europa y sólo un 8% a EEUU, China y Japón) y dominan los productos con poco valor (sólo el 6,8% de las exportaciones tienen alta tecnología, frente al 17,7% de las exportaciones europeas), según reconoce el Club de Exportadores.

En resumen, que las exportaciones nos han salvado el crecimiento y el empleo en las últimas crisis, pero ahora se han desinflado, por culpa del enfriamiento de la economía internacional, la guerra en Ucrania, el estancamiento en Europa y los problemas de China y del comercio mundial. Y si no las reanimamos, corremos el riesgo de crecer menos y perder empleo. Por eso, cuidar el flanco exterior de nuestra economía y nuestras empresas es clave para todos, aunque no se hable ni se escriba de ello. Apóyenlos.