España espera crecer un +2,9% este año 2025 (menos del 3,5% de 2024), según las previsiones del FMI, la Comisión Europea y el propio Gobierno. Pero no todas las regiones crecerán igual: este año habrán crecido más la Comunidad Valenciana (+3,6%), Canarias (+3,5%), Murcia y Madrid (+3,3%), Baleares (+3,2%), Cataluña y Castilla la Mancha (+3,1%), según las previsiones de BBVA Research. Lo que tienen en común estas autonomías es el turismo y las exportaciones, así como el impulso de las inversiones públicas y los Fondos europeos, factores que también están detrás de los mayores crecimientos por autonomías en 2024: Canarias y Murcia (+3,7%), Castilla León y Castilla la Mancha (+3,4%), Galicia y la Rioja (+3,3%), Madrid y Andalucía (+3,1%).
jueves, 18 de diciembre de 2025
España: sigue la brecha Norte-Sur (y otras)
España espera crecer un +2,9% este año 2025 (menos del 3,5% de 2024), según las previsiones del FMI, la Comisión Europea y el propio Gobierno. Pero no todas las regiones crecerán igual: este año habrán crecido más la Comunidad Valenciana (+3,6%), Canarias (+3,5%), Murcia y Madrid (+3,3%), Baleares (+3,2%), Cataluña y Castilla la Mancha (+3,1%), según las previsiones de BBVA Research. Lo que tienen en común estas autonomías es el turismo y las exportaciones, así como el impulso de las inversiones públicas y los Fondos europeos, factores que también están detrás de los mayores crecimientos por autonomías en 2024: Canarias y Murcia (+3,7%), Castilla León y Castilla la Mancha (+3,4%), Galicia y la Rioja (+3,3%), Madrid y Andalucía (+3,1%).
lunes, 12 de febrero de 2024
Los alquileres siguen subiendo
jueves, 21 de enero de 2021
Las 3 Españas, más lejos tras la COVID
Antes de la pandemia, en 2019, se repitió que 7 autonomías crecieran más y sean las más ricas (Madrid, País Vasco, Navarra, Cataluña, Aragón, Baleares y la Rioja), frente a otras 7 menos eficientes y más pobres (Melilla, Extremadura, Andalucía, Ceuta, Castilla la Mancha, Canarias y Murcia), con las 5 restantes en posición intermedia. Son las 3 Españas, que siguen ahí desde el año 2.000, incluso desde hace siglo y medio. Una desigualdad territorial que mantiene la renta de Extremadura en casi la mitad (56%) de la del País Vasco. Y ahora, con la pandemia, los expertos temen que esta brecha entre las 2 ó 3 Españas se agrande, como también la distancia de España con la renta europea (el 91%). Pero la pandemia también puede ser una oportunidad si se utilizan los Presupuestos y fondos europeos para corregir estos desequilibrios regionales, reformando además la financiación autonómica y las políticas regionales. Hay que reconstruir el país y conseguir vivir mejor todos, vivamos donde vivamos.
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| Enrique Ortega |
España ha estado creciendo los últimos 6 años (2014-2019), pero el crecimiento ha sido muy desigual por autonomías. Así, hay dos regiones que tiran de la economía, según confirman los datos de 2019 recién publicados por el INE: Madrid (produjo por valor de 240.129 millones, el 19,29% de todo el PIB español) y Cataluña (236.813 millones producidos, el 19,02%), a la que la capital “adelantó” ya en 2017 y 2018. Y le siguen, de lejos, Andalucía (165.865 millones producidos en 2019, el 13,32% del PIB español) y la Comunidad Valenciana (116.615 millones, el 9,32% del PIB). Entre las 4 regiones aportan casi dos tercios del crecimiento total del país (60,95% del PIB). Les siguen, muy de lejos, el País Vasco (5,98% del PIB español), Galicia (5,17%), Castilla y León (4,80%), Castilla la Mancha (3,43%), Canarias (3,78%) y Aragón (3,05% del PIB español). Y las 7 autonomías restantes, más Ceuta y Melilla, sólo aportan a la economía el 12,84% restante, casi la mitad entre todas que Madrid o Cataluña.
Esta aportación al crecimiento español de las distintas regiones ha variado muy poco en este siglo, salvo en un caso, Madrid, que aporta ahora (19,29%) un 1,6% más al PIB español que en el año 2000 (17,7%). También crece, aunque poco, la aportación de Cataluña (+0,30%), Murcia (+0,19%) y Baleares (+0,11%), mientras las demás regiones pierden peso en la economía española, aportando menos porcentualmente al PIB, sobre todo Castilla y León (-0,70%), País Vasco (-0,32%), Asturias (-0,30%) y Canarias (-0,22%), según el INE.
Pero hay que tener en cuenta la población de cada región y lo importante es lo que produce cada autonomía por habitante, el verdadero indicador de su pujanza económica. Y aquí es donde podemos hablar de las 3 Españas. Una España más productiva (y por tanto más rica), integrada por las 7 autonomías que tienen un PIB por habitante superior a la media española (26.426 euros en 2019, según el INE): Madrid (35.913 euros per cápita, +35,9% sobre la media), País Vasco (34.142 euros, +29,2%), Navarra (32.141 euros, +21,6%), Cataluña (31.141 euros, +17,75%), Aragón (28.727 euros, +8,70%), Baleares (28.213 euros, +6,76%) y La Rioja (28.200 euros, +6,71% sobre el PIB por habitante de España). Son las 7 regiones más ricas, donde viven el 42,76% de los españoles. Y lo más llamativo es que estas 7 regiones más ricas son las mismas que eran ricas antes de la crisis, en 2007 y en el año 2000, según las series del INE, aunque el País Vasco ha subido del 4º al 2º lugar.
En el otro extremo están las 7 regiones menos productivas y por tanto las más pobres, encabezadas en 2019 por Melilla (19.211 euros de PIB por habitante, -27,3% que la media española), Extremadura (19.454 euros, -26,39%), Andalucía (19.633 euros, -25,7%), Ceuta (20.903 euros, -20,9%), Castilla la Mancha (21.004 euros, -20,52%), Canarias (21.244 euros, -19,61%) y Murcia (21.642 euros, -18,1% sobre el PIB por habitante de España). Son las 7 regiones más pobres, menos productivas, donde viven el 35,52% de los españoles. Y en su mayoría, son las mismas regiones que eran las más pobres antes de la crisis, en 2007 y en el año 2000, aunque han salido de este grupo Galicia y Asturias (menos productivas en el 2000), incorporándose Canarias, Ceuta y Melilla (intermedias en el 2000).
Y queda una 3ª España, la intermedia, que produce menos que la media (recordemos: 26.426 euros en 2019) pero algo más que esas 7 regiones “pobres”. Son las 5 regiones restantes: Castilla y León (24.886 euros de PIB/habitante, -5,83% que la media española), Cantabria (24.383 euros, -7,74%), Galicia (23.873 euros, -9,67%), Asturias (23.299 euros, -11,84%) y la Comunidad Valenciana (23.206 euros, -12,19% sobre el PIB/habitante español). Una España intermedia donde viven el 21,72% restante de españoles. Y de nuevo, esta 3ª España es hoy muy similar a la de antes de la crisis, aunque en el año 2.000 estaban en este grupo Canarias, Ceuta y Melilla, que han caído a la España más pobre, mientras han mejorado Galicia y Asturias, que a principios de siglo eran “pobres” y ahora “intermedias”.
Un dato preocupante es que la brecha entre las regiones más productivas (más ricas) y las menos eficientes (más pobres) se mantiene elevada, a pesar de la anterior crisis (2008) y la posterior recuperación (2014). Así, en el año 2.000, Madrid producía más del doble que Extremadura por habitante (21.333 euros frente a 10.145, 2,10 veces más), en 2008 produjo 1,93 veces más, en 2013 (el peor año de la crisis), la brecha subió a 1,97 veces más (30.188 euros frente a 15.280) y en 2019, a pesar de los 6 años de recuperación, la brecha sigue alta, en 1,84 veces (35.142 euros que produce cada madrileño frente a 19.454 cada extremeño).
Y lo más llamativo: esta brecha entre regiones más o menos productivas se arrastra desde hace siglo y medio, según el libro “La desigualdad regional en España 1860-2015”, escrito por tres catedráticos universitarios (Díez Minguela, Martínez-Galarraga y Tirado). Ahí documentan que la desigualdad regional aumentó entre 1860 y 1910, se redujo después entre 1910 y 1950, volvió a bajar entre 1960 y 1985 y lleva siendo elevada desde 1986, a raíz de la entrada de España en Europa, debido a que una economía más abierta ha agravado las diferencias regionales, al competir mejor unas autonomías que otras en estos 34 años siendo europeos.
El otro problema es que las regiones españolas no sólo se distancian entre ellas sino también hay una brecha con las regiones europeas. En 2019, según acaba de publicar el INE, sólo 3 regiones españolas eran más productivas, más ricas, que la media europea (31.160 euros de PIB por habitante UE-27): Madrid (35.913 euros), País Vasco (34.142 euros) y Navarra (32.141 euros). Se ha caído en 2019 Cataluña (31.119 euros), que siempre ha tenido un nivel de riqueza superior a la media europea (salvo en 2008 y 2009). Y además, el PIB por habitante español se ha ido retrasando del PIB por habitante europeo: si llegó a un máximo del 94,72% en 2007, cayó a suponer el 88,63% del PIB/habitante europeo en 2013 y ha seguido distanciándose con la recuperación, hasta suponer el 84,8% del PIB/habitante europeo en 2019 (producimos 26.426 euros, frente a 31.160 en la UE 27). Así que no sólo hay una brecha entre autonomías, también hay una brecha con Europa que ha crecido desde 2007. Incluso teniendo en cuenta el distinto poder de compra, el PIB por habitante español “corregido” era el 91% del europeo en 2018, según el último dato de Eurostat.
Evidentemente, si unas regiones (o paises) producen más por habitante, son más ricos. Y son más ricos por su distinta estructura económica (más o menos industria, más o menos servicios), su población, la formación de los trabajadores y el nivel educativo, la tecnología, la mayor o menor inversión pública y privada, las infraestructuras o el peso de la exportación. Y en el caso de Madrid, el factor capitalidad, que aporta un crecimiento “extra”, porque las instituciones públicas y ser la capital atraen empresas, inversiones, población y talento, según este estudio del IVIE. Por eso hay regiones más productivas y otras menos, aunque el factor que más ha jugado en este siglo es la desigual creación de empleo.
Pero después de ver las regiones más o menos productivas, entran en juego los “contrapesos”, factores que intervienen para que las regiones acaben teniendo más o menos renta. El principal mecanismo que podría “corregir” la brecha económica entre regiones son las transferencias públicas (pensiones, desempleo, ayudas a la dependencia), las subvenciones y prestaciones sociales, el gasto en sanidad y educación, las inversiones públicas, los impuestos y la financiación autonómica. Y dentro de estas “medidas correctoras” de la brecha entre regiones, hay que tener muy presentes las ayudas europeas, que han sido ingentes: los fondos estructurales europeos recibidos entre 1989 y 2020 han sido de 176.000 millones de euros, muchos para las regiones.
Todas estas medidas deberían haber servido para corregir la brecha económica entre las autonomías, sumando más ingresos a las autonomías más retrasadas, para compensar sus menores ingresos. Pero no ha sido así, como se ve en el dato de la renta por habitante, los ingresos de cada persona visto lo que produce y sumando lo que le aporta la acción pública, vía transferencias, ayudas, subvenciones, impuestos y financiación. Y volvemos a tener 3 Españas, según los últimos datos disponibles (INE 2018), incluidos en este reciente trabajo de la Fundación Alternativas (FA) sobre la desigualdad territorial en España.
Tenemos 9 autonomías que tienen una renta por habitante superior a la media nacional (17.049 euros en 2018): País Vasco (22.082 euros), Navarra (20.117 euros), Cataluña (19.870 euros), Madrid (19.861 euros), Baleares (19.554 euros), Aragón (17.683 euros) y la Rioja (17.545 euros), exactamente las 7 autonomías que más producen (más PIB/habitante), a las que se suman dos “intermedias”, Asturias (17.484 euros de renta por habitante) y Castilla y León (17.298 euros de renta), porque son dos regiones muy envejecidas, con muchos pensionistas, lo que ha aumentado su renta final en los últimos años. Y las otras 8 autonomías (más Ceuta y Melilla, cuyos datos no se dan) tienen un nivel de renta por habitante inferior a la media nacional, sobre todo las regiones que ya eran económicamente las más pobres: Extremadura (12.382 euros de renta), Canarias (13.714 euros), Andalucía (14.048 euros), Murcia (14.075 euros) y Castilla la Mancha (14.537 euros). A ellas se suman, también con menos renta que la media española, 3 regiones “intermedias”: Comunidad Valenciana (15.149 euros renta/habitante), Cantabria (16.479) y Galicia (16.860 euros).
En definitiva, que las regiones que eran ricas, pobres o intermedias por su producción, por su estructura económica y de empleo, acaban siendo ricas, pobres o intermedias en la renta que finalmente reciben, a pesar de las transferencias públicas, las ayudas, inversiones, impuestos y financiación autonómica, lo que indica un fracaso en las políticas regionales. No se consigue apenas que mejoren y salten de puesto las más retrasadas, ni ahora ni en los últimos años. Y lo peor no es sólo que haya 2 Españas (o 3) en el nivel de renta, sino que han aumentado las diferencias, la brecha de renta entre regiones. Si en 1977, un balear tenía 1,81 veces la renta de un extremeño, mejoró algo en el año 2.000, cuando un aragonés ingresaba 1,53 veces lo que un andaluz, pero ha empeorado después: si en 2008, un vasco tenía 1,65 veces la renta de un extremeño, en 2018 tiene 1,78 veces más, según el informe de la Fundación Alternativas. Ha aumentado la desigualdad de renta entre territorios.
Esto confirma una España a dos o tres velocidades, no sólo entre regiones sino también con muchas desigualdades dentro de cada región. Y sobre todo en las más pobres. Así, el informe de la Fundación Alternativas desvela que las regiones con más desigualdad interna son Andalucía, Extremadura, Castilla la Mancha y Canarias, y que esa desigualdad ha aumentado entre 2008 y 2018. Y las regiones con menos desigualdad interna son dos de las más ricas, Navarra y Aragón, seguidas de Asturias, País Vasco, Cantabria y la Rioja. Y además, esa desigualdad interna se refleja en una gran diferencia de renta entre ciudades de una misma provincia, desigualdad municipal encabezada por Madrid, Barcelona, Sevilla, Cádiz y Granada, Alicante, Valencia y A Coruña.
S ha llegado hasta aquí, le habrá quedado clara la tremenda desigualdad entre regiones, dentro de cada región e incluso entre ciudades de una misma provincia. Y lo más tremendo es que esas desigualdades territoriales están ahí desde hace décadas y hasta siglos. Ahora, con la pandemia y la recesión consiguiente (la mayor desde la Guerra Civil), los expertos creen que la desigualdad territorial aumentará, como ha pasado en otras crisis y más dada la precariedad en que están las cuentas públicas. Sin embargo, la pandemia también puede ser “una oportunidad” para reducir la brecha de producción y renta entre regiones, si se planifica la recuperación con criterios de política regional.
¿Qué se puede hacer? Lo primero, invertir y gastar pensando en corregir los desequilibrios regionales, tanto los Presupuestos 2021 (muy expansivos) como los Fondos europeos, esos 79.796 millones que van a llegar en los próximos 4 años. El objetivo es regionalizar la mitad de este gasto, pero la otra mitad, la que gestione el Estado debería hacerse con el objetivo de reconducir el crecimiento y el empleo de las regiones más pobres. Una segunda medida es planificar todas las inversiones públicas e infraestructuras (incluidas las digitales y la vivienda) para fomentar la inversión y la instalación de empresas en la España más atrasada, que no puede vivir sólo del turismo, la agricultura o las pensiones. Un tercer frente de actuación es la fiscalidad, homogeneizando impuestos (evitando “paraísos fiscales como Madrid) y facilitando vivir e invertir en las regiones más pobres. Y aprobar de una vez un nuevo sistema de financiación autonómica (pendiente desde 2014), porque el actual beneficia claramente al País Vasco y Navarra (reciben un 80% más por habitante que el resto del país, según el informe de la Fundación Alternativas), además de Cantabria, la Rioja, Extremadura, Asturias, Aragón y Castilla y León, en total 6 de las 9 regiones con más renta.
La pandemia va a dañar más a las familias y trabajadores más vulnerables y también a las regiones más pobres y menos productivas. Pero puede ser una oportunidad no sólo para reconvertir la economía y modernizar el país sino también para reducir la brecha secular entre regiones. Hay que sentar las bases para que no haya españoles de primera y de segunda, para que no vivamos mejor o peor según la región donde residamos. Es otra gran asignatura pendiente de este país.
domingo, 4 de octubre de 2020
Madrid "se come" al resto de España
Este artículo no va sobre el coronavirus, pero sí sobre Madrid. Sobre el papel que juega en la economía española. A raíz de la pandemia y de la prepotencia de Díaz Ayuso, otros dirigentes regionales se quejan de la “gran aspiradora” de Madrid: absorbe inversiones, empresas y empleos a costa del resto de España, siendo la región más rica. El PP dice que es porque la gobiernan desde hace 25 años, pero un estudio revela la clave: ser capital de España, concentrando funcionarios, instituciones, multinacionales e infraestructuras. Y millonarios, atraídos por sus bajos impuestos, que hacen competencia desleal al resto de autonomías. Una baja fiscalidad que pagan muy cara los madrileños, al haber perdido 48.292 millones desde 2004: Madrid es la región que gasta menos en educación y la 2ª que menos gasta en Sanidad. Y ahora pide ayuda por la pandemia. Urge incluir entre las futuras reformas el papel de Madrid. “Madrid es España dentro de España”, dijo Díaz Ayuso. Menos Madrid y más España.
Este mayor crecimiento de Madrid ha atraído a la región más población que al resto: su censo ha aumentado en +1.333.000 personas (españoles e inmigrantes) entre 2000 y 2019, un +24,9% de aumento de población (ahora son 6.686.400 habitantes), frente al +16,5% que aumentó este siglo la población española, el +20,8% que aumentó Cataluña (6.549.800 habitantes), el +11,7% de Andalucía (8.445.200 personas) o el +21,4% de la Comunidad Valenciana (4.999.400 habitantes en 2019), según el INE.
Este mayor trasvase de población a Madrid se debe a que es la región que más crece y la que crea más empleo. Así, con la recuperación (entre 2014 y 2019), Madrid ha sido la región que creó más empleos, 538.400 nuevos, un +20,42% (1 por cada 5 empleos que había en 2014), frente al +17,8% que aumentó el empleo en toda España (+3.016.300) o al +17,47% que aumentó en Cataluña (+517.400), según la EPA. Con ello, Madrid es la región donde hay más porcentaje de adultos trabajando: el 52,85%, frente al 47,03% de adultos ocupados en España, el 51,05% en Cataluña o la Rioja, el 50,10% en Baleares o Navarra, el 48,8% en el País Vasco, el 41,56% en Extremadura o el 41,48% en Andalucía, según el INE. A lo claro: si Andalucía tuviera la tasa de empleo de Madrid, habría 380.472 andaluces más trabajando (+13%). Y 53.334 extremeños (+14,35%).
Al haber más crecimiento y más empleo, los que trabajan en Madrid ganan más, tienen los sueldos más altos de España, según los últimos datos del INE (de 2018): 27.010 euros brutos de salario medio, un 12,5 más que la media española (24.009), sólo superado por el País Vasco (28.470) y muy por encima de los sueldos en Cataluña (25.552) o la Comunidad Valenciana (22.121) y muy alejada de los sueldos en Andalucía (21.756 euros, el 80% que en Madrid) y Extremadura (19.947 euros (el 74% de Madrid).
Al final, el mayor crecimiento, la mayor atracción de población y empleo (sobre todo especializado: el 21% de todo el empleo cualificado está en Madrid), la mayor tecnología y especialización de los servicios (la región concentra el 35% de los servicios especializados de España) hacen que Madrid sea más productiva que el resto de las regiones: produce más por habitante. De hecho, era ya la región líder en el año 2.000 (21.380 euros por habitante frente a 19.442 euros por persona en Cataluña) y ha seguido aumentando las distancias hasta 2019: Madrid produce 35.876 euros por habitante, un 35,7% más que la media de España (26.438 euros) y un 16% más que la media europea (UE-28). Mucho más que el País Vasco (34.273 euros), Navarra (32.692 euros) o Cataluña (31.110 euros). Y muy lejos de Extremadura (19.073 euros) o Andalucía (19.432 euros), que producen casi la mitad por habitante que Madrid. A lo claro: 8,44 millones de andaluces producen 16.218 euros menos cada uno al año que 6, 68 millones de madrileños. Son datos oficiales.
Y la consecuencia de todo esto es que la renta en Madrid
es la 2ª más alta de España: 14.199
euros por persona, sólo por detrás del País Vasco (15.300 euros, por su
peculiar régimen fiscal) , por delante de Navarra (13.937 euros) y Cataluña
(13.527), muy alejada de Castilla la Mancha (9.715), Canarias y, sobre todo, Andalucía (9.160 euros) y Extremadura: 8.796 euros de renta por
persona, un 62% la de Madrid, según el INE. Con estos
datos, Madrid tiene una renta por habitante un 21,5% superior a la media española
(11.680 euros) y un 16% superior a la renta media europea. Y lo peor de estas
diferencias es que Madrid es la 2ª
región con más renta en España desde
1977.
Al final, el resumen es muy esclarecedor: Madrid tiene sólo el 1,6% del territorio (frente al 6,35% Cataluña o el 17,31% Andalucía) pero acapara el 14,29% de la población española (frente al 16,39% Cataluña y el 17,83% Andalucía), el 15,9% del empleo español (frente al 17,4% Cataluña y el 15,7% Andalucía) y aporta el 19,3% del PIB español (frente al 19% que aporta Cataluña y el 13,3% Andalucía).
¿Por qué Madrid es la locomotora de España y la región más rica? Para el PP, la razón es que la gobiernan los populares desde hace 25 años (desde 1995), con unas políticas neoliberales y bajos impuestos. Pero no es así, como demuestra este reciente informe del Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas (IVIE), promovido por la Generalitat Valenciana: la razón básica del éxito madrileño es su capitalidad, que ha convertido a Madrid en “una gran aspiradora” (en palabras del presidente valenciano Ximo Puig) de población, funcionarios, empleos cualificados, empresas, multinacionales, contratos públicos e infraestructuras, en perjuicio del resto de España. Para el presidente de Castilla la Mancha (García Page), “la mayor industria de Madrid es su capitalidad”.
Todos los economistas reconocen que las capitales de los paises se benefician del efecto llamado “economías de aglomeración”: la capital tiene la capacidad de atraer inversiones, empresas y empleos que buscan el beneficio de instalarse cerca del poder político y los Ministerios y de otras empresas y multinacionales. Y la concentración se retroalimenta: como hay muchas empresas, llegan nuevas empresas e inversiones. Es un círculo virtuoso, alimentado por las instituciones políticas y las mejores infraestructuras, más en el caso de España, un país con una red de transportes radial, que parte de Madrid.
El estudio de IVIE está plagado de datos que revelan el empuje de este “efecto capital” para Madrid. Como que el 44,5% de las 1.000 mayores empresas instaladas en España tienen su sede en Madrid. O que Madrid concentra el 34% de todas las inversiones aeroportuarias hechas en el siglo XXI. O que el 60% de los contratos públicos que hace la Administración se conceden a empresas radicadas en Madrid. O que el 29% de los empleados públicos trabajan en Madrid (150.000 funcionarios y sus familias). O que Madrid tiene empleo más cualificado, un 40,9% de universitarios frente al 30,8% en el resto de España, porque tiene más oferta de Universidades (debido a que tiene también más demanda). Y concentra un 35% de todos los servicios avanzados (alto valor añadido) que hay en España. Y en 2020, ha acaparado el 83% de toda la inversión extranjera en España.
Todo esto “empuja a Madrid al cielo”, no sus gobernantes. Y encima, Madrid se aprovecha menos de la capitalidad que otras capitales europeas. Así, Madrid aporta el 19,2% del PIB español, mientras Ámsterdam aporta el 21,6% del PIB holandés, Londres el 23,6% de Reino Unido, París el 31,2% de Francia, Viena el 25%, Estocolmo el 30,9%, Helsinki el 38,9% y Copenhague el 40,6%, según Eurostat. Sólo Bruselas (18,3% del PIB belga), Roma (11,2%) y Berlín (4,4% del PIB alemán) aprovechan menos que Madrid su capitalidad. Dicho de otro modo: Alemania, Italia y Bélgica son paises más descentralizados, donde la capital no se come al resto, como en Reino Unido, Francia, Austria y paises nórdicos.
La otra queja de muchas autonomías contra Madrid es que les hacen competencia desleal bajando impuestos (“dumping fiscal”), aprovechando que son la autonomía más rica. Y lo hacen, desde hace años, en todos los impuestos. Lo más llamativo es la bonificación del 100% en el impuesto sobre el patrimonio, desde 2008: un madrileño con 4 millones de euros de patrimonio (exentos 300.000 de su vivienda) no paga nada, mientras en Extremadura pagaría 59.919 euros, en Valencia 47.646, en Andalucía pagaría 44.214 euros, en Cataluña 41.943, y en Vizcaya 22.400, según este estudio del REAF. En el IRPF, Madrid tiene los tipos más bajos de España (los que ganan 110.000 euros, pagan 1.000 euros menos que en Andalucía y 2.000 menos que en Extremadura) y lo mismo en sucesiones y donaciones, en transmisiones patrimoniales y actos jurídicos documentados.
Estos impuestos a la baja han forzado al resto de autonomías a bajarlos, para evitar el trasvase de contribuyentes, que no se ha impedido. Sobre todo de los más ricos: 413 de las 611 grandes fortunas declararon en Madrid en 2018, según la Agencia Tributaria. Y también ha habido un trasvase de declarantes para evitar el pago de herencias. Y la presidenta Díaz Ayuso quiere seguir por este camino de rebajas en 2021, prometiendo bajar un 0,5% los tipos del IRPF, a pesar de los enormes gastos de la pandemia. Y de que se ha quejado al presidente Sánchez de que “necesita más ayuda”.
Esta rebaja de impuestos, en las últimas dos décadas, beneficia sobre todo a los madrileños con más recursos (son los más beneficiados en todos los impuestos) y priva a Madrid de cuantiosos ingresos: -4.571 millones en 2019, según los propios datos de la Administración regional, entre lo que pierde por Patrimonio (-996 millones), Renta (-870), sucesiones y donaciones (-2.631) y transmisiones y actos jurídicos (-56 millones). El “agujero fiscal” es de tal calibre que Madrid ha perdido -48.292 millones de euros por rebajas fiscales entre 2004 y 2019. Una pérdida de ingresos que se ha traducido en más recortes que otras autonomías (entre 2012 y 2015), mucha deuda (35.646 millones) y un bajo gasto social.
De hecho, Madrid es
la autonomía que menos gasta en educación (723 euros por habitante en 2019,
frente a 863,50 euros de media en España y 1.274 en el País Vasco), la 2ª que menos gasta en sanidad (1.220
euros por habitante en 2019, tras 1.166 euros Cataluña, 1.335 de media en
España y 1.719 euros que gasta Euskadi) y la
5ª autonomía que menos gasta en servicios sociales (277 euros por habitante
en 2019 frente a 300 euros de media en España, 694 Navarra y 446 Extremadura), según este reciente estudio de los
Directores de Servicios Sociales.
Ahí sufren los madrileños las bajadas de impuestos. Y ahí puede
explicarse por qué la sanidad madrileña
tiene una peor situación frente a la pandemia.
Ante este panorama, las demás autonomías tienen muchos motivos para quejarse de “la locomotora de Madrid”, porque avanza a costa de ellas. Por eso, proponen dos cosas. Una, limitar la competencia fiscal desleal de Madrid. Y para ello, habría que aprobar una Legislación que unificara tipos, para “evitar el dumping fiscal”, dentro de la urgente reforma del sistema de financiación autonómica (pendiente desde 2014). Y la otra, suavizar los efectos de la capitalidad, descentralizando lo más posible: Ministerios (Alemania tiene 10 Ministerios en Berlín y 6 en Bonn), instituciones (el Bundesbank o banco central alemán está en Frankfort), organismos públicos (el Instituto de Oceanografía está en la capital, una ciudad sin mar), funcionarios (el estudio del IVIE cree que podrían trasladarse 45.000 y sus familias). Y tratando desde el Gobierno de repartir los contratos públicos y las inversiones e infraestructuras fuera de Madrid, fomentando también la descentralización de inversiones y empleos privados, vía incentivos fiscales.
Somos un país muy descentralizado, con un
gran poder de gasto y gestión en las autonomías pero donde Madrid tiene cada año
más peso y concentra más riqueza y empleo, en perjuicio de otras
regiones, sobre todo las vecinas. Si ahora hay que pensar en reformas
a medio plazo, una de ellas debe ser reequilibrar España, reducir
las crecientes desigualdades entre la España rica y la pobre y
entre Madrid y el resto del país. “Madrid
es España dentro de España ¿Qué es Madrid si no es España”, dijo la
presidenta Díaz Ayuso rodeada de banderas. Vale. Pero lo que hace falta es menos Madrid y más España.

