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miércoles, 1 de mayo de 2013

1 de Mayo: los trabajadores, peor que nunca


La mayoría de trabajadores esperan el 1 de mayo para escaparse de puente. Pero es una fecha para hacer balance del trabajo en España, que atraviesa el peor momento en la democracia: 6,2 millones de parados, muchos contratos temporales, más subempleo, sueldos mileuristas y a la baja, pérdida de poder adquisitivo, más pobreza y desigualdad, recorte de pensiones y prestaciones sociales. Y tres colectivos que sufren especialmente la crisis: jóvenes, mujeres y mayores de 55 años. Todo ello, mientras las empresas ganan peso en el reparto de la renta, frente a los salarios, por primera vez en 32 años. Y con los sindicatos cada vez más débiles y suspendidos por la mayoría de españoles. El problema de fondo es que se ha aprovechado la crisis para recortar derechos laborales a los trabajadores, que serán muy difíciles de recuperar cuando llegue la ansiada recuperación.Trabajar ya nunca será como antes.
enrique ortega

La mayoría de trabajadores quizás no saben que el 1 de Mayo se celebra como homenaje a los 5 anarcosindicalistas ahorcados en Chicago (EEUU), tras la huelga general iniciada el 1 de mayo de 1886 por la jornada de 8 horas diarias (se hacían entre 10 y 12). Pero sí saben que hoy, tras cinco años de dura crisis, pintan bastos para el trabajo, en España y en todo el mundo. Lo peor lo llevan los que han perdido su trabajo, 3,84 millones de españoles, pero los 13,9 millones de asalariados que siguen con un empleo están sufriendo cada día precariedad, peores condiciones laborales y recorte de salarios, mientras pierden poder adquisitivo, prestaciones sociales y temen por sus pensiones futuras.

El peor 1 de Mayo es para los 6,2 millones de españoles sin trabajo, de los que 3.842.200 han perdido su empleo con la crisis (3.263.800 asalariados). Y dentro de los parados, hay tres bloques que se llevan la peor parte: más de la mitad de los parados (51,08%) que no cobran ningún subsidio (3.167.864 parados EPA), la mitad larga (56,3%) que lleva un año o más sin trabajar (3.49 millones de parados de larga duración) y más de la mitad de los parados que no tienen formación (casi 3 de cada 4 parados después de 2008 tienen sólo estudios primarios o secundaria incompleta). O sea, que la mitad de los parados carece de ingresos  y tiene un futuro negro.

Junto a los parados, hay dos colectivos preocupantes. Uno, los “desanimados: personas en edad de trabajar (16-65 años) que ni trabajan ni buscan ya trabajo: son casi 600.000, según la EPA, el triple que antes de la crisis (198.300 en 2007). Y otro, los subempleados, los que trabajan menos horas de las que quisieran: 2,3 millones de trabajadores, según Afi-Agett, casi un millón más que antes de la crisis. De ellos, 1,5 millones trabajan a tiempo parcial por obligación  y el 53% son mujeres (35 a 44 años).

En conjunto, la suma de parados, desanimados y subempleados da 8,9 millones de trabajadores que los expertos llaman “descontentos, un 39,5 % de la población laboral. Pero el resto no está precisamente contento. Primero, porque un tercio de los trabajadores (35%) temen perder su empleo en 2013, según un estudio de Hays. Y tienen motivo: con una nueva caída del PIB del 1,4% (según Bruselas), este año se perderán otros 500.000 empleos. Y segundo, porque la crisis y la reforma laboral (febrero 2012) han deteriorado sus trabajos y sus sueldos.

La reforma laboral del Gobierno Rajoy, en plena recesión, ha provocado tres efectos negativos. Uno, ha aumentado el paro (-850.000 empleos en 2012), al facilitar los EREs (+56%, con 451.893 trabajadores afectados) y despidos individuales (146.647 demandas por despido en los juzgados, +25,3%). Dos, los ha abaratado: el coste medio por trabajador ha bajado un 23% (al generalizarse los 20 días por año). Y tres, ha rebajado los salarios: 3 de cada 4 empresas han utilizado la reforma laboral para despedir o bajar salarios, según un estudio de Adecco-Sagardoy. Y un tercio de las empresas redujo o congeló salarios en 2012, según otro estudio de Deloitte.

La devaluación de los salarios está en marcha desde 2010, con tres años de bajadas en los costes laborales, un 8,5% en 2012. Así, el coste laboral por hora trabajada en España (2011) es un 25,3% inferior a la zona euro: 20,6 euros por hora, frente a 34,2€ en Francia, 30,1€ en Alemania o 26,8€ en Italia. La subida de los convenios 2012 fue del 1,3% (+0,7% los nuevos) y este año, la patronal no quiere cumplir el anterior pacto con los sindicatos (+0,6% de subida para 2013 y 2014), apostando por la congelación y la rebaja de salarios. Mientras, el Gobierno ha enviado a Bruselas un Plan de estabilidad que contempla rebaja de los costes salariales hasta 2016: -1,7% en 2012, -1,0 en 2013 y -0,5% para 2014 y 2015.

Con ello, los salarios han ido perdiendo peso en el reparto de la tarta de la renta y en 2012 se llevaron sólo un 44,2 %, menos que los excedentes empresariales (46,1%), por primera vez en los últimos 32 años. Y además, hay más desigualdades salariales y más mileuristas: 15 millones de españoles (4 de cada 10) ganan menos de 1.000 euros al mes. Y de ellos, 4.528.830 son asalariados (30% de trabajadores son mileuristas). Pero la mitad no llegan ni a eso: 2.830.304 trabajadores (18,7% del total) son minieuristas, ganan menos de 820 euros al mes. Y casi la mitad (10% de los asalariados) gana el salario mínimo (645,30 € al mes).

Además de salarios congelados o a la baja, los trabajadores sufren una pérdida de poder adquisitivo, porque los precios suben más que su sueldo y el Gobierno ha subido impuestos: el IRPF en 2012 y 2013 (subida entre 0,5 y 7% del tributo, unos 250 euros al año para un trabajador que gane 30.000 euros) y el IVA en septiembre 2012 (500 euros al año por familia), además de subidas de tasas (municipales, universitarias, judiciales) y copagos. Con ello, los trabajadores han perdido un euro al día en 2012 y otro tanto en 2013, tras ser España el tercer país europeo donde los salarios han perdido más poder adquisitivo entre 2010 y 2012 : un -6%, tras Portugal (-10%) y Grecia (-20%), mientras crecía en Alemania (+1,5%).

Pero no es sólo el bolsillo. La crisis y la reforma laboral han agravado la precariedad laboral, con un exceso de contratos temporales (23% frente al 14,1% en la UE) que se encadenan (4 de cada 10 trabajadores), ahora más fáciles de hacer a los jóvenes (desde marzo 2013, el Gobierno permite a las empresas hacerlos sin tener que alegar causa para ello).Además, muchas empresas han quitado beneficios sociales (vales comidas, seguro médico, autobuses de empresa, ayudas hijos y guarderías, plan de pensiones…), pago de complementos y horas extras, han forzado movilidad y cambiado horarios.

Y ahora es más arriesgado ponerse enfermo: se puede despedir a un trabajador si falta al trabajo, aún con baja médica, 10 días en  dos meses. Por eso, muchos van a trabajar enfermos, según distintos estudios, y el 85% pasan más horas en el trabajo de lo que deben (en 2010 eran el 45%), según Randstad. Más horario cuando España es el cuarto país de Europa que más horas trabaja (por detrás de Austria, Portugal y Suecia): 1.690 horas frente a 1.433 horas en Alemania (-20%), 1.476 en Francia o 1.625 en Reino Unido. Trabajamos más con menos sueldo: 22.790 euros de media (INE 2010) frente a 27.036 euros en la UE, 40.914 en Alemania o 46.058 en Gran Bretaña.

Hay 3 millones de trabajadores, los del sector público, que han sufrido un gran retroceso laboral: tres años consecutivos de congelación salarial, supresión extra de Navidad, recorte de mejoras y más despidos (218.900 en 2012). Y hay 800.000 interinos y contratados en el Estado, autonomías y Ayuntamientos que tienen muy negro su futuro. Junto a ellos, hay tres colectivos que están sufriendo más la crisis : los jóvenes ( con un 57,2% de paro entre los menores de 25 años y 1.865.000 jóvenes de 15 a 25 años que son ni-ni : ni estudian ni trabajan), los mayores de 55 años (casi 3 millones de españoles que son ni-ni-ni : ni trabajo, ni paro ni pensión) y las mujeres: trabajan sólo la mitad de las que podrían, con más precariedad y peores puestos, cobran un 22,5% menos, tienen más paro, cobran menos desempleo y se jubilan con un 40% menos de pensión que los hombres.

Tras este repaso, parece claro que el balance laboral en este 1 de Mayo es bastante negro. Y no se ven mejoras a corto plazo. Por un lado, hay entre 2 y 3,5  millones de trabajadores con convenios sin firmar y que caducan en julio 2013: los sindicatos temen que las empresas no quieren renovarlos para empeorar las condiciones laborales de estos trabajadores. Por otro, la salida de la crisis podría retrasarse a 2015, según la UE y el FMI. Y llegará con un bajísimo crecimiento (+1,6% para 2018), que apenas creará empleo y que mantendrá unas duras condiciones laborales en unas empresas con pocas ventas.

Al final, la crisis, la globalización y las políticas de Bruselas y Rajoy se han sumado para debilitar las condiciones laborales de los trabajadores como nunca antes en España. Y eso, con unos  sindicatos más débiles, que han perdido afiliados y credibilidad: un 70% de españoles los suspenden y son la 8ª institución peor valorada, sólo por detrás de los políticos, el Gobierno, bancos, obispos  y patronal, según Metroscopia.

La cuestión es que un país moderno no puede aspirar a competir en el mundo con un modelo laboral de China o Marruecos sino con una economía asentada en la industria, la tecnología y las grandes empresas, con trabajadores formados y productivos, no con casi 9 millones de españoles insatisfechos y generaciones perdidas por el paro y el subempleo. Un negro panorama laboral no hace la economía más competitiva, sino menos. Trabajar a disgusto no es rentable. 

domingo, 3 de febrero de 2013

La doble crisis de los medios de comunicación


La crisis se ha llevado por delante muchas empresas y entre ellas 200 medios de comunicación, con 27.500 periodistas en paro. Una crisis internacional, agravada en 2012 y que tiene tres causas: caída drástica de la publicidad, menos lectores y un cambio de modelo donde los internautas apuestan por el gratis total para informarse. Pero la crisis de los medios no es sólo un problema económico: arrastra consigo a la libertad de expresión y al derecho de todos a informarse, porque unos medios que pierden son poco independientes del poder, las empresas y la banca. Y eso lo sufrimos todos: sin periodismo libre no hay democracia. Resolver esta doble crisis, agravada en España, no es fácil. Obligará a buscar un modelo de negocio en Internet, un pacto con Google (como en Francia), y unos lectores dispuestos a pagar por la independencia y la calidad. Casi nada.
enrique ortega

2012 ha sido un año negro para los medios de comunicación, que ya venían arrastrando una dura crisis desde 2008. Han desaparecido 197 medios de comunicación en España, según el último informe de la profesión periodística: 22 diarios (el último, en febrero 2012, Público, el último periódico nacido en España, en 2007), 10 periódicos gratuitos (tres de los cuatro nacionales: Metro, Qué y ADN), 132 revistas, 2 agencias (Cover y Fax Press), 4 radios y 20 televisiones. Y se han perdido 8.000 empleos, con 27.443 periodistas en paro, ocho veces más que antes de la crisis (2007), tras drásticos EREs en todos los grupos periodísticos.

La crisis de los medios es un problema mundial, desde Estados Unidos (cierre de 152 cabeceras en 2010 y otras tantas en 2011), hasta Europa, con cierres y recortes en Gran Bretaña, Italia, Alemania y Francia. Pero en España, la crisis ha sido más grave porque ha estallado la burbuja mediática, alimentada por la burbuja del ladrillo (constructores metidos a editores) y del crédito (bancos y Cajas detrás de medios, sobre todo regionales): somos el segundo país de Europa con más cabeceras (116, frente a 70 de media en la UE), tras crearse 140 medios durante el boom. Y hay también una burbuja formativa: 40 centros con 70.000 alumnos y 2.600 periodistas licenciados al año (2011).

La burbuja de los medios ha estallado, en España y en otros países, por dos razones. Una, la caída drástica de los ingresos por publicidad: han caído un 42% entre 2007 y 2012, pero a la prensa escrita le han caído un 60%, según Infoadex. La otra, la pérdida de lectores, un 20% en cinco años, según la OJD. Y de esto, mucha “culpa” tiene la irrupción de Internet, que ha llevado a muchos a no comprar periódicos ni escuchar noticias para leerlas en su ordenador, teléfono o tablet. De hecho, de los 24 millones de internautas españoles, el 62% leen las noticias en Internet (50% en Europa). Y la mayoría lo hacen “gratis total”, sin pagar un euro.

Con ello, los medios han entrado en pérdidas: al cierre de 2012, hasta El País perdía dinero, cuando los diarios ganaban 232 millones en 2007. Ello les ha llevado a drásticos recortes de gastos, plantilla y hasta de papel (ABC y El Mundo han reducido 2 centímetros sus cabeceras), intentando vender de todo menos periódicos. Los medios digitales no están mejor, con plantillas exiguas, muchos escribiendo sin cobrar y con poca publicidad. Las radios aguantan regular (ABC Punto Radio ha sido absorbida por la Cope) y las televisiones se llevan el mayor recorte de la publicidad o de los Presupuestos públicos. Aunque las 13 televisiones autonómicas (sin audiencia y sin publicidad) todavía nos van a costar 951 millones de euros en 2013, a pesar de los drásticos recortes en Telemadrid, Canal 9 y 7RMurcia.

Mención aparte hay que hacer de RTVE, que en 2012 ha vuelto a tener pérdidas (-105 millones, tras perder -11,5 en 2011), gracias a la decisión del Gobierno Zapatero de quitarle la publicidad en 2010 y, sobre todo, tras los recortes presupuestarios: -204 millones en 2012 y otros 50 en 2013. Con ello, se ha asfixiado a la televisión pública, que ha tenido que recortar drásticamente gastos y programas, lo que le ha llevado en 2012 a perder el liderazgo (12,2% de audiencia), en favor de las privadas, Telecinco (líder, con el 13,9%) y Antena 3 (12,5%). Un duopolio privado, tras la fusión Telecinco-Cuatro y Antena 3-La Sexta, que controla el 86% del mercado publicitario, un poder inédito en Europa (59% en Francia, 66% en Reino Unido, 74% en Alemania y sólo 85% en Italia). Un duopolio  a costa del hundimiento de TVE, que les llevó a tener escandalosos beneficios en 2011 (110,54 millones Tele5 y 93,43 Antena 3), aunque han caído drásticamente en 2012 (a 55 y 7 millones), por la digestión de las fusiones y otra bajada de la publicidad (-18,3%).Y los canales TDT son un fiasco de audiencia (1% Intereconomía, 13TV o MarcaTV)  y de pérdidas ("El Gato al Agua" no paga a sus periodistas desde octubre).

Este 2013, seguirá la crisis de los medios, porque la publicidad volverá a caer (-10,2%) y no se recuperará hasta 2014. Pero el mayor problema lo tiene la prensa escrita, que sigue perdiendo peso frente a la digital: en 2012, la audiencia de los medios digitales creció un 19%, mientras caía la prensa de papel. Y ya tiene más usuarios: 7,2 millones mensuales El País digital (frente a 5,98 millones de audiencia mensual El País papel) y aún más El Mundo (6,98 millones de usuarios digitales frente a 3,77 millones en papel).

En todo el mundo, las empresas de medios buscan un nuevo modelo de negocio, que sin abandonar el papel (algunos sí, como Newsweek) se vuelque en lo digital. Unos apuestan por suscripciones de pago estrictas (Wall Street Journal) y otros por pagos limitados a algunos servicios (The New York Times o ahora Finantial Times). En España, cuesta introducir el pago por noticias, a pesar del intento de los quioscos digitales (Orbyt y Kiosko y Más). Y luego, en Europa, los editores tienen la vista puesta en Google, en cómo sacarle una parte de los ingresos por publicidad que se lleva (80% publicidad de Internet). En Alemania, Merkel ha aprobado una tasa a Google por enlazar contenidos de los medios, pero aún no la ha aprobado el Parlamento. Y también lo han pedido los editores españoles. Pero Google se niega a pagar una tasa y lo más que acepta, como ha hecho en Bélgica, es permitir que los medios ganen más con sus servicios (AdWords). O pactar con Hollande una ayuda (no un cánon) de 60 millones a la prensa francesa, que podría extenderse al resto de Europa.

Si no hay publicidad, los medios tendrán que cobrar por las noticias (de algún modo imaginativo) para sobrevivir. Pero, si lo consiguen, será en precario, recortando costes en perjuicio de la calidad del producto. Y aquí viene el segundo gran problema de esta crisis: unos medios con pérdidas, sin apenas ingresos, son tremendamente vulnerables. Sin beneficios no hay prensa libre sino medios muy dependientes de las empresas, los bancos y el poder (publicidad institucional). No en vano, con las pérdidas y el desmantelamiento de RTVE, el panorama es desolador: sólo hay un periódico (El País) y una radio (la SER), medianamente independientes (necesitan créditos e inversores), mientras la mayoría de los periódicos, diarios digitales, revistas, radios y televisiones (salvo la Sexta) apoyan al Gobierno Rajoy y su política de recortes.

La crisis ha hundido a los medios, el cuarto poder, poniendo en grave riesgo la información libre, de la que cada día está más necesitada la sociedad. Muchos de los mejores periodistas están en paro o jubilados, mientras dirigen los medios gerentes agobiados por las deudas y la cotización en Bolsa. Y los lectores desconfían cada vez más de los medios clásicos. Y se vuelcan en Internet, que parece más libre, pero donde falta rigor, calidad, medios y originalidad (8 de cada 10 noticias que circulan en la red proceden de la prensa). Es una mala época para el periodismo  y sin periodismo no hay democracia. Nuestra crisis es la crisis de todos.

miércoles, 15 de febrero de 2012

Reforma laboral : a cambiar plantillas


Despedir será ahora más fácil y barato. Y habrá más ayudas para contratar a jóvenes y parados. La reforma laboral de Rajoy crea incertidumbre a 14,8 millones de asalariados, a los que su empresa podrá despedir con 20 días si tiene pérdidas o vende menos (la mayoría). Y da esperanzas a 5,27 millones de parados, porque hay más ayudas para contratarlos. Pero como estamos en recesión, las empresas piensan más en despedir que en contratar y esta reforma se lo facilita. El riesgo es que las empresas se quiten personal antiguo y lo cambien por personal más joven y barato. Los padres por los hijos. De momento, los que trabajan han perdido derechos. Falta por ver que sea para salvar empresas y empleos. Porque, más que otra reforma laboral, lo urgente es un Plan de choque para reanimar la economía.
enrique ortega

Es la tercera vez en los últimos treinta años que el paro supera en España el 20%, aunque nunca había superado los 5 millones (ahora hay más población activa). La primera fue en 1984-86, a raíz de la crisis de 1979-82. La segunda, con la crisis del 92, que produjo altas tasas de paro hasta 1997 (23,9% en 1994, más que ahora). Y la tercera, la crisis actual, con un 22,9% de paro en 2011. Es recurrente: cuando la economía crece poco, menos del 2%, el paro se dispara en España mucho más que en el resto de Europa. Y en todos estos años, los Gobiernos han buscado la receta en la reforma laboral: 58 reformas desde 1980. Sin éxito.

¿Por qué cuando hay crisis, el paro se dispara más en España? Por un lado, nuestra estructura económica es menos competitiva, con menos peso de la industria (17% del PIB y 14% del empleo, frente a un 27% en Alemania) y un mayor peso del ladrillo y los servicios. Nuestras empresas son más pequeñas, exportan menos (sólo 39.000 de 3,2 millones) e incorporan menos tecnología e innovación. No es casualidad que el País Vasco (con un 27% de industria, muy exportadora y con mucho I+D+I) tenga sólo el 12 % de paro. Además, la mitad de los españoles tienen una baja formación (ESO o inferior) frente a un 22,1% en Europa. Y cuando vienen mal dadas, son los primeros que despiden las empresas. Y luego hay factores laborales: la negociación colectiva es muy rígida (en plena crisis subieron los salarios y no se repartió el empleo) y dos de cada tres empresarios optaron por hacer frente a la crisis con despidos.

Lo que no se puede decir es que España no tenga flexibilidad laboral: desde 2002 se han producido 7 millones de despidos, dos tercios despidos exprés, sin causa, al amparo del decretazo que aprobó el Gobierno Aznar en 2002. Despedir se podía, aunque era más caro que en Europa: 45 días por año (máximo 42 meses). Y por eso, la mayoría  de los despedidos han sido los contratados temporales (12 días de indemnización), que eran un tercio de los contratos gracias a otra reforma, la del Gobierno González en 1984, que agobiado por el paro abrió la mano a la contratación temporal, el 95% de los contratos hechos en 2011.

Ahora, la reforma Rajoy tiene tres patas. Una, la más polémica, facilitar y abaratar el despido. Se rebaja de 45 a 33 días la indemnización por despido improcedente y se facilita el despido por causas económicas: cualquier empresa “con pérdidas actuales o previstas” o con caída de ventas durante 9 meses (la mayoría) podrá presentar un expediente de despidos, sin tener que esperar una autorización administrativa, como ahora. Y con una indemnización de 20 días por año (máximo 12 meses), cuando ahora la mayoría de ERES pagaban 45 y más. Y esto vale también para empresas y organismos estatales, autonómicos y municipales, que podrán hacer ahora estos “EREs de a 20” al personal no funcionario (850.000 contratados).

La segunda, se permite al empresario rebajar el sueldo de sus trabajadores por razones de competitividad o productividad (caída de ventas 6 meses o pérdidas, incluso su previsión) y  cambiarles la jornada, el horario, los turnos o las funciones, sin pactarlo con nadie si afecta  a menos de un 10% de la plantilla (si es más, habrá consultas y un mediador). Si el trabajador no acepta, se puede despedir con 20 días por año (y un máximo de sólo 9 meses).

La tercera pata de la reforma, la más “vistosa”, es el nuevo contrato indefinido para que las pymes contraten con ayudas a jóvenes, mujeres y parados de larga duración, aunque tienen un periodo de prueba de 1 año (podría haber un abuso de despedir y rotar contratos). Además, se impulsa el contrato de formación y el de tiempo parcial, una especie de minijobs: trabajar menos horas por 480 euros. Y además, se quiere mejorar la formación (clave) y la gestión del desempleo, con la entrada de las ETTs privadas, que ya autorizó el Gobierno socialista hace un año pero que están paradas porque las autonomías no les firman los convenios.

Al final, ahora el despido es más fácil y barato, lo que agilizará los EREs pendientes (12.000 despidos, entre ellos los de Spanair). Y hay muchas empresas y organismos públicos que estaban a la espera de la reforma para ajustar más sus plantillas, por la caída de ventas. El informe del BBVA vaticina  2.000 nuevos parados diarios en 2012, por la recesión. Ahora su salida será más fácil. Y también que las empresas rebajen costes salariales, en un país donde ya hay 8 millones de asalariados mileuristas, de los que 5,7 millones (un tercio de los ocupados) ganan el salario mínimo (641,20 € al mes) o menos. Caerá más el consumo.

Lo que es más dudoso es que se creen empleos, a pesar de las nuevas ayudas, porque la economía está en recesión y las empresas no piensan en crecer: sólo el 4% de las empresas crearán empleo en 2012, según las Cámaras de Comercio. Lo que puede pasar es que se cambien empleos viejos, más caros, por nuevos, más baratos y precarios. Padres por hijos.

Para atajar el paro y crear empleo, hace falta un Plan de choque para reanimar la economía, con incentivos a la inversión y a la actividad, bajando cotizaciones sociales como ha anunciado Sarkozy (subiendo el IVA y algunos impuestos). Estamos en recesión y la reforma laboral de Rajoy, aunque guste mucho a Bruselas y a  los mercados (pero Moody´s ha vuelto a bajar la nota de España, por la recesión), va a agravar el paro y frenar más el consumo este año, aunque pueda servir para crear empleo cuando la economía se recupere. Pero eso será en 2014 y entonces tendremos más de 6 millones de parados. Eso sí, no serán los de ahora: saldrán unos y entrarán otros. Cambiarán las plantillas.

domingo, 19 de junio de 2011

El doble pulso de los convenios

Ha sido el parto de los montes. Patronal y sindicatos han estado más de cuatro meses negociando la reforma de los convenios y al final el Gobierno ha aprobado unos cambios que no convencen a nadie. Se repite la historia de la fallida reforma laboral de septiembre. El acuerdo ha sido imposible porque una parte de la patronal ha echado un órdago en su pulso con los sindicatos: querían cambiar las condiciones de trabajo, pero sin tanto control sindical. Apuestan porque los mercados, Bruselas o un futuro Gobierno del PP harán una reforma a su medida. Mientras, el Gobierno abre la vía a convenios más flexibles y a cambio, facilita el despido (lo abarata). El problema es que para contratar se necesita no sólo convenios más flexibles sino que las empresas vendan, inviertan y tengan financiación. Y eso sigue faltando.
Cada año se firman en España unos 5.000 convenios, que rigen las condiciones de trabajo de un 80% de los asalariados, de unos 11 millones de trabajadores. Sólo quedan fuera algo más de 4 millones, sobre todo funcionarios (3 millones), empleadas de hogar y trabajos en precario (muchos jóvenes). Tres de cada cuatro convenios son de empresa, pero sólo afectan a un 10% de los trabajadores, ya que la mayoría están cubiertos por convenios de sector, provinciales (55% trabajadores), autonómicos (10%) o nacionales (25%), que fijan condiciones de trabajo de arriba abajo, al margen de la situación de cada empresa.
Los empresarios querían, y con razón, dar más peso a los convenios de empresa, para adaptar sueldos, horarios, categorías y condiciones de trabajo a la marcha de la empresa en cada momento. Y empezaron su particular pulso con los sindicatos, para ver cómo decidían los cambios en los convenios. Pero dentro de la patronal había otro pulso, entre los que saben que es mejor un acuerdo pactado que una imposición y los que piensan que el mejor convenio es el que no existe y defienden que el empresario decida lo que hace en su empresa (y más con la crisis). Al final, se ha impuesto esta línea dura, que cree que pueden conseguir más con una reforma impuesta por los mercados, Bruselas o un  Gobierno del PP.
La ruptura vino porque la patronal quería dejar fuera de convenio a los directivos y a las pymes con menos de 6 empleados (sería dejar fuera a un 75% de las empresas y a un 25% de los trabajadores) y porque no aceptaban que los sindicatos tuvieran que dar el visto bueno a los cambios en las condiciones laborales. Un pulso de poder en la empresa. El Gobierno ha optado por una solución salomónica, que da más flexibilidad a los convenios, pero con control sindical. Hay tres cambios importantes. Uno, prevalece el convenio de empresa sobre el resto. Dos, se permite a las empresas modificar las condiciones de trabajo, desde horarios (reparto de un 5% de la jornada) a movilidad, incluso con la posibilidad de descuelgue salarial, para que las empresas con problemas paguen menos que el convenio sectorial. Y eso en el plazo de un mes, recurriendo a un árbitro (como con los controladores) en caso de desacuerdo, así como para renovar un convenio atascado (debe renegociarse en 8-14 meses).
Teóricamente, ahora será más fácil flexibilizar las condiciones de trabajo en una empresa, aunque habrá que negociarlas. Con ello se quiere facilitar que las empresas ajusten sus horarios y sueldos antes de tener que despedir. Sin embargo, el Gobierno, para compensar a la patronal, ha aprobado, junto a la reforma de convenios, un Reglamento que facilita (más bien, abarata) los despidos colectivos (ERE): ahora permite a las empresas que soliciten despidos con una indemnización de 20 días por año (en vez de los 45 días habituales) si prevén que van a tener pérdidas, incluso transitorias. Un coladero que va a multiplicar los ERE.
El problema en España, por mucho que se diga, no es que sea difícil despedir, como lo prueban los 2.358.000 empleos perdidos desde que empezó la crisis. La propia OCDE señala que en España es más fácil despedir que en Francia, Alemania, Luxemburgo, Bélgica, Italia, Portugal o Austria, por ejemplo. Otra cosa es que sea más o menos barato. Pero si se abarata, como ha hecho el Gobierno socialista para contentar a empresas y mercados, ¿no estamos facilitando que haya más despidos?
La reforma de los convenios, la aprobada o la que finalmente se apruebe en el Congreso (si da tiempo), es clave para flexibilizar las condiciones de trabajo en las empresas, mejorar la productividad y evitar más despidos. Pero no va a crear empleo por sí misma. Para que las empresas creen empleo tienen que vender, invertir y eso resulta difícil con la caída del consumo y los ajustes. Y les hace falta financiación, crédito, “la gasolina” del empleo. Sólo así, con más ventas y financiación, las empresas pueden pensar en crear empleo. Y para ayudarles, mejor que el despido libre (con 20 días) que piden algunos sería rebajarles las cotizaciones sociales, para que no les sea tan caro contratar, como ha pedido la Unión Europea. Pero eso obliga a subir impuestos a los que tienen empleo (y a las empresas y particulares con más beneficios). Y no parece que se esté por la labor.
En resumen, tenemos una reforma de convenios impuesta, que puede quedar en agua de borrajas o tumbada por los mercados. Tenemos un pulso en las empresas que sigue ahí y que debería quedar en tablas, primando el acuerdo, para salvar el empleo. Y tenemos demasiada ideología y demasiado politiqueo a corto plazo, que pueden frustrar un necesario Pacto por el empleo, equilibrado y realista, que no puede esperar a 2012. Actúen ya.