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lunes, 28 de noviembre de 2016

Salarios: perderán poder adquisitivo en 2017


Sindicatos y empresarios tienen que acordar en diciembre las subidas salariales para 2017.UGT y CCOO piden aumentos del 1,8 al 3% y la patronal no quiere subir del 1,5%. Mientras, la inflación repunta y Bruselas prevé que España sea uno de los tres países europeos donde los trabajadores pierdan poder adquisitivo, en 2017 y 2018. Eso cuando la crisis ha estancado los salarios: bajaron un 0,7% entre 2008 y 2014 y sólo subieron 84 céntimos entre 2010 y 2014. El sueldo más habitual no llega a 1.000 euros netos y cobramos un 28% menos por hora que en Europa, con enormes diferencias según sexo, edad, contrato, sector y autonomía. Y con un salario mínimo de miseria (655 euros), la mitad que en Francia. Llegó la hora de que suban los salarios, cuando los beneficios empresariales llevan tres años creciendo. Y no sólo por justicia, también por economía: unos sueldos decentes reanimarán el crecimiento y el empleo y salvarán las pensiones. No podemos ser la China de Europa.

enrique ortega

Los salarios han sido, después del empleo, los grandes perdedores de esta crisis. Entre 2008 y 2014, el sueldo medio bruto de los españoles ha crecido sólo en 81 euros al mes (de 21.883 euros a 22.858, según el INE), un 4,4%. Pero este aumento se lo ha comido con creces la inflación (+10,7 % de subida del IPC entre 2008 y 2014), con lo que los salarios reales medios cayeron un 6,3% durante la crisis. Y si miramos el precio del trabajo, una nueva estadística que acaba de sacar el INE  (el IPT) para medir el coste salarial (al margen de tipos de contratos y horas trabajadas), bajó un 0,7% acumulado entre 2008 y 2014. Como  los precios (el IPC) subieron esos 7 años un 10,7%, al final los españoles perdieron un 11,4%  de poder adquisitivo entre 2008 y 2014.


Al analizar más de cerca qué ha pasado con los salarios en esta crisishay dos periodos muy diferentes. Entre 2007 y 2011 (con Zapatero), los sindicatosno se dieron por enterados” de la crisis y los salarios medios subieron un 12,3% en esos cinco años (de 20.390 a 22.899 euros brutos), con fuertes subidas en 2007 (+4,21%), 2008 (+3,60%), 2009 (+ 2,24%), 2010 (+2,16%) y 2011 (+2,29%). La contrapartida fue que los empresarios se “defendieron” con despidos: 2.565.000 empleos perdidos entre 2007 y 2011. A partir de 2012, con Rajoy y la reforma laboral, la situación cambia totalmente  y los salarios se estancan e incluso bajan un 0,1% (de 22.899 euros en 2011 a 22.858 euros en 2014, último dato del INE).

Así que el ajuste de los salarios se ha centrado en los últimos cuatro años, con subidas mínimas de los convenios en 2012 (+1,16%), 2013 (0,53%), 2014 (+0,57%), 2015 (+0,48%) y 2016 (+1,06% hasta octubre, según Empleo). Baste un ejemplo. El salario más habitual, el que cobran más españoles, ha subido 84 céntimos de euro entre 2010 (16.498 euros brutos) y 2014 (16.490 euros), según la última Encuesta de estructura salarial del INE 2014. Y si analizamos el periodo 2007-2014, la subida nominal de salarios del 4,4% esconde grandes diferencias entre trabajadores. Así, el 40% de asalariados peor pagados (unos 6 millones de trabajadores) han visto bajar sus salarios (entre el -3 y el -15%), mientras el 30% de trabajadores mejor pagados veían subir sus sueldos (entre el +3 y el +10,4%), sobre todo ese 10% de trabajadores (1,5 millones) que ganan más de 4.784 euros brutos al mes (sus sueldos han subido un 33,8% entre 2006 y 2015).

Así que el ajuste salarial “ha ido por barrios, atacando más a los trabajadores peor pagados que han salvado su empleo. Pero en conjunto, nos hemos quedado con unos sueldos bastante bajos: el sueldo más habitual de los españoles es de 16.490 euros brutos al año (2014, último año con datos oficiales del INE), que se traduce en unos 950 euros netos en 14 pagas. O sea, que el español medio es mileurista. Y según los últimos datos de la EPA 2015, un 30% de los asalariados (4,42 millones) cobra menos de 1.215,7 euros brutos al mes (996 netos), un 40% (5,9 millones) gana entre 1.215,7 y 2.136 euros brutos y sólo un 30% (otros 4,42 millones de asalariados) ganan más de 2.136 euros brutos. Y entre los que menos ganan hay que recordar a trabajadores y autónomos que cobran el salario mínimo (655 euros) o menos, unos 6.580.000 españoles, 1 de cada 3 ocupados, según el estudio realizado por el profesor Florentino Felgueroso con datos de 2015 del INE.

Pero estos salarios son medios y los hay mucho más bajos (y más altos), con 8 grandes diferencias entre trabajadores, según las estadísticas del INE. La primera, por sexo: las mujeres ganan un 23,2% menos que los hombres (19.744 euros brutos frente a 25.727). La segunda, por tipo de contrato: los trabajadores temporales cobran un 36,6% menos que los indefinidos (15.680 euros frente a 24.746) y los que trabajan a tiempo parcial ganan un 63,7% menos que los que trabajan a jornada completa (9.794 euros brutos anuales frente a 26.965). La tercera, por la edad: los jóvenes de 20 a 24 años ganan el 44,2% menos que el resto (11.835 euros brutos frente a 22.858). La cuarta, por su nacionalidad: los extranjeros no comunitarios ganan un 35,6% menos que los españoles (14.720 euros brutos frente a 22.858).La quinta, por la autonomía donde trabajen: en Extremadura se gana un 31% menos que en el País Vasco (19.180 euros brutos frente a 27.786). La sexta, por el sector donde trabajen: en la hostelería se gana la cuarta parte que en las eléctricas (13.636 euros brutos frente a 51.034) y en el comercio menos de la mitad que en la banca (19.771 euros frente a 40.696 euros). La séptima, por el puesto de trabajo que se ocupe: un operario de base gana la cuarta parte que un director general (13.338 euros frente a 52.512 euros). Y la octava, según trabaje en el sector público o privado: la Administración pública paga un 37% más (29.456 euros frente a 21.450 la empresa privada).

Y ya no es sólo que los sueldos sean desiguales y bajos, sino que están muy por debajo de los sueldos europeos. El salario medio por hora (sin cotizaciones) era en España de 15,8 euros en 2015, frente a 19 euros en la UE-28 y 22 euros en la zona euro, según Eurostat. Eso significa que los trabajadores españoles cobran por hora trabajada un 28,2% menos que en la zona euro, un 36,8% menos que los alemanes (25 euros por hora), un 32,6% menos que los franceses (23,44 euros), un 26,1% menos que los británicos (21,38 euros)  y un 22,02% menos que los italianos (20,26 euros por hora trabajada). Y si comparamos salarios medios, también hay una diferencia sustancial: el salario bruto ordinario es de 1.640 euros en España frente a 1.995 euros en la Europa de los 28, un 17,8% menos, según el IV Monitor anual de salarios de Addeco, con datos de 2015. Y si nos fijamos en el salario mínimo, la diferencia es abismal: 757 euros en 12 pagas (655 en 14) en España, frente a 1.458 euros mensuales en Francia, 1.473 en Alemania o 1.510 en Reino Unido. Además, los trabajadores españoles peor pagados son, tras los portugueses, los occidentales que más han visto caer sus salarios entre 2010 y 2014 (un -14%), según un reciente informe de la OCDE sobre los 34 paises más desarrollados (+1,6%). 

Con este panorama, y tras el sacrificio salarial de 2012 a 2016, los sindicatos afrontan ahora la negociación salarial para 2017, donde exigen subidas del 1,8 al 3%, para recuperar parte de lo perdido ahora que las empresas tienen ya beneficios. Pero la patronal no parece que acepte subidas por encima del 1,5%, tras el 1,08% que están subiendo los convenios en 2016. El problema es que la inflación está “despertando” y se espera que los precios suban en 2017 y 2018, lo que no han hecho estos años, con lo que los salarios podrían perder poder adquisitivo. De hecho, las últimas previsiones de otoño de la Comisión Europea, difundidas en noviembre, señalan que España será uno de los tres paises europeos (junto a Italia y Austria) donde los trabajadores perderán poder adquisitivo en 2017: un -0,4%, porque los precios subirán un 1,4% y los salarios un 1%. Y también lo perderán en 2018, otro -0,1%.

No es sólo que los sueldos tienen que subir más en 2017 porque subirá la inflación (un 1,4% de media, frente a la bajada del -0,1% en 2016). Es que además, los sueldos tendrían que empezar a recuperar su trozo de pastel en el reparto de la riqueza nacional (PIB): si en 2008, antes de la crisis, los salarios se llevaban el 51,6% de la renta, en 2015 se han llevado sólo el 47,8%, un 4% menos del pastel. Y mientras, los beneficios empresariales han pasado del 42,82% de la renta en 2008 al 43,09% del PIB en 2015, según la Contabilidad Nacional del INE, siendo el tercer trozo, los impuestos, quien también ganan pastel (del 8,8% al 9,23%). Así que los trabajadores ya se llevan menos de la mitad de la tarta (que crece) y las empresas llevan tres años cogiendo más trozo de pastel con sus beneficios. Es hora de repartir mejor.

Pero subir ahora más los salarios no es sólo una cuestión de justicia. Es también una necesidad de la economía, para consolidar la recuperación. Porque si los salarios son bajos, si el sueldo más habitual ronda los 1.000 euros y muchos ganan menos, será difícil que los trabajadores y sus familias gasten y consuman. Y así, las empresas venderán menos y crearán menos empleo, porque creceremos menos de lo que podríamos si los sueldos fueran más altos. Es fácil de entender. Y más si vemos los datos que da el INE, de cómo viven las familias con los bajos sueldos españoles: un 13,7% llega con mucha dificultad a fin de mes, un 39,45% de las familias no pueden afrontar gastos imprevistos, el 40,6% de los hogares no se puede ir ni una semana de vacaciones y un 9,4% de las familias se ven obligadas a retrasar el pago de la hipoteca, el alquiler, la luz o el gas. Así, con esta penuria de salarios, resulta más difícil que España crezca más y cree más empleo estable y no precario.

Pero hay más. Los salarios precarios son un torpedo en la línea de flotación de las pensiones, porque el 92% de los empleos creados desde 2014 son temporales y a tiempo parcial, con sueldos entre un tercio y dos tercios más bajos que los normales (ya bajos). Y así, cotizan muy poco a la Seguridad Social. Baste este dato: la mayoría de los trabajadores por cuenta ajena (un 52%, casi 7 millones de asalariados) cotizan por trabajos temporales o a tiempo parcial, según datos de Empleo. Y de los 3,2 millones de autónomos, un 40% cotizan por bases más bajas que las de los asalariados. Así se explica el mínimo crecimiento de ingresos de la Seguridad Social, a pesar de que se crea empleo, y que el “agujero” (déficit) de las pensiones llegará a 18.950 millones de euros a finales de 2016. Con salarios más altos, subirían las cotizaciones y las pensiones tendrían más ingresos y menos déficit.

En resumen, que los sueldos deben subir más en los próximos años, empezando por el salario mínimo : de momento, el Congreso ha aprobado tramitar una Ley para subirlo a 800 euros en 2018 y a 950 euros para 2020, con el voto en contra del PP y la abstención de C´s. Hay que subir los sueldos no sólo para mejorar el nivel de vida de las familias sino para que se consolide la recuperación, aumente el empleo y se salven las pensiones. Por justicia y por economía. No vale decir que necesitamos sueldos bajos para competir en Europa y en el mundo. Ya los tenemos más bajos. Y además, no sólo hay que mirar los costes salariales, sino también hay que rebajar otros costes (energía, crédito, transportes, impuestos y tasas…) y mejorar la organización de las empresas y sus productos (calidad e innovación) para competir mejor. No podemos jugar a ser la China de Europa en salarios para crecer, a costa de contratos y sueldos precarios. Tenemos que poner en marcha una economía y unas empresas con futuro, que puedan pagar sueldos decentes. Es lo mínimo.

lunes, 21 de octubre de 2013

IPC bajo, pero no llegamos a fin de mes


El Gobierno presume de que la inflación está muy baja y que el IPC acabará el año por debajo del 1%. Y es verdad. Lo que no dice es que los productos y servicios que más nos importan están subiendo mucho más, del 2,5 al 22%: alimentos, transporte, energía, educación y salud. Y la cesta de la compra sube este año el triple que el pasado, debido sobre todo a la subida de las marcas blancas, que abusan de su posición de dominio. Como los salarios están cayendo, diga lo que diga Montoro, las familias siguen recortando su consumo para hacer frente a las subidas de precios: la mitad sólo pueden afrontar los gastos básicos. Un camino que lleva a la caída del consumo y de las ventas de las empresas, impidiendo la recuperación y el empleo. Sin más consumo no salimos de la crisis.


                                                                                 Enrique Ortega
La inflación, el IPC, bajó en septiembre al 0,3% anual, desde el 2,9% de diciembre 2012 y el 2,1% de junio 2013. Es el nivel más bajo desde finales de 2009. La rebaja se debe a la recesión (que tira para abajo de ventas y precios) y sobre todo al efecto escalón de la subida del IVA en septiembre de 2012, que ahora ya no cuenta. Con ello, se espera que el IPC cierre  el año en torno al 0,7%. Pero este nivel de precios es un cierto “espejismo”, porque los productos y servicios básicos, que suponen el gasto principal de las familias está subiendo mucho más: alimentos, transporte, energía, educación y salud, con subidas que van del 2,5%  al 22%.

Los alimentos llevan subiendo desde el verano y alcanzan una aumento anual del +2,5%. Lo que más suben son los aceites (+21,4% anual), patatas (+20,8%), leche (+4,7%), frutas (+3,9%), preparados de legumbres y hortalizas (+3,7%), preparados de pescado(+3,3%), cerdo(+1,8%) y pollo (+1,1%). Se debe a las malas cosechas de frutas, aceite y patatas (por las lluvias de primavera), al aumento de exportaciones (carnes, frutas y aceites), que ha disparado algunos precios en origen, y a la menor oferta y mayor demanda internacional de alimentos, que fuerza el alza de precios (caso de la leche, con tirón de compras de leche en polvo de Rusia y China).

El transporte también ha subido mucho más que el IPC (+0,3%), tanto el transporte público urbano (+3,7% anual) como el transporte interurbano (+3%), los billetes de avión (tasas: +6,3%) y los peajes de las autopistas (+2,40/+3,50%), sin olvidar las subidas de los carburantes hasta agosto. La energía no ha parado de subir: luz (cuatro subidas y una bajada, con un saldo de +3,9%), butano (dos subidas, +7,15%) y agua (de +4 a +10%). El cuarto renglón inflacionista es la educación: fuerte subida de la educación universitaria (+22,3% anual, según el IPC) y aumentos en infantil y primaria (+1,7%), secundaria (+1,5%) y otros gastos de enseñanza (+1,8%), subidas que no contabilizan el recorte en becas y  ayudas de comedor, libros y transporte. Y por último, las subidas en salud: servicios médicos (+1,9%) y medicamentos (+0,3%), copagos aparte.

La consecuencia de estas subidas en los gastos más básicos es que se ha encarecido la cesta de la compra: subió un 2,2% en los ocho primeros meses de 2013, según un estudio de Nielsen, que confirma además una caída de compras (-1,9%), por segundo año consecutivo. Y según otro estudio de la OCU, un chequeo de precios a 1.164 supermercados de 63 ciudades, las cadenas de supermercados han subido la cesta de la compra un 2,9% de media en 2013, el triple que en 2012 (+1%). Y revelan que nueve alimentos básicos, desde aceites a frutas y verduras, han subido más del 20%. Luego de precios a la baja, nada.

El problema que revelan estos estudios es que, en alimentación, se están igualando precios: los supermercados más caros bajan (caso de El Corte Inglés, desde 2012) y los más baratos suben precios, aprovechando que han copado gran parte del mercado con sus marcas blancas (34% ya de cuota, que sube al 45% en alimentación). Como ya advirtió un informe de la Comisión de Defensa de la Competencia, las marcas blancas dominan la distribución de alimentos (Mercadona, Carrefour, Eroski, Día y Alcampo controlan el 65%) y han impuesto sus productos, a costa de desplazar (en ocasiones, con prácticas abusivas) a las marcas de fabricantes, penalizadas en precios y trato en las estanterías. Y ahora que el consumidor está “cautivo” y ya no compara tanto, han aprovechado para subir precios en muchos productos.

A estas subidas claves, de alimentos, transportes, energía, educación y salud, se suman el aumento de impuestos (IRPF, IVA, catastro) y tasas municipales (aparcamiento, agua…), que se comen unos ingresos familiares a la baja. Porque, diga lo que diga Montoro, los sueldos han caído en España. Por un lado, desde 2008 ha bajado la remuneración de los asalariados, nada menos que un 5,4% en 2013 (INE), debido al paro y la moderación salarial. Y por otro, los sueldos de los que trabajan llevan cayendo nueve meses seguidos (un -3,2% en el último trimestre de 2012 y -0,3% en los dos siguientes). Y el salario más frecuente ya es inferior a los 15.500 euros brutos anuales que fijó el INE en 2011. No en vano, casi 7,5 millones de trabajadores (más de la mitad de asalariados) declararon a Hacienda en 2011 ganar menos de 1.000 euros al mes.

Con todo esto, la renta disponible de las familias ha caído en junio de 2013 al nivel más bajo de los últimos 6 años, según el INE. Y como suben precios básicos e impuestos, las familias restringen al máximo su consumo y tienen cada vez más problemas para llegar a fin de mes. En 2012, casi la mitad de las familias (48%) sólo pudo afrontar los gastos básicos: vivienda (hipoteca y recibos luz, agua, calefacción y teléfono/Internet), comida y productos básicos, según un estudio de Nielsen. Una economía de guerra.

La presión sobre los precios sigue ahí, mientras crecen los márgenes empresariales (+3,5% frente al 0,6% los salarios en 2012, según el INE) y sus beneficios, siguen al alza otros costes no salariales (financieros, energía, transporte y distribución) y persisten los monopolios de hecho en sectores básicos (gas y electricidad, carburantes, agua, transportes…). Factores que tiran al alza de los precios tanto o más que los salarios y de los que no se habla. El Gobierno ha aprobado una Ley de Desindexación para 2014, con objeto de quitar peso al IPC y tratar de  sentarse encima de los precios”. Pero la clave de una baja inflación no es sólo limitar los precios regulados sino hacer más competitiva la economía (innovación, costes, reforma de la distribución, más competencia, relaciones laborales…) para que las empresas produzcan a mejores precios sin hundir los sueldos de sus empleados.

Rajoy va presumiendo por el extranjero de sueldos bajos y de que somos la China de Europa, un buen país para invertir. Y los grandes empresarios apuestan porque los costes laborales caigan otro -1,5% en 2014, mientras subirán un +2,9% en Alemania, Francia o Italia, con lo que la mano de obra aquí será un 20% más barata (34.400 euros por trabajador español frente a los 43.000 euros que cobran franceses o alemanes). Pero esta estrategia, lejos de sacarnos de la crisis, nos hundirá más. Porque las familias no pueden consumir: lo poco que ganan se lo comen los impuestos y los precios de lo básico (que suben más que la media del IPC). Y así, no despegan las ventas ni las empresas. Ni el empleo.

Hay que alentar el consumo, el motor de más de la mitad del crecimiento. Y para eso hay que frenar las subidas de los precios básicos y reanimar los salarios, junto a las mejoras de productividad y los beneficios empresariales. Seguir machacando los ingresos familiares, con más bajadas de salarios (como piden Bruselas y el FMI)  y subidas de precios, es un suicidio económico. Ya se ha visto estos años de recortes.

domingo, 3 de junio de 2012

La devaluación de los salarios


Los fundamentalistas de los recortes tienen otra obsesión, en España y en Bruselas: que se recorten los salarios (no los suyos, claro), para competir mejor. Al principio de la crisis, los salarios en España siguieron subiendo como si nada y las empresas ajustaron sus costes recortando empleo. Pero a partir de 2010, los sindicatos pactaron bajas subidas y ahora los costes laborales llevan 9 trimestres bajando y son de los más bajos de Europa. Cuatro de cada diez empresas redujeros sus salarios en 2011.Y el Gobierno Rajoy quiere que sigan bajando hasta 2016, perdiendo más poder adquisitivo. Eso sí, suben los sueldos millonarios de los directivos, equivalentes hasta a los de mil empleados. Y sigue sin crearse empleo, porque con salarios a la baja no hay consumo ni ventas y no se crece ni crea empleo. Moderación sí, pero no sueldos mileuristas a la China.  
enrique ortega

Antes de que España entrara en el euro, se podía mejorar la competitividad de nuestros productos devaluando la peseta (tres veces en los noventa): los artículos valían menos y se vendían mejor. Pero en el euro, la única manera de competir fuera es tener mejores productos y menores costes, desde la energía y los impuestos o cotizaciones a los salarios, que es “lo más fácil de ajustar” (y más con la amenaza del paro). Es lo que algunos defienden, en Bruselas y en España, como “la devaluación interna”. A lo claro: trabajar cobrando menos.

España, con salarios más bajos que la mayoría de Europa, afrontó la crisis de 2008 sin rebajar los salarios, como hicieron muchos países: en plena crisis (2009), los salarios subieron un 5,6% (+0% en Alemania). Y  las empresas ajustaron costes despidiendo gente: 2,5 millones de empleos perdidos. En 2010, los sindicatos aprendieron y pactaron tres años de moderación salarial, que ha surtido su efecto: los costes laborales (CLU) llevan nueve trimestres cayendo, desde principios de 2010 y han bajado un 2,5% a principios de 2012. Y en 2011, cuatro de cada diez empresas rebajaron sus salarios.

España es el tercer país de Europa cuyos salarios han perdido más poder adquisitivo entre 2010 y 2012, un 6%, tras Portugal (-10%) y Grecia (-20%), mientras crecía en Alemania  (+1,5%). Y el coste laboral por hora trabajada en España (2011) es un 25,3% inferior a la zona euro: 20,6 euros por hora frente a 34,2 € en Francia, 30,1 € en Alemania o 26,8 € en Italia.

En enero de este año, sindicatos y patronal pactaron más moderación salarial para 2012 (+0,5%), 2013 y 2014 (+0,6%), pero unos días después, el Gobierno convertía este acuerdo en papel mojado con la reforma laboral, que permite rebajar los sueldos al mínimo de convenio o incluso que una empresa se descuelgue de los salarios de convenio si le caen dos meses las ventas. Con ello, se han multiplicado las rebajas extras de sueldo, que se verán también en el sector público. Y el Gobierno, en el Plan de Estabilidad enviado a Bruselas apuesta por congelar  salarios y más rebajas de los costes salariales hasta 2016: -1,7% (2012), -1,0 (2013 y  -0,5% (2014 y 2015). Eso supondrá una pérdida de poder adquisitivo de los trabajadores del 5,6% en la legislatura de Rajoy.

En paralelo, mejorarán los márgenes empresariales, por menores costes salariales y una posible rebaja de cotizaciones en 2013. De hecho, las rentas empresariales ya ganan a las salariales en el reparto de la renta: suponen ya el 47,6% de la renta frente a 45,4% el de los trabajadores (que tenían un 53% en los años 80 y el 50,74% en 2009). Y este desigual reparto empeorará en los próximos años, porque habrá menos asalariados trabajando (el Gobierno espera perder 635.000 empleos en 2012 y 66.000 en 2013) y seguirán cayendo los salarios reales, por la crisis y la reforma laboral.

 No es sólo que los asalariados pierdan parte del pastel de la renta sino que además, crecen las desigualdades entre la mayoría de los trabajadores y los ejecutivos de las grandes empresas: 534 directivos de las 35 empresas del IBEX ganaron en 2011 más de un millón al año, 24,68 veces lo que un  empleado de sus empresas (antes de la crisis, 23,53 veces). Y hay una decena de presidentes y consejeros delegados que ganan más de 3 millones al año, mientras defienden públicamente la moderación salarial (de otros). El mejor pagado, Pablo Isla, presidente de Inditex ganó 20,3 millones, el sueldo de 1.000 de sus empleados. Y los 12,7 millones de Alfredo Sáenz (Santander) o los 10,27 millones de Cesar Alierta (Telefónica) equivalen al  sueldo de 250 de sus empleados. Un escandaloso contraste con 8 millones de asalariados (la mitad) que son  mileuristas. Y además, la mitad de los ejecutivos de empresas IBEX tienen contratos blindados, con 2 a 5 años de indemnización (frente a 20 días el resto).

La moderación salarial es obligada en plena crisis, para mejorar la competitividad, pero el problema es que no sea excesiva. Porque la moderación a secas, sin incentivos al trabajador para que produzca mejor, fomenta la apatía y el absentismo. Además, con caídas de salarios, las familias no pueden reducir su endeudamiento (más crisis financiera) ni consumir, con lo que caen las ventas, la inversión y el empleo. Y no salimos de la recesión. Y encima, los bajos salarios no aseguran vender más: nuestras exportaciones han pinchado este año porque 12 países de Europa están en recesión. La clave no es sólo moderar los salarios en la Europa del sur sino que la Europa del norte consuma más y tire del resto.

Además, la competitividad no pasa sólo por tener bajos salarios: hay que tener productos con calidad, innovación, diseño y precio (los salarios bajan, pero los precios no tanto), empresas bien organizadas y con tecnología, un personal formado y una estructura económica competitiva, no basada sólo en el turismo y el ladrillo. De hecho, de las cuatro autonomías con costes laborales más altos (País Vasco, Madrid, Cataluña y Navarra), tres son las que tienen menos paro, mientras las tres con salarios más bajos (Andalucía, Extremadura y Canarias) están a la cabeza del desempleo.

En definitiva, moderación salarial sí, pero no salarios a la China, porque entonces no se consume ni se vende. Competir no es sólo tener los sueldos más bajos de Europa sino bajar también otros costes (energía, cotizaciones)  producir mejor, con calidad e innovación. Y no cargar la competitividad sobre unos salarios mileuristas mientras otros se hacen millonarios. Otra vez más, el fundamentalismo nos lleva por el camino equivocado.