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lunes, 18 de septiembre de 2017

La sanidad privada quiere las listas de espera


Los hospitales privados se han descolgado con una propuesta a las autonomías para hacerse cargo de las listas de espera de la sanidad pública y atender en 4 meses a los 614.000 españoles que esperan para operarse. Eso sí, cobrando 1.500 millones. Una vuelta de tuerca de la sanidad privada, que crece imparable a costa de los pacientes que ya les deriva la sanidad privada y del tirón de los seguros médicos, que pagan ya 10 millones de españoles. Y todo porque la sanidad pública española, un referente en Europa, se ha deteriorado en los últimos años, por los recortes de presupuestos, médicos y enfermeras y una gestión deficiente y politizada. La sanidad es ya la tercera preocupación de los españoles y  urge recomponerla, por lo que todos los partidos, salvo PP y Ciudadanos, acaban de pedir un Pacto sanitario en el Congreso. Hacen falta más recursos, más personal, más hospitales y centros y, sobre todo, reformas y una gestión más eficiente. No privatizarla más.


                                                                                            enrique ortega

El aumento de las listas de espera es un claro síntoma de los males de la sanidad pública española, causados básicamente por los recortes del Presupuesto sanitario (-9.787 millones de euros entre 2009 y 2013, 1 de cada 7 euros perdidos, según datos de Hacienda) y el ajuste de plantillas (11.000 médicos y 30.000 enfermeras), que no han sido todavía compensados con los aumentos de recursos y personal hechos entre 2015 y 2017. Este recorte de gastos y personal han deteriorado la oferta sanitaria mientras seguía aumentando la demanda, por el aumento de la población y su envejecimiento. La consecuencia es que la sanidad pública no puede atender como antes, aumentan las listas de espera y los hospitales, centros de salud y las urgencias se colapsan, en medio de protestas de profesionales y pacientes.  

El mayor síntoma del deterioro de la sanidad pública son las listas de espera para operarse, que han pasado de 372.468 pacientes en 2009 a 614.101 en diciembre de 2016, según los datos del Ministerio de Sanidad. La mayoría esperan operarse de traumatología (175.257 personas), de oftalmología (125.638 pacientes, 95.100 de cataratas) y cirugía general y del aparato digestivo (115.610 personas). El tiempo medio de espera ha pasado de 67 días (2009) a 115 días a finales de 2016. Y lo peor es que un 18,9% esperan más de 6 meses para operarse, sobre todo en neurocirugía, plástica, pediatría y trauma. Y la espera es mayor en Canarias (182 días), Cataluña (173) y Castilla la Mancha (162 días), mientras es baja en la Rioja (49 días), País Vasco (50) y Madrid (55 días).

También es preocupante la lista de espera para una consulta al especialista, que ha pasado de 59 días de media en 2009 a 72 días en 2016.Las mayores esperas se dan en las consultas de traumatología (8,23 por 1000 habitantes), oftalmología (8,08), dermatología (6,13), otorrino (2,91), ginecología (2,88), digestivo (2,43) y neurología (2,24 por 1.000 habitantes), según los datos de Sanidad. Y lo peor es que casi la mitad de los pacientes (el 46,4%) esperan más de 60 días para ir a la consulta del especialista, siendo las regiones con mayor espera Cataluña (138 días), Canarias (117 días) y Cantabria (75) y las mejores País Vasco (27 días), la Rioja (32), Madrid  y Castilla la Mancha (42 días de espera media).

Este aumento de las listas de espera, tanto para operarse como para ir al especialista, ha alimentado estos años la sanidad privada, multiplicando los seguros de salud, el único que creció durante la crisis. Y la consecuencia es que en 2017 se habrán superado los 10 millones de españoles que tienen un seguro médico privado, porque 2016 se cerró con 9.690.000 asegurados (7.077.000 privados y el resto funcionarios a los que les paga el seguro su Mutualidad), que pagaron unas primas de 7.737 millones, según datos de la  Fundación IDIS. Un negocio boyante que se concentra en 5 compañías que copan el 72% del mercado: Segur Caixa Adeslas (28,5%), Sanitas (15,7%), Asisa (13,7%), DKV (7,1%) y Mapfre (6,4%).

Los seguros de salud son la principal fuente de financiación de la sanidad privada, que obtiene de ellos el 62% de sus ingresos. Pero otro 23% de ingresos los obtienen de la sanidad pública, de los conciertos, de derivar pacientes para pruebas y operaciones de hospitales públicos a hospitales privados (el 42% de ellos tiene algún concierto con la sanidad pública, según la Fundación de la sanidad privada IDIS). En 2015, la sanidad pública destinó 7.540 millones a pagar conciertos con la privada, el 11,8% de todo el gasto sanitario público. Y hay varias autonomías donde los conciertos pesan mucho más, sobre todo Cataluña (el 24,8% del gasto sanitario público va a hospitales privados), Madrid y Baleares (11,7%) y Canarias (10,4%), mientras apenas pesan en las cuentas de Cantabria (3,7%), Castilla y León (4,1%), Extremadura (4,6%) y Andalucía (4,9%). La tercera fuente de financiación de la sanidad privada (15% del total) son los pacientes que pagan directamente sus servicios.

Ahora, la sanidad privada busca dar un salto hacia adelante y ha presentado a primeros de septiembre una propuesta para que las autonomías les deriven las listas de espera quirúrgica (614.101 pacientes), con la promesa de acabar con ellas en 4 meses. Eso sí, a cambio de cobrarles 1.500 millones de euros. Las que más tendrían que pagar serían Cataluña (385 millones para operar a 157.000 pacientes en espera quirúrgica), Andalucía (155 millones y 64.000 pacientes), Madrid (146 millones y 60.000 en espera) y la Comunidad Valenciana (134 millones y 55.000 pacientes en espera), siendo menor el coste para el resto, aunque, en comparación con su Presupuesto, tendrían que hacer un gran esfuerzo Murcia (66 millones, el 3,7% de su gasto sanitario), Castilla la Mancha (90 millones, el 3,2%), Canarias (83 millones, el 2,6% de su gasto sanitario) y Galicia (88 millones, el 2,5%).

De momento, ninguna autonomía les ha dicho que sí y todas siguen con sus “Planes de choque” contra las listas de espera (poco eficaces) y derivando pruebas y operaciones a la privada. Una sanidad privada que ha dado un gran salto con el deterioro de la sanidad pública, pasando de facturar 23.789 millones de euros en 2007 a unos 30.000 millones en 2016, casi un tercio del mercado sanitario español, según datos de la Fundación IDIS. Y un tercio de este pastel sanitario privado se lo disputan los 452 hospitales privados, que facturaron más de 10.000 millones de euros en 2015, según la Fundación IDIS. Un pastel muy apetitoso, que ha provocado la llegada a España de fondos de inversión y multinacionales, como la alemana Helios, que compró en 2016 el primer grupo hospitalario español, Quirón Salud (43 hospitales y 2.300 millones facturados).

Y todo apunta a que los inversores extranjeros seguirán entrando en la sanidad privada española, porque es un mercado con gran potencial: gastamos menos en sanidad que el resto de Europa (un 8,8% del PIB, frente al 8,9% en la OCDE, el 10,9% en Francia o el 11% en Alemania), hay menos camas de hospital por habitante (3,2/1.000 habitantes frente a 8,3 en Alemania) y hay más seguros médicos privados, que además son más baratos (70 euros media frente a 240 en Alemania). Y además, somos el segundo destino del mundo en “turismo sanitario”, con una oferta de calidad y bajos precios (operaciones que valen en Madrid o la Costa del Sol la mitad que en Londres y un tercio que en Nueva York).  

Pero sobre todo, la sanidad privada crece a costa del deterioro de la sanidad pública, que ha empeorado su atención, por los recortes y la precariedad de sus plantillas: un tercio de sus empleados (480.626 en 2016) son eventuales (con contratos temporales), de ellos la tercera parte interinos (169.828).Y sólo la mitad de los médicos (50,7%) que trabajan en el Sistema Nacional de Salud (SNS) tienen una plaza en propiedad, según una encuesta de la CESM. De la otra mitad, un 19,2% son contratados fijos y el 30,8% restante son médicos contratados, muchos desde hace una década y la tercera parte con contratos de menos de 6 meses, que se renuevan una y otra vez. Y aún hay más precariedad entre enfermeros y enfermeras (y tenemos 5,1/1.000 habitantes frente a 8,4 en Europa).

Esta precariedad laboral más el recorte de medios y la falta de inversiones (en tecnología hospitalaria, obsoleta, y en nuevos hospitales, con los viejos muy estropeados) han deteriorado mucho la sanidad pública, sobre todo las urgencias y en épocas de gripe y epidemias, disparando las listas de espera. Y la situación puede empeorar, debido al envejecimiento de la población y al aumento de las enfermedades crónicas (hoy ya las tienen 4 de cada 10 españoles), que van a disparar la demanda sanitaria y el gasto en los próximos años (por la tecnología y los nuevos fármacos, mucho más caros).

Las listas de espera no son algo coyuntural sino que revelan los males de fondo de la sanidad pública. De ahí que no hayan podido frenarse con Planes de choque ni derivándolas a los hospitales privados. Son parches” que no atajan los problemas de fondo: la falta de médicos y personal sanitario, de hospitales y centros en algunas zonas y, sobre todo, los problemas de organización de la sanidad pública. No es de recibo que haya quirófanos cerrados por falta de profesionales y que además no funcionen por las tardes, entre otras razones porque los médicos adscritos están operando en la privada. Habría que establecer prioridades, optimizar recursos, desarrollar la cirugía ambulatoria e implicar mejor a los profesionales (con incentivos) en la lucha contra las listas de espera.

Y, sobre todo, hay que coordinar mejor la atención sanitaria pública, porque cada autonomía va a su aire, en el gasto y en la atención que ofrecen. Las que más gastaron en sanidad en 2016 fueron Navarra (1.633 euros/habitante), País Vasco (1.632 euros), Asturias (1.578), Extremadura (1.422) y Cantabria (1.418 euros). Y las que menos, Andalucía (1.106 euros/habitante), Cataluña (1.180) y Madrid (1.184), un 50% menos que navarros, vascos y asturianos, junto a Castilla la Mancha (1.271), Comunidad Valenciana (1.233 euros) y Murcia (1.209 euros/habitante), según datos de la FDSP. Y claro, con menos gasto, menos camas (Andalucía y Valencia) y menos médicos y enfermeras por habitante (Andalucía y Cataluña). Y en consecuencia, peor sanidad. La mejor nota en el ranking de la FDSP se la llevan Navarra y el País Vasco (90 puntos sobre 114), Aragón (82) y Asturias (79), mientras suspenden Canarias (49 puntos), Comunidad Valenciana (59 puntos), Cataluña y Andalucía (60 puntos).

Los españoles todavía aprueban a la sanidad pública (nota de 6,57 puntos en el Barómetro sanitario 2016), pero ahora la sanidad ha pasado a ser el tercer motivo de preocupación de los españoles, por detrás del paro y la economía, según el Barómetro del CIS de enero 2017. Y un tercio de los españoles cree que necesita cambios de fondo. Y también la mayoría de los partidos: 11 grupos políticos, todos menos el PP y Ciudadanos, firmaron el 12 de septiembre un Pacto en el Congreso para mejorar la sanidad y revertir los recortes.

La primera medida de cualquier Pacto sanitario debe ser asegurar un mayor gasto en sanidad, para revertir los recortes ¿Cuánto? Una pista puede ser conseguir que España gaste en sanidad como el resto de Europa, lo que ahora no sucede: el gasto sanitario público supone el 6,2% del PIB (2015), frente al 7,2% en la UE-28, Alemania o Italia, el 8,2% de Francia, el 7,6% de Reino Unido y el 8,6% de Dinamarca, según Eurostat (2015). Gastar en sanidad como los europeos supondría gastar 11.000 millones más al año, lo que exige recaudar más. En paralelo, hay que aumentar las plantillas (los 10.000 médicos y 41.000 enfermeras perdidos y más), estabilizando sus contratos. Gastar más en tecnología sanitaria (la cuarta parte de equipos tienen más de 10 años), en nuevos hospitales y centros de salud. Pero no es sólo cuestión de más dinero: hay que reformar la organización sanitaria y mejorar la gestión, aumentando la productividad, implicando más a médicos y enfermeras. Y gastar más en prevención y atención primaria, para gastar menos en hospitalizaciones.

Las listas de espera son “una excusa” para que los seguros y la sanidad privada aumenten su negocio. Pero el problema está ahí, es serio y no se resuelve con “parches” que no vayan al fondo del problema: el deterioro de la sanidad pública. Es de las mejores del mundo, pero pasa por un mal momento, con una atención que se ha deteriorado, con un gasto creciente y pacientes más viejos. Hay que apuntalar la sanidad pública, con más recursos, más personal, más medios, menos diferencias regionales y una mejor gestión. Urge un Pacto sanitario que cuente con las autonomías, los profesionales y los pacientes. Nuestra salud es demasiado importante como para dejar que la sanidad pública se deteriores más. Actúen ya.

lunes, 26 de octubre de 2015

Crece el negocio de la sanidad privada


La salud atrae cada día más dinero porque los inversores piensan que es un buen negocio: vivimos más años y hay más viejos que gastan más en su salud. En España hay 455 hospitales privados (con un tercio de camas y la mitad de médicos que la sanidad pública), que facturan 10.000 millones, el doble que hace una década. Y se multiplican compras y fusiones, con protagonismo de Fondos extranjeros, que acaban de quedarse un tercio de las empresas de prevención de las Mutuas, recién privatizadas. También buscan el turismo sanitario. Este “boom” de la sanidad privada se financia por dos vías: los desvíos de pacientes y pruebas de la sanidad pública (23-30% de ingresos) y los pagos de los seguros médicos, contratados por 11 millones de españoles. Y han crecido por los recortes en la sanidad pública, que disparan  las listas de espera y deterioran la asistencia. Urge un pacto que recomponga la sanidad pública, evitando que se hunda más en beneficio de la privada.
 

enrique ortega


España gasta en sanidad más de 95.000 millones de euros al año (un 9,29% del PIB), en línea con la media de la OCDE (9,27%) y Reino Unido (9,27%) pero mucho menos que Francia (11,61%) y Alemania (11,27% PIB). Pero la gran diferencia es que aquí, los recortes han reducido drásticamente el gasto público sanitario  (dos tercios del gasto total) y han tenido que ser los particulares, las familias, las que aumenten mucho su gasto  para cuidar su salud. Así, el gasto público en sanidad (68.607 millones en 2012) se ha recortado en 10.000 millones (1 de cada 7 euros) entre 2009 y 2013, siendo España el quinto país de la OCDE donde más ha caído el gasto sanitario con la crisis (tras Grecia, Luxemburgo, Irlanda y Portugal). Y en contrapartida, ha tenido que subir el gasto sanitario privado (27.064 millones en 2012), que tiene un peso mayor que en el resto de Europa (28,3% del total frente al 16% que supone el gasto sanitario privado en Reino Unido o el 23,3% en Alemania).

Así que los recortes en la sanidad pública han obligado a las familias a gastar más en sanidad. De hecho, en 2014, el gasto privado en salud fue el que más creció, un 9,8%, según el INE. Y las familias ya gastan 955 euros anuales en salud (3 euros más que en 2007 cuando el gasto total de las familias ha caído en 5.000 euros con la crisis). La mayor parte de este gasto (20.000 millones) es gasto “de bolsillo”, en medicinas, dentistas y tratamientos, y el resto (7.100 millones) se destina a contratar seguros privados  de salud, sobre todo de asistencia sanitaria. De hecho, ya hay 11,4 millones de españoles que tienen un seguro médico privado: 7,27 millones son particulares, 2,2 millones son trabajadores asegurados por sus empresas y otros casi 2 millones más (1,94) son funcionarios a los que sus Mutualidades (MUFACE, Mugeju-Justicia e ISFAS-militares) pagan un seguro médico privado.

Los seguros médicos son los seguros que más crecen (+3,8%), mientras caen los del automóvil y se estancan los de hogar: en  2014, los seguros de asistencia sanitaria facturaron 6.430 millones de euros. Y hay una verdadera guerra comercial” por colocarnos un seguro médico, mientras su precio ( de 160 a 250 euros de media mensual para una familia con 2 hijos) ha subido este año un 3,3%, por el aumento del IVA sanitario (del 10 al 21% en enero) y el encarecimiento de la tecnología y la asistencia médica. Además, las aseguradoras se cubren frente al aumento de costes (más viejos que viven más años), subiendo las pólizas o echando a los enfermos crónicos y los ancianos, como denuncian los corredores de seguros.

La razón básica de que crezcan los seguros médicos privados es el deterioro de la sanidad pública, tras cinco años de recortes, que se han llevado por delante a 5.000 profesionales (médicos y enfermeras) y ha deteriorado la calidad de la sanidad pública, de las mejores del mundo. De hecho, se han disparado las listas de espera para operarse (511.923 pacientes esperaban a finales de 2014, 87 días de media, frente a 374.194 en 2009) y para acudir al especialista (1,88 millones, un tercio con más de 60 días de espera) y ha empeorado la atención, tanto en los ambulatorios como en los hospitales. Y además, la atención es muy desigual entre autonomías: la Fundación en defensa de la Sanidad Pública suspende a la sanidad pública de Cataluña (48 puntos sobre 98), Canarias (44) y Valencia (45), aprueba raspado a Madrid (56 sobre 98) y da notable al País Vasco (80 puntos), Navarra (71)  y Asturias (70 puntos). Y frente a este deterioro de la sanidad pública, crecen los españoles que se pagan un seguro médico privado para ser atendidos antes (y a veces mejor).

En definitiva, el auge del gasto sanitario privado descansa sobre los recortes y el deterioro de la sanidad pública desde 2012. Los mayores beneficiados son los hospitales privados, que han duplicado su negocio en la última década: hay 455 hospitales privados (53% del total), con 52.360 camas (33% del total y 236.567 profesionales (53.790 médicos, la mitad de los 110.000 médicos de la sanidad pública, aunque muchos hacen “doblete”). Y facturan más de 10.000 millones de euros (9.960 millones en 2013, según la consultora IDIS), que salen de dos fuentes de financiación: la sanidad pública (23-30%) y los seguros médicos (66%).

Y es que la mitad de los hospitales privados (224) viven en gran medida de los conciertos con la sanidad pública, que cada día más les transfiere pruebas diagnósticas (TAC, ecografías, mamografías, escáneres…), operaciones y hasta el tratamiento ambulatorio de pacientes. Incluso en Cataluña, hay 32 hospitales privados integrados en la red sanitaria pública. Y en dos autonomías, los gobiernos del PP han transferido a hospitales privados la gestión de hospitales públicos: 5 en la Comunidad Valenciana y cuatro en Madrid (más el centro regional de análisis). Al final, este “desvío de trabajo” de los hospitales públicos le reporta a los hospitales privados con ánimo de lucro (no Fundaciones) un 23% de sus ingresos, que en algunos casos sube al 35% (grupo IDC-Quirón, el líder del sector) y hasta el 79,5%( IDC-Fundación Jiménez Díaz, que lleva incluso la atención primaria de medio millón de madrileños). El mayor peso de los conciertos con la sanidad privada se da en Cataluña (25% del gasto sanitario total) y Madrid (10,8%), donde Esperanza Aguirre duplicó los pagos a la sanidad privada entre 2007 y 2010, como también hizo el PP en la Comunidad Valenciana y Galicia.

La otra fuente de ingresos de los hospitales privados (66%) son las aseguradoras, por el pago de servicios a sus pacientes con seguros de asistencia médica. En España hay 103 compañías que hacen seguros médicos, pero sólo 10 son importantes (se reparten el 82% del mercado) en un negocio muy concentrado, donde las 3 primeras compañías (Adeslas, Sanitas y Asisa) acaparan el 58,1% del mercado. Por eso, hasta ahora eran las que imponían precios y condiciones a los hospitales privados, que han buscado ser más fuertes con compras y fusiones, para poder negociar mejor con las aseguradoras.

En consecuencia, los recortes de la sanidad pública, el aumento de los seguros privados y la necesidad de tener más tamaño para negociar con las aseguradoras han llevado a los hospitales a ganar tamaño, con compras y fusiones, sobre todo en 2014 y 2015, de la mano de grandes inversores, sobre todo Fondos de inversión extranjeros, que han visto en la sanidad privada un buen negocio. En julio de 2014, el grupo ICD Salud (controlado por el Fondo luxemburgués CVC, dueño de la Fórmula 1, que ya había comprado en 2012 el Grupo Capio) compró el grupo Quirón y en diciembre ambos compraron el Ruber, creando IDC-Quirón, el mayor grupo hospitalario español (44 hospitales, 1.700 millones de facturación  y el 30% del mercado) y el tercero de Europa (tras el alemán Fresenius Helios, 117 hospitales, y el francés Genérale de Santé, con 106). Le sigue HM Hospitales (familia Abarca), que sumó  en 2014 a sus hospitales madrileños los gallegos del grupo Modelo y el IMI de Toledo, y que facturará 300 millones este año. El tercer grupo son los hospitales de la aseguradora Asisa (250 millones) y el cuarto el grupo Vithas (200 millones facturan los antiguos hospitales de Adeslas, ahora propiedad de la familia Gallardo y la Caixa). Y completan el “top ten” hospitalario el grupo Hospiten (191 millones), la Clínica Universitaria de Navarra (150 millones), el grupo valenciano Nisa (148 millones), Sanitas (158) y el grupo Pascual (120 millones).

En conjunto, los 458 hospitales privados facturaron 9.960 millones en 2013 y este año podrían superar los 12.000 millones, el doble que hace una década. Una parte son de hospitales privados sin ánimo de lucro (Hermanos de San Juan de Dios y Hermanas Hospitalarias) pero dos tercios del pastel (6.185 millones en 2013) se lo llevan los hospitales “privados privados”. Y en este grupo, los 5 grandes se llevan más de la mitad del negocio, con IDC-Quirón a gran distancia del resto (30% del mercado y el 40% en Madrid). Y ha crecido más este verano, al adjudicarse las principales empresas de prevención de salud laboral de las Mutuas, privatizadas por el Gobierno Rajoy. IDC Quirón se ha adjudicado Fremap (líder del sector), Mutua Universal, la Fraternidad y MC Mutual (la 6ª), cuatro servicios de prevención que tienen detrás 105.000 empresas y 4.450.000 trabajadores, lo que supone 1,6 millones de reconocimientos médicos al año, más la diaria labor de prevención laboral. Con ello, el grupo hospitalario IDC-Quirón se lleva un 30% de todo este negocio de la prevención laboral, otros 400 millones a sumar a su facturación. La aseguradora Catalana de Occidente se ha quedado con Asepeyo, la segunda del sector. Y el resto se lo han llevado pequeñas empresas, algunas sanitarias.

Los expertos auguran más compras y fusiones en los hospitales privados en España, para ganar tamaño y competir en precio frente a las aseguradoras. Y porque hay mucho dinero interesado en invertir en la sanidad, que mueve ya el 10/15 % del PIB mundial, no sólo en hospitales sino también en medicamentos y en tecnología médica. Los inversores ven negocio en la salud  en todo el mundo, porque cada vez se vive más años y hay más viejos que han de cuidar de su salud, mientras el estilo de vida y la contaminación multiplican las enfermedades crónicas, desde las cardiovasculares, el cáncer y el alzhéimer a la diabetes, la obesidad y la hipertensión.


En el caso de España, hay un incentivo adicional: el turismo sanitario, un mercado que mueve 7.000 millones en el mundo y donde la sanidad privada española empieza a jugar fuerte, por su cualificación profesional, nuestro clima y seguridad y los mejores precios: ponerse una prótesis de cadera en la Costa del Sol  cuesta la cuarta parte que en EEUU (12.852 euros frente a 50.000) y un implante dental en Madrid  vale la mitad que en Londres y la tercera parte que en Nueva York (1.288 euros frente a 2.800 y 3.500). De hecho, algunos ven posible que Madrid se convierta en el Houston español de la salud: IDC-Quirón Salud estudia instalar un gran hospital privado en la futura "quinta torre de Madrid" y la Clínica Universitaria de Navarra ya construye un hospital en la capital.

Mientras la sanidad privada y sus hospitales “hacen su agosto”, con más pólizas y pacientes cada mes, la sanidad pública languidece y ya es la quinta preocupación de los españoles (Barómetro CIS septiembre 2015) , que la dan una nota de 6,31 puntos, la más baja desde 2008. Los nuevos Gobiernos autonómicos se han encontrado con una sanidad pública sin recursos, muy deteriorada y que financian una parte sustancial de la sanidad privada, a través de conciertos y privatizaciones. Algunos, como los nuevos gobiernos de la Comunidad Valenciana, Cantabria, Castilla la Mancha, Baleares, Aragón, Navarra y Extremadura, quieren dar marcha atrás y renacionalizar servicios. Pero para ello, necesitan contar con más Presupuesto y no lo tienen. Por eso, urge en la próxima Legislatura un gran pacto sanitario, donde se asegure una mayor financiación (estatal y autonómica) para recuperar la sanidad pública,  que además se ha quedado tecnológicamente obsoleta por falta de inversiones. Sanidad privada sí, para el que pueda y quiera pagársela, pero no a costa del hundimiento de la sanidad pública. No negocien con nuestra salud.

lunes, 5 de enero de 2015

Subió IVA sanitario: seguros más caros


El 1 de enero ha subido el IVA sanitario, del 10 al 21 %. Con ello, casi todo el material sanitario ha subido un 11%, encareciendo en 400 millones la factura de los hospitales públicos y privados este año. Eso agravará la crisis de la sanidad pública, aumentando los recortes y reduciendo la compra de material, en perjuicio de los pacientes. Y encarecerá los costes de los 454 hospitales privados, que subirán sus tarifas a pacientes y compañías de seguros. Concretamente, los seguros médicos privados ya se han anticipado y han subido las primas para 2015 un 3,3 % a sus 10,6 millones de asegurados, la mayoría particulares (7,2 millones) y otros trabajadores y funcionarios a los que pagan sus primas las empresas y Hacienda. Una subida que se produce en medio de una guerra de precios en los seguros de salud, que copan un 5% de la publicidad en TV, con ofertas muchas veces engañosas.
 
enrique ortega

Es la tercera vez que sube el IVA sanitario, que se ha triplicado en los últimos 5 años. Zapatero lo subió del 7 al 8% el 1 de julio de 2010, por presión de Bruselas. Y Montoro  lo subió del 8 al 10% el 1 de septiembre de 2012, junto al resto subidas del IVA. Ahora, lo sube de nuevo, del 10 al 21%, por imposición del Tribunal de Justicia de la UE, que sentenció el 17 de enero de 2013 que España incumplía la Directiva comunitaria al aplicar el IVA reducido a los productos sanitarios. Hacienda evitó la subida en 2014, pero ahora no ha podido “escaquearse” más, tras meses negociando con Bruselas para dejar fuera de la subida los más productos sanitarios posibles.

Y así, quedan fuera de la subida del IVA las gafas y lentillas, las prótesis e implantes, los productos para deficientes físicos o mentales (sillas de ruedas, muletas…), los dispositivos de diálisis domiciliaria y tratamientos respiratorios, los pañales de incontinencia, las gasas, vendas y parches oculares. Pero el 1 de enero ha subido el IVA para el 70% del material sanitario, según la patronal Fenin: aparatos (Rayos X, TAC, escáneres), instrumental sanitario, material de laboratorio, mobiliario y equipamiento de hospitales (hasta sábanas, pijamas, compresas  y pañales), además del IVA de las materias primas y equipos que se utilizan para fabricar medicamentos (lo que encarece un 11% la fabricación de casi todas las medicinas).

Hacienda estima, en la Memoria de la reforma fiscal, que ingresará 264 millones más en 2015 con esta subida del IVA. Pero la patronal Fenin, que agrupa a 520 empresas que fabrican y venden material sanitario (facturan 7.200 millones anuales) calcula que la subida del IVA les costará unos 400 millones de euros este año. Los dos datos pueden ser verdad, ya que Hacienda no cuenta con una parte de la recaudación extra, porque el 50% de todo el IVA ingresado se traspasa a las autonomías. Pero eso será ya en 2016, cuando se cierre el balance de este año. Y antes, desde el 1 de enero, las autonomías, que gestionan la sanidad, tendrán que pagar el aumento del IVA que les van a facturar las empresas de material sanitario. Los cálculos la SESCAM (Sanidad de Castilla la Mancha) son que toda la sanidad pública gastará unos 350 millones más en 2015 por esta subida del IVA sanitario.

El gasto sanitario supone la principal partida de gasto autonómico, entre el 40 y el 45% de sus presupuestos. Y los que más gastan en sanidad son los que tienen más población (Andalucía, Castilla la Mancha y Castilla y León) y los que tienen la población más envejecida (Galicia y Asturias), que son las autonomías a quien más afecta la subida del IVA. De hecho, Castilla y León ya ha estimado que la subida le costará 20 millones extras. Todas ellas y el resto tendrán que ajustar más sus Presupuestos este 2015 por esta subida del IVA, sobre todo las 7 autonomías que incumplen con el déficit fijado para 2014 (Extremadura, Cataluña, Comunidad Valenciana, Murcia, Castilla la Mancha, Andalucía y Baleares). En conjunto, se verán obligadas a reducir las compras de material sanitario (ya muy reducidas) y a recortar más los gastos diarios, desde personal (no renovando a interinos) a los gastos de limpieza y lavandería, calefacción, ropa y hasta en comida. En resumen, menos equipamiento y peores servicios, en perjuicio de la calidad de la sanidad pública, muy afectada por los recortes.

La sanidad privada no se libra de los efectos de la subida del IVA sanitario. Han tratado de paliarlos adelantando compras al último trimestre de 2014 (algo que no pudieron hacer los hospitales públicos).Pero aun así, la subida supondrá un extracoste de 82,8 millones de euros en 2015 a los 454 hospitales y clínicas privadas, según cálculos de Fenin, un gasto que recortará un 7,7% los beneficios de la sanidad privada este año. Los hospitales privados tratarán también de ajustar otros costes, pero la mayoría del extracoste de la subida del IVA sanitario se intentará repercutir a sus clientes, en especial a las compañías de seguros.

La subida del IVA sanitario, del 10 al 21%, si lo repercute la sanidad privada a los seguros médicos, llevaría a una subida media del 2,5%, unos 18 euros por póliza en 2015. De hecho, las aseguradoras, que ya contaban con este aumento en la factura de los hospitales, han subido las pólizas para este año, un 3,3%. Y en algunos casos, forzados por la guerra de precios, han subido menos a cambio de recortar coberturas o aumentar los copagos.

Al final, la subida del IVA sanitario se va a traducir en más recortes en la sanidad pública y en una subida extra de los seguros médicos privados, que tienen ya 10,6 millones de españoles. Pero no afecta a todos por igual. Los 7,2 millones de españoles que se pagan ellos un seguro médico privado tendrán tres opciones: pagar más, recibir menos coberturas o darse de baja (ya para 2016). Además hay 2,2 millones  de personas a quien el seguro médico se lo paga su empresa y ahora tendrán que ver si se lo mantienen, lo recortan o lo suprimen (como pasó con muchos vales de comida). Y hay otros 1,24 millones de funcionarios del Estado que han elegido ser atendidos por la sanidad privada (¡82 de cada 100¡) y a los que MUFACE paga la prima. Como Hacienda paga poco por ellos a las aseguradoras (sólo cuatro quieren trabajar con MUFACE: Adeslas, Asisa, DKV y el Igualatorio Cantabria) y apenas han conseguido subir las primas (pagará un 0,9% más este año), van a compensar la subida del IVA con recorte de servicios: estos funcionarios ya no pueden acudir a los hospitales más importantes de Madrid y Barcelona de HM Hospitales, Ruber y Quirón.  

Al final, si hay asegurados privados, funcionarios o empresas que se dan de baja en los seguros privados, por la subida de primas o el deterioro en las coberturas, serán más los españoles que tendrá que atender la sanidad pública, aumentando las listas de espera (ya muy abultadas: 559.335 españoles están esperando para operarse, 98 días de media, y hay 67 días de espera para ir al especialista) y los costes del sistema (se estima que cada español con un seguro médico privado ahorra 563 euros anuales a la sanidad pública). Por eso, Fenin  y los hospitales privados han aprovechado esta subida del IVA para volver a pedir al Gobierno que pagar un seguro médico desgrave en el IRPF y que se ofrezca también elegir la sanidad privada (MUFACE) a los funcionarios de autonomías y Ayuntamientos (1,5 millones).

Pero la verdad es que los seguros médicos privados gozan de buena salud, a pesar de esta y otras subidas (las primas han aumentado un 32% desde 2007). De hecho, en 2013 y 2014, fueron los únicos seguros que crecieron (+5%), mientras bajaba el del automóvil y se estancaba el multirriesgo hogar. Y se espera que crezca un 7% en primas en 2015, a pesar de la subida del IVA sanitario y de las primas. Un crecimiento que se basa en el deterioro de la sanidad pública (es la quinta preocupación de los españoles, según el último Barómetro del CIS) y en el bombardeo de ofertas y la guerra de precios entre aseguradoras. De hecho, los anuncios de seguros médicos crecieron un 40% entre 2012 y 2013 y otro 20% en 2014, según datos de las TV privadas, donde estos seguros suponen ya el 5% de los ingresos publicitarios. Y más en el último trimestre del año, para forzar a cambiar de compañía.

La guerra de ofertas, apoyada por los comparadores, trata de ofrecer un bajo precio de entrada (“hágase un seguro médico desde 12 o 18 euros”), a costa de rebajar los servicios que se ofrecen (pólizas “low cost”) y de subir el precio los años siguientes. Pero ojo, estas pólizas baratas tienen muchos “trucos”: limitaciones para hacerse determinadas pruebas o ser atendido en urgencias, copagos, limitación de clínicas y cuadros médicos, limitación a los reembolsos (abonos por pagos médicos), precios diferentes si se asegura a toda la familia (según la edad) y carencias (tiempo durante el que no se puede recibir un determinado servicio: 10 meses el parto, por ejemplo). Y en la mayoría de los casos, las compañías se reservan el anular unilateralmente la póliza por edad (mayores de 60 años) o siniestralidad. Además, hay que pensárselo mucho antes de cambiar de compañía. Primero: hay que avisar dos meses antes de finalizar el contrato anual. Además, la nueva aseguradora suele excluir atender las preexistencias (enfermedades ya diagnosticadas que tenía antes de contratar la nueva póliza). Y muchas no aceptan a los mayores.

Así que, ojo a las ofertas y cuidado con lo que contrata: con la salud no se regatea. Lo malo es que mientras no se recomponga la sanidad pública (que ha sufrido un recorte de 6.700 millones entre 2012 y 2014), muchos españoles se ven obligados a contratar un seguro privado y pagar dos veces (impuestos y prima) para ser atendidos antes. Está bien que haya seguros médicos privados (cada vez más caros), como en otros países, pero no que crezcan gracias al deterioro de la sanidad pública. Nuestra salud no puede ser un negocio más.