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domingo, 30 de junio de 2013

Cumbre europea: ayudas escasas y tardías


Mucho ruido y pocas nueces en la última Cumbre europea: 532 euros al año (2014 y 2015) para ayudar a los parados jóvenes (1.000 euros a los españoles) y 10.000 millones anuales de créditos a las pymes europeas, a costa de recortar fondos estructurales. Y nada para los 21 millones de parados restantes (5,2 millones, españoles) ni un Plan para reanimar la economía europea. Otra Cumbre más para salvar la cara, esta vez con algunos millones ya previstos y cuyo gasto adelantan o hacen “ingeniería financiera”. Pero ni un euro nuevo contra una recesión que dura ya año y medio en Europa. Y sin construir “más Europa”, negando un papel activo al BCE para comprar deuda, retrasando sine díe los eurobonos, la única manera de evitar que el crédito (escaso) esté el doble de caro en la Europa del sur. Más de lo mismo: austeridad y reformas, una política que lleva 3 años fracasando.
enrique ortega

Hace justo un año, en otra Cumbre europea, los líderes de los 27 aprobaron a bombo y platillo un Pacto por el Crecimiento y el Empleo, para relanzar la economía. Pero un año después, no se ha puesto un euro en el empeño y Europa, tras mantenerse a ultranza en su política de austeridad, lleva ya año y medio en recesión, con 1,7 millones de parados más que hace un año (600.000 de ellos en España). Ahora, presionados por la contestación social y por algunos países (Francia, Italia, España), Merkel y los fundamentalistas de Bruselas han querido dar la imagen de que se preocupan de los problemas de los europeos, poniendo sobre la mesa unos millones contra el paro juvenil y para créditos a las pymes. Poco dinero y ni un euro nuevo, ya que sólo se anticipan fondos ya previstos o se cambia el destino de otros para desatascar créditos, con “ingeniería financiera”. Pocas nueces y mucha propaganda.

Veamos primero las ayudas contra el paro juvenil. Había 6.000 millones previstos en los Presupuestos europeos 2014-2020 y lo que ha hecho la Cumbre es anticipar su gasto, entre 2014 y 2015. Son 3.000 millones al año, a repartir entre los 5.630.000 parados europeos menores de 25 años (964.000, españoles). Tocan a 532 euros por parado al año. En el reparto, España, líder en paro juvenil (56,4% frente a 22,6% UE), se llevará casi la mitad, 1.900 millones en dos años: 1.000 euros por parado al año. Ahora toca estudiar en qué se gasta y a cambio de qué, porque Bruselas impondrá contrapartidas, cambios ya solicitados en las políticas de empleo y en la reforma laboral.

La cifra, 6.000 millones (y quizás otros 2.000 más para 2016-2020), es ridícula. “Como una gota de agua en el océano”, ha dicho el presidente del Parlamento europeo. Y contrasta con las ayudas públicas al saneamiento de los bancos europeos: 1,6 billones de euros (215.000 a los bancos españoles, 40.000 millones de Bruselas). Si parece razonable que sanear la banca sea una prioridad para Europa (para asegurar crédito y liquidez a la economía), también debería serlo conseguir que los parados trabajen, para que no caigan en la pobreza, consuman, coticen y ayuden a crecer y a recortar el déficit. Pero la desproporción de ayudas es escandalosa. Y no han aprobado ni un euro para los parados mayores de 25 años: 21 millones en Europa, 5,2 millones sólo en España.

Y ahora, la medida para desatascar el crédito a las pymes en Europa: movilizar entre 60.000 y 100.000 millones de crédito en los próximos 7 años, unos 10.000 al año. Medida que tiene doble truco. Por un lado, sólo se ponen 10.000 millones en manos del Banco Europeo de Inversiones (BEI) para que, con la “ingeniería financiera (avales) haga el milagro de movilizar hasta 100.000 millones en créditos. Pero además, esos 10.000 millones no es dinero nuevo, sino que se recorta de los Fondos estructurales de los países, con lo que si España, por ejemplo, quiere estos créditos, tendrá que renunciar a Fondos europeos para  zonas rurales o infraestructuras. Son créditos, que las pymes tendrán que devolver con intereses. Y una cifra  a repartir entre los países: España podría conseguir unos 1.000 millones año, la cuarta parte del dinero que dispone el crédito oficial (ICO) y que no se presta por falta de demanda.

Estas ayudas a los parados jóvenes y los nuevos créditos a pymes no llegarán a España antes de enero de 2014, a pesar de nuestra recesión, los 6,2 millones de parados y de que nuestras empresas no consigan crédito (y si lo hacen, pagan el doble que en el norte de Europa). Algo que no se va a resolver mientras haya dos Europas, mientras el BCE no salga en apoyo de los países del sur, comprando deuda pública primero (para bajar los intereses) y creando después los eurobonos: un sistema para compartir la deuda europea, para que países y empresas se financien al mismo coste, como antes de la crisis del euro.

Pero esto es un tema tabú para Merkel y los fundamentalistas de Bruselas, que prefieren aprobar “parches” para inyectar 10.000 millones de crédito anuales que conseguir una Europa más unida, donde pedir un crédito cueste igual en Madrid que en Berlín o Viena (porque eso significaría que ellos pagarían algo más que ahora). Y tampoco quieren aprobar un verdadero Plan Marshall para reanimar la economía europea y el empleo porque, para ser efectivo, costaría al menos 200.000 millones de euros y los países ricos del norte tendrían que pagar la mayor parte. Claro que también les beneficiaría vía exportaciones y créditos.

Así que, a falta de medidas eficaces, parches para salvar la cara de Bruselas y Merkel, que busca  llegar hasta las elecciones alemanas de septiembre sin pedir más dinero a sus electores. Y después, más de lo mismo: austeridad y reformas, nada de estímulos que cuesten dinero (para recoger mañana).Y si la Europa del sur lo pasa mal, le recetan paciencia.

Mientras, en España, el Gobierno Rajoy repite una y mil veces que hay “brotes verdes, pero la realidad es que seguimos en recesión y cualquiera puede ver que no hay consumo, no hay actividad, sigue habiendo despidos y cierres de empresas, que los parados (sobre todo los mayores de 45 años) no ven salida. Y aunque las exportaciones crecen, lo hacen la tercera parte que antes (por la recesión europea), mientras el turismo interior sigue cayendo. Y todavía nos queda ver los efectos depresivos del ajuste de 2014, porque aunque Bruselas lo haya suavizado, España tendrá que recortar otros 7.000 millones de déficit (Estado y autonomías) para 2014.Y cada vez es más doloroso recortar.

Por todo ello, la única salida es cambiar de política, en España y en Europa, abandonar la austeridad y reanimar la economía, como han hecho EEUU, Japón, Brasil o China, países que crecen mientras Europa está en recesión desde octubre de 2011. A nivel europeo, hay que conseguir recursos para lanzar un Plan Marshall de inversiones y ayudas a la Europa del sur, mientras los países del norte reaniman su consumo e  importaciones. A nivel español, hay que reanimar la economía, consiguiendo más ingresos (en este blog he explicado cómo recaudar 50.000 millones más de multinacionales, grandes empresas y los más ricos, bajando impuestos a la mayoría) para destinarlos a la formación de jóvenes y parados (la mitad no tiene), a incentivar contrataciones (un año sin pagar SS por empleo) y a ayudar a sectores clave para salir de la crisis: exportadores, industrias, tecnología, turismo y pymes. Ingresar más para gastar más y recuperarlo vía empleo que cotiza, consume y paga impuestos.

Se puede. Lo que no se puede es seguir así, con un país sumido en la desesperanza y que no ve salida. Esta Cumbre europea sólo ha aprobado migajas  para 2014, cuando lo que urge es el hoy. Y no han afrontado el problema real de España: crear empleo de verdad. Por eso, Europa, nuestra esperanza durante décadas, queda cada vez más lejos. Estamos solos. Peor: estamos atados a su desgobierno.

miércoles, 25 de abril de 2012

Infraestructuras: un recorte suicida


Uno de los mayores tajos del Presupuesto 2012 se da a la inversión en infraestructuras, por tercer año consecutivo: España va a invertir en obras públicas la mitad que en 2010. Se trata de la mayor paralización de obra civil de las últimas décadas, lo que se traducirá en más paro, cierre de empresas y pérdida de competitividad. No se trata de hacer obras faraónicas, sino salvar la brecha con Europa en transportes, comunicaciones, obras hidráulicas, depuradoras de aguas y equipamientos sociales. Hace falta pactar un Plan de infraestructuras para una década y pelear con Bruselas para financiarlo, con créditos y ayudas europeas, que se acaban. Nos jugamos la competitividad y el futuro.

Hemos pasado de un extremo al otro en tres años: de ser el país de Europa que más invertía en infraestructuras (unos 25.000 millones al año en el boom 2004-2008) a recortar la inversión a menos de la mitad (- 20.000 millones en los últimos 3 años). De la burbuja de las infraestructuras, con obras faraónicas por doquier, a no tener presupuesto para hacer depuradoras, arreglar viejas carreteras o terminar obras hidráulicas contra la sequía.

En el Presupuesto 2012, la inversión en infraestructuras de Fomento (11.386 millones) cae un 22,2%, que se suma a los recortes de 2011 (-31,7%) y 2010 (-19%), con lo que es ya la mitad que hace dos años (21.240 millones en 2010). El mayor tajo se lo llevan las obras hidráulicas     (-36,3%), cuando España tiene un serio problema de sequía y Bruselas nos ha llamado la atención por la mala depuración de las aguas residuales. También caen las inversiones medioambientales (-64% en 2 años) y en puertos (-33,1%), donde ha habido un exceso de hormigón. Sube la inversión en carreteras (+7,8%), aunque apenas hay dinero para conservación: 873 millones, la mitad de lo que haría falta, según la Asociación Española de la Carretera, que denuncia que tenemos” la peor red de carreteras en 25 años”.

La mitad del presupuesto se lo lleva el ferrocarril, sobre todo la alta velocidad (4.187 millones para el AVE), con fuertes inversiones en los accesos a Galicia (1.217 millones) y al País Vasco (1.080 millones AVE Norte), donde habrá elecciones en 2013. Y 135 millones  para el AVE a Extremadura, que ya no continúa a Portugal. El Gobierno Rajoy (gallego como la ministra de Fomento) apuesta por llevar el AVE a Galicia, más de 10.000 millones para una dudosa inversión: no llegará a 2 millones de pasajeros cuando harían falta más de 3 (en el primer trimestre, el AVE Orense-Santiago-A Coruña ha transportado una media de 68 pasajeros por tren). Mientras, Cercanías se lleva sólo 28,5 millones del Presupuesto 2012, aunque las utilicen millones de pasajeros. Y la mayoría de los puertos y aeropuertos siguen sin conexión con el ferrocarril.

A este recorte de 3.300 millones en Fomento hay que sumarle el de autonomías y Ayuntamientos, con lo que el tajo serán unos 8.000 millones, que van a provocar unos 150.000 despidos y la asfixia de muchas empresas. Sobre todo, porque hay muchas obras ya comprometidas (1.700 millones heredados en carreteras y 28.000 millones en ferrocarril, según Fomento), con lo que apenas habrá obra nueva. Y eso supone la puntilla para las empresas, que ya han sufrido una drástica caída de la licitación pública: de 47.198 millones en obras públicas (2006) se ha pasado a 13.659 (2011).

Este tijeretazo en las obras públicas se da en un país que todavía tiene un gran retraso de infraestructuras frente a Europa. La propia patronal CEOE ha pedido al Gobierno que se inviertan 80.000 millones en infraestructuras en 5 años, en tres frentes. Uno, construir 5 corredores ferroviarios (Bruselas sólo va a ayudarnos a financiar el Mediterráneo y el Atlántico), invirtiendo 50.000 millones, para duplicar el transporte de mercancías por tren (van sólo el 4%, frente al 11% en Europa). Dos, invertir 16.000 millones en el ciclo del agua, con infraestructuras y depuradoras. Y tres, invertir en equipamientos sociales: 4.600 millones en 30 nuevos hospitales y 10.000 millones en residencias de ancianos (en Dependencia podrían crearse un millón de empleos, según CEOE).  

Para financiar estas obras, los empresarios plantean invertir ellos la mitad, a cambio de concesiones, tarifas y créditos. El Gobierno Rajoy está preparando para julio un Plan de infraestructuras 2012-2024, donde contempla invertir 225.000 millones (unos 16.000 al año, frente a los 20.000 de los ocho años anteriores). Para financiarlo, contempla pedir créditos al Banco Europeo de Inversiones (BEI), abrir una línea de crédito oficial (ICO) y buscar capital privado, a cambio de darles concesiones y privatizar la gestión de las obras (ya lo han hecho con hospitales y residencias).

Hay que volcarse en este Plan, porque es la última oportunidad para recuperar el retraso en infraestructuras frente al norte de  Europa, con quien tenemos que competir. Y la última oportunidad de optar a fondos europeos (los de cohesión se nos acaban en 2014). Invertir en infraestructuras que hagan falta es clave para relanzar la inversión, el empleo (18 empleos por cada millón invertido) y los ingresos públicos (580.000 € de ingresos fiscales y menos gastos en desempleo por cada millón invertido). Y para conseguir una industria y un transporte con menos costes y menos consumo de energía, más competitivos.

Ha habido muchos excesos: AVEs sin viajeros, autopistas sin coches, puertos sin barcos o aeropuertos sin aviones. Pero recortar la inversión en infraestructuras es un suicido para un país en recesión, que va camino de los 6 millones de parados y que todavía tiene retrasos frente a Europa en transportes, comunicaciones, gestión del agua, equipamientos y medioambiente. Hace falta un gran Pacto de infraestructuras para una década  y sumar esfuerzos para financiarlo. Y pelear con otros países de la Europa del Sur para conseguir más fondos europeos. El Plan Marshall del que se habló en la Cumbre europea de enero y que quedó en agua de borrajas. Un Plan de grandes obras para salir de la recesión invirtiendo en futuro. No podemos esperar más.