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jueves, 9 de enero de 2020

Lo que sube (y baja) en 2020


Cada año, en enero, suben muchos productos y servicios, lo que dificulta la ya empinada “cuesta de enero”. Este 2020 suben los billetes de cercanías y tren (que utilizan 506 millones de viajeros), el taxi y los autobuses en algunas ciudades, la mayoría de autovías (algunas se quedan “libres” de peajes), los carburantes (subirán impuestos al gasóleo), los hoteles, la vivienda y los alquileres, el IBI de los pisos en muchas ciudades, las cartas y paquetes de Correos, algunas tarifas de teléfono y muchas comisiones bancarias. Eso sí, bajarán el gas, la luz, las hipotecas y las tasas aéreas. Con todo, la inflación subirá algo más que en 2019, un 1% de media frente al 0,7%, permitiendo mantener el poder adquisitivo de los sueldos (subirán un 2%) y casi el de las pensiones (subirán un 0,9%). Así, subirán algo más los ingresos de la mayoría de españoles que los precios. Es la “gasolina” necesaria para seguir consumiendo y mantener la recuperación (más débil) en 2020.

enrique ortega

La subida que afecta a más españoles es la de cercanías y trenes, que utilizan cada año 506 millones de viajeros. El 1 de enero, Renfe ha subido un 1% las tarifas de cercanías (utilizadas por 440 millones de viajeros al año y que no subía desde 2015) y trenes regionales (24,1 millones de viajeros anuales), salvo los trenes Avant (que suben un 1,2%). También suben un 1,10% los billetes de los trenes de largo recorrido (12,3 millones de viajeros) y los del AVE (21,33 millones de pasajeros), aunque Renfe lo encubre con la bajada del nuevo AVE low cost Madrid- Barcelona, que lanzará en Semana Santa, a un coste de 10 a 60 euros el billete. Esta subida de los AVE y trenes de larga distancia es la primera que hace Renfe desde 2017.


El transporte público (metro y autobuses) no sube en Madrid, Valencia o Sevilla, pero ha subido en el área metropolitana de Barcelona, tanto el billete normal (de 2,20 a 2,40 euros) como los bonos de 10 (de 10,20 a 11,35), mientras bajan los abonos mensuales (de 54 a 40 euros) y para jóvenes  (de 105 a 80 euros). También en Zaragoza y Málaga ha subido 5 céntimos el billete de autobús. El servicio de taxis sube también unos céntimos en Madrid, Barcelona, Valencia y otras ciudades españoles.


Y desde el 1 de enero han subido un 0,84% los peajes del grueso de autopistas españolas, concretamente de 1.270 kilómetros de vías de alta velocidad (por las que circulan unos 21.000 usuarios diarios en cada tramo), una subida inferior a la de 2019 (+1,67%) y 2018 (+1,91%). En el caso de Galicia, los usuarios de la autopista AP-9 pagan un 2,5% más de peaje, porque a la subida estatal se les suma un canon por las obras del puente de Rande (Vigo) y para compensar a la empresa Aucalsa de la gratuidad del tramo Vigo-Pontevedra que regaló a los usuarios Ana Pastor en 2013. Las 9 autopistas “rescatadas” por el Estado en febrero de 2018 (las 4 radiales de Madrid, la M-12 al aeropuerto, la AP-41 Madrid-Toledo, la AP-36 Ocaña-La Roda, el tramo de la AP-7 entre Cartagena y Vera y la circunvalación de Alicante), 740 kilómetros, no suben tarifas. Y hay 2 tramos muy importantes, la AP-7 entre Tarragona y Alicante (374 kilómetros) y la AP-4 entre Sevilla y Cádiz (94 km) que son gratuitas desde el 1 de enero, al haber quedado libres de peaje tras más de 40 años de concesión, como pasó en diciembre de 2018 con el tramo Burgos-Armiñón en la AP-1.


Lo que sí subirán en 2020 serán los carburantes. Ya han comenzado el año con unos precios disparados, debido a la fuerte subida del petróleo en diciembre (de 61 a 66,52 dólares por barril): el gasóleo ha cerrado 2019 con un precio de 1,23 euros por litro, un 9,37% más caro que un año antes, y la gasolina a 1,30 euros por litro, un 7,53% más caro. Y todo apunta a que, tras rozar los 70 dólares en enero por el enfrentamiento EEUU-Iránel crudo va a seguir caro hasta el verano, aunque luego podría bajar, porque hay un exceso de oferta (la OPEP no consigue reducir la producción real) y menos demanda. Pero la clave va a estar en los impuestos, porque si el Gobierno Sánchez consigue aprobar unos Presupuestos para 2020, podría intentar otra vez subir el impuesto al gasóleo y a la gasolina, que son diferentes y más bajos que en Europa. Así, el gasóleo paga en España 14,64 céntimos por litro menos de impuestos (59,09) que la media UE-28 (73,73 cts./l), según el último Boletín Petrolero europeo. Y la gasolina (69,88 cts./litro en España frente a 82,10 en la UE-28), 12,22 céntimos menos por litro. Y a su vez, el gasóleo (59,09 cts.) paga 10,79 céntimos/litro  menos de impuestos que la gasolina (69,88 cts.) en España.


Las tarifas aéreas en principio no subirán, aunque AENA bajará un 1,44% las tasas aeroportuarias a partir de marzo de 2020. Pero las compañías aéreas no nos repercutirán esa bajada y lo que podría pasar incluso es que los billetes de avión suban en 2020, como ya viene pasando desde septiembre de 2019. Y eso, no sólo la reciente subida del petróleo, sino porque ha aumentado mucho la demanda y, sobre todo, porque la Comisión Europea estudia poner una tasa verde a los vuelos e incluir sus emisiones en el mercado europeo de CO2, con lo que volar (al menos dentro de Europa) puede ser más caro en 2020.


Junto a los billetes de avión, también han subido los precios de los hoteles en 2019 y podrían seguir subiendo en 2020, salvo que “pinche” más el turismo. Las tarifas hoteleras subirán un 5% en Barcelona y un 4% en Madrid, las dos ciudades que liderarán las subidas hoteleras en Europa, según el informe Hotel Monitor 2020 de American Express. Eso sí, subirán menos los precios en la costa y sobre todo en Canarias y Baleares, aunque se espera una subida de los hoteles, apartamentos y casas rurales del interior.


Para las familias, el gasto en el hogar podría bajar algo, ya que este año baja un 4% la tarifa del gas a los 1,6 millones de hogares que tienen la tarida de último recurso (TUR), por la bajada del gas natural en los mercados internacionales, que también podría beneficiar al resto de usuarios que tienen una tarifa “libre” (otros 6,3 millones de hogares). La tarifa del  agua no subirá en la mayoría de ciudades, aunque sí en Sevilla y algunas otras poblaciones. Y la luz podría volver a bajar en 2020, tras una bajada del recibo del 7% de media en 2019. El Gobierno Sánchez en funciones ha congelado la parte regulada del recibo (45% de la factura) y la Comisión de la Competencia (CNMC) ha rebajado un 5,6% el coste que pagamos por el transporte y la distribución de la electricidad, lo que puede traducirse en una rebaja del 2% en el recibo de 2020. Pero otro 35% del recibo (el 25% restante son impuestos) depende del coste de producir la electricidad, de su precio en el mercado eléctrico, un componente que no debería subir, por el mayor peso de las renovables y el gas, ahora más baratas.


Con todo, la factura de la luz en 2020 va a depender mucho de a qué hora del día utilicemos la electricidad, porque el 1 de enero ha entrado en vigor la discriminación horaria: hay tres franjas del día donde el consumo se paga distinto. El consumo más barato es de 12 de la noche a 8 de la mañana, el horario ideal para poner la lavadora y el lavavajillas. El precio intermedio (un 20% más caro que por la noche) es de 8 a 10 de la mañana, de 2 a 6 de la tarde y de 10 a 12 de la noche. Y el consumo más caro (un 50% más costoso que por la noche) es ahora de 10 a 14 horas de la mañana, de 6 de la tarde a 10 de la noche y los fines de semana. Téngalo apuntado a mano, porque puede ahorrar en su recibo.


Un gasto familiar que sí sube para algunos es el pago del IBI municipal, por la vivienda. Hay 1.005 municipios españoles (1 de cada 8) que los suben en 2020 y 87 que los bajan. De ellos, hay 16 capitales de provincia que suben un 3% el IBI este año (Valencia, Sevilla, Córdoba, Cádiz, Jaén, Granada, Huelva, A Coruña, Lugo, Valladolid, Palencia, Tarragona, Girona, Huesca, Teruel y Logroño) y tres capitales que bajan el IBI un 3% (Zaragoza, Castellón y Guadalajara). Además, habrá autonomías y Ayuntamientos que suban otros impuestos y tasas, porque la mayoría andan “faltos de ingresos”.


La vivienda es un gasto básico de las familias y todo apunta a que seguirá subiendo. Los alquileres podrían subir menos que los años anteriores, entre un 4 y un 6% según los expertos, debido a que los precios han tocado techo en algunas grandes capitales y a que el próximo Gobierno quiere tomar medidas para limitar las subidas. En cuanto a los precios de venta de las viviendas, seguirán subiendo pero menos: si 2019 cerró con una subida de la vivienda del 5%, en 2020 podría subir un 3% de media (y un 5% las viviendas nuevas), según un sondeo realizado entre expertos y webs inmobiliarias.


Eso sí, las hipotecas no subirán de precio en 2020, aunque tampoco parece posible que sigan bajando los tipos, como en 2019 (2,02% TAE en octubre, frente a 3,24 en enero), porque los bancos tratarán de recuperar vía tipos y comisiones lo que pierden por tener que pagar ahora impuestos y costes de notario y registro. Y el Euribor, que cerró el año 2019 en negativo (-0,263%) no caerá tanto (podría bajar hasta -0,220 a finales de 2020, según Bankinter), con lo que el ahorro en una nueva hipoteca será escaso, inferior al de este año (-92 euros en el pago de una hipoteca tipo de 120.000 euros a 25 años). Lo que intentarán hacer los bancos es colocar más hipotecas a tipo fijo (ahora son el 45% del total), porque son más caras que las de tipo variable (3,02% TAE frente a 2,17%). Y si siguen cayendo los tipos de interés oficial y el Euribor otros dos años más, ellos ganan más con estas hipotecas a tipo fijo (asegurado).


Tengamos a no hipoteca, todos sufriremos el mayor cobro de comisiones que va a intentar la banca en 2020, para hacer frente a su deterioro de márgenes. El Banco Santander ya avisó a sus clientes que cobrará comisiones por su Cuenta 1,2 y 3 y cobrará 9 euros por su cuenta Día a Día. El BBVA ha elevado su comisión de mantenimiento de 60 a 100 euros al año. Y también han subido distintas comisiones Bankia y el Sabadell. Y todos buscan cobrar más comisiones por Fondos, Bolsa, seguros y operativa, tratando además de “deshacerse” de los no clientes (Bankia les reduce los días de atención)  y de los clientes “no rentables”. Así que mire con lupa sus extractos y trate de pelear la rebaja de comisiones si se las suben.


Otro gasto que sube en 2020 es el envío de cartas (que ya casi no hacemos) y de paquetes (en auge). Correos ha subido el 1 de enero el envío de cartas y postales, un 8,33% dentro de España (subida inferior al 9% de 2019 y el 10% de 2018), un 3,57% en los envíos europeos y un 3,5% en los demás envíos internacionales. Y el envío de paquetes, el principal negocio de Correos, sube un 1,34% (el doble que en 2019, cuando subió un 0,88%). Eso sí, de momento no sabemos lo que subirán el teléfono y el móvil en febrero o marzo, como pasa todos los años, aunque Movistar ya ha anunciado una subida para el 15 de febrero de sus servicios complementarios de telefonía (llamada a tres, desvío o restricción de llamadas, mantenimiento o servicio de contestador). Y seguro que antes o después vuelve a subir sus “paquetes” de teléfono, internet y TV (a cambio de más servicios) y le siguen el resto.


Bueno, con todas estas subidas, el Gobierno y los expertos esperan algo más de inflación en 2020: cerrar el nuevo año con un IPC del +1,2%, frente al +0,8% que subió en 2019. Y una inflación media (la que hay que mirar) en todo el año del +1%, frente al 0,7% de inflación media en 2019. Eso permitirá que muchos españoles mejoren su poder adquisitivo en 2020, como ya han hecho en 2019, porque les suban más sus ingresos que los precios.


Por un lado, los que viven de un sueldo (16,8 millones de españoles) podrían tener este año una subida salarial algo superior al 2%, en línea con la subida del 2,1% que tuvieron en 2019 y mucho mayor que la de 2018 (+0,8%), sobre todo si se cumple el acuerdo firmado en 2018 entre la patronal y los sindicatos para que los sueldos subieran una media del 2% en el trienio 2018-2020, más hasta un 1% adicional por mejoras de productividad . Y los 2,5 millones de funcionarios públicos tienen asegurada (por su acuerdo plurianual con el Gobierno en  2018) una subida del +2% en 2020 (más un 0,3% adicional), frente al 2,5% que les subieron en 2019. Y el salario mínimo podría subir este año de 900 a 1.000 euros (+11,1%). Con ello, los que viven de un sueldo ganarán poder adquisitivo en 2020 (como en 2019).


Los pensionistas no tienen ningún acuerdo de subida para 2020, como los asalariados, pero el Gobierno Sánchez-Podemos se ha comprometido a subir las pensiones un +0,9% en 2020 (y más las mínimas), con lo que perderían un 0,1% de poder adquisitivo o lo mantendrían (depende de lo que haga el IPC medio), tras haber ganado 0,9% de poder adquisitivo en 2019 (y perder un -0,5% global entre 2008 y 2019). La clave estará en conseguir algún acuerdo político a lo largo de 2020, dentro del Pacto de Toledo, para fijar un sistema futuro de revalorización de pensiones que se pueda financiar y no quiebre el sistema.


Hasta aquí el repaso a las múltiples subidas y escasas bajadas que nos depara 2020. Y a los ingresos previsibles (salarios y pensiones) que vamos a tener la mayoría de españoles y que nos permitirán consumir algo más, el “motor” que siga tirando del crecimiento y el empleo (menores) en 2020,un año en que van a fallar las exportaciones y el turismo. Pero no basta con que podamos consumir algo más. Para mantener la recuperación y que no venga otra crisis hace falta que no se nuble el panorama internacional (ni guerras comerciales ni Brexit duro ni sustos del petróleo) y que en España tengamos estabilidad política y económica y un Presupuesto 2020 que no haga recortes, sino que afronte los mayores gastos que hacen falta (en casi todo) con mayores ingresos fiscales (sobre todo de las grandes empresas, bancos, multinacionales y los más ricos), para poder reducir el déficit y la deuda y cumplir con las exigencias de Europa. Un puzle difícil de completar.

lunes, 24 de noviembre de 2014

Crece la "burbuja" del AVE


A pesar de los recortes, el Gobierno disparará el gasto en el AVE en 2015: invertirá 3.561 millones (más que en Educación y Cultura juntas) para que llegue a 7 ciudades más. Así, seguirá creciendo la “burbuja” del AVE: España ha gastado ya 48.631 millones en el tren de alta velocidad (un tercio más que los recortes hechos desde 2010) y somos el país con más kilómetros en servicio, tras China. Todo para que los trenes vayan medio vacíos. Una inversión ruinosa, pero las constructoras hacen negocio construyendo el AVE y la industria utilizándolo de escaparate para venderlo por el mundo. Ahora, el Gobierno pretende construir 2.400 kilómetros más, para que en 2024 todas las capitales estén unidas por AVE. Una locura a costa de abandonar los demás trenes y las cercanías, lo que usa la gente. Y de recortar en educación, tecnología, sanidad y gastos sociales. Urge pinchar la burbuja del AVE, un despilfarro.
 
enrique ortega

La fiebre del AVE empezó en España con los fastos de 1992, al empeñarse Felipe González en llevar el tren de alta velocidad a su Sevilla natal. Le siguió Aznar, con más entusiasmo: en su segundo debate de investidura (abril del 2000), se marcó como objetivo unir Madrid con todas las capitales de provincia en menos de cuatro horas. Después, Zapatero recogió el testigo con entusiasmo y destinó al AVE una media de 5.000 millones entre 2008 y 2011. Eso sí, dejó el poder con 14.000 millones en obras pendientes y sin pagar. Y Rajoy, tras afrontar esta herencia, ha destinado ya 10.000 millones al AVE en esta Legislatura (lo que ha recortado en Sanidad y Dependencia juntas). Y en 2012 aprobó un Plan de infraestructuras que pretende invertir 25.000 millones más en el AVE hasta 2024, para conseguir  entonces que todas las capitales estén unidas por tren de alta velocidad (incluso Ávila o Soria). Y que 9 de cada 10 españoles vivan a menos de 30 kilómetros de una estación del AVE.

Para 2015, el Gobierno Rajoy ha subido su apuesta por el AVE, la inversión que más crece en los Presupuestos: destinará 3.561 millones de inversión, casi el doble que en carreteras y aeropuertos juntos, casi lo que a Sanidad (3.861 millones) y más que a Educación (2.273 millones) y Cultura (749 millones) juntas. El objetivo es poner en marcha 1.000 kilómetros más de alta velocidad y que el AVE llegue en 2015 (año electoral) a siete ciudades más: Zamora, Orense, Burgos, Palencia, León, Murcia y Cádiz. Eso sí, las nuevas líneas del AVE (a Galicia, Asturias, País Vasco, Extremadura, Andalucía oriental y Murcia) “tienen truco”, son “de segunda categoría”: sobre plataformas dobles, se va a instalar sólo una vía (con pequeños tramos dobles para facilitar cruces) y los trenes circularán sólo a 200/250 km-h. Según Fomento, es una solución “provisional”, que pretende hacer más con menos e inaugurar antes.

Este nuevo empujón al AVE en 2015 engorda la ya impresionante burbuja” del AVE en España. Tenemos 3.100 kilómetros en servicio, la mayor red del mundo, salvo China (11.200 km) y la mayor por habitante con mucho (61 km. por millón de habitantes frente a 31 Francia). Y todavía hay 1.500 kilómetros en construcción y otros 900 en estudio. El AVE llega ya a 31 ciudades en 21 provincias (y en 2015 a 38 ciudades). Y en esta “burbuja” nos hemos gastado ya 48.631 millones de euros (el gasto público en investigación entre 2010 y 2014), un tercio más de los 35.000 millones  recortados por ZP y Rajoy desde 2010.

Una factura de 15 millones de euros por kilómetro, que se ha desviado unos 5.000 millones sobre lo inicialmente presupuestado, por  los sobrecostes (+2.000 millones en la línea Madrid- Barcelona). De hecho, el Congreso ha pedido en octubre al Tribunal de Cuentas que revise los costes de todas las obras del AVE realizadas desde 2002. Obras que se han ligado también a presuntos casos de corrupción, como el caso Bárcenas o el del hijo de Pujol. Y esto es doblemente grave porque casi la cuarta parte de las inversiones del AVE español han salido de los bolsillos de los europeos (unos10.000 millones entre 2004 y 2013). Pero la mayoría han salido de nuestros impuestos y del canon que paga Renfe (o sea, todos los viajeros) al gestor de las infraestructuras ferroviarias, ADIF (una empresa pública con 231 millones de pérdidas), que además se está endeudando para pagar el AVE.

Y no es sólo que el AVE sea una inversión faraónica, es que resulta ruinosa: en 22 años, sólo se ha recuperado por billetes un tercio de la inversión, 14.200 millones en ingresos. Y eso porque los trenes de alta velocidad, muy caros, van medio vacíos: en 2013 tuvieron 24 millones de viajeros, poquísimos comparados con los 160 millones de los trenes rápidos alemanes (con la tercera parte de red) o los 120 millones de pasajeros de Francia (con 2.000 km de TAV). El Gobierno esconde los datos de viajeros y los últimos que dio (año 2012) reflejan que la ocupación ronda el 50%, con muchos trayectos por debajo: 63,8% ocupación Madrid-Málaga, 63,4% Madrid-Barcelona, 61% Madrid- Sevilla, 58% Madrid- Valencia, 32,9% Madrid- Valladolid (costó 4.205 millones), 25,8% Madrid- Cuenca-Albacete (costó 3.530 millones), 24,5% Vigo-Orense, 19,8% Santiago- Orense- A Coruña y 15,2% de ocupación entre Santiago-Orense, las líneas más recientes. Y lo más llamativo: sólo 16 de los 206 trayectos de alta velocidad tuvieron más de 100.000 pasajeros en 2012. En 48 trayectos hubo menos de un viajero al día y en otros 88 menos de 5 viajeros diarios. De hecho, Renfe cerró en julio 2011 la línea AVE de Toledo a Cuenca y Albacete porque sólo tenía 9 viajeros al día.

El Gobierno y Renfe trataron de hacer frente a este desastre bajando los billetes del AVE, en febrero de 2013, lo que aumentó un 23% los pasajeros. Y este año 2014 se esperan 28 millones de pasajeros. Pero es un récord insuficiente: “La red de AVE no tiene ni pies ni cabeza con el actual número de viajeros”, ha reconocido con toda franqueza el presidente de ADIF, la empresa pública que gestiona las infraestructuras del AVE. Cree que haría falta subir al AVE a 50 millones de viajeros, el doble que ahora, un objetivo que el Gobierno se marca para 2018. Y para lograrlo, pretende aplicar una agresiva política comercial e introducir la competencia privada, para forzar bajadas de precios, abriendo las líneas del AVE a empresas privadas. De momento, va a abrir en unas semanas el concurso para que una empresa privada explote el AVE Madrid- Valencia (que llegará a Murcia, Albacete, Alicante y Castellón), con trenes alquilados a Renfe. El quid está en lo que les cobren de canon por usar la red ferroviaria construida con dinero público (Renfe paga un 47% de sus ingresos): si les cobran poco, estaremos subvencionando todos un negocio privado y si les cobran mucho, no será rentable y quizás algún día haya que nacionalizarla, como las autopistas.

De hecho, la enorme inversión pública de España en el AVE ha beneficiado sobre todo a las empresas privadas que han construido las infraestructuras (las grandes constructoras, que se han quedado sin otros trabajos en vivienda, carreteras, puertos y aeropuertos), que ya han hecho el negocio aunque luego los trenes vayan vacíos. Y también a la potente industria ferroviaria creada alrededor de la burbuja del AVE: facturan unos 5.000 millones al año y son el segundo sector exportador, porque se han dedicado a vender AVEs por el mundo (La Meca, Brasil, USA, Rusia, Turquía, Kazajistán) gracias al escaparate y la experiencia del AVE en España, que pagamos españoles y europeos con nuestros impuestos y billetes.

Además de ser un negocio ruinoso, la burbuja del AVE tiene otros problemas. Uno, que se ha construido una red que permite circular sólo trenes de viajeros, no de mercancías, un uso mixto que podría haberse conseguido si España hubiera optado, como otros países (Francia, Italia, Alemania y ahora Portugal) por trenes de velocidad alta (de 180 a 250 km/h) que circulan por vías que permiten el paso de mercancías. Otro problema es que se mantiene el diseño radial, partiendo de Madrid, con lo que se puede viajar en AVE de la capital a Tardienta (un pueblo de Huesca de 1.000 habitantes) pero no de Valencia a Barcelona o a Málaga, por ejemplo. Y el tercero y más grave, que la inversión en AVE se ha comido a la carretera (no se mantienen viejas carreteras ni autovías) y sobre todo, al resto del ferrocarril.

Ciertamente, la apuesta por el AVE ha sido a costa del resto de trenes: en 2015, el AVE se llevará (3.561 millones) el 69% de la inversión nueva en ferrocarril (y el 80% del gasto ferroviario total), la red convencional el 9% (461 millones) y cercanías el 3% (153 millones), aunque transporte 412 millones de viajeros al año (17 veces más que el AVE), el 88% de los españoles que cogen el tren. La apuesta por el AVE ha llevado además al Gobierno a buscar dinero recortando del tren tradicional: en el verano de 2013, Rajoy decidió el cierre de 27 líneas de trenes regionales (el 20% de la red) y 172 estaciones, perjudicando a 1 millón largo de viajeros. Además, redujo frecuencias, quitando uno de cada cuatro trenes regionales. Todo para ahorrar 26 millones de euros el primer año, lo que costó un kilómetro del AVE Barcelona-frontera francesa.

Pocos temas están tan claros como el despilfarro del AVE, propio de “nuevos ricos (Francia y Portugal han frenado sus líneas de alta velocidad por la crisis). Es carísimo y se come recursos que necesitaríamos para otras cosas y para el resto de trenes. Y además, no es rentable, porque los españoles lo usan poco, por sus altos precios y la crisis. Habría que parar ya la burbuja, no echar un euro más al AVE y apostar por trenes rápidos (180/250 km es suficiente), modernos y más baratos, junto a las mercancías y las cercanías. Y dejar de presumir de un AVE en cada ciudad, porque es un capricho ruinoso.