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domingo, 21 de abril de 2013

Respiramos uno de los peores aires de Europa


Ahora que ha dejado de llover, volveremos a preocuparnos de la contaminación, que fue grave a principios de 2011 y 2012. La Agencia Europea de Medio Ambiente nos acaba de recordar que media España respira un aire que supera todos los límites fijados por Bruselas y que somos el único país europeo, con Luxemburgo, cuyo aire ha empeorado. Y esto provoca graves enfermedades y 20.000 muertes al año. El Gobierno acaba de aprobar un Plan Aire 2013-2016, que contempla limitar el acceso de coches a las ciudades y subir los impuestos a los más contaminantes. Pero es insuficiente. Hay que tomar medidas más drásticas, como subir los impuestos al gasóleo (que paga menos y contamina 6 veces más que la gasolina), dar más ayudas para cambiar de coche, no subir tanto el transporte público y conseguir unos carburantes y coches menos contaminantes. Nos jugamos la salud y nuestras ciudades.
enrique ortega

España es uno de los siete países que incumplen los límites a la contaminación impuestos por la Comisión Europea (Directiva 2001/81) para 2010, junto a Luxemburgo, Austria, Francia, Alemania y Bélgica. Y el único, con Luxemburgo, que ha empeorado sus emisiones de gases contaminantes (2011), según el último informe de la Agencia Europea de Medio Ambiente.

España rebasa los límites europeos en las emisiones a la atmósfera de cuatro gases  contaminantes muy nocivos para la salud: dióxido de nitrógeno (NO2), partículas en suspensión (PM10), ozono troposférico (03) y dióxido de azufre (SO2). Y de un quinto que afecta a las zonas rurales: el amoníaco (NH3), producido en la agricultura y ganadería por el uso de fertilizantes y la gestión del estiércol.

El mayor problema es el incumplimiento límites de dióxido de nitrógeno (NO2), un gas tóxico que procede en un 80% de los vehículos y cuyo techo europeo se ha superado (2011) en 13 ciudades, con 12 millones de habitantes : Madrid (capital, zona sur y corredor del Henares), Barcelona, Vallés y Baix Llobregat, Sevilla, Granada y Palma, según los mapas del Ministerio de Medio Ambiente.

Sin embargo, el incumplimiento más grave es la emisión de partículas (PM10), en un 35-50% también procedentes de los vehículos (el resto, de calefacciones, industrias y térmicas), porque son las más nocivas para la salud. Superan el límite europeo un abanico de ciudades de toda España, con 7,2 millones de habitantes: Barcelona, Vallés y Baix Llobregat, Plana de Vic, Terres de Ponent, La Rioja, Bilbao y bajo Nervión, Gijón y Asturias central, Granada y Bailén.

El incumplimiento más extendido es la superación de los topes de ozono troposférico (O3), el ozono “malo” (el “bueno”, el estratosférico, filtra la radiación solar), producido sobre todo en verano por la fotooxidación de NO2 y compuestos orgánicos volátiles (COVs), procedentes de vehículos, calefacciones, térmicas e industrias. Media España (Madrid, sur de Castilla y León, mitad sur de España, la Rioja, valle del Ebro y Cataluña) incumple los límites europeos de O3, afectando a 22,6 millones de habitantes, según Medio Ambiente. Y España es el país europeo que más veces rebasó los niveles saludables de este gas irritante.

Por último, dos zonas españolas superan los límites europeos de dióxido de azufre (SO2), producido por la industria (refinerías y químicas): la bahía de Algeciras y Santa Cruz de Tenerife, afectando a 580.000 personas.

Estas emisiones de gases son nocivas para la salud y para la tierra (acidifican el suelo y dañan los cultivos), no sólo en España, sino que “viajan” a grandes distancias, produciendo lluvia ácida. Está científicamente demostrado que la contaminación del aire produce enfermedades respiratorias (asma, bronquitis, enfisema), cardiovasculares, tumores, ictus, partos prematuros y hasta diabetes y obesidad, sobre todo en los grupos de riesgo: niños, ancianos y enfermos crónicos. Por eso, la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha aumentado su alerta y pide a los Gobiernos rebajar más los límites (que ahora se incumplen), sobre todo de las partículas más pequeñas (PM2,5 micras), las más peligrosas y que muchas ciudades no miden.

Frente al aire contaminado, un grave problema en toda Europa (más del 80% de la población europea está expuesta a una contaminación que supera las recomendaciones de la OMS), las soluciones son dispares. Hay ciudades, como Londres, que pusieron en 2003 un peaje diario a los vehículos. Otras, como Milán, tienen desde 2007 un protocolo para cerrar el centro al tráfico cuando hay contaminación excesiva (lo han hecho tres veces). Y en Berlín, desde 2008 se  restringe el tráfico en el centro a los coches más contaminantes, medida que aplican ya más de 400 ciudades europeas. En España, se ha optado por la trampa de cambiar de sitio las estaciones de medida (Madrid o Zaragoza) o pedir una prórroga de cinco años a Bruselas para cumplir los límites (se la ha negado a Barcelona y está pendiente Madrid), sin tomar medidas decididas, a pesar de los graves problemas a principios de 2011 y 2012.

Ahora, el Gobierno Rajoy quiere tomar medidas, con el Plan Aire 2013-2016, que se está debatiendo con autonomías, Ayuntamientos e instituciones. Pretende crear un marco común para todas las ciudades (ahora cada Ayuntamiento va a su aire) y promover tres medidas concretas: limitar la velocidad de circulación, poner colores a los coches (según lo que contaminen) para limitar su acceso a las ciudades (no se atreven a imponerlo a los Ayuntamientos y lo estudiará un Grupo de trabajo para aplicarlo en 2015) y subir el impuesto de circulación a los coches que más contaminen (crean una comisión con Hacienda y los Ayuntamientos).

Es un paso, pero insuficiente. Porque España tiene un problema de contaminación más grave que el resto de Europa. Primero, porque tenemos demasiados coches: en 1980 había uno por cada cinco habitantes y en 2010 son dos, con lo que somos el cuarto país del mundo con más coches por habitante (480 por 1.000), tras Italia (600), Alemania (510) y Francia (495), por delante de EEUU (439) y Japón (450). Pero sobre todo, porque somos “un país diésel: el 60% de vehículos circula con gasóleo frente al 37% en Europa. Un carburante que emite seis veces más NO2 y partículas PM10 que la gasolina.

Por eso, es urgente tomar medidas valientes. La primera, subir el impuesto al gasóleo (compensando a los transportistas), como piden  Bruselas y el FMI, ya que paga menos que en Europa y menos que la gasolina. Para equipararlos, habría que subirlo 7 céntimos litro. La segunda, que paguen más impuestos los coches más contaminantes. La tercera, más rigor en el control de la ITV: un 20% de los coches con más de 10 años (los que más contaminan) no la pasan, según  un estudio de la Universidad Carlos III. Cuarta, aumentar las ayudas para cambiar de coche, porque en 2014 la mitad tendrán más de 10 años. Quinta, fomentar el transporte público de verdad, congelando tarifas (ha subido un 8,1% en 2013 y más del 30% con la crisis) y mejorando el servicio, con autobuses menos contaminantes. Y limitar de verdad el acceso al centro de las ciudades con problemas.

A medio plazo, hay que tomar dos medidas de fondo. Una, conseguir carburantes menos contaminantes, lo contrario de lo que ha hecho el Gobierno este año penalizando doblemente los biocarburantes (bajando su porcentaje del 6,5 al 4,1% y quitándoles la exención fiscal). Un camino que acaba de seguir EEUU: Obama ha aprobado el Plan Tier 3 para reducir los óxidos de nitrógeno (-80%) y el azufre (-60%) en los carburantes para 2017. La otra, pactar con  la industria para fabricar automóviles menos contaminantes, a la vez que se apoyan de verdad (sólo 10 millones de ayudas, retrasadas) los coches híbridos y eléctricos (un fracaso: se venden 1,2 al día).Carburantes y coches más limpios aunque más caros.

Todo ello supone enfrentarse a grupos muy poderosos (petroleras, industria automovilística) y tomar medidas impopulares (penalizar el coche), además de gastar más, en medio de la crisis. Pero no podemos seguir respirando veneno, más en cuanto la economía crezca. La contaminación causa ya 20.000 muertos al año, según Ecologistas en Acción. Y provoca otros costes, sanitarios y medioambientales, por 20.000 millones al año, según el Observatorio de la Sostenibilidad. Hay que pararla antes que nos carguemos nuestras ciudades de forma irreversible.   

domingo, 16 de septiembre de 2012

Carburantes en máximos: se buscan culpables


Los carburantes, el gasóleo y la gasolina, están en precios máximos, tras un agosto de fuertes subidas y el aumento del IVA en septiembre. El Gobierno está preocupado porque los carburantes han desbaratado el IPC y ha lanzado una cruzada contra las petroleras, acusándolas de tener altos márgenes. Pero es una ofensiva demagógica, ya que el margen es de céntimo y medio por litro, mientras los impuestos suponen casi la mitad del precio de los carburantes y volverán a subir en enero. Eso sí, a las petroleras hay que culparlas de poca competencia y de que retrasan las bajadas de precios. Pero el problema de fondo es que España consume e importa el doble de gasóleo que Europa y somos muy dependientes de un carburante que va a seguir subiendo. Hay que hacer otra política energética.
enrique ortega
Con las vacaciones subieron los carburantes, entre un 12% y un 16% este verano. Y la subida del IVA en septiembre, del 18 al 21%, fue la puntilla: +3,50 céntimos cada litro de gasóleo y +3,60 céntimos las gasolinas. Con ello, septiembre empezó con máximos históricos en los carburantes: más de 1,522 € litro la gasolina y 1,444 el gasóleo, que siguen altos esta semana (1,518 la gasolina y 1,441 el gasóleo). Precios que suponen pagar 10 euros más por llenar el depósito que hace un año.

Las alarmas han saltado en el Gobierno, tras conocer que los carburantes fueron culpables de más de la mitad de la subida del IPC de agosto (0,33 del +0,6 %), que subió la inflación anual al 2,7% (lo que obligará, si no se corrige, a gastar unos 4.000 millones en revisar pensiones). Y se han lanzado a una cruzada para bajar precios (unos días después de subir el IVA), echando la culpa a los márgenes de las petroleras, a las que han pedido que contengan precios y les amenazan con tomar medidas: facilitar la apertura de más gasolineras y ponerles más impuestos.

Lo de los márgenes elevados suena popular, pero no es verdad: las petroleras ganan un céntimo y medio por litro, el chocolate del loro en estas subidas. Los culpables hay que buscarlos en otros sitios, tras analizar los tres principales componentes (ver gráfico) del coste de los carburantes: los precios de la energía, los impuestos y los costes y márgenes.

Casi la mitad del precio de los carburantes (44,6% en gasolinas y 48,5% en gasóleos) lo determina el precio de la energía, pero no el petróleo, sino la cotización de los gasóleos y las gasolinas en dos mercados, el de Marsella (70% del precio) y el de Rotterdam (30%). Este verano, el petróleo Brent subió de 90 a 114 dólares (11 cts. por litro), pero subieron más los precios internacionales del gasóleo (12 cts.) y la gasolina (13 cts.), por la mayor demanda ante las vacaciones, el embargo a Irak y la crisis de Siria, la paralización de algunas refinerías en Estados Unidos y Venezuela, las bajas existencias de carburantes en EEUU y la bajada del euro (-7% de mayo a agosto), que encarece unos carburantes que se pagan en dólares.

Pero casi la mitad del precio de los carburantes en España son impuestos ( 47,7 % en gasolinas y 42,7% en gasóleo), que no han parado de subir : +2,9 céntimos de impuestos especiales en junio 2009, aumento del céntimo sanitario que cobran 11 autonomías (+4,80 céntimos por litro y + 7,20 céntimos en Cataluña, Comunidad Valenciana, Cantabria y Castilla y León), más dos subidas del IVA, una en julio 2010 (del 16 al 18%) y otra ahora (al 21%). En total, 18 céntimos por litro en tres años, una subida del 42% en gasóleos (y 34% gasolinas).

Y queda el tercer bloque, otros costes y margen (7,6% del precio en gasolinas y 8,6% en gasóleos). Aquí, las petroleras incluyen los costes de transporte, almacenamiento, reservas estratégicas (92 días), comercialización, gastos financieros, incorporación obligatoria de biocarburantes, margen de la gasolinera y margen de la petrolera, que estiman en un 1%, un céntimo y medio por litro. O sea, que pagamos menos de un euro (82,5 céntimos) de beneficio bruto a la petrolera cada vez que llenamos el depósito (55 litros, unos 80 euros), mientras pagamos 38 euros por el combustible, 35 euros de impuestos y 6 euros por otros costes.

Aclarado el escandallo, sí hay que achacar a las petroleras dos culpas. Una, que tienen mucho poder (entre Repsol, Cepsa y BP tienen el 64% del mercado) y hay poca competencia entre ellas: incluso, en 2009, la Comisión de la Competencia (CNC) les puso una multa de 7,9 millones por acuerdos para fijar precios. Y la otra, que en ocasiones retrasan el traslado a los conductores de las bajadas de los precios internacionales (“los precios suben como cohetes y bajan como plumas”), algo que niegan. Ahora, el Gobierno ha encargado a la CNC que haga un nuevo informe para ver si hay competencia y transparencia.

Con todo, los carburantes en España tienen un precio en la media europea. Antes de impuestos, la gasolina es la 4ª más barata de la zona euro (tras Francia, Irlanda y Austria) y el gasóleo el 7º más barato, siendo más caro en Alemania, Finlandia, Italia, Grecia y Portugal, por ejemplo. Y si contamos los impuestos, menores que en la mayoría de Europa, la gasolina es la 2ª más barata de la zona euro  (tras Luxemburgo) y el gasóleo, el 3º más barato en los paises euro (tras Luxemburgo y Francia).

El problema es que, aunque los carburantes estén “a precio europeo”, consumimos e importamos más, con lo que España es muy dependiente: importamos el 38% del gasóleo, frente al 10% en Europa. Y eso porque tenemos un mayor consumo de gasóleo (80% de los carburantes frente al 55% en Europa), por nuestro mayor parque de diesel (52% frente al 37%  UE), por el mayor peso del transporte de mercancías por camión (83% en España frente al 45% en UE-27). O sea, somos más vulnerables a las subidas de precios, que van a continuar este otoño (por la mayor demanda del gasóleo de calefacción) y a las subidas de impuestos: en enero, los carburantes subirán entre 3,5 céntimos por litro (gasolina) y 4,5 (gasóleo), al desaparecer las exenciones fiscales a los biocombustibles.

Frente a cruzadas mediáticas contra las petroleras, el Gobierno debía cambiar la política energética: reducir el consumo y la importación de gasóleo (acelerando la reconversión de nuestras refinerías),ayudar a renovar el parque de vehículos (el 40% tienen más de 10 años y consumen un 15% más que los nuevos) y fomentar de verdad el coche híbrido y eléctrico (testimonial) y la utilización del transporte público (que sube sin parar). Sólo así podremos reducir de verdad nuestra carburodependencia, que se lleva cada mes más parte del sueldo. Es urgente.