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lunes, 30 de junio de 2025

Los jóvenes, precarios, mal pagados y aislados

Que la situación económica de los jóvenes es alarmante no es noticia, desgraciadamente. Lo más preocupante es que se han beneficiado poco del fuerte crecimiento del empleo tras la pandemia, que siguen teniendo mucho paro y empleos precarios y mal pagados. Y que ahora, con los alquileres y pisos por las nubes, no pueden formar una familia ni emanciparse. Pero además, un reciente informe señala otros dos problemas de fondo para los jóvenes. Uno, que el bajo crecimiento de la población lastra la economía mientras a sus padres les benefició el “baby boom”. Y el otro, que la política y la economía benefician hoy más a los mayores que a los jóvenes, que son menos que los jubilados y no tienen casi protagonismo político. Urge tomar medidas para evitar que malviva toda una generación y acabe siendo utilizada por la extrema derecha. Medidas que van desde la educación y formación a los contratos, los sueldos y condiciones laborales, la conciliación laboral y, sobre todo, la vivienda.

                           Enrique Ortega

El fuerte crecimiento económico de España tras la pandemia se ha traducido en un récord de nuevos empleos, pero los jóvenes se han beneficiado menos de ellos que el resto de la población. Los datos son elocuentes: la ocupación aumentó en casi 1,8 millones de personas (+1.798.500) entre finales de 2019 y marzo de 2025, según la EPA y sólo un 22% de estos nuevos empleos fueron para menores de 30 años (+403.400 empleos) mientras los mayores de 45 años aumentaron su ocupación en +1.734.600 empleos. Los jóvenes de 16 a 19 años sólo aumentaron su ocupación en +8.600 empleos (+5,8%), los de 20 a 24 años en 186.600 empleos (+20,5%) y los de 25 a 29 años en +208.200 empleos (+12,1%), mientras los mayores de 55 años, por ejemplo, ganaron +1.066.400 empleos (+29,42%). 

Y lo mismo pasa con el paro: se redujo de 3.191.900 desempleados a finales de 2019 a 2.789.200 en marzo de 2025 (-402.700 parados), según la EPA, pero sólo bajó el desempleo de los jóvenes (16-24 años) en -12.500 parados (-2,70%), mientras bajaba el paro en 422.000 personas (-19,02%) entre los de 25 a 54 años y subía en +31.000 parados (+6%) entre los mayores de 55 años, por el aumento del paro de larga duración. Y el paro juvenil  (menores 25 años), aunque ha bajado (del 30,5% en 2019 al 25,6% en marzo de 2025), es todavía casi el doble del europeo (14,8%) y cuatro veces el de Alemania (6,8%), según Eurostat.

Así que el crecimiento, el empleo y la bajada del paro han beneficiado menos a los jóvenes, que tienen un problema de entrada: tardan varios años en colocarse y tienen una tasa de empleo más baja que el resto de la población y que en el resto de Europa. Así, en España, la tasa de empleo es del 42,3% entre los 16 y 29 años (trabajan menos de la mitad de los que podrían hacerlo), mientras es del 67% para el conjunto de la población (16 a 64 años). Y si comparamos a nuestros jóvenes con Europa (la estadística de Eurostat se refiere a los jóvenes de 15 a 29 años), en España trabajan el 40,3%, frente al 49,5% en la UE-27, el 62,9% en Alemania, el 48,6% en Francia y el 34,4% en Italia.

Trabajan menos jóvenes en España por 2 razones, según los expertos. Una, por el modelo económico español, que tiene empresas más pequeñas y un menor peso de la industria y la tecnología, con un exceso del sector servicios, que ofrece un empleo más vulnerable. Y la otra, por la menor formación de los jóvenes españoles, con más universitarios pero menos con formación media y FP: hay una “brecha” del 37% entre los empleos que buscan las empresas y la formación de los jóvenes que buscan empleo, según un informe de McKinsey. Y además, eso provoca que España sea el país con más jóvenes “sobrecualificados”: el 35,8% de los graduados superiores (20 a 64 años) están empleados en puestos de baja cualificación (licenciados que trabajan de camareros o cajeros de supermercado), frente a sólo el 21,9% de jóvenes “sobrecualificados” en la UE-27.

El siguiente problema de los jóvenes, cuando ya encuentran un empleo, es que suele ser muy precario y mal pagado. En 2024, el 60,5% de los contratos de los menores de 30 años fueron temporales, según un reciente estudio de Fedea y el Consejo de Economistas. Y además, muchos contratos de los jóvenes son a tiempo parcial, por horas o días: más de la cuarta parte de los jóvenes que trabajan (el 27,7%) tienen uno de estos contratos a tiempo parcial, el doble que el conjunto de trabajadores (la parcialidad global afecta al 14,1% de los ocupados). En consecuencia, en 2024 había 852.900 jóvenes (16 a 29 años) trabajando a tiempo parcial (la mayoría, 518.600, mujeres jóvenes). Y lo más preocupante es que casi la mitad de estos jóvenes que trabajan menos horas (el 46%) lo hacen porque no encuentran un trabajo a jornada completa, según los datos de la EPA.

Con tantos empleos temporales y a tiempo parcial, la consecuencia es que el sueldo de los jóvenes es más bajo que el del resto de los trabajadores.: el salario medio bruto de los menores de 30 años es de 1.558 euros mensuales, un 27% más bajo que la media de sueldos en España, según el estudio de Fedea y el Consejo de Economistas. Y por franjas de edad, hay sueldos aún más bajos: 11.313,36 euros brutos de media ganan los menores de 20 años (el 40% de la media nacional), 15.364 euros es el sueldo medio de los que tienen de 20 a 24 años (el 55% de la media) y 21.039 euros el sueldo anual de los que tienen entre 25 y 29 años (el 75% de la media nacional), según la Encuesta de salarios del INE (2023).

Además de estos bajos sueldos brutos, el sueldo neto de los jóvenes es también bajo, porque pagan impuestos y cotizaciones. Aunque muchos jóvenes no declaran, por sus bajos sueldos, soportan una alta carga fiscal por pago de cotizaciones sociales e IVA. Así, los jóvenes menores de 20 años pagan un 6,45% de su sueldo bruto (11.313 euros anuales) en cotizaciones, los que tienen de 20 a 24 años (y ganan 15,364 euros) pagan un 7,31% entre IRPF más cotizaciones y los que tienen entre 25 y 29 años (que ganan 21.039 euros brutos) pagan un 18,56% entre IRPF y cotizaciones, según el Consejo de Economistas. Y a la hora de comprar y pagar el IVA, los menores de 35 años son los que dedican más parte de sus ingresos a pagar IVA: el 7,7%, frente al 6,6% los que tienen entre 55 y 64 años, el 6,4% los que tienen entre 65 y 74 años y el 6,3% los mayores de 75 años.

Además de la precariedad y los bajos sueldos, los jóvenes llevan una década sufriendo el disparatado precio de la vivienda, tanto la compra (los pisos han subido un +55,4% entre 2014 y 2024) como el alquiler (+81% subida desde 2024). Mientras la mayor parte de sus padres tienen su casa en propiedad (el 70%), sólo el 42% de los hogares jóvenes ha podido comprar o acceder a una vivienda. Y la mayoría tiene que alquilar, algo difícil porque apenas hay alquileres disponibles (cada oferta tiene 35 potenciales inquilinos) y porque su precio está disparado (1.305 euros de media en España, 1.953 euros en Madrid y 2.151 en Barcelona, según Idealista) y obliga a los jóvenes a destinar el 40% y más de su sueldo a pagar el alquiler, algo que limita su emancipación y su movilidad geográfica.

De hecho, los jóvenes se emancipan en España a los 30,3 años (era a los 28,4 años en 2008), frente a los 26,4 años en la UE-27 y los 23 y 24 años a los que se emancipan en Francia o Alemania. Y además, muchos jóvenes, al no ver oportunidades en España, emigran: entre 2021 y 2024 han salido de España 650.000 jóvenes de 18 a 35 años, buscando una oportunidad laboral y vital en el extranjero, según el estudio de Fedea y el Consejo de Economistas. En paralelo, muchos jóvenes no pueden irse a trabajar a otra ciudad distinta a la que viven sus padres (en la hostelería o como profesores, médicos o policías) porque no pueden pagar allí el elevado alquiler (caso de Madrid, Barcelona y las islas).

Junto a todos estos problemas, los jóvenes españoles sufren una “doble desventaja estructural, según el reciente estudio de Fedea y el Consejo de Economistas. La primera, que la demografía no les ayuda (como a sus padres) sino que les supone ahora un lastre: si en el siglo pasado (entre 1980 y 1999), el crecimiento per cápita creció mucho (+59,4%), en gran parte fue por la demografía, el “baby boom” (aportó un 11,15%). Pero ahora, entre 2000 y 20129, el crecimiento per cápita ha sido la tercera parte (+20,34%) ha sido porque la demografía (pocos nacimientos) ha lastrado el crecimiento (-2,76%). A lo claro: la demografía frena ahora el crecimiento de los jóvenes mientras empujó el de sus padres.

La otra desventaja, más polémica, es que la política económica y las prioridades de los Gobiernos son los mayores y no los jóvenes, porque son más y votan, según el estudio de Fedea y el Consejo de Economistas. Si en los años 80 y 90, los padres de los jóvenes actuales protagonizaban la economía y la política, sus hijosno tienen aliados, según el estudio, que insiste en el protagonismo económico y político de los mayores. Y se apoyan en que las pensiones se llevan ya el 30% del gasto público y suponen el 12,9% del PIB, siendo “las más generosas de Europa”: la pensión pública  representa el 77% del último salario en España, frente al 62,6% en Paises Bajos, el 59,3% en Italia, el 41,6% en Francia o el 36,8% en Alemania, según datos de Eurostat (2022).

En definitiva, el estudio señala que hay un desequilibrio en las prioridades y el gasto a favor de los mayores (que son más: 10 millones de españoles tienen más de 65 años) y en perjuicio de los jóvenes (hay 7 millones entre los 18 y 30 años), que además se encuentran socialmente más aislados, “pasando de la política” y sin cauces propios de representación institucional (salvo la “atracción” por la extrema derecha en muchos casos). Por eso, estos expertos piden “reequilibrar el contrato generacional”, destinar más recursos a las políticas juveniles y a mejorar la productividad de la economía, para alentar un crecimiento de fondo, al margen de la demografía. Y por eso piden que se cumpla una regla sencilla: por cada nuevo euro que España gaste en mayores, que se gaste otro euro en políticas dirigidas a los jóvenes. Y que en todas las nuevas Leyes y en el Plan de recuperación en marcha, se tenga en cuenta el impacto sobre los jóvenes.

Además de orientar más la política y la economía a los jóvenes, los expertos coinciden en la necesidad de tomar medidas en varios frentes para dar una salida a las nuevas generaciones. Hay que empezar por el principio, por la enseñanza: mejora de la formación en colegios, institutos y Universidades, para adecuarla a lo que necesitan las empresas, mejorando la orientación laboral de los jóvenes y su digitalización. En el mercado laboral, hay que fomentar la contratación indefinida y avanzar en la formación dual (trabajo y formación) y en mejorar las prácticas y becas (el Estatuto del Becario sigue sin aprobarse por el Gobierno, tras anunciarse con los sindicatos hace más de 700 días). Y hay que mejorar la conciliación laboral de las familias jóvenes, con más ayudas por hijos. Pero sobre todo, urge una política de vivienda que facilite el alquiler a los jóvenes, con ayudas hoy escasas e ineficaces.

En resumen, que la situación de los jóvenes es cada vez más preocupante en España, quizás porque los distintos Gobiernos han pensado más en los mayores, que son los que más cotizan, pagan impuestos y votan. Pero si queremos tener futuro como país, hay que cambiar las reglas del juego y pensar que son los jóvenes los que han de protagonizar la modernización de la economía y la mejora del nivel de vida, la digitalización, la descarbonización y el salto formativo y  tecnológico que nos hagan más productivos y competitivos. Sin abandonar a los mayores, pero reequilibrando el “contrato generacional” en España. Urge pactar un Plan de medidas a favor de los jóvenes, a corto y medio plazo, para conseguir que los jóvenes de dentro de 20 años vivan mejor que los de hoy. Se lo debemos.

jueves, 26 de septiembre de 2024

Jóvenes: trabajo más precario y peor pagado

El empleo de los jóvenes ha crecido más que el del resto de españoles. Y también ha bajado porcentualmente más el paro juvenil. Una gran noticia que no puede ocultar otra: los jóvenes siguen teniendo empleos más precarios, a pesar de la reforma laboral: 1 de cada 3 que trabajan tienen un contrato temporal (el doble que todos los trabajadores) y 1 de cada 4 tienen un contrato a tiempo parcial (por horas o días), el doble que todos los empleados. Esta doble precariedad lleva a que los jóvenes cobran sueldos mucho más bajos: ganan una cuarta parte menos que el sueldo medio y 8 de cada 10 jóvenes declaran sueldos inferiores al salario mínimo. Así, la mayoría de jóvenes no pueden hacer planes de futuro, independizarse (sólo el 17%) y comprar o alquilar un piso (carísimos: un alquiler se lleva el 92% de su sueldo). Está claro: o mejoramos los trabajos de los jóvenes y los alquileres o les condenamos a un futuro incierto. Y nadie toma medidas.

                            Enrique Ortega

El alto crecimiento de los últimos años, tras la pandemia, y la reforma laboral (en vigor desde marzo de 2022) han servido para crear muchos más empleos (+1.717.800 ocupados desde diciembre de 2019) y que sean más estables y menos precarios. Curiosamente, la mejora del empleo ha beneficiado más a los jóvenes. Por un lado, los menores de 30 años han conseguido estos años 415.200 nuevos empleos, +15%, casi el doble del aumento del empleo total (+8,6%), según la EPA. Y si analizamos el último año (junio 2023-junio 2024), los menores de 30 años se han llevado la cuarta parte de los empleos creados (108.700 de 426.300), un aumento del +3,5% (frente al 2% que creció todo el empleo). Y ha crecido más el empleo de los más jóvenes (+14,6% entre 16 y 19 años) y los que tienen entre 20 y 24 años (+7,15%), creciendo poco entre 25 y 29 años (+0,6% el último año).

Con ello, los jóvenes españoles batieron en junio 2024 un récord histórico de empleo (trabajaban 3.192.400 jóvenes menores de 30 años) y también un récord de afiliación a la Seguridad Social: 3.328.710 afiliados menores de 30 años. Por otro lado, el paro de los jóvenes ha caído más que el paro general: del 24,8% en junio de 2019 al 19,8% en junio de 2024 (-5%), la tasa juvenil más baja desde 2005, mientras el total del paro bajaba estos 5 años del 14,02% al 11,27% (-2,8%). Y otra vez, bajó más el paro de los más jóvenes (-41% entre 16 a 19 años) y los de 20 a 24 años (-25%) que en el resto (-16,2% paro 25 a 29 años).

Hasta aquí las buenas noticias. Porque cuando se profundiza en el empleo juvenil creado, se ve que el empleo de los jóvenes sigue siendo mucho más precario que el del resto, según revela un reciente estudio de UGT. Así, en junio de 2024 había 1.982.200 asalariados jóvenes (menores de 30 años) con contrato indefinido, el 66,38% de los jóvenes asalariados, frente a un total de 15.498.800 asalariados indefinidos, el 84% del total. Así que un tercio de los jóvenes asalariados (el 33,62%) tienen un contrato temporal, el doble que el conjunto de asalariados (sólo el 16% son temporales). Eso sí, la reducción de la temporalidad entre 2021 y 2024 ha sido mayor entre los jóvenes (-21,2%) que en el conjunto de trabajadores (-9,2%).   Así que la reforma laboral ha beneficiado más a los jóvenes, pero todavía sus contratos son el doble de temporales que los del resto de asalariados. Y además, esa temporalidad es mucho mayor entre los que tienen de 16 a 19 años (63,5% tienen contratos temporales) y entre los que tienen de 20 a 24 años (41,4% contratos son temporales).

El 2º dato que revela la precariedad del trabajo de los jóvenes, según denuncia el estudio de UGT, es que tienen un alto porcentaje de contratos a tiempo parcial (trabajan menos horas de la jornada habitual o menos días a la semana). En junio de 2024, el 25,7% de los contratos de los jóvenes (menores de 30 años) que trabajan son a tiempo parcial, el doble de los contratos a tiempo parcial que tienen el conjunto de los trabajadores, un 13,6%. Y otra vez, los más jóvenes, los que tienen de 16 a 19 años tienen más contratos a tiempo parcial (el 57,4%), al igual que los jóvenes de 20 a 24 años (36,4% con contratos a tiempo parcial), bajando sólo entre los de 25 a 29 años (16,4 % contratos a tiempo parcial).

Una parte de estos jóvenes trabajan menos horas (o días) porque quieren” (el 42,4%), para compaginar el trabajo con los estudios. Algo que sólo hacían el 18,7% hace una década, lo que indica que ahora, con las sucesivas crisis, muchos jóvenes buscan un trabajo por horas (compatible con sus estudios) “para ayudar en casa". Pero casi la otra mitad de jóvenes que trabajan a tiempo parcial (el 42,3%) lo hacen porque no encuentran un trabajo a tiempo completo”. Son “lentejas”: o trabajan sólo unas horas o unos días o siguen en paro. Y esta es la principal razón  para los jóvenes de 25 a 29 años que trabajan a tiempo parcial (el 57,3% lo hacen porque no encuentran otro empleo).

En resumen, que los jóvenes han conseguido más empleos y rebajar más el paro que el resto de trabajadores, pero siguen con trabajos mucho más precarios, con más contratos temporales y a tiempo parcial. La consecuencia de esta doble precariedad” es que ganan menos: su salario medio es una cuarta parte menor al del conjunto de los trabajadores. Según el decil de salarios EPA 2022, el salario medio bruto de los menores de 30 años es de 1.558,3 euros mensuales (por 12 pagas), 18.699,3 euros brutos anuales, el 73,2% del salario medio nacional (2.128,4 euros brutos, 25.536 euros anuales). Y además, estos salarios de los jóvenes han subido menos (un +9,6% desde antes de la pandemia hasta 2022) que los del conjunto de trabajadores (+11,4%), según el estudio de  UGT.

Esa es la media salarial de los menores de 30 años, porque la mayoría de jóvenes, los que trabajan con menos de 26 años ganan aún menos: el 80% tenían un sueldo inferior al salario mínimo a tiempo completo (14.000 euros en 2022), según la Agencia Tributaria. Y también ganaban menos del SMI el 40% de los jóvenes de 26 a 35 años. Otra estadística, la Encuesta de Estructura Salarial del INE (2022) revela que mientras el salario medio de todas las edades era de 26.948 euros brutos, los menores de 20 años ganan 10.597 euros (el 39%), los de 20 a 24 años 15.181 euros (el 56%) y los de 25 a 29 años, 20.459 euros (el 76%). Y el último estudio del Consejo de la Juventud señala que los jóvenes (menores de 30 años) ganan 1.050,77 euros netos al mes.

Con este panorama, trabajos más precarios y sueldos muy bajos, los jóvenes que trabajan tienen difícil sobrevivir y más todavía emanciparse. Por un lado, con la alta inflación de los últimos 3 años (+16% de subidas acumuladas), han perdido poder adquisitivo y el 41,7% de los jóvenes no tiene capacidad para afrontar gastos imprevistos, según el INE, frente al 37,1% el conjunto de españoles. La mayoría de los jóvenes trabajadores tienen problemas para llegar a fin de mes y 1 de cada 5 jóvenes está en situación de pobreza (ingresan menos del 60% de la media del país): un 21,4% de jóvenes son considerados “pobres, según el INE, frente al 20,2% del total de españoles.

La consecuencia inmediata de la alta precariedad laboral de los jóvenes y sus bajos salarios es que no pueden emanciparse: sólo el 17% de los jóvenes menores de 30 años están emancipados en España (el 4,6% de 16 a 24 años y el 39,4% de 25 a 29 años), frente al 31,9% en la UE-27. El resto, viven con sus padres y se emancipan mucho más tarde que en Europa: a los 30,4 años de media, frente a los 26,3 años en Europa.

La clave de que dos tercios de los  jóvenes españoles vivan con sus padres (el 65,6% de los que tienen de 18 a 34 años, frente al 49,6% en la UE-27) no está sólo en su trabajo precario y mal pagado: se agrava por los altísimos precios de la vivienda, en propiedad y en alquiler. Para poder comprar un piso, los jóvenes necesitan tener un 25% del precio ahorrado (o que se lo den sus padres), para la entrada y los gastos iniciales. Y después, pagar una hipoteca media de 750 euros mensuales, que supone el 72% de un sueldo joven medio. Y para pagar un alquiler, ya necesitan 968 euros de media, según el estudio de UGT. Y además, pagar los gastos fijos de la vivienda (agua, luz, Internet y gastos comunitarios). Un estudio del Consejo de la Juventud revela que el coste de un alquiler y sus gastos fijos son ya 1.131 euros al mes, 80 euros más de lo que ganan los jóvenes en España (1.050,77 €) . Y hay que comer, pagar transporte, vivir… Imposible.

Este es el negro panorama de los jóvenes que tienen un trabajo. Pero aún lo tienen peor los jóvenes que lo buscan, que no trabajan y están en paro: 786.000 parados con menos de 30 años en junio 2024, según la EPA. Y cada año hay unos 350.000 jóvenes que terminan sus estudios (Bachillerato y FP más 200.000 licenciados universitarios) y buscan su primer trabajo, una “odisea”. Según las estadísticas, el 25% de estos jóvenes tardan más de 1 año en colocarse, más tiempo cuanto menos formación tengan.

Los datos revelan que España es uno de los paises europeos donde los jóvenes tienen más problemas para trabajar una vez terminados sus estudios, según Eurostat. Así, de los jóvenes (entre 20 y 34 años) que terminaron sus estudios hace entre 1 y 3 años, sólo trabajan en España el 78,7%, frente al 83,5% que lo consiguen en la UE (y el 93,2% en los Paises Bajos, el 91,5% en Alemania o el 80,1% en Francia, bajando al 67,5% en Italia). Este porcentaje (78,7%) es menor para los que acaban Bachillerato o FP de Grado medio (64,2% trabajan en España y el 78,1% en la UE-27) y sube entre los licenciados universitarios (83,1% en España, frente a 87,7% en la UE-27). Esa menor “empleabilidad” explica que la tasa de paro juvenil en España sea la mayor de Europa: 25,5% de paro entre los menores de 25 años, casi el doble que la UE-27(14,5%) y cuatro veces el de Alemania (6,6%). 

¿Por qué los jóvenes españoles tienen más problemas para trabajar? Hay varias causas. Una clave es su formación: muchos jóvenes están poco formados (incluso muchos no han terminado el Bachillerato ni la FP de Grado medio) y, sobre todo, tienen una formación que no es la que piden las empresas. En el caso de los licenciados universitarios (200.000 al año), la mayoría han estudiado carreras no técnicas (no STEM: ciencias, tecnología, ingeniería y matemáticas), con menos demanda por parte de las empresas, que se quejan (un 75%) de  que no encuentran los perfiles de trabajadores que necesitan (big data, ciberseguridad, desarrolladores, TIC, trabajadores digitales…).

Otra razón que explica las dificultades de los jóvenes es su escasa experiencia. Es normal que un joven que busca su primer empleo no tenga experiencia, pero la “culpa” es de las Universidades que les forman y de las empresas, que deberían “forzar las prácticas” durante los años de formación (pero menos de la mitad de los universitarios las hacen). Y luego, hay que reformar el sistema actual de prácticas y becas fin de estudios, para conseguir que los jóvenes aprendan y no sirvan sólo como mano de obra barata para las empresas.

En los últimos años, hay también un cierto “recelo empresarial a contratar jóvenes. Lo revela una reciente Encuesta hecha a 1.200 dirigentes empresariales, donde el 40% piensan quelos graduados universitarios no están preparados para ingresar en el mundo laboral”, alegando 2 causas: que la generación Z (nacidos de 1977 a 2012) “no tiene ética de trabajo” (“pasan mucho”) y “les faltan habilidades de comunicación”. Eso hace que muchas  empresas prefieran contratar a mayores de 30 años (y menores de 45…).

Otra causa de la menor empleabilidad de los jóvenes es que sufren un cierto “tapón generacional: hay menos movilidad laboral y los trabajadores mayores no cambian de trabajo y se quedan más años en las empresas, lo que dificulta el acceso de los jóvenes. Esto lleva a que las plantillas de las empresas españolas estén cada vez más envejecidas y baje el porcentaje de jóvenes: en 2005, el 41% de los ocupados tenían menos de 35 años y ahora son solamente el 25%, mientras los mayores de 45 años copan el 50,1% del empleo total. Y las empresas no hacen apenas contratos de relevo (un trabajador mayor trabaja un 75% y el resto lo cobra de jubilación, mientras le sustituye un joven), porque les supone un mayor coste (en cotizaciones y sueldos reales) y también al Estado (más pensiones).

Y hay otra causa más, muy importante, que explica los problemas de los jóvenes para trabajar: las oficinas de empleo (SEPE) no les ayudan, ni a preparar currículums ni a divulgar demandas ni a recolocarse. Y como los jóvenes lo saben (creen que el SEPE es para “sellar y cobrar el paro”, los que lo cobran), resulta que el 58% de los jóvenes sin trabajo ni siquiera se registran como parados en el SEPE, mientras buscan trabajo por distintos portales privados de empleo (en los que sí confían) y por familiares y conocidos.

Al final, resulta que "la generación más formada de nuestra historia", los jóvenes que tienen menos de 30 años, están en paro o trabajan de forma precaria, con sueldos tan bajos que no les permiten emanciparse y formar una familia. Un drama para muchos jóvenes, que viven peor que sus padres y abuelos, lo que les hace perder interés por la política y la sociedad o radicalizarse. Y que exige medidas que los políticos no toman: reformar la enseñanza (desde el colegio a la Universidad) para formar en lo que necesitan las empresas, una mejor orientación educativa y laboral, una reforma drástica de las oficinas de empleo (para que ayuden a los jóvenes a colocarse), una política de prácticas y formación en las empresas, más ayudas a su contratación y, sobre todo, ayudas directas a los jóvenes para que puedan alquilar una vivienda, con promociones públicas. Un Plan para los jóvenes, porque nos estamos cargando su futuro. Y el nuestro.

lunes, 19 de marzo de 2018

Los jóvenes, de mal en peor


La cacareada recuperación no llega a los jóvenes. Más de un tercio siguen en paro (37,46%) y somos el tercer país con más paro juvenil, doble que en Europa. Y tenemos la 4ª tasa más baja de empleo juvenil, mientras se crean empleos muy precarios (sólo el 2% de los contratos hechos a jóvenes en 2017 fueron indefinidos y a tiempo completo) y se abusa del contrato en prácticas, con licenciados trabajando en tiendas o de camareros. Y hay 1.400.000 jóvenes que trabajan de becarios sin cobrar ni cotizar. Los jóvenes que sí cobran, ganan 898 euros netos al mes (640 los menores de 24 años). Y con estos sueldos y esta precariedad, el 80% de los jóvenes siguen viviendo con sus padres. Los jóvenes no salen a la calle para protestar, como los jubilados o las mujeres, pero su situación es dramática. Urge un Plan de empleo, que fomente contratos justos para una generación muy formada pero subempleada. Y mejorar las ayudas fiscales y al alquiler, para que puedan emanciparse y crear una familia, tarea urgente para asegurar las pensiones. Hay que apostar por su futuro.



La crisis de la última década se cebó sobre los jóvenes: de los 3.802.800 empleos perdidos en España entre 2007 y 2014, casi las tres cuartas partes (2.744.000) los perdieron los jóvenes menores de 30 años, según la EPA. Ahora, han recuperado 914.600 empleos (un 44,6% de todo el empleo creado), que es bastante, pero aún les queda recuperar dos tercios del empleo perdido (1.829.400 empleos pendientes de recuperar por los menores de 30 años). En 2017, los jóvenes consiguieron el 30% de todo el empleo creado, pero aún así, su tasa de empleo es baja: sólo trabajan 2.577.200 jóvenes menores de 30 años, el 39,66% de los jóvenes de esa edad. Y si tomamos a los jóvenes de 15 a 24 años, su tasa de empleo es sólo del 21,1%, la cuarta más baja en Occidente, sólo por debajo del nivel de empleo de los jóvenes en Sudáfrica (12,8% empleados), Grecia (14,4%) e Italia (17%) y muy lejos de Francia (28,6%), la media europea (34,7% jóvenes trabajando), la OCDE (41,4% empleados), Alemania (46,6%), Reino Unido y EEUU (50% jóvenes empleados), según la OCDE (2016).

A los jóvenes que han encontrado trabajo estos años les ha pasado como al resto de españoles: que han sido empleos muy precarios, más aún entre los jóvenes. Así, sólo 8 de cada 100 empleos han sido indefinidos (el 5% en Andalucía, Castilla la Mancha y Cantabria) y el 92% temporales, según el Observatorio del Instituto de la Juventud. Y en 2017, sólo el 2% de los contratos hechos a los jóvenes (menores de 30 años) fueron contratos indefinidos y a tiempo completo, según una reciente respuesta parlamentaria del Gobierno. Impresionante. Con ello, el porcentaje de jóvenes asalariados (16 a 29 años) que trabajan con un contrato temporal es ya del 57,5% (1.347.100 de 2.333.200 ocupados), un récord histórico. Y si tomamos sólo a los jóvenes menores de 25 años, el 72% tienen un contrato temporal. Y además, el 23% de los jóvenes  tienen contratos a tiempo parcial, por horas, la mayoría porque no encuentran otra cosa. 

La creación de empleo en los últimos cuatro años ha ayudado a bajar el paro de los jóvenes, pero de forma insuficiente, ya que a finales de 2017 había 1.014.400 jóvenes en paro (de 16 a 29 años), uno de cada seis jóvenes, según la EPA. Lo más llamativo es que el paro ha aumentado en 2017  entre los jóvenes de 16 a 19 años, en +2.700 jóvenes, lo que se explica porque hay chavales que han dejado los estudios y se han animado a buscar trabajo a la vista de que aumentaba el empleo. Y eso pasa también en edades superiores. Así, hay 100.000 jóvenes de menos de 24 años que se han sumado a buscar trabajo desde 2014, la mayoría de ellos (60.000) en 2017. Un fenómeno preocupante porque muchos de ellos han dejado sus estudios para buscar trabajo y aumentar de momento las cifras del paro.

En conjunto, el paro juvenil se redujo en 110.200 jóvenes en 2017, pero la tasa de paro juvenil sigue siendo muy elevada: 54,20% (más de la mitad) entre los jóvenes de 16 a 19 años, el 33,95% para los de 20 a 24 años y el 21,71% para los de 25 a 29 años, tasas muy superiores a la media del paro en España (16,55% en 2017, según la EPA). En conjunto, España tiene la tercera mayor tasa de paro juvenil de Occidente, según las estadísticas de la OCDE (2017): 37,46% de los jóvenes menores de 25 años, sólo por detrás de Sudáfrica (53,3%) y Grecia (47,4%) y el doble de la media UE-28 (18,7% de paro juvenil), quedando por encima del paro juvenil de Italia (37,8%), Francia (24,6%), Portugal (23,9%), Reino Unido y la OCDE (13%), EEUU (9,2%), Alemania (7%) o Japón (4,7%). Y encima, en España hay 5 autonomías con una tasa de paro juvenil exagerada (menos 25 años): Melilla (68,59%), Extremadura (51,03%), Ceuta (48,94%), Andalucía (47,88%) y Castilla la Mancha (46,08%).

 Mucho paro juvenil y poco empleo, que además de precario se ve rodeado de abusos” en la contratación por parte de las empresas. El sindicato CCOO acaba de publicar un informe sobre los contratos de formación y aprendizaje donde denuncia que las empresas (sobre todo las más pequeñas) utilizan este contrato para ofrecer empleos a jóvenes licenciados que no pretenden mejorar su nivel educativo sino conseguir mano de obra barata. Así el 35% de estos contratos de formación se hacen en la hostelería y el comercio para jóvenes universitarios, encadenando ilegalmente contratos: un licenciado puede ser contratado para “aprender” de camarero y al año hacerle otro contrato como dependiente y al año otro como empleado de limpieza. La misma persona y sin cotizar un euro por él, ya que estos contratos están exentos, lo que ha privado a la Seguridad Social de ingresar 1.893 millones en cotizaciones los últimos 5 años (bonificaciones como ésta son una de las razones de su déficit). CCOO denuncia que con los contratos de formación se está subvencionando contratos precarios y ayudando a que las academias privadas (que cobran por cada “alumno”) ganen dinero, mientras la patronal CEOE quiere ahora que estos contratos de formación” se amplíen a mayores de 45 años (ahora el límite son 30 años).

Otro “abuso” en la contratación de jóvenes son los becarios. Un estudio de InfoJobs ya revelaba, en 2015, que el 52% de los becarios trabajaban gratis. Y ahora, en 2018, un informe de CCOO denuncia que en España hay 1.445.000 becarios que ni cobran ni cotizan: 1 millón son universitarios en prácticas externas, 63.000 desempleados en formación para el empleo y 100.000 en otras tres modalidades de prácticas no laborales. De hecho, cotizar por los becarios es obligatorio desde 2011, pero CCOO estima que sólo cotizan una minoría, unos 80.000 (otra causa del déficit de la Seguridad Social). Y encima, la patronal CEOE acaba de pedir que no se les obligue a cotizar ni a pagar a los becarios

Otro problema muy habitual en la contratación de los jóvenes es que hacen trabajos que poco tienen que ver con su formación, están “sobrecualificadospara el empleo, lo que les desanima mucho y supone un despilfarro de los recursos invertidos en formarles. En 2017, el 47,7% de los menores de 30 años estaban “sobrecualificados” para el trabajo que hacían, según el Observatorio  del Instituto de la Juventud,  especialmente en Aragón, Extremadura y Baleares, donde los jóvenes sobrecualificados suponían el 53% de los contratos. Y los universitarios que han hecho un master, aunque trabajen en lo suyo, ven que el 26,8% ganan menos de 1.000 euros y que el 61% no supera los 1.600 euros al mes, según un estudio del CRUE. Tanto estudiar para esto...

Entre el paro, la precariedad laboral y el tipo de contratos que tienen, el 39,3% de los jóvenes españoles menores de 30 años no ingresa nada, según el Observatorio 2017 del Instituto de la Juventud. Y entre los que sí ganan algo, el sueldo neto mensual es de 898,35 euros para los trabajadores menores de 30 años (y 640 euros al mes para los menores de 24 años). Una estimación que parte del Decil de Salarios de la EPA, que fija un salario medio bruto para los jóvenes de 1.029,30 euros al mes (2016), casi la mitad del salario medio bruto para todas las edades (1.878,1 euros brutos). El salario varía con la edad de los jóvenes, según la Encuesta de Salarios del INE 2015: si el sueldo medio bruto español es de 23.106 euros anuales, los jóvenes menores de 20 años ganan la tercera parte (7.526 euros brutos), los de 20 a 24 años la mitad (11.228 euros) y los que tienen entre 25 y 29 años ganan dos tercios de la media (16.046 euros brutos). Y las mujeres jóvenes menos, porque si la brecha de género es del  -22,86%, entre 20 y 24 años sube al -23,74% y luego baja al -14% entre 25 y 29 años.

Con este nivel de ingresos, poco pueden hacer los jóvenes, desde alquilar o comprar un piso a pensar en formar una familia o, mucho menos, ahorrar para la jubilación, como les piden algunos. Y la situación ha ido a peor en los dos últimos años, con la subida de los precios de los pisos (+6,2% en 2017, la mayor subida en 10 años) y de los alquileres (+18,4% en 2017, la mayor subida en 11 años). Estas fuertes subidas han afectado muy negativamente a los jóvenes, que tienen ahora mucho más difícil emanciparse. Así, comprar un piso le supone a un joven, de media, dedicar el 61% de sus ingresos a pagar la hipoteca, algo que además de imposible les invalida ante los bancos (cuyo tope es que el hipotecado destine a pagarles el 30% de los ingresos). Pero tampoco pueden alquilarlo porque el alquiler medio, de 767 euros (difícil de encontrar en una gran ciudad) les supone a los jóvenes dedicar el 85,4% de sus ingresos, según el Observatorio del Instituto de la Juventud. Imposible.

La consecuencia es evidente: con estos precios de pisos y alquileres y sus limitados ingresos (encima muy precarios e inestables), los jóvenes optan por quedarse a vivir con sus padres: en el verano de 2017, el 80,6% de los españoles jóvenes menores de 30 años vivían con sus padres, nada menos que 5.236.860 jóvenes, 4 de cada 5 en esas edades, según el Observatorio del Instituto de la Juventud. Y hay 8 autonomías donde suben al 82% los jóvenes no emancipados: Andalucía, Extremadura, Murcia, Asturias, Cantabria y el País Vasco, la mayoría de España. Un dato que contrasta con el 70% de jóvenes no emancipados en Europa.

Si el presente de los jóvenes es difícil, a pesar de la recuperación, el futuro se presenta más problemático, por dos razones. Una, porque para 2030, un tercio de los empleos actuales (34%) están en riesgo, por la robotización de la economía, según un reciente estudio de la consultora PWC hecho en 27 países, que señala a España como el 4º país más afectado por la automatización del trabajo, tras Eslovaquia (perdería el 44% de los empleos actuales), Italia (-39%) y Alemania (-37%). Ya hace un par de años, la OCDE señalaba a España como el tercer país occidental más afectado por la robotización, tras Alemania y Austria.

Pero hay otro motivo de preocupación: el empleo del futuro será más especializado y el 70% de los nuevos empleos que se creen en 2025 requerirán una “alta formación”, según la Comisión Europea. Y nuestros jóvenes (25-34 años) tienen todavía baja formación, aunque un tercio largo sean universitarios, según el último informe educativo de la OCDE: el 35% tienen baja formación (sólo tienen la ESO o ni siquiera) frente a menos de la mitad en la OCDE (16%) y en Europa (15% en UE-22 y 13% en Alemania, Francia y Reino Unido), con lo que somos el país europeo con más porcentaje de jóvenes poco formados y el tercero de la OCDE, tras Turquía (45% jóvenes poco formados) y México (53%). En un nivel medio (con Bachillerato y FP) están el 24% de los jóvenes españoles, frente al 42% en la OCDE y el 40% en la UE-22. Y otra vez, tenemos casi tantos jóvenes universitarios (41% como la OCDE (43%) y más que Europa (40% en UE-22). Una pirámide de formación totalmente “de locos”: muchos jóvenes muy formados, muchos jóvenes sin formación y pocos con formación media.

Ante este difícil panorama para los jóvenes, con poco empleo, mucho paro y un futuro que exige más formación, ni el Gobierno Rajoy ni la “oposición” plantean alternativas, mientras los jóvenes se mantienen “dormidos”, tratando de sobrevivir al día a día. Es urgente tomar medidas para afrontar el futuro de nuestros hijos y nietos, cada día más oscuro. Y como en todo lo demás, no hay “soluciones milagro”, sino que hace falta afrontar un abanico de medidas a corto, medio y largo plazo, que exigen dinero, medios y valentía política.

Lo más urgente es poner en marcha un Plan de empleo que gire en torno a los jóvenes, las mujeres y los mayores de 45 años, los que menos se benefician de la recuperación. Hay que acabar con los “contratos basura” para jóvenes, que esconden la “explotación laboral” y la precariedad bajo paraguas de formación y aprendizaje. Y fomentar la contratación estable a tiempo completo, con incentivos fiscales y más inspección de trabajo. E implicar a las empresas y a la Universidad en la formación para el empleo, con más prácticas remuneradas y unos cursos de formación actualizados para los jóvenes parados. Y, por supuesto, una reforma a fondo de las oficinas de empleo (SEPE), para que reorienten y coloquen a los jóvenes. No basta con gastar el dinero europeo (Garantía Juvenil) en buscar un contrato en prácticas o un curso de formación a los jóvenes por unos meses. Hacen falta contratos de verdad.

En paralelo, hay que reformar de arriba abajo la enseñanza, desde la ESO al Bachillerato y la Formación Profesional y la Universidad, para que los niños y jóvenes actuales estudien lo que la economía va a demandar dentro de 2 décadas (quizás no sepamos qué, pero si sabemos los estudios que no tendrán salida, para no seguir “fabricando parados”). Y en esta tarea, resulta clave recuperar a los jóvenes perdidos por el camino, ese 18,2% de jóvenes que han abandonado los estudios (en Europa son el 10,7%) en 2017 (570.672 jóvenes de 18 a 24 años) para irse al paro o al subempleo y que habría que recuperar para las aulas, para que tengan oportunidades de empleo en el futuro.

Un tercer frente de actuación es apostar por una política de apoyo a la familia (en España sólo se gasta el 0,7% del PIB en ayudas a la familia, según Eurostat, frente al 1,7% de media en la UE-28 y el 2,4% en Francia, que tiene incluso un Ministerio de Familia, como Alemania), con múltiples actuaciones para ayudar a los jóvenes a emanciparse y crear una familia: ayudas a la vivienda (sobre todo al alquiler: el nuevo Plan de vivienda da 390 euros de ayuda mensual a los jóvenes que ganen menos de 19.000 euros, pero es insuficiente para muchos jóvenes y además las ayudas provocarán más subidas de los alquileres), promoción de guarderías, horarios laborales más razonables, mejora permisos paternidad y maternidad, ayudas a la natalidad y medidas fiscales, para frenar la caída de la población y aumentar el número de cotizantes, clave para salvar las pensiones a medio plazo (las de "los jóvenes de hoy").

Pero sobre todo, Gobierno, políticos e instituciones tienen que demostrar a los jóvenes que saben dónde vamos, que nos preocupamos por las nuevas generaciones y por sentar las bases del futuro de España. Porque lo que hay ahora, con el 80% de los jóvenes dependiendo de los padres, es la muestra de un gran fracaso, como país y como generación. No se escuden en el “conformismo” de los jóvenes o en su “impotencia” para seguir sin hacer nada. Nos estamos jugando su futuro.

jueves, 15 de diciembre de 2016

Los jóvenes españoles, muy dependientes


Esta larga crisis ha provocado que muchos jóvenes españoles vivan peor que sus padres. Y que vivan con ellos: un 80% de jóvenes entre 16 y 29 años siguen viviendo con sus padres, frente al 70% en Europa. Es la muestra del fracaso de una generación agobiada por el abandono escolar, el paro, el subempleo, los contratos precarios y los sueldos de miseria, que se acaban traduciendo en que no pueden pagar un alquiler ni un piso para emanciparse. Y uno de cada tres jóvenes está en situación de pobreza, muchos de ellos incluso trabajando. Urge poner en marcha ya un Plan de choque contra el paro que fomente el empleo de los jóvenes, porque sólo uno de cada tres trabaja. Y mejorar su educación, porque estamos formándoles mal como revela el reciente informe PISA. Además, Gobierno, autonomías y Ayuntamientos deberían crear parques de viviendas de alquiler barato para jóvenes. Ayudarles a que sigan su camino fuera de la casa familiar. Que puedan buscarse el futuro.
 
enrique ortega

Antes, hasta principios de este siglo, la mayoría de los jóvenes españoles nos íbamos de casa cuando acabábamos los estudios y empezábamos a trabajar. Pero con la crisis, los jóvenes ahora no se emancipan y siguen viviendo con sus padres hasta los 30 años y después. Si en 2008, un 28% de españoles se emancipaban, en 2016 el porcentaje ha bajado ya del 20%, por primera vez en los últimos doce años: sólo un 19,7% de jóvenes de 19 a 29 años se han ido de casa en 2016, según el Observatorio del Instituto de la Juventud. Eso supone que el 80,3% de los jóvenes españoles (5.233.406 jóvenes) sigue viviendo con sus padres, frente al 70% de media en Europa. Y si tomamos a jóvenes algo más mayores, entre 22 y 29 años, el 70% de los españoles viven con su familia, frente a un 16% en Francia, un 21%  en Alemania o un 30% en Reino Unido, según el informe de la OCDE de 2015.

Se emancipan más las mujeres jóvenes (24% se van) que los hombres (15,6%) y se van más de casa los mayores de 25 años (41,3%) que los que tienen entre 16 y 24 años (se emancipan el 6,2%), sorprendiendo que sólo se emancipen el 72,8% de los que tienen entre 30 y 34 años, según los datos del Instituto de la Juventud. Y cuando los jóvenes consiguen irse de la casa familiar, casi todos se van con otros jóvenes y sólo un 16,7% se van a vivir solos. Los que más se emancipan son los que tienen estudios superiores y los que no tienen apenas estudios (porque los dejaron para trabajar). Y hay una gran diferencia por autonomías. Se emancipan muy pocos jóvenes en Navarra (16,2%), Extremadura y Cantabria (16,4%), Murcia (17,4%) o Andalucía (18,1%) y bastante más que la media en Baleares (25,1%), Cataluña (24%), Madrid (21,1%) y La Rioja (20%), las autonomías con mayor renta.

Esta baja emancipación de los jóvenes es el fruto final de un fracaso generacional que empieza incluso antes de acabar sus estudios y continúa con su penosa experiencia laboral. De entrada, uno de cada cinco jóvenes españoles de 18 a 24 años (el 19,8%) había abandonado sus estudios prematuramente (sólo con la ESO o sin terminarla), lo que sitúa a España como líder europeo en abandono escolar, muy por delante del 11% de la UE-28 (y de los 17 paises europeos que lo mantienen por debajo del 10%), según los datos recientes de Eurostat. Y además, la crisis ý el desempleo se ha cebado más sobre los jóvenes: de los 3,8 millones de empleos perdidos en España entre junio de 2008 y marzo de 2014, un 60% (2.283.600 empleos) los perdieron los jóvenes, los menores de 30 años).

Por ello, la tasa de paro de los jóvenes duplica con creces a la del resto de españoles: un 42% frente al 19,02 %, según la EPA de septiembre 2016. Una tasa de paro juvenil (16-25 años) que también duplica el paro juvenil europeo (19,6%). Y aunque ha bajado el paro juvenil de larga duración (más de 1 año), hasta el 44% de todos los jóvenes desempleados, si consideramos sólo a los jóvenes en paro que habían trabajado antes, el 67% lleva más de un año sin trabajar. Eso lleva a nuestros jóvenes a conseguir otro ”récord europeo”: somos el cuarto país de Occidente con más “ni-nis”, jóvenes de 15 a 29 años que ni estudian ni trabajan, un 22,7%, sólo por detrás de Turquía (29,8%), Italia (26,9%) y Grecia (24,7%), según la OCDE. Y la mayoría, sin cobrar el paro ni beneficiarse de las ayudas del Plan europeo de empleo  juvenil (“Garantía Juvenil”), que se compromete a buscarles en 4 meses un curso de formación, unas prácticas o un empleo: las ayudas sólo han llegado al 10,7% de los “ni-nis” españoles, frente al 60% de los “ni-nis” alemanes o el 80% de los franceses.

Los jóvenes españoles que no han caído en el abandono escolar y terminaron sus estudios son la generación más formada de nuestra historia (16-29 años): el 35,6% tiene estudios secundarios obligatorios, el 32,2% estudios secundarios postobligatorios y un 23,6% tienen una carrera universitaria, con lo que sólo un 7,6% carecen de estudios o tienen sólo primaria, según el Observatorio del Instituto de la Juventud. Pero aun así, tienen muy difícil empezar a trabajar. De hecho, de los 1.392.300 nuevos empleos creados en España entre 2014 y 2016 (septiembre), sólo 173.600 de estos empleos han sido para jóvenes menores de 30 años (el 12,4%). O sea, que sólo 1 de cada 8 nuevos empleos están siendo para los jóvenes.

Y por eso, sólo 1 de cada 3 jóvenes de 16 a 29 años trabaja (2.382.573 jóvenes, el 36,6% de los 6.517.318 jóvenes en esa edad), frente a 2 de cada 3 españoles que trabajan de todas las edades. Y entre los 16 y los 24 años, sólo 1 de cada 5 jóvenes trabaja (el 20%). El 96% son asalariados y sólo un 6% son autónomos. Y casi la mitad de los jóvenes que trabajan (el 44%) lleva haciéndolo menos de 1 año. Lo más llamativo es que los contratos de los jóvenes son muy precarios. El 92,5% de sus nuevos empleos son temporales y el 42% son a tiempo parcial (la tercera parte, por menos de una semana). Y más de la mitad de los jóvenes ocupados (el 56,3%) hacen trabajos para los que están “sobrecualificados”.

Con tantos contratos precarios, los sueldos de los jóvenes son muy bajos: el salario medio de un joven de 20 a 24 años es de 11.835 euros brutos (690 euros netos en 14 pagas), menos de la mitad del salario medio español (27.360 euros brutos), según los últimos datos del INE (2014). Y según el último estudio de salarios de la EPA (2015), dos de cada tres jóvenes (el 67,9% de los asalariados menores de 25 años) reciben un salario mensual inferior a 1.215,70 euros brutos, unos 996 euros netos en 12 pagas. Pero es que, según las declaraciones de la renta (IRPF), un 75% de los jóvenes de 18 a 25 años ganan menos del salario mínimo (menos de 645 euros al mes en 14 pagas), según la Agencia Tributaria.

Con estos bajos salarios del tercio de jóvenes que trabajan y como los dos tercios restantes no ingresan apenas, el resultado es que 1 de cada tres jóvenes españoles son pobres: el 38,2% de los jóvenes de 16 a 29 años (casi 2,5 millones) ingresan menos del 60% de la media de españoles, son “oficialmente pobres”, frente al 28,6% del conjunto de españoles y el 23,7% de europeos, según estadísticas del INE. Y sube al 57,9% de pobreza entre los jóvenes desempleados y al 65,7% de pobres entre parados de 16 a 24 años. Llama la atención que una cuarta parte de los jóvenes que trabajan (24,5%) son trabajadores pobres.

Visto este panorama laboral y salarial de los jóvenes en España, se explica que un 80,3% siga viviendo con sus padres. Porque con un ingreso medio de 10.690,16 euros por joven (763 euros en 14 pagas) y 20.452 por hogar joven (1.460 euros en 14 meses), los ingresos que estima hoy el Instituto de la Juventud, poco se puede hacer para sobrevivir y menos alquilar o comprar un piso. Un joven asalariado tendría que dedicar un 60,9% de su sueldo a pagar una hipoteca de una casa modesta (145.000 euros) y una pareja joven, el 32% de sus ingresos. Y para pagar un alquiler (610 euros de media), un joven trabajador tendría que destinar el 68,6% de su sueldo y un hogar joven el 68,6% de su sueldo (y más del 75% si es en Madrid, Barcelona o el País Vasco), según las cuentas del Instituto de la Juventud. La consecuencia es que sólo el 30% de los hogares jóvenes con mayores ingresos puede comprar o alquilar, la mayoría endeudándose de por vida. Y que los jóvenes que dejan su familia y alquilan un piso fuera tienen obligatoriamente que compartirlo.

Esta precariedad laboral, esta penuria económica y la consiguiente dependencia de los jóvenes españoles con sus familias tienen serias consecuencias sobre su futuro, desde el retraso en el matrimonio, el bajo número de hijos, su menor consumo y el bajo ahorro para seguir formándose y para mejorar su futura jubilación. Y tiene también mucho que ver con su comportamiento social y su bajo interés por la política. ¿Qué se puede hacer? Algunos proponen “soluciones mágicas” frente al paro juvenil, “atajos interesados”. Como la receta del FMI, que propuso a Europa bajar el salario mínimo (que es de 655 euros, una miseria) para animar a las empresas a contratar a los jóvenes. O las reiteradas propuestas de la patronal CEOE para que el Gobierno apruebe un contrato de formación para menores (…de 35 años), con un salario inferior al mínimo, similar a los famosos “mini-jobs de Alemania, que tienen 7,5 millones de jóvenes (trabajan 15 horas a la semana por menos de 450 euros). Al final, el argumento que utilizan es: mejor un “contrato basura” que el paro.

Pero eso es un chantaje simplista. Hay que buscar alternativas de fondo para los jóvenes, que vayan a la raíz de los problemas. La receta básica de la OCDE, en su largo informe sobre España (2015) es más y mejor formación, mejorar la educación de los jóvenes españoles, desde el Colegio a la Universidad. Porque ahora, nuestros jóvenes tienen estudios pero están mal formados, según acaba de revelar otro año más el reciente informe PISA 2015: la nota de los alumnos españoles de 15 años se ha estancado en ciencias y matemáticas y sólo mejora levemente en lectura durante los últimos 15 años . Se trata de recuperar a los alumnos perdidos (esos 631.520 jóvenes que han abandonado las aulas) y conseguir formarles mejor, a ellos y al resto. Porque el 98% de los empleos del futuro (para 2025) van a ser solamente para los que estén muy formados, para los que tengan educación superior (un 58,4% de los futuros empleos) o estudios medios (39,3%), según un estudio de la Fundación BBVA e Ivie. Y eso exige un esfuerzo educativo extra en estos años, sobre todo en Formación Profesional (FP) y en un cambio de los estudios universitarios.

Junto al reto educativo, el otro gran frente de actuación es la política de empleo, con un Plan de choque contra el paro centrado en los jóvenes, las mujeres y los parados mayores de 45 años, como acaba de pedir al Gobierno Rajoy la misión del FMI que ha analizado la economía española. Y eso exige medios para mejorar la formación de los parados y para colaborar con las empresas en contratos de formación y prácticas de jóvenes, fortaleciendo la formación dual. Y una reforma a fondo del SEPE (antiguo INEM), que no ayuda a encontrar empleo. Y en tercer lugar, urge una política de vivienda que piense en los jóvenes, desde el Estado a las autonomías y Ayuntamientos, con promociones públicas para alquileres jóvenes y creando parques públicos de alquileres baratos para jóvenes con las viviendas de los bancos. Y mejorar o recuperar las ayudas fiscales para las familias jóvenes que compren o alquilen.

En definitiva, no podemos ser insensibles a estas estadísticas que confirman el fracaso de una generación de jóvenes, sus familias y todo el país. Es un drama cotidiano que hay que afrontar sin demora, porque las soluciones exigen tiempo. Hay que darles una salida, pelear porque nuestros hijos sigan adelante, se vayan de casa y se ganen un futuro mejor. Debería ser un gran reto de todos.