En la EPA del primer trimestre de 2026 figura el dato de los trabajadores que reconocen trabajar en más de una empresa: son 611.600 trabajadores, el 2,7% de los ocupados, un récord histórico. El pluriempleo suele crecer cuando lo hace el empleo, por lo que alcanzó los 545.700 pluriempleados en 2007 (2,6%), en plena burbuja económica, para caer a partir de la crisis financiera y marcar un mínimo en 2012 (330.500 pluriempleados, el 2,1%). A partir de ahí, la cifra ha ido subiendo, hasta 442.400 en 2019 (2,5%) y 559.800 en 2025 (2,6%), hasta los 611.600 de marzo 2026 (el 2,7%), un 38% más que antes de la pandemia.
lunes, 6 de julio de 2026
Más pluriempleo (récord)
En la EPA del primer trimestre de 2026 figura el dato de los trabajadores que reconocen trabajar en más de una empresa: son 611.600 trabajadores, el 2,7% de los ocupados, un récord histórico. El pluriempleo suele crecer cuando lo hace el empleo, por lo que alcanzó los 545.700 pluriempleados en 2007 (2,6%), en plena burbuja económica, para caer a partir de la crisis financiera y marcar un mínimo en 2012 (330.500 pluriempleados, el 2,1%). A partir de ahí, la cifra ha ido subiendo, hasta 442.400 en 2019 (2,5%) y 559.800 en 2025 (2,6%), hasta los 611.600 de marzo 2026 (el 2,7%), un 38% más que antes de la pandemia.
lunes, 29 de julio de 2024
EPA junio 2024: empleo récord y mínimo paro
El 2º trimestre del año suele ser bueno para el empleo, por los contratos previos al verano y la Semana Santa, aunque este año cayó en marzo (primer trimestre). Este año 2024, tras un primer trimestre donde cayó el empleo (-139.700), el 2º trimestre ha seguido la tradición y se han creado +434.700 nuevos empleos, según la EPA, el tercer mayor aumento en este trimestre tras los de 2023 (+603.900 empleos) y 2021 (+464.900 empleos). Con ello, se afianza la recuperación del empleo iniciada en el verano de 2022 y la ocupación aumenta en 426.300 empleos en el último año, con 21.684.700 personas trabajando en España, la mayor cifra de ocupados de toda nuestra historia (el anterior máximo fue en septiembre de 2023: 21.446.500 ocupados).
jueves, 11 de julio de 2024
España, un país de bares y restaurantes
España es un país con una arraigada tradición de frecuentar bares y restaurantes, que están por todas partes en pueblos y ciudades, algo que “choca mucho” (y atrae) a los turistas extranjeros que nos visitan. De hecho, España es el país del mundo con más bares y restaurantes, 1 por cada 209 habitantes, más del doble que en Francia (1 por 350 habitantes) o Reino Unido (1 por 500). Y también somos el país europeo que más gasta (en porcentaje) en bares, restaurantes y hoteles: el 11,3% del gasto por persona, el doble que la media europea (6%) y el triple que Alemania (4%), según las estadísticas de Eurostat.
lunes, 5 de febrero de 2024
Inmigrantes logran la mitad del empleo nuevo
De cada 10 nuevos empleos creados en 2023, sólo
4 han ido a españoles: los 6 restantes han sido para extranjeros (4,26) y residentes
con doble nacionalidad (1,74). Lo mismo ha pasado con los 1.280.000 empleos
creados en España desde 2019: sólo 465.700 (el 31,3%) han sido para nacidos
en España. Los extranjeros están copando muchos nuevos empleos en sectores
con trabajados duros y bajos sueldos, que no quieren muchos españoles: hostelería
(40% afiliados SS son extranjeros), el campo (35%), la construcción,
cuidados a mayores o inmobiliarias (25%) y empleadas de hogar
(45% afiliadas son extranjeras). Con la caída de la población nacida en
España, los inmigrantes crecen cada año y ya suponen el 14,2% de los ocupados,
cuando eran el 1,3% en 1986. No deberíamos rechazarlos, porque están contribuyendo
al mayor crecimiento y a salvar las cotizaciones (pensiones), la recaudación y
el consumo. Pero hay que organizar su llegada, para frenar la
inmigración ilegal, buscando la mano de obra formada que falta en
muchos sectores.
Enrique Ortega
La llegada de extranjeros ha cambiado visiblemente el
mapa de la población española en este siglo. Baste un dato: si en 2002
había censados en España 1.737.972 extranjeros (el 4,32%
de la población), en octubre de 2023 el censo recogía ya 6.373.463 residentes
extranjeros (el 13,15%), casi 1 de cada 7 españoles, según el INE. La
llegada de extranjeros se concentró en los años 90 del siglo pasado y
sobre todo hasta 2008, con el “boom” del ladrillo y el turismo, para frenarse
después con la crisis financiera (hubo inmigrantes que se fueron entre 2009 y
2014). Y los extranjeros han vuelto a España tras la
pandemia, sobre todo en 2022 (+580.000 censados) y 2023 (+283.843 hasta octubre).
Lo más llamativo es que la población residente en España habría caído en esta década de no ser por la llegada de inmigrantes, ya que desde 2012 hay menos nacimientos que defunciones y los inmigrantes tienen el doble de tasa de natalidad y son más jóvenes que los españoles nacidos aquí (37 años de edad media frente a 45 años). Así, en 2023 superamos la cifra de 48 millones de españoles (48.446.594 habitantes censados el 1 de octubre), que son un millón largo más (+1.127.644 habitantes) de la población que teníamos antes de la pandemia (47.318.950 habitantes el 1 de enero de 2020).
Pero ojo: en estos casi 4 años, la
población nacida en España se ha reducido en -426.677 habitantes (de 40.303.297
a 39.876.640 censados). Y si hemos ganado población como país ha
sido porque han aumentado los habitantes nacidos fuera, +1.555.201 censados más
(de 7.014.763 habitantes nacidos en el extranjero en enero de 2020 a 8.569.954
ahora). Y con ello, los residentes en España nacidos fuera han pasado de
ser el 5,69% de la población en 2002 al 17,68% en 2023. Y pronto
serán 1 de cada 5 censados.
Este aluvión creciente de extranjeros, hacia España
y hacia el resto de Europa, pelea cada día por conseguir un empleo. Y en
los últimos años, después de la pandemia, copan una gran parte de los
nuevos empleos que se han creado en España. El dato más llamativo es el
de 2023, según
la EPA recién publicada: de los 783.000 nuevos empleos creados, más
de la mitad han sido para extranjeros (333.700, el 42,6% del total) y
para personas con doble nacionalidad (+136.200, el 17,4% del total),
destinándose sólo 313.100 de los nuevos empleos a españoles (el
40% del empleo creado). Un reparto similar también se dio en el empleo
creado en 2022 (+279.000 empleos totales) y 2021 (+840.600 empleos tras la debacle
de 2020, por la pandemia). Y, en consecuencia, de los 1.280.000 empleos
netos creados en España respecto a antes de la pandemia (diciembre 2019),
la mayoría han sido para trabajadores nacidos en el extranjero (553.000
empleos, el 43,2% del total) y los que tienen doble nacionalidad
(261.300 empleos, el 20,4%), copando los españoles menos de un tercio del
nuevo empleo creado estos 4 años (465.700, el 31,2%), según
la EPA.
A finales de 2023, trabajaban en España 3.022.300
trabajadores extranjeros, el 14,13% del total de ocupados, 1 de cada 7
trabajadores con empleo (21.246.900 ocupados), según
la EPA, además de 974.200 trabajadores con doble nacionalidad,
frente a 17.250.400 trabajadores españoles. Tomando sólo los
trabajadores extranjeros (esos 3 millones), hay más hombres (1.601.900)
que mujeres (1.420.300, aunque son ellas las que han crecido más desde 2019). La
mayoría de estos trabajadores extranjeros proceden de Latinoamérica
(1.187.400 trabajadores, +440.000 que en 2019), seguidos de lejos
por los trabajadores extranjeros de la UE (880.800, +71.700 que
en 2019), los 241.300 trabajadores europeos de fuera de la UE
(+44.400 que en 2019) y otros 712.000 trabajadores nacidos en el resto del
mundo (+104.200 ocupados que en 2019).
La mayoría de
estos 3 millones de trabajadores extranjeros llevan en España 7 años o más
(1.970.300) y si les sumamos los que llevan de 4 a 6 años (otros 554.300),
podemos concluir que dos de cada tres inmigrantes que trabajan
en España llegaron antes de la pandemia. Y sólo 231.500 llevan trabajando
aquí 1 año o menos, según
la EPA. Los trabajadores extranjeros se concentran en Cataluña
(689.900 a finales de 2023, el 18,3% de los trabajadores), Madrid
(587.900, el 16,8% del total), Comunidad Valenciana (385.700, el 16,7%)
y Andalucía (351.100 trabajadores extranjeros, el 18,3% del total),
aunque su peso destaca más en Baleares (138.800 trabajadores
extranjeros, pero suponen el 26,4% del empleo), también en Canarias (138.800 extranjeros,
el 18,4%) y Murcia (104.800, el 15,3% de la mano de obra).
Para saber dónde trabajan los extranjeros hay que ir
a los
datos de afiliación a la Seguridad Social: 2.712.113 trabajadores
extranjeros cotizaban a la SS en diciembre de 2023, menos de los 3.022.300
que reconocían estar trabajando según
la EPA. Esa cifra de cotizantes extranjeros supera en +549.714
cotizantes a la de diciembre de 2019 (2.162.399 cotizantes extranjeros), lo
que refleja un aumento del +25,42% en cuatro años, más del triple del
aumento del conjunto de cotizantes a la SS desde 2019 (+1.422.751 cotizantes,
+7,3%). A lo claro: los ingresos de la SS (y nuestras pensiones) se
han salvado por los inmigrantes. Sólo en 2023, casi un 40% de los nuevos
cotizantes fueron extranjeros (+211.436 de un aumento de +549.714
cotizantes), según Trabajo.
La mayoría de los
cotizantes extranjeros (2.668.766 afiliados medios en 2023) son hombres
(1.495.935), aunque han crecido más las cotizantes mujeres (son 1.172.806). Y
destacan los trabajadores extranjeros de mediana edad (1.464.971 cotizantes
tienen entre 35 y 54 años), aunque crecen los más jóvenes (900.310 trabajadores
extranjeros tienen menos de 35 años), según
Trabajo. Los paises de origen son básicamente Latinoamérica (1,1 millones) y Europa (853.188 extranjeros proceden de la UE), destacando por
nacionalidades los trabajadores rumanos (328.545 cotizantes) y marroquíes
(319.433), a los que siguen de lejos italianos (174.664), colombianos
(174,583), venezolanos (148.324), chinos (115.952), peruanos (70.708),
ecuatorianos (69.815) y ucranianos (65.694).
La mayoría de los trabajadores extranjeros cotizan
en el régimen general de la SS (1.834.654), pero hay un número muy
importante cotizando en el régimen especial agrario (229.420 cotizantes,
97.205 de Marruecos y 40.260 de Rumanía), como empleadas de hogar (168,773
cotizantes, 23.073 rumanas, 14.139 colombianas, 21.423 hondureñas, 12.431
paraguayas, 3.987 ecuatorianas y 2089 dominicanas) y como trabajadores del
mar (4.022 cotizantes, 867
senegaleses, 712 indonesios y 508 marroquíes), además de 428.989 que cotizan
como autónomos no del campo (63.967 chinos, 46.772 rumanos, 38.330
italianos, 27.004 marroquíes, 26.005 británicos y 18.711 venezolanos).
Los trabajadores extranjeros se concentran en unos
pocos sectores: la hostelería (ahí trabajan el 20,5% del total
de inmigrantes), el comercio (otro 16,8%) y la construcción
(11,2% del total) aglutinan casi la mitad de los extranjeros que trabajan en
España), siendo muy baja su presencia en la industria (8,1% de todos los inmigrantes),
el transporte (6,3% de ellos), las actividades profesionales (5% del total de
extranjeros) y la educación (5%) y la sanidad (5%). Esto ha llevado a que los inmigrantes tengan
un gran peso en algunos sectores: son casi el 40% de los
trabajadores de la hostelería, el 35% de los trabajadores del campo
y la pesca, el 30% en la construcción, un 25% en
servicios (como los cuidados a mayores), otro 25% en
inmobiliarias. Y un 45% de las empleadas del hogar.
¿Por
qué los extranjeros consiguen más empleos? Muchos
expertos coinciden en que buscan trabajo en sectores y empleos más duros,
con peores condiciones de trabajo y bajos sueldos, que no quieren los
españoles, como el campo, la hostelería, las empleadas del hogar, los
cuidados a mayores y las residencias, el comercio y el transporte y la
logística. Trabajos con horarios muy amplios, contratos precarios y unos
sueldos menores, como en la hostelería (los más bajos: 14.632 euros brutos,
frente a 25.896 de media) y el comercio. De hecho, los inmigrantes ganan de
media un 36% menos que los trabajadores españoles (especialmente las mujeres), según
la Agencia Tributaria. Y para los que insisten en que “los
inmigrantes nos roban trabajo”, es falso: 4 de cada 10 se incorporan
a ocupaciones elementales y mal remuneradas, con un salario medio que es un
56% del que reciben los españoles, según
un informe del Defensor del Pueblo.
Además, el trabajo de los inmigrantes aporta
diversas ayudas claves a la
economía española. Por un lado, es uno de los motores del
fuerte crecimiento en los últimos años, tras la pandemia, al proporcionar
una mano de obra abundante (y barata) a sectores que han sido claves,
como el turismo, el comercio, el campo, la construcción y muchos servicios. Eso
ha permitido mejorar los ingresos por cotizaciones de la SS y asegurar
las pensiones, aumentando la recaudación de impuestos. Y su
gasto ha mantenido el consumo y la actividad, tirando del empleo. Para los
que piensan que también los emigrantes se llevan una gran parte de los gastos
sociales, desde la sanidad a la educación o las ayudas públicas, muchos
estudios revelan que aportan más de lo que reciben.
Pero la principal aportación de los inmigrantes es que están
salvando la demografía, al compensar con su llegada (y sus hijos)
la caída de la población española, lo que permite contar con la mano de
obra y los ingresos y cotizaciones que necesitamos. Y los inmigrantes “nos
van a salvar aún más en el futuro”, según las preocupantes proyecciones de población del
INE. Así, los nacidos en España van a caer de 40.229.931
personas en 2020 a 37.108.939 españoles en 2050 y a 33.794.071 en 2070.
Una caída de “españoles” de -6,5 millones sobre 2020, que el INE
espera que se compense con los inmigrantes: su previsión es que
los extranjeros residentes pasen de 7.471.460 en 2020 a 12.801.174 en 2050
(+5,8 millones) y 16.795.740 extranjeros censados en 2070 (+9,8
millones).
Con este “panorama demográfico”, España (y
Europa) necesitarán a los inmigrantes en las próximas décadas para mantener
sus economías. Lo
ha dicho claramente la ONU: Europa necesita abrir sus puertas a 60,8
millones de trabajadores extranjeros para 2050. Y en el caso de España,
necesitamos 7 millones de inmigrantes más entre 2020 y 2050 (más de los 5,8
millones que espera el INE), según
el Centro de Desarrollo Global de Washington. De hecho, el problema de falta
de trabajadores se está dando ya en varios sectores, tras la pandemia,
según alertan los empresarios del turismo y la hostelería, el campo o la
construcción, el transporte y la logística (sectores con muchos
inmigrantes), así como en el sector tecnológico y digital más las energías
alternativas.
Cara al futuro, hay que “canalizar” la llegada de
trabajadores extranjeros, organizando y planificando sus llegadas de
forma legal y ordenada. Es lo que intentó hacer el Gobierno Sánchez en
julio de 2022, al reformar
el Reglamento de Extranjería, para facilitar la contratación de
inmigrantes en sus paises de origen y a la vez regularizar parte de los inmigrantes
irregulares que ya están en España (más de 500.000), facilitando
su formación en los empleos donde falta mano de obra. Así, en 2022 se
concedieron 16.100
permisos de trabajo en origen para extranjeros (hasta 9 meses al año,
que se renuevan si vuelven a sus paises de origen). En 2023, el ministro
Escrivá
pretendió avanzar por este doble camino, apoyado por los empresarios:
contratar temporalmente fuera y formar a los inmigrantes que ya están dentro.
Pero chocó con la oposición de la ministra de Trabajo y los sindicatos y no
se aprobó ninguna reforma por la anticipación electoral. Ahora, su
sucesora, la ministra Elma Saiz ha
anunciado una reforma de la contratación de extranjeros, en el
primer trimestre de 2024, para “simplificar trámites y mejorar la protección de
los inmigrantes”.
Mientras la reforma llega, hay un gran debate que no se
afronta, ni en España ni en Europa: como planificamos la
incorporación futura de inmigrantes, qué tipo de empleos necesitamos cubrir
y cómo los buscamos de forma ordenada y legal. Hace falta un Pacto político
sobre inmigración, que hurte el tema a la extrema derecha y nos ayude a
preparar el futuro económico y social, para el que necesitamos a los
inmigrantes, que ya han sido claves estos años: el 30% de todo lo
que ha crecido España en los últimos 20 años ha sido gracias a los inmigrantes,
según
este informe del Defensor del Pueblo. Los inmigrantes no nos “roban” el
trabajo, nos ayudan a construir el presente y el futuro.
jueves, 21 de abril de 2022
Faltan inmigrantes
El Banco de España ha dado la alarma: faltan trabajadores en el campo, la construcción y la hostelería, básicamente porque han llegado menos inmigrantes tras dos años de pandemia. El problema se da también en Alemania, Italia, Irlanda o Reino Unido. Pero no es una situación coyuntural: el problema de fondo es que la población europea no crece y en España cayó en la primera mitad de 2021, con lo que los inmigrantes son cada vez más necesarios para mantener la economía, los ingresos públicos y el Estado del Bienestar. De hecho, la ONU estima que Europa tendrá un déficit de 60 millones de trabajadores en 2050 y España necesitará 7 millones de inmigrantes, aunque la estimación del INE es que sólo vendrán 5,8 millones. En definitiva: necesitamos inmigrantes, ahora y en las próximas décadas, porque nacen pocos jóvenes y hay cada vez más viejos. Urge un Pacto europeo y español para regular la necesaria llegada de inmigrantes: no nos “roban” el trabajo, salvan nuestro futuro.
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| Enrique Ortega |
Europa tiene un grave problema de población del que se habla poco: hay cada vez menos nacimientos, menos niños y jóvenes menores de 19 años (20%) y más viejos (21% europeos tienen más de 65 años), con lo que la población apenas crece y lleva estancada dos décadas. Si había 429 millones de europeos en 2001, crecieron hasta 440 millones en 2008 y éramos 447 millones a finales de 2020 : sólo un 4% de aumento en 20 años. Pero además, 2020 fue el primer año en que cayó la población europea, en -312.000 habitantes, según los últimos datos de la Comisión Europea. Y eso, porque se redujo la población en 10 paises, sobre todo Italia (-384.000), Rumanía (-143.000) y Polonia (-118.000), aunque creció en otros 17, sobre todo en Francia (+119.000 habitantes).
En España, la población aumentó en 2020 (+66.081 habitantes), según el INE, pero ha caído en 2021, en el primer semestre: había censados 47.326.687 habitantes, -72.007 habitantes que a finales de 2020, debido a la caída de población en 13 de las 17 autonomías. Una caída que se explica por el aumento de la mortalidad y la caída de natalidad por el COVID pero, sobre todo, por la menor llegada de inmigrantes (el censo de extranjeros bajó -42.364 personas, de los -72.007 en que bajó el censo). Y no es la primera vez que baja la población en España: ya pasó en 2012 (-90.326 habitantes), 2013 (-215.691), 2014 (-62.634) y 2015 (-9.466 habitantes), según los datos del INE, debido a que la anterior crisis económica provocó una salida de inmigrantes a sus paises de origen y menores llegadas.
Ahora, la previsión de la Comisión Europea es que la población europea se estanque en las próximas dos décadas, manteniéndose en 449 millones entre 2025 y 2030, para decrecer después, hasta los 440 millones de europeos en 2050 y llegar al año 2070 con 424 millones de europeos (-5,1% sobre hoy). Y habrá 20 paises europeos que perderán población entre 2020 y 2050, según un estudio de Finantial Times, encabezados por Italia (de 60,5 a 54,4 millones), Rumanía (de 19,2 a 16,3), Polonia (de 37,8 a 33,3), Bulgaria (de 6,9 a 5,4), Hungría (de 9,7 a 8,5), Portugal (de 10,2 a 9,1) y Grecia (de 10,4 a 9 millones de habitantes).
España no va a perder población en las próximas décadas, pero crecerá muy poco, según las últimas proyecciones del INE, para el periodo 2020-2070: pasará de 47.326.958 habitantes el 1 de enero de 2021 a 47.749.007 en enero de 2030, 49.910.653 habitantes a principios de 2050 y 50.589.811 habitantes el 1 de enero de 2070. O sea, un aumento de población de 2,5 millones en los próximos 20 años y 3,25 millones en los próximos 50 años. Un aumento mínimo, si tenemos en cuenta que en los 50 años anteriores (1970-2020), la población española creció cuatro veces más, en 13,51 millones (de 33,81 millones de habitantes en 1970 a los 47,32 millones en 2020).
Pero este aumento previsto para la población española en 2050 y 2070 es “engañoso”, porque “encubre” una realidad: la población de los nacidos en España cae y el censo sube solamente por el aumento de los inmigrantes, según las proyecciones del INE. Así, los nacidos en España pasarán de 40.229.931 en 2020 a 37.108.939 españoles en 2050 (-3,22 millones) y 33.794.071 españoles en 2070 (-6,5 millones sobre 2020), debido a que la mortalidad ganará a la natalidad, a la falta de nacimientos (1,23 hijos por mujer, cuando para que aumente la población harían falta 2,1 hijos por mujer). Y quien nos “salvará” de no perder población total serán los extranjeros, los inmigrantes que llegarán a España: los extranjeros residentes pasarán de 7.471.460 en 2020 a 12.801.714 en 2050 (+5,8 millones) y 16.795.740 inmigrantes censados en 2070 (9,8 millones más que hoy), según el INE.
Con este “panorama demográfico”, España y Europa necesitarán a los inmigrantes en las próximas décadas
para mantener sus economías. Lo
ha dicho claramente la ONU: Europa
necesita abrir sus puertas a 60,8
millones de trabajadores extranjeros para 2050. Una cifra que el centro
especializado Wittgenstein eleva a 72,7
millones de inmigrantes. Y en el caso de España, necesita 7 millones más de inmigrantes entre 2020 y 2050, según
la estimación del Centro de Desarrollo Global de Washington. Así que si el
INE estima que vendrán 5,8 millones,
todavía tendríamos un déficit de 1,2
millones de inmigrantes para dentro de tres décadas. Estos estudios son
concluyentes: no bastará con aumentar
la edad de jubilación, incorporar más mujeres al trabajo, aumentar la natalidad
o robotizar y automatizar los empleos. Seguirá faltando mano de obra si no entran
más inmigrantes.
De hecho, el problema se está dando ya, agravado por la menor entrada de inmigrantes (y las mayores salidas) en 2020 y 2021, por la COVID. Así, las migraciones internacionales hacia los 38 paises de la OCDE se redujeron un 30% en 2020, alcanzado los niveles más bajos de llegadas desde 2003. En el caso de España, las entradas netas de inmigrantes (entradas menos salidas) han caído en picado: de 446.000 en 2019 bajaron a 232.000 en 2020 y se han desplomado en 2021, con un saldo negativo en el primer semestre: salieron 366 inmigrantes más de los que entraron, según el INE.
La consecuencia es que faltan trabajadores en algunos sectores, por la menor entrada de inmigrantes, según ha alertado el Banco de España, utilizando la Encuesta que hizo a las empresas a finales de 2021. Hay todavía menos oferta de mano de obra extranjera que antes de la pandemia (mientras ha aumentado la oferta de trabajadores españoles) y esto provoca escasez de trabajadores en los sectores con mayor porcentaje de extranjeros: faltan trabajadores en el campo y la construcción (lo reportan el 40% de las empresas) y también en la hostelería (lo indican el 36% de las empresas encuestadas). Y el problema preocupa especialmente a los empresarios de la construcción en los próximos meses, porque el sector va a acaparar el 35% de todos los Fondos Europeos y esta inversión peligra si falta mano de obra (el 20% del trabajo lo hacen extranjeros).
El problema de la falta de trabajadores, por la menor llegada de inmigrantes, se da también en el resto de Europa. En Alemania, faltan trabajadores para conducir trenes, tranvías y camiones, en Irlanda falta mano de obra en la construcción y en Italia y Reino Unido faltan temporeros para recoger las cosechas. Sin embargo, la Unión Europea no tiene una política común de inmigración y cada país va a su aire, abriendo más o menos la mano según sus necesidades. Pero los expertos en demografía insisten: no hay futuro para Europa sin inmigrantes. Y antes o después, tendrá que abrirse, sobre todo a África, un continente cuya población se va a triplicar en los próximos 80 años (de 1.372 millones a 4.400) y donde el 60% de sus habitantes tiene menos de 25 años (el 80% en paro). Además, en unos años, Europa tendrá que “competir” por atraer inmigrantes con otras regiones que también los van a necesitar, como EEUU, Canadá, Japón, Corea del sur y las monarquías del Golfo.
Actualmente, la inmigración es una cuestión muy polémica en toda Europa y está siendo aprovechada por los líderes populistas y de extrema derecha para frenar su presencia, que no es excesiva, según las cifras (y escasa, según las necesidades económicas).Así, al 1 de enero de 2021 había 23,7 millones de extranjeros de terceros paises (no UE) en Europa (legalmente), sólo un 5,3% de toda la población europea, según Eurostat. Y de ellos, el 72% se concentra en 4 grandes paises: Alemania (6.112.300 extranjeros no UE, el 7,4% de su población total), Italia (3.764.800, el 6,4% de su población), Francia (3.735.200 ciudadanos de terceros paises, el 5,5%) y España (3.633.100 extranjeros no UE, el 7,7% de la población), donde destacan los inmigrantes de Marruecos (829.000), Colombia (541.000), Ecuador (420.000), Venezuela (415.300) y Colombia (297.700), según Eurostat.
En las próximas décadas, estas cifras de inmigrantes en Europa van a aumentar, debido a la fuerte presión demográfica de África y Latinoamérica, aunque bajará la presión de los inmigrantes de la Europa del Este (por su envejecimiento), según un estudio de FEDEA. Esta presión migratoria explica el 40% de la inmigración, otro 26% se explica por la atracción que ejercen los inmigrantes que ya están aquí y sólo un 9% de la inmigración viene por la situación económica de España, según este estudio, que prevé la llegada a España de 5,2 millones de nuevos inmigrantes para 2050: 2 millones de Latinoamérica (sobre todo de Perú, Colombia y Venezuela, los paises con más jóvenes), 2 millones del norte de África y Oriente Próximo y 1 millón largo del resto del mundo.
Ahora que sabemos que necesitamos estos inmigrantes y más (hasta 7 millones para 2050), y que empezamos a sufrir su falta en el campo, la construcción y el turismo, urge regular este flujo de inmigrantes, para que lleguen de forma ordenada y no a golpe de cayucos y saltos de valla en Ceuta y Melilla. En diciembre pasado, el Gobierno aprobó una Orden para flexibilizar este año 2022 la contratación de extranjeros en origen, con dos novedades: ahora se pueden hacer contratos por 12 meses (antes eran por 9) y para todos los sectores económicos (no sólo para tareas agrícolas), una manera de cubrir los déficits de trabajadores señalados por el Banco de España. La medida está favoreciendo la contratación temporal de inmigrantes magrebíes y latinoamericanos (se han firmado acuerdos, por ejemplo, con Honduras, para traer trabajadores a las campañas agrícolas), que han de regresar después a sus paises.
Es una medida coyuntural, para cubrir necesidades extras de mano de obra, pero sigue faltando una política estable de inmigración, pactada entre los principales partidos para que no cambie cada 4 años (las necesidades de inmigrantes deben programarse a medio plazo). Y aquí, España deja mucho que desear, porque los Gobiernos se dedican más a “tapar agujeros” (los “boquetes por los que entran los inmigrantes ilegales: 41.945 en 2021, según Interior) que a regularizar la situación de los inmigrantes que están aquí y los que llegan pidiendo asilo: hay 104.000 solicitudes pendientes y en 2021 se concedieron el 10,5% de las solicitudes presentadas, frente al 35% de media concedidas por la UE-27, según CEAR.
Resulta clave un Pacto político sobre la política migratoria, en España y en Europa, con la vista puesta en esos 60 o 70 millones de inmigrantes que se necesitan para 2050. Y para ello, es clave informar a la opinión pública y deshacer falsos mitos, los que utiliza la extrema derecha xenófoba en Europa. Como que los inmigrantes “nos roban el trabajo”: es falso, porque 4 de cada 10 se incorporan a ocupaciones elementales y mal remuneradas (su salario medio es un 56% del que reciben los españoles, según un informe del Defensor del Pueblo), trabajos que no quieren los españoles (como recoger fruta o cavar zanjas). Y además, aportan más de lo que reciben: los 2 millones de trabajadores extranjeros pagan el 10% de las cotizaciones a la SS y sólo reciben el 0,9% del gasto en pensiones, según un estudio de UGT. Además, otros estudios revelan que pagan más en impuestos y cotizaciones que lo que reciben en prestaciones sociales y ayudas. Y con su consumo, contribuyen al mayor crecimiento y a crear otros empleos de españoles. Acabo con un dato más: el 30% de todo lo que ha crecido España en los últimos 20 años ha sido gracias a los inmigrantes.
Estamos en una situación preocupante, agobiados por la guerra y los precios, pero no podemos olvidar los 3 grandes problemas de fondo, que estaban ahí antes de la pandemia y estarán después de la guerra de Ucrania, los grandes retos del siglo XXI: el Cambio climático, la revolución tecnológica y digital y el problema demográfico. Vivimos en un continente donde baja y envejece la población de forma imparable, por lo que si no queremos incurrir en un “suicidio demográfico”, tenemos que tomar medidas en 2 frentes: fomentar la natalidad y atraer inmigrantes de forma ordenada y regular. Dos políticas que exigen acuerdos, valentía política y tiempo para dar frutos. Otra asignatura pendiente que debemos aprobar.
