Mostrando entradas con la etiqueta hostelería. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta hostelería. Mostrar todas las entradas

lunes, 6 de julio de 2026

Más pluriempleo (récord)

España tiene más gente que nunca trabajando (22,3 millones), pero también más gente pluriempleada, que trabaja en más de un sitio: son 611.600 personas, que trabajan unas 13 horas semanales en un 2º empleo, sobre todo en los servicios. Y la cifra real podría ser mayor, hasta 889.526 pluriempleados, según los datos de doble afiliación a la Seguridad Social. Es un dato récord, aunque la tasa de pluriempleo (el 2,5%) es de las más bajas de Europa (4,1% de media y hasta el 8,4% en Paises Bajos). Los sindicatos están preocupados por el aumento del pluriempleo, porque se concentra en sectores con contratos precarios y bajos sueldos, con jornadas a tiempo parcial, que buscan complementar sus ingresos para llegar a fin de mes: es el caso de limpiadoras, empleadas de hogar, cuidadoras y trabajadores de la hostelería y el comercio. Y está aumentando el pluriempleo de los asalariados que se hacen autónomos. Hay que diferenciar el pluriempleo voluntario y el forzado, ligado en muchos casos a la economía sumergida. Falta transparencia.

               Limpieza, empleadas hogar, cuidados, hostelería y comercio concentran mucho pluriempleo

En la EPA del primer trimestre de 2026 figura el dato de los trabajadores que reconocen trabajar en más de una empresa: son 611.600 trabajadores, el 2,7% de los ocupados, un récord histórico. El pluriempleo suele crecer cuando lo hace el empleo, por lo que alcanzó los 545.700 pluriempleados en 2007 (2,6%), en plena burbuja económica, para caer a partir de la crisis financiera y marcar un mínimo en 2012 (330.500 pluriempleados, el 2,1%). A partir de ahí, la cifra ha ido subiendo, hasta 442.400 en 2019 (2,5%) y 559.800 en 2025 (2,6%), hasta los 611.600 de marzo 2026 (el 2,7%), un 38% más que antes de la pandemia.

Los pluriempleados realizan una jornada media en su 2º trabajo (o en el 2º y 3º) de 13 horas semanales, siendo más en el sector de contenidos (20,2 horas), telecomunicaciones (17,2 horas) y hostelería (14,5 horas), según la EPA. La mayoría de los pluriempleados son hombres (316.500), aunque crecen más las mujeres (295.000 pluriempleadas). Y están más pluriempleados los jóvenes, sobre todo entre 16 y 24 años, aunque también entre 25 y 34 años. Por sectores, los que más tienen un 2º empleo son los trabajadores de los servicios (555.000 pluriempleados), destacando una serie de trabajos: limpieza, empleadas de hogar, cuidadoras, empleados de comercio, trabajadores de hostelería y turismo y transportes. Les siguen, de lejos, los pluriempleados en el campo (27.100), la industria (17.600) y la construcción (11.400).

Un dato llamativo es el repunte de pluriempleados que son asalariados y se hacen autónomos para realizar su segundo trabajo: la tasa de pluriempleo en actividades como autónomos (208.300, el 3,5%) ha crecido un 36% desde 2019, mientras el pluriempleo de los asalariados que realizan su 2º trabajo como asalariados (399.000, el 2,61%) ha crecido la mitad, un 16%. Todo indica que este aumento se debe a trabajadores con bajos sueldos (o jornadas parciales) que se hacen autónomos para realizar un 2º trabajo, sin dejar el primero.

Aunque el pluriempleo ha crecido en España tras la pandemia, todavía tenemos un porcentaje de pluriempleados mucho más bajo que en Europa, donde hay más tradición de pluriempleo, sobre todo entre los jóvenes. Según un estudio de Adecco, en Europa hay 8,8 millones de trabajadores pluriempleados, un 4,1% de los ocupados, según Eurostat. Los paises con más tasa de pluriempleo son Dinamarca (10,8%), Paises Bajos (8,4%) y Noruega (8,3%), seguidos de Finlandia (6,9%), Suecia (6,4%), Portugal (5,5%), Francia (5,4%, 1.326.000 pluriempleados), Alemania (5,3%, 2.055.000 pluriempleados), con sólo un 0,8% (178.300) en Italia. En general, el pluriempleo en Europa es mayor en los paises con los salarios más altos y el paro más bajo, aumentando más entre personas con más nivel educativo, características muy diferentes al pluriempleo en España (concentrado en los trabajadores más precarios).

Algunos expertos achacan esta menor tasa de pluriempleo en España a que muchos trabajadores no reconocen que tienen otro trabajo cuando les pregunta el INE para elaborar la EPA. Y creen que la cifra real de pluriempleados es mayor, porque algunos están “en la economía sumergida”, tienen otro trabajo no declarado. De hecho, los datos de afiliación a la Seguridad Social aportan una cifra mayor de pluriempleados, de trabajadores que cotizan por las horas que hacen en otra empresa. Así, los “afiliados en pluriactividad” eran 889.526 trabajadores en 2025, el 4,1% del total de afiliados, otro récord histórico, también con una fuerte subida desde 2008 (575.128 afiliados en pluriactividad”, el 2,8%) y desde 2019 (730.269 afiliados con pluriempleo, el 3,8%). En muchos casos, las empresas utilizan a trabajadores empleados en otros sitios para cubrir bajas laborales y otro tipo de ausencias. Precisamente, los sectores con más trabajadores “afiliados en pluriactividad” son la educación (12% del total de pluriempleados), las actividades sanitarias (10,8%), los servicios auxiliares (10,7%), la hostelería y el comercio (9,4% de los trabajadores pluriempleados), las 5 ramas que concentran más de la mitad de los “afiliados en pluriactividad”.

Aunque estos datos de afiliación a la Seguridad Social ya suben la cifra de pluriempleados (a 889.526 trabajadores, el 4,1% de los afiliados), otras encuestas elevan mucho más la cifra de pluriempleados. Un estudio de InfoJobs revela que el 85% de los trabajadores sólo trabaja en una empresa, pero que un 8% ha sido pluriempleado hace menos de un año aunque ahora no lo sea y otro 7% de los trabajadores sí es pluriempleado ahora. Y otros estudios revelan que el 40% de los que tienen 2 trabajos lo hacen porque ingresan entre 1.000 y 1500 euros al mes. Y en muchos casos (sobre todo mujeres) porque tienen trabajos a tiempo parcial (por horas o por días) que les deja tiempo para buscarse un 2º empleo, necesario para llegar a fin de mes.

Los sindicatos muestran su preocupación por el ascenso del desempleo, porque creen que refleja la precariedad de una parte del mercado laboral, sobre todo mujeres y jóvenes que tienen jornadas reducidas y bajos salarios, lo que les obliga a buscar un 2º empleo (o incluso un 3º) para complementar sus ingresos y atender sus gastos. Una necesidad que se agrava ahora, por la fuerte subida de los alquileres y muchos precios.

Por esto, los sindicatos alertan que el pluriempleo en España no es signo de unos trabajadores que quieren  “flexibilizar” su trabajo o compatibilizarlo con estudios o hijos, como en la Europa más rica, sino una salida desesperada para los trabajadores más pobres. Así, en España, el pluriempleo está fuertemente asociado a la precariedad: el 30% de las personas en situación de pobreza laboral tienen más de un empleo, según Intermón Oxfam. Y además, el pluriempleo “forzado” daña la salud (física y mental) de los trabajadores y dificulta la conciliación de su vida profesional y familiar. Además, a los sindicatos les preocupa que una parte de este pluriempleo forzado sea “irregular”, forme parte de la economía sumergida, por lo que solicitan realizar Planes de vigilancia a la inspección de Trabajo.

En resumen, que vuelve a crecer el pluriempleo, no tanto como el que hacían nuestros padres en los años 60 y 70 pero más que en los buenos años de la burbuja inmobiliaria. Lo malo es que trabajar en más de un sitio no es para la mayoría una opción laboral sino una elección forzada porque con su trabajo habitual no llegan a fin de mes y necesitan trabajar en otro sitio para conseguir unos ingresos decentes. Por eso, los sindicatos reiteran que el pluriempleo es la otra cara de la precariedad laboral y los bajos salarios, del abuso de empresas que utilizan a pluriempleados para cubrir huecos y ausencias, muchas veces sin cotizar por ellos. Y piden que el crecimiento y la mejora de la economía (y de los beneficios empresariales) se traduzca en más empleos únicos de calidad. Ojo al pluriempleo.

lunes, 29 de julio de 2024

EPA junio 2024: empleo récord y mínimo paro

En España hay 21.684.700 personas trabajando, la mayor cifra de nuestra historia y 1,1 millones más que en septiembre de 2007, en pleno boom inmobiliario, según la EPA publicada el viernes. El mercado laboral sigue mejorando, por el tirón del turismo, la hostelería y el comercio, aunque también aumenta el empleo en los demás sectores. Y el paro baja al 11,2%, un mínimo histórico desde 2008. Con ello, España ha creado ya 1,7 millones de empleos desde 2019, a pesar de la pandemia, la guerra de Ucrania y la inflación, siendo el país europeo que ha creado más empleo (+9,1% en estos años frente al 5% Italia, +2,3% Francia o el 1,8% Alemania). Y ahora, el Gobierno espera crear 875.000 nuevos empleos entre 2024 y 2025. Con todo, el paro español duplica al europeo y deberían trabajar 2 millones de personas más. Por eso, hay que seguir impulsando la economía y el empleo, no "dormirse en los récords". Y es urgente reformar las oficinas de empleo, que no ayudan a recolocar a los parados.

                       Enrique Ortega

El 2º trimestre del año suele ser bueno para el empleo, por los contratos previos al verano y la Semana Santa, aunque este año cayó en marzo (primer trimestre). Este año 2024, tras un primer trimestre donde cayó el empleo (-139.700), el 2º trimestre ha seguido la tradición y se han creado +434.700 nuevos empleos, según la EPA,  el tercer mayor aumento en este trimestre tras los de 2023 (+603.900 empleos) y 2021 (+464.900 empleos). Con ello, se afianza  la recuperación del empleo iniciada en el verano de 2022 y la ocupación aumenta en 426.300  empleos en el último año, con 21.684.700 personas trabajando en España, la mayor cifra de ocupados de toda nuestra historia (el anterior máximo fue en septiembre de 2023: 21.446.500 ocupados).

En el 2º trimestre, el aumento del empleo ha sido gracias a los servicios (+304.000 empleos creados), sobre todo la hostelería (188.700 empleos) y el turismo, pero también han creado empleo la industria (+63.400), la construcción (+61.100) y la agricultura (+6.100 empleos).  El empleo se ha creado básicamente en el sector privado (+427.100 empleos) y poco (+6.900 empleos) en el sector público, por el fin de contratos en enseñanza y sanidad, según la EPA de junio. La mayor creación de empleo se haya dado entre los hombres (+232.100 empleos, frente a +202.600 entre las mujeres) y entre los mayores de 55 años (+100.400 empleos), los jóvenes de 20 a 24 años (+67.500) y los de 35 a 39 años (+64.100 empleos). Y se ha creado más empleo entre los extranjeros (129.700) y con doble nacionalidad (106.700) que entre los españoles (198.300). Por autonomías, el empleo sólo cayó en Cantabria (-3000 empleos) y Asturias (-1.800), creciendo en el resto, más en Andalucía (+101.200), Baleares (+88.900), Comunidad Valenciana (+78.700), País Vasco (+28.600) y Madrid (+25.500 empleos).

La importante mejora del empleo en el 2º trimestre (+434.700 empleos) no se traducido toda en una bajada similar del paro (--222.600 parados), porque en paralelo han aumentado los españoles activos, las personas que buscan trabajo ahora: los “activos” han aumentado en +222.600 personas, impidiendo bajar más las cifras del paro. Es un proceso que se ve trimestre a trimestre (hay 373.300 personas más buscando trabajo que hace un año). Y hay un récord histórico de adultos “activos” (trabajando y buscando trabajo): 24.400.000 activos, 1,25 millones más que antes de la pandemia (23.158.800 “activos” a finales de 2019). Todo apunta a que seguiremos así, con lo que en los próximos meses sucederá lo mismo que ahora: el paro bajará menos de lo que sube el empleo.

El  paro ha bajado en el 2º trimestre (-222.600 parados) gracias sobre todo a los servicios (-190.500 parados), por el tirón en el turismo, la hostelería y el comercio, y a los que perdieron su primer empleo hace un año (-17.620 parados ahora), bajando también en la industria (- 9.300), la agricultura (- 7.300) y, sobre todo, en la construcción (-12.900 parados), según la EPA de junio. El desempleo baja más entre las personas de 25 a 54 años (-179.000 parados), los de más de 55 años (-49.000) y los jóvenes de 20 a 24 años), aumentado entre los jóvenes de 16 a 19 años (+ 32.100 parados). Y baja más el paro entre las mujeres (-113.400) que entre los hombres (-109.200 parados), reduciéndose el triple entre españoles (-166.900) que entre extranjeros (-55.700 parados). Por autonomías, baja en todas, salvo en Cantabria (+2.600 parados) y Aragón (+1.900), destacando la bajada en Andalucía (-54.100), Baleares (-44.800), Comunidad Valenciana(-42.000) y Madrid (-26.500).

La cifra total de parados EPA sigue muy por debajo de los 3 millones (2.755.300 parados a finales de junio 2023), un dato que no se veía desde septiembre de 2008 (2.598.800 parados). Y la tasa de paro baja al 11,27%, según la EPA, mucho más baja que antes de la pandemia (13,78% en 2019) y la menor tasa de paro desde el verano de 2008 (11,33%). Eso sí, todavía duplicamos la tasa de paro europea (6% en la UE-27 en mayo) y cuadruplicamos la alemana (2,9% de paro), según Eurostat. También baja mucho este trimestre la tasa de paro de los jóvenes (menores 25 años), al 26,58% (14,4% en la UE-27).

Hay otros datos preocupantes del paro que también mejoran. El primero, que hay 868.300 hogares con todos sus miembros en paro (109.000 hogares menos  que el trimestre pasado). El segundo, que seguimos con 6 regiones que tienen una tasa de paro “escandalosa”, aunque en la mayoría sigue bajando: Ceuta (29,55%), Melilla (27,93%), Andalucía (16,27%), Extremadura (15,40%), Castilla la Mancha (13,92%) y Canarias (13,86%), que contrastan con 5 autonomías que tienen una tasa de paro casi europea (7,42% Navarra, 7,95% Baleares, 8,11% el País Vasco, 7,15% Baleares, 8,25% Aragón y 8,46% Cantabria). Y el tercero, que bajan los parados de larga duración, los que llevan más de 1 año sin trabajo: son 1.102.700 parados, el  40,02 % de los parados (eran el 40,29% el trimestre pasado, pero el 43,5% a finales de 2019).

Esto provoca que a muchos parados se les acabe el desempleo y no cobren ya ningún subsidio, pasando a una situación de pobreza extrema. En mayo de 2024, último dato de Trabajo, cobraban alguna ayuda 1.694.609 desempleados: menos de la mitad (43,75%) cobraban un subsidio contributivo (según lo cotizado) de 981,60 euros de media y el resto (56,25%) cobraban un subsidio asistencial de 480 euros. Así que sólo el 65% de los parados registrados en las oficinas de empleo cobran algún subsidio. Pero en realidad, con los datos del paro estimado hoy (2.755.300 parados), sólo cobran alguna ayuda el  61,50% de los parados EPA. Eso significa que más de un tercio de los parados (38,50%) no cobran ninguna ayuda pública, manteniendo la baja cobertura de 2019 (no cobraban el 38,5%). Así que baja el paro, pero también los que reciben ayudas.

Vistos los datos del empleo y el paro en el 2º trimestre de 2024, queda patente que España ha superado con creces las últimas crisis, desde la pandemia a la guerra de Ucrania y la inflación, porque tenemos más ocupados (+ 1.717.800)  y menos parados EPA (- 436.600) que a finales de 2019. Y no sólo tenemos un récord histórico de ocupados en España (21.684.700), sino que también hemos alcanzado un récord de afiliados a la Seguridad Social, tras 50 meses consecutivos de aumento: eran 21.167.154 afiliados a finales de junio de 2024, 1,8 millones más que antes de la pandemia, según la SS.

Además, España es el país europeo donde más ha crecido el empleo en los últimos 4 años y medio, desde antes de la pandemia, según los datos de Eurostat: creció un 9,1%, superando al aumento del empleo de los grandes paises europeos como Francia (+5,2%), Italia (+3,9%), Alemania (+1,9%) o Reino Unido (+0,1%), debido sobre todo a que también llevamos varios años creciendo más que la media europea, por el tirón del turismo, el consumo interno, las exportaciones y los Fondos Europeos (la mitad ya adjudicados).

Con todo, la mejor noticia es que el empleo que se sigue creando en 2024 es menos precario, de más calidad, gracias a la reforma laboral aprobada a finales de 2021. Ahora, con los datos de Trabajo del primer semestre, el balance es espectacular: el 43,56% de todos los contratos firmados de enero a junio fueron indefinidos (3.238.200 contratos), un porcentaje algo mayor al de todo 2023 (42,87% de los contratos hechos fueron indefinidos)  y mucho mayor al de 2022 (38,37% de contratos indefinidos) , pero un porcentaje que cuadruplica  los contratos fijos hechos en 2021 (sólo el 10,9% fueron indefinidos).  Y son 7 veces los contratos fijos hechos entre 2014 y 2020 (entre el 6 y el 8% de los contratos fueron indefinidos). Más de la mitad de los nuevos contratos son a tiempo completo (4.215.500, el 56,7% del total), mientras bajan los contratos a tiempo parcial (2.143.100 hasta junio) y también los fijos discontinuos (1.075.000), sobre todo en turismo y hostelería para trabajadores que son fijos aunque trabajan sólo unos meses al año (y el resto del tiempo no cuentan como parados aunque estén inactivos, una norma que viene de 1985).

Tras esta nueva subida del empleo indefinido en el 2º trimestre, aumentan los asalariados con contrato fijo (indefinido): eran ya 15.498.800 asalariados a finales de junio, el 84,05%      % del total,  2,83 millones de trabajadores fijos más que antes de la reforma laboral (había 12.665.800 asalariados fijos a finales de 2021, el 74,61% del total). Y el porcentaje de trabajadores temporales baja del 25,39% al 15,95% ahora, todavía más alto que la media de temporalidad en Europa (11,6% en 2023).

La OCDE acaba de destacar, en su reciente Informe sobre España (9 julio 2024), “el fuerte dinamismo del mercado laboral español”, destacando que la tasa de empleo está en niveles récord (trabajan el 66,29% de los adultos, frente al 56% que trabajaban en 2012) y también ha caído bruscamente la tasa de paro (del 24,78% en 2012 al 11,2% actual), aunque resaltan que todavía España tiene el doble de paro que Europa y menos tasa de empleo: en la UE-27 trabajaban en 2023 el 75,3% de los adultos de 20 a 64 años (y el 81,1% en Alemania), frente al 70,5% en España, lo que significa que todavía necesitamos que trabajen 2 millones más de españoles (llegar a 23,6 millones de ocupados) para equipararnos laboralmente a Europa. Así que hemos mejorado mucho, pero queda mucho empleo por crear.

Para crear más empleo en los próximos años. España tiene que seguir creciendo y creciendo más que el resto de Europa, como ya viene pasando desde 2021.Este año 2024 creceremos más de lo esperado, según las últimas previsiones del FMI (julio 2024): un +2,4%, frente al 1,9% que vaticinaban en abril, más del doble del crecimiento esperado para la zona euro (0,9%) y mucho más que Francia (+0,9%), Italia (+0,7%) y Alemania (+0,2%). Y siguen pensando en que también creceremos bastante en 2025: +2,1%. Con ello, el Gobierno Sánchez ha enviado a Bruselas unas optimistas previsiones de creación de empleo: +507.000 nuevos empleos en 2024 (se crearon +783.000 empleos en 2023, +278.900 en 2022 y +840.700 en 2021) y +368.000 nuevos empleos en 2025, empujados por el turismo, el consumo interno, las exportaciones y el aumento de población (inmigrantes).

Para conseguirlo, hay que seguir reformando y modernizando la economía, para fomentar la tecnología, la industria y los sectores con futuro, pero sobre todo, hay que cambiar radicalmente la gestión del desempleo, en manos de las autonomías, porque sigue siendo un desastre: las oficinas del SEPE sólo consiguieron recolocar al 1,9% de los parados en 2023, el porcentaje más bajo desde 2015, siendo más bajo en Cataluña, Comunidad Valenciana, Murcia, Galicia, Canarias, Madrid y Baleares. Y eso a pesar de que el Gobierno central les transfirió a las autonomías 2.800 millones para políticas activas de empleo, un dinero que no se sabe cómo se ha gastado (suponiendo que no haya ido a otros destinos , como ha pasado con el dinero para Dependencia o Sanidad.) Hace años que nos “venden” que se va a personalizar la recolocación de los parados, ayudando a cada uno a encontrar trabajo, pero no se hace, por falta de personal, medios y voluntad política, en Gobierno y autonomías (que gestionan el SEPE).

En resumen, debemos felicitarnos porque en España trabaje más gente que nunca, pero todavía tenemos poco empleo y demasiado paro, sobre todo concentrado en los mayores, las mujeres y los jóvenes, que siguen esperando una oportunidad. Esto debería ser una de las prioridades de esta Legislatura. Porque el empleo es la base de todo.

jueves, 11 de julio de 2024

España, un país de bares y restaurantes

En junio, casi la mitad del empleo nuevo se creó en la hostelería (+32.030 ocupados), gracias al dinamismo de bares y restaurantes, llenos cada día. España es el país de Europa con más bares y restaurantes, aunque hay menos bares que en 2010 pero muchos más restaurantes. Entre ambos, dan trabajo a 1,4 millones de personas. Todo apunta a que el sector irá a más, porque el 70% de los españoles come y bebe fuera de casa, cada vez más, a pesar de la fuerte subida de precios en la hostelería. La tendencia, tanto en bares como en restaurantes, es una mayor especialización y al auge de las cadenas y grandes empresas, que ya suponen un tercio de la facturación en restauración. Falta mejorar la formación del personal y la productividad del sector, aún baja. Y cada vez habrá más competencia, lo que provocará múltiples cierres y aperturas. Una “criba” drástica en la hostelería, propiciada por Internet y las redes sociales. Menor bares y restaurantes tradicionales y más locales "de diseño".

                      Enrique Ortega

España es un país con una arraigada tradición de frecuentar bares y restaurantes, que están por todas partes en pueblos y ciudades, algo que “choca mucho” (y atrae) a los turistas extranjeros que nos visitan. De hecho, España es el país del mundo con más bares y restaurantes, 1 por cada 209 habitantes, más del doble que en Francia (1 por 350 habitantes) o Reino Unido (1 por 500). Y también somos el país europeo que más gasta (en porcentaje) en bares, restaurantes y hoteles: el 11,3% del gasto por persona, el doble que la media europea (6%) y el triple que Alemania (4%), según las estadísticas de Eurostat.

El gasto de los españoles en bares y restaurantes cayó con la crisis de 2008 y empezó a recuperarse en 2015, hasta que volvió a caer en 2020 y 2021, por la pandemia. Pero ya se ha recuperado con creces, según la última Encuesta de Presupuestos Familiares (INE): el gasto en restaurantes y hoteles es la 4ª mayor partida de gasto familiar, 3.311 euros en 2023 (el 10,22% del gasto total), sólo por detrás del gasto en vivienda, luz y agua (se lleva el 31,8% del presupuesto familiar), en alimentación y bebidas (17,9% del gasto) y transporte (11,6% del gasto familiar). Si restamos el gasto en hoteles, el gasto familiar en bares y restaurantes fue de 2.804 euros en 2023, un 8,60% del gasto total, superando ya el gasto de 2019 (2.478,09 euros, el 8,19% del gasto total). Y el gasto por persona en bares y restaurantes es de 1.128 euros, el 8,6% del total (8,4% en 2019).

Los españoles tenemos muchos más bares y restaurantes que el resto de europeos y además los visitamos mucho más: acudimos a beber o comer fuera de casa una media de 175 veces al año (eran 186 veces en 2008), frente a 150 veces los franceses o alemanes y 258 veces los italianos, según datos de la consultora NPD Group. Pero, curiosamente, gastamos más que el resto de europeos en “beber y alternar” y menos en comer fuera de casa:  800 euros de media en restaurantes, por detrás de Italia (1.044 euros), Alemania (989 euros), Reino Unido (975 euros) y Francia (851 euros).

La recuperación de bares y restaurantes, tras el duro bache de la pandemia, ha venido de la mano de una mayor apuesta de los españoles (y europeos) por el turismo y el ocio, por salir y viajar más tras los confinamientos. Así, los datos de 2023 reflejan que han seguido creciendo en España los bares y restaurantes, un sector que aporta el 3,9% del valor añadido a la economía, que supone el 7% de las empresas y del empleo y que ingresa el 9% de toda la facturación en España del sector servicios, según un reciente informe de CaixaBank Research, que resume así el sector: 264.000 establecimientos, de los que dos tercios son bares y cafeterías (62%), casi un tercio (31%) son restaurantes y el 7% restante son servicios de catering, de comidas y bebidas para eventos y domicilios.

La pujanza de la restauración no puede ocultar la evolución interna en los últimos años, donde se ha reducido el número de bares y han aumentado mucho los restaurantes, según el estudio de CaixaBank Research. Así, en 2023 había en España 148.200 empresas de bares y cafeterías, frente a 202.699 bares y cafeterías en 2010 (-54.499 empresas, un 26,88% menos), lo que supone que han desaparecido 1 de cada 4 bares y cafeterías que había hace 13 años. Por el contrario, hay 69.410 restaurantes (2023), 10.406 más que en 2010 (había 58.950 restaurantes), lo que indica que casi 1 de cada 5 restaurantes actuales son nuevos, no existían hace 13 años. Y también ha aumentado “la tercera pata” del sector de la restauración, los servicios de catering: han pasado de unas 10.000 empresas en 2010 a 14.218 empresas en 2023, un crecimiento superior al 40%.

De estas 231.828 empresas de restauración en España (1 por cada 209 habitantes) la mayoría son propiedad de personas físicas  (el 63%, más que en el conjunto de la economía, donde son el 57%) y dominan las “microempresas”: el 91,5% de los bares, restaurantes y servicios de catering tienen menos de 9 empleados, según CaixaBank Research. Y las grandes empresas de restauración, con más de 250 empleados, suponen sólo el 0,05% del total, pero aportan el 17% del valor añadido del sector y mantienen el 21% del empleo total del sector. En los últimos años, hay una mayor concentración del sector, con menos empresas familiares y más grandes empresas, que copan nuevos bares y restaurantes.

El número de empresas de restauración (bares, restaurantes y servicios de catering) ha bajado desde 2013 (de 258.850 a 231.828), pero la facturación del sector ya se ha recuperado del bache de la pandemia: en 2023, facturaron 230.000 euros por empresa, un 11,11% más que en 2019 (207.000 millones), según el estudio de CaixaBank. Pero esta recuperación ha sido desigual. Los bares y cafeterías facturan 127.000 euros por empresa, +6% que en 2019. Y los restaurantes facturan más del triple, 436.000 euros por empresa (+18% que en 2019). La facturación por empresa ha crecido porque bajó el número de empresas y subieron los precios, sobre todo en 2022 y 2023. Y, sobre todo, por el récord de turistas: el 30% de locales de restauración dependen del turismo, tanto nacional como extranjero. Y el 10% de los ingresos de toda la restauración depende del turismo internacional, que bate récords año tras año.

La restauración en España no sólo factura más cada año (con menos bares y más restaurantes), sino que además ofrece un servicio con más calidad. Una forma de medirlo es el número de restaurantes con estrellas Michelín, que ha aumentado un 43%: de 190 que la tenían en 2019 a 272 en 2023, lo que nos coloca como el 4º país europeo con más restaurantes con estrella (tras Francia, con 636, Italia con 395) y Alemania, con 340 restaurantes premiados). Tienen 1 estrella 223 restaurantes españoles, dos estrellas otros 34  y 3 estrellas tienen 15 restaurantes, siendo España el 2º país europeo con más restaurantes con 3 estrellas Michelín, tras Francia (27 restaurantes).

El sector restauración es, con los hoteles y la información, el que más empleo ha creado en los últimos años. En el primer trimestre de 2024, los bares, restaurantes y catering empleaban a 1.380.968 trabajadores, +54.955 empleados más que antes de la pandemia y +357.712 ocupados en la restauración que en 2010 (+35%), según CaixaBank Research. Las regiones con más empleo en el sector son Andalucía (241.150 trabajadores), Cataluña (211.950), Madrid (172.900), Comunidad Valenciana (153.100), Canarias (98.850), Galicia (65.600), Baleares (58.575) y Castilla y León (53.675 ocupados en restauración).

Lo más destacado del empleo en restauración es que ahora es mucho menos precario, tras la reforma laboral aprobada en 2021. Así, el porcentaje de empleos temporales en la hostelería (incluye alojamiento y restauración) ha caído del 36,7% en 2019 al 7,7%, gracias al aumento espectacular de los contratos fijos discontinuos: los trabajadores de bares y restaurantes tienen un contrato fijo y trabajan unos meses al año, cobrando el paro el resto. Además, estos trabajadores están ahora mejor formados y un 27% se matriculan en cursos de FP Superior. Y destaca el creciente peso de los trabajadores extranjeros: son el 26,2% de los trabajadores de la restauración, más que en 2019 (23,3%) y el doble de los trabajadores extranjeros en la economía (11,1%), según CaixaBank Research.

El punto negro del sector restauración es su baja productividad (VAB por empleado) : su índice es 42 sobre 100, menos de la mitad que toda la economía (100) y la más baja del sector servicios (la hostelería tiene un índice 55 y el comercio 85). Los expertos señalan varias recetas para mejorar la productividad de bares y restaurantes: mejorar la formación de los trabajadores (habilidades técnicas, gestión del negocio y servicio al cliente), aumentar el tamaño de las empresas (las grandes suelen ser más productivas) y mejorar la innovación tecnológica del sector, con mejores sistemas de gestión de pedidos y reservas, la automatización en las cocinas o con nuevas herramientas de análisis de datos.

Los establecimientos de restauración están muy repartidos por todo el territorio, aunque se concentran más en las zonas turísticas y las más pobladas, pero también en la España rural, donde ejercen el papel de “vertebrar el territorio”. Tal es así que la España vaciada se identifica con la España sin bares: 1 de cada 5 municipios (el 18%) carece de un bar, aunque en ellos sólo vive el 0,30% de la población española. La media española está en 3,05 bares por 1.000 habitantes. Curiosamente, las provincias con más bares por 1.000 habitantes están en el interior: son León (3,5), Salamanca y Zamora (3,4), Palencia (3,3) Ávila y Burgos (3), seguidos de Baleares y Asturias (3), Orense (2,9) y Segovia (2,8 bares por cada 1.000 habitantes). Y los pueblos con más bares son Sallent de Gallego, en Huesca (15,7 bares por 1.000 habitantes), Comillas, en Cantabria (9,8) y Peñíscola, en Castellón (9,4).

Lo que alimenta el negocio de la restauración es la tendencia de los españoles a consumir más bebidas y comidas fuera de casa, por tradición y como forma de” socialización” y ocio. De todo el consumo de alimentación y bebidas en 2023, el 12,6% ya se hizo fuera de casa, un gasto de 34.941 millones, una media de 1.001 euros por persona al año (el 67% en comida y el 33% en bebida), según el Anuario del Ministerio de Agricultura 2023, que revela una ligera bajada de comidas y cenas y un aumento de los desayunos hechos fuera de casa. La tendencia a comer y cenar fuera está muy extendida, como revela que el 70% de españoles comieron o bebieron fuera de casa en 2023, para “socializar” y para “evadirse y disfrutar”, a pesar de la fuerte subida de precios: saltó del +1,2% en 2021 al +4,5% en 2022, del +6,7% en 2023 y el +4,8% en mayo de 2024, según el INE, aunque este verano subirán todavía más.

La tendencia de salir a bares y restaurantes está muy afianzada y crecerá. En mayo de 2024, un 50% de los consumidores comen en un restaurante al menos una vez por semana (+28% que hace un año), según Horeca. Y el 44% de las personas desayunan a media mañana en un bar o cafetería, porcentaje que sube hasta el 73% en el caso de los trabajadores . Y aunque un 46% de empleados lleva “la tartera” al trabajo, un 43% opta por comer en un bar o restaurante (+19% que hace un año). Y los fines de semana, el 74% de españoles toma el aperitivo, un 57% sale de cañas o copas por la tarde y un 55% por la noche. En los últimos meses, aumenta más el ocio diurno que nocturno, que casi la mitad prefiere salir a comer que a cenar y que se adelantan las horas de beber y comer fuera.

Otra tendencia, según el Observatorio de Marcas (KPMG),  es el auge de la comida para llevar y el ascenso de los restaurantes de comida rápida, con un peso creciente de las cadenas de bares y restaurantes: la “restauración de marca”, con 40 grandes empresas, ha conseguido ya un 30% de cuota de mercado en bares y, sobre todo, restaurantes. Y esperan seguir abriendo locales y creando nuevos empleos en 2024, empujados por el peso creciente del ocio y los récord del turismo nacional y extranjero. Respecto a los clientes, cada vez apuestan más por la digitalización (en reservas, cartas con códigos QR y valoraciones a posteriori) y la sostenibilidad, popularizándose los menús bajos en calorías, con productos de temporada y vegetarianos.

En definitiva, hay una fiebre por salir de casa y de la ciudad donde vivimos que alimenta el negocio de los bares y restaurantes, consolidando el sector en España. Un sector, la restauración, cada vez más profesionalizado y sofisticado, con fuertes inversiones y una oferta muy variada, que pretende no sólo ofrecer comida y bebida sino “una experiencia”, con locales de moda y cartas cada vez más diversificadas (y más caras), con la ayuda de Internet y las redes sociales. Y con un auge de la comida a domicilio, que busca convertir nuestras casas en restaurantes a la carta . Nada que ver con los bares y restaurantes “de siempre”, cada vez más difíciles de encontrar (y muchos, sin “relevo generacional”). Mientras seamos un país al que le gusta vivir en la calle, ir a las terrazas y comer fuera, los bares y restaurantes seguirán creciendo, al amparo del “boom turístico”. El problema es que la oferta será cada vez menos propia, menos “typical spanish” y más internacional, más “industrializada”. Es lo que viene.

lunes, 5 de febrero de 2024

Inmigrantes logran la mitad del empleo nuevo

 

De cada 10 nuevos empleos creados en 2023, sólo 4 han ido a españoles: los 6 restantes han sido para extranjeros (4,26) y residentes con doble nacionalidad (1,74). Lo mismo ha pasado con los 1.280.000 empleos creados en España desde 2019: sólo 465.700 (el 31,3%) han sido para nacidos en España. Los extranjeros están copando muchos nuevos empleos en sectores con trabajados duros y bajos sueldos, que no quieren muchos españoles: hostelería (40% afiliados SS son extranjeros), el campo (35%), la construcción, cuidados a mayores o inmobiliarias (25%) y empleadas de hogar (45% afiliadas son extranjeras). Con la caída de la población nacida en España, los inmigrantes crecen cada año y ya suponen el 14,2% de los ocupados, cuando eran el 1,3% en 1986. No deberíamos rechazarlos, porque están contribuyendo al mayor crecimiento y a salvar las cotizaciones (pensiones), la recaudación y el consumo. Pero hay que organizar su llegada, para frenar la inmigración ilegal, buscando la mano de obra formada que falta en muchos sectores.

                Enrique Ortega

La llegada de extranjeros ha cambiado visiblemente el mapa de la población española en este siglo. Baste un dato: si en 2002 había censados en España 1.737.972 extranjeros (el 4,32% de la población), en octubre de 2023 el censo recogía ya 6.373.463 residentes extranjeros (el 13,15%), casi 1 de cada 7 españoles, según el INE. La llegada de extranjeros se concentró en los años 90 del siglo pasado y sobre todo hasta 2008, con el “boom” del ladrillo y el turismo, para frenarse después con la crisis financiera (hubo inmigrantes que se fueron entre 2009 y 2014). Y los extranjeros han vuelto a España tras la pandemia, sobre todo en 2022 (+580.000 censados) y 2023 (+283.843 hasta octubre).

Lo más llamativo es que la población residente en España habría caído en esta década de no ser por la llegada de inmigrantes, ya que desde 2012 hay menos nacimientos que defunciones y los inmigrantes tienen el doble de tasa de natalidad y son más jóvenes que los españoles nacidos aquí (37 años de edad media frente a 45 años). Así, en 2023 superamos la cifra de 48 millones de españoles (48.446.594 habitantes censados el 1 de octubre), que son un millón largo más (+1.127.644 habitantes) de la población que teníamos antes de la pandemia (47.318.950 habitantes el 1 de enero de 2020).

 Pero ojo: en estos casi 4 años, la población nacida en España se ha reducido en -426.677 habitantes (de 40.303.297 a 39.876.640 censados). Y si hemos ganado población como país ha sido porque han aumentado los habitantes nacidos fuera, +1.555.201 censados más (de 7.014.763 habitantes nacidos en el extranjero en enero de 2020 a 8.569.954 ahora). Y con ello, los residentes en España nacidos fuera han pasado de ser el 5,69% de la población en 2002 al 17,68% en 2023. Y pronto serán 1 de cada 5 censados.

Este aluvión creciente de extranjeros, hacia España y hacia el resto de Europa, pelea cada día por conseguir un empleo. Y en los últimos años, después de la pandemia, copan una gran parte de los nuevos empleos que se han creado en España. El dato más llamativo es el de 2023, según la EPA recién publicada: de los 783.000 nuevos empleos creados, más de la mitad han sido para extranjeros (333.700, el 42,6% del total) y para personas con doble nacionalidad (+136.200, el 17,4% del total), destinándose sólo 313.100 de los nuevos empleos a españoles (el 40% del empleo creado). Un reparto similar también se dio en el empleo creado en 2022 (+279.000 empleos totales) y 2021 (+840.600 empleos tras la debacle de 2020, por la pandemia). Y, en consecuencia, de los 1.280.000 empleos netos creados en España respecto a antes de la pandemia (diciembre 2019), la mayoría han sido para trabajadores nacidos en el extranjero (553.000 empleos, el 43,2% del total) y los que tienen doble nacionalidad (261.300 empleos, el 20,4%), copando los españoles menos de un tercio del nuevo empleo creado estos 4 años (465.700, el 31,2%), según la EPA.

A finales de 2023, trabajaban en España 3.022.300 trabajadores extranjeros, el 14,13% del total de ocupados, 1 de cada 7 trabajadores con empleo (21.246.900 ocupados), según la EPA, además de 974.200 trabajadores con doble nacionalidad, frente a 17.250.400 trabajadores españoles. Tomando sólo los trabajadores extranjeros (esos 3 millones), hay más hombres (1.601.900) que mujeres (1.420.300, aunque son ellas las que han crecido más desde 2019). La mayoría de estos trabajadores extranjeros proceden de Latinoamérica (1.187.400 trabajadores, +440.000 que en 2019), seguidos de lejos por los trabajadores extranjeros de la UE (880.800, +71.700 que en 2019), los 241.300 trabajadores europeos de fuera de la UE (+44.400 que en 2019) y otros 712.000 trabajadores nacidos en el resto del mundo (+104.200 ocupados que en 2019).

La mayoría de estos 3 millones de trabajadores extranjeros llevan en España 7 años o más (1.970.300) y si les sumamos los que llevan de 4 a 6 años (otros 554.300), podemos concluir que dos de cada tres inmigrantes que trabajan en España llegaron antes de la pandemia. Y sólo 231.500 llevan trabajando aquí 1 año o menos, según la EPA. Los trabajadores extranjeros se concentran en Cataluña (689.900 a finales de 2023, el 18,3% de los trabajadores), Madrid (587.900, el 16,8% del total), Comunidad Valenciana (385.700, el 16,7%) y Andalucía (351.100 trabajadores extranjeros, el 18,3% del total), aunque su peso destaca más en Baleares (138.800 trabajadores extranjeros, pero suponen el 26,4% del empleo), también en Canarias (138.800 extranjeros, el 18,4%) y Murcia (104.800, el 15,3% de la mano de obra).

Para saber dónde trabajan los extranjeros hay que ir a los datos de afiliación a la Seguridad Social: 2.712.113 trabajadores extranjeros cotizaban a la SS en diciembre de 2023, menos de los 3.022.300 que reconocían estar trabajando según la EPA. Esa cifra de cotizantes extranjeros supera en +549.714 cotizantes a la de diciembre de 2019 (2.162.399 cotizantes extranjeros), lo que refleja un aumento del +25,42% en cuatro años, más del triple del aumento del conjunto de cotizantes a la SS desde 2019 (+1.422.751 cotizantes, +7,3%). A lo claro: los ingresos de la SS (y nuestras pensiones) se han salvado por los inmigrantes. Sólo en 2023, casi un 40% de los nuevos cotizantes fueron extranjeros (+211.436 de un aumento de +549.714 cotizantes), según Trabajo.

La mayoría de los cotizantes extranjeros (2.668.766 afiliados medios en 2023) son hombres (1.495.935), aunque han crecido más las cotizantes mujeres (son 1.172.806). Y destacan los trabajadores extranjeros de mediana edad (1.464.971 cotizantes tienen entre 35 y 54 años), aunque crecen los más jóvenes (900.310 trabajadores extranjeros tienen menos de 35 años), según Trabajo. Los paises de origen son básicamente Latinoamérica (1,1 millones) y Europa (853.188 extranjeros proceden de la UE), destacando por nacionalidades los trabajadores rumanos (328.545 cotizantes) y marroquíes (319.433), a los que siguen de lejos italianos (174.664), colombianos (174,583), venezolanos (148.324), chinos (115.952), peruanos (70.708), ecuatorianos (69.815) y ucranianos (65.694).

La mayoría de los trabajadores extranjeros cotizan en el régimen general de la SS (1.834.654), pero hay un número muy importante cotizando en el régimen especial agrario (229.420 cotizantes, 97.205 de Marruecos y 40.260 de Rumanía), como empleadas de hogar (168,773 cotizantes, 23.073 rumanas, 14.139 colombianas, 21.423 hondureñas, 12.431 paraguayas, 3.987 ecuatorianas y 2089 dominicanas) y como trabajadores del mar (4.022  cotizantes, 867 senegaleses, 712 indonesios y 508 marroquíes), además de 428.989 que cotizan como autónomos no del campo (63.967 chinos, 46.772 rumanos, 38.330 italianos, 27.004 marroquíes, 26.005 británicos y 18.711 venezolanos).

Los trabajadores extranjeros se concentran en unos pocos sectores: la hostelería (ahí trabajan el 20,5% del total de inmigrantes), el comercio (otro 16,8%) y la construcción (11,2% del total) aglutinan casi la mitad de los extranjeros que trabajan en España), siendo muy baja su presencia en la industria (8,1% de todos los inmigrantes), el transporte (6,3% de ellos), las actividades profesionales (5% del total de extranjeros) y la educación (5%) y la sanidad (5%).  Esto ha llevado a que los inmigrantes tengan un gran peso en algunos sectores: son casi el 40% de los trabajadores de la hostelería, el 35% de los trabajadores del campo y la pesca, el 30% en la construcción, un 25% en servicios (como los cuidados a mayores), otro 25% en inmobiliarias. Y un 45% de las empleadas del hogar.

¿Por qué los extranjeros consiguen más empleos? Muchos expertos coinciden en que buscan trabajo en sectores y empleos más duros, con peores condiciones de trabajo y bajos sueldos, que no quieren los españoles, como el campo, la hostelería, las empleadas del hogar, los cuidados a mayores y las residencias, el comercio y el transporte y la logística. Trabajos con horarios muy amplios, contratos precarios y unos sueldos menores, como en la hostelería (los más bajos: 14.632 euros brutos, frente a 25.896 de media) y el comercio. De hecho, los inmigrantes ganan de media un 36% menos que los trabajadores españoles (especialmente las mujeres), según la Agencia Tributaria. Y para los que insisten en que “los inmigrantes nos roban trabajo”, es falso: 4 de cada 10 se incorporan a ocupaciones elementales y mal remuneradas, con un salario medio que es un 56% del que reciben los españoles, según un informe del Defensor del Pueblo.

Además, el trabajo de los inmigrantes aporta diversas ayudas claves a la economía española. Por un lado, es uno de los motores del fuerte crecimiento en los últimos años, tras la pandemia, al proporcionar una mano de obra abundante (y barata) a sectores que han sido claves, como el turismo, el comercio, el campo, la construcción y muchos servicios. Eso ha permitido mejorar los ingresos por cotizaciones de la SS y asegurar las pensiones, aumentando la recaudación de impuestos. Y su gasto ha mantenido el consumo y la actividad, tirando del empleo. Para los que piensan que también los emigrantes se llevan una gran parte de los gastos sociales, desde la sanidad a la educación o las ayudas públicas, muchos estudios revelan que aportan más de lo que reciben.

Pero la principal aportación de los inmigrantes es que están salvando la demografía, al compensar con su llegada (y sus hijos) la caída de la población española, lo que permite contar con la mano de obra y los ingresos y cotizaciones que necesitamos. Y los inmigrantes “nos van a salvar aún más en el futuro”, según las preocupantes proyecciones de población del INE. Así, los nacidos en España van a caer de 40.229.931 personas en 2020 a 37.108.939 españoles en 2050 y a 33.794.071 en 2070. Una caída de “españoles” de -6,5 millones sobre 2020, que el INE espera que se compense con los inmigrantes: su previsión es que los extranjeros residentes pasen de 7.471.460 en 2020 a 12.801.174 en 2050 (+5,8 millones) y 16.795.740 extranjeros censados en 2070 (+9,8 millones).

Con este “panorama demográfico”, España (y Europa) necesitarán a los inmigrantes en las próximas décadas para mantener sus economías. Lo ha dicho claramente la ONU: Europa necesita abrir sus puertas a 60,8 millones de trabajadores extranjeros para 2050. Y en el caso de España, necesitamos 7 millones de inmigrantes más entre 2020 y 2050 (más de los 5,8 millones que espera el INE), según el Centro de Desarrollo Global de Washington. De hecho, el problema de falta de trabajadores se está dando ya en varios sectores, tras la pandemia, según alertan los empresarios del turismo y la hostelería, el campo o la construcción, el transporte y la logística (sectores con muchos inmigrantes), así como en el sector tecnológico y digital más las energías alternativas.

Cara al futuro, hay que “canalizar” la llegada de trabajadores extranjeros, organizando y planificando sus llegadas de forma legal y ordenada. Es lo que intentó hacer el Gobierno Sánchez en julio de 2022, al reformar el Reglamento de Extranjería, para facilitar la contratación de inmigrantes en sus paises de origen y a la vez regularizar parte de los inmigrantes irregulares que ya están en España (más de 500.000), facilitando su formación en los empleos donde falta mano de obra. Así, en 2022 se concedieron 16.100 permisos de trabajo en origen para extranjeros (hasta 9 meses al año, que se renuevan si vuelven a sus paises de origen). En 2023, el ministro Escrivá pretendió avanzar por este doble camino, apoyado por los empresarios: contratar temporalmente fuera y formar a los inmigrantes que ya están dentro. Pero chocó con la oposición de la ministra de Trabajo y los sindicatos y no se aprobó ninguna reforma por la anticipación electoral. Ahora, su sucesora, la ministra Elma Saiz ha anunciado una reforma de la contratación de extranjeros, en el primer trimestre de 2024, para “simplificar trámites y mejorar la protección de los inmigrantes”.

Mientras la reforma llega, hay un gran debate que no se afronta, ni en España ni en Europa: como planificamos la incorporación futura de inmigrantes, qué tipo de empleos necesitamos cubrir y cómo los buscamos de forma ordenada y legal. Hace falta un Pacto político sobre inmigración, que hurte el tema a la extrema derecha y nos ayude a preparar el futuro económico y social, para el que necesitamos a los inmigrantes, que ya han sido claves estos años: el 30% de todo lo que ha crecido España en los últimos 20 años ha sido gracias a los inmigrantes, según este informe del Defensor del Pueblo. Los inmigrantes no nos “roban” el trabajo, nos ayudan a construir el presente y el futuro.

jueves, 21 de abril de 2022

Faltan inmigrantes

El Banco de España ha dado la alarma: faltan trabajadores en el campo, la construcción y la hostelería, básicamente porque han llegado menos inmigrantes tras dos años de pandemia. El problema se da también en Alemania, Italia, Irlanda o Reino Unido. Pero no es una situación coyuntural: el problema de fondo es que la población europea no crece y en España cayó en la primera mitad de 2021, con lo que los inmigrantes son cada vez más necesarios para mantener la economía, los ingresos públicos y el Estado del Bienestar. De hecho, la ONU estima que Europa tendrá un déficit de 60 millones de trabajadores en 2050 y España necesitará 7 millones de inmigrantes, aunque la estimación del INE es que sólo vendrán 5,8 millones. En definitiva: necesitamos inmigrantes, ahora y en las próximas décadas, porque nacen pocos jóvenes y hay cada vez más viejos. Urge un Pacto europeo y español para regular la necesaria llegada de inmigrantes: no nos “roban” el trabajo, salvan nuestro futuro.

Enrique Ortega

Europa tiene un grave problema de población del que se habla poco: hay cada vez menos nacimientos, menos niños y jóvenes menores de 19 años (20%) y más viejos (21% europeos tienen más de 65 años), con lo que la población apenas crece y lleva estancada dos décadas. Si había 429 millones de europeos en 2001, crecieron hasta 440 millones en 2008 y éramos 447 millones a finales de 2020 : sólo un 4% de aumento en 20 años. Pero además, 2020 fue el primer año en que cayó la población europea, en -312.000 habitantes, según los últimos datos de la Comisión Europea. Y eso, porque se redujo la población en 10 paises, sobre todo Italia (-384.000), Rumanía (-143.000) y Polonia (-118.000), aunque creció en otros 17, sobre todo en Francia (+119.000 habitantes).

En España, la población aumentó en 2020 (+66.081 habitantes), según el INE, pero ha caído en 2021, en el primer semestre: había censados 47.326.687 habitantes, -72.007 habitantes que a finales de 2020, debido a la caída de población en 13 de las 17 autonomías. Una caída que se explica por el aumento de la mortalidad y la caída de natalidad por el COVID pero, sobre todo, por la menor llegada de inmigrantes (el censo de extranjeros bajó -42.364 personas, de los -72.007 en que bajó el censo). Y no es la primera vez que baja la población en España: ya pasó en 2012 (-90.326 habitantes), 2013 (-215.691), 2014 (-62.634) y 2015 (-9.466 habitantes), según los datos del INE, debido a que la anterior crisis económica provocó una salida de inmigrantes a sus paises de origen y menores llegadas.

Ahora, la previsión de la Comisión Europea es que la población europea se estanque en las próximas dos décadas, manteniéndose en 449 millones entre 2025 y 2030, para decrecer después, hasta los 440 millones de europeos en 2050 y llegar al año 2070 con 424 millones de europeos (-5,1% sobre hoy). Y habrá 20 paises europeos que perderán población entre 2020 y 2050, según un estudio de Finantial Times, encabezados por Italia (de 60,5 a 54,4 millones), Rumanía (de 19,2 a 16,3), Polonia (de 37,8 a 33,3), Bulgaria (de 6,9 a 5,4), Hungría (de 9,7 a 8,5), Portugal (de 10,2 a 9,1) y Grecia (de 10,4 a 9 millones de habitantes).

España no va a perder población en las próximas décadas, pero crecerá muy poco, según las últimas proyecciones del INE, para el periodo 2020-2070: pasará de 47.326.958 habitantes el 1 de enero de 2021 a 47.749.007 en enero de 2030, 49.910.653 habitantes a principios de 2050 y 50.589.811 habitantes el 1 de enero de 2070. O sea, un aumento de población de 2,5 millones en los próximos 20 años y 3,25 millones en los próximos 50 años. Un aumento mínimo, si tenemos en cuenta que en los 50 años anteriores (1970-2020), la población española creció cuatro veces más, en 13,51 millones (de 33,81 millones de habitantes en 1970 a los 47,32 millones en 2020).

Pero este aumento previsto para la población española en 2050 y 2070 es “engañoso”, porque “encubre” una realidad: la población de los nacidos en España cae y el censo sube solamente por el aumento de los inmigrantes, según las proyecciones del INE. Así, los nacidos en España pasarán de 40.229.931 en 2020 a 37.108.939 españoles en 2050 (-3,22 millones) y 33.794.071 españoles en 2070 (-6,5 millones sobre 2020), debido a que la mortalidad ganará a la natalidad, a la falta de nacimientos (1,23 hijos por mujer, cuando para que aumente la población harían falta 2,1 hijos por mujer). Y quien nos “salvará de no perder población total serán los extranjeros, los inmigrantes que llegarán a España: los extranjeros residentes pasarán de 7.471.460 en 2020 a 12.801.714 en 2050 (+5,8 millones) y 16.795.740 inmigrantes censados en 2070 (9,8 millones más que hoy), según el INE.

Con este “panorama demográfico”, España y Europa necesitarán a los inmigrantes en las próximas décadas para mantener sus economías. Lo ha dicho claramente la ONU: Europa necesita abrir sus puertas a 60,8 millones de trabajadores extranjeros para 2050. Una cifra que el centro especializado Wittgenstein eleva a 72,7 millones de inmigrantes. Y en el caso de España, necesita 7 millones más de inmigrantes entre 2020 y 2050, según la estimación del Centro de Desarrollo Global de Washington. Así que si el INE estima que vendrán 5,8 millones, todavía tendríamos un déficit de 1,2 millones de inmigrantes para dentro de tres décadas. Estos estudios son concluyentes: no bastará con aumentar la edad de jubilación, incorporar más mujeres al trabajo, aumentar la natalidad o robotizar y automatizar los empleos. Seguirá faltando mano de obra si no entran más inmigrantes.

De hecho, el problema se está dando ya, agravado por la menor entrada de inmigrantes (y las mayores salidas) en 2020 y 2021, por la COVID. Así, las migraciones internacionales hacia los 38 paises de la OCDE se redujeron un 30% en 2020, alcanzado los niveles más bajos de llegadas desde 2003. En el caso de España, las entradas netas de inmigrantes (entradas menos salidas) han caído en picado: de 446.000 en 2019 bajaron a 232.000 en 2020 y se han desplomado en 2021, con un saldo negativo en el primer semestre: salieron 366 inmigrantes más de los que entraron, según el INE.

La consecuencia es que faltan trabajadores en algunos sectores, por la menor entrada de inmigrantes, según ha alertado el Banco de España, utilizando la Encuesta que hizo a las empresas a finales de 2021. Hay todavía menos oferta de mano de obra extranjera que antes de la pandemia (mientras ha aumentado la oferta de trabajadores españoles) y esto provoca escasez de trabajadores en los sectores con mayor porcentaje  de extranjeros: faltan trabajadores en el campo y la construcción (lo reportan el 40% de las empresas) y también en la hostelería (lo indican el 36% de las empresas encuestadas). Y el problema preocupa especialmente a los empresarios de la construcción en los próximos meses, porque el sector va a acaparar el 35% de todos los Fondos Europeos y esta inversión peligra si falta mano de obra (el 20% del trabajo lo hacen extranjeros).

El problema de la falta de trabajadores, por la menor llegada de inmigrantes, se da también en el resto de Europa. En Alemania, faltan trabajadores para conducir trenes, tranvías y camiones, en Irlanda falta mano de obra en la construcción y en Italia y Reino Unido faltan temporeros para recoger las cosechas. Sin embargo, la Unión Europea no tiene una política común de inmigración y cada país va a su aire, abriendo más o menos la mano según sus necesidades. Pero los expertos en demografía insisten: no hay futuro para Europa sin inmigrantes. Y antes o después, tendrá que abrirse, sobre todo a África, un continente cuya población se va a triplicar en los próximos 80 años (de 1.372 millones a 4.400) y donde el 60% de sus habitantes tiene menos de 25 años (el 80% en paro). Además, en unos años, Europa tendrá que “competir” por atraer inmigrantes con otras regiones que también los van a necesitar, como EEUU, Canadá, Japón, Corea del sur y las monarquías del Golfo.

Actualmente, la inmigración es una cuestión muy polémica en toda Europa y está siendo aprovechada por los líderes populistas y de extrema derecha para frenar su presencia, que no es excesiva, según las cifras (y escasa, según las necesidades económicas).Así, al 1 de enero de 2021 había 23,7 millones de extranjeros de terceros paises (no UE) en Europa (legalmente), sólo un 5,3% de toda la población europea, según Eurostat. Y de ellos, el 72% se concentra en 4 grandes paises: Alemania (6.112.300 extranjeros no UE, el 7,4% de su población total), Italia (3.764.800, el 6,4% de su población), Francia (3.735.200 ciudadanos de terceros paises, el 5,5%) y España (3.633.100 extranjeros no UE, el 7,7% de la población), donde destacan los inmigrantes de Marruecos (829.000), Colombia (541.000), Ecuador (420.000), Venezuela (415.300) y Colombia (297.700), según Eurostat.

En las próximas décadas, estas cifras de inmigrantes en Europa van a aumentar, debido a la fuerte presión demográfica de África y Latinoamérica, aunque bajará la presión de los inmigrantes de la Europa del Este (por su envejecimiento), según un estudio de FEDEA. Esta presión migratoria explica el 40% de la inmigración, otro 26% se explica por la atracción que ejercen los inmigrantes que ya están aquí y sólo un 9% de la inmigración viene por la situación económica de España, según este estudio, que prevé la llegada a España de 5,2 millones de nuevos inmigrantes para 2050: 2 millones de Latinoamérica (sobre todo de Perú, Colombia y Venezuela, los paises con más jóvenes), 2 millones del norte de África y Oriente Próximo y 1 millón largo del resto del mundo.

Ahora que sabemos que necesitamos estos inmigrantes y más (hasta 7 millones para 2050), y que empezamos a sufrir su falta en el campo, la construcción y el turismo, urge regular este flujo de inmigrantes, para que lleguen de forma ordenada y no a golpe de cayucos y saltos de valla en Ceuta y Melilla. En diciembre pasado, el Gobierno aprobó una Orden para flexibilizar este año 2022 la contratación de extranjeros en origen, con dos novedades: ahora se pueden hacer contratos por 12 meses (antes eran por 9) y para todos los sectores económicos (no sólo para tareas agrícolas), una manera de cubrir los déficits de trabajadores señalados por el Banco de España. La medida está favoreciendo la contratación temporal de inmigrantes magrebíes y latinoamericanos (se han firmado acuerdos, por ejemplo, con Honduras, para traer trabajadores a las campañas agrícolas), que han de regresar después a sus paises.

Es una medida coyuntural, para cubrir necesidades extras de mano de obra, pero sigue faltando una política estable de inmigración, pactada entre los principales partidos para que no cambie cada 4 años (las necesidades de inmigrantes deben programarse a medio plazo). Y aquí, España deja mucho que desear, porque los Gobiernos se dedican más a “tapar agujeros” (los “boquetes por los que entran los inmigrantes ilegales: 41.945 en 2021, según Interior) que a regularizar la situación de los inmigrantes que están aquí y los que llegan pidiendo asilo: hay 104.000 solicitudes pendientes y en 2021 se concedieron el 10,5% de las solicitudes presentadas, frente al 35% de media concedidas por la UE-27, según CEAR.

Resulta clave un Pacto político sobre la política migratoria, en España y en Europa, con la vista puesta en esos 60 o 70 millones de inmigrantes que se necesitan para 2050. Y para ello, es clave informar a la opinión pública y deshacer falsos mitos, los que utiliza la extrema derecha xenófoba en Europa. Como que los inmigrantes “nos roban el trabajo”: es falso, porque 4 de cada 10 se incorporan a ocupaciones elementales y mal remuneradas (su salario medio es un 56% del que reciben los españoles, según un informe del Defensor del Pueblo), trabajos que no quieren los españoles (como recoger fruta o cavar zanjas). Y además, aportan más de lo que reciben: los 2 millones de trabajadores extranjeros pagan el 10% de las cotizaciones a la SS y sólo reciben el 0,9% del gasto en pensiones, según un estudio de UGT. Además, otros estudios revelan que pagan más en impuestos y cotizaciones que lo que reciben en prestaciones sociales y ayudas. Y con su consumo, contribuyen al mayor crecimiento y a crear otros empleos de españoles. Acabo con un dato más: el 30% de todo lo que ha crecido España en los últimos 20 años ha sido gracias a los inmigrantes.

Estamos en una situación preocupante, agobiados por la guerra y los precios, pero no podemos olvidar los 3 grandes problemas de fondo, que estaban ahí antes de la pandemia y estarán después de la guerra de Ucrania, los grandes retos del siglo XXI: el Cambio climático, la revolución tecnológica y digital y el problema demográfico. Vivimos en un continente donde baja y envejece la población de forma imparable, por lo que si no queremos incurrir en un “suicidio demográfico”, tenemos que tomar medidas en 2 frentes: fomentar la natalidad y atraer inmigrantes de forma ordenada y regular. Dos políticas que exigen acuerdos, valentía política y tiempo para dar frutos. Otra asignatura pendiente que debemos aprobar.