lunes, 14 de septiembre de 2026

La inflación se come los salarios

El verano ha dejado una inflación récord, el 4,3% en agosto, la mayor subida anual desde hace tres años y medio. La culpa la tiene la guerra en Oriente Medio, que ha disparado el petróleo y los carburantes, subiendo también el gas, lo que ha encarecido la luz. Y todo apunta a que los precios seguirán altos hasta fin de año, salvo que se resuelva el conflicto con Irán, lo que provocó el jueves una 2ª subida de tipos del BCE, al 2,5%, que podría aprobar otras 2 subidas más este año, encareciendo las hipotecas. Mientras, los salarios de convenio suben sólo un 3,04%, con lo que los trabajadores pierden poder adquisitivo, como ha pasado en los últimos 6 años. Ahora, la patronal tiene paralizadas las conversaciones para negociar los salarios de 2026 a 2028, mientras los sindicatos piden subidas del 4% anual, argumentando el estancamiento de los salarios mientras suben los márgenes empresariales. Con los salarios bajos y la inflación subiendo, peligra el consumo y el crecimiento.

                          La subida de carburantes ha provocado un tercio de la subida del IPC

El verano ha disparado la inflación, del 3,2% que estaba en abril, mayo y junio al 3,6% en julio y el 4,3% en agosto, la inflación anual más alta en España desde febrero de 2023 (6%), un año después de la invasión de Ucrania. Ahora, la guerra en Oriente Medio (iniciada el 28 de febrero de 2026) ha disparado los precios de la energía y la inflación en todo el mundo y en Europa, aunque ha subido más en España: del 2,3% en febrero al 4,3% en agosto, mientras en la zona euro subió la inflación al 3,3% en agosto, con subidas menores en Francia (+2,4%) y Alemania (2,9%), equiparándose en Italia (+3,3% inflación en agosto).

Un tercio de la actual subida de precios lo explica la subida de los carburantes, sobre todo el gasóleo, por la subida del petróleo: pasó de costar 70,75 dólares barril el 26 de febrero a un máximo de 118,35 dólares el 31 de marzo (+67,22%), para volver a bajar por debajo de los 100 dólares en la mayor parte de abril, mayo, junio, julio y agosto (entre 85 y 95 dólares en verano), para volver a superar los 100 dólares en septiembre (ver evolución), ante la reanudación de los ataques (costaba 104,65 dólares/barril el viernes). Esta subida del crudo ha disparado el precio de los carburantes, más el gasóleo (ha subido un +24% desde el inicio del verano) que la gasolina (+20% de subida este verano), debido a la falta de refino de gasóleo en las refinerías europeas (salvo en España), que han disparado las importaciones, en unos meses donde se han frenado las exportaciones de gasóleo de Rusia y China, los dos grandes refinadores mundiales.

En España, el gasóleo ha llegado a superar los 2 euros/litro y la gasolina los 1,85 euros/litro, a pesar de las ayudas aprobadas por el Gobierno en marzo, que rebajó el IVA del 21 al 10% hasta el 30 de junio. En julio, el IVA volvió al 21%, pero se aprobó un descuento de 15 céntimos por litro, que se redujo a 10 céntimos por litro en agosto y volvió a bajar a 5 céntimos para la gasolina en septiembre pero subió de 10 a 20 céntimos para el gasóleo. A pesar de estas ayudas, la subida de los carburantes este verano explica al menos un tercio de la actual inflación, según un estudio de CCOO, y ha permitido a las petroleras españolas aumentar un 28% su margen sobre ventas, disparando sus beneficios (2.221 millones en el primer semestre Repsol y 641 millones Moeve, mucho más que en todo 2025).

Otro culpable de la subida de precios de este verano es la factura de la luz. Hasta junio, tuvimos un cierto alivio en el recibo, gracias al efecto de las medidas tomadas por el Gobierno en marzo: rebaja del IVA del 21 al 10%, bajada del impuesto especial a la electricidad del 5,11% al 0,5% y suspensión temporal del impuesto sobre la producción eléctrica (7%). Pero desde el 1 de junio, los impuestos volvieron a su porcentaje anterior, aunque un real decreto aprobado a finales de junio introdujo una eliminación progresiva del impuesto sobre la producción eléctrica (desde 2026 a 2028). Sin ayudas, el coste de la electricidad en el mercado mayorista subió de 69,59 euros/MWh en junio a 104,75 en julio y 118,25 euros/MWh en agosto. Y aunque se produjo mucha electricidad con energía renovable (el 55,36% entre junio y agosto), hubo que echar mano de las centrales de gas natural, para atender los picos de demanda y el enorme consumo de aire acondicionado. Y el gas natural ha disparado también su precio con la guerra en Oriente Medio: de costar 44,50 euros en marzo a 59 euros a finales de julio, 69,80 euros en agosto y 81,50 euros el viernes (ver evolución precios).

Al final, los 8,3 millones de consumidores que tienen la tarifa regulada (vinculada a la evolución diaria de los precios mayoristas) han visto subir su recibo este verano: de 66,63 euros de media en junio a 85,68 euros en julio y 88,81 euros en el recibo de agosto. Y los 22,2 millones de consumidores que tienen contratada la luz en el mercado “libre” sufrirán esta subida cuando les toque revisar su tarifa (semestral o anualmente). Y todo apunta a que unos y otros verán subir más los recibos en otoño e invierno (cuando aumentará la demanda, por las calefacciones), dado que el conflicto de Irán mantiene unos altos precios del gas natural para las centrales térmicas, está subiendo el impuesto al CO2 (que las eléctricas repercuten) y seguimos pagando más “costes del sistema” para evitar apagones.

Ahora, el temor es que las subidas del petróleo y el gas, trasladadas a los carburantes y la electricidad, acaben contagiando al resto de la economía, sobre todo al transporte y a los alimentos, lo que mantendría una alta inflación en lo que queda de año. Además, la mala climatología de esta primavera (lluvias y granizos) y el calor desmesurado del verano van a repercutir en las cosechas y antes o después en los alimentos, sobre todo en la subida de frutas, verduras, huevos, carnes y pescados, en el precio de los alimentos frescos, que ya se dispararon en agosto (+4,5%), por el mayor consumo del turismo. El temor es que ahora, en otoño e invierno, los supermercados y comercios suban sus precios y sea difícil bajar la inflación del 4%. De momento, el Banco de España estima una inflación del 3,6% para todo el año 2026, tras cerrase 2025 con una inflación del 2,9%.

El Banco Central Europeo (BCE) también teme que la inflación europea (3,3% en la zona euro, muy por encima del objetivo del 2%) no amaine en lo que queda de año y contempla tres escenarios. Uno muy malo, con el petróleo y el gas en 130 dólares, que llevaría la inflación al 5,8% a fin de año y a la economía europea a la recesión. Otro muy optimista, con el petróleo en torno a los 70 dólares y el gas en menos de 50 euros, que dejaría la inflación europea en el 3,4%. Y uno intermedio, con el petróleo en 99,2 dólares/barril y el gas en 77,1 euros, que dejaría la inflación europea en el 4% y permitiría sólo un bajo crecimiento europeo (+0,2%). Para intentar frenar la inflación, el BCE subió por 2ª vez los tipos el jueves (la 1ª fue en junio, por primera vez en 3 años), un +0,25%, hasta el 2,50%.

La subida del BCE es otro error de los fundamentalistas de Frankfort y difícilmente bajará la inflación, que sube por la energía y la guerra en Irán. Pero lo que sí hará es encarecer las hipotecas: el Euribor ya supera el 3%, lo que sufrirán los 4 millones de españoles hipotecados, que pagarán más en su próxima revisión. Y frenará el crecimiento europeo, ya débil.

Pero lo peor es que la inflación ha subido mucho y seguirá alta mientras los sueldos de los trabajadores apenas suben: hasta agosto, la subida de los convenios con vigencia para este año ha sido del +3,04%, según Trabajo, por debajo de la inflación anual en agosto, el +4,3%. Incluso los salarios crecen por debajo de la inflación media de enero a agosto,+3,19%. Y esta es la subida para los 8,8 millones de trabajadores que tienen un convenio firmado, ya que la mayoría de los asalariados (hay 19,58 millones) no tienen convenio firmado y muchos han tenido subidas de sueldo inferiores a ese 3,04%.

Así que todos los trabajadores están perdiendo este año poder adquisitivo (un -1,2% de momento), situación que se ha repetido en España en los últimos 6 años. Los datos son claros. La subida salarial de los convenios ha sido de +16,65% entre el año 2.020 y el 2025, según Trabajo, mientras la inflación ha subido un +23,5% entre 2020 y 2025, según el INE.  Eso supone una pérdida de poder adquisitivo del -6,85% en estos últimos 6 años. Y muchos trabajadores sin convenio (sólo lo firman unos 11 millones de media de los 19,5 millones de asalariados) han tenido incluso subidas salariales menores, con lo que han perdido todavía más. La pérdida de poder adquisitivo se concentró sobre todo en 2021 (+3,1% de inflación media y +1,45% de subida salarial) y 2022 (+8,4% de inflación y +3,02 de subida salarial), mientras los salarios crecieron ligeramente más que los precios en 2023 (+3,61% frente a 3,5%), 2024 (3,32% frente a 2,8%) y 2025 (los convenios subieron el año pasado un 3,53%, frente a una inflación media del 2,70%).

Pero además, hay gastos básicos de las familias que han subido mucho más que los sueldos (+16,65%) en estos últimos 6 años (2020-2025). Es el caso de los alimentos (han subido jun 37,7%, según el INE), la vivienda (+24,5%), el vestido y calzado (+25,3%), los hoteles y restaurantes (+28,3%) y, sobre todo, los alquileres: han subido de media un 41,34% (de 10,4 euros/m2 a 14,7 euros/m2), según Idealista, y algo más en el caso de Barcelona (+48,75% entre 2020 y 2025) y Madrid (+48,75%).

Mientras, los márgenes y beneficios empresariales han subido mucho más que los salarios en estos años y en lo que va de siglo. Así, entre 2020 y 2025, los beneficios brutos de las empresas han crecido un +58%, mientras la masa salarial que han pagado a sus trabajadores (incluye cotizaciones y otros costes no salariales) crecía un +37,9%. Una tendencia que se viene dando desde el año 2.000: los beneficios brutos de las empresas se han multiplicado por 2,9 y los beneficios netos por 2,7 (de 113.000 a 306.000 millones), un aumento del +170%, según este estudio de Funcas. Y desde 2019, el beneficio de las empresas del IBEX ha aumentado un +139%, mientras cuadruplicaban los dividendos que repartían a sus accionistas. También es clarificador lo que ha pasado en 2025: el margen de las empresas aumentó un 13% y los sueldos en convenio un 3,53%.

En 2026, mientras los sueldos suben menos que la inflación, los márgenes empresariales siguen subiendo más: en el 2º trimestre, el margen medio sobre ventas de las empresas españolas fue del 12,5%, frente al 10,5% de media entre 2009 y 2021, según el Observatorio de Márgenes Empresariales. Pero hay muchos sectores que tienen unos márgenes mucho más altos, como el refino (28,4%, un máximo histórico), el sector energético (24,5% eléctricas y petroleras), el sector inmobiliario (31,1%), la banca (29%) y las industrias extractivas (22,3%). Además, en los últimos años (desde 2018), la productividad por empleado ha aumentado un +44% mientras sus salarios han crecido un +33% y los márgenes empresariales brutos por cada asalariado han aumentado un +55%, según un estudio de CCOO. Por esto, los sindicatos creen que es hora de “repartir mejor el crecimiento de la economía”, que crezcan más los salarios dado lo que están creciendo los márgenes y beneficios empresariales. Y para recuperar poder adquisitivo ahora que tenemos una alta inflación.

 Por eso, UGT y CCOO proponen subir los salarios un 4% anual en 2026, 2027 y 2028, más una cláusula de revisión del 1,5% si la inflación sube estos años más de lo esperado (ojo: sólo 4 de cada 10 trabajadores con convenio tienen cláusula de garantía salarial por si se dispara la inflación). Y que el salario mínimo interprofesional suba más del 5% en 2027.

El problema ya no es que la inflación se esté comiendo el sueldo de muchos trabajadores, otro año más, sino que la patronal no tiene ninguna prisa en sentarse a negociar las subidas salariales que deberían hacerse este año y los siguientes. El último acuerdo salarial entre empresas y sindicatos (el V Acuerdo para el Empleo y la Negociación Colectiva, el AENC) terminó su vigencia en diciembre de 2025 y todavía no han conseguido sentarse para alcanzar el VI AENC, que debería haberse firmado en mayo (como el V AENC). La patronal CEOE no tiene ninguna prisa, preocupada sólo por sus elecciones internas del 1 de octubre, aunque sólo hay un candidato, el actual presidente, Antonio Garamendi. Así que se retrasa un nuevo acuerdo de salarios para 2026 a 2028, por lo que los sindicatos anuncian movilizaciones.

En definitiva, los trabajadores y sus familias sufren una alta inflación pero las empresas no tienen prisa por subirles los sueldos, que en su mayoría son bajos (dos tercios de los trabajadores, 12,45 millones de asalariados ganan menos de 1.711 euros netos al mes en 14 pagas). Y además, no quieren subirles más del 3%, con lo que volverían a perder poder adquisitivo, mientras crecen los beneficios empresariales. Ojo: los bajos salarios son un problema, no sólo para los trabajadores que los cobran sino para el conjunto de la economía: si los salarios no suben algo más que la inflación, será difícil sostener el aumento del consumo, uno de los motores del crecimiento y el empleo.

Así que mejorar los salarios españoles, para que sean más “europeos” (26,2 euros/hora se paga en la UE-27 y 19,5 euros/hora en España) no sólo es una cuestión de justicia (el 64% de los trabajadores están por debajo del salario medio, según los sindicatos) sino también de economía: necesitamos mejorar los salarios para mantener el consumo y seguir creciendo y creando empleo. Hay que conseguir que más españoles noten la mejoría de la economía, repartir mejor el crecimiento. Y para eso tienen que subir más los salarios en los próximos años, sobre todo los más bajos. Se puede y se debe.

jueves, 10 de septiembre de 2026

Curso escolar 2026-27: la enseñanza, al límite

Esta semana han vuelto a colegios e institutos 8,2 millones de niños y adolescentes, una cifra de alumnos que cae por tercer año consecutivo, por la caída de la natalidad. Y han encontrado unos profesores hartos de su precaria situación laboral y que también protestan por no poder  atender unas aulas cada vez más complejas, con muchos alumnos inmigrantes (el 13,5% y en algunas provincias hasta el 30%) y alumnos “con necesidades especiales” (el doble que hace 6 años). Por todo ello, los docentes han convocado huelgas en Madrid, Cataluña y Andalucía, que podrían extenderse este curso a otras 6 autonomías más. Los profesores piden más medios, más docentes y más gasto educativo, muy desigual entre autonomías. Y una bajada de los alumnos por clase, unos ratios muy diferentes entre autonomías. Este curso, la enseñanza no universitaria está al límite, mientras sigue la apuesta de muchas autonomías del PP por promover la enseñanza concertada y privada. Urgen medidas para mejorar la calidad de nuestra enseñanza, “manifiestamente mejorable”.

             Este es el tercer curso consecutivo en que bajan los alumnos de colegios e institutos

Este curso escolar 2026-2027 es el tercer año consecutivo en que se reducen los alumnos de las enseñanzas no universitarias, desde Infantil a Bachillerato y Formación Profesional (FP): serán unos 8.200.000 niños y adolescentes, 49.000 menos que el curso pasado, cuando ya bajaron en 67.425 alumnos (-43.024 chicos y -24.401 chicas), tras reducirse otros 17.425 alumnos el curso 2024-25, por la caída de la natalidad. El curso pasado (2025-2026), el último con datos oficiales, estudiaron 8.249.174 alumnos en los 28.633 colegios e institutos españoles, dos tercios en colegios públicos (que perdieron 53.765 alumnos) y un tercio en colegios privados (que perdieron sólo 13.660 alumnos). La caída de alumnos se nota sobre todo en Primaria (-48.773 el curso pasado), el 2º ciclo de infantil (-26.266 alumnos de 3 a 6 años) y en la ESO (-24.766), cayendo menos en Bachillerato (-3.713alumnos el curso pasado), mientras crecen los alumnos en el primer ciclo de Infantil (+3.268 alumnos de 0 a 3 años), en educación especial (+2.357) y, sobre todo, en Formación Profesional, la enseñanza que más crece en España (+30.185 alumnos el curso pasado).

Al haber nacido menos niños, los alumnos que se esperan este curso (8.200.000) serán casi los mismos que en el curso 2018-2019 (8.217.330). Los más pequeños (de 0 a 3 años) irán al primer ciclo de educación infantil (488.543 el curso pasado), una enseñanza no obligatoria que ya cubre a la mitad de estos niños (50,2% en 2025-26), una de las tasas más altas en Europa. En el 2º ciclo de Infantil (3 a 6 años) se matricularon el año pasado 1.079.663 niños. Y en Primaria (6-11 años) está el grueso de los alumnos, 2.711.025 el curso pasado. Crecen los alumnos de “educación especial”, hasta 45.725 estudiantes. Y el otro gran bloque de alumnos, 2.090.250 en 2025-26, estudiaron la ESO (12-15 años). Y Bachillerato (16-17 años) otros 741.280 alumnos, el 8% “a distancia” (online). Quedan los alumnos de Formación Profesional (FP), 1.211.062 el curso pasado, un récord histórico y el mayor salto en la enseñanza no universitaria, dado que sólo 582.576 alumnos estudiaban FP hace 6 años.

La pérdida de alumnos en las enseñanzas no universitarias, de Infantil a Bachillerato, sería mucho mayor si no fuera por los hijos de los inmigrantes, cuya presencia en las aulas se ha disparado: eran sólo 207.112 a principios de siglo (curso 2001-2002), el 3% de todos los alumnos, y subieron hasta el 10% en el curso 2021-22 (857.175 alumnos sin nacionalidad española) para alcanzar el curso pasado (2025-26) la cifra de 1.175.063 alumnos extranjeros, el 13,5% del total de estudiantes de enseñanzas no universitarias, según los datos de Educación. Un tercio son alumnos nacidos en Latinoamérica, un 23,7% son de origen europeo y otro 21,8% africanos, destacando por paises Marruecos (193.809 alumnos), Colombia (128.612), Rumanía (93.821), Venezuela (85.273), Perú (67.938), China (44.896) y Ucrania (44.311 alumnos). Con todo, hay una gran diferencia entre autonomías: el mayor porcentaje de alumnos extranjeros se da en los centros de la Comunidad Valenciana (19,9%), Baleares (19,3%), la Rioja (18,6%), Aragón (17,6%), Cataluña (17%), Madrid (16%) y Murcia (15,8%), mientras es bajo en Extremadura (5%), Galicia (6,6%) y Andalucía (7,9%). Eso sí, el 74,7% de estos alumnos extranjeros estudian en centros públicos.

Este curso 2026-27 no habrá grandes novedades educativas, salvo que será el 5º Curso en que se aplique la nueva Ley de Educación, la Lomloe (aprobada en 2020 y que se empezó a implantar en el Curso 2022-2023), con lo que se graduarán de la ESO los segundos estudiantes educados con la nueva Ley, que pretende una educación menos “memorística” y más basada en potenciar habilidades, como defienden los expertos educativos y el Informe PISA, aunque los expertos creen que apenas se notará el cambio, porque hará falta más tiempo y el reciclaje de los profesores. También será el 2º año en que se mantendrán las prohibiciones y limitaciones al uso de móviles en las aulas, generalizadas en toda España, aunque el País Vasco y la Rioja dejan que lo regulen los propios centros educativos.

La gran novedad de este curso escolar es el clima de preocupación y tensión con el que han vuelto a clase los profesores de colegios e institutos (806.153 docentes el curso pasado), sobre todo los que trabajan en centros públicos (589.058 profesores), aunque también los que trabajan en la enseñanza concertada (200.000 docentes). Ya en los últimos meses del curso pasado hubo destacadas protestas de profesores en media España y ahora se han convocado ya huelgas de docentes en Madrid (indefinida a partir del 14 de octubre), Cataluña (el 8 de septiembre) y Andalucía (el 11 de noviembre), mientras hay tensiones entre el profesorado y los gobiernos de la Comunidad Valenciana, Cantabria, Aragón, Baleares, Navarra y Castilla y León, que podrían terminar en más paros de docentes.

El clima de hartazgo este curso entre la mayoría del profesorado se debe a una combinación de factores, laborales y educativos. En primer lugar, los profesores se quejan de la precariedad de su trabajo y sus bajos sueldos. Por un lado, el 31% de los docentes tienen un contrato temporal (llega incluso al 43,4% en Cataluña, al 41,3% en Canarias y al 37% de los docentes en Cataluña) y muchos sufren cada año que les despidan en junio y los contraten otra vez en septiembre. Junto a esta inestabilidad laboral, que se une a sufrir muchos cambios de centros, están sus bajos salarios: el sueldo neto de un profesor de Primaria oscila entre 1.700 y 2.200 euros, según antigüedad. Y el sueldo neto en Secundaria oscila entre 2.000 y 2.700 euros. Y en la reciente huelga, las cuidadoras de educación infantil denuncian sueldos de 1.100 euros a jornada completa…

Pero los profesores de colegios e institutos no se quejan sólo de su situación laboral, también protestan porque no pueden formar como quieren a sus alumnos, por falta de medios y personal. Su mensaje es claro: las aulas son ahora más diversas y complejas y no pueden dedicar a sus alumnos la atención que necesitan, lo que deteriora la calidad de la enseñanza. Por un lado destacan el cambio en el alumnado. Primero, por el mayor peso de alumnos extranjeros: el curso pasado, señalan, en los centros públicos de 17 provincias, al menos 1 de cada 5 alumnos eran extranjeros (el 30% en Alicante), lo que exige más dedicación, tanto para que aprendan la lengua (en ocasiones, además, la autonómica) como para que se adapten a una nueva formación, con el agravante de que muchos alumnos proceden de familias desfavorecidas (un tercio de los menores están en situación de pobreza) y eso dificulta su formación y reduce la ayuda en casa, obligando a una mayor atención docente.

Los profesores no sólo se quejan por la complejidad de tener más alumnos extranjeros sino también porque han aumentado los alumnos “con necesidades especiales, desde alumnos con autismo (TEA) a estudiantes con déficit de atención (TDH), discapacitados y alumnos que se han incorporado tarde a la escuela. Los últimos datos oficiales (curso 2024-25) reflejan que los centros educativos acogieron a 422.631 alumnos con necesidades especiales en Primaria y 298.915 en la ESO, el doble que 4 años antes. Y si embargo, los centros no han duplicado medios, aulas ni profesores.

Además, los profesores se quejan de que cada vez tienen más tareas burocráticas, “papeleo (desde rellenar informes a protocolos), lo que les impide aumentar las horas docentes para atender a los alumnos que necesitan más atención. Y, sobre todo, luchan porque los centros (públicos y concertados) aumenten recursos y plantillas, que consideran insuficientes. El sindicato CCOO considera que haría falta contratar a 80.000 nuevos profesores en colegios e institutos, sobre todo docentes para materias específicas, como matemáticas, filosofía, idiomas y FP, así como a profesores de refuerzo. Y además, piden un cambio radical en las oposiciones de docentes, denunciando falta de objetividad, disparidad de criterios entre tribunales y el alto volumen de suspensos en las últimas oposiciones.

La marea verde” de profesores, que ha protagonizado las últimas protestas y está detrás de las próximas huelgas (muchas veces al margen de los sindicatos tradicionales) plantean sus reivindicaciones a las distintas autonomías, que gestionan la educación, pero también tienen una serie de exigencias al Ministerio de Educación. La primera, que complete la bajada de alumnos por clase (ratios) en toda España, dado que cada autonomía tiene un tope distinto de alumnos por clase en cada etapa escolar (ver mapas). En abril de 2012, el Gobierno Rajoy subió los ratios en las aulas (de 25 a 30 en Primaria, de 30 a 36 en la ESO y de 35 a 40 alumnos en Bachillerato) para poder imponer sus recortes en el gasto educativo.

En marzo de 2019, el Gobierno Sánchez revertió la medida a los ratios anteriores. Y posteriormente, las autonomías los han bajado algo, de forma desigual. Por eso, el Gobierno aprobó en abril de 2026 una Ley para homogeneizar los ratios en toda España: 22 alumnos por clase en Primaria (frente a los 25 actuales) y 25 en la ESO (frente a 30 ahora). El problema es que esta Ley no se ha aprobado todavía en el Congreso, aunque el Gobierno confía en conseguirlo y aplicar las nuevas ratios progresivamente, desde el curso 2027-28 al curso 2031-32. Y mientras, ha pactado con los sindicatos rebajar, por decreto, los ratios en educación infantil (de 8 a 4 niños en 0 años, de 13 a 6 en 1 año y de 20 a 8 en 2 años), la reivindicación clave de la huelga de las escuelas infantiles. Se aplicarán en el curso 2027-28.

La 2ª exigencia de los profesores es que el Gobierno apruebe una normativa para exigir “unos parámetros mínimos de calidad” a los centros privados de Formación Profesional, que están proliferando por toda España (ya cuentan con un tercio de todos los alumnos) ante la falta de plazas en los centros públicos de FP. Los sindicatos creen que faltan 100.000 plazas en centros públicos de FP y eso ha promovido la creación de academias  y “chiringuitos” de FP, con altos precios y financiados por inversores y Fondos extranjeros. Este boom de la FP privada se concentra en el País Vasco (43,8% alumnos), Madrid (37,6%), Cataluña (35,9%) y Andalucía (33,1%), con el agravante de que consiguen más prácticas en empresas que los centros públicos.

La 3ª exigencia de la marea verde es que el Gobierno impulse y financie con las autonomías un Plan para la climatización de las aulas, dado que los alumnos sufren unas aulas sobrecalentadas varios meses del curso escolar (y otras frío en invierno). Además, plantean que el Gobierno regule la Inteligencia Artificial (IA) en la educación y facilite a profesores y alumnos una plataforma pública de IA que puedan usar en clase. Por último, la marea verde de la enseñanza insiste en criticar que muchas autonomías (las gobernadas por el PP) están fomentando la enseñanza concertada y privada en perjuicio de la enseñanza pública, que es la que concentra más alumnos inmigrantes y con necesidades especiales o de familias con menos recursos. Son los famosos “conciertos” educativos, el dinero público que las autonomías transfieren cada año a los centros concertados. El gasto en conciertos ha pasado de 5.768 millones en 2014 a 8.342 millones en 2024, el 11,7% del gasto público total. Y eso provoca que los centros concertados ganen en alumnos, sobre todo en algunas autonomías que los apoyan más. Así, los 8.249.174 alumnos matriculados en infantil, primaria, ESO, Bachillerato y FP, el 66,7% acuden a centros públicos, pero un 24,6% acuden ya a centros concertados y un 8,7% a centros privados. Y hay autonomías con mucho más peso de la enseñanza concertada y privada, como el País Vasco (48,6%) o Madrid (46%), también Cataluña (35,3%) y Baleares (35,1%).

Al final, estos y otros problemas de fondo de la enseñanza no universitaria en España conducen a unos resultados educativos preocupantes, que les “duelen” especialmente a los profesores. Lo dejan claro los estudios PISA, que relegan a los alumnos españoles en matemáticas y comprensión lectora. Y varios datos incontestables. Uno, el alto porcentaje de repetidores: el 2,1% en primaria (1,2% en la UE-25) y el 7,8% en secundaria 1ª etapa (2,2% en la UE-25) y un 6,5% en la 2ª etapa. Otro, el abandono escolar temprano, el alto porcentaje de jóvenes que dejan sus estudios sin acabar el Bachillerato o la FP: 12,8% en 2025 frente al 9,4% en la UE-25. Y el tercero, el elevado porcentaje de jóvenes “ni-nis” (ni estudian ni trabajan): 11,5% en España y 11% en Europa.

¿Qué se puede hacer? Parece evidente que hay que gastar más en educación, desde infantil a Bachillerato y FP, sobre todo en centros públicos y en las autonomías que menos gastan por habitante (Madrid, Asturias, Cataluña, Galicia, Canarias, Castilla la Mancha y Baleares). Pero no se trata sólo de gastar más sino de gastar “de otra manera, concentrando el gasto en los centros y ciudades donde hay más problemas (barrios con más familias vulnerables y más inmigrantes), reforzando la enseñanza de quienes lo más lo necesitan, con clases de refuerzo, desdobles y profesores de apoyo. Y en paralelo, reforzar las plantillas docentes, estabilizando sus contratos y mejorando sus sueldos y su formación (con esa buena idea del MIR educativo, para los profesores que empiezan).

Y sobre todo, urge un Pacto educativo,  entre el Gobierno central, las autonomías, los profesores y las familias, para asegurar una financiación suficiente y acordar medidas para mejorar la calidad de la enseñanza. Pero aquí nadie busca consensos y por ello se avecina un otoño de huelgas en la enseñanza. Lo pagarán nuestros niños y jóvenes, el futuro del país.

lunes, 7 de septiembre de 2026

Verano 2026: emergencia climática y migratoria

Hemos sufrido el verano más caluroso y seco de la historia. Europa ha sido la “zona cero” de esta “emergencia climática”, con 35.000 muertes por calor, grandes incendios, sequía y ríos sin agua, aunque en España ha sido peor: 5.235 muertes, la mitad de las hectáreas quemadas en Europa, y daños en infraestructuras, cultivos y ganado, que encarecerán los alimentos. La otra emergencia del verano, la migratoria: 80.000 inmigrantes “invadiendo” Ceuta, ante la desatención de Europa, un problema sin fácil solución ante millones de jóvenes africanos sin futuro. España debería acordar un Pacto de Estado frente a la emergencia climática y la inmigración ilegal, pero PP y Vox son cada vez más negacionistas y xenófobos, como muchos políticos en Europa. También urge un Pacto para resolver el grave problema de la vivienda y acordar una nueva financiación autonómica que refuerce sanidad, educación y servicios públicos. Pero seguirá el bloqueo político y los problemas sin resolver. Menos mal que la economía va bien, aunque muchos españoles no lo noten. Será un otoño complicado.

                          Las olas de calor han provocado en España 5.235 muertes este año

La “emergencia climática” se ha mostrado con virulencia este verano en Europa, sobre todo en el sur, con temperaturas nunca vistas antes, tremendas sequías y múltiples incendios. Las olas de calor han provocado 35.000 muertes en  el continente, mientras la falta de lluvias ha reducido drásticamente el caudal de los grandes ríos europeos (como el Rin y el Danubio), dificultando el importante transporte fluvial y cerrando centrales nucleares (por falta de agua para refrigerarlas) en Hungría y Rumanía. Además, la sequía y el calor han multiplicado los grandes incendios en Europa, sobre todo en España, Francia, Portugal, Italia y Grecia, con 7.682 incendios y 666.704 hectáreas quemadas, según Copernicus. Y han dañado los cultivos europeos (maíz, arroz, trigo y soja) y la ganadería.

España ha sido el país europeo que más ha sufrido esta emergencia climática, con una temperatura récord (+2,5 grados que la media) y una sequía sin precedentes, que han provocado 5.232 muertes (un récord histórico, según la estadística MoMo) y miles de incendios que han quemado 308.081 hectáreas, casi la mitad (46,2%) de toda la superficie quemada en Europa, muy por delante de Francia (106.042 Has. quemadas), Italia (95.234 Has), Portugal (70.519 Has) y Grecia (31.872 Has), según Copernicus, con 5 (Huelva, Ávila, Guadalajara, Huesca y Madrid) de los 10 grandes incendios europeos. Un clima que, además de encarecer la factura eléctrica, ha provocado enormes pérdidas en la agricultura y la ganadería, muy afectadas por las lluvias y borrascas (enero y febrero), las heladas (marzo) y el granizo (abril), el calor extremo (de mayo a agosto) y la falta de pastos, más los incendios, que han dañado a 15.800 hectáreas de cultivos (según Agroseguros), sobre todo cereal, viñedos, olivares, cítricos, frutos secos y ganado, lo que encarece muchos alimentos.

Todos estos problemas, desde las muertes por calor a los grandes incendios y la pérdida de cultivos no son un problema coyuntural, de este verano, sino algo estructural, derivado de la “emergencia climática”, que irán a más en el futuro. Por eso, el presidente Sánchez pidió, en medio del incendio de Guadalajara, un gran Pacto de Estado sobre la emergencia climática, con medidas para reducir las emisiones, potenciar las energías renovables y mejorar la prevención contra los incendios en invierno, dado que España invierte 4 veces más en apagar incendios (cuesta 10.000 euros/Ha) que en limpieza y prevención (cuesta 3.000 euros por Ha). Los expertos creen que bastaría actuar sobre el 5% de los 27 millones de hectáreas forestales para reducir drásticamente el riesgo de incendios. Pero el PP, que gobierna en 11 autonomías (en 4 con Vox), no quiere ningún Pacto climático, mientras defienden posturas negacionistas y contra el Pacto verde europeo.

La otra gran emergencia del verano ha sido la migratoria: a finales de julio, unos 80.000 inmigrantes cruzaron ilegalmente la frontera de Ceuta, convocados por las redes sociales y ante la inacción de Marruecos (o su intervención activa, según un informe policial español), alentados por webs ligadas a Rusia, Israel y la ultraderecha USA, interesados en atacar al gobierno Sánchez y dividir Europa. Una crisis que ha colapsado Ceuta, por la tardía e ineficaz respuesta del Gobierno y porque hay que cumplir las leyes (españolas y europeas) para “expulsar” y acomodar a adultos y menores inmigrantes. Lo suyo sería un acuerdo político para resolver este grave problema migratorio, pero el PP (y Vox) lo están utilizando para dar la puntilla al Gobierno y apuntalar sus políticas antinmigración cara a las próximas elecciones, obviando que la inmigración ilegal ha bajado en España en los últimos años y es inferior a la de otros paises, según Frontex: 240.714 inmigrantes ilegales entre enero 2021 y junio 2026 en España, frente a 479.161 por Italia, 342.828 por los Balcanes occidentales (Bulgaria, Rumanía, Hungría y Croacia) y 262.718 entradas irregulares por Grecia.

Al margen del problema concreto de Ceuta, estamos ante otra emergencia “estructural”, que va a continuar, empujada por dos factores. Uno, la enorme diferencia de renta entre España (34.210 euros/habitante) y paises como Marruecos (3.972 euros/habitante) o Somalia (681 euros/habitante), el verdadero “efecto llamada”. Y el otro, que África es un continente con millones de jóvenes sin futuro, dispuestos a todo por saltar a Europa (a través de España): el 23% de los marroquíes tienen de 15 a 29 años y en los paises del Sahel (Mauritania, Mali, Níger, Burkina Fasso y Chat), el 70% de la población tiene menos de 24 añosUna “bomba demográfica” que no se puede parar en ninguna frontera. Y que exige, no sólo muros y barreras, sino una política de ayudas económicas y colaboración con los paises de origen, acuerdos para traer temporalmente cupos de inmigrantes y más recursos para la atención e integración de menores e inmigrantes con derecho de asilo.

Las dos emergencias (climática y migratoria) no son un problema específico de España, aunque aquí sean más graves, por el mayor calentamiento del Mediterráneo y por ser el país frontera con Africa. Pero la emergencia climática y migratoria son dos de los grandes retos de Europa este siglo, junto a la demografía y la tecnología. Por eso, urgen políticas y medidas para todo el continente. Pero en los últimos años, la nueva Comisión Europea está dado marcha atrás en ambas políticas, forzada por la extrema derecha y la radicalización de la derecha tradicional: crecen las posturas negacionistas y se devalúa el Pacto Verde, mientras se deteriora la política migratoria europea, con propuestas como desviar inmigrantes a campos en terceros paises (como Italia en Albania). Sólo la vicepresidenta europea, la española Teresa Ribera, ha propuesto emitir deuda europea y crear un impuesto a las petroleras para financiar inversiones climáticas. Y en el tema migratorio, la Comisión y 22 paises criticaron a España por la invasión de Ceuta, sin aportar ayudas de Frontex para afrontar un problema que es tan europeo como español, porque Ceuta es la frontera sur de Europa.

Ante este nuevo curso político, hay otra emergencia pendiente, junto a la climática y migratoria: la vivienda. Su precio se ha vuelto a disparar en agosto (+15,6% anual), alcanzando los 3.166 euros por m2 (253.270 euros un piso de 90m2), según Fotocasa, un precio que sube a 6.624 euros/m2 en Madrid, 5.375 en Barcelona, 5.250 euros en Palma, 4.387 en Málaga y 4.226 en Bilbao. Eso obliga a contratar hipotecas de más importe, que además son más caras porque sigue subiendo el Euribor: 2,952% en agosto (2.114% en agosto de 2025), lo que encarece en 70 euros al mes una hipoteca tipo de 178.000 euros. Y si hablamos del alquiler, sigue subiendo (+5,8% anual en agosto), hasta 15,10 euros /m2 (1.359 euros un piso de 90 m2), según Idealista, que se disparan hasta 23,3 euros/m2 en Madrid o 20,2 euros en Barcelona.

La mayoría de las autonomías, gobernadas por el PP (y Vox) no aplican los topes al alquiler que permite la Ley de Vivienda en las zonas “tensionadas”, topes que se aplican ahora en 317 municipios de Cataluña (302), Navarra (21), País Vasco (11) y Galicia (2), con algunas bajadas en 22 de ellos, a costa de una menor oferta. Ahora queda ver el efecto del nuevo Plan de Vivienda 2026-2030, aprobado por el Gobierno en abril y que ha sido criticado por las autonomías gobernadas por el PP, aunque han aceptado recibir las ayudas que contempla (4.200 millones de fondos estatales, a cambio de que las autonomías inviertan otros 2.800). El 28 de agosto, el Gobierno transfirió el primer pago a las autonomías, de 800 millones, destinado a promover vivienda protegida y rehabilitación.

En paralelo, Sumar trabaja para negociar con los grupos políticos un decreto de vivienda que el Gobierno presentará este mes de septiembre. Incluirá una prórroga extraordinaria de los contratos de alquiler (2 años más para los que venzan antes 30 junio 2028), una subida del IVA (del 10 al 21%) a los pisos turísticos y el endurecimiento de las multas por publicidad, normas para frenar los abusos en los alquileres de temporada y por habitaciones y beneficios fiscales a los caseros que bajen la renta a sus inquilinos. El problema está en salvar el doble veto al decreto por parte de Junts y de Podemos, que persiste en la retirada de la reforma de la Ley del Suelo (imprescindible para agilizar muchos planes urbanísticos).

Mientras las peleas políticas impiden pactar una política de vivienda que aumente el suelo urbanizable y la financiación de viviendas protegidas, también dificultan resolver otro reto pendiente: la mejora de la sanidad, la educación, la Dependencia y los servicios públicos, gestionados por las autonomías, que se quejan de falta de recursos. Para paliarlo, el Gobierno volvió a presentar el viernes 4 su propuesta del nuevo sistema de financiación autonómica, para sustituir al vigente (de 2009). El nuevo modelo cambia los criterios de pago por población ajustada, amplía la autonomía fiscal de las comunidades, blinda la solidaridad interterritorial y consigue que nadie ingrese menos que ahora, con un aumento global de la financiación a las autonomías de 20.975 millones sobre el modelo actual. Pero las autonomías del PP rechazan también el nuevo sistema, a pesar de que el actual perjudica a 4 autonomías, que reciben menos de la media (Murcia, Comunidad Valenciana, Andalucía y Castilla la Mancha). El Gobierno aprobó el viernes el nuevo sistema, sólo con el apoyo de Cataluña y Canarias, y pretende que entre en vigor el 1 de enero, aunque necesita que lo apruebe antes el Congreso (?).

Otro reto de los próximos meses será el Presupuesto para 2027, tras 3 años con Presupuestos prorrogados (2024, 2025 y 2026). El presidente Sánchez reitera que van a presentarlos en septiembre o en octubre, pero parece imposible que cuente con los apoyos necesarios para aprobarlos. Entre tanto, el Gobierno busca “atajos” para mantener la maquinaria del Estado y las ayudas a la economía: son las “modificaciones de crédito”, retoques que hace a las partidas del Presupuesto 2023, aumentando algunos gastos a costa de recortar otros. En el primer semestre de 2026, estos “cambios” han sido de 77.281 millones de euros, más que en todo 2025 (76.943 millones) y 2024 (52.300 millones), cambios destinados a cubrir más gastos en deuda (sube el pago de intereses), pensiones, Defensa e incentivos empresariales.

A pesar del bloqueo político y la incapacidad total de pactar acuerdos que afronten la emergencia climática o migratoria, el grave problema de la vivienda, la mejora del Estado del Bienestar y los servicios públicos o la financiación autonómica, la realidad es que la economía española sigue creciendo, mucho más que la del resto del continente y la de muchos paises del mundo: el PIB español creció un 0,7% entre abril y junio, según publicó el INE el 30 de julio, una décima más que en el primer trimestre (+0,6%), lo que supone un crecimiento anual del +2,7% (cercano al 2,8% que crecimos en 2025), frente al +1,2% que crece la UE-27, empujados por el turismo, la inversión y el consumo privado (ahora algo más débil).

Eso sí, España crece más que la mayoría de paises por el gran aumento de la población (somos 2.775.351 habitantes más que en 2019), gracias a los inmigrantes, que han aportado casi la mitad del crecimiento económico español (el 47%) entre 2022 y 2025, según Funcas. Crecemos más, pero porque hay más gente trabajando (+3.301.000 ocupados que en 2019), con lo que no crece tanto el PIB por habitante, la riqueza que se crea por cada español y que mide nuestro nivel de vida. En 2025, este PIB/riqueza por habitante fue de 38.272 euros, el 92% de la media de la UE-27 (41.600 euros/habitante), según Eurostat. Eso explica que España, la cuarta mayor economía de la UE (por PIB) baje al puesto 15º por el PIB por habitante, por detrás de los grandes paises de la UE y de otros menores como Irlanda, Malta, Chipre o Chequia. Así que crecemos más, pero producimos menos por habitante, porque tenemos una baja productividad, un reto histórico pendiente.

Por esto, los españoles notan menos el fuerte crecimiento, porque al producir menos por habitante, los sueldos y el nivel de vida son más bajos que en Europa: el salario hora en España es de 26,4 euros, frente a una media de 34,9 euros en la UE-27, 45 euros en Alemania, 44,3 euros en Francia y 32 euros/hora en Italia, según Eurostat. Y encima, tenemos más inflación que la media europea, en general y ahora, con lo que los españoles pierden poder adquisitivo, al subir menos los salarios (+3,02% hasta julio) que los precios: la inflación se ha disparado en España al +4,3% en agosto (por la subida de los carburantes y la luz), mientras la inflación en la zona euro es del 3,3% , con menores subidas en Francia (2,4% en julio), Alemania (2,8%) e Italia (2,9%), según Eurostat.

En definitiva, los españoles volvemos a la rutina con un país obsesionado por Ceuta y que no ha interiorizado el tremendo verano de calor e incendios que hemos sufrido, como si fuera algo “normal e inevitable”. Y sin exigir a los políticos que se pongan de acuerdo en lo fundamental, en frenar las muertes por calor y los incendios, la llegada de inmigrantes irregulares o la imposibilidad de encontrar una vivienda. Y seguiremos sufriendo las esperas para conseguir una cita del médico de cabecera o del especialista, porque hay autonomías que apenas gastan en sanidad, como tampoco en educación, mientras presumen de bajar impuestos (a los más ricos). Y llevamos 7 años con un sistema de financiación autonómica caducado, que agrava las desigualdades entre regiones. Y 3 años sin Presupuestos, por la imposibilidad de pactar prioridades de gastos e ingresos. Y con una economía que crece, pero que muchos españoles no notan, por sus bajos salarios y la alta inflación. Un otoño complicado…

lunes, 3 de agosto de 2026

Libros de geopolítica, vivienda y economía

El verano tenemos más tiempo para leer, así que aprovecho para aconsejarles 5 libros recientes, que ayudan a explicar temas económicos de actualidad, desde los conflictos geopolíticos a la vivienda, pasando por las élites que dominan el poder político y económico en España. El primero es una especie de Atlas visual que explica con mapas y gráficos las tensiones geopolíticas en el mundo, desde la energía a las tierras raras. El segundo libro explica la llegada al poder de “los depredadores, desde Trump y Milei a Putin, apoyados en los nuevos conquistadores tecnológicos. El tercero se centra en el grave problema de la vivienda, planteando el conflicto entre caseros e inquilinos y algunas soluciones heterodoxas. El cuarto repasa nuestra historia, desde Al Ándalus hasta hoy, explicando cómo las distintas oligarquías han “chupado” del Estado y de los españoles. Y se complementa con un  5º libro, que analiza las élites que han controlado el poder económico en España desde 1939 hasta hoy. Espero que alguno les interese. ¡Buen verano¡


El primer libro, “Las fuerzas que mueven el mundo: la geopolítica y la economía mundial en mapas” es más un Atlas que un libro al uso, porque consta de múltiples mapas que ayudan a explicar los principales problemas geopolíticos actuales, desde el reparto del petróleo y el gas por paises a las tierras raras o los chips. Su autor es un colectivo, el Orden Mundial, un equipo especializado en el análisis de la economía internacional. A lo largo de sus 205 páginas, en gran formato, aportan múltiples mapas con leyendas, textos y datos que sirven para entender “de un vistazo” los grandes problemas económicos y geopolíticos del mundo actual.

Tras una introducción donde resumen como está cambiando el mundo desde la pandemia (siempre con mapas), analizan los nuevos rumbos políticos, los gigantes tecnológicos, la crisis climática y los problemas comerciales globales, explicando la reorganización de los flujos de mercancías. Es muy importante el bloque que dedican a los recursos que sustentan la economía mundial y su distribución, desde el petróleo al uranio, las tierras raras y los chips, sin olvidar los recursos pesqueros y los alimentos. Otro apartado informa sobre los conflictos en el mundo y los puntos problemáticos, desde el mar de China al Ártico. También detalla la emergencia climática (en mapas) y el declive de la democracia en el mundo, anticipando las “nuevas fronteras”: los polos, los océanos y el espacio. Y destina un capítulo al papel de España en el mundo, también con múltiples mapas y datos, incluido un mapa sobre el uso del español en el mundo.

Tras este Atlas sobre la geopolítica actual, un libro que analiza los cambios en el poder mundial: “La hora de los depredadores”, de Giuliano de Empoli, un ensayo de un sociólogo y asesor político italiano que conoce muy bien los entresijos de la política internacional y que escribió en 2023 una novela imprescindible, “El mago del Kremlin, sobre Rusia y el poder de Putin. En este libro explica la llegada al poder en el mundo actual de los nuevos líderes (los “depredadores”) , que no respetan las reglas ni las instituciones y ejercen el poder a su antojo mediante la fuerza bruta, el engaño y la colaboración de los tecno oligarcas que controlan las redes sociales y la inteligencia artificial.

El libro de Empoli, que es un ensayo pero se lee como una novela, explica el acceso de estos lideres tecnológicos y políticos al poder, con ejemplos concretos: el príncipe Mohamed bin Salman en Arabia Saudita, Bukele en El Salvador, Trump en EEUU y el escándalo de Cambridge Analitics, Elon Musk y su apoyo a la extrema derecha alemana, Sam Altman y el acenso de OpenAI… El autor, que se ha movido en la ONU y foros internacionales como asesor político del italiano Mateo Renzi explica los entresijos de cómo actúan estos personajes en las instituciones internacionales y con los demás gobiernos, detallando las claves de cómo gana terreno su “nuevo orden”, que está llevando al mundo al caos.

Tras estos dos libros, que pueden ayudarnos a entender mejor el complejo mundo que tenemos, un tercer libro sobre el mayor problema de los españoles, la vivienda: “Generación inquilina”, de Javier Gil, un sociólogo investigador del CSIC que trata de explicar qué pasa con la vivienda y plantea alternativas de solución, ciertamente heterodoxas. La primera parte del libro analiza el problema de fondo de la vivienda, que considera estructural y político, no coyuntural: la vivienda ha generado una “economía rentista”, donde la vivienda es una inversión para unos caseros con altos ingresos, inmobiliarias y fondos de inversión, que controlan las Leyes y normativas en su beneficio, perjudicando a una “generación inquilina” que no tiene ningún poder ni influencia y que vive cada vez peor porque les transfiere una parte creciente de su renta, aumentando la desigualdad en España.

En definitiva, señala Gil, la vivienda no sube por factores demográficos (más jóvenes y familias) o de escasez (faltan viviendas) sino porque es un activo financiero con el que se especula. Y sube porque hay mucha liquidez y una creciente demanda especulativa que dispara los precios. Y explica el comportamiento de los Fondos de inversión, inmobiliarias, grandes fortunas o ahorradores, que han convertido la vivienda en un activo muy lucrativo (más que la Bolsa o la deuda). Así que cuanto más suba la vivienda y el alquiler, más rentabilidad y más demanda, alimentando la especulación. Por eso cree que la solución no es construir más viviendas: eso alimentará la especulación.
 

Para el autor, la solución al problema de la vivienda no es edificar más sino reordenar el mercado y acabar con la economía rentista, frenar la demanda especulativa y proteger la demanda residencial, facilitando el acceso a la vivienda a los que no tienen un techo y frenando las compras especulativas de viviendas. Pero duda que el Gobierno (este y cualquier otro) se ponga del lado de los inquilinos, que tienen menos peso político y numérico que los propietarios, Fondos y empresas inmobiliarias, con lo que no se atreven a imponer controles y cambiar el modelo de la economía rentista por uno que considere la vivienda como un derecho y un bien social. Por eso, propone que los inquilinos se organicen (Javier Gil es miembro y asesor del Sindicato de Inquilinos) y que multipliquen sus protestas contra los abusos en la vivienda, con la propuesta de una posible huelga de pago de alquileres, como medida de presión para que la vivienda sea un bien social.

El 4º libro, El Estado pesebre, de Carlos Arenas Posadas, un historiador económico de la Universidad de Sevilla, es un libro de historia, pero de otra historia: de cómo las élites y las oligarquías han “parasitado” las cuentas públicas (se lo han “llevado crudo” de forma “legal”) en España, desde la época de Al Ándalus al franquismo y la transición democrática. Es una nueva versión (desconocida) de cómo las élites sociales y los grandes negocios han prosperado siempre en este país a la sombra del Estado. O más bien, cómo el Estado ha sido “parasitado” por las oligarquías, ha sido el verdadero “pesebre” de nuestra historia. Un demoledor repaso histórico de quienes han sido los sucesivos depredadores del dinero público, desde la Edad Media, el imperio, la reconversión liberal, la Restauración, la República, el franquismo y la transición demográfica, con distintos nombres y similares comportamientos.

El historiador hace un detallado repaso de nuestra historia para revelar como los estamentos nobiliarios, eclesiásticos, militares, plutócratas y oligarcas se han enriquecido en el pesebre de los distintos Estados y Gobiernos, utilizando la violencia física, material y moral, la impunidad, las patrañas, los falsos victimismos, trampantojos y bulos dirigidos a legitimar su poder. Y a lo largo los distintos siglos y épocas, desfilan por el libro los protagonistas de lo que el autor llama “el gran Comedero”: señores, frailes, obispos, inquisidores, virreyes, militares, usureros, aristócratas, burgueses, asentistas, reyes, políticos, altos cargos de la Administración, agricultores, industriales, lobistas, banqueros, comisionistas, fondos buitres… Y así hasta hoy, con los casos de corrupción repetidos en el siglo XXI. ¿Y ahora qué? El autor responde que cambiar una trayectoria milenaria no es sencillo, pero aboga por una mayoría social que promueva reformas para lograr un cambio verdadero. Nada fácil…

El 5º libro, “Las élites que dominan España”, ahonda en este tema de los que controlan el poder, con un análisis centrado entre 1939 y hoy, del franquismo a la democracia. Su autor es Andrés Villena Oliver, un sociólogo y profesor de Economía en la Complutense, cuyo libro tiene una reveladora historia: iba a ser publicado por Ariel (Planeta), pero fue descartado en el último momento por la editorial (no se sabe la razón) y se ha publicado en otra (Libros del KO), con una “aureola” de libro “medio prohibido” que ha disparado sus ventas. La tesis del autor es que la élite española de poder se compone de tres elementos (capital, empresas y Estado) que llevan décadas conectados entre sí por puertas giratorias. Es más, sostiene que la estructura de poder que se generó en la España franquista se ha mantenido en lo fundamental, con pocos cambios en los grandes poderes, tanto la banca y las grandes empresas como los grandes cuerpos de funcionarios que controlan el Estado, algo que trata de justificar a lo largo del libro, desde 1.939 hasta hoy, con una investigación documentada sobre lobbies empresariales, bancos, sagas familiares, instituciones políticas y medios de comunicación. Setenta años de historia en los que tecnócratas, financieros, altos funcionarios y empresarios actúan “como piezas de una misma maquinaria, diseñada para que nada esencial cambie”.

El libro analiza la estructura del poder en tres bloques. El primero, la dictadura y las redes del poder durante el franquismo, con los cambios de la tecnocracia a partir de 1959. Luego, los cambios de poder en la transición, con las crisis bancarias y los cambios en las grandes empresas. El segundo bloque detalla los cambios en la estructura del poder con la llegada del PSOE en 1982, que supuso la renovación del capitalismo español. Después analiza la llegada de Aznar, las privatizaciones, el clientelismo y el “milagro inmobiliario”. En el tercer bloque, analiza la época tecnocrática de Zapatero, la crisis política del 15-M y el final del bipartidismo, hasta el ascenso de Sánchez y la evolución de su Gobierno. Como conclusión,  dice que “la democracia ha operado como una carcasa, gracias a la cual las élites han maximizado beneficios y poder”. Y plantea que sólo los colectivos sociales pueden generar nuevas oportunidades. Que la respuesta está “en la gente”.

Bueno, confío en que alguno de estos 5 libros le interese. ¡ Buen verano y hasta septiembre !

jueves, 30 de julio de 2026

EPA junio 2026: a por los 23 millones trabajando

Los recientes datos de empleo y paro confirman que la economía española lleva 6 años creando empleo (hay 22,77 millones de personas trabajando, casi 3 millones más que antes de la pandemia) y bajando el paro, ahora por debajo del 10% (9,87%), algo que no sucedía desde marzo de 2008, con 6 autonomías por debajo del 8%. El motor de este pujante empleo es el fuerte crecimiento de la economía, empujado por el consumo, el turismo, las exportaciones, los Fondos europeas y los inmigrantes (ya hay 3,75 millones de extranjeros trabajando). Ahora se espera alcanzar los 23 millones de ocupados este año y superar los 24 millones en 2029.  Pero no podemos “dormirnos en los laureles”, porque tenemos más paro y menos empleo que Europa. Además, la incertidumbre internacional podría reducir el crecimiento y el empleo. Urge estar vigilantes y preparar medidas para fortalecer el empleo si hay problemas en los próximos meses. Hay que reciclar a los parados de larga duración y reformar de una vez las oficinas de empleo, que funcionan mal.

                           Enrique Ortega

El 2º trimestre del año suele ser bueno para el empleo, por la Semana Santa (cayó en abril) y por los contratos previos al verano. Este año 2026, tras un primer trimestre donde cayó el empleo (-170.300), el 2º trimestre ha seguido la tradición y se han creado 486.000 nuevos empleos, según la EPA publicada este martes, algo menos que la primavera de 2025 (+503.000 empleos). Con ello, se afianza  la recuperación del empleo iniciada en el verano de 2022, tras la pandemia, y la ocupación en España va camino de los 23 millones de personas: había 22.779.000 personas trabajando a finales de junio, la mayor cifra de ocupados de nuestra historia. Y 2.974.100 personas más trabajando que a finales de 2019.

Para valorar el carácter histórico de los 22,77 millones de ocupados basta hacer un repaso al empleo en los últimos 60 años: en 1965 había 12 millones de personas trabajando en España (12.024.150) y una cifra similar a la muerte de Franco (12.857.720 en 1975), para caer después a un mínimo histórico en 1985 (11.004.200 trabajando, por la reconversión industrial) y remontar a finales de siglo (14.689.830 ocupados en 1999). A partir de ahí, los ocupados crecen, hasta 16,6 millones en 2002, 18,9 millones en 2005 y se alcanza el máximo en septiembre de 2007 (20.753.500 ocupados). Con la crisis financiera, el empleo cae año tras año hasta alcanzar el mínimo en diciembre de 2013 (17.135.200 ocupados). Luego se recupera poco a poco, para cerrar 2019 con 19.966.900 trabajadores. Y la pandemia hunde el empleo a otro mínimo en 2020 (18.607.300 ocupados en junio). Pero a partir de este suelo, el empleo se recupera con fuerza y supera los 20 millones en marzo de 2022 (20.084.799) y los 21 millones en junio de 2023 (21.056.600), para superar ahora los 22,77 millones de trabajadores, 10 millones más de personas trabajando que hace 60 años.

En el 2º trimestre, el aumento del empleo ha sido gracias a los servicios (+397.400 empleos), sobre todo la hostelería y el turismo, pero también han creado empleo la construcción (+56.600) y la industria (+38.200), cayendo sólo en la agricultura (-6.200 empleos).  El empleo se ha creado básicamente en el sector privado (+501.600 empleos) y se ha perdido en el sector público (-15.600 empleos), por el fin de contratos en enseñanza y sanidad, según la EPA de junio. La creación de empleo se ha repartido casi por igual entre los hombres (+236.300 empleos) que entre las mujeres (+249.700). Y ha sido porcentualmente mayor la creación de empleo entre los menores de 25 años (+120.500 empleos) y entre los que tienen de 25 a 39 años (+201.200 empleos). Esta vez, la mayoría del empleo creado ha sido para extranjeros (+356.300 empleos, por el efecto de la regularización: ya hay 3.756.900 extranjeros trabajando en España) y ocupados con doble nacionalidad (+102.100 empleos: hay 1.249.100 trabajando), creciendo menos el empleo de los españoles (+143.800). Por autonomías, donde más creció porcentualmente el empleo fue en Baleares (+108.000), aumentando mucho en Cataluña (+130.800), Andalucía (+63.400) y Madrid (+62.100), cayendo sólo el empleo en Canarias (-25.100) y Galicia (-6.100).

La importante mejora del empleo en el 2º trimestre (+486.000 empleos) no se traducido toda en una bajada similar del paro (-213.300 parados), porque en paralelo han aumentado los españoles activos, las personas que buscan trabajo ahora: los “activos” han aumentado en +272.700 personas, impidiendo bajar más las cifras del paro. Es un proceso que se ve trimestre a trimestre (hay 452.500 personas más buscando trabajo que hace un año). Y hay un récord histórico de adultos “activos” (trabajando y buscando trabajo): 25.274.300 activos, 2,11 millones más que antes de la pandemia (23.158.800 “activos” a finales de 2019). Todo apunta a que seguiremos así, con lo que en los próximos meses sucederá lo mismo que ahora: el paro bajará menos de lo que sube el empleo.

El  paro ha bajado en el 2º trimestre (-213.300 parados) gracias a los servicios (-170.300 parados), por el tirón en el turismo, la hostelería y el comercio, y a los que perdieron su primer empleo hace un año (-57.700 parados ahora), mientras baja poco el paro en el campo (-22.400), la industria (-10.900) y la construcción (-5.400), con 53.400 jóvenes que buscan su primer empleo, según la EPA de junio. El desempleo baja más entre las personas de 25 a 54 años (-185.100 parados), los de más de 55 años (-47.800) y los de 16 a 19 años (-33.700 parados), aumentando sólo entre los que tienen de 20 a 24 años (+33.700 parados). Y baja el doble el paro entre las mujeres (-145.400) que entre los hombres (-67.900 parados), reduciéndose lo mismo entre españoles y con doble nacionalidad (-106.600) que entre extranjeros (-106.600 parados). Por autonomías, el paro baja porcentualmente más en Baleares (-47.400 parados), destacando la caída en Cataluña (-92.600 parados), Comunidad Valenciana (-23.200), Galicia (-14.900) y País Vasco (-12.400 parados). Y el paro sube sólo en Andalucía (+5.400), Murcia (+3.410), Asturias (+900) y Extremadura (+600 parados).

La cifra total de parados EPA baja de los 2,5 millones  (2.495.300 parados a finales de junio 2025), algo que no pasaba desde junio de 2008 (2.385.700 parados) y que supone 2,5 veces menos de parados que en lo peor de la crisis financiera (6.278.200 parados en marzo de 2013) Y la tasa de paro baja al 9,87%, según la EPA, mucho más baja que antes de la pandemia (13,78% en 2019) y la menor tasa de paro desde marzo de 2008 (9,60%). Eso sí, todavía duplicamos la tasa de paro europea (6% en la UE-27 en junio) y casi triplicamos la alemana (3,9% de paro), según Eurostat. También baja este trimestre la tasa de paro de los jóvenes (menores 25 años), al 23,77% (15,5% en la UE-27).

Hay otros datos preocupantes del paro que también mejoran, según la EPA de junio. El primero, que hay 764.200 hogares con todos sus miembros en paro, 32.700 hogares menos que hace un año. El segundo, que sólo 8 regiones tienen una tasa de paro superior a la media (9,87%) : Ceuta (22.41% de paro), Melilla (20,74%), Andalucía (14,56%), Extremadura  (13,22%), Castilla la Mancha (11,81%), Canarias (11,60%), Comunidad Valenciana (10,88%) y Murcia (10,83% de paro). Y ya tenemos 11 autonomías con una tasa de paro rozando el 8% e incluso por debajo (6,11% de paro Baleares, 7,11% País Vasco, 7,34% Cantabria, 7,58% Madrid, 7,90% Cataluña y 7,94% Galicia). Y el tercero, que bajan los parados de larga duración, los que llevan más de 1 año sin encontrar trabajo: son 892.500 desempleados, el 35,7 % de todos los parados (eran el 38,8% hace un año).

Esto provoca que a muchos parados se les acabe el desempleo y no cobren ya ningún subsidio, pasando a una situación de pobreza extrema. En mayo de 2026, último dato de Trabajo, cobraban alguna ayuda 1.686.936 desempleados: menos de la mitad (47,28%) cobraban un subsidio contributivo (según lo cotizado) de 1.027,4 euros de media y el resto (52,72%) cobraban un subsidio asistencial de 480 euros. Así que sólo el 73,60 de los parados registrados en las oficinas de empleo (2.291.982 en junio) cobran algún subsidio. Pero en realidad, con los datos del paro estimado hoy (2495.300 parados), sólo cobran alguna ayuda el  67,6% de los parados EPA (en 2019 cobraban el 61,5%).

Con todo, lo más positivo sigue siendo la mejor calidad del empleo que se crea en España, tras la reforma laboral de 2022. Este primer semestre, el 42,87% de los contratos firmados fueron indefinidos, un porcentaje similar al de la primera mitad de 2025 (42,67%) y de 2024 (43,56% indefinidos), pero un porcentaje muy superior a los de 2023 (38,7%), 2021 (10,9%) y la media de 2014 a 2020 (sólo entre el 6 y el 8% de los contratos eran indefinidos). Con ello, ya hay 16.629.300 asalariados con contrato indefinido, el 84,9% del total, frente al 74,61% de trabajadores fijos a finales de 2021, antes de la reforma laboral). Lo que también crece son los contratos a tiempo parcial (por horas o días), que aumentan (+22.600 en el último año) y superan los 3 millones de asalariados (3.116.500 en junio), sobre todo por las mujeres (el 71,44% de estos contratos), que trabajan a tiempo parcial porque no encuentran trabajos a jornada completa o para cuidar a hijos y mayores.

Ahora, en 2026, el Gobierno y los expertos creen que España seguirá creando empleo, más que el resto de Europa pero algo menos que en 2025, porque creceremos algo menos (+2,6%, frente al +2,8% en 2025). El último cuadro macroeconómico, aprobado por el Gobierno el 29 de junio, prevé que crezcamos este año más de lo esperado en abril (+0,4%), a pesar de los conflictos geopolíticos y los altos precios de la energía, con lo que esperan que el empleo crezca en 2026 un +2,4% (+539.119 nuevos empleos), algo menos que en 2025 (+605.400 empleos), pero más de los empleos creados en 2024 (+468.100 empleos). Con ello, la previsión del Gobierno es alcanzar los 23 millones de personas trabajando a finales de 2026 ( y una tasa de paro del 9,9%). Y esa estimación prevé que el empleo siga creciendo (menos) en los años siguientes para superar los 24 millones de empleados en 2029 (4 millones más que en 2019), con una tasa de paro entonces del 8,5%.

Los datos indican que estamos en el buen camino para lograr ambos objetivos. Pero el Gobierno Sánchez no puede “lanzar las campanas al vuelo” con el empleo y el paro, por dos razones. Una, porque seguimos siendo el 2º país de Europa (tras Finlandia) con la mayor tasa de paro: 9,87% en España frente al 5,9% en la UE-27 y el 4,9% en la OCDE. Y la otra, porque la tasa de empleo en España es mucho más baja que en Europa: en marzo de 2026,  trabajaban el 72,7% de los que tienen entre 20 y 64 años, frente al 76,3% que trabajaban en Europa, el 75,2% en Francia o el 81,5% en Alemania, según Eurostat. A lo claro :que España tiene todavía 1,08 millones de personas menos trabajando que las que deberíamos tener si fuéramos como la media europea. Y que trabajan 2,6 millones de españoles menos de los que deberían  trabajar si tuviéramos la tasa de empleo de Alemania.

Ese es nuestro gran reto: reformar y modernizar la economía para que ofrezca empleo a más gente (entre 1 y 2 millones más) y eso permita reducir la tasa de paro “a niveles europeos”  En eso deberíamos centrarnos a medio plazo, sin regodearnos en los récords. Y eso implica tomar 2 medidas a corto plazo, que exigen (¡ cómo no¡ ) un pacto político económico y social. Una, aprobar un Plan de empleo, para fomentar la contratación de los parados con más problemas para recolocarse : parados de larga duración (el 35% de todos los parados llevan buscando empleo más de un año), mayores de 55 años (son el 20% de los parados) y los parados con poca formación (el 46% de todos los parados no tienen la 2ª etapa de la ESO o más). Eso exige planes de formación y reciclaje para orientarles a los empleos que más se demandan e incentivos a las empresas que los contraten.

Y la otra, reformar de verdad las oficinas de empleo, porque están colapsadas (se tarda días en conseguir una cita previa para solicitar el subsidio) y además no ayudan a los parados a recolocarse. Se han cumplido 3 años de la Ley de Empleo (entró en vigor el 2 de marzo de 2023) y no ha funcionado: ni se ha hecho un perfil de los parados ni se les ayuda individualmente a colocarse. De hecho, las oficinas de empleo sólo colocan al 1,9% de los parados y apenas un 10% de los desempleados hacen cursos de formación (largos y poco útiles). Y en la web del SEPE sólo hay registradas 93.395 empresas y 29.777 ofertas de empleo. Urge reforzar la plantilla de la SEPE (que tiene 2.000 trabajadores menos de los que necesita), mejorar su sistema informático (pésimo) y cambiar la operativa de estas oficinas (gestionadas de forma muy desigual según las autonomías), para que se dediquen menos a tareas burocráticas y más a recolocar a los parados.

En definitiva, todos debemos alegrarnos porque siga creciendo el empleo y haya 22,77 millones de personas trabajando en España, 10 millones más que hace 60 años. Pero todavía trabaja menos gente que en Europa (de los que están en edad de trabajar) y muchos empleos son todavía precarios, demasiados a tiempo parcial y con bajos salarios. Y, sobre todo, muchos empleos se concentran en los servicios, con altibajos en las contrataciones, y todavía pocos en la industria, las empresas tecnológicas y exportadoras, que ofrecen empleos más estables y mejor pagados. Además, no podemos olvidar que hay mucha incertidumbre en la economía mundial, por la geopolítica, las guerras y los nuevos aranceles de Trump, situación que acabará perjudicando al empleo. Así que habrá que estar vigilantes y dispuestos a tomar medidas para salvar estos 22,77 millones de empleos y conseguir que sigan creciendo, hasta esos 24 millones previstos para 2029. Debería ser nuestro gran reto como país.