lunes, 23 de febrero de 2026

Menos híper, más súper con marcas blancas

En 2025, los españoles batimos un récord de gasto en alimentación (+5,8%): compramos algo más pero sobre todo hemos pagado más por la subida de precios (+3,2%). Una subida que arrastramos desde la pandemia: los alimentos han subido +38,5% desde 2020 a hoy, más del doble que los sueldos. Este consumo se concentra en los super que ofrecen “marcas blancas”, en especial Mercadona, que copa el 27% del mercado y que visitan el 93,2% de los compradores. Con las subidas, las familias comparan más los precios y van más veces al súper para hacer compras más pequeñas. Y pierden cuota los hipermercados, mientras se recuperan las tiendas de barrio, no las de alimentación. Ahora, los precios de los alimentos seguirán altos, porque los fabricantes acaban de subir sus precios y por los efectos del cambio climático: las fuertes lluvias de este año han dañado muchas cosechas y acabaremos notándolo en subidas de frutas, hortalizas, aceite, cereales y carnes. Con todo, comer será cada vez más caro.

                         Los hiper pierden compradores y ventas, los supermercados ganan

2025 ha sido un año histórico para las empresas de alimentación y gran consumo, que facturaron 131.000 millones de euros, un +5,8% más que en 2024, no tanto porque hayan vendido más (+2,5%) como por la subida de precios de lo que vendieron (+3,2%) , según los datos de la consultora NIQ (antigua Nielsen). Todas las secciones vendieron más, pero especialmente los alimentos frescos (las ventas subieron un 9,3% en valor), sobre todo huevos (+6,6%), frutas (+5,5%), carnes (+3,8%) y verduras (+3,1%), aunque también aumentaron las ventas de productos envasados (+4,3% en valor), sobre todo alimentos refrigerados y congelados (+4,3% en volumen) y bebidas no alcohólicas (+3,1% en valor). Y hubo un cambio en los consumidores, por las subidas en bares y restaurantes: aumenta más el consumo de comida y bebida en el hogar que fuera.

La alimentación es el 2º mayor gasto de los hogares, tras la vivienda. En 2024 (último dato del INE), el gasto medio de las familias españolas en alimentación fue de 5.391 euros, el 15,8% del gasto total (39.944 euros), frente a los 4.286 euros que nos gastábamos en 2019 (entonces era el 14,17% del gasto total), según la Encuesta de Presupuestos Familiares. Y este peso de los alimentos ha subido más en las familias con ingresos bajos (destinan el 19,4% de su presupuesto a alimentación) y medios (gastan el 17,9% en alimentación) que en las familias con más ingresos (gastan un 12% en alimentación), con lo que la subida de precios y el mayor gasto en alimentación estos años se ha repartido de forma desigual.

En 2025, el gasto medio en alimentación era ya de 6.259 euros por familia, según la OCU, aunque varía mucho según el tamaño de la ciudad donde se viva (las grandes ciudades son más caras). Y también varía mucho según dónde se compre: la diferencia puede llegar a ser de 1.132 euros de media entre los establecimientos más caros (Sánchez Romero, Supercor y Sorli Discau) y los más baratos (Dani, Alcampo, Tifer y Family Cash), siendo esta diferencia mucho mayor en Madrid y otras grandes capitales.

La fuerte subida de los alimentos estos años ha modificado los hábitos de compra de los consumidores, según el estudio de WorldPanel. Por un lado, casi el 70% de los compradores compara precios antes de hacer la compra, visitando más tiendas y supermercados (visitan hasta 6 establecimientos al año) y complementando compras en varios sitios, según los precios. Por otro, siguen ganando terreno las “marcas blancas (los productos con marca del súper, no del fabricante), que suponen el 45,6% de las ventas de la gran distribución (eran el 32% en 2018). También ganan peso en las ventas las ofertas, promociones (2x1 o 3x2) y las tarjetas de fidelización y descuento. Otra tendencia que avanza es ir más veces a comprar (240 compras por hogar en 2025)  y hacer compras más pequeñas cada vez. Y además, crecen mucho las ventas de platos preparados en los supermercados: en 2025, los platos preparados facturaron 3.750 millones, un 11% más que en 2024.

La tendencia a comprar cada vez más “marcas blancas”, generalmente más baratas, sigue haciendo crecer más a los supermercados “de surtido corto, frente al resto de supermercados e hipermercados, que ofrecen marcas blancas y de fabricantes. Así, en 2025, el supermercado que más cuota ha ganado es Mercadona (+0,6%), que ya supone el 27% de todas las ventas de alimentación (más perfumería y limpieza). Su crecimiento en 2025 se ha apoyado en el aumento de las grandes cestas (el 30%), las ventas en libre servicio de pescado y marisco, el aumento de ventas de perfumería e higiene (+11%) y sobre todo el tirón de sus platos de comida preparada, que supera en facturación (19% del total) a los bares y restaurantes. Lo más llamativo de Mercadona no es sólo que venda más de la cuarta parte de los alimentos que se compran en España sino que además, un 93,2% de los compradores visitan sus tiendas y un 29% son fieles y acostumbran a comprar en Mercadona.

Junto a Mercadona, los grandes súper “de ciclo corto”, que basan su negocio en marcas blancas son la cadena alemana Lidl (6,9% de cuota, +0,5% que en 2024), que se consolida en las grandes cestas por sus precios y tarjeta de fidelización, Dia (3,8% de cuota, +0,1%), que se consolida como cadena de referencia en proximidad, con muchas ofertas y promociones, y la alemana Aldi (2% de cuota, +0,2%), la que más ha crecido en compradores. También son importantes los supermercados regionales, que concentran un 18,5% de cuota (+0,4% en 2025), destacando Consum (3,6% de cuota, +0,2%), con gran penetración en Levante y Cataluña, junto al Grupo IFA (9,9% de cuota, igual que en 2024), BonÁrea, BM, AhorraMas, Dinosol, Bonpreu, Lipa o Alimerka, cuya mayor ventaja es la cercanía, la oferta de alimentos frescos y la buena relación calidad/precio.

Dentro del Top 10 hay 3 hipermercados que han perdido cuota o se han estancado en 2025. El mayor, Carrefour, el 2º gran distribuidor tras Mercadona (3 veces mayor),con una cuota del 9% (-0,7% que en 2024). Le sigue Alcampo, el puesto 7º del ranking, con una cuota del 2,8% (por debajo de Lidl, Dia y Consum), que ha perdido un 0,2% en 2024. Y el tercero, el Grupo Eroski, el 4º en el ranking, con un 4,3% de cuota (la misma que en 2024). En los tres casos, no consiguen ganar clientes y cuota, básicamente porque apuestan  menos por las marcas blancas, aunque tratan de abrir tiendas de proximidad y mejorar sus ofertas. Hay un cuarto hipermercado, la cadena norteamericana Costco, que lleva 10 años en España (acumulando 150 millones de pérdidas), operando con almacenes gigantes (en Madrid, Bilbao, Sevilla y Zaragoza), donde vende productos en formato mayorista (y carburantes), cobrando por ser socio (tiene 750.000, que pagan 36 euros al año).

Junto a estas grandes marcas de la distribución, están cogiendo fuerza unos nuevos operadores, los súper “ultra low cost, que venden los alimentos y productos que otros rechazan (porque tienen una caducidad próxima, con defectos o excedentes de los fabricantes), lo que les permite ofrecer fuertes descuentos, del 50 al 80%. El mayor operador es PrimaPrix, con 3,5 millones de compradores en 2025 , que facturó 350 millones en 2024 en sus 280 tiendas, con 35 nuevas aperturas anuales. El otro grande es Sqrups, que tiene una oferta variable según los fabricantes. Facturó 29,5 millones en 2025 en sus 121 tiendas y aspira a tener 1.000 tiendas en 2033. Ambos aprovechan la 2ª vida de productos que no tienen otra salida, a precios superbajos, que cada vez atraen a más compradores.

Y quedan las tiendas tradicionales de barrio, que se hundieron tras la pandemia y el auge de las marcas blancas y las ventas online, pero que parece que se están recuperando y ganan terreno, aunque no las de alimentación, cuyas ventas crecen menos que los super, empujadas por la cercanía y los productos frescos, pero con dificultades para competir ante la subida de precios, costes y alquileres.

Una novedad importante en el mercado de los alimentos y grandes distribuidores es que las grandes industrias les han subido los precios, un +0,1% de media el 1 de diciembre, por primera vez desde julio de 2024, según el índice de producción industrial del INE. La industria alimentaria justifica esta primera subida a los distribuidores en que están bajando sus márgenes (del 6,8% en 2024 al 6,1% en 2025), mientras los distribuidores (super a híper) han subido sus márgenes a un máximo histórico (5,8% en 2025, frente al 5,2% en 2024 y el 3,8%, el margen mínimo de 2013), según el Observatorio de márgenes empresariales. De hecho, la asociación de consumidores CECU acaba de denunciar ante la Comisión de la Competencia (CNMC) la subida de estos márgenes de los supermercados, acusándoles de "oligopolio" y prácticas abusivas para "inflar el precio de los alimentos".

Los que no suben márgenes son los que producen los alimentos, agricultores y ganaderos, que se quejan de que ellos cobran poco y la industria y los distribuidores encarecen los alimentos. Eso se comprueba en los índices de precios que publica mensualmente la organización agraria COAG, los IPOD. En el último (enero 2026) se comprueba que los productos agrícolas multiplican su precio 3,76 veces entre el campo y el súper. Y los productos ganaderos, 3,38 veces (ver cuadro de alimentos). Cito algunos ejemplos (enero 2026). El ajo pasa de 1,30 euros/kg que le pagan al agricultor a 7,87 euros que nos cobran en la tienda (+505%). La patata, de 0,35 a 1,91 euros/kg (+446%). La naranja, de 0,32 a 1,82 euros/kg (+469%). El plátano, de 0,48 a 2,33 euros/kg (+385%). La carne de ternera, de 7,70 a 23,85 euros/kg (+210%). El pollo de 1,03 a 3,52 euros/kg (+242%). Y el cerdo, de 1 a 6,75 euros/kg (+568%).

El problema de los alimentos es que no podemos prescindir de ellos, aunque muchas familias han cambiado su dieta y consumen menos frutas, verduras, carnes y pescados, lo más caro. Y sobre todo, que suben cada año, acumulándose unas subidas imposibles. Así, los alimentos han subido un +38,5% entre enero de 2020 y enero de 2026, según el INE. Una subida que es muy superior a la del IPC (+22,4% en estos 6 años) y que supera a la subida de las bebidas (+25,5%), a los gastos de vivienda (agua, electricidad, gas y otros consumos: +25,7%), el transporte (+15%) y los restaurantes y hoteles (+28,4%). Y una subida de los alimentos que duplica con creces la subida de salarios estos 6 años (+17.15%).

Ahora, en 2026, se espera que los alimentos sigan subiendo más que el IPC, lo que obliga a los consumidores a seguir comparando precios y a buscar ofertas y promociones, comprando menos productos frescos y más envasados (menos sanos), también más platos preparados. Y si los fabricantes y la industria siguen subiendo precios este año, los super e hiper nos trasladarán estas subidas a los consumidores. Además, el clima no ayuda: las fuertes lluvias de enero y febrero han dañado muchas cosechas, lo que se traducirá en los próximos meses en subidas extras en algunos alimentos: aceite, cítricos, hortalizas y frutas, huevos, carnes y cereales. De hecho, tres productos que han subido mucho (el café, el chocolate y los piensos para el ganado) se deben a problemas climáticos en paises productores (Brasil y Vietnam para el café, Costa de Marfil y Ghana para el cacao) o a la guerra de Ucrania (cereales y piensos). Y esa emergencia climática nos traerá nuevas subidas de alimentos en 2026.

Cara al futuro, el precio de los alimentos va a seguir oscilando con la demanda y las épocas del año (en verano y Navidad siempre serán más caros). Y seguirá a fondo la guerra de precios, en muchos casos a costa de un deterioro de la calidad de los productos y de “trampas” (como vender productos al mismo precio pero con menos peso o volumen). Pero lo más preocupante es que la crisis climática afecta muy negativamente a la cesta de la compra, porque las olas de calor, la sequía, las heladas o el granizo y las inundaciones deterioran las cosechas y fuerzan a subir los precios de los alimentos, sobre todo los productos frescos. Así que ya lo saben: comer y beber será cada vez más caro y de peor calidad, mucho importado. Y dado que la alimentación es nuestro 2º mayor gasto, este encarecimiento de la comida afectará cada vez más a nuestros bolsillos y será clave en los vaivenes mensuales de la inflación. Es lo que hay.

jueves, 19 de febrero de 2026

La Formación Profesional se privatiza

Conocemos bien el auge de la sanidad privada y de la enseñanza privada en colegios y Universidades, sobre todo en las autonomías gobernadas por el PP. Se conoce menos la privatización de la Formación Profesional (FP): un tercio de los alumnos estudian en España en centros privados, ante la falta de plazas y cursos atractivos en los centros públicos (faltan más de 100.000 plazas).La FP en centros privados ha crecido el doble que la pública, sobre todo los cursos a distancia (online) y tiene un mayor peso en el País Vasco (43,8% alumnos presenciales en la privada), Madrid (37,6%), Aragón (35,9%), Cataluña (35,9%) y Andalucía (33,1%). La gran demanda de FP, porque permite encontrar trabajo mejor, ha atraído al sector a muchas empresas (1.020 sólo en Madrid) y Fondos de inversión, que en ocasiones ofrecen chiringuitos” educativos sin calidad. Por eso, el Gobierno anuncia un Decreto para reforzar las exigencias a los centros privados de FP y evitar “chiringuitos”, un Decreto similar al aprobado para frenar las Universidades privadas.

                           Enrique Ortega

El salto de la Formación Profesional (FP) en España durante los últimos 15 años ha sido espectacular, con más del doble de alumnos estudiando. Así, en el curso 2010-11 había 582.576 alumnos estudiando FP (el 7,5% de todos los estudiantes no universitarios) y en la década siguiente, en el curso 2021-2022, ya superaban el millón (1.027,367 estudiantes, el 12,4% de todos los alumnos no universitarios). Y han seguido creciendo, hasta alcanzar en este curso 2025-26 la cifra de 1.218.347 alumnos en Formación Profesional (el 14,69% de todos los estudiantes no universitarios), la enseñanza que más crece.

Los estudios de FP se reparten entre 4 niveles. El primero, la FP Básica (86,124 alumnos este curso), formación profesional reglada y gratuita de dos años de duración, diseñada para jóvenes de 15 a 17 años que no han finalizado la ESO y desean aprender un oficio. Permite obtener un título profesional básico y el título de Graduado en ESO. El segundo es la FP de Grado Medio (479.864 alumnos este curso), una enseñanza postobligatoria de dos años (2.000 horas) que capacita técnicamente para un oficio. Dirigida a quienes finalizaron la ESO o FP Básica, combina teoría con prácticas obligatorias en empresas. Al terminar, se obtiene el título de Técnico, facilitando la inserción laboral o el acceso a Grado Superior. El tercer nivel es la FP de Grado Superior (642.584 alumnos este curso), una enseñanza profesional de otros 2 años que ofrece el título de Técnico Superior. Combina teoría y prácticas (FP Dual), enfocada en alta inserción laboral y permite el acceso directo a estudios universitarios. Y hay un 4º nivel, los Cursos de especialización (9.765 matriculados este curso), una especie de “Masters de FP”, que permiten especializarse (estudios de 300 a 900 horas) en áreas profesionales de alta demanda (inteligencia artificial, ciberseguridad, IoT o energías renovables).

La FP se ha disparado en España porque muchos jóvenes han visto que es una enseñanza que ayuda a encontrar empleo (muchos estudios rozan el 90% de colocados) y porque ha servido para “recolocar” a jóvenes que habían abandonado los estudios antes de acabar la ESO o que no quieren estudiar Bachillerato (la FP “gana” al Bachillerato desde el curso 2014-15 y este curso casi le duplica: 1,2 millones de alumnos en FP frente a 707.778 en Bachillerato). Estudiando FP hay más hombres (53,5%) que mujeres (46,5%) y casi un 10% de los alumnos son extranjeros (120.950 este curso). Y dos tercios de todos los estudiantes de FP se concentran en las 4 autonomías más pobladas: Cataluña (228.053 alumnos este curso), Andalucía (207.865 alumnos), Madrid (180.581) y Comunidad Valenciana (134.859).

La mayor parte de estos alumnos de FP estudian en centros públicos (el 66,1% en el curso 2024-25), aunque lo más llamativo es el gran salto que han dado los alumnos de FP que estudian en centros privados (33,9%), ya que la FP privada ha crecido el doble que la pública, como demuestra este estudio de CCOO. Este fuerte aumento de la FP en centros privados se debe a la falta de plazas en la FP pública, que no ha sido capaz de aumentar su oferta al ritmo de la fuerte demanda. Y además, los centros públicos de FP ofrecen ciclos formativos más adaptados a los nuevos empleos, mientras mucha oferta de los centros públicos se ha quedado obsoleta. Y también juega en contra de la FP pública que tiene demasiados alumnos por clase y que en muchos centros hay problemas para hacer prácticas, mientras los centros privados suelen estar más ligados a empresas locales.

Otra razón que explica el auge de la FP privada, según el estudio de CCOO, es que han apostado por ofrecer FP a distancia, online, con menos costes y una gran demanda en zonas rurales y ciudades con poca oferta de FP presencial (en la España “vaciada”), también porque hay menos controles y exigencias. Por todo ello, lo que nació como una FP complementaria se ha convertido en una oferta clave. Y una oferta que lideran las empresas privadas: si en el curso 2018-19 la FP a distancia llegaba sólo a 87.418 alumnos (30.420 en centros privados), en el curso 2024-25, los alumnos a distancia eran ya 223.300 (2,5 veces más) y la mayoría ahora estaban matriculados en centros privados (128.971 alumnos, 4 veces más, frente a 94.323 alumnos online en centros públicos).

El tirón de la FP en centros privados se ha dado sobre todo en las autonomías con más crecimiento económico y más demanda, un proceso también amparado por los gobiernos del PP, que no han reforzado la FP pública. Así, en el curso 2024-25 había 6 autonomías donde el porcentaje de alumnos presenciales en centros privados de FP superaban la media española (28,4% estudian en centros privados presenciales y un 33,9% si contamos toda la FP, presencial y online): País Vasco (43,8% alumnos presenciales estudian en centros privados), Madrid (37,6%), Aragón (35,9%), Cataluña (35,6%), Andalucía (33,1%) y Cantabria (30,2% de los alumnos), según el estudio de CCOO. Y sólo tienen un bajo porcentaje de alumnos en la FP privada Canarias (8,7%), Castilla la Mancha (12%) y Extremadura (13,9%).

Esta fuerte presencia de la FP privada se concentra en las autonomías con más demanda de los jóvenes y donde hay más déficit de plazas públicas (Cataluña y Madrid), concentrándose además en las dos ramas con más dinamismo, la FP básica y la FP a distancia. Pero hay otra razón: la FP privada crece también porque ofrece una serie de ciclos formativos más atractivos y tienen más potencial de empleo, estudios que la FP pública apenas ofrece (por falta de inversión en profesores y ciclos). El estudio de CCOO cita las 8 titulaciones más atractivas que hacen crecer a la FP privada porque no las ofrece o faltan plazas en la FP pública: Imagen para el Diagnóstico y Medicina Nuclear,  Radioterapia y Dosimetría, Higiene Bucodental, Anatomía Patológica, Desarrollo Aplicaciones Multiplataforma, Desarrollo Aplicaciones Web, Educación Infantil e Integración Social.

La FP privada crece buscando la máxima rentabilidad y para eso se concentra en las autonomías con más demanda (y menos plazas públicas) y en las zonas rurales y ciudades desatendidas por la FP pública (con la FP a distancia). Además, buscan concentrar su oferta en estudios ligados a la industria e innovación (automoción, energía e industria) y a los estudios más demandados. En Grado Medio, los estudios de Sanidad (119.085 alumnos, el 50% en centros privados), Administración y Gestión  (58.371 alumnos) e Informática y Comunicaciones (51.235 alumnos). Y en Grado Superior, Sanidad (108.428 alumnos, el 68% en centros privados), Informática y Comunicaciones (96.215 alumnos, el 35% en centros privados), Servicios socioculturales (77.920 alumnos,34% en centros privados) y Administración y Gestión (76.306 alumnos, 29% en centros privados). Mientras, la FP pública dispersa sus esfuerzos ofreciendo cientos de estudios, muchos obsoletos y con poca demanda.

La consecuencia de este auge de la FP privada es que las familias de los estudiantes se ven obligadas a gastar en la formación de sus hijos, que sería gratis (sólo Madrid y Cataluña cobran 800 euros en los ciclos superiores de FP) si consiguieran una plaza en los centros públicos. En los centros privados, el coste de la FP básica y de Grado medio oscila entre 1.000 y 3.000 euros año (por 2 años) y en Grado Superior y Especialización, el coste oscila entre 3.000 y 6.000 euros año (por 2 años), lo que retrae a muchas familias con bajos ingresos (que son las que más apuestan por la FP) o las obliga a endeudarse.

En definitiva, que la FP crece imparable, porque facilita encontrar empleo, pero los centros públicos tienen pocas plazas (el déficit supera las 100.000, la mitad en Madrid) y por eso crecen cada año los centros privados, que anteponen la rentabilidad a la formación. Y en muchos casos, según denuncia el estudio de CCOO, con menos exigencia y controles educativos, sobre todo en la enseñanza a distancia. Así que la FP ha empezado a ser “otro negocio más”, como la sanidad o la Universidad, por el que están apostando empresas privadas y Fondos de inversión, que llevan años desembarcando en España, con un volumen de inversión en educación de 6.000 millones de euros solo en 2024.

El mayor inversor privado en la FP española es el Fondo norteamericano KKR, que ha forjado un “imperio educativo en los últimos años y facturó 174,5 millones en 2022. Opera a través de Educa Holdco y tiene 17 empresas educativas en cartera, entre ellas Master D, la malagueña Medac (la compró en 2021 por 200 millones), Itep Formación, Implika Educación y Obicex Formación. Otro Fondo, el suizo Crescendo compró el conocido grupo de formación CCC. Otro gigante de la formación (no sólo FP) es E-Magister, en manos de un Fondo que pertenece a Educaedu Group. En 2021, Invertindustrial compró al grupo Planeta las firmas CEAC, Deusto Formación y Deusto Salud. Otra empresa con cursos presenciales y online es Linkia Talentia, cuyo accionista mayoritario es el Fondo Q Impact. Otra empresa con cursos de FP, Ilerna, fue adquirida por el grupo francés Skill&You, propiedad del Fondo IK Partners. Y Metrodora, que controla varios centros de FP tiene detrás al Fondo Magnum Industrial Partners.

El problema de estos Fondos es que invierten en FP como podrían hacerlo en inmuebles, hoteles o empresas tecnológicas, buscando un beneficio rápido: tratan de aumentar los alumnos y la facturación, para vender la empresa en unos años con plusvalías. Por eso, muchos profesionales y expertos piden que se controlen estas inversiones, dado que están ligadas a la formación y el futuro empleo de nuestros jóvenes. CCOO propone reforzar los controles y las auditorias a estos centros privados de FP, siendo mucho más rigurosos en la autorización de nuevos centros y ciclos formativos.

Al hilo de esta explosión de centros privados de FP, sobre todo en Madrid (hay 1.020 empresas que ofrecen ciclos formativos de FP), Cataluña, Andalucía, Comunidad Valenciana y País Vasco, el propio presidente Sánchez acaba de anunciar , el 4 de febrero, que el Gobierno “impedirá la entrada de centros privados de FP sin calidad”. Y para ello, anuncia que se aprobará en dos meses un Decreto para frenar la creación de “chiringuitos” en la FP, como se ha hecho con las Universidades privadas. Su idea es exigir una serie de requisitos para que se autoricen esos centros en el futuro, una normativa que no necesita ser convalidada por el Parlamento. Eso sí, lo esperable es que el “Decreto anti-chiringuitos” en FP sea recurrido ante los Tribunales, como han hecho los gobiernos de Madrid, Extremadura y Aragón con el Decreto que establece requisitos mínimos para la apertura de Universidades privadas.

Al final, nos enfrentamos a un problema serio: la FP ha duplicado con creces sus alumnos pero crece sobre todo por el fuerte aumento de la oferta privada, porque los centros públicos están faltos de recursos, medios y profesores y no pueden atender la creciente demanda, lo que alimenta los centros privados (y su negocio). Urge apostar por los Centros públicos de FP, aportando recursos y modernizando su oferta, con el apoyo de las empresas (prácticas en la formación dual). Y eso porque tenemos el doble de paro juvenil (23,4%) que Europa (14,7%) y menos peso de la FP, que debe seguir creciendo: en España, sólo el 39% de los alumnos que han pasado la ESO eligen la FP, frente al 51% en Europa y el 44% en la OCDE. Para ello, hay que apostar por la FP pública, dejando la FP privada como complementaria. Es lo mismo que pasa con la sanidad o el resto de la educación: hay que apostar por lo público y no permitir que la salud o la educación se gestionen como un negocio privado más.

lunes, 16 de febrero de 2026

Euro fuerte: ventajas e inconvenientes

El euro se ha fortalecido frente al dólar desde que gobierna Trump, revalorizándose un +14%, más por la desconfianza de los inversores en sus medidas que por la mejora de la economía europea, paralizada (como sus líderes). Esta revalorización del euro (llegó a costar 1,20 dólares el 27 de febrero) tiene ventajas e inconvenientes para Europa. Por un lado, abarata nuestras importaciones y la factura del petróleo y el gas, rebajando la inflación. Pero un euro más fuerte encarece los productos europeos, reduciendo las exportaciones y la competitividad de nuestras empresas. Y encarece Europa a los turistas con dólares. Pero la debilidad del dólar puede aprovecharse para aumentar el uso del euro en el mundo, ahora que los inversores huyen del dólar y los bonos USA. El BCE quiere lanzar el euro digital, para sustituir el pago con tarjetas que controlan las norteamericanas VISA y Master Card (gestionan 80% de nuestros pagos). También que Europa emita masivamente eurobonos, para atraer la inversión mundial. Más protagonismo del euro y de Europa.

                            Enrique Ortega

El euro ha cumplido 24 años de vida (lo usamos desde el 1 de enero de 2002) cotizando en máximos frente al dólar. Nació formalmente el 1 de enero de 1999 en 12 paises, cotizando algo por encima del dólar (1,07 dólares por euro), pero enseguida perdió la paridad, desde 2000 a 2002, cuando llegó a nuestros bolsillos (cotizando a 0,95 dólares). Luego se recuperó en 2003 (cotizando a 1,13 dólares), hasta alcanzar un máximo en 2008 (1,47 dólares por euro). Con la crisis financiera y la debacle de la deuda europea, cayó hasta alcanzar un mínimo en 2015 (1,11 dólares por euro). Y así se mantuvo (entre 1,11 y 1,18 dólares) hasta 2022, cuando la invasión de Ucrania y la hiperinflación revalorizaron el dólar como “moneda refugio”, perdiendo el euro la paridad: costó menos de 1 dólar entre el 22 de agosto y el 8 de noviembre de 2022. Posteriormente, las rápidas subidas de tipos y el temor a una crisis bancaria en USA fortalecieron la moneda europea, cotizando entre 1 y 1,07 dólares en 2023 y 2024. Y en 2025, tras la toma de posesión de Trump (20 enero), el euro volvió a revalorizarse: de costar ese día 1,041 dólares ha llegado a costar 1,2040 dólares (el 27 de enero 2026).

Ahora, el euro cuesta algo menos (1,1871 dólares el viernes 13 de febrero), pero eso supone una revalorización del 14% frente al dólar desde la llegada de Trump a la Casa Blanca. Una revalorización del euro que no es mérito de Europa sino demérito de EEUU, que está pagando así las consecuencias de las locas políticas de Trump: los inversores castigan sus polémicas medidas, sus ataques a la independencia de la Reserva Federal (su Banco central) y también su abultado déficit público (1,9 billones de dólares, el 5,8% del PIB, más del doble del déficit español, del 2,5% del PIB) y su disparada deuda (38,3 billones de dólares, el 101% de su PIB), que le obligan a emitir demasiados bonos USA, depreciando los actuales. Todo ello, incertidumbre y deuda, provocan que muchos inversores internacionales apuesten por reducir su posición en dólares, vendiendo, lo que deprecia la moneda USA.

Además, muchos expertos creen que Trump busca precisamente que el dólar se deprecie, para ayudar a las empresas norteamericanas a exportar mejor sus productos y a vender mejor su petróleo y su gas, aumentando el crecimiento USA, aunque sea a costa de más inflación (porque la debilidad del dólar encarece los productos importados), aunque todavía no se haya disparado la inflación, que cerró el año 2025 con una subida anual del 2,7% (superior al objetivo del 2% y mayor que el 1,9% de inflación en Europa).

Ahora, se espera que el dólar siga depreciándose en 2026 y llegue a cotizar a 1,25 dólares por euro, lo que supondría ya una caída del 20% desde que gobierna Trump. A favor de nuevas caídas del dólar está la errática política económica y comercial de Trump y la estimación de los expertos de que el déficit público USA seguirá subiendo (por las rebajas de impuestos), hasta los 3,1 billones de dólares en 2036 (el 6,7% del PIB) y también la deuda USA (hasta el 120% de su PIB), niveles que preocupan mucho a los inversores. Y en paralelo, aumentan los inversores que buscan destinos alternativos a los bonos de deuda USA. Así, el gobierno chino ha pedido a sus bancos, en febrero, que reduzcan su exposición a los bonos USA, algo que llevan haciendo años: en 2025, China tenía en cartera bonos USA por valor de 682.600 millones de dólares, el nivel más bajo desde 2008. Y ahora son el tercer mayor inversor en bonos USA, tras Japón (1,25 billones) y Reino Unido (885.000 millones), que también están reduciendo sus inversiones en bonos USA, lo mismo que algunas de las grandes gestoras de fondos norteamericanas, como Pimco o Amundi.

La depreciación del dólar y la consiguiente revalorización del euro (+14% desde la llegada de Trump y hasta un  posible +20% este año) preocupa en Europa, porque tiene consecuencias positivas pero también negativas .La principal ventaja de que el euro se revalorice es que se abaratan las importaciones que se pagan en dólares, en particular la energía (petróleo y gas) y todos los demás productos industriales y de consumo. Esto ayuda especialmente a los paises como España, que importan más de lo que exportan, pero no a Alemania, Francia, Italia, Bélgica o Paises Bajos, paises que exportan más de lo que importan. Con todo, un euro fuerte reducirá la inflación en Europa, algo en principio positivo, pero no tanto ahora, porque la inflación ya es baja (1,7% anual zona euro en enero 2026) y eso puede debilitar más el bajo crecimiento europeo, obligando al BCE a bajar más los tipos de interés (ya bajos, en el 2%).

Pero la revalorización del euro tiene un grave inconveniente: encarece los productos europeos (un 14% ahora y puede que hasta un 20% después) y eso frena las exportaciones europeas, uno de los motores del crecimiento europeo (débil: +1,5% en 2025), lo que reduce la competitividad de los productos y servicios europeos en el mundo. Y además, reduce la llegada de los turistas que pagan sus viajes en dólares, viajes que ahora son más caros (+14%), lo que afecta especialmente a España (un 16% de los turistas no son europeos).

En cualquier caso, con la depreciación del dólar se ha acabado una época, un siglo de hegemonía indiscutible del dólar como moneda de reserva y de inversión en el mundo. Sigue siendo la moneda dominante, pero menos: acapara el 57,8% de las reservas de divisas mundiales (frente al 72% en 1999), el 65,4% de la deuda internacional, el 52,2% de los préstamos internacionales y el 57,2% de los depósitos, aunque todavía acapara el 88,45% de las operaciones en divisas. Y han avanzado en las últimas décadas el euro, el yen, la libra y sobre todo el yuan chino, con unos inversores y paises que ahora reaccionan a la ruptura de la geopolítica mundial diversificando inversiones y monedas.

En esta nueva realidad, el euro tiene más posibilidades de ampliar su presencia internacional. Actualmente, el euro es la moneda común de 21 paises europeos (Bulgaria se sumó el 1 de enero), que utilizan a diario 350 millones de europeos. Y la 2ª moneda mundial, tras el dólar, con 60 paises (y 175 millones de personas) que tienen vinculada su moneda (directa o indirectamente al euro). Además, están en euros el 19,8% de las reservas mundiales (por delante del 5,5% del yen japonés, el 4,9% de la libra y el 10,7% del resto de monedas, sobre todo el yuan chino). Además, está en euros el 22,5% de toda la deuda mundial, el 26% de los préstamos internacionales y el 23,3% de los depósitos, así como el 30,5% de las operaciones diarias en divisas. Y se emiten en euros la mitad de los “bonos verdes” del mundo.

Ya en enero de 2021, la Comisión Europea aprobó una Estrategia para fortalecer el papel internacional del euro, como moneda de reserva y de transacciones, proponiendo un abanico de medidas a medio plazo: llegar a inversores de terceros paises, promover los bonos verdes de la UE, desarrollar índices de referencia y centros de negociación en euros, fomentar los derivados sobre materias primas en euros y mejorar los derechos de emisión de CO2 de la UE. Eso puede ayudar a mejorar el peso internacional del euro, pero todos los expertos creen que,  en las próximas décadas, el dólar seguirá siendo el rey (como lo es desde finales de la II Guerra Mundial), aunque ahora se haya depreciado frente al euro. Sigue siendo “la moneda refugio” del mundo y más en las crisis, como se vio tras la invasión de Ucrania. Y eso, a pesar de los intentos de China por comer terreno al dólar en el mundo con su yuan.

En cualquier caso, la Comisión Europea y el BCE creen ahora que la depreciación del dólar y la política errática y disparatada de Trump pueden ayudar a fortalecer el euro en el mundo. Y una de las medidas en que más confían es promover el euro digital, para conseguir una independencia estratégica del sistema de pagos europeos, ahora muy dependiente de EEUU. El hecho es que los pagos con tarjeta suponen un 39% de las operaciones en Europa (un 52% se hacen en metálico, un 6% son pagos con móviles y el 4% son con otros medios) y estos pagos están monopolizados por dos multinacionales USA, Visa y Master Card (que controlan el 80% de las operaciones con tarjeta que hacen los europeos). También otros pagos online que se hacen a través de Pay-Pal, Google Pay, Apple Pay o Samsung. El BCE cree que con el euro digital, la mayoría de los pagos podrían pasar a plataformas europeas.

Por eso, el BCE envió una carta al Consejo Europeo, de cara a su reunión informal del jueves pasado, para que aceleren la llegada del euro digital y no le pongan problemas, ni en la Comisión ni en el Parlamento europeo y en los paises europeos, aunque el proceso está siendo lento y el euro digital no se espera que sea una realidad hasta 2029.

Otra medida que propone el BCE, para promover el euro y mejorar la economía europea es promover emisiones de deuda en euros, los famosos eurobonos, un activo que hasta ahora no era bien visto por Alemania (“Europa no tendrá deuda compartida mientras yo viva”, dijo Angela Merkel en junio de 2012), Holanda, Austria y paises nórdicos, porque temían un fuerte endeudamiento europeo que compitiera con su propia deuda. Pero con la pandemia y las últimas crisis, la Comisión Europea ha roto “el tabú de los eurobonos”, emitiendo deuda europea en tres ocasiones: para financiar el Plan de recuperación de 2020 (Fondos Next Generation), para financiar los proyectos de seguridad y compra de armas (SAFE) y para financiar los créditos para Ucrania en 2026 y 2027. Pero son eurobonos extraordinarios, de poco volumen. Lo que propone ahora el BCE es emitir eurobonos en cantidad, para ayudar a financiar la economía europea y las urgentes inversiones en industria, tecnología, innovación e inteligencia artificial, digitalización medio ambiente, Defensa y Seguridad.

España, a través del ministro de Economía, acaba de apoyar esta propuesta de que Europa emita eurobonos y compita con los bonos USA por el ahorro mundial. Actualmente, el desequilibrio es escandaloso: hay 1 billón de euros en deuda europea y 33 billones de euros en deuda USA. Si Europa se lanza a este mercado y emite deuda, ayudaría a potenciar el papel internacional del euro y podría captar esas inversiones que ahora buscan salirse de la deuda USA, porque tiene un volumen peligroso y por la política insensata de Trump. Y el BCE cree que el euro digital sería otro elemento clave, mientras plantea la necesidad de que Europa integre de verdad sus mercados de capitales, algo que no existe hoy. Y todo ello, para dar un empujón a la economía europea, para que pueda competir mejor en el futuro frente a EEUU y China, con más financiación y una moneda fuerte.

En resumen, que la locura económica y política de Trump se traduce en una depreciación del dólar, que beneficia a la competitividad de EEUU pero perjudica a las empresas europeas y a las exportaciones y al turismo español. Pero Europa puede aprovechar la coyuntura para fortalecer el papel internacional del euro, como moneda de reserva y de pagos, lo que exige avanzar más rápido en el euro digital y que Europa emita deuda, eurobonos, para captar inversiones internacionales que nos ayuden a dar un salto económico frente a USA y China. Es hora de tomar medidas monetarias y financieras para aplicar el Plan Draghi y asegurar el futuro económico, financiero de seguridad de Europa, algo que han discutido la semana pasada los líderes europeos en Alemania sin lograr acuerdos concretos. Despierten y afronten que el mundo ha cambiado y que los europeos debemos reaccionar y actuar.

jueves, 12 de febrero de 2026

La pobreza se estanca

España crece, crea empleo y baja la inflación, pero casi la mitad de los españoles tienen problemas para llegar a fin de mes y 1 de cada 4 personas está en riesgo de pobreza, según la última estadística del INE. Son una décima menos que en 2024, pero como somos más habitantes, hay más españoles en riesgo de pobreza. Y tenemos más “pobres, personas que ganan menos del 60% de la media: son 9.666.291 personas. Así que, pese a nuestro mayor crecimiento, España es el 5º país con más pobreza de Europa. Y aunque han aumentado las ayudas públicas, están mal diseñadas y tenemos 4 millones de personas muy vulnerables, con carencias materiales severas. Y la pobreza infantil ronda los 2 millones de menoresUrge tomar medidas, mejorando los sueldos más bajos, reduciendo el subempleo, promoviendo alquileres asequibles y aprobando ayudas para familias con niños, el epicentro de la pobreza. Precisamente, el Gobierno aprobó este martes una ayuda de 200 euros al mes por hijos menores de 18 años, pero sin concretar cuándo ni cómo se podrá pagar. Hay que repartir mejor el crecimiento, porque demasiadas personas no lo notan.

                               Enrique Ortega

Europa es un continente con un alto nivel de vida pero también tiene muchas personas en situación vulnerable: en 2024, 93,3 millones de personas en la UE estaban en riesgo de pobreza o exclusión social, el 21,0% de la población (tasa AROPE), según Eurostat. Un dato que incluye los europeos que sufren una de estos tres situaciones: pobreza monetaria (ingresar menos del 60% de la renta media de cada país UE), carencia material severa (problemas para comer adecuadamente, afrontar gastos o mantener la vivienda a una temperatura adecuada) o bajo nivel de empleo (trabajar menos del 20% potencial). De 2025 no hay todavía datos europeos, pero sí de España: el porcentaje de españoles en riesgo de pobreza o exclusión social fue del 25,7%, según el INE, bajando sólo una décima respecto a 2024 (25,8%, cuando éramos el 4º país UE con más riesgo de pobreza, tras Bulgaria, Rumanía y Grecia). Pero como ha crecido la población española en 2025 (+ 442.428 habitantes), ahora hay más españoles en riesgo de pobreza (12.739.676 personas) que en 2024 (12.675.100).

Veamos los tres indicadores que componen la tasa europea AROPE. El primero y más importante es la tasa de pobreza monetaria, los que ingresan menos del 60% de la media del país (en 2025, menos de 12.220 euros los solteros y menos de 25.663 euros las familias con dos adultos y dos niños): eran el 19,5% de la población española, dos décimas menos que en 2024 (19,7%). Pero como la población ha aumentado en 2025, el número de habitantes pobres es casi igual  (9.666.291 personas, 11.983 menos que en 2024). El mayor porcentaje de “pobres” se da en familias con niños, con un 28,5% de menores de 16 años viviendo en familias pobres, casi 2 millones de niños, lo que nos coloca como el 2º país europeo con más pobreza infantil (tras Rumanía). Además, la pobreza monetaria (19,5% de la población) es mayor en Melilla (39,3%), Ceuta (37%), Andalucía (27,7%), Murcia (26,7%), Extremadura (26,2%) y Comunidad Valenciana (26%), según el INE.

El segundo indicador de exclusión social es la carencia material severa, las personas que carecen de 4 de estos 9 conceptos: no pueden irse de vacaciones al menos 1 semana (el 32,2% de los españoles, 16 millones de personas), no pueden comer carne, pescado o pollo al menos cada dos días (5,4% de la población, 2,7 millones de personas), no pueden calentar su casa (el 15,9%), no pueden afrontar gastos imprevistos (el 36,4%de la población, 18 millones de personas), han tenido retraso en el pago de sus gastos de vivienda o compras a plazo (13,3%), no pueden tener un coche (5,4%), ni teléfono ni televisor ni lavadora. En conjunto, sufrían esta carencia material severa el 8,1% de los españoles en 2025, prácticamente 4 millones de personas (62.420 menos que en 2024, cuando eran el 8,3%).

El tercer indicador de exclusión social es tener un nivel de empleo mínimo, trabajar en 2025 menos del 20% del tiempo potencial: les pasó al 8% de los españoles, unos 4 millones de personas, el mismo porcentaje que en 2024, a pesar de la mejoría del empleo. La mayoría de los excluidos cumplen 1 de estas 3 condiciones (sobre todo la pobreza monetaria, por sus bajos ingresos), pero hay un 1,4% de españoles (700.000 personas) que cumplen las tres condiciones: bajos ingresos, varias carencias materiales severas y un mínimo nivel de empleo. Son los más vulnerables de los vulnerables.

Otro dato que revela la Encuesta del INE es el nivel de desigualdad de España, medido con dos indicadores. El primero, el índice S80/20 indica la relación de ingresos entre el 20% de la población que más gana y el 20% que menos gana: era de 5,2 veces en 2025, menos desigualdad que en 2024 (5,4 veces) y que en 2019 (5,9 veces). El segundo, el índice de Gini, que cuanto más bajo es refleja menos desigualdad: ha bajado de 33 en 2019 a 31,2 en 2024 y 30,8 en 2025, el índice de desigualdad más bajo desde 1989. Pero todavía tenemos mucha más desigualdad que la media UE-27 (índice 4,66 veces en 2024) y que Alemania (4,49) o Francia (4,66), aunque menos que Italia (ganan 5,53 veces más los más ricos), según Eurostat.

Fuera de estos indicadores de pobreza y desigualdad, el INE ha publicado otro dato importante, en su Encuesta de Condiciones de Vida 2025: los españoles que tienen problemas para llegar a fin de mes. Y la estadística mejora, pero poco. El 8,5% de la población (4,2 millones de personas) tiene “mucha” dificultad para llegar a fin de mes, menos que en 2024 (9,1%) aunque más que antes de la pandemia, en 2019 (7,4% tenían entonces “mucha” dificultad para llegar a fin de mes). Otro 12,1% llegan a fin de mes “con dificultad” (12,7% en 2024 y 14,2% en 2019). Y un 25,3% llega “con cierta dificultad” (25,6% en 2024 y el mismo 25,3% en 2019). Así que, sumando los tres grupos, casi la mitad de los españoles (el 45,9%) tiene algún problema para llegar a fin de mes, algo menos que en 2024 (47,4%) y que en 2019 (46,9%), aunque entonces había menos población. Los que tienen más problema para llegar a fin de mes (con “mucha” dificultad) son los hogares con un adulto y uno o más niños (el 19,6%) y los hogares de Castilla la Mancha (12,7% llegan a fin de mes con “mucha” dificultad), Murcia (12,1%), Canarias (11,5%), Andalucía (11,3%) y Ceuta (10,5%).

A la vista de estos datos, queda claro que España tiene un problema de pobreza, desigualdad y para llegar a fin de mes, aunque la economía y el empleo crezcan más que nunca. Y a pesar de que en los últimos años se hayan disparado las ayudas públicas a los más vulnerables, primero con la pandemia y luego con la hiperinflación que siguió a la invasión de Ucrania: ERES para paliar la pérdida temporal de empleo, ayudas a los carburantes y al recibo de la luz, control de la subida de alquileres, freno temporal al IVA de los alimentos, ayudas al alquiler y bonos sociales (eléctrico y térmico), así como mejora de la asistencia social y freno a los desahucios de las familias más vulnerables. 

Y sobre todo el Ingreso Mínimo Vital (IMV), que puso en marcha el Gobierno Sánchez en junio de 2020. Inicialmente avanzó muy lentamente, por un exceso de requisitos y burocracia, pero en diciembre de 2025 llegaba ya a 799.553 hogares (+125.824 que en 2024), donde viven 2.441.647 beneficiarios, que reciben una ayuda mensual de 483 euros (mayor si hay menores), que subirá +11,4% este año. Pero la introducción de este IMV ha provocado que 13 autonomías hayan reducido sus ayudas, las rentas mínimas, según un estudio de los Directores y Gerentes de Servicios Sociales: en 2024 las recibían 532.070 beneficiarios, 263.791 menos que en 2020, debido a que 13 autonomías gastan ahora 398 millones menos en esas ayudas, sobre todo Madrid (-95%), Aragón (-92,6%), Castilla la Mancha (-88,2%), Castilla y León (-80,7%) y Andalucía (-79,8%).

A pesar de las mayores ayudas estatales y los recortes de muchas autonomías, el gasto social en España es inferior al de la mayoría de Europa. Las ayudas públicas a las familias (claves para luchar contra la pobreza) suponen el 1,6% del PIB en España (2021), frente al 2,5% de media en la UE-27, el 3,7% en Alemania o el 2,5% en Francia. Pero además de gastarse poco, en España se gastan mal estas ayudas públicas, según nos han reiterado la OCDE y la Comisión Europea: benefician más a las familias de rentas medias y altas que a las familias con rentas bajas, porque el grueso de las  ayudas son desgravaciones fiscales en el IRPF, que benefician a 8 millones de contribuyentes, la mayoría con rentas medias y altas, porque las rentas bajas y los más pobres no declaran (los ingresos de menos de 22.000 euros al año, todos los que están en pobreza severa y la mayoría de los considerados “pobres”).

La propia Comisión Europea alertó, en su informe de diciembre de 2024, sobre el hecho de que las ayudas contra la pobreza en España “tienen menos impacto que en otros paises”, por “los problemas de adecuación y cobertura del sistema de protección social, las disparidades regionales de acceso a los servicios públicos y la persistente pobreza en el trabajo”. Sobre este último punto, recordar que en 2025 eran “pobres” el 11, 6% de los asalariados, 2,6 millones de trabajadores, según la Encuesta de Condiciones de Vida del INE.  Y que España es el tercer país europeo con más porcentaje de “trabajadores pobres” (11,2% en 2024), sólo por detrás de Luxemburgo (13,4%) y Bulgaria (11,8%), peor que Portugal (9,2%) o Grecia (10,7%) y por encima de la UE-27 (8,2% de trabajadores “pobres”), Italia (10,2%), Francia (8,3%) o Alemania (6,5%), según Eurostat.

Por todo ello, expertos y ONGs piden modificar el esquema de protección social a las familias más vulnerables, reformar la política contra la pobreza en España. Por un lado, es urgente coordinar las ayudas públicas, creando “una ventanilla única” donde se soliciten y se gestionen, con menos burocracia, más colaboración entre administraciones (incluyendo los Ayuntamientos, claves en las ayudas contra la pobreza) y dando más entrada a las ONGs, quienes tienen más experiencia y conocimiento del problema. Y por otro, hay que destinar más recursos públicos a la lucha contra la pobreza, gastando el doble (como hace la UE) en ayudas a la familia. Además, urge aprobar una ayuda universal por hijos, clave para reducir la pobreza infantil, como reitera Save the Children.

De hecho, en 17 paises europeos existe una ayuda universal por hijo, que la OCDE ha propuesto a España (y que sólo aplica el País Vasco, desde marzo der 2023, cuando entró en vigor una ayuda universal por hijo de 200 euros que cobrarán las familias durante 3 años). Con esta ayuda, “se matarían dos pájaros de un tiro”: se reduciría la pobreza infantil y la pobreza de las familias (más concentrada en las que tienen hijos) y se fomentaría la baja natalidad, un grave problema estructural de España, que pone en peligro el futuro de las pensiones y del Estado del Bienestar. El Gobierno Sánchez aprobó este martes una ayuda universal por hijo hasta los 18 años, de 200 euros mensuales, dentro de una Estrategia de Desarrollo Sostenible para reducir un 10% en 2030 la tasa de pobreza AROPE (ahora es del 25,7%). Problema: se trata de un objetivo más que de una medida concreta, porque se necesita incluirla en unos Presupuestos para 2026 (casi imposibles de aprobar por ahora) y estudiar con Hacienda cómo se financia (la parte de Sumar del Gobierno propone crear un nuevo impuesto sobre grandes fortunas para costear esta ayuda). Así que de momento, es más un anuncio ("preelectoral") que una ayuda concreta contra la pobreza infantil.  

Para que haya menos pobres y más gente “note” el crecimiento y el empleo, hay que actuar también sobre los salarios, porque son muy bajos y desiguales, lo que provoca que casi la mitad de españoles tengan problemas para llegar a fin de mes. En España, el 30% de los asalariados (5,6 millones de trabajadores) ganan menos de 1.582 euros brutos (1.345 euros netos). Y otro 40% de asalariados (7,5 millones de trabajadores) ganan entre 1.582 y 2.659 euros brutos (entre 1.345 y 1.995 euros netos). Además, la inflación de los últimos años ha subido más que los sueldos, con lo que los asalariados han perdido poder adquisitivo: la subida salarial de los convenios fue del +16,65% entre 2.000 y 2025, según Trabajo, mientras la inflación ha subido un +23,5% entre 2000 y 2025, según el INE.

Otro eje de actuación es la vivienda y los alquileres, culpables de mantener tan alta la tasa de pobreza. Los datos del INE son claros. El porcentaje de españoles en riesgo de exclusión (tasa AROPE) alcanza el 43,1% entre los que viven de alquiler y baja al 19,3% entre los que tienen su vivienda en propiedad. Y lo mismo entre los “pobres monetarios”: son el 14,5% de españoles propietarios, pero el 32,6% entre los que viven de alquiler. Y la carencia material severa se dispara al 17% entre los inquilinos, frente al 4,5% en los propietarios. Así que para bajar las cifras de pobreza, hay que ofrecer alquileres asequibles a los más vulnerables.

El Gobierno aprobó en diciembre de 2024 una Estrategia contra la pobreza 2024-2030, con 4 ejes: garantizar recursos a los más vulnerables (con el IMV y las prestaciones sociales) y un mejor acceso a la vivienda, invertir en las familias más vulnerables, tanto en su educación como en su acceso al empleo, reforzar las ayudas a las familias y mejorar la coordinación entre Administraciones para hacer más eficaces las ayudas sociales. Pero hay pocos recursos para estas políticas sociales, sobre todo en autonomías y Ayuntamientos, con lo que la reducción de la pobreza es muy lenta. De hecho, el escenario macro del Gobierno contempla que la pobreza, que hoy afecta al 19,5% de españoles (9.616.610) sólo baje al 19,1% en 2028: serán 9.747.484 pobres, +130.874 más que hoy, porque seremos 51 millones de habitantes…

Si España no toma medidas drásticas y eficaces, sobre los salarios, la vivienda y las ayudas sociales, tendremos más pobres en unos años. Y esto, además de socialmente injusto, es muy negativo para la economía (menos consumo, menos crecimiento y empleo) y para la política: más españoles malviviendo y sin perspectivas, el caldo de cultivo para el desencanto y los extremismos, un riesgo para la democracia. Por eso, los partidos y la sociedad deberían tomarse en serio el problema de la pobreza y acordar un Plan de choque para que estos millones de españoles vulnerables vivan mejor. Pero eso exige un Pacto entre administraciones y gastar más, algo imposible con los actuales enfrentamientos políticos y las propuestas de bajar impuestos. Otro reto grave que no podemos afrontar mientras persistan los radicales enfrentamientos políticos. Hay que repartir mejor el crecimiento, para reducir la desigualdad y consolidar la democracia. Pero no están por la labor.

lunes, 9 de febrero de 2026

El ahorro no renta

La mayor parte de la gente no puede ahorrar, porque muchos sueldos y pensiones son bajos y se los come la inflación. Pero los que sí ahorran tienen otro problema: apenas sacan rentabilidad a su dinero. Las familias españolas tienen 1,1 billones en cuentas corrientes y depósitos que apenas les rentan, para beneficio de los grandes bancos, que en 2025 ganaron 34.000 millones (+7%). Lo mismo pasa en Europa, donde las familias tienen 10 billones en cuentas y depósitos sin casi rentabilidad. Y además, los que invierten se llevan su dinero a EEUU (300.000 millones al año). Por esto, la Comisión Europea ha recomendado a los paises que lancen una nueva Cuenta de ahorro e inversión, para fomentar que el ahorro se dirija a empresas y proyectos europeos innovadores. El Gobierno español ha abierto consultas para perfilar esta cuenta, pero la banca intenta “desinflarla”, para que no atraiga dinero de depósitos, Fondos y Planes que les reportan altos beneficios. Atentos a esta futura cuenta, donde Europa se juega financiar su futuro.

                            Enrique Ortega

Los europeos somos los ciudadanos occidentales que más ahorramos, sólo superados por algunos paises del Golfo y Asia. En el tercer trimestre de 2025, los ciudadanos de los 20 paises euro ahorraron el 15,1% de su renta bruta disponible (el 14,6% la UE-27), muy por delante del 5% que ahorraron en EEUU, el 3,5% de Canadá, el 10% en Reino Unido, el 1% en Japón o el 5% en Corea del Sur (ojo: 43,4% es la tasa de ahorro en China). El ahorro de los europeos (UE-27), alto desde hace décadas, se disparó con la pandemia (pasó del 12,7% de la renta bruta disponible en 2019 al 25,1% en 2020, el récord del siglo), para bajar después en 2021 (16,6%) y 2022 (12,71%), al dispararse la inflación tras la invasión de Ucrania. Pero luego ha subido en 2023 (13,70%), 2024 (14,54%) y 2025 (14,6% en el tercer trimestre de 2025), según Eurostat. Las causas de este alto nivel de ahorro de los europeos son que priorizamos la seguridad frente a la rentabilidad, empujados por el progresivo envejecimiento y la baja formación financiera. Además, el BCE señala que en los últimos años han aumentado los ingresos de una parte de los europeos por rentas de intereses, dividendos y alquileres, aumentando su capacidad de ahorro.

Dentro de Europa, el país con la mayor tasa de ahorro es Alemania (ahorran el 19,4% de su renta), seguido por Francia (18,6%), Austria (17,34%), Paises Bajos (14,77%) y Bélgica (14,02%), por delante del ahorro en España (el 12,8% de la renta bruta disponible al inicio de 2025), que supera en ahorro a Italia (12%) y Portugal (12,4%), según Eurostat. La media de ahorro en Europa (UE-27) está en el 14,6%, la más alta desde 2021 (17,69%).

En España, la tasa de ahorro de los hogares ha sido tradicionalmente baja, con una media de ahorro del 8,7% de la renta bruta disponible entre 1999 y 2019, básicamente porque los sueldos son más bajos que en el resto de Europa, la inflación alta y muchas familias han optado por comprar una vivienda antes que ahorrar. Pero en 2020, con la pandemia, se frenó el consumo y se disparó el ahorro, hasta el 14,8% de la renta bruta disponible en 2020 (7,4% en 2019). Posteriormente, el ahorro ha ido bajando, en 2021 (13,8%), 2022 (7,2%) y 2023 (11,7%), para subir algo en 2024 (13,6% de ahorro). Y volvió a bajar en 2025, alcanzando un 12% de ahorro sobre la renta bruta disponible el tercer trimestre de 2025, según el INE.

Esta mayor tasa de ahorro en España (12% frente al 8,7% de media entre 1999 y 2019) se explica por varias razones: hay más gente trabajando (casi 2,5 millones más que en 2019), con contratos más estables y algo mejor pagados, que ahora han ganado algo poder adquisitivo por una inflación más moderada (+3,5% subieron los salarios en 2025, frente a una inflación media del 2,7%) y hemos tenido unos tipos de interés altos (por encima del 4% una buena parte de 2023 y 2024), lo que anima al ahorro, junto a las fuertes subidas de las Bolsas.

Pero ¿quién puede ahorrar en España? Sólo el 43,7% de los españoles ahorran de forma habitual, mientras el 19,4% no ahorran nunca y el 36,9% sólo algunos meses, según un estudio de Triodos Bank. Y entre estos que ahorran algo, el 39,5% solo consiguen ahorrar el 10% de su salario y sólo el 20,3% ahorran el 20% de sus ingresos, el porcentaje que recomiendan los expertos y que pocos pueden cumplir, básicamente porque la mayoría tiene bajos salarios (el 70% de los asalariados gana menos de 2.659 euros brutos) y pensiones (la mitad son inferiores al salario mínimo, menores de 1.184 euros mensuales), mientras la inflación se ha disparado en los últimos años (+23,5% entre 2020 y 2025), sobre todo los alquileres (+35%).

Si ahorrar es difícil, el gran problema que tienen los que lo consiguen es sacar una cierta rentabilidad a sus ahorros, algo que la mayoría no consigue. Básicamente, porque un tercio del ahorro de los españoles (el 32,81% en 2025, según INVERCO) está en  cuentas corrientes y depósitos, que apenas dan rentabilidad: en diciembre de 2015, según el Banco de España, las familias tenían 1.094.300 millones metidos en cuentas a la vista (con el 0,14% de rentabilidad) y depósitos a plazo (1,64% de rentabilidad), una cifra de “ahorro conservador” que ha aumentado tras la pandemia (había 853.200 millones en cuentas y depósitos en 2019). Eso significa que este ahorro no renta nada (los escasos intereses se los come la inflación). Y los ahorradores no los mueven a otro lado por miedo al riesgo y porque no tienen “cultura financiera” (España es el 4º país europeo con menos formación financiera).

Otra parte del ahorro (567.500 millones en 2025, el 17,06% del total) lo tienen las familias en Fondos de inversión, un producto que está siendo rentable estos años pero por el que pagan altas comisiones anuales a las gestoras (bancos). Y otra parte del ahorro (390.515 millones, el 11,74% del total) está en Bolsa, en acciones, que estos años reportan altas plusvalías (el Ibex ha subido un +49,27% en 2025), pero que es una inversión poco elegida por los ahorradores, por miedo a otra debacle: sólo el 12% de los españoles invierte en Bolsa, frente al 19% los europeos y el 55% los norteamericanos. 

Y otra parte del ahorro va a contratar Planes de pensiones y seguros de vida o de ahorro, donde había 255.329 millones de euros en 2025 (el 7,7% del total invertido). En conjunto, los activos financieros de las familias, la inversión de su ahorro alcanzó los 3.324.603 millones de euros en 2025 (3,3 billones), según Inverco, el triple de lo que tenían a principios de siglo (1,03 billones) y un 31,8% más del valor de sus activos en 2019. Pero el problema, insisto, en que la mayor parte de este dinero renta poco a los ahorradores, salvo en Bolsa (últimamente) y algunos Fondos (con altas comisiones).

Esta baja rentabilidad de buena parte del ahorro le viene muy bien a la banca, que apenas remunera las cuentas corrientes y depósitos, no sólo ahora (donde lo más que ofrecen por un depósito a plazo, con muchos condicionantes, es el 2%)  sino cuando el tipo oficial del dinero superaba el 4%. Gracias a eso y al aumento de las comisiones (por Fondos, acciones y seguros, más tarjetas y cuentas), la banca española lleva varios años con altísimos beneficios, en buena parte gracias a los ahorradores: en 2021, los 6 grandes bancos (Santander, BBVA, CaixaBank, Sabadell, Bankinter y Unicaja) ganaron 20.003 millones, en 2022 otros 20.850 millones, en 2023 ganaron 26.088 millones (+26%), en 2024 otros 31.768 millones (+21,7%) y en 2025 han ganado 34.000 millones (+7%). Si sumamos, el beneficio de los 6 grandes bancos ha sido de 132.709 millones en los últimos 5 años…

Pero esta baja rentabilidad del ahorro no es un problema sólo de España. En Europa se estima que los ahorradores tienen concentrados 10 billones de euros en depósitos con bajos rendimientos, lo que supone un 31,2% del ahorro en inversiones con baja rentabilidad, un porcentaje que es casi la tercera parte en EEUU (sólo tienen el 12% en cuentas y depósitos con bajo interés). Pero además, Europa tiene otro problema: ahorramos mucho, pero una buena parte de ese ahorro se va fuera, sobre todo a las empresas tecnológicas y a las Bolsas de EEUU. El informe Letta ya alertó hace un par de años que si los europeos ahorran 1,2 billones al año, la cuarta parte (300.000 millones anuales) se van a EEUU. 

Así que el problema del ahorro en Europa es doble: un 34% está poco remunerado y la cuarta parte se fuga a USA, mientras nuestro continente tiene un déficit de inversión, sobre todo en nuevas tecnologías e innovación. Por eso, el 18 de marzo de 2025, la Comisión Europea lanzó una iniciativa, la Unión de Ahorro e Inversiones, “para canalizar cientos de miles de millones de euros de nuevas inversiones hacia la economía europea”. El objetivo es avanzar en la integración financiera de Europa (ahora hay 27 mercados diferentes), con una estrategia apoyada en 3 ejes: avanzar hacia un mercado financiero único, ofrecer a los ahorradores unos activos financieros más atractivos y dirigidos a Europa (con el sello “Finance Europe) y mejorar la educación financiera de los europeos (sólo el 18% tienen un alto nivel).

Avanzando en esta Estrategia, la Comisión Europea aprobó el 30 de septiembre de 2025 una Recomendación a los paises miembros para “lanzar una cuenta de ahorro e inversión en toda la UE”, para conseguir el traspaso de buena parte del dinero que está colocado en cuentas y depósitos sin casi rentabilidad a los mercados de capitales (Bolsas), con un segundo objetivo de que ese ahorro se quede en Europa, para financiar las enormes inversiones necesarias en reindustrialización, Defensa, tecnología, digitalización y energías renovables, donde Europa necesita invertir 750.000 millones de euros anuales, según el Informe Draghi.

Tras esta Recomendación, son los paises los que tienen la competencia de crear esa nueva Cuenta de Ahorro e Inversión con el sello “Finance Europe”. La Comisión sólo exige tres condiciones a esa Cuenta: que la cartera de inversiones incluya al menos un 70% para empresas europeas, que el horizonte de inversión contemplados sea al menos de 5 años y que una parte sustancial de la Cuenta se invierta en Bolsa.

El Gobierno español ha abierto en enero un  periodo de reflexión sobre esta nueva Cuenta europea de ahorro e inversión, dirigido a las Bolsas, los bancos e instituciones, también abierta a particulares. Y tras cerrar este proceso el 30 de enero, el ministro de Economía estudia ahora una propuesta para enviar a Bruselas, como los demás paises. El problema va a estar en la banca (española y europea), porque esta Cuenta le puede quitar mucho del ahorro que ahora está (improductivo) en cuentas corrientes y depósitos, desviándolo a la renta fija (deuda) y a las Bolsas. Por eso, ahora están presionando para “desinflar” esta Cuenta, en España y en el resto de Europa, y quitarle atractivos (uno de ellos será su fiscalidad, su tributación, que Bruselas quiere sea baja y con incentivos al ahorro dirigido a inversiones europeas).

Esta futura Cuenta de ahorro e inversión europea parece “un tema técnico”, pero es clave para Europa y para España, porque puede ayudar a conseguir dos objetivos claves: que los europeos ahorren con más rentabilidad y que Europa cuente con la inversión de los europeos, reteniendo aquí el ahorro necesario para modernizar la economía europea y conseguir competir con USA y China. El ahorro es la gasolina de la inversión y necesitamos que compense más ahorrar y que ese dinero no se fugue y se quede en Europa. Por eso es clave que esta Cuenta europea sea atractiva, sencilla y rentable. A ver qué pasa.