Economía a lo claro
Información y comentarios para entender la economía nuestra de cada día
jueves, 24 de septiembre de 2026
España, el primer destino inmobiliario de Europa
España es ahora el país europeo con más
inversiones inmobiliarias, saltando desde el puesto 7º en 2022 al 4º en
2024 y al 2º en 2025. Y se espera batir un récord histórico en
inversiones inmobiliarias, desde la compra de viviendas y oficinas a hoteles,
residencias de estudiantes y ancianos, hospitales, centros de datos, centros
comerciales, industrias y centros logísticos. La mitad de esta inversión
inmobiliaria récord es de inversores extranjeros, que valoran
las oportunidades de negocio en un país que crece más que el resto y donde hay
gran demanda y escasa oferta inmobiliaria, lo que asegura una alta
rentabilidad. Problema: esta “fiebre por el ladrillo” en
España alimenta la subida de precios de viviendas e inmuebles, en máximos
históricos, lo que impide que familias y jóvenes compren piso. Así se crea una “dualidad”
en el mercado inmobiliario: inversores que compran lo que
sea, al precio que cueste y pagando al contado, y ciudadanos que
no pueden comprar (ni alquilar). Cataluña ha aprobado una Ley
para evitarlo. Algo habrá que hacer. Madrid es la 2ª ciudad europea con más inversión inmobiliaria, tras Londres
La inversión inmobiliaria en España fue
elevada a principios de este siglo, pero sobre todo de españoles que se
lanzaban a comprar pisos y segundas viviendas, alimentando una “burbuja
inmobiliaria” donde hubo poca presencia de inversores extranjeros. Así, la
inversión inmobiliaria se mantuvo en
torno a los 500 millones de euros anuales en los años 70, 80, final de
siglo XX e inicios de este siglo XXI. Tras la crisis de 2008 y el
desplome de precios, la inversión inmobiliaria se reanimó, ya con mayor
participación de inversores extranjeros. Así, saltó de 4.700 millones en
2013 a un máximo de 20.383 millones en 2018, para estabilizarse en
12.250 millones en 2019, según
datos de la consultora norteamericana CBRE. Pero en 2020, con la pandemia,
la inversión inmobiliaria se desplomó, como todo, a 9.000 millones ,
recuperándose con mucha fuerza después: 17.625 millones invertidos en
2022. Y con la siguiente crisis (la guerra de Ucrania y la inflación disparada)
y la subida de tipos del BCE, cayó un 35% en 2023 (11.613 millones), para
recuperarse después en 2024 (14.000 millones) y aún más en 2025, que cerró
con 18.400 millones de inversión inmobiliaria en España.
El pasado año 2025, la inversión inmobiliaria creció
en España un
+31% (hasta 18.400 millones), más de lo esperado y el triple que en
Europa (+10%), empujada por los inversores extranjeros, que
protagonizaron algo más del 50% del total invertido, sobre todo norteamericanos
(15%) y británicos (8%). La inversión inmobiliaria se concentró
sobre todo en Madrid y Barcelona (58% del total), siendo
importante en la Comunidad Valenciana (11%), Andalucía (10%) y Canarias
(6%).
Por
sectores, domina la inversión residencial (“living”)
supuso el 29% del total (5.415 millones), destacando la inversión en
viviendas para compra y alquiler pero también en residencias de
estudiantes y multiviviendas con servicios para mayores, cada vez más
ofertadas. El segundo destino fue la inversión en hoteles (4.228
millones, el 23% del total), donde la preferencia inversora se dirigió a los
hoteles de 4 y 5 estrellas, también al segmento de hoteles más económicos,
con un 58% de la inversión dirigida a los hoteles vacacionales, siendo
los principales destinos Canarias, Barcelona y Baleares (50% de la inversión
hotelera total). El tercer destino inversor fue al comercio (“retail”),
destacando las inversiones crecientes en Centros Comerciales y en locales de
calles céntricas (+26%). Les siguen las inversiones en oficinas (12%
del total), industrias y logística (6,9%) y otras inversiones (1.121
millones, el 6%), desde hospitales y clínicas, complejos
deportivos o aparcamientos.
En 2026, ha seguido la “fiebre inmobiliaria”
por España. Así, los datos
del primer semestre de la consultora CBRE señalan una inversión de 12.034
millones de euros entre enero y junio, +59% que el año pasado y el mejor
resultado en medio año de toda la serie histórica. El motor de este aumento,
mayor del esperado, han sido 7 grandes operaciones inmobiliarias
(más de 300 millones cada una) en residencias de estudiantes, centros de salud,
aparcamientos, oficinas y Centros comerciales. Algo más de la mitad de esta
inversión ha sido extranjera (17% canadiense y 10% USA) y casi una cuarta parte
procede de inversores institucionales
(Fondos, Planes de pensiones, aseguradoras y bancos), otro 20% de SOCIMIS
(sociedades de inversión inmobiliaria que cotizan en Bolsa) y otro 17% de
gestores de activos.
Más de la mitad se
ha invertido este año en Madrid (56%) y otro 13% en Barcelona,
mucho menos en Andalucía (8% del total), Comunidad Valenciana y Baleares (5%) o
Canarias (3%). Destaca este año el fuerte crecimiento de la inversión en vivienda
y mercado residencial (4.580 millones hasta junio, +156%, con un
gran salto en residencias de estudiantes e inmuebles con servicios para mayores),
a la que sigue la inversión en hoteles (2.090 millones, +17%), comercio
(1.630 millones,+14%), oficinas (1.621 millones,+14%), inversiones
alternativas (salud, aparcamientos, complejos deportivos, centros de datos:
1.400 millones, +11,2%) e inmuebles industriales y logísticos (690
millones, +6%).
Para el 2º semestre de 2026, los
expertos de CBRE han mejorado su previsión inicial , a la vista del récord
del primer semestre, por lo que suben su previsión de inversiones para todo
2026: si antes estimaban un crecimiento del 5 al 10% sobre 2025, ahora apuestan
por una subida del +15%, para cerrar el año con 21.100 millones de
inversiones inmobiliarias en España, un récord histórico (superaría los
20.383 millones de 2028). Y eso gracias a un entorno de enorme liquidez
(hay mucho dinero buscando rentabilidad) y estabilidad monetaria,
con tipos bajos a pesar de las subidas (2,5% ahora y el 3% a finales de año),
lo que resalta aún más la alta rentabilidad de la inversión inmobiliaria
en España: +11% en oficinas, +9,9% en locales y +6,7% en viviendas, según
un reciente estudio de Idealista.
Con ello, la
previsión de la consultora CBRE es que España lidere la inversión
inmobiliaria en Europa en 2026, adelantando a Reino Unido
(que lleva años en el primer puesto del ranking) y por delante de Alemania,
Polonia, Francia, Italia o Portugal. Y esto será un gran hito porque supone un
gran salto en el ranking inversor: de no estar en el Top Ten hasta
2021, cuando entramos en el puesto 7º, a subir al 4º puesto en 2024, subir al
2º el año pasado (tras Reino Unido) y ser el país líder ahora. Y además,
la
previsión de CBRE es que España coloque en 2026, por 2º año consecutivo, a 2
ciudades entre las 5 ciudades europeas más atractivas para los inversores
inmobiliarios internacionales: Madrid, que consolida su 2º puesto
tras Londres, y Barcelona, en 4º lugar, tras Londres, Madrid y
París, por delante de Varsovia (5ª), Viena (6ª), Berlín (7ª), Lisboa (8ª),
Copenhague (9º) y Milán (10ª).
¿Por qué España se ha convertido en el país
europeo más atractivo para la inversión inmobiliaria? Los expertos aportan tres
razones básicas.
Una, porque sigue siendo el país de Europa cuya economía crece más
y que además ha tenido y tiene un fuerte aumento de la población (+2,36
millones entre 2019 y 2026), lo que aumenta la demanda inmobiliaria,
además de los récords de turistas (hoteles). Dos, porque España sufre un
gran déficit inmobiliario en muchos segmentos de mercado, sobre todo de
viviendas (se estima un
déficit de 750.000 viviendas), lo que asegura unos precios
altos y una elevada rentabilidad a la inversión. Y la tercera, que hay una
tremenda liquidez, en el mundo, en Europa y en España, con lo que los
inversores están prestos a invertir en destinos rentables, con una gran
competencia por los activos más apetecibles (inmuebles, hoteles, residencias
estudiantes, aparcamientos, clínicas o inmuebles con servicios para mayores).
Los expertos creen que España seguirá de moda para los
inversores internacionales, que “han
venido para quedarse”, al menos mientras la economía crezca y siga
habiendo un alto déficit de inmuebles. Apuestan porque sigan creciendo mucho las
inversiones residenciales, no sólo en viviendas para vender o alquilar sino
también en residencias de estudiantes y ofertas con servicios para mayores y
para internautas, así como las inversiones en hoteles, que se disparan cada
año. Además, creen que 2026 “darán la sorpresa” las inversiones en
oficinas y en comercio (sobre todo en
Centros Comerciales, que no dejan de abrirse). Pero también creen que
tienen mucho futuro las inversiones inmobiliarias “alternativas” :
inmuebles para la salud, aparcamientos, centros deportivos, plazas de garaje,
centros de datos…
El problema de esta “fiebre por el ladrillo” en
España, que atrae
a inversores de medio mundo y a inversores españoles, es que ha
disparado los precios de los inmuebles, en especial de las
viviendas para comprar (y con ello, los alquileres). Cuantos más
inversores pujen por inmuebles y viviendas en España, más suben, a la vista de
que la construcción crece lentamente y el déficit de viviendas sigue
elevadísimo. El último
dato de Vivienda es muy explícito: el precio medio de la vivienda
era, en el 2º trimestre, de 2.355 euros/m2, lo que encadena 15
trimestres consecutivos de subida de precios (desde octubre de 2022,
cuando el precio era 1.740 euros/m2, un 35% menos). Incluso ahora, el precio
medio de la vivienda (2.355 euros/m2) es mayor que en plena “burbuja
inmobiliaria” (2.095 euros/m2 en el 2º trimestre de 2008). Y ese es el
precio “medio”, que se supera con creces en Madrid (4.089,9 €/m2), Baleares
(3.980,8 /m2), País Vasco (3.102 €/m2) y Cataluña (2.752 €/m2).
Además, muchos inversores compran para alquilar,
lo que ha disparado los alquileres, para justificar la inversión: el
alquiler medio está ya (agosto 2026) en 15,1 euros/m2 (1359 euros por 90
m2), según
Idealista, más que en plena burbuja inmobiliaria (9,3 euros/m2 en junio
2008) y el doble de lo que costaba alquilar a comienzos de 2014 (7,3 euros/m2),
cuando empezaron a subir los alquileres en España (+106% en los últimos 12
años y medio), en paralelo a la subida de las inversiones inmobiliarias. Y
esa es la media, porque el alquiler real cuesta mucho más en Madrid
(23,3 €/m2: 2.097 euros por 90m2), Barcelona (20,2 €/m2), Palma
(19,3 €/m2), San Sebastián (18,1 €/m2), Málaga (16,5 €/m2) y Valencia
(16,3 €/m2). Y muchos de estos altos precios se explican porque los
Fondos y sociedades controlan el 15% de los alquileres (con gran poder
de fijación de precios en algunas zonas y pisos) y porque muchos inversores
(con 2 o más viviendas en alquiler) controlan
otro 60% del mercado.
Al final, lo que sucede es que los altos precios de
las viviendas y alquileres “atraen”
más a los inversores, que “pujan” cada mes más por comprar
inmuebles, sin preocuparles mucho cómo pagarlos: un tercio de los inmuebles
que se compran en España se compran sin hipoteca (el 345%), al
contado, según
el INE, el triple que en 2020 (sólo el 18,5% se compraban al contado), lo
que demuestra que muchos compradores lo hacen para invertir
(otros por cambio de casa), con la perspectiva de lograr una rentabilidad
más alta que en Bolsa o deuda. Y eso alimenta una burbuja de los precios
inmobiliarios (de venta y alquileres), buena para los inversores
y su rentabilidad pero muy mala para las familias y jóvenes que necesitan
una vivienda. Una siniestra dualidad
del mercado inmobiliario: tan rentable para unos, tan imposible
para otros, que no pueden acceder ni con la mitad de su sueldo.
Algunos expertos y paises europeos se han planteado “frenar”
o “penalizar” las compras especulativas de viviendas para frenar la
subida disparatada de pisos y alquileres. En España, se espera que el Parlamento
de Cataluña apruebe definitivamente en octubre una Ley de Vivienda
para permitir a los Ayuntamientos “limitar la compra especulativa de
viviendas en las zonas tensionadas” (271 municipios donde viven el
90% de los catalanes), con el apoyo del PSC,ERC, Comunes y CUP. El objetivo
es que los inmuebles solo puedan adquirirse para destinarlos a residencia
habitual o al alquiler permanente dentro de los límites de precio
establecidos por la normativa. Eso reduciría prácticas como la compra de
inmuebles por parte de grandes fondos de inversión para poner fin a los
contratos de sus actuales ocupantes y reemplazándolos por alquileres de
habitaciones o bien para revenderlos para obtener una plusvalía elevada. El
problema es que la Ley catalana va a ser recurrida por el sector
inmobiliario, que la
considera “inconstitucional”.
Sea este tipo de Ley o bien otras medidas
(como penalizaciones fiscales a las compras especulativas), algo
habrá que hacer para frenar la especulación de la vivienda, que
dispara los precios en un país donde tanta gente no puede acceder a la compra o
el alquiler. Lo que está claro es que los inversores y Fondos no resuelven
el grave problema de la vivienda en España, sino que lo
agravan. Ya hay demasiados ejemplos de fondos que se dedican a
comprar edificios para echar a los inquilinos y luego disparar los alquileres(como el reciente y triste caso de Maricarmen, la anciana de Madrid desahuciada con 87 años).
Y lo que es seguro es que la fuerte demanda de inmuebles (y solares) por parte
de inversores y Fondos extranjeros (para luego vender y alquilar) está
disparando aún más los precios de venta y alquiler de la vivienda, que suben
más que en la mayoría de Europa. Por eso, habría que regular el papel
de estos inversores y Fondos, para que no “enturbien” más el mercado
y contribuyan a aumentar la oferta y ofrecer pisos y alquileres razonables.
Pero está claro que esto no es lo que buscan cuando invierten en España. Ojo
a ser su “objetivo europeo”.
Etiquetas:
alquileres,
Cataluña,
especulación inmobiliaria,
Fondos de inversión,
inversión en ladrillo,
inversión hotelera,
inversión inmobiliaria,
inversión residencial,
oficinas,
precios viviendas
lunes, 21 de septiembre de 2026
Menos envases y más reciclables
El 12 de agosto echó a andar el nuevo Reglamento europeo
de envases y residuos, norma que pretende reducir para 2030 los envases
que utilizamos, que sean más reciclables y muchos puedan reutilizarse.
Europa tiene un exceso de envases, que generan el 36% de toda la basura
que tiramos. Y muchos no se reciclan, sobre todo los envases de plástico (sólo el
46% en España), lo que contamina tierras y aguas. Ahora, se obliga a las
empresas a fabricar nuevos envases, más fácilmente reciclables y con
etiquetas para los contenedores. Y se fuerza a supermercados y tiendas a
que nos vendan a granel (con nuestros envases) y a que instalen máquinas
para recoger botellas y envases, pagándonos por devolverlos. También las
cajas de nuestras compras por Internet o en el transporte serán más pequeñas.
Un gran esfuerzo para los fabricantes de envases, empresas de alimentación,
tiendas y supermercados, que tendrán que innovar e invertir, aunque amenazan
con subirnos precios por ello. Pero los consumidores saldremos ganando,
aunque paguemos algo más. Los envases suponen el 36% de la basura generada en Europa
Los envases dominan nuestra vida, desde las compras en el supermercado a los pequeños electrodomésticos o los pedidos por Internet. Sólo en Europa, los fabricantes de envases facturan cada año 160.000 millones de euros. Es una invasión de cajas, plásticos, cartones, vidrios y maderas que ya suponen el 36% de toda la basura que tiramos los europeos, según la Comisión Europea. Un consumo de envases que supera los 80 millones de toneladas al año en la UE-27 (79,7 millones Tm en 2023, según Eurostat) y que supone un consumo medio de 177,8 kilogramos por europeo al año (último dato, de 2023), siendo España el 7º país que más envases genera por habitante (179,2 kg), por detrás de Irlanda (223,1 kg/habitante), Alemania (215,2), Luxemburgo (204,5), Dinamarca (192,4) y Portugal (183,8 kg/habitante).
En Europa, sólo dos tercios de todos los envases
(67,5%) se reciclan, según
Eurostat (dato 2023), aunque hay 7 paises que reciclan más del 70% de sus
envases: Bélgica (79,7%), Paises Bajos (75,8%), Italia (75,6%), Chequia
(74,8%), Eslovenia (71%), Eslovaquia (71%) y España (recicla el 70,5% de
todos los envases). La mayor parte de todos los envases son cartón y papel
(el 40,4% del total), los embalajes que más se reciclan, pero los segundos
envases más utilizados son los plásticos (19,88% del total en Europa, el 21% en España), que son los
embalajes que menos se reciclan, según
Eurostat: sólo un 42,1% en la UE-27 y un 46,15% en España, por detrás de
Alemania (52,2%) e Italia (49%) y por delante de Suecia (28,6% envases de
plástico se reciclan), Dinamarca (27,8%) y Francia (25,7%). Este bajo reciclaje
de los envases de plástico es lo que más preocupa a la Comisión Europea, porque
mucho plástico acaba en vertederos y exportado a terceros paises, contaminando
tierras y aguas.
Ahora, la
Comisión Europea quiere elevar al 70% para 2030 el reciclaje
de todos los envases, un objetivo accesible en los de papel y cartón (ya
se alcanza en 7 paises), pero difícil en vidrio, metal, madera y
sobre todo en envases de plástico. Por eso, la Comisión y el
Parlamento Europeo aprobaron el 19 de diciembre de 2024 el Reglamento
2025/40 de Envases y Residuos (PPWR), publicado en enero de 2025 y que
ha entrado en vigor en toda la UE-27 el pasado 12 de agosto.
Esta nueva norma sustituye a la Directiva 94/62 y el gran cambio es que ya no
se permiten normativas nacionales sobre envases y reciclaje: los 27
paises tendrán que cumplir las mismas normas, sin excepciones, de aquí
a 2030.
El nuevo Reglamento pretende un
cambio de modelo en la política de envases y
reciclaje: no se trata ahora de aumentar el porcentaje de
envases que se reciclan sino de modificar el proceso desde el principio,
reduciendo los envases que se utilizan (“el mejor residuo es el que no se
crea”, insisten) y renovando esta industria, para que innoven y fabriquen
envases más pequeños y más fácilmente reciclables, así como envases
reutilizables. Todo ello, con 3
objetivos claros: evitar envases innecesarios y promover la
reutilización, el rellenado y el reciclado, armonizar las medidas
nacionales para evitar obstáculos comerciales y distorsión de la
competencia en Europa y contribuir a “la
economía circular” (extender la vida de los productos) y ayudar a
conseguir cero emisiones netas en 2050.
Lo que ha arrancado el 12 de agosto, con el nuevo Reglamento
de Envases y residuos (PPWR), es un proceso, con una
serie de medidas y cambios que se introducirán
obligatoriamente entre 2026 y 2030, el año final. Lo primero que ya
está en vigor, desde el 12 de agosto, es que cualquier empresa
fabricante de envases o envasadora tiene la obligación legal de estar
inscrita en un registro oficial para poder seguir funcionando, a la vez que
los distribuidores y supermercados adquieren la responsabilidad de vigilar que
sus proveedores cumplan las nuevas normas. Además, se amplía “el
marco de responsabilidad ampliada del productor”, un mecanismo que
obliga a las empresas a asumir el coste total de la recogida y tratamiento de “sus”
residuos, mediante tasas variables según el coste de tratamiento.
Otra novedad que ya está en marcha, desde el
12 de agosto, es que se prohíbe la fabricación y comercialización de envases
con sustancias PFAS (perfluoroalquilados y polifluroalquilados),
sustancias químicas que se utilizan para que los recipientes resistan a la
grasa o al agua y que son habituales en envases de comida rápida y alimentos
preparados (cajas de pizzas) y que se acumulan en el medio ambiente.
Veamos otras
novedades futuras. A partir del 12 de febrero de 2027, las
tiendas y super deberán permitir a los consumidores llevar su propio
recipiente para comprar comida o bebida. Y los establecimientos der
comida rápida deberán ofrecer también envases reutilizables, que deberán
devolverse al establecimiento. En esa fecha, deberán ser “compostables”
(descomponerse de forma biológica) las bolsitas de te y las etiquetas que
llevan las frutas y hortalizas. El 1 de enero de 2030, los envases no deben
incluir más del 50% de vacío (aire), lo que modificará algunas bolsas de
aperitivos, los estuches de perfumes o los paquetes que nos llegan de las
compras por Internet. En esa fecha, los supermercados no podrán vender
frutas y verduras de menos de 1,5 kilos envasadas en plásticos ni agrupar
con plásticos “pack” de productos (cervezas o Coca-Colas). Y desaparecerán
los sobres individuales para condimentos (sal, aceite, kétchup…) en bares y
restaurantes (deberán ofrecerse en envases rellenables), los pequeños botes de
champú o los geles y cremas en dosis de los hoteles…
Una novedad destacada es que las tiendas y super tendrán que
instalar
un sistema de depósito para recoger botellas de plástico de un solo uso y
latas de hasta 3 litros: el comprador pagará algo por estos envases (se
habla de 10 céntimos) y si lo devuelve, la máquina o el establecimiento le
devolverá lo pagado (lo que se llamaba “llevar los cascos” cuando yo era
niño). Es el SDDR (Sistema de Depósito, Devolución y Retorno),
que el Reglamento europeo introduce para enero de 2029 pero que en
España podría implantarse este año, en noviembre de 2026, dado que está previsto en un
real Decreto de envases que el Gobierno español aprobó a finales de 2022, con
acuerdo previo de Bruselas. El sistema preocupa a muchas tiendas y súper,
que se quejan de que “no tienen sitio”, aunque ha tenido ya mucho éxito
en 50 paises, donde se recuperan el 90% de los envases de bebidas.
Las tiendas y supermercados también van a tener que “hacer
hueco” para otra exigencia de este Reglamento de envases: a partir de 2030, tendrán
que destinar
el 10% de su espacio de venta a “estaciones de rellenado” de
productos, donde los compradores irán con sus propios envases y allí echarán
parte de los alimentos y bebidas que compren. Un cambio de costumbre pero que
ya se ha generalizado en las botellas rellenables de agua que muchos llevan hoy.
Otra novedad importante del Reglamento europeo es que obliga
también a un
cambio en el etiquetado de los envases, a partir del 12 de agosto de
2028: los futuros envases deberán llevar una “etiqueta europea armonizada”,
que informe de los materiales que contiene y facilite su separación y
reciclaje al incluir una etiqueta de colores, que facilite al consumidor una
información precisa del contenedor donde debe arrojarse (se modificará
también la información externa de los contenedores para facilitar “el emparejamiento”…).
El objetivo de todos estos cambios es revolucionar el
actual sistema de envases y reciclado, desde el inicio (innovando
los envases, con nuevos materiales y diseños) a la distribución y venta
(asumiendo nuevas tareas en la cadena de suministro, desde envases
reutilizables a venta directa), los bares, restaurantes y hoteles, también el
transporte (el 40% de determinados embalajes que transporten deberán ser reutilizables
y el resto, más pequeños y más reciclables), las industrias (entre ellas y con
sus proveedores). Va a ser una revolución, que supondrá cambios
a todos y una fuerte inversión a algunos. En España se estima que hay unas
28.000 empresas afectadas por este nueva normativa, un 80% pymes,
que tendrán que invertir y ser más competitivas para afrontar estas nuevas
exigencias.
Por todo ello, muchas empresas de alimentación,
distribuidores y supermercados se
quejan de este Reglamento, asegurando que las distintas
obligaciones aumentarán sus costes, en un mal momento (encarecimiento
de la energía, el transporte y los alimentos). Pero algunos expertos creen que las
empresas que inviertan en menos envases y más reciclables lo acabarán
recuperando, al tener que pagar menos tasas por reciclar. Con todo, podría
haber un aumento de precios generalizado, por efecto de los nuevos
costes, por lo que las asociaciones de consumidores
piden al Gobierno que vigilen la aplicación concreta de
las normas, para que su coste no recaiga solamente en los consumidores. Pero la
OCU cree que los consumidores “saldremos ganando”: menos
envases innecesarios, más envases reciclables, menos sustancias “problemáticas”
en los envases, más posibilidades de reutilización y de uso de envases propios
y unas etiquetas con información más clara.
Por su parte, Greenpeace valora positivamente que se prohíban
ciertos plásticos y que se implante el sistema de recogida de envases SDDR, pero denuncia
que la normativa europea ha sucumbido a las presiones del lobby del plástico,
dado que fija reducciones de uso insuficientes (-5% para 2030 y -15% para
2040). Y reitera que la tasa real de reciclaje de los plásticos no es el 80%
que dice Ecoembes, sino realmente por debajo del 30%, con lo que la mayoría de
los residuos plásticos acaban en vertederos, incineradoras, en paises pobres o
vertidos a tierras, ríos y océanos. De
hecho, WWF
denuncia que España es el 2º país
que más plástico vierte al Mediterráneo después de Turquía y el
cuarto país de la UE que más plástico consume.
En resumen, tenemos unos años por delante en que vamos a ver
muchos cambios en los envases que vemos todos los días,
desde los alimentos a las compras por Internet, y estaremos
obligados a algunos cambios de hábitos, tanto al encargar comida
como al comprar botellas o ir a comprar al súper con nuestros envases. Actitudes
novedosas, que chocan hoy pero que pueden generalizarse mañana. Y las
empresas, sobre todo, tendrán que estrujarse la cabeza y el bolsillo
para inventar envases nuevos y más reciclables. Todo sea por reducir la
basura que nos come y mejorar el medio ambiente. Poca broma.
Los envases dominan nuestra vida, desde las compras en el supermercado a los pequeños electrodomésticos o los pedidos por Internet. Sólo en Europa, los fabricantes de envases facturan cada año 160.000 millones de euros. Es una invasión de cajas, plásticos, cartones, vidrios y maderas que ya suponen el 36% de toda la basura que tiramos los europeos, según la Comisión Europea. Un consumo de envases que supera los 80 millones de toneladas al año en la UE-27 (79,7 millones Tm en 2023, según Eurostat) y que supone un consumo medio de 177,8 kilogramos por europeo al año (último dato, de 2023), siendo España el 7º país que más envases genera por habitante (179,2 kg), por detrás de Irlanda (223,1 kg/habitante), Alemania (215,2), Luxemburgo (204,5), Dinamarca (192,4) y Portugal (183,8 kg/habitante).
Etiquetas:
contaminación plásticos,
envases,
envases plástico,
envases reciclables,
envases reutilizables,
fabricantes envases,
reciclaje,
recogida envases,
SDDR,
supermercados
jueves, 17 de septiembre de 2026
Más incentivos a retrasar la jubilación
Desde el 26 de agosto hay más incentivos para que un empleado
retrase su jubilación y siga trabajando (jubilación demorada) y
también para que un jubilado decida volver a trabajar y compagine sueldo y
pensión (jubilación flexible). Son medidas que pactaron en 2024
el Gobierno, sindicatos y patronal, para frenar el gasto en pensiones, que superará
los 200.000 millones de euros en 2026. Además, se mantienen otras medidas
para penalizar la jubilación anticipada y facilitar la jubilación activa
(cobrar parte de pensión mientras se trabaja). Gracias a esto, han bajado las
jubilaciones anticipadas (el 31,4%) y se demoran muchas jubilaciones
(el 11,8%), aunque todavía son pocos los jubilados que compatibilizan pensión
y trabajo: 79.475, de 6,5 millones de jubilados. Los expertos piden reducir
las exigencias para facilitar que muchos jubilados trabajen y campañas
de información para divulgarlo. Es importante porque a partir de 2027 se
jubila el grueso de la generación del baby boom (1958-1977) y en
2050 habrá 15,6 millones de pensiones, frente a 10,4 millones ahora. Enrique Ortega
Asegurar el pago de las pensiones futuras es uno de los mayores retos de todos los paises occidentales, donde aumenta la esperanza de vida y el envejecimiento de la población mientras cae la población joven que trabaja. El problema es mayor en España, uno de los paises más envejecidos del mundo y donde sigue cayendo la natalidad, con un déficit de activos que cubren los inmigrantes. Eso ha disparado la factura de las pensiones, que era de 40.000 millones de euros el año 2.000 y superará los 200.000 millones en 2026. Y hemos pasado de 7,6 millones de pensiones a principios de siglo (4,6 millones de jubilación) a 10,4 millones de pensiones este año (6,6 millones de jubilación), que se dispararán a 15,6 millones de pensiones en 2050, con un gasto (16,8% del PIB) que será el mayor de Europa, según la OCDE y la UE.
Para afrontar este reto estructural, que se agravará
en los próximos años, los distintos Gobiernos han aprobado varias
reformas del sistema de pensiones. En 2011, el Gobierno Zapatero aprobó una primera reforma, con el
apoyo de sindicatos y patronal, para frenar el crecimiento del gasto en
pensiones, aumentando la edad de jubilación (hasta los 67 años en 2027: este
año son 66 años y 10 meses) y endureciendo los requisitos sobre años cotizados
para acceder al 100% de pensión. En 2013, el
Gobierno Rajoy aprobó una 2ª reforma, en solitario (sin el apoyo de
las fuerzas sociales), que apenas revalorizó las pensiones y estableció un
mecanismo para reducir las nuevas pensiones futuras (que se retiró en 2018). La
3ª reforma se pactó en noviembre de 2020, en el Pacto de Toledo, entre
sindicatos, patronal y la mayoría de partidos (sólo Vox votó en contra), con un
abanico de 20 medidas: pago por el Presupuesto de las pensiones no contributivas,
subida anual del IPC, creación Fondo de Reserva (“hucha”), revisión
cotizaciones y periodos exigidos, así como medidas para penalizar las
jubilaciones anticipadas y promover la compatibilidad entre trabajo y pensión.
En 2019, un 40% de los jubilados se retiraban
anticipadamente. Con las penalizaciones aprobadas a partir de 2020, esta
tendencia se ha frenado, porque la jubilación sólo se puede anticipar 2 años y se recorta la pensión entre el -3,26% (si se
anticipa 1 mes) y el -21% si se anticipa 24 meses (el recorte es menor para los
que han cotizado más de 38 años y 6 meses: un máximo del -19%). El efecto de
este cambio ha sido eficaz en poco tiempo: en
2025 hubo 104.655 jubilaciones anticipadas, un 27,9% del total de
jubilaciones (375.324 altas), bastante menos que en 2019 (40% altas).Y en
2026, hasta agosto, son el 31,4% de las jubilaciones.
La otra medida aprobada en los últimos años, favorecer el
retraso en la jubilación (“jubilación demorada”) también ha dado
sus frutos, gracias a los incentivos aplicados: aumento del 4% en la pensión
futura por cada año de retraso en la jubilación o pago único de un cheque de
4.400 euros a 13.800 por cada año de retraso o un incentivo mixto cuando se
retrasa más de 2 años . En
2025 hubo 40.952 jubilaciones demoradas, un 11,1% de las
altas de jubilación, más del doble que en 2019 (4,8% de altas demoradas,
apenas 14.000). Y este año, hasta agosto, son 25.762 altas demoradas, el 11,8%
del total de jubilaciones.
Como consecuencia de ambas medidas (penalizar la jubilación
anticipada y favorecer el retraso de la jubilación), se ha conseguido aumentar la edad efectiva de jubilación, a 65,3 años de media en 2025 y a 65,4
años en 2026, un año más tarde que en 2019 (64,4 años). Y todo apunta a
que esta tendencia seguirá en el futuro, frenando algo el gasto en pensiones.
Hasta esta última reforma de las pensiones, a partir de 2021,
la casi totalidad de los trabajadores se jubilaba a la edad que les tocaba
(65 años si ha cotizado 38 años y 6 meses y a los 66 años y 10 meses en 2026 si
ha cotizado menos). Ahora, los trabajadores pueden elegir entre 4
tipos de jubilación. La primera, la jubilación parcial: a partir
de los 60-62 años, permite reducir la jornada y el salario antes de la
jubilación cobrando la parte proporcional de la pensión, cotizando a tiempo
parcial hasta la jubilación total. Y se cobra de pensión el porcentaje de
jornada que se reduce, muchas veces vinculada a la contratación de un joven (contrato
“de relevo”). La segunda es la jubilación demorada: el trabajador
retrasa su jubilación y sigue trabajando y cotizando, con vistas a cobrar una
bonificación en su pensión cuando finalmente se jubile. La tercera, la
jubilación activa: permite seguir trabajando (tras llegar a la edad legal
de jubilación), a jornada completa o parcial, mientras se cobra una parte de la
pensión (el 50%, que llega al 100% si es un autónomo con un empleado). Y la
cuarta opción, la jubilación flexible: permite a la persona jubilada volver
a trabajar, cobrando una pensión proporcional a su jornada de trabajo (del
50 al 75% de la jornada) y recuperando su pensión total cuando deje de
trabajar.
De momento, estas nuevas modalidades de jubilación son
minoritarias, menos usadas en España que en el resto de Europa.
Así, en julio de 2026, eran
79.475 los trabajadores que compatibilizaban salario y pensión,
a través de la jubilación activa y flexible, lo que supone sólo el 1,22% de
todos los jubilados (6,5 millones pensionistas cobran una jubilación),
aunque hace unos años la cifra era ínfima. Pero para impulsar estas
jubilaciones compatibles con trabajar, que ayudan al sistema de pensiones
(reducen la factura de las pensiones y aumentan las cotizaciones), el
Gobierno aprobó el 26 de mayo dos cambios, pactados en 2024 con los
sindicatos y la patronal, para incentivarlas, cambios
en vigor desde el 26 de agosto.
El primer cambio mejora
la jubilación flexible. Por un lado, se permite que puedan solicitarla
también los jubilados que vuelvan a trabajar como autónomos, cuando hasta
ahora sólo podían beneficiarse los que volvían a un trabajo asalariado a tiempo
parcial. Y además, se amplía la jornada en la que pueden trabajar, entre
el 33 y el 80% de la jornada habitual (ahora era del 25 al 75%), aumentando la
pensión entre un 15 y un 25% según jornada.
El segundo cambio que ha entrado en vigor el 26 de agosto mejora
además la jubilación demorada. Por una parte, se mejora el
incentivo, ya que ahora computará por los semestres que se retrase la
jubilación, no por años como hasta ahora. Y para las carreras más largas,
los que demoren la jubilación 9 o 10 años, se establece un sistema fijo de
incentivos: cobrarán un 4% más de pensión anual durante 5 años y otro 2%
adicional cada 6 meses.
Las medidas adoptadas para que los mayores sigan trabajando
y compatibilizando pensión y salario han provocado, junto a la mayor actividad
de las mujeres y el aumento de la esperanza de vida, que aumenten los
trabajadores mayores en España, según un
estudio de Funcas. En 2025, el
53% de los que tenían entre 60 y 64
años trabajaban, la tasa
más alta desde los años 80. El salto se ha dado en las mujeres (de
trabajar el 10% con esa edad en 1970 se ha pasado al 48% en 2025), mientras baja
entre los hombres mayores (del 70% en 1970 han bajado al 58% trabajando en
2025). A pesar de este aumento, España tiene una tasa de empleo entre 60 y 64
años inferior a
la mayoría de Europa (donde hay 7 paises, Alemania entre ellos,
donde trabajan más del 70%, con un 45% en Francia y un 60% en Italia).
También han crecido los españoles que trabajan con 65 a
69 años: trabajan el 14%, la tasa más alta desde 1981, cuando en el año
2.000 trabajaban sólo el 2,5% de estos mayores. Y en esta edad, son más los
hombres que trabajan (el 13,5%) que las mujeres (11%). En este caso, España
también está a la cola de Europa en trabajadores de 65 a 69 años, sólo
por detrás de Rumania, Croacia, Francia (10%) y Bélgica, lejos de Alemania (el
28% de las personas de 65 a 69 años trabajan) e Italia (trabajan el 23%), según
Funcas.
Así que todavía hay
margen en España para aumentar el trabajo de los mayores, tanto de los
que tienen entre 60 y 64 años (que no pueden jubilarse y no encuentran empleo)
como los de 65 a 69 años (retrasando su jubilación o compatibilizándola con el
trabajo). Eso aumentaría la tasa de empleo (tenemos 1 millón largo de
ocupados menos que la media europea) y frenaría el crecimiento de los
pensionistas y del gasto en pensiones. El problema es resolver
el salto de la actividad a la inactividad, que en Europa es más
progresivo y en España es más brusco: a los 60 años trabajan el 71% de los
hombres y el 55,5% de las mujeres, pero el porcentaje cae a la mitad a los 64
años (trabajan el 37,5% de los hombres y el 31,6% de las mujeres) y el trabajo es
“testimonial” a los 69 años (trabajan el 5,5% de los hombres y el 2,8% de las
mujeres), según el
estudio de Funcas.
Ahora, con las 4 modalidades de jubilación y las recientes
mejoras en la jubilación flexible y demorada, se espera conseguir que más
trabajadores alarguen su vida laboral (retrasen su jubilación) y que una parte
creciente de los jubilados vuelvan a trabajar. Para conseguirlo, la OCDE
recomendó a finales de 2025 a
España que “suprima los obstáculos que todavía persisten para que los
trabajadores de más edad se mantengan en su empleo”, señalando que hay
problemas de burocracia y exigencias administrativas, además de una falta de
información a los mayores y jubilados sobre las ventajas de seguir trabajando. Otro
estudio, de Santa Lucía, propone que se unifiquen criterios y
requisitos, que ahora crean confusión, para facilitar que más mayores sigan
trabajando. Sobre todo en actividades de baja carga física y trabajos “intelectuales”
como educación, sanidad, consultoría o distintos profesionales.
Es importante que esta parte de la reforma de
pensiones (retrasar voluntariamente jubilación y compatibilizarla con
el trabajo) funcione y se utilice más, porque vienen unos años
donde se disparará el gasto en pensiones, al jubilarse a partir de 2027
el grueso de la
generación del baby boom, los nacidos entre 1957 y 1.978 :
más
de 600.000 nacidos cada año en esos 22 años, frente a los 321.164 nacidos
en 2025 y los 350.000 que nacerán hasta 2075. El pico de estas jubilaciones se dará entre 2040 y 2045, disparando el
gasto en pensiones. Y como aumenta el envejecimiento y la esperanza de vida (de
84 años ahora a 87 años en 2050), aumentarán drásticamente las pensiones, de
los 10,4 millones actuales (6,5 millones de jubilación) a 15,6
millones de pensiones en 2050.
Se podrán pagar, pero eso exigirá aumentar ingresos y
cotizaciones, así como frenar el número de pensionistas alargando los años de
trabajo, porque mucha gente puede trabajar después de los 67 años. Claro que
eso exige un cambio de actitud de las empresas (que no
quieren “trabajadores mayores”) y compatibilizar esta demora
de la vida laboral con más
trabajo para los jóvenes. Un reto difícil que obligará a más
acuerdos sobre el futuro de las pensiones.
Asegurar el pago de las pensiones futuras es uno de los mayores retos de todos los paises occidentales, donde aumenta la esperanza de vida y el envejecimiento de la población mientras cae la población joven que trabaja. El problema es mayor en España, uno de los paises más envejecidos del mundo y donde sigue cayendo la natalidad, con un déficit de activos que cubren los inmigrantes. Eso ha disparado la factura de las pensiones, que era de 40.000 millones de euros el año 2.000 y superará los 200.000 millones en 2026. Y hemos pasado de 7,6 millones de pensiones a principios de siglo (4,6 millones de jubilación) a 10,4 millones de pensiones este año (6,6 millones de jubilación), que se dispararán a 15,6 millones de pensiones en 2050, con un gasto (16,8% del PIB) que será el mayor de Europa, según la OCDE y la UE.
Etiquetas:
aumento jubilados,
cobrar pensión y salario,
envejecimiento,
gasto en pensiones,
jóvenes,
jubilación activa,
jubilación anticipada,
jubilación demorada,
jubilación flexible,
mayores trabajando
lunes, 14 de septiembre de 2026
La inflación se come los salarios
El verano ha dejado una inflación récord, el 4,3%
en agosto, la mayor subida anual desde hace tres años y medio. La culpa la
tiene la guerra en Oriente Medio, que ha disparado el petróleo y los
carburantes, subiendo también el gas, lo que ha encarecido la luz. Y
todo apunta a que los precios seguirán altos hasta fin de año,
salvo que se resuelva el conflicto con Irán, lo que provocó el jueves una 2ª
subida de tipos del BCE, al 2,5%, que podría aprobar otras 2 subidas más
este año, encareciendo las hipotecas. Mientras, los salarios
de convenio suben sólo un 3,04%, con lo que los trabajadores
pierden poder adquisitivo, como ha pasado en los últimos 6 años. Ahora,
la patronal tiene paralizadas las conversaciones para negociar los
salarios de 2026 a 2028, mientras los sindicatos piden subidas
del 4% anual, argumentando el estancamiento de los salarios
mientras suben los márgenes empresariales. Con los salarios bajos
y la inflación subiendo, peligra el consumo y el crecimiento. La subida de carburantes ha provocado un tercio de la subida del IPC
El verano ha disparado la inflación, del 3,2% que estaba en abril, mayo y junio al 3,6% en julio y el 4,3% en agosto, la inflación anual más alta en España desde febrero de 2023 (6%), un año después de la invasión de Ucrania. Ahora, la guerra en Oriente Medio (iniciada el 28 de febrero de 2026) ha disparado los precios de la energía y la inflación en todo el mundo y en Europa, aunque ha subido más en España: del 2,3% en febrero al 4,3% en agosto, mientras en la zona euro subió la inflación al 3,3% en agosto, con subidas menores en Francia (+2,4%) y Alemania (2,9%), equiparándose en Italia (+3,3% inflación en agosto).
Un tercio de la actual subida de precios lo
explica la subida de los carburantes, sobre todo el gasóleo,
por la subida del petróleo: pasó de costar 70,75 dólares
barril el 26 de febrero a un máximo de 118,35 dólares el 31 de marzo (+67,22%),
para volver a bajar por debajo de los 100 dólares en la mayor parte de abril,
mayo, junio, julio y agosto (entre 85 y 95 dólares en verano), y superar los 100 dólares en septiembre (ver
evolución), ante la reanudación de los ataques (costaba 104,65 dólares/barril
el viernes). Esta subida del crudo ha disparado el precio de los carburantes,
más
el gasóleo (ha subido un +24% desde el inicio del verano) que la
gasolina (+20% de subida este verano), debido a la falta de refino de gasóleo
en las refinerías europeas (salvo en España), que han disparado las
importaciones, en unos meses donde se han frenado las exportaciones de gasóleo
de Rusia y China, los dos grandes refinadores mundiales.
En España, el gasóleo ha llegado a superar los 2
euros/litro y la gasolina los 1,85 euros/litro, a
pesar de las ayudas aprobadas por el Gobierno en marzo, que
rebajó el IVA del 21 al 10% hasta el 30 de junio. En julio, el IVA volvió al 21%,
pero se aprobó un descuento de 15 céntimos por litro, que se redujo a 10
céntimos por litro en agosto y volvió a bajar a 5 céntimos para la gasolina en
septiembre pero subió
de 10 a 20 céntimos para el gasóleo. A pesar de estas ayudas, la
subida de los carburantes este verano explica al menos un tercio de la actual
inflación, según un estudio de CCOO, y ha permitido a las petroleras
españolas aumentar un 28% su margen sobre ventas, disparando
sus beneficios (2.221 millones en el primer semestre Repsol y 641
millones Moeve, mucho más que en todo 2025).
Otro culpable de la subida de precios de este verano es la
factura de la luz. Hasta junio, tuvimos un cierto alivio en el recibo,
gracias al efecto de las medidas
tomadas por el Gobierno en marzo: rebaja del IVA del 21 al 10%, bajada del
impuesto especial a la electricidad del 5,11% al 0,5% y suspensión temporal del
impuesto sobre la producción eléctrica (7%). Pero desde el 1 de junio, los
impuestos volvieron a su porcentaje anterior, aunque un real decreto
aprobado a finales de junio introdujo una eliminación progresiva del impuesto
sobre la producción eléctrica (desde 2026 a 2028). Sin ayudas, el coste
de la electricidad en el mercado mayorista subió de 69,59 euros/MWh en
junio a 104,75 en julio y 118,25 euros/MWh en
agosto. Y aunque se produjo mucha electricidad con energía renovable (el
55,36% entre junio y agosto), hubo que echar mano de las centrales de gas
natural, para atender los picos de demanda y el enorme consumo de aire
acondicionado. Y el gas natural ha disparado también su precio con la
guerra en Oriente Medio: de costar 44,50 euros en marzo a 59 euros a finales de
julio, 69,80 euros en agosto y 81,50 euros el viernes (ver
evolución precios).
Al final, los 8,3 millones de consumidores que tienen
la tarifa regulada (vinculada a la evolución diaria de los precios
mayoristas) han visto subir su recibo este verano: de 66,63
euros de media en junio a 85,68 euros en julio y 88,81
euros en el recibo de agosto. Y
los 22,2 millones de consumidores que tienen contratada la luz en el mercado
“libre” sufrirán esta subida cuando les toque revisar su tarifa
(semestral o anualmente). Y todo apunta a que unos y otros verán
subir más los recibos en otoño e invierno (cuando aumentará la
demanda, por las calefacciones), dado que el conflicto de Irán mantiene unos altos
precios del gas natural para las centrales térmicas, está subiendo el impuesto al
CO2 (que las eléctricas repercuten) y seguimos pagando más “costes del
sistema” para evitar apagones.
Ahora, el temor es que las subidas del
petróleo y el gas, trasladadas a los carburantes y la electricidad, acaben
contagiando al resto de la economía, sobre todo al transporte y a los
alimentos, lo que mantendría una alta inflación en lo que queda de año. Además,
la mala climatología de esta primavera (lluvias y granizos) y
el calor desmesurado del verano van a repercutir en las cosechas
y antes o después en los alimentos, sobre todo en la subida
de frutas, verduras, huevos, carnes y pescados, en
el precio de los alimentos frescos, que ya se dispararon en
agosto (+4,5%), por el mayor consumo del turismo. Preocupa que
ahora, en otoño e invierno, los supermercados
y comercios suban sus precios y sea difícil bajar la
inflación del 4%. De momento, el Banco de España estima una inflación del 3,6%
para todo el año 2026, tras cerrase 2025 con una inflación del
2,9%.
El Banco Central Europeo (BCE) también teme que la
inflación europea (3,3% en la zona euro, muy por encima del objetivo del 2%) no
amaine en lo que queda de año y contempla
tres escenarios. Uno muy malo, con el petróleo y el
gas en 130 dólares, que llevaría la inflación al 5,8% a fin de año y a la
economía europea a la recesión. Otro muy optimista, con el
petróleo en torno a los 70 dólares y el gas en menos de 50 euros, que dejaría
la inflación europea en el 3,4%. Y uno intermedio, con el petróleo
en 99,2 dólares/barril y el gas en 77,1 euros, que dejaría la inflación europea
en el 4% y permitiría sólo un bajo crecimiento europeo (+0,2%). Para intentar
frenar la inflación, el
BCE subió por 2ª vez los tipos el jueves (la 1ª fue en junio, por
primera vez en 3 años), un +0,25%, hasta el 2,50%.
La subida
del BCE es otro error de los fundamentalistas de Frankfort y
difícilmente bajará la inflación, que sube por la energía y la guerra en Irán.
Pero lo que sí hará es encarecer las hipotecas: el Euribor ya supera el 3%,
lo que sufrirán los 4 millones de españoles hipotecados, que pagarán más en su
próxima revisión. Y frenará el crecimiento europeo, ya débil.
Pero lo peor es que la inflación ha subido mucho
y seguirá alta mientras los sueldos de los trabajadores apenas suben:
hasta agosto, la subida de los convenios con vigencia para este año ha
sido del +3,04%, según
Trabajo, por debajo de la inflación anual en agosto, el +4,3%.
Incluso los salarios crecen por debajo de la inflación media de enero a
agosto, el +3,19%. Y esta es la subida para los 8,8
millones de trabajadores que tienen un convenio firmado, ya que la
mayoría de los asalariados (hay 19,58 millones) no tienen convenio
firmado y muchos han tenido subidas de sueldo inferiores a ese 3,04%.
Así que todos los trabajadores están perdiendo este año poder
adquisitivo (un -1,2% de momento), situación que se ha repetido en
España en los últimos 6 años. Los datos son claros. La subida salarial
de los convenios ha sido de +16,65% entre el año 2.020 y el 2025, según
Trabajo, mientras la inflación
ha subido un +23,5% entre 2020 y 2025, según el INE. Eso supone una pérdida de poder
adquisitivo del -6,85% en estos últimos 6 años. Y muchos trabajadores sin
convenio (sólo lo firman unos 11 millones de media de los 19,5 millones de
asalariados) han tenido incluso subidas salariales menores, con lo que han
perdido todavía más. La pérdida de poder adquisitivo se concentró sobre
todo en 2021 (+3,1% de inflación media y +1,45% de subida salarial) y
2022 (+8,4% de inflación y +3,02 de subida salarial), mientras los
salarios crecieron ligeramente más que los precios en 2023 (+3,61% frente a
3,5%), 2024 (3,32% frente a 2,8%) y 2025 (los convenios subieron
el año pasado un 3,53%, frente a una inflación media del 2,70%).
Pero además, hay gastos básicos de las familias que
han subido mucho más que los sueldos (+16,65%) en estos últimos 6 años
(2020-2025). Es el caso de los alimentos (han subido jun 37,7%, según
el INE), la vivienda (+24,5%), el vestido y calzado (+25,3%), los
hoteles y restaurantes (+28,3%) y, sobre todo, los alquileres: han
subido de media un 41,34% (de 10,4 euros/m2 a 14,7 euros/m2), según Idealista,
y algo más en el caso de Barcelona (+48,75% entre 2020 y 2025) y Madrid
(+48,75%).
Mientras, los márgenes
y beneficios empresariales han subido mucho más que los salarios en
estos años y en lo que va de siglo. Así, entre 2020 y 2025, los beneficios
brutos de las empresas han crecido un +58%, mientras la masa
salarial que han pagado a sus trabajadores (incluye cotizaciones y otros
costes no salariales) crecía un +37,9%. Una tendencia que se viene dando
desde el año 2.000: los beneficios brutos de las empresas se han multiplicado
por 2,9 y los beneficios netos por 2,7 (de 113.000 a 306.000 millones), un
aumento del +170%, según
este estudio de Funcas. Y desde 2019, el beneficio de las empresas del
IBEX ha aumentado un +139%, mientras cuadruplicaban los dividendos que
repartían a sus accionistas. También es clarificador lo que ha pasado en 2025:
el margen de las empresas aumentó un 13% y los sueldos en convenio un 3,53%.
En 2026, mientras los sueldos suben menos que la inflación, los
márgenes empresariales siguen subiendo más: en el 2º trimestre, el
margen medio sobre ventas de las empresas españolas fue del 12,5%, frente al
10,5% de media entre 2009 y 2021, según
el Observatorio de Márgenes Empresariales. Pero hay muchos sectores que
tienen unos márgenes mucho más altos, como el refino (28,4%, un máximo
histórico), el sector energético (24,5% eléctricas y petroleras), el sector
inmobiliario (31,1%), la banca (29%) y las industrias extractivas (22,3%).
Además, en los últimos años (desde 2018), la productividad por empleado
ha aumentado un +44% mientras sus salarios han crecido un +33% y los
márgenes empresariales brutos por cada asalariado han aumentado un +55%, según un
estudio de CCOO.
Por esto, los sindicatos creen que es hora de “repartir
mejor el crecimiento de la economía”, que crezcan más los
salarios dado lo que están creciendo los márgenes y beneficios empresariales.
Y para recuperar poder adquisitivo ahora que tenemos una alta inflación.
El problema ya no es que la inflación se esté comiendo
el sueldo de muchos trabajadores, otro año más, sino que la patronal
no tiene ninguna prisa en sentarse a negociar las subidas salariales
que deberían hacerse este año y los siguientes. El último acuerdo salarial
entre empresas y sindicatos (el V Acuerdo para
el Empleo y la Negociación Colectiva, el AENC) terminó su vigencia en
diciembre de 2025 y todavía no han conseguido sentarse para alcanzar el VI
AENC, que debería
haberse firmado en mayo (como el V AENC). La patronal CEOE no tiene
ninguna prisa, preocupada sólo por sus elecciones
internas del 1 de octubre, aunque sólo hay un candidato, el actual
presidente, Antonio Garamendi. Así que se retrasa un nuevo acuerdo de salarios
para 2026 a 2028, por lo que los sindicatos anuncian movilizaciones.
En definitiva, los trabajadores y sus familias sufren una
alta inflación pero las empresas no tienen prisa por subirles los sueldos,
que en su mayoría son
bajos (dos tercios de los trabajadores, 12,45 millones de
asalariados ganan menos de 1.711 euros netos al mes en 14 pagas).
Y además, no quieren subirles más del 3%, con lo que volverían a perder
poder adquisitivo, mientras crecen los beneficios empresariales. Ojo: los
bajos salarios son un problema, no sólo para los trabajadores que
los cobran sino para
el conjunto de la economía: si los salarios no suben algo más que
la inflación, será difícil sostener el aumento del consumo, uno
de los motores del crecimiento y el empleo.
Así que mejorar los salarios españoles, para que sean más
“europeos” (26,2 euros/hora se paga en la UE-27 y 19,5 euros/hora
en España) no sólo es una cuestión de justicia (el 64% de los
trabajadores están por debajo del salario medio, según
los sindicatos) sino también de economía: necesitamos mejorar
los salarios para mantener el consumo y seguir creciendo y creando empleo. Hay
que conseguir que más españoles noten la mejoría de la economía, repartir
mejor el crecimiento. Y para eso tienen que subir más los salarios
en los próximos años, sobre todo los más bajos. Se puede y se debe.
El verano ha disparado la inflación, del 3,2% que estaba en abril, mayo y junio al 3,6% en julio y el 4,3% en agosto, la inflación anual más alta en España desde febrero de 2023 (6%), un año después de la invasión de Ucrania. Ahora, la guerra en Oriente Medio (iniciada el 28 de febrero de 2026) ha disparado los precios de la energía y la inflación en todo el mundo y en Europa, aunque ha subido más en España: del 2,3% en febrero al 4,3% en agosto, mientras en la zona euro subió la inflación al 3,3% en agosto, con subidas menores en Francia (+2,4%) y Alemania (2,9%), equiparándose en Italia (+3,3% inflación en agosto).
Por eso, UGT y CCOO proponen subir
los salarios un 4% anual en 2026, 2027 y 2028, más una cláusula de revisión
del 1,5% si la inflación sube estos años más de lo esperado (ojo: sólo 4 de
cada 10 trabajadores con convenio tienen cláusula de garantía salarial por si se
dispara la inflación). Y que el salario
mínimo interprofesional suba más del 5%
en 2027.
Etiquetas:
alimentos,
carburantes,
convenios,
factura de la luz,
gas,
inflación,
IPC,
negociación salarial,
patronal CEOE,
petróleo,
poder adquisitivo,
sindicatos,
subida precios,
subida salarios
jueves, 10 de septiembre de 2026
Curso escolar 2026-27: la enseñanza, al límite
Esta semana han vuelto a colegios e institutos 8,2
millones de niños y adolescentes, una cifra de alumnos que cae
por tercer año consecutivo, por la caída de la natalidad. Y han
encontrado unos profesores hartos de su precaria situación
laboral y que también protestan por no poder atender unas aulas cada vez más complejas, con
muchos alumnos inmigrantes (el 13,5% y en algunas provincias hasta el 30%) y alumnos
“con necesidades especiales” (el doble que hace 6 años). Por todo ello, los
docentes han convocado huelgas en Madrid, Cataluña y Andalucía, que podrían
extenderse este curso a otras 6 autonomías más. Los profesores piden más
medios, más docentes y más gasto educativo, muy desigual entre
autonomías. Y una bajada de los alumnos por clase, unos ratios
muy diferentes entre autonomías. Este curso, la enseñanza no universitaria
está al límite, mientras sigue la apuesta de muchas autonomías del PP por
promover la enseñanza concertada y privada. Urgen medidas para
mejorar la calidad de nuestra enseñanza, “manifiestamente mejorable”.
Este es el tercer curso consecutivo en que bajan los alumnos de colegios e institutos
Este curso escolar 2026-2027 es el tercer año consecutivo en que se reducen los alumnos de las enseñanzas no universitarias, desde Infantil a Bachillerato y Formación Profesional (FP): serán unos 8.200.000 niños y adolescentes, 49.000 menos que el curso pasado, cuando ya bajaron en 67.425 alumnos (-43.024 chicos y -24.401 chicas), tras reducirse otros 17.425 alumnos el curso 2024-25, por la caída de la natalidad. El curso pasado (2025-2026), el último con datos oficiales, estudiaron 8.249.174 alumnos en los 28.633 colegios e institutos españoles, dos tercios en colegios públicos (que perdieron 53.765 alumnos) y un tercio en colegios privados (que perdieron sólo 13.660 alumnos). La caída de alumnos se nota sobre todo en Primaria (-48.773 el curso pasado), el 2º ciclo de infantil (-26.266 alumnos de 3 a 6 años) y en la ESO (-24.766), cayendo menos en Bachillerato (-3.713alumnos el curso pasado), mientras crecen los alumnos en el primer ciclo de Infantil (+3.268 alumnos de 0 a 3 años), en educación especial (+2.357) y, sobre todo, en Formación Profesional, la enseñanza que más crece en España (+30.185 alumnos el curso pasado).
Al haber nacido menos niños, los
alumnos que se esperan este curso (8.200.000) serán casi los mismos que en
el curso 2018-2019 (8.217.330). Los más pequeños (de 0 a 3 años) irán al primer
ciclo de educación infantil (488.543 el curso pasado), una enseñanza no
obligatoria que ya cubre a la mitad de estos niños (50,2% en 2025-26), una de
las tasas más altas en Europa. En el 2º ciclo de Infantil (3 a 6 años)
se matricularon el año pasado 1.079.663 niños. Y en Primaria (6-11 años)
está el grueso de los alumnos, 2.711.025 el curso pasado. Crecen los alumnos de
“educación especial”, hasta 45.725 estudiantes. Y el otro gran bloque de
alumnos, 2.090.250 en 2025-26, estudiaron la ESO (12-15 años). Y Bachillerato
(16-17 años) otros 741.280 alumnos, el 8% “a distancia” (online). Quedan los
alumnos de Formación Profesional (FP), 1.211.062 el curso pasado,
un récord histórico y el mayor salto en la enseñanza no universitaria,
dado que sólo 582.576 alumnos estudiaban FP hace 6 años.
La pérdida de alumnos en las enseñanzas no
universitarias, de Infantil a Bachillerato, sería mucho mayor si no fuera por los
hijos de los inmigrantes, cuya presencia en las aulas se ha disparado:
eran sólo 207.112 a principios de siglo (curso 2001-2002), el 3% de todos
los alumnos, y subieron hasta el 10% en el curso 2021-22 (857.175 alumnos sin
nacionalidad española) para alcanzar
el curso pasado (2025-26) la cifra de 1.175.063 alumnos
extranjeros, el 13,5% del total de estudiantes de enseñanzas no
universitarias, según los datos de Educación. Un tercio son alumnos nacidos en Latinoamérica,
un 23,7% son de origen europeo y otro 21,8% africanos, destacando por
paises Marruecos (193.809 alumnos), Colombia (128.612), Rumanía
(93.821), Venezuela (85.273), Perú (67.938), China
(44.896) y Ucrania (44.311 alumnos). Con todo, hay una gran
diferencia entre autonomías: el mayor porcentaje de alumnos extranjeros se
da en los centros de la Comunidad Valenciana (19,9%), Baleares (19,3%), la
Rioja (18,6%), Aragón (17,6%), Cataluña (17%), Madrid (16%) y Murcia (15,8%),
mientras es bajo en Extremadura (5%), Galicia (6,6%) y Andalucía (7,9%). Eso
sí, el
74,7% de estos alumnos extranjeros estudian en centros públicos.
Este curso 2026-27 no habrá grandes novedades educativas,
salvo que será el 5º Curso en que se aplique la nueva Ley de Educación, la
Lomloe (aprobada en 2020 y que se empezó a implantar en el Curso
2022-2023), con lo que se
graduarán de la ESO los segundos estudiantes educados con la nueva Ley,
que pretende una educación menos “memorística” y más basada en potenciar
habilidades, como defienden los expertos educativos y el Informe PISA,
aunque los expertos creen que apenas se notará el cambio, porque hará falta más
tiempo y el reciclaje de los profesores. También será el 2º año en que se
mantendrán las prohibiciones
y limitaciones al uso de móviles en las aulas, generalizadas en
toda España, aunque el País Vasco y la Rioja dejan que lo regulen los propios centros
educativos.
La gran novedad de este curso escolar es el clima
de preocupación y tensión con el que han vuelto a clase los
profesores de colegios e institutos (806.153 docentes el curso pasado),
sobre todo los que trabajan en centros públicos (589.058
profesores), aunque también los que trabajan en la enseñanza concertada
(200.000 docentes). Ya en los últimos meses del curso
pasado hubo destacadas protestas de profesores en media España y
ahora se han convocado
ya huelgas de docentes en Madrid (indefinida a partir
del 14 de octubre), Cataluña (el 8 de septiembre) y Andalucía (el
11 de noviembre), mientras hay tensiones entre el profesorado y los gobiernos de
la Comunidad Valenciana, Cantabria, Aragón, Baleares, Navarra y Castilla y
León, que podrían terminar en más paros de docentes.
El clima de hartazgo este curso entre la
mayoría del profesorado se debe a una combinación
de factores, laborales y educativos. En primer lugar, los
profesores se quejan de la precariedad de su trabajo y sus bajos sueldos.
Por un lado, el
31% de los docentes tienen un contrato temporal (llega incluso al 43,4% en Cataluña,
al 41,3% en Canarias y al 37% de los docentes en Cataluña) y muchos sufren cada
año que les despidan en junio y los contraten otra vez en septiembre. Junto a
esta inestabilidad laboral, que se une a sufrir muchos cambios de
centros, están sus bajos
salarios: el sueldo neto de un profesor de Primaria oscila
entre 1.700 y 2.200 euros, según antigüedad. Y el sueldo neto en Secundaria
oscila entre 2.000 y 2.700 euros. Y en la reciente huelga, las cuidadoras
de educación infantil denuncian sueldos de 1.100 euros a jornada
completa…
Pero los profesores de colegios e institutos no se quejan
sólo de su situación laboral, también protestan porque no pueden formar
como quieren a sus alumnos, por falta de medios y personal. Su
mensaje es claro: las aulas son ahora más diversas y complejas y
no pueden dedicar a sus alumnos la atención que necesitan, lo que deteriora la
calidad de la enseñanza. Por un lado destacan el cambio en el alumnado.
Primero, por el
mayor peso de alumnos extranjeros: el curso pasado, señalan, en
los centros públicos de 17 provincias, al menos 1 de cada 5 alumnos eran
extranjeros (el 30% en Alicante), lo que exige más dedicación, tanto para
que aprendan la lengua (en ocasiones, además, la autonómica) como para que se
adapten a una nueva formación, con el agravante de que muchos alumnos proceden de
familias desfavorecidas (un tercio de los menores están en situación de
pobreza) y eso dificulta su formación y reduce la ayuda en casa, obligando a
una mayor atención docente.
Además, los profesores se
quejan de que cada vez tienen más tareas burocráticas, “papeleo”
(desde rellenar informes a protocolos), lo que les impide aumentar las horas
docentes para atender a los alumnos que necesitan más atención. Y, sobre todo,
luchan porque los centros (públicos y concertados) aumenten recursos y
plantillas, que consideran insuficientes. El sindicato CCOO considera que haría
falta contratar a 80.000 nuevos profesores en colegios e
institutos, sobre todo docentes para materias específicas, como matemáticas,
filosofía, idiomas y FP, así como a profesores de refuerzo. Y además, piden un cambio
radical en las oposiciones de docentes, denunciando
falta de objetividad, disparidad de criterios entre tribunales y el alto
volumen de suspensos en las últimas oposiciones.
La “marea
verde” de profesores, que ha protagonizado las últimas protestas y
está detrás de las próximas huelgas (muchas
veces al margen de los sindicatos tradicionales) plantean sus
reivindicaciones a las distintas autonomías, que gestionan la educación,
pero también tienen una serie de exigencias
al Ministerio de Educación. La primera, que complete la bajada
de alumnos por clase (ratios) en toda España, dado que cada
autonomía tiene un tope distinto de alumnos por clase en cada etapa escolar (ver
mapas). En abril de 2012, el Gobierno Rajoy subió los ratios
en las aulas (de 25 a 30 en Primaria, de 30 a 36 en la ESO y de 35 a 40 alumnos
en Bachillerato) para poder imponer sus recortes en el gasto educativo.
En marzo de 2019, el Gobierno Sánchez revertió la
medida a los ratios anteriores. Y posteriormente, las autonomías los
han bajado algo, de forma desigual. Por eso, el Gobierno aprobó en abril de 2026
una Ley
para homogeneizar los ratios en toda España: 22 alumnos por clase en
Primaria (frente a los 25 actuales) y 25 en la ESO (frente a 30 ahora). El
problema es que esta Ley no se ha aprobado todavía en el Congreso,
aunque el Gobierno confía en conseguirlo y aplicar las nuevas ratios
progresivamente, desde el curso 2027-28 al curso 2031-32. Y mientras,
ha pactado con los sindicatos rebajar,
por decreto, los ratios en educación infantil (de 8 a 4 niños
en 0 años, de 13 a 6 en 1 año y de 20 a 8 en 2 años), la reivindicación clave
de la huelga de las escuelas infantiles. Se aplicarán en el curso 2027-28.
La 2ª exigencia de los profesores es que
el Gobierno apruebe una normativa para exigir “unos parámetros
mínimos de calidad” a los centros privados de Formación Profesional, que
están proliferando por toda España (ya cuentan con un tercio de todos los
alumnos) ante la falta de plazas en los centros públicos de FP. Los sindicatos
creen que faltan 100.000 plazas en centros públicos de FP y eso
ha promovido la creación de academias y “chiringuitos”
de FP, con altos precios y financiados por inversores y Fondos extranjeros. Este
boom de la FP privada se concentra en
el País Vasco (43,8% alumnos), Madrid (37,6%), Cataluña (35,9%) y Andalucía (33,1%),
con el agravante de que consiguen más prácticas en empresas que los centros públicos.
La 3ª exigencia de la marea verde es que el Gobierno impulse
y financie con las autonomías un Plan
para la climatización de las aulas, dado que los alumnos sufren unas aulas sobrecalentadas
varios meses del curso escolar (y otras frío en invierno). Además, plantean
que el Gobierno regule
la Inteligencia Artificial (IA) en la educación y facilite a
profesores y alumnos una plataforma pública de IA que puedan usar en clase.
Por último, la marea verde de la enseñanza insiste en
criticar que muchas autonomías (las gobernadas por el PP) están fomentando
la enseñanza concertada y privada en perjuicio de la enseñanza
pública, que es la que concentra más alumnos inmigrantes y con necesidades
especiales o de familias con menos recursos. Son los famosos “conciertos”
educativos, el dinero público que las autonomías transfieren cada año a los
centros concertados. El gasto en conciertos ha pasado de 5.768 millones en 2014
a 8.342
millones en 2024, el 11,7% del gasto público total. Y eso
provoca que los centros concertados ganen en alumnos, sobre todo en algunas
autonomías que los apoyan más. Así, los 8.249.174 alumnos matriculados en
infantil, primaria, ESO, Bachillerato y FP, el
66,7% acuden a centros públicos, pero un 24,6% acuden ya a centros
concertados y un 8,7% a centros privados. Y hay autonomías con mucho más
peso de la enseñanza concertada y privada, como el País Vasco (48,6%) o Madrid
(46%), también Cataluña (35,3%) y Baleares (35,1%).
Al final, estos y otros problemas de fondo de la enseñanza
no universitaria en España conducen a unos resultados educativos preocupantes,
que les “duelen” especialmente a los profesores. Lo dejan claro los
estudios PISA, que relegan a los alumnos españoles en matemáticas y
comprensión lectora. Y varios datos incontestables. Uno, el alto porcentaje de repetidores:
el 2,1% en primaria (1,2% en la UE-25) y el 7,8% en secundaria 1ª etapa (2,2%
en la UE-25) y un 6,5% en la 2ª etapa. Otro, el
abandono escolar temprano, el alto porcentaje de jóvenes que dejan sus
estudios sin acabar el Bachillerato o la FP: 12,8% en 2025 frente al 9,4% en la
UE-25. Y el tercero, el elevado porcentaje de jóvenes “ni-nis”
(ni estudian ni trabajan): 11,5% en España y 11% en Europa.
¿Qué se puede hacer? Parece evidente que hay que gastar
más en educación, desde infantil a Bachillerato y FP, sobre todo en
centros públicos y en las
autonomías que menos gastan por habitante (Madrid, Asturias, Cataluña,
Galicia, Canarias, Castilla la Mancha y Baleares). Pero no se trata sólo de
gastar más sino de gastar
“de otra manera”, concentrando el gasto en los centros y
ciudades donde hay más problemas (barrios con más familias vulnerables y
más inmigrantes), reforzando la enseñanza de quienes lo más lo necesitan,
con clases de refuerzo, desdobles y profesores de apoyo. Y en paralelo, reforzar
las plantillas docentes, estabilizando sus contratos y mejorando sus sueldos y
su formación (con esa buena idea del MIR
educativo, para los profesores que empiezan).
Este curso escolar 2026-2027 es el tercer año consecutivo en que se reducen los alumnos de las enseñanzas no universitarias, desde Infantil a Bachillerato y Formación Profesional (FP): serán unos 8.200.000 niños y adolescentes, 49.000 menos que el curso pasado, cuando ya bajaron en 67.425 alumnos (-43.024 chicos y -24.401 chicas), tras reducirse otros 17.425 alumnos el curso 2024-25, por la caída de la natalidad. El curso pasado (2025-2026), el último con datos oficiales, estudiaron 8.249.174 alumnos en los 28.633 colegios e institutos españoles, dos tercios en colegios públicos (que perdieron 53.765 alumnos) y un tercio en colegios privados (que perdieron sólo 13.660 alumnos). La caída de alumnos se nota sobre todo en Primaria (-48.773 el curso pasado), el 2º ciclo de infantil (-26.266 alumnos de 3 a 6 años) y en la ESO (-24.766), cayendo menos en Bachillerato (-3.713alumnos el curso pasado), mientras crecen los alumnos en el primer ciclo de Infantil (+3.268 alumnos de 0 a 3 años), en educación especial (+2.357) y, sobre todo, en Formación Profesional, la enseñanza que más crece en España (+30.185 alumnos el curso pasado).
Los profesores no sólo se quejan por la complejidad de
tener más alumnos extranjeros sino también porque han
aumentado los alumnos “con necesidades especiales”, desde
alumnos con autismo (TEA) a estudiantes con déficit de atención
(TDH), discapacitados y alumnos que se han incorporado tarde a la
escuela. Los últimos datos oficiales (curso 2024-25) reflejan que los centros
educativos acogieron a 422.631 alumnos con necesidades especiales en
Primaria y 298.915 en la ESO, el doble que 4 años antes. Y si
embargo, los centros no han duplicado medios, aulas ni profesores.
Y sobre todo, urge
un Pacto educativo, entre el
Gobierno central, las autonomías, los profesores y las familias, para asegurar
una financiación suficiente y acordar medidas para mejorar la calidad
de la enseñanza. Pero aquí nadie busca consensos y por ello se
avecina un otoño de huelgas en la enseñanza. Lo pagarán nuestros
niños y jóvenes, el futuro del país.
Etiquetas:
alumnos,
alumnos extranjeros,
bachillerato,
colegios,
conciertos educativos,
curso escolar 2026-27,
educación infantil,
enseñanza concertada,
ESO,
Formación Profesional,
huelgas docentes,
Institutos,
Primaria,
profesores
Suscribirse a:
Entradas (Atom)