Las listas de espera
en la sanidad pública siguen disparadas y eso alimenta la contratación de seguros médicos privados: son los
seguros más contratados y han crecido otro 7,5% este año. Las aseguradoras se
aprovechan, con subidas de tarifas reiteradas: +34,8% en 6 años. El problema es que, con 12,5 millones de asegurados, los
seguros médicos privados se han
masificado y hay también listas de espera. Mi caso: 10 meses de demora para el dermatólogo en la sanidad pública
y 3 meses en el seguro privado. Además, muchos médicos se quejan de que las aseguradoras apenas les pagan por consulta,
aparte de presionarles para que reduzcan tiempos y pidan menos pruebas. Por ello,
la Comisión de la Competencia (CNMC)
ha abierto una consulta a médicos,
pacientes y aseguradoras, para investigar los seguros médicos. Temen que haya concentración (5 aseguradoras controlan el 71,7% de las pólizas)
y algunas tienen también hospitales
(son juez y parte…). Y hay asegurados
con problemas médicos que no pueden cambiarse, sobre todo mayores. Falta transparencia.  |
| Enrique Ortega |
En España hay un
desequilibrio creciente entre la
sanidad pública, que va a menos, y la sanidad privada, que va a más. En 2020, el gasto público en sanidad era de 82.094 millones (+2.285 millones que en
2010, +2,8%), el 7,9% del PIB, muy por debajo de la media de gasto
sanitario público de la OCDE (10,8% del PIB) y de Alemania (12,8%),
Francia (12,2%), Reino Unido (12%), Suecia o Austria (11,5%), Paises Bajos y
Bélgica (11,5%), Portugal (10,6%) o Italia
(9,6% del PIB). Mientras estamos a la cola de gasto público en sanidad, España es el 4º país occidental con más
gasto privado en sanidad: 32.140 millones de gasto en 2022 (+2.442 millones
que en 2010, +2,8%), el 2,9% del PIB,
muy por encima de la media de gasto sanitario privado en la OCDE (2,3% del PIB), sólo por detrás
del gasto en Portugal (35,5% del PIB), Suiza (30,1%) y Polonia (22,7%), y muy
por encima del gasto sanitario privado en Alemania y Francia (1,9% del PIB),
Reino Unido (2,9%) e Italia (2,3% del PIB), según
los últimos datos de la OCDE.
En realidad, el gasto
privado en sanidad es mayor, porque una
parte del gasto público del Sistema Nacional de Salud (SNS) acaba en la sanidad privada, en forma de
pago de conciertos para que los
hospitales privados atiendan a pacientes de la pública. En 2020, esos conciertos
desviaron 8.582 millones de fondos
públicos a la sanidad privada, con lo que el gasto sanitario privado real
fue de 40.727 millones de euros, frente
a 79.476 millones de gasto sanitario público real. A lo claro: que un tercio
del gasto sanitario que se hace en España (seguros médicos y pago de consultas)
se
lo lleva la sanidad privada. Hace
una década, en 2010, el gasto sanitario privado rondaba los 27.000 millones de euros, el 25,6% del gasto sanitario total. Así
que la sanidad privada ha pasado de ser la cuarta parte a un tercio, lo
que demuestra la progresiva privatización de la sanidad en España.
El motor de este crecimiento de la sanidad privada somos los pacientes, que cada vez gastamos más en seguros médicos y en el pago de servicios médicos privados,
en clínicas y hospitales. Y sobre todo, después
de la pandemia. Así, en 2022, el
gasto médico privado fue de 671 euros por español (601 euros
pagábamos en 2010), frente a 2.022 euros de gasto público por habitante (1.595
en 2019), según
el último informe de la Fundación Idis (sanidad privada). La mayor parte de
este gasto sanitario privado (497 euros
en 2022) lo hacemos al ir a clínicas o médicos privados y pagar directamente el
servicio, pero otra parte, 174 euros por
habitante en 2022, se destina a pagar
un seguro médico privado (148 euros pagábamos de media en 2019). Y hay
enormes diferencias en este pago de un seguro privado según autonomías: en Madrid pagamos de media 599 euros anuales por habitante, en
Baleares 293 euros, en Cataluña 270 euros, en el País Vasco 196 euros y en
Aragón 178 euros, mientras rondan los 100
euros anuales por habitante el gasto en seguros médicos en Navarra (96),
Cantabria (101) y Murcia (102 euros por habitante).
Este gasto de los
españoles en seguros médicos se ha disparado en la última década, alentado
por el deterioro de la sanidad pública y las
listas de espera, que no paran
de crecer: en diciembre de 2022, había 793.521
españoles esperando una operación (120 días de espera media y la quinta
parte más de 6 meses) y una espera media
para ir al especialista de 95 días (más de la mitad de los 85 por 1.000 habitantes
que esperan cita se encuentran con una demora de más de 3 meses). Esta abultada
lista de espera en la sanidad pública ha
disparado los seguros médicos privados, que llevan años siendo los que más crecen (más que el automóvil y el
seguro de hogar): en 2022 se pagaron
primas de seguros médicos por 10.543
millones de euros (+43% sobre 2015) y este
primer trimestre de 2023 ya se
han pagado seguros médicos por 2.944 millones (+7,5%), otro récord. Y se estima
que 12,5 millones de españoles tienen un
seguro médico privado, el 26% de
la población. Un porcentaje que es mayor en Madrid (37,7%), Cataluña (31,2%) y Baleares (30,3%),
según
los datos de la patronal UNESPA.
La fuerte demanda de seguros médicos ha disparado sus precios, aunque junto al coste medio de los
seguros en vigor se vendan seguros
médicos “low cost”, “desde 9 euros al mes”. Sólo este año, de enero a mayo, los seguros médicos han subido un +8,4%, según el INE, casi el triple
que la inflación general (+3,2% en mayo). Y
si buscamos la subida de los 5 años anteriores (+26,4%), concluiremos que los seguros médicos han subido un +34,8%
entre 2018 y 2023, el doble que la
inflación global (+16,9% estos 6 años) y casi el triple de lo que han subido los salarios estos años
(+13,29%). Y la tendencia es que sigan subiendo más que la inflación, por la
fuerte demanda y los costes crecientes de la atención médica.
Dividiendo las primas que pagan por los seguros médicos esos
12,5 millones de asegurados, sale un coste
medio de 880 euros anuales por asegurado, unos 75 euros mensuales por
persona. El” truco”, como en otros
seguros, es una “guerra
de precios” para captar nuevos clientes, ofreciendo pólizas muy baratas (unos 20 euros al
mes), con bajas coberturas, muchos
copagos y basadas en “la atención online”. Incluso se utilizan las redes
sociales y plataformas digitales para vender seguros médicos “low cost”. Pero
luego, esos seguros suben y los asegurados
buscan mayores coberturas, con lo que acaban pagando mucho más. Una familia
media está pagando ya entre 150 y 200
euros mensuales, duplicando ese coste si los padres superan los 45 años. El
perfil de los que pagan un seguro médico privado,
según UNESPA, son los
que tienen entre 30 y 65 años (el 51% de los asegurados), destacando el
poco peso de los mayores de 70 años: sólo el 6% tienen un seguro médico privado,
por su alto coste y las dificultades para contratarlo.
La masificación de los seguros médicos
privados (hay 1,5 millones más que antes de la pandemia) está provocando problemas
a los asegurados: se ha deteriorado la atención y hay
más listas de espera para ir
a un médico y hospital privado. Mi caso:
la sanidad pública me ha dado cita dentro de 10 meses para la consulta de un
dermatólogo y mi seguro privado me da 3 meses… Los sindicatos del sector denuncian
demoras
de 3 meses para un dermatólogo, mes y medio para una resonancia,
dos meses para traumatología y un mes para el pediatra o la revisión
ginecológica… Y eso pagando un costoso seguro mensual. El
mayor colapso se da en Madrid (hay
2,5 millones de asegurados), Barcelona y Baleares, pero también en ciudades
más pequeñas y en algunas especialidades.
En paralelo, los
médicos que trabajan para las aseguradoras y hospitales privados se
quejan de que tienen demasiados pacientes y que en algunos casos les han pedido acelerar el tiempo de
consulta (“no más de 10 minutos”), como en la pública. Y “pedir
menos pruebas”, para abaratar costes. Pero las mayores quejas de los médicos son que las aseguradoras les
pagan poco por atender a esos pacientes privados. Ya hay una plataforma
de médicos, Unipromel, que
defiende subir las tarifas, porque son
las mismas que hace 30 años. Aseguran que están cobrando
entre 7 y 12 euros por consulta
y 229 euros por una operación de apéndice, por ejemplo. Y que en el caso de
médicos autónomos, que trabajan en hospitales, tienen que pagarles un 30% de
comisión por usar sus instalaciones. En general, se quejan de que son miles de médicos sin capacidad de
negociación, a los que las aseguradoras les imponen sus tarifas y
condiciones, sin repercutirles la subida de los seguros.
En medio de este panorama, la Comisión de la Competencia (CNMC)
abrió el 24 de marzo una “consulta” sobre los seguros médicos
privados, para que les mandaran opiniones médicos, pacientes y
aseguradoras. Al cerrarse el plazo de recepción de opiniones, el 26 de mayo, la
CNMC se vio sorprendida por una avalancha
de respuestas (690), la
mayoría críticas, sobre todo de médicos y pacientes. Ahora, la Comisión está
investigando estas quejas y emitirá un informe, con medidas y propuestas, para
finales de 2024.
La Comisión de la Competencia (CNMC) está
preocupada por 3 prácticas que
han observado en los seguros médicos. La primera un exceso de concentración en el sector: las 5 mayores aseguradoras copan el 71,7% del mercado, según
los datos de 2022. Son SegurCaixa
Adeslas (controlada en un 50% por Mutua Madrileña y un 49% por VidaCaixa
Group), con el 28,9% del mercado
(3.054 millones de primas) , Sanitas
(propiedad de la multinacional británica BUPA), con el 15,4% (1.633 millones), Asisa
(propiedad de la cooperativa médica Lavinia, dueña de los hospitales HLA), con
el 13,3% de cuota (1.403 millones), DKV Seguros (filial de la aseguradora
alemana DKV), con otro 7,3% (775
millones) y Mapfre (propiedad de la
aseguradora española, varios Fondos de inversión y Allianz),con el 6,8% restante (714 millones). Y si
añadimos las 5 siguientes, la sociedad vasca IMQ (2,5%, tras comprar un 50% Adeslas en 2022), la aseguradora Axa (2,4%), Asistencia Médica Colegial (2%), FIATC (1,7%) y Caser
(1,6%), el Top 10 de las aseguradoras
acapara el 81,9% de los seguros
médicos privados en España. Una
fuerza tremenda para imponer precios a los asegurados, a los médicos y a
los hospitales privados.
La 2ª preocupación de
la CNMC sobre este sector es la
creciente integración entre aseguradoras y hospitales privados: cada
vez hay más participaciones cruzadas
y eso puede provocar que la atención
médica se rija por criterios comerciales en lugar de sanitarios si los
dueños de los hospitales (y los jefes de los médicos) son las aseguradoras. Es
el caso de Sanitas, que cuenta con 4 hospitales propios (3 en Madrid y uno
en Barcelona) más 20 Centros multiespecialidad, además de los 240 hospitales
concertados. Y Asisa es dueña de los
17 hospitales HLA, con casi 10.000
médicos, 36 Centros médicos especializados y Asisa dental. También DKV tiene 22 espacios de salud propios, además de los 1.000 centros
concertados. Y Adeslas cuenta con 27 Centros propios, además de 1.300 Centros
y 216 hospitales concertados. Aseguradoras que son “juez y parte” en esta
atención sanitaria.
La 3ª preocupación de
la CNMC son los “pacientes
prisioneros de sus aseguradoras”. El origen del problema es que se
disparan las primas si alguien tiene una enfermedad previa a contratar un
seguro. Pero si la enfermedad llega después, la aseguradora no le puede subir
la prima por ello. Pero el paciente está “prisionero”,
porque si quisiera cambiar de aseguradora, tendría problemas para hacerlo (si
tiene problemas con una rodilla, por ejemplo, eso se excluye del futuro seguro)
o le subiría mucho más el seguro. Así
que, a partir de una determinada edad y los consiguientes achaques, uno es “prisionero” de su seguro médico.
Todo esto es lo
que ahora investiga la CNMC, con los testimonios de asegurados, médicos,
aseguradoras y hospitales, aunque cualquier medida o denuncia no será
realidad hasta 2025. Mientras, la
sanidad pública sigue con sus problemas y no parece que mejorar su
atención sea una prioridad de los nuevos gobiernos autonómicos. Mientras, crecen las listas de espera en la sanidad pública, lo que ya empieza a preocupar a la sanidad privada:
“estamos
sufriendo masificación en algunos hospitales y especialidades·, ha
reconocido Juan Abarca, presidente del IDIS (sanidad privada), que ha
pedido “tomar medidas para que la sanidad
pública funcione de forma eficiente”. A lo claro: que se mejore la sanidad pública, porque la situación actual les
perjudica, al colapsar la sanidad privada.
En resumen, que los problemas no resueltos en la sanidad
pública están empezando a contagiar a la sanidad privada y muchos
asegurados se quejan de las listas de espera y el deterioro en la
medicina privada que les cuesta mucho dinero cada mes. Urge tomar
medidas y que el próximo Gobierno pacte un
Plan de choque para reducir las listas de espera en la sanidad pública,
reforzando la atención primaria y las
especialidades con más demora, junto a mejoras de las urgencias y los
hospitales. Hasta
la sanidad privada pide un Pacto para mejorar la sanidad pública, porque
complica su negocio. Todo va a depender de los resultados electorales del 23 de julio, aunque no debería ser así:
la
sanidad es la prioridad para la mayoría y no puede seguir siendo un problema, con o sin seguro privado. Hagan
algo.