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lunes, 12 de mayo de 2025

El desarrollo humano se estanca

Los españoles y el resto de europeos estamos ahora preocupados por nuestra seguridad y por una nueva crisis si se mantienen los aranceles de Trump. Una visión “eurocentrista” de los problemas del mundo, que no escucha la última alerta de la ONU: el desarrollo humano se ha estancado en 2024 y de seguir así, los paises en desarrollo seguirán con problemas en los próximos 25 años. Además, este estancamiento económico global ha aumentado las diferencias entre paises ricos y pobres, otro detonante de tensiones geopolíticas. Y en paralelo, también desoímos otra alerta reciente de la OMS: el atraso económico y la pobreza acortan la vida en los paises más pobres y dentro de los paises, donde los más vulnerables viven menos años. En un momento donde Trump y el nacionalismo ultra atacan la cooperación internacional, es más urgente que nunca mantenerla y avanzar en el comercio y las inversiones internacionales, en reducir las diferencias entre paises ricos y pobres. Porque un mundo menos desigual nos beneficia a todos.


En 1990, la ONU introdujo un índice para medir el desarrollo de los paises: el índice de desarrollo humano (IDH), que mide 3 indicadores claves para reflejar la situación económica y social de un país: la esperanza de vida de la población, el nivel de estudios y educación y el nivel de vida (PIB per cápita descontando la inflación). Sobre estos 3 indicadores, el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) publica cada año el índice de desarrollo humano del mundo y el índice de los 193 paises analizados. Y el PNUD acaba de publicar el IDH de 2024, una “alerta” para el mundo: se ha estancado en 0,76 puntos en 2024, el mismo índice que en 2023 y casi el mismo que en 2019, antes de la pandemia (0,75).

El objetivo de la ONU era que este índice de desarrollo humano (IDH) llegara a 0,81 puntos en 2030, pero los expertos del PNUD alertan que va a ser difícil conseguirlo y que si seguimos la tendencia de estos últimos años, el IDH podría estancarse en esos 0,76 puntos actuales en 2030, algo que nunca ha pasado en las últimas décadas. Y eso porque los paises ricos crecen poco y se ha estancado el crecimiento de los paises en desarrollo, una situación agravada en los últimos meses por las crisis geopolíticas y las tensiones en el comercio mundial, por la amenaza de aranceles de Trump. Y además, se está frenando la bajada de tipos (en USA y Europa), lo que agrava los problemas de deuda de muchos paises.

El otro problema sobre el que alerta la ONU es el aumento de la desigualdad entre los paises, una brecha que se había reducido y que ha crecido tras la pandemia. Esta desigualdad se refleja en los distintos índice de desarrollo humano (IDH) que publica el PNUD (ver listado). Hay un primer grupo de 74 paises de “muy alto nivel de desarrollo”, con un IDH de 0,914 puntos, encabezado por Islandia (0,972 puntos), Noruega (0,970). Suiza (0,970), Dinamarca (0,962) y Alemania (0,959 puntos). EEUU ocupa el lugar 17 (0,938 puntos del IDH), Francia el 26º, España el lugar 28º (0,918 puntos) e Italia el 29º (0,915 puntos).

El segundo grupo de paises, por su “desarrollo humano” (esperanza de vida, educación y nivel de vida) lo integran otros 50 paises con un “alto nivel de desarrollo” (media IDH 0,777 puntos), donde están China (0,797 de IDH), Brasil (0,786) y muchos paises de Latinoamérica, Asia y Oriente medio. El tercer grupo lo integran 43 paises con un “nivel medio de desarrollo” (0,656 de IDH), entre ellos India (0,685) y varios paises de Asia y África. Y el cuarto grupo lo integran los 26 paises con “bajo nivel de desarrollo (0,515 puntos de IDH), los paises más pobres y con peor desarrollo humano del mundo. De los 10 últimos, 9 son paises de África: Sudán del sur (0,388 de IDH, la mitad que la media mundial), Somalia (0,404), República Centroafricana (0,414), Chad (0,416), Níger (0,419), Mali (0,419), Burundi (0,439), Burkina Fasso (0,459), Sierra Leona (0,467) y Yemen (0,470 puntos IDH).

El informe del PNUD (ONU) alerta que esta desigualdad en el desarrollo entre paises se ha agravado en 2024, el 4º año consecutivo en que crece la brecha entre paises ricos y pobres, tras haberse reducido en las dos décadas anteriores. Y alertan que esta mayor desigualdad mundial es un riesgo porque alienta el aumento de conflictos y de ruptura económica. Además, el informe muestra su preocupación por el futuro, ya que si se mantienen estas tendencias (estancamiento del IDH y aumento de la desigualdad entre paises), será difícil conseguir los Objetivos del Desarrollo previstos para 2030, entre ellos, acabar con el hambre en el mundo: actualmente pasan hambre 733 millones de personas y la ONU solo puede atender, con el programa de alimentos (WFP) a 123 millones de personas. ”Si sigue el estancamiento actual, los objetivos previstos para 2030 pueden demorarse décadas, haciendo del Planeta un lugar menos seguro, más dividido y más vulnerable a las perturbaciones económicas y ecológicas”, alerta Achim Steiner, administrador del PNUD (ONU).

En paralelo a este informe de la ONU se ha publicado la semana pasada otro informe de la Organización Mundial de la Salud (OMS), que tampoco ha tenido eco en los medios. Su conclusión es tremenda: la pobreza acorta la vida. El estudio revela que la falta de oportunidades laborales, de educación y vivienda son más determinantes para provocar problemas de salud que los factores genéticos y sanitarios. Y que el nivel de desarrollo supone que las personas vivan más o menos. Un ejemplo: en paises de altos ingresos (como Suecia o Japón), la esperanza de vida es 33 años superior a la de paises pobres (como Chad o República Centroafricana. Y reitera la OMS: “millones de personas sufren más riesgo de enfermedad y muerte por las condiciones socioeconómicas en que han nacido o por el grupo social al que pertenecen. La desigualdad sanitaria no es un accidente, es consecuencia de la forma en que la sociedad distribuye recursos y oportunidades”.

Este informe de la OMS no sólo refleja una desigualdad en la sanidad y esperanza de vida entre paises, según su nivel de desarrollo, sino también dentro de cada país, según las zonas y grupos sociales. Así, revela que en el mismo Japón, los hombres de las regiones más atrasadas viven 2 años y medio menos que los de las zonas ricas. En Canadá, los inuit viven de media 12,5 años menos que el resto de la población. Y en Australia, la población aborigen vive 10 años menos que la media de la población. También en España, los datos del INE reflejan que la esperanza de vida en los municipios más ricos (Majadahonda, Las Rozas, Pozuelo) es 6 años mayor que en los municipios más pobres y con más paro (Ceuta, la Linea de la Concepción, Melilla, Algeciras o Linares).

La OMS también alerta que el mayor o menor desarrollo afecta también a la mortalidad infantil: los niños nacidos en paises pobres tienen hasta 13 veces más de posibilidades de fallecer antes de cumplir los 5 años que los de las naciones más ricas. Y señala que si consiguiéramos reducir las desigualdades entre los paises (con inversiones en servicios sanitarios, sociales, educación, servicios públicos e  infraestructuras), se podría salvar la vida de 1,8 millones de niños del mundo cada año…

Volviendo al estancamiento del desarrollo humano (IDH), la ONU (PNUD) propone medidas para impulsar el crecimiento mundial, con más cooperación internacional por la vía de inversiones y comercio, al contrario de lo que propone Trump y la extrema derecha mundial. También es clave la inversión en educación y sanidad. Y en su informe, proponen aprovechar la Inteligencia artificial (IA) para impulsar el desarrollo de los paises más pobres, lo que exige solventar las actuales brechas de estos paises en su acceso a la electricidad, a Internet y a las aplicaciones de la IA. En definitiva, creen que la IA puede corregir parte de la actual desigualdad mundial, pero si se aplica mal, sin contar con los paises en desarrollo, puede agravar esa desigualdad, planteando un futuro a 2 velocidades…

El problema de fondo es que la economía mundial se ha estancado tras la pandemia, tras décadas de crecimiento, según revela otro informe, esta vez del Banco Mundial. Y no sólo crecen menos los paises ricos, sino que “ha pinchado” el crecimiento de los paises en desarrollo: crecieron una media del +5,9% entre 2000 y 2010, un +5,1% entre 2010 y 2020 y sólo el +3,5% entre 2020 y 2024, según el Banco Mundial. Y además, estos paises en desarrollo han crecido un 0,5% menos que las economías ricas desde 2014, lo que ha ampliado la brecha de desarrollo entre paises ricos y pobres.

Lo preocupante es su futuro: “los próximos 25 años serán más difíciles para las economías en desarrollo de lo que han sido los últimos 25 años”, augura Indermit Gill, economista jefe del Banco Mundial. Así que no sólo tenemos el problema de que se ha estancado el desarrollo humano de los más pobres (como dice la ONU) sino que seguirá estancado los próximos años. Y eso porque se han frenado las fuerzas que les hicieron crecer, sobre todo el comercio y las inversiones (y la deuda) . Y ahora, con un menor crecimiento también para los paises ricos, preocupa que los paises en desarrollo frenen sus exportaciones y reciban menos inversiones, mientras les sigue pesando la deuda (por los todavía altos tipos de interés) y se agravan las consecuencias negativas del cambio climático.

El futuro de las economías en desarrollo no sólo es importante para ellas sino también para las economías desarrolladas. Y a su vez, el crecimiento de EEUU, Europa y Japón es clave para promover el crecimiento de los paises en desarrollo. Actualmente, ambas crecen poco y se multiplican los problemas en el comercio mundial (aranceles y proteccionismo), las inversiones y la deuda. El informe del Banco Mundial señala que los paises en desarrollo necesitarán en los próximos años un nuevo modelo estratégico que acelere las reformas estructurales, fomente la inversión nacional y extranjera, fomente nuevas áreas de relaciones comerciales y promueva un uso más eficiente del capital, el talento y la energía. Y estos retos serán claves en América Latina, África y Asia, los paises con menos crecimiento futuro. Las dificultades serán el aumento de la incertidumbre de los inversores, las tensiones geopolíticas y comerciales y el temor a una mayor inflación, que frene la bajada de tipos y encarezca la deuda.

El mundo no puede permitirse dar la espalda a los paises en desarrollo”, dijo hace un año en Washington el economista jefe y vicepresidente del Banco Mundial, Indermit Gill. Y no sólo por humanidad y por justicia, también por “egoísmo económico”: “La historia deja claro que cerrar las brechas de renta y desarrollo entre las naciones más pobres y las más ricas beneficia a todas las economías”, señaló el Banco Mundial. Porque si los 75 paises más pobres mejoran y se reduce la brecha con los ricos, todos saldremos ganando en crecimiento, comercio, inversiones, empleo, con menos guerras, tensiones y conflictos.

Ahora que parece que cada país y cada continente se cierran sobre sí mismos, es el momento de coordinar esfuerzos, de aunar fuerzas y reforzar las instituciones internacionales, para reducir el hambre, la pobreza y la desigualdad entre paises. Hasta ahora habíamos reducido la brecha entre ricos y pobres, pero ahora hay más desigualdad global, una fuente de conflictos, de más muertes y menos esperanza de vida. Hay que atajarla entre todos, con más comercio, inversiones y colaboración multinacional. Miremos un poco al mundo.

jueves, 20 de marzo de 2025

Alcohol y menores: una Ley urgente

La semana pasada, el Gobierno aprobó una Ley para prevenir el consumo de alcohol en menores, el 4º intento en este siglo. Los datos son escalofriantes: el 56,6% de los menores han bebido en el último mes. Incluso 1 de cada 3 niños de 12 a 14 años han bebido alguna vez. El alcohol, una “droga” según la OMS, nos hace daño a todos (15.000 muertes anuales), pero mucho más a los jóvenes: daña su cerebro, que no se acaba de formar hasta los 23 años. Y más porque muchos jóvenes combinan el alcohol con tabaco, marihuana y cocaína. Hasta ahora, las autonomías controlan (poco) el consumo y los botellones (generalizados). Ahora, esta Ley estatal prohibirá el consumo a los menores, la venta y publicidad y creará programas de prevención y rehabilitación. Si la aprueba el Parlamento, será un gran avance. Pero faltan campañas globales contra el alcohol (socialmente aceptado) y duplicar sus impuestos, los más bajos de Europa. No podemos seguir siendo la reserva alcohólicade Occidente.

               Botellones de jóvenes en toda España

El consumo de alcohol es “una epidemia silenciosa” en todo el mundo, donde hay más de 2.000 millones de personas que lo consumen habitualmente, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), para quien el alcohol es “una droga” adictiva que causa numerosas enfermedades ( más de 200) y 2,6 millones de muertes anuales (15.000 en España). Del total de bebedores en el mundo, 400.000 personas (el 7% de la población mayor de 15 años) viven con trastornos graves de salud por consumo excesivo de alcohol. Y, según la OMS, el consumo afecta de forma más preocupante a los jóvenes de entre 20 y 39 años, que integran el grupo con más muertes por consumo excesivo de alcohol (el 13% del total).

Europa es el continente con mayor consumo de alcohol, según los datos (2019) de la OMS: el 62% de los europeos consumieron alcohol en el último año (frente al 43,8% de media en el mundo, el 60% en América, el 28% en el sudeste asiático, el 29% en Africa y el 4% en oriente Medio). Y los europeos consumimos 14,7 litros de alcohol al año por persona, por delante de América (12,5 litros). En cabeza del consumo per cápita están Rumania (17 litros por habitante), Georgia (14,3), República Checa (13,3), Letonia (13,1) y Alemania (12,2), seguidas a cierta distancia por Irlanda (11,7 litros), Polonia (11,6), Francia (11,3) y España (10,9 litros por habitante), que ocupa el lugar 16º en el ranking de consumo. Pero, en cambio, España ocupa el 2º lugar en el ranking europeo de adultos que consumen alcohol diariamente: lo hacen el 13,5%, sólo por detrás del 21,4% en Portugal y por encima de Italia (12,4%), Francia (10,4%) o Alemania (7,8%), según Eurostat.

En 2024, dos de cada tres españoles adultos (15 a 64 años) habían bebido alcohol en el último mes (un 63,5%), un porcentaje similar al de los que bebían en 1997 (64%), según el Estudio EDADES que elabora Sanidad. Y un 10,5% reconocen que beben alcohol diariamente (15,4% de los hombres y 5,7% de las mujeres). El mayor problema ya no es sólo que el consumo de alcohol sea habitual, sino que es elevado entre los jóvenes, que cada vez empiezan antes a beber alcohol: ahora se inician a los 16,4 años  (15,9 los chicos y 16,9 las chicas), cuando era a los 16,8 años en 1997. El estudio EDADES refleja que dos de cada tres jóvenes (el 63,5%) habían bebido alcohol en el último mes.

Y lo peor: un 9% de los más jóvenes (15-24 años) se ha emborrachado en el último mes (y el 7,5% de los que tienen entre 25 y 34 años), sobre todo en la mitad norte de España, Murcia y las islas. Y se han dado “un atracón” de alcohol (más de 5 bebidas en 2 horas, la mayoría cerveza y combinados de botellón) el 18% de los jóvenes de 15 a 19 años y el 24% de los jóvenes de 20 a 24 años (el 27% de los chicos de esa edad y el 20% de las chicas). Y un tercio de los jóvenes de 15 a 24 años hacen “botellón”. Cuando se les pregunta a los jóvenes por qué beben alcohol, el 52,8% contesta que “porque es divertido y anima las fiestas”, el 35,1% porque “les gusta cómo se sienten después de beber “, el 14% porque creen que “es saludable” y otro 13,6% “para no sentirse excluido y encajar mejor”.

Pero si este consumo de alcohol entre los jóvenes es preocupante, lo son más los datos de consumo entre los menores de edad, reflejados en Estudes 2023: 3 de cada 4 menores (de 14 a 18 años) han bebido alcohol en el último año, el 56,6% lo han bebido en el último mes y un 28% lo han hecho en modo “atracón” (5 bebidas en 2 horas). Y todavía peor: 1 de cada 3 niños de 12 y 13 años han bebido alguna vez alcohol, según Estudes 2023. Los médicos ya han alertado que cada vez hay más ingresos en urgencias de menores y jóvenes, por intoxicación etílica. De hecho, en Castilla y León ingresaron 110 jóvenes en urgencias por alcohol en 2022 y de ellos, 20 eran menores de 14 años. Y en Madrid, ingresaron en urgencias por alcohol 1.936 jóvenes en 2023, el 8,3% de ellos menores de edad…

El alcohol es un grave problema de salud pública en Occidente, según la OMS, para quien el  consumo excesivo de alcohol está detrás de más de 200 enfermedades y de muchos accidentes y traumatismos. Consideran probado que el consumo excesivo causa o agrava muchas enfermedades hepáticas, otras infecciosas (tuberculosis y VIH), enfermedades cardiovasculares, distintos tipos de cáncer (hígado, mama, esófago, colorrectal, cabeza y cuello), trastornos de salud mental y comportamiento (depresión, ansiedad, trastornos alimentarios), así como accidentes de tráfico (en un tercio de muertes hay alcohol por medio) y problemas laborales, sociales y económicos. En España, se tratan unos 25.000 pacientes al año por alcoholismo, pero algún experto asegura que el problema es mucho más grave y que “hay 1 millón de españoles que abusan del alcohol”.

Pero si el alcohol es “una droga” social, que provoca enfermedades y muertes entre los que lo consumen en exceso, es aún más peligroso para los menores y los jóvenes. La razón, según los médicos, es que la formación del sistema nervioso central tarda tiempo en los humanos y el cerebro de un joven no se termina de formar hasta los 21 o 23 años:  el alcohol en edades tempranas afecta a su “córtex cervical” y deteriora sus neuronas y su capacidad cognitiva, dañando sus capacidades (son “más torpes”). Además, les afecta también más al corazón, generando “cardiopatías” en edades tempranas. Y este daño mental y físico se agrava si los jóvenes consumen también drogas junto al alcohol, en especial marihuana, cocaína o éxtasis. De hecho, el consumo del alcohol “desinhibe” y “normaliza” el uso de otras drogas (y también tabaco), dañando más la salud de los jóvenes. Una cuestión preocupante porque un tercio de los jóvenes reconocen “policonsumo de 2 o 3 sustancias (alcohol, marihuana y cocaína) en el último mes.

Cada cierto tiempo, el elevado consumo de alcohol entre los jóvenes salta a la actualidad y el Gobierno de turno se plantea “tomar medidas”. En este siglo, ha habido 3 intentos “fallidos”. El primero, en 2002, con el Gobierno Aznar, cuando su ministro Rajoy (Interior) presentó un proyecto de Ley para frenar el consumo de alcohol entre los jóvenes, Se aprobó, pero la normativa concreta, vigilancia y control quedó en manos de las autonomías (17 estrategias diferentes y poco eficaces). La segunda, en 2007, cuando el Gobierno Zapatero retiró una Ley para reducir el consumo de alcohol “para evitar que fuera un instrumento de confrontación electoral”. Y la tercera, en 2018, cuando la moción de censura y la caída del Gobierno Rajoy impidieron aprobar una Ley ya pactada contra el botellón y el consumo de alcohol entre los jóvenes. Ahora, el Gobierno Sánchez hace el 4º intento, con la aprobación (Consejo de ministros 13 marzo) de la Ley de prevención del consumo de alcohol en menores.

Esta Ley, presentada tras 7 meses de consultas y alegaciones, tiene tres puntos básicos. Uno, que prohíbe el consumo de alcohol a menores de 18 años, algo que ahora sólo está regulado en la mitad de autonomías (es ilegal su venta, pero no su consumo). Significa que ahora habrá (si se aprueba la Ley en el Parlamento) una prohibición estatal al consumo, con fuertes multas a los infractores y que habilita a las fuerzas de seguridad a hacer controles para hacer cumplir esta prohibición. El 2º cambio es que no se podrá vender alcohol (ni a adultos) en centros educativos (salvo Universidades) o de ocio que tengan como público mayoritario a menores de edad. Y el 3º, que se restringe aún más la publicidad del alcohol: prohibida en la vía pública y en locales (terrazas, mesas, toldos…) próximos (150 metros) a colegios y lugares donde haya menores, así como la publicidad y el patrocino de las bebidas “00 alcohol” (Tanqueray 00 ha sido patrocinador del Atlético de Madrid…), salvo la cerveza y el vino 00.

Otra novedad de la Ley es que incluye programas de prevención y rehabilitación para los menores que consumen alcohol (y sus familias), incluyendo un protocolo para los hospitales que detecten intoxicación etílica en menores (tendrán que informar de ello y podría incluirse en la historia clínica del menor), algo que ahora no se hace. Y también contempla la Ley programas de concienciación sobre los peligros del alcohol para incluirlos en el sistema educativo, desde el colegio hasta la Universidad. Pero hay una pega: la Ley no contempla recursos ni inversiones para poner en marcha estas medidas, que se tendrán que aplicar “sin aumentar el gasto sanitario y educativo”, para no enfrentarse a las autonomías…

Los médicos y expertos ven un gran avance en esta Ley, si finalmente se consigue aprobar en el Parlamento, algo que el Gobierno Sánchez espera, porque está basada en un informe aprobado por unanimidad de todos los partidos en abril de 2018, en la Comisión Mixta Congreso-Senado, informe que era la base de la Ley de 2018 que cayó por la moción de censura (pero ojo: la polarización podría bloquear ahora la Ley). Pero critican que se ha quedado corta en varios puntos. Por un lado, mantiene lo del “consumo responsable”, que es una falacia (se mantiene por exigencia de las normas europeas), y no se obliga a incluir mensajes de advertencia claros sobre los daños a la salud en las botellas (como se hace con el tabaco). Además, no queda claro cómo se controlará la publicidad en Internet y los influencers (algunos de ellos reiteran las “ventajas” del alcohol). Y, sobre todo, no se suben los impuestos al alcohol, la medida básica propuesta por la OMS.

Y la realidad es que España tiene los impuestos al alcohol más bajos de Europa, lo que es un gran aliciente para el consumo. En el caso de bebidas con 40% alcohol, el impuesto medio en la UE-28 era (en 2021) de 5,13 euros por botella (700 ml), el doble que en España (2,69 euros por botella), el 6º país por la cola en impuestos al alcohol (sólo menos que Chipre, Hungría, Croacia, Rumanía y Bulgaria), la quinta o sexta parte del impuesto que paga el alcohol en Finlandia (14,10 euros por botella), Suecia (13,80), Irlanda (11,92), Reino Unido (9,05). Y muy por debajo también del impuesto en Bélgica (8,38 euros por botella), Grecia (6,86), Francia (5,05), Paises Bajos (4,72), Portugal (3,88),  Alemania (3,65) e Italia (2,90). En el caso de la cerveza , la media europea son 0,14 euros de impuestos (por botella 330 ml) y en España son 0,03 euros (como Alemania), lejos de los o,63 euros de Finlandia y los 0,13 de Francia. Y también en el vino, España cobra el mínimo impuesto europeo permitido.

Los expertos que asesoraron a Hacienda para elaborar una reforma fiscal (pendiente) ya apostaron por subir el impuesto al alcohol, la cerveza y el vino, no sólo para frenar el consumo sino para aumentar la recaudación: España recaudaría 1.000 millones de euros más al año si gravara el alcohol con la media de impuestos que tiene en Europa. Un dinero que permitiría gastar más en prevención y tratamientos, porque apenas hay unidades de tratamiento del alcoholismo en los hospitales públicos. Y esta “adicción” apenas se trata en los Centros de Salud, porque faltan protocolos y porque la mayoría de pacientes afectados no reconocen que beben demasiado, porque supone “un estigma social”.

En resumen, que tenemos un problema de salud pública, el consumo excesivo de alcohol, algo que está “normalizado” socialmente y que provoca o agrava numerosas enfermedades y muertes. Pero el problema más grave lo tenemos con los jóvenes, que beben cada vez antes y de forma acelerada, con miles de botellones en toda España y cada vez más accidentes o visitas a urgencias. Urge aprobar cuanto antes la Ley para que haya una misma regulación en toda España, pero hay que ser firme en aplicarla y dotar de recursos a las autonomías para que hagan políticas de prevención y rehabilitación, sin dejarse presionar por la industria de las bebidas, los hosteleros y los publicitarios. Y tenemos que subir los impuestos al alcohol, para que España no siga siendo el destino turístico preferido de los bebedores europeos. También necesitamos campañas públicas para que los jóvenes y el resto entendamos que se puede disfrutar sin emborracharse.  

jueves, 30 de noviembre de 2023

La pandemia de la obesidad

Más de la mitad de los adultos españoles y un tercio de los niños tienen exceso de peso, según un reciente estudio. Tremendo. Pero lo más grave es que un tercio de ellos tienen obesidad: 7 millones de adultos y 753.171 niños sufren un trastorno grave que provoca múltiples enfermedades (cardiovasculares, hipertensión, 13 tipos de cáncer y diabetes) y un 15% de todas las muertes. El sobrepeso y la obesidad son un problema muy serio, que se ha triplicado en el mundo desde 1975 y que volverá a duplicarse para 2035, según la OMS. Y España está a la cabeza en Europa: somos el 10ª país en sobrepeso de adultos y el 5º país en sobrepeso y obesidad infantil. Pero hemos avanzado poco en la limitación de la comida basura y las bebidas azucaradas, en educar en dietas saludables. Los médicos piden considerar la obesidad como una enfermedad y se potencien tratamientos y fármacos en la sanidad pública. Pero también tenemos que cambiar todos, en nuestras dietas y hábitos.

                 Enrique Ortega

El exceso de peso (sobrepeso y obesidad) es una epidemia mundial imparable. Desde 1975, el exceso de peso  se ha triplicado en el mundo, alcanzando en 2016 a 1.900 millones de adultos (640 millones de ellos eran obesos) y a 340 millones de niños y adolescentes (124 millones eran obesos), según la Organización Mundial de la Salud (OMS). El problema es que esta “pandemia silenciosa” irá a más, según predice el reciente Atlas Mundial de Obesidad (marzo 2023): si en 2020 había 2.603 millones de personas (con más de 5 años) con exceso de peso (sobrepeso y obesidad), un 38% de la población mundial, para 2035 habrá 4.005 millones de personas, el 51% de la población mundial. Y lo más grave, las personas obesas, que eran 988 millones en 2020 (el 14% de la población) se duplicarán con creces, pasando a ser 1.914 millones en 2035 (el 24% de la población mundial).  Y de ellos, 383 millones de niños y adolescentes (5-19 años) serán obesos en 2035 (el 19% del total).

Empecemos por saber que es sobrepeso y obesidad (la suma de ambos conceptos da las personas con exceso de peso, esos 2.603 millones de personas en 2020). Hay una sencilla fórmula para saber si tenemos sobrepeso u obesidad, el índice de masa corporal (IMC), que se calcula dividiendo nuestro peso (en kilos) por el cuadrado de la altura (en metros). Por ejemplo, una persona que pesa 85 kilos y mide 1,72 metros tiene un IMC de 28,73 (introduzca sus datos en esta calculadora y se lo dirá). Si este índice de masa corporal está por encima de 25 tenemos sobrepeso. Y si supera los 30, somos obesos. Y las estadísticas suman los que tienen sobrepeso y los obesos como personas “con exceso de peso”.

Volviendo a los datos del Atlas Mundial de Obesidad (2023), el mayor problema de obesidad se da en América (246 millones con sobrepeso y 42 millones de obesos en 2020) y Europa (192 millones y 18), seguidos de lejos por la zona del Pacífico (120 millones y 52), norte de África y Oriente Medio (106 millones y 27), sudeste de Asia (79 millones y 22) y África (68 millones con sobrepeso y 16 millones de obesos en 2020). Pero el panorama cambiará para 2035 y el Atlas prevé que el sobrepeso y la obesidad aumentarán más en los paises en desarrollo y pobres, sobre todo en la zona del Pacífico, Asia, África y Oriente Medio (que duplicarán con creces su población obesa, que crecerá menos en América y Europa).

El problema del exceso de peso (sobrepeso y obesidad)  es que resulta uno de los principales factores de riesgo de numerosas enfermedades no transmisibles, como la diabetes, las enfermedades cardiovasculares, la hipertensión, los ictus y hasta 13 tipos de cáncer, según la OMS. Y en el caso de los niños, un sobrepeso en la infancia aumenta el riesgo de desarrollar enfermedades crónicas que eran casi exclusivas de los adultos, como diabetes tipo 2 temprana, hipertensión y trastornos hormonales y psicosociales, además de ser una causa habitual del acoso escolar. Y estos niños tienen más riesgos de arrastrar ese sobrepeso en la edad adulta. Por otro lado, el sobrepeso y la obesidad, por las enfermedades que provocan y su impacto en el absentismo laboral, tienen un alto coste económico: su factura era de 1,96 billones de dólares en 2020 y alcanzará los 4,32 billones en 2035, casi el 3% del PIB mundial, un impacto comparable al que tuvo la pandemia del COVID…

España y el sur de Europa están en cabeza de esta “pandemia silenciosa” del exceso de peso (sobrepeso y obesidad). En el Informe regional sobre Obesidad 2022, elaborado por la OMS en 53 paises europeos (con datos de 2016), se reflejaba que más de la mitad de los europeos adultos tienen sobrepeso (58,7%), casi 1 de cada 3 niños (29,5% entre 5 y 9 años) y 1 de cada 4 adolescentes (el 24,9% entre 10 y 19 años). Y tienen obesidad, el 23,3% de los adultos, el 11,6% de los niños y el 7,1% de los adolescentes. En este informe, España es el 9º país con más sobrepeso de adultos (61,6%) y el 10º con más obesidad (23,8%), sólo por detrás de Turquía, Malta, Israel, Hungría, Grecia, Andorra, Chequia, Bulgaria e Irlanda. Y en sobrepeso (37,9%) y obesidad infantil (14,9%). somos el 5º país europeo con peores datos, sólo mejor que Italia, Grecia, Malta y Andorra. Y lo mismo entre adolescentes, con el 6º puesto en sobrepeso (31,9%) y el 5º en obesidad (8,5%), donde sólo están peor los mismos  paises mediterráneos de la Europa del sur.

El Atlas Mundial apuesta porque, en 2035, España será el sexto país europeo con más obesidad en adultos (37%), sólo algo mejor que Reino Unido (46% adultos obesos), Malta (40%), Portugal, Chipre y Finlandia (39%), peor que Alemania (36% obesos), Francia (34%) e Italia (31%). Claro que aún estaremos lejos de las tasas de obesidad que auguran para 2035 en EEUU (58% población obesa), Canadá (49%), México (47%) y Brasil (41%).

En España, la semana pasada se publicó la más completa radiografía sobre el sobrepeso y la obesidad, con datos de 2023 elaborados por el Instituto de Salud Carlos III y la Agencia Española de Seguridad Alimentaria (AESAN). Y el resultado es impactante: más de la mitad de los adultos españoles (55,8%) y un tercio de los niños y adolescentes (30%) tienen exceso de peso (sobrepeso u obesidad). Estamos hablando de 21,15 millones de adultos y 2,10 millones de niños y jóvenes, 23,25 millones de españoles que pesan más de lo que deberían. Y lo más preocupante: un tercio de ellos tiene obesidad: 7 millones de adultos y 753.171 niños y adolescentes (de 2 a 17 años). Veámoslo con más detalle.

El estudio en adultos (mayores 18 años) revela que un 37,1% tienen sobrepeso (14,06 millones de personas) y otro 18,7% tienen obesidad (7,09 millones). Por sexo, los hombres tienen más sobrepeso (44,3%) que las mujeres (30,4%) y también más obesidad (19,3% frente al 18%), y ambos problemas se dan más a partir de los 50 años, concentrándose la alta obesidad (más del 25%) entre los 65 y los 85 años. Y el estudio destaca que el sobrepeso y la obesidad se dan más entre los que tienen pocos estudios y rentas bajas, medias y medias altas. El sobrepeso se da más entre extranjeros que entre españoles y en los que viven en ciudades pequeñas, pero la obesidad es más alta entre extranjeros y entre los que viven en grandes ciudades. Y las tasas más altas de obesidad en adultos se dan en Lugo, Badajoz, Cuenca, Tenerife, Sevilla, Córdoba y Albacete, siendo bajas en Guipúzcoa, Navarra, Huesca, Girona y parte de Castilla y León.

El estudio en niños y adolescentes (2-17 años) revela que un 19,2% tienen sobrepeso (1.351.484) y otro 10,7% tienen obesidad (753.171 niños y adolescentes). Los niños tienen más sobrepeso que las niñas (20,3% frente al 18,1%), pero sobre todo casi el doble de obesidad (13,4% frente al 7,9%). Y tanto el sobrepeso como la obesidad se concentran más entre los 6 y 9 años (20,4% de sobrepeso y 17% de obesidad)  y entre los 10 y 13 años (24,7% de sobrepeso y 10,7% de obesidad), siendo mayor el sobrepeso y la obesidad entre los niños extranjeros, con bajos niveles educativos y que viven en familias con bajo nivel de renta y donde ya hay adultos obesos. Y hay más niños y adolescentes con sobrepeso en las ciudades  de 5.000 a 100.000 habitantes, pero más obesos en los pueblos pequeños. Y destacan por sobrepeso y obesidad infantil provincias del sur más Pontevedra y Asturias.

Todavía hay un grupo más preocupante en este estudio, los adultos y niños con obesidad severa (cuando el índice de masa corporal, IMC, supera los 40). El estudio refleja que hay un 4,9% de adultos con obesidad severa (1.858.014 personas) y un 2,1% de niños y adolescentes (122.248 jóvenes), en total casi 2 millones de españoles que tienen un serio problema de obesidad y un enorme riesgo de enfermar y morir. Porque en España, el sobrepeso y la obesidad causan cada año 25.000 muertes, el 15% del total, según un estudio realizado por la Real Academia de Farmacia.

Además de provocar enfermedades (diabetes, cardiovasculares, ictus, hipertensión y hasta 13 tipos de cáncer), el sobrepeso y la obesidad suponen un alto coste para la sanidad pública. Ya en 2019, la OCDE estimó que el exceso de peso representaba para España una factura del 9,7% del gasto sanitario total (lo que supondría un gasto de 9.400 millones de euros en 2022), además de reducir la producción del país (PIB) en una cuantía equivalente al trabajo de 479.000 trabajadores a tiempo completo (por el absentismo y la pérdida de productividad que provoca). Eso nos coloca, según la OCDE, como uno de los paises con mayor factura del sobrepeso sobre la sanidad, por delante de la media OCDE (8,5%), del coste en la UE-27( 8%), sólo por detrás de Alemania (11%) y EEUU (14% de su gasto sanitario lo provoca el exceso de peso). Y según la OCDE, cada ciudadano español pagamos 265 euros más de impuestos al año para financiar los costes del sobrepeso.

Enfermedades, muertes y un alto coste económico, motivos suficientes para atajar esta pandemia mundial del exceso de peso. La OMS lleva décadas dando “la receta: mejorar la dieta alimenticia (limitar el consumo de grasas, azúcares y sal, la “comida basura” y las bebidas azucaradas, aumentando la ingesta de frutas, verduras, legumbres, cereales y frutos secos), realizar ejercicio físico y mejorar la prevención y la atención al sobrepeso en la atención primaria y la sanidad de los paises. Por su parte, la OCDE ha propuesto a España mejorar el etiquetado de alimentos y menús, promover la actividad física y programas de bienestar en los centros de trabajo, para conseguir reducir un 20% las calorías de los alimentos, lo que nos permitiría prevenir 472.000 enfermedades de aquí a 2050 y ahorrar 169 millones al año en gastos sanitarios, aumentando la productividad.

En España se ha avanzado en algunas medidas, como una mayor información en el  etiquetado de alimentos, la aprobación de un impuesto a las bebidas azucaradas (en enero de 2021 subió su IVA del 10 al 21%, medida que ha reducido el consumo) y la aprobación (en junio de 2022) de un Plan 2022-2030 para la reducción de la Obesidad Infantil, con 200 medidas. Pero queda mucho por hacer. El sistema de etiquetado frontal Nutriscore, con letras por colores, se implantó en 2021 pero sigue siendo “voluntario”, por lo que lo utilizan sólo las empresas alimentarias que tienen productos con buena puntuación. Y sigue disparada la publicidad de alimentos y bebidas no saludables, nefastas para niños y jóvenes: un informe de la Gasol Foundation constata que el 80% de los niños y adolescentes españoles reciben publicidad de alimentos y bebidas no saludables. Y piden regularlo con urgencia.

La Federación Mundial de la Obesidad propuso, en marzo de 2023, 7 medidas a los paises para frenar el sobrepeso: un compromiso político de alto nivel e inversiones suficientes, no dejar a nadie atrás en el tratamiento, formar mejor a los profesionales sanitarios, abordar la prevención y los tratamientos sin estigmas y prejuicios, mejorar la vigilancia de datos con Encuestas y estudios periódicos, financiar los tratamientos  (con ingresos derivados de impuestos a las bebidas azucaradas) y tener objetivos de mejora auditables.

Los médicos españoles reivindican una primera medida: reconocer el sobrepeso y la obesidad como una enfermedad, lo que es. Y creen que así sería posible disponer de más herramientas terapéuticas y más medios para combatirla, desde mejoras en la atención primaria y la formación de los médicos a unidades especializadas en los hospitales y un mejor tratamiento, farmacológico y terapéutico. Los nutricionistas se quejan de que, con el alto coste sanitario que acarrea el exceso de peso, sólo haya 3 medicamentos contra la obesidad financiados por la sanidad pública (Ozempic, Victoza y Rybelsus) pero exclusivamente para los pacientes con diabetes tipo 2 (el resto tienen que pagarlos íntegramente, con un coste de 114,72 a 132,77 euros). Y lo mismo pasa con las operaciones a los grandes obesos: la cirugía bariátrica es muy efectiva y su coste se recupera en 2,5 años, pero se aplica muy poco en España (se hacen unas 5.000 operaciones al año, la cuarta parte que en Europa).  Y además, los médicos piden campañas de concienciación y educar a los niños desde la infancia en hábitos saludables, centrándose en las familias más desfavorecidas.

Al final, urge tomar medidas políticas, sanitarias, sobre la publicidad y el etiquetado de los alimentos, con campañas para fomentar una dieta más equilibrada, con menos carne, grasas  y azúcares y el doble de pescado, verduras, hortalizas y frutas. Y fomentar el ejercicio y la prevención. Pero la clave está en nosotros, en cada familia y cada persona: tenemos que cambiar nuestra alimentación y nuestros hábitos de vida sedentarios. Tenemos que darnos cuenta que el sobrepeso “no es un problema estético” sino  una “bomba de relojería” que acaba explotando en enfermedades y muertes. Hay que “declarar la guerra a la obesidad”, porque mata más que el tráfico, el alcohol o las drogas. Cuidemos el peso. 

lunes, 24 de enero de 2022

La tentación de "normalizar" la pandemia

La 6ª ola se ha convertido en un tsunami, multiplicando por 30 los contagios en los últimos dos meses. Han bajado 3 días, pero el viernes subieron otra vez, a 141.000 contagios diarios (y muchos más que no se contabilizan), mientras se relajan más las restricciones. Ya sabemos lo que costó “salvar la Navidad”: 3.689 muertes. ¿Compensa? Algunos creen que sí, porque proponen ahora “normalizar” la pandemia, tratarla como la gripe, dejar de hacer estadísticas diarias y pruebas masivas. Anular restricciones y volver a la “normalidad”. La OMS alerta que con ómicron no termina la pandemia y que reiterar que es una enfermedad leve “cuesta vidas”. Ese es el debate: ¿Cuántas muertes (de otros) estamos dispuestos a asumir para volver a la rutina? Otra vez el dilema: salud y economía. Tomar medidas o bajar la guardia, hartos ya de la pandemia. Pero el virus sigue y mientras haya 5,6 millones de españoles sin vacunar (y en otros paises), seguirá ahí. Contagiando y matando.

Enrique Ortega

La variante ómicron ha disparado los contagios y muertes en todo el mundo, tras descubrirse en Sudáfrica a finales de noviembre. Y en el último mes, los contagios semanales se han quintuplicado, pasando de 4,55 millones a 22,7 millones la última semana, según la Universidad John Hopkins. Pero sobre todo ha afectado a Europa, que ya supera a América en contagios totales por COVID: 126,8 millones de contagiados frente a 124,8 millones, según la OMS. Eso sí, la cifra de muertos no se ha disparado tanto con ómicron, pasando de 48.016 muertos semanales a mediados de diciembre a 54.610 la última semana. Y otra vez, Europa se ha llevado la peor parte, con +115.500 muertos por COVID en el último mes, frente a +82.400 en el continente americano.

En España, ómicron ha convertido esta 6ª ola en un tsunami, con cifras de contagios nunca vistas en las olas anteriores (superando los 200.000 contagios muchos días de enero), aunque con menos pacientes en hospitales y urgencias y menos muertes que en la 3ª ola (Navidad 2020), debido a que un 80,7% de los españoles están ya vacunados con 2 dosis y muchos con 3.Con los últimos datos de Sanidad, España es el 5º país europeo con más contagios por COVID 19: 3.250 contagios por 100.000 habitantes el viernes 21, sólo por detrás de Francia (4.407 contagios), Portugal (3.933 contagios), Italia (3.506) y Reino Unido  (3.456 contagios), pero muy alejados de Alemania (763 contagios), cuando hace sólo un mes (20 diciembre) teníamos menos contagios (609) que ellos (780 Alemania).

El pico de contagios en España se alcanzó el lunes 17 de enero (3.397) y a partir de ahí tuvimos 3 días de ligeras bajadas, pero el viernes 21 subieron de nuevo a otro récord histórico (3.418 contagios por 100.000 habitantes). Además, hay que cuestionar estas estadísticas, que las autonomías remiten a Sanidad, porque ha cambiado el sistema de cómputo: 6 autonomías (Cataluña, Navarra, Galicia, Aragón, Canarias y la Rioja) contabilizan también los contagios que los ciudadanos detectan en casa, con los test que compran en las farmacias (hasta ahora, sólo contaban los hechos en centros de salud, hospitales y laboratorios homologados), mientras el resto no contabilizan estos contagios “auto detectados, entre ellas Madrid y Andalucía, las dos muy pobladas (que sí los tienen en cuenta para dar bajas laborales a los afectados…). Así es imposible saber los contagios “reales” y comparar, ya que en Galicia, por ejemplo, el 60% de los contagios reportados son por test en casa.

Los expertos coinciden en que hay muchos más contagios de los que se reportan en los datos diarios de Sanidad (8.975.458 contagios totales hasta el viernes), sobre todo en colegios y empresas, donde se han multiplicado el cierre de aulas (262.451 alumnos en cuarentena el viernes) y las bajas laborales2 millones de trabajadores han estado de baja por COVID, el 10% de los afiliados a la Seguridad Social, según el ministro Escrivá. Los datos se Sanidad indican que la tasa de contagios más alta se da ahora en los niños (4.599 contagios) y adolescentes (4.149), y también entre sus padres, entre 30 y 39 años (4.245) y 40 y 49 años (4.150), estando por debajo de la media de contagios los mayores de 50 años (los más inmunizados). Otro dato que podría “encubrir contagios” es que algunas autonomías hacen pocas pruebas (la media está en 4.979 por 100.000 habitantes), como Andalucía (2.387) y Madrid (3.959), mientras otras con alta incidencia hacen el doble y triple de pruebas, como Cataluña (9.799), Navarra (5.769) y País Vasco (5.735 pruebas), según Sanidad. Buscan más y encuentran más contagiados.

Al haberse disparado los contagios por ómicron, aunque sea menos letal, se han triplicado las hospitalizaciones: de 6.667 pacientes hace un mes (17 diciembre) a 18.675 el viernes, con lo que están ocupadas con pacientes COVID el 15% de las camas hospitalarias (el 19,39% en Madrid, el 19,06% en Aragón y más del 17% en Cataluña, País Vasco y Canarias). Y también se han casi duplicado los enfermos COVID en las UCIs: de 1.306 hace poco más de un mes a 2.202 este viernes, una cifra que aumentará en las próximas semanas. Eso pone a 8 autonomías en situación de “riesgo extremo” hospitalario (+ 25% camas UCI ocupadas): Cataluña (42,61%), Aragón (30,26), País Vasco (28,86), Baleares (28,70), Madrid (27,50), Navarra (26,98), Castilla y León (26,07) y Comunidad Valenciana (25,96%). Y el problema es que los hospitales llevan más de un año con altísima ocupación por COVID, lo que supone una enorme presión para los servicios y dilata más la espera de operaciones necesarias.

La última consecuencia del tsunami de ómicron son las muertes, muy elevadas aunque se ha generalizado la idea de que esta variante es “poco letal”. Vean: en la última semana (viernes 21- viernes 14 enero), Sanidad ha contabilizado 982 muertes, frente a  825 muertos en la semana anterior y 327 muertos semanales computados hace un mes. El repunte de muertes ha llegado a las residencias de ancianos, donde murieron 172 mayores la semana anterior (frente a 18 a principios de diciembre). Y todo apunta a que la alta cifra de muertos totales por COVID (284 fallecidos el martes pasado) se va a mantener varias semanas más, aunque bajen los contagios, porque morirán muchos de los que están en las UCIS. Y España ya suma 91.741 muertos por la COVID 19.

Ahora, con la bajada de contagios en los últimos 4 días, varias autonomías (Cataluña y Cantabria) van a levantar las últimas restricciones impuestas en Navidad, restricciones que otros levantaron antes y que algunas autonomías nunca tuvieron, sobre todo Madrid. Ahora ya podemos saber el coste de estas laxas restricciones, justificadas en que había que “salvar la Navidad: 3.689 muertes, 39.656 hospitalizados y 3.811.274 contagiados, entre el 1 de diciembre y el 21 de enero. ¿Compensa? Parece que sí, al menos a los que no han perdido un familiar o han acabado en un hospital, dado que la mayoría han tratado de “seguir con su vida” esta Navidad, eso sí, haciéndose un test antes de visitar a la familia

Ahora, antes incluso de que el tsunami de la 6ª ola amaine (los contagios, hospitalizaciones y muertes seguirán altos varias semanas, según los expertos), el Gobierno se ha puesto a la cabeza de los que piensan que hay que “normalizar” la pandemia. La propuesta hecha por el presidente Sánchez, y apoyada por Sanidad y las autonomías, es clara: hay que tender a la normalidad, no podemos seguir con restricciones ni limitaciones, hay que apostar por la vuelta casi total a la normalidad de antes de la pandemia. Dejar que la vida cotidiana y la economía se normalicen, apostar por la recuperación (donde Sánchez se juega su futuro político). Y eso pasa por considerar la COVID “como una gripe”, dejando de publicar estadísticas diarias de contagios y no haciendo test y pruebas masivas: sólo muestras en centros de salud y hospitales, una red de seguimiento como se hace a otras epidemias.

Otros paises europeos no defienden por ahora este cambio, con lo que España tendrá que convencer a sus socios y al Centro europeo de Control y Prevención de Enfermedades (ECDC). De momento, la Organización Mundial de la Salud (OMS) alerta que los contagios y muertes van a seguir creciendo y  se ha mostrado en contra de “gripalizar” la pandemia, porque cree que “la ómicron está lejos de terminar y es probable que surjan nuevas variantes”. Y el propio director general de la OMS ha hecho esta reflexión, muy oportuna: “Omicron puede ser menos grave, pero la narrativa de que es una enfermedad leve es engañosa, perjudica la respuesta general y cuesta vidas”.

Ahí está el debate que deberíamos abrir: ¿cuántas muertes estamos dispuestos a asumir para volver a la rutina? Todo el mundo está cansado de esta pandemia, son ya casi 2 años con la vida trastocada y la tentación de “volver a la normalidad” es muy grande, con lo que muchos ciudadanos apoyarán a los políticos que quieran “marginar la pandemia”, volver a vivir como si el virus no estuviera. Pero está. Y por lo que dicen los expertos, estará hasta que la mayoría del mundo y más españoles estén vacunados.

En el mundo, sólo el 51,46% de la población está inmunizada, según la OMS, más en Norteamérica (62%) y Europa (62%), pero menos en Latinoamérica (50%), Asia (46%), Mediterráneo oriental (34%) y sobre todo en Africa (7,46% de la población inmunizada), lo que facilitará que el virus mute en nuevas variantes que nos volverán a llegar. Y en España, aunque ya tenemos un altísimo porcentaje de la población inmunizada con las 2 dosis (80,7% de toda la población), sigue habiendo mucha gente sin inmunizar: 4.016.263 españoles mayores de 12 años, más otros 1.583.447 niños todavía sin ninguna vacuna, según el balance del 20 de enero. Y lo más preocupante es que la cifra de personas pendientes de vacunar apenas ha bajado en los últimos meses, lo que indica que muchos “no están por la labor” de inmunizarse. Los más vulnerables son los 309.733 mayores de 60 años no inmunizados (58.991 de 70 a 79 años y 250.742 de 60 a 69 años), pero también se arriesgan mucho las 1.281.795 personas no inmunizadas de 40 a 59 años. Y a ellos hay que sumar las 2.424.735 personas sin inmunizar entre 12 y 40 años. Además, va lenta la aplicación de la 3ª dosis de refuerzo, que les falta poner al 9% de los mayores de 70 años y al 10,5% de personas entre 60 y 69 años, un refuerzo clave porque un estudio en Israel demuestra  que esta tercera dosis multiplica por 10 las defensas ante el virus.

Mientras haya millones de personas en el mundo sin vacunar y 5,6 millones de españoles sin inmunizar, el riesgo de nuevas variantes y olas de la COVID es evidente, aunque la pandemia se quiera ocultar. Por eso, es importante no bajar la guardia, con aforos y restricciones, mientras se “fuerza” que más españoles se vacunen, porque son un riesgo para el resto. En varios paises europeos se ha aprobado la vacunación obligatoria (en Italia desde enero, en Austria desde febrero y en Grecia multas a los mayores de 60 años que no se vacunen), mientras otros, como Alemania o Francia, limitan su movilidad y restringen su entrada en locales con el pasaporte sanitario.”Es posible que haya que debatir sobre la vacunación obligatoria”, advirtió el viernes la Comisaria europea de Salud. En España no se contempla hacer nada: ni obligar a vacunarse ni limitar actividades a los no vacunados. E incluso, se abre el debate para “volver a la normalidad”, mientras la ómicron crece en Europa.

El otro grave problema es que la ómicron ha colapsado la asistencia sanitaria en España, que ya tenía problemas serios en las olas anteriores e incluso antes de la pandemia. La atención primaria, los Centros de salud, prestan un servicio mínimo y esta vez no han servido ni siquiera para hacer test o dar bajas. Los ciudadanos nos hemos tenido que “auto cuidar”, comprando test y haciendo un seguimiento de síntomas y cuarentenas por nuestra cuenta, gestionando las bajas por teléfono o yendo a trabajar con dudas. Y si nos encontrábamos peor, colapsando las urgencias de los hospitales, que no han podido hacer seguimiento de pacientes ni las operaciones programadas. Así que si antes teníamos problemas para ir al especialista y operarnos, ahora es peor, lo que habrá disparado las listas de espera. Así que la sanidad pública está en situación precaria, lo que exigiría un Plan de choque, especialmente dirigido a potenciar la atención primaria.

Pero en vez de potenciar los centros de salud y hospitales, las autonomías se han dedicado a ajustar sus cuentas en 2021 con los ingresos recibidos para la pandemia, que no se han gastado: de los 16.000 millones de Fondos COVID recibidos del Gobierno en 2020 (8.000 para la sanidad), 2.000 no se gastaron, como tampoco otros 1.000 millones de los 13.500 millones de Fondos COVID recibidos en 2021 (6.000 para Sanidad), según los datos de Hacienda y la AIREF. Así que 3.000 millones de euros no gastados, mientras la mayoría de autonomías anunciaban en 2021 que iban a recortar 58.000 contratos (de médicos, enfermeras y auxiliares contratados por la pandemia). Al final, por culpa de Omicron, 29.000 se han salvado, pero otros empleos sanitarios se han perdido. Y los sindicatos denuncian más recortes de plantillas para 2022. Un año en que, a pesar de la situación, las autonomías sólo van a aumentar un 4,15% su presupuesto sanitario, a pasar de las mayores transferencias que les ha hecho el Estado y de la llegada de los primeros Fondos europeos.

Urge aprobar un Plan de choque para reforzar la sanidad pública, sobre todo los Centros de salud, donde harían falta  2.700 médicos y 4.000 enfermeras (al menos), además del personal de refuerzo contratado durante la pandemia (y que no debían despedir). Y reforzar también los hospitales para reducir listas de espera de especialistas y operaciones. Porque hoy por hoy, si nos ponemos enfermos, resulta muy difícil que nos atiendan (salvo en urgencias).

Y en paralelo, debe abrirse el debate sobre la estrategia frente a la pandemia, desde las medidas de prevención y restricciones que hay que mantener a cómo nos defendemos frente a los que no quieren vacunarse, como hacen en el resto de Europa. Y, por supuesto, no bajar la guardia para reactivar la economía y “normalizar la vida”. El debate salud o economía es un falso dilema: si no garantizamos la salud (y millones de contagios, cientos de miles de bajas y tantos muertos no es “normalidad”), no garantizamos la economía. Porque un nuevo repunte de la pandemia, una 7ª ola, volverá a frenar la recuperación, como lo ha hecho esta 6ª ola y las anteriores. Sin salud no hay economía. Y por eso, hay que poner los medios para acabar de verdad con esta pandemia, no ocultarla como si fuera una gripe que no es. No caigamos en la tentación de “normalidad” con 142 muertos diarios (el viernes). No dejemos que hagan “trampas al solitario” con nuestra salud. Sigamos alertas.