Mostrando entradas con la etiqueta CNMV. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta CNMV. Mostrar todas las entradas

lunes, 16 de diciembre de 2024

Trump infla la burbuja de las criptomonedas

Aun no gobiernan, pero Trump y sus amigos ultraconservadores se están haciendo de oro, desde Elon Musk a todos los que invierten en criptomonedas, cuya cotización supera los 100.000 dólares, subiendo un 140% este año, incluso las monedas “memes. Y seguirán subiendo, porque Trump promete convertir a EEUU en la patria de las criptomonedas y hasta crear una reserva estatal. Preocupa el “boom” de estas monedas digitales, porque no tienen un valor real detrás, son muy volátiles y han protagonizado fraudes y quiebras, además de utilizarlas el crimen organizado y ser las monedas de la ultraderecha internacional. A pesar de las críticas de instituciones y economistas, han conseguido introducirse en el mundo financiero USA (con las ETFs de bitcoins aprobadas en enero) y ahora despegarán en Europa, al aprobarse un Reglamento que entra en vigor este 30 de diciembre. De hecho, los 3 grandes bancos españoles las venderán en 2025. Ojo, porque si esta burbuja cripto estalla, tendremos otra grave crisis financiera.

                         Enrique Ortega, a partir de "El cambista y su mujer", de Marinus van Reymerswale 

Las criptomonedas han pasado en 25 años de no valer casi nada al récord de los 100.000 dólares en diciembre. La primera criptomoneda, el bitcoin, empezó a funcionar en enero de 2009 y la han seguido después hasta 20.000 monedas digitales (ver historia de las criptomonedas). Son monedas y activos digitales que emplean un cifrado para identificar a su dueño y poder realizar transacciones. Un 20% están respaldadas por activos como el oro, el dólar y otras monedas, pero la mayoría (80% del mercado) son criptoactivos sin respaldo detrás de un activo concreto, sobre todo criptomonedas, monedas digitales que no tienen detrás el respaldo de un país y un Banco Central sino que las fabrican y emiten miles de empresas privadas, que controlan también su distribución y mercado. Las criptomonedas se basan en una red mundial de ordenadores descentralizada, unos “mineros (que generan informáticamente nuevas monedas) y unas plataformas de compraventa, que permiten cambiar divisas por criptomonedas, almacenarlas en “billeteros digitales” y comprarlas y venderlas después, con altísimas comisiones, poca transparencia y enorme riesgo.

Al principio, el valor de las criptomonedas fue muy bajo (en 2010 cotizaba a 0,08 dólares), con pocos compradores y un mercado restringido a los fanáticos de la informática. Por eso, su cotización languidece y en 2015 era de 327 dólares. En diciembre de 2017 alcanzó su primer récord, cotizando a 18.674 dólares, tras el lanzamiento de futuros negociables en la plataforma CME Group. Hubo después una corrección y en 2018 cae hasta 4.000 dólares. A mediados de 2019 se recupera algo (12.212 dólares), pero el siguiente tirón viene con la pandemia: ante el parón de las Bolsas, los inversores lo ven  como una alternativa y llega a cotizar a 63.410 dólares el 13 de abril de 2021, para subir a 67.734 dólares el 9 de noviembre. A partir de ahí, empiezan las ventas masivas y se desinfla la burbuja de las criptomonedas: cotizan a 15.409 dólares en diciembre de 2022.

Fue un año y medio de desplome de cotizaciones (“el invierno de las cripto”), entre mediados de 2022 y principios de 2024, que se llevaron por delante a millones de pequeños inversores, que perdieron más de 2 billones de dólares, y provocaron quiebras y cierres de empresas y plataformas de venta muy conocidas, como FTX, Terra (Luna), Three Arrons Capital, Celsius o Voyager, con historias de emprendedores digitales famosos ante el juez o en la cárcel.

Muchos pensaron que era el final de las criptomonedas. Pero no fue así: la fiebre volvió y con más fuerza: el 6 de febrero de 2024 empezó el penúltimo “rally”, pasando el bitcoin (el 64,4% del mercado) de cotizar a 40.064 dólares a un nuevo máximo de 73.157 dólares, el 13 de marzo pasado (ver gráfico cotización). Los expertos explicaron esta nueva “burbuja cripto” por dos causas. La primera, porque los inversores esperaban bajadas de tipos de interés y eso les hacía buscar otras alternativas de inversión. La segunda causa (clave) fue que Estados Unidos aprobó, el 10 de enero, la comercialización de los primeros 11 Fondos (ETF) en bitcoin, lo que permitía a inversores “más serios” (Fondos, instituciones, bancos, grandes inversores) poner su dinero en Fondos (ETF) que replican a bitcoin, operando con ellos sin problemas, sin tener que recurrir a billeteras virtuales y plataformas de bitcoin. Y pagando muchas menos comisiones.

Los grandes inversores aprovecharon la aprobación de Fondos (ETF) de bitcoin para entrar a saco en este nuevo mercado, disparando un 35% las cotizaciones del bitcoin (y las demás cripto, hasta las “memes”…).  La ETF en bitcoin más popular, IBIT, comercializada por Black Rock (la mayor gestora de fondos del mundo) recibió hasta 10.000 millones de inversiones en las primeras 7 semanas, un récord histórico. Y hasta la fecha, los 4 mayores Fondos (ETF) en bitcoin han captado ya cerca de 100.000 millones de dólares... 

Posteriormente, en abril de 2024, otro acontecimiento volvió a disparar la cotización de las criptomonedas: el recorte de los bitcoins disponibles, un proceso que se repite cada 4 años para controlar la oferta y mantener los precios. Lo llaman el “halving” (“reducir a la mitad”) y consiste en reducir a la mitad la recompensa que los “mineros” (los que generan bitcoin) reciben por validar bloques en el blockclain de bitcoin. Su objetivo es recortar la oferta de bitcoin, que tiene un máximo (hay otras criptomonedas que no, lo que infla su oferta), para estabilizar los precios. Y los inversores sabían que las tres ocasiones anteriores en que se  hizo (noviembre de 2012, julio de 2016 y mayo de 2020), la cotización se disparó.

Y así llegamos a las elecciones de noviembre en EEUU: cotizaba a 67.000 dólares la víspera y tras la victoria de Trump se disparó a 88.014 dólares (11 de noviembre) y no dejó de subir hasta alcanzar los 100.000 dólares el 5 de diciembre (ver gráfico cotizaciones: el viernes valía 100.075 dólares). Y su capitalización es de 2,4 billones de dólares, el  PIB de Italia... Tras el triunfo de Trump se disparó también el valor de las cripto “menos serias”, las “memecoins, criptomonedas que surgieron como una broma en Internet (con gatitos y otros “memes”) y ahora han disparado su valor, en un mercado sin transparencia, amplificado por las redes sociales. Las principales son Dogecoin (DOGE), impulsada por Elon Musk, Shiba Inu (SHIB), Dogelon, Samoyed Coin, Mona Coín y Pepe Coin. Sorprende que, tras el triunfo de Trump, su capitalización creció un 3% en 24 horas, alcanzando un valor de 74.780 millones de dólares, el PIB de Lituania

Ahora, el sector cree que el bitcoin (64,4% del mercado) puede cotizar a 200.000 dólares en 2025. Y algunos creen que podría valer 1 millón de dólares en 2033La burbuja de compras se alimenta por varias causas. Una, coyuntural, el triunfo de Trump y sus amigos neoconservadores, como Elon Musk, que son todos “fans de las cripto”. Trump era muy crítico en 2019 con las monedas digitales (son “volátiles” y “se basan en nada”, dijo), pero ahora es un firme defensor, tras apoyarle el lobby cripto con 150 millones de dólares para su campaña. Además, Trump ha prometido “convertir a EEUU en la capital de las criptomonedas”, tras nombrar como Secretario del Tesoro y Presidente de la SEC (la Comisión de Valores) a dos firmes defensores de las criptomonedas. Y se especula con que Trump podría crear una “reserva estratégica” en criptos de 100.000 millones de dólares.

Pero hay un factor estructural más de fondo que Trump sea ahora el gran “criptobrother”: el mundo financiero le ha perdido el miedo a las criptomonedas y las ve como una forma más de ganar dinero, como en su día fueron las “hipotecas basura” o los futuros. Un dato: 10 grandes gestores internacionales han llegado a administrar hasta 100.000 millones de dólares en ETFs de bitcoin en tan sólo 228 días desde su lanzamiento en enero, la mayoría procedente de inversores minoristas y todavía pocos de inversores institucionales. Pero es cuestión de tiempo que entren en este nuevo negocio los Fondos de pensiones y los Fondos soberanos (de paises), disparando un mercado que podría llegar al billón de dólares en pocos años. Y tras este éxito de las ETF (Fondos) en criptos, la ingeniería financiera  investiga otras formas de inversión alrededor de las criptomonedas. Ya no es "una cosa de chavales y pirados informáticos”: han entrado los inversores de verdad. 

Y eso, aunque las instituciones y los economistas “serios” siguen alertando sobre las criptomonedas. La Comisión de Valores de EEUU (la SEC), que autorizó los ETFs en enero, lo hizo por imposición judicial, en cumplimiento de una sentencia del Tribunal de Apelación de Columbia, tras múltiples litigios legales de poderosos Fondos y bancos de inversión, que querían unirse al negocio cripto. Pero su presidente, al que cesará Trump el próximo 20 de enero, ya lanzó su alerta al aprobarlos: “Hoy hemos aprobado determinados Fondos cotizados sobre el bitcoin al contado, no hemos aprobado ni respaldado al bitcoin. Los inversores deben mantener la cautela ante los innumerables riesgos asociados al bitcoin y a los productos cuyo valor está vinculado a las criptomonedas”…

Más contundente fue, poco después (febrero 2024), el Banco Central Europeo (BCE): reiteramos que el valor real del bitcoin es cero”, escribieron en el blog del BCE dos de sus economistas. Y añadieron: “tras 15 años, el bitcoin ha fracasado en su promesa de ser una moneda global y descentralizada y sus transacciones siguen siendo lentas y costosas, además de haber sido incapaces de combatir su uso por los ciberdelincuentes”. Estiman que el bitcoin se utilizó para blanquear 23.800 millones de dólares en 2023 y para que empresas y particulares pagaran 1.100 millones de dólares en chantajes de ciberdelincuentes (por “ransomware”, secuestro de datos). Los economistas del BCE reiteran que el bitcoin no tiene ningún activo real detrás, contamina el medio ambiente (su “minería” consume mucha electricidad) y su cotización es “un espejismo” que se desplomará a medio plazo, porque su valor real es cero. “Se trata sólo de especulación y habría que tomar medidas drásticas contra su uso”, concluían.

Por si no quedara claro, un informe del Banco Internacional de Pagos de Basilea (BIS) destacó que las inversiones en bitcoins “están resultado desfavorables para los individuos”, porque entre el 73% y el 81% de los inversores minoristas de todo el mundo perdieron dinero en sus inversiones en bitcoins entre 2015 y 2022. Y como remate, tres opiniones contrarias de expertos economistas: ”es una estafa piramidal posmoderna” (Nobel P. Krugman); “es una herramienta de lavado de dinero y evasión fiscal“ (Nobel J. Stiglitz); “es como ir al casino” (Warren Buffet, uno de los mayores inversores del mundo).

Pero hay toda una generación de jóvenes e inversores que desprecian todas estas alertas y siguen arriesgando su dinero comprando criptomonedas y hasta “memecoins”. Había 617 millones de personas en el mundo que habían comprado criptomonedas en el primer semestre de 2024, frente 30 millones en 2017. Y con la “fiebre” actual, podría cerrarse el año con 850 millones de usuarios, una cifra en alza. Para la mayoría, porque creen que pueden ganar dinero fácil y “no quieren quedarse fuera”. Para una minoría de inversores profesionales, porque quieren “diversificar su inversión. En España, un 12% de los adultos han comprado criptomonedas, 4.700.000 españoles, según estimó el Banco de España. Muchos son jóvenes, atraídos por las redes sociales y los influencers. El interés es tal que miles de personas han sido engañados con “cursos” sobre criptos y 400.000 jóvenes hicieron cola, en febrero, en varios Centros Comerciales, para que les escanearan el iris a cambio de unas pocas criptomonedas (80 euros)…

Hay otro motivo por el que algunos invierten en criptomonedas: la ideología. En EEUU y en Europa, las cripto son las monedas de los neoconservadores y la extrema derecha, así como de los “antisistema. Cuando nació el bitcoin en 2009, su creador, el “mítico” Satoshi Nakamoto, hablaba de “privacidad online”, “libertad individual” y “desnacionalización de la moneda”, siguiendo la tradición de movimiento “Ciberpunk” de los años 90. Y en 2018, casi la mitad de los usuarios de criptos de identificaron como “libertarios” y “conservadores”. Y la ultraderecha blanca USA (Steve Banon) defiende “el control de tu monedacomo parte de “la verdadera libertad”. De hecho, algunas informaciones revelaron que el asalto al Capitolio se financió con criptos… Y en España, el ultraderechista Alvise Pérez está investigado por recibir 100.000 euros de un empresario cripto (investigado también por una estafa piramidal de su empresa, Madeira Invest) para que hiciera lobby en el Parlamento europeo.

En cualquier caso, sea por inversión o por ideología, todo indica que la burbuja cripto es imparable y seguirá creciendo. Por eso, la Comisión Europea quiso “ordenar y clarificar” este mercado, aprobando en mayo de 2023 el Reglamento MiCA, la primera normativa en el mundo para regular las criptomonedas. Entra en vigor este 30 de diciembre, con unos objetivos claros. Por un lado, regular la emisión, oferta y negociación de los cripto en la Unión Europea. Y por otro, proteger a los inversores para que estén informados de lo que compran y de sus riesgos, asegurando que puedan saber dónde está su dinero (depósitos). Y además, reforzar la transparencia y seguridad en este mercado, que tendrá que informar a los reguladores de las operaciones dudosas o ilegales.

Desde el 30 de diciembre, el control de las criptomonedas estará en manos de la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV), que sustituye al Banco de España, donde se registraban las empresas cripto desde 2021. Hay 124 firmas de criptomonedas registradas en el Banco de España, que las inscribía pero no las supervisaba: ahora, la CNMV las registrará y supervisará. De momento, sólo 5 nuevas empresas se han inscrito y parece que hay un compás de espera en el sector financiero. Pero la implantación del Reglamento europeo (MiCA) y la euforia inversora en EEUU ha provocado que los tres grandes bancos (Santander, BBVA y Caixabank) anuncien que venderán criptomonedas a sus clientes en 2025, algo que ahora sólo hacen “neobancos” como Revolut o N26.

Todo apunta a que las criptomonedas van a dispararse en 2025, más en EEUU, pero también en Europa y en España, de la mano de inversores que no quieren “quedarse fuera” por si acaso (como los que especularon con tulipanes en el siglo XVII), de jóvenes que creen que van a hacerse millonarios rápidamente o de ultraderechistas que quieren “atacar al sistema” y tomar el poder con las cripto. Las autoridades tienen que estar vigilantes para evitar abusos, fraudes y quiebras. Y sobre todo, para prevenir que estalle la burbuja y nos aplaste una nueva crisis financiera, más grave que la de 2008. Avisados estamos.

lunes, 11 de marzo de 2024

Vuelve la burbuja de las criptomonedas

En pocas semanas, 400.000 españoles han hecho cola en Centros comerciales para que les escanearan el iris a cambio de unas pocas criptomonedas (80 euros). Coincide con una nueva fiebre por la compra de bitcoins y otras monedas digitales, que cotizan otra vez a precios récords, tras casi 2 años de desplome, al estallar en 2021 la anterior burbuja, donde se perdieron 2 billones de dólares. Pero los inversores, la mayoría jóvenes, no aprenden, y han vuelto a las compras masivas, amparados por los nuevos Fondos en bitcoin y una anunciada reducción de la oferta: son 580 millones de personas las que tienen criptomonedas, 4,7 millones en España. El BCE se lo acaba de repetir: “el valor real del bitcoin es cero”. Es sólo especulación. Pero proliferan plataformas, webs y cajeros de compraventa, mientras Europa ha aprobado un Reglamento sobre criptomonedas que no entra en vigor hasta el 30 de diciembre. Ojo donde mete su dinero: nadie da duros a peseta, por muy digital que sea.

                        Enrique Ortega, a partir de "El cambista y su mujer", de Marinus van Reymerswale   

Los últimos datos señalan que 580 millones de personas en el mundo eran usuarios de criptomonedas en 2023, un +34% que en 2022, según crypto.com. Más de la mitad (296 millones) han operado con Bitcoin, la cripto líder del mercado, y una cuarta parte (124 millones de usuarios) con Ethereum, a las que se suman, muy lejos, otras criptomonedas como Thether USDT, BNB, Solana, XRP, USDC o Cardano, las ocho con más capitalización. En conjunto, las criptomonedas alcanzan una capitalización (valor de mercado al precio actual) que ronda los 2,5 billones de dólares (más que el PIB español), de los que 1,35 billones corresponden al Bitcoin. En España, un 12% de los adultos poseen criptomonedas, unas 4.700.000 personas, según estima el Banco de España. Eso nos coloca como el 5º país europeo con más inversores en criptomonedas, tras Reino Unido, Francia, Alemania y Paises Bajos.

Los criptoactivos son monedas y activos digitales que emplean un cifrado para identificar a su dueño y poder realizar transacciones. Un 20% están respaldadas por activos como el oro, el dólar y otras monedas, pero la mayoría (el 80% del mercado) son criptoactivos sin respaldo detrás de un activo concreto, sobre todo criptomonedas, monedas digitales que no tienen detrás el respaldo de un país y un Banco Central sino que las fabrican y emiten miles de empresas privadas, que controlan también su distribución y mercado. Las criptomonedas se basan en una red mundial de ordenadores descentralizada, unos “mineros” (que generan informáticamente nuevas monedas) y las plataformas de compraventa, que permiten cambiar divisas por criptomonedas, almacenarlas en “billeteros digitales” y comprarlas y venderlas después, con altísimas comisiones.

Se trata de un mercado muy reciente, ya que la primera criptomoneda, el bitcoin, empezó a funcionar en enero de 2009 (ver historia criptomonedas) y a la que han seguido hasta 20.000 criptomonedas, 9.000 de ellas registradas actualmente. Al principio, su valor fue muy escaso, con pocos compradores, lo que hizo que el bitcoin cotizara en 2015 a 327 dólares. A finales de 2016 superó ya los 900 dólares y en 2017 dio el primer gran salto, cotizando a 19.345 dólares en diciembre. Hubo una corrección en 2018 y 2019, seguido de una caída por la pandemia (5.165 dólares en marzo 2020), para iniciar un fuerte repunte en octubre de 2020, que llevó al bitcoin a un primer máximo histórico: cotizó a 64.400 dólares el 12 de noviembre de 2021. A partir de ahí, empezaron las ventas masivas y se desinfló la burbuja, hasta alcanzar un mínimo de 15.409 dólares en diciembre de 2022.

Más de año y medio de caída de cotizaciones (”el invierno de las cripto”), entre mediados de 2022 y principios de 2024, que se llevaron por delante a millones de pequeños inversores, que perdieron más de 2 billones de dólares, y provocaron quiebras y cierres de empresas y plataformas de venta muy conocidas, como FTX, Terra (Luna), Three Arrons Capital, Celsius o Voyager, con historias de emprendedores digitales famosos ante el juez o en la cárcel.

Muchos pensaron que era el final de las criptomonedas, el fin de otra burbuja especulativa más, pero no ha sido así: la fiebre por el bitcoin y las demás cripto ha vuelto en el último mes y con fuerza: el 6 de febrero empezó este último “rally”, pasando el bitcoin de cotizar a 40.064 dólaresun máximo histórico de 68.562 dólares el 4 de marzo, para superarlo y cerrar en otro máximo histórico este viernes: 68.720 dólares (ver gráfico cotización). Y a su vera, se ha disparado también la cotización de otras criptomonedas, incluso las llamadas “memes”, unas criptomonedas con caras de perro o de la rana Pepe (¡ en serio¡) , como Dogecoin (apoyada por Elon Musk: ¡ya vale tanto como Telefónica!), Shiba Inu, Pepe Coín, Dogelon Mars, Samoyed Coín o Mona Coin, que se han revalorizado hasta un 1.000% en el último mes. La fiebre de compra ha vuelto, olvidando la debacle de 2022 y hay millones de inversores que meten dinero cada día en todo lo que huela a “criptomonedas”, por si acaso. Las llaman inversiones FOMO (“Fear of missing out”) :miedo a quedarse fuera”…

Los expertos explican esta nueva “burbuja cripto” por tres causas. La primera, porque los inversores esperan una bajada de tipos de interés (en primavera o verano) y eso les hace buscar otras alternativas de inversión. La segunda causa, clave en la subida de cotización de las cripto estas últimas semanas, es que Estados Unidos aprobó, el 10 de enero, la comercialización de los primeros Fondos (ETF) en bitcoin, lo que permite ahora que muchos inversores “más serios” (Fondos, instituciones, bancos, grandes inversores) se lancen a poner su dinero en Fondos (ETF) que replican a bitcoin, pero que pueden comprar en instituciones “serias” (Fondos, gestoras y bancos de inversión) y operar con ellos sin problemas, sin tener que recurrir a billeteras virtuales y plataformas de bitcoin. Y pagando comisiones mucho más bajas que en las plataformas de criptos.

La autorización de 11 Fondos (ETF) en bitcoin la dio la Comisión del Mercado de Valores USA, la SEC (el equivalente a la CNMV española), que lleva años vigilando y criticando el bitcoin. Y lo hizo por imposición judicial, en cumplimiento de una sentencia del Tribunal de Apelación de Columbia contraria a los expedientes de rechazo a la aprobación, tras múltiples litigios legales de poderosos Fondos y bancos de inversión, que querían unirse al negocio cripto. Pero la autorización de la SEC es forzada, como señaló su presidente al aprobar los nuevos Fondos (ETF) de bitcoin: “Hoy hemos aprobado determinados Fondos cotizados sobre el bitcoin al contado, no hemos aprobado ni respaldado al bitcoin. Los inversores deben mantener la cautela ante los innumerables riesgos asociados al bitcoin y a los productos cuyo valor está vinculado a las criptomonedas”…

A pesar de esta “advertencia”, los grandes inversores han aprovechado la aprobación de Fondos (ETF) de bitcoin, que suponen un salto cualitativo para las criptomonedas, para entrar a saco en este nuevo mercado, disparando un 35% las cotizaciones del bitcoin ( y las demás cripto, hasta las “memes”…).  La ETF en bitcoin más popular, IBIT, comercializada por Black Rock (la mayor gestora de fondos del mundo) recibió hasta 10.000 millones de inversiones en las primeras 7 semanas, un récord histórico. Y hasta la fecha, los 4 mayores Fondos (ETF) en bitcoin han captado ya cerca de 20.000 millones de dólares.... Una carrera a la que se han apuntado los principales Fondos y bancos de inversión, salvo Vanguard, la 2ª mayor gestora USA, argumentando que “es más especulación que inversión”.

La 3ª causa que ha disparado las cotizaciones de las criptomonedas es el inminente recorte de los bitcoins disponibles, un proceso que se repite cada 4 años para controlar la oferta y mantener los precios. Lo llaman el “halving (“reducir a la mitad”) que consiste en reducir a la mitad la recompensa que los “mineros” (los que generan bitcoin) reciben por validar bloques en el blockclain de bitcoin. Su objetivo es recortar la oferta de bitcoin, que tiene un máximo (hay otras criptomonedas que no, lo que infla su oferta), para estabilizar los precios. Y los inversores saben que las tres ocasiones anteriores en que se ha recortado la oferta (noviembre de 2012, julio de 2016 y mayo de 2020), la cotización se disparó, porque suelen bajar los precios y es un buen momento para comprar y posicionarse a medio plazo. En el último recorte, la cotización saltó de 9.558 (mayo 2020) a 61.283 (marzo 2021). Y ahora, con el recorte que se espera para abril (no hay fecha: entre el 8 y el 22), creen que volverá a subir.

En medio de esta nueva euforia de muchos inversores (pequeños y grandes) por las criptomonedas, que olvida la reciente crisis, los expertos del sector apuestan porque la cotización del bitcoin supere este año los 100.000 dólares y alcance entre120.000 y 150.000 dólares en 2025, al margen de esperadas correcciones. Todo apunta a una nueva “burbuja cripto”, donde los grandes Fondos y bancos de inversión aprovecharán los picos y serán los primeros que abandonen el barco, en perjuicio de los pequeños inversores (muchos jóvenes), que sostienen el tinglado, pagando altas comisiones y perdiendo al final casi todo lo invertido Es lo que pasó en la anterior burbuja cripto y lo que volverá a pasar, porque se trata de un activo especulativo, no apoyado en ningún activo con valor real.

Lo ha dicho bien claro (22 de febrero) el Banco Central Europeo (BCE), al hilo de la fuerte subida del bitcoin: “reiteramos que el valor real del bitcoin es cero”, escribieron en el blog del BCE dos de sus economistas, Ulrich Bindseil y Jürgen Schaaf. Y añadieron: “tras 15 años, el bitcoin ha fracasado en su promesa de ser una moneda global y descentralizada y sus transacciones siguen siendo lentas y costosas, además de haber sido incapaces de combatir su uso por los ciberdelincuentes”. Estiman que el bitcoin se utilizó para blanquear 23.800 millones de dólares en 2023 y para que empresas y particulares pagaran 1.100 millones de dólares en chantajes de ciberdelincuentes (por “ransomware”, secuestro de datos). Los economistas del BCE reiteran que el bitcoin no tiene ningún activo real detrás, contamina el medio ambiente (su “minería” consume mucha electricidad) y su cotización es “un espejismo” que se desplomará a medio plazo, porque su valor real es cero. “Se trata sólo de especulación y habría que tomar medidas drásticas contra su uso”, concluyen.

La Comisión Europea presentó en septiembre de 2020 una primera propuesta para regular este mercado “salvaje” (según otro miembro del BCE), tan peligroso como lo fueron en su día las hipotecas de alto riesgo (las “subprime) que provocaron la crisis financiera de 2008. El Reglamento MiCA, la primera normativa europea para regular la operativa en criptomonedas, lo aprobó el Parlamento Europeo en abril de 2023 y el Consejo Europeo en mayo, publicándose el 9 de junio en el Diario Oficial de la UE. Pero se concede un periodo de adaptación a entidades y paises, con lo que la nueva normativa no entrará en vigor hasta el 30 de diciembre de 2024 (algunos temas, el 30 de junio de 2024).

Mientras, el Banco de España y la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) han lanzado ya dos alertas a los inversores sobre las criptomonedas. En su 2ª alerta conjunta, publicada el 9 de febrero de 2022, ya advirtieron del “elevado riesgo de estas inversiones”, por la extremada volatilidad, complejidad y falta de transparencia. Además, recordaban a los inversores (sin éxito, por lo que se ve) que los criptoactivos “no están regulados, no tienen consideración de medios de pago ni tienen el respaldo de los Bancos Centrales ni están cubiertos por el Fondo de Garantía de Depósitos e Inversiones”. Y, tras insistir que son “instrumentos complejos, no adecuados para pequeños inversores”, alertaban que “son muy especulativos y se puede perder todo lo invertido”. Por si fuera poco, ambos organismos reiteraban que es un mercado con poca transparencia en la formación de precios, con poca liquidez (hay dificultades para venderlos) con muchos problemas para reclamar a plataformas que están en el extranjero, sin control.

En paralelo a estas “advertencias”, la CNMV ha regulado la publicidad de las criptomonedas, supervisando miles de webs, plataformas e influencers, lo que llevó a dar un “toque de atención” (en 2021) al futbolista Andrés Iniesta, por anunciar en sus redes sociales (38 millones de seguidores en Instagram) la plataforma de criptomonedas Binance. Y el Banco de España creó, en octubre de 2021, el primer registro obligatorio para las empresas que ofrezcan criptoactivos en España: hay registradas 89 empresas (36 en 2023), aunque el propio Banco de España reconoce que eso no significa que supervise su actividad: sólo podrá hacerlo a partir de 2025, cuando entre en vigor el Reglamento MiCA europeo.

A pesar de tantas advertencias, los inversores españoles siguen lanzados a operar con bitcoins y otras criptomonedas, sobre todo los más jóvenes. Un ejemplo reciente refleja esta “fiebre cripto” : unos 400.000 españoles (ojo: casi el 1% de la población), la mayoría jóvenes, han hecho cola en las últimas semanas en los stands de la empresa de Inteligencia Artificial de ChatGPT (Open AI) para que les escanearan el iris y les pagaran la información con 13 criptomonedas de WordCoin (80 euros), la nueva cripto creada por Sam Altman, el padre de Chat GPT. Con ello, la empresa mata dos pájaros de un tiro: consigue datos biométricos claves y a cambio relanzan una nueva moneda, cuya cotización se ha disparado un 35% tras esta operación que han realizado también en otros 36 paises, desde EE. UU. a Japón y desde Noruega o Turquía a Sudáfrica.

Al final, el pasado 6 de marzo, la Agencia Española de Protección de Datos (AEPD) prohibió a Worlcoin seguir recogiendo datos del iris durante 3 meses ni utilizarlos, mientras va a investigar su operativa la Agencia de Datos europea. Pero el caso revela que el mundo cripto moviliza a los jóvenes, sea para lo que sea y aunque hayan tenido que hacer luego nuevas colas para cambiar estos criptos en cajeros,  que les han cobrado hasta el 25% de comisión…

Parece increíble, pero estamos ante una nueva burbuja cripto, con muchos inversores pequeños y jóvenes lanzados a este mercado como si fuera un casino, a pesar de las reiteradas advertencias del BCE, Banco de España, CNMV y múltiples expertos: ”es una estafa piramidal posmoderna” (Nobel P. Krugman), “es una herramienta de lavado de dinero y evasión fiscal“ (Nobel J. Stiglitz), “es como ir al casino” (Warren Buffet, uno de los mayores inversores del mundo). Y frente a un “lobby” poderoso de la industria cripto, que consigue enormes fortunas a base de comisiones y compraventas especulativas y opacas, a costa de sus clientes más vulnerables, que son los que se arruinan. Urge parar esta especulación, con normas, supervisión, multas y cárcel. Y quien piense entrar en este mundo cripto, recuerde: nadie da duros a peseta, por muy digital que sea.

jueves, 12 de mayo de 2022

Estalla la burbuja de las criptomonedas

Muchos creíamos que invertir en criptomonedas era una “moda” ligada a una minoría de expertos y jóvenes digitales. Pero no: la fiebre por los criptoactivos, sobre todo el bitcoin, ha arrastrado ya a 1 de cada 8 españoles, según reconoce el Banco de España, que alerta sobre sus enormes riesgos. España es el 5º país de Europa con más criptoactivos, pero lo preocupante es que las criptomonedas se han puesto de moda entre los jóvenes, que buscan dinero fácil, creándoles una cierta “adicción” y proliferando ofertas fraudulentas. Ahora, con la subida de tipos, los inversores más avezados huyen de las criptomonedas y ha estallado la burbuja, perdiendo el bitcoin la mitad de su valor en 6 meses. Lo peor es que este enorme mercado no está regulado, ni en Europa ni en el mundo, lo que favorece el fraude, la falta de liquidez y el blanqueo de dinero. Ojo donde mete su dinero: nadie da duros a peseta, por muy moderno y digital que sea.

Enrique Ortega a partir de El cambista y su mujer de Marinus van Reymerswale

Los criptoactivos son monedas y valores digitales que emplean un cifrado para identificar a su dueño y poder realizar transacciones. La mayoría (el 80% del mercado) son criptoactivos sin respaldo detrás de un activo concreto, sobre todo criptomonedas, monedas digitales que no tienen el respaldo de un país o Banco Central sino que fabrican y emiten empresas privadas (el 55% del mercado lo copa el bitcoin y otro 25% el ethereum). El 20% restante son criptoactivos con respaldo de otros activos como el oro o el dólar (y otras monedas).

Se trata de un mercado muy reciente, dado que la primera criptomoneda, el bitcoin, apareció en 2008, y a ella la han seguido hasta 20.000 criptomonedas más. Ya en 2021, los criptoactivos suponían un mercado de 3,38 billones de dólares, de los que 2,8 billones era el valor de las criptomonedas. Y eso porque entre 2020 y 2021, este mercado de criptoactivos dio un salto de gigante: su volumen se multiplicó por 10, con la entrada de inversores institucionales, que buscaban altas rentabilidades de riesgo ante una Bolsa plana y unos tipos de interés cero. Europa representa el 25% del mercado mundial de criptoactivos (845.000 millones de inversión, casi el 1% de la inversión financiera total), por delante de Estados Unidos (18% del mercado total de criptoactivos).

España es el 5º mayor mercado europeo de criptoactivos, con 60.000 millones anuales de inversión (el 2,7% de la inversión financiera total), sólo por detrás de Reino Unido, Francia, Alemania y Paises Bajos, según un reciente informe del Banco de España, que alerta sobre la gran penetración de los criptoactivos entre los españoles: los poseen el 12% de los adultos (13% de los hombres y 10% de las mujeres), casi 4.700.000 personas, muchas más de las que se pensaba. Y lo más llamativo es que se trata de una inversión muy popular entre los jóvenes de 18 a 24 años, sobre todo entre los más internautas.

A falta de datos concretos sobre España, sabemos que el 56% de los inversores en criptoactivos en Europa tienen entre 26 y 45 años y un alto nivel educativo, según un estudio hecho en la eurozona por la Fintech 2Gether, que revela su enorme atractivo para los llamados “nativos digitales”, jóvenes que creen que pueden “forrarse en poco tiempo” con las criptomonedas. De hecho, el 38% de los jóvenes españoles (entre 25 y 40 años) se plantean invertir en criptomonedas, según el neobanco Rebellion. Al amparo de este interés, proliferan las ofertas de criptomonedas en Internet, de plataformas de bitcoin y otras monedas virtuales. Y también han surgido ofertas de formación, algunas fraudulentas: en marzo, la unidad de delincuencia económica de la Policía Nacional detuvo a 8 cabecillas de IM Mastery Academy en España, acusados de “estafar con cursos virtuales sobre criptomonedas a miles de jóvenes” (a los que “captaban como una secta”, según los afectados). Aún así, esa empresa internacional convocó en Badalona, el 9 y 10 de abril, a 9.000 jóvenes de toda Europa a una Convención sobre criptomonedas, cobrando 200 euros a los asistentes. Su publicidad: “Alguna vez has sentido que estabas destinado a más”. La idea es ofrecer a los jóvenes  “dar el pelotazo” y hacerse millonarios con las criptomonedas.

En medio del “boom” de los criptoactivos, el panorama económico ha cambiado, no sólo por la guerra de Ucrania (que fuerza a buscar inversiones más seguras) sino por la subida de los tipos de interés (dos veces ya en EEUU y una anunciada en Europa para julio). Dos hechos que han provocado una retirada de muchos inversores institucionales de los criptoactivos y un consiguiente desplome de las criptomonedas, en los últimos 6 meses (ver gráficos): el bitcoin ha perdido más de la mitad de su valor (de cotizar a 67.734 dólares el 9 de noviembre de 2021 a 29.698 dólares ayer 11 de mayo, una caída del  -56,15%), lo mismo que el ethereum (cotizaba a 4.799 dólares el 9 de noviembre y a 2.177 el 11 de mayo, una caída del -54,6%). Y también han caído, aunque menos, los criptoactivos ligados al euro, al dólar y al oro.

Antes de este desplome, el Banco de España y la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) ya habían lanzado dos alertas a los inversores: ojo a los criptoactivos, a las criptomonedas, porque son una inversión muy peligrosa. En su 2ª alerta conjunta, publicada el 9 de febrero de 2022, ya advirtieron del “elevado riesgo de estas inversiones”, por la “extrema volatilidad, complejidad y falta de transparencia, que las convierte en una apuesta de alto riesgo”. Además, recordaban a los inversores (sin éxito, por lo que se ve) que los criptoactivos “no están regulados”, “no tienen consideración de medios de pago ni tienen respaldo de los Bancos Centrales ni están cubiertos por el Fondo de Garantía de depósitos e Inversiones”. Y tras insistir  que son “instrumentos complejos”, no adecuados para pequeños inversores”, alertaban de que son “muy especulativos” y se puede perder todo lo invertido. Por si fuera poco, ambos organismos recordaban que en este mercado hay poca transparencia en la formación de precios, los criptoactivos tienen poca liquidez (hay dificultades para venderlos) y muchos problemas para reclamar, dado que las plataformas de venta y custodia son empresas extranjeras sin control de las instituciones financieras.

Precisamente, el gran problema de los criptoactivos es que se trata de un mercado sin regular, ni en Europa ni en el mundo. Tanto es así, que Fabio Panetta, miembro del Comité Ejecutivo del Banco Central Europeo (BCE), señalaba en abril que “se está creando un nuevo salvaje Oeste” con los criptoactivos. Y comparó su dinámica con la de las hipotecas de alto riesgo (las “subprime”) que causaron la grave crisis financiera de 2008. Con un agravante : el mercado de los criptoactivos (2,4 billones de dólares) duplica ya el tamaño de las hipotecas "subprime" (1,3 billones de dólares) Por eso, el BCE ha vuelto a alertar ayer del elevado riesgo de un mercado que funciona como un "esquema Ponzi": los inversores invierten mientras creen que los precios seguirán al alza, hasta que el entusiasmo se desvanece y todos empiezan a vender, estallando la burbuja

La Comisión Europea presentó en septiembre de 2020 una primera propuesta para regular este mercado “salvaje”, pero el Consejo Europeo no aprobó el proyecto de Reglamento hasta noviembre de 2021. Y ahora, está pendiente del Parlamento Europeo, que en febrero de 2022 ha aprobado su posición, para negociarla ahora con el Consejo y aprobarla antes de fin de año. La idea es aprobar una norma europea, que sustituya a la que tienen algunos paises (Alemania, Francia o Italia) y sea la norma futura para España y los paises donde no hay regulación. La propuesta, llamada MiCA, establece normas para proteger a los usuarios de criptoactivos y obligaciones a los emisores y distribuidores, estableciendo una supervisión nacional (del Banco de España aquí) y europea en el caso de algunos criptoactivos.

En paralelo, el G-20 encargó a diversos organismos financieros internacionales que preparen Recomendaciones a los paises, ya aprobadas por el Consejo de Estabilidad Financiera (FSB), para abordar la supervisión y regulación de los criptoactivos, con un seguimiento regular. Y el GAFI, el organismo internacional que vigila el blanqueo de capitales y la financiación del terrorismo, aprobó una Guía en 2021 para  que los paises vigilen este aspecto de las criptomonedas y criptoactivos: se estima que un 1% se utilizan con fines ilícitos, para blanqueo de capitales, estafas y robos de fondos. Otros paises, como China o Rusia, no tienen problemas de regulación: simplemente, han prohibido operar con criptoactivos.

Mientras se aprueba un Reglamento europeo, las autoridades españolas que vigilan las inversiones financieras, la CNMC (Mercado de Valores)  y el Banco de España, han tomado medidas recientes sobre los criptoactivos. En enero de 2022, la CNMV aprobó un a Circular para regular la publicidad de criptoactivos: supervisará la publicidad que hagan las plataformas de venta y los influencers, exigiendo una “comunicación previa” cuando vaya dirigida a más de 100.000 personas. Y siempre, la Circular (que entró en vigor el 17 de febrero) exige que la publicidad incluya un mensaje indicando que la inversión en criptoactivos “no está regulada y puede implicar la pérdida total de la inversión”. Ya en noviembre de 2021, la CNMV dio un toque de atención” al futbolista Andrés Iniesta, por anunciar en sus redes sociales (38 millones de seguidores en Instagram) el portal de venda de criptomonedas Binance.

La otra medida, aprobada en octubre de 2021 por el Banco de España, fue la creación de un registro obligatorio para las empresas que ofrezcan criptoactivos, amparándose en la normativa de prevención de blanqueo de capitales. Daba 6 meses para hacerlo, y una de las primeras empresas en registrarse fue la alicantina Bit2Me, una plataforma que ofrece criptomonedas. Pero este registro es sólo a efectos de control, ya que no implica que el Banco de España asegure estas inversiones. Es sólo un paso hasta que Europa apruebe su Reglamento MiCA sobre criptoactivos y España lo aplique aquí.

Hasta ahora, los bancos españoles se han mantenido bastante al margen de los criptoactivos, por su alto riesgo y la falta de normativa. Sólo el BBVA fue el primer banco de la zona euro en ofrecer la compra venta de bitcoin, en junio de 2021, aunque a través de su filial de Suiza (ahora lo ha ampliado al ethereum). Banco Santander se prepara a ofrecer fondos de inversión vinculados a inversiones en bitcoin, pero no compraventa directa, como tampoco el resto de bancos españoles, que “permiten la compra pero sin asesorar”. Y fuera de la banca, el bitcoin no consigue avanzar como medio de pago, aunque algunas empresas lo utilicen como “gancho publicitario” para vender, sin apenas uso (inmobiliarias, empresas de consumo, Cepsa, Uber y hasta una empresa de taxis de Madrid…).

El desplome actual del bitcoin y la inexistencia de regulación impiden el auge de las criptomonedas a corto plazo, aunque parece indudable que a medio plazo aumentará su peso, al menos el de las monedas digitales (-e-dólar, e-euro, e-yuan) y las inversiones digitales con contrapartidas (activos reales). Parece claro que el futuro del dinero será digital, aunque no debe depender de que miles de ordenadores creen las criptomonedas (con un altísimo coste de energía, como pasa hoy) sino que las creen los paises, con sus reservas y Bancos Centrales detrás. Mientras, las criptomonedas hoy son una tentación como el juego, donde puede ganarse mucho y perderse mucho, sin reglas y con mucha opacidad, sin posible defensa ante gigantes que operan sin control a nivel mundial. Desde “la burbuja” de los tulipanes holandeses en 1630 (un tulipán valía más que una casa) a las hipotecas subprime de 2008 y las criptomonedas de ahora, siempre ha habido alguien que ofrecía “duros a peseta”. Pura especulación y puro fraude. Ojo a las promesas de dinero fácil.

lunes, 21 de diciembre de 2015

Crisis Abengoa: un rosario de malas prácticas


Mientras digerimos los resultados electorales, la vida sigue y con ella los problemas. Sobre la mesa del futuro Gobierno está la crisis de Abengoa, una de las pocas “multinacionales” españolas, al borde del concurso de acreedores por una pésima gestión: crecimiento desmedido a costa de endeudarse sin freno, esconder su situación real, auditores y organismos de control que “no ven”, políticos en el Consejo y especuladores que se forran, mientras los directivos que provocaron esta debacle cobran jugosas indemnizaciones. Malas prácticas empresariales que ya hemos visto antes, en Bankia y muchas Cajas, Gescartera, Afinsa y Fórum Filatélico, Eurobank, Marsans, Pescanova, Gowex, inmobiliarias…, sin que se tomen medidas para erradicarlas. Y así, cada poco nos salta una crisis, que pagan los trabajadores, pequeños accionistas y todos los españoles. Hay que clarificar y sanear la gestión empresarial, con menos deuda y más transparencia, con controles eficaces para evitar “sustos” como Abengoa. Apostar por empresas que gestionen bien y con decencia.
 

enrique ortega


Abengoa presentó pre-concurso de acreedores el 26 de noviembre, al no conseguir que comprara una parte de la empresa (28%: 350 millones de liquidez) la vasca Gestamp, que se echó atrás ante la elevada deuda y la reticencia de los bancos a prestar más. Ahora, Abengoa tiene hasta el 26 de marzo para declararse en concurso de acreedores. Si no se evita, será el mayor concurso de la historia de España, por delante de grandes crisis como las inmobiliarias Martinsa Fadesa (7.800 euros de deuda) y Reyal Urbis (3.978 millones), Pescanova (-3.000) o Habitat (-2.840 millones). Aún no se sabe lo que Abengoa debe realmente, pero ronda los 23.000 millones, de los que 10.000 millones son deuda a bonistas y bancos (el 40% a los 5 grandes bancos españoles y el resto a bancos extranjeros: HSBC, Credit Agricole, Federal Financing Bank USA, el sueco EKN y el brasileño BNDES), 4.400 millones a proveedores y 8.100 millones de deuda ligada a activos. El problema no es sólo que pueda pagar intereses, es que necesita liquidez inmediata (le prestarán 113 millones este miércoles) para pagar las nóminas de diciembre a sus 28.668 trabajadores (6.871 en España) y otros 350 millones para llegar hasta marzo. Y a medio plazo, avales para no perder concursos millonarios ganados por medio mundo y pendientes de ejecutar.

Abengoa era la típica “historia de éxito, una empresa de ingeniería nacida en 1941 en Sevilla, que dio el salto en los años 80 a las energías renovables, con grandes proyectos de energía solar y biomasa  que la han convertido en una empresa de referencia mundial, con proyectos en 80 países, entre ellos Estados Unidos, donde el propio Obama la puso como ejemplo en 2009 en una alocución radiofónica. ¿Cómo ha podido caer? No es casualidad ni fruto de la mala suerte, sino el resultado de un conjunto de malas prácticas empresariales que por desgracia se han repetido en muchas otras crisis en España. Veámoslas.

1ª mala práctica: crecer demasiado y muy deprisa, a costa de endeudarse. El esquema es sencillo: se invierte lo que no se tiene, pidiéndolo prestado, pensando que el crecimiento del negocio será suficiente para pagar los intereses futuros. Y así se va creando una burbuja de deuda que un día estalla, cuando los bancos y acreedores se asustan y ya no prestan más. En el caso de Abengoa, su deuda exclusivamente bancaria (8.904 millones) duplica su valor contable (4.000 millones). Un desatino como gestión empresarial.

2ª mala práctica: esconder las cuentas reales. Como Abengoa cotiza en Bolsa y se presenta a decenas de concursos por el mundo, tiene que dar una imagen de solvencia y fortaleza, no presentar sus debilidades. Y para ello, creó una maraña de 900 sociedades, con un laberinto de créditos cruzados entre filiales, que servían para enmascarar el endeudamiento real, simular garantías y de paso ahorrarse impuestos. Tal es así que los propios bancos acreedores han encargado a la consultora KPMG que averigüe la deuda “real” de Abengoa.

3ª mala práctica: auditor que no ve y organismo controlador que tampoco. Abengoa tiene un auditor, Deloitte (curiosamente, el mismo que tenía Bankia), que firmó durante tres años (2012, 2013 y 2014) unas “auditorías limpias” de Abengoa, a cambio de cobrarle una minuta de  20 millones de euros. No fue hasta el pasado 13 de noviembre cuando incluyó este párrafo en su informe sobre las cuentas de 2015: “la existencia de una incertidumbre que puede generar dudas significativas sobre la capacidad de la sociedad para continuar como empresa en funcionamiento”. Sin embargo, hacía años que algunos expertos ya habían advertido sobre el peligroso endeudamiento de Abengoa: en 2011 lo advirtió incluso un consejero de Abengoa, Carlos Sebastián (que fue invitado a irse) y en 2014 lo advirtieron la agencia Finch (hablaba de un nivel  de deuda real que duplicaba el oficial) y un informe de BNP Paribas. Hasta un joven estudiante catalán de 17 años detectó problemas en Abengoa, en 2014, al hacer un trabajo de Bachillerato...

No sólo Deloitte no vio nada hasta el mes pasado. Tampoco vio nada extraño la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV), el organismo que debe vigilar las cuentas de las empresas cotizadas. Sólo el 25 de noviembre, cuando Abengoa se hunde en Bolsa al no entrar  Gestamp en su capital, la CNMV suspende su cotización en Bolsa, después de que algunos Fondos de inversión extranjeros se hubieran “forrado” con la caída de Abengoa.

4ª mala práctica: presencia de políticos en los Consejos de Abengoa. Quizás nadie viera nada porque Abengoa era una empresa con muchos “apoyos políticos”. Sus dueños, la familia Benjumea y otro centenar de rancios apellidos sevillanos, se preocuparon siempre por mantener importantes contactos políticos, ya desde la época de Felipe González y Guerra (“vamos a hacer patria andaluza” por el mundo). Y así han desfilado por su Consejo un rosario de ex-políticos: Carlos de Borbón dos Sicilias (primo del rey Juan Carlos I), Alberto Aza (ex jefe de la Casa Real) y su hijo, Javier Rupérez (exdiputado y exsenador UCD y PP), José Terceiro (ex secretario de la Presidencia con UCD), José Borrell (ex ministro PSOE), Luis Solana (expte Telefónica y ex diputado PSOE), Rafael Escudero (expte socialista Junta de Andalucía), Ricardo Martínez Rico (ex secretario de Estado de Hacienda con Aznar y ex socio de bufete del ministro Montoro), Carlos Sebastián (hermano del ex ministro Miguel Sebastián, el gran promotor de las renovables con ZP) y los extranjeros Alan García (expresidente de Perú) o Bill Richardson (ex secretario de Energía USA con Clinton).

5ª mala práctica: directivos con blindajes millonarios. Los responsables del desaguisado de Abengoa ya no están en la empresa, pero se han ido bien indemnizados. El presidente, Felipe Benjumea, tras 25 años en el cargo, dejó la compañía el 24 de septiembre, forzado por los bancos acreedores. Y se fue con una indemnización de 11,48 millones de euros “por cese anticipado de contrato”. Antes, el 25 de mayo, se había ido, “por motivos personales”, el consejero-delegado, Manuel Sánchez Ortega, quien cobró 4,48 millones de indemnización y con el cobro pendiente de otros 3,3 millones “si la empresa cumple objetivos”…

6ª mala práctica: los que se forran con la caída de Abengoa. Como los que saben estaban al tanto desde hace un año de la verdadera situación de Abengoa, se han aprovechado de ello para especular. ¿Cómo? Tomando posiciones bajistas, apostando a que Abengoa iba a caer. Se trata de tomar prestados títulos a algunos grandes accionistas (que cobran por ello), títulos que venden en el mercado a cambio de un pacto para recomprarlos más adelante (cuando bajen) y devolverlos. El truco es comprar a 10 y recomprar cuando bajen a 8 para ganar 2 euros aprovechando la caída. Así estaban en agosto un 8,5% de las acciones de Abengoa. Y con la caída, muchos fondos han hecho un gran negocio. El que más, Black Rock (USA), la mayor gestora de fondos de inversión del mundo. Curiosamente, empezó a comprar a crédito Abengoa en agosto, un mes después de que fichara a Manuel Sánchez Ortega, el ex consejero delegado de Abengoa que había dimitido en mayo. Casualidad…(ahora lo investiga la Audiencia Nacional, por "información privilegiada").

Como puede verse, hay un rosario de malas prácticas detrás de la caída de Abengoa. Una caída que ha hecho perder a los accionistas (hay unos 50.000 pequeños)  un 90% de su inversión, ya que la empresa ha pasado de valer en Bolsa  4.000 millones a 400. De hecho, un grupo de 250 pequeños accionistas prepara una demanda civil contra la empresa y su Consejo, mientras hay dos querellas de accionistas presentadas en la Audiencia Nacional por “administración desleal, uso de información privilegiada y falseamiento de documentos”. De momento, la Fiscalía de la Audiencia Nacional ve indicios de delito en la indemnización que cobraron los dos máximos directivos, Felipe Benjumea y Manuel Sánchez Ortega, y les ha exigido 16 millones de fianza.


Pero más que los accionistas, esta crisis la van a pagar los 28.668 trabajadores de Abengoa (6.871 en España), porque ya se preparan ventas (por 3.000 millones) y despidos: se habla de unos 4.000, 2.000 en Brasil y otros 500 en España. Y al final, igual nos toca a todos pagar algo de los platos rotos de Abengoa. De entrada, hay casi 1.000 millones de dinero público en juego: 450 millones de créditos y avales de las entidades públicas ICO, CESCE y Cofides y otros 582 millones prestados por Bankia (63% propiedad del Estado). Y ahora falta saber cuánto más acabará costándonos la salvación de Abengoa, en forma de más créditos (el ICO va a poner 20 millones más), ayudas fiscales o laborales.

Abengoa es una multinacional española muy conocida en el mundo, con deuda, proyectos y empleados en muchos países, y salvarla debería ser una prioridad del futuro Gobierno. Pero no a cualquier precio. Debería forzarse un acuerdo con la banca y los acreedores, los que han ganado estas décadas cobrando intereses, para que recapitalicen y salven a corto plazo Abengoa. Y luego, poner en marcha un Plan de futuro realista, buscando socios estables. La banca (que prefiere el concurso) ya ha dicho que no quiere entrar en el capital de la empresa (el Santander o la Caixa han entrado en el grupo Prisa- El País/la SER- pero no quieren entrar en una multinacional de energías renovables) y tampoco hay inversores españoles interesados (parece que a nuestros “ricos” sólo les interesa el ladrillo y las SICAV). Así que todo apunta a que si alguien salva a Abengoa será un inversor extranjero, otra vez más. O se liquidará.

La historia de Abengoa y sus malas prácticas es la historia de muchas empresas españolas, fuertemente endeudadas en los años del boom y asfixiadas por el pago de intereses. Hay que saber que las 35 empresas del IBEX tienen 200.000 millones de deuda, la mitad de su valor en Bolsa. Y que hay todavía 5 empresas que deben más de lo que valen: Sacyr (351% deuda/capitalización), FCC (341%), OHL (304%), Arcelor (197%) y Acciona (119%). No en vano, la deuda total de las empresas españolas ronda el billón de euros, una grave hipoteca para la recuperación de España, según ha reiterado el FMI: 1 de cada 4 empresas españolas necesitan el beneficio de 10 años para devolver su deuda, mientras en el resto de Europa sólo necesitan 5 años (están menos endeudadas). Y algo tremendo: el 25% de las empresas españolas necesitan el 60% de sus márgenes para pagar intereses. Claro, así, con esta losa de la deuda, no pueden pensar en  invertir o contratar más.

Pero hay otras malas prácticas de Abengoa que son también muy habituales: esconder la situación real de las empresas (lo llaman “ingeniería financiera”), auditores que no ven (caso de Bankia, Pescanova, Gowex y tantos otros), organismos de control que no vigilan (no hay una sola crisis empresarial o bancaria detectada a tiempo por la CNMV, el Banco de España o el Gobierno), políticos en Consejos de Administración (hasta 50 exministros, altos cargos y políticos han llegado a estar sentados en empresas del IBEX), blindajes e indemnizaciones escandalosas de directivos que han hundido bancos y empresas (desde Bankia y varias Cajas a FCC, Indra y tantos otros: hay 924 directivos de empresas del IBEX con contratos blindados) y especuladores bursátiles que se forran con las crisis. Y en todos los casos, siempre pagan los mismos: los trabajadores, los pequeños accionistas y el Estado (todos nosotros), que tiene que “nacionalizar” o ayudar a empresas en crisis.

Es hora de cambiar, de aprovechar la crisis de Abengoa para perfilar un nuevo modelo empresarial, con menos endeudamiento (urge ayudar a renegociar la deuda más agobiante para muchas empresas) y más transparencia en la gestión, obligando a unas auditorías más reales y a un control externo más efectivo de las cuentas, a la vez que se erradican prácticas injustificadas (políticos en Consejos) e inmorales (blindajes a directivos). Es hora de fijar normas más estrictas sobre la gestión empresarial, para evitar que cada poco salten crisis y escándalos que ponen en peligro empresas y empleos. Un capitalismo ético.