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jueves, 26 de marzo de 2026

Necesitamos empresas más grandes

Las pymes disfrutan en España de una excelente imagen pública, mejor que las grandes empresas. Pero lean este dato: de los 2,5 millones de empleos creados desde 2020, casi el 70% lo han creado las grandes empresas, mientras las micropymes (1 a 9 trabajadores) sólo han creado el 1,5% del nuevo empleo. Y esto es preocupante porque sólo un 0,2% de las empresas españolas son grandes (más de 250 trabajadores) y el 90% son pymes con menos de 50 empleados. Los estudios demuestran que las grandes empresas son más competitivas, exportan más, tienen más innovación y tecnología y crean más empleo estable y mejor pagado. Y que una de las causas de que España tenga menos productividad es que tenemos demasiadas pymes. Por eso, Europa, que también tiene muchas pymes, busca apoyar a las empresas medianas para que ganen tamaño y competitividad. En España se aprobó en 2022 la Ley Crea y Crece, para facilitar la creación de empresas y aumentar su tamaño. Porque el tamaño importa y mucho.

                             Enrique Ortega

España ha crecido en los últimos 5 años (de 2021 a 2025) más que la media europea y más que Alemania, Francia o Italia. Y se ha consolidado como la 4ª potencia económica de la Unión Europea, con una producción (PIB) de 1.685.783 millones de euros en 2025, sólo por detrás de Alemania (4.469.910 millones), Francia (2.979.085 millones) e Italia (2.258.049 millones), aunque somos la 5ª economía europea si contamos a Reino Unido (3.545.339 millones de PIB). Y las tres economías que nos siguen quedan todavía lejos: Paises Bajos (1.179.660 millones € de PIB), Polonia (918.464 millones) y Bélgica (641.893 millones).

Pero este dato del PIB total es engañoso, porque unos paises tienen más población que otros. Por eso, lo relevante es lo que produce cada país por habitante, el verdadero indicador de la productividad y renta de cada país. Y con este dato, nuestra  posición cambia drásticamente: España produjo 28.310 euros por habitante en 2025 (ajustado con la inflación), el 83% del PIB real per cápita de la UE-27, que fue 34.100 euros, según acaba de publicar Eurostat

Y si ajustamos este PIB por habitante con el poder de compra de cada país (PPA), la producción real por habitante, España salta del 4º al 15º puesto de la UE-27, según publica hoy Eurostat, porque hay 14 paises más productivos (PIB real per cápita) que España (92% del PIB real UE-27): Luxemburgo (239% del PIB por habitante europeo), Irlanda (237%), Paises Bajos (134%),  Dinamarca (127%), Austria (117%), Bélgica (115%), Alemania (115%), Malta (110%),  Suecia (110%), Finlandia (101%), Francia (98% del PIB real comunitario), Chipre (98%), Italia (96%) y Chequia (92% del PIB por habitante real UE). España baja un puesto en este ranking (nos adelanta Chequia) y mantiene el porcentaje del 92% del PIB por habitante de 2024, que empezó en el 76% en 1986 (al ingresar en la CEE), subió del 100% entre 2002 y 2009, bajó hasta el 83% en 2020 (pandemia) y se recupera hasta el actual 92% del PIB por habitante europeo.

Este es el dato importante para comparar la productividad entre paises y el que explica la diferencia entre nuestra renta y nuestros salarios y los de otros paises europeos con mayor productividad y mejor nivel de vida. Así que crecemos mucho, más que el resto, pero también ha crecido mucho nuestra población (somos 2,5 millones más que en 2019, básicamente por los inmigrantes), con lo que se mantiene una “brecha”, una distancia con Europa en nuestro PIB real por habitante (era el 83,45% en 2019 y el 83,02% ahora).

¿Por qué somos menos productivos y por tanto menos ricos que 14 paises europeos? Básicamente, hay 2 causas “de fondo” que lo explican: en España trabaja menos gente que en la mayoría de Europa y trabajan peor, con menos eficacia y productividad. Veámoslo.

Primero, trabaja menos gente, hay un porcentaje menor de personas en edad de trabajar que están ocupadas y creando riqueza (PIB). La tasa de empleo en España (porcentaje de personas de 20 a 64 años ocupadas) era, a finales de 2025, del 72,4%, frente al 76,2% en la UE-27, el 81,4% en Alemania y el 75,5% en Francia, según Eurostat. Y sube al 83,4% en Paises Bajos, al 80,2% en Irlanda, al 81,8% en Suecia o al 83,6% en Malta, paises con más PIB por habitante que España (mientras es más baja en Italia, el 67,6%). Este bajo nivel de empleo tiene mucho que ver con nuestro modelo de crecimiento, basado en los servicios y el turismo, en empresas más pequeñas, con poca tecnología y exportación, que crean menos valor añadido y menos empleo. Ojo: si España tuviera la tasa de empleo de la UE-27, tendríamos 1,12 millones de personas más trabajando (y aumentando nuestro PIB por habitante y nuestra renta). Y si tuviéramos la tasa de empleo de Alemania, en España trabajarían 2,7 millones más. Y con ello, aumentaría el numerador del PIB por habitante (PIB producido /habitantes) y seríamos más productivos y más ricos.

Segundo, los españoles que trabajan lo hacen “peor”, son menos eficientes. Un dato lo resume bien: en la eurozona, cada hora trabajada aporta 61 dólares al PIB, frente a 53 dólares en España (-13,11%), según la OCDE. Y esa menor productividad en España acumula una caída del -7,3% del año 2.000 al 2022, mientras en Estados Unidos creció un +15,5%, en Alemania un +11,8% y en Francia un +0,8%, bajando también en Italia (-5,1%), según un reciente estudio de la Fundación BBVA e Ivie. De hecho, nuestra baja productividad es un problema que arrastramos hace décadas y que nos sitúa en el puesto 39º del ranking mundial de competitividad 2025 publicado por el Foro Económico Mundial, por detrás de la competitividad de 19 paises europeos: Suiza (1º del ranking mundial), Dinamarca (4º), Irlanda (7º), Suecia (8º), Paises Bajos (10º), Noruega (12º),Finlandia (14º), Islandia (15º), Alemania (19º), Luxemburgo (20º), Lituania (21º), Bélgica (24º), Chequia (25º), Austria (26º), Reino Unido (29º), Francia (32º), Estonia (33º), Portugal (37º) y Letonia (38º).

¿Por qué España tiene menos productividad? La causa que siempre se argumenta es nuestro modelo productivo, el elevado peso en la economía de los servicios (turismo, hostelería y comercio), actividades intensivas en mano de obra y con baja productividad, y el menor peso de la industria. Pero si España tuviera la misma estructura productiva del resto de Europa, seguiríamos teniendo un -10% de productividad, según la Fundación BBVA e Ivie, que señala otro factor que suele esgrimirse, con razón: el menor tamaño de nuestras empresas (demasiadas pymes), lo que les dificulta financiarse, invertir e innovar.

Estos expertos argumentan otras 3 causas de peso para explicar nuestra menor productividad. La primera y fundamental, la menor formación de los trabajadores españoles y sus jefes. Hay pocos trabajadores con formación tecnológica y capacidades digitales. En paralelo, muchas empresas adolecen de capacidades gerenciales y hay empresarios que gestionan sin la suficiente formación y sin capacidad de organizar equipos, apoyados en el “ordeno y mando”. La 2ª causa es la falta de tecnología e innovación en las empresas. En España, el gasto en I+D+i fue del 1,50% del PIB en 2024, frente al 2,25% en la UE-27. Un tercer factor contra la productividad es la caída de la inversión en España, pública y sobre todo privada, desde 2008. Otras causas se atribuyen a factores institucionales: demasiada economía sumergida (¿20%?), excesiva dependencia de las empresas del crédito bancario (más que en el resto de Europa ), mucha  burocracia (sólo en 2024, el Estado y las autonomías aprobaron más de 1.000 nuevas normas), barreras de entrada sectoriales y territoriales que reducen la competencia, dispersión normativa en 17 autonomías y dificultades regulatorias y fiscales para que las pymes superen los 50 trabajadores.

Voy a centrarme en una de estas causas, el pequeño tamaño de nuestras empresas, clave para explicar nuestra baja productividad y el empleo que se crea. En 2025, las estadísticas oficiales registraban casi 3 millones de empresas, de las que sólo 6.019 eran grandes (0,2% con más de 250 trabajadores), 27.673 eran medianas (0,8%) y el resto (99%) eran pequeñas: 175.597 tenían entre 10 y 49 trabajadores y 1.140.107 tenían de 1 a 9 trabajadores (la gran mayoría, el 84,5% de las pequeñas), siendo el resto (1.614.187) empresas registradas por autónomos sin asalariados. La estructura es similar a la del resto de Europa, donde hay un 0,2% de grandes empresas (salvo en Francia, centro Europa y Alemania, donde hay un 0,7% de empresas grandes, 25.000 en Alemania), aunque más empresas medianas (el 0,93%) y casi igual porcentaje de pequeñas y microempresas (98,87%).

El problema de tener demasiadas pymes es que suelen ser menos competitivas que las medianas y grandes empresas, exportan, invierten e innovan menos, tienen más dificultades para financiarse y, sobre todo, crean menos empleo. El dato aportado por Funcas es muy llamativo: de los 2.496.400 nuevos empleos creados tras la pandemia (2020-2025), más de dos tercios (el 68,7%) lo han creado las grandes empresas (con más de 250 trabajadores), mientras las microempresas (1 a 9 trabajadores), que son la mayoría (84,5%) sólo han creado el 1,5% de los nuevos empleos, creado el resto del empleo (29,8%) las empresas medianas (50 a 249 empleados) y pequeñas (de 10 a 49 empleados). Según este estudio, una de las claves es que las grandes exportan mucho más (1.000 grandes empresas suponen el 67% de la exportación total) y eso les permite crecer y crear más empleo. También pasa en Europa, donde las grandes empresas (el 0,2% del total) mantienen el 37% del empleo total, mientras las medianas mantienen el 15% y el resto de pymes acapara el 48% del empleo total.

Lo positivo de los últimos años, según Funcas, es que el número de grandes y medianas empresas ha crecido en España tras la pandemia: hay +23,6% grandes empresas (+250 trabajadores) y +11,5% medianas y pequeñas (10 a 249 empleados), mientras ha caído el número de micropymes (-1,1%). Este mayor aumento de grandes y medianas se observa en la mayoría de sectores, más en servicios profesionales y actividades con alto contenido tecnológico, también en sectores ligados al turismo y al consumo interno. Parece que las empresas españolas han ganado tamaño para acceder mejor a los Fondos europeos, por el aumento del salario mínimo (que fuerza a las empresas a una mayor eficiencia y al cierre de micropymes) y por las ayudas públicas y la reducción de los umbrales regulatorios y tributarios que les ha permitido crecer de tamaño.

Con todo, seguimos con demasiadas pymes y hay poco dinamismo y regeneración empresarial: se crean pocas empresas nuevas y las que se crean duran pocos años, mientras persisten las más longevas (las empresas con más de 22 años de antigüedad), que aportan la mitad de la inversión total. Por eso, los expertos piden ayudar a las nuevas empresas a hacerse un hueco, fomentando la formación y el talento (que no encuentran las empresas más jóvenes), su internacionalización y financiación (que tienen más difícil), reduciendo la normativa (a la estatal se suman las normas “dispares” de 17 autonomías).

Pero otro estudio de AFI señala que la principal causa de que las pymes españolas no crezcan más no es la falta de financiación y ayudas o el exceso de regulación sino las decisiones de gestión y el mayor o menor “apetito por el riesgo”. Y lo justifican con un estudio en 9.000 empresas medianas y su evolución entre 2008 y 2023, donde vieron que había un Top de 100 empresas medianas líderes en crecimiento de ventas (x10), plantillas (x8), inversión (el doble que la media), productividad y rentabilidad (+50% que la media). Y además, la mitad de estas 100 empresas “scalers” (crecimiento rápido) o “scaleups dieron un salto a la categoría de “gran empresa”. Y los autores creen que este éxito de esas empresas se explica por su estrategia y ambición, siendo menos relevantes las exigencias contables, fiscales o laborales que argumentan las pymes como freno para crecer.

Cara al futuro, el estudio de AFI señala que España necesita duplicar el número de empresas medianas (de 27.673 a 50.000) y grandes (de 6.019 a 10.000) y además que estén mejor repartidas por todos los sectores (hoy las grandes se concentran en los servicios y la industria)  y territorios (Madrid, Cataluña, Comunidad Valenciana y Andalucía concentran las medianas y grandes empresas), como requisito clave para mejorar la productividad y crear más empleo. Y plantean este dilema: o mejoramos la productividad (produciendo más por habitante, con más valor añadido) o será la baja productividad quien nos gobierne, con sus secuelas de salarios bajos (son un 20% más bajos porque tenemos un 20% menos de productividad que la zona euro) y menor PIB por habitante, un menor nivel de vida que gran parte de Europa.

Como el problema del tamaño empresarial no es sólo español (aunque se agrava en España), la Comisión europea aprobó en mayo de 2025 una Recomendación para promover a las empresas medianas-grandes, las llamadas “small mid-caps” (de 250 a 750 trabajadores y una facturación anual de 50 a 150 millones de euros), para que sean la punta de lanza de un proceso de aumento de tamaño de las empresas europeas, para ayudarles con una regulación y financiación específica a que den un salto de escala y en unos años ganen tamaño, productividad y competitividad, clave para que Europa compita mejor en el mundo.

En España, el Gobierno Sánchez aprobó en julio de 2024 el Consejo Nacional de Productividad, integrado por 15 expertos independientes, que han publicado este 4 de marzo el I Informe sobre la Productividad en España, donde proponen impulsar la inversión privada, mejorar el acceso de las empresas jóvenes a la financiación no bancaria (mercados, emisiones, micromecenazgo), una “mejor” regulación (no “menos”) y el fomento de la formación y el capital humano, alertando de que si las empresas españolas no aceleran la incorporación de la Inteligencia Artificial (IA), podría aumentar nuestra “brecha de productividad”. Además, falta que se desarrolle la Ley “Crea y Crece, aprobada por el Congreso en septiembre de 2022, para facilitar la creación de empresas (ahora se pueden  constituir con 1 €, frente a 3.000 antes), mejorar su financiación, reducir los obstáculos regulatorios e impulsar su crecimiento, reforzando la unidad de mercado (1 país y 17 autonomías).

En resumen, es fundamental conseguir que haya más empresas y de mayor tamaño, para que compitan mejor, vendan y exporten más, creen más empleo estable y ayuden a mejorar la productividad del país, con lo que mejoraría el nivel de vida de todos. Para eso hace falta modernizar la economía, digitalizarla y resolver los retos medioambientales, una normativa laboral con amplio apoyo y que mejore la calidad del empleo, apostar por  la educación y la formación, gastar más en tecnología y apoyar la reindustrialización. Pero también tener más empresas medianas y grandes. Porque el tamaño sí importa.

jueves, 31 de marzo de 2016

España: demasiados autónomos y pymes


Rajoy, en funciones, sigue presumiendo de que su Gobierno ha creado más empleo que nadie en Europa. Pero no dice dos cosas. Una, que ahora trabajan 58.800 españoles menos que cuando llegó a Moncloa en 2011. Y otra, que el empleo creado ha sido sobre todo de autónomos, personas que montaron un negocio para huir del paro, mientras hay muchos menos asalariados trabajando. Y este tirón de los autónomos es “pan para hoy y hambre para mañana”, porque el 61% acaba cerrando antes de 5 años. Y los que sobreviven, lo hacen en precario, con bajos ingresos, poco empleo, mínimas cotizaciones y bajas pensiones. Tenemos un problema de fondo: hay demasiados autónomos y pymes (94,5% de las empresas), responsables del 40% del empleo, mientras en Europa emplean sólo al 29% (y en Alemania al 19%). Eso implica un empleo menos estable y duradero, menos productividad e innovación, menos crecimiento. Urge que el futuro Gobierno promueva fusiones: más empresas medianas y grandes y menos autónomos y pymes. Porque el tamaño importa y mucho.
 

enrique ortega


Rajoy no deja de “hacer campaña” ni estando en funciones y siempre utiliza el empleo creado como “el gran balance económico” de su Legislatura. Pero aunque se ha creado empleo neto en 2014 y 2015, en los dos años anteriores se perdió más, con lo que el balance de ocupados en su Legislatura es negativo: a finales de 2015, había 58.800 españoles menos con trabajo (18.094.200, según la EPA) que en diciembre de 2011 (18.153.000). Pero el balance de su Legislatura sería aún peor si no fuera por el fuerte aumento del número de autónomos, de trabajadores independientes o empresarios sin asalariados: han aumentado en 141.400 entre 2011 y 2015, según la EPA, mientras caía mucho más el número de asalariados (-161.700). Y España ha sido el tercer país europeo donde más han crecido los autónomos en estos años, tras Reino Unido y Francia, el doble que la media europea.

Una gran parte de los nuevos autónomos son parados (sobre todo menores de 30 años) que han cobrado el paro de una vez y han montado un pequeño negocio. Otros son “autónomos temporales”, que se dan de alta para ofrecer un servicio coyuntural a una empresa (2 de cada 3 empresas subcontratan autónomos, según un estudio de Infojobs y Tower Lane). Y en muchos casos, se trata de “falsos autónomos”, personal que trabaja casi en exclusiva para una empresa pero cotizando como autónomos. Se estima que hay unos 250.000 falsos autónomos, sobre todo en la construcción, el turismo y la hostelería y muchos profesionales.

El Gobierno Rajoy se lanzó desde 2012 a promover este “boom” de los autónomos (reales y ficticios) porque así bajaba las cifras de parados y “creaba empleo”. Para ello, además de facilitar el cobro del desempleo de una sola vez, ha utilizado el gancho de la “tarifa plana” de 50 euros en la cotización de los autónomos a la Seguridad Social, aunque con truco: es sólo para los primeros 6 meses. Y además de ser una rebaja temporal, esta tarifa plana ha provocado un agujero de más de 600 millones a las cuentas de la SS, lo que ha agravado su déficit y obligado a echar mano de la “hucha de las pensiones”.

Con todo, el problema de fondo es que toda esta política del Gobierno Rajoy de “promover a los emprendedores”, de convertir parados en autónomos, además de costosa es poco efectiva. Porque la mayoría de los autónomos, el 61%, “no cuajan”. De hecho, el 27% de los nuevos autónomos sólo sobrevive un año, el 60% dos años, el 51% tres años, el 45% cuatro años y sólo el 39% de los autónomos sobreviven a los 5 años, según un informe de la Fundación BBVA e IVIE. O sea, que dos tercios de los nuevos autónomos creados durante la Legislatura de Rajoy cerrarán su negocio antes del final de la próxima Legislatura. Un despilfarro de esfuerzos e ilusiones.

Las razones de tan “alta mortalidad” entre los nuevos autónomos son varias: muchos negocios se montan con poco dinero (5.000 euros es lo habitual), sin formación (el 43,5% de los autónomos tienen sólo estudios básicos, frente al 23,8% en la UE) y sin tener un Plan de negocio, en actividades poco innovadoras (tiendas, bares, Webs…) y con poca tecnología (el 90%), que además crean poco empleo (en el 57% de los proyectos sólo está ocupado el propio autónomo y otro 36% tienen entre 1 y 5 empleados). Basta ver el perfil de los nuevos negocios que se están creando, según detalla el estudio GEM 2014, para entender por qué la mayoría duran pocos años: prestan servicios a consumidores locales, la mitad no emplean a nadie más, 7 de cada 10 están en el sector servicios, 6 de cada 10 no innovan, 7 de cada 10 no tienen vocación internacional y la mayoría no aspiran a crecer.

Los autónomos que sobreviven tampoco lo tienen fácil. Por un lado, pierden más empleo que las empresas más grandes: de cada 100 autónomos dados de alta en 2007, 37 sobrevivían a los 5 años, pero sólo habían contratado a 26 personas, con lo que se mantenía el 63% del empleo inicial, según el estudio de la Fundación BBVA e Ivie. Y han sufrido más duramente la crisis, por la mayor caída de ventas, la alta morosidad y la falta de financiación: aún hoy, sólo un tercio de los autónomos piden dinero a los bancos (y se lo dan al 62%). Y declaran a Hacienda unos ingresos medios de 9.100 euros al año, que aunque en parte camuflen la realidad son la mitad de lo que declaran los asalariados (18.692 euros anuales). Tal es así que CCOO calcula que un 35,5% de los autónomos españoles están en el umbral de la pobreza.

Cobran menos y también cotizan menos a la Seguridad Social (un 80% en mínimos), con lo que reciben unas pensiones más bajas: 691,49 euros de jubilación en 2015, casi la mitad que un pensionista del régimen general (1.171 euros). Ante estas bajas pensiones, han caído los autónomos que se jubilan (sólo 3.063 en 2015) y retrasan su retirada lo más posible, mientras muchos de los que abandonan tampoco cobran el paro, ya que tienen que haber cotizado al desempleo al menos un año y cotizar 4 para cobrar un año de paro. Además, las Mutuas (que son las que pagan este paro) rechazan la mayoría de solicitudes.

Como se ve, ser autónomo no es ningún “chollo”, aunque sirva al Gobierno para bajar las cifras de paro y decir que ha creado mucho empleo. Pero sobre todo, un exceso de autónomos no nos ayuda a salir de la crisis. Porque uno de los problemas de fondo de España, ahora y en los años de bonanza, es su estructura empresarial: tenemos un exceso de autónomos y pymes y eso es negativo para el empleo, la productividad y el crecimiento, según los expertos. En total, de las 2.779.146 empresas censadas a 1 de enero de 2015, había 1.090.021 empresas con 1 a 9 trabajadores y 1.537.788 autónomos sin asalariados. En total, un 94,5% de microempresas (0-9 trabajadores), cuando en Europa son el 92,5% y en los países más competitivos, muchas menos: un 81,8% de micropymes en Alemania y un 89,4% en Reino Unido, aunque nos acercamos a Italia (94,4%) y Francia (93,9%), según datos de Eurostat. En empresas pequeñas (10-49 trabajadores) tenemos menos (5,4% España frente a 6,6% la UE-28, 8,7% Gran Bretaña y 15,1% Alemania) pero en empresas medianas (50-249 trabajadores) tenemos muchas menos: 0,7% del total en España frente al 1,1% UE-28, 2,6% en Alemania,1,5% en Gran Bretaña, 0,8% en Francia y 0,5% en Italia. Y donde hay una diferencia es en las grandes empresas (+250 trabajadores): en España son sólo el 0,1% del total (3.918 empresas en 2015), la quinta parte que en Alemania (un 0,5%, unas 9.000 empresas) y menos que Reino Unido (0,4%) y Francia (0,2%), aunque igual  que Italia (0,1%).

España es también diferente” en el tamaño de las empresas, con un exceso de “microempresas” y autónomos y pocas medianas y grandes empresas. Y por eso, hay demasiado empleo que depende de las microempresas: el 40,5% en España, frente al 29,5% en Europa (y sólo el 19,2% en las pymes alemanas y el 17,3% en las británicas). Un empleo muy inestable: todos los estudios revelan que las pymes han perdido más empleo en la crisis, porque son las menos productivas e innovadoras. De hecho, sólo el 42% de las microempresas (1-9 trabajadores) sobreviven a los 5 años, mientras lo logran el 54% de las empresas con más de 10 trabajadores y el 70% de las grandes empresas, según el estudio de la Fundación BBVA e Ivie. Las empresas medianas y grandes “viven más” porque son más productivas, porque aprovechan mejor las “economías de escala” (al producir más, les bajan los costes medios), emplean a trabajadores más formados, utilizan más capital, tienen mejor financiación, están mejor organizadas, innovan más y están más volcadas a la exportación que las pymes, según un completo estudio de la Caixa.

España es un país menos competitivo (estamos en puesto 13 del ranking europeo de productividad) por nuestra estructura económica pero también  porque tenemos más autónomos y micropymes: si nuestras empresas tuvieran un tamaño similar a las alemanas, nuestra productividad aumentaría un 13% sólo por eso. Y si nuestras empresas hubieran sido tan grandes como las de Gran Bretaña, se habrían salvado 500.000 empleos en esta crisis, según cálculos del Círculo de Empresarios. Así que el tamaño sí importa. Y mucho. Porque otro de los problema de fondo de España es que fabricamos en sectores con baja y mediana tecnología, ocupando el último lugar en el ranking europeo en sectores de tecnología alta y media-alta. Y precisamente, estos sectores de futuro suelen estar ligados a grandes empresas, que nosotros apenas tenemos. Y otro factor clave para crecer,la exportación, también está muy ligado al tamaño de las empresas: sólo exportan el 0,9% de las microempresas, frente al 44% de las pequeñas, el 79% de las medianas y el 88% de las grandes empresas.

Parece claro, con tantos datos abrumadores, que aumentar el tamaño de nuestras empresas es clave para el futuro, que no tiene sentido perseverar sin más en el “culto a lo pequeño”, hacer “demagogia” con emprendedores y pymes, como ha hecho Rajoy y la mayoría de los políticos. Es “un espejismo”. El objetivo debería ser, según el estudio de la Fundación BBVA e Ivie, promover que autónomos se conviertan en pymes, que pymes creen empresas medianas y que la fusión de negocios medianos aumente el número de grandes empresas. Ganar tamaño a todos los niveles. Es lo que pretende la iniciativa Proyecto Cre100do: ayudar a 100 empresas medianas de distintos sectores económicos a convertirse en grandes en cinco años.

El próximo Gobierno debería poner en marcha un Plan similar más ambicioso, para que las empresas españolas ganen tamaño, para reducir el “raquitismo empresarial. Porque no podemos competir en un mundo global  ni crear empleo suficiente cuando el 97,6% de nuestras empresas facturan menos de 2 millones de euros anuales y sólo hay 500 empresas que facturan más de 250 millones. Hay que ganar tamaño a todos los niveles, aumentando el número de medianas y grandes empresas, para que “tiren” de las pymes, dentro y fuera de España. Para ello, urge poner en marcha un Plan de ayudas fiscales y financieras que promuevan las fusiones de empresas, sector a sector.  Y revisar la normativa y las ayudas públicas, porque muchas perjudican a las empresas cuando ganan tamaño, exigiendo más controles y requisitos que les disuaden de crecer.

Hace falta un gran acuerdo político y social para conseguir empresas más grandes sin por ello abandonar a los emprendedores y las pymes. Crear una estructura empresarial más sólida, que compita mejor, innove, exporte y cree más empleo. Y eso pasa por tener más empresas grandes y medianas, menos autónomos y pymes. Porque el tamaño importa y mucho.

lunes, 2 de marzo de 2015

El tamaño importa: demasiadas pymes


En España hay una cierta “mística” de las pequeñas y medianas empresas: políticos y economistas presumen de defender a las pymes, asegurando que son la clave de la economía (y más en año electoral). Lo que no dicen es que en esto del tamaño de las empresas, España también “es diferente”: tenemos muchas más micropymes (0-9 empleados) que la mayoría de Europa y muchas menos empresas medianas y grandes. Y la consecuencia es que somos menos competitivos, porque las pymes son menos productivas, crean menos empleo estable, innovan y exportan menos y mueren antes que las empresas más grandes. Demostrado en esta crisis, donde las empresas medianas y grandes han aguantado mejor que las pequeñas y los autónomos. Por eso, si queremos competir mejor, crecer más y crear más empleo estable, hay que fomentar empresas de más tamaño, facilitando que las pequeñas y medianas empresas se fusionen y se hagan más grandes. Porque el tamaño importa y mucho.
enrique ortega

En medio de tanta propaganda sobre lo mucho que crece España, casi nadie habla de la necesidad de cambiar el modelo de crecimiento, para salir de la crisis de verdad. Porque hemos empezado a crecer gracias a un duro ajuste, en base a que las empresas despidan (3,3 millones ocupados menos que en 2008) y recorten salarios (entre un 10 y un 15%), mejorando así su competitividad dentro y fuera de España. Pero ahora, ¿cómo seguir creciendo y a la vez crear empleo y tener salarios dignos? Hay que producir más y mejor, mejorar la productividad de España, que ocupa el puesto 13 en el ranking europeo (UE-28). Ese es el gran reto del que no habla Rajoy (ni la oposición). Y eso obliga a cambiar de modelo de crecimiento, a crecer sobre la base de unas empresas más productivas, mejor organizadas, más innovadoras, más industriales y más internacionales. Y también, en base a unas empresas de mayor tamaño. Porque en economía, el tamaño sí importa.

España es un país de microempresas: empresas de menos de 9 trabajadores y autónomos (que llevan un par de años creciendo por el autoempleo de muchos parados). En total, de las 2.779.146 empresas censadas el 1 de enero de 2015, hay 1.090.021 empresas con 1 a 9 trabajadores y 1.537.788 autónomos sin asalariados. O sea, que el 94,5 % de las empresas españolas son microempresas (0-9 trabajadores), cuando en la UE-28 son el 92,1% y en los países más competitivos, muchas menos: un 81,8% de micropymes en Alemania y un 89,4% en Reino Unido, aunque se nos acercan Italia (94,4%) y Francia (93,9%), según datos de Eurostat. En empresas pequeñas (10-49 trabajadores) tenemos menos (5,4% España frente a 6,6% la UE, 8,7% Gran Bretaña y 15,1% Alemania). En medianas (50-249 trabajadores), tenemos muchas menos: 0,7% del total en España, frente a 1,1% en la UE, 2,6% en Alemania, 1,5% en Gran Bretaña, 0,8% en Francia y 0,5% en Italia. Pero donde hay más diferencia es en las grandes empresas (+250 trabajadores): en España sólo el 0,1% del total de empresas (3.918 empresas en 2015), la quinta parte que en Alemania (0,5%, unas 9.000 empresas) y menos que Reino Unido (0,4%) y Francia (0,2%), aunque igual que Italia (0,1%).

España es pues “diferente” en el tamaño de las empresas: el país europeo con menos peso de la gran empresa, con un enorme peso de las microempresas, quizás por falta de dinastías empresariales y por una iniciativa emprendedora muy ligada a los servicios y el turismo, no a la industria, más unida a la gran empresa y que ha perdido peso desde los años 80. El caso es que las microempresas son en general menos productivas, crean menos valor añadido y menos empleo estable. De hecho, si España hubiera tenido empresas del mismo tamaño que Gran Bretaña, se hubieran salvado del paro 500.000 empleos en esta crisis, según cálculos del Círculo de Empresarios. Y si tuviéramos la misma estructura empresarial de Alemania (más empresas grandes y medianas, menos microempresas), la productividad de nuestra economía sería un 13% mayor. O sea, produciríamos un 13% más sólo por eso.

Las empresas grandes son las que mejor han aguantado la crisis, según un estudio de la Fundación BBVA-Ivie. Han perdido menos negocio (-13% de caída de ventas) que las microempresas (-20%) y pequeñas (-25%) y también menos empleo: incluso hay 1,2 millones de trabajadores más en las grandes empresas que antes de la crisis, según la CEOE, mientras se ha destruido empleo en las pymes (más en las medianas y pequeñas que en las microempresas). Y en 2014, el empleo en grandes empresas creció casi el doble que en las pymes (+3,96% frente al 1,63%).

Esto se debe a que las pymes tienen más “mortalidad” que las grandes empresas: se crean muchas microempresas y autónomos (el 75% de las nuevas empresas es autoempleo), pero la mayoría no cuajan. Así, sólo el 39% de autónomos sobrevive a los cinco años y un 42% de las microempresas (1-9 trabajadores), mientras lo logran un 54% de las empresas con más de 10 trabajadores, según BBVA-Ivie. Y sólo el 14% de las microempresas cumplen 20 años, mientras lo hacen el 43% de las empresas con más de 20 empleados, según datos del DIRCE.

Las empresas medianas y grandes “viven más porque son más productivas. La productividad por empleado de la gran empresa industrial fue de 77.077 euros en 2013, según el INE, el triple que las microempresas (27.099 euros). Y si España tiene menos productividad que Alemania, Reino Unido, Francia o Italia, se debe sobre todo a que nuestras pymes son menos productivas, ya que en la gran empresa no hay tanta diferencia (incluso algunas grandes empresas españolas son más productivas que las alemanas, según un estudio de la Caixa). Las grandes empresas son más productivas que las pymes porque aprovechan economías de escala (al fabricar más, les bajan los costes medios), emplean a trabajadores más formados y utilizan más capital, se financian mejor, están mejor organizados, innovan más y están más volcadas en la exportación que las pymes.

La tecnología es un factor clave para mejorar la productividad. Y España fabrica en sectores con baja y mediana tecnología, ocupando el último lugar entre los grandes países europeos en sectores de media-alta y alta tecnología, que suelen estar ligados a grandes empresas industriales, con poco peso en España. El exceso de microempresas, que apenas invierten en innovación y tecnología, también explica el retraso tecnológico de España (junto a los recortes públicos en I+D+i).  Y el tamaño también tiene mucho que ver con la financiación: las pymes tienen menos acceso al crédito y les sale más caro (una pyme española paga un 2% de interés más por un crédito que una alemana, mientras una gran empresa sólo un 0,87% más), además de exigirles más garantías para prestarles. Por último, el tamaño tiene mucho que ver con exportar, un factor clave para sobrevivir: sólo exportan un 0,9% de las microempresas, frente al 44% de las pequeñas, el 79% de las medianas y el 88% de las grandes. Y la mitad de toda la exportación española se concentra en 222 grandes empresas.

Parece claro, con tantos datos abrumadores, que el tamaño importa y mucho. “Lo pequeño es bello” , pero mejor nos iría si tuviéramos más medianas y grandes empresas, que producirían más, serían más competitivas, más innovadoras, exportarían más y, sobre todo, crearían empleos más estables ante futuras crisis (que volverán). Por eso, España debería fomentar la fusión de empresas, de las pequeñas para convertirse en medianas y de las medianas para que se hagan grandes. Es lo que pretende una iniciativa muy interesante, el proyecto Cre100do, impulsado por el Icex, Círculo de Empresarios y Bankinter: ayudar a 100 empresas medianas de distintos sectores a convertirse en grandes en un plazo de cinco años.

El Gobierno debería poner en marcha un Plan similar más ambicioso, para que las empresas españolas ganen tamaño, para reducir el raquitismo empresarial. Porque no podemos competir ni crear empleo suficiente cuando el 97,6% de nuestras empresas facturan menos de 2 millones de euros y sólo 500 empresas facturan más de 250 millones. Hay que ganar tamaño, aumentar el número de empresas medianas y grandes, que además van a ser el motor de despegue de las pymes, “tirando” de ellas dentro y fuera de España.

Para conseguirlo, el Gobierno debería poner en marcha un Plan de ayudas fiscales y financieras a las fusiones de empresas, sector a sector. Y revisar el plan de ayudas públicas vigente, porque muchas se pierden cuando las empresas dejan de ser pequeñas o medianas (al tener más de 50 o 250 empleados, por ejemplo). Y también a nivel fiscal: muchas empresas no quieren crecer de tamaño, porque temen que Hacienda les vigile más. Y lo mismo pasa a nivel sindical: las empresas de más de 50 trabajadores están obligadas a tener Comité de empresa y liberados sindicales. Todo esto hay que revisarlo, con un gran acuerdo político, económico y laboral que tenga un solo objetivo: conseguir empresas más grandes. Dejar de hacer demagogia con las pymes y los emprendedores y apostar más por la mediana y gran empresa, que son las que mejor pueden asegurarnos el crecimiento y el empleo futuros. Y bajo su paraguas, fortalecido, crecerán también más las pymes. Lo dicho, el tamaño importa.