Tras la grave crisis de la pandemia (2020), las empresas reanimaron sus ventas, márgenes y beneficios entre 2021 y 2025, cinco años de buenos resultados empresariales, a pesar de los altibajos por la guerra de Ucrania y el conflicto en Oriente Medio. En España, el margen bruto sobre ventas ha sido del 13,9% en 2025, según el Observatorio de Márgenes Empresariales (OME), siendo el beneficio bruto mucho mayor en inmobiliarias (29%), energía (28%) y hostelería (17% de margen bruto). Y otro dato: el beneficio neto de las 35 empresas del IBEX superó ligeramente los 70.000 millones de euros en 2025, más del doble de los 31.489 millones que ganaron en 2019, según sus propios balances.
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jueves, 28 de mayo de 2026
Dividendos y recompras: beneficios diferidos
Las empresas españolas llevan 5 años con un
aumento histórico de ventas, márgenes y beneficios, pero eso no
se traduce en un aumento de la inversión privada, que todavía está por debajo
de 2019. Lo que está pasando es que las grandes empresas y bancos desvían
más de la mitad de sus beneficios a sus accionistas por dos vías: unos dividendos
récord y un aumento de las recompras de acciones propias, una nueva
vía para hacer subir la cotización de las acciones y así aumentar lo que cobran
los grandes ejecutivos de bancos y tecnológicas. La recompra de acciones era
una fórmula muy usada en EEUU, pero tras la pandemia se ha generalizado en
Europa y también en España: aquí, en el primer trimestre de 2026, estas
recompras se han multiplicado por 6. Parece un tema “técnico”,
pero el problema nos atañe porque muchas empresas especulan con sus acciones y no
invierten lo que deben en sus negocios, su capital y sus empleados
(sueldos y formación), en perjuicio de todos. Recompra acciones propias en Bolsa: otra forma de diferir beneficios
Tras la grave crisis de la pandemia (2020), las empresas reanimaron sus ventas, márgenes y beneficios entre 2021 y 2025, cinco años de buenos resultados empresariales, a pesar de los altibajos por la guerra de Ucrania y el conflicto en Oriente Medio. En España, el margen bruto sobre ventas ha sido del 13,9% en 2025, según el Observatorio de Márgenes Empresariales (OME), siendo el beneficio bruto mucho mayor en inmobiliarias (29%), energía (28%) y hostelería (17% de margen bruto). Y otro dato: el beneficio neto de las 35 empresas del IBEX superó ligeramente los 70.000 millones de euros en 2025, más del doble de los 31.489 millones que ganaron en 2019, según sus propios balances.
¿Qué han hecho las empresas con estos beneficios?
Pues más de la mitad de estas ganancias las han repartido entre sus
accionistas, por dos vías: reparto de dividendos y recompra de
acciones propias. El reparto de dividendos, un pago anual
(dos veces al año) por cada acción, se disparó después de la pandemia, tras prohibir
el BCE repartir dividendo a los bancos europeos en 2020. En
Europa, las 600 grandes empresas del STOXX 600 repartieron 437.000
millones de euros en dividendos a sus accionistas en 2025, cifra que subirá
a 454.000 millones en 2026 (+4%). Pero en España, el pago por dividendos
creció mucho más (+128% entre 2020 y 2025), saltando de los 20.500
millones en 2021 a 41.503
millones en 2025. Y a esos pagos, las empresas cotizadas españolas han
destinado 155.596 millones de euros en los últimos 5 años (2021 a
2025), una cifra récord. Y este
año 2026, las empresas repartirán 25.848 millones de euros hasta junio (+17%,
cuatro veces más que en Europa).
La otra vía para “diferir” beneficios, menos
conocida, es la
recompra de acciones propias: las grandes empresas y bancos
recompran con sus beneficios una parte de sus acciones y las amortizan, es
decir, desaparecen de los balances. Consecuencia: se reduce el
número de acciones en circulación, lo que en principio aumenta su valor.
Las empresas recompran acciones como una
vía para reanimar la cotización
de las acciones, cuando creen que están infravaloradas: al
haber menos y mantenerse el valor de las empresas, debían subir. Pero la recompra
de acciones propias tiene otra justificación menos explícita: la mayoría
de los ejecutivos de las grandes empresas tienen una parte de su sueldo
ligado a la cotización de las acciones (cobran en “stock options”,
en opciones sobre acciones) y por eso su principal objetivo de gestión es conseguir que las
acciones suban (como sea). Además, una tercera razón es que los
accionistas no pagan impuestos con la recompra de acciones (sólo
si las venden, por la plusvalía), mientras si pagan impuestos por los dividendos.
La recompra de acciones tiene
una larga trayectoria en EEUU, desde 1982, cuando se aprobó un marco
normativo y fiscal favorable, que apoyaba una cultura empresarial centrada en
el valor de las acciones. Pero en Europa, la tradición eran los
dividendos y las recompras están sujetas a un marco normativo de la UE
sobre abusos de mercado (que impone límites al volumen y al precio) y se exige que
las aprueben las Juntas de Accionistas. Sin embargo, tras la pandemia, las
recompras de acciones propias también se han disparado en Europa.
En conjunto, en todo el mundo, las recompras de acciones batieron
récords en 2025: 1,46 billones de dólares en 2025, según
Capital Group. Y las ejecutaron más de la mitad de las grandes compañías
del mundo (el 52%), frente al 36% hace una década. EEUU concentra el 71%
de las recompras mundiales de acciones propias, mientras Europa
representa sólo el 10,8% de las recompras mundiales, ganando peso en
Japón (recompraron acciones el 48% de las empresas en 2025). El
protagonismo de estas recompras lo tienen los bancos y empresas
financieras (el 26%), el sector tecnológico (el 21%: Apple ha
destinado 440.000 millones de dólares a recomprar acciones propias en la última
década), la energía, el sector de medios de comunicación y los grandes
del sector minorista de la alimentación.
En Europa, aunque las recompras van muy por detrás a
las de EEUU, el salto ha sido espectacular: 182.000
millones de euros gastados por
las empresas en recomprar acciones propias en 2025, más del doble que hace 10
años (75.200 millones en 2015) y un 67% más que antes de la pandemia (109.000
millones en 2019). Entre las grandes
empresas con más recompras en 2025 destaca la suiza Novartis (9.702
millones), seguida de las francesas Prosus (9.121 millones), Total Energies
(7.030) o ASML (4.100 millones), la noruega Equinor (5.506 millones), la
británica HSBC (5.297), el banco holandés ING (4.321 millones) o el Banco de
Santander (4.073 millones), Barclays (3.859) y UBS (3.855). Algunos estiman
que los bancos europeos han recomprado un 4% de sus acciones desde 2022. Y casi
la mitad (el 44%) de las empresas europeas cotizadas
en Bolsa recompraron acciones en 2025.
España se ha sumado tarde a esta “moda” de la
recompra de acciones, pero con mucha fuerza, empujada por los bancos y las
grandes empresas. En 2025, la recompra se hizo por un importe de 12.502
millones de euros, tras una cifra superior en 2024 (15.588 millones) y 2023
(13.415 millones). Pero este
año 2026, la recompra de acciones en España se ha multiplicado
por 6 en el primer trimestre, superando los 10.000 millones de
euros. El Banco
de Santander ha puesto en marcha dos programas para recomprar 10.000
millones en acciones entre 2025 y 2026. Y BBVA
lleva más de 10.000 millones en recompra de acciones entre 2021 y 2026,
mientras CaixaBank ha lanzado un nuevo programa de recompra por 500 millones de
euros. Y del resto del IBEX 35, la mayoría tienen un programa de
recompra este año: ACS (980 millones), Cellnex (800), Ferrovial (600), Endesa
(517), IAG (500), Repsol (300), Iberdrola (200), Inditex (180), Viscofan (150)…
Recompras que se suman a los dividendos.
La Comisión del Mercado de Valores (CNMV) ya criticó
en 2023 las recompras de acciones, alertando de que las empresas
y los bancos no están sobrados de capital y por eso no deberían reducirlo
amortizando acciones, porque eso tiene implicaciones estratégicas para los sectores y la economía,
recomendándoles “reforzar sus recursos propios a medio plazo si quieren
seguir competiendo, crecer, competir internacionalmente y transformarse con
éxito frente a una transición digital y económica que exige inversiones
cuantiosas”. Y además, la
CNMV niega que la recompra de acciones cree valor para
los accionistas a medio plazo, porque las acciones suben al principio,
pero siguen cotizando igual después.
Otros expertos critican
también las recompras exageradas
de acciones propias, sobre todo en EEUU (en 2021, las 500 grandes
empresas del S&P500 destinaron 880.000 millones de dólares a recomprar
acciones propias), propiciadas por los grandes ejecutivos de las
tecnológicas y los bancos, que buscan sostenerse en el poder (y hacerse
multimillonarios) a costa de impulsar como sea el precio de la acción,
aunque sea restando
recursos para promover inversiones y programas estratégicos en sus
compañías (y a veces, a costa de recortes drásticos de plantillas para hacer
subir las acciones). Así, Apple, por ejemplo, aumentó un +107% su beneficio
neto entre 2017 y 2021, pero disparó +176% su beneficio por acción. Y los grandes
accionistas (ellos mismos muchas veces) se llevan así una parte diferida de
los beneficios sin pagar impuestos (hasta que no vendan).
El problema de fondo es que las empresas difieren más
de la mitad de sus beneficios a dividendos y recompra de acciones propias en
lugar de a invertir y fortalecer sus negocios. En España, los
datos son claros: en los últimos 3 años, las empresas
cotizadas han destinado 6 veces más a pagar dividendos y recompras que a
adquirir otras empresas o fusionarse. Así, en 2023,2024 y 2025, las
empresas cotizadas han destinado 150.601 millones de euros al pago de
dividendos (109.096 millones) y a la recompra de acciones propias (41.105
millones), mientras sólo destinaron 25.844 millones a financiar compras y
fusiones. A lo claro: su prioridad ha sido mejorar la cotización en
Bolsa y retribuir más a los accionistas (a los dueños, sobre todo) que invertir
y construir unas empresas más grandes y competitivas. Y la estrategia
sigue en 2026: el primer trimestre, las cotizadas españolas gastaron 21.000 millones de sus beneficios en dividendos (12.500
millones) y recompra de acciones propias (8.500 millones), frente a
7.350 millones destinados a adquisiciones, según London Exchange Group.
Este mismo problema sucede en Europa y explica
parte de su atraso inversor: en 2026 se esperan “salidas
de caja” por importe de 1,5 billones de euros, de los que el 23%
irán a pagar dividendos (345.000 millones) y otro 9% a financiar recompras de
acciones propias (135.000 millones más), destinando sólo el 11% a
adquisiciones de empresas (165.000 millones), que son escasas y se
circunscriben a compras de participaciones en mercados donde ya están
presentes. Y por todo esto, sólo destinan el 56% de su flujo financiero a
inversiones orgánicas, I+D, innovación y tecnología. Ante este parón inversor
en Europa, la Comisión
Europea quiere facilitar las
fusiones en Europa, para que las grandes empresas destinen sus
beneficios no a retribuir a los accionistas (a sí mismos) sino a crear “grandes
campeones europeos”, multinacionales UE que puedan competir con USA y China.
En el caso de España, el exceso de dividendos y
recompra de acciones choca con un problema grave que arrastramos tras la
pandemia: el escaso crecimiento de la inversión, uno de los tres
motores del crecimiento y el empleo (junto al consumo y las exportaciones). La inversión
total lleva 5 años recuperándose en España,
pero es por la inversión pública (ha subido un +51,7% en 2025
respecto a 2019, básicamente por el oxígeno de los Fondos Europeos), ya que la
inversión privada sigue por debajo que antes de la pandemia (-3,3 %
que en 2019), según
este estudio de Funcas. Y por supuesto, la inversión privada sigue
todavía en España por debajo de los niveles de 2007, antes de la crisis
financiera.
En resumen, nos encontramos con un panorama donde ganan
mucho las grandes empresas y los bancos (10.815 millones los 6
grandes en el primer trimestre,+27%), pero que no destinan esos mayores
recursos a invertir en proyectos de futuro (la inversión privada sigue
por debajo a la de 2019) y a afrontar un crecimiento interno y una mayor
competitividad, sino que destinan cada vez más beneficios a retribuir a sus
accionistas (y a ellos mismos) por la doble vía de unos dividendos crecientes y
la recompra de acciones propias. Se dedican más a especular con las acciones
que a buscar fusiones, acuerdos e inversiones para dar un salto estratégico que
les favorecería a ellos y al país. Son empresas, en España, en Europa y en
el mundo, que se
dedican a “la ingeniería financiera y bursátil” antes que a invertir
en sus negocios, balances (mejora de capital) y trabajadores (salarios,
formación y empleo). Como se ve, no estamos ante una cuestión “técnica”
sino estratégica y de justicia social: destinar los beneficios a
crecer y crear más riqueza y empleo, no a que haya más multimillonarios.
Tras la grave crisis de la pandemia (2020), las empresas reanimaron sus ventas, márgenes y beneficios entre 2021 y 2025, cinco años de buenos resultados empresariales, a pesar de los altibajos por la guerra de Ucrania y el conflicto en Oriente Medio. En España, el margen bruto sobre ventas ha sido del 13,9% en 2025, según el Observatorio de Márgenes Empresariales (OME), siendo el beneficio bruto mucho mayor en inmobiliarias (29%), energía (28%) y hostelería (17% de margen bruto). Y otro dato: el beneficio neto de las 35 empresas del IBEX superó ligeramente los 70.000 millones de euros en 2025, más del doble de los 31.489 millones que ganaron en 2019, según sus propios balances.
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jueves, 8 de enero de 2026
Más control de Bizum y tarjetas
Desde el 1 de enero, Hacienda obliga a los bancos a
enviarle un listado mensual de los movimientos de Bizum que hagan
profesionales y empresas (no los particulares), para controlar
pagos que pretendan evadir al Fisco. Y también están obligados a informar de
las tarjetas de crédito cuyos movimientos superen los 25.000 euros anuales,
para cotejarlas con los ingresos que declaran sus propietarios. Se trata de
medidas para controlar mejor los pagos que se hacen por Bizum y
tarjetas, que se han multiplicado en los últimos años frente a los pagos en
efectivo y las transferencias. Entre tanto, los bancos de España y otros 15 paises
trabajan para crear un Bizum europeo que empezaría a funcionar entre verano
y Navidad de este año 2026, revolucionando los pagos internacionales. Y el BCE
trabaja en crear el “euro digital”, que será realidad a partir de
2029, mientras China opera con el yuan digital desde 2020 y USA apuesta
por las criptomonedas. Entre tanto, los pagos en metálico pierden peso. Enrique Ortega
La forma de comprar y pagar ha cambiado radicalmente, más en los últimos 5 años que en los 50 años anteriores, según VISA, con un mayor protagonismo de los pagos digitales (sin movimiento de efectivo), que se han duplicado desde 2022. Y la consultora PwC prevé que para 2030, los pagos electrónicos se tripliquen en el mundo, hasta superar los 3 millones de operaciones. En España, sólo el 57% de los consumidores siguen usando el dinero en efectivo para pagar sus compras, mientras un 27% utiliza sus tarjetas y un 15% paga con sus móviles, según un reciente informe del Banco de España e Ipsos. Y respecto a los pagos entre particulares, el 57% se hacen en efectivo, pero un 37% se hacen ya por Bizum, un 2% por transferencia bancaria y un 1% por otros medios de pago.
El uso de dinero en efectivo es cada vez menor entre
los más jóvenes y es todavía mayoritario entre los mayores de 45 años, según
el Banco de España. Así, los jóvenes de 18 a 24 años pagan
mayoritariamente por móvil (39% compras), seguido del pago en efectivo (32%) y
con tarjeta (28%), mientras los mayores de 45 años pagan
mayoritariamente en efectivo (el 58% entre 45 y 54 años, el 66% entre 55 y 64
años y el 79% los mayores de 65 años), seguido de los pagos con tarjeta (del 32
al 19%) y con poco peso de los pagos por móvil (del 10 al 2%). Pagan más en
efectivo los hombres (61% compras) que las mujeres (54%) y los
que tienen menos estudios (77% de las compras entre los que tienen sólo
estudios básicos, 53% con estudios medios y sólo el 39% de las compras quienes
tienen estudios superiores).
Con todo, los españoles somos los europeos que
más preferimos pagar con dinero en efectivo, un 26,40% (30,2% los jóvenes),
frente al 21,90% de preferencia en todos los paises de la zona euro, aportando
menos por los pagos con tarjeta (el 48,79% en España frente al 54,82% en la
zona euro) y con un porcentaje similar entre los que no tienen preferencia por ninguno
de estos dos sistemas de pago (23,51% en España frente al 22,85% en la zona
euro), según
el informe SPACE del BCE, que también revela que dos tercios de españoles
(63%) y europeos consideran importante mantener el efectivo como medio de pago
en el futuro.
La realidad es que se imponen los pagos digitales, sobre
todo por tarjeta y móvil, mientras bajan los pagos en efectivo. Los datos revelan
un salto tremendo en el número de tarjetas en circulación, que ya rondan los
100 millones en España. Las tarjetas de crédito han pasado de 16,06
millones en el año 2000 a 44,82 millones en 2008 y un máximo de 52,35 millones
en 2017, para bajar después a 37,25 millones en 2019 y 43,10 millones en 2024, según
el Banco de España. Y las tarjetas de débito han pasado de 29,74
millones en el año 2000 a 31,57 millones en 2008, 48,35 millones en 2019 y
51,42 millones en 2024. En conjunto, había 94,52 millones de tarjetas en 2024 y
95,43 millones en septiembre de 2025, casi 2 tarjetas por habitante (y casi
3 tarjetas por adulto).
En contrapartida, los españoles utilizamos menos el
cajero y sacamos menos dinero en efectivo, según
los datos del Banco de España: en el año 2002, se hicieron 899
millones de operaciones en cajeros, por
un importe de 82.024 millones de euros, un importe que marcó un máximo en 2019
(125.188 millones retirados en 908 millones de operaciones) para estancarse
después en 127.485 millones retirados en 2024 (en 683 millones de
operaciones). En contrapartida, los pagos con tarjeta en comercios (a
través de TPV) se han disparado en este siglo, según
el Banco de España: de los 46.828 millones pagados por TPV en 2002 (en 991
millones de operaciones) se pasó a 94.414 millones pagados en 2008, a 161.343
millones pagados en 2019 (en 4,536 millones de operaciones) y 271.528 millones
pagados por TPV en 2024 (en 9.208 millones de operaciones). Así que los pagos
por tarjeta (o móvil) se han triplicado desde 2008, mientras las operaciones se
cuadruplicaron. Y este
año 2025, ya se han pagado en TPV de comercios 210.700 millones de enero a septiembre, otro
récord.
Y queda hablar de otro sistema de pago electrónico que bate
todos los récords: el pago por Bizum:
se lanzó en 2016 y ya tiene casi 30 millones de usuarios en España, que
han realizado 4.210 millones de
operaciones. Es el sistema de pago que más utilizan el 80% de los jóvenes y se
puede pagar con Bizum en 90.000 comercios españoles.
El auge de los pagos digitales por tarjeta, móvil o
Bizum preocupa a Hacienda, porque puede ser una vía de pagos que esconden
ingresos y evaden impuestos, básicamente el IVA. Por eso, el Gobierno
aprobó el 1 de abril de 2025 el
Real Decreto 253/2025 (BOE 2 abril) por el que se modifican las
obligaciones de información de los bancos sobre tarjetas y Bizum de sus
clientes, un cambio que ha entrado en vigor el 1 de enero de 2026.
La nueva norma tiene dos partes. Una afecta a las operaciones
hechas a través de Bizum: se obliga a los bancos a informar
mensualmente a la Agencia Tributaria de la facturación acumulada cada mes y realizada a través de Bizum por empresarios
y profesionales. Así, en febrero, los bancos deberán informar ya de las operaciones
realizadas este mes de enero de 2026, detallando el importe mensual facturado
(no operación a operación) e identificando la cuenta bancaria a través de la
que se efectuaron los pagos. Ante los bulos de que el Fisco iba a
controlar todos los Bizum, Hacienda
ha publicado una nota donde aclara que los bancos no deben informar
de los Bizum entre particulares, sólo los de profesionales y empresas. Se
pretende así evitar que un fontanero, por ejemplo, cobre un servicio por Bizum
y trate así de esconder este ingreso (y el IVA).
La otra parte de la norma afecta a las tarjetas de crédito
y débito: se obliga ahora a los bancos a informar anualmente a
Hacienda sobre todas las
tarjetas cuyos movimientos superen los 25.000 euros al año, ya sea
en gasto total (suma de pagos en comercio o retirada de efectivo) o en abonos
totales (dinero recibido en la tarjeta por devoluciones y cargos). Así,
Hacienda controlará a los que gasten más de esos 25.000 euros al año, porque el
banco estará obligado a informar de que es el titular de esa tarjeta y del
gasto que ha realizado. El objetivo no es recaudar por este gasto, sino tener
el dato para contrastarlo con los ingresos declarados. Así, si
alguien gasta mucho más de lo que dice ingresar, el dato le salta a Hacienda y
puede investigarlo fiscalmente.
Aunque el Decreto habla sólo de tarjetas y cobros
profesionales a través de Bizum, hay que recordar que sigue
vigente otro control, el de transferencias: los bancos deben
reportar movimientos sospechosos o superiores a 10.000 euros y préstamos
superiores a 6.000 euros (según el modificado artículo 38 del Decreto Ley).
Esta es una vía para evitar fraudes, como que un padre haga una transferencia a
su hijo para pagar un coche o la entrada de un piso, que deben formalizarse
como donación o como crédito entre particulares para evitar una sanción de Hacienda.
En definitiva, Hacienda trata con estos cambios de controlar
mejor los pagos por tarjeta o móvil, para reducir el fraude facilitado
por las nuevas formas de pago, básicamente de empresas y profesionales, porque
no afecta a los particulares (salvo que controlarán más a los que gasten en
tarjetas más de lo que teóricamente ganan). Pero en el futuro, los pagos
digitales irán en aumento y con ello las nuevas formas de fraude. En un
futuro, ganarán peso las nuevas tarjetas sin banda magnética (gracias
a la tokenización,
un código aleatorio que sustituye al PIN y reduce el fraude), la
autentificación biométrica, el monedero digital, las divisas digitales o el
open banking (abrir los sistemas financieros a terceros).
Ahora, lo más inmediato va a ser la
creación del Bizum europeo, un sistema de pago en todo el continente que
están ultimando los grandes bancos europeos. El actual Bizum es un
sistema de pago promovido por España, Andorra, Portugal e Italia, al que se
han sumado en una segunda fase Grecia, Polonia, Noruega, Suecia, Dinamarca
y Finlandia. Y esta plataforma trabaja ahora con la iniciativa EPI, integrada
por Francia, Alemania, Bélgica, Paises Bajos y Luxemburgo, para alumbrar un
Bizum europeo, promovido por los bancos de estos 16 paises y que permitirá
el pago por móvil a 390 millones de europeos. La
idea es lanzarlo en el tercer trimestre de 2026, y si se retrasa, en las
próximas Navidades. Primero para los pagos entre particulares y después para
compras online (en 2027) y para pagar con el móvil en comercios físicos (para 2028).
Este Bizum europeo será una revolución total para los
pagos entre particulares y en comercios online y físicos, facilitando y
disparando las operaciones en el continente. Y se adelanta al lanzamiento
del euro digital, que va muy retrasado y que el
BCE prevé lanzar “a partir de 2029”, con el objetivo de facilitar
los pagos en la zona euro (a falta de una verdadera unión financiera, todavía
pendiente), algo que permitirá una mayor autonomía estratégica de Europa
frente a la dependencia actual de los medios de pago USA (Visa y MasterCard).
Este euro digital (emitido por el BCE) debería reforzar la unidad
financiera y económica de Europa, potenciando la competencia e innovación,
aunque tiene también riesgos de ciberseguridad, privacidad de las operaciones y estabilidad financiera.
Pero Europa también va retrasada en la digitalización del
euro, porque hay
ya 60 paises del resto del mundo que se encuentran muy avanzados en la
digitalización de sus monedas, desde China, India o Japón a Reino Unido,
Canadá, Corea del Sur, Brasil o Emiratos Árabes. La llegada de Trump a la Casa
Blanca ha
prohibido el desarrollo del dólar digital para promover como
alternativa las criptomonedas, el gran objetivo de los magnates
tecnológicos y del nuevo poder en USA. Mientras, China
está en cabeza de esta digitalización
monetaria: ya en 2020 lanzó a prueba el “yuan digital”,
respaldado por el Estado, y en 2025 ha creado en Shanghái un Centro de
operaciones internacionales para los pagos digitales que ya realiza pagos con
Singapur, Tailandia, Hong-Kong, Emiratos y Arabia Saudí. Un intento de que el “yuan
digital” sea una verdadera alternativa al dólar en Asia.
En resumen, los pagos digitales tienen una gran peso
en España y en el mundo y cobrarán más importancia en el futuro, donde será
algo raro pagar con monedas y billetes. Eso facilitará
las compras y transacciones, tanto dentro de Europa como en el
resto del mundo, en beneficio de la economía, empresas y consumidores. Pero también
hay riesgos, no sólo de ciberseguridad sino de evasión fiscal, de
que muchos utilicen la tecnología para evadir impuestos (más de lo mucho que ya
evaden). En España, Hacienda
intenta ahora un mayor control de los pagos por tarjeta y Bizum, para evitar
fraudes e impago de impuestos. A muchos no les gusta este mayor control, pero
se hace para controlar a los que defraudan, no a los que hacen un Bizum a un
hijo o a un amigo o a los que pagan con tarjetas sus compras. Más control no
es más “vigilancia”, debería ser menos fraude y más recaudación.
La forma de comprar y pagar ha cambiado radicalmente, más en los últimos 5 años que en los 50 años anteriores, según VISA, con un mayor protagonismo de los pagos digitales (sin movimiento de efectivo), que se han duplicado desde 2022. Y la consultora PwC prevé que para 2030, los pagos electrónicos se tripliquen en el mundo, hasta superar los 3 millones de operaciones. En España, sólo el 57% de los consumidores siguen usando el dinero en efectivo para pagar sus compras, mientras un 27% utiliza sus tarjetas y un 15% paga con sus móviles, según un reciente informe del Banco de España e Ipsos. Y respecto a los pagos entre particulares, el 57% se hacen en efectivo, pero un 37% se hacen ya por Bizum, un 2% por transferencia bancaria y un 1% por otros medios de pago.
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lunes, 10 de marzo de 2025
6ª bajada tipos, pero hipotecas más costosas
El Banco Central Europeo (BCE) bajó el jueves los tipos
de interés oficiales (-0,25%), por 6ª vez en los últimos nueve
meses, tras haberlos subido 10 veces antes, entre 2022 y 2023.
Ahora, el BCE podría darse una tregua en las bajadas, por temor a un
repunte de la inflación tras los aranceles de Trump. Con todo, el Euribor
bajó al 2,40% en febrero y eso abarata la cuota de las hipotecas que
se revisen los próximos meses. Pero ojo: la bajada de tipos no abarata
las nuevas hipotecas, porque el precio de los pisos se ha disparado
y eso provoca que la cuota a pagar ahora sea más alta en muchas ciudades.
Y los precios seguirán subiendo, porque hay poca oferta y resulta más barato
pagar una hipoteca que un alquiler en las grandes ciudades (para los que
tengan ahorros y un salario suficiente, no para jóvenes y familias vulnerables).
Por mucho que bajen los tipos, si no se promueven más viviendas, las
hipotecas serán prohibitivas. Enrique Ortega
Como se esperaba, el Banco Central Europeo (BCE) bajó el jueves los tipos de interés oficiales, otro -0,25%, la 6ª bajada del precio oficial del dinero en los últimos meses (junio, septiembre, octubre y diciembre de 2024, enero y marzo de 2025), dejándolos en el 2,50%, el tipo en que estaban en diciembre de 2022 y a finales de 2008. Con ello, el BCE desanda parcialmente el camino de las 10 subidas de tipos aprobadas entre julio de 2022 y septiembre de 2023, cuando disparó el precio del dinero del 0 al 4,5%.
Con esta 6ª bajada de tipos, el BCE se distancia de la
Reserva Federal USA, que sólo ha aprobado 3 bajadas de tipos en
los últimos meses (septiembre, noviembre y diciembre de 2024) y que decidió
no bajarlos el 29 de enero, a la vista de la amenaza de aranceles de
Trump, aunque los había subido antes que Europa (en marzo de 2022), más
veces (11 subidas de tipos entre 2022 y 2024) y los mantiene en
un nivel más elevado (4,50%, frente al 2,5% el BCE). Y también se distancia
del Banco de Inglaterra, que sólo ha aprobado 3 bajadas de tipos
en los últimos meses (agosto y noviembre 2024 y febrero
2025), tras 14 subidas de tipos entre 2021 y 2024 y que también tiene
el dinero más caro que Europa: 4,25%.
El BCE ha bajado más veces y más los
tipos en los últimos meses (-1,50%) que EEUU (-1%) y Reino Unido (-0,75%)
porque
la economía europea está estancada y crece mucho menos y los
tipos altos no ayudan sino que perjudican la recuperación. En 2024, la
zona euro apenas creció un +0,7% (frente al +2,7% que creció USA
y el +1% el Reino Unido), mientras Alemania seguía en recesión (-0,2%
caía su PIB) y apenas crecían Francia (+1,1%) e Italia (+0,5%), sólo España
(+3,2%), según Eurostat. Y el panorama para 2025 no es muy halagüeño, según
el propio BCE, que ha rebajado la previsión de crecimiento de la
zona euro (+0,9% frente al +1,1% que esperaban crecer hace unos meses). Así
que necesitaban bajar los tipos en marzo, para no hundir
más la economía europea.
Y se podía hacer, porque la inflación en Europa está
medianamente controlada: ha bajado al 2,4% en la zona euro en
febrero, tras 4 meses antes de subidas (desde el 1,7% de septiembre al 2,5%
de enero). Ahora, el BCE espera que la inflación de la zona euro siga
estable y acabe el año en el 2,3%, algo más de lo previsto hace unos
meses (2,1%), pero en un nivel asumible, para poder bajar del 2% (su
gran objetivo) en 2026.
Con este panorama, la estrategia del BCE era seguir
bajando los tipos en 2025, al menos otras dos veces más, hasta acabar el año en
el 2%, para no entorpecer el bajo crecimiento europeo. Pero Trump ha
trastocado esta estrategia y el BCE ya ha anticipado que podría
darse una tregua en las bajadas y no aprobar otro recorte en su
próxima reunión, el 17 de abril. El temor es que la amenaza de aranceles
de Trump a Europa (a partir del
2 de abril) dispare la inflación en los próximos meses, no sólo en la UE sino
en el resto del mundo, por la generalización de aranceles. Y que este proteccionismo
provoque una recesión en Europa. Así que el BCE se coloca en posición de “esperar
y ver” antes de aprobar nuevas bajadas.
Este complicado panorama económico internacional
podría frenar la bajada de tipos no sólo en Europa, sino también en EEUU y el
resto del mundo, afectando negativamente a las empresas y a las familias, a la inversión,
el consumo y el crecimiento. Y podría frenar la caída del Euribor, que ya ha bajado
mucho en los últimos meses: ha caído del 4,16% en octubre de 2024 (tipo más
elevado en los últimos 4 años) al 2,40% con que cerró febrero de 2025. Y
algunos expertos creen que bajará al 2,2% en verano y rozará el 2% a fin de
año.
Todo va a depender de los aranceles y los
enfrentamientos geopolíticos, pero, de momento, los 4 millones de
familias que están pagando una hipoteca verán reducida su cuota
cuando les toque revisar su hipoteca a tipo variable. Ya ahora en
marzo, la rebaja será de 110 euros al
mes para una hipoteca media de 150.000 euros a 25 años (que paga el Euribor+1%).
Y lo notarán más los que revisen su hipoteca a partir de junio,
porque el Euribor superó el 4% en junio de 2024 (hasta diciembre, que bajó el
3,67%) y esta primavera rondará
el 2,2%, lo que supondrá rebajas de cuotas de unos 160 euros mensuales.
También notarán la rebaja de tipos las empresas que tienen créditos
referenciados al Euribor.
El problema lo tendrán los que están pensando en pedir
una hipoteca nueva para comprar una casa. Con las anteriores rebajas de
tipos del BCE, la contratación de hipotecas se ha reanimado y
hasta disparado en diciembre de 2024, cuando aumentaron un 30% (32.377
hipotecas), según
el INE. Así, en 2024, los españoles contrataron 423.761 hipotecas,
+11,2% que en 2023 y la 2ª mayor cifra (tras las 464.107 de 2022) desde
la caída iniciada en 2013 (199.703 hipotecas).Ahora, se espera que la
demanda de hipotecas siga creciendo, con la bajada de tipos, aunque el precio
que se paga apenas haya bajado (3,25%
pagado en diciembre de 2024, frente al 3,33% en diciembre de 2023).
Pero los que piensan en contratar una hipoteca tienen
un problema, que no son los tipos: el precio de coste de las viviendas
que vayan a comprar se ha disparado estos años, más de lo que han bajado
los tipos. Y, en consecuencia, las hipotecas son ahora más costosas,
hay que pagar una mensualidad más alta, aunque los tipos bajen. Veamos algunos
ejemplos.
Un piso cuesta ahora de media en España 2.271 euros/m2,
según
los datos del portal Idealista, frente a 2.056 euros que costaba en febrero
2024, 1.960 euros en febrero 2023 y 1.801 euros que costaba en febrero 2022
(cuando el Euribor estaba en negativo). Si calculamos la evolución del precio
de una vivienda media, de 90 metros cuadrados, el precio ha saltado de 162.090
euros en 2022 a 204.390 en febrero 2025. Y si comparamos el coste mensual de una hipoteca
(por el 80% del valor en cada momento, a 25 años y pagando el euribor+1%), comprobamos
la subida de la cuota: de 469,28 euros en febrero de 2022 a
787,12 en febrero de 2023 y a 837,24 euros en febrero de 2024. Y tras
las 5 bajadas de tipos anteriores del BCE, la mensualidad apenas baja y se
quedaba en 810,45 euros en febrero…
Pero eso es la media en el conjunto de España. Si
tomamos los precios de las grandes ciudades, resulta que la
cuota que pagamos ahora por comprar un piso es más alta que hace
un año, a pesar de las bajadas de tipos. En Madrid capital, la
hipoteca de un piso medio de 90 metros (que cuesta ahora 471,420 euros, según
Idealista) sale por 2.133 euros, frente a los 1.738 euros que había que
pagar de hipoteca por ese mismo piso en febrero de 2024 (cuando costaba 384.000
euros). Y en Barcelona, la cuota hipotecaria para comprar un piso de 90
metros (que cuesta ahora 427.590 euros, según
Idealista) es de 1.934,70 euros mensuales, frente a los 1.755,12 euros de
hipoteca que costaba comprar es mismo piso en febrero de 2024 (cuando costaba 387.900
euros). Y eso mismo pasa en ciudades como Bilbao, Málaga , Valencia,
Sevilla, Palma, San Sebastián, Cádiz, Las Palmas, Coruña…: los precios de
los pisos han subido mucho más de lo que han bajado los tipos de las hipotecas.
Hay que pagar más cuota mensual para comprarlos (y más entrada y gastos).
Este es un grave problema con el que se van a
encontrar los jóvenes y familias que piensen ahora en comprar piso, tras
haber bajado los tipos: les saldrá más caro. Y más cada mes,
porque hay una falta de viviendas en el mercado y los pisos siguen subiendo,
tras haberse encarecido un +11,3% en 2024 (según el INE) y un +43,8%
entre 2014 y 2023, según
el INE. Pero a la vez, mucha gente se hace esta otra cuenta: ahora sale más
barato comprar que alquilar. Y es verdad. Un alquiler medio en España cuesta
1.260 euros (14 euros por metro cuadrado, un piso de 90 metros), según
el portal Idealista (febrero 2025) y la cuota de una hipoteca por el 80%
del precio medio de un piso de 2ª mano (204.390 euros) sale por 810,45 euros,
dos tercios del precio del alquiler. En el caso de Madrid capital,
el alquiler medio es de 1.908 euros (21,2 €/m2) y una hipoteca para comprarlo (80%
de los 471.420 euros de precio de venta) cuesta poco más, 2.133 euros. Y en
Barcelona, con un alquiler medio más alto, de 2.133 euros, el coste de una
hipoteca para comprarlo (80% de los 427.590 euros de precio de venta) sale por
1.935,70 euros mensuales, menos que el alquiler.
Estas cuentas se pueden hacer extensivas a la mayoría de
España: en 2024, en 60 de las 64 ciudades con más de 100.000 habitantes
costaba menos la cuota de una hipoteca que el alquiler, según
este estudio de UVE Valoraciones. Sólo había cuatro grandes ciudades donde
alquiler era más barato que comprar: San Sebastián, Marbella, Cádiz y
Palma. Y ahora, en 2025, se ha sumado Madrid, por la fuerte subida
precio vivienda en los últimos meses.
Pero estas cuentas no tienen presente un doble
problema. Por un lado, que hay muchos jóvenes y familias que no
pueden pensar en comprar un piso, aunque la cuota les sea más baja que el
alquiler, porque no tienen dinero ahorrado para pagar la
entrada (el 20% del valor del piso que no cubre la hipoteca) y los
gastos e impuestos que hay que pagar (otro 10% más). O sea, que para
comprar un piso “medio” que vale ahora 204.390 euros (no en una gran
ciudad, donde este precio se duplica), habría que tener “ahorrados” ( o
que se lo dejen los padres) unos 62.000 euros (o 135.000 en el caso de
Madrid o Barcelona), algo inalcanzable para la mayoría de los jóvenes y para
muchas familias.
Pero además de tener ahorros para la entrada y gastos, conseguir
una hipoteca no es algo sencillo, como todo el mundo sabe. Hay que tener unos
ingresos regulares y un contrato laboral medianamente estable, pero
sobre todo, hay que asegurarle al banco que el pago mensual de la
hipoteca no supera el 30% de los ingresos. Así, si un joven o una
familia se plantea pedir una hipoteca de 163.500 euros, para pagar el
80% del precio de ese piso “medio” (de 204.390 euros, que “no existe en la
mayoría de ciudades), debe saber que la cuota mensual a pagar (810 euros ahora, con el Euribor de febrero) no
puede ser más del 30% de su sueldo. O sea, que esa familia tiene que
ingresar 2.700 euros al mes… Y si piensa comprar un piso en Madrid, pagando
una hipoteca de 2.133 euros mensuales,
debe justificar que la familia gana al menos… 7.110 euros al mes. Algo
imposible para casi todos.
Así que bajan los tipos, pero comprar un
piso sigue siendo algo difícil para la mayoría, aunque sobre el papel
sea “más barato” que alquilar. Sobre la base de las bajadas, los bancos
españoles ya preparan “una
guerra de hipotecas” para primavera, buscando clientes que puedan
pagarlas (no es fácil encontrar quienes tengan sueldos “suficientes). Así que
la estrategia es “filtrar” clientes, conseguir aquellos con
nóminas estables y suficientes y ofrecerles “tipos
escaparate” bajos, a ser posible “fijos” (más rentables para las
entidades a medio plazo) y que ronden la cifra mágica del 3%. O tipos
variables con el “gancho” de Euribor más 1% y menos, a cambio de
que el hipotecado se “vincule” con el banco: nómina, tarjetas, seguros y todo
aquello que genere comisiones para sumarlas al margen en los
tipos. Es el “secreto” que ha permitido a los 6 grandes bancos
españoles ganar
31.768 millones de euros en 2024,
más del doble que antes de la pandemia (13.222 millones en 2019).
En resumen, los tipos bajan, pero podrían no seguir
bajando este año, si los aranceles siguen adelante y se despierta la
inflación en el mundo y en Europa. Pero el problema es que la
rebaja de tipos no beneficia a jóvenes y familias que busquen casa,
porque la fuerte subida de precios hace que el coste mensual de las nuevas
hipotecas suba, sobre todo en las grandes ciudades. Así que cada
vez será más difícil comprar. Y cuanto más suban los alquileres,
peor, porque se encarecerán las compras y las hipotecas. Así que la
clave no está en las hipotecas y los tipos sino en aumentar
la oferta de viviendas (para compra y alquiler), consiguiendo más suelo,
financiación y promociones, con un Pacto (que parece imposible) entre el
Gobierno, las autonomías, Ayuntamientos, promotores y bancos. Y ayudar a
los que tienen viviendas vacías a que las alquilen, con garantías de
seguridad y precio. Pero nada de esto se hace y la angustia de los que buscan
casa crece cada día. Un problemón.
Como se esperaba, el Banco Central Europeo (BCE) bajó el jueves los tipos de interés oficiales, otro -0,25%, la 6ª bajada del precio oficial del dinero en los últimos meses (junio, septiembre, octubre y diciembre de 2024, enero y marzo de 2025), dejándolos en el 2,50%, el tipo en que estaban en diciembre de 2022 y a finales de 2008. Con ello, el BCE desanda parcialmente el camino de las 10 subidas de tipos aprobadas entre julio de 2022 y septiembre de 2023, cuando disparó el precio del dinero del 0 al 4,5%.
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lunes, 22 de julio de 2024
Las tecnológicas quieren ser tu banco
Apple ha pactado con la Comisión Europea para impedir
una multa millonaria, a cambio de abrir sus dispositivos a otros monederos
de pago. El gigante tecnológico no quiere poner en peligro una parte creciente
de su negocio, los pagos digitales, cuyo uso se ha triplicado. El
trasfondo es la guerra abierta que las grandes tecnológicas
libran con la banca para quitarles parte del negocio,
desde los pagos digitales a Fondos de inversión, seguros y , ahora, los
créditos a particulares y empresas. Google, Amazon, Facebook y Apple,
más las chinas Alibaba, Baidu o Tencent, quieren ser también los
bancos de sus clientes y tienen a su favor un mayor tamaño, millones de
datos de usuarios, más tecnología e innovación y mejor “imagen” que los bancos,
que denuncian competencia desleal, porque las
tecnológicas tienen menos controles financieros y pagan menos impuestos. El riesgo
es que son demasiado poderosos ya para que controlen también nuestro dinero. En
20 años, podríamos “echar de menos” a los bancos de hoy.
El primer banco moderno, Banco de San Giorgio,
se creó en Génova (Italia) en 1406. Durante 6 siglos, los bancos han
controlado el dinero en el mundo, en una situación de monopolio y mucho
poder. Pero en las últimas décadas, con la generalización de Internet,
los grandes bancos del mundo se enfrentan a gigantes tecnológicos
mucho más grandes que ellos, que han puesto su mira en controlar, con medios
propios, los pagos y las finanzas de sus clientes, desde los pagos y
transferencias online a las cuentas corrientes, los Fondos de inversión y
Planes de pensiones, los seguros, y, recientemente, los créditos. En 1998
surgieron los pagos electrónicos con PayPal, en 2007 se lanzó Amazon
Pay, en 2011 nació Google Pay y en 2014 apareció Apple Pay.
Y no han parado de lanzar servicios financieros, consiguiendo licencias
bancarias en todo el mundo.
Los nuevos competidores de la banca se
clasifican en dos grupos, aunque su competencia es similar. Por
un lado están las “Fintech”, grandes empresas tecnológicas que
utilizan recursos tecnológicos innovadores y disruptivos en el sector
financiero: plataformas de pago, plataformas de captación de fondos y
financiación (“crowdfunding”)
, Fondos de inversión y plataformas de asesoramiento, inversión y gestión
financiera. Los gigantes más conocidos son PayPal (425 millones de
cuentas activas en el mundo) y eBay, que la compró en 2002. En general,
se han afianzado más en los paises desarrollados que en los paises emergentes. En
España, a finales de 2023, el Banco de España tenía registradas 51
entidades de pago electrónico y 10 entidades operando con dinero
electrónico.
El otro gran frente de competidores de la banca, los que más
les preocupan, son las “Big Tech”, las grandes tecnológicas que
dominan el negocio de Internet. Son, por un lado, los cuatro gigantes tecnológicos
USA, conocidos como GAFA: Google, Amazon, Facebook y Apple. Y
por otro, los tres gigantes tecnológicos chinos, conocidos como BAT:
Baidu (el Google chino), Alibaba y Tencent. Empezaron lanzando
plataformas de pago propias (monederos digitales) y luego se han lanzado a
ofrecer cuentas y depósitos (Apple
ofrecía depósitos al 4,15% anual, aliado con Goldman Sachs), monedas digitales
y criptomonedas) ,Fondos de inversión, Planes, seguros y, recientemente,
créditos. Todas tienen licencia bancaria en EEUU y el resto del mundo, incluso
en Europa (Google y Facebook a través de Irlanda y Facebook a través de
Luxemburgo. Y van a por todas.
Veamos con más detalle los servicios financieros que ya ofrecen. Google compite con la banca con su Google Pay, los préstamos que
ofrece con Lending Club, los fondos de inversión Google Venture y Google
Capital y los seguros de Google Compare. Amazon ofrece Amazon Pay para
las compras online, Amazon Lending para préstamos a comercios y seguros
médicos. Facebook incluye pagos online a través de Messenger y préstamos
en colaboración con Clearbane. Y Apple, además de Apple Pay y seguros
(con Allianz) ha ofrecido hasta junio un préstamo para compras rápidas (de 50 a
1.000 dólares) con pago aplazado.
Las grandes tecnológicas chinas están mucho más avanzadas en el terreno financiero, debido al tremendo auge del comercio
electrónico y a su mayor dominio/control del mercado interno chino. Alibaba,
con 700 millones de usuarios activos, controla la primera plataforma de pagos
de China, Alipay (520 millones de usuarios), tiene un banco (MyBank)
donde ofrece cuentas y préstamos, múltiples Fondos de inversión (destaca Yu´e
Bao, un Fondo del mercado monetario) y la plataforma de seguros Cathay China. Tencent
utiliza la plataforma de pagos TenPay (la 2ª mayor en China) , con la
aplicación Wechat, para el envío instantáneo de dinero por mensajería. Y Baidu,
el buscador líder en China, ofrece la plataforma de pagos Baidu Wallet y
controla Baixin Bank, que ofrece cuentas, créditos y
servicios financieros, más Fondos y seguros (en colaboración con
Allianz).
Estos gigantes tecnológicos de Internet ,
norteamericanos y chinos están dando “un gran mordisco” al negocio de los
bancos internacionales. El último dato revela que sólo el negocio de
los préstamos, más reciente que los pagos digitales, aporta ya un 11%
de todos los ingresos de las “Big Tech”, Y se estima que ya conceden un
volumen de créditos que supera los 570.000 millones de dólares, según el Comité de Basilea. Sólo en China, las grandes tecnológicas ya conceden más
préstamos que los bancos tradicionales. Un negocio creciente para los gigantes
de Internet, cuyos ingresos se concentran todavía en la publicidad y las
ventas online que consiguen con las búsquedas, aplicaciones y plataformas
de comercio electrónico: ahora, las comisiones por tarjetas
se reparten entre los emisores y las tecnológicas, cuando hasta ahora las
monopolizaban los bancos.
Los expertos alertan que los gigantes de Internet
están ganando terreno a los bancos en el negocio financiero. Y destacan
sus ventajas en esta “carrera”. La primera, su mayor tamaño y
potencial inversor. Las “Big Tech” son multinacionales gigantes en
comparación con los bancos, tanto en capital como en potencial de inversión.
Dos datos. Uno: la capitalización bursátil (valor en Bolsa) de las grandes
tecnológicas es de 10,64 billones de dólares, 6 veces el valor de los grandes
bancos internacionales (1,75 billones de dólares). Y dos: el valor de Google
(2,19 billones dólares) es 28 veces el valor del mayor banco español, el
Santander (76.200 millones de dólares). La segunda ventaja es que tienen millones de clientes, la mayoría “contentos” con sus servicios,
frente a la “mala imagen” de la banca: Google tiene 400 millones de clientes,
Amazon 300 millones y Facebook 255 millones, frente a 160 millones de clientes
del Santander o los 67 millones del Bank of America. Y la tercera ventaja, su
enorme capacidad inversora y tecnológica para innovar y digitalizar servicios.
Las grandes tecnológicas también tienen “inconvenientes”
para ser el banco de sus clientes. La principal, que ofrecen menos
seguridad, privacidad y “cumplimiento” normativo, ya que su actividad
financiera está menos vigilada y regulada por las autoridades (Banco de España
o BCE). Eso puede facilitar fraudes y crisis, sin que los clientes estén “cubiertos”
por Fondos de Garantía como los bancos (hasta 100.000 euros). Además, esta
menor supervisión y regulación puede hacer que estos gigantes “asuman más
riesgos” en su operativa, tanto en las inversiones como en la concesión
de créditos. Y al aumentar el número de clientes, aumenta también el riesgo
de “ciberataques” (aunque los que están teniendo más problemas, al menos
públicos, es la banca tradicional). Y dado que muchos de estos gigantes de
Internet son muy opacos en su operativa y algoritmos, los
clientes tienen el riesgo de que no se protejan suficientemente sus datos y se
utilicen para usos “no bancarios”.
Con todo, los gigantes de Internet son cada vez “más
Big” (más grandes), “más Tech” (más tecnológicos) y
por ello, más eficientes, según un informe de la consultora PwC,
que justifica así que ganen cuota de mercado a la banca tradicional. Su modelo
de negocio lo visualizan como “la rueda del hámster”: crean
redes con millones de clientes que generan un volumen creciente de datos y ofrecen
cada vez más servicios y actividades, lo que favorece el aumento de redes y
clientes y la diversificación y crecimiento del negocio, “una rueda que
gira sin parar” y crece día a día. Y no sólo se benefician de tener
millones de clientes, sino que “son muy superiores a los bancos en
innovación y tecnología”, en la incorporación de Big Data, algoritmos y
la Inteligencia Artificial (IA), lo que les permite ser más eficientes en la
prestación de servicios financieros (más dinámicos y con menos coste). Y en la
concesión de créditos, porque conocen muy bien a sus clientes (pueden tener
más de 1.000 datos de una empresa), ajustan mucho mejor riesgos, plazos de
concesión y tipos.
Los expertos financieros, como la consultora KPMG,
consideran que los gigantes tecnológicos son “la mayor amenaza para la
banca” en todo el mundo, una preocupación mayor que los ataques
cibernéticos o el uso de la inteligencia artificial (IA). Y también lo
creen las autoridades financieras, a las que preocupa “la
falta de reacción” de la banca tradicional ante la competencia
creciente de las tecnológicas. El Mecanismo Único de Supervisión, el supervisor
europeo, ha resaltado que los bancos sólo dedican el 5,2% de su plantilla
y el 4% de sus costes operativos a
proyectos de transformación digital, mientras los gigantes de Internet
invierten millones de dólares cada año por desarrollar nuevos productos y
servicios a sus usuarios, entre ellos servicios financieros.
Los bancos internacionales, y especialmente los
europeos, se están quedando atrás en la transformación digital
frente a las grandes tecnológicas, según todos los expertos. Y la mayoría de bancos
han optado por colaborar con los gigantes de Internet antes que competir
con ellos. De hecho, el 65% de los bancos internacionales colaboran con
las plataformas de pago, en el mundo y en España. Y las grandes “Big Tech”
tienen acuerdos con grandes bancos: Apple y Amazon con JP Morgan, Citibank
con Amazon y Apple con Goldman Sachs. Y son pocas las experiencias de
colaboración interna de la banca para invertir en nuevos desarrollos y ganar
espacio en las finanzas digitales. Bizum es un caso de éxito en España
(26 millones clientes), lo mismo que Zelle o Paze en Estados Unidos.
Mientras, los gigantes tecnológicos avanzan en
su oferta financiera, utilizando su poder y gran tamaño, apoyándose en su
situación de “cuasi-monopolio”, pero con flexibilidad para cambiar si
hace falta, como demuestra el comportamiento reciente de Apple en
Europa. La Comisión Europea le abrió un expediente a Apple por
cerrar sus dispositivos a tecnologías de pago que no fuera de su “ecosistema”,
lo que suponía un “abuso de mercado”, por el que se arriesgaba a una multa millonaria
(hasta 40.000 millones de dólares). Finalmente, hace diez días, Apple llegó a un pacto con la Comisión, por el que abría a otros
desarrolladores rivales (con la tecnología NFC) la entrada gratuita (durante 10
años) en Apple Pay y en el monedero de Apple. Evita así una multa millonaria,
pero a la vez mantiene su presencia destacada en el negocio de los monederos
digitales, cuyo uso se ha triplicado en los últimos años.
Las grandes tecnológicas van a seguir ganando terreno
y clientes a los que ofrece “ser su banco”, algo que los
internautas “ven bien”, sobre todo en el caso de Google, Apple y Amazon. Su gran
ventaja es que son multinacionales conocidas, con buena imagen, que innovan
cada día con bajos costes, lo que atrae a sus usuarios, que no se preocupan
demasiado por el uso de sus datos y las comisiones “encubiertas” que pagan.
Mientras, los bancos se quejan ante los Gobiernos de que las
grandes tecnológicas les hacen “competencia desleal”, porque no
se les exige cumplir con la regulación y supervisión que
tienen los bancos (cada día más estricta, para evitar futuras crisis bancarias)
y encima apenas pagan impuestos (la mayoría radican sus
operaciones en paraísos fiscales y operan con “ingeniería fiscal”. En paralelo,
las autoridades monetarias de la UE temen que la actividad financiera de las
grandes tecnológicas pueda “generar desafíos regulatorios, como dominio de
mercado, discriminación de precios, algoritmos discriminatorios y amenazas a la
privacidad de los usuarios”.
En medio de esta “guerra financiera” entre
los bancos y los gigantes tecnológicos, la Comisión Europea ha apostado por
“una mayor digitalización de la economía y las finanzas”, que va a
beneficiar a los gigantes de Internet y que preocupa a los bancos. El
objetivo europeo es acelerar los pagos digitales y el uso del euro digital,
lo que facilitará aún más que las grandes tecnológicas presten servicios
financieros. En 2023 se aprobó una Ley para regular el acceso a los datos digitales (FIDA, en inglés), una Ley de datos que entrará en vigor el
11 de septiembre de 2015. Para entonces, los bancos deberán dar acceso a los
datos de sus clientes (con su consentimiento) a las grandes
tecnológicas. Y cuando los tengan, podrán cruzarlos con los millones de
datos que ellos tienen, para poder ofrecer a esos clientes de los bancos
tradicionales sus servicios, desde pagos a tarjetas y créditos. Será una
auténtica conmoción en los mercados, entre la banca (David) y las
tecnológicas (Goliat).
En resumen, los gigantes de Internet se preparan para
asaltar aún más los mercados financieros cuando tengan en 2025 nuestros datos
de la banca, tras invertir millones y tiempo en ofrecer nuevas plataformas
de servicios financieros, más ágiles y atractivas (y con menos coste, al menos
teóricamente). Y entonces, Google, Apple o Amazon, pelearán por ser “nuestro banco”,
como son nuestro buscador o nuestra plataforma de compra. El problema puede
ser que estos gigantes, con tanto poder, tengan un control excesivo sobre
nuestro dinero, con menos competencia, regulación y contrapesos.
Que si hoy no sabemos lo que hacen con nuestros datos, mañana tampoco sabremos
lo que hacen con nuestro dinero. Y como sabrán todo de nosotros, estaremos más
en sus manos. Podría pasar que dentro de 20 años, “echemos de menos” a
nuestro banco de hoy…
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jueves, 8 de febrero de 2024
Beneficios récord banca, por clientes y BCE
Los 6 grandes bancos españoles llevan 3 años seguidos
con importantes beneficios, tras las pérdidas de 2020. En 2023 ganaron
26.355 millones, un +26% más que en 2022 y más del doble de
beneficio que antes de la pandemia (2019). Los bancos ganan mucho
más a costa de nosotros, sus clientes, que hemos pagado bastante más
por créditos e hipotecas y que hemos cobrado poco por el ahorro, a pesar
de la subida de tipos. Y nos cobran más comisiones y contienen costes, recortando
plantillas y sucursales y subiendo los sueldos mucho menos
que la inflación. Además, han tenido “un regalo” del que no se
habla: el pago del 4% por sus depósitos en el BCE (9.170 millones
“extras” para la banca española). A pesar de estos beneficios récord,
ofrecen subir los salarios un 8% los próximos 3 años, provocando hoy manifestaciones
sindicales y una huelga en marzo. Ahora, los bancos creen que 2024 “les
va a ir mejor”, porque los tipos no bajarán hasta el verano. Seguiremos alimentando sus beneficios.
Los 6 grandes bancos españoles, Santander, BBVA, CaixaBank, Sabadell, Bankinter y Unicaja, (que controlan el 77% del negocio bancario) se ha recuperado con fuerza de las pérdidas de la pandemia (- 5.536 millones en 2020, aunque en realidad sólo el Santander tuvo pérdidas ese año: -8.771 millones, por ajustes extraordinarios). Ya en 2021 tuvieron unos beneficios de +16.290 millones, sin contar ajustes extraordinarios. En 2022, con la subida de tipos del Banco Central Europeo (BCE), los beneficios de los 6 grandes aumentaron un +28%, hasta los 20.849 millones. Y en 2023, acaban de publicar otro aumento de beneficios del +26,4%, ganando 26.355 millones de euros, más del doble que antes de la pandemia (habían ganado 11.904 millones en 2019). Un beneficio bancario que marca un récord histórico, porque en 2007, antes de la crisis financiera, toda la banca española ganó 18.877 millones de euros, según la patronal bancaria AEB.
¿Por qué gana tanto dinero la banca española? La respuesta
corta es que estos
millones han salido de nuestros bolsillos, de las familias,
empresas y el Presupuesto. Precisando más, hay que recordar la esencia
del milenario negocio bancario, que es simple: consiste en coger
dinero con una mano (lo más barato posible) y prestarlo con la otra
(lo más caro posible), reduciendo al mínimo los costes por el camino. Y lo que
ha pasado, sobre todo en 2022 y 2023, es que la banca ha cobrado mucho más por
los créditos, hipotecas y deuda pública (aprovechando las 10
subidas de tipos del BCE) y apenas nos ha pagado más por los ahorros,
mientras recortaba plantillas y congelaba sueldos, aumentando las comisiones
que nos cobra. Y encima, ha tenido un regalo extra, cobrando más por los
depósitos que tienen en el BCE y el Banco de España. Veámoslo.
Los bancos europeos han encarecido el dinero que
prestan siguiendo la estela del BCE, que subió 10 veces los tipos de
interés (la 1ª, el 21 de julio de 2022), desde el 0% en que estaban (desde
2014), hasta dejarlos en el 4,5% en septiembre de 2023, el precio
más alto del dinero desde 2001. Esto se tradujo en una subida generalizada
y acumulativa de los créditos a familias, empresas y Gobiernos (deuda). En
España, 4,5 millones de familias pagan una hipoteca, que se ha encarecido desde
2022. El tipo medio de las nuevas hipotecas subió del 1,82% en
diciembre de 2021 al 2,66% en diciembre de 2022 y el 3,27% en noviembre de
2023, según el
INE. Y el Euribor mensual
con que se revisan las hipotecas antiguas subió del 0,013% en
abril de 2022 al 3,018% en diciembre y al 3,679% en diciembre de 2023. Y
en paralelo, subieron los créditos al consumo (del 6,10% en 2021 al 8,52%
en diciembre del 2023), y el tipo de las tarjetas, según
el Banco de España.
Los bancos también subieron los créditos a las empresas:
a las pymes, para importes de hasta 25.000 euros, el tipo subió del 1,69%
en diciembre de 2021 al 5,14% en diciembre de 2023. Los créditos de 250.000 euros a 1 millón
subieron del 1,29% (diciembre 2021) al 5,01% (diciembre 2023). Y los créditos de
más de 1 millón de euros pasaron del 1,04 al 4,94%, según
el Banco de España. Y también el Estado tuvo que pagar más por
colocar su deuda entre los inversores (un 13% colocada en la banca). Los
bonos a 10 años pasaron de colocarse al 0,76% en febrero de 2022 al 3,738% en septiembre de 2023. Y las
Letras del Tesoro (el
15,5% las compran los bancos), que se colocaban al 0,078% en mayo 2022
saltaron al 3,216 un año después y al 3,30% en la última subasta
de 2023.
Este esquema de negocio, prestar más caro y pagar poco
por el ahorro, ha permitido a los bancos españoles (y europeos) mejoren
su margen, sobre todo en 2022 y 2023. Tomando los datos de los 5 grandes
bancos españoles (Santander, BBVA, CaixaBank, Sabadell y Bankinter), han
aumentado su “margen de intereses” (lo que cobran menos lo que pagan)
en 2023 un +44% en España (+20% en todo el mundo), hasta los 26.969
millones de euros, destacando el fuerte aumento del margen de BBVA (+49%),
Santander (+46%) y CaixaBank (+44%).
Además del beneficio por el aumento del margen de
intereses, otro ingreso importante lo han obtenido por las
comisiones que nos cobran, con las que han ingresado otros 24.013
millones, un aumento de sólo el +1,3% (+9,7% en 2022), porque la subida de
tipos les ha permitido subir menos comisiones a los clientes. Pero aún así,
el BBVA las subió un +17% (6.288 millones ingresados), Santander un +7%
(12.057 millones por comisiones) y Sabadell otro +7% (1.386 millones),
mientras las bajaba un 5,1% CaixaBank (3.658 millones).
Los bancos no sólo ganan más dinero porque presten más caro,
paguen poco por el ahorro y nos cobren comisiones por casi todo. En 2022 y 2023,
una parte de sus mayores beneficios han sido gracias a sus empleados,
a que han recortado plantillas y apenas han subido los salarios. La banca
viene ajustando plantillas desde 2009, por la crisis financiera: pasaron de
tener un máximo de 278.000 empleados en 2008 a menos
de la mitad en 2022 (130.000), tras cerrar 24.000 sucursales
(de 43.000 a menos de 19.000). Sólo en 2022, los 6 grandes bancos recortaron
sus plantillas en 5.900 empleados (hasta 120.600) y cerraron 1.360
sucursales, lo que les ayudó a recortar costes y aumentar beneficios.
Además, congelaron salarios en 2019 y 2020, firmando
en enero de 2021 un convenio que subió los sueldos de la banca +0,25%
en 2021, +1% en 2022 y +1,25% en 2023, con lo que sus empleados
perdieron poder adquisitivo estos dos últimos años de alta inflación (aunque en
noviembre pasado revisaron la subida salarial de 2023, que acabó
siendo del +4,5%).
Por si no fuera bastante con los tipos, las comisiones y el
recorte de costes, en 2023 (y en 2022), los bancos tuvieron un regalo
extra, del que apenas se habla: el BCE (y el Banco de España
en nuestro caso) les
pagaron un alto interés, del 4%, por las reservas que los bancos
españoles tienen depositadas. Una remuneración que beneficia a todos los bancos
europeos: ganaron 140.000 millones de euros “extras” en 2023 por los 3,7
billones que tienen en reservas en el BCE y en sus bancos centrales. A los
bancos españoles, les ha supuesto un ingreso extra de 9.170 millones
de euros en 2023, un tercio de sus beneficios (los bancos alemanes se han
llevado 49.107 millones y los franceses 35.925 millones). Un dinero público que
se les abona con total seguridad y ningún riesgo, mientras los bancos beneficiados
apenas pagan una media del 0,35% a sus ahorradores. Por ello, un grupo de
expertos y diputados europeos mandaron
una carta en diciembre al BCE quejándose de esta “ayuda a la banca”
y exigiendo que aumenten las reservas bancarias no remuneradas.
Hasta aquí los caminos por los que la gran
banca española ha conseguido 26.355
millones en 2023, más del doble que en 2019. Unos beneficios que se
reparten de una forma muy desigual. Este año, la
mitad del beneficio irá a
los 5,6 millones de accionistas
de la banca, que recibirán esos 13.000 millones en forma de dividendos
(un pago por acción que les abonan dos veces al año) y recompra de acciones:
los bancos compran acciones propias, para reducir su número y conseguir así que
suban de precio (cotización). Ya en 2022, los 6 grandes bancos destinaron
un 44% de sus beneficios (8.340 millones) a dividendos y recompra de
acciones, pero el BCE y el Banco de España, les pidieron moderación, destinar
más beneficios a aumentar su solvencia y su capital. Este año, no les han hecho
caso y reparten más, en perjuicio de su ratio
de capital, inferior al de otros grandes bancos europeos.
Otra parte del beneficio se destina a los presidentes y
directivos de los grandes bancos, que cada año ganan más. Ya en 2022,
tres
de los cuatro banqueros mejor pagados de Europa fueron españoles: Ana Patricia Botín, Presidenta Santander
(11,74 millones), José Ángel González, consejero delegado BS
(9,57 millones), Christian Sewing, consejero delegado Deutsche Bank (8,93
millones) y Carlos Torres, Presidente BBVA (8,29 millones), seguidos por
Omur Genç, consejero delegado BBVA, el 6º del ranking (7,15 millones), Gonzalo
Cortázar, consejero delegado CaixaBank, en 10º lugar (3,90 millones) y César
González Bueno, consejero delegado de Sabadell, en el puesto 13º (2,47
millones). Ya en 2021, 221
banqueros españoles ganaron más de 1 millón de euros, según la EBA, con
un ingreso medio de 2,16 millones de euros.
Pero hay más. El sueldo medio de los equipos de alta
dirección del Banco de Santander fue de casi 3,6 millones por
cabeza en 2021, 64,5 veces el salario medio de la plantilla del banco
(55.673 euros) Y en el BBVA, la remuneración media de la alta dirección fue de
1,58 millones anuales, 18,6 veces el sueldo medio de la plantilla
(34.000 euros), según un estudio
hecho por CCOO sobre los directivos de las empresas del IBEX. Y el primer
ejecutivo del Sabadell gana 412 veces la media de su plantilla,
220,7 veces el del Santander, 181,8 veces en el BBVA, 54,4 en CaixaBank y 20,2
veces en Bankinter.
Mientras, los grandes banqueros se quejan de que una
parte (mínima) de sus beneficios se los lleva el Gobierno Sánchez, que aprobó
un impuesto extraordinario sobre los beneficios de la banca para 2022 y
2023 (prorrogado
para 2024), impuesto recurrido ante la Audiencia Nacional. En 2023,
toda la banca pagó 1.260 millones por este impuesto extraordinario, de
ellos 1.045 millones pagados por los 5 grandes (el 5,07% de los 20.589
millones ganados en 2022). Y en 2024, se estima que toda
la banca pagará otros 1.650 millones por este impuesto
extraordinario, de ellos 1.450 los 5 grandes bancos (el 5,55% de los
26.088 millones ganados por ellos en 2023). El año pasado, CaixaBank
pagó 373 millones extras (7,7%), Santander 224 millones (2 de
cada 100 euros de beneficio), BBVA 215 millones (2,6%), Sabadell 256 y
Bankinter 77,5 millones.
En medio de tan abultados beneficios, dividendos y sueldos
de directivos, la plantilla de la banca acaba de recibir una rácana oferta
de convenio para los próximos tres años: +8%
de subida salarial entre 2024 y 2027 (+2,75% de subida en 2024, cuando
se prevé una inflación del +3,3%, 2,25% para 2025 y +1,5% de aumento en 2026 y
2027). Enfrente, los sindicatos piden una subida del +23% en estos
cuatro años (+17% fijo y otro 6% en función del IPC y de los resultados de la
banca). Y como no ven posibilidades de acuerdo, han
convocado manifestaciones para hoy 8 de febrero y amenazan
con una huelga en marzo.
Cara a 2024, los grandes banqueros españoles se
muestran muy optimistas.” Si 2023 ha sido bueno, 2024 va a ser aún mejor”,
ha dicho sin rubor Ana Patricia Botín, del BS. “El beneficio seguirá
creciendo”, ha añadido el presidente del BBVA. Y esperan ganar más por tres razones.
Una, porque se prevé que el BCE no baje los tipos hasta el verano y poco
(sólo un -0,5% en 2024, según la OCDE). Dos, porque todavía habrá mejora de márgenes en
la primera mitad del año, por la revisión de algunos créditos e hipotecas,
mientras seguirán sin pagar más por el ahorro. Y la tercera, porque van a
vigilar los costes (con subidas salariales mínimas) y aumentarán las
comisiones, mientras este año no
tendrán que hacer aportaciones al Fondo de Garantía de Depósitos y al
Fondo Único de Resolución (2.500 millones de ahorro).
En resumen, que la banca española lleva 3 años de fuertes
beneficios y va a por el 4º, a costa de clientes, empresas, deuda
y empleados. Es bueno que la banca tenga beneficios y no pérdidas
(porque las acabamos pagando los contribuyentes), pero ya es hora de ajustar
las estructuras, los dividendos y los sueldos de los directivos para que la
banca pueda ser rentable de una forma “moderada” y racional, buscando un
mejor servicio a los clientes, una financiación más flexible y barata a las
empresas y una gobernanza más transparente. Beneficios sí, pero sin
abusar de su posición dominante y beneficiando a familias,
empresas y economía. Quizás sea mucho pedirles, pero si no lo hacen,
que luego no se quejen de los impuestos.
Enrique Ortega
Los 6 grandes bancos españoles, Santander, BBVA, CaixaBank, Sabadell, Bankinter y Unicaja, (que controlan el 77% del negocio bancario) se ha recuperado con fuerza de las pérdidas de la pandemia (- 5.536 millones en 2020, aunque en realidad sólo el Santander tuvo pérdidas ese año: -8.771 millones, por ajustes extraordinarios). Ya en 2021 tuvieron unos beneficios de +16.290 millones, sin contar ajustes extraordinarios. En 2022, con la subida de tipos del Banco Central Europeo (BCE), los beneficios de los 6 grandes aumentaron un +28%, hasta los 20.849 millones. Y en 2023, acaban de publicar otro aumento de beneficios del +26,4%, ganando 26.355 millones de euros, más del doble que antes de la pandemia (habían ganado 11.904 millones en 2019). Un beneficio bancario que marca un récord histórico, porque en 2007, antes de la crisis financiera, toda la banca española ganó 18.877 millones de euros, según la patronal bancaria AEB.
Esta subida de tipos de la banca a familias, empresas
y al Estado ha mejorado su margen, en 2022 y 2023. Y sobre todo
porque, en paralelo, la banca española apenas
ha subido lo que nos paga por el ahorro. A finales de 2022, pagaban por
los depósitos (a menos de 2 años) una media del 0,64%,
menos de lo que pagaba toda la banca de la zona euro (1,20%). Un pago
por el ahorro que era la cuarta parte de lo que cobraban entonces por una
hipoteca (2,66%). En 2023, tras una “bronca” del BCE, los bancos
europeos (y españoles) empezaron a pagar más por el ahorro, todavía poco:
un 1,8% en diciembre en España (depósitos a
menos de 2 años) frente al 2,28% de media los bancos de la zona euro.
Así que las familias españolas, que tenían más de 1 billón de
euros en depósitos (2022) veían que los bancos apenas se los remuneraban
mientras les subían las hipotecas y créditos.
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