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lunes, 22 de octubre de 2018

Los inmigrantes nos van a salvar


La inmigración es uno de los temas que levantan más polémica, en Europa y España. Pero hay un hecho claro: la población española está cayendo (como la europea) y serán los inmigrantes los que “nos salven” en las próximas décadas, cubriendo trabajos y pagando  impuestos y pensiones: habrá 5,17 millones de inmigrantes más en España para 2033 y 14,5 millones más en 2068, según vaticina el INE. Con ello, el 43% de los residentes en España dentro de 50 años serán inmigrantes. Sólo así se podrá cubrir la pérdida de población nacida en España, 13 millones de aquí a 2068. Un “suicidio demográfico” provocado por el desplome de la natalidad y agravado por el envejecimiento. Todavía estamos a tiempo de tomar medidas para fomentar los nacimientos, con ayudas a la familia y al trabajo de la mujer. Sólo con más población trabajando se podrá asegurar en el futuro las pensiones y el Estado del Bienestar. Y los inmigrantes, más que “robarnos el trabajo”, nos ayudarán.
 
enrique ortega

España ha cambiado radicalmente desde la muerte de Franco, pero sobre todo en población, en la demografía. Si en 1975 nacieron en España 669.378 niños, en 2017 nacieron casi la mitad, 390.024 niños (1.068 diarios), menos incluso que en 1939 (419.848) y muy lejos del récord histórico de 1964 (697.697 nacimientos, casi 2.000 diarios). Los nacimientos se han desplomado por dos causas. Una, porque hay menos mujeres en edad fértil (entre 15 y 49 años), por la caída de la natalidad en los años 80 y 90: hay 1 millón menos que en 2009. La segunda, porque las mujeres españolas esperan cada vez más para ser madres, ocupadas en estudiar o hacerse una carrera profesional: si en 1976, las mujeres eran madres a los 28,5 años de media, en 2018 lo son a los 32 años. El resultado es que la tasa de natalidad ha caído bruscamente, de los 2,76 niños por mujer en 1975 (3,15 en 1900 y 3,01 en 1964) a los 1,31 niños por mujer en 2018. Y con ello, España tiene la tasa de natalidad más baja de Europa: 1,33 niños/mujer en 2016 frente a 1,60 en la UE-28, 1,92 en Francia o 1,79 en Reino Unido y Dinamarca, según los últimos datos de Eurostat.

En paralelo al desplome de los nacimientos, se han disparado las muertes, porque aunque  cada vez vivimos más años (83,4 años de media en 2017, 3 años más que la media OCDE) hay muchos más mayores: el 19,2% de los españoles tienen más de 65 años, con lo que somos el segundo país del mundo con más viejos, tras Corea del Sur (22,5% mayores). Por todo ello, las defunciones alcanzaron un récord en 2017: 421.269 fallecidos frente a 298.192 muertes en 1975 y sólo superado por las 467.748 muertes de 1941.

La consecuencia de este doble fenómeno (menos nacimientos y más muertes) es que cae la población española año tras año: la primera vez pasó en 2015 (-1.976 personas), se paró en 2016 (+503 personas entre nacidos y muertos) pero ha vuelto en 2017, con una pérdida de -31.245 personas (421.269 muertes y 390.024 nacimientos). Y lo peor es que esa caída va a ser la tónica de la población española en las próximas décadas, según las proyecciones de población recién hechas por el INE (10 octubre), para 2032 (se perderán 2.795.802 personas, con 37,66 millones de población nacida en España, frente a los 40,45 millones de hoy) y para 2068 (se perderán 12.917.368 personas, alcanzando la población nacida en España sólo 27,5 millones). Y todo ello porque la tasa de natalidad seguirá siendo muy baja (1,40 hijos/mujer en 2032 y 1,52 en 2068, según las previsiones del INE) y como seremos un país mucho más envejecido (el 25,3% de españoles tendrá más de 65 años en 2033), las muertes seguirán superando a los nacimientos en los próximos 50 años (648.041 muertes frente a 398.493 nacimientos previstos por el INE para 2067).

Así que el panorama demográfico futuro es desolador, según las proyecciones del INE. Si el 1 de enero de 2018 teníamos una población de 46.659.302 personas residentes en España, de las que 40.458.369 habíamos nacido aquí y 6.200.933 eran extranjeros residentes, para el 1 de enero de 2033 seremos 49.035.077 los residentes en España (+2,37 millones), pero los nacidos en España habrán caído a 37.662.567 (2,79 millones menos), un desplome de españoles que se compensará con la llegada de inmigrantes extranjeros: habrá 11.372.510 dentro de 15 años, 5,17 millones más que ahora, según las previsiones del INE. Y dentro de 50 años, el 1 de enero de 2068, se espera que residan en España 48.290.728 personas, sólo 1,63 millones más que ahora (y 744.349 menos que en 2033). Pero esa mejoría de la población total esconde una caída drástica de la población nacida en España, por la caída de los nacimientos y el aumento de las defunciones: serán 27.541.001 personas, 12,91 millones menos que hoy y 10,12 millones menos que en 2033. Y otra vez más, nos salvarán los inmigrantes, que ya serán 20.749.727 el 1 de enero de 2068, un 43% de los residentes en España (hoy son el 13% y en 2033 serán el 23%), 14,54 millones más que hoy.

Esta llegada neta de inmigrantes (diferencia entre los que vienen y se van) se ha vuelto a producir en 2016 (+87.422 inmigrantes netos), tras haberse ido más de los que entraron a residir entre 2010 (-42.675) y 2015 (-1.761 inmigrantes netos), por la crisis, que les hizo retornar a sus paises. Pero ahora, la tendencia apuntada por el INE es que vengan más inmigrantes de los que se van en los próximos 50 años. En 2017 ya se duplicaron (+164.604 inmigrantes netos residentes) y aún van a crecer más en 2018 (+250.027 inmigrantes netos) y hasta 2027 (media de +230.963 inmigrantes netos al año). Luego, entre 2028 y 2032 bajara algo la inmigración (+179.653 inmigrantes netos al año) y algo más entre 2033 y 2050 (+150.000 inmigrantes netos al año), para subir después, entre 2051 y 2067 (una media de 167.230 inmigrantes netos cada año), según las previsiones del INE.

En total, España va a tener 5,17 millones de inmigrantes más residiendo aquí dentro de 15 años (2033) y 14,54 millones más dentro de 50 años (2068), multiplicando por 3,3 la cifra actual de inmigrantes residentes (de 6,2 a 20,74 millones en 2068), según el INE. Y gracias a eso, dentro de 15 y de 50 años habrá más gente viviendo en España que hoy, porque lo que es la población nacida en España caerá en 2,79 millones (para 2033) y en 12,91 millones (para 2068), pasando de 40,45 millones de españoles nacidos aquí a 27,5 millones. Y nos guste o no, serán estos extranjeros los que ocuparán una parte de los trabajos (si no, faltaría mano de obra) y paguen impuestos y cotizaciones, para asegurar la continuidad de los servicios públicos y de las pensiones, cuyo coste se va a multiplicar.

Porque caerá la población nacida en España (repito: de 40,45 a 27,54 millones) pero no las facturas a pagar. Por un lado, la sanidad, cuyo coste actual (80.000 millones) se va a incrementar mucho (un 0,7% anual real hasta 2040, según un estudio de la Fundación BBVA) por el envejecimiento de la población española, por el hecho de que 1 de cada 4 españoles tenga más de 65 años en 2033: una persona con más de 65 años multiplica por 6 el gasto sanitario de las personas de 15 a 44 años (1.255 euros anuales frente a 230), según el informe de SEMFYC. Y lo mismo pasará con el gasto en Dependencia: los dependientes actuales (sobre 3 millones) se van a duplicar para 2050, según un estudio del CSIC, lo que disparará el gasto público (hoy se necesitarían 9.800 millones anuales) y el de las familias. Y sobre todo, se va a disparar el gasto en pensiones, al pasarse de las 9,6 millones actuales (128.000 millones de gasto anual)  a 15 millones de pensiones previstas para 2050.

Y el problema es que aumentará el gasto pero no el empleo, porque además de caer la población en general habrá menos jóvenes en edad de trabajar: el INE estima que la población activa (16-66 años) caerá en 7 millones de aquí a 2050. Eso significa que habrá menos españoles trabajando y cotizando y que las pensiones y los servicios públicos se podrán pagar gracias a los denostados inmigrantes. Y con dificultades, porque si en 2018 hay 54,2 pasivos por cada 100 activos, para 2033 habrá 61,2 pasivos por cada 100 activos, según el INE. Y lo peor: en 2068, dentro de 50 años, habrá 78,6 pasivos por cada 100 activos. O dicho de otra manera: cada niño y jubilado tendrá 1,27 personas para que trabajen, paguen impuestos, coticen por ellos y les mantengan. Y casi la mitad de estos que aseguren la economía y el Estado del Bienestar serán inmigrantes.

Es lo que hay, salvo que desde hoy se tomen medidas para evitar este “suicidio demográfico” y se mejore la evolución esperada de la población, clave para asegurar un futuro mejor. Es lo que hizo Francia, que ha tardado  más de medio siglo en revertir el grave problema demográfico que heredó tras la II Guerra Mundial, gracias a un paquete de medidas (la natalidad es “una cuestión de Estado”, al margen de quien gobierne) que la han convertido en el país líder europeo en natalidad (1,92 niños/mujer frente a 1,31 en España).

La primera medida es apostar por la natalidad desde el Estado, con un mayor empuje político (en Francia, Alemania, Austria, Bélgica, Luxemburgo o Rumanía hay un Ministerio de la Familia, mientras en España es competencia de una subdirección general dentro de la Secretaría de Estado de Servicios Sociales e Igualdad) y más medios económicos: hoy por hoy, España es el 2º país europeo que menos gasta en ayudas a la familia y la infancia (tras Grecia), un 0,7% del PIB frente al 1,7% de media en Europa o Alemania, el 1,4% de Reino Unido, el 1,5% de Italia,  el 2,4 % de Francia, el 3,2% de Finlandia o el 4,5% de Dinamarca, según los últimos datos de Eurostat (2016). Eso significa que gastamos en ayudas a la familia  unos 7.830 millones de euros al año y que si gastáramos como la media europea (UE-28), necesitaríamos gastar 3.355 millones más cada año para equipararnos.

Con más recursos públicos, se podrían subir las ayudas por hijo, que en España son más bajas que en la mayoría de Europa: 24,25 euros al mes por cada uno de los cuatro primeros frente a 133/357/542 en Francia, 184/184/190/215 en Alemania, 107/71/71/71 en Reino Unido o 23/34/50/65 en Italia. Tanto el Instituto de Política Familiar como Save the Children proponen pagar 100 euros mensuales por hijo y 150 a familias monoparentales y pobres. En el pacto presupuestario para 2019 entre el Gobierno Sánchez y Podemos se incluye subir la prestación anual por hijo a cargo de 291 euros a 473 euros, así como ayudas de comedor a las familias pobres, con un coste de ambas medidas de 205 millones de euros.

Otra medida clave es facilitar el trabajo de las mujeres, para fomentar la natalidad. Eso pasa por crear más guarderías públicas, dado que sólo uno de cada tres niños están escolarizados de 0 a 3 años. El primer paso se incluye en ese acuerdo presupuestario entre el Gobierno y Podemos, que contempla permitir a los Ayuntamientos con superávit invertir en guarderías, gastando 300 millones en 2019. Y luego, se trabaja en un Plan a medio plazo para universalizar la enseñanza pública de 0 a 3 años. Otra medida clave es ampliar los permisos de paternidad, para liberar a las mujeres. En el pacto presupuestario Gobierno-Podemos se incluye subir de 5 a 8 semanas en 2019 (costará 300 millones) y seguir equiparando los permisos en los años posteriores, hasta las 16 semanas en 2021. Y queda mucho por hacer en la racionalización de los horarios laborales, para conciliar maternidad y trabajo. Otra medida que se tomó en Francia es rebajar las cotizaciones sociales de las madres trabajadoras. Y que el fomento de la natalidad recorra todas las políticas públicas, desde los descuentos en servicios públicos a las ayudas al alquiler para familias con hijos. Y por supuesto, en la política fiscal, con apoyos a las familias y al gasto en la infancia (rebaja IVA pañales).

Lo ideal sería alcanzar un Pacto de Estado por la natalidad y garantizar medidas estables de apoyo a medio plazo (como con las pensiones), al margen de los vaivenes políticos. Porque el problema demográfico de España es muy serio y nos hipoteca el futuro. Y dentro de las soluciones demográficas posibles, una medida clave es contar con más emigrantes, no con menos, aunque eso debe ser compatible con una entrada regulada y controlada, en el contexto europeo. Los necesitamos para asegurar el futuro.


jueves, 14 de enero de 2016

Familias monoparentales : mamás muy solas


Se llaman familias “monoparentales, niños que viven con un solo progenitor (padre o madre), porque se han separado o el otro murió. Son ya 1 de cada 10 familias, casi 1,8 millones de españoles. Incluso más, porque hay familias monoparentales que viven en casa de los abuelos. Deberían llamarse familias “monomarentales”, porque, en 8 de cada 10 casos, son mujeres solas las que se hacen cargo de los hijos (muchas, madres solteras). Y lo están pasando especialmente mal: el 52% de las familias monoparentales están en situación de pobreza y exclusión social, que sufren sobre todo los niños. Tanto que 1 de cada 3 menores de 18 años son pobres en España. Urge tomar medidas para ayudar a estas familias marginadas, sobre todo a las madres solas con niños, porque la mayoría están en paro y con ingresos mínimos (el 70%, menos de 600 euros). Piden una Ley que mejore su situación, con ayudas sociales que ya han iniciado Cataluña y la Comunidad Valenciana. Están muy solas.
 

enrique ortega


El panorama de las familias españolas ha cambiado drásticamente en las últimas décadas, sobre todo tras la entrada en vigor de la Ley del divorcio, el 9 de agosto de 1981. Con ello, aumentaron las separaciones y se producen unas 110.000 rupturas familiares al año (el 94%, divorcios). Así, han ido en aumento las familias monoparentales, los niños que viven al cuidado de un solo progenitor (padre o madre), porque se han separado o el otro ha fallecido: si en 1980, estas familias monoparentales suponían el 0,5% del total (unas 50.000), en 2014 eran ya casi el 10% de los hogares (9,6%), exactamente 1.754.700 personas, según la última Encuesta Continua de Hogares del INE. Incluso hay expertos que creen que la cifra es aún mayor, porque hay muchas mujeres y hombres solos con hijos que viven con sus padres y no aparecen como hogares monoparentales en las estadísticas. Según eso, podrían llegar a representar el 30% de las familias españolas, según la socióloga Elisabeth Almeda.

El crecimiento de las familias “monoparentales” se ha dado también en toda Europa, donde estas familias suponen ya un 16% del total de familias, según Eurostat, un porcentaje similar al de España, donde sube al 16,2% si se considera el porcentaje de familias monoparentales sobre el total de hogares con más de una persona (excluyendo los 4,5 millones de personas que viven solas). España tiene menos porcentaje de madres solas con niños (82,7%) que la media europea (83,7%) pero somos el tercer país de la UE-28 con un mayor porcentaje de padres solos con niños (17,3% de los hogares), sólo por detrás de Suecia (23,7%) y Rumanía (21,5%).

En España, el perfil de estas familias monoparentales son hogares formados básicamente por mujeres solas (1.450.400, el 82,7% del total) y en su mayoría con sólo un hijo (67,3% de hogares monoparentales), según los datos del INE. En un 41,8% de los hogares de madres con hijos, la madre está viuda, en un 37% separada o divorciada, en un 11,7% es madre soltera y en el restante 9,4% sigue casada. En un tercio de estos hogares monoparentales, el progenitor tiene 65 o más años y no llegan al 5% los que tienen menos de 35 años. En el caso de madres con hijos, el 37% tienen menos de 50 años y en el caso de padres solos con hijos, los menores de 50 años bajan al 29%.

Centrándonos en las madres solas con niños, la mayoría tienen entre 36 y 45 años (54%) y sólo el 15% es mayor de 45 años, según una encuesta reciente de la Fundación Adecco. Son casi tantas divorciadas (49%) como madres solteras (41%). La mayoría tienen sólo 1 hijo (el 56%) o dos (el 33%). En general, estas madres solas tienen poca formación (24% estudios elementales y otro 33% sólo secundarios). Y casi la mitad viven solas con sus hijos (45%), aunque aumentan las que viven con sus padres (32%) o con otras personas (23%).

Lo más preocupante de las familias monoparentales es que son un nicho de pobreza: el 42% tienen unos ingresos inferiores al 60% de los ingresos medios españoles, frente al 25,8% de los hogares biparentales (familias con dos padres), según el INE. Y si añadimos los problemas de falta de medios y elevado paro, una mayoría de los hogares monoparentales, el 53,3%, están en riesgo de pobreza o exclusión social (estadísticas europeas de Eurostat), frente al 30,5% de pobreza y exclusión de las familias biparentales (con 2 padres). Y esta mayor pobreza en los hogares con un solo progenitor se traduce en un alto nivel de pobreza infantil en España: un 35,8% de los menores de 18 años están en situación de pobreza o exclusión social en España, 2.826.549 niños y adolescentes, según Eurostat (2014). Tenemos el segundo mayor nivel de pobreza infantil de Europa, tras Rumanía, por delante de Bulgaria y Grecia.

El origen de esta alta pobreza en las familias monoparentales hay que buscarlo en el alto nivel de paro de las madres solas: un 45% están en paro, el doble que el conjunto de las mujeres españolas (22,69% en paro), según un estudio de la Fundación Adecco. Y lo peor: el 65% de las madres solas llevan más de un año sin trabajar (y el 43%, más de 2 años). Otro informe de Save the Children habla de que el 52% de las madres solas están en paro o trabajando precariamente. Y un 12% trabaja sólo “días sueltos”, con lo que sólo un tercio (33%) de estas madres solas con niños trabaja “normalmente” (de ellas, sólo un tercio tiene horario flexible o jornada intensiva, para cuidar a sus hijos).

Con tantísimo paro y muchos trabajos precarios (por horas y temporales), la consecuencia es que los ingresos de estas madres solas son ínfimos: más de la mitad (el 56%) ganan menos de 600 euros al mes y sólo el 16% ingresan más de 1.000 euros, según la encuesta de la Fundación Adecco. O sea, que el 84% de estas madres solas con niños no llegan a mileuristas. Pero eso es la media. Entre las que están en paro, la situación es peor: el 70% de estas madres solas sin trabajo ingresa menos de 600 euros. Y muchas, nada.

Hay otra parte de estas madres solas que sobreviven con una pensión de viudedad u orfandad, más bajas aún que el resto de pensiones. De las 2.358.932 viudas que cobran una pensión (siempre muy inferior a la de los hombres), 287.000 reciben menos de 300 euros y 1.444.000 menos de 650 euros al mes. Y la pensión de los 339.166 huérfanos que cobran algo es aún más baja: 194.000 reciben menos de 300 euros y 277.000 menos de 650 euros. Y las pensiones de orfandad son menores cuando la madre es soltera

Con este nivel de ingresos, resulta lógico que el 90% de las madres solas con niños tengan muy difícil llegar a fin de mes, como señala la encuesta de la Fundación Adecco. El informe de Save the Children es muy explícito: 4 de cada 10 familias monoparentales no disponen de dinero suficiente para pagar los gastos de su casa o tener la calefacción adecuada, 1 de cada 5 tiene problemas para pagar el alquiler o la hipoteca, 2 de cada 3 han reducido sus gastos de alimentación, 1 de cada 4 han dejado de comprar medicinas, 3 de cada 4 han reducido sus gastos de teléfono, TV o Internet… Y al final, el 5,1% de estas madres solas han tenido que volver con sus padres y un 7,9% más no puede independizarse. Y por todo ello, 2 de cada 10 madres solas con niños tienen o han tenido crisis de estrés o ansiedad.

¿Ayudas? El Gobierno Rajoy vendió” en febrero de 2015, durante el debate del Estado de la Nación, que las familias monoparentales iban a empezar a recibir 1.200 euros al año (el "cheque bebé"), la ayuda que ya se daba a las familias numerosas o con discapacitados. Pero la realidad es que esta ayuda tiene tres restricciones que la invalidan para la mayoría de familias monoparentales. La primera, que no beneficia a las familias monoparentales con sólo un hijo (el 56% del total). La segunda, que se quedan fuera las madres solas que tengan reconocidas pensiones de alimentos, aunque no las cobren por impago del otro progenitor. Y la tercera, que los 1.200 euros son una deducción fiscal sobre los ingresos a declarar en el IRPF, por lo que no se pueden beneficiar las familias monoparentales en paro (el 52% de las madres solas con hijos), porque es una deducción sobre los ingresos por el trabajo. En consecuencia, sólo el 1% de las familias monoparentales acceden realmente a esta ayuda de 1.200 euros que tanto publicitó Rajoy, según estima la Federación de Madres Solteras (FAMS). Además, Hacienda castiga fiscalmente a las madres solteras, al no considerarles familias monoparentales (sólo las mujeres separadas).

Al margen de esta ayuda fallida, las familias monoparentales sólo reciben mínimas deducciones en tres autonomías (100 euros en Andalucía y Extremadura o 303 euros en Asturias), más otras ayudas destacables en Cataluña: 15 puntos extras en baremos escolares, becas, bonificación 50% en guarderías públicas, descuentos en transportes, teatros y museos públicos y un permiso extra de 4 semanas tras el de paternidad o maternidad. Y en los últimos meses, el nuevo gobierno de la Comunidad Valenciana también ha aprobado ayudas específicas para las familias monoparentales: puntos extra en baremos escolares, descuentos, ayudas y bonificaciones fiscales, equiparándolas a las familias numerosas.

Ahora, trece asociaciones ligadas a las familias monoparentales han pedido una Ley de Familias Monoparentales, donde se contemplen una serie de derechos (jurídicos y sociales) y ayudas para paliar su penosa situación, empezando por definir el concepto legal de familia monoparental, que cada Administración interpreta a su manera. De hecho, la Sala segunda del Tribunal Constitucional considera que una madre soltera con un hijo o hija sola "no es una familia", como denuncia María García, madre soltera y presidenta de la Fundación de Familias Monoparentales Isadora Duncan.

Por otro lado, la organización Save the Children promueve la firma de esta petición contra la pobreza infantil y en apoyo de las familias monoparentales, con un abanico de propuestas concretas : aportación de 150 euros mensuales por hijo, prestación no contributiva de maternidad a las madres paradas sin recursos, facilidades en los accesos a la educación, deducciones fiscales, reducción en su aportación farmacéutica y sanitaria, protección especial frente a desahucios y desalojos, formación y mejora de la empleabilidad de las madres solas con niños y medidas eficaces de conciliación laboral y familiar. Todo ello en un marco de una mejor protección pública a la familia, donde España gasta la tercera parte que Europa (el 0,7% del PIB frente al 2,3% de media en la UE-28).

España tiene un serio problema de natalidad, con 1,27 niños por mujer, inferior a los 1,56 niños de media de Europa y los 2 niños por mujer de Suecia o Francia. Y eso supone una grave hipoteca para el futuro, donde faltarán jóvenes para trabajar y pagar las pensiones de una población cada vez más envejecida. En este contexto, sería urgente promover la natalidad y fomentar que las mujeres que trabajan sean madres, con ayudas y fomento de la conciliación laboral. En lugar de eso, se recortan las ayudas a la familia y se permite que la pobreza se cebe en los hogares más vulnerables, las madres solas con hijos. El próximo Gobierno tiene otra urgente asignatura pendiente: ayudar a las familias, empezando por las madres solas (y padres) que tienen graves problemas para sacar adelante a sus hijos. Están muy solos.

lunes, 23 de septiembre de 2013

Menos hijos: la cigüeña está en crisis


La crisis, que ha cumplido cinco años, tiene unas consecuencias inmediatas y palpables: paro, menos sueldo, precariedad laboral, recortes sociales y más pobreza y desigualdad. Otras se notan a medio plazo, como la caída de la natalidad: los nacimientos llevan cuatro años seguidos cayendo, con la crisis, y ahora nacen dos tercios de los niños que en 1976. Con ello, los hijos por mujer han caído a 1,32, cuando harían falta 2,1 niños por familia para cubrir el efecto sustitución, para asegurar las pensiones y el Estado del Bienestar : tendrían que nacer 280.000 niños más cada año. Para eso, hace falta una política de ayudas a la familia (como otros países) y no recortes, como está haciendo el Gobierno Rajoy con becas, ayudas, desempleo, pensiones y Dependencia. Y apoyar el trabajo de la mujer, la conciliación laboral y familiar y más ayudas fiscales a las familias. Sin más niños no hay futuro.
 
enrique ortega

En 1976, a poco de morir Franco, en España nacieron 677.456 niños, 1.856 al día. Después de tres décadas largas de crecimiento, en 2008 ya sólo nacieron 517.779, 1.424 al día. Y con la crisis, llevamos cuatro años seguidos de caída fuerte de la natalidad, con 453.637 nacimientos en 2012, 1.242 al día, un tercio menos que en 1976, según el INE. En consecuencia, hemos pasado de 18,7 nacimientos por  1.000 habitantes (1976) a la mitad, a 9,7 (2012). Y con varias autonomías muy por debajo de esa media: Asturias (7,1 hijos por 1.000 habitantes), Castilla y León (7,5), Galicia (7,6), Canarias (8,2), Extremadura (8,5) y Cantabria (8,6).

Dos son las causas inmediatas de esta caída de la natalidad. Una, obvia, que las mujeres tienen menos hijos: 1,32 hijos de media, la mitad que en 1976 (2,80 hijos por mujer) y menos que la mayoría de mujeres europeas (1,59 hijos de media en la UE, 1,8 en Reino Unido y 2 hijos en Suecia o Francia). Además, los tienen más tarde: a los 31,6 años de media (en 1976 a los 28 años). Y la otra, demográfica, que ahora hay menos mujeres en edad fértil (15-49 años, según el INE), porque estamos pagando la crisis de natalidad de los años 80 y primera mitad de los 90. Y además, hay menos mujeres inmigrantes, que tienen más hijos (1,44 hijos de media frente a 1,28 hijos las españolas).

Pero hay otras causas vinculadas a la crisis: el temor al futuro es el mayor anticonceptivo. Y con 6 millones de parados, una de cada 5 familias con la mitad de sus miembros en paro y una de cada 10 sin ningún ingreso, los salarios congelados o bajando, los precios y los impuestos subiendo, pocas familias se animan a tener hijos ahora. Y si 4 de cada 10 familias sobreviven gracias a las prestaciones sociales, los recortes de los tres últimos años han sido la puntilla a la natalidad: menos becas y ayudas (comedor, libros de texto, transporte), subidas de tasas y guarderías, copago de recetas y servicios sanitarios, recortes en el subsidio de desempleo, recortes en las ayudas a la Dependencia, limitaciones al  bono social de luz y agua para las familias numerosas, recortes de ayudas autonómicas y municipales a las familias y pérdida de poder adquisitivo de las pensiones que ayudan a muchas familias. En total, menos ingresos y mucha incertidumbre como para plantearse traer más hijos al mundo.

Y un factor clave, la penosa situación de la mujer en España: hay dos millones menos de mujeres trabajando que hombres (para una población similar), debido entre otras cosas a que la maternidad juega en su contra para encontrar trabajo. Y un 23% de mujeres dejan su trabajo para cuidar a sus hijos pequeños, por culpa de la falta de guarderías (o su alto precio), de ineficaces políticas laborales de conciliación y de la escasa ayuda de sus maridos. Y con la crisis, las empresas han reducido un 40% sus ayudas para conciliación laboral. En consecuencia, tener hijos tiene un alto coste para las mujeres y cada vez se lo piensan más si quieren hacer una carrera profesional.

Por todo esto (demografía, crisis y penalización a la mujer), la natalidad cae y seguirá cayendo, según el INE, que estima 14,6 millones de nacimientos en España en los próximos 40 años, un 24% menos que en los 40 años anteriores. Por ello y por la marcha de los inmigrantes, la población española ha caído en 2012, por primera vez en la historia reciente, y seguirá cayendo: España perderá 4,7 millones de habitantes en los próximos 40 años. Y además, como crece la esperanza de vida, seremos menos españoles y más viejos: en 2052, un 37% de la población tendrá más de 64 años. Menos niños y más jubilados, un grave problema: menos a cotizar (en 2052 habrá una persona en edad de trabajar por cada niño o jubilado) y a pagar impuestos, en perjuicio de las pensiones y el Estado del Bienestar (sostener la educación, la sanidad, la atención a la Dependencia y los servicios sociales).

El problema es serio porque para mantener el equilibrio y cubrir el efecto sustitución (padres por hijos) haría falta tener 2,1 hijos por mujer, frente a los 1,32 actuales. Eso exige que nazcan 280.000 niños más cada año para asegurar el relevo generacional, según el Instituto de Política Familiar. Algo difícil en España, que está a la cola de Europa en gasto social destinado a las familias y uno de los pocos que no tiene una prestación universal por hijo: muchos países conceden 110/120 euros mensuales por hijo (en Alemania, 180 euros al mes) y aquí sólo 24 euros al mes para familias que ganen menos de 12.000 euros. Y además, se ha recortado el catálogo de ayudas (estatales, autonómicas y municipales).

El Gobierno, que prometió el oro y el moro para las familias en la campaña electoral, ha anunciado un Plan integral de apoyo a la Familia para 2013, aunque parece que se retrasa hasta 2014, mientras sigue haciendo recortes que penalizan a las familias. Frente a promesas más ideológicas que concretas, hace falta una política decidida de ayuda a la familia y fomento de la natalidad, asentada en cuatro patas. Una, establecer un Plan de ayudas a las familias, desde guarderías y enseñanza o sanidad al transporte, la vivienda, la luz, el agua o el cobro del desempleo o las ayudas a la Dependencia. Dos, establecer una fiscalidad de apoyo a la familia y a la natalidad, incorporando propuestas como la de mejorar la pensión de los que tengan más hijos (campaña de recogida de firmas “Más hijos, más pensión”) o que cuente como tiempo cotizado los años en que las madres cuidan a sus niños pequeños. Tres, avanzar en las políticas de conciliación laboral en las empresas, ampliando el permiso de paternidad (de 2 a 4 semanas, como prometieron ZP y Rajoy), creando más guarderías y racionalizando horarios. Y cuatro, dar prioridad a las familias más vulnerables: familias numerosas, familias monoparentales con hijos y familias con algún discapacitado.

España y la Europa del sur, que siempre habían tenido más hijos, están ahora por detrás de la Europa rica del norte, que apoya más a la familia y a la natalidad. Apuestan por el futuro. Porque un día saldremos de la crisis y nos encontraremos con que nos faltan jóvenes para trabajar y cotizar, para sostener las pensiones y las prestaciones del Estado del Bienestar. Y aumentar la población no se improvisa, hay que pensar en mejorar la natalidad a veinte años vista. Empezar ya, sin demagogias, con ayudas de verdad. Apostar porque nazcan más niños es garantizarnos el futuro. Penalizar los nacimientos, como ahora, es un suicidio.