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jueves, 26 de septiembre de 2024

Jóvenes: trabajo más precario y peor pagado

El empleo de los jóvenes ha crecido más que el del resto de españoles. Y también ha bajado porcentualmente más el paro juvenil. Una gran noticia que no puede ocultar otra: los jóvenes siguen teniendo empleos más precarios, a pesar de la reforma laboral: 1 de cada 3 que trabajan tienen un contrato temporal (el doble que todos los trabajadores) y 1 de cada 4 tienen un contrato a tiempo parcial (por horas o días), el doble que todos los empleados. Esta doble precariedad lleva a que los jóvenes cobran sueldos mucho más bajos: ganan una cuarta parte menos que el sueldo medio y 8 de cada 10 jóvenes declaran sueldos inferiores al salario mínimo. Así, la mayoría de jóvenes no pueden hacer planes de futuro, independizarse (sólo el 17%) y comprar o alquilar un piso (carísimos: un alquiler se lleva el 92% de su sueldo). Está claro: o mejoramos los trabajos de los jóvenes y los alquileres o les condenamos a un futuro incierto. Y nadie toma medidas.

                            Enrique Ortega

El alto crecimiento de los últimos años, tras la pandemia, y la reforma laboral (en vigor desde marzo de 2022) han servido para crear muchos más empleos (+1.717.800 ocupados desde diciembre de 2019) y que sean más estables y menos precarios. Curiosamente, la mejora del empleo ha beneficiado más a los jóvenes. Por un lado, los menores de 30 años han conseguido estos años 415.200 nuevos empleos, +15%, casi el doble del aumento del empleo total (+8,6%), según la EPA. Y si analizamos el último año (junio 2023-junio 2024), los menores de 30 años se han llevado la cuarta parte de los empleos creados (108.700 de 426.300), un aumento del +3,5% (frente al 2% que creció todo el empleo). Y ha crecido más el empleo de los más jóvenes (+14,6% entre 16 y 19 años) y los que tienen entre 20 y 24 años (+7,15%), creciendo poco entre 25 y 29 años (+0,6% el último año).

Con ello, los jóvenes españoles batieron en junio 2024 un récord histórico de empleo (trabajaban 3.192.400 jóvenes menores de 30 años) y también un récord de afiliación a la Seguridad Social: 3.328.710 afiliados menores de 30 años. Por otro lado, el paro de los jóvenes ha caído más que el paro general: del 24,8% en junio de 2019 al 19,8% en junio de 2024 (-5%), la tasa juvenil más baja desde 2005, mientras el total del paro bajaba estos 5 años del 14,02% al 11,27% (-2,8%). Y otra vez, bajó más el paro de los más jóvenes (-41% entre 16 a 19 años) y los de 20 a 24 años (-25%) que en el resto (-16,2% paro 25 a 29 años).

Hasta aquí las buenas noticias. Porque cuando se profundiza en el empleo juvenil creado, se ve que el empleo de los jóvenes sigue siendo mucho más precario que el del resto, según revela un reciente estudio de UGT. Así, en junio de 2024 había 1.982.200 asalariados jóvenes (menores de 30 años) con contrato indefinido, el 66,38% de los jóvenes asalariados, frente a un total de 15.498.800 asalariados indefinidos, el 84% del total. Así que un tercio de los jóvenes asalariados (el 33,62%) tienen un contrato temporal, el doble que el conjunto de asalariados (sólo el 16% son temporales). Eso sí, la reducción de la temporalidad entre 2021 y 2024 ha sido mayor entre los jóvenes (-21,2%) que en el conjunto de trabajadores (-9,2%).   Así que la reforma laboral ha beneficiado más a los jóvenes, pero todavía sus contratos son el doble de temporales que los del resto de asalariados. Y además, esa temporalidad es mucho mayor entre los que tienen de 16 a 19 años (63,5% tienen contratos temporales) y entre los que tienen de 20 a 24 años (41,4% contratos son temporales).

El 2º dato que revela la precariedad del trabajo de los jóvenes, según denuncia el estudio de UGT, es que tienen un alto porcentaje de contratos a tiempo parcial (trabajan menos horas de la jornada habitual o menos días a la semana). En junio de 2024, el 25,7% de los contratos de los jóvenes (menores de 30 años) que trabajan son a tiempo parcial, el doble de los contratos a tiempo parcial que tienen el conjunto de los trabajadores, un 13,6%. Y otra vez, los más jóvenes, los que tienen de 16 a 19 años tienen más contratos a tiempo parcial (el 57,4%), al igual que los jóvenes de 20 a 24 años (36,4% con contratos a tiempo parcial), bajando sólo entre los de 25 a 29 años (16,4 % contratos a tiempo parcial).

Una parte de estos jóvenes trabajan menos horas (o días) porque quieren” (el 42,4%), para compaginar el trabajo con los estudios. Algo que sólo hacían el 18,7% hace una década, lo que indica que ahora, con las sucesivas crisis, muchos jóvenes buscan un trabajo por horas (compatible con sus estudios) “para ayudar en casa". Pero casi la otra mitad de jóvenes que trabajan a tiempo parcial (el 42,3%) lo hacen porque no encuentran un trabajo a tiempo completo”. Son “lentejas”: o trabajan sólo unas horas o unos días o siguen en paro. Y esta es la principal razón  para los jóvenes de 25 a 29 años que trabajan a tiempo parcial (el 57,3% lo hacen porque no encuentran otro empleo).

En resumen, que los jóvenes han conseguido más empleos y rebajar más el paro que el resto de trabajadores, pero siguen con trabajos mucho más precarios, con más contratos temporales y a tiempo parcial. La consecuencia de esta doble precariedad” es que ganan menos: su salario medio es una cuarta parte menor al del conjunto de los trabajadores. Según el decil de salarios EPA 2022, el salario medio bruto de los menores de 30 años es de 1.558,3 euros mensuales (por 12 pagas), 18.699,3 euros brutos anuales, el 73,2% del salario medio nacional (2.128,4 euros brutos, 25.536 euros anuales). Y además, estos salarios de los jóvenes han subido menos (un +9,6% desde antes de la pandemia hasta 2022) que los del conjunto de trabajadores (+11,4%), según el estudio de  UGT.

Esa es la media salarial de los menores de 30 años, porque la mayoría de jóvenes, los que trabajan con menos de 26 años ganan aún menos: el 80% tenían un sueldo inferior al salario mínimo a tiempo completo (14.000 euros en 2022), según la Agencia Tributaria. Y también ganaban menos del SMI el 40% de los jóvenes de 26 a 35 años. Otra estadística, la Encuesta de Estructura Salarial del INE (2022) revela que mientras el salario medio de todas las edades era de 26.948 euros brutos, los menores de 20 años ganan 10.597 euros (el 39%), los de 20 a 24 años 15.181 euros (el 56%) y los de 25 a 29 años, 20.459 euros (el 76%). Y el último estudio del Consejo de la Juventud señala que los jóvenes (menores de 30 años) ganan 1.050,77 euros netos al mes.

Con este panorama, trabajos más precarios y sueldos muy bajos, los jóvenes que trabajan tienen difícil sobrevivir y más todavía emanciparse. Por un lado, con la alta inflación de los últimos 3 años (+16% de subidas acumuladas), han perdido poder adquisitivo y el 41,7% de los jóvenes no tiene capacidad para afrontar gastos imprevistos, según el INE, frente al 37,1% el conjunto de españoles. La mayoría de los jóvenes trabajadores tienen problemas para llegar a fin de mes y 1 de cada 5 jóvenes está en situación de pobreza (ingresan menos del 60% de la media del país): un 21,4% de jóvenes son considerados “pobres, según el INE, frente al 20,2% del total de españoles.

La consecuencia inmediata de la alta precariedad laboral de los jóvenes y sus bajos salarios es que no pueden emanciparse: sólo el 17% de los jóvenes menores de 30 años están emancipados en España (el 4,6% de 16 a 24 años y el 39,4% de 25 a 29 años), frente al 31,9% en la UE-27. El resto, viven con sus padres y se emancipan mucho más tarde que en Europa: a los 30,4 años de media, frente a los 26,3 años en Europa.

La clave de que dos tercios de los  jóvenes españoles vivan con sus padres (el 65,6% de los que tienen de 18 a 34 años, frente al 49,6% en la UE-27) no está sólo en su trabajo precario y mal pagado: se agrava por los altísimos precios de la vivienda, en propiedad y en alquiler. Para poder comprar un piso, los jóvenes necesitan tener un 25% del precio ahorrado (o que se lo den sus padres), para la entrada y los gastos iniciales. Y después, pagar una hipoteca media de 750 euros mensuales, que supone el 72% de un sueldo joven medio. Y para pagar un alquiler, ya necesitan 968 euros de media, según el estudio de UGT. Y además, pagar los gastos fijos de la vivienda (agua, luz, Internet y gastos comunitarios). Un estudio del Consejo de la Juventud revela que el coste de un alquiler y sus gastos fijos son ya 1.131 euros al mes, 80 euros más de lo que ganan los jóvenes en España (1.050,77 €) . Y hay que comer, pagar transporte, vivir… Imposible.

Este es el negro panorama de los jóvenes que tienen un trabajo. Pero aún lo tienen peor los jóvenes que lo buscan, que no trabajan y están en paro: 786.000 parados con menos de 30 años en junio 2024, según la EPA. Y cada año hay unos 350.000 jóvenes que terminan sus estudios (Bachillerato y FP más 200.000 licenciados universitarios) y buscan su primer trabajo, una “odisea”. Según las estadísticas, el 25% de estos jóvenes tardan más de 1 año en colocarse, más tiempo cuanto menos formación tengan.

Los datos revelan que España es uno de los paises europeos donde los jóvenes tienen más problemas para trabajar una vez terminados sus estudios, según Eurostat. Así, de los jóvenes (entre 20 y 34 años) que terminaron sus estudios hace entre 1 y 3 años, sólo trabajan en España el 78,7%, frente al 83,5% que lo consiguen en la UE (y el 93,2% en los Paises Bajos, el 91,5% en Alemania o el 80,1% en Francia, bajando al 67,5% en Italia). Este porcentaje (78,7%) es menor para los que acaban Bachillerato o FP de Grado medio (64,2% trabajan en España y el 78,1% en la UE-27) y sube entre los licenciados universitarios (83,1% en España, frente a 87,7% en la UE-27). Esa menor “empleabilidad” explica que la tasa de paro juvenil en España sea la mayor de Europa: 25,5% de paro entre los menores de 25 años, casi el doble que la UE-27(14,5%) y cuatro veces el de Alemania (6,6%). 

¿Por qué los jóvenes españoles tienen más problemas para trabajar? Hay varias causas. Una clave es su formación: muchos jóvenes están poco formados (incluso muchos no han terminado el Bachillerato ni la FP de Grado medio) y, sobre todo, tienen una formación que no es la que piden las empresas. En el caso de los licenciados universitarios (200.000 al año), la mayoría han estudiado carreras no técnicas (no STEM: ciencias, tecnología, ingeniería y matemáticas), con menos demanda por parte de las empresas, que se quejan (un 75%) de  que no encuentran los perfiles de trabajadores que necesitan (big data, ciberseguridad, desarrolladores, TIC, trabajadores digitales…).

Otra razón que explica las dificultades de los jóvenes es su escasa experiencia. Es normal que un joven que busca su primer empleo no tenga experiencia, pero la “culpa” es de las Universidades que les forman y de las empresas, que deberían “forzar las prácticas” durante los años de formación (pero menos de la mitad de los universitarios las hacen). Y luego, hay que reformar el sistema actual de prácticas y becas fin de estudios, para conseguir que los jóvenes aprendan y no sirvan sólo como mano de obra barata para las empresas.

En los últimos años, hay también un cierto “recelo empresarial a contratar jóvenes. Lo revela una reciente Encuesta hecha a 1.200 dirigentes empresariales, donde el 40% piensan quelos graduados universitarios no están preparados para ingresar en el mundo laboral”, alegando 2 causas: que la generación Z (nacidos de 1977 a 2012) “no tiene ética de trabajo” (“pasan mucho”) y “les faltan habilidades de comunicación”. Eso hace que muchas  empresas prefieran contratar a mayores de 30 años (y menores de 45…).

Otra causa de la menor empleabilidad de los jóvenes es que sufren un cierto “tapón generacional: hay menos movilidad laboral y los trabajadores mayores no cambian de trabajo y se quedan más años en las empresas, lo que dificulta el acceso de los jóvenes. Esto lleva a que las plantillas de las empresas españolas estén cada vez más envejecidas y baje el porcentaje de jóvenes: en 2005, el 41% de los ocupados tenían menos de 35 años y ahora son solamente el 25%, mientras los mayores de 45 años copan el 50,1% del empleo total. Y las empresas no hacen apenas contratos de relevo (un trabajador mayor trabaja un 75% y el resto lo cobra de jubilación, mientras le sustituye un joven), porque les supone un mayor coste (en cotizaciones y sueldos reales) y también al Estado (más pensiones).

Y hay otra causa más, muy importante, que explica los problemas de los jóvenes para trabajar: las oficinas de empleo (SEPE) no les ayudan, ni a preparar currículums ni a divulgar demandas ni a recolocarse. Y como los jóvenes lo saben (creen que el SEPE es para “sellar y cobrar el paro”, los que lo cobran), resulta que el 58% de los jóvenes sin trabajo ni siquiera se registran como parados en el SEPE, mientras buscan trabajo por distintos portales privados de empleo (en los que sí confían) y por familiares y conocidos.

Al final, resulta que "la generación más formada de nuestra historia", los jóvenes que tienen menos de 30 años, están en paro o trabajan de forma precaria, con sueldos tan bajos que no les permiten emanciparse y formar una familia. Un drama para muchos jóvenes, que viven peor que sus padres y abuelos, lo que les hace perder interés por la política y la sociedad o radicalizarse. Y que exige medidas que los políticos no toman: reformar la enseñanza (desde el colegio a la Universidad) para formar en lo que necesitan las empresas, una mejor orientación educativa y laboral, una reforma drástica de las oficinas de empleo (para que ayuden a los jóvenes a colocarse), una política de prácticas y formación en las empresas, más ayudas a su contratación y, sobre todo, ayudas directas a los jóvenes para que puedan alquilar una vivienda, con promociones públicas. Un Plan para los jóvenes, porque nos estamos cargando su futuro. Y el nuestro.

jueves, 13 de junio de 2024

España, líder en camareros universitarios

Este mes, 200.000 universitarios terminan su carrera y buscarán un trabajo, tarea difícil: el 25% no trabaja 4 años después de terminar la Universidad y muchos tienen empleos precarios y mal pagados. Lo peor es que un tercio de universitarios acaban trabajando en empleos para los que están “sobrecualificados”, un despilfarro de talento y recursos. Ahora, con el verano, muchos universitarios acaban en la hostelería, atendiendo terrazas: el 83,7% de los titulados españoles que trabajan en este sector lo hacen por debajo de su cualificación, frente al 68% de universitarios europeos. España tiene un doble problema: tenemos más jóvenes universitarios (el 50,5% entre 25 a 34 años) que el resto de Europa (44,7%) pero nuestro modelo económico no los incorpora. Y encima, su formación no se corresponde con la que piden las empresas (pocos licenciados en carreras técnicas y muchos en humanidades). Además, las oficinas de empleo no ayudan a colocar a los jóvenes, que optan por los portales online. Urge que los universitarios se formen mejor y no acaben poniendo cañas.


Acaba el curso universitario y unos 200.000 jóvenes terminan su carrera (199.048 “egresados” universitarios en 2021, según Educación) , un número que ha ido bajando desde 2013 (233.626 universitarios acabaron los cursos de Grado), por la caída de la natalidad y el aumento de tasas universitarias. Menos de la mitad de estos universitarios han terminado su carrera en 4 años (el 40,8%) y más de la mitad (53,4%) lo acaban con un año de retraso (un porcentaje mayor en las carreras técnicas), mientras un 18,7% abandonan la carrera el primer año o se cambian a otra (el 7%).El 81% de los que terminan estudios de Grado lo hacen en Universidades públicas, el 60% son mujeres y la mayoría (148.914 universitarios) tienen menos de 25 años. Y cada vez son más los que se “reenganchan” para hacer un Master: 141.696 universitarios terminan un master cada año (curso 2020-21, últimos datos de Educación), la mayoría mujeres (57%) y sólo el 51,5% lo hacen en Universidades públicas.

Tras terminar sus estudios, de Grado o Master, los universitarios se lanzan a la difícil tarea de buscar trabajo. Y no lo tienen fácil, como lo demuestra que, al año de terminar su carrera, solo cotizan a la Seguridad Social el 52,7% de los universitarios y a los 4 años de terminar el Grado sólo cotizan el 75,4% de los universitarios, según un estudio de la Fundación CYD, que refleja que trabajan más los que han hecho un Máster y los que han estudiado en Universidades privadas, siendo mayor el trabajo para los universitarios que han estudiado informática, ingenierías y ciencias de la salud, mientras trabajan menos los que estudiaron artes, humanidades, ciencias sociales, periodismo y ciencias de la educación.

Los universitarios consiguen más trabajo que los jóvenes con menos formación, pero aún así tienen una menor tasa de empleo y más paro que los universitarios europeos. Por un lado, tenemos el doble de universitarios en paro que en el resto de Europa: un 12,5% frente al 6,3% entre licenciados de 25 a 29 años y un 8,1% frente al 3,8% en la franja de edad de 30 a 34 años, según los datos de la Fundación CYD. En cuanto al empleo, en España trabajan el 76,3% de los jóvenes universitarios de 25 a 29 años, un porcentaje inferior al 83% de universitarios de esa edad que trabajan en Europa, según Eurostat. Y los universitarios con 30 a 34 años, trabajan el 85,6% en España frente al 89,3% en la UE-27. Además, los universitarios españoles tienen empleos más precarios: el 17,5% tienen contratos temporales y somos el 2º país UE con más temporalidad (tras Paises Bajos), muy por encima de la temporalidad de la UE (10,3% para los universitarios.

Y con unos contratos más precarios, los universitarios españoles ganan menos que sus colegas europeos: un 35% más que los jóvenes que se quedaron en Bachillerato, frente al 46% más que ganan comparativamente los universitarios UE, según la Fundación CYD. Y los universitarios en España ganan un 64% más que los que sólo tienen la ESO, mientras en Europa ganan un 75% más que los que sólo tienen los estudios básicos. De hecho, la mitad de los universitarios españoles ganan menos de 1.500 euros en los cuatro años siguientes a licenciarse, según un estudio del BBVA e Ivie.

Pero lo más llamativo es el alto porcentaje de universitarios que trabajan en empleos que exigen mucha menos formación, los universitarios “sobrecualificados” para los trabajos que hacen, licenciados que acaban en un bar, en un comercio o de cajeros de supermercado. España es líder europeo de universitarios “sobrecualificados”: un 35,9% de los ocupados (20 a 64 años), frente al 22,2% en la UE-27, según Eurostat (2022) por encima de Grecia (32,5% de universitarios “sobrecualificados”), Irlanda (28%), Italia (22,5%), Francia (22%) o Alemania (20,2%). Y ese porcentaje de “sobreocupados” es mayor entre los universitarios más jóvenes (36,5%) y entre las mujeres (36,8% frente al 34,9% los hombres).

Esta sobrecualificación de los universitarios que trabajan se concentra en una serie de sectores de actividad, destacando dos: las empleadas del hogar (99,4% trabajan con más cualificación de la que necesitan) y la hostelería, donde el 83,7% de los universitarios empleados trabajan en puestos por debajo de su cualificación, sobre todo de camareros y en cocinas, limpieza y mantenimiento. Un porcentaje de “sobrecualificados” que supera con creces la media en la hostelería de Europa, que tiene un 68% de personal sobrecualificado (77,7% en Grecia,72,6% en Italia, 54,4% en Portugal y 52,7% en Francia, los otros paises turísticos). A la hostelería le sigue en porcentaje de “sobrecualificados” la agricultura (76,6% de universitarios en trabajos de menor categoría), logística (73,1%), administrativos (69,6%), comercio (61,8%) y construcción (53,2% de sobrecualificados).

El gran peso de los trabajadores “sobrecualificados”, universitarios vendiendo ropa o poniendo cañas, es un despilfarro de recursos, un “fracaso vital” ¿A qué se debe? Hay dos bloques de causas. Una, que España tiene más universitarios que el resto de Europa (un 50,5% de jóvenes entre 25 y 34 años son licenciados, frente al 44,7% en la UE-25, según la OCDE) y sin embargo tenemos una economía que no los absorbe, porque nuestro modelo económico está más basado en los servicios y el turismo, en las pymes que en la industria, la tecnología y las grandes empresas, que son quienes demandan más universitarios. Tenemos “demasiados universitarios” , muchos jóvenes con baja formación (26,6% frente al 12,2% en la UE-25) y pocos jóvenes con formación intermedia (Bachillerato y FP), la que más demanda nuestra economía : sólo un 22,9% de los jóvenes (25-34 años) frente al 43,1% en la UE-25. Y en este grupo, en España tiene poco peso la Formación Profesional (FP), que ofrece muchos empleos: sólo la cursan el 24% de los que terminan la ESO (la mayoría hacen Bachillerato), frente al 37,2% en Europa, el 55% en Paises Bajos, el 51,5% en Italia, el 36,9% en Francia y el 32,1% en Alemania, según la OCDE.

La otra causa de la “sobrecualificación”, de tanto talento desaprovechado, es la deficiente formación con la que se licencian los universitarios en España. Primero , la mayoría estudian carreras con poco futuro laboral, con una mayoría en Grados de humanidades sobre carreras técnicas (STEM, por sus iniciales en inglés: Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas), que tienen hoy mayor empleabilidad. Así, entre los que acabaron el Grado en el curso 2021-22 (último dato publicado), la mayoría se licenciaron en Ciencias Sociales (97.783) y Ciencias de la Salud (42.589, el doble que en 2006-2007), mientras bajan los licenciados en Ingenierías y Arquitectura (28.947 frente a 43.101 en 2006-2007) y en Ciencias (12.357 frente a 12.600 cinco años antes), aumentando los licenciados en Artes y Humanidades (17.372 licenciados frente a 14.101 en 2006-2007). Un dato resumen: cada año se gradúan 9.000 psicólogos y 1.500/1.700 físicos y matemáticos… En realidad, hay un déficit de licenciados (-25% que en Europa) en carreras de alta ocupación como Ciencias e Ingenierías.

El segundo problema es que la formación de los universitarios está “sobrevalorada”, en realidad, según este estudio de Funcas. Así, los programas internacionales PIACC alertan que España está entre los paises con menor puntuación en comprensión lectora y capacidad de cálculo de los adultos, así como menores niveles de “excelencia”. Y las empresas que tienen que contratarlos se quejan del “bajo nivel de competencias y conocimientos con el que terminan sus carreras los universitarios”, según las encuestas hechas por la Fundación FYD. Y hay un tercer problema, ligado con la formación que se imparte en la Universidad: tiene poco que ver con la formación que demandan las empresas, que se quejan de que no encuentran los perfiles (sobre todo técnicos) que necesitan. Y por eso ha crecido la demanda de titulados en FP Superior, que tienen una buena formación teórica y han hecho prácticas en empresas, con la FP dual (exige entre un 25 y un 35% de prácticas, 500 horas anuales).

Por todo ello, el último informe de la OCDE (octubre 2023) alertaba a España de la necesidad de actuar en la mejora de la educación y el empleo de los jóvenes, además de preocuparse de su vivienda y salud mental, para que puedan emanciparse. Empezando por la mejora de la educación, desde la escuela a la Universidad, con programas concretos para reducir el abandono escolar, mejorar la formación de los docentes y una enseñanza menos memorística y que fomente las “habilidades” de los alumnos. Y proponían potenciar más la Formación Profesional (donde faltan 300.000 plazas, según los sindicatos), lo que exige contar con la colaboración de 1 millón de empresas para hacer prácticas. Y sobre la formación universitaria, la OCDE pide que las empresas participen más en los Planes de estudio.

Otro conjunto de medidas que proponían hacen referencia a las políticas activas de empleo, a facilitar la recolocación de los parados, en especial los jóvenes, mujeres y mayores de 45 años. Y aquí queda mucho por hacer. Las oficinas de empleo públicas (dependientes de las autonomías) apenas ayudan a encontrar trabajo: en 2023, el SEPE sólo consiguió el 2,84% de las colocaciones (29.017 empleos) de jóvenes de 16 a 29 años. Jóvenes que, por eso, apenas se registran en el SEPE (sólo el 58% de los parados jóvenes) y prefieren utilizar los portales online privados (InfoJobs, Infoempleo, JobandTalent o  Linkedin). Las oficinas de empleo españolas tienen menos recursos humanos y materiales que las de la mayoría de Europa (necesitarían 1 orientador por cada 100 parados registrados y el SEPE tiene la tercera parte) y además no se conectan con la mayoría de las demandas de las empresas ni con las oficinas de otras autonomías, según denuncia este informe de Funcas.

Junto a estas medidas, los expertos educativos hacen hincapié en una reforma de la educación universitaria, defendiendo una mayor colaboración entre las empresas y la  Universidad, como propone el último informe de la Fundación FYD, que plantea una mayor participación de los sectores y empresas en los Planes de estudio, un mayor intercambio entre profesores y profesionales de las empresas, un aumento de las prácticas de los universitarios en las empresas (se dan en las Universidades privadas pero menos en las públicas) y, sobre todo, una mayor flexibilidad entre la Universidad y la FP Superior, para el trasvase de alumnos y experiencias, desde el acceso a los Másteres. Se trata de evitar que la Universidad sea “una fábrica de parados” y que los universitarios, en los que hemos volcado ingentes recursos y esperanzas, acaben poniendo cañas en un bar, de cajera de supermercado o vendiendo ropa en una tienda, un fracaso de todos. Formación, formación y formación, pero en lo que la economía y las empresas necesitan. Y muchas prácticas. A ello.

jueves, 3 de diciembre de 2020

40,4% de paro: "emergencia" juvenil


Ayer se publicó el paro en España y Europa: subió en noviembre y son ya 3.851.312 parados registrados en España, el 16,2% de los activos, más del doble que en Europa (7,6%). Pero el dato más escandaloso, del que no se habla, es el paro juvenil: un 40,4% de los menores de 25 años están sin trabajo, más del doble que en Europa (17,5%) y 7 veces el paro juvenil de Alemania (6%). Los jóvenes ya tenían poco empleo antes, pero la pandemia se ha cebado con ellos (y sobre las mujeres) y el paro de los menores de 30 años ha aumentado en 186.380 personas, casi un tercio de todo el aumento del paro desde febrero. Con ello, si los jóvenes tenían poco trabajo, mucha precariedad y bajos sueldos, ahora están peor. Y por eso han aumentado los que viven con sus padres: son ya el 82,7% de los jóvenes. Urge un Plan de choque para colocar a los jóvenes y mientras, ayudarles a formarse y sobrevivir. Son nuestros hijos y nietos. 

La pandemia ha provocado una tremenda recesión, que en el caso de España se traduce en una pérdida de 790.000 empleos, desde finales de 2019 hasta finales de septiembre, según el último dato publicado por la EPA (3º trimestre 2020). Pues bien, más de un tercio de esos empleos perdidos (el 37%) los han perdido los jóvenes: -292.100 empleos perdidos entre los menores de 30 años, un porcentaje (-10,5%) que duplica con creces a la pérdida total de empleo (-3,95% hasta septiembre). Las mayores pérdidas porcentuales de empleo las han sufrido los más jóvenes, de 16 a 19 años (-19,24%, -28.200 empleos), los que tienen entre 20 y 24 años (-12,05%, -109.400 empleos) y los jóvenes de 25 a 29 años (-9% de caída, -154.500 empleos en estos nueve meses), según la última EPA.

Con esta pérdida de empleo por la pandemia, los jóvenes aún trabajan menos que antes, cuando ya tenían poco empleo: si sólo trabajaban la cuarta parte de los menores de 25 años a finales de 2019 (el 24,97%), frente al 53,72% que trabajan los mayores de 25 años, a finales de septiembre de 2020 ya sólo trabajaban el 21,37% de los menores de 25 años (y trabajan casi los mismos de más de 25 años: el 51,72%), según la EPA. Y con ello, los jóvenes españoles son los que menos trabajan en Europa (22,3% de media en 2019), sólo por delante de Grecia (14,6%)e Italia (18,5%): de media, trabajan un tercio en la UE-27 (33,5% de los menores de 25 años), un 28% en Portugal, un 29,7% en Francia y casi la mitad en Alemania (48,5%) y Reino Unido (50,3%), según Eurostat.

Y vayamos al paro. Ya antes de la pandemia, el paro juvenil era escandaloso: 246.706 parados menores de 25 años a finales de 2019, el 30,3% de los jóvenes en edad de trabajar. Pero con la COVID 19 y la recesión, el paro juvenil se ha disparado. Veamos los datos del SEPE, actualizados ayer a finales de noviembre. El paro registrado total ha aumentado en 605.265 parados entre finales de febrero y finales de noviembre, un +18,64% (más entre los hombres, +20,67%, que entre las mujeres, +16,20%). Y de ese aumento total, casi un tercio es el aumento del paro registrado entre los menores de 30 años: +186.380 parados con la pandemia, un aumento del +33,5% (crece casi el doble que en el total de parados). La peor parte se la llevan los jóvenes menores de 25 años (+34,8% de paro, 91.825 parados más), seguidos muy de cerca por los jóvenes de 25 a 29 años (+32,29%, 94.615 parados más), según los datos del paro registrado en noviembre conocidos ayer.

Con ello, la tasa de paro de los jóvenes menores de 25 años (40,4%) sigue duplicando con creces la del conjunto de España (16,2%). Y se distancian más del resto de jóvenes europeos, donde la tasa de paro juvenil (menos 25 años) fue en octubre (último dato publicado ayer por Eurostat) del 17,5% para la UE-27), 2,36 veces menos. Un dato que sitúa a España como el país UE con más paro juvenil, por delante incluso de Grecia  (39,3 %), Italia (30,3%), Lituania (27,1%) o Portugal (23,9%) y muy alejado del paro juvenil en Francia (20,7%), Reino Unido (14,1%) o Alemania (6% de paro juvenil, la 7ª parte que España). Este dato de paro juvenil en España empeora y mucho el de 2019 (30,51% de paro juvenil) y es el peor dato desde 2016 (41,94%), siendo sólo superado en 2015 (entre el 56,92 y el 49,22%).

Como se ve con estos datos (oficiales), el empleo y el paro de los jóvenes, que ya era malos,  han provocado una situación de “emergencia juvenil” con la pandemia. El problema es que esta 2ª recesión llueve sobre mojado, porque los jóvenes fueron los que más pagaron la crisis de 2008 y los que menos se han beneficiado de la recuperación, según este documentado estudio del Banco de España. Así, los ingresos de los menores de 30 años cayeron más durante lo peor de la crisis (un -24,7% entre 2011 y 2014) y se han recuperado menos después con la recuperación (+7%). En conjunto, pues, los ingresos de los menores de 30 años han caído un -17,7%, mientras los de sus padres se recuperaban (o caían muy ligeramente) y los de sus abuelos subían un +18%. Y eso, básicamente, porque su paro aumentó más con la crisis y ha crecido menos con la recuperación, mientras aumentaba su precariedad y apenas subían sus sueldos.

Ahora, con la pandemia, los jóvenes han sufrido también más la pérdida de empleo y son los que más se han apuntado al desempleo, dado que los empleos temporales que ellos tienen son los primeros que cayeron en marzo y abril. Además, los jóvenes trabajan mucho en la hostelería, el comercio y el turismo (un 33% los menores de 30 años frente al 22% de los trabajadores de 30 a 64 años), con lo que además se incluyen más en los ERTES (un 29,6% de los jóvenes que trabajan están en un ERTE, frente al 24% del resto de los trabajadores). Ahora, su problema es doble: tienen más paro y pocas oportunidades de encontrar un empleo con la pandemia, con lo que corren el riesgo de seguir mucho tiempo más en el paro. Y luego, cuando las empresas “limpien” las plantillas ahora en ERTEs, tienen muchas papeletas de perder su actual empleo en 2021.

Un empleo juvenil que se ha hecho aún más precario con la pandemia, aunque ya lo era mucho antes. Los jóvenes son los reyes del trabajo temporal en España (la cuarta parte por 1 semana o menos), según refleja la última EPA, con el dato a septiembre 2020: la mitad de los jóvenes que trabajan (menores de 30 años) tienen un contrato temporal, el 49,52% del total, el doble que el conjunto de los trabajadores (24,2% son temporales), según el INE. Y aún es peor entre los más jóvenes (80% de temporales entre los que trabajan con 16 a 19 años y 61,44% entre los trabajadores con 20 a 24 años, bajando al 41,4% entre 25 y 29 años). Y si vamos a los que trabajan a tiempo parcial (la mayoría no porque lo elijan sino porque no encuentran trabajo a jornada completa), son un 38,91% de los jóvenes empleados de menos de 30 años, el triple de ocupados por horas que en el conjunto de trabajadores (13,84%).

A esta precariedad laboral, hay que añadir que muchos tienen empleos que poco o nada  tienen que ver con su formación: el 37,6% de los universitarios españoles trabajan “sobrecapacitados, en bares, tiendas o Call centers que nada tienen que ver con su formación, frente a sólo el 23,4% de universitarios “sobrecapacitados” en Europa. Y además, en muchos casos las empresas no les forman, con lo que ascienden menos y hay una gran rotación en sus empleos, con muy baja antigüedad en el trabajo.

Todo esto explica que el sueldo de los jóvenes sea “miserable” y muchos sueñen con llegar a “mileuristas”, una cifra que pocos alcanzan o superan. El último dato oficial, publicado por el INE en noviembre, revela que la media del salario bruto de los jóvenes (16-24 años) era en 2019 de 1.184,65 euros, unos 1.000 euros netos, lo que supone que ganan el 60% del sueldo medio del conjunto de los españoles (1.982,31 euros brutos mensuales). Y casi la mitad del sueldo medio de los trabajadores de 45 a 54 años (2.157,1 euros brutos mensuales). Pero según el último estudio del Observatorio de la Emancipación, ahora es aún menor, con la pandemia: indican un sueldo medio de los jóvenes de 973 euros netos al mes.

El problema es que, con ese sueldo, son pocos los jóvenes que pueden pensar en emanciparse. Y menos aún ese 41% de jóvenes que están en paro o con empleos muy precarios, por días semanas o meses. El factor que más les disuade es el elevado precio de los alquileres: con un alquiler medio de 973 euros mensuales en una gran ciudad, alquilar un piso supone para un joven el 93% de su sueldo, según el Instituto de la Juventud. Si aspira a comprarlo, ahora que las hipotecas están “baratas”, su desembolso mensual bajaría al 56% del sueldo. Pero hay dos problemas: no tienen el 20/25% en mano para la entrada, gastos y muebles (ni sus padres, con la crisis) y los bancos no les dan una hipoteca si tienen un contrato precario y un sueldo bajo. Así que sólo les queda compartir alquiler, lo que se lleva el 27,7% de sus ingresos (quienes los tengan), según el Instituto de la Juventud.

El resultado de toda esa situación es que la tasa de emancipación, el porcentaje de jóvenes (16-29 años) que abandonan el hogar paterno y se van a vivir fuera, ha caído con la pandemia: si era del 18,7% en 2019 (tras haber caído del 26% que se iban en 2008, antes de la crisis) ha bajado al 17,3% en junio de 2020 (14% los hombres y 20,8% las mujeres, con la mayor bajada de la emancipación  en el País Vasco, Extremadura y Asturias). Eso significa que un 82,7% de los jóvenes (16-29 años) siguen viviendo con sus padres, según el último Observatorio de la Emancipación, del Instituto de la Juventud. Un dato que contrasta con el 70% de jóvenes que viven con sus padres en Europa.

Con todo este rosario de datos, creo que no es exagerado hablar de una “emergencia juvenil”, que agobia cada día a 6.715.546 jóvenes españoles menores de 30 años y a sus familias, aunque los políticos no hablen de ellos y estén “a otras cosas”. En diciembre de 2018, el nuevo Gobierno Sánchez aprobó un “Plan de choque por el empleo joven 2019-2021” que la pandemia ha dejado en “papel mojado”, a la vista de los resultados. Su primer objetivo era bajar la tasa de paro juvenil (menores de 25 años) en 10 puntos, al 23,5% a finales de 2021. Y lo que ha pasado es que supera ya el 40%. Y el segundo objetivo, sacar de las listas del paro a 168.000 jóvenes para finales de 2021, tampoco se va a cumplir: había 622.400 parados EPA (menores 25 años) en septiembre de 2020, 93.600 más que en septiembre de 2018.

La intención del Plan de choque 2019-2021, era buena, con 50 medidas articuladas en 6 ejes, que se basan mejorar la orientación profesional a los jóvenes, actualizar y mejoras su formación, ayudarles con las empresas a buscar oportunidades de empleo, fomentar la igualdad de oportunidades, favorecer el emprendimiento y mejorar el marco institucional, intentando una mayor colaboración entre el SEPE y las autonomías, hoy muy mejorable. Pero ahora, con la pandemia, urge reactualizar este Plan de choque por el empleo joven. Hay que priorizar el problema juvenil en las reuniones del pacto social, entre las fuerzas sociales y el Gobierno, con un compromiso de las empresas a destinar un porcentaje de los futuros empleos (cuando finalmente llegue la recuperación) a los jóvenes. Y destinar más recursos a formar y emplear a los jóvenes, dentro del amplio gasto en fomento del empleo presupuestado para 2021 (7.405 millones, +29,5%).

Este Plan de choque para los jóvenes es urgente a corto plazo, en las próximas semanas, a la vista de los datos del empleo y paro juvenil que nos deja la pandemia. Y no sólo en España, sino también en Europa, donde hay 3.11 millones de jóvenes europeos (menores de 25 años) en paro, más de la mitad sólo en España (627.000), Francia (606.000) e Italia (422.000), según Eurostat (dato octubre 2020. Pero además, hay que actuar en otros frentes. Uno, en el mercado del alquiler (no limitando las subidas como defiende Podemos, una media contraproducente), mejorando las ayudas públicas al alquiler de los jóvenes y promoviendo viviendas para alquiler para los jóvenes. El segundo, mejorar y ampliar las ayudas a las familias jóvenes, facilitando guarderías, colegios públicos y concertados de 0 a 3 años, permisos de paternidad y maternidad y más ayudas fiscales por hijos. En tercer lugar, mejorar la formación de los jóvenes, renovando y actualizando los cursos del SEPE y las empresas.

Y a más largo plazo, resulta clave mejorar la enseñanza en España, con bajos resultados que explican mucho de la actual emergencia juvenil: alto porcentaje de repetidores (28,7% de jóvenes de 15 años repiten curso frente al 13% en la UE), elevado abandono escolar temprano (España es líder en Europa, con un 17,9% de jóvenes que no acaban Bachillerato ni FP), alto porcentaje de “ni-nis” (un 20,2% de jóvenes ni estudian ni trabajan, frente al 13,1% en Europa y el 9,6% en Alemania) y una enseñanza que no fomenta las habilidades que exigen las empresas (ocupamos el puesto 19 y 17 de Europa en matemáticas y Ciencias en el último Informe Pisa). Y luego, tenemos muy pocos jóvenes en Formación Profesional (el 33% de  titulados sobre los de la formación secundaria, frente al 44,2% en Alemania, el 46,3% en la UE-23, el 58% en Italia y el 62,6% en Reino Unido), que tiene más empleo y menos paro, y demasiados en la Universidad, estudiando muchos carreras sin salida que obligarían a cambiar los Planes de estudios de acuerdo con las empresas.

Al final, la “emergencia juvenil” es grave pero las soluciones son complejas y exigen tiempo para implantarse y dar frutos, si hay consenso y dinero. Pero hay que empezar ya. Si los jóvenes son los que más sufrieron la crisis de 2008 y los que menos aprovecharon la recuperación de 2014 a 2019, la historia no puede repetirse ahora, tras la pandemia. Tienen que ser los protagonistas de la próxima recuperación y eso exige un Pacto social y político, Planes y ayudas. Y, sobre todo, una enorme coordinación entre el Gobierno central y las autonomías, para salvar a los jóvenes vivan donde vivan. No pueden ser otra vez una “generación perdida”, tras dos graves crisis. Hay que darles esperanzas. Son nuestros hijos y nietos. Se lo debemos. Exijamos que no les olviden.

 

jueves, 26 de abril de 2018

EPA marzo 2018 : menos empleo y más paro


En el primer trimestre de 2018 se han perdido 124.100 empleos, casi el doble de los perdidos en el primer trimestre de 2017 y 2016, a pesar de que este año ha caído la Semana Santa en marzo, no en abril, y eso debería haber creado empleo. Pero el empleo ha “pinchado”, en los servicios y en la industria y en 15 autonomías. Y también ha subido el paro, mientras la mitad de los parados llevan ya más de 1 año sin trabajar y no cobran ningún subsidio. Pero  además, el Gobierno va a cambiar los subsidios desde el 1 de mayo, recortando más las ayudas al 75% de los parados, mientras las oficinas de empleo ni forman ni recolocan. Seguimos con más del doble de paro que Europa y este año puede ser malo para el empleo, porque se está enfriando el turismo, el petróleo bate récords y sube el euro y los tipos, lo que puede frenar el crecimiento, ya más moderado en Europa. Urge pactar  un Plan de empleo, con ayudas y medidas para emplear a jóvenes, mujeres y mayores. Es la gran preocupación de los españoles. Dejen de ocuparse de otras cosas y consigan más trabajo decente.


El primer trimestre siempre es malo para el empleo, porque se acaban los contratos de Navidad y rebajas. Pero este año, la Semana Santa ha caído en marzo, no en abril, lo que debía haber mejorado el empleo. No ha sido así: se han destruido 124.100 empleos en el primer trimestre, según la EPA conocida hoy, el doble de empleo perdido que en los dos últimos años (-69.800 empleos perdidos en 2017 y -64.600 en 2016). El empleo ha “pinchado” sobre todo en los servicios (-110-500 empleos), en el turismo, la hostelería y el comercio, y en la industria (-39.400 empleos), mejorando en la agricultura (+13.100 empleos) y en la construcción (+8.200 empleos). El empleo se ha perdido más entre las mujeres (-69.000 empleos) que entre los hombres (55.100) y en casi todas las edades: entre los trabajadores de 30 a 40 años (-93.400 empleos), los menores de 30 años (-35.300) y los que tienen de 50 a 54 años (-25.700 empleos). Y sólo se ha creado empleo  en Madrid (+21.900) y Canarias (+7.600), perdiéndose en las 15 autonomías restantes, más en la Comunidad Valenciana (-38.200), Baleares (-31.600) y Castilla la Mancha (-21.900 empleos).

El poco empleo creado este primer trimestre ha sido otra vez un empleo muy precario, aunque menos que en 2017: de los 4.943.000 contratos firmados entre enero y marzo (una barbaridad, porque se hacen muchos para cada empleo), el 89,06% fueron temporales y un 10,94% indefinidos, más que el 9,88% de contratos indefinidos firmados en todo 2017, según datos de Empleo. Y un 34,05% fueron a tiempo parcial, por horas, mientras el 65,95% eran contratos a jornada completa. Con ello, sólo el 6% de todos los contratos firmados en 2018 han sido “normales”, fijos y a jornada completa, una precariedad que se arrastra desde 2009. Y por ello, el 26,11% de todos los trabajadores asalariados tienen ahora un contrato temporal (la cuarta parte de los nuevos, por menos de una semana), el porcentaje más alto en Europa. Y un 15% tienen un empleo a tiempo parcial, el 60% porque no encuentran otro.

La pérdida de empleo ha aumentado el paro en el primer trimestre, aunque sólo en +29.400 personas, porque se ha reducido el número de personas que buscan trabajo (los “activos”) en 94.700 personas (“desanimados, que tiran la toalla y ya no buscan empleo). Con ello, el número de parados sube a 3.796.100, según la EPA de hoy, con lo que la tasa de paro sube al  16,74%. Y somos el 2º país con más paro de Europa (tras el 20,8% de Grecia) y tenemos más del doble de paro que el continente (7,1% en la UE-28 en febrero) y cinco veces el paro de Alemania (3,5%), según los últimos datos de Eurostat. Y lo peor es el paro juvenil, de los menores de 25 años: en España afecta al 40,8% de jóvenes, frente al 17,3% en Europa (UE-28), el 22,6% en Francia, 12,2% en Reino Unido y 6,7% en Alemania.

El paro en España se concentra en las mujeres (son más de la mitad de los parados: 1.955.400, con una tasa del  18,54%, frente al 15,18% los hombres), los jóvenes (37% de paro entre los menores de 29 años), los inmigrantes (24,28% de paro) y los mayores de 50 años (el 15,25% de paro, el triple que en 2007), donde ya hay 999.400 españoles mayores sin trabajo (y sin posibilidad de tenerlo la mayoría). Además, el paro se concentra  también en 6 autonomías, que mantienen una tasa de paro “insoportable” superior al 20%: Ceuta (31,44%), Melilla (27,24%), Extremadura ( 25,94 %),  Andalucía ( 27,74 %), Castilla la Mancha (20,68%) y Canarias ( 20,62%), la media España pobre, que contrasta con el paro “casi europeo” de la España rica, Navarra ( 10,54% de paro), País Vasco (10,76% ) y la Rioja (11,03%). Y un dato estremecedor: han aumentado (+ 31.300) los hogares donde no trabaja nadie: son ya 1.241.800 hogares con todos sus miembros en paro.

Pero quizás el dato más preocupante es que el paro se enquista y la mitad de los parados llevan más de 1 año sin trabajar, los llamados “parados de larga duración”: en marzo de 2018 eran 1.888.700 personas, el 49,75% de todos los parados, según la EPA del primer trimestre (en la UE-28 son el 43% de los parados). Y de ellos, 1.363.800 llevan ya parados más de 2 años y un millón largo más de 4 años sin trabajo, según un estudio de Fedea. Son una enorme bolsa de “parados crónicos”, que tienen muy difícil volver a trabajar, porque están “fuera del mercado”. Y no sólo por su edad (un tercio superan los 50 años) sino porque tienen poca formación: un 63% de estos parados de larga duración sólo tienen la ESO (o incluso menos) y eso les aleja aún más de poder ser contratados.

Mientras ven difícil recolocarse, el mayor problema de muchos de estos “parados viejos” es sobrevivir, porque tras tantos meses en el paro, se les ha agotado el subsidio en muchos casos. Y así nos encontramos con que más de la mitad de los parados EPA no cobran ya ningún subsidio de paro: en febrero de 2018, según los últimos datos de Empleo, sólo cobraban alguna ayuda 1.913.555 parados, el 50,4% de los parados estimados (EPA). Y encima, de los parados que cobran, sólo algo más de un tercio (773.381 parados) cobran el subsidio contributivo de 821 euros al mes y los dos tercios restantes cobran un subsidio asistencial (de 6 a 11 meses) de sólo 426 euros mensuales. Los 1.882.545 parados restantes (el 49,6% del total) no cobraban nada, ningún subsidio: cuando Rajoy llegó a la Moncloa, a finales de 2011, los que no cobraban ningún subsidio eran el 44,5% de los parados).

Esta rebaja en el número de parados que cobran alguna ayuda es algo buscado, tras los recortes aplicados en 2012 y después a las prestaciones por desempleo, con objeto de recortar el gasto y el déficit público. Así, el gasto en desempleo ha pasado de un máximo de 32.366 millones en 2009 a 17.397 millones que se gastaron en 2017, según la liquidación del Presupuesto. Y esa caída del gasto (-46,26%) no se corresponde con la caída del paro estimado en esos años (-559.800), que ha sido menor (-12,93%), con lo que ha caído el porcentaje de parados que no cobran y los que cobran reciben menos (821 euros mensuales  frente a 864 euros en 2011) y de forma muy desigual: en Baleares, los parados cobran 984,60 euros de subsidio frente a 696,30 en Extremadura y 784,60 euros en Canarias.

El Gobierno Rajoy busca seguir recortando el gasto en los parados, para que le ayuden a rebajar el déficit público como ha prometido a Bruselas. Y por eso, ha propuesto a las fuerzas sociales una reforma del seguro de paro que entra en vigor este 1 de mayo, aunque los sindicatos están en contra. Elcambio afecta al subsidio asistencial, el que cobran los que ya han agotado el seguro contributivo por el que cotizaron. Ahora había tres modalidades (Renta activa de inserción, Plan Prepara y Programa de Activación para el Empleo) que se van a unificar en una sola (Renta complementaria de Desempleo, RED). Se cambian los plazos y requisitos, de tal manera que un 75% de los actuales beneficiarios van a salir perdiendo, según el análisis de CCOO. Los parados con responsabilidades familiares perderán entre 1 y 3 meses de subsidio y los que además tienen más de 45 años, perderán 9 meses, según UGT. Y los que parados con responsabilidades familiares que han cotizado entre 6 y 12 meses, perderán entre 3 y 42 meses de subsidio. Además, la nueva ayuda será de 430 euros mensuales, menos de lo que reciben los parados del Plan Prepara con familia (457 euros) y no tendrán ayuda los parados cuyo cónyuge gane poco más del salario mínimo.

Así que si hoy reciben ayudas la mitad de los parados, pronto van a ser aún menos. Y encima, tampoco les ayudan las oficinas de empleo (SEPE) a formarse ni a encontrar trabajo. ). Los datos son demoledores. Uno, los parados tardan 9 meses y medio (de media) en recibir la primera atención personalizada en la oficina del SEPE y un tercio de ellos la reciben cuando llevan ya más de un año parados, según un detallado estudio de Fedea. Dos, el 91,3% de los parados registrados no recibe ninguna orientación personalizada para encontrar trabajo. Y tres, sólo el 2% de los parados encuentran trabajo gracias a las oficinas de empleo, frente al 10% de media en Europa y en Alemania. El resto lo encuentra gracias a las ETTs privadas (el 17%) y sobre todo por su cuenta (81%). Y además, Las oficinas de empleo tampoco forman a los parados: en 2016, sólo 152.544 parados recibieron cursos de formación, un 4,12% de los parados registrados, según las últimas estadísticas del SEPE.

Con este panorama (empleos perdidos y mucho parado sin salida), España debería plantearse crecer mucho más y crear más empleo, para acercarse a niveles europeos. Porque no sólo tenemos más del doble de paro que Europa (16% frente al 7,1%) sino que tenemos mucha menos gente trabajando, razón por la que somos más pobres: la tasa de empleo en España es del 65,5% (trabajan dos tercios de los españoles entre 20 y 64 años), mientras en la UE-28 trabajan el 72,2%, según Eurostat. Eso significa que para ser como Europa, deberían trabajar un 6,7% más de españoles, casi 2 millones más. O sea, que no se trata sólo de recuperar el empleo de antes de la crisis (20,7 millones en septiembre 2007, cuando ahora trabajan 18,87 millones), sino también crear 2 millones más (22,7 millones). Habría que crear, en total, 3,8 millones de empleos para tener un nivel de ocupación europeo.

Este debería ser el gran objetivo nacional, no regodearse en el triunfalismo del Gobierno Rajoy, que se apunta el triunfo de haber creado 2 millones de empleos desde 2014 (aunque en realidad sólo han creado 721.200 empleos desde que llegaron, a finales de 2011). Y no es un objetivo fácil, porque aunque España crece casi al 3%, no crea mucho empleo (490.300 en 2017) y el 90% del empleo que se crea es precario, temporal y a tiempo parcial. Y encima, el empleo indefinido tampoco es seguro: un 40% de los contratos indefinidos no sobreviven más de un año, según  un reciente estudio publicado en el blog Nada es gratis.

Además, 2018 puede ser un año difícil para crecer y crear empleo (el Gobierno espera que se creen 475.000 nuevos empleos), porque hay tres incertidumbres en el horizonte: el posible pinchazo del turismo extranjero este verano (Turquía y Egipto han recuperado 1,4 millones de turistas solo en enero y febrero), el principal motor del empleo en España, la subida récord del petróleo (ha superado los 75 dólares barril, el máximo desde 2014), que encarecerá la factura energética del país y quitará dinero a familias y empresas, y la subida del euro (ronda los 1,23 euros por dólar), que encarece el turismo y las exportaciones, recortando también crecimiento y empleo. Y sin olvidar la esperada subida de tipos, empujada por EEUU, que subiría los intereses de la deuda del Estado, empresas y familias, restando también empuje a la economía, que ha moderado su crecimiento en la eurozona, según acaba de advertir Draghi, presidente del BCE. Por todo ello, urge que el Gobierno ponga el contrapunto a estas incertidumbres, reanimando la economía, no haciendo más recortes como plantean los Presupuestos 2018.

Y sobre todo, hay que poner la prioridad en el empleo y el paro, que sigue siendo la primera preocupación de los españoles. Eso pasa por pactar de una vez un Plan de empleo, asentado en 4 patas: más ayudas a los parados (intentar que cobren alguna ayuda 1 millón de parados más, lo que costaría unos 5.000 millones anuales), mejorar la formación de los parados (es un escándalo que haya 1.800 millones de euros del presupuesto de formación sin gastar, según denuncia la patronal), reformar las oficinas de empleo a fondo (para que asesoren y recoloquen a los parados) y Planes específicos de empleo para jóvenes, mujeres y mayores de 50 años, los que más sufren el paro. En paralelo, habría que aprobar un Plan de choque contra la precariedad, con medidas de “palo” (aumentar la inspección de Trabajo para detectar el fraude de contratos temporales que debían ser fijos) y “zanahoria” (ayudas a las empresas que hagan fijos a temporales y subida de cotizaciones a las que abusen de la temporalidad), empezando por los sectores más precarios, como la hostelería, el turismo o el comercio, para imponer sanciones y dar ejemplo al resto.

Con la EPA del primer trimestre, el Gobierno tiene difícil hacer su habitual “triunfalismo barato”, mientras a la mayoría de españoles les sigue preocupando tener un empleo precario y mal pagado, que en cualquier momento pueden perder. Y a 3.796.100 españoles (1 de cada 6), seguir sin trabajo. Hay que plantearse de una vez por todas tomar medidas de fondo y afrontar ya el gran problema que nos hace diferentes de Europa: trabajamos mucha menos gente y tenemos más del doble de paro. Se puede arreglar, en unas décadas, pero hay que tomar medidas ya. No dejar pasar los meses y los años, agarrándose a que “se crea empleo”: ahora, ni eso. Muchos no lo tienen y otros están subempleados. No los olviden.