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jueves, 19 de abril de 2018

Más emigrantes y menos refugiados


España es un país más cerrado tras esta larga crisis. En dos sentidos. Primero, más cerrado para los propios españoles, que llevan diez años emigrando (76.197 en 2017), sobre todo los jóvenes: hay 665.000 españoles más viviendo en el extranjero desde que gobierna Rajoy. Y segundo, más cerrado para los extranjeros: las peticiones de asilo se duplicaron en 2017 pero concedimos un 40% menos (4.675) y hay 400.000 extranjeros ilegales pendientes de su nacionalización. Eso sí, se disparan las nacionalizaciones de los extranjeros ricos (rusos y chinos) que compran casas o invierten: iban 41.049 a finales de 2017. Habría que aprovechar la cacareada recuperación para abrir un poco más España, haciendo que vuelvan parte de los españoles que han emigrado (535.000 desde 2008) y dando cobijo a más refugiados y emigrantes, a los que vamos a necesitar, porque perdemos población: harán falta 5 millones de inmigrantes para 2050, según vaticina el FMI. Un país más abierto nos beneficia a medio plazo. Nuestra historia lo confirma.

enrique ortega


España fue un país de emigrantes en las décadas de los 60 y 70, pero luego cambiaron las tornas y empezamos a recibir inmigrantes al comienzo de este siglo: entre 2000 y 2009, España recibió más de 7 millones de inmigrantes, la mitad de todos los extranjeros que llegaron en esos años a Europa. Pero con la crisis, los españoles volvieron a emigrar, buscando trabajo en Europa y parte de América, los jóvenes y familias enteras. Y esta salida de españoles no ha parado desde 2008 (33.505), subiendo en 2011 (55.472), acelerándose en 2013 (73.329), 2014 (80.441), 2015 (98.934) y 2016 (101.581), para mantenerse, aunque bajando, en 2017 (+76.197). En total, hay ya 2.482.808 españoles viviendo en el extranjero a 1 de enero de 2018, según el último Padrón de residentes en el extranjero (PERE) del INE. Son 665.973 españoles más que cuando Rajoy llegó a la Moncloa.

La mayoría de estos españoles que se han ido a vivir fuera, dos de cada tres (1.672.732 españoles), no han nacido en España sino que son “extranjeros nacionalizados españoles”, bien porque han estado muchos años en España y han conseguido la nacionalidad (muchos latinoamericanos) o bien porque eran hijos o nietos de españoles exilados y consiguieron la nacionalidad española con la Ley de Memoria Histórica (2007). La mayoría han vuelto a Latinoamérica y viven en Argentina (457.204 españoles), Venezuela (167.255), Cuba (139.851), Brasil (130.635), así como en EEUU (147.817 españoles) y Europa.

El tercio restante de los emigrantes que viven fuera (810.076) son españoles nacidos en España, “españoles españoles, la mayoría que han emigrado con la crisis, sobre todo a Europa (440.206), principalmente a Francia (allí viven 134.214 “españoles españoles”), Alemania (viven 73.340 españoles nacidos en España), Reino Unido (71.899) y Bélgica (29.320), además de los que viven en América (328.809), tanto EEUU (viven 57.944 “españoles españoles”), Argentina (89.695), Venezuela (51.226), Brasil (27.286) y México (21.435), según los datos del INE.  La mayoría de estos emigrantes españoles proceden de Madrid, Cataluña, Andalucía y Comunidad Valenciana y el colectivo que más crece son los jóvenes menores de 30 años.

Pero esta es la cifra oficial, que publica el INE con los datos de los Consulados, de los españoles que viven fuera y se inscriben en ellos. La realidad es que muchos que han emigrado lo han hecho como “turistas” y no se han inscrito, con lo que la cifra real de “españoles emigrantessería mayor que esos 810.076. Un ejemplo: en Reino Unido hay censados unos 150.000 españoles, pero se estima que viven realmente unos 300.000. En Irlanda hay censados 5.457 y podrían superar los 10.000. Y en Alemania, el censo de españoles nacidos en España es de 73.340 y dicen que hay más de 120.000 españoles trabajando (en precario muchos de ellos).

Otra manera oficial de medir la emigración, además de esta estadística de españoles censados en el extranjero (Consulados) son las estadísticas de migraciones del INE, que semestralmente informan de la población en España y de los flujos de emigración e inmigración, a partir del Censo que hacen los Ayuntamientos. Según esta estadística, en el primer semestre de 2017 emigraron 35.077 españoles, tras marcharse 69.211 en todo 2016 y 75.765 en 2015 (año récord de emigración). La mayoría de los españoles que emigraron el año pasado fueron e Reino Unido (8.882), Francia (4.425), Alemania (2.809) y EEUU (2.191). Sumando todas las salidas desde 2008, resulta que 535.000 españoles han emigrado de España entre 2008 y 2017, la mayor parte (dos tercios) entre 2011 y 2017, con Rajoy gobernando, según los datos oficiales del INE (Migraciones).

El perfil de este nuevo emigrante español es el de una mujer/hombre (casi mitad/mitad), joven (en torno a 30 años), con estudios superiores y procedente de las grandes ciudades (Madrid, Barcelona, Sevilla y Valencia), según un estudio de Asempleo y el CSIC, que revela cómo los nuevos emigrantes no siempre salen porque están parados en España sino también porque tienen “empleos basura” precarios, están subempleados para su formación y no ven perspectivas de futuro aquí. Los que más han salido han sido los profesionales de la salud (enfermeras y médicos), informáticos, ingenieros, investigadores y especialistas en marketing y finanzas, aunque muchos acaban trabajando de camareros o cuidando niños y otros empleos precarios.

A pesar de la recuperación en España, los datos indican que la emigración no se ha parado y sigue mes tras mes, aunque ahora choque con problemas fuera, como el Brexit en Reino Unido, el cerrojazo de Trump o las presiones contra los extranjeros en la mayoría de Europa. Pero mientras haya 3.766.700 parados en España y estén sin empleo más de un tercio de los jóvenes (37,46%), según la EPA, la corriente de emigrantes españoles no se va a parar. Además, los jóvenes españoles son los terceros en Europa más dispuestos a emigrar: un 64%, son favorables a irse a otro país o ciudad, más que la media de jóvenes europeos (el 59% emigraría) y sólo por detrás de Portugal (71%) y Suecia (66%), según Eurostat. Y la clave es la formación: cuanta más formación tienen los jóvenes, más dispuestos a emigrar.

La otra cara de la moneda es que, mientras muchos españoles emigran, muchos extranjeros tratan de venir a España y quedarse. Y cada vez se lo ponemos más difícil.

Primero, a los que vienen huyendo de guerras, dictaduras, hambre y enfermedades, los que piden quedarse en España como refugiados. En 2017, se ha dado un contrasentido: la cifra de refugiados, de solicitantes de asilo en Europa se ha reducido a la mitad (de 1.206.500 en 2016 cayeron a 649.855 en 2017), pero en España se duplicaron (de 15.570 en 2016 a 30.445 en 2017), según los últimos datos de Eurostat. Con ello, España es el 6º país europeo con más demandantes de asilo, detrás de Alemania (198.255 en 2017, frente a 722.265 en 2016), Italia (126.550, similares a las 121.185 de 2016), Francia (91.070 frente a 76.790), Grecia (57.020 frente a 49.875) y Reino Unido (33.310 frente a 39.240 en 2016). Pero si comparamos las peticiones de asilo con la población, el problema es menor: 654 peticiones por millón de habitantes en España, la mitad que la media europea (1.270 peticiones por millón de habitantes) y mucho menores que en Grecia (5.295 peticiones por millón de habitantes), Hungría (3.502: por eso gana la derecha xenófoba), Austria (2.526, otro país con xenofobia) o Alemania (2.402 solicitudes por millón de habitantes).

Aunque no sean muchas peticiones de asilo para la población española, la mayoría se rechazan. Y más en 2017, a pesar de que las solicitudes se duplicaron: de las 31.120 solicitudes censadas por el Comité Español de Ayuda al Refugiado (CEAR), sólo 4.675 se aceptaron, el 35%, un porcentaje de aceptación inferior a la media europea (46% se aceptan, según Eurostat) y también inferior al de Alemania (50% aceptadas), Suecia (44%) o Italia (41%), sólo peor que Francia (29% solicitudes aceptadas), Reino Unido y Hungría (31%). Además, en 2017 se aceptaron un 40% menos que en 2016 (6.855 aceptadas), aunque las solicitudes se duplicaron.

El problema es que el flujo de inmigrantes no se frena: en el primer trimestre de 2018, la llegada de pateras con inmigrantes bajó en el Mediterráneo (de 29.221 en 2017 a 14.651 en 2018) pero ha aumentado en España un 38%, con 3.345 inmigrantes llegados a nuestras costas y 120 muertos en los tres primeros meses de 2018, según la Organización Internacional de Migraciones (OIM). Además, tenemos otro problema: el atasco de expedientes de asilo, según revela el informe 2017 del Defensor del Pueblo: a los 40.000 expedientes presentados en 2017 hay que añadir otros 30.000 expedientes pendientes de años anteriores, con miles de extranjeros recluidos en penosos centros de internamiento que esperan una solución, en medio de la descoordinación entre los Ministerios (Interior y Empleo) y las autonomías. “La situación en que se encuentra la Oficina de Asilo y Refugio es insostenible”, dice el informe.  Y además, denuncia que el Gobierno Rajoy no haya aprobado el Reglamento de Asilo previsto en la Ley de 2009, lo que crea problemas de reagrupación familiar.

Vayamos ahora con los extranjeros que viven en España irregularmente, desde hace muchos años (recuerden el nigeriano que murió en Lavapiés), a la espera de que se les conceda la nacionalidad o se les expulse. En 2016, España concedió la nacionalidad española a 150.944 extranjeros (+32%), siendo el 2º país europeo que más nacionalizaciones concedió, tras Italia (201.591 extranjeros nacionalizados) y por delante de Reino Unido (149.372 nacionalizados), Francia (119.152) y Alemania (112.843), según los datos de Eurostat. Parecen unas cifras “para presumir”, pero ojo, hay que contextualizarlas: España nacionalizó en 2016 al 3,4% de los extranjeros, una cifra más baja que Croacia (nacionalizó al 9,7% de extranjeros), Suecia (al 7,9%), Portugal (6,5%), Grecia (4,2%) Italia y Finlandia (4,1%), aunque superior a la de Alemania (1,3%), Reino Unido y Francia (2,8%).

El informe 2017 del Defensor del Pueblo pone otra vez el dedo en la llaga: denuncia que hay “un enorme retraso” en la gestión de los expedientes de nacionalización de extranjeros y pideque la Administración intervenga de manera urgente para solucionar la situación de los más de 400.000 extranjeros que tienen pendiente de resolución sus solicitudes de nacionalidad por residencia”. Así que nacionalizamos a muchos, pero el atasco es monumental. Eso sí, hay atasco para regularizar a los extranjeros pobres que trabajan desde hace años en España, pero se agiliza la nacionalización de los extranjeros ricos, a cambio de que compren viviendas caras (más de 500.000 euros), inviertan en depósitos (1 millón) o deuda pública (2 millones) o sean “profesionales cualificados”. Son los llamados “visados dorados” (por la VISA oro…), que se conceden desde septiembre de 2013 y que se han disparado en los tres últimos años: se habían dado 14.804 a finales de 2015, eran 27.301 al final de 2016 y 41.094 a finales de 2017, según los datos oficiales. O sea 13.793 “visados dorados” (la mayoría a chinos, rusos y venezolanos ricos) concedidos en 2017, el triple que las concesiones de asilo a refugiados (4.675). Sin comentarios…

Los datos (oficiales) revelan con claridad que España se ha cerrado más estos años, incluso con la “recuperación”, tanto para los españoles (forzados a emigrar) como para los extranjeros, que no consiguen la nacionalidad ni el asilo. Y no vale decir que esto último también pasa en gran parte de Europa, porque muchos países tienen mayores porcentajes de extranjeros (18,5% Suecia, 17,5% Austria, 16% Alemania, 14% Reino Unido o 12% Francia) que España (4.464.997 extranjeros,  el 9,59% de la población, según el INE). Además, España tiene muchos extranjeros pendientes de regularizar (más de 400.000, según el Defensor del Pueblo). Y, sobre todo, tenemos un grave problema demográfico que no tienen otros países europeos: somos el país con menos natalidad y más viejos de Europa, lo que va a reducir los activos y ocupados en las próximas décadas. Y eso nos obligará a contar con 5 millones de extranjeros más en 2050, como acaba de avisarnos el FMI. Así que necesitaremos a los emigrantes más que el resto de Europa (que también los necesitará).

Tenemos muchos problemas (paro, pensiones, educación, sanidad, gastos sociales, pobreza, desigualdad, demografía, tecnología, digitalización y modernización de la economía), pero para resolverlos necesitamos ser más, no menos. Hay que recuperar a los españoles que han emigrado, porque hemos invertido mucho en ellos y su ausencia es un gran fracaso. Para lograrlo, habría que acordar un gran Pacto por el retorno, con medidas económicas, laborales, fiscales y ayudas a la vivienda y a las familias, creando una Oficina específica para organizar su vuelta. En paralelo, hay que pactar una Política de inmigración a 20 años vista, planificando la regularización de los inmigrantes y coordinando con los países de origen ayudas para frenar la inmigración irregular. No se trata de poner muros que de nada sirven. sino de planificar las llegadas y organizarlas, con dignidad, economía y sentido común. No dejándolo en manos de la desesperación, las mafias y la xenofobia. Apostemos por una España más abierta para propios y extraños, porque la apertura nos ha traído siempre prosperidad, desde los años 60 al ingreso en Europa y nuestra extensión por el mundo. Otro gran tema pendiente.

jueves, 13 de abril de 2017

Récord de emigrantes españoles


La economía va bien, según Rajoy, pero otros 61.000 españoles se marcharon a trabajar al extranjero el año pasado, la mayoría jóvenes que aquí no encuentran oportunidades. Y ya son casi 400.000 españoles nacidos en España los que han emigrado desde 2008, aunque la cifra podría ser el doble, porque las estadísticas oficiales no recogen bien a todos los que se van. En cualquier caso, hay 2.400.600 españoles viviendo fuera, un récord histórico, dos tercios de ellos extranjeros nacionalizados y un tercio españoles nacidos en España. Ahora, con el Brexit, nuestros emigrantes en Reino Unido (unos 300.000) van a tener problemas, mientras se les complicará también la vida a los que viven en Estados Unidos (136.000) y en el resto de Europa. Es hora de aprobar un Plan para repatriar a estos emigrantes forzados por la crisis, con ayudas a su recolocación y alojamiento. Hay que recuperar este capital humano que tanto ha costado formar y darles una oportunidad en España. Apostar porque vuelvan.
 
enrique ortega

España recibió, entre los años 2000 y 2009, más de 7 millones de inmigrantes, la mitad de todos los extranjeros que llegaron por esos años a Europa. Pero con la crisis, los españoles volvieron a emigrar, como en los años 60 del siglo pasado, buscando una oportunidad de trabajo en Europa y América, no sólo jóvenes sino familias enteras. La cifra de emigrantes españoles ha ido aumentando año tras año, hasta alcanzar una cifra récord en enero de 2017: 2.406.600 españoles que viven fuera de España, 934.900 emigrantes más que en 2008 (+63,86%), según el INE. Dos de cada tres españoles emigrados viven en América (62,5%), un tercio en Europa (34,2%) y el resto (3,4%) dispersos por Asia, África y Oceanía. Los países donde viven más españoles son Argentina (448.050), Francia (243.582), Venezuela (180.497), Alemania (148.211) y EEUU (136.805), aunque el tercer país con más españoles puede ser Reino Unido, donde sólo hay 115.000 españoles censados pero puede haber realmente 300.000.

La mayoría de estos emigrantes españoles no han nacido en España sino que son extranjeros nacionalizados españoles, bien porque han estado muchos años en España y han conseguido la nacionalidad (muchos latinoamericanos) o porque eran hijos o nietos de exilados y han conseguido la nacionalidad española por la Ley de Memoria Histórica (diciembre de 2007). Así, de los 2.406.600 españoles que han emigrado, 1.612.391 (el 67%) son extranjeros nacionalizados (744.441 más que en 2008), que en su mayoría han vuelto a Latinoamérica (donde viven 1.420.000), sobre todo a Argentina, Venezuela, Cuba, Ecuador y México. 

El tercio restante de los emigrantes españoles que viven fuera son personas nacidas en España, “españoles españoles”: 794.209 emigrantes en enero de 2017, 160.459 más que en 2008. Más de la mitad de estos emigrantes nacidos en España viven en Europa (425.919, el 53,6%), sobre todo en Francia (131.395), Alemania (70.916) y Reino Unido (67.125), mientras otro 41,3% viven en América, sobre todo en Argentina (viven 89.907 españoles nacidos en España), Estados Unidos (55.617), Venezuela (53.4539 y Brasil (28.764). La mayoría de estos emigrantes nacidos en España proceden de Galicia, Madrid y Cataluña, aunque en los últimos años crecen más los emigrantes nacidos en Baleares, Cataluña y la Rioja. Y donde más ha crecido la emigración española ha sido entre los jóvenes menores de 30 años.

Estos son los datos oficiales de los emigrantes españoles que se registran en los Consulados de los paises donde van. Pero muchos no lo hacen y viven en el extranjero como “turistas”, para no perder derechos en España, como la atención sanitaria (pierden la tarjeta) y otros (ayudas, vivienda, desempleo…). Basten dos ejemplos. En Reino Unido hay censados (Consulados de  Londres y Edimburgo) 131.335 españoles (marzo de 2017), pero se estima que allí viven realmente 300.000 españoles. Y en Irlanda, sólo hay censados 839 españoles pero las autoridades locales estiman que hay realmente 4.381.

Otra manera oficial de medir la emigración son las estadísticas de migraciones del INE, que semestralmente informa de la población en España y de los flujos de emigración e inmigración, a partir del Censo de población: los datos que les dan los Ayuntamientos y el Censo de los que viven en España, los que han venido y los que han emigrado. Según esta estadística oficial, en 2015 emigraron 61.556 españoles nacidos en España y en el primer semestre de 2016 (último dato publicado) otros 30.290, con lo que podrían haber sido otros 61.000 emigrantes en todo 2016. Siguiendo año a año hacía atrás, resulta que han emigrado 381.972 españoles nacidos en España durante esta crisis, desde 2008 a 2016. Más del doble de los 160.459 nuevos españoles nacidos en España que viven en el extranjero desde 2008, según los Consulados. Al final, esa cifra, casi 400.000 emigrantes más nacidos en España que se han ido fuera con esta crisis, parece la más ajustada a la realidad, aunque hay estimaciones que suben a 700.000 los emigrantes de la crisis, como un estudio del CSIC de 2013.

En cualquier caso, 400.000 españoles que han tenido que salir fuera para buscarse la vida es una cifra dramática. El perfil de este nuevo emigrante español es una mujer/hombre (casi mitad/mitad), joven (en torno a los 30 años), con estudios superiores y procedente sobre todo de las grandes ciudades (Madrid, Barcelona, Sevilla y Valencia), según un estudio de Asempleo y el CSIC, que insiste en que estos nuevos emigrantes no siempre salen porque están parados en España sino también porque tienen “empleos basura”, precarios y no relacionados con su formación, y no ven perspectivas de futuro aquí. En principio, muchos siguieron la estela de las multinacionales y exportadores españoles, pero luego se han ido “más a la aventura”, buscando empleo sobre la marcha, lo que ha precarizado su situación, sobre todo en Europa. Los que más han salido han sido profesionales de la salud (enfermeras), informáticos, programadores, ingenieros, investigadores y especialistas en marketing y finanzas, aunque muchos acaban trabajando cuidando niños o de camareros.

Precisamente, estos emigrantes españoles con empleos precarios están ahora muy preocupados por su futuro, sobre todo en Reino Unido, por el Brexit, y en EEUU, por la política migratoria de Trump (se estima que hay 160.000 españoles trabajando en USA sin sus papeles en regla). Tampoco ayuda la corriente xenófoba que crece en toda Europa, que amenaza con echar a un millón de emigrantes ilegales. Pero la mayoría de los emigrantes españoles no están pensando en volver, porque saben que aquí hay todavía mucho paro (4.237.800, el 18,63% de los españoles en edad de trabajar) y que no van a recibir ayudas, en un país con precios y alquileres más altos que cuando se fueron. Y en paralelo, no se va a frenar la sangría migratoria de españoles, sobre todo jóvenes, porque son muy pesimistas ante el futuro. De hecho, los jóvenes españoles son los más pesimistas de Occidente sobre su futuro laboral, según un estudio de Adecco: 4 de cada 10 no creen que encontrarán trabajo en el primer año tras acabar sus estudios. Y más del 50% de los jóvenes españoles creen que tendrán que emigrar para trabajar, según un estudio del Centro Reina Sofía.

Al Gobierno Rajoy no parece preocuparle mucho que la emigración española siga creciendo, a pesar de la cacareada “recuperación”. Primero fue la ministra de Empleo, Fátima Báñez, la que calificó de “movilidad exterior” la fuga de jóvenes al extranjero. Y ahora, el ínclito ministro de Exteriores, Alfonso Dastis, acaba de decir que la emigración de jóvenes es “por inquietud” y “amplitud de miras”… Quizás se comporten así porque la emigración es una “válvula de escape” de la crisis, 400.000 parados menos que no figuran en las estadísticas y a los que no hay que ayudar. Y encima, envían divisas a España, ayudando a mejorar la balanza de pagos y la economía (como en tiempos de Franco): los emigrantes españoles enviaron a España 10.238 millones de dólares (9.750 millones de euros) en 2015, últimos datos del Banco Mundial, con lo que somos ya el 10º país del mundo en recepción de divisas de emigrantes españoles fuera y el 4º de Europa, tras Francia, Alemania y Bélgica.

Diga lo que diga el Gobierno, que 400.000 españoles nacidos en España, la mayoría jóvenes, hayan emigrado estos años es un drama social y un despilfarro económico, porque la mayoría son personas muy formadas, donde el país ha gastado muchos recursos de los que ahora se benefician otros paises. Y que podrían aquí a conseguir un mayor crecimiento y productividad. Por eso, y porque ahora van a tener una situación más difícil fuera, resulta prioritario ayudarles a volver. Urge pactar un Plan para repatriar a los emigrantes que quieran volver, con un paquete de medidas eficaces. Por un lado, implantar programas de asesoramiento personalizado en las oficinas de empleo (SEPE), para canalizarles a un empleo, al estilo de iniciativas privadas como la web Volvemos, que pretende conectar a los emigrantes que quieren volver con empresas españolas que puedan contratarlos. Por otro, aprobar incentivos fiscales o de cuotas a las empresas que contraten emigrantes, sobre todo mayores de 45 años con familia. Y establecer planes específicos en los futuros programas de Ciencia (I+D+i) para recuperar investigadores. Además, en paralelo, habría que ayudarles a conseguir viviendas con alquileres asequibles, dentro de un parque público hoy inexistente. Y fomentar ayudas a las familias y a la natalidad (incluidas guarderías), para ayudarles a asentarse aquí.

Tener tantos españoles fuera y que sigan saliendo más cada año es un fracaso como país, diga el Gobierno lo que diga. Por eso, si queremos promover una recuperación estable y duradera de la economía, tenemos que contar con estos españoles que viven fuera y quieren volver, porque pueden aportar mucho, a las empresas, a la innovación, al consumo, a la recaudación fiscal, al pago de las pensiones y al país en su conjunto. No hay que verlos como nuevos competidores por un empleo escaso, sino como españoles que tienen los mismos derechos que los parados de aquí. Hay que darles una oportunidad. Que vuelvan.