Mostrando entradas con la etiqueta trabajo decente. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta trabajo decente. Mostrar todas las entradas

lunes, 3 de mayo de 2021

Poco trabajo "decente" en media Europa

La pandemia y las elecciones en Madrid han eclipsado el 1º de mayo. Pero los sindicatos europeos (CES) nos lanzan una alerta preocupante: 13 de los 28 paises UE tienen una baja calidad en el empleo, en especial Rumanía, Bulgaria, Grecia, Italia y España, el 5º país por la cola . Y temen que la pandemia recorte aún más el trabajo “decente” en media Europa. Ante este panorama, España y Bélgica llevan a la Cumbre europea de Oporto (7 y 8 de mayo) una propuesta: que se apruebe un Pacto laboral y social europeo, para vigilar que los paises cumplen con objetivos sobre empleo, paro, salarios y bienestar económico, al estilo del Pacto de Estabilidad aprobado en 1997. Que Bruselas no sólo vigile si cumplimos con el déficit público y la deuda sino también si tenemos un paro excesivo y un empleo precario. Atajar los desequilibrios laborales y sociales como hacen con los desequilibrios económicos. Parece difícil, pero suena muy bien.

Enrique Ortega  

El trabajo “decente es uno de los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible que se ha marcado la ONU para 2030. Concretamente, es el objetivo 8º: “promover el crecimiento económico sostenido, inclusivo y sostenible, el empleo pleno y productivo y el trabajo decente”. Y la Unión Europea firmó este compromiso en 2015. Pero en la última década, Europa ha hecho pocos progresos para aumentar la calidad del empleo, a pesar de la recuperación, según el reciente estudio elaborado por la Alianza italiana para el desarrollo sostenible (ASVIS), por encargo de la Confederación Europea de Sindicatos (CES): el índice de trabajo decente ha pasado de 100 en 2010 a 101,8 en 2019. Incluso, el índice ha retrocedido en Grecia y es peor que en 2015 en Luxemburgo y Reino Unido.

Lo más preocupante es que hay 13 paises de los 28 UE que tienen un índice de trabajo decente por debajo de la media europea (101,8). Y en el furgón de cola del empleo decente están Grecia (índice 89), Rumanía (90,8), Bulgaria (94,7), Italia (94,8), España (97,1) y Portugal (97,6), seguidos por Letonia (98,9), Chipre (99,3), Croacia (99,3), Polonia (99,8), Lituania (100,5), Eslovaquia (101,5) e Irlanda (101,7). Paises que tienen en común formar parte de la Europa del Este y no avanzar socialmente o paises que sufrieron especialmente la crisis de la deuda de 2010 y los duros ajustes posteriores (Grecia, Portugal,  Irlanda, España o Italia). En el otro extremo, hay un listado de paises con una buena calidad del empleo, con un índice de empleo decente superior a la media UE (101,8): Paises Bajos (109,6), Dinamarca (109,5), Finlandia (109,4), Suecia (109,2), Austria y Bélgica (108,5) o Eslovenia (108,1), seguidos de Francia (106,1), Alemania (105,9) o Luxemburgo (103,2), según el estudio de la CES. Otra vez las dos Europas: la del sur con peor empleo y la del norte con empleos más dignos.

¿Qué es el empleo decente? El estudio encargado por los sindicatos europeos (CES) tiene en cuenta 3 indicadores: bienestar económico, calidad del empleo y vulnerabilidad laboral. El primero, bienestar económico, mide el crecimiento de los paises y su reparto más o menos desigual. En este indicador, España es el 4º país por la cola (índice 96,5), sólo mejor que Rumanía (85,9), Bulgaria (89,4) y Letonia (95,6), habiendo 10 paises que están por debajo de la media UE-28 (100,2) en bienestar económico, un indicador que encabezan Francia (112), Bélgica (111,5), Holanda (110,8), Austria (109,6) e Irlanda (105,5).

España queda tan mal en este índice europeo de bienestar económico porque somos uno de los paises menos productivos, estamos en el puesto nº 15 de la UE-28 en renta por habitante (PIB per cápita), sólo por delante de Chipre, Portugal, Grecia y 10 paises del Este. Tenemos el 91% de la riqueza media de la UE-28, frente al 121% de Alemania, el 106% de Francia, el 105% de Reino Unido y el 95% de Italia, según Eurostat. Y encima de crear menos riqueza, la tenemos peor repartida: España es el 5º país con más desigualdad de ingresos en la UE, sólo mejor que Bulgaria, Letonia, Lituania y Rumanía, con un índice de Gini (indicador desigualdad) de 33 frente a 30,7% de media UE, un 29,7 en Alemania o 27,5 en Dinamarca, según Eurostat.

El 2º indicador para evaluar el trabajo decente es la calidad del empleo: el estudio mide el empleo, el paro, los salarios y la negociación colectiva en los paises. Aquí España mejora algo, pero ocupa el puesto 11º por la cola en la UE-28, con un índice 100,5, inferior a la media europea  (102,1), junto a otros 12 paises (los peores, Grecia, Irlanda e Italia), mientras destacan por su calidad en el empleo Paises Bajos (índice 110,2), Suecia, Austria, Dinamarca y Finlandia, otra vez la Europa del norte.

En este apartado, los datos de España revelan que tenemos serios problemas. Primero, que tenemos un bajo nivel de empleo: trabajan o buscan trabajo un 65,7% de los adultos, frente al 73,9% de media en la UE-28, el 88,1% en Alemania, el 79,3% en Reino Unido, el 71,4% en Francia o el 62,6% en Italia. Esto significa que si fuéramos como los demás europeos, tendrían que trabajar en España 1,5 millones de personas más (y si fuéramos como los alemanes, 4 millones más). Segundo, que tenemos más del doble de paro que Europa (16,1% frente a 7,5%) y casi cuatro veces más que Alemania (4,5%), sin olvidar el 40% de paro juvenil (frente al 17,2% en la UE-28 y el 6,1% en Alemania). Y con este alto paro, los salarios en España son de los más bajos de Europa: 21,8 euros la hora frente a 27,7 de media en la UE-28, 36,6 euros en Francia, 35,6 euros en Alemania o 44,7 euros en Dinamarca, según Eurostat. Y al final, tenemos un 12,7% de trabajadores pobres (ganan menos del 60% de la media del país), frente al 9,4% de media en Europa, según la CES.

Y vamos al tercer indicador que mide si el trabajo es “decente”, la vulnerabilidad laboral. Aquí España vuelve a salir mal parada, ocupando el 5º puesto por la cola en la UE-28, con un índice 94,4, sólo por delante de Rumanía (90,2), Grecia (91,3), Italia (92,2) y Bulgaria (93,7), muy alejada de la media UE-28 (índice 108,1). Y los paises con menos vulnerabilidad laboral vuelven a ser Dinamarca (índice 110,5), Suecia (111), Luxemburgo (108,8) y Holanda (108), quedando relegada al puesto 12º Alemania (índice 105,7).

Aquí, España  destaca porque es el país líder en Europa de precariedad laboral, el talón de Aquiles de nuestro panorama laboral: un 21,9% de todos los empleos son temporales, frente al 11,9% de media en Europa. Y si nos fijamos sólo en los asalariados, un 25% tienen un trabajo temporal (la cuarta parte, por días y horas), frente al 13,2% en la UE-28. Y un 65,5% de los jóvenes españoles tienen un contrato temporal, según la EPA. Una alta temporalidad que explica por qué, cuando hay una crisis, España destruye más empleo que el resto.

Ante este panorama, 13 paises europeos (el sur y el este) con poco trabajo “decente”, la Confederación Europea de Sindicatos (CES) pide a los gobiernos europeos que se replanteen las políticas económicas, porque la recuperación de 2014 a 2019 aumentó el crecimiento pero apenas mejoró el empleo decente. Y se temen que ahora, con una mayor recesión provocada por la pandemia, el trabajo sea todavía menos “decente”. Por ello, piden a la Comisión y a los gobiernos europeos que aprovechen los Planes de recuperación y los Fondos europeos para conseguir un empleo más “decente” en Europa, sobre todo en la Europa del sur y del Este, muy alejada de la calidad de empleo del resto.

Frente a esta preocupante realidad laboral  (avalada por decenas de estadísticas), dos paises han tomado nota de la alerta de la CES: España (con un gobierno de izquierdas) y Bélgica (con un gobierno liberal ), que van a presentar una propuesta a la Cumbre Europea de Oporto de esta semana (7 y 8 de mayo) para que Europa apruebe un Pacto de indicadores laborales y sociales, similar al Pacto de Estabilidad aprobado en 1997 para vigilar los desequilibrios económicos y fiscales (déficit y deuda sobre todo). El objetivo es claro: si Europa se preocupó de vigilar que los paises tuvieran un crecimiento económico y fiscal saneado, es hora de preocuparse de que el empleo de los europeos sea “decente”.

La propuesta que llevaran a la Cumbre europea España y Bélgica pretende que los 27 aprueben un marco de indicadores cuantitativos sobre cuestiones laborales y sociales: nivel de empleo y paro, calidad de los puestos de trabajo, brecha salarial entre hombres y mujeres, higiene y seguridad en el trabajo… Incluso quieren incluir objetivos de política social o educativa, como el número de personas sin techo, la tasa de abandono escolar o servicios a la infancia y a los ancianos. Lo que proponen es vigilar esos objetivos anualmente, como se hace con los objetivos del Pacto de estabilidad, y que la Comisión alerte a los paises que no cumplan con su situación socio-laboral, como hace cuando se dispara el déficit.

En realidad, esta propuesta es de gran calado, porque pretende que Europa se fije en  la dimensión laboral y social de su crecimiento, no sólo en la económica y fiscal. Y sobre todo ahora, cuando la pandemia ha agravado el empleo y las condiciones de vida de millones de europeos. Lo que pretenden España y Bélgica es que los Planes de recuperación ayuden a los paises a crecer con más empleo y de mejor calidad. Y para ello proponen mecanismos para mejorar la situación laboral de los europeos, como crear un seguro de paro europeo, una propuesta que beneficiaría a España y la Europa del Sur y Este.

La propuesta va a chocar seguro con los paises del centro y norte de Europa, con empleos de más calidad, que no van a querer gastar dinero (su dinero) en apoyar a la Europa del sur y del Este a que mejoren su mercado laboral y tengan más trabajo “decente”. Pero Europa debía aprovechar la pandemia y los Fondos de reconstrucción para sentar las bases de una Europa “más social”, con mejores empleos y protección social. No sólo por justicia, sino también por razones económicas y políticas. Económicas porque no se puede avanzar en un mercado interior más eficaz y competitivo si las condiciones de trabajo son tan dispares como las que existen hoy entre Grecia o Dinamarca, por ejemplo. O entre España y Alemania, con casi cuatro veces más de paro, el triple de precariedad y la mitad de salarios. Y políticas, porque si la pandemia reduce más el trabajo “decente”, aumentarán los europeos que no tengan ningún interés por la política y las instituciones y acaben en las redes de los extremistas.

Es hora de construir “otra Europa”, que se preocupe más por el paro, las condiciones de trabajo y los sueldos que por el déficit público, la deuda y la ortodoxia económica “neoliberal” de las últimas décadas. En esta 2ª crisis desatada por la pandemia, la receta de Europa (y España) no han sido los recortes y ajustes de 2010 a 2016, sino un mayor gasto y una mayor preocupación por el empleo y las necesidades de los europeos. 

Habría que aprovechar este cambio para consolidar otra política en Europa, que se obsesione más por el empleo, la igualdad y la pobreza que por la deuda y el déficit público. Y que utilice los Fondos europeos para recortar distancias entre la Europa rica del norte y la pobre del sur y del Este. La Cumbre europea de Oporto será sólo el primer asalto de una batalla que será difícil, porque la Europa rica del norte manda. Pero la pandemia ha abierto nuevas peleas y los ciudadanos están hartos de políticas europeas que no garantizan su trabajo ni el de sus hijos. Es hora de configurar otra Europa.

lunes, 18 de junio de 2018

10 millones de españoles "vulnerables"


La crisis ha quedado atrás pero su tremenda herencia sigue ahí: casi 10 millones de españoles están en situación “vulnerable”, en paro, inactivos, con empleos precarios o sueldos mínimos. Además, un 22% de españoles son “económicamente vulnerables”: no podrían aguantar un mes si se quedan sin ingresos. Y España está por debajo de Europa en 7 de los 8 indicadores de la ONU sobre “el trabajo decente”. ¿Hacen falta más datos? Sí, uno que resume todo: el 70% de los españoles no nota la recuperación. Tenemos un país muy afectado por el paro, la precariedad y los bajos salarios, donde la pobreza y la desigualdad se han agravado con la crisis. Es “la otra España”, de la que no hablaba Rajoy. Y en la que debería pensar el nuevo Gobierno, para restañar las heridas más flagrantes de la crisis, ayudando a los parados, mejorando la calidad del empleo y los sueldos, utilizando los impuestos para redistribuir. Es hora de atender a los que más han sufrido la crisis.


enrique ortega

La recuperación sigue ahí, amenazada por tormentas exteriores (subida del petróleo, tipos, pinchazo del turismo, crisis europea, proteccionismo comercial…) pero no podemos cerrar los ojos a la tremenda herencia que nos ha dejado la crisis. Un reciente estudio de Fedea y Accenture le ha puesto cifras: hay 9.930.000 españoles en situación vulnerable, casi 1 de cada 4 habitantes: 3.767.000 porque están parados (EPA diciembre 2017), 645.000 porque son inactivos a su pesar (les gustaría trabajar, pero no se “animan” a buscar empleo a la vista de la situación) y los 5.517.000 españoles restantes porque son trabajadores con empleos muy precarios (temporales y por horas, que pueden perder fácilmente) o con sueldos muy bajos (ganan menos del 60% del salario medio), o sea, son “trabajadores pobres”. Y para más de la mitad de estos españoles vulnerables, para 4.780.000 la situación es más grave, porque viven en familias con bajos ingresos (menos del 60% de la media).

El primer bloque de españoles vulnerables, los parados, ha aumentado incluso este año, hasta los 3.796.100 parados estimados por la EPA del primer trimestre de 2018. Su situación es preocupante por tres razones. Una, porque más de la mitad de estos parados no cobran nada: en abril, 2.026.513 de los parados no cobraban ningún subsidio, el 53,39% de todos los parados estimados por la EPA (3.796.100), según Empleo. Y de los que sí reciben algún subsidio (1.769.587 parados, el 46,61% del total), la mayoría (1.086.088) cobran una prestación asistencial, de sólo 430 euros, normalmente por 6 meses. La segunda, que el paro se ha enquistado: la mitad de los parados llevan más de 1 año sin empleo y un millón largo llevan ya más de 4 años parados. Y la tercera, que están abandonados a su suerte, porque las oficinas de empleo no les ayudan: no sirven ni para recolocar a los parados (sólo al 2%) ni para formarles (sólo hacen cursos el 4,12%) ni para reorientarles profesionalmente  (el 91,3% no reciben orientación personalizada del SEPE).

El segundo bloque de españoles vulnerables son los inactivos que desearían trabajar, 645.000 españoles (de los 16 millones de “inactivos” totales) según Fedea. El 70% son mujeres, dedicadas a cuidar su casa o a un familiar, la mitad residen en Andalucía, Valencia o Madrid y en su mayoría (61,7%) no tienen formación (la ESO o menos) ni “ánimo” para apuntarse al paro y buscar trabajo, aunque les gustaría hacerlo.

El tercer bloque de españoles vulnerables son los trabajadores precarios y pobres, estimados en 5.517.000 trabajadores, 1 de cada 3 asalariados (hay 15.792.200 asalariados, según la EPA). La mayoría son trabajadores con un contrato precario, temporal o a tiempo parcial, que les hace muy vulnerables a la coyuntura (verano, rebajas) y a futuras crisis (serían los primeros en ser despedidos). Actualmente, 4.123.300 trabajadores tienen un contrato temporal, el 26,11% de los asalariados, lo que coloca a España como país líder en Europa por temporalidad, muy por encima de la UE-28 (16% de contratos temporales), Francia (16,8%), Italia (15,5%), Alemania (12,9%) y Reino Unido (5,6%). Y esta temporalidad es aún mayor entre las mujeres (27,2% asalariadas tienen contrato temporal) y sobre todo entre los jóvenes: el 73,3% de los españoles menores de 24 años tienen un contrato temporal, frente al 43,9% en la UE-28. Y además, hay 2.814.300 trabajadores con contrato a tiempo parcial, por horas, aunque el 60% no quieren este tipo de contrato pero no encuentran otra cosa.

A contratos precarios, sueldos bajos. La media de sueldos en España ya es baja: el sueldo más frecuente es de 16.497 euros brutos anuales, según el INE, lo que viene a ser 978 euros netos en 14 pagas, un sueldo escasamente mileurista. Pero hay muchos trabajadores que ganan menos, por su tipo de contrato (los temporales ganan un 32% menos sueldo que los fijos y los que trabajan a tiempo parcial ganan el 60% del sueldo del trabajador a tiempo completo) y el sector en el que trabajan (hostelería, administrativos, comercio y construcción son los peor pagados). Con ello, se puede “trabajar y ser pobre. De hecho, hay más de 2,36 millones de trabajadores (2.368.830 asalariados), los 15% del total, que son pobres, porque ganan menos del 60% de la media del país. Con ello, España es el séptimo país del mundo en porcentaje de trabajadores pobres y el primero en Europa, según la OCDE, cuya tasa media (35 países) de trabajadores pobres (8,2%) casi duplicamos.

Este tercer bloque de trabajadores vulnerables, por su precariedad y su salario, se concentra en España en las mujeres (el 58% del total), entre los de edad media (el 60% tienen entre 25 y 45 años), entre los que tienen poca formación (el 41% de estos vulnerables tienen la ESO y menos, pero ojo: el 35% de los españoles vulnerables tienen estudios superiores) y en Andalucía (tiene el 20% de todos los “vulnerables”), Cataluña (14,5%) y la Comunidad Valenciana (12,3%), según el estudio de Fedea y Accenture. Y lo más llamativo: el 90% de estos “trabajadores vulnerables” no reciben ninguna prestación o ayuda pública.

Antes de esta crisis, el paro era culpable del 80% de los problemas y la vulnerabilidad de las familias. Pero ahora, con la reforma laboral impuesta en 2012 por Rajoy y la dura competencia de la globalización, la precariedad laboral es el gran problema. Y más en España, que sale peor parada que la media de Europa en 7 de los 8 parámetros de “trabajo decente” que establece la ONU: menos PIB per cápita (24.500 euros frente a 27.600), más inactivos (29,7% adultos frente a 21,4%), más jóvenes que ni estudian ni trabajan (16,4% frente a 13,4%), menos empleo (65,5% adultos frente al 72,2%), más paro larga duración (7,7% activos frente a 3,4%), más contratos temporales (26,11% frente al 16%) y más muertes por accidentes laborales (2,3 por 100.000 empleados frente a 1,83 en la UE), según el reciente retrato laboral que nos ha hecho Eurostat.

El resultado de tanta precariedad y salarios tan bajos es que muchas familias españoles son “económicamente vulnerables, no están preparadas para hacer frente a imprevistos. Ya no es sólo que 2 de cada 3 familias lleguen a fin de mes “con dificultades”, según el INE. Es que un 22% de las familias españolas están en situación de “vulnerabilidad económica”, según los últimos datos del Banco de España: el 15% de estos hogares sólo se podrían mantener un mes si les falta su fuente de ingresos y otro 7% apenas podría resistir una semana, mientras un 52% podría mantenerse 6 meses  y el resto más, porque tienen ahorros. Este es el retrato-robot de estas “familias vulnerables”, según el Banco de España: parados o inactivos, mujeres y personas con pocos estudios, que viven de alquiler en Andalucía, Canarias, Comunidad Valenciana y Murcia. Un informe de Cáritas complementa este retrato: muchos de los desfavorecidos tras la crisis están hoy peor que en 2008, porque se les ha acabado el colchón de ahorros, familia y amigos que les han ayudado estos años.

Tras este panorama, de paro, precariedad y bajos ingresos, se entiende que la pobreza haya aumentado en España con la crisis, para alcanzar un récord histórico: hay 12.989.405 españoles en riesgo de pobreza o exclusión social, según la última estadística europea de Eurostat (2016), 1.242.000 más de los que vivían pobremente en 2008, según la Agencia Europea contra la pobreza (EARP). Con ello, España se sitúa como el 7º país europeo con más pobreza (tasa AROPE 2016), con un 27,9% de la población en situación vulnerable, por encima de la UE-28 (23,5%) y sólo por detrás de Bulgaria (40%), Rumanía (38,8%), Grecia (35,6%), Lituania (30,1%), Italia (30%) y Letonia (28,5%), según Eurostat.  Y lo peor es que la pobreza se ha “enquistado” en España, en determinados colectivos y familias, sobre todo en esos 3 millones de españoles que están en la pobreza extrema, según Cáritas. Y lo más sangrante es que 1.400.000 niños españoles son pobres, según Save The Children.

Mientras crecen los pobres, crecen también los ricos: el número de millonarios (1 millón de dólares/850.000 euros) ha crecido en España un 60%, pasando de 127.100 a 202.200 en 2016, según el informe mundial de riqueza de Capgemini. Y con ello, la crisis ha traído consigo un gran aumento de la desigualdad, según reconoce hasta el Banco de España. Y es lógico, porque un 70% de la población tiene  menos ingresos que en 2007, según un estudio de Intermón Oxfam presentado en la última Cumbre de Davos. Y eso se debe a que el crecimiento “ha ido por barrios”: así, en el último año, el 1% más rico de españoles captó el 40% de la riqueza creada, mientras el 50% más pobre captó el 7% del crecimiento. Un reparto desigual de la recuperación que ha agravado la desigualdad, convirtiendo a España en el tercer país con más desigualdad de Europa, detrás de Rumanía y Bulgaria. El dato presentado en Davos por Intermón Oxfam es impresionante: el 10% más rico de españoles concentran más de la mitad de la riqueza (el 53,8%) y el 90% restante se lleva el 46,2% del pastel.

Al final, lo que ha pasado se traduce así: el 70% de los españoles aseguran que “no han notado la recuperación” de la que tanto presumía Rajoy, según una Encuesta incluida en el Informe FOESSA “Desprotección Social y Estrategias Familiares 2017”, encargado por Caritas. Y en que hay otra España, esos casi 10 millones de españoles vulnerables, que no acaba de salir de la crisis y que vive con muchas dificultades. Y que son familias con baja formación, mujeres y niños solos, jóvenes sin salida, que viven en zonas marginales pero también en barrios “normales” del centro y sur de España, Levante y Canarias. Una marginación, advierte Cáritas, que se ha “enquistado” y que ha pasado de padres a hijos en las mismas familias.

¿Qué se puede hacer? Bastante, aunque, en estos años, el Gobierno Rajoy no haya aprovechado la recuperación para corregir la precariedad, la pobreza y la desigualdad, que se han agravado. De hecho, la propia Comisión Europea ha criticado a España este año por ser uno de los países europeos que menos ayuda a las rentas bajas, a causa de su ineficiente política fiscal y sus menores ayudas sociales. Y la OCDE, en su último informe “Apuesta por el crecimiento 2018” (marzo 2018) ha dado una serie de recetas a España “para que la mayoría de la sociedad se beneficie de la recuperación”: mejorar las políticas de empleo (recuerda que España gasta en políticas activas de empleo la mitad que la OCDE), mejorar las ayudas a los parados de larga duración, reformas fiscales (bajar impuestos a los salarios más bajos y subir impuestos al gasóleo, IVA y contaminación), hacer reformas laborales (reducir la dualidad fijos/temporales y mejorar la calidad del empleo y la productividad) y, sobre todo, mejorar la educación y la formación de los jóvenes.

Ante esta “otra España”, esos 10 millones de españoles vulnerables, el Gobierno Sánchez debería aplicar un Plan de choque contra la pobreza, con ayudas inmediatas a los parados que no cobran (2 millones) y a las familias más pobres (3 millones de españoles están en pobreza extrema: ingresan menos del 30% que la media), especialmente a las que tienen niños (1,4 millones son pobres). Y en paralelo, otro Plan de choque contra la precariedad, incentivando que una parte de los contratos temporales se hagan fijos (hoy sólo el 8%, frente al 24% en Europa) y que no se abuse de la contratación temporal y a tiempo parcial, sobre todo en la hostelería, el comercio y la Administración pública (sanidad y educación). Y promoviendo, como ha hecho el presidente Sánchez, un acuerdo salarial, para que suban más los salarios más bajos y pronto no los haya por debajo de 1.000 euros. Y a medio plazo, para 2019, en la medida que se consiga recaudar más (con impuestos más justos y más redistributivos), habrá que dedicar más recursos a políticas sociales (vivienda, becas, ayudas a la familia y renta básica), para recortar la escandalosa pobreza y desigualdad que tenemos en España. Está ahí y exige medidas. Que nadie mire para otro lado.