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lunes, 16 de julio de 2018

Las mujeres, cuidadoras sin cobrar


Las mujeres siguen discriminadas y lo peor no es la brecha salarial (ganan  un 22,3% menos) sino que trabajan mucho menos que los hombres. La Organización Internacional del Trabajo (OIT) acaba de decirnos por qué: hay 2,5 millones de españolas que no pueden trabajar porque tienen que cuidar a sus hijos y padres, gratis. Y en el mundo, eso les pasa a 606 millones de mujeres. Además, las que sacan tiempo para trabajar fuera de casa, tienen peores empleos, por "las ataduras" de los cuidados. El mayor obstáculo a la igualdad de las mujeres es que tienen que cuidar a niños y ancianos, según la OIT, por lo que proponen quitarlas parte de ese trabajo y que lo hagan también el Estado y los hombres. Y urgen a los Gobiernos a que mejoren el gasto en guarderías, permisos de paternidad, conciliación laboral y cuidado de los ancianos, para que las mujeres puedan pensar en trabajar fuera, como los hombres. Liberarlas de una parte de los cuidados en casa.
 
enrique ortega

Cuidar a niños y ancianos es el trabajo más importante que se hace en el mundo: en 2015 había 2.100 millones de personas necesitadas de cuidados, 1.900 millones niños menores de 14 años y 200 millones de ancianos dependientes, según el último informe de la Organización Internacional del Trabajo (OIT). Y estiman que para 2030, serán ya 2.300 millones (2.000 millones de niños y 300 millones de ancianos) los que necesiten cuidados, 1 de cada 3 habitantes del mundo. Pues bien, las tres cuartas partes de este trabajo de cuidado, el 76,2%, lo hacen las mujeres, según el informe “Care work and care Jobs for the future of work, recién publicado por la OIT. Las mujeres dedican al cuidado de los hijos y ancianos una media diaria de 4 horas y 25 minutos, frente a 1 hora y 23 minutos los hombres.

La mayor parte de este trabajo, el cuidado diario de niños y mayores, se hace gratis y hay que sumarlo a las tareas domésticas, que también hacen mayoritariamente las mujeres. Al final, cada día se dedican 16.400 millones de horas al trabajo no remunerado en casa, lo que supone el trabajo de 2.000 millones de personas trabajando 8 horas diarias. Si ese trabajo doméstico y del cuidado de niños y mayores se pagara, supondría 11.000 millones de dólares, con lo que esta actividad supondría el 9% del PIB mundial, según la OIT. Una actividad no remunerada, que recae sobre las mujeres y niñas del mundo, más en países de ingresos medios y bajos, en mujeres casadas adultas, con niños pequeños, poca educación y que viven en zonas rurales de países en desarrollo. Y un trabajo que recae más entre las más pobres: las mujeres ricas pagan porque les cuiden a niños y padres.

Esta actividad, el trabajo de cuidados no remunerado, es el principal obstáculo” para que la mujer trabaje fuera de casa, según el informe de la OIT. En 2018, hay 647 millones de personas en el mundo que no pueden trabajar fuera de casa por “responsabilidades familiares”, por tener que cuidar a niños y ancianos. Y de ellos, 606 millones son mujeres, el 41% de todas las mujeres inactivas del mundo. Las mujeres más “penalizadas” con los cuidados de niños y ancianos son las madres de niños pequeños (tienen una tasa de empleo del 47,6% frente al 87,9% los hombres), sobre todo en los países árabes, Asia Pacífico y países de ingresos medios, según el informe de la OIT, siendo menores las diferencias de empleo para las madres con niños pequeños en países ricos y en África.

Hay otras mujeres que además de cuidar su casa, a sus niños y ancianos, consiguen sacar unas horas para trabajar fuera de casa. Estas mujeres consiguen empleos peores, más precarios y mal pagados, según la OIT, porque se ven obligadas a trabajar menos horas o en actividades marginales. Así, las mujeres sin hijos trabajan de media 46,1 horas a la semana pero cuando tienen un hijo trabajan ya solo 41,5 y cuando tienen tres hijos o más, trabajan sólo 38,1 horas a la semana (frente a 45 horas los hombres). La mayor brecha de horas trabajadas se da entre las madres con hijos y sin hijos de Europa y Asia central, según la OIT. Y además de trabajar menos (y ganar menos), las mujeres con hijos o ancianos a su cargo trabajan más por cuenta propia, como autónomas, para sobrevivir, muchas de ellas en la economía sumergida (62%), sin cotizar (el 53%) y sin derechos laborales.

En España, la economía del cuidado atiende a 10 millones de personas: 7 millones de niños pequeños y 3 millones de mayores dependientes, según los datos de la OIT, que estima que este colectivo será de 8,8 millones de españoles para 2030 (5,6 millones de niños pequeños y 3,2 millones de ancianos). El trabajo de cuidado no remunerado supone unas 130 millones de horas diarias, lo que supone el trabajo de 16 millones de personas. Si se pagara, sólo con el salario mínimo, serían 168.000 millones de euros, que no están contabilizados pero que suponen el 14,9% del PIB español, con lo que la economía de los cuidados sería la primera actividad económica en España, como lo es en el resto del mundo.

Y dos tercios de estos cuidados no remunerados, el 68%, los hacen las mujeres españolas, según el informe de la OIT: las mujeres dedican 4 horas y 23 minutos diarios a los cuidados no remunerados, más del doble que los hombres (2 horas y 6 minutos). Esto se traduce en que muchas mujeres no pueden pensar en trabajar porque tienen que cuidar a sus hijos y padres dependientes. La OIT estima que hay 2,5 millones de españolas que no pueden acceder por eso al mercado laboral y se quedan en casa. De hecho, hay 9.374.800 mujeres en España que son inactivas (ni trabajan ni buscan trabajo), frente a 6.734.700 hombres. Y el tener que cuidar a hijos y padres también es un hándicap para trabajar, las que lo intentan: de hecho, hay 8.590.200 mujeres trabajando frente a 10.284.000 hombres, según la EPA. La tasa de empleo de los hombres es del 67,55% y la de las mujeres del 56,59%. Menos mujeres activas y ocupadas, en gran parte porque tienen que cuidar la casa y a su familia (gratis). Y a más hijos pequeños, menos porcentaje de mujeres trabajando. Y más en los hogares con bajos ingresos, según la Encuesta de condiciones de vida del INE.

Hay otras mujeres españolas que cuidan cobrando, pero como pasa en el resto del mundo, su trabajo es más precario. En España, hay unos 3,8 millones de personas trabajando en el cuidado remunerado, entre la educación, la sanidad, el trabajo social y la dependencia (hay 390.000 cuidadores profesionales, el 89% mujeres) y el trabajo doméstico (612.000, la mayoría mujeres e inmigrantes), según la OIT. En líneas generales, este empleo ligado al cuidado de niños, ancianos y hogares es más precario (temporal y por horas) y peor pagado que el resto, incluso mucho no legalizado y vinculado a la economía sumergida.

El informe de la OIT propone aumentar el gasto público en la economía del cuidado, para liberar a las mujeres del trabajo no remunerado y mejorar el que cobran. Actualmente, existen enormes diferencias por países en el gasto público en políticas de cuidado: los más preocupados son los países nórdicos (que gastan en cuidados del 8,8% del PIB en Suecia al 7% en Finlandia), seguidos de lejos por otros países europeos (del 4,2% del PIB en Francia y el 4% de España y Alemania al 3% de Italia) a porcentajes ínfimos en países en desarrollo (0,5% en México o Turquía y el 2% del PIB en China), según la OIT.

La OIT propone que los Estados (y los hombres) se hagan cargo de parte de las tareas de cuidado que hoy hacen las mujeres, en su mayoría gratis. Y eso supondría duplicar el gasto público mundial en cuidados, pasando el gasto del 8,7% del PIB (2015) al 18,3% para 2030, lo que permitiría crear 149 millones de empleos remunerados nuevos en el sector del cuidado, uno de los sectores de trabajo con más futuro. El mayor esfuerzo, señala la OIT, habría que hacerlo en las zonas del mundo con menos atención pública al cuidado de niños y ancianos: África, Asia-Pacífico, estados árabes y algunos países de Latinoamérica. Además, plantean extender la protección a la maternidad (de 184 países, 107 no cumplen el convenio de protección de la maternidad de la OIT), los servicios de cuidado de niños menores de 3 años (sólo los tienen el 18,3% de los niños del mundo) y la atención a los ancianos y discapacitados graves (sólo el 27,8% tienen atención pública en el mundo).

En definitiva, que el trabajo de cuidados (hijos, padres, hogar) no remunerados es el principal obstáculo para la liberación de la mujer, en el mundo y en España. Y lo será aún más en las próximas décadas, porque aunque habrá menos niños aumentará el número de ancianos (un tercio de los españoles tendrán más de 65 años en 2066, según el INE). Así que hay que buscar una solución, que, según la OIT, pasa por “las tres R”: reconocer el valor del trabajo de cuidados, reducir su precariedad y redistribuir los cuidados no remunerados que hoy hacen las mujeres entre el Estado (servicios y ayudas públicas) y los hombres. Los datos de Eurostat (2016) son impactantes. Primero, el 95% de las mujeres españolas (25-49 años) cuida y educa a los hijos diariamente (el 92% en la UE-28), frente al 68% de hombres (igual que en Europa, aunque en Suecia son el 90% y en Grecia el 53%). Segundo, el 84% de las mujeres españolas cocinan y hacen diariamente las tareas domésticas frente al 42% de hombres (en la UE-28 son el 34%, en Suecia el 56% y en Grecia el 16%). Y tercero, las mujeres en España trabajan una media de 26,5 horas a la semana en casa, frente a 14 horas los hombres, según el INE. Eso sí, la igualdad llega con los nietos: hombres y mujeres dedican 16 horas semanales (las mismas) a cuidarles.

Se trata de actuar en dos frentes a la vez. Por un lado, tomar medidas para “repartir” el cuidado de los hijos, entre mujeres, hombres y el Estado: fomento de las guarderías públicas e incentivos y ayudas a las guarderías privadas (extendiéndolas en las empresas), aumento de los permisos de paternidad, más ayudas fiscales a la familia y una política decidida de conciliación familiar en los trabajos, con horarios más razonables. Por otro, actuar para mejorar la situación de los ancianos y jóvenes dependientes, un colectivo potencial de 3 millones de personas que deberían ser atendidos más en el ámbito público que en el privado. O si se les atiende en casa, que los cuidadores familiares tengan más ayudas (el Gobierno Rajoy dejó de cotizar por ellos en 2012 y les rebajó la ayuda) y un mejor trato fiscal (en Francia, el 50% de los gastos privados en cuidados se deducen del IRPF). Y junto a estas actuaciones, habría que aprobar un Plan de empleo para mujeres con hijos, facilitando su vuelta al trabajo y mejorando sus contratos y sueldos, hoy muy precarios.

Mucho se habla de la discriminación de la mujer, de que ganan menos que los hombres   (-22,3% de brecha salarial, según el INE), pero se habla poco de que su mayor discriminación es que trabajan menos que los hombres, porque muchas son “esclavas” de su casa, sus hijos pequeños y sus padres ancianos. Sólo quitándoles parte de este trabajo de cuidados, que además hacen gratis, se podrán dedicar a trabajar como el resto y ser independientes de verdad. La solución es que muchas de sus tareas las cubra el Estado, con nuestros impuestos, y otras las repartan con los hombres. Claro que para eso, tenemos que cambiar de mentalidad: el 44% de los europeos (44% de las mujeres y 43% de los hombres) piensan que “el rol más importante de la mujer es el cuidado del hogar”, según el Eurobarómetro de noviembre 2017. Así no hay forma de avanzar.


lunes, 20 de febrero de 2017

El subempleo recorre el mundo


Un fantasma recorre el mundo: el fantasma del subempleo. Contratos temporales, por horas, mal pagados y muy vulnerables. La Organización Internacional del Trabajo (OIT) ha dado la alerta: con la crisis, la mayoría del empleo que se crea es de mala calidad, desde EEUU a Europa pasando por Asia y Latinoamérica. Y más en España: somos el 2º país europeo  con más empleo temporal y el 4º con más empleo por horas “forzoso”. Además, más de la mitad de los españoles trabajan en empleos inferiores a su cualificación y obligados a hacer horas extras, muchas sin cobrarlas. Y 1 de cada 8 trabajadores españoles son pobres, según la OIT. Un exceso de empleo precario que tiene efectos muy negativos sobre la demografía, la recaudación fiscal y las pensiones, frenando la autonomía de los jóvenes, el consumo, el crecimiento y el empleo. El reto es vigilar la contratación y mejorar la educación, porque a menos formación más subempleo. Tras 5 años de reforma laboral, que ha disparado la precariedad, urge conseguir más empleo “decente”.
 
enrique ortega

El informe 2017 de la OIT alerta del auge del empleo temporal, que ha crecido en todo el mundo con la crisis, desde EEUU a Europa (del 14,1% en 2008 al 14,3% en 2015 en la UE-28), sobre todo en Francia (16%), Italia (14,1%) y Holanda (20%). En España, el empleo temporal ya era muy elevado antes de la crisis (récord del 34% en 2006) y ha bajado después, para estabilizarse en el 25,2% de los empleos en 2015, con lo que somos el segundo país de Europa con más empleo temporal, tras Polonia (28%), según Eurostat. Y lo peor es que son empleos temporales “forzosos”: un 90% de españoles con contrato temporal preferiría tener un contrato fijo (el 2º porcentaje más elevado de la UE, tras Chipre), frente al 62,1% de temporales “forzosos” en Europa (y sólo un 23% en Alemania), según los últimos datos de la OIT.

Y lo peor es que muchos trabajadores encadenan estos contratos temporales sin que se transformen en fijos. Así, 545.200 trabajadores encadenan contratos temporales desde hace 6 años, otros 341.100 entre 3 y 6 años y 278.700 más llevan siendo temporales entre 2 y 3 años, según datos del INE. Y al final, sólo un 11% de los contratos temporales se convierten en indefinidos (en 2016, sólo se convirtieron en indefinidos 582.000 contratos, el 3,11% de todos los firmados), cuando en Europa, la tasa de conversión de temporales en fijos es el doble, el 28% en la UE-28 (y en Alemania). Con ello, somos el segundo país de Europa que menos transforma contratos temporales en fijos, por detrás de Francia (10%).

Otro tipo de contrato que crece sin parar en el mundo, según denuncia la OIT, son los contratos a tiempo parcial, por horas o días. En Europa (UE-28) han pasado del 18,2 (2008) al 22% de los contratos (2015), con mayores porcentajes en Suecia (26%), Alemania (28%), Austria (28,5%) y sobre todo Holanda (51%). España tiene todavía un nivel bajo (15,7% de empleo a tiempo parcial) pero es el país donde este tipo de contratos ha crecido más durante la crisis. Y, sobre todo, somos el cuarto país europeo con más empleo por horas “involuntario(tras Grecia, Chipre e Italia): un 60% de los que trabajan por horas preferirían un empleo a tiempo completo, frente al 27,5% de los europeos, que mayoritariamente trabajan por horas porque quieren, según la OIT. Además, en España, los empleos a tiempo parcial son cada vez por menos tiempo: la media ha bajado de 81 días de media (2008) a 51 días y el 26% de estos contratos duran ya menos de una semana, según los datos de Empleo.

Ambos tipos de contratos precarios (temporales y por horas) tienen mucho que ver con la formación de los trabajadores, según un informe de CaixaBank. Así, la tasa de temporalidad más alta se da entre los trabajadores españoles que sólo tienen educación primaria (38% de contratos temporales) y la más baja entre los que tienen educación superior (21,5% son  temporales). Y lo mismo en los contratos por horas “forzosos”: los tienen el 70% de los trabajadores con sólo educación primaria, el 65% de los que tienen secundaria y el 55% de los que tienen educación superior. Pero además, el tipo de contrato no sólo tiene que ver con la titulación, sino con las “habilidades” que tiene el trabajador. Y en España tenemos un problema, derivado de una enseñanza más volcada en la memoria que en la adquisición de “habilidades” para trabajar: incluso el 41% de los adultos con estudios superiores obtuvieron un resultado bajo en el test de habilidades profesionales, frente al 21% de promedio en los 34 paises de la OCDE, según la última encuesta internacional de habilidades (2015).

Otro indicador de precariedad laboral es que, tras la reforma laboral impuesta por el Gobierno Rajoy en febrero de 2012, los trabajadores españoles se ven obligados a hacer muchas más horas extras, porque se dio más poder al empresario para fijar la jornada y muchos optaron por hacer contratos de media jornada y luego obligar a sus trabajadores a hacer horas extras, muchas veces sin pagárselas. Así, a finales de 2016 había 7.778.400 trabajadores que hacían horas extras (el 50,5% de los asalariados), de media 5,48 millones a la semana. El récord de horas se dio en 2013 (6,14 millones, casi 1 millón más que las 5.34 millones de 2011) y han bajado algo porque en 2016 actuó más la inspección de Trabajo, porque muchas de las horas no cotizaban y la SS perdía ingresos. Pero aun así, entre 2012 y 2015, la mayoría de estas horas extras no se le pagaban al trabajador: en 2015 por ejemplo, de 6,3 millones de horas extras semanales, 3,5 millones no se pagaron, según la EPA. Doble problema: los empleados trabajan más (y la mitad gratis) y el país se queda sin crear 150.000 empleos nuevos, a lo que equivalen las horas extras hechas cada año.

Un cuarto indicador de precariedad laboral (tras los contratos temporales y por horas “forzosos” más las horas extras) son los muchos españoles obligados a trabajar “de lo que encuentran”, en empleos muy por debajo de su formación. En España hay 9,5 millones de trabajadores “sobrecualificados, el 52,8% de los empleados (en 2007 eran el 46,3%), según datos de Afi-Asempleo a partir de la EPA. Con la crisis, esta “sobrecualificación“  ha crecido entre los mayores de 45 años y sobre todo entre los más jóvenes (dos tercios de los jóvenes entre 16 y 24 años trabajan en empleos inferiores a su cualificación). Este problema destaca en la hostelería (71,4% de los empleos están sobrecualificados) y el comercio, sobre todo en el País Vasco y Cantabria. Lo que más se da son personas con secundaria trabajando en puestos “bajos” y universitarios en puestos “medios”, según un estudio de CaixaBank.

Con toda esta precariedad, con la falta de “trabajo de calidad”, aumentan las personas que “tiran la toalla”, que dejan de buscar trabajo (está difícil y es “malo”) y se quedan en casa, emigran o vuelven a estudiar. Es un fenómeno mundial, producto del auge del subempleo. Así, en Estados Unidos, la tasa de actividad bajó al 62,8% en 2016 (sólo 2 de cada 3 norteamericanos buscaban trabajo), la más baja de los últimos 30 años, con 92 millones de estadounidenses “desanimados” en un país de 316 millones de habitantes. En España ha pasado lo mismo: 700.000 españoles han dejado de ser "activos" (ni trabajan ni buscan trabajo) entre 2011 y 2016, según la EPA.  Y con ello, también hay menos porcentaje de españoles trabajando, como pasa en Europa, donde han ha caído los  europeos con un empleo: un 64,5% en la zona euro en 2015, frente al 65,5% en 2007, según Eurostat. Y España está aún peor: somos el cuarto país europeo con menos gente trabajando (el 57,8% de los que tenían entre 16 y 65 años en 2015), tras Grecia (50,8%), Croacia (55,8%) e Italia (56,3%). O sea, trabajan  menos españoles que europeos (2 millones menos) y los que tienen un empleo es muy precario.

Y claro, los empleos precarios están peor pagados, lo que ha aumentado el número de trabajadores pobres en todo el mundo, 967 millones de personas que cobran entre 1,90 y 5 dólares al día, según el informe de la OIT. Y no están sólo en los paises emergentes, sino también en Europa, donde un 9,5% de los trabajadores son “pobres” (ganan menos del 60% de la media), un 1,6% más que en el año 2.000. Y otra vez, España supera la media: tenemos un 12,5% de trabajadores pobres (1 de cada 8), un 4% más que en 2000, según la OIT. Son ya 2.196.137 “trabajadores pobres”, españoles con un trabajo que “malviven”. Y los que no son pobres, al tener contratos tan precarios, ganan muy poco: el sueldo más habitual de los españoles es de 16.490 euros brutos al año (2014, último año con datos oficiales del INE), que se traduce en 950 euros netos en 14 pagas. El español medio es mileurista.

El trabajo precario es una fuente de problemas, no sólo porque el trabajador subempleado es más vulnerable si una empresa tiene problemas. También tiene más incertidumbre ante el futuro, a la hora de formar una familia y tener hijos (algo grave en un país como España con bajísima natalidad, 1,32 hijos por mujer, y que ya pierde población), de comprar o alquilar una vivienda (el 80% de los jóvenes siguen viviendo con sus padres), de pensar en lo que les quedará cuando se quede en paro o se jubile. Y por supuesto, a la hora de gastar y consumir. Por eso, la precariedad laboral es una pesada hipoteca para la recuperación: desalienta el consumo, el crecimiento y el empleo. Y además, reduce la recaudación de impuestos y las cotizaciones, agravando el “agujero” del Presupuesto y las pensiones.

España ha creado 1.372.900 empleos entre 2014 y 2016, pero un empleo muy precario, vulnerable y mal pagado: baste decir que sólo el 4,96% de los contratos hechos en 2016 (1 de cada 20 empleos) fueron “de calidad: fijos y a tiempo completo. Y todavía faltan 2,5 millones de nuevos empleos para recuperar los 3,8 millones de empleos perdidos desde 2007. Un reto enorme porque la economía se está desacelerando, en España y en el mundo (hay incluso riesgo de una nueva crisis), y creceremos menos y se creará menos empleo en 2017 y 2018 (unos 400.000 al año). Además, hay dos factores estructurales que van contra el empleo: la digitalización de la economía (más Internet y menos trabajadores) y la entrada de robots en muchas empresas. De hecho, España es uno de los tres paises más expuestos (junto a Alemania y Austria) a la “cuarta revolución industrial”, a la llegada de los robots: podría suponer la pérdida de 2 millones de empleos, sobre todo en la industria, la Administración y los servicios, según un informe de la OCDE (mayo 2016).  

Se pierdan o no empleos por las nuevas tecnologías, todo apunta a que el empleo del futuro seguirá siendo precario y será un empleo que exigirá una alta cualificación. Para 2020, el 50% de los empleos en Europa serán para trabajadores con formación media, el 35% para niveles altos y sólo quedará el 15% para niveles bajos de formación (los que tienen el 45% de españoles), según un estudio de CEDECOP. Y centrados en España, de los nuevos empleos disponibles  aquí dentro de una década (entre 8,8 y 10 millones), sólo el 2,3% serán para los que tienen baja formación (ESO o menos), un 39,3%  para los que tengan estudios medios (bachillerato o FP) y más de la mitad (58,4% para los que tengan educación superior (estudios universitarios o FP Superior), según un estudio de la Fundación BBVA e Ivie.

Así que al final, la clave del futuro, tanto para reducir el subempleo como para conseguir los nuevos empleos, será mejorar la formación, un reto especialmente urgente para España porque el 42% de la población tiene baja cualificación. Hay que gastar más en educación, porque sólo gastamos el 4,1% del PIB frente a 4,8% en la zona euro, el 4,3% en Alemania, 5,2% en Reino Unido y 5,5% en Francia, según Eurostat. Y reformar la enseñanza, desde los colegios a la Universidad, para formar mejor a los jóvenes en lo que necesitan las empresas. Y volcarse en la formación y el reciclaje de los parados y los trabajadores actuales, porque el 42% de los ocupados tienen una baja cualificación. Y así, sólo accederán a los peores empleos. En paralelo, el Gobierno debe reforzar la inspección de Trabajo, con más personal (hay la mitad de inspectores que en Europa) y más control, para luchar contra el subempleo.

En resumen, la crisis ha cambiado el empleo en todo el mundo: ahora es de peor calidad, más precario, peor pagado y más vulnerable. Y España se lleva la palma en Europa, con una mayoría de españoles que trabajan temporalmente o por horas “contra su voluntad”. Esta precariedad actúa como un cáncer que corroe nuestra economía, desde el consumo y la familia a la recaudación o las pensiones. Tras 5 años de reforma laboral, urge tomar medidas para mejorar la calidad del empleo (como pide la OIT), con más vigilancia de la inspección, más ayudas fiscales al empleo estable y más gasto en educación y formación. Hay que conseguir más empleo "decente”. No podemos ir a peor.

lunes, 8 de diciembre de 2014

Es hora de subir los salarios


Sindicatos y patronal tienen que llegar a un acuerdo en diciembre sobre las subidas salariales para 2015 y 2016. Ha llegado la hora de subir los salarios, tras cinco años de bajadas. Primero, porque las empresas llevan dos años teniendo beneficios. Segundo, porque si no mejoran los ingresos de las familias, no se reanimará el consumo y España crecerá poco (+0,5% ahora) y no creará empleo suficiente para 5,4 millones de parados. Y también por pura justicia: durante la crisis han subido los sueldos de los directivos y el número de millonarios, mientras casi la mitad de los trabajadores son mileuristas. Hay que subir el salario mínimo (de 645 euros, la mitad del alemán, a 800) y acabar con las horas extras gratis, un fraude que roba empleo. Y en las empresas con beneficios, subidas salariales razonables. Con mejores sueldos, se trabajará mejor, habrá más consumo y más empleo. No podemos ser la China de Europa.
 
enrique ortega

La devaluación de los salarios empezó en 2010, se aceleró en 2012 con la reforma laboral y ha continuado más suavemente en 2014, con una rebaja media del 15% en esta crisis: una caída del 4,19% entre 2010 y 2011, según el estudio EADA-ICSA, y un 10% más de caída entre 2012 y 2013, por la reforma laboral, según la Fundación Sagardoy y Adecco. Incluso la bajada podría ser mayor, según el Banco de España, porque con la crisis se han perdido más los puestos de trabajo con peores salarios y ahora son los salarios más altos (que han bajado menos) los que más cuentan en las estadísticas. Además, los trabajadores no sólo han perdido ingresos por la bajada de salarios sino también porque dejaron de cobrar incentivos y horas extras, que ahora se hacen muchas veces gratis, sobre todo en los contratos precarios. Así, las horas extras gratis han pasado de 2,7 millones a la semana (2009) a 3,38 millones (2013), según el INE. Si no se hicieran, las empresas podrían emplear a 150.000 trabajadores más.

Con esta rebaja, España es el segundo país occidental que más ha bajado los salarios con la crisis, según la OCDE: una media del 1,8% anual entre 2009 y 2013, sólo superada por Grecia (-5% anual) y equiparada a la rebaja de Eslovenia o Irlanda, mientras los 24 países de la OCDE subían sus salarios un 0,2% y la zona euro -0,1%. Y en cuanto a los costes laborales, en España cayeron un -2,1% anual entre 2007 y 2013, frente al -0,2% en la OCDE y la subida en Alemania (+0,8% anual) o Francia (+0,5% anual).

Y no es sólo que hayan caído los sueldos, sino que la rebaja ha sido desigual durante la crisis: han caído un -20% a los españoles con contratos temporales (un tercio de los trabajadores) y un -5% a los que tienen contrato fijo, según la Comisión Europea. Además, les han bajado más a las mujeres que a los hombres: si en 2008 ganaban un 21,9% menos, en 2013 ganaban ya un 24% menos. Y han crecido las diferencias salariales por el sector donde se trabaja (en las eléctricas ganan 3,7 veces lo que en el sector servicios), el puesto (un directivo gana 4,14 veces más que un trabajador no cualificado), la edad (los menores de 30 años ganan un 44% menos que los que tienen entre 35 y 50 años, la nacionalidad (los inmigrantes no europeos ganan un tercio menos que los españoles) y la región donde trabajen (en Jaén, el salario medio, 11.779 euros, es menos de la mitad que en Madrid, con 24.571 euros), según los datos (2012) de la última encuesta de salarios del INE.

Quizás lo más llamativo es que se han disparado los trabajadores pobres: un 13,4% del total, 2.271.130 trabajadores son pobres, porque ganan menos del 60% del sueldo medio de los españoles (menos de 17.040 euros brutos al año una familia con dos hijos). Y hay otro dato preocupante: el salario más frecuente entre los españoles (2012) era de 15.500 euros brutos al año (según el INE), el mismo que en 2008 (supone, con la inflación acumulada, que ganan un 9,1% menos). Son 1.107 euros brutos al mes (en 14 pagas), que descontando retenciones y Seguridad Social, se queda en un sueldo neto por debajo de los 1.000 euros. Luego España se ha convertido en un país de mileuristas y minieuristas (la mitad de ellos ganan entre 400 y 800 euros netos al mes). Una realidad que se traduce en las declaraciones de Hacienda: en la de 2013, el 34% de los trabajadores declaró ganar el salario mínimo o menos (son 5,7 millones de personas), según la Agencia Tributaria. Y casi la mitad  (un 46,3% de declarantes, 7.733.681 trabajadores) confesó a Hacienda ganar menos de 1.000 euros netos al mes.

Los datos son apabullantes y reflejan un país con los sueldos por los suelos. En el caso de los trabajadores, no de los directivos de las grandes empresas: su retribución media fue de 789.721 euros en 2013, con una subida del 3,5% (+7,6% en 2012), según un documentado informe de CCOO. Y en 10 de estas empresas del IBEX, el salario medio de los directivos superó el millón de euros, llegando a 3.222.174 euros los directivos del Banco Santander (90 veces el de uno de sus empleados medios). En el caso de los consejeros ejecutivos de las empresas del IBEX (los que suelen pedir “moderación salarial”), la remuneración media subió un 6% en 2013 y ascendió a 2.530.802 euros. En paralelo, los inversores han ganado este año en Bolsa un 10% mientras se han duplicado los dividendos percibidos. Y para completar el panorama, los millonarios españoles han aumentado un 24% en 2014 y son ya 161.400.

Sacrificios salariales para unos pero no para otros, lo que ha agravado la desigualdad : España es el  país desarrollado donde más ha crecido la desigualdad entre 2006 y 2010, por la caída de los salarios y el paro, según un reciente informe de la OIT Y mientras, las empresas “han dejado atrás la crisis”, según el Banco de España: los beneficios empresariales aumentaron un 62,4% entre enero y septiembre 2014, según la Central de Balances, tras crecer un 2,3% en 2013. Y los beneficios de las empresas del IBEX crecían hasta septiembre un 11% (+16% sin bancos), tras subir un 57% en 2013 (sin Bankia).

Ante este panorama, urge subir de nuevo los salarios, no sólo por pura justicia (los trabajadores han sufrido lo peor de la crisis), sino por razones económicas: hay que crecer más (por encima del 2%), para crear más empleo, y eso sólo se conseguirá aumentando el consumo, para que las empresas vendan e inviertan más. Y para eso, las familias tienen que tener mejores sueldos, que ahora las empresas pueden pagar  porque tienen beneficios, están menos endeudadas y tienen menos costes (financieros, energéticos e impuestos). Es lo que defiende incluso el Banco de España, la OCDE y la OIT, aunque el FMI sigue pidiendo moderación salarial, igual que la Comisión Europea: ahora quiere que la rebaja de salarios llegue a los trabajadores fijos, según su informe de noviembre. Y el Gobierno también defiende moderar los salarios, que ha congelado (por 5º año) a los funcionarios para 2015.

Este mes de diciembre, sindicatos y patronal tienen que renovar un pacto salarial para 2015 y 2016, que sustituya al firmado en 2012: acordó moderación salarial para 2012 (+0,5% de subida), 2013 y 2014 (+0,6%), subidas que muchas empresas no han hecho porque la reforma laboral (febrero 2012) les permitía bajar salarios y recortar horas e incentivos. Ahora, la patronal CEOE no quiere subidas mayores del 0,6% para 2015, mientras UGT y CCOO piden subidas mayores en las empresas con beneficios, negociadas empresa a empresa.

La batalla está ahí y siguen siendo muchos los que defienden continuar con salarios bajos, aunque eso agrave el estancamiento de la economía. Hay que subir los salarios para crecer más y crear empleo. Y eso pasa por actuar en varios frentes. El primero, subir el salario mínimo, congelado por Rajoy en 645 euros al mes (14 pagas), la mitad del salario mínimo de Alemania o Francia (1.445 euros en 12 pagas). Una opción es cumplir el compromiso adquirido por España con el Consejo de Europa: que el SMI sea el 60% del salario europeo, lo que supondría subirlo a 800 euros. Además, la subida salarial en empresas con beneficios debería rondar el 2%, con mejoras adicionales para los contratos más precarios. Y urge iniciar una campaña de vigilancia de la inspección de Trabajo para acabar con las horas extras gratis que encubren jornadas más largas sin pagar, a costa de no crearse más empleo.

Subir los salarios, a cambio de mejorar la productividad en las empresas, es perfectamente posible y más ahora en que han vuelto los beneficios. Y no las impediría competir, porque España tiene los costes laborales más bajos de Europa: se pagan 20,90 euros por hora trabajada (2013), un 12% menos que la media europea (23,70 euros) y bastante menos que en Francia (35€ hora), Alemania (31€), Italia (28€) o Reino Unido (21,1€). No podemos seguir con una economía que sólo puede competir tirando precios: hay que competir en producto y en calidad. No podemos sobrevivir a costa de ser la China de Europa. Nos hunde el consumo, el crecimiento y el empleo. Y la motivación de los trabajadores. Además de ser muy injusto.