En la EPA del primer trimestre de 2026 figura el dato de los trabajadores que reconocen trabajar en más de una empresa: son 611.600 trabajadores, el 2,7% de los ocupados, un récord histórico. El pluriempleo suele crecer cuando lo hace el empleo, por lo que alcanzó los 545.700 pluriempleados en 2007 (2,6%), en plena burbuja económica, para caer a partir de la crisis financiera y marcar un mínimo en 2012 (330.500 pluriempleados, el 2,1%). A partir de ahí, la cifra ha ido subiendo, hasta 442.400 en 2019 (2,5%) y 559.800 en 2025 (2,6%), hasta los 611.600 de marzo 2026 (el 2,7%), un 38% más que antes de la pandemia.
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lunes, 6 de julio de 2026
Más pluriempleo (récord)
España tiene más gente que nunca trabajando (22,3
millones), pero también más gente pluriempleada, que trabaja en
más de un sitio: son 611.600 personas, que trabajan unas 13 horas
semanales en un 2º empleo, sobre todo en los servicios. Y la cifra real podría
ser mayor, hasta 889.526 pluriempleados, según los datos de doble
afiliación a la Seguridad Social. Es un dato récord, aunque la tasa de
pluriempleo (el 2,5%) es de las más bajas de Europa (4,1%
de media y hasta el 8,4% en Paises Bajos). Los sindicatos están preocupados
por el aumento del pluriempleo, porque se concentra en sectores con
contratos precarios y bajos sueldos, con jornadas a tiempo parcial, que
buscan complementar sus ingresos para llegar a fin de mes: es el caso de limpiadoras,
empleadas de hogar, cuidadoras y trabajadores de la hostelería y el comercio.
Y está aumentando el pluriempleo de los asalariados que se hacen autónomos.
Hay que diferenciar el pluriempleo voluntario y el forzado,
ligado en muchos casos a la economía sumergida. Falta transparencia. Limpieza, empleadas hogar, cuidados, hostelería y comercio concentran mucho pluriempleo
En la EPA del primer trimestre de 2026 figura el dato de los trabajadores que reconocen trabajar en más de una empresa: son 611.600 trabajadores, el 2,7% de los ocupados, un récord histórico. El pluriempleo suele crecer cuando lo hace el empleo, por lo que alcanzó los 545.700 pluriempleados en 2007 (2,6%), en plena burbuja económica, para caer a partir de la crisis financiera y marcar un mínimo en 2012 (330.500 pluriempleados, el 2,1%). A partir de ahí, la cifra ha ido subiendo, hasta 442.400 en 2019 (2,5%) y 559.800 en 2025 (2,6%), hasta los 611.600 de marzo 2026 (el 2,7%), un 38% más que antes de la pandemia.
Los pluriempleados realizan una jornada media en su 2º trabajo
(o en el 2º y 3º) de 13 horas semanales, siendo más en el sector de
contenidos (20,2 horas), telecomunicaciones (17,2 horas) y hostelería (14,5
horas), según la
EPA. La mayoría de los pluriempleados son hombres (316.500),
aunque crecen más las mujeres (295.000 pluriempleadas). Y están más
pluriempleados los jóvenes, sobre todo entre 16 y 24 años, aunque
también entre 25 y 34 años. Por sectores, los que más tienen un 2º empleo son los
trabajadores de los servicios (555.000 pluriempleados), destacando una
serie de trabajos: limpieza, empleadas de hogar, cuidadoras, empleados de
comercio, trabajadores de hostelería y turismo y transportes. Les
siguen, de lejos, los pluriempleados en el campo (27.100), la industria
(17.600) y la construcción (11.400).
Un dato
llamativo es el repunte de pluriempleados que son asalariados y se
hacen autónomos para realizar su segundo trabajo: la tasa de pluriempleo
en actividades como autónomos (208.300, el 3,5%) ha crecido un 36% desde
2019, mientras el pluriempleo de los asalariados que realizan su 2º trabajo
como asalariados (399.000, el 2,61%) ha crecido la mitad, un 16%.
Todo indica que este aumento se debe a trabajadores con bajos sueldos (o
jornadas parciales) que se hacen autónomos para realizar un 2º trabajo, sin dejar
el primero.
Aunque el pluriempleo ha crecido en España tras la pandemia,
todavía tenemos un porcentaje de pluriempleados mucho más bajo que en
Europa, donde hay más tradición de pluriempleo, sobre todo entre los
jóvenes. Según
un estudio de Adecco, en Europa hay 8,8 millones de trabajadores
pluriempleados, un 4,1% de los ocupados, según
Eurostat. Los paises con más tasa de pluriempleo son Dinamarca
(10,8%), Paises Bajos (8,4%) y Noruega (8,3%), seguidos de
Finlandia (6,9%), Suecia (6,4%), Portugal (5,5%), Francia (5,4%,
1.326.000 pluriempleados), Alemania (5,3%, 2.055.000 pluriempleados),
con sólo un 0,8% (178.300) en Italia. En general, el pluriempleo en
Europa es mayor en los paises con los salarios más altos y el paro más bajo,
aumentando más entre personas con más nivel educativo, características
muy diferentes al pluriempleo en España (concentrado en los
trabajadores más precarios).
Algunos expertos
achacan esta menor tasa de pluriempleo en España a que muchos trabajadores
no reconocen que tienen otro trabajo cuando les pregunta el INE para elaborar
la EPA. Y creen que la cifra real de pluriempleados es mayor, porque
algunos están “en la economía sumergida”, tienen otro trabajo no declarado. De
hecho, los datos de afiliación a la Seguridad Social aportan una
cifra mayor de pluriempleados, de trabajadores que cotizan por las
horas que hacen en otra empresa. Así, los
“afiliados en pluriactividad” eran 889.526 trabajadores en 2025, el
4,1% del total de afiliados, otro récord histórico, también con una fuerte
subida desde 2008 (575.128 afiliados en pluriactividad”, el 2,8%) y desde 2019
(730.269 afiliados con pluriempleo, el 3,8%). En muchos casos, las empresas
utilizan a trabajadores empleados en otros sitios para cubrir bajas
laborales y otro tipo de ausencias. Precisamente, los sectores con más trabajadores
“afiliados en pluriactividad” son la educación (12% del total de
pluriempleados), las actividades sanitarias (10,8%), los servicios
auxiliares (10,7%), la hostelería y el comercio (9,4% de los trabajadores
pluriempleados), las 5 ramas que concentran más de la mitad de los “afiliados en
pluriactividad”.
Aunque estos datos de afiliación a la Seguridad Social ya
suben la cifra de pluriempleados (a 889.526 trabajadores, el 4,1% de los
afiliados), otras encuestas elevan mucho más la cifra de pluriempleados. Un
estudio de InfoJobs revela que el 85% de los trabajadores sólo trabaja en
una empresa, pero que un 8% ha sido pluriempleado hace menos de un año aunque
ahora no lo sea y otro 7% de los trabajadores sí es pluriempleado ahora.
Y otros
estudios revelan que el 40% de los que tienen 2 trabajos lo hacen porque
ingresan entre 1.000 y 1500 euros al mes. Y en muchos casos (sobre todo
mujeres) porque tienen trabajos a tiempo parcial (por horas o por días) que les
deja tiempo para buscarse un 2º empleo, necesario para llegar a fin de mes.
Los sindicatos muestran su preocupación por
el ascenso del desempleo, porque creen que refleja la precariedad de una parte
del mercado laboral, sobre todo mujeres y jóvenes que tienen jornadas
reducidas y bajos salarios, lo que les obliga a buscar un 2º empleo (o incluso
un 3º) para complementar sus ingresos y atender sus gastos. Una necesidad que
se agrava ahora, por la fuerte subida de los alquileres y muchos
precios.
Por esto, los sindicatos alertan que el pluriempleo en
España no es signo de unos trabajadores que quieren “flexibilizar” su trabajo o compatibilizarlo con
estudios o hijos, como en la Europa más rica, sino una salida desesperada
para los trabajadores más pobres. Así, en España, el pluriempleo
está fuertemente asociado a la precariedad: el 30% de las personas en
situación de pobreza laboral tienen más de un empleo, según
Intermón Oxfam. Y además, el pluriempleo “forzado” daña la salud (física
y mental) de los trabajadores y dificulta la conciliación de su
vida profesional y familiar. Además, a los sindicatos les preocupa que una
parte de este pluriempleo forzado sea “irregular”, forme
parte de la economía sumergida, por lo que solicitan realizar Planes de
vigilancia a la inspección de Trabajo.
En resumen, que vuelve a crecer el pluriempleo, no
tanto como el que hacían nuestros padres en los años 60 y 70 pero más que
en los buenos años de la burbuja inmobiliaria. Lo malo es que trabajar en más
de un sitio no es para la mayoría una opción laboral sino una
elección forzada porque con su trabajo habitual no llegan a fin de
mes y necesitan trabajar en otro sitio para conseguir unos ingresos decentes. Por
eso, los sindicatos reiteran que el pluriempleo es la otra cara de la
precariedad laboral y los bajos salarios, del abuso de empresas que utilizan
a pluriempleados para cubrir huecos y ausencias, muchas veces sin cotizar por
ellos. Y piden que el crecimiento y la mejora de la economía (y de los
beneficios empresariales) se traduzca en más empleos únicos de calidad.
Ojo al pluriempleo.
En la EPA del primer trimestre de 2026 figura el dato de los trabajadores que reconocen trabajar en más de una empresa: son 611.600 trabajadores, el 2,7% de los ocupados, un récord histórico. El pluriempleo suele crecer cuando lo hace el empleo, por lo que alcanzó los 545.700 pluriempleados en 2007 (2,6%), en plena burbuja económica, para caer a partir de la crisis financiera y marcar un mínimo en 2012 (330.500 pluriempleados, el 2,1%). A partir de ahí, la cifra ha ido subiendo, hasta 442.400 en 2019 (2,5%) y 559.800 en 2025 (2,6%), hasta los 611.600 de marzo 2026 (el 2,7%), un 38% más que antes de la pandemia.
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jueves, 11 de junio de 2026
BCE: otra subida de tipos inútil y dañina
Hoy jueves, el Banco Central Europeo (BCE) volvió a
subir los tipos, tras bajarlos 8 veces entre 2024 y 2025
y subirlos antes otras 10 veces, entre 2022 y 2023. La “excusa”
para volver a subirlos es que la inflación lleva 4 meses subiendo
(hasta el 3,2%), por la energía y la guerra en Oriente Medio. Pero muchos expertos
critican esta subida, porque no sirve para bajar el precio del
petróleo ni abrir el estrecho de Ormuz, aunque sí dañará a la economía europea, que ya ha
caído en el primer trimestre (-0,2%). Y recuerdan que es la 3ª
vez que el BCE comete el mismo error : en 2011 primero y luego en
2022-23, subieron los tipos, no frenaron los precios y hundieron más a
Europa en una recesión. El camino de Europa no es subir los
tipos, dañando a familias (hipotecas), empresas (créditos e inversión) y a los Estados (más intereses deuda),
sino ayudar a buscar la paz y, mientras, aprobar más ayudas y medidas
para huir del petróleo. Enrique Ortega
El Banco Central Europeo (BCE) retomó hoy 11 de junio un viejo camino: subir los tipos de interés oficiales en la zona euro, del 2 al 2,25% (+0,25%), tras un año sin tocar los tipos. Antes, había utilizado dos caminos. El 21 de julio de 2022 inició una senda de subida de tipos, para luchar contra la inflación (+8,7% en junio), agravada por la invasión de Ucrania y la consiguiente crisis energética, sobre todo en Europa. Entre 2022 y 2023, el BCE aprobó nada menos que 10 subidas, disparando los tipos oficiales del 0% en que estaban (desde 2016) hasta el 4,50% en que los colocó el 20 de septiembre de 2023. Ahí los mantuvo 9 meses, hasta que el 6 de junio de 2024, el BCE volvió a tomar otro camino, el de bajar los tipos, para intentar reanimar una débil economía europea entonces con menos inflación (+3,2% en mayo). Y los bajó 8 veces entre 2024 y 2025, dejándolos en el 2% el 16 de junio de 2025, para no tocarlos hasta ahora, un año después.
El BCE se ha adelantado en la subida de tipos a los
demás bancos centrales, sobre todo a la Reserva Federal USA, que tendrá
que decidir esta semana si sube sus tipos (en el 3,50% desde diciembre de 2025),
ahora que la subida del petróleo ha
disparado su inflación al 4,2% en mayo y con Trump exigiendo desde
hace meses que bajen más los tipos. El BCE se ha adelantado esta vez porque tiene
“mala conciencia” de la última vez que subió tipos, porque cree (aunque
no lo reconoce) que lo
hizo tarde: subió los tipos el 21 de julio de 2022, casi 5 meses
después de la invasión rusa de Ucrania y con la inflación en el 8,7%,
muy por encima de su objetivo (+2%), muy superado desde septiembre de 2021
(+3,4%). Y una prueba de que “los subió tarde” es que el Banco de Inglaterra
empezó a subir tipos en diciembre de 2021 y la Reserva Federal USA lo
hizo cuatro meses antes, en marzo de 2022.
Ahora, el
BCE no quiere que nadie le critique por “retrasarse” y
quiere ser el más ortodoxo de los bancos centrales, aprobado la primera
subida antes de cumplirse 4 meses de los ataques a Irán (28 de febrero) y
cuando la inflación en la zona euro sólo ha subido al 3,2% en mayo (muy
por debajo de la inflación en la anterior crisis energética, donde los precios
europeos subieron más del 10% en octubre y noviembre de 2022, no bajando
del 6% hasta junio de 2023). Y frente a los que les critican por “precipitarse”,
el BCE se defiende diciendo que “es
mejor prevenir que lamentar”, que prefiere subir tipos ahora para
evitar que las subidas de la energía se contagien a toda la economía, algo
que todavía no ha pasado.
Muchos expertos reiteran que el
BCE vuelve a equivocarse subiendo tipos, porque la subida es ineficaz
cuando los precios suben por una “inflación de costes”, por una
subida de la energía, no porque la economía crezca demasiado y esté “recalentada”
(“inflación de demanda”, que es cuando la subida de tipos sí resulta
eficaz. Pero ahora, la subida de tipos no va a resolver el problema de las
infraestructuras petroleras dañadas o paradas ni servirá para reabrir el
estrecho de Ormuz, por lo que no servirá para bajar el precio del petróleo.
Tampoco sirvió en la anterior crisis energética, a raíz de la invasión
de Ucrania, cuando la inflación en la zona euro acabó bajando (del
10,6% en octubre de 2022 a menos del 3% en octubre de 2023) pero no por
las 10 subidas de tipos sino por las ayudas y medidas que aprobaron los
Gobiernos europeos, desde la excepción ibérica (clave para bajar la luz en
España) hasta las ayudas a familias o sectores y el aumento de las energías
renovables y la independencia energética europea. Ahora pasa lo mismo: si
la inflación no sube más, no será porque el BCE sube tipos sino por las medidas
que están tomando los paises (bajada impuestos) para luchar contra las
subidas energéticas.
El otro problema de esta subida de tipos del BCE es que, además
de ineficaz es perjudicial para la economía: los tipos
más altos no frenan la inflación pero sí deterioran
la economía de las familias, las empresas y los Estados, frenando
el crecimiento. Es como aplicar una sangría a un enfermo que está en la UVI.
Este error del BCE, promovido por los “fundamentalistas
monetarios”, ya lo cometió el Banco central europeo en 2011 y en
2022-2023. En 2011, el entonces presidente, Trichet, subió los tipos dos veces (en abril
y julio de 2011), lo que sirvió para agravar la incipiente recesión
europea: de crecer la zona euro un 0,2% en la primavera y verano de
2011, se pasó a una caída de la eurozona en los 6 siguientes trimestres (4º
de 2011, todo 2012 y primer trimestre de 2013), básicamente por la crisis de la
deuda y los rescates de los paises del sur pero también por “el ricino de la
subida de tipos”. La prueba del error es que, al llegar Draghi al
BCE (noviembre 2022), bajó 8 veces los
tipos de interés, hasta dejarlos en el 0% en 2016, ayudando a
reanimar la economía europea.
El error de Trichet en 2011 lo
repitió Christine Lagarde en 2022 y 2023, a raíz de la
inflación y la crisis desatada por la invasión de Ucrania. La primera
subida (+0,5%) se aprobó el 21 de julio de 2022 y tras ella, otras 9 subidas
más, hasta la última en junio de 2025 (dejando los tipos en el 4,50%, el nivel
más alto en 20 años). Y otra vez más, este “ricino monetario” agravó
la recesión de la economía de la eurozona: crecía el +0,9% en el 2º
trimestre de 2021 y cayó un -0,1% en el último trimestre, para no crecer apenas
en 2023 (entre un 0 y un 0,2% cada trimestre), con una resaca en 2024, en que la
eurozona sólo creció un -0,4%.
Ahora, la nueva subida de tipos del BCE es aún
más peligrosa, porque se produce cuando la
economía europea ya está cayendo, según Eurostat: en el primer
trimestre de 2026, el PIB de la eurozona ha caído un -0,2% (-0,1% la
UE-27), con Francia cayendo también (-0,1% PIB primer trimestre) como
Irlanda (-12,1%), Suecia (-0,2%) o Lituania (-0,3), y con Alemania
e Italia estancadas (+0,3%), salvándose sólo España (+0,6% crecimos
en el primer trimestre) y Polonia (+0,9%) entre los grandes. Una caída
que contrasta con lo que crecía la eurozona en 2011 (+1,7%) y en 2022
(+3,6%), las otras dos ocasiones en que el BCE aplicó su ineficaz subida de
tipos, que acabó en dos recesiones: ahora el BCE aplica su “medicina”
en una economía que decrece y con dos importantes paises que no crean
empleo (+0% Francia en el primer trimestre y -0,1% Alemania, según
Eurostat.
La subida de tipos frena el crecimiento porque afecta
negativamente a las familias y a las empresas, dos de los motores
claves del crecimiento, deteriorando además las cuentas públicas.
Antes de que el BCE subiera tipos el jueves pasado ya había subido
el Euribor, el precio al que se prestan los bancos europeos, porque se
esperaba esa subida de tipos tras la guerra en Irán y la subida de la energía.
Concretamente, el Euribor mensual
sube desde marzo y podría acabar en
junio en el 2,850%, +0,77% más alto que hace un año (2,081% Euribor junio
2025). Eso encarecerá las hipotecas a revisar en junio, en torno
a 69 euros al mes para una hipoteca media de 174.132 euros (+826,80 euros
anuales). Pero como además suben
sin parar las viviendas, los que pidan una hipoteca nueva tendrán
que pagar dos subidas: la del Euribor (ojo, antes de la
subida del BCE, pronto será más) y la de los pisos. Tomando el precio
medio de una vivienda en España (2.795
euros/m2, según Idealista), pedir ahora una hipoteca para comprar un piso
de 90m2 cuesta ya una cuota de 1.042 euros mensuales, 218 euros al mes
más que hace un año. Y pronto se espera el Euribor en
el 3%.
Los tipos de los préstamos personales, para
comprar un coche o hacer un viaje, también están subiendo este año, aún antes
de la subida del BCE: el tipo estaba en el 7,94% en 2024, bajó al 7,41% en 2025
y este año ha escalado hasta el 7,79% en abril, según
el Banco de España. Lo mismo les pasa a los créditos que piden las
empresas: las pymes, para créditos hasta 250.000 euros, pagaban el
4,79% en 2024, les bajó al 4,01% en 2025 y este año les ha subido hasta el 4,63%
en abril. Y lo mismo las grandes empresas, que piden créditos de más
de 1 millón de euros: pagaban un tipo del 4,35% en 2024, les bajó al 3,49% en
2025 y en abril de este año ya pagaban el 3,69%, según
el Banco de España. Además, con esta subida del BCE, todos los tipos
subirán más y los bancos restringirán más sus créditos e hipotecas.
Y el daño de la subida de tipos no se queda en
las familias y las empresas. También lo paga el Estado, porque la
Administración central, las autonomías y los Ayuntamientos pagarán más
intereses por su deuda. Un termómetro es el coste de colocar la
deuda pública española a 10 años: tras pagar un máximo del 3,949% en
septiembre de 2023 (por la anterior subida de tipos, tras la invasión de Ucrania),
el
coste de la deuda española bajó al 2,787% en noviembre de 2024 y estaba en
3,213 al inicio de 2026, subiendo en junio a 3,5010, antes de la subida del
BCE. Esta subida de la deuda irá a más y el pago de intereses de nuestra
deuda (previsto en 43.300 millones de euros este año) subirá entre 6.000
y 9.000 millones por las subidas que se esperan tras la estrategia del
BCE. A lo claro: que tendremos entre 6.000 y 9.000 millones menos para
gastar en servicios públicos porque habrá que pagar más intereses.
Ahora, la incógnita es saber cuántas veces más subirá el
BCE sus tipos de interés oficiales: hay analistas que hablan de hasta
dos veces más, quizás en julio y en octubre o que espere para hacer
la tercera a diciembre. Pero todo apunta a tipos entre el 2,50 y el 3%,
según se comporte la inflación europea (que podría oscilar entre el 3,5 y el 4%
este año, tras cerrar 2025 en el 1,5% la UE-27). Y a su vez, el comportamiento
de la inflación va a depender de la evolución de la guerra en Oriente
Medio, cuyo futuro no se vislumbra. Pero incluso en el caso de un
acuerdo y de la reapertura de Ormuz, la economía internacional y los precios
tardarán meses en beneficiarse, por lo que el BCE “no bajará la guardia”.
Lo que sí está claro es que muchos expertos (incluido
el español Luis de Guindos, que acaba de dejar su puesto de vicepresidente del
BCE: “tenemos
que tener en cuenta el impacto sobre el crecimiento”) alertan sobre
el riesgo de que la subida de tipos agrave la recesión en Europa,
dado el estancamiento de Alemania y Francia. Y recuerdan los errores de
las subidas de 2011 y 2022-23. Y otros reiteran que la lucha contra la
inflación exige tomar medidas en dos frentes. Uno, volcarse política y
diplomáticamente en lograr una paz estable en Oriente Medio, un
conflicto en el que Europa sigue “ausente”. Y el otro, tomar medidas y
estrategias para contrarrestar la inflación (como las medidas fiscales y
en algunos sectores que ha tomado España) y acelerar
“la huida” de los combustibles fósiles, favoreciendo la electrificación
de la economía (con energías renovables) y la movilidad (facilitando
las ventas de coches eléctricos y los postes de recarga, ambas retrasadas en
Europa).
En resumen, que Europa está sufriendo en sus precios
los daños de la guerra en Oriente Medio, pero la solución no es agravar
aún más el actual estancamiento económico europeo subiendo los
tipos (lo que no sirve para bajar el precio del petróleo) sino
presionando con el resto del mundo a Israel, EEUU e Irán para que firmen la paz
y acelerando una política energética que apueste más por los combustibles
renovables y por consumir cada vez menos petróleo, para que estas crisis
energéticas (recurrentes) no nos hagan dado. El problema es que la
derecha europea (sobre todo el PPE) se ha dejado presionar por la
extrema derecha y están “devaluando”
las políticas medioambientales europeas, como demuestran los
ataques al Pacto Verde europeo y la
decisión aprobada por la Comisión en diciembre de suavizar la prohibición
de coches de combustión en 2035… Así nunca podremos evitar los
europeos los daños de la geopolítica y de las subidas del petróleo. Ni subiendo
tipos.
El Banco Central Europeo (BCE) retomó hoy 11 de junio un viejo camino: subir los tipos de interés oficiales en la zona euro, del 2 al 2,25% (+0,25%), tras un año sin tocar los tipos. Antes, había utilizado dos caminos. El 21 de julio de 2022 inició una senda de subida de tipos, para luchar contra la inflación (+8,7% en junio), agravada por la invasión de Ucrania y la consiguiente crisis energética, sobre todo en Europa. Entre 2022 y 2023, el BCE aprobó nada menos que 10 subidas, disparando los tipos oficiales del 0% en que estaban (desde 2016) hasta el 4,50% en que los colocó el 20 de septiembre de 2023. Ahí los mantuvo 9 meses, hasta que el 6 de junio de 2024, el BCE volvió a tomar otro camino, el de bajar los tipos, para intentar reanimar una débil economía europea entonces con menos inflación (+3,2% en mayo). Y los bajó 8 veces entre 2024 y 2025, dejándolos en el 2% el 16 de junio de 2025, para no tocarlos hasta ahora, un año después.
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jueves, 4 de junio de 2026
Salarios: España, un país de mileuristas
Este verano aumentará la inflación, cerca del 3,5%,
por la subida de la luz, los alimentos, el turismo y los viajes. Mientras, los sueldos
suben menos del 3%. Esto agrava un problema de fondo, que explica por qué bastantes
familias no llegan a fin de mes: muchos sueldos son demasiado bajos,
según acaba de confirmar el INE. Tres datos. El salario más frecuente (1.080
euros netos) es más bajo ahora que en 2019. Casi el 30% de los sueldos están
entre 1.046 y 1.326 euros netos (en 14 pagas). Y más de dos tercios de los
trabajadores (12,4 millones de asalariados) ganan entre 1 vez el salario mínimo
(1.038 euros netos en 14 pagas) y 2 veces el SMI (1.711 euros netos). Somos
un país de mileuristas, con unos sueldos un 25,6% más
bajos que en Europa. Por eso, los sindicatos piden subidas del 4 al 7%,
ahora que las empresas llevan 5 años subiendo ventas y beneficios. Pero la
negociación salarial no ha empezado y podría no haber acuerdo. Enrique Ortega
Casi la mitad de las familias españolas tienen problemas para llegar a fin de mes (el 44,2%, según el INE), básicamente porque la inflación acumulada (+23,5% entre 2020 y 2025) ha crecido más que los salarios (+16,66% en estos 6 años). Y con los precios altos, por el encarecimiento de la energía, las materias primas y los alimentos, los salarios crecen este año menos que la inflación: +2,94% en los convenios firmados hasta abril, mientras la inflación está en el 3,2% anual en abril y subirá más este verano, por el encarecimiento de la luz (han vuelto a subir el IVA y el impuesto de la electricidad el 1 de junio), los carburantes, los alimentos, la hostelería, el turismo y los viajes. Así que seguirá siendo difícil llegar a fin de mes, sobre todo los que pagan además alquileres altos e hipotecas más caras.
La clave vuelve a estar en los salarios, que son
demasiado bajos para muchos trabajadores, según acaba de desvelar el INE, con
su última estadística de
estructura salarial (referida a 2024): el salario medio anual
en España es de 29.540 euros brutos, lo que significa 1.631 euros
netos en 14 pagas. Un sueldo medio que es mayor para los hombres (32.057,55
euros brutos, 1.748 netos en 14 pagas) que para las mujeres (26.904,90
euros brutos, 1.507 euros netos), cuya “brecha” salarial es el
16,8% que cobran de menos. Este sueldo medio ha subido 5.144,28
euros brutos desde 2019, un aumento medio del +21%. Subida que se ha
comido la inflación, porque los precios subieron el +21.3% en estos
6 años.
Pero este dato es el salario medio anual, que se
obtiene como media entre los que más ganan y los que menos. Un dato más
relevante es el
salario mediano, que es el salario que divide a los trabajadores en dos
partes: la mitad que gana más y la mitad que gana menos. En 2024
era menor, 24.497,17 euros brutos, unos 1.352 euros netos (14 pagas). Un
salario mediano que ha crecido menos desde 2019 (+4.146 euros), un +20,37%
(+21,3% el IPC).
Y queda un tercer dato que es más revelador: el
salario más frecuente, el que ganan un mayor porcentaje de
trabajadores. En 2024 era aún menor, según el INE, de 16.520,18
euros brutos (1.080 euros netos en 14 pagas), el sueldo que cobraban el
3,84% de los asalariados. Y lo peor es que este salario más frecuente ha
caído en los últimos 6 años: era de 18.489 euros brutos en 2019 y ahora
está en 16.520 euros, lo que significa que el sueldo que ganan ahora el mayor
grupo de trabajadores es un 10,6% más bajo. Además, si miramos cuantos
trabajadores ganaban entre 16.000 euros brutos (1.046 euros netos en 14
pagas) y 23.000 euros brutos (1.326 euros netos), son casi un tercio
( el 29,5%) de los asalariados, casi 5,5 millones de asalariados que son “mileuristas”.
Y otro dato llamativo: más de dos tercios de los
trabajadores (el 67,01%) ganaban en 2024 entre 1 vez y 2 veces el
salario mínimo (SMI), entre 15.876 euros brutos entonces (1.038 euros netos
en 14 pagas) y 31.752 euros brutos (1.711 euros netos en 14 pagas). Eso
significa que 12,45 millones de asalariados ganan menos de 1.711 euros netos
al mes (en 14 pagas), una cantidad con la que difícilmente se puede
sobrevivir si no hay otro sueldo, si hay hijos y si encima hay que pagar un
alquiler o una hipoteca. Esta es la realidad de la mayoría de los salarios que nos reflejan los datos del
INE, aunque sean de 2024.
Además de tener sueldos mayoritariamente bajos, en España
hay grandes diferencias de salarios por sectores, ocupaciones
y autonomías, según
reflejan los datos del INE. Hay 6 sectores económicos especialmente mal
pagados, cuyo sueldo medio (ojo, las medias no reflejan los muchos
sueldos más bajos) está por debajo del sueldo medio de toda la economía, esos
29.540 euros brutos (1.631 euros netos en 14 pagas): son la hostelería
(17.653 euros brutos, 1.139 euros netos en 14 pagas), las actividades
artísticas (20.383 euros brutos, 1.241 euros netos), actividades
administrativas (21.096 euros brutos, 1.265 euros mensuales netos), comercio
(25.778 euros brutos, 1.545 mensuales netos), construcción (26.965 euros brutos,
1.616 euros netos mensuales) e inmobiliarias (28.854 euros brutos). Y cobran
por encima de la media, 4 sectores económicos: suministro de energía
(57.931 euros brutos, 2.873 euros netos mensuales), industrias extractivas
(41.951 euros brutos), industria manufacturera (32.281 euros brutos) y
suministro de agua (32.362 euros brutos).
El sueldo tiene mucho que ver no sólo con el
sector, sino con el puesto que se ocupa en la empresa. Así, los que más ganan
son los directores y gerentes (63.865 euros brutos, más del doble que la
media), seguidos de lejos por técnicos y profesionales (entre 45.513 y 40.554
euros brutos) , siendo los
sueldos más bajos los de los trabajadores no cualificados de los
servicios (16.062 euros brutos, 1.050 euros netos mensuales), los trabajadores
de la restauración (18.918 euros brutos), de la salud (19.479 euros brutos) y
los peones del campo o la construcción (22.030 euros sueldo medio bruto). Y estas diferencias se multiplican entre los grandes
ejecutivos de grandes empresas: ganan hasta 111 veces más
que su empleado medio, hasta 4,4 millones de euros anuales, según
Intermón Oxfam.
También hay grandes diferencias de sueldos por autonomías, en
función del mayor o menor peso de los sectores mejor pagados y de su productividad
y su aportación a la riqueza (PIB). Hay 4 regiones con el sueldo medio por
encima de la media de España (29.540 euros, 1.643 euros netos mensuales): País
Vasco (35.170 euros brutos anuales , 1.894 euros netos mensuales), Madrid
(34.410 euros brutos), Navarra (32.605 euros brutos) y Cataluña
(31.730 euros brutos. Los sueldos medios más bajos se cobran en Extremadura
(24.974 euros brutos, 1.417 euros netos mensuales), Canarias (25.120
euros brutos), Castilla la Mancha (26.062), Andalucía (26.089),
Castilla y León (26.177), Murcia (26.349), Galicia (26.547) y la Comunidad
Valenciana (26.816 euros brutos).
Ya no es sólo que España tenga sueldos bajos y muchos
trabajadores sean “mileuristas”, sino que seguimos con sueldos mucho más
bajos que en bastantes paises de Europa. Así, el salario por hora
trabajada fue en España de 19,5 euros en 2025, un 25,6% del sueldo medio
por hora pagado en la UE-27 (26,2 euros/hora), según
Eurostat. Y quedamos muy lejos de lo que se paga por hora de trabajo en Luxemburgo
(49,7 euros/hora), Dinamarca (44,7 euros), Irlanda (36,6 euros),Paises Bajos
(36,3 euros), Alemania (34,5 euros), Francia (30 euros) o Italia (23
euros/hora), superando sólo a Portugal (15,6 euros) y Grecia (14,5 euros). Y no
sólo se cobra menos ahora sino que el salario/hora ha crecido mucho menos
en España que en Europa desde 2008 (+36,3% frente a
+62,7% en la UE-27) y desde 2020 (+14,7% frente a +21,8% que ha
subido el salario hora en la UE-27).
Al final, resulta que los sueldos en España ocupaban en 2025
el puesto 16 en el ranking de los 27 paises europeos desarrollados
que integran la
OCDE, encabezado por Suiza (107.487 euros brutos de sueldo medio), con
Dinamarca en el 4º puesto (71.961 euros brutos), en el 5º Paises Bajos (69.028
euros), en el 7º Alemania (66.700 euros), en el 8º Reino Unido
(65.340), en el 10º Bélgica (62.348 euros), en el 11º Irlanda (60.258 euros),
en el 13º Suecia (50.338 euros), en el 14º Francia (45.964 euros), en el
15º Italia (36.594 euros) y en el puesto 16º España (32.678 euros brutos
de media en 2025), quedando 9 paises europeos por debajo de los 30.000 euros
de sueldo bruto medio (Portugal, el 22º, con 24.254 euros).
Según la Organización
Internacional del Trabajo (OIT), las diferencias salariales en
Europa, con sueldos más altos en el centro y norte que en el sur, se deben
a 3 factores: la estructura económica y la mayor o menor productividad
(muy ligada a la tecnología, el tamaño de las empresas y a la organización del
trabajo), las instituciones del mercado laboral (más sueldos en los
paises con sindicatos más fuertes y una negociación colectiva consolidada) y un
mayor o menor coste de la vida (la alta inflación presiona al alza los
salarios).
En España, la
queja de los sindicatos es que el fuerte crecimiento
de la economía y el aumento de ventas tras la pandemia ha beneficiado a
las empresas, que han aumentado márgenes y beneficios, pero no a
los trabajadores, cuyos sueldos crecen menos. Y aportan los últimos
datos del Observatorio de Márgenes empresariales. Uno, que el valor
añadido sobre ventas (ingresos menos costes) ha crecido un 24,5% en los
últimos 4 trimestres (marzo 2026-marzo 2025), frente al 21,9% que crecieron de
promedio entre 2009 y 2021. Y el margen bruto de las empresas (su
rentabilidad operativa) es del 12,8%, frente a una tasa promedio del 10,5%
entre 2009 y 2021. Y además, añaden, ha crecido más la productividad que
los sueldos: entre 2018 y 2026, el margen bruto por asalariado
que obtienen las empresas ha crecido un +53%, frente al +33% que
ha crecido la remuneración media por asalariado en estos 8 años.
En definitiva, que en el reparto de la
tarta del crecimiento y la riqueza, las empresas se llevan
una mayor parte que los trabajadores. Y por eso, los sindicatos creen que es
hora de que los salarios crezcan más, de repartir
mejor el crecimiento. En el V
Acuerdo para el Empleo y la negociación Colectiva (AENC) , firmado
por los sindicatos y la patronal en 2023, se pactó una subida salarial
del +4% para 2023 y del +3% para 2024 y 2025, más una cláusula de revisión
del 1% si se disparaba la inflación, subidas que han sido básicamente respetadas
en los convenios firmados (han
subido un 10,46% estos tres años) y que han superado a la inflación (+9% de
media los 3 años), mejorando algo el poder adquisitivo.
Ahora, cara a la firma del VI AENC, que debe
pactar las subidas salariales para 2026, 2027 y 2028, los
sindicatos exigen subidas mayores que las de los pasados
años. Primero, porque los conflictos geopolíticos hacen temer un repunte de
la inflación en todo el mundo y en Europa, donde la Comisión prevé una
inflación del +3,1% este año (y del +3% en España), que podría aumentar si no
acaba la guerra en Oriente Medio. Y segundo, porque los sindicatos creen que
ya es hora de que los trabajadores se beneficien del
crecimiento en sus sueldos, como han hecho las empresas con sus
beneficios. Sobre todo los trabajadores que menos ganan, esos 5,5 millones de
asalariados que ganan entre 16.000 y 23.000 euros brutos.
Por todo esto, el 29 de enero, UGT y CCOO presentaron
su propuesta de negociación para acordar con la patronal el VI
AENC que ampare los convenios de 2026 a 2028. Su posición de partida es exigir
una subida
salarial del 4% para 2026, 2027 y 2028, más una subida extra del
1 al 3% adicional para los trabajadores que ganan ahora entre el 10% y
el 30% por debajo del salario medio anual en España (29.540 euros), además de
una cláusula del revisión salarial del 1,5% por si se dispara la inflación.
Además, quieren incluir en esta negociación colectiva la
supresión de las horas extras gratis, la reducción de jornada, la precariedad
laboral de los jóvenes y las mujeres, el grave problema de la vivienda
para muchos trabajadores (y sus empresas), además de la regulación de los
algoritmos y la Inteligencia Artificial.
Ha pasado casi medio año y no hay avances en
la negociación salarial para 2026 y los dos años siguientes, cuando el V
AENC se firmó el 10 de mayo de 2023.
La patronal CEOE no parece interesada en sentarse con los
sindicatos a negociar y muchas empresas, sobre todo las más pequeñas, creen que
la subida será menor si no hay un aumento pactado. Además, la patronal
CEOE lleva unos meses muy radicalizada, levantándose de las mesas de
concertación (como en el tema de la reducción de jornada) y culpando al
Gobierno (y a los sindicatos) de querer “imponerles” cambios legales, quejándose
del exceso de absentismo y bajas laborales (en gran parte, por los problemas de
la sanidad pública). Todo apunta a que los sindicatos presionarán a la patronal
en septiembre, pero será un mal momento para la CEOE,
porque en
noviembre hay elecciones y quiere volver a presentarse Antonio Garamendi.
Así que no está claro que este otoño se negocien las futuras subidas salariales,
como se hace desde 2010.
Pero los bajos salarios son un problema, no
sólo para los trabajadores que los cobran sino para
el conjunto de la economía: si los salarios no suben algo más que
la inflación, será difícil sostener el aumento del consumo, uno de los motores
del crecimiento y el empleo. Así que mejorar los salarios, para que sean más
“europeos” no sólo es una cuestión de justicia (el 64% de los
trabajadores están por debajo del salario medio, según
los sindicatos) sino también de economía: necesitamos mejorar
los salarios para mantener el consumo y seguir creciendo y creando empleo. Hay
que conseguir que más españoles noten la mejoría de la economía, repartir
mejor el crecimiento. Y para eso tienen que subir más los salarios
en los próximos años, sobre todo los más bajos. Se puede y se debe.
Casi la mitad de las familias españolas tienen problemas para llegar a fin de mes (el 44,2%, según el INE), básicamente porque la inflación acumulada (+23,5% entre 2020 y 2025) ha crecido más que los salarios (+16,66% en estos 6 años). Y con los precios altos, por el encarecimiento de la energía, las materias primas y los alimentos, los salarios crecen este año menos que la inflación: +2,94% en los convenios firmados hasta abril, mientras la inflación está en el 3,2% anual en abril y subirá más este verano, por el encarecimiento de la luz (han vuelto a subir el IVA y el impuesto de la electricidad el 1 de junio), los carburantes, los alimentos, la hostelería, el turismo y los viajes. Así que seguirá siendo difícil llegar a fin de mes, sobre todo los que pagan además alquileres altos e hipotecas más caras.
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lunes, 18 de mayo de 2026
La inflación nos agobia
La inflación subió un +3,2% anual en abril, el
2º mes que supera el 3%, por la guerra en Oriente Medio, aunque la
subida es mucho menor a la que provocó la invasión de Ucrania (hasta +10,8%
en julio 2022). El problema es que llueve sobre mojado: en los últimos
5 años, la inflación acumulada sube un +22,9%, siendo mucho mayor la
subida de alimentos (+36,4%), alquileres (+42,8%), hoteles y
restaurantes (+30,6%) o transporte (+22,3%). Y sobre todo, los
precios han subido más que los salarios (+14,93% en los últimos 5 años),
con lo que la mayoría de familias han perdido poder adquisitivo, más que
en Europa. Por eso, aunque la economía y el empleo crecen más en España, muchos
ciudadanos “no notan” esta mejoría y más de la mitad cree que la
economía está “mal o muy mal”. Para corregir este pesimismo, sólo queda
una salida: subir más los salarios, tras varios años en que las empresas
han mejorado mucho sus ventas y beneficios. Urge repartir mejor el
crecimiento. Los alimentos han subido +36,4% en los últimos 5 años
España sigue creciendo (+0,6% el primer trimestre 2026, un +2,7% anual) y 2026 será el 5º año consecutivo en que creceremos más que el resto de Europa (+2,1%, según el FMI. Sin embargo, los españoles no tienen la sensación de que “la economía va bien”: el 52,8% opina que la economía española va “mal” (38%) o “muy mal” (14,8%), según el último Barómetro del CIS (abril 2026). Un porcentaje de “pesimistas” que es mayor al de antes de la pandemia (en junio de 2019, sólo un 39,8% veían la economía entonces mal o muy mal), aunque es mejor que la sensación negativa que tenían tras la invasión de Ucrania (el 72,6% de los encuestados veían la economía “mal” o muy mal” en abril de 2022). Curiosamente, cuando a esas mismas personas se les pregunta cómo es su situación económica particular, son muy optimistas: el 64,7% la calificaban de “buena” (60,7%) y muy buena (4%), el doble de los que pensaban así antes de la pandemia (junio 2019): 32,5% dijeron que “buena” y 1,3% “muy buena”.
La posible explicación a esta aparente contradicción
(“España va mal, pero yo voy bien”) puede estar en la caída
de la confianza del consumidor tras varias crisis (pandemia, invasión
de Ucrania, guerra en Oriente Medio) y, sobre todo, en la preocupación
por la inflación y la vivienda, los dos
problemas que más destacan los encuestados por los Barómetros del CIS.
La inflación no debería preocupar tanto,
porque bajó dos
décimas en abril (al 3,2%), gracias a la rebaja de impuestos a los
carburantes y a la electricidad (que cuesta la mitad que en Europa, por el
mayor peso de las renovables). Y ese 3,2% de inflación está muy lejos de
los precios disparados tras la crisis anterior, la que siguió a la
invasión de Ucrania (24 febrero 2022): llegó a subir por encima del 10% entre
junio y agosto de 2022 (con un
máximo del 10,8% de inflación en julio 2022) y no bajó del 4% hasta
mayo de 2023. El problema no es la inflación actual, sino que
llueve sobre mojado y los consumidores han sufrido subidas
constantes de precios en los últimos 5 años que se han comido sus ingresos
y ahorros. Veámoslo.
La inflación “acumulada” hasta abril de 2026
(desde abril de 2021) ha sido del +22,9%, según el INE, aunque hay muchas
partidas de gasto que han subido mucho más (o bastante): alimentos
(+36,4%), restaurantes y hoteles (+30,6%), bebidas y tabaco
(+25,2%), transporte (+22,3%), seguros y servicios financieros
(+20,6%), cuidados personales (+19%), gastos de vivienda, luz, agua y
calefacción (+17%) y muebles (+14,9%). Y los alquileres han subido mucho
más: +42,8% entre abril de 2021 y abril de 2026, según
Idealista. Y si nos vamos más atrás, hasta abril de 2008, los precios han
acumulado en los últimos 18 años (hasta abril 2026) una subida del +41%.
Y han
subido mucho más los alimentos (+59%), los seguros y servicios financieros (+71,9%),
los restaurantes y hoteles (+53,1%), la enseñanza (+47,5%), los gastos de la
vivienda (+45,3%) y el transporte (+42%). Y los
alquileres subieron un +76,5%...
Esta subida acumulada de los precios no
afecta a todos por igual: daña
más a las familias con menos ingresos, porque gastan más porcentualmente
en alimentación, energía, transporte y alquileres, los productos y servicios
que más se han encarecido, con lo que han tenido que modificar y recortar sus
gastos (ahorrando en carnes, pescados y verduras frescas, por ejemplo), con más
problemas para llegar a fin de mes. Y además, la
subida de precio de los carburantes les afecta más y funciona como “un
termómetro emocional” de la inflación, alimentando la creencia de que la
economía va “mal” o “muy mal”. Y encima, la subida de la inflación y la
incertidumbre geopolítica han frenado en seco la bajada del Euribor,
con lo que se les encarece la hipoteca que tienen pendiente (o
una que pensaran pedir): el
Euribor cerró abril en el 2,747%, el precio más elevado del
último año y medio, con lo que la próxima revisión de una hipoteca media (163.378
euros a 25 años, al Euribor+1%) les supondrá pagar 839 euros al mes, 52 euros
más que hace un año (+624
euros al año).
El problema es que esta
inflación acumulada en los últimos años se ha “comido” los ingresos
de la mayoría de las familias, porque los sueldos han crecido mucho menos y han
perdido poder adquisitivo, teniendo que echar mano de los ahorros o endeudándose.
En los últimos 5 años (2021-2025), los
salarios en convenio crecieron
un +14,93%, con lo que las familias perdieron un -8,8% de poder adquisitivo.
Y si nos vamos más atrás, al inicio de 2018, los salarios han subido un +47%
hasta finales de 2025, mientras la inflación acumulada subía un 41,8%. Así que
los españoles han tenido una subida
real de sus ingresos en los últimos 18 años del +5,2% (ganan 2.531
euros de media, 812 euros más que en 2008). Con razón vemos que el sueldo no
da… Y si miramos lo que pasa este año 2026, seguimos
perdiendo poder adquisitivo: los precios han subido un 3,2% anual hasta abril y
en estos 4 meses, la subida media pactada en los convenios ha sido del 2,94%
(balance: -0,26%) .
Este menor aumento del poder adquisitivo en España
tiene 2 causas. Una, que España tiene más inflación que la
media europea y que los grandes paises: en abril, la inflación anual de
España (el dato “homologado”) fue del +3,5% anual, frente al 3% de media
en la zona euro, el 2,9% de Alemania e Italia y el 2,5% en Francia, según
Eurostat. Y la otra, que los sueldos en España han subido menos,
algo que pasa desde hace décadas : entre 2000 y 2024, los salarios reales
(descontando la inflación) han subido un +5,1% en España, frente a una
media del +19,4% que subieron en la OCDE (38 paises occidentales), una subida
real del +19,7% en Francia, un +17% en
Alemania, un +2,3% en Italia o un 7,3% en Portugal.
Esta mayor pérdida del poder adquisitivo en España alimenta
el pesimismo de los que ven la economía “mal” o “muy mal”, máxime
cuando estalla otra guerra que dispara la energía y cuando siguen subiendo los
alquileres. Y esto se refleja en el índice
de Confianza del Consumidor,
que publica el CIS, que ha bajado tras la
guerra en Irán (del 79,6 en marzo de 2025 al 66,9 en marzo de 2026), aunque se
sitúa por encima de antes de la pandemia (63,3 en marzo 2020). Un indicador que
refleja que el 29,4% de las familias llegan justo a fin de mes y otro
14,9% lo tienen difícil y han de recurrir a los ahorros o a endeudarse.
Eso sí, las ayudas públicas desplegadas por el Gobierno Sánchez por la
pandemia y la invasión de Ucrania, más las reformas fiscales, han permitido que
las familias más vulnerables (el 20% con menos ingresos) hayan
mejorado su poder adquisitivo entre 2017 y 2023, según un reciente
estudio del Instituto de Estadios Fiscales, que demuestra que se ha reducido
esos años la
desigualdad, aunque todavía es elevada:
el 10% más rico ingresa 23,1 veces que el 10% más pobre.
Esta pérdida de poder adquisitivo de la mayoría de
hogares contrasta con la mejora de ventas, márgenes y beneficios de las
empresas, sobre todo a partir de 2023. Los últimos datos del Observatorio
de Márgenes Empresariales demuestran que los márgenes empresariales (el
excedente bruto de explotación) están en máximos, tanto en cifras
absolutas como en los aumentos: crecieron un +10,7% entre 2018 y 2019 y han
aumentado un +12,9% en 2024-25. Y si descontamos la inflación, los
márgenes empresariales (beneficio bruto) han crecido un +30% entre 2019
y 2025, frente al 13% que han crecido los salarios reales. A lo
claro: que en el reparto del pastel del crecimiento (PIB), las empresas han
aumentado su trozo casi el doble que los trabajadores. Y los
sectores donde ha crecido más el margen real (descontando la inflación) estos
últimos años (entre 2018-19 y 2024-25) han sido la energía (+5% de
margen sobre ventas), la hostelería y turismo (+4,6%), el comercio
mayorista de alimentos (+1,9% de margen real) y la construcción (+1,4%),
sectores donde los salarios han perdido peso real.
El bajo crecimiento de los salarios, frente a una
alta inflación acumulada, preocupa al Gobierno, porque impide
que la mayoría de las familias se beneficien más del alto
crecimiento y la importante creación de empleo (+3.326.100 ocupados entre
2020 y 2026). Y proponen qué hacer: “Que nadie nos diga que no
se pueden subir los salarios cuando los beneficios crecen”, declaró
el presidente Sánchez en febrero pasado, al firmar el nuevo salario mínimo.
Y cara al 1 de mayo, los sindicatos han reiterado a la patronal que se
siente a negociar un nuevo Acuerdo para el Empleo y la Negociación
Colectiva (AENC), tras el
V Acuerdo firmado para 2023-2025. Su propuesta es que los
salarios suban un 4% cada año, más un 1,5% adicional si se dispara la
inflación. Y subidas extras de hasta el 3% para los trabajadores que
cobran menos de la media de su sector. De momento, han pasado 5 meses y la
patronal no tiene prisa en negociar las futuras subidas, que defienden
menores.
Al final, la mayoría de las familias
están “agobiadas” por la inflación, no tanto por la subida de
cada mes sino por la acumulada en los últimos años. Aquí poco se
puede hacer, salvo vigilar los excesivos márgenes de algunos sectores,
aunque mucha inflación es importada, por el aumento de costes de la
energía y las materias primas. Donde sí se puede actuar es en los
salarios, que deberían subir más por dos razones. Una,
porque ahora pueden hacerlo la mayoría de las empresas, que
llevan años subiendo ventas y márgenes (no sólo costes, como dicen). Y la otra,
porque los sueldos en España siguen siendo de los más bajos de Europa,
según
Eurostat: 19,5 euros la hora en 2025, frente a 26,2 euros/hora de media en
la UE, 34,5 euros en Alemania, 30 euros en Francia y 23 en Italia.
España y sus empresas no pueden seguir compitiendo como la
China de Europa, a
base de salarios muy bajos que compensen la menor competitividad de los
productos y servicios. La economía española está modernizándose y ya hay
más empresas con innovación y tecnología, que exportan y mejoran sus márgenes y
beneficios, que pueden mejorar los sueldos de sus trabajadores, sobre
todo de los que menos ganan (el 40% de los asalariados ganan entre 1.582 y
2.659 euros brutos, según
el INE). Y esta mejoría salarial (nada descabellado: piden
subir los sueldos un 4%) es necesaria para que más familias se beneficien de
la buena marcha de la economía y puedan llegar a fin de mes. Y también para
que se mantenga y aumente el consumo, motor clave para crecer y crear
empleo, pero clave también para que las empresas vendan y ganen más.
Es hora de repartir
mejor el aumento del pastel entre empresas y trabajadores. Hay que subir
más los salarios para repartir mejor el crecimiento.
España sigue creciendo (+0,6% el primer trimestre 2026, un +2,7% anual) y 2026 será el 5º año consecutivo en que creceremos más que el resto de Europa (+2,1%, según el FMI. Sin embargo, los españoles no tienen la sensación de que “la economía va bien”: el 52,8% opina que la economía española va “mal” (38%) o “muy mal” (14,8%), según el último Barómetro del CIS (abril 2026). Un porcentaje de “pesimistas” que es mayor al de antes de la pandemia (en junio de 2019, sólo un 39,8% veían la economía entonces mal o muy mal), aunque es mejor que la sensación negativa que tenían tras la invasión de Ucrania (el 72,6% de los encuestados veían la economía “mal” o muy mal” en abril de 2022). Curiosamente, cuando a esas mismas personas se les pregunta cómo es su situación económica particular, son muy optimistas: el 64,7% la calificaban de “buena” (60,7%) y muy buena (4%), el doble de los que pensaban así antes de la pandemia (junio 2019): 32,5% dijeron que “buena” y 1,3% “muy buena”.
Como pasa con los precios, la pérdida de poder
adquisitivo es desigual, según las familias y sus ingresos. Tomando
los datos de 2025 (un año en que se ganó poder adquisitivo:+0,5%), hubo
2 millones de trabajadores en empresas privadas que perdieron poder
adquisitivo (porque su salario subió menos que la media), +3,5%), 4,4
millones que lo ganaron y otros 3,7 millones que lo mantuvieron. Y los 3,1
millones de empleados públicos lo mantuvieron (sin ganar ni perder). Y con
ello, en 2025, España
fue el país europeo donde menos aumentó el poder adquisitivo de los
trabajadores (+0,5%), menos que Francia (+0,8%) o Dinamarca (+0,6%), Italia
(+1,1%), Alemania (+1,4%), Irlanda (+1,8%), Paises Bajos (2,3%), Portugal
(+3,8%), Finlandia (+4,1%), Suecia (+6,6%).
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jueves, 7 de mayo de 2026
Demasiadas horas extras gratis
En el primer trimestre de 2026, los trabajadores hicieron 5,9
millones de horas extraordinarias a la semana y casi la mitad
las han hecho “gratis” (2,5 millones semanales). Este “abuso” de
muchas empresas supone una pérdida anual de 3.243 millones para los
trabajadores que no las cobran (2.468 millones) y para la Seguridad Social (775
millones perdidos en cotizaciones). Además, sin estas horas extras, podrían
crearse 160.000 empleos. El exceso de horas extras viene de lejos y aumentan las
no pagadas, aunque las empresas están obligadas al control horario desde 2019. Ahora,
Trabajo quiere imponer con un Reglamento (para evitar convalidar
un Decreto en el Congreso) el registro horario digital, al que tengan acceso
la inspección de trabajo y los sindicatos, pero la patronal se opone. Y
hay un dictamen desfavorable del Consejo de Estado, porque cree
que debe hacerse por Ley y dar más tiempo a las pymes para adaptarse. El vicepresidente
económico también quiere flexibilizar este control horario digital
y dar 1 año para aplicarlo (no 20 días). La batalla está en el seno del Gobierno.
En España hay una larga tradición de “hacer
horas extras”, como en toda la Europa del sur. Es una fórmula para
que los trabajadores “redondeen” sus ingresos (como el pluriempleo) y
las empresas se ahorren “costes” (sobre todo cotizaciones sociales), con
lo que ambas partes “colaboran” muchas veces en promoverlas. Eso aumenta,
de hecho, la jornada laboral efectiva. Así, la jornada media pactada
en 2025 (4º trimestre) era de 151,7 horas al mes (37,92 horas semanales),
según el INE, pero casi
la mitad de los ocupados trabajan más de 40 horas semanales efectivas: 9,33
millones (el 41,8% de los ocupados) trabajan de 40 a 49 horas
semanales y otros 1,20 millones (el 5,4% del total) trabajan incluso
más de 50 horas a la semana, según la EPA de
marzo. Los que trabajan jornadas más largas son los jóvenes (el 55% tienen
entre 25 y 34 años) y los empleados en hostelería, comercio, construcción y
algunas industrias, sobre todo en Madrid, Baleares, Canarias, Cantabria y
Galicia.
La jornada real de trabajo supera en muchos casos las 40
horas porque, tras los drásticos
recortes de plantillas entre 2009 y 2014, las empresas impusieron jornadas más
largas a los trabajadores (gracias a la reforma laboral de 2012), sobre todo
por el aumento de las ventas y el consumo tras la pandemia, obligando a hacer
más horas extras. En los años de bonanza económica se llegó al récord de
horas extras: 10,2 millones a la semana en el primer trimestre de 2008,
según el INE.
Pero luego estalló la crisis financiera y las empresas recortaron horas extras,
bajándolas a la mitad, hasta un mínimo de 4,5 millones de horas extras
semanales en el verano
de 2012. A partir de ahí, la reforma laboral aprobada por Rajoy
dio “amplios poderes” a los empresarios para fijar la jornada y las horas
extras, que empezaron a subir: 6,5 millones de horas extras semanales en
la primavera de 2015, 6,8 millones en el verano de 2018 y un récord de 7 millones de horas extras semanales a finales de 2024.
Eso sí, en 2025 bajaron a 6,67 millones en el 4º trimestre y han vuelto
a bajar a 5,89
millones en marzo de 2026, según la última EPA. Pero son casi tantas
como en 2019 (6 millones semanales).
Lo llamativo no es sólo el elevado número de horas
extras a la semana, sino que casi la mitad de las horas extras no se
pagan. Y que este porcentaje de horas “gratis” crece año tras año.
A finales de 2019 no se pagaban el 41,9% de las horas extras, concretamente 2.500.700
horas semanales que se hicieron gratis, según la EPA. Un
porcentaje de horas impagadas mayor que el de antes de la crisis, ya que en
2008 no se pagaban el 40% de las horas. Y su peso se ha mantenido
después de la pandemia, suponiendo las horas gratis el 41,4% de las horas
extras a finales de 2025 (2.767.300), aumentando su peso en el primer trimestre de
2026: 2.508.200 horas extras semanales gratis, el 42,5% del
total de horas extras.
En 2025, casi un millón de trabajadores (945.000, el
5% de todos los asalariados) hicieron horas extras, según este
informe de CCOO. Y de ellos, casi la mitad, 441.000 trabajadores
hicieron horas extras semanales gratis, cada uno una media de 5,6 horas
semanales sin cobrarlas. Esto supone un coste laboral no abonado por las
empresas de 141 euros semanales por trabajador, un “ahorro” de 7.355
euros anuales por trabajador entre salarios y cotizaciones. Eso supone,
según el
estudio de CCOO, que las horas extras hechas y no pagadas supusieron una
pérdida de 3.243 millones para los trabajadores (2.468 millones, por las
horas no cobradas) y para la Seguridad Social (775
millones en cotizaciones no cobradas). Pero lo más grave es que estas horas
extras hechas impidieron que las empresas contrataran más trabajadores: se
estima que si no se hicieran esas 2,5 millones de horas extras semanales,
las empresas necesitarían
contratar a 160.000 trabajadores a jornada completa (62.000 de ellos
serían los empleos que podrían crearse si no se hicieran horas extras gratis).
En el primer trimestre de 2026, de las 2,5 millones
de horas extras semanales gratis, más de la mitad las hicieron hombres
(1.451.100), siendo menos las hechas por mujeres (1.057.000). Por sectores, el mayor
número de horas extras se da en la sanidad (858.600 horas extras
semanales), la industria manufacturera (825.500), la educación
(634.500), el comercio (590.300), la hostelería (527.500), el
transporte y almacenamiento (403.300), las actividades profesionales,
científicas y técnicas (359.900), la Administración Pública (323.600), la
construcción (295.900), las actividades administrativas y auxiliares (270.600),
finanzas y seguros (265.300) y telecomunicaciones, informática y consultoría
(107.600 horas extras semanales).Pero si miramos los sectores que hacen más horas
extras gratis, el ranking cambia: lo lidera la educación
(504.800 horas extras semanales gratis, 4 veces las horas pagadas), seguida por
las actividades profesionales (296.100 horas extras gratis, 5 veces las
horas pagadas), la industria (283.500), el comercio (240.100),
finanzas y seguros (189.000) , hostelería (171.000), transportes (154.800) y
Administración Pública (151.400).
Si analizamos los sectores
con mayor porcentaje de trabajadores que hicieron horas
extras gratis en 2025, destacan el suministro de electricidad y
gas (el 5,6% de sus trabajadores hicieron horas extras no pagadas, frente
al 2,3% en el conjunto de España), finanzas y seguros (también el 5,6% de sus
plantillas), educación y actividades profesionales, científicas y técnicas (el
4,6% de los trabajadores en ambos) e información y comunicaciones (el 4% de las
plantillas). Si observamos por
autonomías, destacan las horas extras gratis en Madrid (el 3,4% de
trabajadores hacen 582.000 horas extras no pagadas a la semana), Asturias (3%),
País Vasco (2,8%), Cataluña (2,7% trabajadores hacen 495.000 horas
extras gratis a la semana) y la Comunidad Valenciana (2,6% de las plantillas
hacen 290.000 horas extras gratis).
Esta abultada cifra de horas extras, pagadas y gratis, se
mantiene elevada en los últimos años (aunque
bajó en 2025 y 2026), a pesar de que el Gobierno aprobó la obligación
a las empresas, desde el 12 de mayo de 2019, de llevar
un registro horario de la entrada y salida de sus trabajadores, medida
aprobada con el apoyo legal del Tribunal de Justicia europeo. Esa normativa, pactada
sólo con los sindicatos (la patronal se opuso) fue aprobada en el Congreso con
el apoyo del PSOE y Podemos, la abstención de Ciudadanos y el voto en contra
del PP. Obligaba
a las empresas a llevar un registro diario de cada jornada (que debe
guardarse 4 años), a disposición del trabajador, los sindicatos y la inspección
de Trabajo, con sanciones a las empresas incumplidoras de 626 hasta 6.250
euros.
Pasados 7 años, el exceso de horas extras (pagadas y
no pagadas) indica claramente que este
control horario no ha funcionado, como denuncian los sindicatos. De
hecho, el 35% de las pymes siguen haciendo el fichaje de cada jornada “a mano”
(sin control digital). Y 1 de cada 5 trabajadores afirma que en su
empresa no se ha implantado ningún control horario, según el informe IRSOS.
Por todo esto, el Gobierno quiso “endurecer el control horario”,
incluyéndolo primero en su proyecto
de Ley de reducción de la jornada a 37,5 horas, aprobado en mayo de
2025, tras pactarlo con los sindicatos y el rechazo de la patronal. Pero este
proyecto chocó con una enmienda a la totalidad de Junts, en junio de
2025, que triunfó
en el Parlamento en septiembre, apoyada por PP y Vox.
Cerrado el paso al control horario al decaer la Ley
que promovía las 37,5 horas, Trabajo puso en marcha un “Plan B”: aprobar
un Reglamento en febrero de 2026 (que no necesita ser convalidado
por el Congreso) para endurecer el control horario en las empresas, obligando
a que sea digital y con acceso inmediato a los sindicatos y la inspección de
trabajo, además de exigir que se detalle cómo se compensan las horas extras.
Eso sí, al no tratarse de una Ley, Trabajo retiró de este Reglamento el aumento
previsto de las sanciones a las empresas.
El problema con el que se ha encontrado Trabajo con
este Reglamento es que ha recibido críticas de los organismos a
los que se ha enviado, preceptivamente, antes de que se apruebe en Consejo de
Ministros. Por un lado, el
Consejo de Estado ha emitido el 23 de marzo un
informe desfavorable, en el que señala que la reforma debería
hacerse por Ley y donde critica la carga que supone para las pymes y la falta
de instrumentos para ayudarlas a implantarlo. También son críticos los informes
recibidos de los Ministerios de Economía y Transformación Digital, así como de
la Agencia de Protección de Datos. Y aunque los
sindicatos apoyan el refuerzo digital de la jornada (para frenar el
exceso de horas extras), la
patronal CEOE está en contra y amenaza con recurrirlo a los Tribunales,
apoyada por el informe del Consejo de Estado (que no es vinculante para el
Gobierno).
Ante este nuevo revés, Trabajo
señaló que seguirá adelante con el Reglamento de control
horario y que lo enviará “pronto” al Consejo de Ministros para su
aprobación. “Aunque sea lo último que haga, el registro horario se va a hacer”,
señaló
Yolanda Díaz en el Congreso el pasado 25 de marzo, recordando que forma
parte de los acuerdos del Gobierno de coalición firmado por el PSOE y Sumar en
2023. Pero hay otro problema ahora: la ministra de Trabajo tiene por
encima ahora al vicepresidente económico, Carlos Cuerpo, que ha sido
contrario tanto al recorte de jornada a 37,5 horas como al control horario que
defiende Trabajo. Y él tiene la llave de la Comisión Delegada que decide los
temas que van al Consejo de Ministros. Cuerpo está de acuerdo
en mejorar el control horario, pero
cree que hay que dar más tiempo a las empresas para implantarlo
(propone 1 año, frente a los 20 días de Trabajo, que ahora parece
dispuesta a ampliar a 6 meses) y además defiende medidas para ayudar a las
pymes a incorporar herramientas técnicas para adaptarse al control digital.
Mientras esta “pelea” por el registro horario
se aclara en el seno del Gobierno, las empresas afrontan el
aumento de la demanda y las ventas con muchas horas extras, que los
trabajadores hacen voluntariamente (las pagadas) o forzados (las no pagadas). Pero
estamos
ante un gran “fraude”, a los trabajadores y a la Seguridad Social,
que además reduce la creación de empleo. Por eso, es urgente aprobar un
control horario eficaz, que deje claro lo que son horas extras
necesarias y lo que son horas extras estructurales, que se hacen para
no contratar más. Es un reto de todo el país, porque aunque tenemos un
récord de ocupados (hemos
superado en abril los 22 millones de afiliados), todavía trabajan en
España menos gente que en la mayoría de Europa: tenemos un 72,4% de
adultos trabajando, frente al 76,1% en la UE-27 y el 81,8% en Alemania, según
Eurostat. A lo claro: tenemos 700.000 personas menos trabajando
que la media en Europa y 1.600.000 menos que Alemania. Con este hándicap,
es una tremenda injusticia que se hagan tantas horas extras.
Enrique Ortega
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jueves, 6 de noviembre de 2025
Teletrabajo, el último "gancho" laboral
Dicen que los lunes ya no hay tantos atascos de
tráfico en Madrid, Barcelona y otras grandes ciudades porque ahora bastante
gente teletrabaja viernes y lunes. Quizás mucha gente que sigue yendo a trabajar
todos los días no lo vea, pero el teletrabajo sigue creciendo,
aunque lentamente y con menor peso que en la mayoría de Europa,
porque muchas empresas evitan pagar parte de los costes o temen que sus
trabajadores “se escaqueen”. Pero también hay empresas, las más dinámicas,
que han comprobado que muchos trabajadores (sobre todo los jóvenes) ven el
teletrabajo como un incentivo y lo
ofrecen para captar talento o evitar fugas. Eso sí, los empleados
públicos apenas teletrabajan y la mayoría de sectores con más empleo
tampoco, porque no pueden (turismo, hostelería, comercio, construcción,
transporte …).Cara al futuro, es clave ir incluyendo el teletrabajo en
más convenios colectivos (hoy son la minoría), para facilitar la conciliación
laboral y el mayor reparto de hijos y tareas en el hogar entre hombres y mujeres. Trabajemos
más a golpe de click. Enrique Ortega
La pandemia marcó un antes y un después en el teletrabajo, que era marginal en 2009 (sólo trabajaban 1,12 millones de trabajadores, el 5,9% de los ocupados) y poco significativo en 2019 (teletrabajaban 1,64 millones, el 8,3% de la mano de obra, según el INE), para dar un tremendo salto en 2020, con el confinamiento (3.015.200 trabajadores, 1 de cada 6, trabajaron desde casa entre abril y junio de 2020, según la EPA), aunque perdió peso tras el final del estado de alarma y al final del año (2,87 millones teletrabajaron de media en 2020, el 15% de los ocupados en España . Y aunque se recuperó algo el porcentaje en 2021 (15,3%), cayó después en 2022 (13,7% ocupados teletrabajaron) y 2023 (14,1%), al querer recuperar la normalidad y el lugar de trabajo. Pero en 2024, el teletrabajo ha vuelto a subir en España y más de 3,3 millones de empleados teletrabajaron, el 15,4% del total.
A pesar de esta lenta recuperación del
teletrabajo, el porcentaje en España es muy inferior a los
que teletrabajan en el resto de Europa, donde lo hacen el 22,6% de los ocupados, según
la última estadística de Eurostat (datos 2024), un porcentaje mayor que antes
de la pandemia (teletrabajaban el 14,4% de los europeos en 2019) y que en 2020
(20,7%), aunque algo inferior al de 2021, el año récord en Europa (24%
teletrabajaron). Actualmente, hay
grandes diferencias en el teletrabajo por paises. En cabeza
están los Paises Bajos (52% de los ocupados teletrabajan) y los
paises nórdicos (Suecia, con el 45,6% de teletrabajo, Noruega con el 42,5%,
Dinamarca con el 41,1% y Finlandia con el 39,4% teletrabajando), seguidos de
cerca por Irlanda (36,5%), Bélgica (36%) y Francia (33,9%). Y están en cabeza,
pero más rezagados Austria (28,1%) y Alemania (24% teletrabajan). España
(15,4%) está en un grupo retrasado, con Portugal (20,8%),
Eslovenia (19%), Chequia (16,5%), Polonia (15,3%), Eslovaquia (13,6%) y Croacia
(13,3%), aunque no estamos en el vagón de cola, donde están Italia (10,3% teletrabajan), Hungría (9%),
Grecia (7,8%), Rumanía(3,5%) y Bulgaria (3%).
Lo llamativo en Europa, es que el teletrabajo ocasional
(uno o varios días a la semana) sigue ganando terreno al teletrabajo habitual,
según los datos de Eurostat. En 2024, el 13,7% de los empleados teletrabajaba
ocasionalmente y sólo el 8,9% de los
ocupados lo
hacían habitualmente, algo que también pasa en la mayoría de paises con más
peso del teletrabajo, como Paises Bajos (el 39,8% trabajan
ocasionalmente y sólo el 12,2% habitualmente), Suecia (32,2 ocasionalmente y
11,34% habitual), Finlandia (19,8% ocasionalmente y 19,6% habitual) o Francia
(22,8% ocasionalmente y 11,1% habitual). El caso de España es una excepción, ya que teletrabajan
más ocupados de forma habitual (el 7,8%) que ocasionalmente
(7,6%), algo sólo pasa en Irlanda (20,6% habitualmente y
15,9% ocasionalmente) y en Alemania (12,9% habitual y 11,3%
ocasional).
Así que en España vamos rezagados en teletrabajo,
pero en el modelo “híbrido” que funciona en toda Europa se impone el
teletrabajo habitual, aunque crecen tanto el ocasional como el habitual.
Y hay datos de alguna ETT, como
InfoJobs, que sitúan ya el teletrabajo en el 25% de los trabajadores
ocupados, aunque en su estudio ganan los que trabajan en remoto uno o dos días
a la semana (el 19%) sobre los que teletrabajan siempre. La sensación que
tienen los expertos en recursos humanos es que está creciendo sobre todo el
modelo “híbrido”, que apuesta por permitir el teletrabajo un día a la semana
(viernes o lunes) o dos (viernes y lunes), lo que se notaría ya en menores
atascos estos dos días de la semana, que siempre han sido “negros” para
el tráfico en las grandes ciudades.
Todo indica que sigue habiendo muchas empresas reticentes
al teletrabajo, sobre todo a teletrabajar más de 1 o dos días a la semana,
porque no quieren superar el 30% del trabajo en remoto, el
porcentaje que, según la Ley que
regula el Teletrabajo (que entró en vigor el 13 de octubre de 2021), las
obliga a dotar a sus empleados del personal necesarios para teletrabajar y
pagarles los
gastos acarreados (equipos, wifi, electricidad), gastos que son menores y
se pueden pactar en caso de teletrabajo ocasional. Además, el teletrabajo se ha
convertido en una fuente de recursos
y demandas de empleados ante los Tribunales de lo social, lo que
disuade a muchas empresas a seguir por ese camino. Y otras, simplemente, no
quieren que sus trabajadores teletrabajen porque piensan que es difícil “controlarlos”
y porque puede bajar su productividad (hay una cultura de
“presentismo en el trabajo”), así como dificultarse el trabajo en
equipo.
A pesar de todas estas reticencias, el mayor problema para
el teletrabajo es que hay muchas empresas y trabajadores que no pueden
teletrabajar, sencillamente, por la actividad y el trabajo que realizan. Y
esto es especialmente importante en España, donde hay un gran peso de empleos
en actividades y servicios que no permiten el teletrabajo: gran parte del turismo
y la hostelería, el campo y la ganadería, la construcción, los cuidados y el
servicio doméstico, sanidad, comercio al por menor, transporte, logística, la
mayoría de la industria, actividades
artísticas y recreativas. En realidad, nuestra estructura económica sólo permite
teletrabajar a 1 de cada 3 ocupados, como mucho, según
este estudio de CaixaBank Research.
Cuando el
INE les pregunta a los trabajadores cuyo empleo les permite hacerlo por
qué no teletrabajan, más de la mitad (58,5%) responden que porque
prefieren el trabajo “presencial”, mientras otros responden que no
teletrabajan porque su empresa “no tiene voluntad de implantarlo” (dicen
el 35,8% de los trabajadores encuestados) o “no dispone de los medios
disponibles” (otro 16,5%) o el domicilio del trabajador no está preparado
(10,8% respuestas). Las personas que sí han teletrabajado lo han hecho una
media de 3,5 días a la semana y lo valoran muy positivamente, con 8,7 puntos
sobre 10. Ventajas
que señalan: poder autogestionar el tiempo de trabajo (el 87,3%), conciliación
de la vida laboral y familiar (87,2%), ahorro de tiempo (86,6%) y de
dinero(68,7%), pero sobre todo “evitar desplazamientos” (la principal ventaja
para el 95,4% de los encuestados). Como desventajas:
falta de contacto con los compañeros (para el 82,2%), desconexión laboral
(60,8%), sobrecarga laboral (47%)y falta de recursos técnicos (28,8%) e
incomodidad de trabajar en casa (24%).
Los expertos laborales aseguran que cada vez son más
las empresas que ofrecen teletrabajar en sus ofertas de empleo : el 12%
de todas las ofertas de empleo hechas entre enero y agosto de 2025 ofrecían
teletrabajar, según
InfoJobs, un porcentaje mucho mayor que en 2019 (sólo el 2% de las
ofertas), inferior al de 2022 y 2023 (del 18 al 19% de las ofertas) y algo
menor al de 2024 (14% ofertas). Pero sobre todo, según un estudio de InfoJobs siguen
aumentando las empresas que permiten teletrabajar: en 2025, son
el 46% de las empresas que buscan empleados (11% trabajo remoto
y 25% teletrabajo híbrido). Y el
sindicato UGT señala que en los convenios firmados en 2024, un 20%
incluían cláusulas de teletrabajo, aún pocas pero 5 veces más que en los
convenios de 2019 (sólo el 4% con teletrabajo).
La realidad es que aunque todavía son una minoría las
empresas que ofrecen y permiten teletrabajar, depende mucho del tipo de
empresa, su tamaño y, sobre todo del sector. Así, hay tres sectores
donde más de la mitad de los
anuncios de empleo que ponen en InfoJobs
permiten teletrabajar: informática y telecomunicaciones
(lo ofrecían el 68% de los anuncios publicados en agosto), Legal (58% de
las ofertas para abogados) y finanzas y banca (52%). Y también destacan las
ofertas hechas en educación (39% incluyen poder teletrabajar) y recursos humanos
(27%), quedando por encima de la media del total de anuncios que incluyen el teletrabajo (el 12%) las ofertas de empleos
para comercial y ventas (16% anuncios lo permiten), ingenieros y técnicos
(14%), atención al cliente (14%), calidad, producción e I+D (14%) y marketing y
consumo (13%). A la cola del teletrabajo están los anuncios de empleo en turismo
y restauración (sólo el 1% incluyen teletrabajar), profesiones, artes y
oficios (1%), sanidad y salud (1%), venta al detalle (2%), logística
y almacén (2%).
Una novedad en los últimos años es que muchas empresas,
sobre todo grandes y dinámicas, están utilizando el teletrabajo como “un
gancho” para atraer trabajadores, como un incentivo para captar
talento, en España e incluso
en el extranjero (permite vivir en un país con un buen clima, alta calidad
de vida, relativamente barato y con y excelentes comunicaciones). Eso coincide
con una generación de jóvenes que cada vez valoran más el tiempo libre y la
libertad para organizarse, por encima incluso de su sueldo. De ahí que, en
muchos casos, ofrecer teletrabajar dos días a la semana (o incluso tres) o
uno o dos meses al año es una oferta imbatible que permite captar nuevos
empleados y evitar que otros se vayan. De hecho, cuando
el INE pregunta a los que teletrabajan, el 43% responde que buscarían
otro empleo si su empresa vuelve al trabajo 100% presencial. Otro 30%
seguirían pero “desmotivados” y el 27% seguirían "pidiendo más sueldo"…
Así que el teletrabajo se ha convertido ya en un
incentivo para atraer trabajadores y tener más contentos y motivados a los
que ya tienes. Esto es algo que deberían comprender también los
gestores públicos, porque los funcionarios y empleados de las distintas
Administraciones se
quejan de que no pueden teletrabajar, aunque a muchos se les obligó
durante la pandemia y algo después, suprimiendo esta posibilidad actualmente en
la mayoría de los trabajos públicos, desde la Administración central a las
autonomías y Ayuntamientos, donde cada una va a su aire, peleando y negociando
con sus trabajadores. Las estadísticas oficiales dicen que la
mitad de los funcionarios teletrabajan, pero se refiere sólo a los
funcionarios y cuando lo hacen es normalmente un día o algunas horas.
Precisamente, los sindicatos de la Administración llevan 5 años
pidiendo una norma que desarrolle el teletrabajo en todo el sector
público, conciliando la atención al público con el teletrabajo que ofrecen
muchas empresas privadas.
En otra década más, el teletrabajo revolucionará el
trabajo en España y en toda Europa, por el auge de la digitalización y
la inteligencia artificial, empujado
por unas nuevas generaciones que se han formado en Internet y que valoran
poder teletrabajar tanto o más que el sueldo. Además, puede ser una forma
de recuperar el interés por el trabajo de unas nuevas
generaciones poco motivadas por contratos precarios, sueldos
mileuristas y una organización del trabajo todavía bastante asentada en el “ordeno
y mando”. Y encima, el teletrabajo puede ayudar a las mujeres en la equiparación en el hogar: dicen que los hombres teletrabajadores ponen más lavadoras y recogen más a los niños... Pero hace falta preparar al país y a las empresas para un mayor
aumento del teletrabajo, con Planes específicos, ayudas e inversiones,
para que aumente la productividad y el teletrabajo no sólo sea más cómodo
sino más eficaz. Hay que apostar de verdad, en el sector privado y público, por trabajar más a golpe de click.
La pandemia marcó un antes y un después en el teletrabajo, que era marginal en 2009 (sólo trabajaban 1,12 millones de trabajadores, el 5,9% de los ocupados) y poco significativo en 2019 (teletrabajaban 1,64 millones, el 8,3% de la mano de obra, según el INE), para dar un tremendo salto en 2020, con el confinamiento (3.015.200 trabajadores, 1 de cada 6, trabajaron desde casa entre abril y junio de 2020, según la EPA), aunque perdió peso tras el final del estado de alarma y al final del año (2,87 millones teletrabajaron de media en 2020, el 15% de los ocupados en España . Y aunque se recuperó algo el porcentaje en 2021 (15,3%), cayó después en 2022 (13,7% ocupados teletrabajaron) y 2023 (14,1%), al querer recuperar la normalidad y el lugar de trabajo. Pero en 2024, el teletrabajo ha vuelto a subir en España y más de 3,3 millones de empleados teletrabajaron, el 15,4% del total.
Las últimas estadísticas del INE sobre
teletrabajo (noviembre de 2024) señalan que un 15,1% de los
trabajadores preguntados habían teletrabajado en la semana anterior a la
entrevista. Y el 17,6% de los ocupados han teletrabajado, más
mujeres (18,1%) que hombres, sobre todo las personas de 25 a 54
años (las que más teletrabajaron,
un 16,5% fueron los empleados de 35 a 44 años) y especialmente los trabajadores
con estudios universitarios (el 33,4% trabajaron, frente al 12,4%
de los que sólo terminaron Secundaria), los autónomos (19,8%) más
que los asalariados (17,5%) y más los que trabajan con contrato indefinido y a jornada
completa (18,7% teletrabajaron) y los que ganan más (entre los
que tienen de 2.500 a 3.000 euros de sueldo, teletrabajaron el 27,1% de los encuestados,
y de los que ganan más de 3.000 euros, lo hizo la tercera parte). Y
teletrabajan mucho más los ocupados en Melilla (26,7% empleados), Madrid (26,7%) y Cataluña (21,5%) que los de Ceuta (1%), Murcia (5%), Castilla la
Mancha (6,3%), Extremadura (7,3%), Asturias (8,1%), Canarias (9,1%) y La Rioja
(9,7%).
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