Mostrando entradas con la etiqueta acceso a Internet. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta acceso a Internet. Mostrar todas las entradas

jueves, 4 de febrero de 2016

El retraso digital de las empresas españolas


El doble reto económico de España es que trabaje más gente y que trabajemos mejor, con más eficacia y productividad. Y para ello es clave la utilización masiva de Internet: facilita crear empresas, vender más (conociendo mejor lo que quiere el cliente), con menos costes, más beneficios y un empleo mucho más estable. Pero el problema es que España está muy retrasada en la digitalización de la economía, que supone la cuarta revolución industrial. Basten dos datos: una de cada tres microempresas españolas (son 3 millones) no tienen acceso a Internet. Y entre las que lo tienen, sólo un 15% vende online. Y España está en el puesto 14 del ranking digital europeo, cuando somos la cuarta economía. Los expertos urgen a los partidos y al futuro Gobierno a acordar un gran pacto digital, que impulse Internet en la economía y en las empresas, con inversiones, ayudas y formación. El impulso digital aportaría 40.000 millones extras al PIB español. No podemos perder el tren digital.
 

enrique ortega


Internet ha cambiado el mundo, la economía y las empresas en las últimas dos décadas y sobre todo en los últimos cinco años. En España, la revolución digital ha entrado de lleno en los hogares y ya hay 29,5 millones de internautas, 22,2 millones (2 de cada 3 adultos) que usan la Red a diario. Pero este auge de Internet entre los ciudadanos no se da igual en nuestra economía y nuestras empresas. Así, España ocupa el puesto 34 en el índice digital NRI del Foro Económico Mundial. Y está en el puesto 14 del índice de Digitalización DESI 2014, que elabora  la Comisión Europea en base a cinco factores: conectividad a Internet, capital humano, uso de la red, integración de la economía digital y servicios públicos digitales.

Pero si estamos retrasados digitalmente como país, las empresas españolas lo están mucho más. Así, España ocupa el lugar 17 en el ranking europeo de digitalización de empresas, encabezado por los países nórdicos y donde nos superan Irlanda, Holanda, Bélgica, Reino Unido, Alemania, Austria, República Checa, Malta Lituania, Eslovenia y hasta Portugal, según Eurostat. Las empresas españolas han avanzado en digitalización en los últimos años (índice 77,5), pero aún están por debajo de las empresas europeas (índice 78) y de las empresas punteras del mundo (índice 81), según el último informe de la consultora PwC. Y otro estudio de Accenture revela que el grado de digitalización de las empresas españolas está por debajo del que tienen las empresas en las 17 mayores economías mundiales.

Vayamos a datos más concretos. En España, un 34,3% de las microempresas (menos de 10 trabajadores), que son casi todas (un 95,4%, más de 3 millones) no tienen acceso a Internet, según el informe ADEI 2013. Y de los dos tercios que acceden a la Red, un 71,6% tienen Web, pero en la mayoría de los casos es un simple catálogo de productos y servicios, no un canal de venta: sólo en un 15,2% de esas Web se pueden hacer pedidos y sólo en un 9,1% se pueden pagar las compras online. Baste decir que sólo 1 de cada 6 microempresas españolas (un 17,6%) venden online, según la última encuesta del INE (2015). Y las ventas online sólo suponen el 14,4 % de las ventas totales de las empresas españolas, 1 de cada 7 euros vendidos. Dos datos impactantes. Y un ejemplo llamativo: de las 21.800 farmacias que hay en España, sólo 190 venden online (marginalmente). Así estamos.

La digitalización de la economía y de las empresas no es sólo impulsar el comercio electrónico, vender por Internet. La revolución digital va mucho más allá: supone un cambio radical en todos los negocios, desde la relación con los proveedores y las compras a la cadena de producción (inteligente), la determinación y renovación de la oferta de productos, los canales de distribución y venta y el contacto con el cliente, destacando la mejor explotación de toda la información disponible (big data). En definitiva, Internet y las nuevas tecnologías están revolucionando todos los negocios, desde la banca al turismo pasando por el sector del automóvil, la venta de ropa, la agroalimentación, la energía o el transporte. Y el que no digitalice su negocio, se quedará cada vez más fuera de esta competencia global.

Las ventajas de la digitalización son evidentes, para la economía, las empresas y los consumidores. Por un lado, las economías más desarrolladas y más ricas son aquellas donde Internet tiene mayor penetración: en España, el peso de los negocios por Internet representa el 2,5% del PIB, frente al 3,8% de la media europea, lejos de Francia e Italia y a años luz de Alemania o Reino Unido, los países europeos más digitalizados, según el informe de ADEI. A nivel empresarial, las ventajas de la digitalización están demostradas: las empresas son más productivas (un 30% más), venden más, están menos endeudadas y son más rentables. Y, lo más importante: crean un empleo más estable y mejor pagado (salarios un 8% más altos). De hecho, las empresas españolas digitalizadas sólo han perdido un 6% de su empleo en esta crisis (2008-2012) frente al 21% de empleo perdido por las no digitalizadas. Y cara a los consumidores, Internet permite más ofertas (nacen más empresas), más competencia y mejores precios (ropa, telecos, billetes de avión, hoteles…).

Las empresas españolas saben de la importancia y de las ventajas de la digitalización: por eso, un 69% han empezado a integrar Internet en sus negocios, según un estudio de The London School of Economics Enterprise. El problema es que avanzan lentamente y con pocas inversiones, concentradas además en las grandes empresas. Varios son los obstáculos reales con que tropieza la digitalización. El principal, la falta de un equipo directivo impulsor: sólo cuando el presidente o consejero delegado de una empresa se pone al frente, la digitalización avanza de verdad. Además, muchos no encuentran socios tecnológicos ni personal capacitado para ponerlo en marcha. Otros tienen recelos de seguridad, por temor a futuros ataques si ponen su negocio en la Red. Y además, faltan infraestructuras (redes de banda ancha con suficiente capacidad y velocidad)  y personal suficientemente formado (en España hay un déficit de 50.000 empleos digitales).

¿Qué se puede hacer para avanzar en la necesaria digitalización? El reto no es sólo español, ya que Europa también está retrasada frente a Estados Unidos y algunos países asiáticos. Por eso, la Comisión Europea ha aprobado una Agenda digital europea que pretende invertir 300.000 millones en redes e infraestructuras tecnológicas, desmontando las 28 aduanas digitales que hoy existen, con el objetivo de que este mercado único digital genere 415.000 millones de euros en nuevas actividades y 900.000 nuevos empleos para 2020. En España, el Gobierno Rajoy aprobó en febrero de 2013 la Agenda Digital para España, sin las inversiones y medios necesarios para su aplicación, hoy muy retrasada.

Para avanzar en la digitalización de España y sus empresas, hay dos elementos claves. Uno, mejorar las infraestructuras tecnológicas, donde nuestro atraso es patente. En tecnología, España se coloca en el vagón de cola, con un gasto en investigación del 1,24% del PIB, muy alejado de los primeros vagones de la Ciencia (3,32% PIB Finlandia, 3,21% Suecia, 3,05% Dinamarca), de los medianos (2,94% del PIB de gasto en Alemania, 2,23% de Francia y 1,98% de Reino Unido), por detrás de Portugal (1,36% del PIB en Ciencia), empatados con Italia (1,25%) y sólo por detrás de Grecia (0,78%) y países del Este, según los últimos datos de Eurostat 2013 (ver mapa). Y por otro, mejorar las redes de acceso a Internet: sólo tenemos un 0,4% de conexiones a redes de alta capacidad (+ de 100 Mbps), frente al 2% en la UE-28 y al objetivo europeo del 50% de los accesos para 2020. Y en los accesos a Internet de media capacidad (a 100 Mbps), el porcentaje es alto (47% accesos), mayor que el de la UE-28 (34%), pero con una menor velocidad real porque tenemos una mayor “latencia” (el tiempo que tardan los paquetes IP en llegar desde el servidor a nuestro ordenador o dispositivo). De hecho, la latencia en España supera un 80% la media europea en ADSL (65 milisegundos frente a 36), es un 84% superior en fibra óptica (35 milisegundos frente a 19) y el doble en cable (42 milisegundos frente a 21), según un estudio encargado por la Comisión Europea. Internet más lento y, además, un acceso que es el segundo más caro de Europa.

Además de mejorarles las infraestructuras, las empresas españolas tienen varias asignaturas pendientes para digitalizarse. La clave es que sus máximos directivos apuesten por una “hoja de ruta digital”  asentada en 4 grandes cambios: creación de un potente equipo de cambio tecnológico y digital (con poder interno y medios), inversión en tecnología, innovación y cambio digital (alquilando si es necesario capacidad informática y pago por uso), poner al cliente en el centro del negocio (explotando al máximo los datos disponibles, big data, y utilizando toda esta información para renovar productos y servicios) y crear dentro de la empresa una nueva cultura digital, con nuevas formas de trabajo y organización, apoyadas en la formación y en la contratación de jóvenes preparados (“nativos digitales”).

Pero todo ello exige un gran impulso político, desde arriba. Por eso, la patronal del sector tecnológico (Ametic) pide al futuro Gobierno y a todos los partidos un compromiso real con la economía digital, que pase por la creación en el Congreso de una Comisión de Economía Digital, que impulse entre 2016 y 2018 una decena de macroproyectos de transformación digital de la economía en sectores estratégicos: industria 4.0, turismo, textil, automoción, agroalimentario, químico, farmacéutico, maquinaria, naval, aeroespacial y de la Defensa. Y a nivel sectorial, proyectos de impresión 3D, tecnología móvil5G, cloud computing (servicios en la nube) o big data (explotación de datos).

Y en paralelo, faltan dos “empujones” más a la digitalización. Por un lado, un abanico de ayudas fiscales, créditos a bajo interés, asesoramiento y formación para que las empresas, sobre todo las pymes, vayan entrando en la economía digital, desde la última tienda al pequeño hotel o la pequeña bodega. Por otro, que las Administraciones públicas (Estado central, autonomías y Ayuntamientos) den ejemplo, desarrollando al máximo la Administración digital, digitalizando las ciudades (hay proyectos de Smart cities en 65 ciudades)  y "tirando" de la digitalización de las empresas, utilizando la palanca de las compras públicas para favorecer a las que se organicen y vendan por Internet.

El mundo está  cambiando drásticamente y muchos de los viejos empleos van a desaparecer (7 millones hasta 2020, según el Foro de Davos), mientras se van a crear  nuevos empleos (2 millones en computación, ingeniería, arquitectura y matemática) . Y un estudio de Accenture, presentado también en Davos, indica que si España digitalizara más su economía, el PIB español podría crecer 40.000 millones de euros extras. Así que no queda más remedio que "ponerse las pilas": digitalizar la economía y las empresas es un reto de todos, como país, al margen de la política y los Gobiernos. Hace falta un gran pacto y una gran apuesta por reciclarnos y digitalizarnos como economía, como empresas y como ciudadanos, para asegurar un crecimiento y un empleo estables en un mercado que ya es el mundo. No podemos perder este tren digital.

lunes, 4 de mayo de 2015

Nos imponen subidas del teléfono e Internet


Lo anticipé en este blog el 5 de marzo: “las telecos nos subirán tarifas”, tras 7 años de bajadas. Y así lo han hecho, por partida triple: subieron el establecimiento de llamada, los paquetes combinados y ahora nos cobran también por el exceso de megas que gastemos en vez de ralentizarnos Internet. Todo con un objetivo: ingresar más por cliente y recomponer sus cuentas, muy afectadas por la guerra de tarifas de estos años. Además, nos imponen las nuevas tarifas, con la excusa de ofrecernos más velocidad o más servicio (lo queramos o no), sin darnos más opción que borrarnos. Pero hay pocas alternativas, porque las tres grandes telecos tienen ahora más poder, tras las fusiones: el "triopolio”  (Movistar, Vodafone y Orange) controla el 90% del mercado. Y encima, cada vez estamos más “enganchados” al móvil y a Internet. Así que pagaremos más sí o sí. Y todavía habrá más subidas este año, con la excusa de más megas, fibra y TV de pago. Nos tienen bien pillados.
 
enrique ortega

Las telecos han estado 7 años peleándose por captar clientes, a costa de ofertas (incluido el regalo de móviles) y de bajar tarifas, sobre todo en el móvil (-70% de caída de tarifas desde 2011) y en los paquetes combinados (fijo+móvil+Internet). Y con ello, les ha bajado la facturación un 32% (2008-2014), mientras han tenido que invertir 28.000 millones de euros en nuevas redes (fibra óptica y 4G). Las cuentas ya no les daban más de sí y han aprovechado que son más fuertes (en 2014 se han quitado a dos competidores, Ono y Jazztel, absorbidos por Vodafone y Orange) y que estamos “enganchados” al móvil y a Internet para subir tarifas, como anticipé en este blog el 5 de marzo. Un camino que seguirán los próximos meses.Se acabó el chollo del móvil e Internet baratos.

Y además, han hecho una subida de tarifas por triplicado. La subida más llamativa es la de los paquetes combinados más populares, que incluyen fijo, móvil e Internet. El líder, Movistar, anticipó el 27 de marzo que sube 5 euros sus paquetes Movistar Fusión (3,7 millones de usuarios), desde mañana 5 de mayo, ofreciendo a cambio que triplicará la velocidad de navegación a sus clientes antes del verano y que más adelante migrará a fibra óptica a los que la tengan en su zona. Dos semanas después, Vodafone anunció una subida similar, entre 1 y 9 euros, que ya entró en vigor el 20 de abril. Y también se ha sumado el cuarto operador, Yoigo, que el 16 de mayo subirá 3 euros mensuales sus tarifas de Fusión a lo Yoigo, aunque extiende "indefinidamente" su oferta estrella (tarifa Sinfín). Queda pendiente la subida del tercero, Orange, que está a la espera de que Bruselas autorice (quizás en julio) su fusión con Jazztel. Y ver lo que hacen los pequeños operadores sin red (virtuales).

La segunda subida la habían hecho las telecos antes y pasó desapercibida: fue el aumento de la tarifa por establecimiento de llamada, que ha subido de 18,5 a 20 céntimos de euro (ambas, IVA incluido). La inició, como siempre, Movistar, en febrero y le siguieron dos meses después Vodafone, Orange y Ono, mientras se espera que lo haga Yoigo. Esta tarifa llevaba 8 años congelada y la mayoría de usuarios no sabemos que la pagamos en algunas tarifas. Normalmente, nos la cobran cuando hemos agotado las llamadas incluidas en un paquete por minutos o siempre en las tarifas por tiempo de llamada. Es una tarifa que se inventaron las telecos cuando les obligaron a tarificar por segundos y que no existe en muchos países europeos (y donde existe, es más baja que en España).

Y la tercera subida, de la que nos hemos enterado por sorpresa, ha sido el 28 de abril: ese día, Movistar comunicaba que iba a empezar a cobrar a sus nuevos clientes de Fusión y Vive (y a los que cambien de tarifa) por el exceso de consumo de datos, 1,5 céntimos por cada mega de más consumido hasta 500 MB (o sea, 1,5 euros por 100 MB extras). Hasta ahora, cuando un cliente supera los megas contratados en su paquete, Movistar ralentizaba su acceso a Internet hasta el mes siguiente. Ahora, le mantiene la velocidad, pero le cobra el exceso. En esto, sigue la estela de Vodafone, que ya en febrero empezó a cobrar a sus nuevos clientes por el exceso de consumo de datos: 2 euros por cada 200 MB adicionales, aunque deja al usuario la opción de desactivarlo, no pagar y reducir la velocidad de navegación, como también hacen Orange, Yoigo y Jazztel, donde puede elegirse entre ralentización o pagar el exceso.

Lo peor de todas estas subidas es que se imponen al usuario, sin darle muchas opciones, salvo borrarse del servicio: se puede hacer sin penalización, aunque no se haya terminado el tiempo de permanencia, porque las compañías han cambiado las condiciones. Pero si uno se borra, lo probable es que se encuentre también con cambios y subidas en la competencia. El problema es que las nuevas tarifas son un “trágala”: se imponen nuevas condiciones, con la excusa de aumentar la velocidad o los servicios, se quieran o no. Y es “legal”.

En paralelo a estas subidas, se ha producido un hecho que va a trastocar el mundo de las telecomunicaciones: WhatsApp, el popular servicio de mensajería instantánea (instalado en el 98% de los smartphones) ha empezado a ofrecer llamadas de voz gratis (a través de Internet, VoIP), desde el 30 de marzo (Android y BlackBerry) y el 22 de abril (iPhone). Una auténtica revolución, que permite a los usuarios ahorrar en su factura de móvil, aunque consume bastantes datos (por eso recomiendan usarlo con Wifi). Las grandes telecos ya se han intentado defender, bloqueando este servicio de WhatsApp a los clientes con tarifas más baratas, que no podrán llamar con WhatsApp (tarifa Vive de Movistar, tarifas mini o Smart de Vodafone o tarifa del cero 1,2 GB de Yoigo), algo que puede ser considerado “competencia desleal” y denunciado como una “práctica abusiva” ante la Unión Europea.

Parece claro que las llamadas VoIP, que no sólo ofrece WhatsApp (también Viber, Line, Facetime y Skype) pueden acabar con el negocio de voz de las telecos, como antes ya sucedió con los SMS. Esto va a obligar a las grandes telecos a centrarse en otros negocios (datos, Internet, TV), pero sobre todo va a trastocar el negocio de los operadores virtuales, las empresas sin red que ofrecen llamadas a precios supercompetitivos. El auge de las llamadas por WhatsApp (y VoIP) les va a dañar más que a los operadores con red, porque su negocio está en cobrar a los clientes por un consumo que realmente no hacen y pagar a las telecos por lo que realmente consumen. Si ahora, con las llamadas por Internet, sus clientes consumen más datos, sus márgenes se estrecharán y sólo tendrán dos opciones: subir también tarifas (perdiendo su ventaja actual) o perder y acabar cerrando.

Todo apunta, pues, a que seguirá habiendo mucha competencia en las telecomunicaciones y que las grandes telecos buscarán reorientar su negocio, de la voz a los datos, la fibra óptica y la televisión de pago. Pero ya no van a tratar de competir por número de clientes, sino por ingresos, por conseguir clientes más fieles, que gasten más. Y para ello, ya han cambiado su política comercial: están empeorando las tarifas más baratas y tratan de migrar a los clientes a las tarifas más caras. Para ello, Movistar acaba de hacer dos movimientos estratégicos que seguirán el resto: ofrecer más velocidad de navegación y migrar a más clientes a la fibra óptica. Ambos pretenden lo mismo: que nos “enganchemos” a una red más rápida, que permita descargar música, vídeos, películas y datos con más peso y más rápidamente, que consumamos más datos y TV de pago. Y así, paguemos por el exceso o nos cambiemos a otra tarifa que ofrezca más velocidad y más servicios, pagando más.

Así que se acabó la era del móvil y la conexión a Internet baratos. Y habrá nuevas subidas, incluso este año y en el futuro, dentro de tarifas y ofertas cada vez más complejas, donde será difícil saber lo que pagamos de verdad. Pero pagaremos lo que nos digan, por dos razones. La principal, porque estamos enganchados al móvil y a Internet: hay 51 millones de contratos de móvil y el 85% son móviles inteligentes, smartphones, la principal vía de acceso a Internet de los españoles (el 81,7%). Y estamos tan enganchados al móvil para casi todo (además de para hablar, para informarnos a las redes sociales, comprar o hacer descargas), que uno de cada cuatro lo consultan más de 50 veces al día (y los jóvenes de 18 a 24 años, más de 75 veces diarias)… Así que nos cobren lo que nos cobren, nos conectaremos.

La otra razón que justifica las subidas, actuales y futuras, es que las grandes telecos tienen ahora más poder para imponerlas, tras las dos fusiones hechas en 2014: Vodafone- Ono y Orange-Jazztel. Con ello, el “triopolio”  controla ahora casi el 90% del mercado, tanto de los móviles (31,7% Movistar, 29,2% Vodafone+Ono y 28,5% Orange+Jazztel) como el acceso fijo a Internet (44,3% Movistar,  23,2% Orange+Jazztel y 21,4% Vodafone+Ono). Un exceso que no parece evitar la esperada  aprobación por Bruselas y la Comisión de la Competencia (CNMC) española, aunque con algunas condiciones cara a la galería (como ceder la red de ADSL de Jazztel). Y un grado de concentración, con acuerdos de precios y subidas (aunque no se puedan “demostrar”), que dificulta la competencia real y lleva a los usuarios a no tener apenas alternativas.

Así que ya lo saben, se acabó la era del móvil e Internet baratos, de hablar por teléfono y conectarse sin mirar al bolsillo, de cambiar de operador como de ropa. Ahora habrá que empezar a mirar mucho más cómo llamamos y qué nos bajamos de la Red. Y sobre todo, no engancharnos a altas velocidades, a descargas sin tope o a nuevos canales de TV, porque las nuevas ofertas son un reclamo: antes o después pagaremos más por ello. Aunque poco podemos hacer, porque ya no sabemos vivir sin el móvil y sin estar varias horas en Internet. Nos tienen bien cogidos.