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jueves, 23 de junio de 2022

España, destino audiovisual europeo

España es la 2ª potencia turística del mundo, pero no destaca ni por su industria ni por su tecnología. Ahora, el Gobierno Sánchez quiere que España sea una potencia en baterías y microchips y también en la producción audiovisual, donde ya somos el 2º país europeo que produce más series para TV. Para ello, el Plan de Recuperación impulsa, con Fondos europeos, el Plan “España Hub audiovisual de Europa”, que pretende atraer inversiones y profesionales de la industria audiovisual a España, para que seamos líderes en producción de series, cine, cortos, vídeos, publicidad, animación, videojuegos y e-Sports, una industria con mucho futuro y empleo. Para conseguirlo, el Gobierno ha aprobado una Ley audiovisual (polémica), que impulsa la producción europea y española, y un decreto que facilita los visados de entrada de profesionales audiovisuales extranjeros. Se busca convertir a España en “el Hollywood de Europa”, aprovechando nuestro idioma (el español llega a 600 millones), nuestra creatividad y experiencia audiovisual  y la calidad de vida del país. ¡Acción¡ 

Enrique Ortega a partir de ¡Bienvenido Míster Marshall! de Berlanga

La imagen domina el mundo, sobre todo la producción audiovisual para TV e Internet, monopolizada por móviles y tablets. La industria audiovisual ha disparado su importancia en todo el mundo, empujada por internautas que demandan cada vez más contenidos. Los gigantes del entretenimiento (Netflix, Amazon, Disney, HBO Max, Peacock, Quibi y Apple) ya invirtieron en 2019 un total de 177.000 millones de dólares, manteniendo 14 millones de empleos en todo el mundo. Y el sector seguirá creciendo un 2,8% más hasta 2024, según la consultora PwC. El gran potencial de esta industria audiovisual lo demuestra las constantes noticias de compras y fusiones de empresas, en EEUU  (Disney compró 20Th Century Fox y CBS se fusionó con Viacom) y en Europa (la francesa Banijay compró Endemol, Canal+ (Vivendi) adquirió M7, Telia compró Bonnier BroadCasting y Vodafone adquirió Liberty Global).

El mayor impulso a la producción audiovisual lo están dando las series, que en Europa suponen ya más de la mitad de la producción audiovisual total, con casi 1.500 series producidas anualmente, la mitad de alto impacto. España ha pasado de ser el 4º país con más series producidas en 2018 al 2º país en 2020, tras Reino Unido: se produjeron 75 series de gran impacto, más del doble que en 2015, según PwC. Netflix llegó a España en 2015 y en 2019 inauguró en Madrid (Tres Cantos) su primera sede de producción europea, ampliando sus estudios en 2021, que se han convertido en el 2º mayor centro de producción de series de Europa, solo por detrás de los estudios Pinewood de Reino Unido. Y otras productoras españolas, como Mediapro o Bambú, se han lanzado al mercado de series, vendiendo sus productos con gran éxito al mercado internacional.

En España, el sector audiovisual facturó 10.279 millones de euros en 2019 y se prevé que crezca hasta facturar 12.012 millones en 2024, según un informe de PwC. Curiosamente, la parte del negocio audiovisual que más factura (3.150 millones en 2019) es la producción de publicidad para Internet, seguida de la producción de publicidad para TV (2.049 millones), donde España supone el 5º mayor mercado europeo. La tercera mayor rama del negocio es la producción audiovisual para TV (2.396 millones facturados en 2019), seguida de la industria de los videojuegos y e-Sports (deportes a través de Internet), que facturaron 1.700 millones en 2019 y donde España es el 9º país que más factura, con un tremendo potencial (520 empresas y 14.250 empleos). Y están a la cola del negocio audiovisual  el cine (624 millones facturados en 2019, siendo el 6º país europeo en títulos producidos)  y las plataformas de vídeo OTT (vídeos a través de Internet), una parte del negocio audiovisual con mucho futuro (España es el 2º país que más vídeos consume, tras Reino Unido) pero que de momento sólo factura aquí 323 millones de euros.

El sector audiovisual español tiene un gran potencial, como en el resto de Europa y del mundo, pero de momento gira alrededor de unas pocas grandes empresas (que facturan más de 50 millones de euros anuales y tienen centenares de trabajadores), ligadas la mayoría a las grandes TV privadas (Tele5 y Antena 3) y muchas pequeñas productoras independientes, con un tamaño reducido (facturan menos de 15 millones anuales y tienen unos  20 trabajadores) ,con acceso muy limitado al mercado internacional y la financiación. Por eso, el sector lleva años pidiendo ayudas para reforzar su capacidad y poder competir en un mercado cada vez más internacionalizado, dominado por las multinacionales USA.

En marzo de 2021, el presidente Sánchez presentó el Plan “España Hub audiovisual de Europa, para intentar convertirnos en el centro de atracción de la industria audiovisual europea, aprovechando tres ventajas de partida: el enorme consumo audiovisual de los españoles, la gran profesionalidad de la industria audiovisual española (sin tamaño y con poca financiación, 3 de las 20 series más vistas en Netflix en 2018 fueron españolas: La Casa de Papel, Élite y Las chicas del cable) y nuestro idioma (el español lo hablan o entienden 600 millones de personas en el mundo), además de ser un país con una buena calidad de vida y que puede atraer al talento extranjero.

El PlanEspaña Hub audiovisual de Europa prevé invertir 1.603 millones de euros entre 2021 y 2025, con un objetivo muy concreto: aumentar un 30% la producción audiovisual española para 2025, empujando todos los ámbitos del negocio: cine, series, cortos, animación, publicidad, videojuegos y e-Sports. Para conseguirlo, el Plan establece tres prioridades: reducir los costes administrativos y regulatorios para atraer a España parte de la producción audiovisual extranjera, mejorar la competitividad de las productoras españolas y generar talento audiovisual, reduciendo la brecha de género.

El Plan, que promueve el Ministerio de Economía (no el de Cultura), con la vicepresidenta Calviño a la cabeza, consta de 15 medidas, vertebradas en 4 ejes de actuación. El primero, atraer inversiones, internacionalizando y digitalizando la industria audiovisual, para lo que se ha creado una oficina única para asistir y ayudar a los productores extranjeros  y también a las productoras españolas que quieran internacionalizarse. El segundo eje es mejorar los instrumentos financieros y fiscales a los productores que trabajen en España: facilitar financiación (con el ICO, CESCE, Cofides, Empresa Nacional de Innovación) y conceder incentivos fiscales a las producciones audiovisuales en España. El tercero, facilitar la disponibilidad de talento, con planes de formación de especialistas y apoyando el acceso a las mujeres (hoy escaso).Y el cuarto eje, aprobar la reducción de barreras administrativas y las reformas legales que faciliten la producción audiovisual en España.

Unos meses después, en junio de 2021, en el Plan de Recuperación enviado a Bruselas, el Gobierno incluyó el sector audiovisual como una de las prioridades económicas, destinando 200 millones de los Fondos europeos. Y en noviembre de 2021, aprobaron dos reformas legales para apoyar al sector. La primera, un Decreto aprobado el 2 de noviembre, que facilita la entrada en España de profesionales audiovisuales extranjeros, para que hagan co-producciones con las productoras españolas: se facilitan los visados de trabajo y residencia, no sólo a actores y directores sino a todos los profesionales de la industria. Y la 2ª medida, la aprobación el 30 de noviembre de la Ley de Comunicación Audiovisual.

Esta Ley General de Comunicación Audiovisual traspone, con más de un año de retraso (debía haberse aprobado antes del 19 de septiembre de 2020), la Directiva Audiovisual Europea de 2018, aprobada por Bruselas para impulsar la industria audiovisual europea frente a la “invasión” de contenidos anglosajones y de EEUU. El gran objetivo de la Ley, como de la Directiva, es promover la industria audiovisual europea, por dos vías. Una, reservando el 50% del tiempo de emisión de la TV tradicional (y el 30% de las TV bajo demanda) a obras audiovisuales europeas, de las que el 50%  (el 30% en las TV bajo demanda) deberán ser en lenguas nacionales (español y lenguas cooficiales). Y la otra, forzando a las grandes plataformas a destinar un 5% de sus ingresos en España (en Francia es un 20% y en Italia el 17%) a financiar obras audiovisuales europeas de productoras independientes (un 3,5% a obras audiovisuales en cualquier formato, al menos un 15% en lenguas co-oficiales, otro 1,5% a la financiación de cine de productores independientes).

Además, la nueva Ley de Comunicación Audiovisual incluye principios generales para la producción audiovisual que se haga en España (como en Europa): defensa de valores, pluralismo, veracidad, autorregulación, protección de menores y horarios de protección reforzada, incluyendo en estas obligaciones no sólo a las TV (en abierto o de pago) y plataformas ubicadas en España sino también a las plataformas de intercambio de vídeos (hasta ahora no reguladas). Y se flexibilizan los límites de publicidad en TV (abierta y de pago), de acuerdo con la Directiva UE: se pasa del límite actual (12 minutos por hora, un 20%) a un límite más flexible según los horarios (144 minutos de 6 a 18 horas y 72 minutos entre 18 y 24 horas, el mismo 20%). Otra novedad es que se amplía las empresas que van a financiar a RTVE, que seguirá sin anuncios: junto a la TV en abierto (que aporta el 3,8% de su facturación) y la TV de pago (que aporta el 1,5%), la financiarán también las plataformas de intercambio de vídeos (como YouTube, Twich, Instagram o Vimeo). A cambio, las empresas de telecomunicaciones (Movistar, Orange-Mas Móvil y  Vodafone) dejarán de financiar RTVE, como pedían (han aportado unos 1.500 millones de euros en los últimos doce años).

Esta Ley de Comunicación Audiovisual ha sido un motivo de controversia política desde su gestación. Ya en 2021, Esquerra puso como condición para aprobar los Presupuestos de 2022 que la Ley concretara que el 0,525% de la facturación de las plataformas de TV debía ir a financiar producciones audiovisuales en lenguas co-oficiales, asegurando así 15 millones anuales para producciones en catalán, vasco y gallego. Y después, en el debate de la Ley en el Congreso (26 mayo 2022) provocó que Unidas Podemos se abstuviera en su aprobación (junto con el PP), un precedente insólito en una Ley aprobada por el Gobierno de coalición, que salió adelante con los votos a favor de PSOE, PNV y los dos grupos canarios y el voto en contra de ERC, Compromis y Bildu.

La polémica de la Ley Audiovisual, aprobada ayer en el Senado, reside en la consideración de lo que es un “productor independiente. Según el texto finalmente aprobado, se considera “productora independiente” (y puede optar al 5% de la financiación de los ingresos generados por las grandes plataformas) a las productoras vinculadas a grandes cadenas de TV (de Mediaset o Atresmedia)  que también consigan proyectos de otras cadenas o de otras plataformas. Lo que pedían las productoras independientes (las “pequeñas”),  y los grupos que han votado en contra o se han abstenido,  es que esa financiación fuera solo para ellas y se dejara al margen a las productoras ligadas a los grandes grupos de TV. El Gobierno, y concretamente la vicepresidenta Calviño, ha preferido “ampliar el marco y que la mayoría de las productoras españolas opten a la financiación para impulsar el sector en su conjunto.

A pesar de la polémica, se espera que la Ley y sus fondos públicos (europeos y españoles) den un fuerte impulso a toda la industria audiovisual española, para que sea una fuente de inversión y empleo en los próximos años, aprovechando el “boom audiovisual” en el mundo. Todo indica que es un sector de futuro, donde España puede competir y atraer proyectos y talento, apoyándose en el tremendo potencial del español. Se trata de convertir España en el Hollywood de Europa, para producir aquí series, películas, publicidad, cortos, videojuegos o competiciones de e-Sports. Riqueza y empleo a golpe de imagen. ¡Acción¡

jueves, 11 de octubre de 2018

Internet y móviles: guerra de ofertas


A la vuelta de vacaciones, las empresas de telecomunicaciones se han volcado en ofertas para “robarse clientes”, ofreciendo paquetes con fútbol y series. Y muchas son ofertas individualizadas, por teléfono, dirigidas a clientes concretos de determinadas compañías, lo que ha provocado denuncias. Incluso en octubre, las telecos siguen con esta “guerra de ofertas”, con la que han cambiado de compañía más de 3,5 millones de clientes este año. Y luego viene la campaña de Navidad. Pero no nos engañemos: la mayoría de clientes seguimos pagando lo mismo, que es más que antes, tras las subidas de 2016, 2017 y 2018, mientras en Europa las tarifas de móvil e Internet bajan. Y las tarifas volverán a subir en febrero o marzo, porque las telecos tienen que pagar sus enormes inversiones en fútbol, fibra óptica y redes. Pero poco podemos hacer, porque los clientes estamos “enganchados” a unos paquetes que nos ofrecen teléfono, Internet, móvil y TV. Ojo a la “droga digital”: hay que pagarla. 


enrique ortega

Las empresas de telecomunicaciones, aunque son un oligopolio (Movistar, Orange y Vodafone controlan el 90% de los accesos a Internet en los hogares  y el 81% de los contratos móviles), que sube las tarifas coordinadamente cada año (una detrás de otra), son de los pocos sectores que compiten “a degüello”, robándose clientes a golpe de ofertas. Y a la vuelta de vacaciones, las telecos han vuelto a la “guerra de ofertas”, iniciadas a mediados de agosto y principios de septiembre, para aprovechar la vuelta del fútbol y la Champions. Porque esta vez, la “guerra de las telecos” no se ha centrado en los móviles, sino en el acceso a Internet en los hogares, para ofrecer fibra y con ella TV la carta, sobre todo fútbol y series

La “guerra de ofertas” la inició Movistar, porque necesitaba recuperar con nuevos clientes la enorme inversión realizada con la compra de los derechos de emisión del fútbol por TV (Liga, Champions y competiciones europeas) para las próximas 3 temporadas, una subasta por la que pagó 4.000 millones de euros (aunque luego revendió los derechos de emisión a Orange). Sus ofertas se han centrado en la TV de pago, ofreciendo gratis por 6 meses (hasta enero 2019) el paquete Premium TV a los clientes que contraten el paquete Fusion +. Y a los clientes que cambiaran de otras telecos les ha ofrecido descuentos del 50% durante un año en los paquetes Fusion + Premium y los paquetes familiares Fusion.

Orange fue el segundo en lanzarse a la guerra de ofertas, a finales de agosto, ofreciendo a los clientes de otras compañías ofertas públicas para contratar fútbol (recomprado a Telefónica) y ofertas individualizadas, a clientes concretos, ofreciendo el 50% de descuento en sus paquetes de voz e Internet fijos y móviles más TV. Parece que muchas ofertas, tanto de Orange como de Movistar, se han hecho  de forma individualizada a “clientes futboleros” de Vodafone (son 350.000), que no compró fútbol esta temporada, lo que provocó que Vodafone denunciara a Movistar ante la Comisión de la Competencia (CNMC).

Vodafone, que esta temporada sólo ofrece los partidos de la Liga sin el Partidazo ni la Champions, se ha defendido de las ofertas de Movistar y Orange ofreciendo un año gratis de TV a la carta a viejos y nuevos clientes (hasta el 30 de septiembre) y descuentos del 50% por 2 años en sus paquetes de servicios (voz, Internet y móvil) a clientes de otras compañías.

En paralelo a esta “guerra de ofertas” de las primeras marcas, con el fútbol como “gancho”, se ha producido otra guerra de ofertas utilizando las segundas marcas, low cost, a partir del lanzamiento en España de O2 (low cost de Telefónica), que ha multiplicado las ofertas de las low cost de Orange (Jazztel, Amena y Simyo) y de Vodafone  (Lowi).

Y en medio de esta tremenda pelea comercial a la vuelta de vacaciones, MásMóvil, el cuarto operador de telefonía e Internet, ha tenido que enfrentarse sin fútbol a las ofertas de las tres grandes telecos y de sus compañías low cost. Y lo ha hecho, regalando gigas (duplica los gigas de sus tarifas móviles  a los clientes actuales y a los nuevos (que contrataran antes del 30 de septiembre), a la vez que mejora sus ofertas de fibra, tanto como Mas Móvil como a través de sus filiales low cost, como Pepephone, Yoigo o LlamaYA).

El resultado de esta guerra de tarifas ha sido un mayor “baile de clientes” entre compañías, que se suma al que ya se había producido antes. Así, en el primer semestre de 2018 cambiaron de operadora 3.670.000 clientes de móviles, el 7% del total de contratos (52,8 millones), una cifra récord  de traspaso de clientes, según las estadísticas de la Comisión de Competencia (CNMC). Y en el servicio de  acceso a Internet en los hogares, cambiaron de proveedor, entre enero y junio de 2018, casi un millón de familias, el 7% del total de contratos (14,5 millones).  El gran beneficiado de estos traspasos de clientes fue MásMóvil, que ganó en esos primeros 6 meses 363.200 clientes de móvil. Y en agosto y septiembre, la guerra de ofertas ha acelerado los trasvases de clientes y los ganadores han sido MásMóvil (ha ganado otros 90.000 clientes de móvil 35.000 de Internet en los hogares) y Movistar (+102.000 clientes de móvil y +22.030 de fibra entre agosto y septiembre), mientras han perdido clientes Orange (-60.960 de móviles y +10.600 de banda ancha) y sobre todo Vodafone, el gran “damnificado” por la guerra del fútbol, que perdió entre agosto y septiembre 154.420 clientes de móviles y 72.510 de Internet en los hogares.

Esta última “guerra de tarifas”, más la fuerte competencia comercial de los últimos años, han modificado el mercado telefónico en España. En móviles, donde se alcanzó en junio el récord histórico de 52.878.864 contratos (1,28 móviles por cada español mayor de 14 años), Movistar tiene 15,8 millones de clientes y el 30% del mercado (tenía el 43,90% en 2008), Orange tiene 13,9  millones  y ha subido al 26,30% (del 20,6% en 2008), Vodafone se le acerca con 12,8 millones de clientes y el 22,58% (en 2008 tenía el 31%) y el gran salto lo ha dado MásMóvil, que en menos de 2 años (empezó a operar en octubre de 2016) se ha hecho con el 10,80% del mercado de móviles (datos CNMC  junio 2018) y acaba de anunciar que ya tiene 6 millones de clientes de móviles.

Y en el mercado de acceso a Internet fijo (banda ancha), que ya llega a 14.570.000 viviendas y locales (7,6 millones por fibra óptica), un gran salto respecto a 2008 (estaban conectados 9,13 millones), es mucho mayor el control de Telefónica (por su gran inversión en fibra), que tiene aquí 5,95 millones de contratos, el 40,84% del mercado (56,4% en 2008), seguida de Orange (3,95 millones de contratos, el 27,1% del mercado, frente al 12,8% en 2008) y Vodafone, con 3,29 millones de clientes, el 22,58% de este mercado (frente al 4,3% en 2008, antes de comprar Ono, que le aportó el 15,2% de este negocio). Y lejos queda MásMóvil, con 755.330 clientes de banda ancha (5,18% en junio), pero conseguidos en menos de 2 años.

Ahora, todo apunta a que el mercado de móviles está bastante saturado y las telecos se van a volcar en el mercado de acceso a Internet en hogares y locales, el que más ha crecido estos años y donde se ve un gran potencial para hacer negocio, vendiendo la TV a la carta, series y cine, la estrategia en la que se está volcando Telefónica y Movistar. Ahí es donde se ha desarrollado la “guerra de ofertas”, no en móviles, gigas y velocidad como antes. Una “guerra de ofertas” que sigue este mes de octubre (Orange mantiene hasta el 5 de noviembre sus descuentos del 50% para los clientes que contraten fútbol y Movistar mantendrá su oferta de TV gratis a nuevos clientes hasta fin de año, mientras ofrece nuevas tarifas de Movistar Fusión con todo fútbol y fibra a 130 euros. Y así empalmarán con la habitual campaña de Navidad. 

Toda esta “guerra de ofertas” está dirigida a “robar clientes” de otras compañías, no a los clientes propios, que no han notado ninguna rebaja en sus tarifas, salvo más megas o más velocidad en algunos casos, para que no se vayan. La estrategia es gastar en promociones a costa de las subidas a los clientes que siguen, subidas que se iniciaron en 2016 y que han seguido, una o dos veces al año, en 2017 y 2018. De hecho, España va en esto a contracorriente de Europa, porque en otros paises han bajado las tarifas de Internet y móvil estos años, mientras en España suben. Y con ello, los españoles pagamos un 20% más por las tarifas de móviles e Internet que los principales paises europeos, según varios análisis.

Para el presidente de la Comisión de la Competencia (CNMC), pagamos más porque España es el único país europeo donde las telecos venden “paquetes” de servicios, donde nos cobran por recibir a la vez servicios de voz fija y móvil, acceso a Internet fijo y móvil, y TV de pago. Y al “paquetizar" estos servicios desde 2013, algo que no hacen en otros paises, el cliente paga más que si pagara sólo por los servicios que usa. Y las telecos tratan de ofrecer cada vez más cosas en estos paquetes (necesarias o no) para subir su coste mensual, ya elevado, asegurándose así unos ingresos fijos y una cierta fidelidad. En España, 14 millones de clientes tienen estos paquetes (diciembre 2017), según la CNMC, pero el que se ha disparado es el paquete quíntuple (teléfono fijo, móvil, Internet fijo y móvil más TV de pago), que tienen 5,5 millones de clientes (diciembre 2017), casi 2 millones más que en 2015 (3,6 millones). Y también crece, aunque menos, el paquete cuádruple (sin TV), que han pasado a tenerlo de 6,1 (2015) a 6,2 millones de clientes (2017), mientras se reducen los paquetes triples (sin móviles ni TV), de 0,6 a 0,2 millones, y sobre todo los dobles (solo teléfono fijo e Internet en casa), que han caído de 2,6 a 2,1 millones.

La estrategia de las telecos es que cada vez más clientes tengan el paquete quíntuple (con TV de pago), con el que más le “enganchan” y por el que cobran más: 96,60 euros de media al mes en 2017, según la CNMC (67,80 euros el paquete cuádruple). Y para eso, todas las telecos se empeñan en la batalla de la TV de pago, que ya tienen 6, 6 millones de españoles,  incluyendo más contenidos (Movistar va a incluir Netflix  para fin de año y las demás amplían acuerdos para ofrecer series y películas, el otro “gancho” junto al fútbol). Incluso MásMóvil se ha descolgado con que va a ofrecer una "TV de pago low cost", por 5 euros al mes, a partir de mediados de octubre, para "apuntalar su crecimiento". Y en paralelo a esta "guerra por la TV de pago", las telecos irán subiendo el precio de los paquetes convergentes, la próxima vez en febrero o marzo de 2019, como hicieron estos tres últimos años.

Así que las ofertas constantes y la “guerra de tarifas” no pueden hacernos olvidar que Internet y el móvil serán más caros cada año. Primero porque las telecos necesitan subir los precios, para compensar las enormes inversiones hechas en fibra óptica y red 4G, las inversiones que han de hacer en la telefonía móvil 5G y la disparatada factura del fútbol. Las telecos españolas han creado, a costa de enormes inversiones y de nuestro recibo, una enorme red de fibra óptica que es la tercera del mundo (tras Corea del Sur y Japón) y que cubre el 75% de los hogares (31,3 millones), una red tan grande como las de Alemania, Reino Unido, Francia e Italia juntas y donde han invertido más de 45.000 millones de euros. Pero, sobre todo, porque estas inversiones les permiten tener unas “autopistas digitales” muy potentes (envidia de otras telecos europeas), por donde pueden circular servicios muy potentes y de alto valor (TV, datos, Internet de las cosas), por los que cobrar cada vez más.

Las telecos no sólo necesitan subirnos las tarifas de Internet y móvil,  sino que además pueden”hacerlo sin demasiado riesgo, porque los clientes no tenemos alternativa (MásMóvil y las operadoras virtuales no ofrecen tantos servicios de calidad) y estamos totalmente enganchados” al móvil y a Internet. Y totalmente predispuestos a pagar más, si a cambio nos dan los partidos de la Champions, la última serie de moda o podemos descargar rápidamente juegos y vídeos. En estos momentos, hay 7,6 millones de españoles que se consideran “adictos” al móvil, según un estudio de Rastreator, y un 20% lo usan más de 5 horas diarias. Y 39 millones de españoles se conectan a Internet, navegando 5 horas y 27 minutos diarios de media. Una adicción que se paga “sin problemas” ni apenas protestas, aunque suba cada año, porque “no podemos vivir sin ello”.

En definitiva, no se deje llevar por las ofertas de móviles e Internet, porque son como las de los seguros: me cambio y ahorro hoy pero mañana, una vez que sea cliente, me suben el recibo , porque las telecos necesitan ingresar más para pagar las inversiones hechas en fibra, 4G, 5G, el fútbol y las series. No se deje enredar por la publicidad y contrate solo lo que necesita, para no pagar de más. Ojo a la “droga digital”: hay que pagarla.