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jueves, 29 de mayo de 2025

La exclusión digital de los mayores

Creemos que toda la gente está conectada a Internet y “enganchada” a todas horas, pero no es así: 3,5 millones de españoles mayores de 65 años no usan nunca Internet ni los servicios digitales básicos. En definitiva, que 1 de cada 3 mayores están “excluidos” digitalmente, mucho más los mayores de 75 años y los que viven en zonas rurales. El problema no es sólo que estos mayores “desconectados” se queden fuera de los servicios digitales sino que esta exclusión les aísla socialmente y tiene efectos negativos sobre su salud, agravando su deterioro cognitivo. No hay Planes específicos para reducir la brecha digital de los mayores y su reciclaje recae en ONGs que dan cursos digitales a mayores. Urge un Plan de reciclaje digital para mayores, con medios y personal, para ayudar a toda una generación a no perder los servicios digitales públicos y privados, desde el acceso a la sanidad a los servicios públicos y las ayudas, la información y el ocio. No podemos dejarles atrás.

                   Cursos digitales para mayores de Cibervoluntarios

En España hay más de 10 millones de personas mayores de 65 años (10.183.437 censados el 1 de enero, según el INE). Y más de 3,5 millones de estos mayores (1 de cada 3) no usan nunca Internet ni los servicios digitales básicos, según un  reciente estudio de UGT. Un grupo enorme de “excluidos digitales”, aunque se haya reducido tras la pandemia : eran 4,9 millones de mayores “desconectados” en 2019. Aunque parece que todo el mundo está conectado y enganchado a Internet, un 10% de la población española vive todavía al margen de Internet. Y el 83% de estos “excluidos digitales” tienen más de 65 años.

Los datos del INE de 2024 revelan los españoles que se han conectado a Internet en los últimos 3 meses, por edades. Si un 95,8% de toda la población se conectó alguna vez a Internet, ese porcentaje sube entre los más jóvenes (99,8% entre 16 y 24 años, 99,1% entre 25 y 34 años y 99,1% entre 35 y 44 años, sigue alto en la madurez (97,4% entre 45 y 54 años y 94,8% entre 55 y 64 años), pero baja drásticamente entre los mayores: sólo el 82,5% de los mayores entre 65 y 74 años se conectaron alguna vez a Internet en los últimos 3 meses. Y sólo el 44,5% de los que tienen más de 75 años. Ese 17.5% de mayores (65-74 años) que no se conecta a Internet en España es mayor que en el resto de Europa: no llegan al 3% los mayores “desconectados” en paises Bajos y paises nórdicos y suponen el 10% en Irlanda, Suecia o paises de Centro Europa, según los datos de Eurostat.

Si miramos los españoles que han utilizado Internet al menos 1 vez por semana en los últimos 3 meses, son el 95% de la población, según el INE, aunque superan el 99% las personas hasta los 34 años y son sólo el 79,9% entre los que tienen de 65 a 75 años. Y vuelve a caer drásticamente el porcentaje entre los mayores de 75 años: sólo el 41% se ha conectado a Internet al menos una vez por semana en los últimos 3 meses. Y si analizamos los que han utilizado Internet diariamente (al menos 5 días a la semana en el último trimestre), resulta que son el 91,5% de los españoles, aunque llegan al 99,8% entre los más jóvenes (16-24 años), al 98,9% entre 25 y 34 años, al 97,1% entre 35 y 44 años, el 94% entre 45 y 54 años, el 87% entre 55 y 64 años y sólo el 70,5% entre 65 y 74 años. Eso supone que un 29,5% de los mayores entre 65 y 74 años (2 millones) no usan diariamente Internet, según el INE. Y si miramos los mayores de 75 años, sólo lo usan así el 34,6%.

Ya no es sólo que un tercio de los mayores no utilicen Internet sino que tampoco utilizan otros servicios digitales, según el informe de UGT, elaborado con datos del INE y Red.es. Así, 4 millones de mayores de 65 años no tienen WhatsApp ni otros servicios de mensajería  para comunicarse: mientras los jóvenes lo tienen prácticamente el 100%, sólo lo utilizan el 60% de los que tienen entre 65 y 74 años y el 39,3% de los mayores de 75 años. Otro dato revelador: 6 millones de mayores (el 60%) no usan nunca el correo electrónico. Y también son 6 millones los mayores de 65 años que no buscan información en Internet sobre productos o servicios ni se informan en periódicos digitales ni operan con bancos online.

Otro dato preocupante es que los mayores no utilizan Internet para hacer trámites ni solicitar servicios públicos digitales. Así, sólo un 29% de los mayores de 65 años conciertan citas médicas a través de Internet (menos de la mitad que la media española), un trámite muy útil que no utilizan más de 7 millones de mayores españoles. Y son más de 5 millones los mayores que no utilizan la tecnología para nada relacionado con la salud (consulta de citas e historiales médicos, tratamientos y pautas farmacéuticas, etc.). En general, la mayoría de los mayores (51,3%) no hacen trámites online en la Administración: ni pagar impuestos, ni solicitar ayudas, ni concertar citas o tramitar solicitudes y expedientes, según el estudio de UGT.

Los mayores también realizan muchas menos compras online, según los datos del INE (2024): sólo un 26,2% de las personas entre 65 y 74 años compran online (más de 5 millones de estos mayores no acceden al comercio electrónico), mientras lo hacen el 44,9% de los que tienen entre 55 y 64 años, el 60,5% de los que tienen entre 45 y 54, el 69,8% de los que tienen entre 35 y 44 años, el 71,8% de los que tienen entre 25 y 34 años y el 63,3% de los jóvenes de 16 a 24 años. Y ojo: sólo compran online el 7,4% de los mayores de 75 años. Y si miramos su acceso a redes sociales, el 75% de los mayores de 65 años (unos 7,7 millones de personas) no participan en redes, aunque el 40% sí tiene una cuenta en TikTok.

La desconexión digital de los mayores tiene mucho que ver con su bajo nivel de competencias digitales, según el Observatorio Nacional de Tecnología y Sociedad (ONTSI): un 47,3% de los mayores de 65 a 74 años tienen un nivel bajo o inferior y otro 32,8% tienen un nivel básico, con lo que sólo un 19,9% de estos mayores tienen un nivel digital avanzado. La menor formación y la mayor desconexión digital se da en las zonas rurales, según el estudio, sobre todo en los pueblos de la España vaciada que además tienen peor acceso a Internet. Y el mayor problema de brecha digital está en los mayores de 75 años (3 millones de personas), según la experiencia de la ONG “Cibervoluntarios”: por su edad, han tenido menos exposición previa a la tecnología y tienen más inseguridad y más temor a todo lo digital.

Sin embargo, los mayores son conscientes de esta “brecha digital” y les preocupa mucho: de hecho, el retraso digital es la 4ª mayor preocupación de los mayores españoles, tras la salud, las pensiones y la seguridad, según una Encuesta a mayores de la Asociación 65ymás. Y no es para menos, ya que los expertos reiteran los múltiples impactos negativos que tiene la brecha digital de los mayores. Uno, la desigualdad de oportunidades que conlleva, al restringir sus oportunidades de desarrollo (personal y profesional) y excluirles de servicios básicos: citas médicas, plataformas de ayudas y cuidados, banca digital…Pero es que además, la brecha digital aísla a los mayores de su entorno (familiares, amigos, vecinos…) y tiene un impacto negativo en su salud, tanto física como mental: la “desconexión puede generar frustración, sensación de inutilidad y depresión, según muchos expertos.

De hecho, varios estudios médicos realizados entre 400.000 mayores han revelado que los adultos mayores que usan móviles e Internet “tienen menores tasas de deterioro cognitivo, menor riesgo de sufrir problemas de demencia senil y Alzheimer. Y otro estudio reciente, elaborado por la Fundación BBVA e Ivie, coincide en señalar que la formación es clave para que los mayores vivan mejor y más sanos: cuanto más formado esté un mayor (ya desde los 55 años), más sano envejecerá  y menos problemas de salud y dependencia tendrá al final de su vida, tras la jubilación.

El Gobierno español ha dedicado una parte de las inversiones del Plan de Recuperación a reducir la brecha digital de los españoles (mayor que la de la mayoría de europeos), pero con programas más dirigidos a colectivos marginados que a mayores. Así, el Plan Nacional de Competencias Digitales ha formado ya a 344.855 personas en competencias digitales trasversales”, básicamente a “ciudadanos desfavorecidos” (146.419), niños en situación vulnerable (57.846) y habitantes de zonas rurales (otros 85.795). Pero no se ha hecho un Plan específico de formación digital para mayores, algo en lo que trabajan varias ONGs: Cibervoluntarios, Fundación Alicia y Guillermo, Fundación la Caixa, Fundación Esplai, Asociación de Mayores de Telefónica

Para muchos expertos, el problema de fondo es “el edadismo digital”: los mayores “son objeto en España de una discriminación social y esa discriminación se ha trasladado a la brecha digital”, según un estudio de la Universidad Abierta de Cataluña (UOC). Según sus investigaciones, es el edadismo y no la edad de las personas lo que influye en que los productos digitales no estén diseñados para personas mayores. Y nos encontramos ante un “círculo vicioso” que perpetúa la exclusión digital de los mayores: los estereotipos y prejuicios ante los mayores (“no tienen interés y no quieren aprender”) mantienen diseños y ofertas digitales que no están pensados ni diseñados para mayores, lo que les retrae. Por eso, la UOC ha puesto en marcha un proyecto (#viejismo) para adaptar la digitalización a los mayores, atacando el “edadismo” y superando prejuicios y temores.

Parece claro que avanzar en la digitalización de los mayores exige un abanico de medidas en varios campos. Por un lado, poner en marcha Programas de alfabetización digital, cursos accesibles y adaptados para mayores, que faciliten el acceso a Internet, teléfonos inteligentes, ordenadores, tablets. Por otro, facilitar el acceso a Internet y a dispositivos de mayores que viven en zonas rurales y con problemas de vulnerabilidad , apoyados en personas físicas que les ayuden a moverse por la Red (incluso asistencia a domicilio). Y en paralelo, hay que avanzar en un diseño digital más amigable y accesible para mayores: interfaces intuitivas, botones y letras grandes, opciones de asistencia de voz y configuraciones personalizables. Y manteniendo vías alternativas de atención (telefónica, personal) en los servicios, sobre todo sanidad y Administración pública, también la banca.

En resumen, que vivimos en una sociedad cada vez más digital pero una gran parte de las personas (más de 3,5 millones de mayores) están “perdiendo este tren”, desconectados” y sin acceso a servicios básicos digitales, en especial la salud y la comunicación. Y esta “brecha digital” tiene además un alto riesgo, porque aísla a estos mayores de su entorno y favorece su autoestima y las depresiones, perjudicando su salud y su deterioro cognitivo. Hoy por hoy, los mayores ya suponen un 20% de la población y serán el 30% en 2050. Así que resulta prioritario incorporarlos al reto digital, no sólo para que se beneficien de servicios públicos y privados imprescindibles sino para que se integren mejor en la sociedad y envejezcan más sanos. No podemos “dejar atrás” a 1 de cada 3 mayores.

jueves, 3 de octubre de 2024

5,5 millones de españoles viven solos

En más de la cuarta parte de los hogares españoles viven personas solas: hay 5,5 millones de hogares unipersonales en 2024, casi el doble que en 2003. Y casi la mitad de estos españoles que viven solos son mayores de 65 años, las tres cuartas partes mujeres. Eso agrava la salud de nuestros mayores y provoca depresiones y otras enfermedades, mientras apenas reciben ayuda en casa. Pero la soledad no deseada no sólo afecta a los que viven solos (algunos porque quieren), también a toda la sociedad: el 20% de los españoles se sienten solos, en especial jóvenes (aunque tengan familia y estén digitalmente conectados)  y mayores de 75 años. Esto provoca problemas mentales, suicidios y depresiones, con un alto coste sanitario y económico. El Gobierno ha prometido una Estrategia contra la Soledad no deseada que no llega, mientras autonomías y ayuntamientos toman medidas descoordinadas. Los expertos piden mejorar los mecanismos de detección y más recursos para paliar la soledad no deseada, una pandemia de nuestro tiempo.

                   2.450.000 mayores viven solos en España

Entre los grandes cambios que ha sufrido España en las últimas décadas está la forma de vida, el tipo de familia que se crea: hemos pasado de hogares con muchos miembros (padres, hijos y abuelos) a hogares con menos personas. Así, el tamaño medio de los hogares ha pasado de 3,82 miembros (1970) a 2,54 (2021) y 2,41 personas por hogar en 2024, según el INE. Y actualmente, de los 19.370.408 hogares que hay en España, según el Censo del 1 de julio de 2024, el hogar más frecuente es la vivienda donde viven 2 personas (5.576.100, el 28,78% del total), pero le siguen muy de cerca los hogares una persona sola : son ya 5.452.100 hogares unipersonales, el 28,14% del total. Y les siguen lejos los hogares con 3 personas (3.877.021) y los que tienen 4 o más personas (4.464.644 hogares).

Lo más llamativo es el salto que han dado los hogares unifamiliares, donde viven personas solas: eran 3 millones en 2003 y casi se han duplicado hasta los 5,45 millones actuales. Eso se debe, básicamente, al progresivo envejecimiento de la población y el aumento de la esperanza de vida (de 79,70 años en 2003 y 84,12 años en 2024), junto al cambio en las relaciones sociales, con un aumento de separaciones y divorcios, así como de personas que eligen vivir solas. El mayor número de hogares unipersonales se registra en Andalucía (910.000), seguida de Cataluña (828.230), Madrid (687.683), Castilla y León (370.429), Galicia (345.912), Castilla la Mancha (240.156) y Canarias (234.311 hogares unipersonales), según el INE. Pero si miramos las autonomías con más peso de estos hogares, el mayor porcentaje de personas que viven solas se da en Castilla y León (35,16% de los hogares, frente al 28,14% de media en España), Asturias (33,96%), La Rioja (31,9%), Extremadura (31,2%), País Vasco (31%) y Cantabria (30,69%), la mayoría regiones con mucha población mayor. 

Y eso, porque casi la mitad de los que viven solos son mayores de 65 años: en 2020, el último año donde el INE publica datos detallados, el 43,64% de los que vivían solos tenían 65 años o más, un porcentaje que había aumentado desde 2013 (cuando eran el 40,92% de los que vivían solos). Así que ahora, en 2024, puede estimarse que el 45% de los que viven solos son ya mayores: 2.450.000 mayores que viven solos, 645.000 más que en 2013. Y además, la amplia mayoría de estos mayores solos son mujeres (viudas en su mayoría, porque la esperanza de vida de las mujeres, 86,20 años, es muy superior a los hombres, que está en 80,74 años): en 2020, las mujeres que vivían solas suponían el 71% de hogares unifamiliares y hoy se estima que las mujeres serán el 75% de los que viven solos.

Los datos son muy llamativos sobre el avance de los hogares unifamiliares en las últimas décadas, pero España es uno de los paises europeos con menos porcentaje de personas que viven solas, también mayores. El porcentaje de viviendas unifamiliares en España (28,14% del total) es alto, pero se supera en Centroeuropa y sobre todo en los paises nórdicos, donde oscila entre el 25 y el 35% de los hogares, según Eurostat. Y sobre todo, el porcentaje de población que vive sola es mucho menor en España: suponen el 10,3% de la población total, frente al 14,8% de media en la UE-27, el 20,9% en Alemania, el 21,2% en Finlandia o el 22,2% que viven solos en Dinamarca, según datos del INE.

Lo mismo pasa con los mayores. En España, el 25,2% de los mayores de 65 años viven solos, un dato muy preocupante, pero inferior al porcentaje de mayores que viven solos en toda la UE-27 (el 32,5%), en Francia y Alemania (el 36,2% de los mayores viven solos), Reino Unido (34,8%) o Italia (28,5%), aunque el porcentaje de viejos solos es menor en Chipre (16,6%), Grecia (24,4%), Eslovaquia (24,5%) y Portugal (24,8%), según el INE. En todo el mundo, se estima que 1 de cada 7 personas mayores de 60 años viven solos (el 14,2%), pero el reparto es muy desigual: hay más mayores viviendo solos en Norteamérica y Europa (en torno al 35%) y muchos menos en Asia, Latinoamérica y África  (en torno al 10%).

Muchos de las casi 5,5 millones de españoles que viven solos lo han elegido así, porque se han emancipado, están solteros (casi 400.000) y no tienen pareja, están casados pero viven solos (120.000)  o se han separado (86.000)  y divorciado (200.000 de los que viven solos). Pero casi la mitad, esos 2,45 millones de mayores que viven solos están en esa situación, mayoritariamente, porque están viudos/viudas (1.400.000), así que no les queda más remedio que vivir solos (o “repartirse” entre sus hijos o ir a una residencia).

El mayor problema reside pues en la soledad no deseada de los mayores, que va a ir a más, porque en las próximas décadas se van a jubilar (y morir) los españoles nacidos con el “baby boom” (entre 1960 y 1975). La previsión es que si hoy, un 20,4% de los españoles tienen más de 65 años (y una cuarta parte viven solos), en 2055 serán mayores el 30,55% de los españoles, según las proyecciones del INE. Así que la soledad de los mayores aumentará en los próximos años, agravándose con ello los problemas que causa.

El grave problema que tienen los mayores que viven solos es su “aislamiento social”, la menor relación con familiares, amigos y vecinos: un estudio de la Junta de Andalucía reveló que los mayores que viven solos tienen hasta 4 veces más de aislamiento social que el resto. Y este mayor aislamiento social supone  un grave riesgo para la salud de los mayores solos: todos los estudios nacionales e internacionales insisten en que esta soledad no deseada provoca depresión, ansiedad y trastornos del sueño, problemas de movilidad (salen menos a la calle) y caídas), problemas de concentración y deterioro cognitivo, mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares, ictus y diabetes, además de deficiencias nutricionales (les da pereza cocinar y hasta hacer la compra), además de tener más problemas para cumplir con la medicación (aunque en las farmacias les ayudan con los pastilleros…). Y en ocasiones, esta soledad no deseada lleva a los mayores al abandono y al suicidio: en 2023, de los 3.952 suicidios registrados por el INE, el 30,2% (1.194) fueron de mayores de 65 años.

Pero el problema de la soledad no deseada no afecta solo a los mayores. Vivimos en una sociedad donde “cada vez hay más gente que se siente sola, aunque viva acompañada”. Ya no se trata sólo de la típica viuda, sino de muchos de sus hijos y sobre todo nietos. De hecho, el último Barómetro de la Soledad no deseada en España, publicado en junio de 2024 por la ONG Soledad.es y la ONCE, alerta que 1 de cada 5 españoles encuestados (el 20%) sufren “soledad no deseada” (el 21,8% de los hombres y el 18% de los hombres). Y además, 2 de cada 3 de estas personas que se sienten solas “llevan en esta situación más de 2 años”. Y la soledad se siente más entre las personas que viven solas (el 34,5% de los afectados viven en hogares unipersonales) que en el resto de hogares (17% se sienten solas).

Lo más llamativo de este Barómetro es que quienes se sienten más solos son los jóvenes: sienten soledad no deseada el 34,6% de los jóvenes de 18 a 24 años. Y además, un 27,1% entre 25 y 34 años y un 20,8% los que tienen entre 35 y 44 años, bajando a partir de esa edad la sensación de soledad, incluso a partir de los 65 años (solo el 14,5% de los que tienen entre 65 y 74 años se sienten solos y un 20% de todos los mayores de 75 años). Choca esa sensación de “soledad no deseada” en las generaciones más conectadas y con más relaciones, aunque los expertos alertan de que muchas de las relaciones juveniles son digitales, a través de las redes sociales y “no les llenan” afectivamente. El Barómetro revela también que la soledad es mayor en las personas con menos formación, en los hogares con menos recursos y en las ciudades (en los mayores, en las zonas rurales).

Para muchos expertos, la “soledad no deseada” es una de las pandemias de nuestro tiempo, en todo el mundo y también en España. Y afecta muy negativamente a la salud, aumentando la depresión y las enfermedades mentales, así como el consumo de alcohol, drogas, ansiolíticos y antidepresivos. Y tiene también un efecto directo en la economía, al aumentar las bajas laborales y reducir el interés por el trabajo y la productividad. Por todo ello, algún estudio señala que el coste económico de la soledad no deseada alcanza los 14.141 millones de euros anuales (el 1% del PIB español), una parte por costes en sanidad (5.600 millones) y medicamentos (500 millones) y por pérdida de productividad (8.041 millones). Con todo, el mayor coste es el deterioro de la calidad de vida y las muertes y suicidios inducidos.

¿Qué se puede hacer?  La primera receta en la que coinciden la mayoría de expertos es detectar y prevenir la soledad no deseada, algo que exige especialistas y medios, que no existen ni en la sanidad pública ni en la enseñanza o las empresas. Sería importante formar a los médicos de familia y crear unidades de detección de la soledad no deseada en los Centros de Salud, así como en Colegios, Institutos y Universidades. Y en las empresas, dentro de una política integral de detección de riesgos laborales. Y a partir de ahí, contar con medios y profesionales para atender a los afectados, algo escaso en la mayoría de las autonomías y ciudades donde hay más soledad no deseada.

Con todo, la prioridad debe ser atender la soledad de las personas mayores, esos millones de mayores que se levantan cada día sin ver a nadie y con la única compañía de la radio o la TV. Que se encierran en casa y no salen casi a andar o hacer la compra y no hablan con los vecinos (que a veces dan la alarma porque no les ven y es porque han muerto…). Estas personas mayores solas requieren algún tipo de atención y ayuda pública, aunque hoy está centrada en los mayores dependientes, los que tienen problemas para valerse por sí mismos. Pero la ayuda a la Dependencia es escasa: hay 1.471.946 Dependientes (mayores y jóvenes) que reciben alguna ayuda, la mayoría una pequeña aportación para  un cuidador o la familia. Y sólo hay 496.887 que reciban teleasistencia, 344.899 que reciben ayuda a domicilio (unas pocas horas a la semana) y 107.163 Dependientes que acuden a Centros de Día… Medidas que ayudan pero son insuficientes.

El Gobierno, a través del ministro de Asuntos Sociales (Pablo Bustinduy) ha anunciado en varias ocasiones que “prepara” una Estrategia para combatir la soledad no deseada, pero no acaba de aprobar nada. Y si no consigue aprobar el Presupuesto 2025, no habrá nuevos recursos para ello. Mientras, el ministro ha pedido “un amplio consenso” entre las distintas administraciones y organizaciones sociales, porque cada uno trabaja a su aire: hay muchas autonomías, Ayuntamientos y ONGs que tienen Planes para combatir la soledad no deseada, sobre todo de los mayores. Pero falta un Plan que fije prioridades, que tenga recursos y que coordine actuaciones. Porque hoy por hoy depende de cada región y de cada ciudad. Así, en Madrid (donde hay 276.000 mayores que viven solos), la Comunidad tiene un programa de atención a mayores solos y el Ayuntamiento otro, mientras múltiples ONGs y voluntarios ayudan y acompañan a mayores solos. Y la Diputación de Guadalajara, con ACCEM y Cruz Roja, reparten comida a los mayores que viven solos en zonas rurales…

Hace falta un Plan estatal contra la soledad no deseada, apoyado por autonomías, Ayuntamientos y ONGs. Pero sobre todo hay que detectar y valorar el alcance del problema, establecer prioridades y tomar medidas, con dinero y personal. Por justicia, por salud física y mental y también porque nos ahorraríamos muchos costes. Pero no parece que este sea un problema importante para nuestros políticos, desde el Estado a autonomías y ciudades. Y mientras, nuestros mayores (y muchos de nuestros jóvenes) sufren una soledad aplastante y angustiosa, muy preocupante. Es otro gran contrasentido: vivimos en una sociedad desarrollada, con un alto nivel de vida y cada vez más solos. Tremendo.

lunes, 18 de diciembre de 2023

Jóvenes: viven peor que sus padres y abuelos

Los jóvenes menores de 35 años son “la generación perdedora” en España en este siglo, según un reciente estudio: han formado menos hogares, tienen menos ingresos y riqueza que en 2002 y posen menos viviendas, además de tener más pobres. Y en contrapartida, han mejorado ingresos y riqueza sus padres y sobre todo sus abuelos: los mayores de 65 años son “la generación ganadora” en España este siglo. Y ese mayor colchón, sobre todo por la mejora de las pensiones, les permite ayudar a hijos y nietos: un tercio de los mayores ayudaron a sus hijos  llegar a fin de mes el último año. Una red de ayuda familiar que ha evitado una mayor desigualdad intergeneracional pero que no puede ocultar el grave problema que tenemos, según alertó la OCDE: demasiados jóvenes en paro y con empleos y sueldos precarios, que no pueden emanciparse y formar una familia. Ahora tienen un nuevo Ministerio, pero faltan Planes para darles una salida vital.

                    Enrique Ortega

La primera novedad en el excelente Informe sobre la España de este siglo, elaborado por la Fundación AFI Emilio Ontiveros, es el gran aumento de población: hemos pasado de ser 40,5 millones de habitantes en el año 2000 a 47,5 millones en 2022. Un aumento de población de 7 millones de personas (+17%), muy superior al del resto de Europa: +12% en  Francia, +4% en Italia y sólo un +1% de aumento en Alemania estos 22 años. Un aumento récord de la población, a pesar de la caída de la natalidad, debido casi totalmente a la llegada de inmigrantes extranjeros (6 de los 7 millones de aumento de la población). En paralelo, también han crecido los hogares españoles, de 14,7 millones en 2002 a 18,8 millones en 2020, un +28%, el doble que aumentó la población. Y eso se debe a que ahora los hogares son más pequeños, con menos personas: de 2,8 en 2000 se ha pasado a 2,5 de media. El motivo: que ahora hay más hogares unipersonales (el 26,3% en 2020 frente al 20,8% en 2002) y con sólo 2 personas (el 30,3% frente al 25,9% en 2002), el 55% de todos los hogares hoy (cuando en 2002 eran el 45%).

Otro cambio importante, junto al menor tamaño de los hogares, es que los hogares formados por jóvenes se han desplomado: si en 2002, el 14,7% de los hogares españoles tenían de cabeza de familia a un joven (menor de 35 años), en 2020 sólo el 6,7% de las familias tenían un cabeza de familia joven. Y también ha caído el porcentaje de familias de 35 a 44 años (del 21,9% al 19,5% en 2020). Sin embargo, los hogares con un cabeza de familia mayor de 45 años han ganado peso, del 63,4 al 74,8% del total. Esto se debe no sólo al envejecimiento de la población española sino especialmente a la drástica caída de hogares jóvenes, por falta de empleo y recursos para emanciparse y formar una familia.

El estudio de la Fundación AFI resalta que España ha crecido mucho en este siglo (el PIB se ha duplicado, de 647.851 millones de euros en 2000 a 1.346.377 millones en 2022), pero ha sido básicamente por el enorme aumento de la población, porque hay mucha más gente trabajando (sobre todo inmigrantes): 21,26 millones de ocupados hoy frente a 17,81 en el año 2.000 (trabajan 3,5 millones de personas más). Pero el problema, destaca el estudio, es que España se ha estancado: produce por habitante lo mismo en 2022 (17.236 euros de renta bruta disponible per cápita)  que en 2002 (17.236 euros en términos reales). Eso significa, además, que España ha ampliado la “brecha” (distancia) de productividad con Europa: si en 2002 producíamos el 80% de la media europea por habitante, en 2022 produjimos el 72,88%. Y nos hemos distanciado también de Alemania  (67,6% de su PIB por habitante en 2002 y 58,42% en 2022) y Francia (del 78,34 al 69% ahora), aunque hemos reducido distancia con Italia (del 73,3% al 79,8% de su PIB por habitante).

En términos de hogares, no de PIB por habitante, la “brecha” (distancia) de España con la Europa rica es mayor, porque en estos años se ha reducido además el tamaño de los hogares españoles. Por un lado, la renta media bruta por hogar (antes de pagar impuestos y cotizaciones), descontando el efecto de la inflación, era de 38.000 euros en 2022, inferior a los 40.000 euros por hogar en 2002, según la Fundación AFI. Esta renta media bruta no sólo ha caído en este siglo en términos reales (descontando la inflación) sino que también ha aumentado la distancia con la renta media de los hogares europeos: en 2022 era un 15% inferior a la de Alemania, un 13% inferior a la de Francia y un 10% inferior a la media de la zona euro, siendo sólo un 7% superior a la renta media por hogar de Italia.

Dentro de España, también hay una “brecha” de ingresos entre los hogares según la edad del cabeza de familia, penalizando a la generación más joven, según demuestra el estudio. Lo normal es que la mayor renta se consiga en las edades intermedias y luego baje entre los mayores: por eso, la mayor renta se obtiene en los hogares de 35 a 44 años (33.120 euros en 2022), seguida de los hogares entre 45 y 64 años (30.000 euros), los de menos de 35 años (27.500 euros), los hogares entre 65 y 74 años (25.500 euros) y los mayores de 77 años (17.500 euros). Pero la sorpresa salta cuando el Informe AFI compara estos ingresos de los hogares hoy con los de esas edades en 2002. Y resulta que en todas las edades han caído los ingresos, salvo en los hogares mayores de 65 años, cuyas rentas han crecido en este siglo: un +18,6% los hogares con el cabeza de familia de 65 a 74 años y un +25% los hogares encabezados por un mayor de 77 años. En el resto, las rentas han caído este siglo, sobre todo en los hogares encabezados por un menor de 35 años: ingresan 27.500 euros ahora frente a 32.500 euros en 2002 (-15,4%).

En consecuencia, las tres crisis de este siglo (la crisis financiera de 2008-2013, la pandemia de 2020 y la crisis por la alta inflación y la guerra de Ucrania de 2022) se han cebado sobre todo en los hogares encabezados por jóvenes (menores 35 años), que tienen empleos y sueldos más precarios,  mientras han salido ganando los hogares encabezados por mayores de 65 años, que tienen mayores ingresos, por el cobro de mayores pensiones ahora derivadas de cotizar por sueldos mayores en las décadas finales del siglo XX.

Otra peculiaridad de España frente al resto de Europa es que los hogares españoles ahorran mucho menos y con grandes altibajos, según revela el Informe AFI. En el año 2.000, los hogares españoles ahorraban sólo el 9,5% de su renta disponible, frente al 12,5% la zona euro y Francia, el 16,5% los alemanes y el 12% los italianos. En 2007, en pleno “boom”, el ahorro de los españoles cayó al 3% y en 2009, con la crisis financiera subió al 12%, para bajar después al 5% entre 2013 y 2017. Y aunque el ahorro se disparó con la pandemia, más en España (25% de la renta) que en Europa (23%), ha vuelto a caer al 8% en España en 2022, frente al 14% en la zona euro y el 21% de la renta en Alemania. Los expertos creen que en España hay “mayor propensión al consumo que al ahorro”, ayudado por un mayor apoyo entre las redes familiares y unas pensiones más “generosas” (la pensión media supone el 80,4% del salario medio en España frente al 59,9% de media en Europa, según la OCDE). 

Además de ahorrar menos y consumir más, los hogares españoles también invierten, aunque mayoritariamente lo hacen en comprar una vivienda  (representa hasta el 80% de los activos de las familias) y sólo los hogares con más renta invierten en activos financieros (que representan el 20% de las inversiones de los hogares), sobre todo en depósitos (el 40% de las inversiones financieras de las familias), los Fondos (12%) y valores y bonos (7%), con un menor peso que en Europa de las inversiones en Planes (7%) y seguros (otro 7%). Y otra diferencia con Europa: los hogares españoles se han endeudado mucho más que los europeos, sobre todo para comprar un piso, aunque también para invertir. De hecho, entre 2007 y 2010, la deuda de las familias españolas llegó a representar el 144% de la renta bruta disponible, muy por encima de la tasa de deuda europea (110%) y mundial. Eso sí, tras la crisis financiera, los hogares españoles se han desendeudado y en 2020, la tasa de endeudamiento bajó al 90% de la renta bruta disponible en España,  inferior a la de la zona euro (107%). Pero ahora, tras las 10 subidas de tipos de interés, un 15% de los hogares tienen todavía una deuda excesiva, según el Banco de España.

Curiosamente, los hogares españoles acumulan una mayor riqueza que los hogares europeos, porque la mayoría (el 73%) tienen su vivienda en propiedad, a diferencia de Europa (61% hogares con vivienda en propiedad en la zona euro, 78% en Italia, 59% en Francia y 43% en Alemania. Y eso aumenta su patrimonio, al haberse revalorizado mucho la vivienda en este siglo. Pero ojo, esto ya no se cumple con los hogares jóvenes: si en 2002, el 67% de los hogares jóvenes (menores 35 años) tenían su casa en propiedad, en 2020 sólo eran propietarios el 36% de los hogares jóvenes, frente al 73% de propietarios entre los hogares de 45 a 54 años y el 84% de propietarios entre los hogares hoy encabezados por mayores de 55 años (cuyo porcentaje de propiedad no ha caído apenas). Eso supone un cambio drástico en el modelo de tenencia de la vivienda y una enorme dependencia de los hogares jóvenes del alquiler, lo que reduce su renta disponible.

Otro elemento clave que analiza el Informe AFI es la riqueza de los hogares españoles, conseguida tras años de ingresos, compra de vivienda e inversiones. Y refleja 2 evidencias. Una, que la riqueza neta crece hasta determinada edad  y que luego decrece, porque las familias “tiran” de la riqueza y el ahorro acumulado. Precisamente, esa edad donde los hogares alcanzan su mayor pico de riqueza ha aumentado: si en 2002 estaba entre 55 y 64 años, ahora el pico de acumulación, el máximo de riqueza se da más tarde, entre los 65 y 74 años. Y la otra evidencia que refleja el estudio es que son los hogares encabezados por mayores de 65 años los que más han mejorado su riqueza real: un +53,8% los que tienen entre 65 y 74 años y un +70% los mayores de 70 años. El resto han visto caer su riqueza real en este siglo (por el deterioro de sus ingresos comentado antes y un menor patrimonio para revalorizar). Y otra vez más, los que han visto una mayor caída de su riqueza neta son los jóvenes (menores de 35 años): un -63%, más que los hogares entre 35 y 44 años (-41,6% caída riqueza este siglo) y los que tienen entre 45 y 54 años (-27,2%). 

En resumen, que los jóvenes aparecen con claridad como “la generación perdedora” en este siglo, con la mayor caída en el número de hogares, en la renta disponible, en la propiedad de la vivienda y en la riqueza real conseguida. Y los “ganadores” son sus abuelos, los mayores de 65 años, aunque también salen mejor parados sus padres (35 a 65 años). Ya la OCDE alertó en octubre a España de que tenemos un grave problema con los jóvenes: altísimo paro (28% entre menores de 25 años frente al 14,8% en la UE-27), baja ocupación (38,8% entre 15 y 29 años frente al 49,2% en la UE-27 y el 61,7% en Alemania), excesiva precariedad (35% contratos temporales, el triple que en Europa) y bajos salarios (el sueldo medio menores 29 años ronda los 13.830 euros brutos, la mitad que en el conjunto de trabajadores). Y eso provoca que un 22,3% de los jóvenes (16 a 29 años) estén en situación de pobreza (ganan menos del 60% de la media española), incluso trabajando, y dos tercios (el 66% de jóvenes de 18 a 34 años) sigan viviendo con sus padres, frente al 49% en Europa. E incluso, que un 16% de los jóvenes españoles tengan problemas de salud mental, según la OCDE.

En definitiva, los jóvenes españoles han sufrido duramente las crisis de este siglo y viven hoy peor de lo que vivían sus padres en el año 2.000. Mientras, sus padres y abuelos, que viven mejor, les están ayudando, lo que evita que su situación sea aún peor, según revela una Encuesta hecha por la Fundación BBVA a 1.127 mayores de 60 años. De hecho, un 37% de los mayores de 60 años afirma haber ayudado a sus hijos en el último año para afrontar gastos cotidianos, como hacerles la compra, pagarles los recibos de luz o agua o darles dinero para llegar a fin de mes. Sin olvidar que un 51% reconoce haber ayudado a sus hijos a independizarse, un 72% les ha prestado ayuda para formarse y otro 16% les ha ayudado económicamente para emprender un negocio o invertir. El estudio concluye que estas ayudas de los mayores a sus hijos han sido claves para que en España no haya más pobreza y desigualdad, para que muchos jóvenes hayan sobrevivido a las crisis.

A pesar de estas ayudas, que “parchean” la situación, España tiene un grave problema con los jóvenes, según alertó en octubre la OCDE: su preocupante situación es “un lastre para el potencial de crecimiento futuro” del país. Y por eso, pedían al Gobierno medidas educativas (mejora de la formación, desde la escuela a la FP y la Universidad), medidas laborales (para promover la empleabilidad de los jóvenes y el relevo de los mayores) y medidas en la vivienda, para mejorar las ayudas al alquiler y promover viviendas para familias jóvenes, con financiación accesible y avales públicos. También urgen otras políticas, desde el ocio a la integración social y política de la juventud, para evitar su aislamiento social o su deriva a posiciones extremistas o populistas. Ahora, por primera vez, España tiene un nuevo Ministerio de Infancia y Juventud, pero falta un Plan de medidas (urgentes y a medio plazo), para que los jóvenes de dentro de 20 años vivan mejor que sus padres hoy.

lunes, 12 de junio de 2023

El coste (y negocio) del envejecimiento

Ahora, 1 de cada 5 españoles tienen más de 65 años (20,18% de la población), el doble que en los años 70. Y este envejecimiento de la población irá a más, hasta alcanzar un máximo en 2050: el 30,4% de la población tendrá más de 65 años, 16 millones de mayores (ahora son 9,7 millones). Este enorme salto de los mayores va a tener un alto coste, tanto para la sanidad pública (más gasto en atención médica y medicamentos) como en los cuidados a la Dependencia (ahora ya faltan residencias y atención a los mayores dependientes) y, sobre todo, en la factura de las pensiones. Todo ello exigirá más servicios públicos y más gasto, que sólo se asegura con más recaudación, no con la bajada de impuestos que propone la derecha. Pero este envejecimiento abre también la vía a una nueva economía “de las canas, que mueve millones y moverá más. Por eso hay muchos inversores (y Fondos) invirtiendo en residencias, viviendas, salud y ocio para mayores.

Enrique Ortega

El envejecimiento de la población es un fenómeno mundial. En todo el Planeta hay 747 millones de personas con más de 65 años, el 10% de la población mundial, el doble que en 1960, cuando había 150 millones de mayores (el 5% del total), según los datos del Banco Mundial (2021). Y sus previsiones son que para 2050, el 20% de la población mundial tenga más de 65 años: habrá 1.940 millones de mayores en el mundo. Actualmente, los paises con más porcentaje de mayores son Japón (28,7% de la población total), Italia (23,6%), Portugal (23,15%), Finlandia (22,96%), Grecia (22,64%), Alemania (21,98%), Malta  (21,81%), Croacia (21,66%) y Puerto Rico (21,27%). España, según estos datos del Banco Mundial, ocupa el puesto 23 en el ranking de envejecimiento, con un 20,3% de mayores de 65 años.

El problema del envejecimiento en España se debe a una drástica caída de la natalidad (los nacimientos se han desplomado de 669.378 en 1975 a 329.812 en 2022) y a un aumento de la esperanza de vida (era de 35 años en 1900 y saltó a 79,34 años en el 2000 y a 83,3 años hoy). Eso nos ha llevado a que España superara el 20% de mayores de 65 años el 1 de abril de 2023, según el último censo del INE: eran 9.728.685 mayores (20,18% de la población total), lo que supone medio millón de mayores más que antes de la pandemia (eran 9.223.565 el 1 de enero de 2020, un 19,49% del total) y 2,2 millones de mayores más que hace 15 años (7.506.291 el 1 de enero 2008, un 16,43% del censo entonces). Este 20% de mayores hoy contrasta con el 8% en 1960 y el 17% en el año 2000.

El envejecimiento en España es desigual, por sexo, autonomías y zonas urbanas o rurales. Hay más mujeres mayores (5.290.554, el 54,38% del total)  que hombres, (4.438.131), debido a su mayor esperanza de vida (85,8 años frente a 80,4 años los hombres). Además, 4 autonomías tienen más de un millón de mayores: Andalucía (1.654.785 el 1 de abril pasado), Cataluña (1.603.914), Madrid (1.332.437) y Comunidad Valenciana (1.101.526), según el INE. Sin embargo, las autonomías más envejecidas, con mayor porcentaje de mayores son Asturias (27% población es mayor de 65 años), Galicia y Castilla y León (26%), País Vasco (23%), Cantabria (22,5%), Aragón (22%), La Rioja y Extremadura (21,5%). Y las menos envejecidas Melilla (11% son mayores), Ceuta (12%), Murcia y Baleares (16%), Canarias (17%), Andalucía (17,5%) y Madrid (18%). Y aunque la mayoría de los mayores están concentrados en las grandes ciudades (7.164.059 mayores, pero sólo el 19% de la población total), son las zonas rurales las que tienen un mayor porcentaje (el 28,3% de la población, aunque sólo sumen 761.021 mayores), según un estudio del CSIC.

Este envejecimiento en España se va a agravar en las próximas décadas, entre 2025 y 2040,  porque van a superar los 65 años los integrantes de la generación del “baby boom”, los españoles nacidos entre 1960 y 1975, con el “desarrollismo”. Y así, España se colocará en 2050 como el 7º país más envejecido del mundo (con un 31,5% de la población total mayor de 65 años), sólo por detrás de Corea (39,8% de mayores), Japón (37,7%), Grecia (33,8%), Italia y Portugal (33,7% de mayores) y Lituania (31,6%), según la última previsión de la OCDE, que espera alcanzar un 26,7% de mayores en sus 38 paises integrantes.

Otra previsión, más cercana, es la del INE, que ha hecho una proyección de la población española para el periodo 2022 a 2072, en base a los datos de natalidad y mortalidad y la inmigración. Según este estudio, el número de mayores actual (9.728.685 mayores de 65 años al 1 de abril de 2023, el 20,18% del censo) alcanzará los 11.450.000 mayores en el año 2030 (el 22,8% de la población de entonces) y superará los 16 millones de mayores (16.035.000) en 2050 (el 30,4% de la población a mediados de siglo), para bajar algo en 2070: 15.601.000 mayores, un  29,5% de la población total censada entonces en España.

Además de tener 6,3 millones más de mayores de 65 años en 2050 que hoy, el otro problema es que estos mayores del futuro serán “más mayores que hoy”, porque aumentarán los que tienen más de 80 años y los que tienen más de 100 años, gracias a la subida de la esperanza de vida: pasará de 83,3 años hoy a 86,5 años en 2050, la 2ª más alta del mundo. Así, las proyecciones del INE nos indican que si hoy tenemos 2.882.370 mayores de 80 años (el 5,98% de la población), en 2050 habrá ya 5.811.300 octogenarios (el 11% de la población total). Y si hoy viven en España 17.005 personas que tienen 100 años o más (el 0,057% del censo), en 2050 habrá 95.094 españoles centenarios (el 0,18%). No sólo habrá más viejos, sino más personas con más de 80 y 100 años.

Con este panorama del envejecimiento, actual y futuro, habrá que replantearse el futuro del Estado del Bienestar, para atender a ese creciente porcentaje de mayores, que van a suponer un mayor gasto en sanidad, Dependencia y pensiones, sobre todo. En sanidad, los datos revelan que a más edad de la población, más gasto sanitario. Por un lado, habrá más mayores en la atención primaria, pero sobre todo más mayores en los hospitales, para atender sus crecientes problemas de salud y al aumento de las enfermedades crónicas. De hecho, el 40% del gasto hospitalario (que se ha duplicado) lo protagonizan los mayores de 65 años, con más estancias y más largas. Y también aumenta su gasto farmacéutico, que concentra el grueso de las recetas. Un estudio hecho en Cataluña revela que el gasto sanitario de un mayor de 80 años oscila entre 2.723 euros (hombres) y 3.388 euros (mujeres), casi 10 veces más que el gasto sanitario de los jóvenes de 15 a 19 años. Y de media, se estima que el gasto sanitario de los mayores multiplica por 4 el gasto sanitario medio del país.

En cuanto a la atención a los dependientes, la mayoría de los que no pueden valerse por sí mismos y necesitan la ayuda de sus familias y el Estado son mayores. Actualmente, el sistema público de la Dependencia atiende a 1.352.257 españoles dependientes, el 73% de los cuales tienen más de 65 años (y el 53,5%, más de 80 años), con un coste público para el Estado central y las autonomías de 8.343 millones (2022). La estimación del CSIC es que el número de dependientes se va a duplicar para 2050, con lo que habría que atender a 3 millones de dependientes (hoy ya hay 353.965 desatendidos). Y en vez de dedicarles ayudas “low cost” (como la teleasistencia o la atención a domicilio) se deberían reforzar y mejorar las ayudas, aumentando las plazas en residencias. Con ello, el coste de atender a los mayores dependientes será mucho mayor en el futuro, lo que exigirá más recursos públicos, sobre todo a las autonomías, que ahora “racanean”.

El tercer frente a cubrir con el envejecimiento disparado son las pensiones: la previsión es que saltemos de los 9.074.316 pensionistas que había el 1 de mayo a casi 16 millones  de pensionistas en 2050, según la AIREF, que cobrarán una pensión más alta (por la subida de los sueldos y la revalorización anual de las pensiones) durante más años (20 de media, al subir la esperanza de vida). Eso va a disparar el gasto en pensiones, para 2030 y más para 2050, lo que ha llevado al Gobierno Sánchez a aprobar una reforma para conseguir más ingresos, sobre todo vía cotizaciones, además de traspasar ingresos presupuestarios. Pero la gravedad del problema está ahí y la propia reforma fija un mecanismo de seguimiento, para obligar a futuros Gobiernos a buscar nuevos ingresos para garantizar las pensiones en el futuro.

En resumen, que el envejecimiento va a forzar a España a realizar un mayor gasto público en sanidad, Dependencia y pensiones, así como en gasto social. Y habrá que hacer ese mayor esfuerzo con menos activos para cotizar y pagar impuestos. Es el gran problema de las próximas décadas: aumentará la tasa de dependencia, el porcentaje de mayores sobre el resto de la población. El dato es demoledor: si en 2019, el porcentaje de mayores (65 años y más)  sobre los activos (población de 16 a 64 años) era del 30%, en 2050 esa tasa de dependencia se duplica y subirá al 60% (porcentaje de población mayor sobre el resto). Eso crea a España un problema más grave que en otros paises, donde el porcentaje de activos (para trabajar, cotizar y pagar impuestos) es mayor, según revela un estudio del Banco de España: la tasa de dependencia del 60% en 2050 es la más alta de Europa, salvo Italia (62% de mayores sobre resto población), muy superior a la media de la UE-27 (54%) y a la de Alemania (48%) o Francia (49%). Otra forma de ver lo mismo: en 2050 habrá 1,75 cotizantes por cada pensionista frente a 2,24 en 2022 (y 2,6 en 2007).

A lo claro: que ser un país con más mayores va a exigir al resto de la población un mayor esfuerzo, tanto en cotizaciones como en los impuestos a pagar. Algo que obvian (o esconden) los políticos de la derecha, que apuestan por bajar impuestos en vez de subirlos. Pero si no subimos la recaudación fiscal, consiguiendo que paguen más los que ahora pagan poco (grandes empresas, multinacionales y los más ricos), no se podrá atender el mayor gasto que van a suponer nuestros mayores. Así que la opción es clara: o se aumenta la recaudación o habrá que hacer recortes en la sanidad, la dependencia y las pensiones para atender al imparable aumento de las personas mayores. Hay una tercera opción, que muchos defienden en privado: no reforzar el Estado del Bienestar y que las necesidades de los mayores se las financien ellos mismos (los que puedan, claro).

Precisamente, este envejecimiento de la población aparece para muchos como “una gran oportunidad de negocio”, desde la sanidad privada al cuidado privado a los mayores o las pensiones y seguros privados de vejez. Y sobre todo en España, donde el Estado gasta menos que otros paises en cuidados de larga duración (incluida la asistencia sanitaria y social): 0,9% del PIB frente al 1,5% de media en la OCDE y hasta el 4,1% en Paises Bajos, el 3,7% en noruega y el 3,6% en Dinamarca. Un gasto en cuidados que la OCDE estima se va a duplicar o incluso triplicar para 2050, impulsado por el envejecimiento. La duda es qué parte seguirá cubierta por el Estado (vía impuestos, cotizaciones)  y qué parte habrán de pagarse los mayores y sus familias (vía copagos y privatización).

De momento, el envejecimiento ha disparado la inversión privada en residencias de ancianos en España, sobre todo la inversión extranjera (y los Fondos). Eso se debe a que inversores y grupos multinacionales detectan un gran potencial de negocio en España, dada la escasa oferta y el envejecimiento esperado. Hay 384.251 plazas en residencias, una ratio de 4,2 plazas por cada 100 mayores de 65 años, inferior a las 5 recomendadas por la OMS. Se estima que hoy existe ya  un déficit de 66.000 plazas de residencias de ancianos y que harán falta 785.000 plazas en 2050, el doble de las actuales. Así que hay grandes perspectivas de negocio. Ya en 2021, las residencias facturaron 4.600 millones de euros, el 58% de la gestión de plazas privadas puras, otro 32% de la gestión privada de plazas concertadas y un 10% más de la gestión privada de plazas públicas, según la consultora DBK. Y de las 5 empresas que gestionan más residencias, tres son de capital francés (DomusVi, Orpea y Amavir), una británica (Vitalia, del Fondo CVC) y sólo una española (Ballesol, controlada por Santa Lucía). Y cada día, numerosos inversores  y Fondos compran pequeñas residencias o construyen otras nuevas.

En el negocio de los cuidados a mayores y dependientes, la financiación es mayoritariamente pública (80%) pero el servicio se gestiona en un 85% con empresas privadas, que ofrecen las ayudas, desde la teleasistencia a las atención a domicilio o los centros de día, cuidadores y gestión de residencias. En los últimos años se han sumado a este lucrativo negocio empresas de construcción (como ACS, con Crece, o Sacyr Social), junto a empresas, Fundaciones y ONGs, más muchos Fondos e inversores extranjeros. Sólo la ayuda a domicilio facturó 1.935 millones de euros en 2021, según DBK, con más de 1,6 millones de usuarios (la mayoría mayores), dos tercios clientes de servicios de teleasistencia.

Un nuevo negocio que está creciendo son los productos inmobiliarios para mayores, que ofrecen viviendas y complejos para mayores no dependientes, que incluyen servicios de comedor, atención sanitaria y ocio, apartamentos libres o concertados con la Administración que ofrecen otra forma de atención a los mayores nacionales y extranjeros, en Madrid, Barcelona y lugares de costa. Actualmente, la oferta de “sénior livingsupera en España las 3.600 viviendas, en 70 complejos inmobiliarios, según DBK. Y cada vez hay más capital extranjero interesado en construir estos complejos multiservicios para mayores.

En paralelo a estos negocios ligados al cuidado de los mayores (dependientes y no), los mayores son un importante sector de consumidores, en todo el mundo y en España. Se estima que “la economía de las canas” (la “silver economy”) generó 325.000 millones de euros y mantuvo 4,4 millones de empleos en 2019 (el 26% del PIB y el 22% del empleo). Ahí se engloba todo el gasto de los mayores de 50 años en salud y productos sanitarios, seguros, estética y cosmética, moda, turismo, ocio, cultura, seguridad, inversión, vivienda y tecnología. Y las empresas saben que han de adaptar su oferta de productos y servicios a este gigantesco grupo de consumidores, los mayores de 50 años: hoy son 19.529.081 personas (el 40,5% de la población), pero en 2050 serán 28 millones (el 53% del total). Así que los mayores serán los consumidores que orienten la economía del futuro.