El empleo sigue batiendo récords en España, a pesar de la negativa coyuntura internacional y europea. A finales de marzo había en España 21.765.400 ocupados, según la EPA, algunos menos que a finales de 2024 (21.857.900), por una ligera caída en el primer trimestre. Pero en abril, con el empuje de la Semana Santa, el empleo ha vuelto a aumentar, como lo refleja el récord de afiliados a la Seguridad Social: 21.588.639 cotizantes. Pero estos datos tan positivos esconden un dato preocupante: crecen también los trabajadores con un contrato a tiempo parcial: a finales de marzo eran ya 3.075.900 los ocupados que trabajaban menos horas o días de lo habitual, un 14,13% del total de ocupados (1 de cada 7), según la última EPA. Una cifra que aumenta desde 2007 (2.380.900 ocupados a tiempo parcial, el 11,75% del total) y desde 2019 (2.944.800 ocupados parcialmente, el 14,74%).
Mostrando entradas con la etiqueta control horarios. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta control horarios. Mostrar todas las entradas
jueves, 15 de mayo de 2025
Aumentan los "mini empleos"
El empleo en
España ha superado otro récord histórico en abril, con 21.588.639 afiliados
a la Seguridad Social. Pero no todos son empleos “decentes”: 1 de
cada 7 ocupados, más de 3 millones de trabajadores, tienen un empleo
a tiempo parcial, con menos jornada y mucho menos sueldo. Y lo más
preocupante: casi la mitad de estos trabajadores tienen “mini empleos” porque no
encuentran un trabajo a jornada completa, aunque el resto los tienen
para cuidar a hijos o familiares y estudiar. Al final, el 6,5% de todos los ocupados
(1,41 millones de trabajadores) están “subempleados”, el mayor porcentaje
en Europa. Y las tres cuartas partes son mujeres. El contrato a tiempo
parcial lo usan muchas empresas para contratar más barato y luego subir la
jornada real, obligando a hacer horas (pagadas o no), lo que ha llevado a una campaña
de la inspección de Trabajo en 2024. Urge aprobar un Plan de choque,
para incentivar que los “mini empleos” no justificados se conviertan en empleos
a tiempo completo. Enrique Ortega
El empleo sigue batiendo récords en España, a pesar de la negativa coyuntura internacional y europea. A finales de marzo había en España 21.765.400 ocupados, según la EPA, algunos menos que a finales de 2024 (21.857.900), por una ligera caída en el primer trimestre. Pero en abril, con el empuje de la Semana Santa, el empleo ha vuelto a aumentar, como lo refleja el récord de afiliados a la Seguridad Social: 21.588.639 cotizantes. Pero estos datos tan positivos esconden un dato preocupante: crecen también los trabajadores con un contrato a tiempo parcial: a finales de marzo eran ya 3.075.900 los ocupados que trabajaban menos horas o días de lo habitual, un 14,13% del total de ocupados (1 de cada 7), según la última EPA. Una cifra que aumenta desde 2007 (2.380.900 ocupados a tiempo parcial, el 11,75% del total) y desde 2019 (2.944.800 ocupados parcialmente, el 14,74%).
España no es de los paises europeos con más ocupados a
tiempo parcial, un tipo de contrato que se usa más en el centro y norte de
Europa. Así, en 2024, la UE-27 tenía una media del 17,8% de contratos a tiempo parcial,
siendo muy superior el porcentaje en Paises Bajos (42,2%), Austria (39,5%),
Alemania (29,8%), Dinamarca o Bélgica (24,1%), paises donde
muchos jóvenes y mayores utilizan este contrato a tiempo parcial para poder estudiar
o hacer otras tareas (son los “mini jobs”). España ocupa
el lugar 13º en este ranking
de Eurostat, con un 13,4% de empleo a tiempo parcial (2024), inferior a Irlanda
(19,6%), Francia o Italia (16,8%) y superior al de Portugal (7,3%), Grecia
(6,3%) y los paises del Este y del Mediterráneo.
El problema de España
es que casi la mitad de este empleo a tiempo parcial es “indeseado”:
los trabajadores españoles trabajan menos horas (o días) no porque quieran,
sino porque no encuentran un trabajo a tiempo completo. La
última estadística de Eurostat es muy contundente: el 46,6% de los
que trabajan a tiempo parcial en España es “porque no han encontrado otro
trabajo” (48,3% de los hombres y 46% de las mujeres), mientras esto
sólo les pasa al 18,2% de los ocupados a tiempo parcial en Europa
(UE-27). Somos el tercer país con más trabajo parcial indeseado (46,6%),
sólo por detrás de Rumanía (el 57%) e Italia(51,3%), muy lejos de lo que sucede
en Alemania (sólo el 5% del trabajo parcial es “indeseado”), Paises Bajos
(2,2%), Francia (22,6%) o Portugal (36,3%).
El 2º
motivo más utilizado para tener un empleo a tiempo parcial es “poder
cuidar niños o adultos con discapacidad”: lo utilizan el 21,4%
de los que trabajan a tiempo parcial en Europa (UE-27) y el 13,9% de los
que tienen este contrato en España (el 4,2% de los hombres y el 17,4% de las
mujeres), subiendo al 32,3% en Paises Bajos, el 25,3% en Francia, el 11,9% en
Italia y el 8,1% en Portugal, según Eurostat. El
tercer motivo para trabajar parcialmente es poder estudiar y formarse:
lo justifican el 14,4% de los trabajadores parciales en Europa (25,4% hombres y
10,7% mujeres), el 29,4% en Paises Bajos y el 13,3% en Alemania, siendo menor
el porcentaje en España (12,7%: 21,9% hombres y 9,4% mujeres), Francia (8,1%) e
Italia (4,2%). El resto
de razones para tener un trabajo a tiempo parcial son la enfermedad o
discapacidad (6,2% en la UE-27 y 2% en España, otras razones familiares
(5% en la UE-27 y 2,2% en España) y otras razones personales (12,1% en
la UE-27 y 4,4% en España).
Las estadísticas europeas consideran “subempleados” a
los que trabajan menos horas de la jornada habitual porque no encuentran un
empleo a tiempo completo. En España, son ese 46,6% de los que trabajan a
tiempo parcial, 1.136.610 trabajadores “subempleados” en 2024, el
5,2% del total de ocupados Y este porcentaje nos coloca, según
Eurostat, como el país con más subempleados de Europa, por
delante de Finlandia y Paises Bajos (5,1% de subempleados en 2024), Irlanda (4,6%),
Dinamarca (4,3%), Francia (4,2%), Suecia (4,1%) y Portugal (2,8%), paises todos
que tienen más “subempleo” que la media europea (2,6% del empleo total) y que
Italia (2,1%), Grecia (2%) y Alemania (1,2% de subempleo).
Centrándonos en España, el subempleo (trabajo
a tiempo parcial no deseado) se concentra mucho más en las mujeres (afecta
al 8,1% de las trabajadoras y al 2,7% de los hombres). Mirando los datos globales,
de todo el empleo a tiempo parcial (3.075.900 ocupados en marzo de 2025,
según
la EPA) revelan que las tres cuartas partes son mujeres
(2.265.200 trabajan a tiempo parcial) y el resto son hombres (810.700), debido
a que las mujeres escogen más estos “mini empleos” para poder cuidar de hijos y
mayores y porque tienen más problemas para encontrar un trabajo a tiempo completo.
Y además, si el empleo parcial ha aumentado en 131.000 ocupados desde 2019, el
empleo parcial de las mujeres ha crecido el doble (+82.300 desde la
pandemia) que el de los hombres (+48.700 ocupados parciales).
La última EPA (marzo 2025) refleja claramente los
motivos por los que 3.075.900 ocupados trabajan a tiempo parcial en
España: 1.418.600 (el 46,11%) porque no han encontrado otro
trabajo a jornada completa (son los “subempleados: 1052.200 mujeres y 366.400
hombres), 403.500 trabajan parcialmente para estudiar o formarse (el 13,11%),
399.700(el 12,99%) para cuidar niños y adultos, 214.000 (6,95%) para atender
otras obligaciones familiares o personales y 64.500 por enfermedad o
incapacidad, siendo sólo 269.100 (8,74%) los que no quieren un trabajo a
jornada completa, alegando el resto “otros motivos” para trabajar parcialmente.
El trabajo parcial se concentra en los
servicios (2.825.000 ocupados (el 91,8% del total de empleos a tiempo
parcial y el 17,01% del empleo total en este sector), sobre todo en
hostelería, turismo, comercio y servicios varios, siendo muy escaso el
trabajo parcial en la construcción (62.100 empleos parciales, el 4,2% del
total), en la industria (137.300, el 4,7% del empleo industrial) y en la
agricultura (51.500 empleos parciales, el 6,75% del empleo total en el campo).
Y por categorías, el trabajo a tiempo parcial se concentra en las “ocupaciones
elementales”, las que exigen menos formación (suponen el 30,09% del
empleo).
Y por
regiones, la mayor tasa de empleo parcial (14,1% de media en
España) se da en el País Vasco (19,2% de todo el empleo, 190.900
ocupados), Comunidad Valenciana (16,4% del empleo, 386.400 ocupados), Castilla
y León (15,2%, 156,900 ocupados), Madrid (14,4% del empleo, 509.900
ocupados parciales) y Extremadura (14,3%, 58.600 ocupados). Y tienen un
porcentaje de trabajo parcial inferior a la media Ceuta (9,6% del
empleo, 2.800 ocupados parciales), Baleares (10,1%, 55.800 ocupados), Canarias
(10,6%, 108.300 ocupados), Melilla (11,7%, 3.400 ocupados), Cataluña (13,2% , 510.100 ocupados), Aragón (13,6%, 84.300 empleos) y Andalucía
(13,8% del empleo, 484.100 ocupados parciales).
Lógicamente, estos empleos a tiempo parcial (3.075.900 en
marzo) tienen sueldos bastante más bajos que los de los
trabajadores a jornada completa. Según la última estadística completa
de salarios del INE, de 2022, el salario bruto medio de los trabajadores a
tiempo parcial era de 12.986,50 euros anuales, el 41,8% del sueldo
de los trabajadores a jornada completa (ganaban 30.998,32 euros brutos
anuales). Y en el caso de las mujeres, también ganan menos las que trabajan a
tiempo parcial que los hombres con jornada recortada: 12.551 euros brutos
anuales frente a 13.956 euros (una “brecha salarial” del -11,2%). Si
tomamos otra estadística más reciente, el Decil de salarios
de la EPA 2023, el salario medio bruto mensual de los que trabajan a
tiempo parcial es de 915,68 euros, un 36,57% inferior al de los trabajadores
a tiempo completo (2.503,81 euros mensuales).
Al final, el problema de estos trabajadores a tiempo parcial
en España es que casi
la mitad no han elegido ese tipo de trabajo, algo que sí sucede en la
mayoría de Europa: trabajan menos horas porque las empresas no los
contratan para trabajar una jornada completa. Y encima, en muchos
casos, se ven obligados a trabajar más horas de las pactadas en el contrato,
prolongando la jornada o haciendo horas extras no reconocidas (muchas no
pagadas y otras pagadas “en negro”, sin
cotizar por ellas). Y este tipo de contratos
a tiempo parcial están creciendo porque, tras la reforma laboral de 2022, muchas
empresas los utilizan para cubrir con contratos parciales empleos que deberían
ser a jornada completa.
Por todo este “fraude”, la inspección de
Trabajo lanzó
en noviembre de 2024 un Plan para detectar el fraude en
la contratación a tiempo parcial, enviando 124.000 cartas a otras
tantas empresas para pedirles
información sobre 240.000 contratos, para que les informaran de las
jornadas reales que hacen estos trabajadores. El problema es que en muchas
empresas (sobre todo pymes) no hay un control eficaz de los horarios, aunque es
obligatorio desde mayo de 2019. Ahora, el proyecto de Ley para recortar el
horario laboral a 37,5 horas, aprobado
por el Gobierno el 6 de mayo, exigirá a las empresas que ese control de
horarios sea digital y accesible a la inspección de trabajo, lo
que debería reducir el fraude.
Esta Ley que pretende recortar la jornada laboral
legal (si el Gobierno logra aprobarla en el Congreso, algo difícil por la
oposición del PP, Vox y Junts) incluye
también otro cambio que afectará a los trabajadores con un
contrato a tiempo parcial: en su Disposición transitoria 2ª señala
que “las personas que trabajan a tiempo parcial tendrán derecho a seguir
realizando el mismo número de horas de trabajo que viniesen efectuando antes de
la entrada en vigor de la normas”. Pero también dice que “tendrán derecho a un
incremento proporcional a su salario a partir de la aplicación de la jornada de
37,5 horas semanales…”
¿Cómo
afectará el recorte de jornada a los trabajos a tiempo parcial? En
principio, estos trabajadores tendrán que decidir si recortan su horario o
lo mantienen, en cuyo caso, la empresa le tendrá que pagar más si se
aprueba la Ley. . Así, si alguien trabajaba 30 horas semanales (el 75% de la
jornada), ahora trabajará 28,12 horas o, si decide mantener su anterior
jornada, la empresa le debe compensar (en este ejemplo, subirle un 6,26%
el sueldo). Por eso, la vicepresidenta Yolanda Díaz ha dicho que el recorte
de jornada “hará que crezcan los salarios de los trabajadores a tiempo
parcial”.
No basta con este “parche” para mejorar la situación de los
que trabajan a tiempo parcial. El problema de fondo es que un 6,5% de los
que trabajan están “subempleados”: son 1.418.600
trabajadores (marzo 2025) que
están mejor que si estuvieran en paro, pero que cobran poco más de un tercio que
el resto de trabajadores y muchos son “pobres”, no pueden cubrir sus
necesidades básicas porque ganan menos de 1.000 euros al mes. Un colectivo del
que apenas se habla, integrado en su mayoría por mujeres y jóvenes,
que sirven para mejorar las cifras de empleo y reducir el paro, pero que son
“subempleados”.
Para atajar este problema, hay dos caminos. Por un
lado, atacar y reducir el fraude de las empresas que los contratan a
tiempo parcial para cubrir un puesto que requeriría jornada completa. Eso pasa
por implantar el control digital de horarios (algo que tardará, hasta que se
aprueba la Ley que recorta la jornada laboral) y por un aumento de las
actuaciones de la inspección de Trabajo (escasa de inspectores y medios). Por
otro lado, el Gobierno debería pactar,
con empresas y sindicatos, un Plan de choque contra el trabajo temporal “indeseado”,
incentivando a las empresas (con cotizaciones y ayudas fiscales) a convertir
contratos parciales en contratos a jornada completa. Porque no deberíamos
consentir que una parte de los que trabajan malvivan por trabajar menos horas
de las que quieren.
El empleo sigue batiendo récords en España, a pesar de la negativa coyuntura internacional y europea. A finales de marzo había en España 21.765.400 ocupados, según la EPA, algunos menos que a finales de 2024 (21.857.900), por una ligera caída en el primer trimestre. Pero en abril, con el empuje de la Semana Santa, el empleo ha vuelto a aumentar, como lo refleja el récord de afiliados a la Seguridad Social: 21.588.639 cotizantes. Pero estos datos tan positivos esconden un dato preocupante: crecen también los trabajadores con un contrato a tiempo parcial: a finales de marzo eran ya 3.075.900 los ocupados que trabajaban menos horas o días de lo habitual, un 14,13% del total de ocupados (1 de cada 7), según la última EPA. Una cifra que aumenta desde 2007 (2.380.900 ocupados a tiempo parcial, el 11,75% del total) y desde 2019 (2.944.800 ocupados parcialmente, el 14,74%).
Etiquetas:
control horarios,
empresas,
horas extras,
Inspección Trabajo,
jornada laboral,
jóvenes,
mini empleos,
mujeres,
trabajo a tiempo parcial,
trabajo precario
jueves, 6 de febrero de 2025
Reducción de jornada: ojo a cómo se aplica
El Gobierno ha aprobado la reducción de jornada de 40
a 37,5 horas semanales, para implantarla antes de fin de año. Los españoles
trabajan una media de 38,3 horas, así que la rebaja será de 48
minutos semanales. Pero hay 4 sectores donde se reducirá más de hora
y media: hostelería, información, comercio y agricultura. Otro
cambio: los que tienen un contrato a tiempo parcial, podrán trabajar
menos o pedir subida de sueldo. Además, se aprueba la “desconexión
digital”: no habrá que estar contactado fuera del horario laboral. Y se
obliga a las empresas a un control digital de horarios. Ahora queda lo difícil: aprobarlo en el Parlamento, dada la oposición de Junts y
PP, que apoyan las críticas de las
empresas, por el alto coste y la imposición legal. Habrá cambios y ayudas a las pymes para adaptarse.
Pero la tecnología y los nuevos hábitos llevan al recorte horario. Próxima
estación: más teletrabajo y 4 días de trabajo semanal. Enrique Ortega
Esta es la 4ª vez en poco más de un siglo que España cambia legalmente la jornada laboral. La primera vez fue el 4 de abril de 1919, cuando el Gobierno de Romanones (liberal) aprobó (tras la huelga de "La Canadiense") la jornada laboral máxima de 48 horas semanales (8 horas por 6 días de trabajo, frente a las 12 horas habituales entonces), adelantándose unos meses al primer Convenio mundial por las 48 horas semanales, aprobado por la OIT en octubre de 1919.Tras el largo paréntesis de la dictadura franquista, el 2º cambio llegó en marzo de 1980: el Gobierno Suárez (UCD) aprobó la jornada de 42 horas semanales. Poco después, en julio de 1983, el Gobierno de Felipe González (PSOE) aprobaba la jornada máxima de 40 horas, que rige hoy. Y casi 41 años después, este martes 4 de febrero de 2025, el Gobierno de coalición (PSOE y Sumar) aprobó la jornada laboral de 37,5 horas semanales, media hora menos de trabajo al día.
La jornada laboral se ha reducido en todo el mundo
en las últimas décadas, de la mano de la tecnología y la digitalización y
asentada en un cambio de costumbres, donde se valora cada vez más la
conciliación familiar y el ocio. Con ello, el horario de trabajo medio
en Occidente (36 paises OCDE) era de 1.742
horas anuales en 2023 (horas
efectivas), con los paises más ricos trabajando menos horas (1.343 Alemania,
1.380 Dinamarca, 1.413 Paises Bajos, 1.437 Suecia. 1.500 Francia, 1.524 Reino Unido), salvo EEUU
(1.799 horas), Italia (1.734) y Japón (1.524), ocupando España un horario
intermedio (1.632 horas anuales). Otra estadística, de
Eurostat (2023), que refleja todas las horas (incluidas extras), revela que
la jornada laboral media en Europa es de 40,4 horas semanales y
que España está en linea, con una jornada total (ojo: de los que
trabajan a tiempo completo) de 40,3 horas, algo más que Francia (40
horas) y Alemania o Bélgica (40,2 horas), Paises Bajos (39,3) y Dinamarca
(38,9) y menos horas que Italia (40,5), Portugal (41,3) o Suecia (41,5 horas
semanales).
Las estadísticas internacionales indican que España
no destaca por trabajar más ni menos, está en la media. Pero las estadísticas
españolas revelan que los españoles ya trabajan menos de la jornada semanal
legal de 40 horas. Si tomamos los datos del INE, la EPA de 2024,
los que han trabajado en el 4º trimestre han trabajado 36 horas semanales
de media, aunque hay una gran diferencia entre lo que trabajan los empleadores
(46,8 horas) y lo que trabajan los asalariados (34,9 horas semanales:
36,9 horas los hombres y 32,7 horas las mujeres). La otra manera de medirlo es
ver la jornada pactada en los convenios en 2024, aunque sólo
afecta a los asalariados con convenio (10,6 millones). Eso nos indica que la jornada
media pactada en 2024 fue de 1.755,74 horas, lo que equivale a 38,32
horas semanales. Y hay sectores, como el campo, la hostelería, el comercio
y una parte de la industria que tienen una jornada mayor.
Así que la jornada real ya está por debajo de las 40
horas semanales (38,32 horas), con grandes empresas en torno a las 35/36
horas y otras por encima de las 39 horas. Dada esta desigualdad horaria
y la tendencia social a reducir la jornada laboral (a la que hay que
sumar una hora larga de ida y otra de vuelta en muchas ciudades), los sindicatos
llevan años forzando a un recorte de jornada, para fomentar la conciliación
familiar y laboral. Y en paralelo, piden un control efectivo de la
jornada, porque muchas empresas “abusan de
las horas extras”: no superan las 40 horas semanales, pero “fuerzan” a
sus plantillas a hacer horas extras, muchas sin pagarlas (ni
cotizar por ellas). Trabajo estima que se hacen 3 millones de horas
extras gratis a la semana, con las que las empresas se ahorran
3.254 millones al año (en salarios y cotizaciones), sobre todo en
hostelería, comercio, industria y educación.
Por todo ello, el Gobierno de coalición incluyó en su
programa para esta Legislatura el recorte de la jornada laboral, tras 41
años sin tocarla. Y lo justifica en que la
productividad ha aumentado un 53% desde 1983 pero eso ha
beneficiado más a las empresas que a los trabajadores, cuyos sueldos
han subido mucho menos y trabajan casi las mismas horas. Además, creen que hay
un apoyo social mayoritario (Encuestas) a reducir la jornada y que
la medida puede mejorar la productividad y reducir
el absentismo. Eso sí, tendrá un coste para las empresas, porque la
condición es bajar la jornada legal manteniendo los salarios.
La idea del Gobierno Sánchez era pactar la rebaja de
jornada con sindicatos y patronal. Pero no ha sido posible,
porque la patronal (CEOE y CEPYME) se retiró de la
negociación en diciembre, tras 11 meses de reuniones, argumentando el
alto coste de la medida y pidiendo que el horario quedara para la negociación
colectiva, no que se impusiera por Ley. Así que la vicepresidenta Yolanda Díaz
pactó la rebaja en solitario con CCOO y UGT, el 20 de diciembre. Y aún
quedaba otra
batalla, en el seno del Gobierno: el ministro de Economía (y el
PSOE) querría haber retrasado la rebaja uno o dos años (hasta el final
de la Legislatura), buscando como fuera (con ayudas) el acuerdo con la patronal,
mientras Yolanda Díaz (Sumar) se ha empecinado en implantar la
jornada de 37,5 horas antes de final de año, para “revitalizar” su imagen
política tras la continua caída en las Encuestas.
En medio del descuerdo social (sin la patronal) y el pacto
político “in extremis” dentro del Gobierno, el Consejo de Ministros aprobó
este martes un
anteproyecto de Ley con 3 cambios importantes. El primero, la
rebaja de la jornada laboral, a 1.712 horas en cómputo anual, que son
las 37,5 horas semanales. Eso supone una rebaja de la jornada semanal
media pactada en convenio (38,32 horas en 2024) de 48 minutos
semanales, según Trabajo.
Pero hay 4 sectores donde la rebaja se va a notar
mucho más, porque la jornada se reducirá más de hora y
media, según
estima Trabajo: hostelería (trabajarán -112 minutos), información
y comunicaciones (-109 minutos), comercio (-98 minutos)
y agricultura (-97 minutos semanales). En otros sectores, la jornada
semanal bajará en torno a una hora: actividades administrativas
y auxiliares (-67 minutos), otros servicios (-66 minutos),
actividades profesionales, científicas y técnicas (-62 minutos), industrias
extractivas (-55), manufacturas (-54 ) y actividades artísticas (-51
minutos semanales). Y se notará poco la rebaja en el transporte y
almacenamiento (-47 minutos semanales), la construcción (-37), sanidad
y servicios sociales (-23), inmobiliarias (-20) y energía
(-13 minutos semanales). Y 4 sectores no tendrán ningún recorte de jornada,
porque ya trabajan menos de 37,5 horas: finanzas y seguros, Administración
Pública, educación y suministro de agua.
Esta reducción de jornada, a 37,5 horas semanales, afectará a
los que tienen contrato a tiempo completo. Pero también
afecta a los que tienen jornada a tiempo parcial: podrán trabajar menos
(el porcentaje en que baje la jornada completa) o mantener su jornada
parcial pero con una subida de sueldo. Así, si alguien trabajaba 30
horas semanales (el 75% de la jornada), ahora trabajará 28,12 horas o, si decide
mantener su anterior jornada, la empresa le debe compensar (en este ejemplo,
subirle un 6,26% el sueldo).
El recorte de jornada beneficiará, según
Trabajo, a 12,5 millones de asalariados (a 2 de cada 3) , de ellos 10,5
millones con un contrato a tiempo completo (que trabajarán algo menos) y 2
millones de trabajadores con contrato a tiempo parcial (1,5 millones son
mujeres). En conjunto, los 4 sectores
más beneficiados por la rebaja de jornada son el comercio
(2.435.500 trabajadores beneficiados), la industria manufacturera
(2.073.500 beneficiados), la hostelería (1.424.100 beneficiados ) y la
construcción (1 millón de beneficiarios), seguidos muy de lejos por las actividades
administrativas (852.600 beneficiados), actividades profesionales,
científicas y técnicas (729.600), sanidad y servicios sociales
(692.400), transporte y almacenamiento (672.900), información y
comunicaciones (626.900), actividades del hogar (601.200), el
campo (460.900), la educación (239.200) y las actividades artísticas,
ocio y entretenimiento (193.000 beneficiarios).
El 2º cambio de la Ley propuesta es que se refuerza
el control horario de las empresas,
que en muchos casos se hace mal o no se hace (pymes), lo que facilita la
proliferación de horas extras y los horarios excesivos. Ahora, se obliga a las
empresas a instalar un sistema de control digital, en un plazo de
6 meses tras la aprobación de la Ley, un sistema que debe estar
disponible online para la inspección de trabajo y para los sindicatos.
Y si no se instala o funciona mal, se multiplican las multas, no por empresa (como
ahora), sino por trabajador.
El tercer cambio es también muy importante: se
implanta la
“desconexión digital”, con lo que los trabajadores ya no estarán
obligados a estar en contacto permanente con su empresa (móvil, correo,
WhatsApp…) y sus jefes no podrán contactarle fuera del horario laboral,
lo que en algunos casos ha provocado estrés laboral y problemas mentales.
La patronal no
apoya esta reforma por dos razones básicas. Una, de principios:
defiende que el horario laboral es un tema a decidir en la negociación
colectiva, entre empresas (patronal) y trabajadores (sindicatos), sin “injerencia”
del Gobierno, un argumento que olvida que hay unos 6 millones de
asalariados sin convenio, que trabajan en pequeñas empresas, sin capacidad de
negociar sus horarios. Y así hemos llegado a la situación actual, donde hay
dos tipos de trabajadores: los de grandes empresas, que trabajan menos,
y los de empresas pequeñas, que trabajan mucho más (y aún más los autónomos).
Por eso, muchos paises fijan por Ley la jornada (como Francia, que la
fijó el año 2000 en 35 horas semanales).
La otra crítica, mucho más razonable, es que reducir la
jornada tiene un coste. Un
estudio de CEPYME lo cifra en 11.792 millones, dos tercios
concentrado en el comercio, la industria, la hostelería y las actividades
administrativas. Y la patronal CEOE habla de un coste de 24.000 millones, unos
2.000 euros por empleado afectado. Este es un tema que merece la pena
analizar con detalle y tratar de resolver con ayudas a las
empresas (pymes) y sectores más afectados, como prometió el
Gobierno a la patronal si pactaba la rebaja de horarios. También habría que
buscar mejoras de productividad para compensar este aumento de
costes. Pero, en cualquier caso, no hay que olvidar un dato: las empresas
llevan 4
años aumentando márgenes y beneficios, mientras los trabajadores
han perdido poder adquisitivo. Ahora se trata de “repartir el
crecimiento”, trabajando algo menos a costa de las mayores ventas y
beneficios de muchas empresas (no todas).
En cualquier caso, estamos ante un anteproyecto de Ley,
aprobado por la vía de urgencia, que ahora pasará las consultas técnicas
y legales, para ser aprobado otra vez por el Gobierno y enviado al
Parlamento. Así que no se debatirá hasta el verano. Y
entonces, el Gobierno deberá lograr el apoyo de Junts, que ya ha
dicho que quiere cambios (ayudas a las empresas y quizás más
flexibilidad). Y el
PP se encontrará con el dilema de votar en contra (como hizo
con la reforma laboral, lo que ahora se ve como una equivocación) o
abstenerse, dado que todas las
Encuestas reflejan que una mayoría de españoles está a favor
de reducir la jornada laboral. En cualquier caso, será difícil que los convenios se adapten a tiempo para que el 31 de diciembre estén en
vigor las 37,5 horas en todas las empresas.
Parece claro que el mundo, con la digitalización y la
tecnología (más
aún con la Inteligencia Artificial) va en la dirección de trabajar
menos horas. Pero no basta con aprobar una Ley para imponerlo. Es
más eficaz pactar la nueva jornada, sector a sector y empresa a empresa,
en una negociación donde entren horarios, sueldos, condiciones de trabajo,
empleo y productividad, aportando el
Estado las ayudas necesarias para que las empresas más vulnerables se adapten.
Esa es la negociación que hará falta una vez se apruebe la Ley, porque
si no, lo que ahora es un deseo generalizado (“trabajar menos”) se nos volverá
en contra, si se aplica mal y daña al crecimiento y al empleo. Por eso hay
que ser flexibles y realistas, no buscar titulares y votos.
Y en paralelo, hay que ir planificando el trabajo del
futuro, que será mucho menor que ahora, porque una parte de los empleos
los cubrirán ordenadores y máquinas. Hay que ir pensando de otra manera,
en “repartir
el trabajo que haya”, lo que obligará a dar más peso al teletrabajo
(creció con la pandemia, pero se ha recortado) y a pensar en la jornada de 4 días a la
semana , que ya están estudiando paises punteros como Japón o Reino
Unido. Hay que repensar el trabajo actual y su inevitable revolución futura, superando el
debate de la jornada: qué trabajos se van a mantener, cuáles cambiarán radicalmente
y cómo nos adaptamos. Ese es nuestro verdadero reto.
Esta es la 4ª vez en poco más de un siglo que España cambia legalmente la jornada laboral. La primera vez fue el 4 de abril de 1919, cuando el Gobierno de Romanones (liberal) aprobó (tras la huelga de "La Canadiense") la jornada laboral máxima de 48 horas semanales (8 horas por 6 días de trabajo, frente a las 12 horas habituales entonces), adelantándose unos meses al primer Convenio mundial por las 48 horas semanales, aprobado por la OIT en octubre de 1919.Tras el largo paréntesis de la dictadura franquista, el 2º cambio llegó en marzo de 1980: el Gobierno Suárez (UCD) aprobó la jornada de 42 horas semanales. Poco después, en julio de 1983, el Gobierno de Felipe González (PSOE) aprobaba la jornada máxima de 40 horas, que rige hoy. Y casi 41 años después, este martes 4 de febrero de 2025, el Gobierno de coalición (PSOE y Sumar) aprobó la jornada laboral de 37,5 horas semanales, media hora menos de trabajo al día.
Por autonomías, las
regiones donde se trabajan más horas y cuyos trabajadores notarán más la nueva
jornada serán Canarias, Murcia, Andalucía, Comunidad Valenciana, Baleares y
Cataluña.
Etiquetas:
5 horas,
control horarios,
Gobierno,
horario de trabajo,
horas extras gratis,
jornada 37,
Junts,
patronal,
reducción de jornada,
semana laboral 4 días,
sindicatos,
teletrabajo,
Yolanda Díaz
Suscribirse a:
Entradas (Atom)