La “pinza” de Trump y Putin ha puesto patas arriba el orden internacional, desde la Defensa al comercio y la economía. Y en el caso de Europa, las amenazas de Trump nos han hecho ver que “tenemos que defendernos solos”, que se ha acabado la época en que EEUU se hace cargo de la Seguridad y Defensa de los europeos, financiando el 69% de la OTAN, mientras los grandes paises europeos apenas financian este paraguas de seguridad común (el Reino Unido financia el 6% de la OTAN, Alemania el 5,27%, Francia el 4,7%, Italia el 2,72% y España el 1,24%). “La era del dividendo de la paz hace mucho que se acabó. Estamos en una era de rearme”, dijo recientemente la presidenta de la Comisión, Úrsula Von der Leyen. De repente, en los últimos meses, la mayoría de los paises europeos se han dado cuenta del peligro, de que “tenemos que defendernos solos” ante un mundo más peligroso y donde EEUU (con o sin Trump) no está dispuesto a ser “el gendarme del mundo”. Esta preocupación por la Defensa y la Seguridad es mayor en los paises europeos que tienen frontera con Rusia (los nórdicos, bálticos y Polonia), pero ha calado en la opinión pública de toda Europa. De hecho, Alemania ha reformado su Constitución para elevar su gasto en Defensa, Polonia ha pedido a Washington el despliegue de armas nucleares en su territorio, los paises bálticos y Polonia estudian volver a desplegar minas antipersona en su frontera con Rusia y hay varios paises europeos (Polonia, Alemania o Francia) que se plantean reimplantar el servicio militar obligatorio (en España se abolió en 2001), que ya tienen 10 paises UE (Estonia, Letonia, Lituania, Dinamarca, Finlandia, Suecia, Croacia, Austria, Grecia y Chipre) y otros 6 europeos (Noruega, Turquía, Ucrania, Moldavia, Bielorrusia y Suiza).
Mostrando entradas con la etiqueta Defensa. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Defensa. Mostrar todas las entradas
lunes, 28 de abril de 2025
Gasto en Seguridad: otro estímulo económico
El Gobierno español acaba de comprometerse con la
OTAN y la UE a gastar 10.471 millones más este año en Defensa y Seguridad,
para cumplir el objetivo de gastar el 2% del PIB. Para conseguirlo, ha
arañado distintas partidas del Presupuesto, con dos promesas: no se
recortará el gasto social y el 87% del gasto militar irá a empresas españolas,
lo que permitirá crecer más y crear 100.000 empleos. Otra vez, como con la
pandemia o Ucrania, se intenta “hacer de la necesidad virtud”:
aprovechar esta crisis para estimular la economía y dar un salto
industrial con la Defensa y la Seguridad. Un empeño en el que está Europa,
que busca una autonomía defensiva ahora que se retira Trump, con un Plan (“ReArmar
Europa” ) para gastar 800.000
millones en Defensa en 4 años. La clave es coordinarse los paises para gastar
juntos y mejor, no “hacer la guerra” cada uno a su aire. Y que
estas enormes inversiones relancen la economía, la industria y la tecnología
europea.
La “pinza” de Trump y Putin ha puesto patas arriba el orden internacional, desde la Defensa al comercio y la economía. Y en el caso de Europa, las amenazas de Trump nos han hecho ver que “tenemos que defendernos solos”, que se ha acabado la época en que EEUU se hace cargo de la Seguridad y Defensa de los europeos, financiando el 69% de la OTAN, mientras los grandes paises europeos apenas financian este paraguas de seguridad común (el Reino Unido financia el 6% de la OTAN, Alemania el 5,27%, Francia el 4,7%, Italia el 2,72% y España el 1,24%). “La era del dividendo de la paz hace mucho que se acabó. Estamos en una era de rearme”, dijo recientemente la presidenta de la Comisión, Úrsula Von der Leyen. De repente, en los últimos meses, la mayoría de los paises europeos se han dado cuenta del peligro, de que “tenemos que defendernos solos” ante un mundo más peligroso y donde EEUU (con o sin Trump) no está dispuesto a ser “el gendarme del mundo”. Esta preocupación por la Defensa y la Seguridad es mayor en los paises europeos que tienen frontera con Rusia (los nórdicos, bálticos y Polonia), pero ha calado en la opinión pública de toda Europa. De hecho, Alemania ha reformado su Constitución para elevar su gasto en Defensa, Polonia ha pedido a Washington el despliegue de armas nucleares en su territorio, los paises bálticos y Polonia estudian volver a desplegar minas antipersona en su frontera con Rusia y hay varios paises europeos (Polonia, Alemania o Francia) que se plantean reimplantar el servicio militar obligatorio (en España se abolió en 2001), que ya tienen 10 paises UE (Estonia, Letonia, Lituania, Dinamarca, Finlandia, Suecia, Croacia, Austria, Grecia y Chipre) y otros 6 europeos (Noruega, Turquía, Ucrania, Moldavia, Bielorrusia y Suiza).
En definitiva, que tras las crisis de la pandemia y la
invasión de Ucrania, la llegada al poder de Trump ha desatado en Europa otra
nueva crisis, la preocupación por “la autonomía estratégica” de Europa,
la necesidad de reforzar la Defensa y la Seguridad europeas. El 4 de marzo,
la presidenta de la Comisión lanzó un Plan estratégico, “ReArm
Europe” (ReArmar Europa), con una cifra mágica (la
misma que la del Plan “Next Generation” contra la pandemia): gastar
800.000 millones en 4 años para dar un salto hacia adelante en la
autonomía estratégica de Europa, para financiar proyectos de Defensa y
seguridad europeos. El Plan incluye 150.000 millones de créditos
europeos (financiados con la emisión de “deuda europea”), que se ponen a
disposición de los 27 paises UE (y otros que los pidan), para financiar
proyectos de rearme. Y se propone que los 650.000 millones restantes los
financien los paises, a cambio de dejarles que gasten más y superen sus
déficits (hasta un 1,5% del PIB) sin sancionarles.
Unos días después, el 19 de enero, la Comisión Europea
publicó el Libro Blanco
sobre la defensa Europea, concretando más el Plan “ReArmar Europa”.
Ahí se esbozan las prioridades de inversión en la Defensa y
Seguridad europeas: avanzar en los sectores donde Europa tiene más necesidades
sin cubrir, realizar compras conjuntas de armamento y seguridad (como con las
vacunas), fomentar la creación de una potente industria europea de la Defensa
(con la coordinación o fusión de empresas), avanzar en la innovación
tecnológica y conseguir una mayor autosuficiencia estratégica, para que los
suministros futuros vengan de empresas europeas (ahora, el 60% del armamento
paises UE se compra a EEUU).
Al día siguiente de presentarse estos Planes se
convocó una Cumbre europea, donde los paises apoyaron estas
propuestas de “rearme europeo”, aunque con matices: unos, como Alemania o
Francia, están de acuerdo en movilizar fondos nacionales para reforzar su Defensa
(300.000 millones Alemania y 200.000 millones Francia) mientras otros, como
España y Polonia defienden que haya “un Fondo
Europeo de Defensa”, como el Fondo Next Generation” contra la
pandemia, que incluya no sólo créditos (los 150.000 millones prometidos por la
Comisión) sino subvenciones a fondo perdido (como los del Plan de
recuperación), para facilitar que los paises con menos recursos inviertan en
Defensa y Seguridad.
En medio de este panorama europeo “de rearme”, España se
veía “señalada”, por ser el país europeo que menos gasta en Defensa: 1,4%
del PIB en 2024, sólo por detrás de Luxemburgo (1,29%), Eslovenia
(1,29%) y Bélgica (1,3%), como Italia (1,49%) pero lejos del 2,12% de Alemania,
el 2,06% de Francia o el 4,12% de Polonia (y del 3,71% de USA). Y sobre todo, España
no ha cumplido el compromiso firmado por Rajoy
en 2014, en la Cumbre de la OTAN de Gales: que todos los paises
gastarían el 2% del PIB en Defensa en 2024. El Gobierno Sánchez pensaba
cumplirlo más tarde, en 2029, presionado por la falta de Presupuestos y la
postura “pacifista” de Sumar y Podemos. Pero estaba en medio de esa “vorágine
europea de rearme” y se
ha sentido presionado por Italia y Bélgica, que acaban de
comprometerse a gastar ese 2% en Defensa este año. Así que, el día antes del plazo
dado por la OTAN para enviar sus previsiones, el
Consejo de Ministros aprobó (el 22 de abril). aumentar el gasto para alcanzar
ese 2% en Defensa este año 2025, no en 2029.
Una vez más, como en la pandemia o la crisis de Ucrania, el
Gobierno ha querido “hacer de la necesidad virtud” y propone que España aproveche el reto del “rearme” para dar un
salto industrial y tecnológico, para reforzar el crecimiento, la
innovación y el empleo con el gasto en Defensa y Seguridad. Así justifica gastar
este año 10.471 millones más, para acabar gastando 33.123 millones en
Defensa y Seguridad en 2025, el 2% del PIB. Como no hay Presupuesto y
resultaría imposible que el Congreso apruebe este mayor gasto (los socios del
Gobierno no quieren gastar más y el PP y Vox no quieren apoyar al Gobierno en
un mayor gasto con el que están de acuerdo), el Gobierno ha buscado “un
atajo”: arañar dinero de otras partidas para conseguir esos 10.471
millones extras.
El nuevo dinero para gastar este año en Defensa y Seguridad (10.471
millones) sale
de tres fuentes: de reasignar
partidas del Plan de Recuperación (como 1.300 millones para Ciberseguridad), de
los ahorros conseguidos en el Presupuesto (3.000 millones menos gastados en
intereses de la deuda pública, 2.819 millones del Fondo de Liquidez Autonómica o
los 1.700 millones en compensar a las autonomías por menores ingresos, que ya
no están justificados, 1.680 millones de préstamos de Industria y 1.395
millones del Fondo de contingencia) y por una mayor recaudación fiscal debido
al mayor crecimiento y empleo.
El propio Pedro Sánchez explicó, al aprobar este gasto
extra, a
qué se destina, dejando claro que sólo el 18,75% de este nuevo
gasto será para armamento (1.962 millones), para blindados, fragatas y
armas, para “equipos de Defensa y disuasión más eficientes y seguros para los
soldados españoles”. El resto del gasto (81,25%) no es gasto en armas sino
en Defensa y Seguridad. La mayor partida, 3.712 millones (el 35% del gasto
extra) se destina a mejorar la situación de las Fuerzas Armadas
españolas: aumento de plantillas, mejora de sueldos (más bajos que en Europa), mejor
formación y equipamiento. La segunda mayor partida, 3.262 millones (el 31,16%)
se destina a mejoras de telecomunicaciones y Ciberseguridad (cada año
sufrimos más de 1.000 ciberataques en infraestructuras críticas, desde
hospitales a redes de energía y aeropuertos). La cuarta mayor partida (la 3ª es
la compra de armamento) se destina a reforzar las Fuerzas Armadas para que
atiendan catástrofes naturales (inundaciones, incendios…): se invertirán
1.750 millones (el 17% del gasto extra). Y la 5ª partida son 328 millones (el
3.14%) se destina a mejorar el equipamiento de los 3.000 militares españoles
que participan en misiones extranjeras (16).
Pedro Sánchez justificó
este mayor gasto militar en que “el mundo ha cambiado” y España
se tiene que “implicar en la Defensa de Europa”. Y planteó
dos compromisos. Uno, que este mayor gasto militar se va a
financiar sin tocar el gasto social: “una economía saneada y
dinámica como la española puede invertir en bienestar y en seguridad al mismo
tiempo”. El otro, que el 87% de esta inversión en Defensa y Seguridad “se
quedará en España”: 9.000 millones del gasto extra irán a empresas
españolas de todas las autonomías (“vamos a exigir a las empresas que involucren
en los proyectos a pymes y empresas emergentes”). Además, más de un tercio de
las inversiones son en “tecnologías de doble uso”, es decir que
no sólo suponen una innovación para la defensa sino también para toda la
economía.
Al final, la
filosofía del Gobierno es otra vez aprovechar una crisis, como la de la
pandemia o la invasión de Ucrania, para “hacer de la necesidad virtud”:
ya que tenemos que gastar en Defensa y Seguridad , que sirva para que
España dé otro salto tecnológico e industrial, para reforzar la
industria de la Defensa, Seguridad y Telecomunicaciones, que en España integran 400 empresas (muchas de ellas “punteras”),
con 36.000 empleos. Precisamente, el presidente Sánchez se
reunió con ellas en La Moncloa, en marzo, para pedirles que reforzaran
sus inversiones y se prepararan para “el rearme europeo”, participando en
programas con otras empresas del continente. Con todo este programa inversor en
Defensa y Seguridad, el
Gobierno espera crecer más (un +0,4/+0,7% adicional del PIB),
crear 100.000 nuevos empleos (de calidad) y aumentar la inversión en
tecnología un 18%. Otro fuerte estímulo al crecimiento, como lo está siendo
el Plan de recuperación.
España no ha querido esperar a que Bruselas concrete su Plan
“ReArmar
Europa” para comprometer este gasto extra en Defensa y Seguridad, con
el que se presentará a la Cumbre de la OTAN de junio en La Haya. Una
Cumbre donde se espera aumentar el gasto militar de la OTAN hasta
el 3,5% del PIB en 10 años. Así que España y el resto de Europa tendrán
que seguir aumentando su gasto en Defensa y Seguridad en los
próximos años, con fondos europeos y nacionales. El objetivo de Bruselas es
conseguir un gasto militar y una mayor independencia estratégica en 5 años,
la base de un “ejército Europeo”. Para ello, tratarán de reforzar
la industria de defensa europea (con programas de inversión y fabricación
conjunta), unificando compras y equipos y coordinando prioridades.
El último informe sobre Defensa del Parlamento Europeo, presentado
el 2 de abril, refleja las carencias comunitarias, las que deben ser
ahora las prioridades europeas: comunicaciones por satélite (habría que
integrar las empresas Thales, Airbus y Leonardo, para crear un gigante europeo que
compita con los satélites de Elon Musk), los aviones de transporte de
tropas y de reabastecimiento en vuelo (ahora son de USA), conseguir
cadenas de mando y control integrados y avanzar en artillería y escudos
antimisiles. Y es clave avanzar en las compras conjuntas, tras la
aprobación por Bruselas del EDIRPA, la norma que obliga a los paises a que
el material militar que compren contenga un 65% de material “made in Europe”…
Bueno, parece que Europa
“se ha despertado de un sueño” y ahora la mayoría de paises y
ciudadanos (por las encuestan) apoyan un mayor gasto en Defensa y Seguridad,
sabiendo que no es tanto gastar más en cañones, tanques o aviones como gastar
en tecnología, satélites, inteligencia militar y ciberseguridad. Y que no
se trata de gastar más sino de gastar mejor y juntos. Porque se da la
paradoja de que Europa
es la 2ª potencia militar del Planeta, tanto en efectivos como en
capacidades y gasto, pero no es eficaz porque no actúa como un solo país,
sino que son 27 paises (o 35) “haciendo la guerra por su cuenta”, con sus
propias estructuras, sus distintas prioridades y su distinto armamento (un
ejemplo: en Europa hay 20 tipos distintos de tanques…). Hay que avanzar
en unificar la Defensa y Seguridad del continente, un eslabón clave para
conseguir una Europa más integrada y unida.
En definitiva, nos guste o no, Europa
tiene que “rearmarse”, para poder “auto defenderse” en el futuro
ante un mundo convulso y de bloques. Tardaremos años y nos costará dinero y grandes
esfuerzos, pero no se puede delegar nuestra seguridad en otros. El
dilema no es “cañones o mantequilla” sino “seguridad
o inseguridad”. Europa no puede aspirar sólo a mantener el Estado
de Bienestar de sus ciudadanos porque sin seguridad no hay bienestar.
No se trata de ser “militarista” o “pacifista”: la realidad es que hay
que invertir para defenderse. Y si encima conseguimos reanimar la economía, crear empleo y ganar en industrialización y tecnología,
mejor.
La “pinza” de Trump y Putin ha puesto patas arriba el orden internacional, desde la Defensa al comercio y la economía. Y en el caso de Europa, las amenazas de Trump nos han hecho ver que “tenemos que defendernos solos”, que se ha acabado la época en que EEUU se hace cargo de la Seguridad y Defensa de los europeos, financiando el 69% de la OTAN, mientras los grandes paises europeos apenas financian este paraguas de seguridad común (el Reino Unido financia el 6% de la OTAN, Alemania el 5,27%, Francia el 4,7%, Italia el 2,72% y España el 1,24%). “La era del dividendo de la paz hace mucho que se acabó. Estamos en una era de rearme”, dijo recientemente la presidenta de la Comisión, Úrsula Von der Leyen. De repente, en los últimos meses, la mayoría de los paises europeos se han dado cuenta del peligro, de que “tenemos que defendernos solos” ante un mundo más peligroso y donde EEUU (con o sin Trump) no está dispuesto a ser “el gendarme del mundo”. Esta preocupación por la Defensa y la Seguridad es mayor en los paises europeos que tienen frontera con Rusia (los nórdicos, bálticos y Polonia), pero ha calado en la opinión pública de toda Europa. De hecho, Alemania ha reformado su Constitución para elevar su gasto en Defensa, Polonia ha pedido a Washington el despliegue de armas nucleares en su territorio, los paises bálticos y Polonia estudian volver a desplegar minas antipersona en su frontera con Rusia y hay varios paises europeos (Polonia, Alemania o Francia) que se plantean reimplantar el servicio militar obligatorio (en España se abolió en 2001), que ya tienen 10 paises UE (Estonia, Letonia, Lituania, Dinamarca, Finlandia, Suecia, Croacia, Austria, Grecia y Chipre) y otros 6 europeos (Noruega, Turquía, Ucrania, Moldavia, Bielorrusia y Suiza).
Etiquetas:
ciberseguridad,
Defensa,
empresas armamento,
España,
Europa,
gasto militar,
Libro Blanco Defensa,
OTAN,
ReArmar Europa,
seguridad,
tecnología militar,
UE
jueves, 27 de marzo de 2025
La economía mundial, "patas arriba" por Trump
No lo hemos votado, pero ya sufrimos el desgobierno
de Trump. No sólo porque ponga en peligro la seguridad, la
democracia y el Estado del bienestar en Europa, con su apoyo
a la extrema derecha y a Putin, sino porque nos afecta al bolsillo:
el mundo crecerá menos este año y tendrá más inflación, por el
proteccionismo y los aranceles de Trump, según alerta la OCDE. Y Europa
seguirá estancada, con más inflación y sin poder bajar más los tipos,
según el BCE. El daño dependerá de los aranceles que finalmente aplique
Trump al resto del mundo (automóviles y otros), el 2 de abril. España los
sufrirá (desde el aceite y el vino a la
maquinaria), aunque menos que
Alemania, Irlanda, Italia o Francia. Es urgente que Europa reaccione con
más firmeza ante esta “epidemia Trump”, con más inversiones y proyectos
para afianzar la competitividad, la industria, la tecnología y la
descarbonización, para reanimar la economía y el empleo y asegurarnos la autosuficiencia,
la seguridad y la democracia. Trump concretará aranceles a Europa el 2 de abril
Hoy se cumplen 67 días desde la toma de posesión de Donald Trump como presidente de EEUU y parece que ha pasado un año, a juzgar por el tsunami que han provocado sus medidas (dictatoriales, contradictorias y nefastas) en EEUU y en el resto del mundo. No sólo está desmontando las bases políticas de la democracia más antigua del Planeta (249 años) sino que se ha dedicado a desmantelar la cooperación multilateral (OMS, ONU, Acuerdo del Clima …) y retornar al gobierno de la fuerza de las grandes potencias (EEUU, Rusia y China), relegando y desprotegiendo a Europa (que se ve obligada a gastar más en Defensa y Seguridad) , con ataques a su democracia liberal y su Estado del Bienestar, apoyando a la extrema derecha del continente, que defiende “menos Europa”, más nacionalismos, menos inmigrantes y no seguir luchando contra el Cambio Climático. Pero el desgobierno de Trump no sólo afecta a nuestra democracia y a nuestros derechos sociales, también a nuestro bolsillo.
La alerta la
acaba de lanzar la OCDE, el organismo que agrupa a los 35 grandes paises
de Occidente: la economía mundial va a crecer menos este año 2025, por
las políticas proteccionistas de Trump y la incertidumbre geopolítica: el
mundo crecerá el 2,2% en 2025 (-0,2% menos de lo previsto en
diciembre) y el 1,6% en 2026 (-0,5% de lo que preveían hace sólo tres
meses). El crecimiento
será este año menor al esperado en EEUU (2,1%, -0,2%), la
eurozona (1%, una rebaja del -0,3%), Alemania (0,4%, -0,3% que en
diciembre), Francia (0,8%, -0.1 sobre lo previsto), Italia (0,7%,
-0,2% frente a lo previsto antes) y Reino Unido (1,4%, -0,3% de rebaja),
aunque España será el único país que crecerá más de lo previsto
en diciembre (2,6%, +0,3%), junto con China (4,8%, +01% de lo previsto).
México entrará en recesión (-1,3%) y Canadá apenas crecerá (0,7%,
-1,3% que antes).
La otra consecuencia negativa de la incertidumbre económica
desatada por Trump y sus aranceles es que subirá la inflación en el mundo: aumentará
un 0.3% adicional en los próximos 3 años, según
la OCDE, que estima una inflación mundial del 3,8% en 2025, un 2,2%
en la zona euro (+0,1% que antes), 2,4% en Alemania (+0,4%) y un 2,8% en EEUU
(+0,7% más de lo previsto en diciembre), mientras subirá al 2,5% en España
(+0,4% sobre la previsión anterior), el 1,5% en Francia (-0,1%) y el 1,7% en
Italia (-0,4%), disparándose la inflación en Canadá (3,1%, +1,1% que en
diciembre) y México (4,4%, +1,1%).
En el caso específico de Europa, el
BCE acaba de lanzar otra alerta: si Trump ejecuta su
amenaza de aranceles a los productos europeos, la zona euro se estancará,
creciendo sólo un 0,4% en 2025 (frente al 0,9% que esperaban creciera hace unos
meses). Y además, subirá más la inflación, al encarecerse los productos
importados de EEUU, del 2,3% que antes se esperaba al 2,8% en 2025. Y eso,
advierte el BCE, les
dificultará nuevas bajadas de los tipos de interés, que están en el 2,5%
tras las 6 bajadas hechas en los últimos 9 meses. De hecho, el Euribor , que marca la revisión de las hipotecas, ha frenado sus
bajadas y lleva una media
mensual de 2,414%, superior al Euribor de febrero (2,407%).
Y todas estas previsiones negativas se han hecho sin
que aún sepamos realmente los aranceles (impuestos a los
productos extranjeros) que va a
imponer Trump al resto del mundo, porque en las últimas semanas se ha
dedicado a amenazar y luego desdecirse, con lo que resulta
difícil seguirle. Las decisiones
que sí ha tomado han sido subir un 10% los aranceles a China el
4 de febrero y otro 10% adicional (20% en total) el 4 de marzo. Y decretar una
subida de aranceles al acero y al aluminio del resto del mundo, desde el
12 de marzo. A partir de aquí, el resto de las subidas de aranceles las anunciará el próximo miércoles 2 de
abril , que Trump ha bautizado como “el día de la liberación”,
asegurando a los norteamericanos que va a recaudar “miles de millones de dólares”… Eso sí, como "aperitivo", ayer Trump anticipó que subirá los aranceles un 25% a todos los coches extranjeros (Europa vende 750.000 coches al año a EEUU...).
¿Qué otros aranceles va a aplicar Trump el 2 de abril ? En
un principio, su Administración ha hablado de gravar con aranceles los productos extranjeros
de algunos sectores, como los automóviles, microprocesadores,
productos farmacéuticos y alimentos y bebidas (vino, aceite). Pero ahora,
parece que los
futuros aranceles no serán tanto sectoriales como “recíprocos”:
se centrarán en los paises con los
que EEUU tiene más déficit comercial, además de los aranceles del 25% a
sus vecinos Canadá y México (aprobados ya, pero con 2 prórrogas
sobre su entrada en vigor). Eso significaría que los aranceles serían
mayores con las regiones y paises con los que EEUU tiene un mayor
déficit comercial.
Veamos cuáles son. En 2024, el “agujero” comercial de
EEUU (déficit, la diferencia entre lo que importa y lo que exporta) fue
de 1,212
billones de dólares (1.212.000.000 millones $), mayor que en
2013 (1,062 billones) y en 2022 (1,173 billones), un déficit alentado
por el fuerte consumo de los estadounidenses estos años y la pérdida de
competitividad de algunas industrias y sectores, que han aupado a Trump. La
cuarta parte de este déficit comercial USA es con
China (-295.400 millones de dólares en 2024, menor que entre 2012
y 2022), seguido del déficit comercial con la Unión Europea (-235.571
millones de dólares), México (-171.189 millones $), Vietnam
(-132.500 millones $), Taiwán (-73.900 millones $), Japón
(-68.500 millones $) y Canadá (-63.336 millones $). Así que, lo probable
es que Trump aumente más los aranceles a China, la UE, México, Vietnam, Taiwán,
Japón y Canadá.
Después de China, la
UE es la bestia negra de Trump, no sólo por el déficit comercial
sino también porque su Gobierno está apoyado por “la tecnocracia de
Internet” (Meta, Google, Amazon, X…), que han tenido y tienen serios “encontronazos
regulatorios” (expedientes y multas) con la Comisión Europea,
que les impone normas y Leyes. Además, el modelo político y social de la
UE es “enemigo político” de Trump y su ultraderecha, que defienden recortes
en la Administración, obligando a los norteamericanos a pagarse (aún más) la
sanidad, la educación o recortando los gastos sociales. Son “dos
modelos sociales” enfrentados y la Administración Trump pretende
debilitar a Europa recortando su papel en la OTAN (que obliga a un mayor gasto
europeo en Defensa y Seguridad y apoyando a la extrema derecha europea, para exportar
su “modelo” (antisocial, antinmigración y anti verde).
Pero los aranceles de Trump pretenden, sobre todo, debilitar
a la economía europea y forzar más compras de productos “made in USA”
(sobre todo energía) y la instalación en suelo norteamericano de más empresas
extranjeras. Por eso, los grandes objetivos de Trump en Europa
son las economías que más les venden, las que tienen un mayor superávit comercial
con EEUU. En 2024, el superávit comercial de la UE-27 con EEUU fue de +198.200
millones de euros (+26% sobre 2023), según
Eurostat, un superávit para Europa que ha ido en aumento, incluso
durante el primer mandato de Trump (en 2018 era de +136.382 millones de
euros y subió a +152.723 millones en 2020).
La mayor parte de este superávit europeo ( o del
déficit comercial de EEUU frente a Europa) se
concentra en 5 paises que serán los que más “sufran” ahora los
aranceles de Trump: Alemania (+92.247 millones de superávit comercial
con USA en 2024), Irlanda (+50.828 millones), Italia (+38.870
millones), Austria (+11.415 millones) y Suecia (+9.299 millones).
Francia apenas tiene superávit comercial con EEUU (+2.989 millones euros) y sólo
hay 2 paises de la UE que tengan déficit comercial con EEUU: Paises
Bajos (-24.758 millones) y España (-5.981 millones de déficit
comercial con EEUU en 2024).
Con estas
cifras, lo “esperable” (con Trump es mucho decir) sería que los
paises más afectados por los esperados aranceles USA a Europa sean Alemania
e Italia, también Francia (son los 3 que más les venden), y menos Irlanda,
porque allí hay instaladas muchas multinacionales USA. España podría verse menos afectada,
porque tenemos déficit con EEUU y les vendemos poco (18.971 millones de
euros en 2024), además de que estas ventas representan menos porcentaje del
total exportaciones no europeas (el 12,3%) que en el caso de Irlanda (el 53,7%
de sus exportaciones no UE van a EEUU), Austria (25,7%), Portugal (23,3%),
Finlandia (23%) y Alemania
(el 22,7% de las exportaciones no europeas van a EEUU). Pero eso no quita
para que haya preocupación en algunos sectores españoles, “amenazados”
por posibles aranceles de Trump: aceite de oliva, vino, piezas de automóvil,
medicamentos, cerámica y motores/aparatos eléctricos.
La Comisión Europea (y no los paises) es quien tiene
la competencia sobre comercio exterior y la que tiene que responder a los
aranceles de Trump. Inicialmente, Bruselas elaboró una lista de productos made in USA a los que aplicar
aranceles (impuestos) el 2 de abril: barcos de recreo, motos Harley
Davison y ropa Levis, más productos agrícolas (soja) y bourbon, una lista de
productos agrícolas e industriales que está pactando con los paises. Pero,
finalmente, la
Comisión ha decidido “posponer” 2 semanas, hasta el 16 de abril, la
lista y la entrada en vigor de estos aranceles europeos que responden a las
amenazas de Trump. Es una manera de “ganar tiempo”, para conocer la
lista USA del 2 de abril y posibles negociaciones.
Al final, habrá
que esperar al 2 de abril para ver hasta donde llegan los
aranceles de Trump y la respuesta europea. Pero mientras, hay
varias cuestiones claras. Una, que parte del daño está hecho,
por el aumento de la incertidumbre económica, que está hundiendo el crecimiento
y avivando la inflación. Dos, que los
aranceles no benefician a nadie, tampoco a Europa, aunque Trump
sólo entiende las respuestas enérgicas y habrá que responderle con aranceles
que dañarán, no sólo a los norteamericanos sino también a los europeos. Y tres,
que Europa está ante otro “momento crítico”, como cuando llegó la
pandemia o Rusia invadió Ucrania. Y como en estas dos crisis, ha de reaccionar
unida y tomando medidas contundentes.
Si el desgobierno de Trump y el avance de las autocracias
parece imparable, Europa tiene que reforzarse, no sólo políticamente
(reforzando la integración europea y consiguiendo una
mayor autonomía en Defensa y Seguridad) sino sobre todo económicamente.
Si la epidemia del COVID dio lugar al Plan de Recuperación, la “epidemia
Trump” debe obligar a poner en marcha otro
Plan ambicioso, que permita invertir en modernizar la economía
europea, con más tecnología, innovación , digitalización y descarbonización, que
permita remontar los daños de los aranceles y mejorar el crecimiento y la
competitividad europea en el mundo, buscando nuevos socios e inversores
(Canadá, Latinoamérica, Australia, Asia) al margen de EEUU. Urge poner
en marcha el Plan Draghi para asegurar el futuro de Europa.
No parece que Europa, con la crisis política en Alemania,
Francia e Italia, haya optado por esta vía y de momento sólo avanza en la
mejora de la seguridad, “asustada” por Rusia. Pero urge poner en marcha un
2º Plan de Recuperación europeo, avanzando en un tema clave:
Europa necesita más recursos públicos (el Presupuesto europeo es ridículo:
el
1% del PIB, mientras el Presupuesto Federal USA asciende
al 38,5% de su PIB ) y más inversión privada (urge la reforma de los
mercados de capitales y promover multinacionales europeas) para financiar este “saldo
adelante” que necesitamos. Y sobre todo, avanzar en una Europa más unida,
frente al avance de la ultraderecha nacionalista. No son tareas
fáciles.
Hoy se cumplen 67 días desde la toma de posesión de Donald Trump como presidente de EEUU y parece que ha pasado un año, a juzgar por el tsunami que han provocado sus medidas (dictatoriales, contradictorias y nefastas) en EEUU y en el resto del mundo. No sólo está desmontando las bases políticas de la democracia más antigua del Planeta (249 años) sino que se ha dedicado a desmantelar la cooperación multilateral (OMS, ONU, Acuerdo del Clima …) y retornar al gobierno de la fuerza de las grandes potencias (EEUU, Rusia y China), relegando y desprotegiendo a Europa (que se ve obligada a gastar más en Defensa y Seguridad) , con ataques a su democracia liberal y su Estado del Bienestar, apoyando a la extrema derecha del continente, que defiende “menos Europa”, más nacionalismos, menos inmigrantes y no seguir luchando contra el Cambio Climático. Pero el desgobierno de Trump no sólo afecta a nuestra democracia y a nuestros derechos sociales, también a nuestro bolsillo.
Así que las
medidas de Trump y la incertidumbre geopolítica que ha desatado
supondrán un menor crecimiento de la mayoría de paises, que afectará
a España (exportaremos menos y los turistas tendrán menos dinero para
visitarnos y gastar, retrayendo además las inversiones extranjeras hacia España),
nos subirá la inflación (por el encarecimiento de las importaciones,
entre ellas la energía) y evitará
que nos bajen más las hipotecas, lo que acabará frenando el consumo,
la inversión y el empleo, con el riesgo de que el mayor gasto en Defensa y
Seguridad que nos exigirá Europa obligue a relegar otras inversiones y gastos
sociales. Demasiadas consecuencias como para no preocuparse.
Etiquetas:
aranceles,
BCE,
Crecimiento,
Defensa,
déficit comercial,
EEUU,
España,
estancamiento Europa,
Europa,
inflación,
inversiones europeas,
OCDE,
proteccionismo,
Putin,
seguridad,
tipos de interés,
Trump,
USA
lunes, 3 de junio de 2024
Elecciones europeas 2024: mucho en juego
Este domingo 9 de junio, 360 millones de europeos elegimos
el gobierno de la Unión Europea para los próximos 5 años. Unas elecciones
cruciales, porque en Bruselas se deciden temas claves para nuestro día
a día y nuestro futuro: la lucha contra el Cambio Climático, la
energía, el control de la inmigración, la seguridad europea y,
sobre todo, la supervivencia económica de Europa frente a Estados Unidos
y China, además de mantener a Europa como el continente más libre y
socialmente avanzado del mundo. En las últimas décadas, el gobierno
europeo lo ha gestionado una alianza de demócratas cristianos,
socialdemócratas y liberales, pero ahora, la extrema derecha (Le
Pen, Meloni, Vox…) pugna por ser el tercer bloque político,
promoviendo una coalición con la derecha más conservadora (parte del PPE) para dar
marcha atrás en muchas políticas, desde el negacionismo climático a la inmigración,
nuevos ajustes o el recorte de libertades. Y defienden más poder de los
paises frente a más Europa. Nos jugamos el futuro. Vota
avanzar, no retroceder. Enrique Ortega
Son las décimas elecciones europeas, desde las primeras de 1979. En las anteriores, en mayo de 2019, el temor político estaba centrado en los efectos del Brexit (salida del Reino Unido de la UE, tras el referéndum de junio de 2016), el riesgo de avance de la ultraderecha nacionalista en Francia, Holanda, Italia y Alemania. Ahora, en estas elecciones del 9 de junio, está en juego el propio proyecto europeo: si avanzamos hacia “más Europa” o si retrocedemos a posturas nacionalistas, con más peso de los Estados y menos avances en la integración económica, financiera, fiscal y política en Europa. De nuevo, elegimos entre “avanzar” o “retroceder” en los Estados Unidos de Europa.
Con todo, el gran temor es que se produzca “un cambio
político de fondo” en la gestión de la política europea, en el
Parlamento Europeo y luego en la Comisión, el gobierno de los 27. En las
últimas décadas, el
proyecto europeo lo ha liderado una coalición integrada por conservadores
socialcristianos (177 diputados en 2019), socialdemócratas (140 diputados) y
los liberales y centristas (102 diputados
en el grupo Renew Europa), que tienen la mayoría, con los Verdes (72) y La
Izquierda europea (37 escaños), en el Parlamento de Estrasburgo (705 escaños
tras la salida del Reino Unido). Pero en los últimos años han
crecido los grupos de extrema derecha, muy poderosos en Francia (Le Pen),
Italia (Meloni y Salvini), Polonia (PiS), Hungría (Fidesz), (Alemania (AfD) y
Holanda (Partido por la Libertad), aunque están presentes en todos los
parlamentos europeos, salvo en Irlanda, Eslovenia y Lituania.
Si los grupos de extrema derecha ya consiguieron un
21,8% de los votos en las elecciones europeas de 2019 (19,29% si restamos a la ultraderecha británica), ahora se espera que
crezcan en las elecciones del 9-J. Y con ello, la
extrema derecha podría convertirse en el tercer grupo político de Europa, ampliando
los diputados que ya tienen los 2
grupos ultraderechistas presentes en Estrasburgo: 73 diputados de Identidad
y Democracia (Le Pen, Alternativa para Alemania, Salvini y Partido por la
Libertad de Holanda) y 68 diputados de ECR, Conservadores y Reformistas
(Meloni, el polaco PiS, el francés Reconquista y el español VOX). Y podrían unírseles
los futuros eurodiputados del húngaro Víktor Orban, cuyos 13
eurodiputados fueron
expulsados en 2021 de las filas del grupo popular europeo (PPE), tras
múltiples encontronazos políticos.
La derecha europea, el PPE (donde está el PP español) es consciente
del “cambio político” y ha querido anticiparse con un “cambio de
estrategia”: la candidata del PPE a presidenta de la Comisión Europea, Úrsula
von der Leyen (líder de la CDU, democracia cristiana alemana), enfrentada
desde hace años con el presidente del PPE (Manfred Weber, líder de la CSU, los
socialcristianos alemanes), está dispuesta a compensar la pérdida esperada
de diputados propios (el PPE bajará a 170), socialdemócratas (entre 130 y
140) y sobre todo de centristas y liberales (esperan bajar a 85), más verdes
(43) y de izquierdas (30) con
una alianza futura con parte de la extrema derecha, a la que hasta
ahora los conservadores europeos han impuesto “un cordón sanitario”,
sobre todo en Alemania.
En concreto, Von der Leyen dice que está
dispuesta a gobernar con los diputados de Meloni, porque aunque sea de
extrema derecha, es “europeísta” y está contra Putin (y contra
los inmigrantes ilegales, a los que deporta a Albania, contra el aborto y la
homosexualidad, además de contra muchas libertades, siendo su aliado en España el líder
de Vox, Santiago Abascal). Este cambio de los conservadores europeos ha
sido criticado por el líder de los socialdemócratas, el luxemburgués Nicolas
Schmit, que amenaza
con romper la coalición con Von der Leyen si pacta con Meloni.
Así que en estas elecciones se juega si sigue
gobernando la alianza conservadora-social- liberal o si
el gobierno de Bruselas se escora a la derecha, empujado por la
ultraderecha y los populistas, que tienen en común ser más “nacionalistas”,
apostar por mantener el poder de los paises en muchas cuestiones y frenar los
avances en la integración europea en temas
claves como el Cambio Climático, la independencia energética, la
inmigración, la política de seguridad y, sobre todo, los avances en el mercado único
y la integración económica, fiscal y financiera, para conseguir unos Estados
Unidos de Europa. Los grandes retos de Europa.
El primer gran reto de Europa (y del mundo) es afrontar
la Crisis Climática. Hasta ahora, el continente ha sido el líder en
la lucha contra las energías fósiles y en el desarrollo de las energías verdes,
aprobando en
2019 el Pacto Verde Europeo, con un objetivo pionero
en el mundo: reducir las emisiones de gases de efecto invernadero un 55% hasta
2030 y dejarlas en cero emisiones netas para 2050. Para ello, la
Comisión ha aprobado estos años múltiples Planes e inversiones, pero le ha
costado aprobar en el Europarlamento la
Ley de Restauración de la Naturaleza, que salió adelante el 24 de febrero
de 2024, con los votos en contra de la extrema derecha europea y parte de
los conservadores. Ley duramente criticada por los agricultores
europeos y que ahora debe ser ratificada por los paises, en el Consejo
de Medio Ambiente del 17 de junio, tras las elecciones del 9-J.
Si la ultraderecha y la derecha más conservadora y
negacionista (como el PP español) avanzan en estas elecciones europeas, podría
haber una marcha atrás en las políticas medioambientales, a pesar de
que el
80% de los hábitats europeos están en mal estado (la Ley sólo pretende
restaurar el 20% que está peor para 2030). Si avanza la derecha negacionista,
cobrará fuerza la resistencia económica y empresarial contra los
impuestos verdes y las normas anti-emisiones, con la “excusa” de que el
liderazgo medio ambiental de la UE pone en peligro la competitividad y los
empleos de las empresas europeas. Y eso sería especialmente grave para el sur
de Europa, muy afectado por la Crisis Climática.
El segundo gran reto es regular la inmigración a Europa. El
problema es serio, porque en 2023 llegaron a la UE un total de 255.332
inmigrantes irregulares, una cifra elevada pero muy distante de los 1,04
millones que llegaron en 2015, tras la guerra de Siria. Eso sí, Europa sigue
siendo un continente atractivo para los millones de jóvenes sin futuro de
África, Oriente Medio, Asia y América, como lo demuestra que las
solicitudes de asilo se hayan vuelto a disparar: el récord fue en 2015
(1.216.868 solicitudes), bajó a menos de la mitad en 2018 (564.115) y luego ha
crecido año tras año, hasta llegar a 1.049.020 solicitudes de asilo en 2023,
según
Eurostat (320.025 en Alemania, 160.460 en España, 145.095 en Francia,
130.565 en Italia y 55.605 en Austria). Un problema, la llegada de inmigrantes,
que hay que canalizar aunque Europa necesita empleo extranjero, por
su alto
envejecimiento: el 21% de los europeos tienen más de 65 años y en
2050 serán mayores el 29,5%. De hecho, la ONU ha alertado que Europa
necesita 60,8 millones de inmigrantes para 2050.
Los gobiernos europeos han intentado tomar
medidas para regular la inmigración, tras la avalancha de 2015, sin
conseguirlo: han puesto “parches” a las llegadas, que han sufrido
Grecia, Italia y España, junto a Alemania, entre el desinterés del resto,
mientras 3.000 inmigrantes morían en el Mediterráneo. Finalmente, la Comisión y
los paises han buscado aprobar un Pacto
sobre Migración y Asilo antes de estas elecciones, temiendo que luego
sea más difícil lograrlo. Se
aprobó el 10 de abril en el Europarlamento, con muchas críticas tanto de la
derecha como de la izquierda (322 votos a favor, 266 en contra y 31 abstenciones).
Y el Consejo
ratificó el 14 de mayo este Pacto migratorio que endurece la entrada y el
asilo de inmigrantes, permitiendo que los paises del norte puedan comprar su
insolidaridad pagando 20.000 euros por los inmigrantes que les toquen y no
acojan.
Pero este Pacto migratorio in extremis, manifiestamente
insolidario, no resuelve el problema: dos días después del acuerdo del
Consejo Europeo, el 16 de mayo, 15
paises europeos enviaron una carta a la
Comisión en la que pedían que “explorara acuerdos para
crear Centros de acogida fuera de la UE para inmigrantes rescatados en el mar”,
al igual que quiere hacer el británico Rishi Sunak en Ruanda (la carta de la
vergüenza la enviaron Dinamarca, República Checa, Bulgaria, Estonia,
Grecia, Italia, Chipre, Letonia, Lituania, Malta, Paises Bajos,
Austria, Polonia, Rumanía y Finlandia). Si en esos paises y en el
resto de Europa avanza la extrema derecha, el endurecimiento de las políticas
migratorias será una realidad. A pesar de que el porcentaje de extranjeros sólo
supera el 10% de la población en 7 paises UE: Suecia (20,4%), Alemania (19,5%%), España
(17,1%), Francia (13,1%), Portugal (16,1%), Grecia (11,3%) e Italia (10,9%). En
total, hay 63,6
millones de europeos nacidos en el extranjero, el 13,3% del total
(15,3% en EE. UU.).
El tercer gran reto europeo es la defensa y seguridad,
sobre todo tras la invasión de Ucrania por Putin (febrero 2022) y ante el temor
de que Trump gane la presidencia de EEUU. Parece claro que Europa no
puede dejar la defensa y seguridad del continente en manos de la OTAN,
una organización financiada en un 67% por EEUU. Ya en 2020, la Comisión
y los paises aumentaron
el gasto europeo en Defensa, que pasará de 214.000 millones (2021) a
284.000 millones en 2025. Y se creó, en 2021, un Fondo
Europeo de Defensa, dotado con 7.921 millones hasta 2027 para promover
la investigación y desarrollo de nuevas armas, dentro de una Política de Defensa
Europea, que contempla fomentar una industria armamentística europea y
un Mercado Común de la Defensa, para evitar que pase lo que ahora: el 80% del
gasto que ha hecho la UE para defender Ucrania ha servido para crear
empleos en USA, Turquía o Corea, no en Europa.
Cara al futuro, los paises tendrán que afrontar la creación
de un Ejército Europeo, que complemente a la OTAN, aumentando el
gasto en Defensa y Seguridad. Actualmente, sólo
11 de los 31 paises de la OTAN gastan más del 2% del PIB en Defensa (3,90%
Polonia, 3,50% USA, 3,01% Grecia, 2,73% Estonia, 2,54% Lituania, 2,45%
Finlandia, 2,44% Rumania, 2,43% Hungría, 2,27% Letonia, 2,07% Reino Unido y
2,03% Eslovaquia), mientras Francia gasta 1,90%, Alemania 1,57%, Italia
1,46% y España 1,26% del PIB en 2023. Ya este 2024, la OTAN espera
que dos tercios de los paises gasten más del 2% en Defensa, una prioridad,
como la Seguridad (física y cibernética) para el próximo Gobierno europeo.
Y llegamos al cuarto gran reto europeo, el
fundamental: mejorar
su competitividad, asegurar su lugar en un mundo cada vez más
complejo y dominado por Estados Unidos y China. “Europa
puede morir”, alertó el presidente Macron en la Sorbona, al abrir
la campaña de las europeas. El temor es que Europa pierda el
tren del futuro, desde la tecnología y la digitalización a los chips y la
inteligencia artificial, que las empresas europeas no sean capaces de
competir en los mercados mundiales con los gigantes norteamericanos y
chinos. Hay dos datos preocupantes. Uno, que el
déficit comercial de la UE con China se ha duplicado: de -182.300 millones
en 2020 saltó a -396.800 millones en 2022, aunque ha bajado a -291.600
millones en 2023. El otro, que la mayor parte del ahorro
europeo lleva años “fugándose” del continente, a inversiones
punteras en Estados Unidos y China.
Europa necesita buscar su lugar en el mundo, ser
más competitiva y con empresas punteras para sobrevivir en un siglo que
estará dominado por USA, China y quizás India. El miedo es que Europa
no avance en su integración, porque país a país será incapaz de
sobrevivir. Para saber qué hacer, la Comisión
encargó dos informes, a los exministros italianos Enrico Letta y Mario Draghi.
El informe de Letta (“Mucho
más que un mercado”) propone
cambios estructurales en 3 grandes áreas: telecomunicaciones,
energía y finanzas. Tres sectores donde Europa tiene muchas empresas
pequeñas y necesita conseguir grandes multinacionales (con fusiones
europeas), para competir con USA y China. Y pone como ejemplo la industria
aeronáutica: Airbus es líder mundial porque es una empresa
europea (Francia, Alemania y España). Si fuera sólo la empresa de un país, la líder sería
la norteamericana Boeing…
Este ejemplo de Airbus hay que replicarlo en las
telecomunicaciones, la energía, la banca, las empresas tecnológicas, las
farmacéuticas, las de armamento, las automovilísticas, los chips, la
inteligencia artificial, etc., etc., movilizando esfuerzos e inversiones
europeas. Y para ello, Europa
debe avanzar en el mercado único, en una mayor integración
presupuestaria (el Presupuesto de la UE-27 es ridículo comparado con el de
los paises, el de USA o China), fiscal (más impuestos a nivel europeo y
menos nacionales) y financiera (fusiones para lograr gigantes
financieros europeos y crear una gran Bolsa europea).
Para competir en un mundo globalizado y muy
competitivo, hay que avanzar en más Europa, en construir
de verdad los Estados Unidos de Europa, no potenciar los nacionalismos
como defiende la ultraderecha y gran parte de los conservadores europeos. Sólo
así Europa podrá ser más competitiva, crecer más y crear empleos estables,
mientras busca reducir las
desigualdades entre la
Europa del norte y la del sur, que se han agravado: la renta
media disponible por habitante de Alemania (23.107 euros) es 1,34 veces
la de España (17.254 euros) y más del doble que la renta por habitante
de Bulgaria (9.671 euros en 2022).
Como vemos, muchos son los retos que tiene por
delante Europa y que nos afectan a todos. Por eso son
claves estas elecciones, porque no son lo mismo las recetas que
proponen los conservadores moderados, socialdemócratas o liberales que la
derecha menos evolucionada y la ultraderecha. Está en juego el modelo de
Europa, no solo sus libertades sino también sus posibilidades de competir
mejor en el mundo, de crear riqueza, empleo e igualdad, en un continente más
sostenible y que integre a nacionales y extranjeros. Al final, se trata de apostar
por más Europa, para conseguir una España mejor. Avanzar y no
retroceder. Vota.
Son las décimas elecciones europeas, desde las primeras de 1979. En las anteriores, en mayo de 2019, el temor político estaba centrado en los efectos del Brexit (salida del Reino Unido de la UE, tras el referéndum de junio de 2016), el riesgo de avance de la ultraderecha nacionalista en Francia, Holanda, Italia y Alemania. Ahora, en estas elecciones del 9 de junio, está en juego el propio proyecto europeo: si avanzamos hacia “más Europa” o si retrocedemos a posturas nacionalistas, con más peso de los Estados y menos avances en la integración económica, financiera, fiscal y política en Europa. De nuevo, elegimos entre “avanzar” o “retroceder” en los Estados Unidos de Europa.
Etiquetas:
cambio climático,
Comisión Europea,
competitividad,
Defensa,
elecciones europeas 2024,
extrema derecha,
inmigración,
Meloni,
Parlamento europeo,
PP,
PPE,
Seguridad europea,
socialdemócratas,
VOX
lunes, 23 de abril de 2018
Para Defensa sí hay Presupuesto
En los Presupuestos para
2018, ahora en el Congreso, el gasto en Defensa es la 2ª partida que más crece (+10,7%). Luego
será realmente más, porque todos los años se acaba gastando más de
lo presupuestado: 22.000 millones extras en los últimos 15 años (1.350 millones más
sólo en 2017). Y el Gobierno Rajoy se ha comprometido con la OTAN a gastar 18.000 millones en Defensa en 2024, un 80% más que hoy, tras aprobar nuevos programas de armamento. Y
todo ello en un mundo y una Europa
que se
están rearmando, que gastan más en Defensa con la excusa de “militarizar” la lucha contra el terrorismo,
la inmigración ilegal y los ciberataques. La seguridad no debería suponer
rearmarse sino invertir en inteligencia, policía y vigilancia, bajo un estricto
control civil. Y en Defensa, España debería reformar sus Fuerzas Armadas,
recortando efectivos y especializándolos, dentro de una mayor coordinación europea. Una Defensa más barata y con costes
transparentes. Otro debate que no se hace.
![]() |
| enrique ortega |
El gasto en Defensa siempre ha tenido “mala imagen” y los Gobiernos democráticos han tendido a “camuflarlo”, con distintos “trucos contables”: créditos extraordinarios al margen de los Presupuestos, partidas de gasto en organismos autónomos, gastos en misiones internacionales que se computan después… El resultado es que una cosa son los Presupuestos de Defensa que se aprueban cada año y otra los Presupuestos realmente ejecutados: los “gastos extras” en Defensa han sido de 21.973 millones de euros entre 2002 y 2017 (la mitad, 11.709 millones, con Rajoy), según las estadísticas anuales de ejecución presupuestaria de la Intervención General (Hacienda). Una media del 15% de desviación, el equivalente a dos años y medio de Presupuesto de Defensa.
Un acicate a este “encubrimiento” de gastos (mayor en los años de recortes) fue la aprobación por el Gobierno Aznar, en 1997, de un ambicioso Plan
para modernizar las Fuerzas Armadas, los PEAS (Programas Especiales de Armamento), que comprometieron un gasto
de 30.075 millones en la compra de 19 sistemas de armamento: fragatas, buques, submarinos, aviones de combate y
transporte, helicópteros, tanques, misiles y artillería. Para pagarlo, se inventó un “truco contable”: Industria daba un crédito público sin interés
de 14.000 millones de euros a las empresas de armamento, para que fueran
fabricando el material y luego Defensa
les pagaría el armamento a partir de 2011, cuando lo fueran recibiendo.
Pero llegó la crisis y el Gobierno Zapatero no hizo frente a las primeras facturas, con la excusa de recortar el déficit. Y al llegar Rajoy, se encontró con esta “herencia” de Aznar (ver aquí otras) y aprobó, en 2012, el primer crédito extraordinario para afrontar las deudas de 2010 a 2012. Y en 2013, el ministro Morenés (que venía de la industria de Defensa) renegoció los pagos de los PEAS, aprobando en agosto de 2013 un nuevo calendario: se ampliaba el plazo de pago (de 2025 hasta 2030) y a cambio se les pagaba algo más (+2.500 millones) por menos material, con plazos anuales crecientes.
Pero llegó la crisis y el Gobierno Zapatero no hizo frente a las primeras facturas, con la excusa de recortar el déficit. Y al llegar Rajoy, se encontró con esta “herencia” de Aznar (ver aquí otras) y aprobó, en 2012, el primer crédito extraordinario para afrontar las deudas de 2010 a 2012. Y en 2013, el ministro Morenés (que venía de la industria de Defensa) renegoció los pagos de los PEAS, aprobando en agosto de 2013 un nuevo calendario: se ampliaba el plazo de pago (de 2025 hasta 2030) y a cambio se les pagaba algo más (+2.500 millones) por menos material, con plazos anuales crecientes.
Esto ha sido una hipoteca desde 2012: cada año se
aprobaba un Presupuesto de Defensa y luego en verano se aprobaba un crédito extraordinario para cubrir los pagos de
armamento: 1.783 millones en 2012, 877 en 2013, 884 en 2014 y 856 en 2015. En
2016 ya no hay crédito extraordinario porque lo prohíbe una sentencia del Tribunal Constitucional (7 julio 2016), al que habían recurrido en 2014
los partidos UPyD, PSOE, IU y CiU. Pero el armamento comprado por Aznar hay que
pagarlo y en el Presupuesto 2017 se
incluye una partida extra (1.850 millones) para pagar los compromisos de 2016 y
2017, con lo que el Presupuesto de Defensa sube
un 36% (hasta 7.639 millones). Pero al final, incluso con esta partida
extra, el gasto real en Defensa ha sido
mayor en 2017: se ha desviado 1.349
millones más, hasta los 8.988
millones, según los recientes datos de la Intervención general (Hacienda).
Así que los
Presupuestos de Defensa siempre “engordan”. Y lo mismo pasará en 2018, donde
es el 2º Ministerio en el que más crece el gasto, tras Fomento, hasta los 8.453 millones, un 10,7% más
que el Presupuesto (inicial) de 2017. Pero ahí, en esa cifra, faltan
gastos, como las misiones internacionales, que no se presupuestan cada
año (debería hacerse, según el Tribunal de Cuentas, porque están previstas) y
que cuestan casi 1.000 millones anuales. Tampoco figuran gastos que hacen organismos
autónomos y otros están previstos a la baja, con lo que se espera que el gasto real en Defensa ronde los 10.500 millones de euros en 2018
(+16% sobre lo ejecutado en 2017),
no los 8.453 millones presupuestados.
Mientras el Tribunal Constitucional y el Tribunal de Cuentas piden que el gasto en Defensa sea más
transparente, son muchos los que se agarran a que España “gasta poco en Defensa”. No tan poco. En 2016, el gasto en
Defensa supuso el 1,0% del PIB, según los recientes datos de Eurostat, por debajo del 1,3% que gastó la UE-28.
Pero hay 10 países europeos que gastan
menos en Defensa que España: Irlanda (0,3%), Luxemburgo (0,4%), Malta y
Austria (0,6%), Hungría y República Checa (0,7%), Bélgica (0,8%), Eslovenia,
Rumanía y Portugal (0,9% del PIB). Alemania
y Eslovaquia gastan lo mismo (1% PIB) y los 15 países restantes gastan más, sobre todo Grecia (2,1%), Reino Unido (2% del PIB), Francia (1,8%), Polonia (1,6%) e Italia (1,3%). O sea, que gastamos menos en Defensa que los grandes.
Claro que hay expertos que señalan que el gasto real en Defensa en España es el cuádruple del que se dice. Un detallado estudio de los gastos en Defensa en 2017, elaborado por el colectivo Utopía
Contagiosa, eleva el gasto en Defensa de
los 7.639 millones presupuestados a 34.068 millones, tras añadir una serie
de partidas
“ocultas” en otros Ministerios y epígrafes: 3.549 millones en clases
pasivas (pensiones de militares), 1.702 millones en organismos autónomos
militares (INVIED, ISFAS, INTA), gastos del Ministerio del Interior (2.707
millones) y, sobre todo deuda militar
(16.386 millones más). De ser así y computarse como Defensa un gasto anual de 34.068 millones, estaríamos hablando de un gasto en Defensa del 2,92% del PIB, superior con mucho al
del resto de Europa.
Mientras esperamos que “alguien” exija aclarar cuánto gastamos de verdad
en Defensa, el presidente Rajoy ya se ha comprometido a gastar más:
en diciembre de 2017 envió una carta al secretario general de la OTAN donde se comprometía a gastar 18.000 millones de euros en Defensa en 2014,
un 80% más que ahora. Un compromiso que obligará a que el gasto de Defensa crezca más que los
demás Ministerios en los próximos años, mientras Rajoy se ha comprometido con
Bruselas a recortar el peso del gasto en educación, sanidad y gastos sociales, donde
España sí gasta realmente menos que Europa, no sólo en Defensa, según
Eurostat. Así, en educación,
España gasta el 4% (el 2º país de los 28 que menos gasta), frente al 4,7% de
media en la UE-28 y el 5,4% de Francia. En sanidad,
gastamos el 6% del PIB (el país UE que menos gasta), frente al 7,1% de media
UE-28 y el 8,1% de Francia. Y en
protección social, España gasta el 16,8% del PIB, frente al 19,1% de la
UE-28 y el 24,4% de Francia. Así que vale, gastamos algo menos en Defensa, pero
mucho menos en educación, sanidad y gastos sociales y Rajoy no se compromete a
gastar un 80% más, como en Defensa, sino porcentualmente menos, de aquí a 2024.
El Gobierno Rajoy se suma así a la ola de “rearme militar”
que recorre el mundo y Europa. Este
año 2018, el gasto militar mundial será el más elevado desde el final de la guerra fría
(1990), con más de los 1,69 billones de
dólares de gasto de 2016 (1,38 billones de euros), según Jane´s Defence
Budgets, destacando EEUU (611.000 millones dólares), China (215.000), Rusia
(69.200), Arabia Saudí (63.700) e India (55.900 millones dólares). El gasto
militar crece en todo el mundo (ver mapa), pero sobre todo en Oriente Medio, norte de África y Europa oriental,
según el Instituto de Estudios para la Paz de Estocolmo (SIPRI).
Y también crecerá en
Europa, que el 13 de noviembre de 2017 aprobó, con el apoyo de 25 países
(todos menos Reino Unido, Dinamarca y Malta) “la Europa de la Defensa”, aunque
bajo un
nombre que “lo esconde”: la Cooperación
Estructurada Permanente (PESCO),
una iniciativa paralela a la OTAN por la que los 25 países europeos firmantes
se comprometen a aumentar su gasto en armamento, en línea con el 2% del PIB que
pide la OTAN. Además, van a poner en marcha programas europeos de armamento
(para fomentar una industria europea de la Defensa), financiados en parte por
un Fondo europeo para la Defensa, creado en junio de 2017, que contará con 5.000
millones anuales. Algo nuevo en la historia de la UE, donde nunca antes se había
puesto dinero comunitario para financiar armamento. Es la respuesta europea a
la sensación de inseguridad en Europa: “militarizar” la respuesta a los desafíos del terrorismo, la inmigración y la ciberseguridad.
En este contexto, de apoyo
político europeo al gasto en Defensa, el gobierno Rajoy quiere conseguir fondos europeos para financiar nuevo armamento
en España. Así, el Consejo de Ministros aprobó 7 nuevos programas de armamento, un gasto de 10.805 millones a 15
años, que ya empezamos a pagar en el Presupuesto 2018 y que España quiere
“colar” en los programas de Defensa europeos. Son inversiones en 5 fragatas
F-110, 350 a 400 blindados 8x8, 3 aviones cisterna, 4 drones, 3 nuevos
helicópteros NH-90, modernización de los helicópteros de transporte CH-47 y un
nuevo avión de entrenamiento, además de ver qué se hace con los submarinos S-80, una historia “increíble”: estaba previsto en los PEAS comprar 4
submarinos y que se entregaran en 2013, pero resultó que no flotaban (pesaban
“demasiado”) y se retrasa su entrega a 2021, con un sobrecoste que hace que el
dinero previsto (2.135 millones) sólo da para comprar 1 submarino, no 4… Otra
“historia” que colea es la compra de 27 aviones A-400 M: ya no cumplen las características requeridas y España sólo
quiere 13 de los 27 encargados. Y Airbus dice que o busca comprador para ellos
o le pagan 250 millones de indemnización…
Rajoy y su ministra de Cospedal reiteran una y otra vez que España “cumplirá con su parte en
la Defensa europea” y que además este gasto militar es bueno, porque
crea empleo. Empezando por esto, hay que aclarar que los grandes contratos de
Defensa se han hecho con multinacionales
norteamericanas (tanques y munición para Santa Bárbara General Dynamics) y europeas, donde España apenas tiene participación, como
el programa Eurofighter (14% CASA) y el grupo
Airbus (4% CASA). Sólo los submarinos S-80 (los que han “engordado) y las
fragatas F-100 se fabrican 100% en España, en Navantia.
Los expertos estiman que sólo 1 de cada
5 euros invertidos en armamento
implican negocio y empleo en España, mientras Francia, Alemania o Reino Unido, con
potentes industrias de armamento, se
quedan “dentro” casi todos sus contratos de Defensa, según un informe de la Comisión Europea.
En cuanto a la
Defensa europea, hay dos críticas
que hacer. Una, que la situación actual es un desastre, como reconoció el anterior ministro alemán de Exteriores: “gastamos el 50% que EEUU en Defensa pero sólo tenemos un 50% de
rendimiento porque todos hacemos lo mismo y no nos coordinamos”. Son 25
países comprando los mismos aviones, tanques o fragatas y cada uno defendiendo sus fronteras. El otro problema es más de fondo: ante la sensación de inseguridad entre muchos ciudadanos europeos,
por el terrorismo yihadista, el aluvión de refugiados o los ciberataques
propiciados por Rusia, muchos Gobiernos
buscan “militarizar la solución”, poner
al Ejército en la calle y en las fronteras, empujados por la industria militar y la ultraderecha. Un error, porque la solución
habría que buscarla en reforzar la inteligencia civil y los medios de la
policía, no en militarizar más los países
europeos.
En paralelo a este debate europeo, en España debería haber
otro
debate interno sobre el futuro
de la Defensa. Por un lado, urge imponer mayores dosis de transparencia, exigiendo unas cuentas claras y
reales, donde sepamos cuánto nos gastamos en Defensa de verdad. Y por otro, un debate público
sobre la Defensa que queremos tener.
Hay al menos dos problemas a resolver.
Uno el abultado tamaño de las Fuerzas Armadas, donde los gastos de personal se llevan
el 60% del Presupuesto: hay 69.000 efectivos
y parece que sobran 20.000 (sobre todo entre los 45.000 mandos), además
de resolver el tema de los militares “en
la reserva” (15.000, que cobran 567 millones al año, 3.000 euros de media al mes, una larguísima
“jubilación de lujo”). Y otro, la necesidad de un Ejército más operativo, basado menos en Tierra y más en Marina y Aire,
con unidades más pequeñas y centradas en las nuevas amenazas (Ciberdefensa, seguridad líneas de suministros, catástrofes
naturales…). Y por supuesto, dejar de presumir de ser uno de los países más
presentes en costosas misiones
internacionales: 17 misiones con 3.079 militares hoy, tras haber gastado más de 13.000 millones de
euros en misiones desde 1990 (un dinero que es “un lujo” para un país que
no puede subir las pensiones a sus jubilados).
Nadie quiere hablar de todo esto, pero el Gobierno Rajoy nos
va a embarcar a todos en la nueva estrategia de Defensa europea, que
habrá que pagar, mientras dicen que no hay dinero para pensiones ni para casi
nada. Defensa sí, pero la justa que podamos pagar, sin presumir de potencia militar internacional cuando somos el país de Europa con más paro, más pobreza, más desigualdad y que menos gasta
en educación, sanidad y protección social.
Una Defensa modesta y gastar más en policía y seguridad civil, para
afrontar los temas de terrorismo y seguridad interior, que no deberíamos militarizar. A ver si algún día hay
tiempo para este debate. Otro más sobre el modelo de país que queremos.
Etiquetas:
armamentismo,
armamento,
Defensa,
fronteras Europa.,
gasto en Defensa,
gasto militar,
inmigrantes,
modernización Fuerzas Armadas,
Presupuestos 2018,
rearme Europa,
seguridad,
terrorismo
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
