Mostrando entradas con la etiqueta desigualdad.. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta desigualdad.. Mostrar todas las entradas

lunes, 10 de julio de 2017

La mayoría no nota la recuperación


España va bien, insiste Rajoy, pero 7 de cada 10 españoles no lo notan, según un informe encargado por Cáritas. España crece, pero la mayoría de familias viven todavía peor que antes de la crisis, porque tienen trabajos precarios o les han bajado el sueldo, muchos siguen en paro y sin cobrar el desempleo y otros se han comido los ahorros que tenían. Y la mayoría de españoles ven gris el futuro: el 73,5% piensa que dentro de 5 años estarán igual o peor. Y su pesimismo les lleva a desconfiar de la política (el 75% cree que votar no sirve), de asociarse (el 57%) o movilizarse (inútil para el 62%). Cáritas alerta del peligro de que los españoles “se acostumbren” a vivir en la precariedad, con 10 millones de españoles “vulnerables”, por su trabajo, salario o paro. Es hora de tomar medidas para que la recuperación llegue a la mayoría, no sólo a las empresas y a los ricos. Repartir mejor el aumento del PIB.


                                                                                                   enrique ortega

La recuperación económica acaba de cumplir 45 meses en junio: la economía empezó a crecer en el 4º trimestre de 2013 (+0,3%), tras 5 años y medio de caídas del PIB por esta Gran Crisis (desde el verano de 2008). Y ahora llevamos creciendo 3 años (2014,2015 y 2016) y 2 trimestres (2017), impulsados por el consumo de las familias, la recuperación del gasto público (tras los duros recortes) y la exportación, válvula de salvación de muchas empresas. Y con este crecimiento del PIB (+1, 4% en 2014 y +3,2% en 2015 y 2016), la recuperación ha servido para crear 1.389.100 nuevos empleos en estos tres años y medio, poco más de un tercio de los 3.802.800 empleos perdidos desde 2007. Eso sí, son empleos precarios (sólo el 5% son fijos y a tiempo completo) y mal pagados, muy vulnerables.

Con todo, la recuperación está ahí y parece firme, con una economía que crecerá un 1% este segundo trimestre y que puede volver a crecer más del 3% este año 2017, aunque existen varias incertidumbres en contra: el petróleo caro, el euro fuerte y la iniciada subida de los tipos de interés, factores externos  que son responsables de la mitad de la recuperación, no la política de Rajoy. Pero el problema de fondo es que aunque España crece (más que los grandes de Europa) y crea empleo (aunque sea precario y mal pagado), la mayoría de los españoles no lo notan: el 70% de hogares no perciben la recuperación, según una encuesta incluida en el Informe FOESSA "Desprotección Social y Estrategias Familiares” 2017, encargado por Cáritas. Y si se pregunta a los hogares en riesgo de pobreza (ingresan menos del 60% de la renta media), no notan la recuperación el 91%.

¿Qué les pasa a esta mayoría de familias españolas? Pues que muchas han perdido la red de seguridad que tenían antes de la crisis: el 60% de hogares se han comido sus ahorros (están al nivel más bajo de los últimos 18 años, desde 1999, según el INE) y tienen serios problemas para llegar a fin de mes o para hacer frente a gastos imprevistos. Y además, el 40% de los hogares tienen  que afrontar gastos nuevos, que no tenían antes, como gastos sanitarios (copagos), refuerzos educativos (libros, comedor, guarderías) y mayores gastos energéticos, mientras tienen ingresos muy mermados  y ya no pueden contar como al principio de la crisis con la ayuda de amigos y familiares (también muy “tocados”), según se revela en este  informe FOESSA 2017.

Ante la crisis, la mayoría de hogares han adoptado tres estrategias, según el informe FOESSA: reducir el consumo energético (el 70% gasta menos en calefacción y electricidad y el 57% ha invertido en aislamiento y cambio de bombillas), aceptar condiciones laborales peores (el 40% ha aceptado un trabajo mal pagado y el 29% trabajar sin contrato) y reducir los gastos de vivienda (el 15% ha cambiado de piso y el 22,8% ha vuelto a vivir con sus padres, con 1,5 millones de hogares en los que ha vuelto un hijo/a). Ahora, tras estos 8 años largos de crisis, la mayoría de hogares tienen sus recursos muy recortados, sobre todo los hogares con menores, las madres solas con hijos y las familias numerosas, los tres colectivos con su economía más débil. Y todavía la familia y los amigos es el mayor apoyo de la mayoría de hogares, mientras los hogares con menos recursos cuentan menos ahora con ayudas institucionales, sobre todo tras los recortes de estos años en ayudas sociales, sanidad, educación y dependencia. Y la encuesta revela que los hogares pobres confían más en las ONGs y asociaciones de barrio que en los servicios sociales públicos, colapsados y sin recursos.

Ante esta situación, el estudio revela que sólo un 27% de hogares españoles dicen que han notado la recuperación y el 70% declara que a ellos no les ha llegado. Y los que menos la notan son los más débiles, los que más han sufrido la crisis: el 91% de familias pobres no sienten la recuperación. Y lo peor, según Cáritas, es que se ven así muchos años más, lo que la ONG llama “el empobrecimiento de la pobreza, que se hace crónica. Porque el 47,1% de las familias encuestadas creen que estarán igual dentro de 5 años y otro 26,4% peor. O sea, que el 73,5% de las familias ve su futuro igual o peor, según este Informe FOESSA 2017. Y además, piensan que no se puede hacer nada por evitarlo, porque el 75,6% cree que votar no sirve de nada, el 56,9% cree que tampoco sirve asociarse y el 61,2% piensa que tampoco sirve movilizarse. Pasotismo generalizado ante la crisis y el futuro.

La de Cáritas no es la única Encuesta que revela que los españoles no notan la recuperación. El Barómetro del CIS de mayo 2017 ya indicaba que la mayoría de españoles “no ven” la mejora de la economía: el 58,9% ven la situación económica “mala” (36,1) o “muy mala” (22,8%) y el 77,2% creen que dentro de un año será “igual” o “peor”. Un pesimismo que se reitera en la última encuesta internacional, realizada por el Pew Research Center de Washington: el 71% de españoles creen que la economía está mal, frente al 21% que la ven bien. Con ello, somos uno de los paises con más pesimismo ante la situación económica, sólo por detrás de Grecia, Corea, Italia, Brasil, Venezuela, Francia y Argentina.

¿Por qué los españoles no notan la recuperación? Porque una cosa es el crecimiento del PIB (lo que España produce) y otra la realidad de las familias. Primero, porque la renta de los españoles todavía no se ha recuperado de la crisis: era de 18.028 euros por habitante en 2015 (último dato INE), un 7,5% menor de los 19.492 euros que ingresaba cada español en 2008. Y con ello, el consumo per cápita ha caído un 7% de media, aunque para muchas familias ha caído bastante más. Y los salarios han caído estos años de crisis entre el 5 y el 15%, con lo que el salario más habitual está en 16.498 euros anuales (2015 INE), lo que supone 950 euros netos mensuales. Luego el español que trabaja (18,5 millones) es “mileurista” y muchos tienen trabajos temporales y por horas con ingresos aún más bajos: 2.196.137 trabajadores, 1 de cada 8 asalariados, son “trabajadores pobres”, según la OIT.

En conjunto, los salarios todavía no han recuperado su nivel de antes de la crisis: la masa salarial alcanzó los 526.098 millones en 2016, todavía un 6,4% por debajo de los 559.777 millones que se cobraron en 2008. Y entre tanto, las empresas ganan más que antes de la crisis: ganaron 473.032 millones en 2016, un 1,7% más que los 465.182 millones de beneficios empresariales en 2008.Y las empresas llevan tres años mejorando sus beneficios (+13,2% en 2016 y se espera otro aumento del 24,8% en 2017), mientras los salarios apenas crecen un 1% en estos tres últimos años. Y muchos de los que trabajan tienen contratos precarios, muy mal pagados: el 26,1% de los trabajadores españoles tienen un contrato temporal (somos el 2º país con más temporales, tras Polonia) y un 15,1% trabajan a tiempo parcial, 51 días de media y la cuarta parte contratos por menos de 1 semana.

Además, hay otros 4.255.000 españoles sin trabajo, según la EPA. Y más de la mitad, exactamente el 53,7% del total, no cobran nada (son 2.285.137 parados EPA). Y de los 2 millones escasos que cobran algo, las dos terceras partes cobran un subsidio asistencial de 426 euros al mes que les dura poco. Y la mayoría de los parados (el 54,3%) son parados de larga duración (2.285.137), que llevan más de 1 año sin trabajar (de ellos, la mitad, 1,2 millones llevan más de 4 años parados), lo que les hace ver muy negro su futuro.

Y luego están los pensionistas, 8.818.642 españoles, que han sido claves para sostener a sus familias en esta crisis, pero que ahora pueden ayudar menos, porque llevan 4 años con las pensiones prácticamente congeladas, subiendo un 0,25% desde 2014, que se va a comer la inflación este año 2017 y los próximos. Y además, recordemos que casi la mitad de los pensionistas (43,7%) y dos tercios de las viudas (65,7%) cobran menos de 650 euros al mes, un ingreso muy bajo como para ayudar a su familia. Y temen por su futuro: como la inflación subirá una media del 2%, los pensionistas actuales perderán hasta un 35% de su pensión. O sea que si un pensionista gana hoy 700 euros (son la mitad), en 2044 será como si ganara realmente 455 euros. Como para ser optimistas.

Y no olvidemos a los jóvenes, los más pesimistas ante el futuro según las encuestas, un 42% en paro a pesar de que muchos tengan carreras universitarias (23,6%). Muchos trabajan en precario, en empleos para los que están “sobrecualificados” (53,6% de los jóvenes ocupados), con sueldos de becario (11.835 euros brutos de media, 690 euros netos en 14 pagas, según el INE) y una enorme inestabilidad laboral y personal, que lleva al  80,3% de los jóvenes españoles (5.233.406 jóvenes entre 16 y 29 años)  a seguir viviendo con sus padres, frente al 70% de media en Europa. Otro factor de tensión sobre las familias españolas.

Al final, sumando grupos y analizando su situación, se puede entender a esa mayoría que no nota la cacareada recuperación de Rajoy. De hecho, otro reciente informe realizado por Fedea y la consultora Accenture, da una cifra que también ayuda a explicarlo: hay 10.314.000 españoles que están en una situación “vulnerable”: 4.237.000 porque están parados (EPA 2016), 721.000 más porque están inactivos pero les gustaría trabajar y 5.355.000 personas más porque son trabajadores con contratos precarios y muy bajos salarios. En total, 1 de cada 3 españoles adultos que son vulnerables. Y algo más de la mitad de ellos, 5.250.000 personas, son “especialmente vulnerables”, con un elevado riesgo de seguir en paro o perder su empleo. Son, básicamente, mujeres, familias monoparentales con niños, mayores de 50 años y jóvenes menores de 30 años, con poca formación, que viven sobre todo en Andalucía, Comunidad valenciana y Cataluña, más Extremadura, Murcia y Canarias.

Y esta España vulnerable y precaria es aún más preocupante porque tiene enfrente a otra España que sí vive mejor que antes de la crisis, los que tienen un empleo fijo y estable, algunos inversores y la mayoría de las empresas. España es el tercer país europeo donde más ha crecido la desigualdad durante la crisis (tras Lituania y Rumanía), mientras se reducía en Portugal, Alemania, Francia, Holanda, Bélgica y 7 paises más. Y somos el 4º país europeo con más desigualdad, tras Rumanía, Lituania y Bulgaria: el 20% más rico tiene 6,9 veces el patrimonio (riqueza) que el 20% más pobre, frente a 5,2 veces que es la desigualdad media de la zona euro, según Eurostat. Y el 1% de españoles más ricos acapara la cuarta parte de la riqueza (27,4%) mientras el 20% más pobre se queda sólo con el 0,1% del pastel. Y los tres españoles más ricos (Ortega de Inditex, Roig de Mercadona y del Pino de Ferrovial) tienen el mismo patrimonio que el 30% de españoles más pobres (14 millones de personas), según el último informe de Intermón Oxfam.

Como vemos, la recuperación va por barrios y a muchos no les llega, sobre todo a esos 13 millones de españoles (el 27,9% de la población) que están por debajo del umbral de la pobreza, según el último indicador europeo AROPE 2016. Por eso, la Comisión Europea y la OCDE han pedido al Gobierno Rajoy que tome medidas para paliar la pobreza en España, con mayores ayudas a las familias, sobre todo con hijos. Y eso porque España gasta en ayudar a las familias la tercera parte que los paises europeos (un 0,6% del PIB frente al 1,7% en la UE-28 y el 1,2% en la OCDE). Y ambos organismos han pedido también aumentar las ayudas directas a  los más pobres, la renta básica que reciben hoy 262.307 familias. En tercer lugar, la Comisión Europea y la OCDE piden que España gaste más en subsidios de paro y políticas activas de empleo (gasta un 0,5% del PIB frente al 0,9% de Francia o el 0,64% de Alemania), además de la reforma de las oficinas de empleo (SEPE).

Las tres propuestas (aumentar las ayudas a las familias, ampliar la renta básica y mejorar las políticas de empleo) son claves para mejorar la situación de las familias más vulnerables. Pero hay que hacer más cosas para que la mayoría de españoles disfruten de la recuperación. La primera, mejorar la calidad del empleo que se crea, incentivando el trabajo fijo y a jornada completa y penalizando (con cotizaciones) el trabajo precario. La segunda, subir más los salarios, sobre todo los más bajos  y el salario mínimo, a cambio de mejoras de productividad. La tercera, lanzar dos Planes de choque, para los jóvenes y los parados de larga duración, para darles perspectivas de empleo futuro. Y la cuarta, ampliar  y mejorar la política de protección social, asegurando un nivel de ingresos y servicios (vivienda, energía, sanidad, educación y formación) a las familias más pobres. Y especialmente a esos 1.394.700 hogares donde todos sus miembros están en paro, según la EPA.

Todo esto cuesta dinero y el Gobierno central y las autonomías lo tienen que sacar de recaudar más, no de la mayoría que ya pagamos impuestos de sobra sino de los grupos que pagan menos de lo que deben: grandes empresas, multinacionales y los más ricos. “A las grandes empresas les conviene  pagar más porque así se mantiene la cohesión social”, ha llegado a decir el ministro Montoro en el Congreso. Hay que recortar el fraude fiscal y se podrían recaudar 40.000 millones más, según los técnicos de Hacienda (GESTHA), para dedicar esos mayores ingresos a compensar a los que han salido malparados de la crisis. Si no se toman medidas reequilibradoras desde el Estado, muchos españoles seguirán sin notar la recuperación. Hay que apostar por una sociedad más justa, porque será más estable y más democrática.

lunes, 5 de junio de 2017

Renta 2017: un impuesto menos importante


Toca otro año más declarar a Hacienda y a nadie le gusta, pero sepamos que el IRPF (“la Renta”) es un impuesto cada vez menos importante: supone poco más de un tercio de todos los impuestos que pagamos. Y cada día pagamos mucho más con el IVA, los impuestos especiales o las tasas, sin darnos cuenta. Además, otra peculiaridad del IRPF es que pagamos muy distinto según donde vivamos: mucho más en Cataluña  o Andalucía que en Madrid o Castilla y León. El problema de fondo es que el menor peso de la Renta, un impuesto progresivo, lleva a que ayude poco a reducir diferencias entre ricos y pobres. Y lo que más reduce las desigualdades, las prestaciones sociales, es lo que Rajoy ha recortado. Deberíamos pagar más por el IRPF (según ingresos) y menos por impuestos indirectos, reducir el fraude y que pagaran más los que pagan poco (grandes empresas, multinacionales y ricos) para que el Estado pudiera reducir la desigualdad. Impuestos sí, pero más justos.

                                                                                                                          enrique ortega

Dos de cada tres españoles adultos tienen que presentar la declaración de la Renta en primavera. Este año 2017, Hacienda espera 19.750.000 declaraciones, unas 200.000 más que el año pasado, la mayoría individuales (15.900.000), mientras bajan las conjuntas (3.850.000). Pero tener que presentar la declaración no significa pagar: el 75% de todas las declaraciones (14,7 millones) saldrán este año a devolver (Hacienda les transferirá 11.198 millones), porque esos contribuyentes ya han pagado de más durante el año pasado, con las retenciones mensuales. Eso sí, otros 4,17 millones de declaraciones serán positivas y tendrán que pagar 8.537 millones, un 7,4% más que el año pasado, porque han aumentado las rentas y los que trabajan. Con todo, la declaración del IRPF que ahora presentamos apenas sirve para recaudar, ya que el 90% lo hemos ido pagando el año pasado, con las retenciones.

Este año no se han tocado los tipos ni los tramos de la declaración, que son los mismos que el año pasado y contemplan la bajada hecha por Rajoy en 2015 y 2016, rebaja que no compensa las fuertes subidas del IRPF hechas en 2012, 2013 y 2014. Y se mantienen los cambios del año pasado que penalizan a los contribuyentes. Uno, que los inquilinos con contratos posteriores al 1 de enero de 2015 pierden la deducción (10,5%) y los propietarios se pueden deducir sólo el 60% del alquiler cobrado (no el 100% cuando los inquilinos son jóvenes).Dos, se encarece fiscalmente la venta de viviendas, al eliminarse los coeficientes de actualización que rebajaban las plusvalías. Tres, que los propietarios de segundas residencias con valores catastrales revisados entre 1994 y 2005 pagarán más. Cuatro, que se ha eliminado la exención de los primeros 1.500 euros anuales en dividendos. Quinto, que la aportación máxima a un Plan de pensiones se ha bajado de 10.000 a 8.000 euros. Y sexto, que se ha cambiado la reducción general de rendimientos del trabajo de 2.652 euros por un gasto deducible de 2.000 euros. Y además, como sucede desde 2008, Hacienda no descuenta el efecto de la inflación sobre lo que ganamos, lo que supone una penalización de 33,24 euros por contribuyente (entre 18 y 1.321 euros), según los técnicos de Hacienda (GESTHA).

Pero luego, la realidad del IRPF es que pagamos muy distinto según donde vivamos, porque cada autonomía tiene sus tipos, tramos y deducciones. El Gobierno fija un tipo estatal del IRPF (del 9,50 al 22,50%) y luego se le suma un tipo autonómico, que va del 9,5 al 25,50%. Y así, sumando los dos tramos del IRPF, sale un tipo a pagar, del 19% mínimo (hasta 12.450 euros de ingresos) a un máximo del 48% (para más de 60.000 euros). Eso configura tres zonas fiscales, según un estudio de los economistas fiscales (REAF). Una, la España que cobra más IRPF, con tipos del 21,50% (mínimo) al 48% (máximo): Cataluña, Extremadura, Aragón, Murcia, Baleares y Andalucía. Dos, la España que cobra menos IRPF, entre el 19% (tipo mínimo) y el 43,50% (máximo): Madrid, Castilla y León y Castilla la Mancha. Y una “zona fiscal intermedia”: Comunidad Valenciana, Asturias, Galicia, Cantabria, la Rioja y Canarias.

Las diferencias a la hora de pagar el IRPF son importantes según donde se viva. Así, un trabajador con un sueldo medio (22.858 euros brutos anuales, según el INE) pagará de media en el IRPF 3.024 euros, pero abonará 163 euros más si vive en Cataluña y 63 euros menos si vive en Madrid, según el REAF. Y para los que ganan menos de 30.000 euros (8 de cada 10 declarantes), declarar en Cataluña les supone pagar entre un 5,7 y un 13,2% más que si declaran en Madrid (cuanto menos ganen, más diferencias). Eso en cuanto a tipos y tramos. Pero además, hay diferencias entre las deducciones que permiten las autonomías: unas dejan deducir a los jóvenes por comprar o alquilar vivienda (Madrid, Andalucía o Cataluña), otras por material escolar (Asturias, Valencia), por hijos (Aragón, Rioja, Castilla o León), por gastos de guardería (Canarias, Murcia), por seguros médicos (Cantabria), por ser viudo (Extremadura) o por autoempleo (Rioja). Un puzzle de deducciones que a veces ni conocen los contribuyentes.

También hay que declarar ahora por el impuesto del Patrimonio, donde hay importantes diferencias entre autonomías. Los contribuyentes censados en Madrid no tienen que hacer este impuesto, que declaran los que tienen más de 700.000 euros de patrimonio (más de 500.000 en Cataluña), unos 178.000 contribuyentes, que pagan a Hacienda unos 1.000 millones de euros con este impuesto. Y lo que pagan depende también mucho de donde vivan. Así, una persona con patrimonio de 800.000 euros (no cuentan los primeros 300.000 euros del valor de la vivienda habitual) paga 1.164 euros por Patrimonio en Aragón, 769 euros en Cataluña, entre 220 y 300 euros en Extremadura, Baleares, Andalucía, Galicia, Murcia y Asturias, 200 euros en Canarias, Cantabria y las dos Castillas, 100 euros en Rioja y nada en Madrid.

El impuesto sobre la renta, el IRPF que ahora declaramos, es el principal impuesto, pero su peso en la recaudación de Hacienda se ha ido reduciendo con los años: si en 2010 suponía el 45% de los ingresos fiscales, en 2016 ya suponía sólo el 38,88% (72.416 millones). Y eso se debe a que el Gobierno Rajoy ha ido aumentando el peso de los llamados impuestos indirectos, los que pagamos sin que se noten tanto: el IVA (62.842 millones, el 33,7% de lo recaudado en 2016), los impuestos especiales (carburantes, alcohol y tabaco: 19.866 millones, el 10,66% de lo recaudado en 2016) y todo tipo de tasas. Y la consecuencia es que mientras el IRPF se paga de una forma progresiva (pagan más los que ganan más), los impuestos indirectos son regresivos, injustos: el IVA o el impuesto de los carburantes o el alcohol lo paga lo mismo uno que está en paro que uno que gana más de 100.000 euros.

Por eso, la renta, el IRPF es el único impuesto progresivo del sistema tributario: los contribuyentes pagan más si ganan más. Pero no pasa eso con los demás impuestos, con lo que la progresividad de todos los impuestos es menor. Así, los españoles pagamos de impuestos una cuarta parte de nuestros ingresos, el 27,48% en 2014, según un estudio de Fedea. Pero el pago es distinto, según los ingresos de cada hogar. Los que ganan menos de  11.789 euros (el 20% de hogares más pobre) pagan el 28,9% de sus ingresos, los que declaran entre 11.789 y 19.784 euros (el 20-40% siguiente del tramo de hogares) pagan el 23,7%, los que ingresan entre 19.764 y 29.592 euros (del 40 al 60% de hogares con rentas medias) pagan el 23,6%, los que ingresan entre 29.522 y 45.236 euros (60-80% hogares con más rentas)pagan el 26%, los que ganan entre 45.236 y 62.453 euros (tramo 80-90% hogares con rentas altas)pagan el 27,7, los que ganan entre 62,453 y 129.952 euros (tramo 91-99% hogares) pagan el 30,2% y los que ganan más de 129.952 euros anuales (el 1% de hogares) pagan el 37,4% de sus rentas, según Fedea. Choca comprobar que el 20% de hogares más pobres pagan más (26,9%) que los demás hogares, salvo el 10% más rico. Esta injusticia fiscal se debe a dos factores que habría que corregir: el efecto regresivo de las cotizaciones y el IVA y que en este tramo del 20% más pobre hay hogares con pérdidas (autónomos).

Teóricamente, los impuestos están para lograr dos objetivos: conseguir ingresos y corregir desigualdades entre pobres y ricos. En España, por el creciente peso de los impuestos indirectos, resulta que los impuestos ayudan poco a corregir la desigualdad: los impuestos (y casi en exclusiva el IRPF) sirven sólo para reducir un 2,97% las desigualdades de rentas, según el estudio de Fedea. Y lo que sí funciona para corregir las desigualdades (las reducen un 28,9%) son las prestaciones públicas: pensiones (lo que más, el 80% del total), prestaciones desempleo, asistencia social y ayudas familiares. Y cuanto menor es la renta de una familia, más importantes son las prestaciones (al 20% de hogares más pobres, las prestaciones sociales les suponen el 67,7% de sus ingresos).

En definitiva, que los impuestos no ayudan apenas a redistribuir la riqueza y conseguir una España menos desigual y más justa, según deja claro el estudio de Fedea. Y que mientras no se dé más peso al IRPF y menos a los impuestos indirectos, la mejor herramienta para redistribuir la riqueza son las prestaciones públicas, sobre todo las pensiones. Pero resulta que la política de ajustes de Rajoy se ha centrado precisamente en recortar estas prestaciones públicas : si el gasto en protección social (pensiones, paro, ayudas familiares y sociales) era del 16,83% del PIB en 2011, en 2016 había bajado al 16,89%. Y ahora pretende, según el Programa de Estabilidad 2017-2020 recién enviado a Bruselas, que baje al 15,91% para 2020. En definitiva, que la estrategia de Rajoy es recortar aún más (en %) la protección social, lo más efectivo para corregir las crecientes desigualdades entre españoles. Mala política.

Así que pagamos impuestos, pero de una forma poco justa y que ayuda poco a conseguir una España más igualitaria. La alternativa debería ser conseguir más ingresos, para poder gastar más en protección social, pero sin hacer pagar más a los que ahora pagan: los que viven de una nómina. De hecho, el 79% del IRPF lo pagan los que viven de un sueldo o pensión. Y si miramos todos los impuestos, el 90% de los ingresos fiscales salen de las familias y sólo un 10% de la recaudación la pagan las empresas, bancos, multinacionales y grandes fortunas, según Intermon Oxfam. Este es el problema de fondo que hay que resolver en España: que paguen más los que defraudan o pagan legalmente menos de lo que debían.

De hecho, se puede y se debe recaudar más, porque España es uno de los paises que menos recauda en Europa: en 2016, ingresó (total ingresos públicos) el 38% de su PIB, por debajo de la media europea (44,9%) y sobre todo de la zona euro (46,2% del PIB). Eso quiere decir que si España recaudara como los demás paises euro, habría ingresado 90.200 millones más en 2016. No habríamos tenido déficit público (47.630 millones) y aún habría dado para gastar más en sanidad, educación y prestaciones sociales. Así de claro.

Así que hay otro camino alternativo a la austeridad y los recortes: recaudar más. Pero no haciendo que paguemos más impuestos la mayoría, sino reduciendo el fraude fiscal y haciendo que paguen más lo que ahora pagan poco “legalmente”: las grandes empresas (pagan sólo el 7,3% de sus beneficios, gracias a generosas deducciones), las multinacionales (apenas pagan en España, gracias a su utilización de paraísos fiscales) y los más ricos (tienen su dinero en SICAV y empresas pantalla). Los expertos de Hacienda (GESTHA) creen que se podrían recaudar 42.000 millones más al año luchando más decididamente contra el fraude fiscal y con cambios normativos. Y también hace falta más medios en la inspección, porque Hacienda cuenta con 1 inspector por cada 2.081 contribuyentes, frente a 1.914 en Italia, 1.176 en Reino Unido, 979 en Francia o 743 en Alemania. Y además, el 80% de su trabajo es vigilar a los asalariados, donde hay menos fraude, según reconocen  los propios inspectores.

En definitiva, no nos agobiemos por hacer ahora la declaración de la Renta, porque la mayor parte ya lo hemos pagado en 2016, con las retenciones, y porque pagamos mucho más con todo los que compramos o echando gasolina. El problema es que nosotros pagamos bastantes impuestos, aunque todavía menos que en Europa, pero otros (empresas, bancos, multinacionales y los más ricos) pagan menos, legal o ilegalmente. Y así resulta que el Estado recauda menos y eso obliga a ir de recorte en recorte, tanto del Estado del Bienestar como de los gastos sociales, las herramientas que hacen un país menos desigual. Así que la mayoría pagamos impuestos como debe ser, pero crece la pobreza y la desigualdad en España porque otros no pagan lo que deben y no hay dinero para prestaciones públicas. Algo que debería llevarnos, al menos cuando toca declarar, a exigir una reforma fiscal a fondo. Impuestos sí, pero más justos.

lunes, 17 de abril de 2017

Hay 2 Españas, más lejos de Europa


Rajoy presume de que somos el país europeo que más crece (incierto: fuimos el 8º en 2016) pero no dice que estamos más lejos de Europa que antes de la crisis. Si en 2007 teníamos una renta por habitante que superaba la europea (el 103%), luego ha bajado y en 2015 teníamos el 90% de la renta europea. Somos el país 14º en el ranking UE de riqueza por habitante, aunque seamos el 4º país que más produce. Estamos más lejos de Europa y de forma desigual. Hay 4 regiones con una renta superior a la europea: Madrid, País Vasco, Navarra y Cataluña. Y 7 que no llegan al 75% de la renta europea: Extremadura, Andalucía, Castilla la Mancha, Murcia, Canarias, Ceuta y Melilla. Sigue habiendo dos Españas, más desiguales entre sí que antes de la crisis. Y además, son las mismas que en 2008 y en 1983. Tenemos un doble problema de fondo: hay españoles y europeos de primera y de segunda. Y llevamos décadas así.
 
enrique ortega

España creció un 3,2% en 2016, el tercer año de la recuperación, el 8º mayor crecimiento en la Unión Europea, tras Rumanía (+4,9%), Irlanda (+4,3%), Malta (+4%), Luxemburgo (+3,8%), Eslovaquia, Bulgaria y Suecia (+3,3% cada uno). Pero este crecimiento fue muy desigual por autonomías. Así, crecieron por encima de la media Baleares (+3,8%), Madrid (+3,7%), Canarias y Cataluña (+3,5%), Galicia (+3,4%), Comunidad Valenciana, Ceuta y Castilla y León (+3,3% las tres). El resto crecieron menos y en especial la Rioja (+1,5%), Asturias (+1,9%), Extremadura (+2%) y Cantabria (+2,3%), según el INE. Antes, en la primera Legislatura de Rajoy (2012-2015), España decreció un -2,2% (PIB) y sólo dos regiones aumentaron su producción (Madrid y Cataluña), dos la estabilizaron (Canarias y Extremadura) y las 15 restantes empeoraron (cayó su PIB), en especial Cantabria, Melilla, Asturias y Castilla y León.

Tras estos ocho años de crisis, España produce todavía algo menos que en 2008: 23.970 euros por habitante (2016), un 1,3% menos de los 24.274 euros por español que se generaron en 2008, según los últimos datos del INE. Pero hay 5 autonomías que ya han salido de la crisis y produjeron en 2015 más que en 2008: Madrid, País Vasco, Cataluña, Castilla y León y Galicia. Las otras 12 autonomías, más Ceuta y Melilla, siguen todavía sin recuperar su producción anterior a la crisis, siendo Andalucía, Melilla, Castilla la Mancha, Murcia y Canarias las regiones  que están más lejos de hacerlo.

Con todo, hay 7 regiones que conforman la lista de la España rica, por su mayor producción (PIB) por habitante en 2016, según acaba de publicar el INE: Madrid (32.723 euros/habitante), País Vasco (31.805), Navarra (29.807), Cataluña (28.590), Aragón (26.328), La Rioja (25.692) y Baleares (24.870 euros/habitante). Y otras 7 regiones que están a la cola de la producción por habitante, que configuran la España pobre: Extremadura (16.369 euros/habitante), Andalucía (17.651), Melilla (17.686), Castilla la Mancha (18.591), Murcia (19.411), Ceuta (19.446) y Canarias (19.867 euros/habitante). Lo más preocupante es que antes de la crisis, en 2008, las 7 regiones más ricas eran exactamente las mismas que en 2016 y en el mismo orden. Y las 7 regiones más pobres de hoy son exactamente las mismas que en 2008. Eso sí: la desigualdad ha aumentado. Si en 2008, el PIB por habitante de Madrid era 1,93 veces el de Extremadura, en 2016 ha sido de 1,99 veces.  Pero hay más. Si miramos las estadísticas de 1983, antes de que España ingresara en Europa (1986), las regiones ricas y pobres eran las mismas que hoy. Tres décadas perdidas.

Esta mayor o menor producción por habitante de las regiones españolas durante la crisis explica que unas tengan más o menos empleo y más o menos parados. En principio, de los 1.372.900 empleos creados en España entre 2014 y 2016 se han beneficiado sobre todo Andalucía (274.300 nuevos empleos), Cataluña (+203.900), Madrid (194.400) y la Comunidad Valenciana (180.300). Pero esto no indica mucho, porque son las autonomías con más población y trabajadores. Lo importante es ver qué regiones tienen más empleo, dónde trabaja más gente. Y así resulta que, a finales de 2016(EPA), en España trabajaban el 61,05 por 100 de los adultos (16-64 años), pero había 7 autonomías donde trabajaba un mayor porcentaje de gente: la Rioja (68,02%), Navarra (67,92%), Madrid (67,26%), Aragón (66,87%), Cataluña (66,78%), Baleares (66,52%) y País Vasco (66,265), una lista que coincide exactamente con la de las 7 autonomías más ricas. Y al contrario. Las 7 autonomías con menos personas trabajando son Extremadura (50,86 de los adultos), Andalucía (51,2%), Canarias (55,26%), Castilla la Mancha (57,87%), Asturias (59,46%), Murcia (59,05%) y Ceuta (50,35%), exactamente las 7 regiones más pobres.

Y lo mismo pasa con el paro. Las tasas de desempleo más altas se dan en las regiones más pobres, según la EPA 2016: Extremadura (28,31%), Andalucía (28,25%), Melilla (27,38%), Canarias (24,90%), Ceuta (22,39) Castilla la Mancha (22,14%), muy alejadas de la tasa media de paro española (18,63%). Y las regiones con menos paro son también las más ricas: Navarra (10,01% de paro), la Rioja (10,90%), País vasco (12,27%), Cantabria (12,89%), Aragón (13,53%), Baleares (13,89%), Madrid (14,60%) y Cataluña (14,65%).

Una buena parte de esta desigualdad regional en el empleo y el paro, que luego se traduce en las diferencias de producción (PIB por habitante) se deben al distinto modelo económico de las autonomías, donde ganan las que tienen más industria, más inversión y más exportación, junto a mayor tecnología y formación . Y luego está el papel del Estado, que tiene una serie de mecanismos para intentar reducir las diferencias entre las regiones y sus ciudadanos. La principal son los impuestos, haciendo que paguen más los que menos tienen. El problema en estos años de crisis ha sido que las mayores subidas de impuestos se han dado en los impuestos indirectos (IVA, carburantes, tasas), que se pagan igual se gane lo que se gane y no ayudan a redistribuir la riqueza. Lo mismo ha pasado con las prestaciones sociales, desde el paro a las pensiones, becas y ayudas familiares y sociales: se han recortado drásticamente (-30.000 millones desde 2010) y eso ha perjudicado a los que menos tienen y a las regiones más pobres. Y también se han recortado las inversiones públicas (a la mitad),que reparten infraestructuras y empleo, “tirando” de las regiones más deprimidas.

Al final, el cocktail del distinto modelo económico, la crisis, los impuestos y los recortes, más un desigual sistema de financiación autonómica, han agravado las desigualdades durante la crisis, no sólo entre españoles sino también entre regiones, según los datos del INE. La renta media por persona ha caído en toda España un 2,96% en estos 8 años: de 10.737 euros en 2008 a 10.419 en 2016. Pero esa caída de la renta también ha sido desigual. Hay 7 regiones que ya tenían en 2016 una renta por habitante superior a la de antes de la crisis: Aragón (+8,2%), Galicia (+7,7%), Ceuta (5,7%), Extremadura (+4,5%), la Rioja (+1,97%), Castilla y León (+0,78%) y  Madrid (+0,3%). Y las 12 regiones restantes todavía tienen una renta por persona inferior a la de 2008. Pero el mapa no ha cambiado, según los últimos datos del INE. Las 6 regiones con más renta por habitante en 2016, las 6 más ricas, son País Vasco (13.836 euros/habitante), Navarra (13.300), Madrid (12.534), Aragón (12.427), Cataluña (12.283) y Asturias (11.427), exactamente las mismas que en 2008. Y las 7 más pobres, con menos renta por habitante, son Murcia (7.924 euros), Andalucía (7.942), Extremadura (8.469), Castilla la Mancha (8.498), Ceuta (8.512), Canarias (8.640) y la Comunidad Valenciana (9.098), también las mismas que en 2008. Y lo peor: se han agravado las diferencias. Si en 2008, un vasco tenía 1,73 veces la renta de un extremeño (los más pobres), en 2016 tiene 1,75 veces la renta de un murciano (los más pobres hoy).

Así que sigue habiendo 2 Españas, con enormes diferencias de producción, empleo, paro y renta. Y las regiones ricas y pobres son las mismas que antes de la crisis e incluso que antes de entrar en Europa. Además, no sólo se han agravado las diferencias dentro de España sino también con Europa, por mucho que ahora crezcamos más que la mayoría. Los datos son claros. España entró en la Unión Europea, en 1986, con un 72% de la renta media comunitaria (PIB/habitante) y en 2002 alcanzó el 100%.Vivimos igual que la media de europeos hasta 2004 e incluso en 2007 superamos la renta media europea (103%). Pero a partir de ahí, con la crisis, empezamos a caer y ya en 2010 perdimos la media europea (bajamos al 96% de la renta UE-28) para seguir bajando al 93% (2011), al 91% en 2012 y al 90% en 2015, el dato recién publicado por Eurostat. Eso significa que hemos hecho un camino de ida y vuelta al nivel de vida europeo y que ahora estamos como hace 15 años.

La renta media española, medida por PIB por habitante en poder de compra (considerando la inflación) fue de 25.900 euros en 2015, un 90% de la media europea (28.900 euros), según Eurostat. Y eso coloca a España en el puesto nº 14 del ranking europeo de riqueza, muy lejos del 4º puesto que nos corresponde en Europa por producción (PIB), tras Alemania, Francia, Reino Unido e Italia. El pelotón de paises ricos europeos (por PIB/habitante) lo encabezan Luxemburgo (76.200 euros por habitante, el 264% de la media europea y el triple que España), Irlanda (177% del PIB por habitante europeo), Austria y Holanda (128%), Dinamarca (127%), Alemania y Suecia (124%), seguidos de Bélgica (119%), Finlandia (109%), Reino Unido (108%), Francia (106%), Italia (96% PIB UE-28) y Malta (93%), los 13 paises europeos más ricos que España. Y al final de la lista quedan los 14 paises europeos más pobres que España, encabezados por Bulgaria (47% del PIB/habitante europeo), Rumanía (57%), Croacia (58%), Letonia (64%), Hungría y Grecia (68%).

Ya no es sólo que España se haya alejado de la renta media europea y haya 13 paises más ricos, que tienen más renta por habitante (PIB). Es que sólo 4 regiones españolas tienen una renta superior a la media europea (2015): Madrid (123% del PIB/habitante europeo), País Vasco (119%), Navarra (113%) y Cataluña (107%). Y hay 7 regiones españolas que están entre las regiones más pobres de Europa, que no llegaban al 75% de la renta media europea en 2015, según la reciente estadística de Eurostat: Extremadura (62% del PIB/habitante europeo), Andalucía (66%), Melilla (66%), Castilla la Mancha (70%), Canarias (74%), Murcia (73%) y Ceuta (73%). Lo peor no es sólo eso, sino que en 1983, antes de entrar en Europa, había también 7 regiones españolas que no llegaban al 75% de la renta por habitante europea. Han pasado 34 años, hemos crecido, pero esas regiones españolas siguen en el pelotón de las regiones pobres europeas, liderado por la Europa del Este.

Es un porrón de estadísticas que se resumen en dos ideas. Sigue habiendo dos Españas muy distanciadas y nos hemos alejado del nivel de vida de Europa. Vayamos a las causas. La primera y fundamental, porque tenemos un modelo económico que ha sufrido más la crisis, al decrecer más la economía y perder más empleo que el resto de Europa (que ya se ha recuperado y nosotros todavía no). La segunda, porque España ha sufrido una mayor devaluación de los salarios que el resto de Europa. La tercera, que aquí hemos tenido más recortes (en ayudas y gastos sociales) y han aumentado más los impuestos (aún con la rebaja de 2015 y 2016, pagamos más impuestos que en 2011), lo que ha provocado (junto al paro, la precariedad y los bajos salarios)  una caída más drástica de ingresos de las familias. Y con todo ello, nos hemos quedado más rezagados de Europa que antes de la crisis.

¿Qué se puede hacer? No hay una “receta milagro” para corregir las desigualdades entre regiones y con Europa. Hay que actuar en varios frentes, dentro y fuera de España. Aquí, las prioridades deben ser reformar el sistema de financiación de las autonomíaspara que sea más justo y ayude a reducir desigualdades. Pero la receta fundamental es la política fiscal, los impuestos, conseguir más ingresos públicos (luchando contra el fraude y haciendo que paguen más impuestos las grandes empresas, multinacionales y los más ricos) para dedicarlos a ayudas contra la pobreza y la desigualdad, a promover inversiones públicas y privadas en las regiones más atrasadas, en infraestructuras, reindustrialización, exportaciones,  tecnología (las más ricas, como el país Vasco, Navarra o Madrid son las que más gastan en I+D+i), educación, formación y digitalización. Y a nivel europeo, urge un Plan Marshall para ayudar al desarrollo de la Europa del sur y las regiones más atrasadas, promoviendo inversiones públicas y ayudas con más recursos europeos.

Son dos problemas muy de fondo, de los que no hablan los políticos pero que lastran nuestro presente y nuestro futuro: la desigualdad regional de España y nuestro retraso con Europa. Llevan más de 30 años ahí y no sólo no se corrigen sino que se han agravado con la crisis. Pero se pueden corregir en las próximas décadas, eso sí, con otras políticas en España y en Europa, buscando no sólo crecer más sino crecer de otra manera, con más igualdad. Se puede y se debe. Porque no puede haber dos clases de europeos y de españoles. Y menos que cada vez estén más alejados, que sean más desiguales.