Mostrando entradas con la etiqueta CaixaBank. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta CaixaBank. Mostrar todas las entradas

jueves, 10 de septiembre de 2020

La 1ª fusión bancaria de esta crisis


Este domingo 13, los Consejos de Administración aprueban la absorción de Bankia por CaixaBank, que culminará en diciembre. Nace CaixaBankia, el primer banco en España y el 10º de la zona euro, que lleva en sus tripas 18 Cajas y 3 bancos, fusionados desde 2009. La fusión ha sido promovida por el BCE y el Banco de España, con el visto bueno del Gobierno, que la ven necesaria para recortar costes y afrontar mejor la recesión del coronavirus, los bajos tipos y la competencia digital. Eso sí, traerá despidos, cierre de sucursales y menos competencia. Y no se recuperarán los 24.000 millones públicos aportados. Ahora se esperan más fusiones, para evitar otra crisis bancaria, tanto en España (BBVA, Sabadell, Unicaja, Liberbank…) como en Europa. Lo importante no es lograr bancos más grandes y más resistentes sino crear una nueva banca, más eficiente, más transparente y más justa, que mejore su deteriorada imagen frente a clientes y empresas. Necesitamos una nueva banca.

enrique ortega

A la 6ª ha sido la vencida. El presidente de la Fundación La Caixa, Isidro Fainé, lleva 31 años intentando fusionarse con Caja Madrid. Lo intentó primero en abril de 1989, después en 2009, dos veces en 2012 (la primera, en enero, rechazada por Rato, entonces presidente de Caja Madrid) y la quinta en 2017, poco antes de irse el ministro de Guindos al BCE. Ahora, por fin, la fusión de la gran Caja catalana y la madrileña saldrá adelante, por la urgencia de la crisis abierta con el coronavirus y el apoyo explícito del BCE, el Banco de España y el propio Gobierno, que no quieren otra crisis bancaria como la de 2010-2015.

Hace un par de años que se esperaban nuevas fusiones bancarias, pero la pandemia las ha precipitado, por el desplome del crédito, que es la puntilla a una banca que sufre desde hace años unos tipos de interés cero y márgenes negativos, acrecentados por la competencia de los gigantes digitales y sus medios de pago y bancos online. Los resultados son muy explícitos: en el primer semestre de 2020, CaixaBank había reducido sus beneficios un 67% y Bankia un 64%. Se les había agotado la gasolina para afrontar esta grave recesión. La fusión, contemplada desde 1989, podría ser la solución, al aportar una reducción de costes y muchas “sinergias” (ventajas). Sólo quedaba buscar el momento ideal. Y tener apoyos políticos en España y Europa.

El momento de la fusión lo iba a fijar la Bolsa. CaixaBank, tres veces más grande que Bankia (en activos y beneficios) iba a ser el comprador, el que mandara en la fusión. Y buscaba pagar lo menos posible por Bankia. En mayo de 2013, una acción de CaixaBank valía lo que 1,21 de Bankia. La fusión era demasiado cara. Luego Bankia mejora y hasta 2017 su acción vale más que la de CaixaBank. A partir de ahí, sube CaixaBank y el 21 de mayo de 2020, en plena recesión, la acción de CaixaBank vale lo que 2,12 acciones de Bankia (ver gráfico cotizaciones). Ya es un buen momento para comprarla barata. Y esa proporción de canje se ha mantenido hasta mediados de julio. Era el momento del ataque. Faltaban los apoyos políticos y financieros.

Y llegaron, con mucha fuerza. Primero, del Banco Central Europeo (BCE), con múltiples declaraciones a favor de las fusiones, como antídoto contra una nueva crisis bancaria. Y con hechos: el 1 de julio, el Consejo de Supervisión del BCE rebajaba las exigencias de capital a los bancos que se fusionaran, una medida clave. Y por si no estuviera claro, el 20  de julio, el vicepresidente del BCE decía en Madrid sobre las fusiones: “Es ineludible. Si eran necesarias en el pasado, ahora son inevitables (…) En las próximas semanas y meses se deben ver movimientos a nivel nacional y en la zona euro”. Y el 1 se septiembre, dos días antes de saltar la noticia de la fusión, el BCE, el Banco de España y la patronal bancaria coincidían en Santander en decir que “no queda otra que las fusiones”. Más claro, agua.

Con estos apoyos políticos y la Bolsa a favor, CaixaBank prepara la operación en agosto, negociando con el FROB, que tiene el 62% de Bankia (en representación del Estado, que es el mayor accionista, al haberle aportado  24.069 millones de dinero público en 2012). Otra ventaja de CaixaBank en esta fusión es que ningún otro banco va a pujar por Bankia: sólo la fusión con CaixaBank permite que el Estado no sea el primer accionista de la entidad resultante (tendrá el 15% de CaixaBankia y la Fundación CaixaBank el 30%, el paquete de control). Si Bankia se fusionara con el Santander, el Estado sería el primer accionista del banco resultante (con el 5,8% del capital). Con el BBVA, el Estado sería también el primer accionista (con más del 10%), lo mismo que si Bankia se fusionara con Bankinter (tendría el 30%), Sabadell (tendría incluso el 40%), con Unicaja (50%) o Liberbank (más del 50%). Así que el único novio posible para Bankia era CaixaBank. Para los demás, comprar Bankia equivalía a nacionalizarse.

Visto el panorama, las negociaciones de la fusión han sido rápidas y culminarán este domingo 13 de agosto, al aprobar la operación los dos Consejos de Administración, paso previo para un proceso que podría culminar en diciembre, tras autorizar la fusión las autoridades europeas y españolas. Los temas polémicos en cualquier fusión están claros: quién manda (CaixaBank, que absorbe a Bankia y pone al consejero delegado, aunque se mantenga como presidente el actual presidente de Bankia), el nombre (CaixaBankia, casi igual) y la sede (Valencia, la actual sede de CaixaBank). Y además, facilita el proceso que las dos entidades tengan “una cultura de Cajas”, muy centradas en el negocio a particulares, pymes y empresas, con muchas hipotecas (28% del total).

Se crea así el primer banco por activos en España (con 627.211 millones de euros), aunque será el tercer banco español por tamaño global, dado que los otros dos grandes españoles tienen mucho más negocio extranjero y por eso tienen más tamaño global ( más de 1 billón de activos totales el Santander y 753.000 millones el BBVA). En conjunto, tendrá unas 6.200 oficinas en España, 43.500 empleados y 21 millones de clientes, concentrados en Cataluña, Madrid, Levante, Baleares y Andalucía. Un gigante bancario que lleva en sus tripas 18 Cajas absorbidas desde 2009 (Caixa Girona, Caja Navarra, Caja Burgos, Caja Canarias, Caja Sol y Caja Guadalajara absorbidas por CaixaBank y Bancaja, Caixa Layetana, Insular de Canarias, Caja Ávila, Caja Segovia, Caja Rioja, Caja Murcia, Sa Nostra, Caja Granada y Caja Penedés, absorbidas por Caja Madrid) y 3 bancos (Bankpyme, Banco de Valencia y Barclays España, absorbidas por CaixaBank).

La fusión gusta al BCE, al Banco de España, a la mayoría del Gobierno y a muchos expertos porque piensan que es una vacuna para evitar otra crisis bancaria, dado que la actual recesión podría volver a deteriorar las cuentas de Bankia (y de otros bancos). La primera ventaja de cualquier fusión es que recorta gastos (por recorte de oficinas y plantillas) y consigue “sinergias”, ventajas derivadas de tener un mayor tamaño. Además, serán muy importantes los beneficios diferidos que se logran: al comprar un banco por menos de su valor en libros (Bankia, a 0,28 veces su valor), la diferencia entre lo que CaixaBank paga y su valor en libros se computa como un beneficio contable (fondo de comercio negativo) y este beneficio extra servirá para pagar los costes de la fusión. Además, una fusión tiene beneficios fiscales, con lo que el banco resultante se ahorrará muchos impuestos durante años.

Otra ventaja, que ha pesado mucho al dar luz verde el FROB y el Gobierno, es que ahora habrá más posibilidades de recuperar parte de las ayudas públicas a Bankia, porque la entidad resultante tendrá más beneficios (el Estado cobrará más dividendos) y valdrá más la participación pública cuando se venda. El Gobierno debería haber vendido su 62% en Bankia antes de finales de 2017, por exigencia de Bruselas, pero ha habido tres prórrogas (2 con de Guindos y una con Calviño) y ahora la salida de Bankia está fijada para antes de diciembre de 2021 (aunque podría retrasarse por 4ª vez). En cualquier caso, parece que la venta del paquete público en Bankia (62% antes y 15% ahora en la nueva entidad) puede ingresar más si está fusionada con CaixaBank que sola. Pero ojo: por muy bien que vayan las cosas, no se va a recuperar todo el dinero público invertido en Bankia (24.069 millones, de los que ya se han recuperado 3.182 millones estos años). Y eso porque, a fecha de hoy, el valor en Bolsa de esa participación pública en Bankia no llega a los 2.000 millones

Pero parece claro que se podrá recuperar más si Bankia se fusiona con CaixaBank que si afronta solo esta nueva crisis. Eso sí, la fusión tiene varias desventajas y problemas. El primero, los recortes de plantilla, la pérdida de unos 8.000 empleos, el 18%. Y aunque sean jubilaciones anticipadas, son personas que dejan de trabajar y una parte del coste acabará cargando en la Seguridad Social. Un problema que se suma a los recortes de otros bancos, que tienen previsto cerrar 4.000 oficinas entre este año y el próximo (con ello, la banca habrá pasado de 38.986 empleos en 2009 a 19.900 en 2021, la mitad). El otro problema es el cierre de sucursales, unas 1.500, el 25% del total, sobre todo en Madrid y Cataluña, lo que perjudicará a muchos clientes (sobre todo en zonas rurales, ya sin oficinas).

Y queda un tercer problema, la menor competencia bancaria, al reducirse el número de entidades, que ha pasado de 42 Cajas y 20 bancos en 2007 a 10 bancos ahora tras esta fusión (ver listado entidades). La consecuencia es que los grandes tienen cada vez más cuota de mercado y hay quien teme que se configure un oligopolio. De hecho, los 5 grandes bancos han pasado de controlar el 42% del mercado en 2008 al 61,8% en 2016 y el 68,5% en 2018, siendo el 4º país europeo donde más ha crecido la concentración bancaria, tras Chipre, Letonia y Lituania. Pero todavía tenemos un nivel medio (“moderado”) de concentración bancaria, según el BCE: ocupamos el puesto 13º en la UE, con un índice Herfindall de concentración de 1.328 puntos, por debajo de los niveles altos de Estonia (2.698), Finlandia (2.570), Chipre (2.375), Grecia (2.304), Lituania (2.278) y Holanda (2178) y muy por encima de la concentración bancaria de Alemania (índice 275), Reino Unido (353) o Italia (579).

La consecuencia de esta mayor concentración bancaria es más poder de las entidades para imponer condiciones a sus clientes, particulares y empresas, desde la concesión de créditos e hipotecas a las comisiones que fijan por tarjetas y servicios financieros. Claro que en los últimos años han entrado en el mercado financiero nuevos operadores, desde bancos online a empresas de tecnología (Google, Apple, PayPal, Amazon…) o telecos (Orange ha creado un banco y Movistar presta dinero), que compiten abiertamente con los bancos tradicionales. Y eso, para las autoridades y muchos expertos, asegura a los clientes que la competencia se va a acrecentar, aunque se reduzca el número de bancos. Eso sí, con la fusión de Bankia desaparece la posibilidad de convertirla en un banco público (como quería Podemos), que sirva como contrapunto a la gestión de los bancos privados.

Ahora, con CaixaBankia, “se ha abierto la veda de las fusiones. El BCE, el Banco de España y los Gobiernos van a promoverlas, como antídoto contra futuras crisis bancarias por culpa de la recesión provocada por la pandemia. La idea es que maduren fusiones dentro de los paises (en Italia, Monte dei Paschi de Siena, rescatado con dinero público, está buscando una fusión como Bankia) y luego se llegue a fusiones transfronterizas, entre bancos de distintos paises de la zona euro. En España, los ojos están puestos en Banco Sabadell, un mediano rentable y bien gestionado, y el BBVA, el único de los grandes que no ha entrado en fusiones recientes (Santander está todavía digiriendo al Popular). Y luego, podría culminar la fusión de Unicaja (Caja Duero, Caja España, Caja Jaén y Unicaja) y Liberbank (CajAstur, Caja Castilla la Mancha, Caja Cantabria y Caja Extremadura), que fracasó en mayo de 2019, por las exigencias de capital del BCE (ahora rebajadas). Y faltaría encajar en el puzle de las fusiones a Abanca (las antiguas Cajas gallegas, compradas por el grupo venezolano Banesco), Kutxabank (BBK, Kutxa, CajaSur y Vital), Ibercaja (Caja Inmaculada, Caja Badajoz, Caja Círculo Burgos e Ibercaja) y Bankinter (que quiere seguir solo).

La clave de las fusiones no es tanto sus cuentas sino aclarar quién manda: resolver “la lucha de egos”, encontrar el encaje entre directivos para que uno mande antes de retirarse (como presidente “florero”) y otro mande de verdad. Y lo mismo la negociación del nombre y la sede, los otros dos temas polémicos, más que el encaje de las cuentas. Eso sí, cualquier fusión necesita que haya un banco con músculo que absorba a otro más débil: sumar dos bancos débiles solo agrava los problemas de ambos.

Pero el tamaño no lo es todo. Los problemas de la banca, en España y en Europa, son de antes de la pandemia: bajos tipos de interés (incluso negativos), baja demanda de crédito, reducción de márgenes y dura competencia de nuevas entidades (gigantes de Internet y telecos). Todo ello se ha agravado con el desplome de la actividad por el coronavirus, pero los problemas estaban ahí y no se resuelven sólo con fusiones. La banca tiene que reconvertir su negocio, digitalizándolo y aumentando el peso de la banca online, recortando costes y mejorando sus servicios a los clientes. Y sobre todo, tiene que ser más transparente y mejorar su relación con particulares y empresas, que multiplican sus reclamaciones (14.621 presentadas ante el Banco de España en 2019 y un 22% desoídas) y sus recursos en los tribunales (que la banca pierde uno tras otro). Y todo ello ha deteriorado su imagen: La banca se ha ganado su mala reputación que tiene. No podemos echarle la culpa a nadie, no ha venido una norma y nos ha puesto mala reputación, sino que el sector se lo ha ganado”, decía a finales de 2019 el consejero-delegado de CaixaBank, Gonzalo Cortázar, que será ahora el primer ejecutivo de la nueva CaixaBankia.

En definitiva, vuelve el baile de las fusiones, pero la reconversión de la banca no pasa sólo por entidades más grandes sino por bancos más eficientes, más transparentes y más justos, que no ganen escondiendo costes y comisiones al cliente sino ofreciendo un mejor servicio en competencia con los gigantes de Internet. Necesitamos una nueva banca.

lunes, 28 de diciembre de 2015

Los cajeros, más caros que antes


Desde Navidad en unos casos y en todos desde el 1 de enero, sacar dinero en  un cajero de otro banco es más caro que antes: cuesta unos 2 euros, salvo en algunas Cajas y bancos, que cuesta 65 céntimos. Es el fruto del decreto-ley que aprobó en octubre el Gobierno Rajoy para impedir la doble comisión que había empezado a cobrar La Caixa: ahora sólo se puede cobrar una comisión, pero, en la mitad de los cajeros, es el triple de la que se cobraba hace un año. La nueva comisión les supondrá un ingreso extra de 181 millones de euros y con ella pretenden también atacar a los pequeños bancos sin cajeros que les hacen la competencia (ING) y encarecer el uso de efectivo, para favorecer los pagos online, más baratos para la banca. Pero es otra comisión más que molesta a los clientes, hartos de que la banca les cobre por casi todo para defender márgenes. Y eso, cuando 7 de cada 9 españoles no confían en los bancos.
 

enrique ortega


España es un país donde nos gusta pagar en efectivo: el 85% de las compras se hacen a tocateja, en metálico, frente al 66% de media en Europa, según el estudio MasterCard Advisors 2013. De hecho, somos el cuarto país europeo con más uso del efectivo, sólo por detrás de Grecia (98%), Polonia (95%) e Italia (94%) y muy por delante de Holanda (sólo 40% compras en efectivo), Suecia o Francia (41%), Bélgica (44%), Gran Bretaña (485) o Alemania (67%). Y de ahí, de esta “necesidad de efectivo” nacen los cajeros, que se multiplican por todas las calles de España: hay 50.479 cajeros, 1 cajero por cada 926 habitantes, muchos más que en el resto de Europa, donde la media es 1 cajero por cada 1.423 habitantes. Y los usamos mucho: 905 millones de veces en 2014, una media de 2 veces al mes por adulto.

Los bancos han utilizado esta “dependencia” del metálico y del cajero para cobrarnos por el servicio, al darnos la tarjeta (una comisión anual) y también al sacar dinero en un cajero que fuera de otro banco. En este caso, lo normal era que el banco dueño del cajero cobrara una comisión al banco que emite la tarjeta, de 0,75 euros por extracción (si se sacaba dinero en otro banco de una red distinta) o de 0,65 euros (si era un cajero de la misma red del banco emisor de la tarjeta). Y luego, el banco emisor de la tarjeta cobraba esos 0,65-0,75 céntimos a su cliente o nada si le interesaba mucho y quería regalarle ese servicio. Pero el 19 de marzo de 2015, CaixaBank, el banco con más cajeros de España (10.000) rompió las reglas y empezó a cobrar una nueva comisión de 2 euros directamente al no cliente que sacaba dinero en sus cajeros. Y tanto Santander como BBVA comentaron que iban a hacerlo también desde octubre.

Clientes y asociaciones de consumidores montaron un gran revuelo, porque eso suponía cobrar una doble comisión por sacar dinero en bancos donde no se es cliente: una que cobra directamente el banco dueño del cajero y otra, la de siempre, que cobra (o no) el banco dueño de la tarjeta. Con las elecciones del 20-D en el horizonte, el ministro de Economía sale en defensa de los clientes y dice que no se pueden cobrar dos comisiones. Y el Gobierno aprueba el 2 de octubre de 2015 un real-decreto que fija sólo una comisión por el uso de cajeros ajenos, comisión que no se cargará directamente al que saca el dinero sino que se cobrará a su banco, que no podrá cobrarle más. Pero no fijan tarifas.

Los bancos hacen sus cuentas y sus estrategias para lo que cobrarán desde el 1 de enero de 2016, aunque la mayoría se han adelantado y cobran sus nuevas tarifas desde Navidad. CaixaBank (9.683 cajeros), el líder, sigue en sus trece: cobrará  2 euros a los bancos de los no clientes que saquen dinero en sus cajeros, pero será sólo una comisión en total. Santander (9.996 cajeros) y BBVA (5.993 cajeros) cobran ya “algo menos de 2 euros” (1,85 y 1,90 euros) por extracción a los no clientes. Y el resto de bancos y cajas, han firmado distintas alianzas para cobrar menos a los clientes de esas coaliciones de bancos y más al resto.


El grupo de Bankia, Sabadell y 10 antiguas Cajas (17.807 cajeros) cobra (desde el 28 de diciembre) 0,98 euros a los no clientes de los grandes bancos y sólo 0,65 euros a los no clientes de otros bancos o Cajas del grupo (a los de cada entidad, nada). Popular, Bankinter, Laboral Kutxa y Deutsche Bank (8.143 cajeros) han firmado acuerdos bilaterales para cobrar “menos de 2 euros” (entre 1,50 y 2) a los no clientes de los grandes bancos y 0,65 euros por extracción a los no clientes de bancos y cajas de la coalición (salvo Bankinter, que cobrará un euro a los clientes del Popular). El tercer acuerdo es el de Cajamar, 19 Cajas rurales, Banca Pueyo y Caja Caminos (7.700 cajeros), que cobrará entre 1,5 y 2 euros (no clientes grandes bancos) o 0,65 euros (no clientes grupo). Y finalmente, los clientes de ING sólo podrán sacar en los cajeros del Popular y Banca March, a cambio de una compensación que pagará el banco holandés (y quizás sus clientes).

Como se ve, un pequeño galimatías hasta que cada cliente vea cómo le afecta el cambio según su banco o caja y los cajeros que normalmente utilice. Pero hay un hecho claro: ahora, con el real-decreto del Gobierno Rajoy, la mayoría van a pagar ahora más por sacar dinero en cajeros de otros bancos. La mitad van a pagar el triple que hace un año, 2 euros sobre 0,65-0,75 euros. Y sólo los que sean de bancos o cajas de la misma “alianza” pagarán lo mismo, esos 0,65 euros. Por ello, usuarios y organizadores de consumidores están“irritados” con el cambio. Y dicen que la comisión de 2 euros por extracción es “excesiva”. Incluso, el Secretario de Estado de Economía la calificó de “desorbitada”.

Ahora, su esperanza está puesta en la Comisión de la Competencia (CNMC), a la que el Gobierno pidió analizar los costes que tiene para los bancos ofrecer el servicio de cajeros, para que no cobren de más con la nueva comisión. Pero todo parece indicar que sí lo hacen: el coste real de la red de cajeros es de 840 millones al año y sin embargo los bancos ingresan 3.266 millones (2.000 por la anualidad de las tarjetas y 1.266 por las extracciones), según un estudio realizado por la web Kelisto. Ahora falta por ver las cuentas que le salen a la CNMC, pero ya hay un precedente en Reino Unido, donde una investigación demostró (en 1988) que la banca británica ingresaba por comisiones entre 5 y 6 veces lo que les costaba mantener la red de cajeros. El resultado fue que el Gobierno británico suprimió las comisiones por el uso de tarjetas y cajeros desde el año 2000.

Con los 2 euros por extracción que pagan ahora la mayoría de los que saquen dinero en cajeros de otros bancos, España será el país europeo donde más se paga por sacar dinero en cajeros, salvo Grecia (cobran entre 1 y 3 euros), ya que la comisión media en los 7 países más ricos de la UE es de 1,40 euros por extracción. Hay otros países, como Suecia o Portugal, donde sacar dinero en cajeros es gratis como en Reino Unido. En Francia, el tope de comisión entre bancos es de 0,57 euros por extracción  y en Holanda, 0,58 euros. En Italia se cobran 1,95 euros de media y en Alemania entre 1 y 2,19 euros.

Los bancos y Cajas españoles cobran ahora más en los cajeros por tres razones. La primera, a corto plazo, para recaudar más. Si se estima que un 20% de las retiradas de dinero se hacen en cajeros ajenos al propio banco, eso daría 181 millones de extracciones al año sobre las que cobrar comisión. Si consideramos una comisión media de 1 euros (en la mitad al menos de los casos es 2 y en otras 0,65 euros), nos dan 181 millones de euros de ingresos extras. Y no hay que olvidar a los turistas, 68 millones previstos en 2015: sólo con que la mitad haga un par de extracciones en sus vacaciones en España, son 136 millones de euros en comisiones.

El segundo objetivo de la banca, tras recaudar más, es un objetivo a medio plazo: atacar a la competencia o defenderse de bancos pequeños, sin cajeros, que les roban clientes. Y cara al futuro, defenderse de tarjetas que pudieran emitir Google, Apple o Amazon. El banco más afectado hoy es ING, un banco casi sin oficinas y con más de 3 millones de clientes. La entidad holandesa ya ha dicho que hoy paga 24 millones a los bancos en comisiones por extracciones de sus clientes y que con las nuevas normas pagaría 75 millones, por lo que está pensando en cobrar algo a sus clientes, algo impensable hasta ahora. Y en paralelo, ya ha reclamado por la medida ante la Comisión Europea, que tendrá que pronunciarse así sobre las nuevas comisiones de los cajeros españoles. Y no sería extraño que las cuestionara.

El tercer objetivo de la banca, a más largo plazo, es disuadir a los clientes de que utilicen los cajeros y el dinero en metálico, cuya manipulación y servicio supone un coste creciente, además de provocar costes de transporte y problemas de seguridad. Y en esta batalla contra el dinero en efectivo, la banca cuenta con el apoyo del Gobierno, a quien tampoco le gusta el metálico, porque es una fuente de fraude fiscal. De hecho, el Gobierno Rajoy penalizó los pagos en metálico, desde el 19 de noviembre de 2012: están prohibidos los pagos en efectivo superiores a 2.500 euros de un particular a un profesional o a una empresa y entre empresas, medida que intenta frenar los pagos “en negro” y sin IVA. Hacienda pone multas del 25% de los pagos ilegales, aunque el infractor se puede librar de pagar la mitad de la multa si lo denuncia. Y sólo en 2014 hubo 5.000 denuncias por pagos en metálico.

En realidad, aunque la banca tenga también otras razones, el principal objetivo de subir las comisiones de los cajeros es ingresar más (por eso no han esperado al 1 de enero, aplicando las nuevas comisiones en plena Navidad), en una coyuntura donde les han bajado los márgenes, por los bajos tipos de interés y la escasa concesión de créditos. Así que tratan de mantener sus beneficios (9.233 millones enero-septiembre 2015, un 3,2% menos que en 2014) de dos maneras: recortando costes (han cerrado 16.000 oficinas desde 2008, 1 de cada 3, y han despedido a 80.000 empleados, 1 de cada 4) y cobrando a los clientes comisiones por los servicios que pueden, cada vez más.

Las comisiones bancarias volvieron a subir en 2014, por primera vez desde que estalló la crisis en 2008. Y en 2015 crecieron de nuevo, un 4,6% en el primer semestre, con lo que el año se habrá cerrado con 11.750 millones ingresados por comisiones, 8.000 millones sólo los 6 grandes bancos. Eso significa que lo que pagamos por comisiones suponen ya un40% de los ingresos puramente bancarios de las entidades, o sea, que son un ingrediente básico de su negocio. Por eso, no pueden prescindir de ellas sino que buscan aumentarlas, no sólo en los cajeros sino en otras vertientes del negocio. De hecho, donde más están creciendo las comisiones es en Fondos, operativa de Bolsa, seguros e hipotecas (está volviendo la comisión de apertura, que antes no se cobraba), productos donde  las comisiones “se notan menos” que en una cuenta o tarjeta. Pero también aquí se siguen cobrando, a pesar de la publicidad “sin comisiones”. Es el caso de la publicitada Cuenta 1,2, 3 del Santander, donde el cliente paga 3 euros mensuales por mantenimiento y otros 3 euros por la tarjeta (total, 72 euros al año). O la cuenta Tenemos un Plan del Popular: exime de pagar comisiones de administración o mantenimiento pero aplica otras 23 comisiones más…

Las comisiones son una jugosa e imprescindible fuente de ingresos para la banca pero también una fuente de quejas y reclamaciones: 1 de cada 5 reclamaciones presentadas por los clientes ante el Banco de España (29.443 en 2014) son por cobro de comisiones, algo que molesta mucho a los clientes. Por eso, deberían preocupar especialmente a la banca, que sufre un serio problema de imagen, reconocido por ellos mismos: “la banca corre el riesgo de perecer si no recupera la confianza del cliente”, señaló hace poco el presidente de la patronal bancaria AEB.Y el consejero-delegado de la mayor entidad, CaixaBank,ha añadido: “la reputación de la banca está bajo mínimos. Es un problema muy serio”.

Tan serio como que sólo 2 de cada 9 españoles (22%) tiene confianza en la banca, la mitad que los clientes europeos (48%), según el Barómetro de Confianza elaborado por la consultora Edelman. O sea, que 7 de cada 9 españoles, desconfía de la banca, tras estos años de rescates, venta de preferentes, escándalos de directivos, desahucios… y cobro creciente de comisiones. Así que la banca tiene un problema de imagen que va a empeorar ahora con los cajeros. Y así resulta difícil que recuperen la confianza, algo crucial para su negocio, sobre todo frente a los nuevos competidores, como Google, Apple, Amazon o las telecos, con muy buena imagen y que ya les empiezan a quitar negocio (tarjetas y transferencias). Ellos sabrán lo que hacen. Pero esta historia de los cajeros no les ayuda. Deberían dar marcha atrás, antes de que les fuerce Europa o el próximo Gobierno. Sean inteligentes.

jueves, 10 de septiembre de 2015

La doble comisión de los cajeros


En las próximas semanas, cuando saque dinero en un cajero que no sea de su banco, tiene un 50% de posibilidades de que le cobren una nueva comisión de 2 euros, además de la que  ya le cobraba su banco. CaixaBank la cobra desde marzo y ahora la cobrarán BBVA y Santander (y quizás Popular), aunque no la cargarán entre ellos Bankia, Sabadell y las Cajas de Euro6.000. Además, van a cobrar esa comisión a los turistas que nos visitan, 68 millones este año. La nueva comisión ha sido denunciada por los consumidores ante Bruselas y el Banco de España, que dice que sólo se puede cobrar una comisión, no dos, aunque de momento no ha tomado medidas. Quizás porque, en paralelo, el banco emisor ha alentado a los bancos a cobrar más comisiones a los clientes, para mejorar sus márgenes. Ya lo hacen: las comisiones llevan dos años subiendo y los clientes pagamos 168 euros de media, más que en Europa. Y eso que los grandes bancos han duplicado sus beneficios este año.
 

enrique ortega


España es un país donde nos gusta pagar en efectivo y usar los cajeros. Los españoles no somos de usar mucho las tarjetas y hacemos el 70% de las compras en metálico, frente al 50% en Francia o el 30% en Alemania, según Master Card. Y por eso, vamos mucho al cajero: 905 millones de veces en 2014, una media de dos veces al mes por adulto. Y por eso, España tiene la mayor red de cajeros de Europa: 1 cajero por cada 920 habitantes. Esa fuerte demanda ha obligado a bancos y cajas a realizar una fuerte inversión en cajeros, aunque con la crisis hay menos que antes: 50.441 en 2015 (34.480 de Servired, 7.500 de 4B y 9.961 de Euro 6000). Y como estamos “enganchados” al cajero, los bancos lo aprovechan para intentar aumentar sus ingresos y de paso rentabilizar sus inversiones en la renovación de cajeros.

Hasta ahora, cuando un cliente sacaba dinero en un cajero que no era de su banco, el propietario del cajero le cobraba una comisión al banco del cliente emisor de la tarjeta, la llamada “tasa de intercambio”, que suele ser 0,65 euros por operación. Y luego, el banco ya veía si repercutía o no a su cliente esa comisión, entre 0 y 1,50 euros por operación, según su política comercial y el perfil y la vinculación del cliente. El 19 de marzo de este año, CaixaBank, el banco líder en cajeros en España (9.683) rompió este esquema y anunció que empezaba a cobrar una nueva comisión de 2 euros por el uso de sus cajeros a los no clientes. Es una comisión que carga al no cliente que saca el dinero (“acces fee) no a su banco, que además le puede cobrar la otra comisión.


La iniciativa provocó un revuelo en el resto de la banca y al final los otros dos grandes se van a sumar: BBVA cobrará los 2 euros desde el 14 de septiembre y Santander desde primeros de octubre. A última hora, CaixaBank y BBVA han decidido hacer una excepción: no cobrarán a sus clientes por sacar dinero en la red del otro banco. Y el Popular podría también sumarse en octubre a cobrar los 2 euros a los no clientes que sacan dinero en sus cajeros. Pero Bankia, Sabadell y las Cajas que forman el sistema Euro6000 (Unicaja, Ibercaja, Liberbank, BMN, Abanca, Kutxabank y Evo Banco) han alcanzado un acuerdo (donde no han querido admitir a ING Direct) para no cobrarse entre ellos esta nueva comisión de 2 euros en sus cajeros y devolvérsela a sus clientes en el caso de que se la carguen CaixaBank, BBVA y Santander (o Popular).

En total, pues, casi el 50% de los cajeros cobrarán este otoño esa nueva comisión de 2 euros a los no clientes. Los bancos lo justifican por dos razones. Una, para hacer frente a la competencia de los bancos pequeños sin apenas cajeros, que se apoyan en la red de los grandes sin hacer inversiones (y en el futuro, podrían hacerlo Google, Apple o Amazon si emiten tarjetas). La otra y fundamental, para ingresar más y financiar así la inversión que han hecho en cajeros (CaixaBank ha gastado 500 millones). Se estima que la nueva comisión puede reportar a la banca unos 100 millones anuales de ingresos extras.

El mayor ingreso puede venir de las retiradas de efectivo en los cajeros de los turistas que nos visitan, 68 millones de extranjeros este año 2015. CaixaBank ha presionado a Visa y Master Card para conseguir que autoricen el cobro de esta comisión a los turistas, para lo que han tenido que cambiar ligeramente sus estatutos. Pero para la entidad catalana, es un asunto clave: un 26,5% de todos los turistas extranjeros (18 millones) visita Cataluña (y un 11,3% más la Comunidad Valenciana y Baleares), donde sus cajeros son omnipresentes.

Con esta nueva comisión de 2 euros, España será el país europeo donde más se paga por sacar dinero en los cajeros: la comisión media en los siete países más ricos de la UE es de 1,4 euros. En Holanda, Reino Unido y Suecia, los bancos no cobran por la retirada de dinero, ni en sus redes ni en las ajenas. En Francia cobran 1 euro, en Italia 1,95 euros y en Alemania, 2,19 euros cuando la red es de otro banco.

Las asociaciones de usuarios, desde la OCU y Facua a Adicae, han denunciado esta nueva comisión en los cajeros, ante el Banco de España y ante la Comisión Europea, ya que supone cobrar dos veces por el mismo servicio. Ante el revuelo levantado, Bruselas ha pedido información y el Banco de España señaló en julio que los bancos no pueden cobrar dos comisiones por un mismo servicio y que estará vigilante. Pero los bancos creen que la nueva comisión es legal, según un informe jurídico encargado por Servired al despacho de Uría y Méndez (aunque otro encargado al bufete de Gómez Acebo disiente). Y se acogen a que los bancos no cobran dos comisiones sino una cada entidad: una que cobra el que da la tarjeta al cliente y otra el dueño del cajero. Eso sí, la Comisión de la Competencia (CNMC) también ha abierto una investigación por el hecho de que los tres grandes se hayan puesto de acuerdo en cobrar lo mismo (2 euros) a los no clientes que usen sus cajeros.

Para evitar problemas, mientras Bruselas y la CNMC se pronuncian, CaixaBank ha renunciado a cobrar la antigua comisión de intercambio a  los bancos (los 0,65 euros), algo a lo que no quieren renunciar los demás, que parece que la seguirán cobrando (doble comisión). Y el Banco de España ha dicho en agosto que “carece de indicios de que se aplique la doble comisión en los cajeros”. Así que aún no sabemos cuánto nos costará en realidad sacar dinero de un cajero de otro banco este otoño: si una comisión o dos. Pero lo que es seguro es que costará más del doble que hasta ahora (al menos 2 euros, frente a 0,65 euros).

La batalla de los cajeros es solo la última muestra de la guerra de la banca por conseguir más ingresos por comisiones a sus clientes. En los últimos meses, han dado pasos significativos en el aumento de cobros por distintos servicios: ingreso en efectivo en las oficinas (quieren que no vayan los clientes), sobre todo cuando ingresamos dinero a terceros, cobro por descubiertos (el Santander lo ha subido a 39 euros), comisiones por mantenimiento de cuenta (han subido un 31,5% desde 2007, según kelisto.com), comisiones por apunte, cobro de cheques, transferencias y pago por recibos no domiciliados, además de subir las comisiones anuales por tarjetas de débito y crédito y también por fondos, Bolsa y seguros.

En paralelo a esta subida de comisiones, arrecian las campañas de marketing centradas en “Cero Comisiones”, un gancho para atraer a clientes vinculados, con nómina o pensión y recibos o préstamos. Pero el hecho cierto es que la mayoría de clientes pagan más comisiones cada año: la media es de 168,73 euros por cliente, según un estudio de Facua en 2014. Y son los grandes bancos los que más comisiones cobran: Barclays (271,41), Santander (248,40), Unicaja (242,40), CaixaBank (239,90), BBVA (216,70), Sabadell (213,20) y Popular (204,50). Por otro lado, los españoles somos los europeos que más comisiones bancarias pagamos tras los italianos, según la Comisión Europea.

La banca está utilizando los ingresos por comisiones para cubrir la caída de márgenes derivada de los bajos tipos de interés y del desplome del crédito. En 2014, la banca española ingresó 11.257 millones de euros en comisiones, aumentando por primera vez desde la crisis. Y este año 2015 vuelven a crecer. Y cada vez, estas comisiones pesan más en sus cuentas: suponen un tercio de sus ingresos por intereses (32,65%), cuando en 2007 eran la quinta parte (20,9%). Y todo apunta a que seguirán creciendo, aunque sus beneficios se recuperan con fuerza tras la crisis y el rescate bancario: en la primera mitad de 2015, los 6 grandes bancos han duplicado sus beneficios (7.989 millones de euros). Y ya hay 133 banqueros españoles que ganan  más de 1 millón de euros anuales (81 de ellos ganan más de 2 millones), según acaba de revelar la Autoridad Bancaria Europea (EBA).

El propio Banco de España está alentando a los bancos a cobrarnos más comisiones: en junio, el subgobernador del banco emisor, Fernando Restoy, recomendó a los bancos generar más ingresos por comisiones: “el cobro de comisiones es la única fórmula, junto al recorte de costes, para combatir los bajos márgenes de rentabilidad del negocio bancario”. Así que tienen “su bendición oficial” para crujirnos.

En resumen, que hoy nos suben las comisiones en el cajero y mañana nos cobrarán por otra cosa. Además, cada vez hay menos bancos en España (de 55 se ha pasado a 14), más grandes (los 6 grandes controlan el 69% del mercado), que se ponen de acuerdo entre ellos para imponer comisiones, con lo que hay pocas salidas. La solución debería venir por una regulación europea, con la futura unión bancaria, donde el BCE y Bruselas fijaran unas reglas comunes para todos los bancos europeos, con las que saldríamos ganando porque ahora pagamos más comisiones. Pero tampoco hay que confiar mucho, porque las comisiones son libres y a las autoridades no les gusta mucho inmiscuirse en el poderoso negocio bancario. Así que los clientes estamos bastante desprotegidos. Digan lo que digan.