La compañía irlandesa Ryanair no es una aerolínea cualquiera: se ha convertido en la compañía aérea líder en Europa y en España, donde este año transportará 62 millones de viajeros (el 20% del tráfico previsto). La clave de su éxito han sido las ofertas “low cost”, los billetes superbaratos y el volar a nuevos destinos, pequeñas ciudades europeas que ha puesto en el mapa de vuelos, entre ellas muchas ciudades españoles, para lo que “fuerza” (“negocia”) que autonomías y Ayuntamientos les subvencionen por volar allí (cobrando por hacer publicidad de destinos en su Web, revistas y aviones: Cantabria pagó 18 millones a Ryanair por promocionarla turísticamente). Al final, la esencia de su negocio no es el billete básico, sino cobrar un extra por servicios complementarios que suponen un tercio de sus ingresos: facturación y equipaje de cabina, asiento y prioridad, ventas a bordo y rifas, comisiones a terceros (hoteles, coches de alquiler, seguros), programas de fidelidad y tarjetas regalo. Así consigue Ryanair ofrecer billetes baratos y tener enormes beneficios: 1.324 millones en 2023 (+429 que en 2019) y 1.920 en 2024 (+34%). Y 2.540 millones entre abril y septiembre de 2025 (+42%)…
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lunes, 3 de noviembre de 2025
Los aeropuertos y el "chantaje" de Ryanair
El último capitulo de esta increíble historia
sucedió el 8 de octubre: el comisario europeo de Transportes abrió expediente
a España por multar a Ryanair y 4 aerolíneas más por cobrar el
equipaje de mano. Esa multa (179 millones), la acordó el Gobierno en
noviembre y en febrero de 2025, Ryanair llamó “loco comunista” y “payaso”
al ministro de Consumo (sacándole 2 fotos disfrazado). Antes, en enero,
había suprimido 800.000 plazas en España, otro millón en verano y
1,2 millones más en octubre, junto al cierre de vuelos en Vigo,
Tenerife norte, Jerez, Valladolid y Asturias, más el posible de Almería,
Vitoria, Zaragoza, Murcia, Santander o Reus. Su “excusa” (mientras gana 2.540 millones), la subida de
tarifas aeroportuarias para 2026: El Gobierno lo llama “chantaje”
y recuerda que esas tasas llevan congeladas desde 2015 y que son
menores al resto de Europa. Ahora, propone subirlas (+0,69 céntimos/viajero)
para modernizar nuestros aeropuertos, los cuartos con
más tráfico del mundo. Esta “guerra”, que nos afecta mucho, sigue
ahora en los Tribunales (europeos y españoles). Ryanair, la aerolínea líder en España y Europa, presiona contra subida tasas aeroportuarias
La compañía irlandesa Ryanair no es una aerolínea cualquiera: se ha convertido en la compañía aérea líder en Europa y en España, donde este año transportará 62 millones de viajeros (el 20% del tráfico previsto). La clave de su éxito han sido las ofertas “low cost”, los billetes superbaratos y el volar a nuevos destinos, pequeñas ciudades europeas que ha puesto en el mapa de vuelos, entre ellas muchas ciudades españoles, para lo que “fuerza” (“negocia”) que autonomías y Ayuntamientos les subvencionen por volar allí (cobrando por hacer publicidad de destinos en su Web, revistas y aviones: Cantabria pagó 18 millones a Ryanair por promocionarla turísticamente). Al final, la esencia de su negocio no es el billete básico, sino cobrar un extra por servicios complementarios que suponen un tercio de sus ingresos: facturación y equipaje de cabina, asiento y prioridad, ventas a bordo y rifas, comisiones a terceros (hoteles, coches de alquiler, seguros), programas de fidelidad y tarjetas regalo. Así consigue Ryanair ofrecer billetes baratos y tener enormes beneficios: 1.324 millones en 2023 (+429 que en 2019) y 1.920 en 2024 (+34%). Y 2.540 millones entre abril y septiembre de 2025 (+42%)…
Ryanair fue la primera compañía “low cost” que abrió el
camino de cobrar por el equipaje de mano en cabina, en 2018,
restringiendo cada vez más los tamaños de las maletas de mano y cobrando más
por casi todo lo que no es el billete básico. Eso ha provocado las quejas de
los usuarios y multiplicado las reclamaciones
de asociaciones de consumidores, en vano. Hasta que en noviembre de 2024,
el ministro de Consumo, Pablo Bustinduy (de Sumar) decidió imponer
una multa millonaria (179 millones) a Ryanair (107,7
millones) y otras cuatro aerolíneas low cost (Vueling, EasyJet), Volotea
y Norwegian), por cobro injustificado de equipajes de mano y otros conceptos,
apoyándose en la Ley de navegación aérea de España y en las resoluciones de
2014 del Tribunal Europeo de Justicia.
Ryanair reclamó la multa a la Audiencia Nacional y ante
Bruselas. Y en paralelo, inició su particular “guerra” contra
el Gobierno español y contra el ministro Bustinduy, recortando sus
servicios. En enero de 2025, anunció el recorte
de 800.000 plazas en España para el verano, saliendo además de los
aeropuertos de Jerez y Valladolid. Y su consejero delegado (el
histriónico Michael
O`Leary) convocó una rueda de prensa en Bruselas donde acusó al ministro de Consumo español de
“loco
comunista”. En febrero, esta vez en Madrid, le
llamó “payaso”, fotografiándose al lado de dos muñecos a tamaño
natural de Bustinduy disfrazado de payaso (ver
foto)… Y después siguió con su presión: en septiembre anunciaron otro
recorte de 1 millón de plazas, junto al cierre de sus bases en Vigo,
Tenerife Norte y Asturias. Y en octubre anunciaron el recorte
adicional de 1,2 millones plazas para el verano de 2026, junto al cierre de
sus operaciones en más aeropuertos, que podrían ser Almería, Vitoria, Zaragoza,
Murcia, Santander y Reus.
El Gobierno español ha reaccionado a estas presiones (e
insultos) señalando que es un “chantaje” : es la palabra que han usado el
ministro Bustinduy, el
ministro de Transportes, y el
consejero-delegado de AENA (51% pública y el resto inversores en Bolsa), la
empresa estatal que gestiona los aeropuertos españoles. Y el
ministro de Consumo recordó en febrero, tras los insultos, que Ryanair
tiene “un estilo comunicativo de bastante mal gusto y de bastante mala
educación” y que es “una aerolínea muy conocida por “un estilo y una
lógica de chantaje y extorsión”… En el fondo, según Aena, lo que
pretende Ryanair es presionar a España para que no suba
las tasas aeroportuarias en 2026. Incluso, Ryanair
pide que AENA las baje hasta un 50% en los pequeños aeropuertos,
argumentando que “están vacíos”.
En esta petición de Ryanair para congelar las
tarifas en 2026 se
le ha sumado el PP, “olvidando” que el Gobierno Rajoy aprobó en
2014 la actual congelación de tarifas aeroportuarias, que ha
regido desde 2015 a 2025, y la norma que obligaba a revisarlas para 2026, según recuerda AENA. De hecho, estas tarifas han tenido una bajada nominal
del -7% entre 2015 y 2024, según
AENA. Y si tenemos en cuenta la subida de la inflación estos años, las
compañías aéreas han tenido una bajada real de tarifas aeroportuarias en España
del -31,2%, según
AENA. Eso sí, entre el 1 de julio de 2021 y el 1 de julio de 2023, las
compañías aéreas nos han subido el billete de avión a los viajeros un +64%,
según
Consumo: de 122 euros de media a 200 euros.
Tras este año de “guerra” y "chantaje" de
Ryanair al Gobierno, la sorpresa saltó en Bruselas el 8 de octubre: el
comisario de Transportes europeo, el griego Apostolos Tzitzikostas (Nueva
Democracia, integrada en el PP europeo) dio
la razón a Ryanair (con cuyo consejero delegado se reunió en
Bruselas, antes que con Bustinduy): las aerolíneas tienen “libertad”
para fijar precios por el equipaje de mano. Y abrió un procedimiento
de infracción a España, que podría ser llevada por la Comisión Europea
al Tribunal de Justicia de la UE, argumentando que “infringe la
normativa comunitaria”. El
ministro Bustinduy lamenta que Bruselas “se haya puesto al lado de las
multinacionales”, una crítica que comparte la Organización Europea de
Consumidores. Y España contempla mantener las multas y acudir también al
Tribunal de Justicia europeo de Luxemburgo.
Mientras la guerra del Gobierno con Ryanair continúa, AENA
no cede al “chantaje” y el 1 de enero de 2026 subirá
las tarifas aeroportuarias que recauda en los 46 aeropuertos españoles
que gestiona. Primero, argumenta, para cumplir la Ley 18/2014 del
Gobierno Rajoy, que fijaba una congelación de tarifas entre 2015 y 2025 para
“ajustarlas” en 2026” (Dora II). La decisión de AENA ha sido subirlas un +6,62%
en 2026, lo que supone un aumento de tasas de 68 céntimos por viajero:
de 10,35 euros de media en 2025 a 11,03 euros en 2026.
AENA justifica esta subida de tasas aeroportuarios,
además de que han estado congeladas, en otras dos razones: son más bajas que
en el resto de Europa y estos mayores ingresos hacen falta para
financiar la modernización futura de los aeropuertos españoles. Respecto a la comparativa
de tarifas, un análisis de El País demuestra que, aún con la subida de
2026, los aeropuertos españoles tendrán tasas más bajas que la mayoría de
los europeos: en Madrid-Barajas se pagará 13,39 euros/pasajero
al Espacio Aéreo Europeo, EEE (18,96 euros/pasajero al resto de destinos) y Barcelona-el
Prat 12,47 y 15,26 euros, mientras en Frankfort cobran 24,85 (EEE) y
26,29 euros/viajero, Roma 17,52 y 24,89 euros, Ámsterdam 31,26
euros, París 11 euros más IVA en vuelos interiores y 27,88 euros en
vuelos internacionales, Lisboa 16,32 euros vuelos interiores y 27,47
euros en los vuelos internacionales… Y en los aeropuertos pequeños, la tasa
será mucho menor: en Santiago, por ejemplo, 4,74 euros por pasajero en
vuelos europeos y 7,11 euros en los internacionales. Y en Valladolid,
2,22 euros y 3,35 euros.
El otro argumento de AENA para la subida de tasas es
que los aeropuertos españoles necesitan ampliarse y modernizarse,
porque “empieza a estar la cosa apretada”, en palabras de su consejero
delegado. Es una forma fina de decir que los aeropuertos españoles están a
rebosar de viajeros, como hemos visto este verano en cualquiera de ellos. Los
datos de IATA lo corroboran: en 1999, España recibía o emitía 129
millones de pasajeros, el doble en 2019 (275 millones), se movieron 309
millones en 2024 y esperan 320 millones de viajeros en 2025, 2,5
veces más que al inicio del siglo. Y España era en agosto
(241 millones de pasajeros transportados) el 4º país del mundo con más
tráfico aéreo, tras EEUU (876 millones), China (711) y Reino
Unido (261). Y aunque India (241 millones) nos superará a fin de
año, la previsión es que
España se mantenga en el Top 5 aéreo mundial en
los próximos 20 años, gracias al turismo y al desarrollo económico.
Esto exige que España “se ponga las pilas” y amplíe y
modernice sus aeropuertos, para afrontar esta tremenda demanda. Por
ello, el
propio presidente Sánchez presentó en Alicante, el pasado 18 de septiembre,
el Plan
de inversiones en aeropuertos 2027-2031, que prevé gastar 12.888
millones en la red española, sin destinar ni un euro de los
Presupuestos: 9.991 millones son inversiones “reguladas” que saldrán
de las tasas aeroportuarias y el resto de inversiones están asociadas a
la actividad comercial (tiendas, aparcamientos y otros ingresos). La idea es
proponer al sector aeroportuario un calendario de subida de tasas para 2027-31
(DORA III), para que las aerolíneas y otros implicados den su opinión y se
puedan aprobar de aquí a un año, para que todos puedan planificar a medio
plazo.
Este Plan de inversiones aeroportuarias tiene
3 prioridades: atender el aumento esperado del tráfico aéreo
(especialmente acuciante en los aeropuertos de grandes capitales y ciudades
turísticas), mejorar la experiencia de los usuarios (evitar tantas colas y
pérdidas de tiempo) y hacer que el sector aéreo sea ambientalmente más
sostenible. Las
grandes inversiones se van a concentrar en Madrid-Barajas (2.400
millones este quinquenio y hasta 4.000 millones en total), Barcelona-el Prat
(3.200 millones) y otros 11 aeropuertos, sobre todo los dos de
Tenerife, el de Lanzarote, Alicante, Málaga, Valencia, Bilbao e Ibiza. El
objetivo es que los futuros aeropuertos ayuden no sólo a mejorar el tráfico
aéreo sino que
sean un motor del turismo, el crecimiento económico y el empleo: la
mejora de un 10% en la conectividad aérea se traduce en un aumento del 0,5% en
el PIB per cápita…
Así que estamos en medio de una “guerra” entre
Ryanair y el Gobierno/AENA/consumidores y en un momento crucial
para el futuro del tráfico aéreo en España, donde nos jugamos seguir
siendo el líder mundial del turismo y parte del crecimiento económico, además
de ser una potencia en el tráfico aéreo mundial. Un futuro que debería
llevarnos a dos reflexiones. Una, si
debemos apostar por traer más turistas cada año, una vez que
rondemos este año los 100 millones de turistas, un récord difícilmente
sostenible (social y medioambientalmente), que está detrás del auge de los
pisos turísticos y del precio disparado de los alquileres (cuando un
propietario le saca 400 euros diarios a un piso para turistas, resulta difícil
pedirle que lo alquile a una familia por menos de 1.000 euros al mes…). Y la
otra, si
tantos vuelos actuales y futuros son ambientalmente
sostenibles, si no contribuyen a la crisis climática.
Los ecologistas insisten en que las emisiones de CO2
provocaban por el tráfico aéreo han pasado de ser el 2,3% del total al 7% en
2023, aunque AENA rebaja las emisiones a menos del 3%. Y Ecologistas en Acción denuncia
que ya hoy España es el 2º país europeo cuyo transporte aéreo emite más Cos
(22,7 millones de Tm en 2024) y que ampliar
los 13 aeropuertos previstos supondrá aumentar las emisiones entre un 30 y un
35%. Enfrente, AENA replica que el Plan de inversiones
destina 1.500 millones a la sostenibilidad ambiental:
electrificación de flotas, modernización energética de terminales,
más renovables y colaboración con aerolíneas para uso de
combustibles menos contaminantes. Al final, el Plan
aeroportuario presentado por AENA pretende conseguir que el sector aeroportuario
tenga emisiones
cero en 2030, 20 años antes que el resto de la economía.
En este camino por un transporte aéreo menos contaminante,
una medida fundamental es reducir los vuelos cortos, que se pueden sustituir
por el tren (o el coche híbrido o eléctrico). El país
pionero fue Francia, que en junio de 2023 aprobó formalmente la
prohibición de los vuelos a corta distancia cuando existiera la alternativa
de un tren que tardara menos de 2 horas y media. Pero dos años después, no
parece que la medida sea muy efectiva. Otros
paises europeos, como Austria, Suecia, Noruega y Paises Bajos han
tomado o estudian medidas similares, mientras la Comisión Europea no se
pronuncia. En España, la medida está incluida en la nueva
Ley de Movilidad, recién aprobada en el Congreso (con la abstención
de Podemos y el voto en contra de PP, Vox y UPN). Propone limitar los
vuelos cortos cuando haya un tren que tarde menos de 2 horas y media.
Eso afectaría hoy sólo a 3 vuelos: Madrid-Valencia (1 hora
y 49 minutos), Madrid-Alicante (2 horas y 17) y Madrid-Barcelona
(2 horas y 29). Pero si Renfe, Ouigo e Iryo rebajan algo tiempos, podría
afectar también a los vuelos Madrid-Sevilla (hoy 2 horas y 33
minutos en AVE) y Madrid-Málaga (2 horas y 42). Pero no se sabe cómo la
Ley podría limitar en la práctica estos vuelos cortos…
En resumen, que cada vez hay más “fiebre
por volar”, en el mundo y en España, aunque algunas aerolíneas “low
cost” lo aprovechen para ofrecernos vuelos baratos y luego tratar de cobrar por
el equipaje y lo que puedan, de momento con el respaldo de Bruselas. Y que en
el futuro, volar será más caro, porque subirán las tasas y habrá más
demanda, lo que obliga a unas inversiones millonarias en nuestros aeropuertos
más saturados. Pero ojo: algún día habrá que poner coto a esta locura
de un
despegue o aterrizaje cada 12 segundos en España…No puede
ser sostenible, ni para el bolsillo ni para el Planeta. Ojo a esta otra
burbuja.
La compañía irlandesa Ryanair no es una aerolínea cualquiera: se ha convertido en la compañía aérea líder en Europa y en España, donde este año transportará 62 millones de viajeros (el 20% del tráfico previsto). La clave de su éxito han sido las ofertas “low cost”, los billetes superbaratos y el volar a nuevos destinos, pequeñas ciudades europeas que ha puesto en el mapa de vuelos, entre ellas muchas ciudades españoles, para lo que “fuerza” (“negocia”) que autonomías y Ayuntamientos les subvencionen por volar allí (cobrando por hacer publicidad de destinos en su Web, revistas y aviones: Cantabria pagó 18 millones a Ryanair por promocionarla turísticamente). Al final, la esencia de su negocio no es el billete básico, sino cobrar un extra por servicios complementarios que suponen un tercio de sus ingresos: facturación y equipaje de cabina, asiento y prioridad, ventas a bordo y rifas, comisiones a terceros (hoteles, coches de alquiler, seguros), programas de fidelidad y tarjetas regalo. Así consigue Ryanair ofrecer billetes baratos y tener enormes beneficios: 1.324 millones en 2023 (+429 que en 2019) y 1.920 en 2024 (+34%). Y 2.540 millones entre abril y septiembre de 2025 (+42%)…
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jueves, 21 de febrero de 2019
Aviación: récord histórico de pasajeros
Hay atasco en el cielo: cada día vuelan
más de 100.000 aviones y en 2018
viajaron en avión 4.300 millones de pasajeros, el doble que en 2006. Lo mismo pasa en España, donde se ha batido un récord histórico de pasajeros en aeropuertos: 263,75 millones. Y no son solo turistas que vienen, sino que los
españoles usamos el avión más que el tren para viajar por España. Este “boom” aéreo viene provocado por el auge
de las compañías “low cost”, que ya transportan un tercio de los pasajeros
mundiales y más de la mitad de los
viajeros que vuelan a España. La “guerra de tarifas” sigue ahí,
provocando quiebras de compañías y muchas incomodidades a los viajeros, que las
soportan con tal de volar barato. Ahora, se espera que los vuelos se dupliquen
para 2040 y vuelen 8.000 millones de personas. Eso exigirá fuertes inversiones en infraestructuras, control de tráfico y aviones
que consuman y contaminen menos. Y evitar una “burbuja aérea” que nos estalle a todos.
![]() |
| enrique ortega |
En el mundo se vuela más que nunca. El 29 de junio de 2018 se batieron todos los récords: hubo 202.157 vuelos en todo el mundo, según el portal FlightRadar24, una web sueca donde vemos los aviones que hay volando en cada momento. Lo normal son unos 100.000 vuelos diarios y en 2018 se volvió a batir el récord mundial de viajeros transportados por aire: 4.800 millones, un 6,1% más que en 2017 y el doble que en 2006 (2.257 millones de pasajeros), según las estadísticas de la Organización Internacional de Aviación Civil (OACI). De ellos, un 37% viajaron en Europa (1.591 millones), un 30% en Asia (el mercado que más creció, un 14%), el 14% en Oriente Medio, un 12% en Norteamérica, un 4% en Latinoamérica y un 3% en África. Un dato significativo es que casi un tercio de los viajeros (1.300 millones, el 31%) volaron en vuelos de bajo coste (“low cost”).
Los 28 paises de la
Unión Europea superaron por 2º año consecutivo los
1.000 millones de pasajeros aéreos (unos 1.100 en 2018), siendo los países
con más tráfico Reino Unido (265 millones de pasajeros), Alemania (212
millones), España (210 millones),
Francia (154 millones) e Italia (144 millones), según
Eurostat (datos 2017). Los 10 principales aeropuertos europeos fueron (en 2017) el británico Heathrow
(78 millones de pasajeros), el parisino Charles de Gaulle (69 millones), el de Ámsterdam
(68 millones), el de Frankfort (64 millones), Madrid (53 millones) y Barcelona
(47 millones), London Gatwick (45 millones), Múnich (44) y Roma (41), con Palma
de Mallorca (28 millones) en el lugar 18 del ranking.
España, el tercer país europeo con más tráfico aéreo,
batió 2 récords aéreos en 2018.
El primero, alcanzó un tercer récord
histórico consecutivo en número de
pasajeros que pasaron por los 48
aeropuertos españoles: 263.753.406 pasajeros, un 5,8% más que en 2017, otro año récord (249,21
millones) como 2016 (230,23 millones), superando en los tres años el volumen de
pasajeros de antes de la crisis (210,49 millones en 2007), según los datos de Aena. El mayor aeropuerto sigue siendo Madrid-Barajas (57,89 millones), que aumenta un 8,4% sus pasajeros,
pero se le acerca Barcelona-El Prat
(50,17 millones), aunque crece menos (+6,1%), seguidos de lejos por Palma de
Mallorca (29,08 millones viajeros), Málaga
(19,02 millones), Alicante (13,98 millones), Gran Canaria (13,57 millones) y Tenerife-sur (11,04 millones), el único de los grandes que pierde
viajeros (-1,8%). Luego hay 19
aeropuertos medianos (recibieron entre 1 y 10 millones de pasajeros en 2018)
y 8 pequeños (entre 100.000 y 1
millón de pasajeros), a los que siguen 14
aeropuertos “mínimos”, con menos de 62.000 pasajeros al año. Y entre ellos, hay 6 aeropuertos “medio vacíos”: Albacete (1.295 pasajeros en 2018), Huesca (1.473), Son Bonet
(2.972), Madrid-Cuatro Vientos
(3.397), Sabadell (4.540) y Córdoba
(8.255 pasajeros).
El segundo récord de
2018, junto a los pasajeros en aeropuertos, fue el de españoles que viajaron en avión dentro del país: 40,27 millones de viajeros en vuelos
interiores, dentro de la Península (16,13 millones), entre la Península y las
islas (18,79 millones) y entre islas (5,34 millones restantes). Es el mejor dato desde 2007 (41,07 millones
de viajeros en vuelos interiores) y el 2º
año consecutivo en que el avión gana al tren de largo recorrido (33,63
millones de viajeros transportados, de ellos 21,33 millones en AVE), según la última estadística del INE. Los españoles viajamos ya más en avión que en tren (aunque el ferrocarril tuvo en 2018 un récord
histórico de viajeros), algo que no pasaba durante la crisis (en 2014, el tren
tuvo 29,7 millones de viajeros y el avión 29,3 millones).
Así que doble récord de pasajeros, total y de españoles, propiciado por el nuevo récord de turistas en 2018 (82,8 millones, de los que el 82,8% llegaron por vía aérea) y por el crecimiento de la
economía y el consumo dentro de España. Y sobre todo, por el auge de las ofertas de
bajo coste, los billetes “low cost”. De todos los viajeros que llegaron a España en 2018
(91,3 millones de pasajeros internacionales), más de la mitad (el 53,7%) vinieron en vuelos “low cost”, que
crecieron un 7% (y un 1,1% los vuelos tradicionales), según las estadísticas de Turespaña. Los turistas que más llegaron a España en
vuelos “low cost” fueron los británicos
(el 32,5%), seguidos de lejos por alemanes (13,9% en vuelos low cost),
italianos (11,7%) y franceses (sólo 8,6%), que entraron sobre todo por Barcelona (24,4% viajeros low
cost), Madrid (11,3%), Málaga (11,2%) y Alicante (10,3%).
De todos los
pasajeros, extranjeros y españoles que pasaron por los aeropuertos
españoles (esos 263,75 millones en 2018), la
gran mayoría voló con Ryanair
(46,75 millones, el 17,76% del
total) y Vueling (39,38 millones, el 14,96%), que recorta distancias con la compañía irlandesa porque
aumentó sus pasajeros un 12% (frente a +6,4% Ryanair, por las huelgas del
verano y los cobros extras), según los datos de Aena. Les siguen de lejos Iberia
(19,27 millones de pasajeros, un 7,32% del mercado), Air Europa (17,35 millones, el 6,59%), la británica EasyJet (15,21 millones), Iberia
Express (9,5 millones pasajeros), Air Nostrum (líder en vuelos regionales, con 6,41
millones de pasajeros), la noruega Norwegian con base en Irlanda (8,3 millones
pasajeros), la británica Jet2.com (7,2 millones de viajeros) y Eurowings,
filial de Lufthansa (5,6 millones de pasajeros). Un Top 10 donde hay 8
compañías “low cost”. Y en el ranking de aerolíneas, las clásicas europeas con las que antes
volábamos están muy alejadas de la cabeza: en el puesto 12 Lufthansa (4,24
millones de viajeros), en 17 British (3 millones), el 22 la TAP (1,92
millones), en el 24 Swiss Air (1,72 millones), en el 26 KLM (1,61 millones), en el 27 Air
France (1,59 millones) o en el 42 Alitalia (0,85 millones)…
Este es el reparto
del mercado aéreo español en su conjunto. Pero en realidad hay
tres submercados, con líderes distintos. En los vuelos entre España y la UE (67% del tráfico aéreo), el gran líder
es Ryanair (24% mercado), seguido
muy de lejos por EasyJet (10%), Vueling (8%), Jet2.com (5%) y Eurowings (4%),
según los últimos datos del Ministerio de Fomento. En los
vuelos entre España y fuera de la UE (16% del tráfico total), el líder
indiscutible es Iberia (18% del
mercado), seguido de lejos por Air Europa (7%), Swiss Air (5,4%), EasyJet
(4,5%) y Vueling (4,2%). Y en los vuelos
interiores, domésticos (17% restante del tráfico aéreo), el
líder es Vueling (31% mercado),
seguido de lejos por Ryanair (15%), Air Europa (13%), Iberia (9%) e Iberia
Express (9%), según Fomento.
Al final, las ofertas “low cost” y la “guerra de
precios” constante, con paquetes y promociones por rutas y épocas, marcan
el día a día del negocio aéreo, que
tiene un gran exceso de capacidad,
con una enorme oferta de asientos en muchas fechas y trayectos y una congestión
en otras, lo que determina un tremendo vaivén de tarifas. Y una “guerra
comercial” que ya se ha cobrado el
cierre de muchas aerolíneas “low cost”: en 2017 dejaron de operar 17 aerolíneas (entre ellas Air Berlín, la británica
Monarch y Go¡ Aviation) y en 2018 han cerrado o quebrado 8 aerolíneas
más (la danesa Primera Air, la belga VLM, la alemana Azuz Air, la griega
Olimpus, las suizas Sky Work y ASL más la española Meridiana, adquirida por
Qatar Airlines y reconvertida en Air Italy). Y además, la dura competencia ha provocado pérdidas incluso en compañías punteras, como Ryanair
(perdió 19,6 millones en el 4º trimestre 2018) y Norwegian
(perdió 150 millones en 2018 y ha cerrado tres de sus ocho “bases” españolas,
en Palma, Gran Canaria y Tenerife).
Con todo, el negocio de la aviación comercial avanza por la ruta “low cost” y la
prueba es que todas las grandes
aerolíneas han creado filiales low cost (IAG, la matriz de Iberia operaba con Vueling
y ha creado Iberia Express y Level; Air France-KLM opera con Transavia y Joon;
Lufthansa con Eurowings…). Y que en el último año, los vuelos “low cost” se han
extendido del corto y medio radio (rutas nacionales y en Europa) a la larga
distancia, a vuelos intercontinentales baratos. Y este auge del low cost obliga a las
compañías a recortar al máximo sus costes (precarizando a sus trabajadores,
como se ha visto con Ryanair) y sacando el máximo partido a sus flotas, por lo
que apuestan cada vez más por aviones de mediano tamaño, que permiten una
programación de rutas más flexible. Esto explica que Boeing vaya a dejar de fabricar el superavión A380
y centrarse en los A330-900 y A350, que son más
pequeños, más rápidos y consumen menos combustible.
Para 2019, la OACI estima que seguirán aumentando
los pasajeros que vuelen, aunque crecerán
menos (un +2% frente al 5,8% en 2018), al esperarse un menor crecimiento económico
mundial y los riesgos del proteccionismo. Con todo, la clave va a estar en el petróleo, cuya bajada desde 2014 a
2018 permitió la guerra de tarifas. Si el
crudo sube, como ha hecho desde diciembre (de 50,49 dólares barril el 24-D a 64 dólares a
mediados de febrero), será más difícil bajar tarifas. Y en el caso de España, todo va a depender de lo que
haga el turismo este año (con la
competencia de Turquía, Túnez y Egipto) y sobre todo del Brexit, porque un 24%
de todos los pasajeros que vienen a
España por vía aérea son británicos. De momento, las
compañías han empezado 2019 con más promociones y “guerra de tarifas”, mientras
AENA congela este año sus tarifas
aeroportuarias, aunque las bajará un 11% entre 2017 y 2021, con la
pretensión de que esa rebaja se repercuta en los billetes.
Cara a las próximas
décadas, los expertos prevén que se
dupliquen los vuelos y en 2036 vuelen en el mundo 7.800 millones de
pasajeros, frente a los 4.300 millones de 2018. Un salto espectacular que
continuaría después, según la IATA, hasta los 16.000 millones de pasajeros
para 2050. Unas cifras de locura, que van a exigir a los paises enormes inversiones en infraestructuras aeroportuarias, en renovación del parque de aviones
(se estima que harán falta 35.000 nuevos aviones de aquí a 2036) y en el control del tráfico aéreo, para
evitar saturaciones y retrasos (aquí Europa va muy retrasada, porque hasta 2035
no entra en vigor el “Cielo único europeo”). Y habrá que afrontar otro problema grave: el aumento de las emisiones de CO2, si hay
200.000 aviones volando cada día en 2040.
Actualmente, la aviación
es responsable del 2% de todas las emisiones de gases de efecto invernadero y si no se toman
medidas, sus emisiones pueden
triplicarse para 2050, según la ONU (sin olvidar la grave “contaminación acústica”). Desde 2012, la
Unión Europea cuenta con un sistema
para que las aerolíneas paguen derechos por sus emisiones,
pero sólo afecta a los vuelos dentro de la UE y no han conseguido que compartan
esta medida las aerolíneas norteamericanas y asiáticas. Por eso, la UE planteó
este 11 de febrero cobrar una tasa a las emisiones de los aviones, que se debatirá en una Conferencia internacional en junio.
Pero las compañías no quieren pagar tasas y se agarran al acuerdo de Montreal, que firmaron 36 paises en 2017, para empezar a pagar
derechos por las emisiones que hagan desde 2020, con la idea de que no crezcan y poder reducir las emisiones a la mitad para 2050. Sea en forma de tasas o
derechos, algo habrá que hacer para no
contaminar los cielos, aunque este “coste ecológico” lo acabaremos pagando los pasajeros en los billetes.
El gran tema de futuro es cómo afectará la saturación del cielo y la permanente guerra de tarifas
a los usuarios del avión. En los
últimos
años, ya lo hemos visto: pérdida de calidad en el servicio y la atención, más retrasos, pérdida
de derechos, cambios en las condiciones del servicio y cobros extras.
Todo apunta a que, si se duplican los pasajeros, volar será cada vez más problemático aunque sigan los precios
bajos. Y más si nos estalla encima la “burbuja”
aérea, construida sobre la base de “más aeropuertos, más aviones, más
vuelos”, como si la demanda fuera infinita.
Ojo a volar a cualquier precio.
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jueves, 30 de noviembre de 2017
Atasco en el cielo: ganan los vuelos "low cost"
Cada día, más de
105.000 vuelos surcan los cielos, atascados como la M-30 en hora
punta. Unos 4.000 millones de personas
viajarán en avión este año, el doble que a principios de siglo. Y serán 16.000 millones en 2050. España ya ha recuperado el tráfico
aéreo de antes de la crisis y es el 4º
país del mundo en tráfico aéreo (tras EEUU, China y Reino Unido), aunque pasará al 6º lugar en 2036. Los que se benefician de este “boom aéreo” son
las aerolíneas de bajo coste, que en
España ya transportan al 52% de los
viajeros internacionales, con Ryanair, EasyJet y Vueling en cabeza. Y ahora,
la
guerra del “low cost” se ha trasladado a los vuelos con América y Asia. La clave está en saber si los
aeropuertos, sus accesos y servicios van a soportar un mayor aumento del
tráfico aéreo. Y si aguantaremos las incomodidades
de los vuelos “low cost”, volcados en recortar costes. Volar sí, pero no como
ganado.
En el mundo, cada vez se vuela más. Cada día se producen más de 105.000 vuelos, con más de 700 rutas aéreas y 28.645 aeronaves, que este año transportarán a 4.000 millones de pasajeros, casi la mitad de la población mundial (7.200 millones), según la IATA, el doble que en el año 2.000. El fuerte aumento del tráfico aéreo se debe al aumento de pasajeros en Oriente Medio (+11,8% en 2016) y Asia Pacífico (+8,3%), donde los vuelos crecen más que en Norteamérica (+2,6%) y Europa (+5%), continente donde volarán este año 1.000 millones de pasajeros, según Eurostat.
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| enrique ortega |
En el mundo, cada vez se vuela más. Cada día se producen más de 105.000 vuelos, con más de 700 rutas aéreas y 28.645 aeronaves, que este año transportarán a 4.000 millones de pasajeros, casi la mitad de la población mundial (7.200 millones), según la IATA, el doble que en el año 2.000. El fuerte aumento del tráfico aéreo se debe al aumento de pasajeros en Oriente Medio (+11,8% en 2016) y Asia Pacífico (+8,3%), donde los vuelos crecen más que en Norteamérica (+2,6%) y Europa (+5%), continente donde volarán este año 1.000 millones de pasajeros, según Eurostat.
El tirón del tráfico aéreo este siglo, y
especialmente esta década, se debe al mayor crecimiento de las economías y del turismo, pero sobre todo a la caída de precios del petróleo, que ha abaratado desde 2014 los carburantes
(suponen un tercio de los costes de las
aerolíneas). Además, también ha contribuido al “boom” la renovación de los aviones, con la incorporación de modelos de tamaño medio y pequeño, de menor consumo (ahorran hasta
un 20% de combustible) y una
configuración interna de “doble pasillo”
(lo tienen ya el 24% de los aviones), que permite transportar más viajeros (más
juntos).
El “boom aéreo” va a
seguir, incluso con más fuerza, y la IATA acaba de pronosticar que habrá 7.800
millones de viajeros aéreos dentro de 20 años, en 2036. Y que los viajeros
actuales se cuadruplicarán para 2050,
alcanzando los 16.000 millones. El tirón de viajeros vendrá en las
próximas décadas, según la IATA, de 5 paises: China (+901 millones de viajeros en
2036), EEUU (+401 millones), India (+337 millones), Indonesia (+235 millones) y Turquía (+119 millones). O sea,que el
atasco en los cielos se producirá, de aquí a mediados de siglo, en
las rutas de Asia y Oriente Medio, junto a las del Pacífico.
También va a cambiar el liderazgo de los cielos, según la IATA. Actualmente, el país líder en tráfico aéreo es Estados Unidos (748 millones de
pasajeros en 2016), seguido de China (550 millones), Reino Unido (240
millones), España (230 millones), Japón (225 millones) y Alemania (200
millones). En 2022, el líder pasará a ser China,
que en 2036 moverá ya 1.500 millones de pasajeros, por delante de Estados Unidos (1.100 millones). Y el
tercero del ranking será India (478 millones), seguida de Indonesia (355 millones), superando ambas
a Reino Unido, que pasará del 3º al
5º puesto, con 300 millones de pasajeros en 2036. Y en el 6º lugar del ranking
se colocarán España (hoy el 4º) y Japón, empatados con 250 millones de
viajeros, seguidos de Alemania, Turquía y Tailandia. Y ya fuera del Top 10, Francia (11º) e Italia (12º).
Este enorme tirón del tráfico aéreo en los próximos 20 años
supondrá una revolución para la industria aeronáutica, el control del tráfico aéreo y las instalaciones aeroportuarias. Por
un lado, habrá que renovar gran parte de
la flota aérea: se estima que harán falta entre 33.000 y 39.000 nuevos
aviones de aquí a 2036. De hecho, Airbus acaba de recibir el mayor pedido de su historia (430 aviones para líneas
low cost de América y Europa) y Boeing otros 225, en un duelo tecnológico y
comercial que se va a intensificar en los próximos años. Y con un reto ecológico: rebajar las emisiones de CO2 de los aviones, que hoy aportan el 2% del total de
emisiones. Por otra parte, habrá que mejorar
los controles de tráfico aéreo, para evitar saturaciones y atascos, lo que
obliga a Europa a agilizar la entrada en vigor
del Espacio aéreo europeo, que está retrasado y podría entrar en vigor en 2035
(no tener un “Cielo único europeo” nos cuesta 5.000 millones al año). Y en tercer
lugar, los aeropuertos deben
prepararse para este aluvión de pasajeros y vuelos en 2036, con nuevas
instalaciones, accesos y servicios. Todo apunta a que más que crear “mega aeropuertos” (hay 55 en el mundo), el futuro pasará por ampliar aeropuertos medianos y pequeños, fuera de las grandes capitales ya muy saturadas.
En España, la recuperación económica y los récords
de turistas (más la bajada de tarifas
aeroportuarias) han permitido superar las cifras de tráfico aéreo de
antes de la crisis. En 2016 pasaron por los aeropuertos españoles 230.229.523 viajeros, superándose por
primer año los 210,5 millones de 2007, según las estadísticas de Aena. Y este año 2017, van ya 216,2 millones de viajeros hasta octubre, un 8,1% más, con lo que podemos acabar
el año con casi 250 millones de
viajeros aéreos. Claro que el “boom” del
tráfico aéreo se circunscribe a la mitad de los aeropuertos, porque de los 48 aeropuertos españoles, sólo 21
han recibido más de 1 millón de pasajeros este año y hay 15 aeropuertos que tienen menos de 60.000 viajeros: a la cola,
Huesca (246 viajeros este año), Albacete (987), Son Bonet, cerca de Palma
(1.046), Cuatro Vientos (2.776), Sabadell (3.816) y Burgos (5.358 viajeros).
Actualmente, España,
el cuarto mayor país del mundo en tráfico aéreo, tiene 4 aeropuertos entre los 25 mayores de Europa. Un ranking que
encabezan Heathrow-Londres (75,6 millones de pasajeros en 2016), Charles de
Gaulle-París (65,8 millones), Schiphol-Amsterdam (63,5 millones) y
Frankfurt-Alemania (60,6 millones), seguidos
de Madrid-Barajas (49,17 millones de
viajeros) y Barcelona-El Prat (43,7
millones), según datos de Eurostat. En el puesto 13º de este ranking aeroportuario europeo
está Palma de Mallorca (26,2
millones de viajeros 2016) y en el lugar 25º está el aeropuerto de Málaga-Costa del Sol (16,6 millones de
viajeros). Los expertos alertan de la pérdida de importancia internacional de Madrid-Barajas, que aunque
bate récord de viajeros (más de 50 millones en 2016, según AENA), tiene ahora menos operaciones (aterrizajes y
despegues) que en 2006, cuando se inauguró la Terminal 4 (T4). Y eso, añaden,
porque Iberia, al integrarse en el grupo
IAG (British) en 2011, se ha visto afectada
por un desvío de operaciones
internacionales (sobre todo a América) de Madrid a Londres. Y también le ha
afectado que algunas compañías apuesten por el Prat como origen de vuelos
internacionales de bajo coste con destino a Asia.
Otro problema de España es que, a pesar de ser una
potencia mundial en turistas y viajeros, no
controla las compañías aéreas que les traen: de las 172 compañías que
operan en España, sólo 15 son
españolas, según Fomento, y han perdido cuota (un 13%) en la última
década. Y casi el 70% de los pasajeros que pasan por los aeropuertos españoles
son transportados por compañías extranjeras, que apuestan como
centros de conexión y distribución de tráfico (“hubs) por los grandes
aeropuertos donde tienen su base (IAG en Londres, Air France-KLM en París y Ámsterdam,
Lufthansa en Frankfort) y no por Madrid o Barcelona. Un serio problema de futuro, como que
no haya un gran tour operador español y el turismo esté en manos de los grandes operadores británicos o alemanes.
En esta guerra por trasportar a los turistas y viajeros, las compañías de bajo coste han ganado la batalla de los cielos: por primera vez en la historia, este año 2017 transportan ya más
pasajeros que las compañías tradicionales. Si en 2016, las compañías aéreas de siempre transportaron 67.000 viajeros más, en
los 10 primeros meses de 2017, las compañías low cost llevan ya 3,8
millones de pasajeros de ventaja y copan
ya el 52% del mercado aéreo de vuelos internacionales, según Turespaña, con 40,4 millones de
viajeros transportados, procedentes sobre todo de Reino Unido (36,9% de los
pasajeros low cost), Alemania (11,7%), Italia (11,3%) y Francia (8,1%),
viajeros que han volado principalmente a Barcelona (destino del 23,8% de pasajeros low cost),
Málaga (12,1%), Palma (12,1%), Alicante (11,1%) y Madrid (10,8%).
El mercado aéreo en
España está repartido, según las estadísticas de Fomento, entre los vuelos
internacionales a Europa (112,2 millones de pasajeros entre enero y
septiembre, el 67,9% del total), los
vuelos interiores (27,5 millones de
pasajeros, el 16,7%) y los vuelos internacionales fuera de Europa,
los que más crecen (25,4 millones hasta
septiembre, el 15,4% del total). En los tres mercados, las compañías
“low cost” ganan terreno. En el mercado más importante, los vuelos a Europa, el líder sigue
siendo la irlandesa Ryanair (21% del
tráfico de enero a septiembre 2017), seguida de lejos por la británica EasyJet
(9%), Vueling (la compañía de bajo coste de IAG, con el 8% del mercado), la
británica Jet2.com (5%) y la austriaca Niki (fundada por Niki Lauda, con el 4%
de tráfico). En los vuelos dentro de
España, el liderazgo este año es de Vueling
(31% mercado), seguida de Ryanair (15%, que ha superado a Air Europa (13%),
Iberia Express (9%) e Iberia (otro 9%). Y en los vuelos internacionales fuera de Europa, el líder es Iberia (17%, con pérdida de cuota cada
año), seguida de Air Europa (7%) y las compañías del grupo Norwegian (6%), la
compañía noruega de bajo coste que ha revolucionado el negocio low cost el
último año.
Y es que, hasta ahora, las compañías “low cost” eran compañías que se habían especializado en
vuelos nacionales e internacionales de corta y media distancia, aprovechando
pequeños aeropuertos y las subvenciones públicas locales. Pero este verano, la
compañía noruega Norwegian revolucionó el mercado ofreciendo vuelos low
cost a América, obligando a seguirla a otras compañías low cost, como Air
Europa, Level (low cost del grupo IAG), Eurowings (grupo Lufthansa) o Joon, la
compañía low coste de Air France-KLM. Esta pelea por los vuelos baratos de largo recorrido se traduce en ofertas a
Nueva York o al Caribe desde Europa por 200 euros y menos (149 euros desde
Barcelona con Norwegian).
Así que ahora, la guerra de los vuelos “low cost” ya no tiene límites. La cuestión es si
esta nueva guerra de precios no se
llevará por delante a alguna compañía, como ya ha pasado este año con las quiebras
de Air Berlín o la británica Monarch y la suspensión de pagos de Alitalia
(intervenida y pendiente de venta). Pero de momento, la apuesta es el”low cost”. Por un lado, hay tres compañías low cost europeas que crecen de forma imparable,
aunque no en beneficios: Ryanair (120
millones de pasajeros), EasyJet (80
millones) y Norwegian (30 millones).
Y por otro, tres compañías tradicionales
que se han visto obligadas a crear
aerolíneas low cost: Air France-KLM,
el primer grupo aéreo europeo (que opera con Transavia y ahora con la nueva compañía Joon), Lufthansa, el segundo grupo (que afronta el reto low cost
con Eurowings) y el tercero, IAG
(British-Iberia), que operaba con Vueling
y que ahora ha creado Level, una
línea de bajo coste para vuelos de larga distancia.
Todas estas compañías "low cost" tienen una obsesión: los costes. Su estrategia es rebajarlos como sea, a costa de volar más, de pilotos más baratos, de aviones que
consuman menos y lleven más pasajeros, de buscar aeropuertos con tarifas más
bajas y de conseguir ayudas locales. Y en esta estrategia, los pasajeros estamos por medio, sufriendo las incomodidades de suprimir vuelos (Ryanair), no tener prioridad en los aeropuertos o viajar en aviones
con menos espacio por pasajero, además de pagar extras por casi todo (equipaje,
reserva de asiento, servicios a bordo…) para ofrecernos un precio del billete
irrisorio. Un servicio de baja calidad, que molesta a muchos y está
provocando que otras compañías se vuelquen en ofrecer volar mejor pagando un poco más,
con nuevos billetes a medio camino entre
turista y business.
En resumen, cada vez volamos más y vamos a volar más en el futuro, lo que complicará los vuelos, desde las esperas y controles a los retrasos y
llegadas, tras viajes en aviones cada vez con menos espacio y menos servicios.
Es el precio para conseguir que viajen casi 8.000 millones de personas dentro
de veinte años. Los pasajeros tenemos unos derechos
pero estamos muy desvalidos para defenderlos: son los Gobiernos quienes deben
velar por nuestra seguridad , derechos y comodidad, evitando
que las compañías nos lleven como a ganado. Volar sí, pero en condiciones.
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