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jueves, 6 de julio de 2023

Más tarjetas y Bizum, menos dinero

Con el verano, se dispara el gasto. Usamos menos el dinero en efectivo y más las tarjetas, el móvil y los pagos con Bizum. Las compras con efectivo son mayoritarias en España, pero se paga menos con dinero (65% operaciones) que antes de la pandemia (83,2%). Eso se debe al auge de las compras electrónicas y al aumento de pagos con tarjeta (del 15 al 28%) y con móviles. En España tenemos 2 tarjetas por habitante (88 millones) y las compras pagadas con plásticos superan los 233.000 millones de euros, el doble que en 2016. Y destaca el tirón de los pagos por móvil y, sobre todo, “los Bizum”, esas transferencias inmediatas que ya utilizan 23 millones de españoles. Todo apunta a que el dinero en efectivo perderá fuerza año tras año, triplicándose en el mundo los pagos electrónicos. Sobre todo a partir de 2030, cuando se generalicen las monedas digitales, entre ellas el euro. Pero ojo: el 82% de los españoles no quieren que desaparezca el dinero en efectivo.

Enrique Ortega

La pandemia cambió los hábitos de compra de los españoles, no sólo durante los meses de confinamiento sino también después, hasta hoy: se han duplicado las  compras online (del 8,4% en 2019 al 15,8% en 2022, según el Banco de España) y con ello han aumentado los pagos que no se hacen con dinero, sino con tarjetas, móvil o transferencia. El efectivo sigue siendo el rey de las compras, pero su peso ha caído en estos años, según la Encuesta Ipsos realizada entre abril y julio de 2022. Y los más jóvenes creen que su uso seguirá reduciéndose, mientras apuestan cada día más por las tarjetas y los pagos por móvil.

El dinero en efectivo lo utilizan a diario 3 de cada 5 españoles (el 64% de la población), según esta Encuesta Ipsos 2022, que revela que el 60% pagaron su última compra con dinero en efectivo. El 2º medio de pago son las tarjetas (las tienen el 88% de los adultos), que utilizan a diario para pagar 1 de cada 3 españoles (el 32% de la población), que utilizaron la tarjeta un 35% para hacer su última compra. El tercer medio de pago, ya a mucha distancia, son los dispositivos móviles de pago, que tienen el 23% de los españoles: los utilizan a diario el 7% de la población y así pagaron la última compra el 3,7% de españoles. Y luego está el Bizum, la plataforma para hacer pagos por el móvil, que ya tienen el 44% de los adultos y que utilizan diariamente para hacer pagos el 1% de españoles. Y todavía hay 2 medios de pago más, que no se utilizan diariamente de forma masiva: las plataformas de pago por Internet (tipo PayPal, PaysafeCard, Redsys…), que tienen el 16% de españoles, y las transferencias bancarias, que usan un tercio de españoles para hacer pagos no frecuentes.

Esta es la foto de las formas de pago ahora. Pero ha cambiado mucho respecto a 2019, a antes de la pandemia, según revela el estudio SPACE sobre los pagos en la zona euro en 2022, una encuesta europea del BCE, que analiza tres tipos de pagos. Primero, los pagos en comercios físicos: si en 2019, el 83,2% de las compras se hacían en efectivo, en 2022 han bajado al 65,6%, subiendo las operaciones con tarjeta del 15,3 al 28,3%. Y si atendemos a los importes pagados, se pagaba en efectivo el 64,8% del gasto y en 2022 ha bajado al 51%, mientras los importes pagados con tarjetas subían menos, del 30 al 36,8%. Y eso, por el aumento de los pagos con móvil y plataformas de pago (12,2% importes).

En los pagos entre particulares, el 2º pago analizado, la caída del efectivo es mayor: de hacerse un 90,9% de las operaciones con dinero en 2019 se ha bajado a un 71,4% en 2022, subiendo las operaciones con tarjeta, móviles y otros medios electrónicos. Por importes pagados entre particulares, el efectivo cae del 73,7% del total en 2019 al 54,6% en 2022, en beneficio de las transferencias (del 6,1 al 22,5% de los importes), el móvil (del 1,2 al 14%, el gran salto, gracias al Bizum), mientras caen otros (del 19 al 8,9%), según el estudio SPACE. Y el tercer pago analizado, los pagos recurrentes (recibos, alquileres, hipotecas, seguros, suscripciones, transporte…), apenas ha cambiado: el 77,5% de estos pagos periódicos están domiciliados en los bancos, abonándose sólo un 9,9% con tarjeta (generalmente los abonos de transporte y billetes) y un 6,7% por transferencia.

Como conclusión, los españoles siguen utilizando mayoritariamente el efectivo en sus pagos, pero con mucho menos peso que antes de la pandemia, en especial los más jóvenes (de 18 a 24 años, un 61,9% utilizan el efectivo, mientras los mayores de 55 años lo utilizan en el 70% de sus compras), los que tienen más formación y los que tienen más ingresos (los hogares con menos ingresos utilizan más el efectivo). En general, los mayores de 45 años, con menos formación e ingresos, utilizan más el efectivo para pagar y los menores de 35 años utilizan más las tarjetas y los móviles. Y además, en España se utiliza más el efectivo que en Europa: el 64% lo utilizan frente al 59% de media en la zona euro, aunque en todos los paises ha caído su uso: más en España (-19% de uso de efectivo entre 2019 y 2022)  que en el resto de Europa (-13% la reducción uso efectivo).

Un  resultado chocante de la Encuesta IPSOS es que los españoles son de los europeos que más apoyan el dinero en efectivo: un 82% están a favor de una sociedad con efectivo y un 88% consideran útiles las monedas y billetes. Casi la mitad apoyan el efectivo porque permite pagar con privacidad y anonimato, mientras otros valoran que previene de la exclusión financiera (los pagos digitales retraen a los más mayores y pobres), que nos defiende en casos de ciberataques y que es más ágil en caso de bloqueos en los pagos electrónicos. Y resulta llamativo que estén a favor de mantener el efectivo el 76% de los jóvenes (18-24 años) y el 86% de los mayores (más de 64 años, según Ipsos 2022.

Si el efectivo sigue siendo el medio de pago más usado es gracias a los cajeros automáticos, donde los españoles sacamos el 83% del dinero en efectivo, según el Banco de España. Otro 9,3% lo sacamos por ventanilla, en los bancos, aunque cada vez restringen más esta retirada de dinero, con horarios limitados y a veces cobrando comisiones. Y otro 6,3% del dinero se consigue de pagos de amigos, familiares y en el trabajo.

Los cajeros automáticos sufrieron un “boom” a principios de siglo, pasando de 44.851 a 61.714 cajeros en 2008, el máximo histórico. Pero luego con la crisis financiera, los bancos y Cajas los han ido recortando drásticamente, a 50.441 en 2014, 50.501 en 2019 y sólo 45.233 en 2022, una cuarta parte menos que en 2008. España tiene algunos cajeros más por habitante que la media europea (1,01 por 1.000 habitantes frente a 0,81 en la zona euro), pero el problema es que están muy mal repartidos, porque el recorte de cajeros se ha producido sobre todo en las zonas rurales. De hecho, la mitad de los municipios españoles, 4.007 pueblos donde viven 1,5 millones de personas no tienen cajero (y de ellos.3.20 municipios tampoco tienen banca móvil). Un problema que se concentra en Castilla y León (1.867 municipios, el 83% del total, no tienen cajero), la Rioja (falta en el 65% de pueblos), Aragón (59%), Navarra (53%), Castilla la Mancha y Cataluña (49% pueblos sin cajeros).

A pesar de este desplome en el número de cajeros (y su ausencia en media España), cada año se saca más dinero de los cajeros: se pasó de retirar 82.024 millones de euros en 2002 a un máximo de 116.555 millones en 2008, para bajar algo por la crisis hasta 2013 (109.223 millones), subiendo después hasta 125.188 millones en 2019, el récord histórico. Con la pandemia, las retiradas de dinero cayeron en 2020 y se recuperaron después, hasta retirarse 119.798 millones de euros de los cajeros en 2022, todavía menos que antes de la pandemia, según los datos del Banco de España. Eso sí, ahora los españoles van menos veces al cajero y sacan más, una media de 175 euros por operación. La mayoría no paga por sacar dinero (el 64%), un 9% sí y el 25,5% restante pagan alguna comisión ocasional.

El gran salto en los medios de pago lo han dado las tarjetas, cuyo número se ha disparado en las dos últimas décadas: de 45,80 millones en el año 2.000 pasamos a 76,40 millones en 2008 y a 85,61 millones en 2019, con máximos año tras año hasta 2022: 88,42 millones de tarjetas (más del doble que adultos), de las que 41,36 millones son tarjetas de crédito (menos que las 44,82 millones que había en 2008) y 47,07 millones son tarjetas de débito, que han crecido mucho (31,57 millones en 2008) porque se utilizan para sacar dinero en los cajeros y para pagos directos (no financiados con tarjetas de crédito).

El pago con tarjetas se ha disparado y son ahora el gran motor del consumo. Las operaciones de pago con “plásticos” han saltado de 991,5 millones a 1.985 millones en 2008, 3.045 millones de operaciones en 2016, 4.536 millones en 2019 y 7.390 millones de operaciones con tarjetas en 2022, un 63% más que antes de la pandemia (por el auge del comercio electrónico, sobre todo, y por la demora de los pagos), según la estadística del Banco de España. Y si vamos a los importes pagados con tarjeta, el salto es igual de espectacular: se pagan con tarjeta 46.828 millones en 2002, se duplicaron los pagos a 94.413 millones en 2008, se cuadruplicaron en 2019 (161.343 millones de euros) y en 2022 se han batido todos los récords históricos: 233.581 millones de euros pagados con tarjetas, 5 veces más que hace 20 años y un 45% más que antes de la pandemia. Y eso a pesar de que los bancos han subido las comisiones anuales por la tarjeta (exigiendo una alta vinculación por bajarlas) y que los tipos de interés que se cobran por las tarjetas “revolving”, las que permiten pautar los pagos mensualmente (como si se dispusiera de un crédito) superan el 20%...

Las transferencias como forma de pago se han estancado, básicamente porque tardan tiempo y porque hay comercios y particulares que no las quieren, además de que en muchos casos se pagan altas comisiones. Por eso, han ganado peso los pagos por móvil (tanto con la tarjeta en el móvil) como con plataformas de pago por Internet (PayPal y otras, con gran peso de Amazon Pay) y sobre todo Bizum, el popular sistema de pagos a través del móvil: nació en 2016, como una aplicación bancaria pionera en Europa, apoyada por 16 bancos españoles accionistas (ahora lo son 23 y lo aceptan 37 bancos) y tiene ahora 23 millones de usuarios en España. Primero lanzó los pagos entre particulares por móvil, en 2018 los donativos a ONGs y en 2020 los pagos en comercios adheridos, ya sea con una clave Bizum, con un código QR o con el envío de un enlace del comercio para realizar el pago. En 2021 se empezó a usar Bizum para Loterías y en 2023 se añade el pago de suscripciones. El objetivo es alcanzar este año los 25 millones de usuarios, llegar a 1.000 millones de Bizum entre particulares y 25 millones en comercios. Un avance imparable.

¿Cómo vamos a pagar en el futuro? Todo apunta a que habrá muchos más pagos electrónicos, con el móvil e Internet, y menos pagos con dinero en efectivo. La previsión es que los pagos electrónicos se tripliquen entre 2020 (1,03 billones de operaciones) y 2030 (3,02 billones de operaciones), según un estudio de la consultora PwC. El mayor salto en los pagos electrónicos se dará entre 2020 y 2025 ( de 1,03 a 1,88 millones de operaciones, +109%), aunque también crecerán entre 2025 y 2030 (de 1,88 a 3,02 billones, +76% de aumento). El mayor tirón de los pagos electrónicos se dará en Asia/Pacífico (de 494.00 millones 0 a 1,81 billones de operaciones entre 2020 y 2030, un +76%), seguida de África (de 59.000 a 172.000  millones de operaciones, +64%), un continente que pasará casi directamente del dinero a los pagos electrónicos, sin apenas usar el eslabón intermedio de las tarjetas. En Europa, el salto de los pagos electrónicos será menor (de 229.000 millones a 522.000, +39%) y lo mismo en EEUU (de 180.000 millones a 349.000, +35%).

El informe de PwC apuesta por varias tendencias en los medios de pago futuros: mayor inclusión financiera de paises y personas más pobres (el 80% tendrán móviles en 2025 y podrán hacer pagos digitales, frente a sólo un 69% de adultos en el mundo que hoy tienen una cuenta bancaria), más monederos digitales, más pagos internacionales no bancarios y, sobre todo, más monedas digitales: algunos paises las tienen ya (China o Barbados) y la mayoría las tendrá en esta década, con el euro digital previsto para 2026. Eso sí, a cambio de una mayor digitalización de los pagos, se agravarán 2 problemas: más fraudes y ciberataques y menos privacidad de nuestros datos, cuya mayor utilización por los gigantes de Internet y las grandes empresas será el gran negocio de las próximas décadas.

En definitiva, que el dinero en efectivo va a perder cada vez más peso y hay paises que apuestan por su desaparición en una década, como Suecia, Noruega, Dinamarca, Paises Bajos, China o Corea del Sur, gracias a la irrupción de las monedas digitales y el auge de los pagos electrónicos. Pero el dinero tardará en morir y será muchos años la forma de pago más utilizada por los españoles, aunque ya son muchas las personas (sobre todo los más jóvenes) que salen de casa sin llevar dinero en el bolsillo. Adiós dinero, adiós.

jueves, 10 de diciembre de 2015

Los españoles prefieren pagar en metálico


Diciembre es el mes de las compras y lo chocante es que la mayoría se pagan en metálico, aunque estamos en la era de Internet: el 84% de las compras se pagan en efectivo, lo que explica que seamos el país de Europa con más cajeros. Precisamente, los bancos van cobrar desde enero 2 euros por sacar dinero en cajeros a los no clientes, una medida que muchos creen que pretende acabar con el dominio del dinero en metálico, que no gusta al Gobierno (por el fraude fiscal) ni a los bancos (es más barato manejar el dinero online). Los expertos prevén que los pagos en metálico irán a menos y ya hay países, como Suecia, donde muchas tiendas no aceptar pagar “cash”. Esperan que crezcan los pagos online y con el móvil, donde Google, Apple y nuevas empresas compiten con los bancos y las tarjetas. Parece que el dinero quedará para coleccionistas. Pero, de momento, el "cash" manda en nuestras compras.
 

enrique ortega


La historia del dinero es casi tan antigua como nuestra reciente civilización. Tras largos siglos de trueque, en el año 9.000 a.C. se empezó a pagar con sal, especias, semillas de cacao y conchas, hasta que se acuñan las primeras monedas, en el siglo VII a.C., en el reino de Lidia (hoy Turquía), del que era rey Craso. Los romanos inventaron el cheque, pero hubo que esperar hasta el siglo VII de nuestra era para asistir a la primera impresión de billetes, en China (su uso oficial empezó en el año 802), billetes que no se imprimieron en Europa hasta 1661, en Suecia. Y en España, los primeros billetes se imprimieron en 1783, con Carlos III. Un largo camino que ha llevado al dinero “en metálico” a ser el gran protagonista de nuestras compras, en todo el mundo: el 85% de las transacciones y en el 60% de su valor se realiza en dinero contante y sonante, según un reciente estudio de la consultora PwC.

Sin embargo, el uso del dinero metálico varía mucho de unos países a otros: desde utilizarse en el 99% de las compras en África al 45% de las compras en Estados Unidos, pasando por el 66% en Europa, donde también hay muchas diferencias. De hecho, el dinero se usa menos que otros medios de pago en el norte de Europa (40% en Holanda, 41% en Suecia y Francia, 44% en Bélgica y 48% en Gran Bretaña), salvo en Alemania (67% pagos son en efectivo), y más en la Europa del sur, en especial en España: aquí se utiliza en el 84% de las compras, según el estudio de MasterCard Advisors 2013, y somos el cuarto país europeo con más uso del efectivo, tras Grecia (98%), Polonia (95%) e Italia (94%).

En España, el pago en efectivo lo utilizan el 100% de los españoles, mientras sólo el 90,8% usan la tarjeta de débito, el 85% los pagos por transferencia, el 76% hacen pagos con tarjeta de crédito y el 30% de españoles pagan ya online, según una encuesta de PwC. Con estas preferencias se obtiene que el 84% de los pagos en España se hacen en metálico, el 8% por domiciliaciones y transferencias, el 7% por tarjetas y el 1% por cheques, según datos del Banco de España. Esta preferencia de los españoles por el pago en efectivo puede tener dos razones. Una, el alto fraude fiscal, los muchos pagos que se hacen “en negro” y sin pagar el IVA (España es uno de los países europeos con más “economía sumergida”, casi un 25% del PIB). Y la otra, que a los españoles les gustan menos las tarjetas (por su coste y porque muchos comercios no las aceptan todavía) y no acaban de fiarse de pagar online.

Este gusto de los españoles por pagar “a tocateja” nos lleva a ir mucho al cajero, para tener efectivo con el que pagar. España tiene la mayor red de cajeros de Europa: 50.441 cajeros en 2015, 1 cajero por cada 920 habitantes. Y se hacen 905 millones de extracciones al año (2014), una media de dos veces al mes por cada español adulto. Esta enorme “dependencia” de los españoles del efectivo y los cajeros es utilizada por la banca para conseguir ingresos extras, cobrando comisiones a los que sacan dinero y no son clientes. Hasta ahora cobraban 0,75 euros de media por extracción (si era en otro banco de una red distinta) o 0,65 euros (si era en un cajero de la misma red del banco emisor de la tarjeta). Pero en marzo de 2015, la Caixa rompió las reglas y empezó a cobrar una segunda comisión de 2 euros directamente a los no clientes que sacaban dinero en sus cajeros, medida que iban a seguir los demás bancos en otoño. Pero el Gobierno intervino y sacó en octubre  un Decreto obligando a los bancos a cobrar sólo una comisión, no dos, por sacar dinero en cajeros de otros bancos.

Ahora, los bancos están ultimando su estrategia, pero todo apunta a que empezarán a cobrar en enero una sola comisión de 2 euros (entre 1,5 y 2 euros, pero luego aplicarán el máximo) a los bancos de los no clientes que saquen dinero en sus cajeros, comisión que luego los bancos repercutirán integra o en parte a sus clientes. Todo apunta a que los que saquen dinero fuera de su banco pagarán más que ahora y que la banca ingresará unos 100 millones extras por las nuevas comisiones, salvo que el Gobierno (en campaña) lo pare antes.

En cualquier caso, muchos interpretan esta subida de comisiones como un intento de la banca por acabar con el dinero en metálico: los cajeros les reportan comisiones, pero mover dinero tiene también un alto coste para la banca. Y desde luego, es mucho más barato moverlo online, con un simple apunte informático. Al Gobierno, a cualquier Gobierno, tampoco le gusta  el dinero metálico: es una gran fuente de fraude fiscal. Por eso, tampoco verían mal una subida de la comisión de los cajeros (aunque digan lo contrario por electoralismo). Y de hecho, Rajoy ha penalizado los pagos en metálico: desde el 19 de noviembre de 2012 están prohibidos los pagos en metálico superiores a 2.500 euros de un particular a un profesional o a una empresa y entre empresas, medida que intenta frenar los pagos “en negro” y sin IVA. Hacienda pone multas del 25% de los pagos ilegales, aunque el particular infractor se puede librar de pagar la mitad de la multa si lo denuncia. Y sólo en 2014 hubo casi 5.000 denuncias.

Como vemos, los españoles seguimos agarrándonos al pago en efectivo, incluso cuando están prohibidos. Pero en el resto de Europa y del mundo, la tendencia es que el dinero en efectivo se usa cada vez menos. Y hay países, como Suecia, donde ya hay tiendas que no aceptan pagos en cash. Los expertos creen que esto pasará cada vez más y que vamos hacia un mundo sin dinero, algo que muchos expertos defienden porque reduciría los negocios ilegales (droga, prostitución, armas), la falsificación y sobre todo el fraude fiscal internacional, quitando fuerza al crimen organizado, una lacra económica que mueve ya 3 billones de dólares al año, un 22% del comercio legal, según datos del Foro Económico Mundial.

Dinero seguirá habiendo, pero menos. Y también se espera que bajen los pagos por tarjeta (inventados en 1950 por Diner´s Club, en EEUU), que han aumentado en el mundo los últimos años por el tirón de los países en desarrollo, que se están sumando a los pagos con plástico mientras caen en los países ricos, donde los pagos con tarjeta suponen el segundo medio de pago, con un peso del 9,1%, que es muy elevado en Estados Unidos (38,8% de las compras), menos en Europa (12,7%), algo más en Asia (24,8%) y muy escaso en Latinoamérica (3%) y África (1%), según un estudio de PwC.

En España, se paga con tarjetas de crédito sólo el 7% de las compras. En verano había 68,25 millones de tarjetas (43,64 millones de crédito y 24,61 millones de débito), 8,15 millones menos que en 2008, antes de la crisis, según el Banco de España. Hay menos tarjetas, pero se usan bastante: se hacen 72 compras y un gasto de 3.360 euros por segundo, 105.854 millones al año pagados con tarjeta. Pero los españoles usamos las tarjetas menos que la mayoría de europeos: 52 compras al año por persona (una a la semana, frente a 79 compras en la UE-28, según el BCE. Los que más compran con tarjeta son los nórdicos (230 compras los suecos, 224 los daneses, 167 los británicos, 130 los franceses y sólo 39 los alemanes) y los que menos los europeos del sur (4 compras los búlgaros y rumanos y 7 los griegos).

En general, Europa está retrasada en el uso de las tarjetas respecto a EEUU: se usan para hacer el 12,7% de los pagos, frente al 38,8% en EEUU, según PwC. Por eso, el BCE quiere fomentar su uso, como un instrumento de pago “eficiente, seguro y fiable”. Y la Comisión Europea lleva desde 2009 peleando con VISA y MasterCard (les ha abierto varios expedientes) para que bajen las comisiones que cobran por el uso de las tarjetas. Y en abril de 2014, el Parlamento europeo aprobó un Reglamento que regulará las comisiones máximas de las tarjetas, como hicieron antes EEUU, Canadá o Australia: será de un 0,3% máximo para las tarjetas de crédito y un 0,2% para las tarjetas de débito. El Reglamento y las nuevas comisiones entrarán en vigor en Europa en 2016.

Pero el Gobierno Rajoy quiso adelantarse y aprobó en junio de 2014 estas nuevas comisiones europeas, que entraron en vigor en julio de 2014. Con ello, las comisiones de las tarjetas de crédito, que eran de las más altas de Europa, bajaron del 0,74 de media al 0,30%, y las de débito, que estaban en el 0,30% (mínimo 0,32 € por operación) pasaron al 0,20% (y 0,07€). Una buena noticia para los comerciantes, que siempre se han quejado de que las altas comisiones eran la causa de que las tarjetas se utilizaran poco en España, sobre todo en los pequeños pagos, que tenían comisiones abusivas (25 céntimos por un pago de 3 euros). Sin embargo, los consumidores no tenemos motivos de satisfacción, según ADICAE. Primero, porque los comercios se han quedado con la rebaja de la comisión en las tarjetas y no han bajado precios. Y sobre todo porque los bancos, que ahora ingresan menos, han tratado de resarcirse subiendo el coste y la anualidad por tarjeta a sus clientes.

El caso es que las compras con tarjeta crecen poco y el número de plásticos cae año tras año. Por un lado, eso se debe a que todavía hay muchos comercios y negocios que no las aceptan, por su elevado coste (del TPV y la comisión) y sus riesgos: de hecho, sólo el 39% de las empresas que facturan entre 1 y 100 millones de euros aceptan tarjetas (en 2010 eran el 22,7%), según un reciente informe de MasterCard. Y a los usuarios les sigue preocupando la seguridad (aunque las tarjetas con Pin ya no pueden clonarse) y su alto coste, no sólo la anualidad del banco sino el altísimo coste que tiene aplazar los pagos (se pagan intereses por lo pendiente) y las tres comisiones que se pagan por un descubierto.

Cara al futuro, los expertos creen que el pago con tarjeta irá a menos en todo el mundo (como el pago en metálico) y que en unas décadas la mayoría de los pagos se harán online, sobre todo a través de los móviles inteligentes. Ya hoy, el 21,7% de los españoles realiza pagos a través del móvil, la cuarta parte a través de “monederos virtuales” (wallets), el medio de pago que más crece en todo el mundo. A nivel global, la pelea está entre Google Wallet  y Apple, que en octubre 2014 sacó en USA su canal Apple Pay, mientras también se han sumado a esta batalla (no en España todavía) Samsung Wallet y PayPal , que domina desde el año 2.000 los pagos a través de Internet, con 162 millones de cuentas activas en 203 países (4 millones de cuentas en España). La banca trata de reaccionar y no perder los pagos vía móvil, con propuestas de BBVA Wallet (1 millón de descargas en 4 países) y la Caixa Wallet, sobre todo. Y tampoco quieren perder un trozo de pastel las operadoras de telecomunicaciones, con propuestas como Yaap (Telefónica) o YvPay (bancos), a las que acaba de sumarse con fuerza Vodafone Wallet, que permite pagar por móvil con cualquier tarjeta. Y además proliferan las propuestas de pagos entre particulares (los usan el 5,4% de españoles), como Paym o Pingit . Y también están las propuestas de pago a través de las redes sociales (Facebook y Twitter).

Todavía son fórmulas de pago incipientes, que necesitan un mayor conocimiento, más seguridad y un mayor desarrollo. Pero parece claro que con el auge de Internet y los móviles, el pago del futuro será online, aunque necesitan mejorar la tecnología y la seguridad, con el respaldo (y la competencia) de bancos, gigantes tecnológicos y telecos. Será una auténtica revoluciónen los medios de pago, a costa de las tarjetas y el dinero metálico, que pasará a ser un recuerdo para coleccionistas. Pero eso, aún tardará: el dinero se resiste a morir.