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jueves, 9 de julio de 2020

Alto riesgo de que bajen los sueldos


La alerta la ha dado el líder de CCOO: “hay un riesgo muy grande de intensa devaluación salarial en la segunda mitad del año”. Unas horas después, el presidente de la patronal CEOE reclamaba en el Congreso mayor flexibilidad para hacer ajustes salariales. Y por si no estuviera claro, una encuesta revela que el 60% de las empresas bajarán o congelarán sueldos hasta final de año. Es otra consecuencia del coronavirus: muchas empresas dirán a sus trabajadores que no les suben el sueldo este año o que se lo bajan, “a cambio” de mantenerles su empleo. Quizás parezca “justificado”, pero es un grave riesgo para la reconstrucción, porque si los salarios se congelan o recortan será más difícil reanimar el consumo y la recuperación económica que tanto necesitamos. Por eso, aunque habrá que estudiarlo empresa a empresa, las que puedan deben actualizar salarios, aunque sea poco, dado que la inflación será negativa este año. Y sobre todo, mejorar los sueldos más bajos.

enrique ortega

Ya antes del coronavirus, las subidas de sueldos se desinflaron. En los convenios colectivos firmados en enero y febrero de 2020, las subidas pactadas fueron del +1,97%, inferiores a la subida acordada en todo 2019, que fue del 2,28%, según las estadísticas de Trabajo. Pero es más representativa la subida salarial global, que refleja el INE en su Encuesta trimestral de coste laboral. Y la del 4º trimestre de 2019, reflejaba una subida salarial media anual del +1,8%, inferior a la de los trimestres tercero (+1,9%) y segundo (+2,1%) y similar al primero (+1,7%). Esta menor subida salarial, antes de la pandemia, reflejaba un cierto debilitamiento de la economía a finales de 2019, que ahora se ha convertido en la mayor recesión sufrida en España desde el final de la Guerra Civil.

Esta tremenda recesión ya se refleja en los salarios de los primeros meses de 2020. Por un lado, apenas se han firmado convenios por el confinamiento: entre enero y mayo se firmaron 107 nuevos convenios, que afectaban a 63.529 trabajadores, la tercera parte de los convenios firmados en los cinco primeros meses de 2019 (314 convenios para 395.475 trabajadores). Y la subida media pactada estos meses, para estos trabajadores y los que ya habían firmado un convenio plurianual antes (en total, 6.531.600 trabajadores)  ha sido del +1,96%, inferior a la subida de 2019 (+2,27%). En este año, las mayores subidas se han dado en Administración Pública, Defensa y SS (+2,83%), actividades artísticas (+2,74%), información (+2,37%), actividades administrativas (+2,36%), educación (+2,30%), actividades profesionales (+2,29%), construcción (+2,21%) y hostelería (2,20%). Y suben menos este año los convenios de sanidad (+0,95%), agricultura (+1,68%), comunicaciones (+1,68%) y finanzas (+1,73%), según los datos de Trabajo. Por autonomías,  donde más suben los convenios es en Baleares (+2,93%), Madrid (+2,21%), Asturias (+2,16%), Castilla la Mancha y Canarias (+2,06%), subiendo menos en la Rioja (1,52%), Murcia (1,54%) y País Vasco (1,68%).

Pero la mayoría de los trabajadores no han firmado un convenio este año (6,5 millones frente a 16,5 millones de asalariados), bien porque se han retrasado su negociación (en 2019 hubo 10,13 millones de trabajadores con convenio) o bien porque cada vez hay más trabajadores  “fuera de convenio” (temporales, por obra, a tiempo parcial…). Por eso, el mejor indicador es la Encuesta trimestral de coste salarial del INE. Y la última publicada, del primer trimestre de 2020, revela un estancamiento de los salarios entre enero y marzo, antes del grueso de la pandemia: subieron un +0,7% anual, frente al +1,8% de subida anual en el 4º trimestre de 2019 y la menor subida desde el 2º trimestre de 2018. Esto se debe a que entraron en funcionamiento, a partir del 14 de marzo, los primeros ERTEs, que rebajan los salarios (un 70% los primeros 6 meses y un 50% después), que paga la SS y no las empresas (que se ahorran también cotizaciones).

Con ello, el coste salarial total (salario base, complementos y pago horas extras) pasó de 2.039 euros en diciembre de 2019 a 1.889 euros en marzo de 2020, 150 euros menos al mes, por los primeros efectos de los ERTEs. Y si tomamos sólo el coste salarial ordinario (sin complementos ni horas), ha subido sólo 26 euros mensuales (de 1.668 en diciembre a 1.694 en marzo). Es el primer efecto salarial de la pandemia, que se verá mejor cuando el INE publique los datos salariales del 2º trimestre. Ahora, los datos de marzo de 2020 revelan un menor aumento salarial en la industria (+0,5% en el último año, con 1.935 euros de coste salarial total) y algo más en la construcción (+0,7%, con 1.641 euros) y los servicios (+0,9%, 1.842 euros de coste salarial total), destacando mayores salarios que la media (1.889 euros de coste salarial total) en Madrid (2.342), País Vasco (2.262), Navarra (2.072), Cataluña (2.010) y Asturias (1.950 euros), muy alejados de Extremadura (1.554 euros, un tercio menos que en Madrid), Canarias (1.628) y Murcia (1.687 euros).

En definitiva, que el primer efecto del coronavirus han sido sueldos más bajos en el primer trimestre, que serán aún más bajos en el 2º trimestre, al generalizarse los ERTEs (recuerden que los sueldos que se cobran son el 70% de la base reguladora). Y eso después de subidas más bajas ya a finales de 2019 y de años de devaluación salarial por la crisis de 2008, que no han sido compensados por la recuperación. El sacrificio salarial hecho por los trabajadores es muy evidente, con subidas salariales del +0,50% en 2014 al +1,44% en 2017. Y aunque subieron más en 2018 (+1,73%) y 2019 (+2,28%), el coste salarial ordinario (sin complementos ni horas) de finales de 2019 era de 1.668 euros, sólo 40 euros más al mes que a finales de 2014, según el INE,  a pesar de estos años de recuperación. Una subida ridícula en 5 años (+2,4%), que se ha comido la inflación (+4,8%).

Este es el salario medio, porque si tenemos en cuenta las horas trabajadas, el coste salarial por hora efectiva ha subido 1,33 euros, de 18,60 euros a finales de 2008 a 19,93 euros en marzo de 2020 (+7,15% en 5 años largos), según los datos del INE. Y con ello, el salario por hora en España se aleja del salario en Europa: era de 21,8 euros por hora a finales de 2019, frente a 27,7 euros de media en la UE-27, 31,4 euros en la zona euro, 28,5 euros en Reino Unido, 28,8 euros en Italia, 35,6 euros en Alemania, 36,6 euros en Francia o 44,7 euros en Dinamarca, según Eurostat. Y lo peor es que esta diferencia salarial con la mayoría de Europa ha aumentado, a pesar de la recuperación: si el 2008 ganábamos por hora trabajada el 69,5% que Alemania, a finales de 2019 ganamos el 61,3% que ellos.

Y además, otro grave problema es que la precariedad laboral y el elevado desempleo han provocado que los nuevos empleos se contratan con sueldos mucho más bajos que los antiguos. Así, un Informe de Adecco e Infoempleo revela que un 56% de las empresas reconocen que pagan menos a los nuevos empleados que a los antiguos. Los salarios de los trabajadores con menos de 1 año de antigüedad son, de media, un 23% inferiores a los que llevan más de 10 años en la empresa: 20.086 euros anuales frente a 28.598 euros, para el mismo puesto de trabajo. También varían mucho según categorías, con aumentos superiores al 4% en directivos y mandos intermedios. Y en las empresas del IBEX, la diferencia entre los sueldos más altos y el sueldo medio es de 123 veces.

Al margen de las enormes diferencias salariales, el hecho cierto es que han aumentado en la última década los salarios bajos. De hecho, el 75% de los trabajadores con menos de 34 años son mileuristas, ganan menos de 1.047 euros brutos al mes, según el INE. Y también son mileuristas el 30% de las mujeres (frente al 11,5% de los hombres). Los trabajadores peor pagados son los que tienen contrato temporal (ganan un 30% menos: 18.056 euros frente a 25.775 euros los fijos) y a tiempo parcial (ganan de media un 40% menos: 11.171 euros frente a 28.070 de media los trabajadores a tiempo completo). Y España es el tercer país de Europa con más porcentaje de “trabajadores pobres”, tras Grecia y Rumanía, según la OIT: el 13% (casi 2,5 millones de trabajadores) ganan menos de 8.400 euros anuales, menos del 60% de la media de ingresos de los españoles.

Con todo este “panorama previo” tan preocupante, la pandemia va a empeorar los salarios de los españoles, porque muchas empresas van a argumentar ahora su “penosa situación” para no subir salarios este año y el próximo sino bajarlos. Ya ha dado la alerta el líder de CCOO, Unai Sordo: “hay un alto riesgo de devaluación salarial en la segunda mitad del año. Los empresarios tienen todas las herramientas a su alcance para bajar los salarios con motivo o sin motivo. Y eso hay que frenarlo porque es lo peor que le puede pasar a la economía española para su recuperación”. Por eso, el dirigente sindical exigía al Gobierno eliminar los aspectos más lesivos de la reforma laboral de Rajoy, que permite a las empresas descolgarse de los convenios que les obligan a aplicar determinadas subidas salariales, la prevalencia del convenio de empresa y, sobre todo,  la posibilidad de “bajar sueldos por la modificación sustancial de las condiciones laborales”.

El temor sindical a una devaluación salarial no es infundado, como demostró la intervención del presidente de la patronal CEOE , Antonio Garamendi, en la Comisión de Reconstrucción del Congreso, el 12 de junio, reclamando “más facilidad para hacer ajustes salariales”: pidió más flexibilidad para aplicar descuelgues de los convenios colectivos que obligan a determinadas subidas salariales, aumentar la movilidad funcional y geográfica de los trabajadores y poder incrementar la distribución irregular de jornada. A lo claro: las empresas piden más facilidades para no subir sueldos, aumentar y modificar la jornada y cambiar el tipo de trabajo o el destino de sus trabajadores por la recesión.

Por si no quedara claro, una reciente Encuesta realizada por la consultora JPMG, ha revelado que casi el 60% de las empresas consultadas bajarán o congelarán el sueldo de consejeros, directivos y empleados en la segunda mitad de 2020, mientras que sólo el 4% de las empresas aseguran que van a subir los sueldos en lo que queda de año. La mayoría de los encuestados (34%) prevén además que reducirán la retribución variable a los que tienen “bonus”, otro 23% retrasará o modificará su pago y sólo el 24% lo mantendrán.

Hay además otra alerta sindical, esta vez de UGT, que teme que algunos empresarios aprovechen la aprobación del ingreso mínimo vital (IMV) para “devaluar más los salarios”, contratando a trabajadores que tengan derecho al mínimo vital y que les salgan ahora “más baratos”, ya que pueden pagarlos menos ante la seguridad de que la Seguridad Social les va a complementar el resto hasta el mínimo vital que les corresponde. Por eso, los sindicatos están muy vigilantes ante elReglamento que ha de desarrollar la normativa del ingreso mínimo vital (IMV), para evitar el posible fraude de algunos empresarios.

Con todo, sindicatos y patronal deberán negociar estos meses los convenios pendientes para 2020 (que ya van a la baja) y, sobre todo, a partir de septiembre, las subidas salariales para 2021 y años siguientes, dado que se termina el Acuerdo de Negociación Colectiva (ANC) firmado el 5 de julio de 2018 por tres años entre CEOE, CEPYME, UGT y CCOO. Un Acuerdo que ha encauzado las subidas salariales pactadas en 2018, 2019 y 2020: un +2% de aumento anual más otro +1% ligado a las mejoras de productividad. Y además, un pacto para subir el salario mínimo interprofesional (SMI) a 14.000 euros (1.000 al mes) en 2020, acuerdo que no se ha conseguido entre las fuerzas sociales (mientras el Gobierno lo subió en febrero a 950 euros) y que corre peligro de cumplirse ahora con la recesión.

La negociación salarial es uno de los temas a negociar en el pacto social que recientemente han firmado sindicatos y patronal con el Gobierno Sánchez. En el texto no hay ninguna referencia a los salarios, pero está claro que para sindicatos y patronal es un tema básico, máxime si quieren renovar su Acuerdo de negociación colectiva (ANC). Y ambas partes tendrán que ser flexibles pero cortar el camino a las empresas que quieran aprovechar la recesión para aumentar la precariedad laboral y devaluar los salarios. Por una razón muy clara: si se bajan los salarios de forma generalizada, se pondrá en peligro la recuperación. Porque para que repunte el consumo y la actividad, los trabajadores y sus familias tienen que poder gastar y eso es incompatible con bajas generalizadas de salarios. Eso sí, podría contemplarse la congelación de sueldos en las empresas con problemas, dado que la inflación nos va a ayudar: los precios caerán entre -0,1 y -0,2% este año, según el Banco de España, lo que permitiría no perder poder adquisitivo si se congelan salarios. Pero si se quiere reanimar la economía, las empresas que puedan deben subir salarios.

Estamos en una pandemia y en una recesión profunda, donde la prioridad debe ser "salir vivos y con trabajo". Pero si es posible, también deberíamos aspirar a no salir con sueldos peores, dado que ya eran bajos y muy desiguales antes. El objetivo debería ser “repartir los sacrificios” y que no pasara como con la crisis anterior: que las empresas recuperaron con creces sus beneficios de 2008 (+68.376 millones de beneficios en 2019, un +14,3%) pero los trabajadores ganan (coste salarial total)  8 euros menos que en 2008. Además, lo que ha pasado con la crisis de 2018 es que los trabajadores han perdido parte del pastel de la renta (del 49,04% del PIB al 45,83%), mientras lo ganaban las empresas. Ahora, habría que “salir juntos del agujero”, pero de forma solidaria, no perdiendo los de siempre. Amén.

lunes, 9 de julio de 2018

Pacto salarial: hay que ir más lejos


El pasado jueves, patronal y sindicatos firmaron un acuerdo salarial a 3 años, con una subida del 2 al 3% y un compromiso para que los salarios mínimos lleguen a 1.000 euros en 2020. Es un avance, pero insuficiente: la subida, mayor que los últimos años, se la come la inflación (2,3% en junio). Y todavía no se resarce a los trabajadores del recorte salarial y la pérdida de poder adquisitivo desde 2008: -10,8%. Pero, sobre todo, el acuerdo debería ir más allá y avanzar en algo más importante que los salarios: conseguir un empleo decente, reducir los contratos temporales y a tiempo parcial sin justificación, las claves de unos salarios “de pobres”, un 32% más bajos que en Europa. Y patronal y sindicatos deberían negociar mejoras no salariales, ahora que los beneficios empresariales llevan 5 años subiendo: más formación, cotizaciones a la SS más altas, ayudas a la conciliación familiar, organización interna y contratos estables. Así tendríamos empresas más justas y más competitivas.

enrique ortega

La economía lleva ya 5 años creciendo, pero los salarios de los españoles no se recuperan. Hasta el 31 de mayo, la subida pactada en los convenios firmados (2.385, que incluyen 5,7 millones de trabajadores, sólo un tercio de todos los asalariados) es del 1,59%, similar a la subida de convenio de todo 2017 (+1,45%), aunque mayor a la de años anteriores (del 0,53% en 2013 al 0,99% en 2016). Pero estos datos no son representativos de lo que están subiendo de verdad los salarios porque muchos trabajadores aún no han firmado la subida de 2018 y otros no tienen convenio (muchas pymes y microempresas) y muchos trabajadores (temporales, por horas, eventuales (están “fuera de convenio”.

Por eso, es más representativa la subida salarial que refleja el INE, en su Encuesta trimestral de coste laboral, para los 16 millones de asalariados. El último dato es que los salarios crecieron un +0,8% en el primer trimestre 2018 (el IPC subió un 2%), tras subir un 0,7% en 2017 y bajado un -0,8% en 2016. Y la última estadística, del 28 de junio, es peor: los salarios cayeron un -1,4% entre 2008 y 2016, según el índice de precios del trabajo (IPT), tras subir en 2009 (+1,5%), 2010 (+0,5%), 2014 (+0,8%) y 2015 (+0,7%) y bajar en 2011 (-1,5%), 2012(-1,6%), 2013 (-0,3%) y 2016 (-1,3%). Por autonomías, la caída de salarios fue peor en Madrid (-4%), Asturias y Aragón (-3,8%) y Murcia (-3,7%), mientras sólo crecían los sueldos estos años en el País Vasco (+4,1%), Galicia (+1,2%), Baleares (+1,1%) y Navarra (+0,4%). Si tenemos en cuenta la subida de precios en estos ocho años (+9,4%), el resultado es que los salarios españoles perdieron un 10,8% de poder adquisitivo entre 2008 y 2016.

De hecho, la OCDE acaba de alertar  la semana pasada que, a pesar de la recuperación, España es uno de los 3 únicos países de los 35 de la organización donde cayeron los salarios reales (descontando la inflación) entre 2007 y 2017: un -0,45%, sólo por detrás de Italia (-1,1%) y Australia (-0,6%), mientras crecían una media del +0,6% en toda la OCDE, un 0,5% en Alemania y casi un 1% en Francia. La OCDE lo atribuye al elevado paro en España, la débil productividad y el elevado "subempleo" (empleados que trabajan a tiempo parcial de manera obligada), el 10,5% de los asalariados en España, el subempleo más elevado de Occidente tras Italia (13% asalariados).  

Con esta caída de sueldos en la última década, España se ha alejado aún más de los sueldos europeos. En salario hora, el dato mejor para comparar entre países, los trabajadores españoles cobraban 15,9 euros/hora en 2017, frente a 20,3 euros/hora los trabajadores de la UE-28 y los 23,60 euros/hora que cobran en los países euro, según los últimos datos de Eurostat. Con ello, España es el país nº 16 con los salarios más bajos de Europa, sólo más altos que en Chipre, Grecia, Portugal, Malta y 11 países del Este. Y nuestros sueldos (15,9 euros/hora) quedan muy lejos de los países europeos con los que competimos: 26,4 euros/hora en Alemania (+39,8%), 24,2 euros/hora en Francia (+34,3%), 21,3 euros/hora en Reino Unido (+25,3%) y los 20,4 euros/hora en Italia. Y lo peor es que esta brecha salarial con Europa se ha agravado con la crisis: si en 2008 era del -14,3% con la UE-28, en 2017 era ya del -21,66%. Y del -32,6% con los países euro, según los datos de Eurostat.

Estos bajos salarios en España han provocado además un fenómeno nuevo: la aparición de trabajadores pobres, que se pueda tener un trabajo y “ser pobre”. De hecho, hay más de 2,36 millones de trabajadores (2.368.830 asalariados), el 14,8% del total, que son pobres, porque ganan menos del 60% de la media del país. Con ello, España es el séptimo país del mundo en porcentaje de trabajadores pobres y el primero en Europa, según la OCDE, cuya tasa media (35 países) de trabajadores pobres (8,2%) casi duplicamos.

Pero quizás, el dato más llamativo y preocupante es que los salarios han perdido peso en la economía, en el “reparto del pastel” de la riqueza (PIB). Así, si en 1978, los salarios se llevaban el 52,2% de la riqueza (el máximo histórico) y en 2008, al inicio de la crisis, todavía recibían la mitad del pastel (50,1% del PIB), luego han perdido peso año tras año, con la rebaja de salarios y el elevado paro, hasta cerrar 2017 recogiendo sólo el 47,3% de la riqueza del país. Y en paralelo, los beneficios empresariales han pasado de llevarse el 41,7% del pastel en 2008 al 42,45% en 2017, según la Contabilidad Nacional del INE. El resto, hasta el 100% del PIB se lo llevan los impuestos, el 10,3% de la renta en 2017.

Dicho a lo claro: la crisis ha servido para que los trabajadores españoles pierdan un trozo del pastel de la riqueza (PIB) en beneficio de las empresas. Hay otro dato muy explícito: los beneficios empresariales aumentaron en +98.680 millones de euros entre 2008 y 2017 (82.811 millones se han quedado en las empresas y 15.663 millones han ido a sus accionistas, en forma de dividendos) mientras los salarios totales han caído -10.214 millones desde 2008, según la Contabilidad Nacional (INE), a pesar de la recuperación. Y otro dato llamativo: las empresas españolas consiguieron en 2017 un beneficio empresarial bruto del 42,8% de su producción, frente al 40% de beneficio de las empresas europeas, el 41,2% de las alemanas y el 31,8% de las francesas, según Eurostat. O sea, ganan más que las europeas.

En este contexto, se entiende que los sindicatos lleven meses protestando por las mínimas subidas de salarios de estos años y hayan amenazado con movilizaciones para recuperar lo perdido. Al final, consiguieron firmar con la patronal, el jueves 6 de julio, un pacto salarial por 3 años, que contempla una subida anual del 2% más un 1% más si hay mejoras de productividad. Y lo más importante: la patronal se compromete con los sindicatos a recomendar a las empresas que suban los salarios mínimos en los convenios, para que en 2020 estén en los 14.000 euros anuales, 1.000 euros mensuales en 14 pagas. Un acuerdo que, si se cumple (es una “recomendación”) va más allá del acuerdo firmado en diciembre de 2017 por el Gobierno Rajoy, sindicatos y patronal para subir el salario mínimo (SMI) de 707 euros a 850 euros en 2020.

Este pacto salarial es un importante avance, porque asegura una cierta paz laboral a 3 años y mejora las subidas de sueldos en convenio de los últimos años (del +0,5 en 2013 al 0,09 en 2015 y el 1,49% en 2017), aunque no concreta el sistema de revisión salarial, que puede ser motivo de conflictos, máxime cuando la inflación anual está en el 2,3% en junio y puede subir más con el petróleo y el alza de tipos en 2019. Pero el mayor avance está en la recomendación de subir a 1.000 euros el salario mínimo., una medida que va a beneficiar a 2,2 millones de trabajadores que cobran menos, además de a muchos trabajadores a tiempo parcial, que también verán mejorado su salario. Los más beneficiados serán los asalariados que menos cobran hoy: los de la enseñanza privada no concertada  (les subirá el sueldo un 55% para 2020) y concertada (+13,9%), los de productos cocinados para venta a domicilio (+47,5%), el personal que atiende a discapacitados (+38,2 subirá su sueldo) y a dependientes (+12%), personal de peluquería y gimnasios (+31,2%), trabajadores de ocio y animación socio-cultural (+29,6%) y de la industria audiovisual (+32,1%).

Si se cumple esta parte del pacto salarial, tendremos salarios mínimos más decentes en 2020. Hay dos pegas. Una, que muchas pequeñas empresas y microempresas no tienen convenio ni sindicatos y será difícil que sus trabajadores consigan este salario mínimo (sí el SMI acordado en diciembre, que es obligatorio). Y la otra, que el nuevo salario mínimo queda aún muy lejos del que se paga hoy en la mayoría de Europa: hay 7 países con el SMI más alto que España (859 euros en 12 pagas este año): Luxemburgo (1.999 euros), Irlanda (1.619), Holanda (1.578), Bélgica (1.563), Alemania (1.498), Francia (1.498) y Reino Unido (1.401 euros), según Eurostat. Italia, Dinamarca, Austria, Finlandia, Suecia y Chipre no tienen salario mínimo y en los países del Este oscila entre 503 euros (Polonia) y 261 euros (Bulgaria).

El pacto salarial entre la patronal CEOE y CEPYME y los sindicatos UGT y CCOO incluye también otros acuerdos no salariales. Unos sobre temas laborales, como la intención de reformar con el Gobierno las subcontratas, para evitar tanta precariedad, o la intención de reducir la jornada temporalmente antes que pensar en nuevos despidos (no se habla del exceso de horas extras, la mitad sin pagarlas, que habría que recortar). Y otro sobre la intención conjunta de mejorar la formación de los trabajadores, reformando el sistema actual (el Gobierno Rajoy hizo una reforma que dejó fuera a sindicatos y patronal) y reasignando automáticamente a otro ejercicio el dinero remanente (ahora no se gastaba). También se plantea un apartado sobre la igualdad laboral y salarial de hombres y mujeres, donde plantean la necesidad de equiparar los permisos de paternidad y maternidad y la reducción de jornada o el estudio del sistema de pluses y complementos salariales, pero sin compromisos concretos sobre informar en las empresas de la brecha salarial de género. Otro apartado del acuerdo hace referencia al relevo generacional, al rejuvenecimiento de plantillas, pero también sin acordar medidas concretas. Y hay dos puntos más incluidos por presión de la patronal: el estudio del absentismo laboral (habrá un informe en 6 meses) y la lucha contra la economía sumergida (se habla de un Plan para reducir la “competencia desleal”).

Todo esto está muy bien, pero sindicatos y patronal tienen que seguir avanzando en estos temas, sabiendo que la mayoría exigen Leyes y normas que han de pactar con el nuevo Gobierno y que son difíciles de aprobar en esta Legislatura, con un Parlamento tan dividido. Pero su obligación es hacer propuestas, porque son cuestiones clave para consolidar la recuperación. En especial, la lucha contra la precariedad, la temporalidad y el trabajo esclavo, que son un cáncer para las empresas y su productividad. Urge un Pacto por el empleo decente y bien pagado, tras esta década de sacrificios de los trabajadores españoles.

Otra cuestión clave son las cotizaciones sociales: sindicatos, patronal y Gobierno deberían pactar una subida escalonada, porque en España son más bajas que en Europa. En 2017, las cuotas a la SS que pagaban empresarios y trabajadores suponían el 12,2% del PIB en España, por debajo del 13,3% de media en la UE-28 y el 13,2% en Italia, el 16,7% del PIB que pagan en Alemania y el 18,8% en Francia, según Eurostat. Eso significa que hay un margen para cotizar como los europeos e ingresar 12.500 millones más por cotizaciones. Y a corto plazo, si se obliga a cotizar por todo el sueldo (quitando el tope actual a los 3,4 millones de trabajadores que ganan más de  45.000 euros anuales), la Seguridad Social ingresaría 4.500 millones más al año. Serían dos medidas claves para asegurar las pensiones a medio plazo.

Hay otra serie de temas claves que no tienen que ver con salarios, cotizaciones o contratos, en los que deberían volcarse patronal y sindicatos, con el apoyo de los políticos. Uno de ellos es la formación de los trabajadores y de los parados, muy deficiente hoy: un 41,7% de los españoles adultos (25-64 años) tienen un nivel educativo bajo (sólo con la ESO acabada o ni siquiera), frente al 20,3% en Europa o el 22,4% en la OCDE, el peor dato de toda Europa salvo Portugal (53,1% poco formados), muy lejos del 13,1% de poco formados de Alemania, el 20,2% de Irlanda, el 21,9% de Francia, el 35,7% de Reino Unido o el 39,9% de Italia, según los últimos datos de la OCDE (“Panorama de la educación 2017”). En el medio, tenemos menos adultos con formación media: el 22,5% de españoles tienen Bachillerato o FP, frente al 46,4% de media en Europa y el 44,2% en la OCDE. Y eso sí, por arriba, tenemos más universitarios que la mayoría: un 35,7% de los adultos en España, frente al 33,4% en Europa y el 36,7% en la OCDE, el 28,3% en Alemania o el 34,6% en Francia.

Otro tema clave es mejorar el clima laboral y la organización de las empresas, porque el estilo del “ordeno y mando” y “exijo a golpe de despido” no son los mejores caminos para mejorarla productividad en una empresa, que exige participación y colaboración. Y además, las empresas deberían apostar por la innovación, la tecnología y la digitalización, implicando en ello a sus trabajadores. Y forzar con ellos al Gobierno en el recorte de otros costes empresariales, para que haya más recursos para el empleo, la formación y los salarios: recorte de los costes energéticos (las empresas españolas pagan la luz un 20% más cada que las europeas, según Eurostat), de los costes financieros y logísticos.

El pacto salarial recién firmado es un buen principio, pero empresas y sindicatos deberían ir más allá, apoyados y acuciados por el Gobierno y los políticos. Deberían conseguir un empleo más estable y menos precario, mejorar las condiciones laborales y el clima de trabajo, cotizar más y de forma más justa para salvar las pensiones, apostar por la formación y la innovación y tratando de recortar los costes no laborales y los dividendos desorbitados, para dejar más margen a la inversión, el crecimiento y el empleo. Demostrar que se puede competir y tener beneficios razonables con salarios y empleos decentes, con trabajadores más formados y más implicados en las empresas. No es mucho pedir, aunque ahora parezca imposible.

jueves, 10 de julio de 2014

Salarios mínimos = más trabajadores pobres


Tener un trabajo hoy en España no garantiza una vida digna: uno de cada ocho trabajadores ganan el salario mínimo o menos (645 euros al mes), según el INE. Y así, un 13,4% de los trabajadores son pobres (2,27 millones), un porcentaje sólo superado por Rumanía y Grecia. Es el fruto de la enorme precariedad laboral (muchos contratos temporales y a tiempo parcial) y la bajada de salarios, más de un 10% con la reforma laboral. Y el resto de  trabajadores no tienen sueldos boyantes: el 72% ganan menos de 2.000 euros brutos al mes. Así pasa, que la mitad de españoles viven con menos de 1.000 euros al mes. Y todavía, la patronal pide dos años más de moderación salarial y más contratos temporales. Es un suicidio: si los trabajadores tienen sueldos de miseria, no consumen y no se crece ni se crea empleo. Y tienen pocos incentivos para trabajar mejor. Necesitamos sueldos europeos.
 
enrique ortega

La última estadística de salarios del INE, con datos de 2012, es terrorífica (y la de 2013 puede ser peor): el 12,25% de los trabajadores ganan el salario mínimo (SMI) o menos (645 euros por 14 pagas, 8.979 euros brutos al año, de los que se descuentan retenciones a Hacienda y las cuotas de la seguridad Social). Es un porcentaje que duplica a los que cobraban el SMI en 2004 (6% trabajadores) y muy superior al de antes de la crisis (7,8% en 2007). Con ello, un 13,4% de los trabajadores españoles son pobres, según el INE, nada menos que 2.271.130 empleados. Y tenemos el mayor porcentaje de trabajadores pobres de Europa, sólo por detrás de Rumania (19%) y Grecia (15%), según Eurostat.

El perfil de estos trabajadores pobres son mujeres (hay un 17,3 % de trabajadoras pobres frente a un 7,5% entre los hombres), jóvenes, mayores de 55 años, autónomos e inmigrantes, con poca formación y que trabajan básicamente en los servicios, con contratos temporales y a tiempo parcial. Precisamente, la primera causa del aumento de trabajadores pobres es la precariedad laboral, por partida doble. Por un lado, hay un 16,4% de contratos a tiempo parcial (en 2014, un tercio de los nuevos contratos), que ganan de media menos de la mitad que a tiempo completo (un 39,5%, según el INE). Y por otro, tenemos el mayor porcentaje de Europa de contratos temporales (24%, frente al 14,1% en la UE), los únicos casi que se firman ahora (91,3% de los contratos en 2014), contratos que ganan un 65,5% de los fijos, según el INE. Y además, la otra causa de pobreza es que todos los trabajadores, cualquiera que sea su contrato, han visto reducir su sueldo un 10% desde 2012, por la reforma laboral. Y hasta un -17% los  más bajos, según FEDEA.

Este creciente grupo de trabajadores pobres es el dato más preocupante, pero hay otro más: el 72% de todos los trabajadores (12.202.000) ganan menos de 27.000 euros brutos al año, menos de 2.000 euros brutos al mes (en 14 pagas). Y según el INE, el sueldo más corriente en España (2012) eran 15.500 euros brutos al año, curiosamente el mismo que en 2008 (lo que supone, con la inflación acumulada, ganar ahora un 9,1% menos). Son 1.107 euros brutos al mes (en 14 pagas), que descontando retenciones y SS se quedan por debajo de los 1.000 euros. No en vano, la última estadística de Eurostat daba un dato escalofriante: la mitad de los españoles viven con menos de 1.000 euros al mes. Y la mitad de ellos, incluso, son minieuristas (ganan entre 400 y 800 euros). En contrapartida, los que ganan 8 veces o más el salario mínimo (71.832 euros brutos anuales, 5.128 euros al mes en 14 pagas) han aumentado con la crisis y son ya el 1,74% de los trabajadores, 302.000 en 2012.

Junto a estos salarios bajo mínimos, los datos del INE revelan varias desigualdades flagrantes. La primera, la diferencia salarial entre hombres y mujeres: ellas ganan un 24% menos (19.537 € de media frente a 25,682€ los hombres), una brecha que se ha agravado con la crisis (en 2008 ganaban un 21,9% menos). Eso se debe, básicamente, a que las mujeres tienen más contratos temporales (26,1% frente a 23,9% los hombres) y más contratos a tiempo parcial (73,1% contratos de las mujeres y 26,9% de los hombres), los peor pagados, además de otros factores como que ocupan peores puestos y se les deja promocionar menos. Otra desigualdad  es por sector: los que trabajan en las eléctricas, por ejemplo, ganan 3,7 veces más que los trabajadores de los servicios. La tercera, la desigualdad por puesto: un directivo gana 4,14 veces más que un trabajador no cualificado. La cuarta, por edad: los menores de 30 años (sobre todo chicas) ganan un 44% menos que los que tienen entre 35 y 50 años. Y los inmigrantes no europeos ganan un tercio menos que los españoles. Por último, el sueldo depende mucho de dónde se trabaje: los que más ganan viven en País Vasco (ganan +16,7% que la media nacional), Madrid (+14,6%), Cataluña (+7,5%) y Navarra (+4,7%) y los que menos en Canarias (-15,1% que la media), Galicia (-14,6%) y Extremadura (-13,2%).

En 2013 y 2014, los salarios han seguido bajando, como sucede desde 2010, con una rebaja que supera el 10% de media. La bajada real podría ser mayor, según el Banco de España, porque con  la crisis se han perdido puestos de trabajo con menores salarios y ahora los más altos (que han perdido menos) pesan más en la media estadística. Además, la devaluación salarial no se ha producido sólo en el sueldo: han crecido mucho las horas extras gratis, de 2,7 millones a la semana (2009) a 3,38 millones (2013), sobre todo en los contratos precarios. Así, el trabajador pierde ingresos por partida doble (sueldo y horas extras no cobradas). Y España deja de crear, con todas la horas extras, unos 150.000 empleos.

Cara al futuro, la patronal quiere aprovechar la crisis para seguir con la moderación salarial dos años más: los salarios “no podrán subir hasta 2016 como pronto”, dicen, mientras los sindicatos defienden subidas en los sectores y empresas con beneficios. Recordemos que España tiene los costes laborales más bajos que Europa: se pagan 20,90 euros por hora trabajada (2013), un 12% menos que la media europea (23,70 euros) y bastante menos que en Francia (35€ por hora), Alemania (31€), Italia (28€) o Reino Unido (21,1€). Y tenemos un salario mínimo (645 euros por 14 pagas) congelado desde que llegó Rajoy (diciembre 2011) y uno de los más bajos de Europa, la mitad que en los grandes países (en Alemania llegará a 1.360€ en 2017, en Francia es de 1.430€ y en Reino Unido de 1.189€).

La Comisión Europea pidió en enero medidas urgentes para frenar el crecimiento de los trabajadores pobres en Europa. Es hora de poner coto a esta lacra social, mejorando el salario mínimo y cumpliendo con el compromiso adquirido por España con el Consejo de Europa: que el SMI sea el 60% del salario europeo, lo que supondría subirlo a 800 euros. Además, hay que reducir la precariedad laboral, recortando los contratos peor pagados, temporales y a tiempo parcial (la patronal CEOE quiere que haya más, multiplicar los minijobs a 400 euros para jóvenes, como en Alemania). Y sobre todo, hay que dejar atrás la moderación salarial, porque es un suicidio económico y social: si los trabajadores tienen sueldos de miseria, no consumen, las empresas no venden  y el país no crece ni crea empleo. Además, para competir no sólo hay que tener en cuenta los costes laborales: si las empresas españolas pagan más cara la luz (+20%) o los créditos (a un interés triple que en Alemania) y encima sube el euro, todo eso se come los sacrificios salariales de los trabajadores.

Hay que actuar en dos frentes. Por un lado, con medidas para reducir el número de trabajadores pobres: subirles el salario mínimo, rebajarles cotizaciones e impuestos, aumentarles las ayudas sociales (alquileres, becas y mayores ayudas por hijos y dependencia), y mejorar su formación y su empleabilidad. Por otro, negociar convenio a convenio subidas de salarios en empresas con beneficios, a cambio de mejorar la productividad. Y reducir las horas extras (gratis o pagando), para permitir que entre más gente a trabajar.

En definitiva, España no puede pretender tener salarios de China o Marruecos y competir a costa de que sus trabajadores estén entre los peor pagados de Europa. Hay que optar por negocios viables, que permitan salarios decentes a la europea. Y si la patronal persiste en tener empleados precarios y mal pagados, estarán desmotivados y trabajarán peor. Además, no consumirán y las empresas no aumentarán sus ventas. Por todo ello, tener sueldos decentes es una clara apuesta para salir de la crisis. Y para tener un país más justo.