En las últimas dos décadas hemos sufrido la avalancha de alimentos ultraprocesados en las estanterías de los supermercados. No son alimentos naturales sino preparaciones industriales que utilizan grandes cantidades de aceites y grasas, azúcares y sal más una serie de aditivos artificiales (conservantes, texturizantes, saborizantes y edulcorantes) para mejorar la apariencia de los alimentos (sabor, olor y textura) y prolongar su vida útil. Se trata de “comida basura”, elaborada para estimular artificialmente nuestro apetito: bebidas azucaradas, “snacks” empaquetados (patatas fritas y otros) galletas y bollos, comida rápida, cereales endulzados, embutidos, carnes procesadas (salchichas), “nuggets”, barras de chocolate, helados, rebozados y platos preparados.
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lunes, 8 de diciembre de 2025
Nos invaden los alimentos ultraprocesados
Cuando vamos al supermercado llenamos el carro de alimentos
ultraprocesados, comida y bebida con exceso de grasas, azúcares, sal
y aditivos que provocan sobrepeso y obesidad, la causa de múltiples
enfermedades. Una “comida basura” más atractiva y barata que los
alimentos frescos y que las industrias publicitan sin control, atrayendo sobre
todo a niños y jóvenes. Un reciente estudio alerta que estos
alimentos ultraprocesados dominan la dieta mundial y pide medidas
a los Gobiernos frente a esta “pandemia global”. En España, 4 de cada 10
niños y 3 de cada 10 adolescentes tienen exceso de peso,
como la mitad de los adultos, provocando enormes costes
sanitarios y económicos. El Gobierno obligó al etiquetado de los alimentos
y subió el IVA a las bebidas azucaradas, con poco éxito. Ahora, va a
controlar la alimentación en hospitales y residencias de ancianos,
tras aprobar un Decreto para controlar los menús escolares. Pero
la batalla contra la comida basura y el sobrepeso es de todos y empieza en
las familias. El sobrepeso mata. Alimentos ultraprocesados: triplican su peso en nuestra dieta y agravan el sobrepeso
En las últimas dos décadas hemos sufrido la avalancha de alimentos ultraprocesados en las estanterías de los supermercados. No son alimentos naturales sino preparaciones industriales que utilizan grandes cantidades de aceites y grasas, azúcares y sal más una serie de aditivos artificiales (conservantes, texturizantes, saborizantes y edulcorantes) para mejorar la apariencia de los alimentos (sabor, olor y textura) y prolongar su vida útil. Se trata de “comida basura”, elaborada para estimular artificialmente nuestro apetito: bebidas azucaradas, “snacks” empaquetados (patatas fritas y otros) galletas y bollos, comida rápida, cereales endulzados, embutidos, carnes procesadas (salchichas), “nuggets”, barras de chocolate, helados, rebozados y platos preparados.
Cada día compramos
más alimentos ultraprocesados porque tenemos menos tiempo para cocinar
y porque la industria alimentaria innova constantemente para ofrecernos productos
que son más baratos que los alimentos frescos (frutas, verduras,
legumbres, carnes y pescados). Un reciente estudio de 43 expertos mundiales,
publicado
hace unos días en la revista The Lancet, ha dado la alarma: “la comida
basura domina la dieta mundial, impulsada por el afán de lucro de las grandes
multinacionales de la alimentación”. Y añaden que estos alimentos
ultraprocesados dominan
la dieta en todo el mundo, propagados como “una especie invasora”,
tanto en los paises desarrollados (donde su consumo ha crecido un 20% en
los últimos 15 años) como en paises de ingresos medios (crecen un 40%)
y sobre todo en los paises pobres (crecen mucho más, un 60% entre
2007 y 2022).
El consumo de esta “comida basura” oscila
entre el 9% de la dieta energética en Irán al 60% en EEUU, según el estudio,
con un consumo intermedio del 14% en Italia o el 46% en Reino Unido y Suecia.
En España, la ingesta de calorías procedente de ultraprocesados se
ha triplicado, pasando del 11 al 32% de la dieta en los últimos 30 años.
De hecho, un
estudio de la Red Europea de Nutrición, con datos de 2021, reflejaba que
los alimentos ultraprocesados aportaban el 25% de la energía de la dieta de
los españoles, algo menos que en el conjunto de Europa (27,2%), más que en
Italia (13,4%) o Portugal (22,15%) y menos que en Suecia (42%), Paises Bajos
(37,1%) o Alemania (38,4%).
El
estudio alerta también sobre el modelo de negocio de los
ultraprocesados, que se basa en manipular a gran escala materias primas
baratas (maíz, trigo, soja o aceite de palma) para convertirlos en productos “llamativos,
apetecibles y sabrosos”, que se diseñan para ser muy atractivos (“adictivos”)
y se comercializan muy agresivamente (con enormes gastos en publicidad)
para fomentar su consumo repetido, especialmente entre niños y jóvenes. Una
estrategia dirigida no a alimentar a la población sino a conseguir enormes
beneficios. Y para asegurarlos, denuncian,
emplean sofisticadas técnicas y presiones, para bloquear
regulaciones, involucrarse en litigios legales (para retrasar medidas), influir en debates científicos, presionar a
políticos (y comprarlos) y “manipular” a la opinión pública, según el estudio,
que ve paralelismos entre estas industrias y las
tabaqueras.
En definitiva, concluye el estudio publicado en The Lancet,
las multinacionales de la alimentación gastan millones en desarrollar nuevos
alimentos y bebidas que publicitan sin límite para aumentar sus ventas y
beneficios, a costa de la salud de millones de personas. Los expertos alertan
de los 12 riesgos para la salud que comporta consumir estos
alimentos ultraprocesados: sobrepeso y obesidad, diabetes tipo 2, hipertensión,
dislipemia, enfermedades cardiovasculares, coronarias, cerebro-vasculares,
renales crónicas, enfermedad de Crohn, Parkinson y depresión. Y además de
daños a la salud, la “comida basura” atenta
contra el medio ambiente, por las emisiones que generan la producción,
procesamiento y transporte de estos alimentos, más millones de
envases de plástico generados.
En paralelo a la publicación de este estudio, la
OMS ha enviado una carta donde reitera que “el consumo creciente de
alimentos ultraprocesados representa una amenaza sistémica para la salud pública,
la equidad y la sostenibilidad ambiental”, insistiendo en que este tipo de
alimentos los consumen más los paises y familias pobres, cuya dieta es baja en
frutas, verduras, carnes y pescados frescos. La
UNICEF también ha publicado un editorial
donde denuncia que la proliferación de alimentos ultraprocesados se ha
convertido en “una de las amenazas más urgentes para la salud humana en el
siglo XXI” y aboga por “defender a los niños de esta plaga”,
que se prioricen la salud y la
alimentación sobre los beneficios.
En España, el consumo de ultraprocesados es muy
elevado, según
los datos europeos, sobre todo los productos de panadería y bollería
industrial, las galletas, salchichas, productos lácteos endulzados y las salsas.
Y es especialmente preocupante en los alimentos que consumen niños y
adolescentes. De hecho, el 80% de los alimentos infantiles
comercializados en España no cumplen los criterios nutricionales establecidos
por la OMS, según la 1ª tabla de composición nutricional de
alimentos para niños elaborada
por investigadores catalanes, que recoge 850 productos de 42 marcas
disponibles en los supermercados. También alertan que el 60% de los artículos
estudiados contienen exceso de azúcar , que el 30% incorporan azúcares o edulcorantes añadidos o jugos
concentrados y que el 98% presentan mensajes promocionales no autorizados.
Esta avalancha de “comida basura” (y bebidas azucaradas) es
un factor clave para explicar el aumento del sobrepeso y la obesidad
en el mundo y en España, según todos los expertos. Los datos son muy
preocupantes: 4 de cada 10 niños y niñas españoles tienen exceso de peso
(de ellos, el 19% de los niños y el 14% de las niñas tienen obesidad, un
porcentaje que se ha duplicado en los últimos 20 años), según
el informe Aladino 2023. Y 3 de cada 10 adolescentes tienen exceso
de peso. Entre los adultos españoles, el 55,8% tienen exceso de peso
(31,7% tienen sobrepeso y el 18,7% tienen obesidad), según
los datos de la Agencia de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN).
Unos datos muy preocupantes, por sus consecuencias sobre la
salud de los españoles y que suponen altos costes. De hecho, la
OCDE realizó en 2019 un estudio económico de la obesidad en 52 paises y
estos fueron sus resultados para España: la obesidad supone una
reducción de 2,6 años en la esperanza de vida, provoca el 9,7% del gasto
sanitario, reduce la productividad laboral (en el equivalente a 479.000
jornadas laborales anuales) y supone en conjunto una reducción del PIB del 2,9%
(46.000 millones anuales). Y añaden que para cubrir estos costes de la
obesidad, cada español paga 265 euros al año de impuestos. Frente a
estos costes, la OCDE proponer tomar medidas, algo que creen muy rentable: por
cada euro invertido contra la obesidad en España, recuperaríamos 6 euros…
El Gobierno ha tomado estos años algunas
medidas contra los alimentos ultraprocesados y la obesidad. En 2021, el
etiquetado de alimentos en España comenzó a incorporar el sistema de
calificación nutricional Nutriscore
(con letras y colores) y se reforzaron
las normas sobre la información del país de origen, la cantidad de ingredientes
clave y la etiquetado de alérgenos y bebidas alcohólicas. Pero este etiquetado sigue
siendo voluntario, por lo que lo utilizan sólo las empresas
alimentarias que tienen productos con buena puntuación. Otra medida fue la
aprobación de un impuesto a las bebidas azucaradas, al subirlas el IVA
del 10 al 21% en enero de 2021, medida que inicialmente frenó el consumo para
subir después. Pero no se ha actuado sobre la publicidad de alimentos y
bebidas no saludables: un
estudio de la Gasol Foundation constató que el 80% de los niños y
adolescentes españoles reciben publicidad de alimentos y bebidas no
saludables. Y piden regularlo con urgencia.
El 10 de junio de 2022, el
presidente Sánchez presentó, con la Gasol Foundation y la OMS, el Plan
Estratégico Nacional 2022-2030 para la reducción de la obesidad
infantil, con 200 medidas sobre nutrición, fomento del ejercicio,
la alimentación infantil, el uso de pantallas y la educación nutricional, con
el objetivo de reducir el sobrepeso infantil un 25% y bajar un 40% la brecha
social asociada (la pobreza infantil “alimenta” el sobrepeso). Al hilo de este
Plan, se han aprobado dos medidas este año. Una, el 15 de abril, un
real decreto para limitar la presencia de los alimentos ultraprocesados
en los centros escolares no universitarios, medida que entrará
en vigor en 2026, cuando se renueven los contratos con las empresas de
catering. Y la otra, un decreto
aprobado en mayo por Consumo y Sanidad, para garantizar la alimentación
saludable en hospitales
y residencias de mayores, decreto que ha estado en periodo de audiencia
pública y que se espera aprobar definitivamente en breve.
Son pasos adelante, pero falta mucho por hacer. El
informe The Lancet propone varias medidas a nivel mundial:
impuestos para gravar los productos insanos y ayudas a los productos frescos,
mejora del etiquetado y la inclusión de mensajes sobre los riesgos de la comida
basura (como en las cajetillas de tabaco), regular su presencia en centros
escolares y sanitarios y limitar su millonaria publicidad. Por su parte, la
OCDE propuso a España mejorar el etiquetado de alimentos y menús,
promover la actividad física y programas de actividad en los centros de trabajo.
Y la Federación Mundial de la Obesidad propuso en 2023 siete medidas para
frenar el sobrepeso: un compromiso político de alto nivel e inversiones
suficientes, no dejar a nadie atrás en el tratamiento, formar mejor a los
profesionales sanitarios, abordar la prevención y los tratamientos sin estigmas
y prejuicios, mejorar la vigilancia de datos con Encuestas y estudios
periódicos, financiar los tratamientos
(con ingresos derivados de impuestos a las bebidas azucaradas) y tener
objetivos auditables.
Los expertos del estudio The Lancet urgen a “desescalar”
el avance de la “comida basura” y la obesidad, porque ya domina
nuestra dieta e irá a más. Las perspectivas para España son
preocupantes, según
el Atlas de la Obesidad Mundial 2025: si ahora tenemos un 50% de
adultos con sobrepeso y el 15% de ellos tienen obesidad, auguran que en 2030
todavía tendremos un 33% de la población adulta con sobrepeso (13.200.000
personas), de ellas un 13,2% con obesidad (5.350.000 adultos). Unas cifras
todavía impresionantes, que exigen tomar medidas eficaces para reducirlas desde
ya.
En resumen, tenemos un problema de mala alimentación,
con una alto consumo de comidas y bebidas basura, que han calado entre niños y
jóvenes y que anticipan una España con más obesos, como ya se ve en muchos
paises desarrollados. Urge actuar desde la Administración,
forzando y pactando una comida más saludable con la industria alimentaria (la
2ª más poderosa, tras el turismo). Pero al final, la mayor responsabilidad
está en las escuelas y las familias, que deben tener más sensibilidad
ante los alimentos ultraprocesados y las bebidas azucaradas, acostumbrándose a
no comprarlas y a educar a hijos y nietos en una dieta más natural y saludable.
Porque la comida basura y el sobrepeso matan.
En las últimas dos décadas hemos sufrido la avalancha de alimentos ultraprocesados en las estanterías de los supermercados. No son alimentos naturales sino preparaciones industriales que utilizan grandes cantidades de aceites y grasas, azúcares y sal más una serie de aditivos artificiales (conservantes, texturizantes, saborizantes y edulcorantes) para mejorar la apariencia de los alimentos (sabor, olor y textura) y prolongar su vida útil. Se trata de “comida basura”, elaborada para estimular artificialmente nuestro apetito: bebidas azucaradas, “snacks” empaquetados (patatas fritas y otros) galletas y bollos, comida rápida, cereales endulzados, embutidos, carnes procesadas (salchichas), “nuggets”, barras de chocolate, helados, rebozados y platos preparados.
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jueves, 30 de noviembre de 2023
La pandemia de la obesidad
Más de la mitad de
los adultos españoles y un tercio de
los niños tienen exceso de peso, según un reciente
estudio. Tremendo. Pero lo más grave
es que un tercio de ellos tienen obesidad:
7 millones de adultos y 753.171 niños
sufren un trastorno grave que provoca múltiples enfermedades (cardiovasculares,
hipertensión, 13 tipos de cáncer y diabetes) y un 15% de todas las muertes. El sobrepeso y la obesidad son un problema muy serio, que se ha triplicado en el mundo
desde 1975 y que volverá a duplicarse para 2035, según la OMS. Y España
está a la cabeza en Europa: somos
el 10ª país en sobrepeso de adultos y el 5º país en sobrepeso y obesidad
infantil. Pero hemos avanzado poco en la limitación de la comida basura y
las bebidas azucaradas, en educar en dietas saludables. Los médicos piden considerar la obesidad
como una enfermedad y se potencien tratamientos y fármacos en la sanidad
pública. Pero también tenemos que cambiar todos, en nuestras dietas y hábitos. Enrique Ortega
El exceso de peso (sobrepeso y obesidad) es una epidemia mundial imparable. Desde 1975, el exceso de peso se ha triplicado en el mundo, alcanzando en 2016 a 1.900 millones de adultos (640 millones de ellos eran obesos) y a 340 millones de niños y adolescentes (124 millones eran obesos), según la Organización Mundial de la Salud (OMS). El problema es que esta “pandemia silenciosa” irá a más, según predice el reciente Atlas Mundial de Obesidad (marzo 2023): si en 2020 había 2.603 millones de personas (con más de 5 años) con exceso de peso (sobrepeso y obesidad), un 38% de la población mundial, para 2035 habrá 4.005 millones de personas, el 51% de la población mundial. Y lo más grave, las personas obesas, que eran 988 millones en 2020 (el 14% de la población) se duplicarán con creces, pasando a ser 1.914 millones en 2035 (el 24% de la población mundial). Y de ellos, 383 millones de niños y adolescentes (5-19 años) serán obesos en 2035 (el 19% del total).
Volviendo a los datos del Atlas
Mundial de Obesidad (2023), el mayor problema de obesidad se da en América (246 millones con sobrepeso
y 42 millones de obesos en 2020) y
Europa (192 millones y 18), seguidos de lejos por la zona del Pacífico (120
millones y 52), norte de África y Oriente Medio (106 millones y 27), sudeste de
Asia (79 millones y 22) y África (68 millones con sobrepeso y 16 millones de
obesos en 2020). Pero el panorama cambiará para 2035 y el
Atlas prevé que el sobrepeso y la
obesidad aumentarán más en los paises en desarrollo y pobres, sobre todo en
la zona del Pacífico, Asia, África y Oriente Medio (que duplicarán con creces
su población obesa, que crecerá menos en América y Europa).
El exceso de peso (sobrepeso y obesidad) es una epidemia mundial imparable. Desde 1975, el exceso de peso se ha triplicado en el mundo, alcanzando en 2016 a 1.900 millones de adultos (640 millones de ellos eran obesos) y a 340 millones de niños y adolescentes (124 millones eran obesos), según la Organización Mundial de la Salud (OMS). El problema es que esta “pandemia silenciosa” irá a más, según predice el reciente Atlas Mundial de Obesidad (marzo 2023): si en 2020 había 2.603 millones de personas (con más de 5 años) con exceso de peso (sobrepeso y obesidad), un 38% de la población mundial, para 2035 habrá 4.005 millones de personas, el 51% de la población mundial. Y lo más grave, las personas obesas, que eran 988 millones en 2020 (el 14% de la población) se duplicarán con creces, pasando a ser 1.914 millones en 2035 (el 24% de la población mundial). Y de ellos, 383 millones de niños y adolescentes (5-19 años) serán obesos en 2035 (el 19% del total).
Empecemos por saber que
es sobrepeso y obesidad (la suma de
ambos conceptos da las personas con exceso
de peso, esos 2.603 millones de personas en 2020). Hay una sencilla fórmula para saber si tenemos sobrepeso
u obesidad, el
índice de masa corporal (IMC), que se calcula dividiendo nuestro peso
(en kilos) por el cuadrado de la altura (en metros). Por ejemplo, una persona
que pesa 85 kilos y mide 1,72 metros tiene un IMC de 28,73 (introduzca
sus datos en esta calculadora y
se lo dirá). Si este índice de masa
corporal está por encima de 25
tenemos sobrepeso. Y si supera los 30, somos obesos. Y las estadísticas suman los que tienen sobrepeso y los obesos
como personas “con exceso de peso”.
El problema del exceso
de peso (sobrepeso y obesidad) es
que resulta uno de los principales factores de riesgo de numerosas
enfermedades no transmisibles, como la
diabetes, las enfermedades cardiovasculares, la hipertensión, los ictus y hasta
13 tipos de cáncer, según
la OMS. Y en el caso de los niños,
un sobrepeso en la infancia aumenta el riesgo de desarrollar enfermedades
crónicas que eran casi exclusivas de los adultos, como diabetes tipo 2
temprana, hipertensión y trastornos hormonales y psicosociales, además de ser
una causa habitual del acoso escolar. Y estos niños tienen más riesgos de
arrastrar ese sobrepeso en la edad adulta. Por otro lado, el sobrepeso y la obesidad, por las enfermedades que provocan y
su impacto en el absentismo laboral, tienen un alto coste económico: su factura
era de 1,96 billones de dólares en 2020 y alcanzará los 4,32 billones en 2035, casi el 3% del PIB mundial, un impacto
comparable al que tuvo la pandemia del COVID…
España y el sur de
Europa están en cabeza de esta “pandemia silenciosa” del exceso de peso (sobrepeso y obesidad). En el Informe
regional sobre Obesidad 2022, elaborado por la OMS en 53 paises
europeos (con datos de 2016), se reflejaba que más de la mitad de los europeos adultos tienen sobrepeso (58,7%), casi 1 de cada 3 niños (29,5% entre 5 y
9 años) y 1 de cada 4 adolescentes
(el 24,9% entre 10 y 19 años). Y tienen obesidad,
el 23,3% de los adultos, el 11,6% de los niños y el 7,1% de los adolescentes. En
este informe, España es el 9º país
con más sobrepeso de adultos (61,6%) y
el 10º con más obesidad (23,8%), sólo por detrás de Turquía, Malta, Israel,
Hungría, Grecia, Andorra, Chequia, Bulgaria e Irlanda. Y en sobrepeso (37,9%) y obesidad infantil (14,9%).
somos el 5º país europeo con peores datos, sólo mejor que Italia, Grecia,
Malta y Andorra. Y lo mismo entre
adolescentes, con el 6º puesto en sobrepeso (31,9%) y el 5º en obesidad
(8,5%), donde sólo están peor los mismos
paises mediterráneos de la Europa del sur.
El Atlas
Mundial apuesta porque, en 2035,
España será el sexto país europeo con
más obesidad en adultos (37%),
sólo algo mejor que Reino Unido (46%
adultos obesos), Malta (40%), Portugal, Chipre y Finlandia (39%),
peor que Alemania (36% obesos), Francia (34%) e Italia (31%). Claro que aún
estaremos lejos de las tasas de obesidad que auguran para 2035 en EEUU (58% población obesa), Canadá (49%), México (47%) y Brasil (41%).
En España, la
semana pasada se publicó la
más completa radiografía sobre el sobrepeso y la obesidad, con datos de 2023 elaborados por el
Instituto de Salud Carlos III y la Agencia Española de Seguridad Alimentaria (AESAN).
Y el resultado es impactante: más de la mitad de los adultos
españoles (55,8%) y un tercio de los niños y adolescentes (30%)
tienen exceso de peso (sobrepeso
u obesidad). Estamos hablando de
21,15 millones de adultos y 2,10 millones de niños y jóvenes, 23,25 millones de españoles que pesan más de lo que deberían. Y lo más
preocupante: un tercio de ellos tiene
obesidad: 7 millones de adultos y
753.171 niños y adolescentes (de 2 a 17 años). Veámoslo con más detalle.
El
estudio en adultos (mayores 18
años) revela que un 37,1% tienen
sobrepeso (14,06 millones de personas) y otro 18,7% tienen obesidad (7,09 millones). Por sexo, los hombres tienen más sobrepeso
(44,3%) que las mujeres (30,4%) y también más obesidad (19,3% frente al 18%), y
ambos problemas se dan más a partir de
los 50 años, concentrándose la alta obesidad (más del 25%) entre los 65 y
los 85 años. Y el estudio destaca que el sobrepeso y la obesidad se dan más
entre los que tienen pocos estudios y
rentas bajas, medias y medias altas. El sobrepeso
se da más entre extranjeros que
entre españoles y en los que viven en ciudades
pequeñas, pero la obesidad es más
alta entre extranjeros y entre los que
viven en grandes ciudades. Y las tasas más altas de obesidad en adultos se
dan en Lugo, Badajoz, Cuenca, Tenerife, Sevilla, Córdoba y Albacete, siendo
bajas en Guipúzcoa, Navarra, Huesca, Girona y parte de Castilla y León.
El
estudio en niños y adolescentes (2-17 años) revela que un 19,2% tienen sobrepeso (1.351.484) y
otro 10,7% tienen obesidad (753.171 niños y adolescentes). Los
niños tienen más sobrepeso que las niñas (20,3% frente al 18,1%), pero
sobre todo casi el doble de obesidad (13,4%
frente al 7,9%). Y tanto el sobrepeso como la obesidad se concentran más entre los 6 y 9 años (20,4% de
sobrepeso y 17% de obesidad) y entre los 10 y 13 años (24,7% de
sobrepeso y 10,7% de obesidad), siendo mayor el sobrepeso y la obesidad entre
los niños extranjeros, con bajos niveles
educativos y que viven en familias
con bajo nivel de renta y donde ya
hay adultos obesos. Y hay más niños y adolescentes con sobrepeso en las
ciudades de 5.000 a 100.000 habitantes,
pero más obesos en los pueblos pequeños. Y destacan por sobrepeso y obesidad
infantil provincias del sur más Pontevedra y Asturias.
Todavía hay un
grupo más preocupante en este estudio, los adultos y niños con obesidad
severa (cuando el índice de masa corporal, IMC, supera
los 40). El estudio refleja que hay un 4,9% de adultos con obesidad
severa (1.858.014 personas) y un 2,1%
de niños y adolescentes (122.248 jóvenes), en total casi 2 millones
de españoles que tienen un serio
problema de obesidad y un enorme riesgo de enfermar y morir. Porque en
España, el sobrepeso y la obesidad
causan cada año 25.000 muertes, el
15% del total, según
un estudio realizado por la Real Academia de Farmacia.
Además de provocar
enfermedades (diabetes, cardiovasculares, ictus, hipertensión y hasta 13
tipos de cáncer), el sobrepeso y la
obesidad suponen un alto coste para
la sanidad pública. Ya en
2019, la OCDE estimó que el exceso
de peso representaba para España una
factura del 9,7% del gasto sanitario total (lo que supondría un gasto de 9.400 millones de euros en 2022),
además de reducir la producción del país (PIB) en una cuantía equivalente al
trabajo de 479.000 trabajadores a tiempo completo (por el absentismo y la
pérdida de productividad que provoca). Eso nos coloca, según
la OCDE, como uno de los paises con
mayor factura del sobrepeso sobre la sanidad, por delante de la media OCDE
(8,5%), del coste en la UE-27( 8%), sólo por detrás de Alemania (11%) y EEUU
(14% de su gasto sanitario lo provoca el exceso de peso). Y según la OCDE, cada ciudadano español pagamos 265 euros
más de impuestos al año para financiar los costes del sobrepeso.
Enfermedades, muertes
y un alto coste económico, motivos
suficientes para atajar esta pandemia mundial del exceso de peso. La
OMS lleva décadas dando “la
receta”: mejorar la dieta alimenticia (limitar el consumo de
grasas, azúcares y sal, la “comida basura” y las bebidas azucaradas, aumentando
la ingesta de frutas, verduras, legumbres, cereales y frutos secos), realizar
ejercicio físico y mejorar la prevención y la atención al sobrepeso en la
atención primaria y la sanidad de los paises. Por su parte, la
OCDE ha propuesto a España mejorar el etiquetado de alimentos y menús,
promover la actividad física y programas de bienestar en los centros de
trabajo, para conseguir reducir un 20% las calorías de los alimentos, lo que nos
permitiría prevenir 472.000 enfermedades de aquí a 2050 y ahorrar 169 millones
al año en gastos sanitarios, aumentando la productividad.
En España se ha
avanzado en algunas medidas, como una mayor información en el etiquetado de alimentos, la
aprobación de un impuesto
a las bebidas azucaradas (en enero de 2021 subió su IVA del 10 al 21%,
medida que ha
reducido el consumo) y la aprobación (en junio de 2022) de un Plan
2022-2030 para la reducción de la Obesidad Infantil, con 200 medidas.
Pero queda mucho por hacer. El
sistema de etiquetado frontal Nutriscore,
con letras por colores, se implantó en 2021 pero sigue
siendo “voluntario”, por lo que lo utilizan sólo las empresas alimentarias
que tienen productos con buena puntuación. Y sigue disparada la publicidad
de alimentos y bebidas no saludables, nefastas para niños y jóvenes: un
informe de la Gasol Foundation constata que el 80% de los niños y
adolescentes españoles reciben publicidad de alimentos y bebidas no saludables.
Y piden regularlo con urgencia.
La Federación Mundial
de la Obesidad propuso, en marzo de 2023, 7 medidas a los
paises para frenar el sobrepeso: un compromiso político de alto nivel e
inversiones suficientes, no dejar a nadie atrás en el tratamiento, formar mejor
a los profesionales sanitarios, abordar la prevención y los tratamientos sin
estigmas y prejuicios, mejorar la vigilancia de datos con Encuestas y estudios
periódicos, financiar los tratamientos
(con ingresos derivados de impuestos a las bebidas azucaradas) y tener
objetivos de mejora auditables.
Los médicos españoles
reivindican una primera medida: reconocer
el sobrepeso y la obesidad como una enfermedad, lo que es. Y creen que
así sería posible disponer de más herramientas terapéuticas y más medios
para combatirla, desde mejoras en la atención primaria y la formación
de los médicos a unidades especializadas en los hospitales y un
mejor tratamiento, farmacológico y terapéutico. Los nutricionistas se
quejan de que, con el alto coste sanitario que acarrea el exceso de peso, sólo haya 3 medicamentos contra la obesidad
financiados por la sanidad pública (Ozempic, Victoza y Rybelsus) pero exclusivamente
para los pacientes con diabetes tipo 2 (el resto tienen que pagarlos
íntegramente, con un coste de 114,72 a 132,77 euros). Y lo mismo pasa con las operaciones a los grandes obesos: la cirugía bariátrica es muy efectiva y
su coste se recupera en 2,5 años, pero se
aplica muy poco en España (se hacen unas 5.000 operaciones al año, la
cuarta parte que en Europa). Y
además, los médicos piden campañas de concienciación y educar a los niños desde la
infancia en hábitos saludables, centrándose en las familias más desfavorecidas.
Al final, urge tomar
medidas políticas, sanitarias, sobre
la publicidad y el etiquetado de los alimentos, con campañas para fomentar una dieta más equilibrada, con
menos carne, grasas y azúcares y el
doble de pescado, verduras, hortalizas y frutas. Y fomentar el
ejercicio y la prevención. Pero la
clave está en nosotros, en cada
familia y cada persona: tenemos que cambiar
nuestra alimentación y nuestros hábitos de vida sedentarios. Tenemos que
darnos cuenta que el
sobrepeso “no es un problema estético” sino una “bomba de relojería” que acaba explotando en enfermedades y
muertes. Hay que “declarar la guerra a
la obesidad”, porque mata más que
el tráfico, el alcohol o las drogas. Cuidemos el peso.
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jueves, 14 de febrero de 2019
El alto coste de la obesidad
Más de la mitad de españoles tienen sobrepeso y 1 de cada 6 son obesos. En el mundo, la obesidad se ha triplicado desde 1975 y hay casi tantas personas obesas (650 millones) como hambrientas (821 millones). La OMS considera la obesidad como “la gran epidemia global del siglo XXI” y pide a Gobiernos, empresas alimentarias y familias que tomen medidas, porque provoca más enfermedades y muertes que el alcohol, el tabaco, la droga y el sexo inseguro juntos. En España, lo más preocupante es el sobrepeso infantil, que sufren el 40% de niños. Y para 2030, habrá más de 27 millones de españoles con sobrepeso, lo que agravará las enfermedades y el gasto sanitario (un 7% es por la obesidad). Sanidad y las empresas alimenticias han pactado recortar el azúcar, las grasas y la sal de muchos alimentos. Pero hay que hacer más: otra dieta, más ejercicio, una política sanitaria más agresiva y campañas públicas contra el sobrepeso, un grave problema sanitario, económico y social.
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| enrique ortega |
La Organización Mundial de la Salud (OMS) acaba de señalar la obesidad como “uno de los grandes retos de este siglo XXI”, junto a la diabetes, el cáncer y las dolencias cardiacas. Y es que el sobrepeso y la obesidad se han triplicado en el mundo desde 1975 y se han convertido en “una epidemia global”, que causa tantas enfermedades y muertes como el tabaco, el alcohol, las drogas y el sexo inseguro juntos. Y todo apunta, según la OMS, a que la obesidad seguirá aumentando este siglo si los paises no toman medidas drásticas.
Empecemos por saber qué
es sobrepeso y obesidad. Hay una
sencilla fórmula para saberlo (pinche en esta calculadora): dividir
el peso (en kilos) por el cuadrado de la altura (en metros) y nos da el índice
de masa corporal (IMC). Por ejemplo, una persona que pesa 85 kilos y
mide 1,72 metros tiene un IMC de 28,73. Si este índice está por encima de 25 tenemos sobrepeso
y si supera los 30 somos obesos.
Las cifras son espeluznantes: en el mundo hay 1.900 millones de adultos con sobrepeso, el 39% de
la población mayor de 18 años, según la OMS (con datos de 2016). Y hay más de 650 millones de adultos obesos, el 13% de la población
mundial (11% de los hombres y 15% de las mujeres), casi tantas personas obesas como hambrientas (821 millones de
personas pasan hambre, según la FAO).
Y este es otro grave problema del
sobrepeso y la obesidad: no sólo se han triplicado en los últimos 40 años
sino que se han extendido de los
paises ricos a los medianos y pobres, sobre todo en las ciudades. Así, en muchos paises en desarrollo, coexiste
el hambre de unos con el sobrepeso y la obesidad de otros, que comen
alimentos y bebidas con demasiadas calorías. Un ejemplo es Latinoamérica: 3 de cada 5
latinoamericanos (360 millones) tienen sobrepeso, según un informe de la FAO. Y hay paises, como Haití,
donde una parte de la población pasa hambre y otra tiene sobrepeso, porque
compran alimentos ultra procesados, con muchas grasas y calorías.
El mapa del sobrepeso lo encabeza México (70,4% de la población 15-74
años), seguido de Estados Unidos (67,4%
de la población), Hungría y Reino Unido
(58,7%I), según el informe “Obesity Update 2017” de la OCDE. España,
con un 46,7% de adultos con sobrepeso (los datos se refieren a
2015) es el 2º país europeo en exceso de peso, tras Reino Unido, por delante
de Francia (40,8%) e Italia (40,7%). En obesidad,
el ranking mundial lo encabeza EEUU,
con un 38,2% de adultos obesos, seguido de México
(32,4%), Reino Unido (26,9%), Canadá
(25,8%) y Alemania (23,6%), según la OCDE. España
ocupa el lugar 22 en este ranking
mundial de obesidad, con un 16,7% de
adultos obesos (2015), por debajo de la media OCDE
(19,5% de obesos) pero por delante de Francia (15,3%), Portugal (16,6%) y
sobre todo de Italia (9,8% de obesos), paises nórdicos (del 12 al 14,9% de
obesos) y Japón (el país con menos obesos del mundo: sólo el 3,7% de los
adultos).
A la OMS, lo que más le preocupa ahora es la obesidad infantil, que se ha multiplicado por 10 en los últimos 40
años, según un estudio del Imperial College de Londres y la OMS: ha pasado de 11 millones
de niños y adolescentes (5 a 19 años)
obesos en 1975 a
124 millones en 2016. Y
en conjunto, 41 millones de niños menores
de 5 años tenían sobrepeso o eran obesos en 2016 y lo mismo 340 millones de niños y adolescentes de
5 a 19 años (124 millones, el 7% eran obesos, frente al 1% en 1975). Y
esta obesidad en niños y adolescentes ha
crecido sobre todo en los paises pobres: en África, los menores de 5 años con sobrepeso han crecido un 50% desde el año 2000, según la OMS. Y en 2016, casi la mitad de
los niños con sobrepeso u obesidad vivían en Asia. Ello se debe a una mala
alimentación de las madres gestantes y en la lactancia, así como en los
primeros años de vida, con una dieta supercalórica. De seguir esta tendencia, según la OMS, en 2022 habrá en el mundo
más niños y adolescentes obesos que desnutridos (estos son hoy 191
millones). Y esto es doblemente grave, porque la obesidad infantil provoca
graves enfermedades y hace que los
futuros adultos tengan muchas posibilidades de ser también obesos.
Las mayores tasas de obesidad
infantil se dan en Polinesia y
Micronesia, seguidos de los paises anglófonos de ingresos altos: EEUU (31% obesidad infantil), Canadá
(24,5%), Australia, Nueva Zelanda, Irlanda y Reino Unido (20%), según la OCDE. España tiene un 40% de los niños con sobrepeso (datos
2015), lo que nos sitúa como el 2º país de Europa con más sobrepeso infantil, tras Chipre. De ellos, un 18% son niños obesos (18% niños y
19% niñas), lo que nos coloca entre los paises del sur de Europa (Italia,
Chipre, España, Grecia y Malta son los paises con más obesidad infantil, entre
el 18 y 21% de los niños), peor que Francia, Irlanda y paises nórdicos, con una
obesidad infantil que no llega al 10%.
En España, la última
estadística oficial es la Encuesta Nacional de Salud 2017, publicada por el Ministerio de Sanidad, que
cifra en el 54,5% de los adultos los españoles con sobrepeso (62,5% de los
hombres y 46,8% de las mujeres), lo que indica que el sobrepeso se ha multiplicado por 1,38 en los últimos
30 años (afectaba al 39,25% de adultos en 1987). Y la obesidad se ha multiplicado
por 2,35: afectaba al 7,4% de españoles adultos en 1987 y afecta ahora al 17,4% de adultos (18,2% hombres y 16,4%
de mujeres). Y en los niños y adolescentes (entre 2 y 17
años), el 10,3% son obesos.
Un rasgo de esta obesidad
española es que es muy desigual, porque afecta más a los hombres y sobre todo a
las personas con menos ingresos, a los
pobres: si sólo un 9,29% de los españoles ricos son obesos, lo son el 22,37% de los pobres (la media es el
17,43%). Y por eso, las mujeres pobres
tienen un 23,98% de obesas frente al 7,26% las ricas, según el detalle de la Encuesta Nacional de Salud 2017. Y también cuentan mucho los estudios: los españoles
universitarios tienen sólo un 11,36% de obesos y los que sólo tienen una formación básica alcanzan el 22,32% de obesos.
Por ambas razones y por otras, hay regiones
con alta obesidad (24,13% en Ceuta,
21,68% en Asturias, 21% en Andalucía o 20,32% en Castilla la Mancha) y otras
con baja (13,84% obesos en País
Vasco, 13,22% en Castilla y León, 14,94% en Cataluña y 14,95% en la Rioja, muy
por debajo del 17,4% de media).
¿Qué provoca el
sobrepeso y la obesidad? Según la OMS hay dos causas: la mala alimentación (el aumento de
alimentos y bebidas muy ricos en grasas, azúcares y calorías) y la menor actividad física, por el
trabajo en las ciudades y el sedentarismo. En ese sentido, la OMS reitera que el sobrepeso y la
obesidad pueden prevenirse, simplemente reduciendo el consumo de grasas y azúcares (presentes sobre todo en los platos procesados), aumentando el consumo de frutas, verduras, legumbres, cereales y
frutos secos y realizando actividad física periódica (60 minutos diarios los
jóvenes y 150 minutos semanales los adultos). Y sobre todo, insisten en educar
a los niños para que coman menos bollería industrial y bebidas
azucaradas y consuman más frutas y verduras, además de hacer más ejercicio físico. Como detalle, los españoles consumimos el triple de azúcar del que recomienda la OMS y no porque nos echemos muchas cucharadas en el café sino porque lo tomamos sin saberlo con las bebidas y las comidas preparadas que consumimos cada día.
El sobrepeso y la
obesidad no son “un problema estético”
sino “una epidemia global” que lleva asociadas más de 12 patologías y muchas muertes:
cada año mueren en el mundo 2,8
millones de personas por culpa del sobrepeso y la obesidad, según la OMS. Y eso, porque causan
múltiples enfermedades en los afectados: diabetes tipo 2, hipertensión
arterial, exceso de colesterol (dislipemia), ictus, accidentes
cardiovasculares, trastornos del aparato locomotor (osteoartritis), apneas del
sueño, depresiones y, sobre todo, varios tipos de cáncer (endometrio, mama, ovarios, próstata, hígado, vesícula,
riñón y colon). Precisamente, una de las cuestiones que más preocupan es que la obesidad en los jóvenes está aumentando
el cáncer en EEUU: el riesgo de padecer 6 tipos de cáncer entre los
jóvenes obesos “millenials” (nacidos entre 1981 y 1993) es el doble del que tenían sus padres
(los nacidos en el “baby boom”, entre 1950 y 1968), según un estudio publicado en febrero en la revista Lancet. Y muchos estudios clínicos vinculan la
obesidad y el cáncer, lo que se traducirá en un aumento extra de cánceres en
una o dos décadas, en el mundo y en España, por el aumento de la obesidad y el sobrepeso.
Pero además de enfermedades y muertes, el sobrepeso y la obesidad tienen un
alto coste económico: unos 2 billones de dólares, el 2,8% del PIB mundial, según la consultora
McKinsey. El mayor coste es para la
sanidad de los paises (que aumenta un 50% con la obesidad y un 20% con el
tabaquismo), pero también hay un coste para las empresas, al aumentar el
absentismo laboral y reducir la productividad. Y para los ciudadanos: los
obesos tienen más problemas para ser contratados (este prejuicio se llama “lookism”) y si trabajan suelen
tener empleos más precarios y peor pagados. Ya hay líneas aéreas (Samoa Air)
que cobran más a los obesos y los seguros médicos también les cuestan más caros.
Si el mundo no toma medidas drásticas contra el sobrepeso y la obesidad, irá
a más, como ha pasado en las últimas décadas. La OCDE anticipa que en 2030, un
46,62% de los estadounidenses será obesos (hoy lo son el 38,2%), el 39,15% de
los mejicanos (hoy 32,4%), el 34,95% de los británicos (hoy 26,9%). Para
España, vaticina que la tasa de obesidad (16,7% en 2015) subirá al 18,24% en
2020 y al 21,16% en 2030, por delante de Francia (19,48% en 2030) e Italia
(13,26%). Pero lo peor será con niños y adolescentes: los 41 millones que
tenían sobrepeso u obesidad en 2016 será
ya 70 millones, casi el doble, en 2025, según la OMS. En España, si había 27
millones de personas con sobrepeso en 2016, para 2030 habrá 3 millones más, 27 millones de personas, el
56% de toda la población estimada para entonces por el INE, según un escenario “conservador” del Instituto del Hospital del Mar (IMIM).
Esta mitad larga de españoles con sobrepeso va
a sobrecargar aún más la sanidad pública, ya
muy “tocada” con el envejecimiento de la población y el aumento de la
esperanza de vida. Las personas con sobrepeso y obesidad requieren más consultas
médicas, más pruebas, más ingresos hospitalarios, más cirugías y más
tratamientos farmacológicos, según los profesionales. Y por ello, el coste directo del sobrepeso y la
obesidad sobre la sanidad pública se ha casi cuadruplicado, pasando de 524
millones de euros en 2006 a 1.950 millones en 2016, según este estudio del IMIM. Y para 2030, los gastos sanitarios del sobrepeso
superarán los 3.000 millones de euros. Y otros estudios (AECOSAN)
calculan que el sobrepeso y la obesidad suponen un 7% del gasto sanitario, unos 5.200 millones de euros al año. Y los costes
indirectos (laborales, ayudas y cuidados) serían otro tanto.
Enfermedades, muertes
y altos costes. Un balance como para tomar
medidas eficaces contra el sobrepeso y la obesidad, como acaba de pedir la OMS. En España, Sanidad y casi 400 empresas de alimentación
han firmado en enero un acuerdo para reducir azúcares, grasas y sal en
múltiples alimentos: aperitivos, bebidas refrescantes, bollería y panes
envasados, cereales, derivados cárnicos, galletas, helados, néctar de frutas,
platos preparados, lácteos y salsas. La reducción varía entre el 5% y el 10%, según productos (-5% el azúcar de las galletas, que bajaría así del 20% al 19%, demasiado poco), y todavía tardará
unos meses en hacerse efectiva, porque las industrias tendrán que buscar ingredientes alternativos de sustitución y además el recorte se hará en 2 años, gradualmente, para que el paladar del
consumidor se acostumbre. Y también se han comprometido con este acuerdo
empresas de catering y comedores
escolares y los que tienen máquinas expendedoras de alimentos, para
fomentar la distribución y venta de los alimentos menos energéticos.
Es un buen principio, pero la industria alimentaria tiene que ir más allá, con planes a medio
plazo para suprimir las grasas trans (en
tentempiés, alimentos horneados y fritos), como pide la OMS en su Plan de actuación 2019-2023, exigiendo a los Gobiernos que impongan límites. Y también, poner impuestos a las bebidas azucaradas, como pidió la OMS a los Gobiernos en 2016: sólo lo aplica Cataluña, desde mayo de
2017, y ha conseguido reducir su consumo un 22%, según la Generalitat. Pero sobre todo, es clave un nuevo etiquetado de los alimentos, por colores, para que los consumidores sepamos las grasas,
azúcares, sal y calorías de lo que comemos. Y regular mejor la publicidad de comida,
sobre todo para niños, estableciendo prohibiciones a esos alimentos que son tan
dañinos o más que el alcohol y tabaco.
En segundo lugar, hay que aprobar una política sanitaria pública contra el sobrepeso y la obesidad, con
protocolos explícitos en los centros de salud, más especialistas y más unidades
en los hospitales. Y ser más agresivos en
la lucha contra la obesidad, aplicando más
operaciones a los grandes obesos (IMC entre 35 y 40): la cirugía bariátrica es muy efectiva y su coste se recupera en 2,5 años, pero se
aplica poco en España (se hacen unas 5.000 operaciones al año y deberían
hacerse cuatro veces más para equipararnos a Europa, según The Economist). Y utilizar más fármacos,
aunque su efecto sea bajo: hay 5 autorizados, pero sólo uno lo cubre
la sanidad pública (Victoza), pero con visado del inspector y sólo para los
obesos con diabetes 2, mientras el resto han de comprarlos y cuestan entre 63 y
283 euros (y recordemos: la mayoría de obesos tienen pocos recursos).
A final, la industria
puede ayudar mucho y la sanidad más,
pero la
clave está en nosotros, en que hagamos una dieta equilibrada, comiendo
la mitad de carne, azúcar, grasas y sal y el doble de verduras, hortalizas y
frutas, según proponen los expertos. Y que hagamos
ejercicio y andemos más, porque un tercio de los españoles son sedentarios
y también los jóvenes. Pero sobre todo, hacen falta campañas públicas contra el sobrepeso y la obesidad, porque matan más que el tráfico, el alcohol o las
drogas. Hay que “declarar la guerra a la obesidad” y cambiar la mentalidad de los españoles: no es un problema “estético”, es una “bomba de relojería” que acaba
explotando en graves enfermedades y muertes.Tomémoslo muy en serio.
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lunes, 19 de junio de 2017
Obesidad: una epidemia imparable y costosa
La última alerta sobre la obesidad no la han dado los médicos de
la OMS sino los economistas de la OCDE:
más de la mitad de los adultos del mundo
y 1 de cada 6 niños sufren sobrepeso.
Y 1 de cada 5 son obesos. Es una grave epidemia que crece imparable y que causa 2,8 millones de muertes al año. España es el segundo país con más sobrepeso y tenemos un grave
problema de obesidad infantil, que
afecta al 20% de los niños y al 16% de las niñas. Los médicos dicen que no hay una sensibilidad social frente al
sobrepeso y la obesidad, que son el origen de muchas enfermedades graves. Y piden que declaremos “la guerra a la obesidad”, con un Plan de medidas para mejorar la alimentación, hacer más ejercicio y
atajar la enfermedad con fármacos y operaciones. Urge una Campaña nacional para
bajar peso, porque la obesidad mata y encima
nos cuesta el 10% del gasto sanitario.
Comamos mejor.

enrique ortega

Comer mal y en exceso
es la
epidemia mundial del siglo XXI: ya hay 1.900 millones de personas con sobrepeso
y 600 millones de obesos, según los últimos datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS).
O sea, que hay el triple de humanos que
comen mal frente a los que pasan hambre
(793 millones, según la FAO). Cualquiera de nosotros podemos saber si estamos incluidos en estas fatídicas
estadísticas: basta con que calculemos nuestro índice de masa corporal (IMC). Una sencilla fórmula (ver calculadora) que consiste en dividir
el peso (en kilos) por el cuadrado de la altura (en metros). Por ejemplo 78 kilos/
(1,72m)2 = 26,4. Si este índice está por
encima de 25 tenemos sobrepeso y si
supera los 30, somos obesos.
La OCDE, el
organismo que agrupa a los 35 paises más desarrollados, ha dado en mayo la última
alerta sobre el sobrepeso y la obesidad,
con datos que incluso empeoran los de la OMS: más de la mitad de los adultos y
1 de cada 6 niños sufren sobrepeso en los paises desarrollados, según
su informe “Obesity Update 2017”. El ranking del sobrepeso en adultos lo
encabeza México (70,4% población 15-74 años tiene sobrepeso), seguido de EEUU
(67,4% población), Hungría y Reino Unido (58,7%). España, con un 46,7% de los adultos con sobrepeso, es el 2º país
de Europa en exceso de peso (tras Reino Unido), por delante de Francia (40,8%)
e Italia (40,7%), según la OCDE. Sin embargo, las estadísticas del Ministerio de Sanidad (2015) elevan estas cifras y hablan de un 53,7% de adultos (más de 18 años) con
sobrepeso y un 27,8% de niños y jóvenes
(2 a 17 años). Tremendo.
Y las cifras de obesos,
el siguiente estadio, son también muy impactantes, según el informe de la OCDE: un 19,5% de los
adultos del mundo son obesos, el doble que en 1980. Aquí el ranking mundial lo
encabeza EEUU, con un 38,2% de
adultos obesos, seguido de México (32,4%), Reino Unido (26,9%), Canadá (25,8%)
y Alemania (23,6%). España ocupa el
lugar 22 en este ranking de obesidad,
con un 16,7% de adultos obesos, por
delante de Francia (15,3%) y Portugal (16,6%) y por debajo de Italia (9,8% de
obesos), paises nórdicos (del 12 al 14,9%) y Japón (el país con menos obesos,
un 3,7% de los adultos). España está por debajo de la media de obesidad de la OCDE (19,5%), pero el problema es que la
obesidad se ha casi duplicado en nuestro país, pasando del 9,1% en 1993 al 16,7% actual.
Lo que más preocupa, a la OMS y a la OCDE, es el crecimiento
del sobrepeso y la obesidad en los niños,
que serán los obesos de mañana: 1 de
cada 6 niños tiene sobrepeso en el mundo (son 2 millones), un 15,5% en los paises de la OCDE.
Y más en España: un 16,5% de los
niños de 15 años tienen sobrepeso, con lo que somos el 8º país de la OCDE con
más niños gordos, por delante de Alemania (16%), Portugal e Italia (15,5%),
Reino Unido (14%) o Francia (12%). Y aún estamos peor en niños obesos: lo son
el 18,1% de los niños españoles
(20,4% los niños y 15,8% las niñas), según el
estudio Aladino 2015-2016 (niños 6-9 años), frente al 16,6% en la OCDE. Claro
que en EEUU, casi un 31% de los niños
sufren sobrepeso.
Pero lo preocupante no es solo el sobrepeso y la obesidad en
los paises desarrollados, sino que están
creciendo con mucha fuerza en los paises en desarrollo, en las
zonas pobres del mundo, según revelan la FAO y la OMS. Un ejemplo es Latinoamérica, la región del mundo que
más ha reducido el hambre en las últimas décadas (del 14,7 al 5,5% de su
población): ahora, 3 de cada 5
latinoamericanos (el 58%) tienen
sobrepeso (360 millones de personas), según un informe de la FAO. Y hay paises como Haití,
donde una parte de la población pasa
hambre y otra parte tiene sobrepeso, porque compran alimentos ultra
procesados, de baja calidad y con un exceso de grasas, pero más baratos que las
frutas, verduras, carnes y pescados que necesitarían para alimentarse de forma
más equilibrada.
Con todo, lo peor es que la OCDE estima que la epidemia de sobrepeso y obesidad irá a más en los próximos años, sobre todo en los
paises más desarrollados. Y así anticipa que en 2030, el 46,62% de los
estadounidenses serán obesos (hoy lo
son el 38,2%), el 39,15% de los mejicanos (hoy 32,4%), el 34,95% de los
británicos (hoy 26,9%) y el 29,10% de los canadienses (hoy 25,8%). Para España, la OCDE estima que
el porcentaje de obesos (16,7% en 2015) suba al 18,24% en 2020 y al 21,16% en 2030, todavía por delante de
Italia (13,26% obesos en 2030) y Francia (19,48%).
Dos son las causas
fundamentales de esta epidemia de sobrepeso y obesidad, según la OMS: la mala alimentación y la falta de
ejercicio. Por un lado, comemos mucho,
con un exceso de azúcares y grasas y una falta de frutas, verduras, legumbres y
cereales. Se abusa de la “comida rápida”
y la bollería, sobre todo los niños. Y hay una serie de factores psicológicos y emocionales (como el estrés o la ansiedad) que
nos llevan a “comer de más”. También hay factores
genéticos que explican entre un 20 y un 40% de la obesidad, según la OMS. El
otro gran responsable del sobrepeso es el
sedentarismo, la falta de ejercicio, el estar demasiadas horas en el sofá viendo
la televisión o con el móvil y los videojuegos.
Lo curioso del sobrepeso y la obesidad es que afecta más a las mujeres que a los hombres,
según la OMS,
aunque está creciendo más entre los hombres. Y los estudios demuestran que las mujeres de clase baja y con menos formación
tienen una posibilidad entre dos y tres mayor de ser obesas que el resto. En
España, donde hay un 16,7% de obesos, las personas
que sólo tienen educación primaria alcanzan un 26,7% de obesidad mientras
sólo son obesos el 9,8% de los universitarios, según el último Informe
anual de Sanidad (2015).
El sobrepeso y la
obesidad son la segunda causa de mortalidad en el mundo, tras el tabaco:
cada año mueren 2,8 millones de personas por enfermedades causadas por
el exceso de peso, según
la OMS. Entre las enfermedades
causadas por el sobrepeso están las cardiovasculares
(cardiopatías e ictus), la diabetes
(la padecen 415 millones de personas en el mundo), los trastornos del aparato locomotor (artritis y degeneración de las
articulaciones), el asma y algunos tipos de cáncer (endometrio,
mama, ovarios, próstata, hígado, vesícula, riñones y colon). En los niños, la obesidad provoca
dificultades respiratorias, mayor riesgo de fracturas e hipertensión,
marcadores tempranos de enfermedades cardiovasculares, resistencia a la
insulina y efectos psicológicos, según los estudios de la OMS.
El mayor coste
del sobrepeso y la obesidad son las
enfermedades y las muertes, pero no son los únicos: es un problema que afecta negativamente a la economía, a la
productividad de las empresas y aumenta los costes de la sanidad y de los
ciudadanos. Por todo ello, se estima que la obesidad en el mundo tiene un coste de 2 billones de dólares, el
2,8% del PIB mundial, según un estudio de la consultora McKinsey. El mayor
coste es el sanitario, que aumenta
un 50% con la obesidad (y un 20% con el tabaquismo). Además, el sobrepeso aumenta el absentismo laboral y reduce la
productividad de las empresas. Y a nivel de los ciudadanos, los obesos tienen más
problemas para ser contratados (este prejuicio se llama “lookism”) y cuando
encuentran un empleo suelen cobrar menos que los trabajadores sin sobrepeso.
Incluso algunas líneas aéreas (como Samoa
Air) han empezado a cobrar más a los clientes obesos, que también gastan más en carburantes. Y la sanidad británica ya les ha advertido que
no tendrán prioridad al operarse, mientras las compañías de seguros médicos cobran más caras las
primas a las personas obesas o con sobrepeso.
En España se
estima que una persona obesa consume un
20% más de recursos sanitarios y un 68% más de fármacos, por las
enfermedades que acarrean (diabetes, cardiopatías, hipertensión, artrosis),
según un estudio de The Economist y Ethicon. Por eso, el sobrepeso y la obesidad pueden ser culpables
de un 7% del gasto sanitario español, según un estudio realizado en 2012 por la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y
Nutrición (hoy AECOSAN). Un coste que podría elevarse hoy al 10% del gasto sanitario, nada menos que 6.500 millones de euros anuales. En Reino Unido se estima que el
coste de la obesidad alcanza los 6.430 millones al año, un tercio más que los
costes del tabaquismo (4.150 millones) y cuatro veces más que el alcoholismo
(1.130 millones). Y todo apunta a que, si no se toman medidas, el sobrepeso y la obesidad pueden arruinar las cuentas de la sanidad en los próximos 20 años. Baste decir que el
gasto sanitario solo por la diabetes
(una pandemia mundial) crecerá un 50%
de aquí al año 2040.
Ante tantas muertes, tantas enfermedades y tantos
costes motivados por el sobrepeso y la obesidad, el mundo y España
deben reaccionar y tomar medidas eficaces cuanto antes. La primera y
fundamental, según los médicos de la Sociedad
española para el estudio de la obesidad,
“cambiar
la mentalidad” ante esta enfermedad,
considerarla una enfermedad grave y no menor (“vale, estoy un poco gordo y
debo adelgazar”). “Hay que “declarar la guerra a la obesidad”,
proclaman, pidiendo que lo hagan los médicos, los ciudadanos y los
políticos, para afrontar el problema con urgencia y un abanico de medidas eficaces.
Lo principal es lanzar
campañas masivas a favor de una dieta
equilibrada, que insista en el consumo de verduras, frutas, cereales
integrales y frutos secos, reduciendo las grasas y los azúcares y la comida
preparada. Es importante que el Gobierno fuerce a la industria alimentaria a informar sobre el contenido de los
alimentos, fomentando el uso de semáforos donde se indiquen los productos no aconsejables. Y en
paralelo, utilizar los impuestos
para penalizar las comidas y bebidas ricas en grasas y azúcares, como ha pedido
la OMS, al proponer recientemente que se suban los impuestos a las bebidas azucaradas (lo hacen muchos
paises, como Francia, paises nórdicos, Sudáfrica, México y varios estados USA,
pero Montoro no quiso incluirlo en los Presupuestos 2017).
Otra vía de actuación es controlar la publicidad de comidas y
bebidas, para prohibir y desalentar los anuncios de comidas y bebidas que
fomenten la obesidad, sobre todo entre los niños y jóvenes. Y multiplicar las campañas educativas sobre lo que hay
que comer en colegios y Universidades, limitando y controlando las máquinas
dispensadoras. Y se debería pedir la colaboración de las empresas, para que hagan campañas en los centros de trabajo y
ayuden a una mejor alimentación de sus trabajadores y a que hagan más
ejercicio, en beneficio de una mejor productividad y menores costes por bajas
laborales y absentismo.
Y queda elaborar un Plan global contra la obesidad en la sanidad pública, empezando por elaborar
protocolos de actuación en atención
primaria (para los pediatras y médicos de familia), fomentar unidades especializadas en los hospitales
(con nutricionistas, ausentes de la sanidad
pública) y mejorar la atención a los obesos, ampliando las operaciones y la atención farmacéutica. La cirugía
bariátrica es muy efectiva y su coste se recupera en 2,5 años, pero se
aplica poco en España: se hacen unas 5.000 operaciones a los obesos más graves,
pero deberían hacerse cuatro veces más, hasta 20.000 al año, para equipararnos
con lo que se hace en Europa, según The Economist. Y en cuanto a los medicamentos
contra la obesidad, sólo hay dos autorizados en España (Xenical y
Saxenda o Victoza), pero necesitan visado y el inspector no los autoriza a los
pacientes obesos (sólo a los que tienen diabetes u otra enfermedad), con lo que
no los cubre la Seguridad Social. Un
ahorro que se traduce a la larga en más costes después para la sanidad pública.
En resumen, estamos ante un grave problema sanitario y social, un sobrepeso que afecta a la
mitad de la población y causa muchas enfermedades y muertes. Y un problema que tiene un alto coste sanitario y económico,
que puede quebrar las cuentas futuras de la sanidad pública, máxime si 1 de cada 5 niños actuales
acaba siendo obeso en el futuro. Y que deteriora la productividad de las empresas y los costes de las familias. Hay que
lanzar una guerra total contra el sobrepeso, tomárselo más en serio de lo que nos lo
tomamos todos, desde los ciudadanos a los políticos. Y plantear una Campaña
nacional para bajar de peso, con recursos y medidas efectivas. Tenemos que conseguir comer mejor, de una forma más
equilibrada, para estar más sanos. Comamos con cabeza.
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