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jueves, 20 de abril de 2023

España: 10 años de superávit exterior

Hoy se ha conocido el dato de las exportaciones en febrero, que volvieron a crecer más que las europeas, como en enero. Y llevamos ya 12 años de récord exportador, vendiendo más mercancías fuera año tras año, desde 2010. Este “boom” exportador es importante porque aporta casi la mitad del crecimiento español y mantiene 2,5 millones de empleos. Pero hay más. También crecen las exportaciones de servicios (empresas españolas que trabajan fuera) y, sobre todo, los ingresos por turismo. Y con todo ello, España lleva 10 años con superávit con el exterior (somos el 8º país europeo con más superávit exterior), ingresando más divisas de las que pagamos. Algo inaudito en nuestra historia, donde siempre hemos tenido déficit con el exterior, en todo el siglo XX y hasta 2012. Ahora, las exportaciones y el turismo consiguen que tengamos superávit, lo que permite invertir fuera y reducir deuda externa. Y nos convierte en un país económicamente más independiente y más solvente. Parece técnico pero es un cambio histórico, un logro de todos que debemos preservar.

Enrique Ortega

España ha sido siempre un país poco abierto económicamente al exterior, al menos hasta el ingreso en la CEE (1986) y en el euro (2000). Pero en este siglo, las exportaciones españolas han crecido con una fuerza desconocida, sobre todo a partir de la crisis de 2008, que forzó a nuestras empresas a vender fuera para compensar la caída de la demanda dentro. De hecho, las exportaciones españolas crecieron, año tras año, desde 1995 a 2022, con sólo tres años de caída (2008,2009 y 2020), según los datos de Comercio. El tirón de las exportaciones se aceleró en 2010 y son ya 12 años consecutivos de récords anuales (2010-2022, salvando la bajada en 2020, por la pandemia). Y con ello, el valor de las exportaciones de mercancías se ha más que duplicado: de 159.889 millones de euros vendidos fuera en 2009 a 389.208 millones exportados en 2022, según Comercio.

Con ello, las exportaciones de mercancías han aumentado su peso en la economía: si en 2009 aportaban sólo el 15% del crecimiento total (PIB), en 2022 aportaron casi el doble (el 29,32% del PIB). Y si sumamos las exportaciones de servicios (los prestados por empresas y entidades españolas en el extranjero y que ayudan al crecimiento del PIB en España), la aportación de la actividad exterior es ya del 35% del PIB, un tercio del crecimiento total. Y lo más importante, las exportaciones (de mercancías y servicios) nos han salvado” ya dos veces en poco más de una década, contrarrestando la crisis económica interna. La primera vez, a raíz de la crisis de 2008: entre 2009 y 2013, la economía española estuvo en recesión, con bajadas del PIB, pero habríamos caído mucho más si las exportaciones no hubieran crecido esos años malos. Baste un ejemplo. En 2009, el PIB cayó un -3,6%, pero hubiera caído más si las exportaciones no hubieran aportado un +2,8% de crecimiento. Ahora, con la pandemia y la crisis por la guerra de Ucrania y la inflación, las exportaciones nos han vuelto a salvar: cayeron menos que la economía en 2020 (-1,9% frente a -10,8% el PIB total) y han ayudado al crecimiento en 2021 (+0,2% de +5,5%) y sobre todo en 2022: las exportaciones aportaron casi la mitad del crecimiento español (+2,6% del 5,5%).

En 2022, las exportaciones españolas crecieron un +22,9%, más que el conjunto de las exportaciones europeas (+20,9% en la UE-27) y de la zona euro (+21%), pero también más que las exportaciones de Alemania (+14,1%), Francia (+19,1%) o Italia (+19,9%), nuestros tres principales competidores y clientes. Y más de lo que crecieron las exportaciones de EEUU (+17,7%), China (+10,5%) y Japón (+18,2%), siendo superados sólo por el aumento de las exportaciones británicas (crecieron +26%), según Comercio. ¿Por qué crecen más las exportaciones españolas? Básicamente, porque son una “válvula de escape” a la baja demanda interior y, sobre todo, porque nos ayuda tener menos inflación (5,5% en diciembre 2022 frente al 10,4% en la UE-27 y 9,6% en Alemania) y salarios mucho más bajos (17,5 euros la hora frente a 22,9% en la UE y 30,3 euros en Alemania), lo que hace nuestros productos más competitivos en Europa y el resto del mundo.

En 2022, las exportaciones españolas crecieron sobre todo a Europa (+24,9% a la UE-27), especialmente a Bélgica (+66,1%), Irlanda (+41,1%), Portugal (+29%), Francia (+18,9%), Italia (+18,5%) y Alemania (+15,6%), pero también aumentaron mucho las exportaciones de mercancías a EEUU (+28,1%), Brasil (+37,6%), Argentina (+32,5%) o México (+26,2%), Arabia Saudita (+56,5%) y Marruecos (+26,2%), cayendo nuestras ventas a China (-7,5%) y Argelia (-45.9%). Por productos, las exportaciones que más crecieron fueron las de energía (+80,1%), medicamentos (+55,5%), buques (+56%), productos químicos (+37%), aceites y grasas (+32,2%), electrodomésticos (+30,6%), leche y huevos (+25,3%), calzado (+22%) y automóviles (+9,7%), según los datos de Comercio.

Si en 2022 se batió el récord histórico de exportaciones, también se alcanzó el récord de importaciones, por culpa de los precios disparados de la energía y los alimentos: alcanzaron los 457.321 millones de euros, +33,4% sobre 2021. Y eso fue porque las importaciones energéticas duplicaron su factura (90.879 millones frente a 46.575 millones en 2021), aumentando también mucho el coste de los alimentos importados (51.917 millones frente a 39.556 en 2021, +31,2%, sobre todo por el encarecimiento de aceites, lácteos, frutas y pesca), los metales, hierro y papel (34.602 millones, +30%), las importaciones de calzado (4.659 millones, +46,5%) y ropa (28.052 millones, +27,8%).

Al final, el shock de la energía y los alimentos en 2022 duplicó con creces el déficit comercial de España, la diferencia entre importaciones y exportaciones: pasó de -26.177,9 millones de euros en 2021 a -68.112 millones en 2022. Un viejo problema de España: compramos fuera más de lo que vendemos, lo que lleva a crear más riqueza y empleo fuera, lo que nos resta riqueza y empleo. De hecho, los paises más ricos de Europa son los que tienen superávit comercial, que venden fuera más de lo que compran: Noruega (+156.000 millones  en 2022), Alemania (+80.367 millones), Paises Bajos (64.624 millones),  Irlanda (+64.411 millones), Suiza (+43.815 millones), Bélgica (+11.909 millones), Dinamarca (+2.317 millones). Mientras, paises punteros tuvieron también déficit comercial en 2022, por el shock energético: Francia (-190.867 millones), Italia (-30.718 millones), Austria (-19.541 millones), Finlandia (-10.638 millones) o Suecia (-4.311 millones).

A la hora de “tapar este déficit comercial”, España ha contado en 2022 con dos aliados. Uno, el aumento de las exportaciones de servicios, los ingresos por asesoría, consultoría y ventas de filiales de empresas españolas en el extranjero: ingresamos 160.000 millones de euros, un +58% sobre 2021. Y lo más importante: los ingresos por turismo extranjero: se ingresaron 87.061 millones de euros, casi el triple que en 2021 (34.903 millones) y un 95% de las divisas por turismo ingresadas en 2019. Con estas dos fuentes de ingresos, exportaciones de servicios e ingresos por turismo extranjero, España pudo “tapar” el déficit comercial y tener superávit con el exterior: +11.800 millones de euros en 2022, según el Banco de España, algo más que en 2021 (+11.500 millones), a pesar del shock energético y la inflación. Con ello, España mantiene un saldo positivo de divisas, un superávit con el exterior que es del +0,9% del PIB, el 8º país con más superávit exterior de Europa, tras Irlanda (18,1% del PIB), Dinamarca (6,7%), Paises Bajos (5,7%), Malta (5,1%), Alemania (+3,7%), Luxemburgo (3,5%) y Suecia (3,3%) del PIB). Y unas cuentas exteriores mucho más saneadas que las de Francia (tiene un déficit exterior del -2,5%) e Italia (superávit del +0,8%), según la Comisión Europea.

Lo importante es que este superávit exterior de España no es fruto de un año, sino que llevamos ya con este superávit exterior una década, desde 2013 (+7.130 millones) a 2022 (+11.800 millones), con dos “picos” en 2016 (+22.306 millones y 2019 (+26.236 millones de superávit exterior). Y que esta “racha”, este saldo positivo de divisas no se ha roto ni con la pandemia (+6.789 millones de superávit exterior en 2020) ni con el shock de la energía y los alimentos de 2021 y 2022. Y esto es algo histórico, porque uno de los males endémicos de España ha sido su déficit con el exterior: lo sufrimos en casi todos los años del siglo XX y al inicio del siglo XXI. Un dato concreto: entre 1961 y 2012, España tuvo déficit exterior 45 de esos 52 años… Y eso condicionó la política económica del franquismo y de la democracia: no teníamos divisas suficientes para importar y eso limitaba nuestro crecimiento económico y nos obligaba a endeudarnos fuera.

Ahora, la situación de la economía española es radicalmente distinta: tenemos superávit con el exterior, ingresamos más divisas de las que gastamos y eso nos da una mayor autonomía económica como país. Podemos importar más, invertir más fuera y devolver parte de la deuda externa que acumulamos cuando nos faltaban divisas. De hecho, esta década de superávit exterior nos ha permitido reducir la deuda externa neta: de rozar el billón de euros en 2013 (96,2% del PIB) se bajó a 926.100 millones en 2019 (74,4%) y a 802.400 millones en 2022 (el 60,5% del PIB, un tercio menos que hace una década), según los datos del Banco de España. Gracias al superávit con el exterior, España podrá seguir reduciendo y amortizando esta deuda con el exterior, a la vez que puede invertir fuera. Y en paralelo, están creciendo también las entradas netas de capital extranjero (+13.200 millones en 2022), que, sumadas a nuestro superávit exterior, aumentó en +25.000 millones nuestro saldo con el resto del mundo en 2022. Unas cuentas que revelan una independencia y solvencia económica que España no ha conocido en su historia reciente, aunque parezca un tema complejo del que no se habla. Unos mejores cimientos económicos que revelan un país más saneado frente al exterior.

Este año 2023 va a ser difícil que España consiga otro récord de exportaciones, aunque el año ha empezado bien: crecieron +16,2% en enero y otro +9,7% en febrero, también más que las exportaciones europeas. Por un lado, se augura un menor crecimiento del comercio mundial: aumentará un +1,7%, casi la mitad que en 2022 (+2,7%), según la previsión de la Organización Mundial del Comercio (OMC). Y todo apunta a un menor crecimiento de la economía mundial (+2,8% frente al +3,4% en 2021, según el FMI), pero sobre todo de las economías europeas, donde van las tres cuartas partes de las exportaciones españolas: la zona euro sólo crecerá un +0,8% (frente al 3,5% en 2022), Alemania entrará en recesión (-0,1%) y Francia e Italia apenas crecerán (un 0,7%), con perspectivas también de recesión en Reino Unido (-0,3% de caída en 2023), un panorama que también afectará negativamente al turismo y sus ingresos. Y el euro no ayuda, porque está cotizando cerca de 1,10 dólares, lo que encarece los productos españoles (un +14%) en los mercados no europeos que pagan en dólares.

Ante este preocupante panorama, la prioridad debe ser mantener este superávit exterior, lo  que exige seguir apoyando las exportaciones, controlar las importaciones, aumentar la presencia exterior de nuestras empresas y “mimar” el turismo, la clave de que tengamos más divisas. Todo esto exige volcarse en la exportación, aumentando más  las empresas que exportan (hay sólo 43.000 exportadores “regulares”, un 30% más que hace una década pero pocos dado que tenemos 3 millones de empresas), diversificando los compradores en Asia y América, fuera de Europa (donde van el 73,4% de nuestras exportaciones) y mejorando nuestra competitividad e innovación, para conseguir exportar productos con más valor añadido. Tras las elecciones, debería alcanzarse un Pacto de Estado por la exportación y el turismo, para asegurar esos cimientos y mantener el superávit exterior de nuestra economía, un logro histórico que no podemos volver a perder. Es clave para avanzar y crecer como país solvente.

jueves, 22 de septiembre de 2022

Ojo al "agujero" comercial (déficit x5)

Todos sabemos lo que nos cuesta la inflación disparada por la crisis de la energía y la guerra de Ucrania. Pero quizás no sabemos lo que le cuesta al país: la factura del petróleo, el gas y las materias primas que compramos fuera se ha disparado y el déficit comercial se ha multiplicado por 5 este año. Ha pasado en toda Europa, pero somos el 2º país con más déficit comercial de la UE, tras Francia. El problema es que este “agujero” comercial hay que pagarlo y los ingresos por exportaciones (récord) y por turismo no aportan divisas suficientes. Y por ello, España ha vuelto a tener en 2022 déficit con el exterior, tras 10 años de superávit. Así que ahora, por esta crisis y este “agujero”, necesitamos financiarnos fuera (aumentar la deuda) y somos más dependientes del exterior, más vulnerables a inversores y subidas de tipos. Urge ahorrar energía, porque consumimos más gas y carburantes y casi la misma luz que antes. Y no podemos pagarlo.  

Enrique Ortega

A pesar de la actual crisis internacional, España vende más en el extranjero mes a mes: las exportaciones españolas alcanzaron los 222.961 millones de euros de enero a julio, una cifra histórica y un aumento del +24,2% sobre los 7 mismos meses de 2021. Somos el país europeo donde más crecen las exportaciones este año, por encima de la media UE (+21,4%), de Italia (+21,8%), Francia (+19,5%), Alemania (+13,2%) o Reino Unido (+19,1%), e incluso crecen más que las exportaciones de EEUU (+20,5%), China (+14,7%) o Japón (+15,8%), según los últimos datos de Comercio. Están creciendo todas las ventas españolas fuera, pero sobre todo de energía, materias primas medicamentos y productos químicos, más a América (+30,8%) que a Europa (+24,3%). Y con ello, continúa la racha de exportaciones récord, creciendo año tras año desde 2010, para contrarrestar primero la crisis y luego la pandemia, aprovechando ahora la caída del euro (-13,3% desde enero), que abarata nuestros productos fuera (un 13,3%).

Hasta aquí muy bien: las exportaciones nos ayudan a vender, crecer y mantener empleo en plena crisis internacional. Pero la otra cara de la moneda, las importaciones, llevan un camino muy preocupante: se han disparado este año, hasta los 261.485 millones de euros (enero a julio), una cifra histórica que supone un aumento del +40,2%, casi el doble de lo que crecen las exportaciones. Una factura importadora que se ha disparado por el fuerte encarecimiento de las compras exteriores de energía, materias primas y alimentos, que además hemos tenido que pagarlas en dólares más caros (el euro se ha depreciado un -13,30% frente al dólar): petróleo (35.044 millones importados, +101%), gas natural (14.241 millones, +318%), materias primas (8.377 millones, +23%), abonos (910 millones, +68%), aceites (3.265 millones, +56%), pescado (5.057 millones, +34,6%), hierro y acero (8.915 millones, +56%), papel (3.016 millones, +39%), productos químicos inorgánicos (2.185 millones, +66%), plásticos (9.862 millones, +33%), material de transporte (5.545 millones, +52%), motores (1.505 millones, +61%), ropa (15.046 millones, +30,8%) y calzado (2.280 millones importados, +38%).

Los países que se han beneficiado de estas mayores importaciones españolas son sobre todo Estados Unidos (las importaciones españolas de USA ascendieron a 20.787 millones hasta julio y crecen un +143,5%, por la fuerte compra de petróleo y gas), Brasil (5.450 millones importados, un +127%, por el petróleo, materias primas y alimentos), Emiratos Árabes (901 millones, +180%), Argelia (4.666 millones importados, +108,6%, sobre todo gas), Nigeria (5.705 millones, +104,3%, por el petróleo), Egipto (por el gas: 1.652 millones importados, +184%), Rusia (4.408 millones importados, +53,5%), China (27.201 millones importados, +52%), Taiwán (1.459 millones, +55,7%, por compras de hierro y acero, también hechas a Francia, Alemania e Italia), Vietnam (2.296 millones, +55%, por ropa y pescado), así como Turquía, Marruecos y Bangladesh, por mayores importaciones de ropa.

Este récord importador ha disparado el déficit comercial de España (la diferencia entre importaciones y exportaciones). Siempre hemos comprado fuera más de lo que vendemos, pero este “agujero comercial” se ha disparado este año, a pesar del récord de las exportaciones: el déficit comercial alcanzó los -38.534 millones de euros entre enero y julio de 2022, 5 veces más que en los siete primeros meses de 2021 (-6.995 millones) y más que en todo el año 2021 (-26.178 millones de déficit comercial). La culpa de este “agujero” comercial la tienen las compras de energía, que suponen el 80% del déficit comercial (-31.045 millones). Y por paises, la mayor parte del déficit comercial lo tenemos con China (-22.705 millones, un 44% más que el año pasado), Estados Unidos (-9.825 millones, 60 veces el déficit que teníamos el año pasado), Nigeria (-5.481 millones, el doble que en 2021), Argelia (-3.726 millones , el triple que en 2021), Rusia (-3.564 millones, más del doble que el año pasado), Brasil (-3.448 millones, el triple que en 2021), India (-2.405 millones, +35%) y Vietnam (-2006 millones déficit, el doble que el año pasado). Con el resto de Europa, España sigue teniendo superávit comercial, salvo con Alemania (-3.217 millones, déficit similar al de 2021), Paises Bajos (-1.915 millones, -16%), República Checa (-1.143 millones,+31%), Hungría (-669 millones déficit, +23%) e Irlanda (-553 millones, +42%).

Este grave problema, que se dispare el déficit comercial, lo está sufriendo toda Europa: la zona euro ha pasado de tener superávit comercial con el resto del mundo (+100.600 millones de euros en el primer semestre de 2021) a tener ahora un abultado déficit comercial (-140.400 millones de euros hasta junio). Pero España lo sufre más, porque somos un país con un déficit comercial crónico (mientras 11 países UE suelen tener superávit comercial) y porque tenemos una grave dependencia energética. De ahí que ahora, somos el 2º país con más déficit comercial de Europa (-33.500 millones en el primer semestre), sólo por detrás de Francia (-89.000 millones) y por encima del déficit comercial de Grecia (-17.600 millones), Portugal (-14.100 millones) o Italia (-13.000 millones), mientras Alemania tiene superávit (+33.200 millones), como Irlanda (36.100) y Países Bajos+28.800), según Eurostat.

La primera consecuencia económica de este problema, el disparado déficit comercial de España (por la inflación, la energía, la guerra de Ucrania y el euro débil), es que nos resta crecimiento y empleo. Hasta ahora, el crecimiento de las exportaciones (desde 1995 y sobre todo desde 2010: se han casi duplicado, pasando de 185.799 millones en 2010 a 316.609 millones en 2021) ha servido para contrarrestar las crisis interna, tanto la de 2008 como la pandemia: los empresarios intentaban vender fuera lo que no podían vender dentro. Y por eso, las exportaciones “nos han salvado dos veces”, en la crisis de 2008 y en la pandemia de  2020: cayó el crecimiento (PIB), pero habría caído más de no ser por las exportaciones (y por unas importaciones no disparadas). En 2021, el sector exterior aportó un 0,2% del 5,5% que creció España. Y en 2022, crecimos un +0,2 % en el primer trimestre gracias al sector exterior (+0,8%), porque la demanda interna cayó (-0,6%). Y en el 2º trimestre, el tirón de las importaciones ha restado al crecimiento, según el INE: crecimos un 1,1%, por la recuperación del consumo interior (+2,2%) y el sector exterior fue un lastre (restó un -1,1% al crecimiento total).

Ahora, el temor es que el sector exterior siga restando crecimiento y no ayude en la segunda mitad de 2022, provocando que España crezca muy poco o nada. Y además, el sector exterior es clave para el empleo: las exportaciones sostienen 2,5 millones de empleos en España, el 12% del empleo total (y 38 millones de empleos en toda la UE, ahora afectados). Hay que recordar que cuando se disparan las importaciones (recordemos: han crecido un +40,2%), se está creando empleo fuera de España (en China, USA, Brasil, Argelia, Nigeria, Rusia, Taiwán, Vietnam…) y no aquí. Por eso debe preocuparnos el déficit comercial.

Pero hay otro motivo de preocupación ahora, por haberse quintuplicado el déficit comercial: este “agujero” hay que taparlo, hay que financiarlo. Y lo grave es que España no tiene ahora divisas suficientes para hacerlo y ha incurrido otra vez en un déficit con el exterior: los ingresos por exportaciones y por turismo (divisas) no son suficientes para pagar la disparada factura de las importaciones. Y así, en el primer semestre de 2022, España tiene un déficit de -1.230 millones de euros con el exterior (llamado “déficit por cuenta corriente”), según el Banco de España, cuando teníamos un superávit de +2.087 millones en el primer semestre de 2021 (porque las exportaciones y el turismo ingresaban más divisas que el coste de las importaciones).

Volvemos así a un viejo problema de España, con Franco y con buena parte de la democracia: la insuficiencia de divisas para financiar las compras al extranjero, lo que nos obligaba a restringirlas y a endeudarnos para pagarlas. Sólo entre 1987 y 2011, España sufrió 26 años de déficit con el exterior (ver gráfico). Y sólo en los últimos 10 años, entre 2012 y 2021, hemos logrado tener superávit con el exterior (+17.057 millones en 2021), gracias a los sucesivos récords de ingresos por las exportaciones y el turismo. Ahora, al haberse disparado la factura de las importaciones, volvemos a las andadas, al histórico problema del déficit de España con el exterior, que reduce nuestra independencia económica, al obligarnos a endeudarnos para financiar este agujero exterior. Y nos pilla en un mal momento, porque España se ha visto obligada a aumentar su deuda externa con la pandemia: alcanzó un récord histórico en el primer trimestre de 2022, según el Banco de España: 2.341.000 millones de euros entre deuda pública (1,48 billones) y privada, 231.000 millones más de deuda externa que antes de la pandemia (diciembre 2019). Y encima, están subiendo los tipos de interés, lo que aumentará los intereses a pagar por esta abultada deuda externa.

En definitiva, que la actual crisis de inflación no sólo afecta a nuestros bolsillos (encareciendo la cesta de la compra, la luz, los carburantes y casi todo) sino que ha disparado la factura de importaciones del país (+40,2%), multiplicando por 5 el déficit comercial. Y esto va a restarnos crecimiento y empleo en España, además de obligarnos a financiar este “agujero exterior” con más deuda externa, porque no llega con las divisas que aportan las exportaciones y el turismo, lo que reduce nuestra “independencia económica” y la maniobrabilidad del Gobierno. Y una deuda que ahora tendrá más coste para el Estado y las empresas, al estar subiendo los tipos de interés.

El tema puede parecer  algo técnico pero es una cuestión clave para la economía y para todos: las importaciones se han disparado y no las podemos pagar sin grandes sacrificios para el crecimiento, el empleo y el pago de la deuda. Por eso, urge frenar la factura energética: no podemos permitírnosla. Hay que recortar el consumo de petróleo, gas y materias primas, que empobrecen a las familias y al país. Y no parece que tengamos conciencia de ello. Porque los españoles consumimos ahora más energía que antes de la invasión de Ucrania. Veamos los datos. El consumo de gasolinas ha aumentado un +14% en el primer semestre y el de gasóleos, un +3,73%, a pesar de haberse disparado los precios, según CORES. El consumo de gas natural ha aumentado otro +5,2%. Sólo el consumo de luz ha bajado, pero muy poco: -2% de enero a septiembre, según REE.

Ahora, la Comisión Europea va a aprobar un Plan para recortar el consumo de energía en Europa un 15% de media cara al invierno, un paquete de medidas que pretende reducir el consumo de gas y racionalizar el uso de la energía, que está destrozando las cuentas de los europeos y las balanzas comerciales de los paises, sobre todo de España. No se trata sólo de ahorrar para evitar cortes de suministro de energía (a empresas y familias), sino sobre todo evitar que la factura de la energía rompa las economías y el empleo. No se trata de si cada uno de nosotros puede o no pagar la luz, la calefacción o los carburantes, sino que no podemos pagarlos como país. Acuérdese del tremendo agujero del déficit comercial (x5) y sus consecuencias: nos limita y nos endeuda. Recuerden esta otra visión de la crisis, de la que no se habla.

jueves, 21 de mayo de 2015

La caída del euro recupera las exportaciones


La depreciación del euro está salvando las exportaciones, aunque crecen  poco. Pero también aumentan las importaciones, sobre todo de coches (empujadas por el Plan PIVE) y productos de consumo, con lo que seguimos teniendo un alto déficit comercial : significa que estamos creando empleo en otros países, no en España. Si el euro se recupera, como ha pasado en mayo, las exportaciones volverán a estancarse, porque ya resulta difícil ganar mercados. De hecho, en 2015, las exportaciones van a restar crecimiento (y empleo) a la economíaEl problema ahora es que, con los precios cayendo, resulta difícil para España competir por precio y exportar más, sobre todo cuando el comercio mundial crece al nivel más bajo desde 1948. La salida debería ser competir por calidad y tecnología, mejorar la competitividad de los productos españoles. Y que más empresas exporten. Pero no es fácil. Requiere un cambio de modelo económico, producir  mercancías con más valor y más calidad, mejorar el “made in Spain”. Dejar de competir sólo por precio, a base de “tirar” salarios. No intentar ser “la China de Europa” sino “la Alemania del sur”.
 
enrique ortega

Las exportaciones españolas se han recuperado en 2015, gracias a la fuerte caída del euro (-12,6% entre enero y marzo) y a las mayores compras de Francia, Italia y Alemania, más un pedido extra de aviones de Arabia Saudí. Entre enero y marzo, las ventas al exterior crecieron un + 4,4%, más del doble que al inicio de 2014 (+1,7%) pero menos que en los años anteriores, en que fueron de más a menos, como válvula de escape de las empresas ante la caída de ventas en España. Si las exportaciones habían crecido con fuerza en 2010 (+16,8%) y 2011 (+15,2%), empezaron a desacelerarse en 2012 (+5,1%) y 2013 (+4,3%), para crecer poco en 2014 (+2,4%), debido a la fortaleza del euro en el pasado, al estancamiento de Europa  y a la dificultad de ganar nuevos mercados, debido a la incipiente crisis de los países emergentes.

Pero no hay que echar las campanas al vuelo: si el euro se recupera algo, como ha pasado en mayo, las exportaciones pueden estancarse, como pasó en enero y febrero de este año. Además, las exportaciones españolas son muy vulnerables: están en manos de cinco sectores (automóviles, alimentos, textil, medicamentos y aparatos eléctricos concentran el 40% de las ventas exteriores) y de las multinacionales (gestionan el 35% de las exportaciones españolas).

En paralelo, las importaciones también crecen un + 2,5% en el primer trimestre de 2015, pero mucho menos que en 2014 (+15,4%), en línea con la caída de importaciones en 2012 (-2,2%) y 2013 (-2%), cuando hubo pocas compras al extranjero en lo peor de la crisis. Lo que está pasando es que se recupera el consumo de empresas y familias y compran más productos extranjeros, sobre todo coches (las importaciones de automóviles han crecido un 34,1%), bienes de consumo (electrónica y electrodomésticos), material de transporte ferroviario (para AVE) y petróleo: las importaciones de crudo en el primer trimestre han sido de 15,7 millones de toneladas, un récord histórico (aunque cuesten más baratas, por la caída del barril). Con estas compras fuera, nuestro consumo está creando empleo en otros países, no en España.

Al final, como las importaciones son más y crecen menos que las exportaciones, el déficit comercial (import-export) se ha reducido en el primer trimestre de 2015, hasta los -5.524 millones de euros (-14,9% sobre primer trimestre 2014). Aún así es elevado, en línea con  la tendencia de 2014, que cerró con un déficit comercial de  -24.471 millones de euros, el segundo mayor de la zona euro, tras Francia (-67.500 millones) y el tercero de Europa, tras Gran Bretaña (-121.100 millones), superior al de Grecia (-18.900 millones) y Portugal (-9.600 millones). Un balance muy diferente al de otros países europeos, que venden fuera más de lo que compran y que tienen superávit comercial: Italia (+37.100 millones), Irlanda (+32.200 millones), Bélgica (+13.600 millones), Holanda (+57.500 millones) y, sobre todo Alemania (+201.800 millones). Países que compiten mejor y consiguen crear más empleo gracias a sus mayores ventas (y menores compras) en el extranjero.

El problema de España es que, además de tener un déficit comercial tiene un déficit de inversiones: las extranjeras que llegan superan a las españolas fuera en un billón de euros. Y tenemos que “tapar” estos dos agujeros, el déficit comercial y de inversiones, con los ingresos por turismo. Pero no llegan y por eso, año tras año tenemos que endeudarnos con el exterior. Y así, la deuda externa de España (pública y privada) alcanzó los 1,7 billones de euros a finales de 2014, según el Banco de España. Con ello, España tiene la segunda deuda externa mayor del mundo, tras EEUU (4.14 millones de euros), aunque es la mayor si se tiene en cuenta el tamaño de nuestra economía: supone el 160% del PIB, frente al 34% en USA. Un grave problema, por partida doble: limita nuestro crecimiento futuro (hay que crecer para crear riqueza y empleo dentro y para devolver la deuda fuera) y nos hace muy vulnerables: si los mercados se ponen nerviosos y los tipos suben, tendremos que pagar más intereses.

Al final, lo que está pasando es que vuelve el viejo problema de España con el exterior, un problema estructural: cuando crecemos (aunque sea poco), se disparan las importaciones y la necesidad de inversión extranjera, a falta de ahorro interno. Y nos suben el déficit comercial y el déficit exterior (-5.600 millones hasta febrero, aunque en 2013 y 2014 hubo superávit). Es lo que pasó antes de la crisis y lo que empieza a pasar ahora: crecemos “tirando de tarjeta”, endeudándonos, porque consumimos más de lo que producimos.

Hay que cambiar el modelo de crecimiento. Y como en una economía abierta no se pueden impedir ni frenar las importaciones ni el endeudamiento, sólo queda una salida: exportar más y ahorrar más dentro, para no depender tanto de la inversión exterior. Dos objetivos complicados. Fomentar el ahorro pasa por cambiar las políticas fiscales, que ahora lo penalizan, subir salarios y bajar impuestos a la mayoría. Y fomentar las exportaciones es algo complicado, porque todos los países intentan lo mismo (vender más fuera) y el comercio mundial apenas crece, por la crisis de Europa y los países emergentes. De hecho, el comercio mundial de mercancías sólo ha crecido un 2,4% entre 2012 y 2014, el nivel más bajo desde la postguerra mundial (1948), según la Organización Mundial de Comercio (OMC).

Todo apunta a que este año 2015 crecerán poco las exportaciones y aumentarán más las importaciones, sobre todo porque ahora cuestan menos, al haberse devaluado el euro. Pero lo que es seguro es que las exportaciones volverán a restar crecimiento (y empleo) a la economía, como ya pasó en 2014 (restó -0,8% al PIB). El sector exterior quitará un -0,2% al PIB según el Gobierno (Plan de Estabilidad) y un -0,4% según la Comisión Europea (previsiones de mayo). Y tampoco ayudarán en 2016, año en que el sector exterior restará otro -0,1% al crecimiento de la economía, según la Comisión Europea.

Esto no debería ser así, porque necesitamos crecer más para crear más empleo, dado que tenemos más del doble de paro que Europa. Por eso, hay que reanimar las exportaciones como sea. Y hay margen para crecer, porque exportamos la mitad que Italia (con una economía similar) y menos porcentualmente que Bélgica y Holanda (unas economías más pequeñas). El problema es que nuestras exportaciones están muy concentradas en pocas empresas (sólo 22.654 empresas exportaron el 91,7% de lo vendido fuera en 2014), pocos sectores (automóviles y componentes, combustibles, acero y farmaquímica concentran un tercio de las exportaciones) y pocas regiones (dos tercios de las exportaciones salen de Cataluña, Madrid, Andalucía, Valencia y País Vasco). Y además, un 35% de las exportaciones las hacen multinacionales, no empresas españolas. Por eso, el primer gran reto es atraer a la exportación a más empresas españolas, sectores y regiones. Y para ello, habría que poner en marcha un Plan de choque para la exportación, con varias medidas: facilitar la financiación (faltan créditos y avales), aumentar las ayudas a la internacionalización de las empresas (fiscales, asesoramiento y formación, más oficinas en el exterior), fomentar las fusiones de empresas (las grandes exportan el 80% del total), la tecnología e innovación y la industrialización.

Pero hay otros dos retos más de fondo: diversificar lo que se exporta y dónde se vende. Porque la mayoría de lo que exporta España son productos de tecnología baja (alimentos, ropa y calzado) y media (plásticos, metales y automóviles) y sólo un 10% de lo exportado tiene un alto contenido tecnológico, cuando estos productos suponen casi la cuarta parte de la demanda. O sea, exportamos productos de menos valor que otros países y competimos en precio (gracias al recorte de los salarios), no en tecnología y calidad. Y así, vendemos peor e ingresamos menos. Un ejemplo claro es el vino: somos el primer exportador mundial, vendemos casi el doble que Francia pero ingresamos la tercera parte. Y eso porque los franceses venden su vino (por marketing y calidad) a 5,37 euros litro de media y nosotros a 1,1 euros litro (a granel para que luego otros lo embotellen y saquen el beneficio). El otro reto es exportar más fuera de Europa, donde van el 70% de nuestras ventas: queda mucho por hacer (asesoramiento, oficinas comerciales, financiación) para exportar más en Latinoamérica (5,9% de las exportaciones), Asia (6,2%) y África (6,4%), donde está el comercio futuro.

En definitiva, que España no puede resignarse a que pinchen las exportaciones, porque vender más fuera es clave para crecer más  y crear más empleo. Y para reducir nuestra deuda exterior, esa enorme hipoteca sobre nuestro futuro. Hacen falta Planes concretos de fomento de la exportación, con ayudas, asesoramiento y financiación, tras los recortes de Rajoy (quien ha reducido a la tercera parte el presupuesto del ICEX desde 2007). Y hay que cambiar el modelo de crecimiento, para producir con más tecnología y más calidad, fomentando las industrias, las grandes empresas, la tecnología y la innovación en los productos “made in Spain”. Todo esto no se hace de un año para otro, pero hay que empezar ya. Y no pensar en competir sólo por precio, a costa de “tirar los salarios”: nuestro hueco no es ser “la China de Europa” sino “la Alemania del sur”. No lo olvidemos: si queremos más empleo, tenemos que producir mejor y vender más fuera. Si no, otros países crearán empleo a costa nuestra.

jueves, 26 de febrero de 2015

Déficit comercial: vuelve el problema exterior


En 2014, nuestro sector exterior restó crecimiento a la economía, cuando había sido el motor de crecimiento desde 2008 hasta 2013. Las exportaciones han pinchado, tras varios años creciendo mucho, y las importaciones crecen más, al despertar el consumo interno. Con ello, España ha aumentado su déficit comercial, el segundo mayor de la zona euro (tras Francia). Y como hay que tapar este agujero comercial, hemos tenido que endeudarnos más con el exterior. Ya tenemos una deuda externa (pública y privada) de 1,7 billones de euros, el 161,7% del PIB, la mayor del mundo, lo que nos hace muy vulnerables a los mercados e inversores extranjeros. Con el inicio de la recuperación, vuelve el viejo problema de España: cuando crecemos, compramos fuera más de lo que vendemos, tenemos déficit y eso nos obliga a endeudarnos más para taparlo. La solución es cambiar nuestro modelo de crecimiento, ser más competitivos, para exportar más e importar menos. Algo nada fácil.
enrique ortega

2014 ha sido el primer año, desde 2007, en el que el sector exterior (exportaciones e importaciones)  no “tira” de la economía: su aportación al crecimiento (PIB) ha sido negativa (-0,8%), ha restado al crecimiento final de la economía (+1,4%), cuyos motores han sido el consumo interno (+2%) y la inversión (+0,2%). Desde 2008 hasta 2013, el sector exterior ha contribuido positivamente al crecimiento de la economía (entre el +1,5% y el +2,2%), evitando que la recesión fuera mayor, que el PIB y el empleo cayeran más durante la crisis. Pero ahora ya no nos ayuda y todavía este año 2015 restará crecimiento (quitará un -0,3%% al PIB) y en 2016 será neutro (+0%), según las últimas previsiones de la Comisión Europea.

¿Qué ha pasado? Pues dos cosas: que las exportaciones han pinchado y las importaciones crecen más. Empecemos por las exportaciones. Han sido la válvula de escape de las empresas en esta crisis: como no vendían dentro, han tratado de mantener el negocio vendiendo más fuera, bajando precios gracias al desplome de los salarios. Pero ganar mercados año tras año no es fácil, máxime cuando todos los países están en lo mismo y cuando nuestros principales compradores, Europa (70% exportaciones), llevan los dos últimos años estancados, sin apenas crecer. Y aunque la caída del euro (-18,7% frente al dólar en el último año) debía habernos ayudado, sólo beneficia a la mitad de nuestras exportaciones, las que van fuera de la zona euro. Con todo ello, las exportaciones españolas han crecido en 2014 sólo un 2,5%, frente al 4,3% de 2013 y al fuerte tirón de 2011(+16,8%) y 2012 (+15,2%).

Vayamos a las importaciones. Mientras España pasaba lo peor de la recesión (2012 y 2013), el consumo interno estaba por los suelos y se compraba poco, dentro y fuera. Pero en 2014, la baja inflación y la mejora del empleo (escaso y precario) han reanimado un poco el consumo y con ello las compras de productos extranjeros, más coches que máquinas. Y aunque la bajada del petróleo (-46% desde los máximos de junio 2013) ha reducido la factura petrolera (menos de ese 46%, porque el barril se paga en dólares que cuestan un 18,7% más), la depreciación del euro encarece la mitad de lo que importamos. Por todo ello, ha crecido la factura de las importaciones: un +5,7% en 2014, tras caer en 2012 (-2%) y 2013 (-2,2%).

Al final, como las importaciones son más y crecen más que las exportaciones, el déficit comercial (import-export) ha aumentado, cerrando el año en -24.471millones de euros, un 53,4% más que en 2013. Un déficit comercial que es el segundo mayor de la zona euro, tras Francia (-67.500 millones hasta noviembre) y el tercero de Europa, tras Gran Bretaña (-121.100 millones de euros), superior al de Grecia (-18.900 euros) y Portugal (-9.600 euros). Un balance muy diferente al de otros países europeos, que venden fuera más de lo que compran y que por eso tienen superávit comercial: Italia (+37.100 millones), Irlanda (+32.200 millones), Bélgica (+13.600 millones), Holanda (+57.500 millones) y, sobre todo, Alemania (+201.800 millones), que crece y no tiene casi paro gracias a que nos inunda a todos con sus productos.

A este déficit comercial, España ha de sumar otro déficit, el que tenemos en la balanza de inversiones: las inversiones extranjeras en España ganan a las españolas fuera en más de un billón de euros. Dos déficits, dos agujeros, que no se pueden tapar con el superávit de los ingresos por turismo (aunque sean récord, como en 2014: unos 45.000 millones de euros). Y así, el balance final de España con el exterior, el déficit exterior, ha vuelto en 2014: -3.646 millones de euros hasta noviembre, según el Banco de España. Algo que es habitual, salvo en 2013, el primer año que no tuvimos déficit con el exterior desde 1.990.

La acumulación, año tras año, de déficits con el exterior, obliga a España a taparlos pidiendo créditos, con endeudamiento. Y así, la deuda externa de España (pública y privada) alcanzaba los 1,7 billones de euros en septiembre de 2014, según el Banco de España. Con ello, España tiene la mayor deuda externa del mundo tras EEUU (4,14 millones de euros), según el FMI. Pero si se compara con la riqueza del país, nuestra deuda externa es del 163% del PIB, la mayor del mundo (la deuda USA supone el 34% de su PIB). El problema de tener tanta deuda externa es doble. Por un lado, limita nuestra capacidad de crecimiento: hay que crecer para crear empleo y riqueza dentro y para devolver la deuda fuera. Y por otro, nos hace un país muy vulnerable, como han reiterado el FMI y la Comisión Europea: si los mercados se ponen nerviosos o si los tipos suben, tendremos que pagar más para devolver esta deuda.

En definitiva, que ha vuelto el viejo problema del déficit exterior, tras el espejismo de 2013, en que parecía que había desaparecido. Se trata de un problema estructural de España: en cuanto crecemos, se disparan las importaciones y la necesidad de ahorro e inversión extranjeros. Y nos suben el déficit comercial, el déficit exterior y la deuda externa. Es lo que pasó antes de la crisis ( en 2007, el déficit comercial fue de -200.000 millones de euros y el déficit exterior de -106.201 millones) y apunta de nuevo ahora: crecemos “tirando de tarjeta”, endeudándonos, porque consumimos más de lo que producimos. Y así, cuando apunta la recuperación, aparece de nuevo la espada de Damocles del déficit exterior, el síntoma de que España vuelve a crecer “mal”, a crédito.

Hay que cambiar el modelo de crecimiento. ¿Cómo? En una economía abierta, no se puede impedir ni frenar las importaciones ni el endeudamiento. La única salida es exportar más y ahorrar más dentro, para no depender tanto de la inversión exterior. Dos objetivos complicados. Fomentar el ahorro pasa por cambiar las políticas fiscales, que ahora lo penalizan, y mejorar salarios e impuestos.Y potenciar las exportaciones es posible, porque aún tenemos margen para crecer, ya que exportamos la mitad que Italia (una economía similar) y menos porcentualmente que Bélgica y Holanda (economías menores).

El problema de nuestras exportaciones es que están muy concentradas, en pocas empresas (5.000 concentran el 86% de las ventas exteriores), en cinco sectores (automóviles, componentes de automoción, combustibles, acero y farmaquímica concentran un tercio exportaciones) y en cinco regiones (dos tercios de las exportaciones salen de Cataluña, Madrid, Andalucía, Valencia y País Vasco). Por eso, el reto es atraer a la exportación a un mayor número de empresas, sectores y regiones. Para conseguirlo, habría que poner en marcha un Plan de choque para la exportación, con distintas medidas: facilitar la financiación (faltan créditos y avales), aumentar las ayudas a la internacionalización de las empresas (fiscales, asesoramiento y formación, más oficinas en el exterior), fomentar las fusiones de empresas (las grandes exportan el 80% del total), la tecnología e innovación y la industrialización.

Además, España tiene que afrontar dos grandes retos: diversificar lo que exporta y dónde lo vende. Por un lado, la mayoría de lo que exportamos son productos de tecnología baja (alimentos, ropa y calzado) y media (plásticos, metales y automóviles), mientras Alemania vende productos de alta tecnología (industriales), con más valor añadido (más precio) y que compiten no en precio (para eso están los países emergentes) sino en calidad, diseño e innovación (que aseguran ventas más estables). El ejemplo más claro de lo que nos pasa es el vino: somos el primer exportador del mundo, pero ingresamos un tercio que Francia, porque vendemos el vino casi cinco veces más barato. Por otro lado, estamos demasiado centrados en vender a Europa (69,8% de nuestras exportaciones) y falta mucho por hacer en Latinoamérica (5,8% exportaciones), Asia (9,5%) y África (6,8%), donde está el comercio futuro.

En definitiva, que frente a tanta propaganda sobre lo mucho que crecemos, ahí vuelve el viejo problema del déficit exterior para recordarnos que crecemos mal, a crédito, y que eso nos hace un país muy vulnerable frente al exterior, sobre todo en cuanto se inquieten los mercados o suban los tipos de interés. Por eso, no basta con crecer más (es urgente, dado el mucho paro que tenemos) sino que tenemos que crecer mejor, exportando más y con más ahorro interno. Hay que volcarse en la exportación, “mimando” a las empresas para que vendan más fuera. Y para eso, el Gobierno tiene que fomentar una economía más competitiva, facilitando la fusión de empresas, la industrialización, la mejor organización del trabajo, la tecnología y la calidad, para que España pueda vender más no sólo tirando precios (a costa de los salarios). Hay que cambiar el modelo de crecimiento: vender fuera la mitad de lo que producimos (ahora exportamos el 34%), no crecer a costa de comprar fuera de España y endeudarnos. Sólo así saldremos de verdad de la crisis y aseguraremos un empleo estable para el futuro.