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lunes, 8 de junio de 2020

Parches y retraso (político) en la reconstrucción


El próximo domingo cumplimos tres meses de confinamiento, muy suavizado para el 52% de españoles que hoy pasan a fase 3, con Madrid, Barcelona y Castilla y León (los epicentros de la pandemia) ya en fase 2, junto a Lérida, Comunidad Valenciana, Toledo, Ciudad Real, Albacete y Ceuta. Esto aumenta el riesgo de rebrotes, mientras se estabilizan los contagios y bajan los muertos (sin saber cuántos son realmente). Ahora, autonomías y políticos se centran en la desescalada y en recuperar el turismo, un gran riesgo para todos. Y el 22 de junio  llegará la movilidad entre autonomías, otro incentivo para los rebrotes. Mientras, el empleo aumentó en mayo y todo dependerá de que se amplíen (hasta septiembre o diciembre) los ERTEs, donde hay “aparcados” 4,5 millones de trabajadores y autónomos. Un “parche” más, como las ayudas anunciadas para el turismo y el automóvil. Falta un verdadero Plan de reconstrucción, como pactaron el miércoles en Alemania. Pero aquí, algunos prefieren que no salgamos de la recesión para tumbar mejor al Gobierno. Así nos va.

enrique ortega

El coronavirus ha cumplido ya 23 semanas y no se frena en el mundo sino que ha vuelto a batir un récord la semana pasada: 131.900 nuevos contagiados el 5 de junio, según la Universidad Jhons Hopkins, que contabiliza hoy 7.016.794 personas contagiadas en 188 paises. El epicentro de la pandemia ha pasado ya de Europa (2.229.455 contagiados) a América (3.304.500 contagiados), por su importante alcance en Estados Unidos (1.942.363 contagiados, +29.034  diarios), Brasil (691.758, +30.830 diarios), Perú (196.515, +8.875), Chile (134.150, +5.246 diarios), México (117.103, +3.593), Canadá (97.178), Ecuador (43.120), Colombia (36.759) o Argentina (22.020 contagiados). En Europa destacan Rusia (467.073 contagiados, +8.984 diarios), Reino Unido (287.621, +1.577 diarios), España (241.550 contagiados, +102 diarios), Italia (234.998, +270), Francia (191.102, +579) y Alemania (185.750, +301 diarios). La pandemia ha causado ya 402.874 muertos en el mundo, sobre todo en Estados Unidos (110.514), Reino Unido (40.625), Brasil (36.455), Italia (33.899), Francia (29.158), España (27.136), México (13.699), Bélgica (9.595) y Alemania (8.685 fallecidos).


En España, tras 12 semanas de confinamiento, el coronavirus parece bajo control, aunque han repuntado algo los nuevos contagios (+71 el lunes 1, +219 el miércoles, +177 el viernes y +102  ayer domingo), que siguen apareciendo en Madrid, Cataluña, las dos Castillas  y Aragón. Y crecen también los nuevos hospitalizados (+245, +221, +162 y + 148), mientras son muy escasos los enfermos que ingresan en UCIs (+9, +10, +14 el viernes y ayer), aunque los datos “bailan” cada día por retrasos en la información de las autonomías. El problema lo seguimos teniendo con los muertos, desde que el 25 de mayo se cambiaron las estadísticas. La semana pasada hubo dos días (lunes y martes) “sin ningún muerto” por coronavirus, 1 el miércoles, 5 el jueves, y 1 el viernes, sábado y ayer domingo, aunque Sanidad contabiliza 72 muertos la última semana y 27.136 en toda la pandemia. Pero Estadística (INE) acaba de publicar que hubo una  mortalidad extra en España (del 9 de marzo al 10 de mayo) de +48.500 fallecidos y lo lógico sería pensar que la mayoría se deben al coronavirus. Eso indicaría que hay 20.000 muertos extras no contabilizados en las cifras oficiales, que sólo incluyen los fallecidos tras una prueba PCR (criterio OMS).


Con estos datos poco homogéneos y dispares de contagios, hospitalizados y muertes, afrontamos las dos últimas semanas del estado de alarma, en medio de una carrera de las autonomías por la desescalada y la vuelta a una normalidad que no lo será. Hoy, 12 autonomías y el 52% de los españoles pasan ya a la fase 3 (ver mapa), donde serán las autonomías quienes gestionen la desescalada y una alta movilidad,  lo que multiplica el riesgo de rebrotes, que siguen apareciendo, ligados a fiestas familiares, comidas, viajes y temporeros. Y pasan a la fase 2 las zonas epicentro de la pandemia (Madrid, las provincias limítrofes de Castilla y León, Barcelona) más Lérida, Comunidad Valenciana, Toledo, Albacete, Ciudad Real y Ceuta (por precaución), el 48 % de españoles restantes, con ciudades muy pobladas y transportes masivos que pueden acarrear nuevos contagios. Pero lo más preocupante llegará el lunes 22 de junio, cuando termine el estado de alarma y se permita la movilidad entre autonomías,  los viajes que podrían trasladar el virus otra vez.


Avanzamos en la desescalada, pero casi  tan a ciegas como al principio, porque el 94,8% de los españoles no se han contagiado, no tienen anticuerpos frente al coronavirus, según la 2ª oleada del Estudio de seroprevalencia.  Y recordemos que un tercio de los portadores del virus son asintomáticos, no saben que están contagiados y contagian. Otro problema de fondo es que no se están haciendo suficientes test (59,9 test PCR por 1.000 habitantes), porque los centros de atención primaria no tienen capacidad y tenemos un embudo en los laboratorios para analizar las pruebas. Además, hay muchas diferencias regionales, según Sanidad (ver cuadro): la Rioja ha hecho 107,2 test PCR por 1.000 habitantes, Asturias 99,7, Madrid 91,9 (ha hecho 76.314 la última semana), Cataluña 68 y Andalucía 24,6 o Murcia 28,8, con lo que pueden tener muchos asintomáticos sin saberlo. Otro tema preocupante es la escasa capacidad de las autonomías más pobladas (Madrid y Cataluña, sobre todo) para detectar y  seguir los nuevos contagios, para  frenar los posibles rebrotes.


Con todas estas incertidumbres, la mayoría de las autonomías siguen en la loca carrera por avanzar en la desescalada, pidiendo una mayor movilidad entre sus provincias y con autonomías limítrofes (Galicia con Asturias y Portugal, Cantabria con Euskadi ) y acelerando la apertura de sus playas, para captar el turismo interior primero y luego el extranjero. Y una carrera por acelerar la normalidad en negocios, comercios e incluso colegios, mientras hay Clubes que no se cortan en pedir partidos de fútbol con público

Con todo, la gran carrera, en Europa y en España, está en abrirse al turismo extranjero. Los paises mediterráneos más débiles, desde Grecia a Croacia, pasando por Portugal o Malta, ya han abierto sus fronteras al turismo extranjero, aprovechando que la pandemia les ha dañado menos que a Italia, España o Francia (hasta ahora, porque el virus sigue ahí). Y los tour operadores, alemanes y británicos, presionan a sus paises y a España para que se abran al turismo extranjero cuanto antes, para no perder negocio. Y presionan en Bruselas para crear “pasillos seguros” entre paises (lo único “seguro” es no viajar). En España, la poderosa industria turística presiona al Gobierno para que abra los vuelos y el turismo extranjero desde el 22 de junio, al menos en Baleares y Canarias, una semana antes del 1 de julio, cuando el presidente Sánchez prometió abrir España al turismo extranjero.


La apertura al turismo, nacional y extranjero, va a ser todo un test para el sistema sanitario y su capacidad de detectar brotes, dado que más de la mitad de españoles toman vacaciones y que el año pasado nos visitaron 20 millones de extranjeros entre julio y agosto (con que vengan sólo 5 millones, es un reto enorme).Está claro que el turismo es clave para el empleo y la economía, pero si no se tiene especial cuidado y hay rebrotes, podemos “matar la gallina de los huevos de oro” para muchos años. Y sobre todo, poner en peligro muchas vidas.


Mientras todo el mundo tiene la vista puesta en la desescalada y  las vacaciones, la recesión económica sigue ahí, con nuevas empresas en apuros, aunque también con una mejoría del empleo en algunos sectores, por la vuelta a la actividad. De hecho, en mayo se crearon 187.814 empleos, sobre todo en la construcción, la industria, el campo y la hostelería, según los datos de afiliación de la Seguridad Social. El balance de la pandemia (entre el 11 de marzo y el 31 de mayo) son ahora -760.082 empleos perdidos. Y eso gracias a los empleos “remansados” en los ERTES (de los que han salido 457.909 trabajadores en mayo, quedando ahora 2.998.970 trabajadores) y en la prestación extraordinaria para autónomos (donde cobran ayudas 1.508.185 autónomos, tras volver s su actividad 131.146 en mayo). 


Ahora, el temor es qué va a pasar a finales de junio con estos 4,5 millones de trabajadores y autónomos que tienen su empleo “temporalmente salvado”. La patronal quiere que el Gobierno amplíe los ERTEs y la suspensión temporal de actividad de los autónomos hasta diciembre, pero el Gobierno prefiere ampliarlos hasta septiembre y luego estudiar caso por caso, para evitar “abusos” y sobre todo porque la factura es muy elevada: 11.000 millones de euros gastados de marzo a mayo, entre ayudas y exenciones y moratorias de cuotas, a las que añadir otros 6.750 millones en junio. Y las múltiples ayudas por otras vías a empresas (créditos y avales), trabajadores y familias (hipotecas y alquileres), más los 3.000 millones anuales que costará el ingreso mínimo vital (desde junio). 


El Gobierno quiere aprobar esta semana un Plan de ayuda al sector del automóvil, tras  haberse desplomado su fabricación y ventas con la pandemia: entre marzo y mayo se matricularon 76.144 turismos, casi la quinta parte que el año pasado (367.699). Y el sector teme que este año se venderán unos 725.000 coches, casi la mitad que en 2019 (1.258.260). Peligra así la tercera industria del país (tras turismo y alimentación), que aporta el 10% de la riqueza (PIB) y mantiene 2 millones de empleos, ahora en peligro, como se ha visto con la anunciada marcha de Nissan en diciembre. El Gobierno pretende recuperar el Plan de apoyo al sector que aprobó en febrero de 2019 y que no pudo aplicar por las dos elecciones y la falta de Presupuesto. Aprobará nuevas ayudas (Plan Moves 2) para comprar coches eléctricos (entre 4.000 y 5.500 euros por coche, aunque sólo habrá 65 millones) y 2.634 millones de inversión pública para movilizar 10.000 millones de inversiones en el sector hasta 2025.


Otro Plan que espera aprobar el Gobierno, el 17 de junio, son ayudas al sector turístico. Por un lado, 151 millones a fondo perdido para “la transformación digital” del sector, y por otro, avales para movilizar 2.500 millones de créditos ICO para las empresas. La patronal turística lo considera “insuficiente” y piden un Plan con 35.000 millones de euros, la cuarta parte del Fondo prometido por Bruselas. Parece razonable si el turismo es la primera fuente de riqueza en España, porque aporta el 12,3% del PIB y mantiene 2.622.000 empleos (1 de cada 8). Y sobre todo, ingresa 92.278 millones de euros en divisas (2019), con las que luego pagamos el petróleo y las importaciones. Este año, con la pandemia, ya hemos perdido -19.112 millones de ingresos por turismo y podríamos perder -51.500 millones en todo 2020,  lo que nos colocaría (como advierte aquí el Banco de España) en una situación de déficit de balanza de pagos, por primera vez desde 2011, un histórico problema de España que habían corregido el turismo y las exportaciones. 


Ambos Planes, el de apoyo al automóvil y al turismo, son “parches” temporales, a la espera de que lleguen las ayudas europeas del Fondo de reconstrucción, esos 140.000 millones que no estarán disponibles hasta 2021 y 2022. Y mientras, el Gobierno va tapando “agujeros” (ERTES, autónomos, ayudas a familias, alquileres, ayudas contra la pobreza), sumando gastos sin saber cómo los va a pagar. De momento con deuda, 300.000 millones este año (110.000 más de lo previsto), gracias a la ayuda inestimable del Banco Central Europeo, que aprobó el jueves comprar otros 600.000 millones más de deuda pública y privada europea hasta junio de 2021, con lo que serán 1,3 billones en total, lo que da una mayor tranquilidad a España, Italia y Francia, los tres paises que más se van a endeudar con la pandemia.


Pero la deuda tiene un límite y también los gastos y el déficit público que vamos acumulando, que podría no ser del -10,3% del PIB previsto por el Gobierno para 2020 sino del -14% del PIB, según ha advertido el jueves la Agencia independiente fiscal (AIReF). Un “agujero” tremendo, que podría ser mayor si se aprueba un Plan de reconstrucción, como aprobó Alemania el miércoles, con el pacto entre la derecha (CDU y CSU) y los socialistas (SPD), un Plan de 130.000 millones de euros para reactivar la economía alemana: rebaja del IVA (del 19 al 16% y del 7 al 5%), 10.000 millones para los Ayuntamientos, ayudas para la compra de coches eléctricos (de 3.000 a 6.000 euros), 50.000 millones para innovación, 300 euros de ayuda por hijo, 6.000 millones de rebajas fiscales a la inversión, 25.000 millones de créditos a las pymes y recorte del 40% en las cotizaciones sociales para 2021.


España debería aprobar un Plan de reconstrucción similar, integrando en él las medidas y ayudas ya aprobadas y otras nuevas. La clave no es sólo qué gastos hacer, a quién ayudar, cuáles son las prioridades de la reconstrucción sino, sobre todo, cómo se paga. Porque la gran diferencia con Alemania es que ellos pueden pagarse este Plan y la billonaria ayuda ya destinada  a la reconstrucción (994.500 millones hasta el 10 de mayo, según la Comisión Europea) porque tienen superávit presupuestario (+49.788 millones en 2019) y España tiene déficit (-35.195 millones en 2019), además de no tener casi deuda (59,8% del PIB frente al 95,5% España en 2019) y ser más ricos (+9.400 euros por habitante). Y, sobre todo, Alemania puede pagar mejor su reconstrucción no porque sean más austeros (gastan más que España: el 45,4% del PIB frente al 41,9% nosotros) sino porque recaudan más que España, no porque sean más ricos, sino en porcentaje a su riqueza: ingresan el 46,8% del PIB frente al 39,1% del PIB que recauda España. O sea, que si la Hacienda española fuera tan eficiente como la alemana, España recaudaría 95.890 millones más cada año. Por eso, porque aquí no se recauda como en Alemania tenemos más déficit y más deuda y podemos gastar menos en la necesaria reconstrucción de la economía.


Este es el debate que no oímos a los políticos: cuánto necesitamos gastar en la reconstrucción y cómo podemos pagarlo, con más ingresos y deuda, más la ayuda tardía que nos venga de Europa. Esto es en lo que debería trabajar el Congreso, en lugar de las peleas políticas y el acoso a un Gobierno legalmente constituido. Hace falta un pacto político a varios años, para acordar las prioridades en las ayudas, la recomposición de la sanidad y el Estado del bienestar, las inversiones necesarias para modernizar el país y sacarlo de la recesión. Y un pacto sobre la deuda, el déficit y los ingresos públicos, para conseguir recaudar como alemanes y europeos, lo que exige que la mayoría paguemos lo mismo y una minoría que ahora paga pocos impuestos (multinacionales, grandes empresas, bancos y los más ricos) paguen más, una reforma fiscal que urgía ya antes de la pandemia. No es fácil, pero urge pactar un Plan de reconstrucción como ha hecho Alemania. Hay que olvidar el enfrentamiento constante y sumar esfuerzos para salir de la recesión.


El Pacto no parece posible, a la vista del comportamiento del PP, azuzado por VOX. Pero debemos saber que si no pactamos la reconstrucción, nos la impondrán desde fuera, o los mercados (con otra crisis de nuestra deuda) o Europa, los paises “austeros” (y ricos) del Norte, que condicionarán sus ayudas a nuevos recortes, en caso de que no consigamos recaudar más y pactar aquí una salida de la crisis. Algunos buscan el “cuanto peor mejor”, para tumbar al Gobierno gracias a la recesión. Pero es una vía peligrosa para los españoles: obligará a ajustes y retrasará la recuperación. Avisados estamos.

lunes, 23 de marzo de 2020

Los sueldos crecen menos (y se congelarán)


La vida sigue, a pesar del coronavirus, y siguen publicándose las estadísticas económicas. La semana pasada, el INE difundió la subida de salarios a finales de 2019: un +1,8%, la menor subida en el último año, debido al debilitamiento de la economía. Y todo apuntaba a que en 2020 subirían aún menos. Pero ahora, con el coronavirus, la situación cambia drásticamente: bastante será que los salarios no caigan, conseguir que se paguen primero y luego se congelen, hasta que se reconstruyan las empresas y la economía. Pero no se puede utilizar la pandemia para devaluar los salarios, como pasó en la crisis de 2008, porque eso agravaría la recesión. Y hay que reflexionar sobre un hecho: los salarios pierden peso, han crecido menos de la mitad que la economía en 22 de los paises más ricos, incluida España, donde los salarios han perdido peso frente a los beneficios empresariales. Hay que salvar la economía tras el coronavirus y luego “repartir mejor el pastel”. No como en la última crisis.

enrique ortega

Las subidas de salarios ya se habían moderado antes de llegar el coronavirus. En los convenios firmados este año 2020, entre enero y febrero, las subidas pactadas han sido un +1,97%, inferiores a la subida acordada en todo 2019, que fue del +2,28%, según las estadísticas del Ministerio de Trabajo. Pero estos datos no son representativos de lo que está pasando de verdad con los salarios, porque cada vez se firman menos convenios (3.536 en 2019) y afectan a menos trabajadores (10.001.480 en 2019, un millón menos que en 2018). Y eso porque muchas empresas y trabajadores (hay 16,84 millones de asalariados) no negocian convenios, sobre todo en las pymes, y hay muchos trabajadores “fuera de convenio” (eventuales, por horas, en prácticas…).


Por eso, es más representativa la subida salarial que refleja el INE, en su Encuesta trimestral de coste laboral. La última, publicada el martes pasado, indica que la subida salarial media fue del +1,8% en el cuarto trimestre de 2019, menos que en los trimestres tercero (+1,9%) o segundo (+2,1%) y similar al primero (+1,7%). Eso da una media de 2.075 euros al mes de coste salarial por empleado, más 625,98 euros de cotizaciones por trabajador y 51,74 euros de otras prestaciones.  Además, como los asalariados trabajan ahora más horas (29,4 horas semanales efectivas, un 0,3% más), resulta que el coste laboral por hora trabajada, 16,24 euros de media, subió sólo un +1,4% en 2019.


Esta subida salarial media del +1,8% no ha sido homogénea, sino que varía según las ramas de actividad: +0,7% en la industria, +2,3% en la construcción (porque faltan operarios cualificados, lo que ha subido sus sueldos) y +2% en los servicios. Y también según los sectores donde se trabaje: han subido más en la educación y finanzas (+4,8%), agua (+4,2), inmobiliarias (4,1%), administrativos y sanitarios (+3,9%) y menos en el comercio (+1,4%) y la hostelería (+1,8%), según el INE. Y por autonomías, los salarios han subido más en Galicia (+4,4%), Aragón (+4,3), Andalucía (+3,2%), Extremadura,, Navarra y Cataluña (+3%) y menos en Canarias (-1%), Castilla la Mancha y  Madrid (+0,8%), Baleares y Murcia (+1,2%), sobre todo por la menor llegada de turistas a algunas zonas.


Un dato importante, que modera las subidas de sueldos, es que los nuevos empleos llegan con sueldos más bajos que los antiguos. Así, un Informe de Adecco e Infoempleo revela que un 56% de las empresas reconocen que pagan menos a los nuevos empleados que a los antiguos que tienen en plantilla: los salarios de los trabajadores con menos de 1 año de antigüedad son, de media, un 23% inferiores a los que llevan más de 10 años en la empresa: 20.086 euros anuales frente a 28.598 euros, para el mismo puesto de trabajo. También varían mucho las subidas según las categorías, con aumentos superiores al 4% en directivos y mandos intermedios. Y en el caso de las grandes empresas del IBEX 35, la diferencia entre los sueldos más altos y el sueldo medio es de 123 veces. Y visto de otro modo: los primeros ejecutivos de estas grandes empresas ganaron 4,4 millones de euros de media frente a un salario medio de sus plantillas de 35.810 euros, según el último estudio de Oxfam Intermón.


El salario medio de los trabajadores españoles apenas aumentó entre 2008 (1940 euros de media mensual) y 2014 (1991 euros), lo que significa que cayó en realidad porque una parte se lo comió la inflación, según los datos del INE. Luego ha ido subiendo poco a poco, año tras año (cayó en 2016) para quedar en 2020 euros en 2017, 2039 en 2018 y 2075 euros de media en 2019, 135 euros mensuales más que en 2018. Es un aumento del +6,9% en once años, que se ha comido con creces la inflación (el IPC ha subido un +16% desde 2008). A lo claro: que hemos perdido un -9% de capacidad adquisitiva, que en realidad ganamos un 9% menos que antes de la crisis, a pesar de estos 6 años de crecimiento y recuperación.


El sacrificio salarial hecho por los trabajadores es evidente y no se compensa todavía con las subidas de sueldos de los últimos años, que han ido en aumento: del +0,50% que subieron de media en 2014 al +1,44% en 2017, el +1,73% en 2018 y el +2,28% de 2019. Con ello, España se sitúa por detrás de las subidas salariales en Europa, que fueron del 2,8% en el cuarto trimestre (aquí el 2,40%), según el dato publicado por Eurostat el miércoles pasado. Y además, los salarios suben menos en España que en Alemania (+2,7%), Suecia (+2,8%), Portugal (+4,4%) o Reino Unido (+2,8%), aunque más que en Italia (+1,3%) o Francia (+1,4%). Pero contando las horas trabajadas, el salario por hora en España (21,5 euros por hora) es el más bajo de los grandes paises europeos: 26,9 euros/hora en la UE-27, 43,5 euros en Dinamarca, 36,7 euros en Suecia, 35,9 euros en Francia, 34,6 euros en Alemania, 33,6 euros en Finlandia, 32,1 euros en Irlanda y 28,2 euros en Italia, según Eurostat. Y además, la “brecha salarial”, la diferencia entre el coste laboral por hora de Alemania y España ha aumentado con la crisis: si en 2008 ganábamos el 69,5% que ellos, ahora ganamos el 62,13%.


Cara a los sueldos de este año 2020, la previsión era que subieran poco, dado que la actividad iba a crecer menos este año (el 1,6% frente al 2% que creció el PIB en 2019). La previsión del Gobierno era que los sueldos subieran un 2,2% en 2020 (frente a un 2,1% en todo 2019), pero la media de los expertos ya rebajaba la subida al +1,7% y Funcas incluso al +1,1%, a la vista de la desaceleración de la economía. Pero con el coronavirus, todas estas previsiones son ahora “papel mojado”. De momento, no se negociarán apenas convenios y bastante será conseguir que las empresas paguen los sueldos este mes y los siguientes (para eso van a tener ayudas y créditos con aval público). Pero me temo que muchas empresas hablarán de su pésima situación económica para defender una bajada de  salarios para evitar más despidos. Plantearán otra “devaluación salarial como la aplicada en 2008-2014, gracias a la reforma laboral de Rajoy.


El Gobierno y los sindicatos deben impedir que se retrase el pago de sueldos y una bajada generalizada de salarios, porque agravaría la recesión y dificultaría la reconstrucción de la economía y el país, al hundir aún más el consumo (que aporta el 60% del crecimiento del PIB). Una postura realista sería congelar los salarios actuales hasta que la situación mejore y, sólo en casos excepcionales, aceptar cobrar una parte del salario (temporalmente y recuperándolo después) para asegurar el empleo. Y en las empresas que han aumentado sus ventas con el coronavirus (supermercados, comercio electrónico, transportes y algunas tiendas), los empresarios deberían compensar con aumentos extras de sueldos, como ya han hecho Mercadona o Amazon.


La clave de esta pandemia del coronavirus es salir de ella vivos y con empleo. Y si hay que hacer sacrificios, los hagamos todos, las empresas en sus beneficios y los trabajadores en sus salarios, congelándolos temporalmente, porque si caen profundizarían la recesión. Va a ser más necesario un Pacto social entre patronales y sindicatos, con acuerdos globales pero dejando una enorme flexibilidad empresa a empresa, para que pagar los salarios no sea un motivo de cierre. Para eso debe estar, entre otros destinos,  la financiación con avales públicos del Paquete de medidas extraordinarias aprobado por el Gobierno.


Todos tenemos que evitar que se repita la injusticia de la pasada crisis, donde los salarios han sido los grandes paganos del ajuste. Algo que se remonta incluso a las décadas anteriores, a finales del siglo XX y todo el siglo XXI, según ha demostrado el economista Thomas Piketty en su libro “El capital del siglo XXI”: los rendimientos de capital llevan décadas creciendo más que el PIB y más que el factor trabajo. Esa es la causa del aumento de la desigualdad en el mundo. Y lo confirma un estudio publicado en febrero por la prestigiosa consultora McKinsey: en lo que va de siglo, los salarios han crecido menos de la mitad que la economía en 22 de los paises más ricos del mundo, entre ellos España. Entre 2000 y 2018, el salario medio de estos paises desarrollados creció a un ritmo anual de sólo el +0,7% frente a un alza del PIB global del 1,6%. En dos paises (Grecia y Portugal), los sueldos llegaron a caer (un -0,2% en ambos casos) y en España aumentaron sólo un 0,2%, según el estudio de McKinsey.


En resumen, que mientras la economía crecía, los salarios aumentaban menos y perdían peso, se llevaban un trozo menor del “pastel” de la economía, en favor de los beneficios de empresas e inversores. Es lo que indican las cifras anuales del PIB en España, según la Contabilidad Nacional del INE: los salarios suponían un 49,04 % del PIB en 2008 (544.126 millones de euros) y en 2019 supusieron el 45,83% del pastel (570.538 millones, 26.412 más que en 2008, pero el PIB creció más). Y en contrapartida, el excedente bruto de explotación (beneficios empresariales y otras rentas) subió ligeramente, del 43,05% en 2008 (477.690 millones) al 43,86% en 2019 (546.066 millones, 68.376 más de beneficios). Y también subía el resto del PIB, que son impuestos y otros ingresos. 


Este fenómeno, que los salarios “pierdan peso” en la economía ha sucedido en toda Europa, donde el peso de los salarios es menor que hace una década: ha caído del 56,9% sobre el PIB en 2009 (sin contar impuestos, solo salarios y beneficios empresariales) al 56,2% en 2018, según los datos publicados en febrero por la Comisión Europea. Y ahí vemos que España es el 7º país donde los salarios han perdido más peso en la economía (-4,2%) entre 2009 y 2018, sólo por detrás de Irlanda (-19,2%: una devaluación salarial que junto a las rebajas fiscales a las multinacionales explica “el milagro celta”), Croacia (-10,8%), Chipre (-6%), Portugal (-5,5%), Malta (-5,3%) y Grecia (-4,5%). Como se ve, los paises del sur y sus trabajadores son los mayores paganos salariales de esta crisis. Y enfrente, los salarios no perdieron peso en Alemania y apenas en Suecia y Austria (-0,1%), Francia (-0,2%) o Italia (-0,8%). Dos maneras muy diferentes de repartir la crisis entre los europeos.


Ahora, cuando nos viene encima otra recesión por el coronavirus, en España y en Europa, hay que intentar desde el principio que esta historia no se repita, que los sacrificios se repartan y que la reconstrucción no cargue (otra vez) sobre el sueldo de los trabajadores. Ahora hay que salvar vidas, empresas y empleos, pero mañana, cuando empecemos a doblegar al virus, hay que alcanzar un gran Pacto social, unos nuevos Pactos de la Moncloa, el acuerdo que cambió España hace más de 40 años (en octubre de 1977). Y será fundamental no sólo recomponer empresas y empleos sino mantener los salarios en lo posible, no volver a devaluarlos mientras se recuperan los beneficios empresariales, como ha pasado en la última crisis de 2008. Porque unos salarios “decentes” son "la gasolina" de la reconstrucción, que se puede iniciar cuando España vuelva a la normalidad. Hay que mirar hacia adelante, salir de este agujero del coronavirus, pero “aprendiendo del pasado”, con solidaridad y repartiendo los costes y el futuro crecimiento. Entre todos y con justicia.