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jueves, 31 de julio de 2025

Cinco libros para entender mejor nuestro mundo

Cada verano acostumbro a recomendar algunos libros que yo he leído antes y que me parecen de interés para comprender mejor la economía y nuestro mundo. En una sociedad de tuits y memes, falta dedicar tiempo a la lectura sosegada de libros que explican el trasfondo de los problemas y plantean alternativas, como los 5 libros que aquí recomiendo. Uno, del Nobel Stiglitz, es una crítica detallada del capitalismo neoliberal, que explota a consumidores, trabajadores y medio ambiente, proponiendo un capitalismo “progresista” (socialdemócrata). Otro libro aborda los paraísos fiscales y cómo los ricos esconden su dinero. El tercero reflexiona sobre el tiempo y su reparto, a propósito del recorte de la jornada de trabajo. El cuarto analiza las redes sociales y explica cómo han provocado polarización y derechización política, manipulando conductas y elecciones. Y el último libro explica claramente cómo funcionan los algoritmos y la inteligencia artificial, tan imprescindible como peligrosa. Miren a ver si alguno les interesa. ¡Buen verano¡


El primer libro, “Camino de libertad. La economía y la buena sociedad” es el último publicado por Josep E. Stiglitz, un divulgador economista estadounidense que ganó el Premio Nobel en 2001. Parte de analizar que la derecha se ha apropiado de la palabra “libertad, en EEUU y en el mundo (es la palabra favorita de la presidenta Ayuso) y que eso significa la defensa de un modelo económico y social que defiende la libertad de mercado para “explotar” a los consumidores, trabajadores y al medio ambiente”. Stiglitz analiza el concepto de libertad económica desde los economistas clásicos hasta los neoliberales actuales, para desvelar las consecuencias de las políticas “neoliberales” en EEUU y en el mundo, que han provocado explotación, desigualdad y un enorme poder de las grandes corporaciones, en perjuicio de la mayoría de la sociedad y del Planeta. Y llega a plantear que este tipo de economía pone en riesgo la propia democracia.

Lo interesante no es sólo que Stiglitz disecciona los males del capitalismo neoliberal actual y el poder incontrolado de las grandes plataformas de Internet sino que plantea alternativas, otro modelo económico, un “capitalismo progresista” (socialdemócrata), que ponga la economía al servicio de la sociedad y limite el poder de las grandes corporaciones, fomentando la competencia y una economía sostenible, con reglas, instituciones públicas potentes y una menor desigualdad, recuperando la libertad de verdad, pero la libertad de la mayoría frente a la concentración de poder de una minoría cada vez más rica y menos democrática. Y todo ello escrito antes de la 2ª llegada al poder de Trump, que este libro ayuda a entender mejor.

El segundo libro, “Donde se esconde el dinero. Cómo los ricos atracan al mundo”, es el fruto de una larga investigación de la periodista suiza-iraní-canadiense Atossa Araxia Abrahamian. El libro desvela un universo paralelo de estrategias empresariales y fiscales para que los millonarios y las grandes empresas desvíen su dinero a cerca de 6.000 paraísos fiscales que dibujan una “geografía oculta”, un mundo paralelo donde las acrobacias legales y la contabilidad creativa permite la opacidad de los poderosos. El libro sigue una ruta, desde Ginebra a los puertos francos y ciudades y zonas libres de impuestos, deteniéndose en Luxemburgo, Singapur y sobre todo Dubái, el mayor paraíso fiscal donde radican hoy múltiples empresas y sociedades financieras de todo el mundo.

En paralelo a todos esos paises que están al margen de la fiscalidad “normal”, el libro aborda otros componentes de este “mundo paralelo, como los paises donde se registran la mayoría de los barcos mercantes (Liberia, Panamá, Bahamas), los paises que acogen fábricas (o presos) de terceros paises y las ciudades que se construyen sólo para absorber el juego, la prostitución o el contrabando de paises vecinos (como en la frontera de Laos con China). Se trata de una investigación sin precedentes, que descubre un mundo paralelo al que conocemos, construido y moldeado por las grandes fortunas, empresas, multinacionales para escapar de los impuestos y comportarse sin apenas normas ni regulación. Asusta.


El tercer libro, “La política del tiempo”, lo ha escrito el profesor británico Guy Standing, famoso por su defensa de “la renta básica universal”. Aquí, el economista analiza el papel del tiempo de trabajo en la historia, desde la antigüedad (los griegos distinguían entre “laborar” y trabajar) a la Edad Media y al tiempo en la era industrial, el primer periodo de la historia donde el capitalismo controló férreamente el horario de los trabajadores. Y posteriormente, el uso del tiempo en la sociedad modera, dominada por los servicios, donde los trabajadores dedican su jornada a realizar múltiples actividades, dentro y fuera de su jornada laboral. Standing es muy crítico sobre la imposición del tiempo de trabajo y la escasez de tiempo de ocio que no se dedique al consumismo y a las redes sociales e Internet.

El libro analiza cómo la pandemia ha sido un punto de inflexión en la valoración del tiempo, porque mucha gente ha reflexionado sobre su trabajo y su vida. Y Standing propone otra concepción del trabajo y del tiempo, analizando las propuestas de reducción de jornada (a 4 días semanales de trabajo) y defendiendo una sociedad más “emancipada del tiempo”, que vuelva a distinguir entre trabajar y hacer cosas (como los griegos), participar en actividades comunales y formativas, en un ocio creativo. En lugar de buscar un crecimiento sin límite del PIB y del consumo, el autor defiende que el Estado promueva “un tiempo lento”, la democracia deliberativa y la actividad comunal como trabajos “des mercantilizado”. Al final, más que un libro sobre el tiempo es una reflexión sobre la vida que llevamos.


El cuarto libro, “Las redes del caos”, es una impresionante investigación sobre la evolución de las redes sociales, escrito por Max Fisher, periodista del New York Times. Un análisis detallado del funcionamiento de las redes sociales, omnipresentes en el mundo (Facebook tiene 3.000 millones de seguidores, YouTube 2.540, Instagram 2.000 millones y WhatsApp otros 2.000 millones) y cómo provocan violencia social, creciente polarización, radicalización y que han gestado el auge de la extrema derecha en todo el mundo. El autor hace un seguimiento a las principales redes (sobre todo a Facebook) y explica cómo han ido cambiando la sociedad, apoyados por unos algoritmos que buscan y promueven los comentarios más extremos para tener más seguidores y ganar más dinero con la publicidad.

Lo más interesante del libro es que sigue paso a paso la evolución de las redes, desde su inicio (2008) hasta hoy y explica todo lo que han hecho para captar más seguidores y conseguir más negocio, aunque eso suponga promover una guerra civil en Birmania (ayudando al exterminio de los rohinyás), en Sri Lanka, la India, Indonesia, Alemania o Estados Unidos, donde han promovido conflictos y muertes. Y, sobre todo, explica que todo esto no es casualidad, sino que se debe al algoritmo de las redes, que promociona las opiniones más extremas para conseguir más clics (y más ingresos). Es clave su análisis de cómo las redes han fomentado a la extrema derecha en todo el mundo y cómo han aupado a Trump, promoviendo el ataque al Capitolio y poniendo en peligro la democracia. Como reflexión, el autor revela que todo esto se podría cambiar, modificando el algoritmo. Pero eso recortaría el negocio y el poder de las grandes tecnológicas que están detrás de las redes. Y que manipulan el mundo.

El quinto libro, “Esclavos del algoritmo. Manual de resistencia en la era de IA”, escrito por la periodista española Laura González de Rivera, analiza también las redes sociales pero va más allá, profundizando en la Inteligencia Artificial (IA) y su evolución en los últimos años, con un lenguaje sencillo y comprensible. Analiza sobre todo el papel de los algoritmos, esas instrucciones que están detrás de las redes sociales y la IA y que son “peligrosos”, porque en muchos casos fomentan los bulos y la desinformación o la violencia, el machismo y la xenofobia) o sesgos varios si se utiliza la IA  para contratar a alguien, conceder un crédito o decidir una vigilancia policial o una libertad provisional. Y explica el nefasto papel de los algoritmos en algunos comportamientos (forzando a internautas a atentar contra la reina de Inglaterra, por ejemplo, o a suicidarse) , en la derechización de los paises y en el auge de la extrema derecha o en la llegada al poder de Trump y Bolsonaro.

La autora defiende la Inteligencia Artificial (IA) si se utilizan los algoritmos y la tecnología para beneficiar a los ciudadanos (y no a las grandes tecnológicas), lo que exige atacar los monopolios actuales (disgregando empresas: Facebook, Instagram y WhatsApp son propiedad de Meta), intentando “democratizar la IA”, algo que ahora no sucede porque su logística, sus bases de datos y sus algoritmos son inaccesibles para Gobiernos y expertos y los controlan un reducido grupo de oligarcas tecnológicos (blancos y superricos) a los que les molesta la democracia (y por eso financian y apoyan a autócratas como Trump). Hace falta también una legislación que controle la IA (como la ha aprobado Europa), educar a la población (para conocer los riesgos) y una “ética” en la configuración y control de los algoritmos (las plataformas no pueden ser éticas, porque sólo buscan el beneficio). Al final, el libro aporta una sentencia clave: lo que puede ser verdaderamente peligroso no es la IA ni los algoritmos sino las personas que hay detrás. Por eso hay que controlarlas.

Bueno, espero que alguno de estos 5 libros te interese. ¡Buen verano y hasta septiembre¡

martes, 5 de noviembre de 2024

Este Blog cumple 14 años

Ayer se cumplieron 14 años desde que empecé a publicar este Blog, el 4 de noviembre de 2010, en lo peor de la crisis financiera en España y Europa. Son ya 1.367 artículos y dibujos (muchísimas gracias, Enrique Ortega, por tu “ilustrada ayuda” estos años…), dos artículos por semana (lunes y jueves), sin fallar ni una (salvo en agosto, por vacaciones). Son una crónica de nuestra historia reciente, desde la grave crisis económica de 2008-2014 a la débil recuperación posterior, la desoladora pandemia, la nueva crisis desatada por la invasión de Ucrania y la inflación y ahora, el estancamiento de Europa y los riesgos geopolíticos en el mundo. Han sido 14 años muy complicados, con ”la crisis como norma” y “sustos” económicos, políticos y sociales sin parar, el último la DANA en Valencia y su secuela de muertos y pérdidas. En medio de tanta incertidumbre y desinformación, este Blog lleva 728 semanas tratando de informar y explicar la economía nuestra de cada díaA lo claro y con rigor.

                             Enrique Ortega

Este Blog nació hace 14 años porque la economía se había convertido en la principal preocupación de los españoles y yo pensaba que no se explicaban bien los problemas y la mayoría de la gente no entendía lo que pasaba. Traté de aportar un granito de arena, intentando explicar la economía “a lo claro” para todo el mundo. Y además, me propuse hacerlo con rigor, aportando datos e información, no soltando comentarios de tertuliano ni “opiniones de barra de bar”. Creo que la realidad es compleja y no hay soluciones simples, salvo las “populistas”. Por eso, mi intención con este Blog es averiguar lo que hay detrás de las noticias que nos preocupan, buscar las raíces y los datos reales de los problemas (con estadísticas fiables) y aportar también distintas soluciones de expertos. En definitiva, aportar datos, análisis y material para que el lector comprenda y saque conclusiones.

El problema es que la mayoría de la gente no lee ni se informa. Muchos, porque optan por leer y ver sólo informaciones que confirman sus ideas: siguen determinados medios, radios, TV o redes sociales que les confirman lo que piensan y no se preocupan de más, no quieren saber qué hay detrás del problema de la vivienda, del descontento juvenil, del paro, del cambio climático, el turismo masivo o las riadas. Lo importante no es la información ni la verdad, sólo confirmar sus ideas. Y es peor aún en el caso de los jóvenes: se informan por redes sociales e influencers, que sueltan desinformación, bulos y mentiras, que los algoritmos multiplican y difunden por millones de clics. En conjunto, millones de personas que no leen informaciones serias, escritas por periodistas profesionales, rigurosos e independientes (quedan pocos). Y que configuran una sociedad muy poco informada en realidad.

En este maremágnum de desinformación, este Blog es “una gota en el océano”. Cada semana, intento afrontar los grandes temas que nos preocupan, desde el empleo y el paro, a la inflación, vivienda, sanidad, educación, Dependencia, pensiones, el cambio climático o la tecnología, sin obviar otros temas importantes como el coste de la muerte, el auge del juego online o el negocio del fútbol. Porque siempre he creído que “economía es todo” y no sólo el PIB y las grandes cifras que nadie entiende. Por eso, intento explicar a lo claro “lo que hay detrás de nuestra vida cotidiana”, con cifras y datos, “traduciendo” estudios y análisis serios, analizando los problemas y aportando soluciones varias de expertos. El objetivo no es ofrecer “soluciones mágicas” a problemas complejos, sino que el lector comprenda lo fundamental del problema y se informe para opinar después. Para ello, dedico muchas horas a buscar datos y análisis, tratando de resumir lo importante en 2.400 palabras. Y que se entienda.

Tras estos 14 años, este Blog tiene pocos lectores, aunque muy fieles. Muchos creen que doy “demasiados datos” (sin datos no se pueden aclarar los problemas) y otros que “es demasiado largo” (el problema de la vivienda o la crisis climática no se pueden resumir en un tuit). Pero yo sigo intentando aportar información y rigor con un lenguaje directo y claro. Creo que el periodismo serio es el único que puede explicar lo que pasa. Aunque tenga pocos lectores y la masa se “aborregue” con los tuits, bulos e insultos de las redes sociales. Muchos días me planteo dejarlo, cerrar el Blog, porque parece una pelea inútil. Pero no lo hago y sigo escribiendo cada semana, para intentar explicar lo que pasa. Y para seguir siendo periodista y sentirme vivo. 

Así que aquí seguiré. Gracias a los que leéis este Blog. Difundirlo.

lunes, 30 de octubre de 2017

Nuestros datos, el negocio del siglo


A mediados de septiembre, la Agencia de Protección de Datos (AEPD) impuso tres multas a Facebook por utilizar datos personales de los usuarios sin su conocimiento. Ya en 2013, la APD fue la primera agencia europea que multó por lo mismo a Google. Pero a la vez, acaba de autorizar al gigante de Internet a transferir datos de españoles a EEUU. Nuestros datos son un gran negocio, no sólo para Google o Facebook sino para WhatsApp, Instagram, Apple, Amazon, telecos, bancos y miles de empresas que los venden y utilizan sin que lo sepamos. Telefónica ofrecerá, a principios de 2018, una plataforma (Aura) para que sepamos los datos que tiene y podamos negociar con quien los utiliza. Pero es un espejismo: realmente estamos indefensos. En mayo de 2018 entra en vigor el Reglamento europeo de protección de datos, más estricto, pero también Bruselas va a permitir que los datos viajen sin fronteras por toda Europa. Porque nuestros datos, el big data, es el gran negocio del siglo. Ojo a lo que hacemos y publicamos en Internet.



                                                                                              enrique ortega

Cada día dejamos un rastro en Internet con billones de datos. Dejamos una “huella digital” cada vez que hacemos una búsqueda en Google, al mandar un correo electrónico, al buscar un billete de avión, al comprar y pagar online, al hacer una transferencia por la Red, al buscar un lugar en Google Maps, al hablar con nuestros amigos en Facebook o Twitter, al descargarnos una APP, al comprar una entrada online, al subir una foto a Instagram o enviar un WhatsApp, al buscar trabajo en Linkedin o Infoempleo, al llamar por el Smartphone o bajarnos música de Spotify  y vídeos de YouTube… Sin darnos cuenta, cada día vamos dejando un rastro (con las cookies, esos archivos que rastrean lo que hacemos) sobre nuestros hábitos y preferencias, datos que sirven para que los grandes operadores de internet o las telecos vendan a empresas, bancos y políticos una publicidad personalizada, que es la base de su negocio, a nuestra costa. El “anzuelo” es que la mayor parte de estos servicios son “gratuitos”, pero no es verdad: los pagamos con nuestros datos.  

Con 3.200 millones de internautas en el mundo (28 millones en España), Internet es una gran “mina” de datos, que crece imparable cada día. Cada minuto se generan en el mundo 1.700 millones de datos (el 94% digital), que rellenarían 360.000 DVD. Y con los 6 megabytes de datos por persona que se generan cada día se podrían grabar tantos DVD como para, al ponerlos en fila, ir y volver a la Luna, según el informe BSA Sata Study. Y este gigantesco volumen de datos se duplica cada 1,2 años, siendo cada vez más barato almacenarlos. Y a partir de ahí, explotar estos datos, “refinarlos”, el gran reto de la nueva industria del big data, que factura unos  42.000 millones de euros y se prevé que sea el doble para 2020.

La industria de los datos, el big data, es la base del negocio de Google, que con más de 600 millones de usuarios activos facturará este año más de 100.000 millones de dólares. Y el 88% son ingresos por publicidad, anuncios segmentados que vende con el gancho de conocer a fondo los gustos y preferencias de sus usuarios, gracias a los datos que dejan cada vez que utilizan sus servicios. Lo mismo hacen sus empresas, sobre todo YouTube (1.100 millones de usuarios). El otro gran beneficiario de nuestros datos es Facebook (2.000 millones de usuarios), que factura 26.885 millones de dólares, el 80% por la publicidad segmentada que vende. Y lo mismo sus empresas, WhatsApp (1.300 millones de usuarios) e Instagram (700 millones de usuarios). Y otros grandes gigantes de Internet, como Apple (180.000 millones de dólares de facturación) o Amazon (135.987 millones) venden más gracias a saber todo de sus clientes (Apple tiene la mayor base de tarjetas de crédito del mundo).

Pero en los últimos años, los millones de datos de usuarios que circulan por la red, el big data, han atraído a nuevas empresas, que buscan sacar partido a estos datos y vender sus análisis a terceros, desde empresas de consumo a supermercados, líneas aéreas, bancos o empresas de ocio. Se trata de los analistas de datos (“minería de datos”) y los brókeres de datos (que los comercializan a empresas, telecos y bancos o hasta políticos (son cada vez más claves en las campañas electorales), sin olvidar el mercado ilegal de datos robados. Un negocio con un enorme potencial, porque los datos son casi ilimitados y sólo se saca provecho actualmente al 10% de ellos. Ser capaces de refinar” estos datos, de transformarlos en información útil para empresas y Gobiernos, es el gran potencial de los datos, del big data, que algunos han bautizado ya como “el petróleo del siglo XXI”. Y ya se habla de que será un gran nicho de negocio y de empleo para las futuras generaciones.

Este negocio de los datos va a revolucionar la forma de hacer negocios este siglo, al poder conocer mejor lo que quieren los consumidores, sus preferencias. Una información que va a revolucionar toda la economía, desde el transporte y el ocio a la sanidad o la educación, pasando por las finanzas o la política. Y los recursos humanos, porque las empresas buscarán a sus futuros empleados gracias al rastro que dejan en la red. Los expertos dicen que el big data será beneficioso para los consumidores, porque nos ofrecerán lo que buscamos, pero hay algo evidente: adiós a nuestra privacidad. Estamos “desnudos”, a merced de empresas multimillonarias gracias a nuestros datos. Indefensos.

Por si teníamos dudas, la Agencia de Protección de Datos (AEPD) acaba de imponer tres multas a Facebook, el 11 de septiembre, por dos infracciones graves y una muy grave: “utilizar con fines publicitarios datos especialmente protegidos de usuarios españoles (ideología, preferencias sexuales, creencias religiosas, gustos personales y preferencias de navegación en la Red) sin recabar el consentimiento del usuario y no cancelar la información de los usuarios cuando ya no es útil para el fin que se recogió o cuando lo solicitan”. Y la APD desvela incluso que los datos no sólo son recogidos desde Facebook sino también desde páginas de terceros, de otras webs que consultan sus usuarios. Y concluye que “un usuario con conocimiento medio de las nuevas tecnologías no es consciente de la recogida de datos ni de para qué van a ser utilizados”. Por todo ello,la AEPD le impone a Facebook una multa de 1.200.000 euros, la mayor sanción impuesta hasta ahora pero mínima para el gigante USA: supone lo que Facebook ingresa por publicidad en el mundo en media hora

Las Agencias de Protección de datos de Bélgica, Francia, Hamburgo (Alemania) y Holanda  también han abierto expediente a Facebook. Como ya lo hicieron 29 paises europeos en 2013 contra Google, aunque fue la AEPD española la primera en multar también a Google, en diciembre de 2013: 3 sanciones, por un total de 900.000 euros (el 0,18% de su facturación publicitaria entonces), por “vulnerar los derechos de los internautas en el filtrado de Gmail, al cruzar los datos de sus diferentes servicios sin informar al usuario para qué se utilizan, al almacenarlos por tiempo indefinido y al obstaculizar (o impedir) al internauta ejercer los derechos de acceso, rectificación, cancelación y oposición de sus datos”. Google recurrió y nadie sabe si esa multa se ha impuesto.

Lo que sí sabemos es que diez días después del reciente expediente a Facebook, el 21 de septiembre, la Agencia de Protección de Datos española (AEPD) ha dado luz verde a Google para que transfiera datos de Google Cloud y Google Site de España a Estados Unidos, siempre que cumpla una serie de garantías contractuales. Algo preocupante dado que EEUU “no tiene un nivel adecuado de salvaguarda de datos”, según dice la propia AEPD. Es más, a finales de septiembre, EEUU ha aprobado una normativa que permite a las operadoras de Internet vender datos de sus clientes salvo que el usuario pida “expresamente” lo contrario (hasta ahora era al revés: sólo podían comercializarse con “permiso previo” del cliente).

Así que una de cal y otra de arena de la AEPD, mientras Europa presume de “estar a la vanguardia mundial” en la protección de datos. De hecho, el 25 de mayo de 2018 entrará en vigor en toda la Unión Europea (incluida España) el nuevo Reglamento europeo de Protección de Datos, que sustituye a la Directiva de datos de 1995. Sobre el papel, parece un gran avance en la protección de nuestros datos, ya que incorpora 3 grandes novedades. La principal, que cualquier europeo podrá solicitar si su información privada es procesada, dónde y bajo qué propósito, obligando a la compañía que tiene los datos a proporcionar al cliente una copia en formato electrónico (gratis) de esos datos que almacena. Además, reconoce el “derecho al olvido”, a exigir que se borren sus datos sin demora, un derecho que ya ha recurrido Google. Y en tercer lugar, reconoce el “derecho a la portabilidad”: las personas que han cedido sus datos pueden exigir que se los transfieran al usuario o a un tercero que él designe, para lo que tendrán que tener listas infraestructuras de migración de datos. Y junto a estas tres novedades, se contemplan sanciones más elevadas para las empresas que incumplan, hasta 600.000 euros.

El próximo Reglamento europeo de protección de datos “suena bien” pero dependerá de cómo se aplique. Y el temor es que la UE no sea muy rigurosa, porque en paralelo quiere promover una poderosa industria europea de explotación de datos, promover “el big data UE”, no quedarse a la zaga de EEUU. Para ello, la Comisión Europea anunció, en octubre de 2014, un Plan para invertir 2.500 millones (500 del Presupuesto UE) para crear una potente industria europea de tratamiento de datos, que coparía el 30% del mercado mundial y crearía unos 100.000 nuevos empleos para 2020. Y para facilitarlo, la Comisión Europea ha presentado en septiembre un proyecto de Reglamento que prohíbe las restricciones nacionales a la libre circulación de datos en Europa y anula la obligación que tienen las empresas europeas de guardar ciertos datos en su país. O sea, no habrá ya fronteras a nuestros datos entre los 28 paises UE.

Al final, la cuestión es que otros hacen negocios y ganan dinero con nuestros datos. Algunos defensores del big data insisten en que también los usuarios ganamos con la industria de los datos, porque tenemos mejores productos y servicios, más adaptados a lo que necesitamos. Y que el big data mejorará los servicios públicos, desde la sanidad a los transportes y el ocio, al ajustar mejor necesidades y oferta. Pero lo que es indudable es que nosotros, los usuarios, estamos cada vez más expuestos y no sabemos qué se hace con nuestros datos. Nadie lee las condiciones de privacidad y las cookies se nos imponen cada día como una pesadez sin ninguna utilidad. De hecho, el futuro Reglamento europeo reduce su obligatoriedad en algunos casos y relega el tema de la privacidad a la configuración de los  navegadores. Algo poco eficaz.

Algunos expertos interesados, como Telefónica, han propuesto que los usuarios peleemos por nuestros datos, exigiendo a cambio un pago o descuentos en el servicios. Y para ello, pondrá en marcha, desde principios de 2018, una nueva plataforma llamada “Aura”, donde los clientes podrán ver la información que Telefónica tiene de ellos y así intentar “negociar” con Google, Facebook y los demás gigantes de Internet para que nos compensen por utilizar esos datos. Pero la propuesta es un engaño y un espejismo. Un engaño porque la idea inicial de Telefónica y las telecos era tratar de cobrar ellos a Google y compañía por los datos. Al no conseguirlo, han transferido la tarea a los clientes, un espejismo, porque no podremos negociar nada con estos gigantes. Y si queremos seguir con las búsquedas, los mail o las redes sociales, tendremos que pasar por el aro de ceder nuestros datos. Gratis.

El problema es muy serio y tiene mal arreglo: estamos totalmente expuestos, lo saben todo de nosotros y cada día más. Y no podemos hacer casi nada por evitarlo, salvo exigir a los Gobiernos (AEPD) que vigilen el uso de los datos y estar informados, pudiendo anularlos o intentar negociar con ellos en inferioridad de condiciones. Otra vía es ser más cuidadosos y reducir nuestros datos, nuestra exposición pública, algo bastante difícil y más en un futuro donde avanzará el Internet de las cosas y habrá millones de aparatos interconectados. Así que ya lo saben: estamos desnudos, expuestos y hacen un gran negocio con nuestros datos. Tratemos de que abusen menos y nos compensen más por ello. Es lo mínimo que podemos pedir.

viernes, 4 de noviembre de 2016

Este blog cumple 6 años


Este 4 de noviembre se cumplen 6 años desde que nació “Economía a lo claro”, un blog con “información y comentarios para entender la economía nuestra de cada día”, fruto de mis artículos y los sugerentes dibujos de mi amigo e ilustrador Enrique Ortega (¡mil gracias¡). Y en estos 6 años, no hemos faltado ni una vez a nuestra doble cita semanal (lunes y jueves), con 587 artículos publicados ya, sobre casi todo, desde el paro y las pensiones a la sanidad, la educación, los salarios, la pobreza, el fútbol, las guarderías, los entierros, la música o el juego online. Se trata de un verdadero “diario de la crisis”. La economía está detrás de toda nuestra vida y este blog trata de explicarlo a lo claro. Y no con opiniones sino con datos, con rigor y documentación, profundizando en los temas, con sentido crítico y propuestas alternativas. Y así seguiremos, con mucho esfuerzo y sin ningún ingreso, sólo con la compensación de que nos lean. Divulguen este blog. Muchas gracias.
 


Los temas económicos siguen siendo la mayor preocupación de los españoles, desde el paro a la economía, según todos los Barómetros del CIS. Sin embargo, la mayoría de las personas siguen “perdidas”: no entienden lo que pasa ni lo que hay detrás de los problemas, por qué tenemos el doble de paro que Europa, por qué somos más pobres, porque hay 1.603.226 jóvenes que ni estudian ni trabajan, por qué el Gobierno ha gastado casi toda la hucha de las pensiones, por qué hay tantas listas de espera en la Sanidad, porque somos líderes en abandono escolar, por qué se pagan fichas millonarias de jugadores, por qué nos suben las tarifas del móvil, por qué pagamos tantas comisiones a los bancos, por qué, por qué…

Y la mayoría de los españoles no entienden los problemas económicos de cada día porque no se les explica o se les explica mal. En muchos casos, a posta, porque si se explicara claro sería “una bomba”. Y en otros, porque no se sabe hacerlo o los medios se olvidan de los lectores: escriben para los banqueros (muchos son sus accionistas), no para sus clientes (doble error: son muchos más). Esa indignación con lo mal que se explica la economía hizo nacer este blog, con un nombre que es una declaración de principios: “Economía a lo claro”.

Querría aprovechar este 6º cumpleaños para resumir los principios de este blog:

1º) Economía es todo. No sólo encontrará aquí información sobre los temas económicos “clásicos” (crecimiento, inflación, paro, déficit, etc.) sino sobre la economía que hay detrás de toda nuestra vida, desde el hospital donde nacemos a la funeraria que nos entierra. Repasen los 587 temas que hemos abordado en estos 6 años y lo comprobarán.

2º) Hay que ofrecer los datos y la documentación de cada tema. No se trata de opinar, de “dar doctrina” (como los tertulianos) sino de aportar los datos reales (oficiales y contrastados, no inventados) y la documentación dispersa, separando la paja (mucha) del trigo, para que el lector pueda hacerse una idea del problema. Pensamos que “el lector es inteligente”, sólo que no puede tener los datos a mano ni saber de todo.

3º) Hay que explicarlo claro, de una forma directa y sencilla. Pero entender algo requiere un esfuerzo y por eso leer este blog no resulta tan fácil como un tuit o un vídeo simpático de You Tube. No queremos simplificar para que se entienda, sino aportar el material necesario. Y eso a veces obliga a artículos más extensos, para no dar sólo partes de la realidad.

4º) Hay que buscar todos los ángulos posibles de un tema. La explicación de los grandes temas económicos no es simple, blanca o negra (casi siempre es gris). Desconfíen de artículos que les ofrezcan “todas  las claves” de algo, porque la realidad es siempre muy compleja.

5º) Hay que ser críticos y heterodoxos, buscar otros enfoques además de los oficiales y poner en cuestión las tesis oficiales, de empresas, bancos o Gobiernos, porque muchas veces buscan engañarnos (y la mejor prueba es esta crisis). Este blog no tiene publicidad, no lo financia nadie y somos independientes de verdad. Con nuestras ideas, por supuesto.

6º) Cuando se aborda un gran problema, como el paro juvenil, la crisis de las pensiones o la pobreza, no sólo hay que dar los datos, las claves, los análisis, sino que se deben ofrecer al lector vías de salida, alternativas, no nuestras, sino de los expertos que abordan esos temas, con distintas ópticas. Porque la economía debería buscar mejorar la vida de la gente.

Estos son nuestros principios, que tratamos de plasmar en los artículos y en los dibujos, todos originales de Enrique Ortega (vean su web) para “Economía a lo claro” (gracias otra vez Enrique, por tu esfuerzo y tu inteligencia hecha trazos). Un inciso: fíjense siempre en los dibujos e ilustraciones del blog, porque muchos son la verdadera fotografía de los temas económicos, un resumen para entenderlos en un instante, a golpe de líneas y colores. Porque las ilustraciones y los dibujos también explican la economía “a lo claro”.

Nada más. Seguiremos con nuestro trabajo, aunque a veces nos desanime que este blog, con tanto trabajo por detrás, no lo lea más gente, las personas “normales” (no expertas) a las que va dirigido. Pero España es así: la mayoría de las personas “pasan” de la economía, aunque les condicione toda su vida. Y en Internet y las redes sociales sigue habiendo una cierta “alergia” a los temas económicos, aunque se trate de saber qué va a pasar con las pensiones o el paro. Pero nosotros seguiremos escribiendo y dibujando, tratando de explicar lo que pasa “a lo claro”, con rigor y sentido crítico, dedicando mucho tiempo e ilusión a este trabajo con el que no ganamos nada, sólo que nos lean y entiendan. Muchas gracias a los que nos siguen. Y si les gusta, no dejen de recomendar este blog a amigos y familiares. Aquí seguimos.

lunes, 28 de marzo de 2016

Cada vez más "enganchados" a Internet


Casi 8 de cada 10 españoles adultos se conectan habitualmente a Internet, seis veces más internautas que hace quince años, aunque seamos algunos menos que en Europa. También crece el acceso de los niños entre 4 y 13 años: un 61% se han conectado el último mes, según el EGM. Y además, cada vez pasamos más tiempo en Internet: la mayoría entra varias veces al día y un 40% está más de 4 horas conectado: leyendo noticias, viendo vídeos, películas o TV, en las redes sociales, buscando mapas y ocio, oyendo música, jugando o leyendo libros, haciendo gestiones o descargando software, casi todo ello “gratis total”. Eso sí, usamos poco Internet para formarnos, buscar trabajo o comprar, mientras crece la banca online. Los internautas se quejan del exceso de publicidad en la Red y temen por su privacidad, mientras un 30% tiene problemas de seguridad. Y la mayoría defiende votar por Internet. Eso sí, hay menos contactos personales y somos muy Redependientes. Cuidado.
 

enrique ortega


Año tras año, Internet crece de forma imparable. Si a principios de este siglo (año 2000) había en España 4,3 millones de internautas, 2015 se ha cerrado con unos 27,5 millones, más de 6 veces más en sólo quince años. Eso supone que el 79% de los hogares españoles está conectado a Internet, según el EGM 2015, cuando en el año 2.000 no llegaban al 20%. Un porcentaje aún inferior a la media europea, con un 82% de hogares conectados, lo que coloca a España en el lugar 19 del ranking europeo de internautas. Con todo, la mayor brecha digital con Europa no está en los particulares sino en las empresas españolas, sobre todo en las pymes, especialmente las “micropymes” (1-9 trabajadores): sólo el 66% tiene acceso a Internet y sólo un 30% tienen página Web, según el último informe de la Fundación Orange.

Pero los españoles de a pie somos cada vez más internautas: son casi 30 millones los que usaron Internet el último mes y 27,5 millones los que lo usan diariamente, según los últimos datos del EGM 2015. Y además, los internautas españoles ya tienen “antigüedad”: el 80% llevan más de 10 años en la Red (empezaron antes de 2005), un 15,6% entre 5 y 10 años y un 2,3% entre 3 y 5 años, según el reciente estudio Navegantes en la Red 2015, elaborado por AIMC a partir de una exhaustiva encuesta a 17.928 internautas. Y un hecho muy llamativo: cada vez hay más niños que acceden a Internet: el 61% de los niños de 4 a 13 años se ha conectado a Internet en el último mes (el 28,5% a los 4 años y el 86,1% a los 13 años), según los datos del EGM 2015, que revela cómo estos niños se conectan sobre todo en su casa (55 al 88%, según la edad), en su colegio (16 al 31%) y en otro lugar (8 al 21%), porque cada vez los niños tienen antes un teléfono inteligente (a los 12 años, el 70%). Eso sí, la mayoría de los padres (56%) no usan sistemas de control parental de sus hijos en la Red.

Otro dato revelador de la encuesta AIMC es que estamos muy “enganchados” a Internet: el 90,1% de los internautas se conecta varias veces al día y otro 8,2% todos o casi todos los días. Y además, están mucho tiempo conectados: el 40% de internautas está 4 horas o más cada día e incluso hay un 14,3% que está conectado más de 8 horas diarias, siendo una minoría (12%) los que se conectan menos de una hora al día. Un gran cambio: la vía principal de acceso a Internet es ya el móvil (para el 93,9% de internautas), seguido de lejos de la conexión a través del ordenador portátil (76,1%) o sobremesa (71,4%), y a más distancia, la conexión a través de la tablet (59,1%) o videoconsola (15%). En general, están satisfechos con su conexión a la Red y le dan una nota de 3,56 sobre 5.

¿Para qué nos conectamos a Internet? Básicamente para “navegar” por la Web (96,9% internautas) o hacer una búsqueda (84,7% en Google) y para conectarnos vía correo electrónico (91,4% internautas), 83 de cada 100 a través de Gmail y el 60% recibe entre 11 y 100 correos “spam” a la semana, o por mensajería instantánea (57,5%), otro gran cambio: 91,6% a través de WhatsApp, 52,9% con Facebook Messenger y 37,4% con Skype. Sólo una minoría utiliza Internet para intercambio de archivos P2P tipo e-Mule (18,2%), para chatear (17,1%), hacer llamadas de teléfono (12,6%) o transferir archivos vía FTP (8,7%). Eso sí, el estudio AIMC revela que el 72% de los internautas utilizan ya el almacenamiento en la nube.

A la hora de navegar por la Red, la principal actividad de los internautas es leer noticias (89,9%), según el estudio AIMC 2015. Y un dato estremecedor para los medios: el 46,2% de los internautas sólo ve la versión electrónica de los periódicos (eran el 36,5% en 2013) y un 26,3% nunca lee un periódico en papel. Las siguientes actividades de los internautas tienen que ver con el ocio: ver vídeos (85,6%), consultar mapas y callejeros (75,6%), previsiones del tiempo (73,7%), oír música sin descargarla (57,3%), consultar carteleras (51,1%), ver TV por Internet (50,4%) y ver películas sin descargarlas (45%). Le siguen las gestiones online con la Administración (43,6% de internautas), la búsqueda de información sobre salud (40,3%), la descarga de software (38,1%) y la consulta de información financiera (36%).

Llama la atención que Internet apenas se use para buscar empleo (sólo el 26,9% de internautas), menos que para consultar Webs porno (30,1%) y casi lo mismo que los juegos (25% internautas). Y que se use poco para formación (33,6%): dos de cada tres internautas no ha seguido ningún curso online en el último año, aunque hay muchos gratuitos. Eso sí, la mitad de los internautas ve la TV por Internet y el 44% oyen la radio por la Red, mientras el 55,4% de internautas reconoce que no van al cine nunca o casi nunca.

Lo que está claro con la Encuesta AIMC es que los internautas se han acostumbrado a no pagar por el ocio en la Red, que apuestan por el “gratis total” al leer noticias (87,6% de internautas, sólo el 9,9% paga), jugar online (76,2% gratis, sólo 11,3% pagan), descargarse música (87,9% gratis, sólo 5,7% de pago), películas (89,5% gratis, 3,1% de pago) o libros electrónicos (72,1 % gratis, 13,7% de pago). Un dato revelador es que el 60% de los accesos a Webs de música, películas, videojuegos, series, libros y fútbol fueron ilegales, “piratas”, en 2015, según datos del Observatorio de la Piratería, que cifra el valor de lo pirateado en 23.265 millones de euros anuales. Eso sí, está creciendo la TV de pago, por el fútbol y las series, que ya abonan el 45% de internautas. También crecen las aplicaciones gratuitas para móviles, que se consultan varias veces al día (el 59,2% internautas).

Los internautas españoles han disparado su acceso a las redes sociales, sobre todo porque España es el cuarto país del mundo con más teléfonos inteligentes (un 85% de internautas), sólo por detrás de Singapur (89%), Corea del Sur (88%) y Noruega (87%). Y el móvil es la vía preferida para conectarse con amigos (75,6%) y familiares (49,2%), informarse (53,4%), seguir hobbies (42,2%) o hacer contactos profesionales (38,9%), sobre todo en Facebook (87,4%), Twitter (45,9%), Instagram (30,7%), 29,6% Google+ y 27,6% Linkedin, según la encuesta AIMC. Destacar que 3 de cada 4 internautas conecta diariamente con las redes sociales (y otro 10,7% una vez a la semana), lo que convierte a España en el tercer país europeo con más presencia en las redes sociales, con casi 20 millones de internautas, que están más de media hora al día (49%) y algunos (1,2%) incluso más de 8 horas diarias.

Los internautas todavía compran poco por Internet (30% en la última semana y 33% el último mes), aunque 3 de cada 4 usan la red para informarse antes de hacer compras físicas. La mayor parte de las compras son de electrónica (11,5%), billetes (9,7%), alojamiento (9,7%), ocio (9,5%), ropa (9,4%), ordenadores (6,2%) y telefonía (6%). La mayoría paga con tarjeta de crédito (6%), PayPal (50%) o transferencia (12,4%), mientras crecen las compras entre particulares (35%) y a empresas de economía colaborativa, alquileres y coches (24%). Y sorprende que se opere cada vez más con bancos online: un 84,4% de los internautas los han usado el último mes, la mayoría para hacer consultas y transacciones a la vez.

Con todo, la seguridad es una de las grandes preocupaciones de los internautas españoles, quizás porque el 30% sufrieron algún problema en 2015, según un estudio de Eurostat (en Europa, los problemas de seguridad afectaron al 25% de internautas). La gran mayoría (86,8%) tiene un antivirus en el ordenador de sobremesa, pero menos en el portátil y el móvil. Otro problema que preocupa a los internautas es la privacidad (32,2%), el posible mal uso de sus datos personales por las empresas y los Gobiernos. También se quejan del exceso de publicidad en la Red (59,4%), de la baja velocidad y calidad del acceso a Internet (51,8%) y de su alto coste (46,7%). Finalmente, los internautas destacan el potencial de Internet para opinar en la red y aportar material (la mayoría sube contenidos, fotos, vídeos), además de colaborar en campañas ciudadanas (el 25% ha firmado peticiones en la Red). Y una mayoría (57,7%) está a favor de votar en las elecciones por Internet.

Como puede verse con esta radiografía, los internautas utilizan mucho Internet y no pueden vivir sin conectarse a la Red, sobre todo los más jóvenes, para informarse, entretenerse y hablar con amigos y familiares. Falta en muchos casos sacar un mayor fruto profesional de la Red, para mejorar la formación, estudiar temas a fondo y mejorar la empleabilidad. Y existe el riesgo de unos niños muy conectados desde edades tempranas sin control familiar. Otro gran reto es la digitalización de las empresas, sobre todo las pymes, una asignatura pendiente que podría aportar hasta 40.000 millones extras al crecimiento de la economía española, utilizando más la Red para comprar y vender, para relacionarse con proveedores y clientes.

En poco más de una década, Internet ha invadido nuestras vidas y las de nuestras familias, amigos y empresas, ganando peso día a día. Tras este “boom” quizás sea la hora de ordenar un poco este crecimiento, con planes públicos y empresariales para un uso racional y eficiente de la Red. Y un examen de conciencia, internauta a internauta: la Red no es un fin, sino un medio para mejorar nuestra vida. Quizás estemos demasiado “enganchados” a Internet y nos relacionemos poco personalmente. Ojo: no seamos Redependientes.