Mostrando entradas con la etiqueta deflactar la tarifa. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta deflactar la tarifa. Mostrar todas las entradas

lunes, 1 de junio de 2026

Renta 2026: más declaraciones a pagar

Queda hasta finales de junio para presentar la declaración de la Renta, por los ingresos de 2025. Este año, aumentan los contribuyentes que les sale a pagar (+1,64 millones que en 2025) y además pagarán más (+5.535 millones), porque hay más gente trabajando y han subido los sueldos, dividendos y plusvalías de Bolsa y de la venta de viviendas. También porque Hacienda no descuenta la inflación en tramos y tipos. La Renta se consolida como el principal impuesto (43,78% de la recaudación)  y la pagan sobre todo los que viven de un trabajo o pensión, principalmente las clases medias y medias altas. Con todo, no es verdad que “vivamos en un infierno fiscal”, como reitera Feijóo: el porcentaje del salario bruto que se llevan impuestos y cotizaciones es mayor que en la OCDE pero menor que en Alemania, Francia e Italia. Y España sigue recaudando porcentualmente menos que Europa. Por eso, si queremos mejorar los servicios públicos, algunos (los más ricos, inversores y empresas) tendrán que pagar más.

                               Enrique Ortega

Esta primavera de 2026, Hacienda espera recibir 25.251.000 declaraciones de la Renta (IRPF) por los ingresos que tuvimos en 2025, un +2,1% que en 2025. La novedad es que bajan las declaraciones negativas, con derecho a devolución (serán 15.706.000 declaraciones, 1,36 millones menos que el año pasado, -1,8%) y suben mucho las declaraciones positivas, en las que sale a pagar: se esperan 7.709.000 declaraciones, 1,64 millones más que en 2025 (+10,3%). Las razones son varias: hay más gente viviendo y trabajando en España y a muchos de estos declarantes les han subido los sueldos y en algunos casos, los dividendos que perciben (+12,7% en 2025) y las plusvalías por la subida de la Bolsa (+49,27% en 2025) y por la venta de viviendas (que subieron el 12,7%). Ahora lo que se paga con la declaración no es todo el IRPF, sino la parte que “queda pendiente” tras las retenciones mensuales en 2025, con lo que el pago neto de los contribuyentes (pago positivas menos ingreso negativas) será un saldo positivo para Hacienda de 11.357 millones (19.093 el año pasado).

La declaración del IRPF de este año tiene pocas novedades fiscales, salvo las deducciones por obras en viviendas para reducir el consumo energético, así como por la compra de vehículos eléctricos o por instalación de postes de recarga, más la deducción (hasta 340 euros) para los que ganen menos de 18.276 euros y los ajustes a los que ganan el salario mínimo (SMI). Eso sí, hay que destacar que Hacienda enviará este año 3,5 millones de “avisos preventivos para alertar de sus obligaciones fiscales a los que tienen criptomonedas (1,2 millones de avisos), a los que obtienen rentas en el extranjero, a los que venden cantidades destacadas en plataformas digitales (como Wallapop o Vinted: 437.000 avisos más) o los que tienen un piso en alquiler no declarado (avisos a 867.000 propietarios…).

Las mayores novedades de la Renta siguen estando en la mitad que gestionan las autonomías. Sigue habiendo una gran diferencia regional en el tipo mínimo (9,5%), que sólo mantienen Andalucía, Aragón, Castilla la Mancha, Cataluña y Murcia) y que han rebajado el resto, mientras el tipo máximo autonómico (24,5%) lo mantiene sólo Cantabria, subiéndolo 8 autonomías (Aragón, Asturias, Baleares, Canarias, Cataluña, Extremadura, la Rioja y Comunidad Valenciana, con el tipo más alto, 29,5%) y bajándolo otras 6 (Castilla y León, Galicia, Castilla la Mancha, Murcia, Andalucía y Madrid, con el tipo máximo más bajo, 20,5%). Tipos que se suman al tipo mínimo (9,5%) y máximo (24,5%) estatal.

Además de que las autonomías compiten entre ellas con unos tipos del IRPF al alza o a la baja, también difieren en las deducciones que aplican, muy diferentes entre ellas. En esta declaración a presentar en 2026, hay deducciones autonómicas muy llamativas: un 15% de la cuota del gimnasio, con 100 euros máximo (Andalucía y Murcia), un porcentaje del gasto veterinario en mascotas (Andalucía y Murcia), a los celíacos (Asturias), por gastos en dentistas (hasta 150 euros de deducción) y oculistas, así como por estudios musicales, hasta 150 euros (las 3 deducciones en la Comunidad Valenciana), ayuda para material escolar (Galicia),para gastos de guardería o mudanza entre islas (Canarias), por ahorro para previsión social (País Vasco) o para compra de vivienda (Castilla la Mancha), para compensar los gastos de una ocupación de vivienda (en Baleares), para bonificar los trabajos en el campo de nuevos residentes (La Rioja) o para incentivar a los que vengan de otras regiones (una deducción nueva este año en Extremadura y Cantabria).

Con tipos autonómicos distintos y diferentes deducciones, los españoles pagan un IRPF diferente según donde vivan, según demuestra este estudio de los economistas asesores fiscales (REAF). Un soltero sin hijos que ingrese 20.000 euros pagará de Renta 1.772 euros al año en todas las regiones, salvo en Navarra (1.200 euros) y País Vasco (0 euros).Si gana 30.000 euros, la horquilla varía entre 4.958 euros que paga en Cataluña (4.926 en Castilla la Mancha) y 4.495 en el País Vasco, 4.582 en Navarra y 4.598 en Madrid. Para 45.000 euros, vuelve a ser Cataluña donde más de paga (9.684 euros), seguida por Extremadura (9.653) y menos en el País Vasco (8.626) y Madrid (8.881). Para 70.000 euros de ingresos, el mayor pago hay que hacerlo en Extremadura (19.365 euros) y Cataluña (19.097), siendo el menor en el País Vasco (34.724) y Madrid (35.000 euros). Y a partir de 110.000 euros de ingresos anuales, el reparto se repite: pagan más los contribuyentes (ricos) que viven en la Comunidad Valenciana y los que menos quienes viven en Madrid (ahí, “los más ricos” pagan de Renta entre 7.000 y 46.000 euros menos que en la Comunidad Valenciana: ver cuadro).

El IRPF se consolida en España como el primer impuesto, la mayor fuente de ingresos tributarios: en 2025, Hacienda recaudó con la Renta 142.466 millones de euros, casi la mitad (el 43,78%) de toda la recaudación fiscal en España (325.356 millones), un peso que ha ido en aumento tras la pandemia (el IRPF suponía el 40,83% de toda la recaudación en 2019). Y la recaudación por Renta ha crecido un +64% desde 2019 (cuando ingresó 86.892 millones), el 2º mayor aumento de ingresos de todos los impuestos, sólo por detrás del impuesto de Sociedades (cuya recaudación ha crecido un +78% desde 2019 porque entonces las empresas pagaban muchos menos impuestos y ahora ganan más). Muy lejos del IRPF quedan la recaudación del IVA (99.532 millones en 2025), la de Sociedades (42.266 millones) y los impuestos especiales (23.083 millones por carburantes, tabaco y alcohol), los 4 principales impuestos que pagamos cada día y cada año.

Este fuerte tirón de la recaudación por el IRPF tras la pandemia se debe a varios factores:  más población residente y trabajando (+2.496.400 ocupados que en 2019), con mayores sueldos (han subido +16,66% en estos 6 años) y con unos ingresos extras para muchos declarantes que ahorran e invierten (generando plusvalías), desde los que cobran dividendos (42.671 millones cobrados en 2025, la cifra máxima en once años) a los que invierten en Bolsa (2,4 millones de familias, el 12% de los hogares) o los que compraron una vivienda y la han venido (+62% ha subido desde 2019) o alquilado (+47% subieron los alquileres). Todo ello explica que la recaudación por IRPF se haya disparado tras la pandemia y especialmente en 2025 (+10,1%), lo que ha aumentado las declaraciones positivas este año.

Y hay otra razón muy importante, que explica parte de la mayor recaudación por IRPF: Hacienda no deflacta los tramos ni la tarifa del IRPF, lo que significa que ganamos más cada año por la inflación, aunque se coma parte del poder adquisitivo. Y eso se traduce en contribuyentes que saltan de tramo de la renta, que pagan un tipo más alto que años anteriores. El PP lleva años pidiendo al Gobierno que “deflacte” la tarifa, que descuente de nuestros ingresos lo que ha crecido la inflación. Y lo ha aplicado en las 11 autonomías que gobierna, aunque lo hizo en años anteriores, porque las autonomías “populares” no han deflactado la tarifa ni en 2025 ni en 2026.

Hacienda rechaza deflactar la tarifa, argumentando que esa medida “favorece más a los más ricos” y que las medidas fiscales adoptadas en los últimos años por el Gobierno han rebajado más a las rentas bajas que deflactarles la tarifa. En cualquier caso, los expertos de AIReF estiman que Hacienda recauda 10.000 millones “extras” al año por no deflactar la tarifa de la Renta, algo que pagamos todos, pero unos más que otros. Así, un declarante que ingresa 25.000 euros paga un extra por no deflactar la tarifa de 250 euros (Extremadura) a 263 euros el año (Comunidad Valenciana). Uno que declara 30.000, paga de más entre 337 euros (Madrid) y 352 (Extremadura). Uno que ingresa 45.000 paga un extra de 522 euros (Madrid) a 533 (Extremadura). Quien ingrese 75.000 euros, paga entre 750 euros de más (Baleares) y 769 (Comunidad Valenciana). Y los contribuyentes de 400.000 euros pagan extra entre 2.134 euros (Madrid) y 2.163 euros (Comunidad Valenciana). Como se ve, hay grandes diferencias.

Un problema que tiene el IRPF, frente a otros impuestos, es que la mayoría lo pagan los que viven de un sueldo a de una pensión, (el 90,8 % de todas las declaraciones son de rendimientos del trabajo). que además son los más fáciles de controlar por Hacienda que los ingresos que declaran los que tienen ahorros o inversiones (lo incorporan el 40% de las declaraciones), los que obtienen ingresos de inmuebles (otro 38% declaraciones) y los que declaran actividades económicas (empresarios y autónomos, 12,5% declaraciones). Y muchas de las personas con grandes patrimonios no declaran en el IRPF, porque utilizan sociedades e intermediarias (SICAV) para canalizar sus pagos fiscales (reducidos).

Con todo, los que declaramos en el IRPF pagamos más cada año, por esos mayores ingresos que no notamos por la inflación. Así, el tipo medio de las declaraciones ha saltado del 12,7% de media sobre ingresos que pagábamos en 2019 al 14,4% en 2024 y al 16,2% de 2025, según la Agencia Tributaria. Un pago de la Renta que recae sobre todo sobre las personas de ingresos medios y medios altos, según los últimos datos de Hacienda, de la Declaración de 2023: los que declaran ingresos entre 30.000 y 60.000 euros (22,02% declarantes) pagan el 37,54% del IRPF, una media de 8.370 euros por declarante. Y los contribuyentes que ganan entre 60.000 y 150.000 euros (el 4,88% del total) pagan el 24,19% del IRPF, 24.317 euros de media. Así que entre ambos grupos (de 30.000 a 150.000 euros, el 26,9% de declarantes) pagan casi dos tercios del IRPF. Y la mayoría de contribuyentes, los que ingresan menos de 30.000 euros (el 67% de declarantes) pagan sólo el 20,31% del IRPF, una media de 190 a 3.761 euros.  Y la minoría que gana más de 150.000 euros (175.665 contribuyentes, el 0,73% del total) pagan el 17,97% del IRPF, entre 81.586 y 543.472 euros…

Visto así, queda claro que en el IRPF pagan más los que más tienen. Pero estos datos esconden un grave problema, nuestros impuestos en general no son “progresivos” ni “justos”, algo que ya piensan la mayoría de los españoles (españoles (el 78,9% no se creen que en España pague más impuestos quien más tiene, según la última Encuesta del CIS). Una experta recordaba los datos de Fedea: el 1% más rico paga de impuestos el 25% de sus ingresos mientras los hogares más pobres pagan el 30% y las clases medias destinan el 40% de sus ingresos a pagar impuestos. Eso pasa porque el actual sistema fiscal penaliza más los ingresos del trabajo (pagan un 30% los salarios hasta 25.000 euros) que los ingresos del capital (hasta el 28% pagan dividendos y plusvalías).Y a que los más ricos utilizan empresas e “ingeniería fiscal” para pagar menos “legalmente”…

Otro mito que circula en el imaginario popular es que “en España pagamos más impuestos que en otros paises”, una idea agravada con la última consigna de Núñez Feijóo: España es un infierno fiscal. Algo que es sencillamente mentira: la presión fiscal en España en 2024 (ingresos tributarios más cotizaciones sociales) es del 37,3% del PIB, lejos de la media de la UE-27, que es el 40,4%, según Eurostat. Y si miramos “la cuña fiscal, el porcentaje del salario bruto que pierden los trabajadores tras el pago de impuestos y cotizaciones, es en España el 41,4%, más que la media de la OCDE (35,1%), pero menos de lo que pierden los trabajadores de Alemania (49,3%), Francia (47,2%), Italia (45,8%) o Bélgica (52,5%).

Lo que sí es preocupante para España, aunque nunca lo diga Núñez Feijóo, es que recaudemos muchos menos ingresos que otros paises en relación a nuestro PIB, algo que pasaba hace una década (40% del PIB entre 2017 y 2021, frente al 46,3% que recaudaba la UE-21) y que pasa ahora: España recaudó en 2025 una cifra récord, pero suponía el 42,8% del PIB, otro año por debajo de la UE-27 (recaudó el 46,3% del PIB), de Alemania (47,5% del PIB), Francia (52% del PIB) e Italia (47,6% del PIB). Eso significa, a lo claro, que en 2025 recaudamos 59.000 millones menos que la media europea, un dinero que nos hubiera venido muy bien para mejorar la sanidad, educación, Dependencia o los servicios públicos.

Estas fechas en que nos toca el mal trago de presentar la declaración de la renta (pagar impuestos lo hacemos todo el año), es buen momento para hacer una reflexión: necesitamos recaudar más, homologarnos con Europa, para reforzar el Estado del Bienestar, desde la sanidad (un trasplante de corazón cuesta 90.000 euros) a la educación pasando por la Dependencia, las ayudas sociales, la vivienda, las infraestructuras (desde vías de tren a carreteras), los servicios públicos y emergencias…, tantas y tantas cosas que necesitan recursos y personal.

Ojo, no se trata de pagar más impuestos la mayoría que ya los pagamos, sino que paguen más los que pagan poco: grandes empresas (un tercio de nuestras multinacionales pagan un tipo efectivo inferior al 15%, menos que un trabajador en el IRPF), multinacionales y grandes patrimonios (los más ricos). Y reducir las vías de fraude fiscal, “legales” o ilegales (economía sumergida). Además, Bruselas nos recomienda aprobar una reforma fiscal (imposible hace décadas) que reduzca los tipos reducidos del IVA, suprima deducciones en Renta y Sociedades y aumente los “impuestos verdes” (llevamos años sin cumplir la exigencia de subir impuestos al gasóleo). Sólo así recaudaremos más, de una forma más justa, y podremos mejorar los servicios públicos. No bajando impuestos.

jueves, 6 de octubre de 2022

¿Subir o bajar impuestos?: esa no es la cuestión

Con elecciones por delante, vuelve el viejo dilema: subir o bajar impuestos. Es un debate político, no económico: la prioridad de España debe ser recaudar más, porque llevamos décadas recaudando menos que Europa y urge ingresar más para afrontar la crisis. Para conseguirlo, hay que subir impuestos a los que pueden pagarlos, a las empresas con beneficios y a los ricos. Y si podemos, que paguen menos los que ya pagan y necesitan más ayuda, los trabajadores, autónomos y pymes. Es lo que recomiendan la Comisión Europea, OCDE, FMI y hasta el BCE: subir impuestos selectivamente y no hacer bajadas generalizadas. Y menos a los más ricos, como defiende el PP y sus autonomías. Ahora, a falta de una reforma fiscal de verdad, el Gobierno ha aprobado “un parche Robín Hood”: subir impuestos a 3.600 empresas y 23.000 ricos y bajárselos a 4 millones de trabajadores, 400.000 pymes y un millón de autónomos. Y aun así, recaudar 3.144 millones más en 2023. Por economía, no por ideología.

Enrique Ortega

Antes de entrar en el dilema sobre subir o bajar impuestos, veamos dónde estamos, cual es la situación fiscal de España. Y está claro que tenemos un grave problema de fondo, reiterado por la Comisión Europea y todos los organismos internacionales: recaudamos poco, menos que el resto de Europa. Y no es un problema de ahora, de este Gobierno o el anterior: lo arrastramos desde siempre, con Franco y con la democracia. Así, en 2004, en plena “burbuja inmobiliaria”, España recaudó el 37,4% del PIB, frente al 44,9% que recaudó la UE-28, el 53,9% que recaudaba Francia y el 45,2% que recaudaba Alemania. Y con la crisis, entre 2008 y 2012, la recaudación fue menor en España (36,5% del PIB) mientras se mantenía estable en Europa (45%) y quedaba lejos en Francia (50,7%) y Alemania (44,5%, según la Comisión Europea.

No se trata de que nosotros paguemos más o menos impuestos que el resto de europeos. Se trata de que España recauda un porcentaje menor de su riqueza (PIB), que tenemos mucho menos “músculo fiscal”. Si se toma un periodo amplio, la década entre 2011 y 2020, España recaudó el 38,7% de su PIB, frente al 46,1% la UE-28. Significa que hemos ingresado 85.000 millones menos cada año que si recaudáramos como los demás europeos: una pérdida de ingresos de 851.000 millones en la pasada década. Y si tomamos los datos de 2021, la brecha de recaudación con Europa sigue ahí, aunque se ha reducido por la mejora de recaudación tras la pandemia y las subidas de impuestos del Gobierno Sánchez: España recaudó el 43,7% del PIB, frente al 46,9% de media la UE-27, el 47,8% de Alemania, el 48,3% de Italia y el 52,8% de Francia, según Eurostat. Eso significa que si recaudáramos como los demás europeos, España ingresaría entre 38.562 millones (UE-27), 49.407 millones más (Alemania) o 109.600 millones más (Francia)… cada año.

¿Por qué España recauda menos que la mayoría de Europa? (sólo Irlanda, Rumanía, Bulgaria, Malta, Estonia, Letonia y Lituania recaudan comparativamente menos). Porque recaudamos menos en todos los impuestos. En el IRPF, somos el tercer país europeo que menos recauda, sólo por detrás de Grecia y Portugal, según este estudio de Fedea: un 7,5% del PIB frente al 10% la UE-27, el 9% que recaudan Alemania o Francia, el 12% de Italia o el 27% en Dinamarca. Y no porque tengamos tipos más bajos, sino porque hay muchas deducciones y exenciones fiscales. En el IVA, somos también el tercer país que menos recauda, tras Irlanda e Italia: el 6,3% del PIB frente al 6,9% de media en la UE. La culpa es del exceso de productos con el IVA reducido (al 10%) o superreducido (4%). En el impuesto de Sociedades (empresas), la recaudación española está a la cola de Europa: el 2,3% del PIB, por debajo del 2,5% que recauda la zona euro. Otra vez, la culpa son las enormes exenciones y beneficios fiscales, que restan recaudación. Y en los impuestos especiales (carburantes, alcohol, tabaco), también España recauda menos: un 2,1% del PIB frente al 2,3% de media europea y el 3% en los paises nórdicos, debido a que el tabaco, el alcohol y los carburantes pagan menos impuestos en España. Y también ingresamos menos por las herencias (-3.250 millones menos cada año que la media UE), las tasas y los precios públicos.

Al final, tenemos unos impuestos similares a los europeos, con tipos algo más bajos, pero que recaudan menos porque son “un queso de gruyere”, están llenos de agujeros por los que se pierde recaudación: las deducciones, exenciones y bonificaciones fiscales, que además benefician más a los que declaran mayores ingresos (fomentan la desigualdad). Un dato reciente: en 2021 se concedieron 39.049  millones de “beneficios fiscales”, un 17,5% de la recaudación fiscal. O sea, las deducciones suponen 1 de cada 6 euros de ingresos potenciales y son muy abultadas en el IVA (20.491 millones), en la Renta (11.178 millones) y en Sociedades (3.871 millones de deducciones). Con ello, las grandes empresas y las rentas de capital (intereses y dividendos) pagan un tipo efectivo (9,2% sobre beneficios)  inferior a las pymes (17,2%) y trabajadores (12,81%). Y además, España ingresa también menos porque hay mucho fraude fiscal: la economía sumergida (actividades no declaradas) supone el 20% del total, frente al 13% en Europa, según el FMI.

Así que tenemos un serio problema de baja recaudación, que acarrea dos consecuencias. Una, que como ingresamos menos, también gastamos menos que el resto de Europa. Así ha sido en el pasado (en 2003-2007, el gasto público era en España del 38,7% del PIB frente al 46,8% que gastaba Europa), después de la crisis financiera (44,9% del PIB frente a 48,6% entre 2011 y 2020) y el año pasado: en 2021, España gastó el 50,6% de su PIB (por las ayudas a la pandemia y la inflación), todavía menos que la UE-27 (51,6% del PIB) y que Alemania (51,5%), Italia (55,5%) y Francia (59,2% del PIB). Eso significa que gastamos 12.000 millones menos (al año) que si nuestro gasto público fuera como el del resto de los países europeos.

Y la segunda consecuencia es que, como los gastos públicos acucian y hay que pagarlos, cubrimos una parte de lo que no ingresamos con déficit público y nos endeudamos para financiarlo. El resultado de que “la recaudación no nos llegue” es que España tiene el 6º mayor déficit público de la UE-27 (un 6,9% del PIB en 2021) y la 4ª mayor deuda pública acumulada del continente (debemos 1.425.000 millones, el 118,4% del PIB), que nos obliga a gastar cada año 31.675 millones de euros en intereses, más “la herencia” de la devolución del  principal a nuestros hijos y nietos.

En definitiva, que por culpa de recaudar menos que el resto de europeos, tenemos más déficit y encima gastamos menos en lo que hace falta. Así, España gasta menos en sanidad (7,6% del PIB frente al 8% de media en la UE, el 8,5% en Alemania y el 9% en Francia), en educación (3,5% España frente al 3,9% la UE, el 4,5% Francia y el 5,2% Suecia), en gastos sociales (suponen el 16,9% del PIB frente al 19,2% en Europa) o en Ciencia (España gasta en I+D+i el 1,41% del PIB, la mitad que el 2,32% de la UE y un tercio del 3,14% que gasta Alemania). Y lo mismo podría decirse de una lista larga de necesidades públicas: vivienda,  infraestructuras, obras hidráulicas, protección civil, lucha contra incendios, formación… Todo menos en pagar el desempleo, donde gastamos más que el resto de Europa porque tenemos más del doble de paro.

Visto así, no parece que subir la recaudación sea una opción ideológica (de “izquierdas”) sino una necesidad económica, de puro sentido común. Recaudamos y gastamos menos en lo que hace falta que el resto de europeos y con este menor colchón de ingresos hemos tenido que afrontar dos crisis seguidas, la pandemia y la inflación disparada con la guerra en Ucrania. En la anterior crisis, de 2008 a 2011, Europa y el gobierno Rajoy optaron por “la mayor subida de impuestos de la democracia” (2012-2014) y los recortes. Ahora, Europa y el Gobierno Sánchez optan por el camino contrario: más ayudas, gastar más, con un Plan de recuperación (850.000 millones, 140.000 para España)  y 500.000 millones en ayudas a empresas y familias contra la inflación: España es el 4º país con más ayudas públicas (35.500 millones, el 2,9% del PIB), tras Alemania (100.200 millones, el 2,8%), Francia (71.600 millones, el 2,9%) e Italia (59.200 millones, el 3,3% de su PIB), según Bruegel.

Con este panorama, y el temor a que la guerra en Ucrania y la inflación se prolonguen y exijan más ayudas en los próximos meses, no está el patio para bajar impuestos sino para recaudar más. Es lo que defienden desde hace meses el FMI y la OCDE, y más recientemente la Comisión Europea y el BCE, organismos poco sospechosos de ser “de izquierdas”. Todos reiteran que hacen falta ayudas, no generalizadas sino selectivas (a las familias y empresas más afectadas) y que hay que recaudar más, poniendo impuestos a las empresas que se benefician de la crisis, como las energéticas. Incluso el economista jefe del BCE, Philip Lane acaba de defender “subir impuestos a los más ricos y a las empresas más rentables”. Por pura estrategia económica, no por ideología: es hora de recaudar más para gastar más, no menos. Y España, que recauda poco, con más motivo.

La excepción internacional ha sido la nueva ministra británica, la conservadora Liz Truss, que aprobó un plan para bajar los impuestos… a los ricos: los que ganan más de 150.000 libras al año (172.500 euros) pagarían el 40% en vez del 45%. La medida provocó un desplome de la libra, porque los inversores temían que Reino Unido no pudiera financiar sus ayudas contra la crisis (lleva gastados 178.400 millones de euros, el 6,5% de su PIB) si reduce su recaudación. Incluso sus colegas conservadores estaban en contra, forzando a Truss a retirar esta rebaja concreta, aunque sigue con su Plan: "bajar impuestos es lo correcto, moral y económicamente", reiteró ayerLa otra excepción en Europa es el PP español, con Feijoo defendiendo desde hace semanas la bajada de impuestos, como medida estrella para luchar contra la inflación. Ideología antes que realismo.

Y en medio de este panorama, Andalucía y Madrid, dos autonomías gobernadas por el PP anuncian bajadas de impuestos en 2023, año de elecciones. Ambos aprueban “deflactar” la tarifa de la Renta, lo que supone descontar la inflación a lo que se ha ganado en 2022, lo que hará que se pague menos. Pero ojo, la medida reducirá la recaudación (que tanta falta hace para sanidad, educación, gastos sociales y en Andalucía, contra la sequía) de forma desigual: pagarán menos los que más tienen. En Madrid, por ejemplo, la deflactación ahorrará 19 euros anuales a las rentas más bajas y 110 euros a las más altas. Además, Andalucía se suma a Madrid y también suprime el pago por el impuesto de patrimonio  a sus 20.660 contribuyentes más ricos, con lo que perderá 120 millones de recaudación. Madrid lleva desde 2011 sin cobrar patrimonio y beneficiando a 19.508 declarantes más ricos (250 con más de 30 millones), perdiendo 905 millones de recaudación al año.

Tras las rebajas de Andalucía y Madrid, las demás autonomías gobernadas por el PP  (Murcia, Galicia, Castilla y León) se han lanzado a prometer rebajas de impuestos en 2023, por la vía de deflactar la tarifa o suprimir el impuesto de sociedades. Incluso tres comunidades gobernadas por el PSOE, Valencia, Baleares y Castilla la Mancha, se suman a las rebajas, aunque de otra manera: proponen bajar impuestos a las familias con menos ingresos y subirlas a los más ricos, con un saldo de pérdida de recaudación.

Esta rebaja autonómica de impuestos es injusta por partida triple. Injusta con Europa, cuyos contribuyentes no entenderán que algunas regiones españolas bajan impuestos cuando nos han prometido 140.000 millones (77.200 millones a fondo perdido), que saldrán de sus bolsillos. Injusta con otras autonomías, porque con el sistema de financiación autonómica actual, hay regiones que ingresan de más y otras menos: Madrid recibe el 101,2% de la media (es de las sobre financiadas, junto a Cantabria, la Rioja, Canarias, Extremadura y Baleares), mientras otras reciben menos en el reparto (Valencia, Murcia, Castilla la Mancha y Andalucía están infra financiadas). Y sobre todo, injusta con la mayoría de los ciudadanos: las autonomías que bajan impuestos son las que menos gastan en sanidad (Madrid, Cataluña, Murcia y Andalucía tienen el menor gasto por habitante), en educación (Madrid es la que menos gasta) y gastos sociales (Murcia, Madrid y Andalucía entre las 5 que menos gastan). No es casualidad: si se bajan impuestos, se recauda menos y se gasta menos.

El Gobierno ha querido cortar de raíz esta “carrera de rebajas fiscales”, aprobando varios cambios fiscales para 2023 y 2024, que son un “parche”, un sucedáneo de la reforma fiscal a fondo que España necesita, pero que es imposible pactar en víspera de un año electoral. Es una “estrategia fiscal Robín Hood”: bajar impuestos a una mayoría de familias y empresas con más problemas, a cambio de subirlos a una minoría, buscando que el saldo sea positivo: +3.144 millones de recaudación entre 2023 y 2024.

La bajada de impuestos no es generalizada (en línea con Europa) sino que afecta a tres grupos. El primero, entre 4 y 5 millones de trabajadores con menos ingresos, que ganan menos de 21.000 euros anuales (el salario mediano en España): no se toca su tarifa en el IRPF pero se extiende la deducción por el trabajo, con lo que pagarán menos en Renta (entre 331 euros un matrimonio con dos hijos, 689 menos un pensionista medio y 746 euros un soltero). El segundo, los autónomos, a los que se rebaja un 5% adicional el rendimiento neto de los módulos por los que pagan (beneficiará a 577.000) y se les permite aumentar del 5 al 7% los gastos deducibles sin justificar (beneficia a 956.000 autónomos). Y el tercero, la rebaja de tipos (del 25 al 23%) a las pymes que facturan menos de 1 millón de euros (son 407.384). Y baja el IVA de las compresas al 4%. En total, un ahorro fiscal de 2.505 millones.

Para compensarlo, se suben los impuestos a dos pequeños grupos. Uno, a los grandes grupos empresariales, a los que se limita un 50% la posibilidad de compensar las pérdidas de sus filiales (pagarán más 3.600 grandes empresas). Y otro, a los más ricos, con la creación de un nuevo impuesto de Solidaridad a las grandes fortunas, que afectará sólo a 22.935 contribuyentes con más de 3 millones de patrimonio, que pagarán este impuesto vivan donde vivan. Además, se sube el impuesto a los que ingresan más de 200.000 euros anuales en intereses y dividendos (del 26 al 27 y 28%, según la cuantía), lo que subirá los impuestos a 17.814 contribuyentes. En total, entre grandes empresas y los más ricos, se espera ingresar 5.649 millones más entre 2023 y 2024. Restando los 2.505 millones que se rebajan a trabajadores, autónomos y pymes, se recaudará 3.144 millones más. Que falta van a hacer.

Estos cambios fiscales se suman a los dos nuevos impuestos, a los beneficios extraordinarios de las energéticas (en línea con lo aprobado por Europa) y la banca, para recaudar 7.000 millones extras en dos años, que el Gobierno pondrá  en marcha en 2023, con una Ley ad hoc que tampoco apoya el PP. En conjunto, se busca recaudar más, porque hará falta “con la que está cayendo”. Es una necesidad económica, no ideológica. Por eso digo que subir o bajar impuestos es un falso dilema: ahora, en esta coyuntura económica, hacen falta más ingresos, no menos. Es puro sentido común, no ideología. En España, ya nos faltaban ingresos antes y más ahora, para afrontar esta nueva crisis por la inflación, tras la pandemia. Y urge reforzar la sanidad, la educación, la lucha contra la desigualdad, la modernización del país, que buena falta nos hace. Que no les engañen.

domingo, 26 de febrero de 2012

Más retenciones y menos sueldo


Este mes de febrero, la mayoría de los trabajadores notarán en sus nóminas que les bajan el sueldo. Es porque les suben las retenciones del IRPF, por la subida de impuestos que aprobó el Gobierno Rajoy en diciembre, la mayor de la democracia. Tambien notarán rebaja en su pensión uno de cada cinco pensionistas. El resto de los contribuyentes lo notarán en la primavera de 2013, cuando presenten la declaración de este año, en la que también pagarán  más por los recargos fiscales en seis autonomías. España se convierte así en el segundo país con los impuestos más altos, por detrás de Suecia. El mayor problema es que con la subida de impuestos, la moderación salarial y la caída del empleo, caerá más el consumo, lo que agudizará la recesión en 2012.


La subida de impuestos supondrá que pagaremos este año 6.475 millones más: dos tercios saldrán de las rentas del trabajo (4.111 millones), casi un tercio pagarán los ahorradores (1.246 millones por depósitos, fondos y plusvalías), otros 918 millones los pagarán quienes tienen un piso (subirá el IBI a 25 millones de viviendas, la mitad más cara de cada ciudad) y los 200 millones restantes los transportistas, que pierden la bonificación al gasóleo.

Centrándonos en el IRPF, la subida obliga a subir las retenciones mensuales en las nóminas, ya en febrero. Subirán todas, la mayoría entre un 1 y un 3%, en proporción a lo que han subido los tipos en todos los tramos de renta: +0,75% hasta 17.707 euros, +2% entre 17.707 y 33.007, +3% entre 33.007 y 53.407, +4% entre 53.407 y 120.000, +5% entre 120.000 y 175.000, +6% entre 175.000 y 300.000 y +7% a los que ganan más de 300.000 euros al año). Las reajustan las empresas, según los datos de cada trabajador, y se pueden consultar en el portal de la Agencia Tributaria.

En líneas generales, dos de cada tres contribuyentes notarán la subida, unos 13,1 millones, mientras a otros 6,2 millones no les afecta, según un estudio universitario. Para sueldos inferiores a 12.000 euros anuales, la rebaja media serán unos 20 euros al año. Entre 12.000 y 22.000 euros notarán bajadas de 35 a 72 euros. A los que ganen entre 22.000 y 27.000 ya les suben los impuestos 108 euros. Y a partir de 30.000 euros año es cuando van a notar la subida: desde 200 euros a 1.850 para los que ganan más de 45.000 euros. Una subida progresiva, que recae sobre todo en las clases medias y altas, aunque pagaremos más todos, con una subida media de 387 euros en 2012 (el informe de Gestha la rebaja a 222 euros por contribuyente).

La subida de impuestos también va a rebajar algunas pensiones, de uno de cada cinco pensionistas. Por un lado, a los 3,4 millones de pensionistas que ganan entre 9.500 y 17.700 euros, la subida de tipos (+0,75%) les come casi toda la subida de este año (1%). Y los 1,6 millones que cobran entre 17.707 y 33.077 euros tendrán una subida de impuestos del 2%, que se come la mitad de su revalorización: perderán entre 55 y 250 euros este año.

Hay otra subida de impuestos que no se refleja ahora en las nuevas retenciones, sino que la pagaremos al presentar la declaración en 2013: los recargos de seis  autonomías, entre el 2% (Comunidad Valenciana), el 3% (Cantabria, Extremadura y Andalucía), el 3,5% (Asturias) y el +4% de Cataluña, que ha subido el tipo máximo del 52% en el resto de España al 56%. Con ello, los contribuyentes de estas autonomías van a pagar más IRPF, sobre todo porque también varían las deducciones. Así, una familia paga 3.448 euros más en unas regiones que en otras, según el REAF.  Además, este año se pagará impuesto sobre patrimonio (más de 700.000 euros) en toda España, salvo en Madrid, Comunidad Valenciana y Murcia, que bonifican la cuota al 100%.

Junto a esta subida de impuestos, hay otra que pagaremos sin saberlo, la derivada de que este Gobierno tampoco haya deducido la inflación de la tarifa (deflactarla) ni de los tramos de la renta, algo que se hizo hasta 2008. Con eso, ganando lo mismo, pagamos más (al margen de esta subida de tipos), porque  no se han actualizado las deducciones (ni el mínimo personal y familiar ni por rendimiento del trabajo) ni los tramos de renta, que llevan 4 años invariables. Eso supondrá pagar unos 2.500 millones más en 2012, según cálculos de Gestha, una media de 130 euros por contribuyente. Una subida encubierta.

Al final, con esta subida de impuestos, la mayor de la democracia, España (52% de tipo máximo) pasa de ser el 11º país de Europa con más impuestos al 3º, sólo por detrás de Suecia (56,6%) y Bélgica (54%). Y los que viven en Cataluña (56%), Asturias (55,5), Andalucía, Extremadura o Cantabria (55%) pagan más impuestos que ningún país del mundo, salvo Suecia y la isla caribeña de Aruba. Y no sólo los más ricos, sino también en los demás tramos de renta, según un estudio del Instituto Juan de Mairena. Algo que no se corresponde ni con lo que ganamos (22.000 € de media frente a 35.000 de media en la UE) ni con los servicios públicos que recibimos, ahora además recortados.

Con todo, lo peor de esta subida de impuestos no es pagarlos. El peor efecto es que esta subida de retenciones rebaja aún más el poder adquisitivo de los españoles. Y si sumamos la moderación salarial (subidas del +0,5% pactadas por sindicatos y patronal y para muchos nada, frente a una inflación del 1,5% mínimo) y la pérdida de empleos (hasta 600.000 más en 2012), podría esperarse una caída del consumo de 20.000 millones de euros este año. Y como el consumo aporta un 60% al crecimiento, eso podría traducirse en una caída del PIB del -1,2% sólo por eso. O sea, más impuestos, menos consumo, más recesión. Ayudan a reducir el déficit, pero nos meten más en el pozo. Así no salimos.