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jueves, 26 de febrero de 2026

Las exportaciones crecen, a pesar de Trump

A Trump le ha salido el tiro por la culata con los aranceles. Por un lado, el déficit comercial de EEUU con el resto del mundo aumentó un +2,1% en 2025, hasta 1,24 billones de dólares, una cifra récord. Y tanto España como el resto de Europa aumentaron sus exportaciones globales en 2025, aumentando incluso Europa sus ventas a EEUU (España las redujo). Con ello, Europa ha aumentado su superávit comercial con USA (+199.630 millones de euros), aunque España aumentó su déficit con EEUU (-13.458 millones). Quien sale ganando es China, que alcanzó un superávit comercial récord con el mundo, aumentando mucho sus ventas a Europa y España. Por otro lado, el Tribunal Supremo USA ha rechazado los aranceles de Trump, quien ha reaccionado imponiendo un arancel global del 10%, que tendrá que ser aprobado por el Congreso, lo que aumenta la incertidumbre comercial en 2026. Por eso, urge que Europa y España aprueben Planes para apoyar la exportación, motor clave del crecimiento y el empleo.

                            Enrique Ortega

El anuncio de Trump, el 2 de abril, de imponer aranceles al resto del mundo no ha sido tan grave para Europa como se temía. Primero, porque la medida se retrasó desde su anuncio (25%) hasta el acuerdo definitivo , el 27 de julio (15%), con entrada en vigor el 1 de agosto de 2025. Y eso provocó que los importadores USA anticiparan compras en la primera mitad del año, con lo que las exportaciones europeas a EEUU aumentaron incluso la primera mitad del año pasado y cerraron con una subida anual del +4% (553.981 millones de euros). Y con ello, Europa consiguió aumentar su tradicional superávit comercial con USA, el primer año con aranceles, hasta +199.630 millones de euros (+1,07%), según Eurostat.

El problema de Europa fue China, que forzada por el fuerte aumento de aranceles de EEUU (donde sus exportaciones cayeron un 20% en 2025), buscó aumentar sus ventas en otros mercados, sobre todo en Asia, África y Europa. Con ello, las exportaciones chinas a Europa aumentaron un +8,4% y eso provocó un fuerte aumento del déficit comercial de Europa con China (+17,2%), que alcanzó los -358.672,6 millones de euros, otro récord.

En resumen, que Europa ha conseguido superar el primer año de los aranceles de Trump con un aumento de las exportaciones globales (+2%), tanto al propio EEUU como a otros paises (ha aumentado un 6% el superávit comercial con Reino Unido, hasta +187.327 millones de euros), con lo que sigue manteniendo un elevado superávit comercial con el resto del mundo, aunque se ha reducido algo (de +140.600 millones en 2024 a +133.500 millones en 2025), por el fuerte aumento del déficit comercial con China, lo más preocupante de 2025.

España ha conseguido también superar la incertidumbre del comercio mundial en 2025, aumentando sus exportaciones globales un +0,7%, hasta vender fuera por valor de 387.091 millones de euros, según los datos de Comercio, la segunda mayor cifra de la historia (muy próxima al récord de 387.599 millones exportados en 2022). Con todo, este aumento de las exportaciones en 2025 (+0,7%) es menor al del conjunto de Europa (+2,4) y al aumento de exportaciones en Alemania (+0,9%), Francia (+2,3%), Italia (+3,3%) y Reino Unido (+3,2%). Sin embargo, lo que subieron mucho más fueron las importaciones, las compras exteriores de España (+4,6%, frente al +2,7% que crecieron en la UE-27), debido a que las empresas y consumidores consumen e invierten más, la causa de que crezcamos más.

Este fuerte dinamismo de las importaciones españolas, que crecieron 6,5 veces más que las exportaciones, ha disparado el déficit comercial de España (la diferencia exportaciones-importaciones) hasta los -57.054,7millones de euros, un fuerte aumento del +41,65%. Una parte de este mayor déficit se debe al comercio con EEUU: hemos cerrado el año 2025 con un déficit comercial con USA de -13.458,4 millones de euros, +34,4% que en 2024, básicamente por los aranceles (nuestras ventas a EEUU cayeron un -8%, mientras les compramos un +7%). Pero el grueso de nuestro déficit comercial no es con EEUU sino con China: -42.287 millones de euros, +12,14% que en 2024 y casi las tres cuartas partes (74,11%) de todo nuestro déficit comercial. Y eso pasa porque nuestras compras a China crecieron casi el doble (+11,2%) que nuestras ventas allí (+6,8%).

Fuera del déficit con USA y China, España tiene superávit comercial con Europa (+43.247 millones), salvo con Alemania (-8.229 millones), Paises Bajos (-7.485 millones), Rusia (-1.742 millones), República Checa (-1.648,3 millones), Hungría (-1.453,6 millones), Suecia (1.007,6 millones), Turquía (-431,2 millones), Austria (-390 millones), Eslovaquia (-333,3 millones), Dinamarca (-100,3 millones) y Luxemburgo (-73,5 millones). También tenemos déficit comercial con Latinoamérica (-4.188 millones), básicamente por Brasil (-5.226,4 millones) y Perú (-1.889 millones). Y respecto al resto del mundo, destaca nuestro déficit comercial con Vietnam (-5.115,9 millones) y la India (-4.082,3 millones), dos paises que ha visitado Sánchez para mejorar nuestras exportaciones, así como con Japón (-2.448,4 millones) y Corea del Sur (-1.775,9 millones) en Asia. Y con África tenemos también déficit comercial (-12.523 millones en 2025), por las compras de gas y petróleo a Argelia (-4.167 millones de euros) y Nigeria (-3847 millones). Y tenemos superávit comercial con Oceanía (+1.400,7 millones).

En 2025, a pesar de los aranceles y la apreciación del euro (+14% frente al dólar, lo que encarece los productos europeos), los exportadores españoles han conseguido vender algo más (387.091,6 millones, +0,7% que en 2024), gracias al aumento de las ventas de bienes de equipo (+0,8%), sobre todo maquinaria industrial, los productos químicos (+5,2%), medicamentos (+14,3%), bienes de consumo duradero (+7,1%), electrónica de consumo (+18,8%), alimentos (+4,1%) y juguetes (+37,7%), cayendo las exportaciones de energía (-13,7%) y los automóviles y componentes (-7,1%).

Otro tema destacado en 2025 fue que los exportadores españoles trataron de diversificar sus ventas, buscando nuevos mercados para compensar las menores exportaciones a EEUU. Así ha crecido el peso de las exportaciones españolas a África (del 5,5 al 5,8% del total), a Asia (del 7,9 al 8,1), aumentando nuestras ventas a Vietnam (+20,3%). Corea del Sur (+9,2%) y a China (+6,8%), a los paises UE que no están en el euro (del 8,2 al 8,5% de las exportaciones totales), así como las exportaciones al Reino Unido (+4,5%) y a Turquía (+7,9%). También crecen las empresas que exportan regularmente (46.230, +10,4% que hace 5 años).

Con todo, la exportación española debe seguir diversificándose, tanto en origen como en los destinos. En origen porque el 75,6% de todas las exportaciones se concentran en 6 autonomías (suponían el 74% en 2019): Cataluña (26%), Madrid (13,8%), Andalucía (10,4%), Comunidad Valenciana (9,7%), Galicia (8%) y País Vasco (7,7%). Y en destino, porque el 73,9% de las exportaciones españolas se concentran en Europa (ha ido a más: eran el 71,4% en 2019). Además, son pocas las empresas que exportan habitualmente (46.230 sobre más de 3 millones de empresas), concentrándose la exportación en las grandes empresas (pocas pymes) y en sectores con poca tecnología y valor añadido (salvo automóvil, maquinaria, material de transporte, industria química y medicamentos, claves).

Ahora, 2026 se presenta como un año más difícil para los exportadores españoles y del resto de Europa, básicamente porque persiste la depreciación del dólar (Trump la apoya para mejorar la competitividad de sus productos y encarecer los productos europeos) y porque los aranceles están en marcha desde el 1 de enero, mientras en 2025 entraron en vigor en agosto. Además, hay otro factor preocupante: la incertidumbre comercial, debido a que el Tribunal Supremo ha anulado los aranceles de Trump (el 20 de febrero), aunque el presidente ha reaccionado imponiendo un arancel global del 10%, que luego subió al 15% y que finalmente ha dejado en el 10% (desde el 24 de febrero), un arancel algo menor del 15% que pactó con Europa (con otros paises impuso un tipo del 25 al 35%), pero cuya aplicación es sólo por 150 días: pasado ese plazo, sólo se aplicará si lo aprueba el Congreso USA.

Esta importante novedad en los aranceles abre muchas incertidumbres que preocupan a los exportadores de todo el mundo, en especial a los europeos. Primero, porque no se sabe si Trump va a imponer más cambios ni lo que pasará dentro de 150 días. Segundo, que aunque el nuevo arancel global es del 10%, siguen los aranceles del 25% al automóvil y del 50% al aluminio y al acero. Tercero, porque pueden abrirse múltiples reclamaciones de importadores y exportadores para recuperar parte de los 200.000 millones pagados por aranceles a USA en 2025, lo que enturbia el panorama de muchas empresas. Y respecto a Europa, la Comisión exige que Trump mantenga el acuerdo comercial de julio, pendiente de aprobar esta semana por el Parlamento Europeo Este lunes, la Eurocámara ha decidido posponer la aprobación hasta que EEUU aclare los nuevos aranceles y el futuro del acuerdo. Mientras, Trump amenaza con nuevos gravámenes a los paises si "juegan" con la sentencia del Supremo.

Así que todo sigue en el aire estos días, con lo que regresa la incertidumbre al comercio mundial, con los exportadores españoles y europeos pendientes de la próxima “ocurrencia” de Trump, que va a reaccionar seguro con nuevas medidas tras la derrota legal de sus preciados aranceles, un elemento clave de su política: confiaba en ellos para recaudar miles de millones de dólares, con los que compensar su bajada de impuestos a los más ricos y a las empresas y su creciente déficit público y su deuda. Algo intentará, que no será bueno para Europa y que acabarán pagando los exportadores. Y con ellos, el crecimiento y el empleo: el sector exterior mantiene 1 de cada 4 empleos en España (5,3 millones), según la propia OCDE.

Por todo ello, Europa debe mantenerse firme ante las imposiciones de Trump y actuar con decisión por dos vías: fomentar más el mercado interno (aumentando las ventas internas entre los 27) y diversificando las exportaciones, buscando nuevos acuerdos comerciales como los alcanzados con Canadá, Mercosur, Indonesia y Corea del Sur. Es el caso del acuerdo comercial firmado con la India el 27 de enero, tras 18 años de negociaciones. Y, sobre todo, Europa tiene que reaccionar ante la invasión de productos de China, un problema más preocupante incluso que Trump y ante el que los paises europeos están reaccionado individualmente, con acercamientos de Alemania, Francia o España, mientras la Comisión busca una negociación conjunta frente a un gigante que ya no se ve como un enemigo comercial sino como un competidor con el que intentar pactar.

Y además de estas medidas, la Comisión Europea y los gobiernos de los 27 deberían avanzar más en la unión económica, comercial, financiera y fiscal de Europa, para dar un salto competitivo que nos permita seguir siendo un continente con superávit comercial con el resto del mundo, afrontando la competencia de China y EEUU. Eso exige más inversiones, más industria y más innovación y tecnología. Para conseguirlo, el informe Draghi proponía una inversión de 800.000 millones anuales, que deben salir del Presupuesto europeo y de la emisión de deuda europea, para competir con los bonos USA. Al final, las guerras comerciales son reflejo de las economías, del potencial de cada continente y cada país. Y si Europa quiere seguir liderando el comercio mundial de bienes y servicios, debe ponerse las pilas, mejorar su competitividad y ayudar a los exportadores. Y lo mismo España.

jueves, 28 de febrero de 2019

Frenan las exportaciones (y nos afecta mucho)


El jueves pasado se conoció otro dato preocupante de la economía: las exportaciones españolas “pincharon” en 2018, al reducirse un 0,1% en volumen, algo que no pasaba desde 2009, por las menores ventas fuera de coches, aceite, ropa, calzado, motores, máquinas y electrónica. Y como las compras al extranjero crecen mucho más que nuestras ventas (por la energía), el déficit comercial subió un 36,8%. Este “agujero” comercial significa que estamos creando riqueza y empleo en China, Turquía, Arabia Saudí, Nigeria, Argelia, EEUU o Latinoamérica, no en España. Y por eso, las exportaciones restaron un 0,4% de crecimiento a la economía en 2018, lo que no sucedía desde 2015. Y se perdió empleo en la industria. En 2019, las exportaciones volverán a restar crecimiento y empleo. Urge aprobar un Plan de choque para reanimar las exportaciones, porque de ellas depende un tercio de la recuperación y más del 10% del empleo en España. Otro tema clave del que no se habla, pero que nos afecta mucho a todos. Lean por qué.

En 2018, la economía española creció algo menos: un 2,5%, frente al 3% de 2017, según el INE. Y eso se debió a las exportaciones, que “restaron” un 0,4% de crecimiento, porque  lo que creció la economía se debió al consumo interno de los españoles, nada al exterior. Y esto no es lo que pasaba antes. Con la crisis, desde 2009, las exportaciones han sido el motor que tiraba de la economía, creciendo mucho (+16,8% en 2010, +15,2% en 2011, +5,1% en 2012 y +4,3% en 2013) y compensando en parte la caída del consumo interno. O sea, que la recesión de 2009 a 2013 hubiera sido mucho más grave si no nos hubieran ayudado las exportaciones, si muchas empresas no se hubieran lanzado a vender en otros paises, para mantener parte de sus negocios y empleos.

En 2014 y 2015, las exportaciones pincharon un poco, pero como se recuperó el consumo interno, España pudo finalmente crecer y salir de la recesión, aunque las exportaciones restaron crecimiento en 2014 (-0,2% del PIB) y 2015 (-0,4%). Pero luego se recuperaron y las exportaciones ayudaron al fuerte crecimiento de 2016 (+0,8% del 3,2% que se creció) y 2017 (+0,1% del 3%). Pero en 2018, restaron -0,4% a un crecimiento del 2,5%, según el INE. Y este año 2019, la previsión del Gobierno es que la economía crezca un 2,2% y que todo el crecimiento sea por la actividad interna, porque las exportaciones restarán otro -0,1% al crecimiento de 2019.

¿Qué ha pasado? Pues que las ventas de España al exterior, las exportaciones, han “pinchado” en 2018, debido al escaso crecimiento económico de nuestros clientes europeos (sobre todo Alemania e Italia) y a la crisis en el comercio mundial, por las tensiones proteccionistas desatadas por Trump. Y el resultado se ve en los datos de 2018: las exportaciones españolas fueron de 285.023 millones de euros, un récord histórico, pero sólo aumentaron un 2,9%, el menor crecimiento desde 2014 (+2%) y muy por debajo de lo que crecieron el año pasado las exportaciones en Europa (+4,5%), la zona euro (+4,4%), Reino Unido (+5,9%), Francia (+3,8%), Italia y Alemania (+3%), según los datos de comercio exterior. Y si descontamos la subida de los precios de exportación (+3%), el resultado es que nuestras exportaciones han caído en volumen (Tm), un -0.1%, algo que no pasaba desde 2009.

Las ventas al exterior que cayeron en 2018 fueron, sobre todo, de coches y motos (-4,1%), pero también de aceites (-13,1%), tabaco (-5,6%), productos cárnicos (-1,2%) y azúcar (-0,2%), motores (-34,6%), buques (32,7%), aparatos de precisión (-6,1%), máquinas de datos (-4,4%), electrónica de consumo (-8,4%), ropa (-0,2%) y calzado (-0,4%). Por paises, cayeron nuestras ventas a Alemania (-0,6%) y a Turquía (-13,9%), estancándose las exportaciones al Reino Unido (+0,1%). Y por autonomías, cayeron las exportaciones de Madrid (-1,1), Castilla y León (-2,1%) y Aragón (-0,9%) y se estancaron las de la mayoría restante, salvo los fuertes crecimientos de Navarra (+12,7%), Cantabria (+11,2%) y Canarias (+9,8%).

La otra cara del problema es que no sólo se han frenado las exportaciones sino que a la vez se han disparado las importaciones, lo que compramos fuera: crecieron un 5,6% (frente al 2,9% que aumentaron las exportaciones), el 4º mayor aumento de la década, sobre todo por el aumento de las importaciones de fuera de Europa (+ 8,4%), por el fuerte crecimiento de las importaciones de petróleo (+22,3%), gas natural (+10,6%), metales (+11,2%), hierro (+13,6%), equipos de telecomunicaciones (+15,5%), material de transporte ferroviario (+45,1%), equipos de oficina (+10,1%) y coches (+5,7%).

Al final, el resultado de que crezcan mucho más las importaciones que las exportaciones (como también pasó en 2017) es que el déficit comercial (importaciones-exportaciones) se ha disparado, creciendo un +36,8% y alcanzando los 33.840 millones de euros, el mayor “agujero” desde 2011 (-47.910 millones de euros). Se ha reducido el superávit comercial que España tiene con Europa (+13.285 millones), con la UE (+15.484) y con los 19 paises del euro (8.444) y a la vez se ha agravado el déficit comercial que España tiene con el resto del mundo: con Asia (-39.963 millones de euros, +14,5%), especialmente con China (-20.632 millones, +6,3%) y Oriente Medio (-2.549 millones, +1.346%), con África (- 9.173 millones, +42,5%), por Nigeria (-5.350 millones de déficit, +30,3%) y Argelia (-1.390 millones, -27,1%), con Latinoamérica (-2.791 millones de déficit comercial, +60,2%), por Brasil (-2.410 millones, +55%) y Perú (-1.155 millones, -11,7%) y EEUU (-360 millones de déficit, -73,5%).

Con este déficit comercial (-33.840 millones de euros, el 2,80% del PIB),  España es el tercer país europeo con un mayor “agujero” comercial, tras Reino Unido (-160.200 millones de euros de déficit, el 6,8% de su PIB) y Francia (-77.500 millones de déficit, el 3,34% de su PIB), seguidos de Grecia (-21.700 millones), Portugal (-17.100 millones) y Rumania (-15.400 millones), según Eurostat. Un dato muy preocupante, porque significa que España está creando riqueza y empleo fuera, en China, Oriente Medio, Turquía (-2.183 millones de déficit), Nigeria o Argelia, Brasil, Perú o Estados Unidos, no en España. Por eso son tan importantes las exportaciones: los paises más exportadores crean riqueza y empleo dentro del país vendiendo mucho a otros paises. Es el caso de Alemania (+232.800 millones de superávit comercial en 2018), Holanda (+65.700 millones), Irlanda (+50.000 millones), Italia (+39.800 millones), República Checa (+13.800 millones) y Bélgica (+13.800 millones), los paises europeos con superávit comercial, junto a Hungría, Eslovaquia, Eslovenia y Dinamarca, según Eurostat (datos 2018).

Así que España está en el pódium de paises europeos donde menos crecen las exportaciones y que tienen un mayor “agujero” comercial. Y eso afecta muy negativamente a la industria, que ha entrado en recesión en 2018 y pierde empleo (por primera vez desde 2012), debido a que exporta hasta un 80% de su producción. Pero además, el pinchazo de las exportaciones reduce el crecimiento global de la economía (un -0,4% en 2018, como hemos visto) y va a frenar la creación de empleo, porque las exportaciones mantienen 2,1millones de empleos en España, más del 10% del empleo total. Y son especialmente claves en la economía y el empleo de las regiones más exportadoras: Cataluña (aporta el 25,1% de todas las exportaciones españolas), Andalucía (11,4% del total), Madrid y Comunidad Valenciana (aportan cada una el 10,6%) y Galicia (8% de las exportaciones), las 5 autonomías que se ven más afectadas por este “pinchazo” exportador.

Así que estamos ante un problema serio para nuestra economía y empleo, aunque los medios y los políticos apenas lo mencionen. Y todo apunta a que va a ir a peor en 2019, porque nuestros clientes europeos (Alemania, el 2º, Italia, el 3º, y Reino Unido, el 5º) van a crecer muy poco este año y nos comprarán menos. Y vender en el resto del mundo será complicado, porque también crecerán menos y hay temor a que se agraven las tensiones proteccionistas, si finalmente EEUU y China no pactan un acuerdo sobre aranceles, tras una nueva tregua acordada el domingo 24 de febrero. Y nuestro déficit comercial podría volver a dispararse este año si el petróleo y el gas siguen encareciéndose, como en las últimas semanas. Por todo ello, la previsión es que las exportaciones vuelvan a restar crecimiento a España en 2019 (-0,1%) y que se vuelva a perder empleo en las industrias que más dependen de fuera, como el automóvil.

Ante esta situación, urge un Plan de choque para reanimar las exportaciones, aunque no parece posible que haya un Gobierno que pueda afrontarlo hasta junio (medio año perdido). Pero habría que tomar medidas a corto plazo para ayudar a los exportadores: financiación suficiente para exportar (créditos y avales), ayudas fiscales, asesoramiento e información (más oficinas comerciales en el exterior) y más recursos públicos para el ICEX (Instituto de Comercio Exterior), cuyo presupuesto se ha recortado a la tercera parte desde 2007), para reforzar a los sectores que más han frenado sus exportaciones (el automóvil, la industria agroalimentaria, la maquinaria, la electrónica de consumo, el textil y el calzado). Y hacer campañas entre las pymes para ayudarles a exportar, porque de los 3,3 millones de empresas españolas, sólo 50.000 empresas exportan habitualmente, según las estadísticas oficiales.

A medio plazo, de aquí a 20 años, España debería aspirar a ser un país con superávit comercial, que exporte más de lo que importe, lo que sería reflejo de un país más competitivo y que crea más riqueza y empleo, como hacen los paises europeos punteros. Eso obliga a actuar en 2 frentes. Por un lado, hacer una reconversión energética de la economía, para que la factura de la energía que importamos (47.713 millones de euros en 2018) sea mucho menor, porque no dependamos tanto del petróleo, el gas y el carbón. Y por otro, reestructurar la exportación española, para que esté menos concentrada que ahora. Primero, conseguir que exporten más sectores, porque ahora, un 40% de las ventas están concentradas en automóviles (15,6%), alimentación (16,1) y ropa, calzado y juguetes (10%). Segundo, ampliar el mapa mundial de clientes, porque el 71,3% de las exportaciones van a Europa. Y tercero, conseguir que más empresas y regiones que exporten, porque ahora, casi la mitad de la exportación se concentra en Cataluña, Andalucía, Valencia y Madrid.

El  gran reto exportador de España es conseguir exportar más de otros productos con más valor y tecnología, a más paises de fuera de Europa y que exporten muchas más empresas de todas las regiones de España. Casi nada. Pero de ello depende en gran medida que seamos un país con más riqueza y empleo, como Alemania, Holanda, Irlanda, Italia, Chequia o Bélgica, los grandes exportadores europeos. No basta con “tirar los sueldos”, intentar ser la China de Europa”,  para competir en el mundo. Hay que modernizar la economía, mejorar la productividad de las empresas, incorporar la innovación, la tecnología y la calidad a los productos “made in Spain”. Sólo así venderemos más fuera, la clave para ser más ricos y tener más empleo dentro. Por eso hay que “mimar” a las exportaciones. Pero nadie habla de ello. Esto no “vende” noticias ni gana votos. Sigan con Cataluña…

jueves, 21 de mayo de 2015

La caída del euro recupera las exportaciones


La depreciación del euro está salvando las exportaciones, aunque crecen  poco. Pero también aumentan las importaciones, sobre todo de coches (empujadas por el Plan PIVE) y productos de consumo, con lo que seguimos teniendo un alto déficit comercial : significa que estamos creando empleo en otros países, no en España. Si el euro se recupera, como ha pasado en mayo, las exportaciones volverán a estancarse, porque ya resulta difícil ganar mercados. De hecho, en 2015, las exportaciones van a restar crecimiento (y empleo) a la economíaEl problema ahora es que, con los precios cayendo, resulta difícil para España competir por precio y exportar más, sobre todo cuando el comercio mundial crece al nivel más bajo desde 1948. La salida debería ser competir por calidad y tecnología, mejorar la competitividad de los productos españoles. Y que más empresas exporten. Pero no es fácil. Requiere un cambio de modelo económico, producir  mercancías con más valor y más calidad, mejorar el “made in Spain”. Dejar de competir sólo por precio, a base de “tirar” salarios. No intentar ser “la China de Europa” sino “la Alemania del sur”.
 
enrique ortega

Las exportaciones españolas se han recuperado en 2015, gracias a la fuerte caída del euro (-12,6% entre enero y marzo) y a las mayores compras de Francia, Italia y Alemania, más un pedido extra de aviones de Arabia Saudí. Entre enero y marzo, las ventas al exterior crecieron un + 4,4%, más del doble que al inicio de 2014 (+1,7%) pero menos que en los años anteriores, en que fueron de más a menos, como válvula de escape de las empresas ante la caída de ventas en España. Si las exportaciones habían crecido con fuerza en 2010 (+16,8%) y 2011 (+15,2%), empezaron a desacelerarse en 2012 (+5,1%) y 2013 (+4,3%), para crecer poco en 2014 (+2,4%), debido a la fortaleza del euro en el pasado, al estancamiento de Europa  y a la dificultad de ganar nuevos mercados, debido a la incipiente crisis de los países emergentes.

Pero no hay que echar las campanas al vuelo: si el euro se recupera algo, como ha pasado en mayo, las exportaciones pueden estancarse, como pasó en enero y febrero de este año. Además, las exportaciones españolas son muy vulnerables: están en manos de cinco sectores (automóviles, alimentos, textil, medicamentos y aparatos eléctricos concentran el 40% de las ventas exteriores) y de las multinacionales (gestionan el 35% de las exportaciones españolas).

En paralelo, las importaciones también crecen un + 2,5% en el primer trimestre de 2015, pero mucho menos que en 2014 (+15,4%), en línea con la caída de importaciones en 2012 (-2,2%) y 2013 (-2%), cuando hubo pocas compras al extranjero en lo peor de la crisis. Lo que está pasando es que se recupera el consumo de empresas y familias y compran más productos extranjeros, sobre todo coches (las importaciones de automóviles han crecido un 34,1%), bienes de consumo (electrónica y electrodomésticos), material de transporte ferroviario (para AVE) y petróleo: las importaciones de crudo en el primer trimestre han sido de 15,7 millones de toneladas, un récord histórico (aunque cuesten más baratas, por la caída del barril). Con estas compras fuera, nuestro consumo está creando empleo en otros países, no en España.

Al final, como las importaciones son más y crecen menos que las exportaciones, el déficit comercial (import-export) se ha reducido en el primer trimestre de 2015, hasta los -5.524 millones de euros (-14,9% sobre primer trimestre 2014). Aún así es elevado, en línea con  la tendencia de 2014, que cerró con un déficit comercial de  -24.471 millones de euros, el segundo mayor de la zona euro, tras Francia (-67.500 millones) y el tercero de Europa, tras Gran Bretaña (-121.100 millones), superior al de Grecia (-18.900 millones) y Portugal (-9.600 millones). Un balance muy diferente al de otros países europeos, que venden fuera más de lo que compran y que tienen superávit comercial: Italia (+37.100 millones), Irlanda (+32.200 millones), Bélgica (+13.600 millones), Holanda (+57.500 millones) y, sobre todo Alemania (+201.800 millones). Países que compiten mejor y consiguen crear más empleo gracias a sus mayores ventas (y menores compras) en el extranjero.

El problema de España es que, además de tener un déficit comercial tiene un déficit de inversiones: las extranjeras que llegan superan a las españolas fuera en un billón de euros. Y tenemos que “tapar” estos dos agujeros, el déficit comercial y de inversiones, con los ingresos por turismo. Pero no llegan y por eso, año tras año tenemos que endeudarnos con el exterior. Y así, la deuda externa de España (pública y privada) alcanzó los 1,7 billones de euros a finales de 2014, según el Banco de España. Con ello, España tiene la segunda deuda externa mayor del mundo, tras EEUU (4.14 millones de euros), aunque es la mayor si se tiene en cuenta el tamaño de nuestra economía: supone el 160% del PIB, frente al 34% en USA. Un grave problema, por partida doble: limita nuestro crecimiento futuro (hay que crecer para crear riqueza y empleo dentro y para devolver la deuda fuera) y nos hace muy vulnerables: si los mercados se ponen nerviosos y los tipos suben, tendremos que pagar más intereses.

Al final, lo que está pasando es que vuelve el viejo problema de España con el exterior, un problema estructural: cuando crecemos (aunque sea poco), se disparan las importaciones y la necesidad de inversión extranjera, a falta de ahorro interno. Y nos suben el déficit comercial y el déficit exterior (-5.600 millones hasta febrero, aunque en 2013 y 2014 hubo superávit). Es lo que pasó antes de la crisis y lo que empieza a pasar ahora: crecemos “tirando de tarjeta”, endeudándonos, porque consumimos más de lo que producimos.

Hay que cambiar el modelo de crecimiento. Y como en una economía abierta no se pueden impedir ni frenar las importaciones ni el endeudamiento, sólo queda una salida: exportar más y ahorrar más dentro, para no depender tanto de la inversión exterior. Dos objetivos complicados. Fomentar el ahorro pasa por cambiar las políticas fiscales, que ahora lo penalizan, subir salarios y bajar impuestos a la mayoría. Y fomentar las exportaciones es algo complicado, porque todos los países intentan lo mismo (vender más fuera) y el comercio mundial apenas crece, por la crisis de Europa y los países emergentes. De hecho, el comercio mundial de mercancías sólo ha crecido un 2,4% entre 2012 y 2014, el nivel más bajo desde la postguerra mundial (1948), según la Organización Mundial de Comercio (OMC).

Todo apunta a que este año 2015 crecerán poco las exportaciones y aumentarán más las importaciones, sobre todo porque ahora cuestan menos, al haberse devaluado el euro. Pero lo que es seguro es que las exportaciones volverán a restar crecimiento (y empleo) a la economía, como ya pasó en 2014 (restó -0,8% al PIB). El sector exterior quitará un -0,2% al PIB según el Gobierno (Plan de Estabilidad) y un -0,4% según la Comisión Europea (previsiones de mayo). Y tampoco ayudarán en 2016, año en que el sector exterior restará otro -0,1% al crecimiento de la economía, según la Comisión Europea.

Esto no debería ser así, porque necesitamos crecer más para crear más empleo, dado que tenemos más del doble de paro que Europa. Por eso, hay que reanimar las exportaciones como sea. Y hay margen para crecer, porque exportamos la mitad que Italia (con una economía similar) y menos porcentualmente que Bélgica y Holanda (unas economías más pequeñas). El problema es que nuestras exportaciones están muy concentradas en pocas empresas (sólo 22.654 empresas exportaron el 91,7% de lo vendido fuera en 2014), pocos sectores (automóviles y componentes, combustibles, acero y farmaquímica concentran un tercio de las exportaciones) y pocas regiones (dos tercios de las exportaciones salen de Cataluña, Madrid, Andalucía, Valencia y País Vasco). Y además, un 35% de las exportaciones las hacen multinacionales, no empresas españolas. Por eso, el primer gran reto es atraer a la exportación a más empresas españolas, sectores y regiones. Y para ello, habría que poner en marcha un Plan de choque para la exportación, con varias medidas: facilitar la financiación (faltan créditos y avales), aumentar las ayudas a la internacionalización de las empresas (fiscales, asesoramiento y formación, más oficinas en el exterior), fomentar las fusiones de empresas (las grandes exportan el 80% del total), la tecnología e innovación y la industrialización.

Pero hay otros dos retos más de fondo: diversificar lo que se exporta y dónde se vende. Porque la mayoría de lo que exporta España son productos de tecnología baja (alimentos, ropa y calzado) y media (plásticos, metales y automóviles) y sólo un 10% de lo exportado tiene un alto contenido tecnológico, cuando estos productos suponen casi la cuarta parte de la demanda. O sea, exportamos productos de menos valor que otros países y competimos en precio (gracias al recorte de los salarios), no en tecnología y calidad. Y así, vendemos peor e ingresamos menos. Un ejemplo claro es el vino: somos el primer exportador mundial, vendemos casi el doble que Francia pero ingresamos la tercera parte. Y eso porque los franceses venden su vino (por marketing y calidad) a 5,37 euros litro de media y nosotros a 1,1 euros litro (a granel para que luego otros lo embotellen y saquen el beneficio). El otro reto es exportar más fuera de Europa, donde van el 70% de nuestras ventas: queda mucho por hacer (asesoramiento, oficinas comerciales, financiación) para exportar más en Latinoamérica (5,9% de las exportaciones), Asia (6,2%) y África (6,4%), donde está el comercio futuro.

En definitiva, que España no puede resignarse a que pinchen las exportaciones, porque vender más fuera es clave para crecer más  y crear más empleo. Y para reducir nuestra deuda exterior, esa enorme hipoteca sobre nuestro futuro. Hacen falta Planes concretos de fomento de la exportación, con ayudas, asesoramiento y financiación, tras los recortes de Rajoy (quien ha reducido a la tercera parte el presupuesto del ICEX desde 2007). Y hay que cambiar el modelo de crecimiento, para producir con más tecnología y más calidad, fomentando las industrias, las grandes empresas, la tecnología y la innovación en los productos “made in Spain”. Todo esto no se hace de un año para otro, pero hay que empezar ya. Y no pensar en competir sólo por precio, a costa de “tirar los salarios”: nuestro hueco no es ser “la China de Europa” sino “la Alemania del sur”. No lo olvidemos: si queremos más empleo, tenemos que producir mejor y vender más fuera. Si no, otros países crearán empleo a costa nuestra.

lunes, 24 de febrero de 2014

Las exportaciones se desinflan


El Gobierno Rajoy vuelve a echar las campanas al vuelo con las exportaciones, reiterando que han batido otro récord en 2013. Y es verdad. Pero no dicen que pierden fuerza: crecen poco desde el verano, cayeron en noviembre y en diciembre tuvieron el menor aumento desde 2008. Es normal, porque Europa, nuestro principal cliente, no creció en 2013 y el euro, convertido en la moneda más fuerte del mundo, nos quita ventas en EEUU, Rusia y países en desarrollo. Por todo ello, las exportaciones no han ayudado a la economía en la segunda mitad de 2013, como en los dos años y medio anteriores. Ahora, con Europa al ralentí, el euro fuerte y la crisis de países emergentes, resulta más difícil que las exportaciones nos ayuden a la recuperación. Por eso, es urgente reanimar la economía y el consumo en España: las exportaciones ya no podrán salvarnos en 2014. Bastante será que se mantengan.
 
enrique ortega

Las exportaciones crecen, pero menos: sólo un +0,8% en el cuarto trimestre, tras aumentar un 2,9% en diciembre (la menor subida ese mes desde 2008) y caer un -2,2% en noviembre . Y desde junio vienen creciendo por debajo del 4% (salvo septiembre). Además, están estancadas las exportaciones de dos regiones punteras (+0,1 Cataluña y +1,2% País Vasco), que suponen un tercio de nuestras ventas fuera. Con ello, en todo 2013 las exportaciones han crecido un 5,2%, casi igual que en 2012 (+5,1%), pero la tercera parte que en 2011 (+16,8%) y en 2012 (+15,2%). Y desde el verano, el pinchazo de las exportaciones ha hecho que no aporten nada de crecimiento a la economía, cuando el tirón del sector exterior fue quien salvó a España de una recesión más profunda  en los dos años y medio anteriores.

Las exportaciones se han desinflado en 2013 por dos motivos. Uno, por la recesión en Europa, que sólo ha crecido una décima, mientras la zona euro, donde están nuestros principales clientes (Francia, Alemania e Italia) caía un -0,4%. Y el otro, la fortaleza del euro, convertida en la moneda más fuerte del mundo por la depreciación del dólar, el yen y la libra, debido a que sus países han reanimado las economías con mucha liquidez. La consecuencia es que el euro se ha apreciado en 2013 un 4,16% frente al dólar, un 26,4% frente al yen y un 2,16% frente a la libra esterlina. A lo claro: los productos españoles son ese porcentaje más caros y la apreciación del euro se ha comido el sacrificio salarial de nuestros trabajadores.

Dicho esto, el sector exterior también presenta luces. Veamos tres datos esperanzadores.  Uno, que las exportaciones españolas son las que más han crecido de Europa en 2013 (un +5,2% frente al 1% de la UE28 y caídas del -1,6% en Francia, -0,2% en Alemania y -0,1% en Italia) y las terceras con más aumento del mundo, tras Japón y China. Segundo, que gracias a esto, España ha ganado cuota de mercado en el mundo (del 1,60% al 1,69%), saltando un puesto ( a Taiwán) en el ranking exportador mundial, donde ocupamos el 17º lugar. Y tres, que el déficit comercial (la diferencia entre lo que importamos y exportamos), se ha reducido a la mitad en 2013 (-15.995 millones de euros), aunque somos el quinto país europeo con más déficit comercial, tras Reino Unido (-78.600 millones de euros), Francia (-69.900 millones), Italia (-26.800 millones) y Grecia (-17.900 millones).

Ahora, falta ver qué hacen las exportaciones en 2014. El Gobierno anticipa que crecerán, pero algo menos que en 2013, con lo que su aportación al crecimiento de la economía será menor. Lo positivo es que se espera un mayor crecimiento de nuestros clientes europeos (+1,4% la UE28 y +1% los países euro), aunque la incógnita está en si se recuperan Francia e Italia, con serios problemas para crecer. Otro factor que puede ayudar es que el comercio mundial podría crecer más que en 2013, según las estimaciones de la OMC. Pero hay dos grandes incertidumbres: si se recuperarán los países emergentes (donde van un 23,5% de las exportaciones españolas, de ellas un 6,4% a Latinoamérica) y qué hará el euro, que sigue por encima de los 1,37 dólares, reforzado por inversores que huyen de los emergentes.

España tiene difícil aumentar el ritmo de sus exportaciones en 2014, aunque aún tiene margen para crecer: exportamos la mitad que Italia, con una economía similar, y porcentualmente menos que Bélgica y Holanda, economías mucho más pequeñas. El problema es que las exportaciones en España están muy concentradas en pocas empresas, sectores y regiones. Así, sólo 5.000 empresas concentran el 86% de las exportaciones españolas, que están también centradas en cinco sectores, que suponen un tercio de todas las ventas fuera: automóviles, componentes de automoción, combustibles, acero y farmaquímica. Y dos tercios de las exportaciones proceden de 5 regiones españolas (24,9 % Cataluña, 13% Madrid, 11,1% Andalucía, 10,1% Comunidad Valenciana y 8,8% el País Vasco), mientras las 12 autonomías restantes se benefician mucho menos de la exportación.

En definitiva, se trata de atraer a la exportación a un mayor número de empresas, sectores y regiones, para intentar que las ventas al extranjero no pierdan fuelle. Para ello, sería clave poner en marcha un Plan de choque que reanime las exportaciones, con dos medidas básicas: facilitar financiación suficiente (los exportadores se quejan de falta de crédito y avales) y más ayudas para la internacionalización de empresas, que han sido recortadas por el Gobierno Rajoy (el presupuesto del IBEX se ha reducido a la tercera parte desde 2007). Además, hay que facilitar la exportación, con más información, formación  y asesoramiento a las empresas (faltan oficinas comerciales en Latinoamérica y Asia), y con ayudas fiscales que se deberían articular con valentía en la próxima reforma impositiva.

No sólo hace falta que España tome medidas. Hoy por hoy, Bruselas y el BCE tienen en sus manos buena parte de las exportaciones españolas, ya que de ellos depende que la economía europea se recupere y se debilite el euro. Haría falta un Plan Marshall para reanimar la economía europea, además de reanimar el consumo en Alemania y la Europa del norte, lo que facilitaría nuestras exportaciones. Y aprobar una nueva “barra libre de liquidez”, incluso con compras de deuda (como EEUU), medidas que debilitarían al euro. Pero el BCE y Bruselas están paralizados por las elecciones de mayo y además no quieren  enfrentarse a Merkel y los países del Norte, que están cómodos así, porque crecen más y tienen poco paro, aunque sus exportaciones están cayendo.

Las exportaciones han salvado a España de una mayor recesión y una mayor pérdida de empleo en 2011, 2012 y primera mitad de 2013. Pero desde el verano han perdido fuelle y ya no pueden ser “la tabla de salvación de la economía”. Por eso es urgente que la actividad interna tome el relevo, de la mano del consumo y la inversión. Pero no se ve claro, sobre todo porque las familias tienen menos rentas (salarios a la baja, impuestos altos, pensiones congeladas y ayudas recortadas, con la mitad de los parados sin subsidio). Y sin apenas consumo, no hay ventas ni inversión, y apenas crecemos dentro.

Ese es el gran problema de España en 2014: que ya no vamos a crecer apenas por las exportaciones y que todavía no vamos a crecer apenas dentro, porque no hay consumo ni inversión. Y según un estudio del propio Instituto de Estudios Fiscales (Ministerio de Hacienda), la demanda nacional no tirará hasta 2015. Un callejón sin salida, del que hay que salir como sea, combinando medidas para reanimar la economía dentro (con ayuda de Europa) y un Plan de choque para la exportación, para que no se desinfle más en 2014. Pero esto depende más del euro y del resto del mundo que de nosotros. Así que la clave está, sobre todo, en empezar a reanimar la economía y el consumo en España, en acabar con casi cuatro años de austeridad, que han dejado una economía paralizada. ¡Hay que reanimarla aquí ¡