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lunes, 7 de julio de 2014

España incumple el recorte de CO2


Estamos tan obsesionados con la crisis y el paro que no tenemos tiempo para pensar en el futuro, en que nos estamos cargando el Planeta que vamos a dejar a nuestros nietos. No es una manía de ecologistas, sino un hecho cierto que afecta seriamente a la economía, como acaba de reconocer Obama y los últimos informes de la ONU: cambia el clima, se multiplican las inundaciones, las sequías y las malas cosechas. Y todo, por el hombre, porque consume petróleo y carbón sin medida. España, que se verá muy afectada  por el cambio climático, es uno de los cinco países europeos que no ha cumplido los recortes de CO2 comprometidos en el protocolo de Kioto. Y lo peor: no cumplirá los recortes previstos para 2020, según afirma el informe de junio de la Comisión Europea (silenciado). Emitimos más CO2 que nadie y  Gobierno, empresas y consumidores miramos para otro lado. Es un problema muy serio.
 
enrique ortega

La última alerta sobre el cambio climático, el síntoma de que nuestro Planeta está enfermo, viene de Estados Unidos, el segundo productor mundial de CO2 (14%) tras China (27%): un informe encargado por Obama señaló en mayo que el cambio climático es una amenaza real (no futura) que ya está afectando al país, desde el huracán Sandy a las altas temperaturas, la sequía o las inundaciones. Y que es un riesgo sobre el transporte, la energía y la salud, por lo que proponen tomar medidas ahora, porque no actuar obligaría a gastar después entre 4 y 10 veces más en mitigar los efectos del cambio climático.

Antes, en marzo, varios centenares de científicos de todo el mundo, agrupados por la ONU, entregaban un informe sobre los impactos actuales del cambio climático: climas extremos (olas de calor, sequías, ciclones), peores cosechas, subida de nivel, calentamiento y acidificación de los océanos, inundaciones, cambio en los ecosistemas (deshielo en el Ártico y deterioro en los  arrecifes de coral). Y en Europa, menos glaciares, más sequías e inundaciones, más incendios, peores cosechas y menos peces. En el futuro, España será una de las zonas más afectadas por el cambio climático: subida de temperaturas (entre 3 y 4 grados a mediados de siglo), mayores sequías, inundaciones, malas cosechas y subida del mar, hasta 43 centímetros, lo que podría afectar a algunas poblaciones costeras y al turismo.

Otro informe de la ONU (septiembre de 2013) confirmaba que las concentraciones en la atmósfera de CO2, metano y óxido nítrico habían crecido a niveles sin precedentes en los últimos 800.000 años. Y añadía: el responsable es el hombre, al 95% de certeza. Porque el CO2 y los gases de efecto invernadero se emiten al producir electricidad, consumir carbón y petróleo, con los vehículos y calefacciones, con la industria, agricultura y los servicios.

Ahora, la buena noticia es que Obama se ha sumado a la lucha contra el cambio climático, que empieza a calar en EEUU: quiere reducir un 30% las emisiones de 1.600 plantas energéticas (emiten el 40% del CO2 USA), aunque sea a partir de 2030. Eso puede ser un espaldarazo para la Cumbre del Clima de París, a finales de 2015, donde 194 países tienen que decidir unos nuevos recortes de CO2 que sustituyan al acuerdo de Kioto (1997), que finaliza en 2020. Aquel acuerdo fue firmado sólo por 35 países (Europa y pocos más), quedando fuera los que más contaminan: EEUU, China, India y Japón más todos los países en desarrollo. Ahora, todos deben pactar nuevos  recortes de emisiones (hasta 2030) y acordar cómo se financia el Fondo Verde del Clima (2011) ,100.000 millones de dólares en ayudas a países pobres para que contaminen menos, que nadie sabe quién va a pagarles.

Al final, la lucha contra el cambio climático es una cuestión de dinero. Las empresas dicen que, con la crisis, no pueden hacer inversiones para contaminar menos. Y que si lo hacen, sus productos serían más caros que los de sus competidores “menos verdes” y habría más paro. Las eléctricas, que si queremos luz “más verde” será más cara. Y los países en desarrollo, que contaminan menos que los países ricos y no pueden frenar su crecimiento para emitir menos ni tienen dinero para hacer sus industrias “más verdes”. Y los Estados argumentan que sus Presupuestos no están como para luchar contra el CO2. El problema es que si no se hace ahora, dentro de 50 años habrá que gastar diez veces más para hacer frente a los impactos negativos del cambio climático. Sólo en Europa, se estima que habría que gastar 190.000 millones de euros anuales en el último cuatro de siglo, según el informe JRC. Los mayores costes se darían en el sur y centro-sur de Europa.

Europa (la tercera emisora de CO2, el 10% del total) ha sido siempre la abanderada en la lucha contra el cambio climático, pero ahora, con la crisis, ha hecho un viraje y ha aprobado objetivos medioambientales menos rigurosos, por la presión de grandes industrias y eléctricas más los países nucleares (Francia y Gran Bretaña) y carboníferos (Polonia). Así, la Comisión saliente propuso en marzo rebajar las emisiones de CO2 un 40% para 2030 (sobre 1990), cuando Europa ya las ha rebajado un 19,2%. Y sobre todo, rebajan al 27% el peso de las energías renovables para 2030 (antes se hablaba del 35%) pero a nivel de toda Europa (ahora es el 13,5%), no país a país. Con ello, los países más verdes compensarán al resto, ahora sin obligaciones concretas en renovables.

De hecho, es lo que ha pasado en los últimos 22 años: Europa es la única región del mundo que ha reducido sus emisiones, pero de manera desigual: de los 15 países europeos que firmaron en 1997 el protocolo de Kioto, 5 países no han cumplido los recortes previstos: Italia, Portugal, Dinamarca, Austria, Luxemburgo y España, el país europeo donde más han crecido las emisiones de CO2 desde 1990 (un +23,68% hasta 2012, frente al +15% objetivo).Y eso a pesar de la recesión (que ha reducido el consumo de energía) y de que España  se ha gastado 812 millones de euros (entre 2008 y 2012) en comprar derechos de emisión de CO2 para compensar una parte de su exceso de emisiones.

Lo más grave no es que España  (5º país europeo con más emisiones de CO2) no cumpla ahora Kioto sino que tampoco lo cumplirá al final del plazo, en 2020. Sólo rebajará las emisiones un -2,5% frente al -10% objetivo (sobre 2005), según el informe de la Comisión Europea (2 junio), que ha pasado desapercibido: “teniendo en cuenta las previsiones nacionales más recientes basadas en las medidas existentes, no se espera que España alcance este objetivo (página 39 informe expertos UE). Y eso que España, por su situación geográfica, será  uno de los países más afectados por el cambio climático, según los científicos: más calor, más sequía, más inundaciones, peores cosechas y mayor riesgo para las costas por la subida del mar, sobre todo en el Cantábrico, Huelva y el Mediterráneo.

En España, un 40% de las emisiones de CO2 proceden del transporte, por culpa del enorme peso de los camiones (83% transporte frente al 45% en la UE) y un parque de vehículos donde la mitad tienen más de 10 años (y dos tercios consumen gasóleo, más contaminante). Otro 25% del CO2 lo emiten la agricultura, los servicios y la vivienda (calefacciones y consumo eléctrico). Y el 35% restante lo emiten las empresas: la mitad (51%) las eléctricas (un 25% de la luz se produce con fuel y carbón), un 11% las refinerías y petroleras, 9% las cementeras, 8% la siderurgia y el resto las demás industrias.

El Gobierno Rajoy, con los recortes, desarboló la política de ahorro energético, la primera medida clave para reducir las emisiones de CO2. Luego, en marzo ha aprobado un Registro de Huella de Carbono, para que las empresas puedan compensar sus emisiones con proyectos de “sumideros forestales”. Y da ayudas para renovar el parque de vehículos particulares (Plan PIVE) y comerciales (Plan PRIMA). Pero es insuficiente. Hay que poner en marcha un ambicioso Plan de transportes, para descargar la carretera con más tren y más barcos. Y aplicar un Plan industrial, para reducir las emisiones sector por sector, con ayudas. Y al producir electricidad, penalizar el fuel y el carbón y fomentar más las renovables, ahora recortadas. No podemos ser “el farolillo rojo” de Europa en la lucha contra el cambio climático. Además, el último informe de la Comisión nos saca también los colores por otros problemas medio ambientales: deficiente gestión del agua (la más barata de la UE), falta de depuradoras (Bruselas ya nos ha abierto un expediente), mala gestión de residuos y excesiva contaminación atmosférica (estamos a la cola de Europa en calidad del aire).

Cuando España y Europa salgan de la crisis, se consumirá más energía y habrá aún más emisiones. No podemos bajar la guardia y esperar a tomar medidas, porque será demasiado tarde y costarán mucho más. “Como presidente y como padre, me niego a condenar a nuestros hijos a un Planeta que no tenga salvación”, ha dicho Obama. Hay estudios y realidades suficientes para ver que el cambio climático está ahí, imparable. Y que pone en peligro nuestro crecimiento y nuestro futuro, más que cualquier recesión. España está peor que el resto: no sólo tenemos el doble de paro, emitimos más CO2. Así que tenemos que salir de la crisis de la forma más limpia posible. Si no, hipotecaremos el futuro de nuestros nietos.

jueves, 6 de febrero de 2014

La desigualdad frena la recuperación


Es algo que tienen en común Obama y el papa Francisco: creen que “la desigualdad es el mayor desafío de nuestro tiempo”. La crisis ha agravado las diferencias entre ricos y pobres en todo el mundo: el 1% de la población acapara la mitad de la riqueza mundial. España es el segundo país europeo donde más ha crecido la desigualdad: el 20% más rico tiene 7,2 veces más renta que el 20% más pobre (en Alemania, son 4,3 veces). Y un 28% de los españoles, 13,1 millones, están en el umbral de la pobreza, que ha crecido  también más que en Europa, por el paro y los recortes. Mientras, crecen los millonarios en España y los bancos han cuadruplicado sus beneficios en 2013. La desigualdad no sólo es injusta e inmoral, sino que atenta contra la democracia y hace peligrar la recuperación: si no crece la renta de los pobres, no habrá consumo, ni ingresos ni cotizaciones para hacer funcionar la economía. La desigualdad mata el futuro.
enrique ortega

La desigualdad era considerada un problema ético, social y político, pero con la crisis se ha colado en el debate económico mundial, desde EEUU al Vaticano, pasando por el FMI o insignes economistas, preocupados porque impida salir de la crisis. Y es que los datos son escalofriantes: la mitad de la riqueza mundial está en manos del 1% de la población y 85 personas acumulan tanta riqueza como los 3.570 millones que forman la mitad más pobre del Planeta, según un Informe presentado por Intermon Oxfam en la reciente Cumbre de Davos. Y 7 de cada 10 personas viven en países donde la desigualdad económica ha aumentado en los últimos 30 años.

La desigualdad  era algo propio de países pobres y en desarrollo, pero en las últimas décadas se está cebando en los países desarrollados, sobre todo en EEUU, donde preocupa cada día más, porque la crisis ha agravado las diferencias: el 1% más rico (que controla el 40% de la riqueza del país) se ha llevado el 95% del crecimiento generado tras la crisis financiera de 2007. Y ahora, un niño norteamericano nacido en el 20% de familias más pobres sólo tiene un 5% de posibilidades de salir de ese grupo de mayor, mientras los niños del 20% más rico tienen más del 60% de posibilidades de seguir siendo ricos al llegar a adultos. Por el contrario, algunos países emergentes, como Brasil, México, Argentina y Corea del Sur, han reducido la desigualdad desde 1990, aunque ha aumentado en Rusia, India y China.

En Europa, la desigualdad es menor que en EEUU y se ha mantenido estable con la crisis: el índice de Gini (indicador internacional de desigualdad: 0 ninguna,100 máxima) se ha mantenido en 30,6, mientras bajaba la desigualdad en los países en crisis (Portugal, Irlanda e Italia), se mantenía estable en Grecia, bajaba en Alemania, Holanda, Noruega, Finlandia y la mayor parte de países del Este y aumentaba en Francia, Dinamarca, Suecia, Reino Unido y, sobre todo ,en España, el segundo país donde más ha crecido la desigualdad con la crisis (tras Francia) y el segundo país con el mayor índice de desigualdad (35), tras Letonia, según Eurostat (datos 2012).

La crisis ha agravado la desigualdad en España, al contrario que en Europa: si en 2007, el 20% de españoles más ricos ganaba 5,3 veces más que el 20% más pobre, en 2012, esa diferencia había subido a 7,2 veces, según Eurostat, una desigualdad superior a la de Grecia (6,6 veces), Portugal (5,8), Italia (5,5), Reino Unido (5,4), Irlanda (4,6) o Alemania (4,3 veces). Y si no se hace nada para corregirlo, en 2025, el 20% más rico ganará en España 18 veces más que el 20% más pobre, según la previsión de Intermon Oxfam.

La otra cara de la desigualdad es la pobreza, que también se ha agravado con la crisis: España es el segundo país europeo (tras Irlanda) donde más ha crecido la pobreza desde 2007 (+26,2%) y ya hay 13,1 millones de españoles (28,2% de la población, frente al 25% en Europa) en el umbral de la pobreza, porque ganan menos de 15.445 euros brutos al año (matrimonio con 2 hijos, en 2012), según Eurostat. Y de ellos, 2,82 millones son niños: uno de cada tres menores vive en España en la pobreza, según Save the Children. Lo peor es que casi una cuarta parte de estos pobres viven en la pobreza extrema: son 3 millones de españoles que subsisten con menos de 307 euros al mes, según Cáritas.

Pobreza y desigualdad, dos lacras que ya estaban ahí pero que ha agravado la crisis. El principal  culpable es el paro, que ha quitado drásticamente ingresos a 3.752.400 españoles que han perdido su trabajo desde 2007. Pero hay más causas de la desigualdad. Una, la caída de los salarios desde 2010, que ha afectado más a los salarios más bajos: han caído hasta un 17% con la crisis, mientras los más altos se estabilizaron o subieron, según Fedea. Y 534 directivos de empresas del IBEX ganan más de un millón al año, 90 veces más que sus empleados (en Europa hay una campaña, 1:12, para que nadie gane más de 12 veces). Sin olvidar la pérdida de poder adquisitivo de las pensiones. Y entre tanto, crecen los millonarios en España (+13%, son ya 402.000) y los bancos han cuadruplicado sus beneficios en 2013.

Otro culpable es la política fiscal: Zapatero bajó impuestos a las empresas y rentas altas y Rajoy ha subido el IVA y las tasas (que afectan más a los más pobres), además del IRPF, que recae sobre los trabajadores de forma injusta: pagan el 85%, mientras las rentas de capital un 8% y las empresariales un 7%. La tercera causa de desigualdad son los recortes, que han dañado más a los que menos tienen: recorte del paro, becas, ayudas de comedor, guarderías y  transporte, junto a los copagos y subidas de tasas universitarias. Y por último, las subidas de precios se han cebado en productos y servicios básicos, que afectan más a los más pobres: luz, agua, gas, transportes, carburantes, alimentación…

Cara al futuro, la anémica recuperación debería reducir la desigualdad, pero no es seguro, porque el crecimiento será mínimo (hasta 2018) y se creará poco empleo, que será precario (temporal, a tiempo parcial y mal pagado). Y la mitad de los casi 6 millones de parados tendrán difícil salir de la pobreza, ya que apenas tienen formación y llevan más de dos años sin trabajar. Además, en 2014 y 2015 volverán a bajar los salarios (según la Comisión Europea), cuando el sueldo más habitual son 15.550 euros brutos (INE) y 7,5 millones de asalariados (más de la mitad) son mileuristas (y la mitad minieuristas: ganan entre 400 y 1.000€ al mes).

La desigualdad no sólo atenta contra la ética y la justicia, sino que socava la democracia, porque aleja a muchos ciudadanos de las instituciones y la política, que consideran secuestrada por el 1% más rico. Pero además, la desigualdad  frena  la recuperación: la caída de ingresos de las clases medias y el aumento de la pobreza, junto al elevado endeudamiento de las familias, impiden reanimar el consumo y la inversión, los motores del crecimiento y el empleo. Y la puntilla son los recortes de la política de austeridad europea, mientras EEUU reanima su economía (aunque reduzca los estímulos), una política que ha creado ya 8 millones de empleos.

Hay quien dice que primero debemos salir de la crisis y luego preocuparnos de la desigualdad. Pero sin reducir la desigualdad, tardaremos mucho más en despegar. Por eso, hay que tomar medidas urgentes contra la desigualdad, porque no basta con crecer más y crear empleo, la clave para que haya menos pobres. Hace falta mejorar los salarios más bajos (de ahí la subida del salario mínimo en Alemania y EEUU, mientras Rajoy lo congela) y reducir la precariedad en los nuevos contratos. Hay que mejorar las pensiones más bajas y recomponer la sanidad, educación, ayudas y servicios sociales, cobrando más impuestos a los que apenas pagan (ricos, grandes empresas y multinacionales) y menos a las rentas más bajas. Hay que ayudar a las familias más desfavorecidas a renegociar sus hipotecas (como acaba de pedir el FMI a España) y poner en marcha un Plan de ayudas contra la pobreza extrema (como acaba de hacer Castilla y León). Y hay que volcarse en la formación de parados y jóvenes, ya que la mitad tiene una escasa formación para encontrar trabajo. Que los de abajo ingresen más, por salarios, ayudas e impuestos. Y que lo paguen los de arriba. Eso reducirá las brutales diferencias actuales.

Hay que incluir la lucha contra la desigualdad entre las prioridades económicas, junto al crecimiento y al empleo. Porque no basta con que la economía, el enfermo, tenga menos fiebre y empiece a andar. Si crece la desigualdad, no irá muy lejos: es un cáncer.

domingo, 4 de noviembre de 2012

Elecciones USA: nos jugamos mucho todos


No votamos, pero en las elecciones norteamericanas del 6 de noviembre nos jugamos mucho todos, sobre todo España: si ganara Romney y aplicara recortes del gasto, provocaría una mayor recesión en el mundo, ya preocupado por la crisis del euro. Y afectaría a las inversiones allí de nuestras empresas y a las exportaciones a EEUU, nuestro sexto cliente mundial. Por no hablar del mayor riesgo de una guerra militar (otra) con Irán y una guerra comercial con China si ganan los republicanos. Victoria que envalentonaría a Merkel y a los fundamentalistas de Bruselas en sus recortes. Si gana Obama, podría reanimar la economía USA y ayudar a un mayor crecimiento mundial. Con todo, Estados Unidos tiene un problema grave de creciente desigualdad, que hace peligrar su futuro y el de todos.

Estados Unidos sale de la recesión aunque lentamente. La economía crece ahora el +2%, frente al -6,2% que caía en las elecciones de 2008. Y el FMI augura este año un crecimiento del 2,2%, el tercer año en positivo tras las caídas de 2008(-0,3%) y 2009(-3,1%, el peor dato desde 1946). Un crecimiento similar al de Japón (+2,2%), superior al de una Europa en recesión (-0,4% en 2012) pero muy por debajo del +5,3% que crecerán los países emergentes (+7,8% China, +4,9% India, +3,7% Rusia, +1,5% Brasil). Con todo, es un crecimiento todavía bajo y EEUU no crecerá por encima del 3%, como antes de la crisis, hasta 2016. Por eso, el paro seguirá alto (para ellos), por encima del 7,5%, aunque Obama lo ha bajado al 7,9% desde el 10,2 % que llegó a subir en 2009. El problema es que no se crea suficiente empleo (5,5 millones en los últimos dos años y medio). Y que sólo cobra el paro un 38% de los 14 millones de desempleados (y sólo 6 meses).

El paro es el primer problema para los norteamericanos, pero hay otro del que no son tan conscientes: la enorme desigualdad, que ha crecido con la crisis. EEUU es el país con más desigualdad de la OCDE (0,47 de coeficiente Gini, frente a 0,32 España, 0,30 la UE o 0,29 Alemania). Si hace treinta años, el 1% más rico se llevaba el 12% de las rentas, ahora se lleva el 20%. Y con la recesión, los ricos se han hecho más ricos: se llevaron el 93% de los ingresos adicionales conseguidos por el país en 2010. Los 6 herederos de Wal-Mart (supermercados) han recibido un patrimonio equivalente al del 30% de la población más pobre (93 millones de personas). El patrimonio de los hispanos ha caído un 66%, el de los negros un 53% y el de los blancos un 16%. La clase media está desapareciendo y el salario real de un trabajador es menor que hace 30 años. Los negros y las mujeres ganan el 80% que los blancos. Uno de cada seis norteamericanos está en la pobreza y uno de cada cuatro niños (el 40% de los niños negros). Y uno de cada 7 norteamericanos depende del Gobierno para alimentarse.

Esta tremenda desigualdad económica aboca a una gran fractura social: 50 millones de norteamericanos no tienen seguro médico, la esperanza de vida es menor que en España (78 años frente a 82), la mortalidad infantil (8%) es mayor que la de Cuba o Malasia(6%) y 1 de cada 100 adultos está en la cárcel (1 de cada 3 negros es condenado alguna vez).Ocho millones de familias han perdido su casa y otros 11 millones deben más al banco de lo  que vale su vivienda. Crece el abandono escolar (30% en secundaria) y los que viven con sus padres (19% entre 25 y 34 años). Sólo se  licencian a tiempo un 22 % de los universitarios y dos tercios salen con deudas de más de 25.000 dólares.

Todos son datos aportados por Joseph E. Stiglitz, premio Nobel 2001, en su reciente libro “El precio de la desigualdad”, una impresionante radiografía de EEUU hoy. Su tesis es que el 1% de los ricos se ha hecho más rico con la recesión a costa del 99% restante, gracias a una serie de factores que analiza con rigor: la desregulación financiera de Reagan, Bush y Clinton, la bajada de impuestos a los ricos y grandes empresas, el poder de los monopolios y grandes empresas para fijar precios y cobrar más al Estado, el clasismo en el acceso a la educación, la financiación de lospolíticos y sus campañas y la Justicia a favor del 1% más rico. Destaca el capítulo donde explica cómo ese 1% convence al 99% de sus tesis, defendiendo sus privilegios en debates sobre el déficit y los recortes, las hipotecas, la sanidad o las ayudas a la banca. Y lanza tres duros mensajes: la desigualdad está destruyendo la democracia ("un dólar, un voto"), la desigualdad está destruyendo el mito americano de la igualdad de oportunidades (ahora, si naces pobre, negro o hispano, no tienes futuro) y la desigualdad lastra el crecimiento y la salida de la crisis.

Por desgracia, estos temas no centran el debate electoral norteamericano, enfocado en el paro y el déficit público. La receta de Obama es seguir reanimando la economía (lo ha hecho en 2009, 2011 y en septiembre 2012, aportando liquidez y tipos al 0% hasta 2015), pero la política monetaria es insuficiente y tendrá que subir impuestos y aumentar las inversiones públicas. La receta de Romney es recortar el déficit público (8,9% PIB) y el Estado (privatizando la sanidad y las pensiones, cuya gestión privada sería más cara, según Stiglitz), y bajando impuestos (a los ricos). Precisamente, el déficit actual se debe en buena parte a la bajada de impuestos de Bush (20%), a la guerra de Irak (15%), a la prestación pública de medicamentos (1%) y a la recesión (16% por las medidas de estímulo y 48% por la menor recaudación).Por eso, Stiglitz defiende, para recortar el déficit, subir impuestos a los ricos, recortar el gasto en armamento, reestructurar las hipotecas, recortar subvenciones y ayudas injustificadas a  bancos y grandes empresas y estimular la economía con más decisión, con inversiones públicas en educación, tecnología, energía e infraestructuras.

En estas elecciones se juegan dos modelos de política económica: Obama, que apuesta por reanimar la economía desde el Estado y Romney que apuesta por recortar el Estado y apoyarse en los mercados (que nos trajeron esta crisis). Si gana Romney y recorta gastos, se resentirá el crecimiento y frenará la economía mundial, con Europa en recesión. Además, la política de recortes de Merkel y los fundamentalistas de Bruselas tomaría más aire. Y si hay recortes en EEUU, harían mucho daño a España: son nuestro sexto país cliente y nuestras empresas tienen una fuerte presencia allí en energías renovables, infraestructuras, telecomunicaciones, alta velocidad (AVE), tecnología médica, gestión del agua y alimentación.

En definitiva, que votan los norteamericanos (pocos, el 57%) pero se la juega el resto del mundo. No sólo la economía, sino el mundo que defienden: si gana Romney puede meternos en otra guerra cruenta (su mayor preocupación es” un Irán nuclear”) o comercial (con China) y en conflictos con Rusia (“el enemigo geopolítico nº 1”). Y crecería la desigualdad  y la fractura social en EEUU, algo que se ha contagiado al resto del mundo con la recesión. Crucemos los dedos y a ver si gana Obama. Por nuestro bien.

domingo, 5 de agosto de 2012

Tres libros para entender mejor la crisis


Propongo tres libros para leer este verano y entender algo mejor la crisis nuestra de cada día. Tres libros que tienen mucho en común: hacen otra lectura de la crisis y de sus causas, insistiendo en que han fallado los todopoderosos mercados y una determinada política económica, la misma que ahora quiere imponer sus recortes y sacrificios. Y los tres analizan las similitudes entre esta crisis y la Gran Depresión de los años 30, para concluir que tenemos que aprender del pasado y reanimar la economía, poniendo el empleo y no el déficit como el primer problema en Estados Unidos, en Europa y en España. Lean y reflexionen después.
                          
Lo mejor del primer libro es su título: “La economía del miedo”, de Joaquín Estefanía, economista y periodista (ex-director de El País). Si algo caracteriza el momento económico actual es el miedo: miedo a perder lo que tenemos, miedo al otro, miedo a que nuestros hijos vivan peor… Y el miedo se convierte en una gran trampa para atenazar a los ciudadanos, como reflejaba el chiste de El Roto: “Tuvimos que asustar a la población para tranquilizar a los mercados”. Estefanía profundiza en esta economía del miedo, una ideología sostenida por poderes políticos y económicos que defienden sus intereses “echando la culpa de la crisis a la plebe” y debilitando la democracia.

El libro analiza con detalle cómo se gesta la crisis (desregulación + endeudamiento+ falta de control de gobiernos e instituciones como el FMI) y dedica un interesante apartado a analizar las similitudes y diferencias con la Gran Depresión de los años 30, destacando el debate sobre recortes y estímulos para salir de la crisis (entonces y ahora). Y realiza un detallado repaso, muy periodístico, de la evolución de la actual crisis, desde 2007 hasta otoño pasado, poniendo el acento en los momentos claves, países y protagonistas.

El libro es un excelente Manual sobre las crisis económicas del último siglo, en especial la crisis latinoamericana de los 80, la crisis asiática de los 90 y la crisis de la nueva economía de inicios del 2000, para demostrar que los mercados han fallado antes que ahora, tratando se sacar enseñanzas y recetas. Por último, Estefanía analiza la crisis europea y española, criticando la política de ajustes y la falta de liderazgo europeo.

El segundo libro, “La torre de la arrogancia”, de los catedráticos Xosé Carlos Arias y Antón Costas, es una profunda reflexión sobre el pulso entre política económica y mercados, instalados en su torre de poder desde la que se creían inmunes a cualquier crisis. Analizan la hegemonía de los mercados y la pérdida de poder de la política entre 1980 y 2007, que llevó a la globalización financiera, al aumento de las desigualdades, al fuerte endeudamiento y finalmente a la crisis actual, en medio del flagrante error de los economistas.

Los autores dedican también una parte importante del libro a estudiar las semejanzas entre la crisis actual y la Gran depresión de los años 30, haciendo hincapié en el error de no reanimar la economía, como sucedió en EEUU hasta el New Deal de 1935, en Gran Bretaña (“muy poco empleo puede crearse a través del gasto y del endeudamiento estatal”, defendía Winston Churchill en 1929) y Alemania, donde los duros recortes del canciller Brünning en los años 30 abrieron el camino a un agravamiento de la recesión y a Hitler.

Cara al futuro, el libro reflexiona sobre los cambios en el pulso política –mercados a raíz de la crisis, defendiendo que los mercados y sus economistas ya no tendrán tanto poder (¡que se lo pregunten a la prima de riesgo¡ ), pero que la política avanzara también despacio, con tímidas reformas. Y en el caso español, defienden moderar salarios y precios, para aumentar nuestra  competitividad. Escrito en mayo de 2011, falta un análisis más actualizado de la crisis del euro y de la actual recesión en España, sobre la que Antón Costas defiende, en artículos de prensa, menos recortes y más reanimar la economía.

El tercer libro, “Acabad ya con esta crisis”, del premio Nobel Paul Krugman, es el más fácil de leer y el más político. Más que preguntarse qué ha pasado, le interesa señalar qué hacer : “saltar por encima de esa gente seria que nos ha metido a todos por el camino equivocado a costa de enormes sufrimientos para nuestras economías y nuestras sociedades”. Krugman indica que las cosas están mal (“no hay brotes verdes en Estados Unidos”, aunque no estén en recesión) y que lo grave de la crisis es que nos lleve a “perder el futuro”, por el paro de los jóvenes, la caída de la inversión y el abandono de las infraestructuras. Y plantea que no hay que rendirse, porque hay salida: sabemos lo que hay que hacer, que el Estado gaste más hasta que se recupere la inversión, como hizo Rooselvet en los años 30 en Estados Unidos.

El Nobel analiza cómo hemos llegado a esta crisis, por falta de regulación, porque “los banqueros se volvieron locos” y los políticos y los economistas (es muy crítico con su profesión) les dieron cobertura. A partir de ahí, Krugman, que apoya a los demócratas, es muy crítico con la actuación de Obama ante la crisis: cree que se quedó corto en los estímulos y critica sus recortes a los gobiernos locales y estatales. Ahora, defiende que la Administración norteamericana gaste más, un papel más activo de la Reserva Federal y aliviar la deuda hipotecaria, para reanimar el consumo y el empleo, olvidándose del déficit y la deuda, que no cree sean los verdaderos problemas de EEUU.

Al final, lo mejor del libro de Krugman es su análisis del problema europeo, donde denuncia el gran engaño de los defensores de la austeridad: querer hacernos creer que la crisis se debe a haber gastado en exceso. Y defiende un mayor papel del BCE (comprando bonos) y acabar con la política de austeridad, que lleva a la recesión y al desempleo, estimulando las economías con más gasto e inversión pública y más inflación.

Espero que estos libros les interesen. ¡Buen verano y hasta septiembre¡