Casi la mitad de las familias españolas tienen problemas para llegar a fin de mes (el 44,2%, según el INE), básicamente porque la inflación acumulada (+23,5% entre 2020 y 2025) ha crecido más que los salarios (+16,66% en estos 6 años). Y con los precios altos, por el encarecimiento de la energía, las materias primas y los alimentos, los salarios crecen este año menos que la inflación: +2,94% en los convenios firmados hasta abril, mientras la inflación está en el 3,2% anual en abril y subirá más este verano, por el encarecimiento de la luz (han vuelto a subir el IVA y el impuesto de la electricidad el 1 de junio), los carburantes, los alimentos, la hostelería, el turismo y los viajes. Así que seguirá siendo difícil llegar a fin de mes, sobre todo los que pagan además alquileres altos e hipotecas más caras.
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jueves, 4 de junio de 2026
Salarios: España, un país de mileuristas
Este verano aumentará la inflación, cerca del 3,5%,
por la subida de la luz, los alimentos, el turismo y los viajes. Mientras, los sueldos
suben menos del 3%. Esto agrava un problema de fondo, que explica por qué bastantes
familias no llegan a fin de mes: muchos sueldos son demasiado bajos,
según acaba de confirmar el INE. Tres datos. El salario más frecuente (1.080
euros netos) es más bajo ahora que en 2019. Casi el 30% de los sueldos están
entre 1.046 y 1.326 euros netos (en 14 pagas). Y más de dos tercios de los
trabajadores (12,4 millones de asalariados) ganan entre 1 vez el salario mínimo
(1.038 euros netos en 14 pagas) y 2 veces el SMI (1.711 euros netos). Somos
un país de mileuristas, con unos sueldos un 25,6% más
bajos que en Europa. Por eso, los sindicatos piden subidas del 4 al 7%,
ahora que las empresas llevan 5 años subiendo ventas y beneficios. Pero la
negociación salarial no ha empezado y podría no haber acuerdo. Enrique Ortega
Casi la mitad de las familias españolas tienen problemas para llegar a fin de mes (el 44,2%, según el INE), básicamente porque la inflación acumulada (+23,5% entre 2020 y 2025) ha crecido más que los salarios (+16,66% en estos 6 años). Y con los precios altos, por el encarecimiento de la energía, las materias primas y los alimentos, los salarios crecen este año menos que la inflación: +2,94% en los convenios firmados hasta abril, mientras la inflación está en el 3,2% anual en abril y subirá más este verano, por el encarecimiento de la luz (han vuelto a subir el IVA y el impuesto de la electricidad el 1 de junio), los carburantes, los alimentos, la hostelería, el turismo y los viajes. Así que seguirá siendo difícil llegar a fin de mes, sobre todo los que pagan además alquileres altos e hipotecas más caras.
La clave vuelve a estar en los salarios, que son
demasiado bajos para muchos trabajadores, según acaba de desvelar el INE, con
su última estadística de
estructura salarial (referida a 2024): el salario medio anual
en España es de 29.540 euros brutos, lo que significa 1.631 euros
netos en 14 pagas. Un sueldo medio que es mayor para los hombres (32.057,55
euros brutos, 1.748 netos en 14 pagas) que para las mujeres (26.904,90
euros brutos, 1.507 euros netos), cuya “brecha” salarial es el
16,8% que cobran de menos. Este sueldo medio ha subido 5.144,28
euros brutos desde 2019, un aumento medio del +21%. Subida que se ha
comido la inflación, porque los precios subieron el +21.3% en estos
6 años.
Pero este dato es el salario medio anual, que se
obtiene como media entre los que más ganan y los que menos. Un dato más
relevante es el
salario mediano, que es el salario que divide a los trabajadores en dos
partes: la mitad que gana más y la mitad que gana menos. En 2024
era menor, 24.497,17 euros brutos, unos 1.352 euros netos (14 pagas). Un
salario mediano que ha crecido menos desde 2019 (+4.146 euros), un +20,37%
(+21,3% el IPC).
Y queda un tercer dato que es más revelador: el
salario más frecuente, el que ganan un mayor porcentaje de
trabajadores. En 2024 era aún menor, según el INE, de 16.520,18
euros brutos (1.080 euros netos en 14 pagas), el sueldo que cobraban el
3,84% de los asalariados. Y lo peor es que este salario más frecuente ha
caído en los últimos 6 años: era de 18.489 euros brutos en 2019 y ahora
está en 16.520 euros, lo que significa que el sueldo que ganan ahora el mayor
grupo de trabajadores es un 10,6% más bajo. Además, si miramos cuantos
trabajadores ganaban entre 16.000 euros brutos (1.046 euros netos en 14
pagas) y 23.000 euros brutos (1.326 euros netos), son casi un tercio
( el 29,5%) de los asalariados, casi 5,5 millones de asalariados que son “mileuristas”.
Y otro dato llamativo: más de dos tercios de los
trabajadores (el 67,01%) ganaban en 2024 entre 1 vez y 2 veces el
salario mínimo (SMI), entre 15.876 euros brutos entonces (1.038 euros netos
en 14 pagas) y 31.752 euros brutos (1.711 euros netos en 14 pagas). Eso
significa que 12,45 millones de asalariados ganan menos de 1.711 euros netos
al mes (en 14 pagas), una cantidad con la que difícilmente se puede
sobrevivir si no hay otro sueldo, si hay hijos y si encima hay que pagar un
alquiler o una hipoteca. Esta es la realidad de la mayoría de los salarios que nos reflejan los datos del
INE, aunque sean de 2024.
Además de tener sueldos mayoritariamente bajos, en España
hay grandes diferencias de salarios por sectores, ocupaciones
y autonomías, según
reflejan los datos del INE. Hay 6 sectores económicos especialmente mal
pagados, cuyo sueldo medio (ojo, las medias no reflejan los muchos
sueldos más bajos) está por debajo del sueldo medio de toda la economía, esos
29.540 euros brutos (1.631 euros netos en 14 pagas): son la hostelería
(17.653 euros brutos, 1.139 euros netos en 14 pagas), las actividades
artísticas (20.383 euros brutos, 1.241 euros netos), actividades
administrativas (21.096 euros brutos, 1.265 euros mensuales netos), comercio
(25.778 euros brutos, 1.545 mensuales netos), construcción (26.965 euros brutos,
1.616 euros netos mensuales) e inmobiliarias (28.854 euros brutos). Y cobran
por encima de la media, 4 sectores económicos: suministro de energía
(57.931 euros brutos, 2.873 euros netos mensuales), industrias extractivas
(41.951 euros brutos), industria manufacturera (32.281 euros brutos) y
suministro de agua (32.362 euros brutos).
El sueldo tiene mucho que ver no sólo con el
sector, sino con el puesto que se ocupa en la empresa. Así, los que más ganan
son los directores y gerentes (63.865 euros brutos, más del doble que la
media), seguidos de lejos por técnicos y profesionales (entre 45.513 y 40.554
euros brutos) , siendo los
sueldos más bajos los de los trabajadores no cualificados de los
servicios (16.062 euros brutos, 1.050 euros netos mensuales), los trabajadores
de la restauración (18.918 euros brutos), de la salud (19.479 euros brutos) y
los peones del campo o la construcción (22.030 euros sueldo medio bruto). Y estas diferencias se multiplican entre los grandes
ejecutivos de grandes empresas: ganan hasta 111 veces más
que su empleado medio, hasta 4,4 millones de euros anuales, según
Intermón Oxfam.
También hay grandes diferencias de sueldos por autonomías, en
función del mayor o menor peso de los sectores mejor pagados y de su productividad
y su aportación a la riqueza (PIB). Hay 4 regiones con el sueldo medio por
encima de la media de España (29.540 euros, 1.643 euros netos mensuales): País
Vasco (35.170 euros brutos anuales , 1.894 euros netos mensuales), Madrid
(34.410 euros brutos), Navarra (32.605 euros brutos) y Cataluña
(31.730 euros brutos. Los sueldos medios más bajos se cobran en Extremadura
(24.974 euros brutos, 1.417 euros netos mensuales), Canarias (25.120
euros brutos), Castilla la Mancha (26.062), Andalucía (26.089),
Castilla y León (26.177), Murcia (26.349), Galicia (26.547) y la Comunidad
Valenciana (26.816 euros brutos).
Ya no es sólo que España tenga sueldos bajos y muchos
trabajadores sean “mileuristas”, sino que seguimos con sueldos mucho más
bajos que en bastantes paises de Europa. Así, el salario por hora
trabajada fue en España de 19,5 euros en 2025, un 25,6% del sueldo medio
por hora pagado en la UE-27 (26,2 euros/hora), según
Eurostat. Y quedamos muy lejos de lo que se paga por hora de trabajo en Luxemburgo
(49,7 euros/hora), Dinamarca (44,7 euros), Irlanda (36,6 euros),Paises Bajos
(36,3 euros), Alemania (34,5 euros), Francia (30 euros) o Italia (23
euros/hora), superando sólo a Portugal (15,6 euros) y Grecia (14,5 euros). Y no
sólo se cobra menos ahora sino que el salario/hora ha crecido mucho menos
en España que en Europa desde 2008 (+36,3% frente a
+62,7% en la UE-27) y desde 2020 (+14,7% frente a +21,8% que ha
subido el salario hora en la UE-27).
Al final, resulta que los sueldos en España ocupaban en 2025
el puesto 16 en el ranking de los 27 paises europeos desarrollados
que integran la
OCDE, encabezado por Suiza (107.487 euros brutos de sueldo medio), con
Dinamarca en el 4º puesto (71.961 euros brutos), en el 5º Paises Bajos (69.028
euros), en el 7º Alemania (66.700 euros), en el 8º Reino Unido
(65.340), en el 10º Bélgica (62.348 euros), en el 11º Irlanda (60.258 euros),
en el 13º Suecia (50.338 euros), en el 14º Francia (45.964 euros), en el
15º Italia (36.594 euros) y en el puesto 16º España (32.678 euros brutos
de media en 2025), quedando 9 paises europeos por debajo de los 30.000 euros
de sueldo bruto medio (Portugal, el 22º, con 24.254 euros).
Según la Organización
Internacional del Trabajo (OIT), las diferencias salariales en
Europa, con sueldos más altos en el centro y norte que en el sur, se deben
a 3 factores: la estructura económica y la mayor o menor productividad
(muy ligada a la tecnología, el tamaño de las empresas y a la organización del
trabajo), las instituciones del mercado laboral (más sueldos en los
paises con sindicatos más fuertes y una negociación colectiva consolidada) y un
mayor o menor coste de la vida (la alta inflación presiona al alza los
salarios).
En España, la
queja de los sindicatos es que el fuerte crecimiento
de la economía y el aumento de ventas tras la pandemia ha beneficiado a
las empresas, que han aumentado márgenes y beneficios, pero no a
los trabajadores, cuyos sueldos crecen menos. Y aportan los últimos
datos del Observatorio de Márgenes empresariales. Uno, que el valor
añadido sobre ventas (ingresos menos costes) ha crecido un 24,5% en los
últimos 4 trimestres (marzo 2026-marzo 2025), frente al 21,9% que crecieron de
promedio entre 2009 y 2021. Y el margen bruto de las empresas (su
rentabilidad operativa) es del 12,8%, frente a una tasa promedio del 10,5%
entre 2009 y 2021. Y además, añaden, ha crecido más la productividad que
los sueldos: entre 2018 y 2026, el margen bruto por asalariado
que obtienen las empresas ha crecido un +53%, frente al +33% que
ha crecido la remuneración media por asalariado en estos 8 años.
En definitiva, que en el reparto de la
tarta del crecimiento y la riqueza, las empresas se llevan
una mayor parte que los trabajadores. Y por eso, los sindicatos creen que es
hora de que los salarios crezcan más, de repartir
mejor el crecimiento. En el V
Acuerdo para el Empleo y la negociación Colectiva (AENC) , firmado
por los sindicatos y la patronal en 2023, se pactó una subida salarial
del +4% para 2023 y del +3% para 2024 y 2025, más una cláusula de revisión
del 1% si se disparaba la inflación, subidas que han sido básicamente respetadas
en los convenios firmados (han
subido un 10,46% estos tres años) y que han superado a la inflación (+9% de
media los 3 años), mejorando algo el poder adquisitivo.
Ahora, cara a la firma del VI AENC, que debe
pactar las subidas salariales para 2026, 2027 y 2028, los
sindicatos exigen subidas mayores que las de los pasados
años. Primero, porque los conflictos geopolíticos hacen temer un repunte de
la inflación en todo el mundo y en Europa, donde la Comisión prevé una
inflación del +3,1% este año (y del +3% en España), que podría aumentar si no
acaba la guerra en Oriente Medio. Y segundo, porque los sindicatos creen que
ya es hora de que los trabajadores se beneficien del
crecimiento en sus sueldos, como han hecho las empresas con sus
beneficios. Sobre todo los trabajadores que menos ganan, esos 5,5 millones de
asalariados que ganan entre 16.000 y 23.000 euros brutos.
Por todo esto, el 29 de enero, UGT y CCOO presentaron
su propuesta de negociación para acordar con la patronal el VI
AENC que ampare los convenios de 2026 a 2028. Su posición de partida es exigir
una subida
salarial del 4% para 2026, 2027 y 2028, más una subida extra del
1 al 3% adicional para los trabajadores que ganan ahora entre el 10% y
el 30% por debajo del salario medio anual en España (29.540 euros), además de
una cláusula del revisión salarial del 1,5% por si se dispara la inflación.
Además, quieren incluir en esta negociación colectiva la
supresión de las horas extras gratis, la reducción de jornada, la precariedad
laboral de los jóvenes y las mujeres, el grave problema de la vivienda
para muchos trabajadores (y sus empresas), además de la regulación de los
algoritmos y la Inteligencia Artificial.
Ha pasado casi medio año y no hay avances en
la negociación salarial para 2026 y los dos años siguientes, cuando el V
AENC se firmó el 10 de mayo de 2023.
La patronal CEOE no parece interesada en sentarse con los
sindicatos a negociar y muchas empresas, sobre todo las más pequeñas, creen que
la subida será menor si no hay un aumento pactado. Además, la patronal
CEOE lleva unos meses muy radicalizada, levantándose de las mesas de
concertación (como en el tema de la reducción de jornada) y culpando al
Gobierno (y a los sindicatos) de querer “imponerles” cambios legales, quejándose
del exceso de absentismo y bajas laborales (en gran parte, por los problemas de
la sanidad pública). Todo apunta a que los sindicatos presionarán a la patronal
en septiembre, pero será un mal momento para la CEOE,
porque en
noviembre hay elecciones y quiere volver a presentarse Antonio Garamendi.
Así que no está claro que este otoño se negocien las futuras subidas salariales,
como se hace desde 2010.
Pero los bajos salarios son un problema, no
sólo para los trabajadores que los cobran sino para
el conjunto de la economía: si los salarios no suben algo más que
la inflación, será difícil sostener el aumento del consumo, uno de los motores
del crecimiento y el empleo. Así que mejorar los salarios, para que sean más
“europeos” no sólo es una cuestión de justicia (el 64% de los
trabajadores están por debajo del salario medio, según
los sindicatos) sino también de economía: necesitamos mejorar
los salarios para mantener el consumo y seguir creciendo y creando empleo. Hay
que conseguir que más españoles noten la mejoría de la economía, repartir
mejor el crecimiento. Y para eso tienen que subir más los salarios
en los próximos años, sobre todo los más bajos. Se puede y se debe.
Casi la mitad de las familias españolas tienen problemas para llegar a fin de mes (el 44,2%, según el INE), básicamente porque la inflación acumulada (+23,5% entre 2020 y 2025) ha crecido más que los salarios (+16,66% en estos 6 años). Y con los precios altos, por el encarecimiento de la energía, las materias primas y los alimentos, los salarios crecen este año menos que la inflación: +2,94% en los convenios firmados hasta abril, mientras la inflación está en el 3,2% anual en abril y subirá más este verano, por el encarecimiento de la luz (han vuelto a subir el IVA y el impuesto de la electricidad el 1 de junio), los carburantes, los alimentos, la hostelería, el turismo y los viajes. Así que seguirá siendo difícil llegar a fin de mes, sobre todo los que pagan además alquileres altos e hipotecas más caras.
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lunes, 18 de mayo de 2026
La inflación nos agobia
La inflación subió un +3,2% anual en abril, el
2º mes que supera el 3%, por la guerra en Oriente Medio, aunque la
subida es mucho menor a la que provocó la invasión de Ucrania (hasta +10,8%
en julio 2022). El problema es que llueve sobre mojado: en los últimos
5 años, la inflación acumulada sube un +22,9%, siendo mucho mayor la
subida de alimentos (+36,4%), alquileres (+42,8%), hoteles y
restaurantes (+30,6%) o transporte (+22,3%). Y sobre todo, los
precios han subido más que los salarios (+14,93% en los últimos 5 años),
con lo que la mayoría de familias han perdido poder adquisitivo, más que
en Europa. Por eso, aunque la economía y el empleo crecen más en España, muchos
ciudadanos “no notan” esta mejoría y más de la mitad cree que la
economía está “mal o muy mal”. Para corregir este pesimismo, sólo queda
una salida: subir más los salarios, tras varios años en que las empresas
han mejorado mucho sus ventas y beneficios. Urge repartir mejor el
crecimiento. Los alimentos han subido +36,4% en los últimos 5 años
España sigue creciendo (+0,6% el primer trimestre 2026, un +2,7% anual) y 2026 será el 5º año consecutivo en que creceremos más que el resto de Europa (+2,1%, según el FMI. Sin embargo, los españoles no tienen la sensación de que “la economía va bien”: el 52,8% opina que la economía española va “mal” (38%) o “muy mal” (14,8%), según el último Barómetro del CIS (abril 2026). Un porcentaje de “pesimistas” que es mayor al de antes de la pandemia (en junio de 2019, sólo un 39,8% veían la economía entonces mal o muy mal), aunque es mejor que la sensación negativa que tenían tras la invasión de Ucrania (el 72,6% de los encuestados veían la economía “mal” o muy mal” en abril de 2022). Curiosamente, cuando a esas mismas personas se les pregunta cómo es su situación económica particular, son muy optimistas: el 64,7% la calificaban de “buena” (60,7%) y muy buena (4%), el doble de los que pensaban así antes de la pandemia (junio 2019): 32,5% dijeron que “buena” y 1,3% “muy buena”.
La posible explicación a esta aparente contradicción
(“España va mal, pero yo voy bien”) puede estar en la caída
de la confianza del consumidor tras varias crisis (pandemia, invasión
de Ucrania, guerra en Oriente Medio) y, sobre todo, en la preocupación
por la inflación y la vivienda, los dos
problemas que más destacan los encuestados por los Barómetros del CIS.
La inflación no debería preocupar tanto,
porque bajó dos
décimas en abril (al 3,2%), gracias a la rebaja de impuestos a los
carburantes y a la electricidad (que cuesta la mitad que en Europa, por el
mayor peso de las renovables). Y ese 3,2% de inflación está muy lejos de
los precios disparados tras la crisis anterior, la que siguió a la
invasión de Ucrania (24 febrero 2022): llegó a subir por encima del 10% entre
junio y agosto de 2022 (con un
máximo del 10,8% de inflación en julio 2022) y no bajó del 4% hasta
mayo de 2023. El problema no es la inflación actual, sino que
llueve sobre mojado y los consumidores han sufrido subidas
constantes de precios en los últimos 5 años que se han comido sus ingresos
y ahorros. Veámoslo.
La inflación “acumulada” hasta abril de 2026
(desde abril de 2021) ha sido del +22,9%, según el INE, aunque hay muchas
partidas de gasto que han subido mucho más (o bastante): alimentos
(+36,4%), restaurantes y hoteles (+30,6%), bebidas y tabaco
(+25,2%), transporte (+22,3%), seguros y servicios financieros
(+20,6%), cuidados personales (+19%), gastos de vivienda, luz, agua y
calefacción (+17%) y muebles (+14,9%). Y los alquileres han subido mucho
más: +42,8% entre abril de 2021 y abril de 2026, según
Idealista. Y si nos vamos más atrás, hasta abril de 2008, los precios han
acumulado en los últimos 18 años (hasta abril 2026) una subida del +41%.
Y han
subido mucho más los alimentos (+59%), los seguros y servicios financieros (+71,9%),
los restaurantes y hoteles (+53,1%), la enseñanza (+47,5%), los gastos de la
vivienda (+45,3%) y el transporte (+42%). Y los
alquileres subieron un +76,5%...
Esta subida acumulada de los precios no
afecta a todos por igual: daña
más a las familias con menos ingresos, porque gastan más porcentualmente
en alimentación, energía, transporte y alquileres, los productos y servicios
que más se han encarecido, con lo que han tenido que modificar y recortar sus
gastos (ahorrando en carnes, pescados y verduras frescas, por ejemplo), con más
problemas para llegar a fin de mes. Y además, la
subida de precio de los carburantes les afecta más y funciona como “un
termómetro emocional” de la inflación, alimentando la creencia de que la
economía va “mal” o “muy mal”. Y encima, la subida de la inflación y la
incertidumbre geopolítica han frenado en seco la bajada del Euribor,
con lo que se les encarece la hipoteca que tienen pendiente (o
una que pensaran pedir): el
Euribor cerró abril en el 2,747%, el precio más elevado del
último año y medio, con lo que la próxima revisión de una hipoteca media (163.378
euros a 25 años, al Euribor+1%) les supondrá pagar 839 euros al mes, 52 euros
más que hace un año (+624
euros al año).
El problema es que esta
inflación acumulada en los últimos años se ha “comido” los ingresos
de la mayoría de las familias, porque los sueldos han crecido mucho menos y han
perdido poder adquisitivo, teniendo que echar mano de los ahorros o endeudándose.
En los últimos 5 años (2021-2025), los
salarios en convenio crecieron
un +14,93%, con lo que las familias perdieron un -8,8% de poder adquisitivo.
Y si nos vamos más atrás, al inicio de 2018, los salarios han subido un +47%
hasta finales de 2025, mientras la inflación acumulada subía un 41,8%. Así que
los españoles han tenido una subida
real de sus ingresos en los últimos 18 años del +5,2% (ganan 2.531
euros de media, 812 euros más que en 2008). Con razón vemos que el sueldo no
da… Y si miramos lo que pasa este año 2026, seguimos
perdiendo poder adquisitivo: los precios han subido un 3,2% anual hasta abril y
en estos 4 meses, la subida media pactada en los convenios ha sido del 2,94%
(balance: -0,26%) .
Este menor aumento del poder adquisitivo en España
tiene 2 causas. Una, que España tiene más inflación que la
media europea y que los grandes paises: en abril, la inflación anual de
España (el dato “homologado”) fue del +3,5% anual, frente al 3% de media
en la zona euro, el 2,9% de Alemania e Italia y el 2,5% en Francia, según
Eurostat. Y la otra, que los sueldos en España han subido menos,
algo que pasa desde hace décadas : entre 2000 y 2024, los salarios reales
(descontando la inflación) han subido un +5,1% en España, frente a una
media del +19,4% que subieron en la OCDE (38 paises occidentales), una subida
real del +19,7% en Francia, un +17% en
Alemania, un +2,3% en Italia o un 7,3% en Portugal.
Esta mayor pérdida del poder adquisitivo en España alimenta
el pesimismo de los que ven la economía “mal” o “muy mal”, máxime
cuando estalla otra guerra que dispara la energía y cuando siguen subiendo los
alquileres. Y esto se refleja en el índice
de Confianza del Consumidor,
que publica el CIS, que ha bajado tras la
guerra en Irán (del 79,6 en marzo de 2025 al 66,9 en marzo de 2026), aunque se
sitúa por encima de antes de la pandemia (63,3 en marzo 2020). Un indicador que
refleja que el 29,4% de las familias llegan justo a fin de mes y otro
14,9% lo tienen difícil y han de recurrir a los ahorros o a endeudarse.
Eso sí, las ayudas públicas desplegadas por el Gobierno Sánchez por la
pandemia y la invasión de Ucrania, más las reformas fiscales, han permitido que
las familias más vulnerables (el 20% con menos ingresos) hayan
mejorado su poder adquisitivo entre 2017 y 2023, según un reciente
estudio del Instituto de Estadios Fiscales, que demuestra que se ha reducido
esos años la
desigualdad, aunque todavía es elevada:
el 10% más rico ingresa 23,1 veces que el 10% más pobre.
Esta pérdida de poder adquisitivo de la mayoría de
hogares contrasta con la mejora de ventas, márgenes y beneficios de las
empresas, sobre todo a partir de 2023. Los últimos datos del Observatorio
de Márgenes Empresariales demuestran que los márgenes empresariales (el
excedente bruto de explotación) están en máximos, tanto en cifras
absolutas como en los aumentos: crecieron un +10,7% entre 2018 y 2019 y han
aumentado un +12,9% en 2024-25. Y si descontamos la inflación, los
márgenes empresariales (beneficio bruto) han crecido un +30% entre 2019
y 2025, frente al 13% que han crecido los salarios reales. A lo
claro: que en el reparto del pastel del crecimiento (PIB), las empresas han
aumentado su trozo casi el doble que los trabajadores. Y los
sectores donde ha crecido más el margen real (descontando la inflación) estos
últimos años (entre 2018-19 y 2024-25) han sido la energía (+5% de
margen sobre ventas), la hostelería y turismo (+4,6%), el comercio
mayorista de alimentos (+1,9% de margen real) y la construcción (+1,4%),
sectores donde los salarios han perdido peso real.
El bajo crecimiento de los salarios, frente a una
alta inflación acumulada, preocupa al Gobierno, porque impide
que la mayoría de las familias se beneficien más del alto
crecimiento y la importante creación de empleo (+3.326.100 ocupados entre
2020 y 2026). Y proponen qué hacer: “Que nadie nos diga que no
se pueden subir los salarios cuando los beneficios crecen”, declaró
el presidente Sánchez en febrero pasado, al firmar el nuevo salario mínimo.
Y cara al 1 de mayo, los sindicatos han reiterado a la patronal que se
siente a negociar un nuevo Acuerdo para el Empleo y la Negociación
Colectiva (AENC), tras el
V Acuerdo firmado para 2023-2025. Su propuesta es que los
salarios suban un 4% cada año, más un 1,5% adicional si se dispara la
inflación. Y subidas extras de hasta el 3% para los trabajadores que
cobran menos de la media de su sector. De momento, han pasado 5 meses y la
patronal no tiene prisa en negociar las futuras subidas, que defienden
menores.
Al final, la mayoría de las familias
están “agobiadas” por la inflación, no tanto por la subida de
cada mes sino por la acumulada en los últimos años. Aquí poco se
puede hacer, salvo vigilar los excesivos márgenes de algunos sectores,
aunque mucha inflación es importada, por el aumento de costes de la
energía y las materias primas. Donde sí se puede actuar es en los
salarios, que deberían subir más por dos razones. Una,
porque ahora pueden hacerlo la mayoría de las empresas, que
llevan años subiendo ventas y márgenes (no sólo costes, como dicen). Y la otra,
porque los sueldos en España siguen siendo de los más bajos de Europa,
según
Eurostat: 19,5 euros la hora en 2025, frente a 26,2 euros/hora de media en
la UE, 34,5 euros en Alemania, 30 euros en Francia y 23 en Italia.
España y sus empresas no pueden seguir compitiendo como la
China de Europa, a
base de salarios muy bajos que compensen la menor competitividad de los
productos y servicios. La economía española está modernizándose y ya hay
más empresas con innovación y tecnología, que exportan y mejoran sus márgenes y
beneficios, que pueden mejorar los sueldos de sus trabajadores, sobre
todo de los que menos ganan (el 40% de los asalariados ganan entre 1.582 y
2.659 euros brutos, según
el INE). Y esta mejoría salarial (nada descabellado: piden
subir los sueldos un 4%) es necesaria para que más familias se beneficien de
la buena marcha de la economía y puedan llegar a fin de mes. Y también para
que se mantenga y aumente el consumo, motor clave para crecer y crear
empleo, pero clave también para que las empresas vendan y ganen más.
Es hora de repartir
mejor el aumento del pastel entre empresas y trabajadores. Hay que subir
más los salarios para repartir mejor el crecimiento.
España sigue creciendo (+0,6% el primer trimestre 2026, un +2,7% anual) y 2026 será el 5º año consecutivo en que creceremos más que el resto de Europa (+2,1%, según el FMI. Sin embargo, los españoles no tienen la sensación de que “la economía va bien”: el 52,8% opina que la economía española va “mal” (38%) o “muy mal” (14,8%), según el último Barómetro del CIS (abril 2026). Un porcentaje de “pesimistas” que es mayor al de antes de la pandemia (en junio de 2019, sólo un 39,8% veían la economía entonces mal o muy mal), aunque es mejor que la sensación negativa que tenían tras la invasión de Ucrania (el 72,6% de los encuestados veían la economía “mal” o muy mal” en abril de 2022). Curiosamente, cuando a esas mismas personas se les pregunta cómo es su situación económica particular, son muy optimistas: el 64,7% la calificaban de “buena” (60,7%) y muy buena (4%), el doble de los que pensaban así antes de la pandemia (junio 2019): 32,5% dijeron que “buena” y 1,3% “muy buena”.
Como pasa con los precios, la pérdida de poder
adquisitivo es desigual, según las familias y sus ingresos. Tomando
los datos de 2025 (un año en que se ganó poder adquisitivo:+0,5%), hubo
2 millones de trabajadores en empresas privadas que perdieron poder
adquisitivo (porque su salario subió menos que la media), +3,5%), 4,4
millones que lo ganaron y otros 3,7 millones que lo mantuvieron. Y los 3,1
millones de empleados públicos lo mantuvieron (sin ganar ni perder). Y con
ello, en 2025, España
fue el país europeo donde menos aumentó el poder adquisitivo de los
trabajadores (+0,5%), menos que Francia (+0,8%) o Dinamarca (+0,6%), Italia
(+1,1%), Alemania (+1,4%), Irlanda (+1,8%), Paises Bajos (2,3%), Portugal
(+3,8%), Finlandia (+4,1%), Suecia (+6,6%).
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lunes, 1 de diciembre de 2025
Los jóvenes, los grandes perdedores
La subida disparatada de pisos y alquileres está
siendo la puntilla para los menores de 30 años, que apenas se
benefician de la buena marcha de la economía: sólo un 10% del empleo
creado este año ha ido a menores de 25 años, que tienen más del doble de
paro que el resto y ganan casi la mitad, por tener contratos más
precarios. Eso conduce a que muchos jóvenes no pueden emanciparse y tengan
más pobreza que el conjunto de españoles: 2,5 millones de jóvenes
viven en situación de “exclusión social”, según el informe Foessa
(Cáritas), a pesar de que la mayoría trabajan o estudian. Urge un Plan de
apoyo a los jóvenes, con medidas desde la formación a las políticas de
empleo y vivienda, para evitar que malvivan y sean utilizados por la
ultraderecha. Y no cabe enfrentarlos a los mayores, proponer como
solución recortar las pensiones y el gasto a los jubilados. Porque los “boomers”
no son unos “privilegiados” como argumentan algunos. Sobre eso
escribiré el próximo Blog. Enrique Ortega
Empecemos por ver cuántos jóvenes viven en España. Son 7.564.300 personas las que tenían entre 16 y 29 años en septiembre, según este informe de Trabajo, más hombres (3.902.100) que mujeres (3.662.300). Suponen ahora el 15,44% de la población total, mucho menos que al principios de siglo (21,6% de la población), cuando había 8.765.195 jóvenes de entre 16 y 19 años (+ 1,2 millones), por la caída drástica de la natalidad en España. Y si contabilizamos los jóvenes de 16 a 24 años, son ahora 4.840.000, unos 600.000 jóvenes menos que el año 2.000.
Sin embargo, los jóvenes han aumentado su peso sobre la población
en edad de trabajar, debido al envejecimiento de la población española.
Así, esos 7.564.400 jóvenes de 16 a 29 años suponen ahora el 23,6% de
las personas en edad de trabajar (16-64 años), 1 millón más de los que
había en 2015 (6.583.900, el 21,8%). De este total de jóvenes, el
53% están estudiando, aunque casi la mitad de ellos (el 25,6%) también
trabajan, según Trabajo. Y un 14,7% de los jóvenes (16 a 29 años) ni
estudian ni trabajan (son
“ni-nis”), un porcentaje que ha ido bajando (eran el 20,8% en
2015), aunque es superior al de Europa (11%).
El primer gran problema de los jóvenes españoles es que muchos
tardan en encontrar un trabajo (por su baja formación e
inexperiencia) y tienen por ello una baja
tasa de empleo: trabajan el 45,9% de los jóvenes de 16 a 29 años
(septiembre 2025), más los chicos (48%) que las chicas (43,7%), aún lejos del
68,6% que trabajan en el conjunto de la población (16 a 64 años). Eso se
traduce en que trabajan 3.474.000 jóvenes de 16 a 29 años, el 15,51% de todos
los ocupados en España (22.387.100 en septiembre de 2025). Son 1 millón más
de jóvenes trabajando que hace 10 años (2.463.600 trabajaban en septiembre
2015), pero el conjunto de ocupados ha crecido mucho más (+4,33 millones)
en esta década. Y desde 2019,
tras la pandemia, el empleo de los jóvenes (16 a 29 años) ha crecido
en +701.800, mientras aumentó en +63.900 entre 30 y 49 años y +1,65
millones entre los mayores de 50 años (que se han llevado dos tercios del
empleo creado).
Un problema de muchos jóvenes para encontrar trabajo es su bajo
nivel educativo (lo tienen el 20% de los ocupados), consecuencia en
algunos de que abandonaron sus estudios: el abandono
escolar temprano (no terminar la ESO), ha bajado del 20% de los
jóvenes de 18 a 24 años (2015) al 13% en 2024, aunque es muy superior a la
media UE (9,4%). Y otro millón largo de jóvenes (el 28,7% de los que trabajan)
tienen un nivel educativo medio, mientras sólo la mitad de los jóvenes
ocupados (1.663.200) tienen un alto nivel de estudios.
Cuando los jóvenes de 16 a 29 años trabajan, generalmente lo
hacen en
los servicios (2,79 millones hoy, el 81,3% de los jóvenes ocupados),
seguidos de la industria (409.400 jóvenes), la construcción (183.600,
un 82,7% más que en 2015) y la
agricultura (82.600 jóvenes, un 18,7% menos que hace 10 años). Pero el
trabajo de los jóvenes se concentra en unas pocas ramas de actividad: comercio
y reparación de vehículos (585.700), hostelería (516.000), industria
(375.000), sanidad y servicios sociales (348.500), actividades profesionales
y técnicas (237.800) e información y comunicaciones (192.900
jóvenes).
El gran problema del trabajo de los jóvenes es la
precariedad de sus contratos. Por un lado, siguen teniendo un alto
porcentaje de contratos temporales, aunque su peso se ha reducido
desde 2022 gracias a la reforma laboral: 48,7% entre los jóvenes
de 16 a 24 años y el 35,8% los jóvenes de 16 a 29 años (el doble que en
Europa), frente a sólo el 15,6% de contratos temporales el conjunto de los
trabajadores. Y casi la mitad de estos contratos temporales de los jóvenes
son “involuntarios”: los tienen porque no encuentran un contrato indefinido.
Además, el 24,1% de los jóvenes (16-29 años) tienen contratos
a tiempo parcial (por horas o por días), el doble que el conjunto
de los trabajadores (12,9%). Y de nuevo, casi la mitad de estos jóvenes con
trabajos parciales (el 43,4% en España, frente al 18,1% en Europa) los tienen “de
forma involuntaria”, porque no encontraron un empleo a jornada completa.
Estos tres factores, la baja formación, el sector
donde trabajan y el tipo de contrato explican que los
jóvenes tengan unos bajos salarios, según
este informe de Trabajo: ganan 15.364 euros de media (2023) los ocupados con 20 a 24 años (un 45,3%
menos que el conjunto de trabajadores, con 28.049 euros) y 21.039
euros los jóvenes de 25 a 29 años (el 25% menos que la media, aún menos las
mujeres: -6,9 adicional), según el INE.
Volviendo a los jóvenes que trabajan, esos 3.474.000 ocupados
(el 46% de los jóvenes entre 16 y 29 años), su siguiente problema es que la
precariedad de sus contratos y sus bajos salarios no les permiten en muchos
casos emanciparse y vivir fuera de casa o formar una familia: 7
de cada 10 jóvenes de 16 a 29 años con empleo siguen viviendo con sus padres,
según
el Observatorio de la Juventud. Y esta dependencia se ha agravado en los
últimos años, al dispararse el precio de los alquileres: En octubre, el
alquiler medio en España costaba ya 14,5 euros/m2, según
el portal Idealista, otro máximo
histórico (en 2006 costaba 10,1 euros, en 2011 bajó a 7,8 euros y en
2019 10,4 euros/m2, casi un 40% menos que hoy). Una subida de alquileres del +10,9%
anual, que se
suma al +81% que subieron los alquileres
entre 2014 y 2024. Con ello, un joven, con un sueldo medio bruto de
1.502 euros (INE), no puede pagar un alquiler medio en Madrid (1.700 euros) o
Barcelona (2.000).
Los alquileres disparados han aumentado el
porcentaje de jóvenes con problemas para llegar a fin de mes. De
hecho, ya en
2024, los datos oficiales señalaron que los jóvenes (y los niños) tienen
una tasa de pobreza monetaria mayor que el resto de la sociedad:
1 de cada 5 jóvenes (el 20,7%) de 16 a 29 años es “pobre” (ingresa menos del
60% del ingreso medio del país, menos de 827 euros al mes en 14 pagas (o menos
de 1.737 euros mensuales si es una familia con dos niños). Así que 1,5
millones de jóvenes (16 a 29 años) están en situación de pobreza monetaria.
Pero si se tienen en cuenta más factores, los jóvenes “excluidos” son más:
2,5 millones de jóvenes menores de 30 años están en exclusión social, según
el reciente Informe Foessa (Cáritas) que analiza
37 indicadores de empleo, vivienda, educación, salud, participación e
integración social. Y de ellos 723.190 jóvenes (el 11%) vive en exclusión
social severa, un número que ha aumentado un 83% desde 2007.
Estos 2,5 millones de jóvenes en exclusión social
son, para Cáritas y el informe Foessa, “los
grandes perdedores del actual modelo socioeconómico”. Y rechaza que
se les considere “pasotas” y “al margen de la sociedad”, porque más de un
tercio de estos jóvenes trabaja (aunque eso no les saca de “pobres”) y una
cuarta parte estudia. Y reiteran que las familias de las que
proceden y su código postal están detrás de su precaria situación, porque apenas
funciona “el ascensor social”, siendo clave el nivel educativo de padres e
hijos.
Además, los datos demuestran que las tres últimas crisis
(la financiera de 2008-2010, la pandemia y la hiperinflación tras la guerra de
Ucrania) han dañado especialmente a los jóvenes españoles: hay
una llamativa “desigualdad generacional” según la edad del cabeza
de familia. Así, los hogares encabezados por un menor de 35 años han
bajado su renta mediana de 31.700 euros en 2020 a 29.100 euros en 2022 (-8,2%),
según
el Banco de España. Y los hogares encabezados por personas de 35 a 44
años han visto caer su renta real un -0,9% (de 37.300 a 35.600
euros). Luego, a partir de esta edad, los hogares sí han mejorado su renta
real: los encabezados por personas de 45 a 54 años un +7,3% (de 34.300 a
36.800), los hogares entre 55 y 64 años mejoran un +0,55% (de 35.900 a 36.100
euros), los de 65 a 74 años un +4,46%, de 29.100 a 30.400) y los
hogares encabezados por mayores de 74 años aumentaron sus ingresos un +9,1%
entre 2020 y 2022 (de 19.800 a 21.600 euros).
Estos datos y otros sobre el
menor patrimonio de los jóvenes han llevado a algunos expertos a
plantear un
cambio en las políticas públicas: destinar menos recursos a los
mayores y más a los jóvenes, una especie de “enfrentamiento
generacional” que apoyan expertos neoliberales y políticos de ultraderecha, que se apoyan
en que la
pensión media de jubilación (por la que los jubilados han cotizado 35 años o
más) era en noviembre de 1.511,51 euros, poco menos que el salario mediano de 2024, que era de 2.001 euros brutos (y un
30% de los asalariados ganaban menos de 1.582 euros. Lo que no dicen es que el
48,37% de todas las pensiones (y el 38,88% de las jubilaciones) cobran
menos de 1.000 euros…
Pero cada vez que se da el dato mensual del gasto en
pensiones (27.119
millones en noviembre, por la extra de Navidad) o la revalorización
para 2026 (+2,7%
subirán en 2026), muchos expertos y organismos aprovechan para hablar
del “disparatado gasto en pensiones” y lo mal que están los jóvenes.
Incluso la
OCDE ha presentado un informe
donde propone medidas para frenar el gasto futuro en pensiones (ampliar
la edad y el periodo de cotización y recortar las pensiones futuras como hizo
Rajoy) y destinar
una parte del ahorro a vivienda, para ayudar a los jóvenes. Otra
vez un enfrentamiento generacional tan injusto como injustificado. Porque los
problemas de los jóvenes no se solucionan recortando pensiones y dañando a sus
padres y abuelos. Es una demagogia sin fundamento.
Afrontar la preocupante situación de los jóvenes exige de tomar
medidas
en varios frentes para dar una salida a las nuevas generaciones.
Hay que empezar por el principio, por la enseñanza: mejora de la
formación en colegios, institutos y Universidades, para adecuarla a lo que
necesitan las empresas, mejorando la orientación laboral de los jóvenes y su
digitalización. En el mercado laboral, hay que fomentar la
contratación indefinida y avanzar en la formación dual (trabajo y formación) y
en mejorar las prácticas y becas (el
Estatuto del Becario acaba de aprobarse por el Gobierno, tras
anunciarse con los sindicatos hace casi 17 meses). Y hay que mejorar la
conciliación laboral de las familias jóvenes, con más ayudas por hijos.
Pero sobre todo, urge una política de vivienda que facilite el alquiler a
los jóvenes, con ayudas que hoy son escasas e ineficaces.
Pero además, hay que poner a los jóvenes como una de las
prioridades de todas las políticas económicas y sociales, algo que no viene
pasando, quizás porque los
distintos Gobiernos han pensado más en los mayores, que son los que
más cotizan, pagan impuestos y votan. Pero si queremos tener futuro como país,
hay que cambiar las reglas del juego y pensar que son los jóvenes los que
han de protagonizar la modernización de la economía y la mejora del nivel de
vida, la digitalización, la descarbonización y el salto formativo y tecnológico que nos hagan más productivos
y competitivos. Sin abandonar a los mayores, pero reequilibrando el
“contrato generacional” en España. Urge pactar un Plan de medidas
a favor de los jóvenes, a corto y medio plazo, para conseguir que los
jóvenes de dentro de 20 años vivan mejor que los de hoy. Se lo debemos.
Pero todo esto, sin caer en la tentación de una “guerra
entre generaciones”, sin culpar a los mayores (“boomers”)
de la situación de los jóvenes, como parece
estar de moda. Primero, porque “no se viste a un santo desvistiendo a
otro”. Y segundo, porque los mayores en España no
son unos privilegiados, ya que chocan con serios problemas en su
empleo (a partir de una edad, ninguna empresa los contrata), en el paro, en las
condiciones de su jubilación (muchas pensiones por debajo de 1.000 euros), en
su salud y en su ancianidad, sobre todo
si son dependientes (27.217
mayores han muerto este año hasta octubre sin recibir las ayudas a la
Dependencia a las que tenían derecho). En definitiva, que los
“boomers” no somos unos privilegiados y menos a costa de los jóvenes,
de los hijos y nietos. Algo sobre lo que escribiré el próximo Blog.
Empecemos por ver cuántos jóvenes viven en España. Son 7.564.300 personas las que tenían entre 16 y 29 años en septiembre, según este informe de Trabajo, más hombres (3.902.100) que mujeres (3.662.300). Suponen ahora el 15,44% de la población total, mucho menos que al principios de siglo (21,6% de la población), cuando había 8.765.195 jóvenes de entre 16 y 19 años (+ 1,2 millones), por la caída drástica de la natalidad en España. Y si contabilizamos los jóvenes de 16 a 24 años, son ahora 4.840.000, unos 600.000 jóvenes menos que el año 2.000.
Esto los jóvenes que trabajan, porque hay 812.700 jóvenes
en paro, el 10,7% de los jóvenes de 16 a 29 años, según
Trabajo. La tasa de paro (parados sobre activos) es
muy elevada entre los jóvenes de 16 a 24 años, el 25,4% (casi el doble
de la tasa europea, el 14,8% y cuatro veces la alemana, el 6,3%) y baja al 17,1% entre los de 16 a 29
años, aunque es mucho mayor que la tasa de paro del conjunto de españoles (10,6% en septiembre). De nuevo, la tasa de
paro joven depende mucho de la formación: es del 28,9% entre los
jóvenes con baja formación, el 19,2% en niveles medios y sólo del 13,5% entre jóvenes
con alta formación.
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lunes, 6 de octubre de 2025
Los salarios crecen, pero menos
Los sueldos subieron un +2,7% anual en el 2º
trimestre, la menor subida en los últimos años y menos de lo que
suben los precios (+2,9%). Lo peor es que los salarios llevan varios años creciendo
poco y los trabajadores han perdido poder adquisitivo desde 2019. Y aumenta
la brecha con los sueldos europeos, un 25% más altos. Por ello, casi la
mitad de hogares tienen problemas para llegar a fin de mes, según
el INE. Sobre todo jóvenes, mujeres y los que trabajan en los sectores y
regiones peor pagados, porque en España hay enormes diferencias de
sueldos, mientras el 70% de asalariados ganan menos
de 2.500 euros brutos mensuales. Estos bajos sueldos explican que mucha
gente no sienta en sus bolsillos la buena situación de la economía
española, que crece más que el resto. Ahora que toca a sindicatos y
patronal negociar las subidas salariales para 2026-28, urge mejorar los
sueldos más bajos, no sólo el salario mínimo. Para repartir mejor el
crecimiento y que lo note más gente. Enrique Ortega
Por 5º año consecutivo, España será otra vez el país occidental que más crecerá en 2025 (+2,6%), según acaba de vaticinar la OCDE, tras haber crecido por encima de la media europea en 2021 (+6,7%), 2022 (+6,4%), 2023 (+2,5%) y 2024 (+3,5%), según el INE. Pero la realidad es que muchos españoles no notan en sus hogares esta “bonanza económica”, la mayoría porque la inflación de estos años “se ha comido” la subida de sueldos y además ven que han de gastar mucho más para alquilar una vivienda (comprarla es imposible para muchos) y han de dedicar más dinero para la sanidad, la educación o el cuidado de los mayores, por el peor funcionamiento del “Estado del Bienestar”, porque las autonomías han reducido el peso de los gastos sociales en sus Presupuestos.
La consecuencia es, que aunque crecemos más que
Europa y creamos más empleo que nunca (hay 22 millones de personas trabajando) hay
muchas personas que no llegan a fin de mes, según la Encuesta
de Condiciones de Vida del INE : el 9,1% de los españoles llega “con
mucha dificultad” (eran el 7,8% en 2019), el 12,7% llegan “con dificultad”
(14,2% en 2019) y el 25,6% llegan “con cierta dificultad” (27,3% en 2019). O
sea, que el 47,4% de los españoles tienen algún problema para llegar a
fin de mes (49,3% en 2019), a pesar de los buenos datos económicos. Y
eso, sin olvidar que España es el 5º
país con más pobreza de Europa (19,7% de la población, 9,6 millones de
españoles ingresan menos del 60% de la media del país). Y el 2º país europeo,
tras Rumanía, con más pobreza
infantil: 2,5 millones de niños y niñas que viven en hogares pobres,
casi 1 millón de ellos con pobreza “severa”.
Así que “la economía va bien”, pero mucha
gente no lo nota y tiene dificultades económicas, como reconocen
los Barómetros del CIS. ¿Qué está pasando? Básicamente, que muchos
españoles tienen sueldos bajos y la inflación acumulada desde la
pandemia se ha comido su poder adquisitivo, junto al mayor gasto
en vivienda y servicios sociales. Y encima, los salarios están creciendo
menos que antes: el coste salarial total en el 2º trimestre fue de
2.416,50 euros brutos por trabajador, un aumento del 2,7% anual, menor al del
trimestre anterior (+3,8%) y al de un año antes (+4,1% en el 2º trimestre 2024)
y el menor aumento salarial de los últimos años, según la Encuesta trimestral de
Coste Laboral del INE.
Eso significa que los salarios están subiendo este año menos que la inflación (+2,9% hasta septiembre). Y si tomamos los años anteriores, vemos
que los
trabajadores han perdido poder adquisitivo: el coste salarial ha
subido de 2.075,43 euros a finales de 2019 a 2.416,50 euros (brutos) ahora, un
aumento salarial del +16,4%. Pero en ese mismo periodo, los precios (el IPC)
han subido un +22,4%, así que la pérdida de poder adquisitivo de los trabajadores
ha sido del -6% en estos 5 años y medio. Y si tomamos sólo los
trabajadores con convenio (menos que los incluidos la Encuesta del INE), la
subida salarial pactada entre 2020 y 2025 ha sido de +16,64%, lo que revela una
pérdida de poder adquisitivo similar (-5,76%).
Esto explica porque los trabajadores y sus familias tienen problemas
para llegar a fin de mes, sobre todo los jóvenes, las mujeres y las
familias con hijos o dependientes y que pagan un alquiler o una hipoteca.
Además, tras la pandemia, la brecha salarial que hemos tenido siempre con
Europa se ha agravado, porque los salarios españoles han crecido menos. Los
datos de Eurostat son claros: el salario por hora en España
era en 2024 de 18,9 euros, un 25% menos que el salario medio por hora de
la UE-27 (25,2 euros) y aún más alejado de los 27,8 euros por
hora que se pagan en la zona euro, los 22,3 euros en Italia, los 29,7 euros en
Francia, los 33,3 euros/hora en Alemania o los 43,6 euros que se pagan
en Dinamarca. Y además, entre 2020 y 2024, el salario por hora ha
subido un +11,17% en España, menos que el +17,2% que han
subido en la UE-27, el +12,92% en Francia o el +16,4% que han subido en
Alemania (en Italia han subido un +6,19%, pero en Portugal un +19,5% y en
Grecia un +20,9%).
Así que los salarios en España siguen siendo de los más
bajos de Europa y crecen poco, menos
que en la mayoría del continente. Y así viene pasando desde principios de
siglo: los salarios reales en España (descontando la inflación) han
subido sólo un +5,1% entre los años 2000 y 2024, mientras han crecido
mucho más en la mayoría de Europa, según
los datos del profesor Manuel Alejandro Hidalgo, que trata de explicar por
qué los salarios medios en España son entre un 35 y un 40% inferiores a los de
Alemania, Francia y los paises nórdicos.
La razón principal es que somos un país menos
productivo que ellos: producimos menos por trabajador y por eso los
sueldos son más bajos. De hecho, España es la 4ª mayor economía europea, porque
el valor de lo producido (PIB:
1.594.330 millones de euros en 2024) sólo lo superan Alemania (4.328.970
millones euros), Francia ( 2.921.412 millones) e Italia ( 2.199.619 millones euros). Pero
este es
un dato engañoso, porque hay que tener en cuenta la población, lo que
produce cada país por habitante. Y lo que ha pasado en España tras la pandemia
es que el PIB ha crecido mucho (+27% entre 2019 y 2024) pero también ha
crecido mucho la población residente, por los inmigrantes (de 47
a 49 millones). Así que el PIB por
habitante ha crecido menos (de 26.670 euros en 2019 a 32.461 en 2024,
+21,7%).
Y al tener en cuenta lo que producimos por habitante, España
ya no es la 4ª principal economía de Europa, sino que somos
el país europeo nº 14 por productividad
(PIB por habitante), por detrás de Luxemburgo, Irlanda, Paises Bajos,
Dinamarca, Bélgica, Austria, Alemania, Suecia y Malta (los 9 paises más
productivos que la media de la UE-27), Finlandia, Francia, Italia y Chipre.
Concretamente, producimos por habitante el
92% de la media europea, mientras Francia produce el 99%, Alemania el
115% y Paises Bajos el 136%. Por eso, los salarios españoles son más bajos que
los de otros paises.
Pero hay otras razones que explican esta menor
productividad y están detrás de que España tenga los sueldos entre un
35 y un 40% más bajos que los paises más productivos de Europa. Una, que
estamos comparando el total de los trabajadores de cada país: si comparásemos
trabajadores similares de España y Alemania (con similar edad, formación,
ocupación y tipo de contrato), la “brecha salarial” se reduciría a la mitad (al
17%), según
el profesor Hidalgo, quien hace hincapié en dos factores que explican la
mitad de la diferencia salarial de España con Alemania y la Europa rica: la
formación y la experiencia de los trabajadores.
La menor formación de la mayoría de los
trabajadores españoles explicaría por sí sola una cuarta parte de la brecha
salarial con Alemania, por ejemplo. Y otra cuarta parte viene de la “menor
experiencia” de nuestra mano de obra, debido a que la anterior
regulación laboral ha incentivado una excesiva rotación en los empleos,
acumulando menos experiencia. Además, hay otros
factores que explican la menor productividad
y la consiguiente diferencia salarial: el tipo de economía (en España pesan
más los servicios que la industria, mejor pagada), el menor uso de la
tecnología y la digitalización, la menor tecnología e innovación en los
procesos productivos, el menor tamaño de nuestras empresas (las grandes son más
productivas), la menor internacionalización (los exportadores son más
productivos), la menor formación de los empresarios, una sindicalización menor
y una mayor regulación y burocracia…
Así que ya sabemos el camino (no sencillo) para
conseguir subir más los salarios y acercarnos a los europeos: más
formación, más tecnología e innovación, empresas más grandes y mejor
gestionadas, menos regulación, más industria y más exportación… En
definitiva, modernizar la economía y capacitar a los trabajadores para producir
más por persona y así cobrar más. Un proceso que tarda años y que es el
objetivo a medio plazo del Plan de recuperación y de los Fondos europeos. Pero
antes, hay que mejorar cuanto antes una parte de los salarios que
tenemos, los más bajos, porque es la única manera de seguir alimentando
el consumo, que junto al turismo y las exportaciones, son el motor del
crecimiento español. No basta sólo con que el conjunto de salarios suban más (y
no pierdan poder adquisitivo) sino empezar a corregir la desigualdad salarial
que hay en España, que es tremenda.
El gran problema de los salarios españoles es que muchos de
ellos son bajos, con lo que hay muchos trabajadores propensos a tener problemas
para llegar a fin de mes. Lo revelan los últimos datos del INE (Decil de salarios 2023):
el salario medio bruto era de 2.273 euros mensuales en 2023 (1.932
euros netos), sólo 290 euros más que en 2019 (ha subido un +14,66%
mientras la inflación subía más estos cuatro años: +17,9%). Pero lo más
llamativo es que 5,4 millones de asalariados cobran menos de 1.534,7 euros
brutos mensuales (1.304 netos) y otros 7,2 millones ganan entre 1.534 euros
brutos y 2.548 euros (2.166 netos). En definitiva, que el 70% de los asalariados
(12.600.000) ganan menos de 2.166 euros netos al mes. Y ganan aún menos
las mujeres (2.063 euros brutos), los más jóvenes (1.387 euros
brutos entre 16 y 24 años), los poco formados, los que trabajan a
media jornada (ganan menos de 1.534 euros brutos), los que tienen contrato
temporal (1.832 euros brutos), los que trabajan en el campo, la
hostelería, el servicio doméstico y la construcción, los que trabajan en micropymes
(la mayoría ganan menos de 1.534 euros brutos) y los asalariados de Extremadura,
Canarias, Castilla la Mancha, Murcia, Valencia o Andalucía.
Todos estos colectivos son los que las pasan
canutas para llegar a fin de mes y no acaban de ver que la economía
“vaya bien” , aunque crezcamos más que el resto. Por eso, la prioridad
de la próxima negociación salarial, que deben abordar sindicatos y patronal
para firmar otro
Acuerdo para 2026-2028, debería ser subir más los salarios más bajos,
para reducir las tremendas desigualdades actuales y mejorar la vida de muchos
hogares con problemas para llegar a fin de mes. Una medida importante será volver
a subir el Salario Mínimo en 2026, tras subirlo de 735 euros en 2018
a 1.184 en 2025 (+61%), porque afecta a 2,5 millones de asalariados con los
sueldo más bajos (dos tercios mujeres y una cuarta parte jóvenes) y porque la
subida del SMI “tira” del resto. Pero además, habría que ir sector a sector subiendo los sueldos más bajos, para reducir desigualdades.
España lleva décadas compitiendo en el mundo
gracias a nuestros bajos sueldos. Es hora de dejar de ser “la China
de Europa” y empezar a competir más en innovación, tecnología y bajando otros
costes (la energía, por ejemplo, gracias a las renovables), aumentando el peso
de la industria y los sectores de futuro, que conllevan más productividad y
mejores sueldos. Las empresas llevan 5 años mejorando ventas y márgenes,
aumentando sus beneficios, y es hora de que también los trabajadores se
beneficien de la recuperación, con mejores sueldos, sobre todo los que
menos ganan. Unos sueldos más decentes son además la base de un mayor
consumo, mayor crecimiento y más empleo. Hay que conseguir que más
españoles noten la mejoría de la economía, repartir mejor el crecimiento.
Y para eso tienen que subir más los salarios en los próximos años, sobre todo
los más bajos. Se puede y se debe.
Por 5º año consecutivo, España será otra vez el país occidental que más crecerá en 2025 (+2,6%), según acaba de vaticinar la OCDE, tras haber crecido por encima de la media europea en 2021 (+6,7%), 2022 (+6,4%), 2023 (+2,5%) y 2024 (+3,5%), según el INE. Pero la realidad es que muchos españoles no notan en sus hogares esta “bonanza económica”, la mayoría porque la inflación de estos años “se ha comido” la subida de sueldos y además ven que han de gastar mucho más para alquilar una vivienda (comprarla es imposible para muchos) y han de dedicar más dinero para la sanidad, la educación o el cuidado de los mayores, por el peor funcionamiento del “Estado del Bienestar”, porque las autonomías han reducido el peso de los gastos sociales en sus Presupuestos.
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jueves, 31 de octubre de 2024
2,5 millones son "pobres" a pesar de trabajar
Hay 2,5 millones de personas que van cada día a
trabajar y son “pobres”: ganan menos del 60% que la media (menos
de 916 euros mensuales) y no pueden atender gastos básicos. Son tanto hombres
como mujeres, jóvenes y personas de 45 a 59 años, muchos inmigrantes,
familias y mujeres solas con niños, personas con poca formación y contratos
precarios en el campo, hostelería, construcción, limpieza y servicio doméstico,
en el sur y Levante. España es el tercer país europeo con más “trabajadores
pobres”, un porcentaje (11,9% de los que trabajan) similar al de 2008. Y
Caritas alerta que la mitad de las personas que atienden tienen
trabajo. Ahora, la subida de alquileres ha aumentado esta tasa
de pobreza laboral, vinculada a empleos precarios y mal pagados, así
como a tener hijos. Pero los expertos insisten en que no basta con
mejorar empleos y sueldos: urgen políticas para aumentar las ayudas a
los más pobres y a las familias con niños. Pobres con empleo. Enrique Ortega
Hasta hace 2 décadas, tener un trabajo permitía a las personas vivir “medianamente bien”: emanciparse, formar una familia, tener una casa o un coche y mantener un ritmo de vida “digno”. Pero la crisis financiera de 2008 trastocó esta “vida tranquila” de la mayoría de trabajadores: muchos perdieron su empleo y otros vieron recortar sus sueldos y sus expectativas vitales, de la mano de los recortes presupuestarios. Y a partir de 2012, con la reforma laboral aprobada por el Gobierno Rajoy, muchas empresas “cambiaron a su personal”, sustituyendo personal mayor por jóvenes peor pagados y con contratos precarios. Y después, la pandemia y la inflación disparada se comieron parte de los sueldos, que apenas habían subido, deteriorando más la calidad de vida de las familias.
Con todo ello, la pobreza afecta a una parte
importante de la sociedad, en Europa y en España. En la UE-27, había
72 millones de personas “pobres” en
2023, un 16,2% de la población que ingresaban menos del 60% de la media
del continente, según Eurostat. Y España es el 6º país europeo con
más porcentaje de población “pobre”, un 20,2% que
ingresa menos del 60% de la media española (10.990 euros al año), 9.715.577
personas en 2023, según la Red
Europea de Lucha contra la Pobreza (EAPN), sólo por detrás de Estonia (22,6%
son “pobres”), Letonia (22,4%), Rumanía (21,1%), Bulgaria y Lituania (20,6%), según
Eurostat, que refleja también un alto nivel de “pobreza monetaria” en
Italia (18,9% de la población), Francia (15,4%) y Alemania (14,4%).
Lo que quizás se conoce menos es que muchos de
estos “pobres” tienen un trabajo, son “pobres con empleo”. En
España, los
últimos datos del INE revelan que un 32% de los pobres tenían empleo,
mientras otro 22% son parados, un 15% son jubilados y el 31% restantes son
inactivos (personas que ni trabajan ni buscan trabajo, la mayoría mujeres y
jóvenes). Si se aplica el criterio de “pobreza” a las personas que
trabajan, que ingresen menos de 10.989 euros al año (916 euros al mes),
que se amplía a 23.078 euros anuales (1.923 euros al mes) para
familias con dos progenitores y dos niños, según el INE,
resulta que un 11,9% de los que tenían un empleo en 2023 eran “pobres”:
casi 2,5 millones de trabajadores “pobres” (2.499.654), según
los cálculos de la Red EAPN.
El problema de que hay muchos “trabajadores pobres” no es
nuevo: lo arrastramos desde 2008, cuando ya eran “pobres”
(ingresaban menos del 60% de la media) el 11,7% de los ocupados: eran 2.370.139
trabajadores “pobres”. Después, el porcentaje aumentó con la crisis,
hasta un máximo del 14,8% en 2015, para bajar al 12% en 2020 y volver a subir
al 14,3% en 2021, por la pandemia, bajando al 12,5% en 2022 y al
11,9% de 2023. Con este último dato, España se sitúa como el
tercer país europeo con más porcentaje de “trabajadores pobres”
(11,9%), sólo por detrás de Rumanía (15%) y Bulgaria (11,7%), peor que Portugal
(10%) o Grecia (9,85) y por encima de la media de la UE-27 (8,9%
de trabajadores “pobres”), así como de Italia (9,9%), Francia (7,8%) o
Alemania (6,5%), según
Eurostat.
Dentro de estos 2,5 millones de “trabajadores pobres” en
España, el grupo más preocupante son los 890.000 trabajadores (el
4,2% de todos los que trabajan) que viven
en “pobreza severa”, porque ingresan menos del 40% de la media
(menos de 611 euros al mes los individuos y menos de 1.283 euros mensuales las
parejas con 2 hijos). Son “los más pobres entre los trabajadores pobres”,
un porcentaje que apenas ha mejorado desde 2008 (cuando los trabajadores en
pobreza severa eran el 4,3% del total de ocupados). Y están muy
lejos de salir de esta situación, según
el estudio de la Red EAPN: ingresan de media 4.521 euros al año y tendrían
que ingresar 2.805 euros más al año para salir de la pobreza severa. Y ganar
6.469 euros más al año (539 euros más al mes, vez y media lo que
ganan) para salir de la pobreza. Algo imposible… En el caso del
resto de “trabajadores pobres”, los que ingresan menos del 60% de la media del
país, ganan de media 7.705 euros al año, así que necesitan ganar un 22% más (2.423
euros más al año) para dejar de ser pobres. Difícil…
¿Quiénes son estas personas “pobres” a pesar de
trabajar? Son algo más hombres (12,4% de ocupados) que mujeres
(11,3%), más jóvenes (12,9% de ocupados entre 16 y 29 años) que mayores
(11,8% entre 45 y 64 años), aunque sube la pobreza entre los que tienen de
45 a 59 años, según
un estudio de Intermón Oxfam, porque este grupo de trabajadores sufrió más
la crisis de 2008 y encima tienen en casa a hijos que no pueden emanciparse.
Hay más “pobreza laboral” entre los ocupados con baja formación (27,9% de
los que sólo tienen primaria son “pobres”) y sobre todo entre los inmigrantes:
un 32,3% de trabajadores de fuera de la UE son pobres (19% si vienen de la
UE), frente al 9,9% de españoles ocupados “pobres”. Y lo sufren más zonas rurales (15,4%) que urbanas (11,4%).
Un factor clave es el
tipo de contrato que tengan: los trabajadores con contrato
temporal tienen más tasa de pobreza (17,9%) que los fijos (7,8% son pobres)
y lo mismo los que tienen contratos a tiempo parcial, por horas o días
(22,5% son pobres) frente a los que trabajan a jornada completa (sólo 10,1% son
pobres). Y como estos contratos precarios les suponen ganar menos, muchos
son pluriempleados (el 13,4% son pobres). Otro factor decisivo que
explica la pobreza laboral es el sector en que se trabaje. Los
que salen peor parados son los autónomos, según
el estudio de Intermón Oxfam: el 26,9% son pobres, básicamente porque son “falsos
autónomos” o porque son actividades que hacen solos, sin empleados). Y entre
los asalariados, los más “pobres” son los que trabajan en el campo
(31,4% ocupados son pobres), las empleadas de hogar (29,4% pobres), en hostelería
(21,1%) y construcción (19,6%), estando por encima del 15% de
empleados pobres los que trabajan como monitores deportivos (15,7%) y en Call
centers y limpieza de edificios (15,3%).
Por
autonomías, las zonas con más porcentaje de “trabajadores pobres”
son Andalucía (19,4% ocupados), Extremadura (17,2%), Ceuta (16,3%), Castilla la
Mancha (15,4%), Murcia (14,3%), Canarias y Comunidad Valenciana (13,8%), todas
por encima de la media. En resumen, el sur y Este de España. Y tienen
poca “pobreza laboral” Navarra (6,3%), país Vasco (6,6%), Madrid (7%), Baleares
(9,6%), Cantabria o Asturias (9,6%) y Aragón (10%).
Es importante añadir que la composición de los hogares
también es decisiva para que un trabajador sea o no pobre, según
el estudio de Intermón Oxfam. Así, esta “pobreza laboral” se concentra más
en las familias numerosas (el 39% de los hogares con 3 o más hijos) y en
los hogares monoparentales (el 75% de ellos con mujeres solas) con
niños (el 29,5% de estos hogares donde la madre trabaja son pobres). Los
expertos reiteran que la existencia de menores agrava el riesgo de pobreza,
se trabaje o no. También es mayor la tasa de pobreza entre los trabajadores que
viven solos (13,3%), ya sean jóvenes o mayores.
Un dato llamativo son los gastos de estos “trabajadores
pobres”. El estudio
de Intermón Oxfam revela que un tercio viven en alquiler (y el 24%
pagan una hipoteca) y que pagarlo se lleva el 53,6% de sus ingresos
mensuales (cuando supone un 22,4% de
los ingresos en los hogares sin pobreza). Y otro 25,6% se lo lleva el pago de
suministros (luz, agua y gas). Así que entre alquiler (o hipoteca) y pagos del
hogar, las familias pobres destinan hasta el 79,2% de sus ingresos
(frente al 32% las familias que no son pobres), lo que apenas les deja margen
para comida, enseñanza (transporte, comida, uniformes y libros) o sanidad (la
mayoría de los hogares pobres no pueden pagar al dentista, las gafas o algunas
medicinas). Y por eso, 1 de cada 4 familias pobres acuden a ONGs o a los
servicios sociales: Caritas dice que la mitad de las
personas a las que atendió en 2023 trabajan.
¿Por qué hay trabajadores que son pobres? La primera
causa es que su trabajo es precario y por eso tienen un sueldo bajo,
que les dificulta sobrevivir. En España, aunque la reforma laboral ha bajado el
porcentaje de contratos temporales (16,4% de los asalariados en septiembre, según la EPA) y a
tiempo parcial (12,8%), aún son más que en Europa. Y tenemos un exceso de trabajos que exigen baja
formación y en el sector servicios, que están peor pagados. En consecuencia, el salario medio bruto
en España era de 1.964 euros brutos en 2023, casi un 20% inferior al
salario medio en la UE-27, que era de 2.351 euros brutos,
según un estudio de Adecco con datos del INE y Eurostat. Y hay 11 paises
europeos que cobran más que España: Luxemburgo (4.086 euros brutos
mensuales), Holanda (3.771), Irlanda (3.596), Dinamarca (3.494), Austria
(3.205), Alemania (3.174), Finlandia (3.040), Bélgica (2.967), Suecia (2.827),
Francia (2017) e Italia (2017).
No se trata sólo de que los sueldos sean más bajos, sino que
en España se cobra también menos por hora trabajada, según
Eurostat: 18,2 euros en 2023, un -24,2% menos que en la UE-27
(24 euros por hora) y bastante menos que en Dinamarca (42 euros/hora),
Bélgica (36,3), Irlanda (33,3), Paises Bajos (33), Alemania (31,6), Francia
(28,7)o Italia (21,5). Y sólo ganan menos por hora en Portugal (13,7), Grecia
(12,6) y los paises del Este.
El segundo problema que explica la pobreza laboral es la
inflación, que se ha ido comiendo las subidas de salarios, sobre
todo entre 2021 y 2023, pero también antes. Así, el salario medio bruto en
España pasó de 1.774 euros en 2008 a 2.128 en 2022 (+20%), según
el INE. Pero como la inflación subió más (+29,9%), pues los salarios
reales (descontando la inflación) han bajado, de 1.774 a 1.652 euros. Y
esto afecta más a las familias más vulnerables, que son las que sufren más la
inflación, por el tipo de gastos que tienen.
Un tercer factor que explica nuestra mayor pobreza laboral
es que los salarios se han revalorizado menos en España los últimos
años. Así, el salario por hora trabajada aumentó aquí un +27% entre 2008 y 2023,según
Eurostat, mientras aumentó un +49% en la UE-27, un 44,95% en Alemania, un
+37% en Francia y un +37% en Portugal.
Pero hay más causas que explican por qué tenemos más “trabajadores
pobres”. Una es que hemos tenido un salario mínimo muy bajo, menor al
del resto de Europa, aunque el Gobierno Sánchez lo haya subido de 736 euros
(2018) a 1.134
euros en 2024 (+54%), lo que beneficia a 2,5 millones de
trabajadores (muchos han dejado de ser “pobres”, otros no, porque trabajan
menos de la jornada completa). Otra causa, clave, es que los trabajadores
pobres en España tienen menos ayudas públicas: sólo llegan a un
tercio de las familias pobres y su impacto es reducido (suponen el
22% de los ingresos totales), según
el estudio de la Red EAPN.
Por eso, los expertos reiteran que no sólo hay que
actuar sobre los contratos y los sueldos para reducir la pobreza
laboral, sino que hay que aumentar las ayudas públicas a la pobreza, sobre
todo a los hogares vulnerables con niños, dado que España destina sólo
el 1,5% del PIB a la infancia y la familia, la
mitad del gasto que hace la UE (2,4% del PIB). Para ello, habría que
ampliar el alcance del Ingreso Mínimo Vital (IMV), que sólo
llegaba en septiembre a 661.640 hogares (con 2 millones de
beneficiarios). Además, es importante la reforma del seguro de desempleo,
que entrará
en vigor el 1 de noviembre y permitirá cobrar un subsidio y aceptar un
trabajo (para animar a buscarlo), lo que aumentará los ingresos de algunos “trabajadores
pobres”. Además, hay que seguir negociando mayores subidas en los convenios
para los trabajadores peor pagados, mejorando en paralelo el salario mínimo.
Hasta hace 2 décadas, tener un trabajo permitía a las personas vivir “medianamente bien”: emanciparse, formar una familia, tener una casa o un coche y mantener un ritmo de vida “digno”. Pero la crisis financiera de 2008 trastocó esta “vida tranquila” de la mayoría de trabajadores: muchos perdieron su empleo y otros vieron recortar sus sueldos y sus expectativas vitales, de la mano de los recortes presupuestarios. Y a partir de 2012, con la reforma laboral aprobada por el Gobierno Rajoy, muchas empresas “cambiaron a su personal”, sustituyendo personal mayor por jóvenes peor pagados y con contratos precarios. Y después, la pandemia y la inflación disparada se comieron parte de los sueldos, que apenas habían subido, deteriorando más la calidad de vida de las familias.
Y será clave mejorar
las ayudas a la infancia, porque los hogares con niños son más
proclives a la pobreza. En este sentido, es indignante que la
Ley de Familia siga estancada en el
Congreso (desde febrero en que la envió el Gobierno), porque
pretende asentar las ayudas por hijo (100 euros al mes para hijos menores de 3
años), que el Gobierno quiere ampliar a 200 euros en 2025 (ojo, va a
tenerlo difícil si no consigue aprobar los Presupuestos) y generalizarla en
el futuro para
todos los menores hasta los 6 años.
En resumen, que en pleno siglo XXI, hay 2,5 millones de
españoles que se levantan cada día para trabajar sabiendo que su empleo no les
impide ser pobres y malvivir. Somos un país que crece y crea mucho
empleo, pero a muchos eso no les permite vivir dignamente y tienen
graves problemas para subsistir. Habría que polarizar menos la política y
pactar de una vez un
Plan contra la pobreza, que es una vergüenza social y un
cáncer para la economía. Contratos y salarios dignos, alquileres y precios
asumibles y ayudas para los que se quedan atrás, esos casi 10 millones de
españoles pobres, una cuarta parte trabajando.
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