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jueves, 4 de junio de 2026

Salarios: España, un país de mileuristas

Este verano aumentará la inflación, cerca del 3,5%, por la subida de la luz, los alimentos, el turismo y los viajes. Mientras, los sueldos suben menos del 3%. Esto agrava un problema de fondo, que explica por qué bastantes familias no llegan a fin de mes: muchos sueldos son demasiado bajos, según acaba de confirmar el INE. Tres datos. El salario más frecuente (1.080 euros netos) es más bajo ahora que en 2019. Casi el 30% de los sueldos están entre 1.046 y 1.326 euros netos (en 14 pagas). Y más de dos tercios de los trabajadores (12,4 millones de asalariados) ganan entre 1 vez el salario mínimo (1.038 euros netos en 14 pagas) y 2 veces el SMI (1.711 euros netos). Somos un país de mileuristas, con unos sueldos un 25,6% más bajos que en Europa. Por eso, los sindicatos piden subidas del 4 al 7%, ahora que las empresas llevan 5 años subiendo ventas y beneficios. Pero la negociación salarial no ha empezado y podría no haber acuerdo.

                            Enrique Ortega

Casi la mitad de las familias españolas  tienen problemas para llegar a fin de mes (el 44,2%, según el INE), básicamente porque la inflación acumulada (+23,5% entre 2020 y 2025) ha crecido más que los salarios (+16,66% en estos 6 años). Y con los precios altos, por el encarecimiento de la energía, las materias primas y los alimentos, los salarios crecen este año menos que la inflación: +2,94% en los convenios firmados hasta abril, mientras la inflación está en el 3,2% anual en abril y subirá más este verano, por el encarecimiento de la luz (han vuelto a subir el IVA y el impuesto de la electricidad el 1 de junio), los carburantes, los alimentos, la hostelería, el turismo y los viajes. Así que seguirá siendo difícil llegar a fin de mes, sobre todo los que pagan además alquileres altos e hipotecas más caras.

La clave vuelve a estar en los salarios, que son demasiado bajos para muchos trabajadores, según acaba de desvelar el INE, con su última estadística de estructura salarial (referida a 2024): el salario medio anual en España es de 29.540 euros brutos, lo que significa 1.631 euros netos en 14 pagas. Un sueldo medio que es mayor para los hombres (32.057,55 euros brutos, 1.748 netos en 14 pagas) que para las mujeres (26.904,90 euros brutos, 1.507 euros netos), cuya “brecha” salarial es el 16,8% que cobran de menos. Este sueldo medio ha subido 5.144,28 euros brutos desde 2019, un aumento medio del +21%. Subida que se ha comido la inflación, porque los precios subieron el +21.3% en estos 6 años.

Pero este dato es el salario medio anual, que se obtiene como media entre los que más ganan y los que menos. Un dato más relevante es el salario mediano, que es el salario que divide a los trabajadores en dos partes: la mitad que gana más y la mitad que gana menos. En 2024 era menor, 24.497,17 euros brutos, unos 1.352 euros netos (14 pagas). Un salario mediano que ha crecido menos desde 2019 (+4.146 euros), un +20,37% (+21,3% el IPC).

Y queda un tercer dato que es más revelador: el salario más frecuente, el que ganan un mayor porcentaje de trabajadores. En 2024 era aún menor, según el INE, de 16.520,18 euros brutos (1.080 euros netos en 14 pagas), el sueldo que cobraban el 3,84% de los asalariados. Y lo peor es que este salario más frecuente ha caído en los últimos 6 años: era de 18.489 euros brutos en 2019 y ahora está en 16.520 euros, lo que significa que el sueldo que ganan ahora el mayor grupo de trabajadores es un 10,6% más bajo. Además, si miramos cuantos trabajadores ganaban entre 16.000 euros brutos (1.046 euros netos en 14 pagas) y 23.000 euros brutos (1.326 euros netos), son casi un tercio ( el 29,5%) de los asalariados, casi 5,5 millones de asalariados que son “mileuristas.

Y otro dato llamativo: más de dos tercios de los trabajadores (el 67,01%) ganaban en 2024 entre 1 vez y 2 veces el salario mínimo (SMI), entre 15.876 euros brutos entonces (1.038 euros netos en 14 pagas) y 31.752 euros brutos (1.711 euros netos en 14 pagas). Eso significa que 12,45 millones de asalariados ganan menos de 1.711 euros netos al mes (en 14 pagas), una cantidad con la que difícilmente se puede sobrevivir si no hay otro sueldo, si hay hijos y si encima hay que pagar un alquiler o una hipoteca. Esta es la realidad de la mayoría de los salarios que nos reflejan los datos del INE, aunque sean de 2024.

Además de tener sueldos mayoritariamente bajos, en España hay grandes diferencias de salarios por sectores, ocupaciones y autonomías, según reflejan los datos del INE. Hay 6 sectores económicos especialmente mal pagados, cuyo sueldo medio (ojo, las medias no reflejan los muchos sueldos más bajos) está por debajo del sueldo medio de toda la economía, esos 29.540 euros brutos (1.631 euros netos en 14 pagas): son la hostelería (17.653 euros brutos, 1.139 euros netos en 14 pagas), las actividades artísticas (20.383 euros brutos, 1.241 euros netos), actividades administrativas (21.096 euros brutos, 1.265 euros mensuales netos), comercio (25.778 euros brutos, 1.545 mensuales netos), construcción (26.965 euros brutos, 1.616 euros netos mensuales) e inmobiliarias (28.854 euros brutos). Y cobran por encima de la media, 4 sectores económicos: suministro de energía (57.931 euros brutos, 2.873 euros netos mensuales), industrias extractivas (41.951 euros brutos), industria manufacturera (32.281 euros brutos) y suministro de agua (32.362 euros brutos).

El sueldo tiene mucho que ver no sólo con el sector, sino con el puesto que se ocupa en la empresa. Así, los que más ganan son los directores y gerentes (63.865 euros brutos, más del doble que la media), seguidos de lejos por técnicos y profesionales (entre 45.513 y 40.554 euros brutos) , siendo los sueldos más bajos los de los trabajadores no cualificados de los servicios (16.062 euros brutos, 1.050 euros netos mensuales), los trabajadores de la restauración (18.918 euros brutos), de la salud (19.479 euros brutos) y los peones del campo o la construcción (22.030 euros sueldo medio bruto). Y estas diferencias se multiplican entre los grandes ejecutivos de grandes empresas: ganan hasta 111 veces más que su empleado medio, hasta 4,4 millones de euros anuales, según Intermón Oxfam.

También hay grandes diferencias de sueldos por autonomías, en función del mayor o menor peso de los sectores mejor pagados y de su productividad y su aportación a la riqueza (PIB). Hay 4 regiones con el sueldo medio por encima de la media de España (29.540 euros, 1.643 euros netos mensuales): País Vasco (35.170 euros brutos anuales , 1.894 euros netos mensuales), Madrid (34.410 euros brutos), Navarra (32.605 euros brutos) y Cataluña (31.730 euros brutos. Los sueldos medios más bajos se cobran en Extremadura (24.974 euros brutos, 1.417 euros netos mensuales), Canarias (25.120 euros brutos), Castilla la Mancha (26.062), Andalucía (26.089), Castilla y León (26.177), Murcia (26.349), Galicia (26.547) y la Comunidad Valenciana (26.816 euros brutos).

Ya no es sólo que España tenga sueldos bajos y muchos trabajadores sean “mileuristas”, sino que seguimos con sueldos mucho más bajos que en bastantes paises de Europa. Así, el salario por hora trabajada fue en España de 19,5 euros en 2025, un 25,6% del sueldo medio por hora pagado en la UE-27 (26,2 euros/hora), según Eurostat. Y quedamos muy lejos de lo que se paga por hora de trabajo en Luxemburgo (49,7 euros/hora), Dinamarca (44,7 euros), Irlanda (36,6 euros),Paises Bajos (36,3 euros), Alemania (34,5 euros), Francia (30 euros) o Italia (23 euros/hora), superando sólo a Portugal (15,6 euros) y Grecia (14,5 euros). Y no sólo se cobra menos ahora sino que el salario/hora ha crecido mucho menos en España que en Europa desde 2008 (+36,3% frente a +62,7% en la UE-27) y desde 2020 (+14,7% frente a +21,8% que ha subido el salario hora en la UE-27).

Al final, resulta que los sueldos en España ocupaban en 2025 el puesto 16 en el ranking de los 27 paises europeos desarrollados que integran la OCDE, encabezado por Suiza (107.487 euros brutos de sueldo medio), con Dinamarca en el 4º puesto (71.961 euros brutos), en el 5º Paises Bajos (69.028 euros), en el 7º Alemania (66.700 euros), en el 8º Reino Unido (65.340), en el 10º Bélgica (62.348 euros), en el 11º Irlanda (60.258 euros), en el 13º Suecia (50.338 euros), en el 14º Francia (45.964 euros), en el 15º Italia (36.594 euros) y en el puesto 16º España (32.678 euros brutos de media en 2025), quedando 9 paises europeos por debajo de los 30.000 euros de sueldo bruto medio (Portugal, el 22º, con 24.254 euros).

Según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), las diferencias salariales en Europa, con sueldos más altos en el centro y norte que en el sur, se deben a 3 factores: la estructura económica y la mayor o menor productividad (muy ligada a la tecnología, el tamaño de las empresas y a la organización del trabajo), las instituciones del mercado laboral (más sueldos en los paises con sindicatos más fuertes y una negociación colectiva consolidada) y un mayor o menor coste de la vida (la alta inflación presiona al alza los salarios).

En España, la queja de los sindicatos es que el fuerte crecimiento de la economía y el aumento de ventas tras la pandemia ha beneficiado a las empresas, que han aumentado márgenes y beneficios, pero no a los trabajadores, cuyos sueldos crecen menos. Y aportan los últimos datos del Observatorio de Márgenes empresariales. Uno, que el valor añadido sobre ventas (ingresos menos costes) ha crecido un 24,5% en los últimos 4 trimestres (marzo 2026-marzo 2025), frente al 21,9% que crecieron de promedio entre 2009 y 2021. Y el margen bruto de las empresas (su rentabilidad operativa) es del 12,8%, frente a una tasa promedio del 10,5% entre 2009 y 2021. Y además, añaden, ha crecido más la productividad que los sueldos: entre 2018 y 2026, el margen bruto por asalariado que obtienen las empresas ha crecido un +53%, frente al +33% que ha crecido la remuneración media por asalariado en estos 8 años.

En definitiva, que en el reparto de la tarta del crecimiento y la riqueza, las empresas se llevan una mayor parte que los trabajadores. Y por eso, los sindicatos creen que es hora de que los salarios crezcan más, de repartir mejor el crecimiento. En el V Acuerdo para el Empleo y la negociación Colectiva (AENC) , firmado por los sindicatos y la patronal en 2023, se pactó una subida salarial del +4% para 2023 y del +3% para 2024 y 2025, más una cláusula de revisión del 1% si se disparaba la inflación, subidas que han sido básicamente respetadas en los convenios firmados (han subido un 10,46% estos tres años) y que han superado a la inflación (+9% de media los 3 años), mejorando algo el poder adquisitivo.

Ahora, cara a la firma del VI AENC, que debe pactar las subidas salariales para 2026, 2027 y 2028, los sindicatos exigen subidas mayores que las de los pasados años. Primero, porque los conflictos geopolíticos hacen temer un repunte de la inflación en todo el mundo y en Europa, donde la Comisión prevé una inflación del +3,1% este año (y del +3% en España), que podría aumentar si no acaba la guerra en Oriente Medio. Y segundo, porque los sindicatos creen que ya es hora de que los trabajadores se beneficien del crecimiento en sus sueldos, como han hecho las empresas con sus beneficios. Sobre todo los trabajadores que menos ganan, esos 5,5 millones de asalariados que ganan entre 16.000 y 23.000 euros brutos.

Por todo esto, el 29 de enero, UGT y CCOO presentaron su propuesta de negociación para acordar con la patronal el VI AENC que ampare los convenios de 2026 a 2028. Su posición de partida es exigir una subida salarial del 4% para 2026, 2027 y 2028, más una subida extra del 1 al 3% adicional para los trabajadores que ganan ahora entre el 10% y el 30% por debajo del salario medio anual en España (29.540 euros), además de una cláusula del revisión salarial del 1,5% por si se dispara la inflación. Además, quieren incluir en esta negociación colectiva la supresión de las horas extras gratis, la reducción de jornada, la precariedad laboral de los jóvenes y las mujeres, el grave problema de la vivienda para muchos trabajadores (y sus empresas), además de la regulación de los algoritmos y la Inteligencia Artificial.

Ha pasado casi medio año y no hay avances en la negociación salarial para 2026 y los dos años siguientes, cuando el V AENC se firmó el 10 de mayo de 2023. La patronal CEOE no parece interesada en sentarse con los sindicatos a negociar y muchas empresas, sobre todo las más pequeñas, creen que la subida será menor si no hay un aumento pactado. Además, la patronal CEOE lleva unos meses muy radicalizada, levantándose de las mesas de concertación (como en el tema de la reducción de jornada) y culpando al Gobierno (y a los sindicatos) de querer “imponerles” cambios legales, quejándose del exceso de absentismo y bajas laborales (en gran parte, por los problemas de la sanidad pública). Todo apunta a que los sindicatos presionarán a la patronal en septiembre, pero será un mal momento para la CEOE, porque en noviembre hay elecciones y quiere volver a presentarse Antonio Garamendi. Así que no está claro que este otoño se negocien las futuras subidas salariales, como se hace desde 2010.

Pero los bajos salarios son un problema, no sólo para los trabajadores que los cobran sino para el conjunto de la economía: si los salarios no suben algo más que la inflación, será difícil sostener el aumento del consumo, uno de los motores del crecimiento y el empleo. Así que mejorar los salarios, para que sean más “europeos” no sólo es una cuestión de justicia (el 64% de los trabajadores están por debajo del salario medio, según los sindicatos) sino también de economía: necesitamos mejorar los salarios para mantener el consumo y seguir creciendo y creando empleo. Hay que conseguir que más españoles noten la mejoría de la economía, repartir mejor el crecimiento. Y para eso tienen que subir más los salarios en los próximos años, sobre todo los más bajos. Se puede y se debe.

lunes, 18 de mayo de 2026

La inflación nos agobia

La inflación subió un +3,2% anual en abril, el 2º mes que supera el 3%, por la guerra en Oriente Medio, aunque la subida es mucho menor a la que provocó la invasión de Ucrania (hasta +10,8% en julio 2022). El problema es que llueve sobre mojado: en los últimos 5 años, la inflación acumulada sube un +22,9%, siendo mucho mayor la subida de alimentos (+36,4%), alquileres (+42,8%), hoteles y restaurantes (+30,6%) o transporte (+22,3%). Y sobre todo, los precios han subido más que los salarios (+14,93% en los últimos 5 años), con lo que la mayoría de familias han perdido poder adquisitivo, más que en Europa. Por eso, aunque la economía y el empleo crecen más en España, muchos ciudadanos “no notan” esta mejoría y más de la mitad cree que la economía está “mal o muy mal”. Para corregir este pesimismo, sólo queda una salida: subir más los salarios, tras varios años en que las empresas han mejorado mucho sus ventas y beneficios. Urge repartir mejor el crecimiento.

                       Los alimentos han subido +36,4% en los últimos 5 años

España sigue creciendo (+0,6% el primer trimestre 2026, un +2,7% anual) y 2026 será el 5º año consecutivo en que creceremos más que el resto de Europa (+2,1%, según el FMI. Sin embargo, los españoles no tienen la sensación de que “la economía va bien: el 52,8% opina que la economía española va “mal” (38%) o “muy mal(14,8%), según el último Barómetro del CIS (abril 2026). Un porcentaje de “pesimistas” que es mayor al de antes de la pandemia (en junio de 2019, sólo un 39,8% veían la economía entonces mal o muy mal), aunque es mejor que la sensación negativa que tenían tras la invasión de Ucrania (el 72,6% de los encuestados veían la economía “mal” o muy mal” en abril de 2022). Curiosamente, cuando a esas mismas personas se les pregunta cómo es su situación económica particular, son muy optimistas: el 64,7% la calificaban de “buena” (60,7%) y muy buena (4%), el doble de los que pensaban así antes de la pandemia (junio 2019): 32,5% dijeron que “buena” y 1,3% “muy buena”.

La posible explicación a esta aparente contradicción (“España va mal, pero yo voy bien”) puede estar en la caída de la confianza del consumidor tras varias crisis (pandemia, invasión de Ucrania, guerra en Oriente Medio) y, sobre todo, en la preocupación por la inflación y la vivienda, los dos problemas que más destacan los encuestados por los Barómetros del CIS.

La inflación no debería preocupar tanto, porque bajó dos décimas en abril (al 3,2%), gracias a la rebaja de impuestos a los carburantes y a la electricidad (que cuesta la mitad que en Europa, por el mayor peso de las renovables). Y ese 3,2% de inflación está muy lejos de los precios disparados tras la crisis anterior, la que siguió a la invasión de Ucrania (24 febrero 2022): llegó a subir por encima del 10% entre junio y agosto de 2022 (con un máximo del 10,8% de inflación en julio 2022) y no bajó del 4% hasta mayo de 2023. El problema no es la inflación actual, sino que llueve sobre mojado y los consumidores han sufrido subidas constantes de precios en los últimos 5 años que se han comido sus ingresos y ahorros. Veámoslo.

La inflación “acumulada” hasta abril de 2026 (desde abril de 2021) ha sido del +22,9%, según el INE, aunque hay muchas partidas de gasto que han subido mucho más (o bastante): alimentos (+36,4%), restaurantes y hoteles (+30,6%), bebidas y tabaco (+25,2%), transporte (+22,3%), seguros y servicios financieros (+20,6%), cuidados personales (+19%), gastos de vivienda, luz, agua y calefacción (+17%) y muebles (+14,9%). Y los alquileres han subido mucho más: +42,8% entre abril de 2021 y abril de 2026, según Idealista. Y si nos vamos más atrás, hasta abril de 2008, los precios han acumulado en los últimos 18 años (hasta abril 2026) una subida del +41%. Y han subido mucho más los alimentos (+59%), los seguros y servicios financieros (+71,9%), los restaurantes y hoteles (+53,1%), la enseñanza (+47,5%), los gastos de la vivienda (+45,3%) y el transporte (+42%). Y los alquileres subieron  un +76,5%...

Esta subida acumulada de los precios no afecta a todos por igual: daña más a las familias con menos ingresos, porque gastan más porcentualmente en alimentación, energía, transporte y alquileres, los productos y servicios que más se han encarecido, con lo que han tenido que modificar y recortar sus gastos (ahorrando en carnes, pescados y verduras frescas, por ejemplo), con más problemas para llegar a fin de mes. Y además, la subida de precio de los carburantes les afecta más y funciona como “un termómetro emocional” de la inflación, alimentando la creencia de que la economía va “mal” o “muy mal”. Y encima, la subida de la inflación y la incertidumbre geopolítica han frenado en seco la bajada del Euribor, con lo que se les encarece la hipoteca que tienen pendiente (o una que pensaran pedir): el Euribor cerró abril en el 2,747%, el precio más elevado del último año y medio, con lo que la próxima revisión de una hipoteca media (163.378 euros a 25 años, al Euribor+1%) les supondrá pagar 839 euros al mes, 52 euros más que hace un año (+624 euros al año).

El problema es que esta inflación acumulada en los últimos años se ha “comido” los ingresos de la mayoría de las familias, porque los sueldos han crecido mucho menos y han perdido poder adquisitivo, teniendo que echar mano de los ahorros o endeudándose. En los últimos 5 años (2021-2025), los salarios en convenio crecieron un +14,93%, con lo que las familias perdieron un -8,8% de poder adquisitivo. Y si nos vamos más atrás, al inicio de 2018, los salarios han subido un +47% hasta finales de 2025, mientras la inflación acumulada subía un 41,8%. Así que los españoles han tenido una subida real de sus ingresos en los últimos 18 años del +5,2% (ganan 2.531 euros de media, 812 euros más que en 2008). Con razón vemos que el sueldo no da… Y si miramos lo que pasa este año 2026, seguimos perdiendo poder adquisitivo: los precios han subido un 3,2% anual hasta abril y en estos 4 meses, la subida media pactada en los convenios ha sido del 2,94% (balance: -0,26%) . 

Como pasa con los precios, la pérdida de poder adquisitivo es desigual, según las familias y sus ingresos. Tomando los datos de 2025 (un año en que se ganó poder adquisitivo:+0,5%), hubo 2 millones de trabajadores en empresas privadas que perdieron poder adquisitivo (porque su salario subió menos que la media), +3,5%), 4,4 millones que lo ganaron y otros 3,7 millones que lo mantuvieron. Y los 3,1 millones de empleados públicos lo mantuvieron (sin ganar ni perder). Y con ello, en 2025, España fue el país europeo donde menos aumentó el poder adquisitivo de los trabajadores (+0,5%), menos que Francia (+0,8%) o Dinamarca (+0,6%), Italia (+1,1%), Alemania (+1,4%), Irlanda (+1,8%), Paises Bajos (2,3%), Portugal (+3,8%), Finlandia (+4,1%), Suecia (+6,6%).

Este menor aumento del poder adquisitivo en España tiene 2 causas. Una, que España tiene más inflación que la media europea y que los grandes paises: en abril, la inflación anual de España (el dato “homologado”) fue del +3,5% anual, frente al 3% de media en la zona euro, el 2,9% de Alemania e Italia y el 2,5% en Francia, según Eurostat. Y la otra, que los sueldos en España han subido menos, algo que pasa desde hace décadas : entre 2000 y 2024, los salarios reales (descontando la inflación) han subido un +5,1% en España, frente a una media del +19,4% que subieron en la OCDE (38 paises occidentales), una subida real  del +19,7% en Francia, un +17% en Alemania, un +2,3% en Italia o un 7,3% en Portugal.

Esta mayor pérdida del poder adquisitivo en España alimenta el pesimismo de los que ven la economía “mal” o “muy mal”, máxime cuando estalla otra guerra que dispara la energía y cuando siguen subiendo los alquileres. Y esto se refleja en el índice de Confianza del Consumidor, que publica el CIS, que ha bajado tras la guerra en Irán (del 79,6 en marzo de 2025 al 66,9 en marzo de 2026), aunque se sitúa por encima de antes de la pandemia (63,3 en marzo 2020). Un indicador que refleja que el 29,4% de las familias llegan justo a fin de mes y otro 14,9% lo tienen difícil y han de recurrir a los ahorros o a endeudarse. Eso sí, las ayudas públicas desplegadas por el Gobierno Sánchez por la pandemia y la invasión de Ucrania, más las reformas fiscales, han permitido que las familias más vulnerables (el 20% con menos ingresos) hayan mejorado su poder adquisitivo entre 2017 y 2023, según un reciente estudio del Instituto de Estadios Fiscales, que demuestra que se ha reducido esos años la desigualdad, aunque todavía es elevada: el 10% más rico ingresa 23,1 veces que el 10% más pobre.

Esta pérdida de poder adquisitivo de la mayoría de hogares contrasta con la mejora de ventas, márgenes y beneficios de las empresas, sobre todo a partir de 2023. Los últimos datos del Observatorio de Márgenes Empresariales demuestran que los márgenes empresariales (el excedente bruto de explotación) están en máximos, tanto en cifras absolutas como en los aumentos: crecieron un +10,7% entre 2018 y 2019 y han aumentado un +12,9% en 2024-25. Y si descontamos la inflación, los márgenes empresariales (beneficio bruto) han crecido un +30% entre 2019 y 2025, frente al 13% que han crecido los salarios reales. A lo claro: que en el reparto del pastel del crecimiento (PIB), las empresas han aumentado su trozo casi el doble que los trabajadores. Y los sectores donde ha crecido más el margen real (descontando la inflación) estos últimos años (entre 2018-19 y 2024-25) han sido la energía (+5% de margen sobre ventas), la hostelería y turismo (+4,6%), el comercio mayorista de alimentos (+1,9% de margen real) y la construcción (+1,4%), sectores donde los salarios han perdido peso real.

El bajo crecimiento de los salarios, frente a una alta inflación acumulada, preocupa al Gobierno, porque impide que la mayoría de las familias se beneficien más del alto crecimiento y la importante creación de empleo (+3.326.100 ocupados entre 2020 y 2026). Y proponen qué hacer: “Que nadie nos diga que no se pueden subir los salarios cuando los beneficios crecen”,  declaró el presidente Sánchez en febrero pasado, al firmar el nuevo salario mínimo. Y cara al 1 de mayo, los sindicatos han reiterado a la patronal que se siente a negociar un nuevo Acuerdo para el Empleo y la Negociación Colectiva (AENC), tras el V Acuerdo firmado para 2023-2025. Su propuesta es que los salarios suban un 4% cada año, más un 1,5% adicional si se dispara la inflación. Y subidas extras de hasta el 3% para los trabajadores que cobran menos de la media de su sector. De momento, han pasado 5 meses y la patronal no tiene prisa en negociar las futuras subidas, que defienden menores.

Al final, la mayoría de las familias están “agobiadas” por la inflación, no tanto por la subida de cada mes sino por la acumulada en los últimos años. Aquí poco se puede hacer, salvo vigilar los excesivos márgenes de algunos sectores, aunque mucha inflación es importada, por el aumento de costes de la energía y las materias primas. Donde sí se puede actuar es en los salarios, que deberían subir más por dos razones. Una, porque ahora pueden hacerlo la mayoría de las empresas, que llevan años subiendo ventas y márgenes (no sólo costes, como dicen). Y la otra, porque los sueldos en España siguen siendo de los más bajos de Europa, según Eurostat: 19,5 euros la hora en 2025, frente a 26,2 euros/hora de media en la UE, 34,5 euros en Alemania, 30 euros en Francia y 23 en Italia.

España y sus empresas no pueden seguir compitiendo como la China de Europa, a base de salarios muy bajos que compensen la menor competitividad de los productos y servicios. La economía española está modernizándose y ya hay más empresas con innovación y tecnología, que exportan y mejoran sus márgenes y beneficios, que pueden mejorar los sueldos de sus trabajadores, sobre todo de los que menos ganan (el 40% de los asalariados ganan entre 1.582 y 2.659 euros brutos, según el INE). Y esta mejoría salarial (nada descabellado: piden subir los sueldos un 4%) es necesaria para que más familias se beneficien de la buena marcha de la economía y puedan llegar a fin de mes. Y también para que se mantenga y aumente el consumo, motor clave para crecer y crear empleo, pero clave también para que las empresas vendan y ganen más. Es hora de repartir mejor el aumento del pastel entre empresas y trabajadores. Hay que subir más los salarios para repartir mejor el crecimiento.

lunes, 1 de diciembre de 2025

Los jóvenes, los grandes perdedores

La subida disparatada de pisos y alquileres está siendo la puntilla para los menores de 30 años, que apenas se benefician de la buena marcha de la economía: sólo un 10% del empleo creado este año ha ido a menores de 25 años, que tienen más del doble de paro que el resto y ganan casi la mitad, por tener contratos más precarios. Eso conduce a que muchos jóvenes no pueden emanciparse y tengan más pobreza que el conjunto de españoles: 2,5 millones de jóvenes viven en situación de “exclusión social”, según el informe Foessa (Cáritas), a pesar de que la mayoría trabajan o estudian. Urge un Plan de apoyo a los jóvenes, con medidas desde la formación a las políticas de empleo y vivienda, para evitar que malvivan y sean utilizados por la ultraderecha. Y no cabe enfrentarlos a los mayores, proponer como solución recortar las pensiones y el gasto a los jubilados. Porque los “boomers” no son unos “privilegiados como argumentan algunos. Sobre eso escribiré el próximo Blog.

                        Enrique Ortega

Empecemos por ver cuántos jóvenes viven en España. Son 7.564.300 personas las que tenían entre 16 y 29 años en septiembre, según este informe de Trabajo, más hombres (3.902.100) que mujeres (3.662.300). Suponen ahora el 15,44% de la población total, mucho menos que al principios de siglo (21,6% de la población), cuando había 8.765.195 jóvenes de entre 16 y 19 años (+ 1,2 millones), por la caída drástica de la natalidad en España. Y si contabilizamos los jóvenes de 16 a 24 años, son ahora 4.840.000, unos 600.000 jóvenes menos que el año 2.000.

Sin embargo, los jóvenes han aumentado su peso sobre la población en edad de trabajar, debido al envejecimiento de la población española. Así, esos 7.564.400 jóvenes de 16 a 29 años suponen ahora el 23,6% de las personas en edad de trabajar (16-64 años), 1 millón más de los que había en 2015 (6.583.900, el 21,8%). De este total de jóvenes, el 53% están estudiando, aunque casi la mitad de ellos (el 25,6%) también trabajan, según Trabajo. Y un 14,7% de los jóvenes (16 a 29 años) ni estudian ni trabajan (son “ni-nis”), un porcentaje que ha ido bajando (eran el 20,8% en 2015), aunque es superior al de Europa (11%).

El primer gran problema de los jóvenes españoles es que muchos tardan en encontrar un trabajo (por su baja formación e inexperiencia) y tienen  por ello una baja tasa de empleo: trabajan el 45,9% de los jóvenes de 16 a 29 años (septiembre 2025), más los chicos (48%) que las chicas (43,7%), aún lejos del 68,6% que trabajan en el conjunto de la población (16 a 64 años). Eso se traduce en que trabajan 3.474.000 jóvenes de 16 a 29 años, el 15,51% de todos los ocupados en España (22.387.100 en septiembre de 2025). Son 1 millón más de jóvenes trabajando que hace 10 años (2.463.600 trabajaban en septiembre 2015), pero el conjunto de ocupados ha crecido mucho más (+4,33 millones) en esta década. Y desde 2019, tras la pandemia, el empleo de los jóvenes (16 a 29 años) ha crecido en +701.800, mientras aumentó en +63.900 entre 30 y 49 años y +1,65 millones entre los mayores de 50 años (que se han llevado dos tercios del empleo creado).

Un problema de muchos jóvenes para encontrar trabajo es su bajo nivel educativo (lo tienen el 20% de los ocupados), consecuencia en algunos de que abandonaron sus estudios: el abandono escolar temprano (no terminar la ESO), ha bajado del 20% de los jóvenes de 18 a 24 años (2015) al 13% en 2024, aunque es muy superior a la media UE (9,4%). Y otro millón largo de jóvenes (el 28,7% de los que trabajan) tienen un nivel educativo medio, mientras sólo la mitad de los jóvenes ocupados (1.663.200) tienen un alto nivel de estudios.

Cuando los jóvenes de 16 a 29 años trabajan, generalmente lo hacen en los servicios (2,79 millones hoy, el 81,3% de los jóvenes ocupados), seguidos de la industria (409.400 jóvenes), la construcción (183.600, un 82,7%  más que en 2015) y la agricultura (82.600 jóvenes, un 18,7% menos que hace 10 años). Pero el trabajo de los jóvenes se concentra en unas pocas ramas de actividad: comercio y reparación de vehículos (585.700), hostelería (516.000), industria (375.000), sanidad y servicios sociales (348.500), actividades profesionales y técnicas (237.800) e información y comunicaciones (192.900 jóvenes).

El gran problema del trabajo de los jóvenes es la precariedad de sus contratos. Por un lado, siguen teniendo un alto porcentaje de contratos temporales, aunque su peso se ha reducido desde 2022 gracias a la reforma laboral: 48,7% entre los jóvenes de 16 a 24 años y el 35,8% los jóvenes de 16 a 29 años (el doble que en Europa), frente a sólo el 15,6% de contratos temporales el conjunto de los trabajadores. Y casi la mitad de estos contratos temporales de los jóvenes son “involuntarios”: los tienen porque no encuentran un contrato indefinido. Además, el 24,1% de los jóvenes (16-29 años) tienen contratos a tiempo parcial (por horas o por días), el doble que el conjunto de los trabajadores (12,9%). Y de nuevo, casi la mitad de estos jóvenes con trabajos parciales (el 43,4% en España, frente al 18,1% en Europa) los tienen “de forma involuntaria”, porque no encontraron un empleo a jornada completa.

Estos tres factores, la baja formación, el sector donde trabajan y el tipo de contrato explican que los jóvenes tengan unos bajos salarios, según este informe de Trabajo: ganan 15.364 euros de media (2023)  los ocupados con 20 a 24 años (un 45,3% menos que el conjunto de trabajadores, con 28.049 euros) y 21.039 euros los jóvenes de 25 a 29 años (el 25% menos que la media, aún menos las mujeres: -6,9 adicional), según el INE.

Esto los jóvenes que trabajan, porque hay 812.700 jóvenes en paro, el 10,7% de los jóvenes de 16 a 29 años, según Trabajo. La tasa de paro (parados sobre activos) es muy elevada entre los jóvenes de 16 a 24 años, el 25,4% (casi el doble de la tasa europea, el 14,8% y cuatro veces la alemana, el 6,3%)  y baja al 17,1% entre los de 16 a 29 años, aunque es mucho mayor que la tasa de paro del conjunto de españoles (10,6% en septiembre). De nuevo, la tasa de paro joven depende mucho de la formación: es del 28,9% entre los jóvenes con baja formación, el 19,2% en niveles medios y sólo del 13,5% entre jóvenes con alta formación.

Volviendo a los jóvenes que trabajan, esos 3.474.000 ocupados (el 46% de los jóvenes entre 16 y 29 años), su siguiente problema es que la precariedad de sus contratos y sus bajos salarios no les permiten en muchos casos emanciparse y vivir fuera de casa o formar una familia: 7 de cada 10 jóvenes de 16 a 29 años con empleo siguen viviendo con sus padres, según el Observatorio de la Juventud. Y esta dependencia se ha agravado en los últimos años, al dispararse el precio de los alquileres: En octubre, el alquiler medio en España costaba ya 14,5 euros/m2, según el portal  Idealista, otro máximo histórico (en 2006 costaba 10,1 euros, en 2011 bajó a 7,8 euros y en 2019 10,4 euros/m2, casi un 40% menos que hoy). Una subida de alquileres del +10,9% anual, que se suma al +81% que subieron los alquileres entre 2014 y 2024. Con ello, un joven, con un sueldo medio bruto de 1.502 euros (INE), no puede pagar un alquiler medio en Madrid (1.700 euros) o Barcelona (2.000).

Los alquileres disparados han aumentado el porcentaje de jóvenes con problemas para llegar a fin de mes. De hecho, ya en 2024, los datos oficiales señalaron que los jóvenes (y los niños) tienen una tasa de pobreza monetaria mayor que el resto de la sociedad: 1 de cada 5 jóvenes (el 20,7%) de 16 a 29 años es “pobre” (ingresa menos del 60% del ingreso medio del país, menos de 827 euros al mes en 14 pagas (o menos de 1.737 euros mensuales si es una familia con dos niños). Así que 1,5 millones de jóvenes (16 a 29 años) están en situación de pobreza monetaria. Pero si se tienen en cuenta más factores, los jóvenes “excluidos” son más: 2,5 millones de jóvenes menores de 30 años están en exclusión social, según el reciente Informe Foessa (Cáritas) que analiza 37 indicadores de empleo, vivienda, educación, salud, participación e integración social. Y de ellos 723.190 jóvenes (el 11%) vive en exclusión social severa, un número que ha aumentado un 83% desde 2007.

Estos 2,5 millones de jóvenes en exclusión social son, para Cáritas y el informe Foessa, los grandes perdedores del actual modelo socioeconómico. Y rechaza que se les considere “pasotas” y “al margen de la sociedad”, porque más de un tercio de estos jóvenes trabaja (aunque eso no les saca de “pobres”) y una cuarta parte estudia. Y reiteran que las familias de las que proceden y su código postal están detrás de su precaria situación, porque apenas funciona “el ascensor social”, siendo clave el nivel educativo de padres e hijos.

Además, los datos demuestran que las tres últimas crisis (la financiera de 2008-2010, la pandemia y la hiperinflación tras la guerra de Ucrania) han dañado especialmente a los jóvenes españoles: hay una llamativa “desigualdad generacional” según la edad del cabeza de familia. Así, los hogares encabezados por un menor de 35 años han bajado su renta mediana de 31.700 euros en 2020 a 29.100 euros en 2022 (-8,2%), según el Banco de España. Y los hogares encabezados por personas de 35 a 44 años han visto caer su renta real un -0,9% (de 37.300 a 35.600 euros). Luego, a partir de esta edad, los hogares sí han mejorado su renta real: los encabezados por personas de 45 a 54 años un +7,3% (de 34.300 a 36.800), los hogares entre 55 y 64 años mejoran un +0,55% (de 35.900 a 36.100 euros), los de 65 a 74 años un +4,46%, de 29.100 a 30.400) y los hogares encabezados por mayores de 74 años aumentaron sus ingresos un +9,1% entre 2020 y 2022 (de 19.800 a 21.600 euros).

Estos datos y otros sobre el menor patrimonio de los jóvenes han llevado a algunos expertos a plantear un cambio en las políticas públicas: destinar menos recursos a los mayores y más a los jóvenes, una especie de “enfrentamiento generacional” que apoyan expertos neoliberales y  políticos de ultraderecha, que se apoyan en que la pensión media de jubilación (por la que los jubilados han cotizado 35 años o más) era en noviembre de 1.511,51 euros, poco menos que el salario mediano de 2024, que era de 2.001 euros brutos (y un 30% de los asalariados ganaban menos de 1.582 euros. Lo que no dicen es que el 48,37% de todas las pensiones (y el 38,88% de las jubilaciones) cobran menos de 1.000 euros…

Pero cada vez que se da el dato mensual del gasto en pensiones (27.119 millones en noviembre, por la extra de Navidad) o la revalorización para 2026 (+2,7% subirán en 2026), muchos expertos y organismos aprovechan para hablar del “disparatado gasto en pensiones” y lo mal que están los jóvenes. Incluso la OCDE ha presentado un informe donde propone medidas para frenar el gasto futuro en pensiones (ampliar la edad y el periodo de cotización y recortar las pensiones futuras como hizo Rajoy) y destinar una parte del ahorro a vivienda, para ayudar a los jóvenes. Otra vez un enfrentamiento generacional tan injusto como injustificado. Porque los problemas de los jóvenes no se solucionan recortando pensiones y dañando a sus padres y abuelos. Es una demagogia sin fundamento.

Afrontar la preocupante situación de los jóvenes exige de tomar medidas en varios frentes para dar una salida a las nuevas generaciones. Hay que empezar por el principio, por la enseñanza: mejora de la formación en colegios, institutos y Universidades, para adecuarla a lo que necesitan las empresas, mejorando la orientación laboral de los jóvenes y su digitalización. En el mercado laboral, hay que fomentar la contratación indefinida y avanzar en la formación dual (trabajo y formación) y en mejorar las prácticas y becas (el Estatuto del Becario acaba de aprobarse por el Gobierno, tras anunciarse con los sindicatos hace casi 17 meses). Y hay que mejorar la conciliación laboral de las familias jóvenes, con más ayudas por hijos. Pero sobre todo, urge una política de vivienda que facilite el alquiler a los jóvenes, con ayudas que hoy son escasas e ineficaces.

Pero además, hay que poner a los jóvenes como una de las prioridades de todas las políticas económicas y sociales, algo que no viene pasando, quizás porque los distintos Gobiernos han pensado más en los mayores, que son los que más cotizan, pagan impuestos y votan. Pero si queremos tener futuro como país, hay que cambiar las reglas del juego y pensar que son los jóvenes los que han de protagonizar la modernización de la economía y la mejora del nivel de vida, la digitalización, la descarbonización y el salto formativo y  tecnológico que nos hagan más productivos y competitivos. Sin abandonar a los mayores, pero reequilibrando el “contrato generacional” en España. Urge pactar un Plan de medidas a favor de los jóvenes, a corto y medio plazo, para conseguir que los jóvenes de dentro de 20 años vivan mejor que los de hoy. Se lo debemos.

Pero todo esto, sin caer en la tentación de una “guerra entre generaciones”, sin culpar a los mayores (“boomers”) de la situación de los jóvenes, como parece estar de moda. Primero, porque “no se viste a un santo desvistiendo a otro”. Y segundo, porque los mayores en España no son unos privilegiados, ya que chocan con serios problemas en su empleo (a partir de una edad, ninguna empresa los contrata), en el paro, en las condiciones de su jubilación (muchas pensiones por debajo de 1.000 euros), en su salud  y en su ancianidad, sobre todo si son dependientes (27.217 mayores han muerto este año hasta octubre sin recibir las ayudas a la Dependencia a las que tenían derecho). En definitiva, que los “boomers” no somos unos privilegiados y menos a costa de los jóvenes, de los hijos y nietos. Algo sobre lo que escribiré el próximo Blog.

lunes, 6 de octubre de 2025

Los salarios crecen, pero menos

Los sueldos subieron un +2,7% anual en el 2º trimestre, la menor subida en los últimos años y menos de lo que suben los precios (+2,9%). Lo peor es que los salarios llevan varios años creciendo poco y los trabajadores han perdido poder adquisitivo desde 2019. Y aumenta la brecha con los sueldos europeos, un 25% más altos. Por ello, casi la mitad de hogares tienen problemas para llegar a fin de mes, según el INE. Sobre todo jóvenes, mujeres y los que trabajan en los sectores y regiones peor pagados, porque en España hay enormes diferencias de sueldos, mientras el 70% de asalariados ganan menos de 2.500 euros brutos mensuales. Estos bajos sueldos explican que mucha gente no sienta en sus bolsillos la buena situación de la economía española, que crece más que el resto. Ahora que toca a sindicatos y patronal negociar las subidas salariales para 2026-28, urge mejorar los sueldos más bajos, no sólo el salario mínimo. Para repartir mejor el crecimiento y que lo note más gente.

                            Enrique Ortega

Por 5º año consecutivo, España será otra vez el país occidental que más crecerá en 2025 (+2,6%), según acaba de vaticinar la OCDE, tras haber crecido por encima de la media europea en 2021 (+6,7%), 2022 (+6,4%), 2023 (+2,5%) y 2024 (+3,5%), según el INE. Pero la realidad es que muchos españoles no notan en sus hogares esta “bonanza económica, la mayoría porque la inflación de estos años “se ha comido” la subida de sueldos y además ven que han de gastar mucho más para alquilar una vivienda (comprarla es imposible para muchos) y han de dedicar más dinero para la sanidad, la educación o el cuidado de los mayores, por el peor funcionamiento del “Estado del Bienestar”, porque las autonomías han reducido el peso de los gastos sociales en sus Presupuestos.

La consecuencia es, que aunque crecemos más que Europa y creamos más empleo que nunca (hay 22 millones de personas trabajando) hay muchas personas que no llegan a fin de mes, según la Encuesta de Condiciones de Vida del INE : el 9,1% de los españoles llega “con mucha dificultad” (eran el 7,8% en 2019), el 12,7% llegan “con dificultad” (14,2% en 2019) y el 25,6% llegan “con cierta dificultad” (27,3% en 2019). O sea, que el 47,4% de los españoles tienen algún problema para llegar a fin de mes (49,3% en 2019), a pesar de los buenos datos económicos. Y eso, sin olvidar que España es el 5º país con más pobreza de Europa (19,7% de la población, 9,6 millones de españoles ingresan menos del 60% de la media del país). Y el 2º país europeo, tras Rumanía, con más pobreza infantil: 2,5 millones de niños y niñas que viven en hogares pobres, casi 1 millón de ellos con pobreza “severa”.

Así que la economía va bien”, pero mucha gente no lo nota y tiene dificultades económicas, como reconocen los Barómetros del CIS. ¿Qué está pasando? Básicamente, que muchos españoles tienen sueldos bajos y la inflación acumulada desde la pandemia se ha comido su poder adquisitivo, junto al mayor gasto en vivienda y servicios sociales. Y encima, los salarios están creciendo menos que antes: el coste salarial total en el 2º trimestre fue de 2.416,50 euros brutos por trabajador, un aumento del 2,7% anual, menor al del trimestre anterior (+3,8%) y al de un año antes (+4,1% en el 2º trimestre 2024) y el menor aumento salarial de los últimos años, según la Encuesta trimestral de Coste Laboral del INE.

Eso significa que los salarios están subiendo este año menos que la inflación (+2,9% hasta septiembre). Y si tomamos los años anteriores, vemos que los trabajadores han perdido poder adquisitivo: el coste salarial ha subido de 2.075,43 euros a finales de 2019 a 2.416,50 euros (brutos) ahora, un aumento salarial del +16,4%. Pero en ese mismo periodo, los precios (el IPC) han subido un +22,4%, así que la pérdida de poder adquisitivo de los trabajadores ha sido del -6% en estos 5 años y medio. Y si tomamos sólo los trabajadores con convenio (menos que los incluidos la Encuesta del INE), la subida salarial pactada entre 2020 y 2025 ha sido de +16,64%, lo que revela una pérdida de poder adquisitivo similar (-5,76%).

Esto explica porque los trabajadores y sus familias tienen problemas para llegar a fin de mes, sobre todo los jóvenes, las mujeres y las familias con hijos o dependientes y que pagan un alquiler o una hipoteca. Además, tras la pandemia, la brecha salarial que hemos tenido siempre con Europa se ha agravado, porque los salarios españoles han crecido menos. Los datos de Eurostat son claros: el salario por hora en España era en 2024 de 18,9 euros, un 25% menos que el salario medio por hora de la UE-27 (25,2 euros) y aún más alejado de los 27,8 euros por hora que se pagan en la zona euro, los 22,3 euros en Italia, los 29,7 euros en Francia, los 33,3 euros/hora en Alemania o los 43,6 euros que se pagan en Dinamarca. Y además, entre 2020 y 2024, el salario por hora ha subido un +11,17% en España, menos que el +17,2% que han subido en la UE-27, el +12,92% en Francia o el +16,4% que han subido en Alemania (en Italia han subido un +6,19%, pero en Portugal un +19,5% y en Grecia un +20,9%).

Así que los salarios en España siguen siendo de los más bajos de Europa y crecen poco, menos que en la mayoría del continente. Y así viene pasando desde principios de siglo: los salarios reales en España (descontando la inflación) han subido sólo un +5,1% entre los años 2000 y 2024, mientras han crecido mucho más en la mayoría de Europa, según los datos del profesor Manuel Alejandro Hidalgo, que trata de explicar por qué los salarios medios en España son entre un 35 y un 40% inferiores a los de Alemania, Francia y los paises nórdicos.

La razón principal es que somos un país menos productivo que ellos: producimos menos por trabajador y por eso los sueldos son más bajos. De hecho, España es la 4ª mayor economía europea, porque el valor de lo producido (PIB: 1.594.330 millones de euros en 2024) sólo lo superan Alemania (4.328.970 millones euros), Francia ( 2.921.412 millones)  e Italia ( 2.199.619 millones euros). Pero este es un dato engañoso, porque hay que tener en cuenta la población, lo que produce cada país por habitante. Y lo que ha pasado en España tras la pandemia es que el PIB ha crecido mucho (+27% entre 2019 y 2024) pero también ha crecido mucho la población residente, por los inmigrantes (de 47 a 49 millones). Así que el PIB por habitante ha crecido menos (de 26.670 euros en 2019 a 32.461 en 2024, +21,7%).

Y al tener en cuenta lo que producimos por habitante, España ya no es la 4ª principal economía de Europa, sino que somos el país europeo nº 14  por productividad (PIB por habitante), por detrás de Luxemburgo, Irlanda, Paises Bajos, Dinamarca, Bélgica, Austria, Alemania, Suecia y Malta (los 9 paises más productivos que la media de la UE-27), Finlandia, Francia, Italia y Chipre. Concretamente, producimos por habitante el 92% de la media europea, mientras Francia produce el 99%, Alemania el 115% y Paises Bajos el 136%. Por eso, los salarios españoles son más bajos que los de otros paises.

Pero hay otras razones que explican esta menor productividad y están detrás de que España tenga los sueldos entre un 35 y un 40% más bajos que los paises más productivos de Europa. Una, que estamos comparando el total de los trabajadores de cada país: si comparásemos trabajadores similares de España y Alemania (con similar edad, formación, ocupación y tipo de contrato), la “brecha salarial” se reduciría a la mitad (al 17%), según el profesor Hidalgo, quien hace hincapié en dos factores que explican la mitad de la diferencia salarial de España con Alemania y la Europa rica: la formación y la experiencia de los trabajadores.

La menor formación de la mayoría de los trabajadores españoles explicaría por sí sola una cuarta parte de la brecha salarial con Alemania, por ejemplo. Y otra cuarta parte viene de la “menor experiencia” de nuestra mano de obra, debido a que la anterior regulación laboral ha incentivado una excesiva rotación en los empleos, acumulando menos experiencia. Además, hay otros factores que explican la menor productividad y la consiguiente diferencia salarial: el tipo de economía (en España pesan más los servicios que la industria, mejor pagada), el menor uso de la tecnología y la digitalización, la menor tecnología e innovación en los procesos productivos, el menor tamaño de nuestras empresas (las grandes son más productivas), la menor internacionalización (los exportadores son más productivos), la menor formación de los empresarios, una sindicalización menor y una mayor regulación y burocracia…

Así que ya sabemos el camino (no sencillo) para conseguir subir más los salarios y acercarnos a los europeos: más formación, más tecnología e innovación, empresas más grandes y mejor gestionadas, menos regulación, más industria y más exportación… En definitiva, modernizar la economía y capacitar a los trabajadores para producir más por persona y así cobrar más. Un proceso que tarda años y que es el objetivo a medio plazo del Plan de recuperación y de los Fondos europeos. Pero antes, hay que mejorar cuanto antes una parte de los salarios que tenemos, los más bajos, porque es la única manera de seguir alimentando el consumo, que junto al turismo y las exportaciones, son el motor del crecimiento español. No basta sólo con que el conjunto de salarios suban más (y no pierdan poder adquisitivo) sino empezar a corregir la desigualdad salarial que hay en España, que es tremenda.

El gran problema de los salarios españoles es que muchos de ellos son bajos, con lo que hay muchos trabajadores propensos a tener problemas para llegar a fin de mes. Lo revelan los últimos datos del INE (Decil de salarios 2023): el salario medio bruto era de 2.273 euros mensuales en 2023 (1.932 euros netos), sólo 290 euros más que en 2019 (ha subido un +14,66% mientras la inflación subía más estos cuatro años: +17,9%). Pero lo más llamativo es que 5,4 millones de asalariados cobran menos de 1.534,7 euros brutos mensuales (1.304 netos) y otros 7,2 millones ganan entre 1.534 euros brutos y 2.548 euros (2.166 netos). En definitiva, que el 70% de los asalariados (12.600.000) ganan menos de 2.166 euros netos al mes. Y ganan aún menos las mujeres (2.063 euros brutos), los más jóvenes (1.387 euros brutos entre 16 y 24 años), los poco formados, los que trabajan a media jornada (ganan menos de 1.534 euros brutos), los que tienen contrato temporal (1.832 euros brutos), los que trabajan en el campo, la hostelería, el servicio doméstico y la construcción, los que trabajan en micropymes (la mayoría ganan menos de 1.534 euros brutos) y los asalariados de Extremadura, Canarias, Castilla la Mancha, Murcia, Valencia o Andalucía.

Todos estos colectivos son los que las pasan canutas para llegar a fin de mes y no acaban de ver que la economía “vaya bien” , aunque crezcamos más que el resto. Por eso, la prioridad de la próxima negociación salarial, que deben abordar sindicatos y patronal para firmar otro Acuerdo para 2026-2028, debería ser subir más los salarios más bajos, para reducir las tremendas desigualdades actuales y mejorar la vida de muchos hogares con problemas para llegar a fin de mes. Una medida importante será volver a subir el Salario Mínimo en 2026, tras subirlo de 735 euros en 2018 a 1.184 en 2025 (+61%), porque afecta a 2,5 millones de asalariados con los sueldo más bajos (dos tercios mujeres y una cuarta parte jóvenes) y porque la subida del SMI “tira” del resto. Pero además, habría que ir sector a sector subiendo los sueldos más bajos, para reducir desigualdades.

España lleva décadas compitiendo en el mundo gracias a nuestros bajos sueldos. Es hora de dejar de ser “la China de Europa” y empezar a competir más en innovación, tecnología y bajando otros costes (la energía, por ejemplo, gracias a las renovables), aumentando el peso de la industria y los sectores de futuro, que conllevan más productividad y mejores sueldos. Las empresas llevan 5 años mejorando ventas y márgenes, aumentando sus beneficios, y es hora de que también los trabajadores se beneficien de la recuperación, con mejores sueldos, sobre todo los que menos ganan. Unos sueldos más decentes son además la base de un mayor consumo, mayor crecimiento y más empleo. Hay que conseguir que más españoles noten la mejoría de la economía, repartir mejor el crecimiento. Y para eso tienen que subir más los salarios en los próximos años, sobre todo los más bajos. Se puede y se debe.

jueves, 31 de octubre de 2024

2,5 millones son "pobres" a pesar de trabajar

Hay 2,5 millones de personas que van cada día a trabajar y son “pobres”: ganan menos del 60% que la media (menos de 916 euros mensuales) y no pueden atender gastos básicos. Son tanto hombres como mujeres, jóvenes y personas de 45 a 59 años, muchos inmigrantes, familias y mujeres solas con niños, personas con poca formación y contratos precarios en el campo, hostelería, construcción, limpieza y servicio doméstico, en el sur y Levante. España es el tercer país europeo con más “trabajadores pobres”, un porcentaje (11,9% de los que trabajan) similar al de 2008. Y Caritas alerta que la mitad de las personas que atienden tienen trabajo. Ahora, la subida de alquileres ha aumentado esta tasa de pobreza laboral, vinculada a empleos precarios y mal pagados, así como a tener hijos. Pero los expertos insisten en que no basta con mejorar empleos y sueldos: urgen políticas para aumentar las ayudas a los más pobres y a las familias con niños. Pobres con empleo.

                               Enrique Ortega

Hasta hace 2 décadas, tener un trabajo permitía a las personas vivir “medianamente bien: emanciparse, formar una familia, tener una casa o un coche y mantener un ritmo de vida “digno”. Pero la crisis financiera de 2008 trastocó esta “vida tranquila” de la mayoría de trabajadores: muchos perdieron su empleo y otros vieron recortar sus sueldos y sus expectativas vitales, de la mano de los recortes presupuestarios. Y a partir de 2012, con la reforma laboral aprobada por el Gobierno Rajoy, muchas empresas “cambiaron a su personal”, sustituyendo personal mayor por jóvenes peor pagados y con contratos precarios. Y después, la pandemia y la inflación disparada se comieron parte de los sueldos, que apenas habían subido, deteriorando más la calidad de vida de las familias.

Con todo ello, la pobreza afecta a una parte importante de la sociedad, en Europa y en España. En la UE-27, había 72 millones de personas “pobres” en 2023, un 16,2% de la población que ingresaban menos del 60% de la media del continente, según Eurostat. Y España es el 6º país europeo con más porcentaje de población “pobre”, un 20,2% que ingresa menos del 60% de la media española (10.990 euros al año), 9.715.577 personas en 2023, según la Red Europea de Lucha contra la Pobreza (EAPN), sólo por detrás de Estonia (22,6% son “pobres”), Letonia (22,4%), Rumanía (21,1%), Bulgaria y Lituania (20,6%), según Eurostat, que refleja también un alto nivel de “pobreza monetaria” en Italia (18,9% de la población), Francia (15,4%) y Alemania (14,4%).

Lo que quizás se conoce menos es que muchos de estos “pobres” tienen un trabajo, son “pobres con empleo”. En España, los últimos datos del INE revelan que un 32% de los pobres tenían empleo, mientras otro 22% son parados, un 15% son jubilados y el 31% restantes son inactivos (personas que ni trabajan ni buscan trabajo, la mayoría mujeres y jóvenes). Si se aplica el criterio de “pobreza” a las personas que trabajan, que ingresen menos de 10.989 euros al año (916 euros al mes), que se amplía a 23.078 euros anuales (1.923 euros al mes) para familias con dos progenitores y dos niños, según el INE, resulta que un 11,9% de los que tenían un empleo en 2023 eran “pobres”: casi 2,5 millones de trabajadores “pobres” (2.499.654), según los cálculos de la Red EAPN.

El problema de que hay muchos “trabajadores pobres” no es nuevo: lo arrastramos desde 2008, cuando ya eran “pobres” (ingresaban menos del 60% de la media) el 11,7% de los ocupados: eran 2.370.139 trabajadores “pobres”. Después, el porcentaje aumentó con la crisis, hasta un máximo del 14,8% en 2015, para bajar al 12% en 2020 y volver a subir al 14,3% en 2021, por la pandemia, bajando al 12,5% en 2022 y al 11,9% de 2023. Con este último dato, España se sitúa como el tercer país europeo con más porcentaje de “trabajadores pobres” (11,9%), sólo por detrás de Rumanía (15%) y Bulgaria (11,7%), peor que Portugal (10%) o Grecia (9,85) y por encima de la media de la UE-27 (8,9% de trabajadores “pobres”), así como de Italia (9,9%), Francia (7,8%) o Alemania (6,5%), según Eurostat.

Dentro de estos 2,5 millones de “trabajadores pobres” en España, el grupo más preocupante son los 890.000 trabajadores (el 4,2% de todos los que trabajan) que viven en “pobreza severa”, porque ingresan menos del 40% de la media (menos de 611 euros al mes los individuos y menos de 1.283 euros mensuales las parejas con 2 hijos). Son “los más pobres entre los trabajadores pobres”, un porcentaje que apenas ha mejorado desde 2008 (cuando los trabajadores en pobreza severa eran el 4,3% del total de ocupados). Y están muy lejos de salir de esta situación, según el estudio de la Red EAPN: ingresan de media 4.521 euros al año y tendrían que ingresar 2.805 euros más al año para salir de la pobreza severa. Y ganar 6.469 euros más al año (539 euros más al mes, vez y media lo que ganan) para salir de la pobreza. Algo imposible… En el caso del resto de “trabajadores pobres”, los que ingresan menos del 60% de la media del país, ganan de media 7.705 euros al año, así que necesitan ganar un 22% más (2.423 euros más al año) para dejar de ser pobres. Difícil…

¿Quiénes son estas personas “pobres” a pesar de trabajar? Son algo más hombres (12,4% de ocupados) que mujeres (11,3%), más jóvenes (12,9% de ocupados entre 16 y 29 años) que mayores (11,8% entre 45 y 64 años), aunque sube la pobreza entre los que tienen de 45 a 59 años, según un estudio de Intermón Oxfam, porque este grupo de trabajadores sufrió más la crisis de 2008 y encima tienen en casa a hijos que no pueden emanciparse. Hay más “pobreza laboral” entre los ocupados con baja formación (27,9% de los que sólo tienen primaria son “pobres”) y sobre todo entre los inmigrantes: un 32,3% de trabajadores de fuera de la UE son pobres (19% si vienen de la UE), frente al 9,9% de españoles ocupados “pobres”. Y lo sufren más zonas rurales (15,4%) que urbanas (11,4%).

Un factor clave es el tipo de contrato que tengan: los trabajadores con contrato temporal tienen más tasa de pobreza (17,9%) que los fijos (7,8% son pobres) y lo mismo los que tienen contratos a tiempo parcial, por horas o días (22,5% son pobres) frente a los que trabajan a jornada completa (sólo 10,1% son pobres). Y como estos contratos precarios les suponen ganar menos, muchos son pluriempleados (el 13,4% son pobres). Otro factor decisivo que explica la pobreza laboral es el sector en que se trabaje. Los que salen peor parados son los autónomos, según el estudio de Intermón Oxfam: el 26,9% son pobres, básicamente porque son “falsos autónomos” o porque son actividades que hacen solos, sin empleados). Y entre los asalariados, los más “pobres” son los que trabajan en el campo (31,4% ocupados son pobres), las empleadas de hogar (29,4% pobres), en hostelería (21,1%) y construcción (19,6%), estando por encima del 15% de empleados pobres los que trabajan como monitores deportivos (15,7%) y en Call centers y limpieza de edificios (15,3%).

Por autonomías, las zonas con más porcentaje de “trabajadores pobres” son Andalucía (19,4% ocupados), Extremadura (17,2%), Ceuta (16,3%), Castilla la Mancha (15,4%), Murcia (14,3%), Canarias y Comunidad Valenciana (13,8%), todas por encima de la media. En resumen, el sur y Este de España. Y tienen poca “pobreza laboral” Navarra (6,3%), país Vasco (6,6%), Madrid (7%), Baleares (9,6%), Cantabria o Asturias (9,6%) y Aragón (10%).

Es importante añadir que la composición de los hogares también es decisiva para que un trabajador sea o no pobre, según el estudio de Intermón Oxfam. Así, esta “pobreza laboral” se concentra más en las familias numerosas (el 39% de los hogares con 3 o más hijos) y en los hogares monoparentales (el 75% de ellos con mujeres solas) con niños (el 29,5% de estos hogares donde la madre trabaja son pobres). Los expertos reiteran que la existencia de menores agrava el riesgo de pobreza, se trabaje o no. También es mayor la tasa de pobreza entre los trabajadores que viven solos (13,3%), ya sean jóvenes o mayores.

Un dato llamativo son los gastos de estos “trabajadores pobres”. El estudio de Intermón Oxfam revela que un tercio viven en alquiler (y el 24% pagan una hipoteca) y que pagarlo se lleva el 53,6% de sus ingresos mensuales  (cuando supone un 22,4% de los ingresos en los hogares sin pobreza). Y otro 25,6% se lo lleva el pago de suministros (luz, agua y gas). Así que entre alquiler (o hipoteca) y pagos del hogar, las familias pobres destinan hasta el 79,2% de sus ingresos (frente al 32% las familias que no son pobres), lo que apenas les deja margen para comida, enseñanza (transporte, comida, uniformes y libros) o sanidad (la mayoría de los hogares pobres no pueden pagar al dentista, las gafas o algunas medicinas). Y por eso, 1 de cada 4 familias pobres acuden a ONGs o a los servicios sociales: Caritas dice que la mitad de las personas a las que atendió en 2023 trabajan.

¿Por qué hay trabajadores que son pobres? La primera causa es que su trabajo es precario y por eso tienen un sueldo bajo, que les dificulta sobrevivir. En España, aunque la reforma laboral ha bajado el porcentaje de contratos temporales (16,4% de los asalariados en septiembre, según la EPA) y a tiempo parcial (12,8%), aún son más que en Europa. Y tenemos  un exceso de trabajos que exigen baja formación y en el sector servicios, que están peor pagados. En  consecuencia, el salario medio bruto en España era de 1.964 euros brutos en 2023, casi un 20% inferior al salario medio en la UE-27, que era de 2.351 euros brutos, según un estudio de Adecco con datos del INE y Eurostat. Y hay 11 paises europeos que cobran más que España: Luxemburgo (4.086 euros brutos mensuales), Holanda (3.771), Irlanda (3.596), Dinamarca (3.494), Austria (3.205), Alemania (3.174), Finlandia (3.040), Bélgica (2.967), Suecia (2.827), Francia (2017) e Italia (2017).

No se trata sólo de que los sueldos sean más bajos, sino que en España se cobra también menos por hora trabajada, según Eurostat: 18,2 euros en 2023, un -24,2% menos que en la UE-27 (24 euros por hora) y bastante menos que en Dinamarca (42 euros/hora), Bélgica (36,3), Irlanda (33,3), Paises Bajos (33), Alemania (31,6), Francia (28,7)o Italia (21,5). Y sólo ganan menos por hora en Portugal (13,7), Grecia (12,6) y los paises del Este.

El segundo problema que explica la pobreza laboral es la inflación, que se ha ido comiendo las subidas de salarios, sobre todo entre 2021 y 2023, pero también antes. Así, el salario medio bruto en España pasó de 1.774 euros en 2008 a 2.128 en 2022 (+20%),  según el INE. Pero como la inflación subió más (+29,9%), pues los salarios reales (descontando la inflación) han bajado, de 1.774 a 1.652 euros. Y esto afecta más a las familias más vulnerables, que son las que sufren más la inflación, por el tipo de gastos que tienen.

Un tercer factor que explica nuestra mayor pobreza laboral es que los salarios se han revalorizado menos en España los últimos años. Así, el salario por hora trabajada aumentó aquí un +27% entre 2008 y 2023,según Eurostat, mientras aumentó un +49% en la UE-27, un 44,95% en Alemania, un +37% en Francia y un +37% en Portugal.

Pero hay más causas que explican por qué tenemos más “trabajadores pobres”. Una es que hemos tenido un salario mínimo muy bajo, menor al del resto de Europa, aunque el Gobierno Sánchez lo haya subido de 736 euros (2018) a 1.134 euros en 2024 (+54%), lo que beneficia a 2,5 millones de trabajadores (muchos han dejado de ser “pobres”, otros no, porque trabajan menos de la jornada completa). Otra causa, clave, es que los trabajadores pobres en España tienen menos ayudas públicas: sólo llegan a un tercio de las familias pobres y su impacto es reducido (suponen el 22% de los ingresos totales), según el estudio de la Red EAPN.

Por eso, los expertos reiteran que no sólo hay que actuar sobre los contratos y los sueldos para reducir la pobreza laboral, sino que hay que aumentar las ayudas públicas a la pobreza, sobre todo a los hogares vulnerables con niños, dado que España destina sólo el 1,5% del PIB a la infancia y la familia, la mitad del gasto que hace la UE (2,4% del PIB). Para ello, habría que ampliar el alcance del Ingreso Mínimo Vital (IMV), que sólo llegaba en septiembre a 661.640 hogares (con 2 millones de beneficiarios). Además, es importante la reforma del seguro de desempleo, que entrará en vigor el 1 de noviembre y permitirá cobrar un subsidio y aceptar un trabajo (para animar a buscarlo), lo que aumentará los ingresos de algunos “trabajadores pobres”. Además, hay que seguir negociando mayores subidas en los convenios para los trabajadores peor pagados, mejorando en paralelo el salario mínimo.

Y será clave mejorar las ayudas a la infancia, porque los hogares con niños son más proclives a la pobreza. En este sentido, es indignante que la Ley de Familia siga estancada en el Congreso (desde febrero en que la envió el Gobierno), porque pretende asentar las ayudas por hijo (100 euros al mes para hijos menores de 3 años), que el Gobierno quiere ampliar a 200 euros en 2025 (ojo, va a tenerlo difícil si no consigue aprobar los Presupuestos) y generalizarla en el futuro para todos los menores hasta los 6 años.

En resumen, que en pleno siglo XXI, hay 2,5 millones de españoles que se levantan cada día para trabajar sabiendo que su empleo no les impide ser pobres y malvivir. Somos un país que crece y crea mucho empleo, pero a muchos eso no les permite vivir dignamente y tienen graves problemas para subsistir. Habría que polarizar menos la política y pactar de una vez un Plan contra la pobreza, que es una vergüenza social y un cáncer para la economía. Contratos y salarios dignos, alquileres y precios asumibles y ayudas para los que se quedan atrás, esos casi 10 millones de españoles pobres, una cuarta parte trabajando.