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jueves, 18 de abril de 2019

Las familias siguen endeudándose


En los últimos 5 años, el consumo de las familias ha sido el principal motor de la recuperación. Ahora, cuando han “pinchado” otros motores del crecimiento, como las exportaciones, la industria o el turismo, el consumo (y la construcción) nos permite  crecer (menos) y crear empleo. Pero las familias están “enfriando” su consumo, porque ven el futuro más incierto y han agotado su ahorro, del que han “tirado” estos años  para gastar. Por eso, las familias llevan dos años endeudándose, pidiendo préstamos para consumir y comprar casa, tras 8 años desendeudándose. Y eso preocupa a la Comisión Europea, el FMI y el Banco de España, que han advertido sobre el excesivo endeudamiento de las familias, que puede ser peligroso si viene otra crisis. Ahora, necesitamos que se mantenga el consumo, para crecer, pero no con la “gasolina” del crédito y a costa de no ahorrar. Para ello, las familias necesitan empleo de más calidad, mejores salarios y transferencias sociales, no más deudas. Ojo al consumo.

España lleva ya cinco años creciendo, entre 2014 y 2018, aunque ha cambiado el modelo de crecimiento: en los primeros cuatro  años, las exportaciones y el turismo ayudaron mucho a crecer y crear empleo, pero han “pinchado” en 2018, por el estancamiento europeo y del comercio internacional, con lo que no ayudan ni van a ayudar a crecer en 2019 y 2020. Y así, quedamos en manos del consumo de las familias y el Estado (el consumo público, que ha superado los recortes y gasta ya como en 2009), que han sido los dos motores del crecimiento en 2018, junto a la construcción. El consumo de las familias ha sido el principal motor de la recuperación española estos 5 años, aunque su crecimiento haya ido a menos, como el del PIB: de crecer el 2,4% en 2014 al 3% en 2015 y 2016, el 2,5% en 2017 y el 2,3% en 2018, según el INE.

La “gasolinapara que las familias consuman, gasten, es el empleo, los salarios y las transferencias que reciban (menos los impuestos que paguen). Y en estos años, el empleo ha mejorado, los salarios un poco y las ayudas públicas crecieron, sobre todo en 2018 y 2019, con una mayor revalorización de las pensiones (+1,6%), la subida de los salarios públicos (+2,25%) y del salario mínimo (900 euros en 2019), lo que ha contribuido a mantener el consumo, el crecimiento y el empleo, a costa de aumentar el déficit público. Con todo, la economía española ha recuperado ya el crecimiento de antes de la crisis (en 2017, con 1.166.319 millones de euros de PIB, superior al de 2008, 1.116.225 millones) pero el consumo de antes aún no se ha recuperado: el índice del consumo era de 102,7 en 2018 frente a 104,4 en 2008, según el INE. O sea, que es 1,7% inferior al de 2008 y los expertos creen que hasta el año 2020 no recuperaremos el nivel de consumo de antes de la crisis.

¿Por qué se ha recuperado el crecimiento pre-crisis y no el consumo? Porque España produce ya más que en 2008 (1.208.248 millones de euros, el PIB 2018) pero hay menos españoles trabajando, concretamente 1.142.000 ocupados menos que en 2008, lo que dificulta recuperar el consumo de entonces. Pero los españoles, con o sin empleo, no han querido renunciar al consumo y cuando han visto que crecía el empleo, los salarios (poco) y la economía, se han lanzado a gastar, a consumir. Y como sus ingresos normales no les llegaban, han “tirado” primero de sus ahorros y luego, cuando ya casi no les quedaban, de los créditos. Esos dos factores  han sido “la gasolina” del consumo estos últimos 5 años.

Vamos primero al ahorro. España es un país que ahorra poco, porque tenemos menos renta y empleo que los demás europeos y porque tenemos “mentalidad de propietarios”: lo que ahorramos lo dedicamos a comprar una vivienda. A principios de siglo, el ahorro de los españoles rondaba el 10% de su renta bruta disponible, frente a una media del 14% en la zona euro. Luego el ahorro se desplomó hasta 2008, porque se había destinado al ladrillo y porque el paro y la caída de los salarios destrozaron la hucha: el ahorro español bajó a un mínimo del 5,9% en 2007, mientras en Europa sólo cayó al 12%.  Y con la crisis, los españoles volvieron a ahorrar, por temor al futuro, hasta un máximo del 13,4% de su renta en 2009 y en torno al 10% hasta 2013. Pero a partir de 2014, pasado el “mono” de la austeridad, las familias empezaron a echar mano del ahorro para consumir, para comprar. Y la hucha se fue vaciando, hasta que en 2018 el ahorro fue sólo del 4,9% de su renta bruta, el más bajo de este siglo. Y muy lejos de los europeos: ahorran el 12,3% de su renta en la zona euro, el 17,3% en Alemania, el 13,7% en Francia y el 9,5% en Italia, según Eurostat.

Pero llegó un momento en que el ahorro era insuficiente para gastar y las familias pidieron créditos para consumir, se endeudaron. Pasó por primera vez en 2017 (los hogares aumentaron su deuda en 4.759 millones) y volvió a pasar en 2018 (la deuda de las familias aumentó otros 14.800 millones), rompiendo así la tendencia de los 8 años anteriores (2009-2016), en que las familias españolas se dedicaron a reducir su deuda (a devolver créditos e hipotecas), porque les asustaba mucho tenerla (y pagarla) con la crisis. Concretamente, los hogares devolvieron 216.835 millones de euros entre 2009 y 2016, según el INE. Y si las familias tenían una deuda financiera récord de 910.537 millones en 2008 (678.448 millones en vivienda), la fueron bajando año tras año, hasta quedar en 705.008 millones a finales de 2018 (520.793 deuda hipotecaria), según el Banco de España. Pero aunque la deuda global baje, lo novedoso es que muchas familias han vuelto a endeudarse en 2017 y 2018, para financiar sus compras y para comprar vivienda, ahora que los alquileres están disparados.

Los datos del “boom” del crédito, de que las familias han vuelto a endeudarse, son muy llamativos. Así, el crédito al consumo se ha duplicado, pasando de 16.330 millones concedidos en 2014 a 25.356 en 2016 y 34.617 millones en 2018, según el Banco de España,  con un saldo vivo de 85.000 millones de euros. Se trata de créditos de 1 a 5 años, por pequeño importe (de 3.000 a 30.000 euros), para comprar coche (la mitad), electrodomésticos o electrónica, muebles y viajes. Los bancos se han lanzado a competir por estos créditos al consumo, sobre todo los dos últimos años, porque tienen mucha liquidez y pocos clientes, y porque son un gran negocio: cobran un tipo medio del 8,62% (recordemos que el precio oficial del dinero es el 0%), frente al 6,26% de coste medio en Europa, según los datos de febrero del Banco de España. Y por eso, hay cientos de empresas que se han lanzado a ofrecer créditos rápidos, de 300 a 3.000 euros, algunos con intereses abusivos que superan el 20%.

Otra fuente de endeudamiento son las tarjetas de crédito que financian compras, las llamadas tarjetas “revolving” (unos 12 millones de tarjetas en España): se compra con ellas y tenemos una especie de crédito por el que pagamos una cantidad fija al mes (o un porcentaje del saldo) a cambio de pagar un altísimo interés (ronda el 20% anual, un 1,5% mensual). El crédito vía tarjeta ha pasado de 8.850 euros concedidos en 2014 a 11.040 en 2016 y 13.032 millones en 2018, según el Banco de España.

Y el tercer camino del endeudamiento de las familias son las hipotecas, donde los préstamos concedidos casi se han duplicado en los últimos 5 años: de 27.007 millones prestados en 2014 se pasó a 37.494 en 2016 y a 43.821 millones en 2018, según el Banco de España. En los dos últimos años, la banca española “ha abierto la mano con las hipotecas”, a la vista de su enorme liquidez y la falta de demanda de crédito, disparando las hipotecas concedidas y los importes prestados. Así, el número de hipotecas constituidas ha pasado de un mínimo de 199.700 en 2013 a 282.700 en 2016 y 345.200 hipotecas en 2018, según las estadísticas del INE. El importe concedido se ha más que duplicado, saltando de 19.972 millones en 2013 a 31.036 millones en 2016 y 42.708 en 2018, según la última estadística del INE. Y lo más importante: se conceden hipotecas cada vez más altas: si en 2013, la hipoteca media era de 100.000 euros, en 2018 fue de 123.700 euros, el importe más alto desde 2010. Y eso se debe, en parte, a que los bancos están concediendo más hipotecas que superan el 80% del valor de tasación, algo que no les recomienda el Banco de España: en 2018 superaron ese tope el 14,9% de las hipotecas concedidas, frente al 10,6% en 2009.

Los bancos conceden más hipotecas que antes porque lo necesitan y porque es un gran negocio, ya que tienen al cliente “cautivo” durante 25 años y le sacan comisiones por todos los lados. Pero sobre todo, porque cobran cada vez más por las hipotecas: el tipo medio estaba en febrero de 2019 en el 2,38% (2,13% en julio 2018), por encima del 2,08% de coste medio de una hipoteca en Europa, según el Banco de España. Y estos tipos van a subir este año, primero porque sube el Euribor (desde hace un año) y, sobre todo, por efecto de la nueva Ley Hipotecaria (BOE 16 marzo), que entra en vigor el 16 de junio de 2019 y va a encarecer las futuras hipotecas, según advierte el Banco de España, porque los bancos van a repercutir al cliente los gastos e impuestos que les han endosado (gestoría, notaria, registro, tasación de nota simple e impuesto AJD), por el retraso del plazo de embargo por impago (a 12 meses) y porque reduce las comisiones por cancelación anticipada.

Este fuerte aumento del endeudamiento de las familias preocupa desde hace meses a los organismos internacionales y al Banco de España. La primera alerta la lanzó el Banco Central Europeo (BCE) hace casi un año, en mayo de 2018, recomendado a la banca española “que frene su ritmo de concesión de créditos al consumo”, por ser un producto con pocas garantías y mucho riesgo, que puede crear problemas de morosidad a bancos y familias. En septiembre y octubre fue el Banco de España el que advirtió por partida doble a la banca, temiendo que estos créditos al consumo “pasen de ser una fuente de ingresos a una fuente de pérdidas”. Y en 2018 y 2019, tanto la Comisión Europea como el FMI coincidieron en advertir a España por el endeudamiento de las familias, que puede ser peligroso si viene otra crisis.

El problema de fondo es que las familias han agotado su ahorro y siguen tirando del crédito para consumir. El Banco de España intenta ahora calmar la preocupación, señalando que en el primer trimestre de 2019, las familias han solicitado a los bancos menos créditos al consumo, según una Encuesta realizada a 10 entidades. Puede ser verdad, pero algunos expertos creen que se debe a que las familias están pidiendo los créditos en entidades no bancarias, en esas empresas que prometen dinero rápido por Internet. Incluso las empresas de telecomunicaciones han entrado en el negocio y Telefónica (con CaixaBank) ofrece su servicio Movistar Money: hasta 4.000 euros en 48 horas. Y también Orange va a ofrecer créditos rápidos a partir del verano. De hecho, los datos de 2019 indican que los préstamos al consumo concedidos a las familias (5.610 millones entre enero y febrero) crecen un 8,8%, según la estadística del Banco de España.

Estamos en un dilema como país. Si las familias reducen su endeudamiento (lo que sería bueno), caerá su consumo y España crecerá menos todavía y se creará menos empleo. La alternativa sería mejorar los ingresos de las familias y su ahorro, pero no parece fácil. Por eso, la estimacion es que el consumo crezca menos en 2019 (2% frente a 2,3% en 2018), en 2020 (1,7%) y 2021 (+1,4%), según la última previsión del Banco de España (marzo 2019). Y como las exportaciones y el turismo no van a ayudar a crecer estos dos próximos años, con menos consumo y la ayuda de la construcción, España crecerá menos (PIB), como confirman la Comisión Europea y el FMI, en 2019 (2,2% frente al 2,6% en 2018), en 2020 (1,9%) y 2021 (1,2%), con la mitad de empleo (entre 200.000 y 300.000 nuevos empleos al año frente a los 566.200 empleos creados en 2018).

Pero este menor crecimiento podría ser incluso más bajo si las familias recortan más su consumo, o bien porque retrasan el cambio de coche (las ventas llevan ya 7 meses cayendo, hasta marzo), de muebles y electrodomésticos o sus viajes y estudios, o bien porque temen por el futuro y no se arriesgan a comprar casa, máxime si suben las hipotecas (y los tipos a finales de 2019). Todo va a depender de que el empleo siga creciendo, también los salarios y pensiones y que el próximo Gobierno no recorte el gasto público ni las transferencias sociales, algo que podría hacer la derecha si gana el 28-A.

El consumo de las familias es clave y hay que cuidarlo, aunque tiene que ser más sano que ahora, no basarse en el endeudamiento. Y para ello, hay que apostar por un modelo económico que asegure un empleo de calidad y unos salarios dignos (con más productividad) , que permitan recomponer el ahorro de las familias y un consumo más sano. No es fácil, pero esa ecuación (mayores ingresos estables, más ahorro y un consumo sano) es la clave del futuro, de un crecimiento y empleo estables para España. Ojo al consumo.

jueves, 1 de noviembre de 2018

¡ Ojo al crédito ! : volvemos a endeudarnos


Los españoles no consiguen ahorrar y por eso tienen que pedir un crédito para comprar coche, cambiar la nevera y los muebles o irse de vacaciones. Y, sobre todo, para comprar casa. Con la crisis, el crédito se desplomó y las familias aprovecharon para devolver deudas. Pero ahora se ha “despertado” el crédito, sobre todo los créditos al consumo, que se han duplicado desde 2014 y no paran de crecer, como las compras a crédito con tarjetas. Y también llevan tres años creciendo las hipotecas, en medio de una “guerra de ofertas” de la banca, que ahora las subirá para compensar la sentencia del Supremo. Todo ello ha llevado al Banco Central Europeo  y al Banco de España a “alertar” a los bancos españoles, para que vigilen y moderen los créditos que dan, intentando evitar problemas futuros. Sobre todo, porque en 2019 empezarán a subir los tipos de interés en Europa y eso puede disparar la morosidad de las familias y los problemas de la banca. ¡Ojo a endeudarse de más otra vez¡

enrique ortega

Los españoles ahorramos poco, de siempre, porque tenemos menos renta y menos empleo y  porque tenemos “mentalidad de propietarios”: lo que ahorramos lo gastamos en comprar una vivienda. Antes de la crisis, a principios de siglo, el ahorro rondaba el 10% de la renta bruta disponible, frente a una media del 14% en la zona euro. Luego, el ahorro se desplomó hasta 2008, por la compra de casas y porque empezó el paro y la caída de salarios: el ahorro español bajó del 6% de la renta (2008) frente a más del 12% en Europa. Curiosamente, en los primeros años de la crisis, los españoles aumentaron su ahorro, gastando al mínimo, hasta un máximo histórico del 13% de la renta, por temor a lo que se les venía encima. Pero en los años siguientes, se “comieron ese ahorro”, para reducir deudas y sobrevivir. Así  llegamos a 2018 con el ahorro en mínimos históricos: un 5,1% de la renta disponible, menos de la mitad del ahorro de la zona euro (12,3% de la renta) y mucho menos que Alemania (ahorra el 17,3% de su renta), Francia (13,7%) o Italia (9,5%), aunque más que Reino Unido (2% de ahorro), según un reciente estudio de la CNMV.

Los españoles ahorramos menos de la mitad que Europa y, en consecuencia, cuando tenemos un gasto extra importante, tenemos que pedir un crédito, endeudarnos. En los años anteriores a la crisis, el endeudamiento de las familias españolas se disparó, hasta un máximo de 910.537 millones de euros en 2008, el 74,5% para comprar piso (678.448 millones prestados para vivienda en 2008), según los datos del Banco de España. A partir de ahí, muchos españoles perdieron su trabajo y les bajaron el sueldo, con lo que vieron peligrar el pago de sus créditos y se lanzaron a devolver lo más posible, a costa de su ahorro y sus menores ingresos. Y así, en 2013 ya debían 769.800 millones (140.737 millones menos) y 705.977 millones a finales de 2017: se habían quitado un 22,4% de la deuda (204.560 millones) en nueve años, un esfuerzo de ajuste que no ha hecho nadie en Europa.

Después de quitarse parte de la losa de la deuda, cualquiera podría pensar que los españoles no querrían ni oír hablar de pedir más créditos. Pero ya saben, el hombre es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra… Y como los sueldos no dan, pues volvemos a pensar en comprar a crédito. Los datos lo demuestran. El crédito al consumo (para comprar coche, cambiar electrodomésticos o muebles y pagarse vacaciones o caprichos) se ha duplicado entre 2014 (16.330 millones) y 2017 (29.389 millones) y este año, hasta agosto, se han concedido más créditos al consumo (22.807 millones) que en todo 2015 (19.747 millones), según los datos del Banco de España. Las compras a crédito con tarjeta han crecido otro 50% entre 2014 (8.850 millones) y 2017 (13.290 millones de saldo). Y las hipotecas también crecen, un 43,9% en los últimos tres años: de 27.007 millones nuevos concedidos en 2014 a 38.863 millones para hipotecas en 2017. Parece que no hay miedo a endeudarse.

Lo que más crece son los créditos al consumo porque son los de menor importe y donde la banca gana más y arriesga menos. En los dos últimos años hay una verdadera “guerra de ofertas” bancarias para colocar créditos al consumo, porque a las entidades les sobra liquidez y tienen poca demanda solvente de otros créditos a empresas y particulares. Y así, nos “colocan” créditos sin pedirlos (“preconcedidos”) y nos facilitan cambiar de coche o de muebles y viajar. Un dinero a corto plazo (1 a 5 años) y con un interés muy alto, gastos y comisiones aparte. Así, el tipo de interés del crédito al consumo era en España del 8,24% en agosto de 2018 (el coste oficial del dinero en Europa es el 0%...), frente a una media del 5,17% que se cobraba en la zona euro, según los datos del Banco de España. Y en Francia se están cobrando al 3,61%, al 6% en Alemania o al 6,71% en Italia, según datos de Bankia.

Pero además, al calor de esta mayor oferta de créditos al consumo han proliferado empresas de “créditos rápidos”, de 300 a 6.000 euros, que conceden más fácilmente créditos (“al instante, sólo con llamarnos”) a cambio de cobrar unos intereses abusivos, por prestarnos pequeños a uno o tres meses sobre todo (el TAE puede superar el 1.000%) Y luego están las comisiones y penalizaciones. En esta “guerra” por colocarnos un crédito rápido no sólo están los bancos sino que se les han unido las financieras especializadas (como Cofidis y Cetelem), empresas de microcréditos (300 a 500 euros), como Vivus o Moneyman, y hasta empresas de telecomunicaciones: Movistar creó (con la Caixa) en 2017 Movistar Money, para ofrecer créditos en 48 horas y en 2019 Orange hará lo mismo con Orange Bank.

Otra vía para pagar a crédito es pagar con una tarjeta de crédito aplazando el pago, lo que se llama una tarjeta “revolving”. Un tercio de todas las tarjetas de crédito que tenemos (unos 12 millones de las 35,77 millones de tarjetas de crédito que había en junio de 2018) son así: compramos con ellas y tenemos una especie de crédito por el que pagamos una cantidad fija (o un porcentaje del saldo) al mes, a cambio de abonar un interés que es muy elevado: ronda el 20% anual (interés mensual del 1,5%). A eso hay que añadir el coste anual de la tarjeta (de 35 a 45 euros) y los elevados costes por descubierto si superamos los límites de la tarjeta: se pagan dos comisiones, una por reclamación de posiciones deudoras (35 euros) y otra por descubierto (30 euros), más intereses de demora (20% TAE).

Y luego están los créditos más abultados y complicados de devolver, las hipotecas. Tras los años más duros de la crisis, entre 2008 y 2014, los españoles han vuelto a pedir hipotecas, animados por la bajada de tipos, que permite contratar ahora las hipotecas más baratas de la historia: se pagaban en agosto de 2018 al 2,28% en España, frente al 1,85% en la zona euro, según la última estadística del Banco de España. Eso supone que una hipoteca de 150.000 euros a 20 años cuesta al mes 678 euros, bastante menos que un alquiler (si se tiene dinero para la entrada y los gastos, un 25% del coste de la vivienda). La clave es que el banco nos conceda la hipoteca, aunque sea barata, porque miran con lupa el contrato y los ingresos del solicitante. Pero en el último año, a la vista de que no tienen muchos clientes solventes donde elegir y les sobra liquidez, la banca ha abierto la mano e incluso hay una cierta “guerra de hipotecas, aprovechando que el Euribor (se cobra tipo inicial primer año + diferencial +Euribor el resto de años) sigue siendo negativo y ha mejorado el empleo y los salarios de algunos españoles.

Por todo ello, se están dando más hipotecas: 29.287 en julio de 2008, casi el doble que en 2014 (17.949 en julio), aunque lejos de las 89.642 hipotecas al mes que se daban en 2008. Y también se pide más importe, superando la hipoteca media los 125.000 euros (125.120 en julio), según los datos del INE, que refleja un tipo medio para las hipotecas variables del 2,36% (el mínimo histórico) y un tipo fijo del 3% para las hipotecas a tipo fijo, que son el 40% de las nuevas hipotecas que se hacen este año (eran sólo el 10% en 2016). Con todo ello, el dinero nuevo concedido para comprar casa  ha subido de 27.007 millones en 2014 a 38.863 millones en 2017 y podría superar los 42.000 millones este 2018, aunque juega en contra el enorme lío que ha montado el Tribunal Supremo con la sentencia de quien paga el impuesto de actos jurídicos documentados, que va a frenar la concesión en octubre y noviembre.

Un inciso sobre esta sentencia del Supremo: decida lo que decida finalmente este 5 de noviembre, lo pagarán los clientes de las hipotecas, no los bancos. Las cuentas son sencillas. Si finalmente confirma que paguen el impuesto los bancos, lo trasladarán a sus clientes y no se darán casi cuenta: subir un 0,10% sólo el tipo de una hipoteca de 150.000 euros a 25 años supone pagar 2.043 euros más en interés a lo largo de la vida del crédito, según el cálculo hecho por Cinco Días. Un ingreso extra que les da de sobra para pagar el impuesto e incluso ganar en la operación: un 1% de impuesto en una hipoteca de 150.000 euros son 1.500 euros a pagar. Les daría incluso para compensar un 1,35% de impuesto. Y si el Supremo, en plan salomónico reparte el impuesto, les bastaría con subir un 0,05% el tipo de la hipoteca. Imperceptible para el cliente, no para su bolsillo. De momento, algunos bancos, como CaixaBank e Ibercaja, ya han subido por si acaso sus hipotecas entre un 0,15 y un 0,40%.

Volviendo al crédito y a cómo se ha vuelto a disparar, sobre todo el crédito al consumo, el Banco Central Europeo (BCE) ya dio en mayo “un toque” a la banca española, recomendado “que frene su ritmo de concesión de créditos al consumo” por ser un producto con menos garantía y más riesgo que una hipoteca. Y el Banco de España le ha dado ya a la banca dos llamadas de atención sobre el crecimiento del crédito, una en septiembre (en el Informe trimestral) y otra el 5 de octubre, en persona: el gobernador advirtió en Bilbao a los banqueros que “no pueden descuidar la vigilancia sobre las condiciones de concesión de sus créditos, especialmente en los préstamos al consumo a las familias”. Y señaló, como el BCE, que el riesgo es que aumente la morosidad y estos “créditos pasen de ser una fuente de ingresos a una fuente de pérdidas para la banca española”.

Advertidos quedan, pero los bancos prefieren arriesgarse y prestar  a las familias que dedicar su dinero a comprar deuda pública (el BCE se la va a dejar de comprar en diciembre) o prestar a empresas con riesgo dudoso o dejar ese dinero improductivo. Y más si sacan una elevada rentabilidad, que supera el 8%, más comisiones y otros ingresos colaterales (tarjetas, seguros, Planes de pensiones…). Además, algunos expertos señalan que “el riesgo no es para tanto”, porque el peso del crédito al consumo sobre el total del crédito al sector privado es bajo (6,9%) y similar al de la eurozona (6,6%), Italia (7,1%), Francia y Alemania (7,3%), según un informe de CaixaBank. Incluso sobre el crédito total de la banca a las familias, los créditos personales suponen en España el 12%, un porcentaje similar al de Alemania e inferior al de Francia, porque la mayoría de la financiación va a las hipotecas, según Funcas. Y además, la morosidad ha bajado, no ha subido con el crédito: del 7,7% sobre el total del crédito al consumo en 2014 al 5,2% de morosidad en 2017, según el Banco de España.

Haya o no riesgo ahora con el despunte del crédito, lo cierto es que el riesgo se va a agravar en los próximos años, con la esperada subida de los tipos de interés en Europa, a partir del otoño de 2019. De hecho, los tipos oficiales del BCE siguen en el 0% (mientras EEUU los ha subido ya 8 veces, la última en septiembre de 2018, al 2-2,25%), pero ya ha anunciado que subirán poco a poco a partir del verano próximo. Y el Euribor, la principal referencia para las hipotecas a tipo variable (pagan un tipo inicial y luego el Euribor +un diferencial) lleva 7 meses subiendo, aunque todavía está en negativo (-0,155 en octubre frente a -0,180 en octubre 2017 y +0,338 en octubre 2014). Con ello, las hipotecas que se han revisado en septiembre y octubre han tenido unos céntimos de subida en la cuota y será mayor en los próximos meses, sobre todo dentro de un año. La previsión de AFI es que el Euribor a un año suba un 0,4% en diciembre de 2019 y un 1,5% para diciembre de 2021, mientras Bankia apuesta por una subida del 1% para finales de 2020. Sólo con esta subida del Euribor, sin tener en cuenta cambios impositivos o subidas de la banca, una hipoteca media, de 150.000 euros a 20 años, se encarecería en 80 euros al mes para dentro de 2 años (de 678,72 a 758,80 euros si sube el Euribor un 1% y a 839,4 euros si sube un 2,1%).

Quizás no parezca una subida importante, pero los tipos podrían subir más y asfixiar a los endeudados si los mercados se ponen nerviosos ante un riesgo de nuevas turbulencias o de una nueva crisis. En cualquier caso, endeudarse será más caro y lo más preocupante es que hay 10 millones de españoles vulnerables (inactivos, parados, con empleos precarios o sueldos bajos), según un estudio de Fedea y Accenture, familias que si vienen "mal dadas" tendrían problemas para devolver su crédito personal o pagar el plazo de su tarjeta o su hipoteca. Y más si suben mucho los tipos. Por eso y porque ya nos ha pasado antes, ¡ojo a endeudarse! . No tropecemos dos veces con la misma piedra.

jueves, 3 de mayo de 2018

Banca: más crédito a familias y más comisiones


Por primera vez en su historia, el crédito supuso menos de la mitad del negocio bancario en 2017. Se dedicaron más a la compraventa de deuda, futuros, Bolsa y derivados, Fondos y seguros. Y mientras, el crédito a empresas y familias sigue por debajo de 2008, a pesar de la recuperación. Ahora, la banca ha abierto la mano en el crédito a las familias, sobre todo los préstamos al consumo (con tipos muy altos) y las hipotecas. Pero siguen sin dar préstamos a las empresas, sobre todo a pymes, mientras sí se los dan en Europa. Con todo, los bancos ganaron un 51% más en 2017, gracias al cobro de comisiones (por casi todo, algunas "abusivas"), a los créditos a familias, el recorte de gastos (despidos y cierre de sucursales) y a menores saneamientos. Y nos siguen “breando” a comisiones mientras fomentan las tarjetas, que baten récords. Hace falta más transparencia en las comisiones y que la banca se moje en la recuperación, dando créditos para crear empleo no sólo para comprar coches o pisos.



                                                                                                                                         enrique ortega

El negocio de la banca es coger dinero con una mano (lo más barato posible) y prestarlo con la otra (lo más caro posible). Pero la crisis de 2008 lo cambió también drásticamente, porque los bancos se vieron inundados de créditos incobrables y los clientes, empresas y familias, se dedicaron a devolver los préstamos y tratar de no endeudarse más. El resultado es que el crédito que daba la banca, el 60% de su negocio en 2008, cayó en picado: de 1.842.000 millones de euros en 2008 a 1.469.000 millones en 2013 y a 1.273.000 millones en 2017, donde ya supuso el 49,9% de su negocio, menos de la mitad por primera vez en su historia, según los datos del Banco de España. El mayor desplome se ha dado en el crédito a las empresas, que ha caído casi a la mitad (de 950.724 millones en 2008 a un saldo vivo de 519.941 millones en 2017). Le sigue el crédito a la vivienda, las hipotecas, que han pasado de 649.714 millones en 2008 a un saldo de 483.169 millones en 2017. Y por último, los créditos al consumo, que han pasado de 224.935 millones en 2008 a 175.431 en 2017.

La banca española ha tenido que hacer frente a este desplome del crédito, que les ha quitado un 31% de su negocio, buscando otras vías alternativas para operar: compra y venta de deuda pública (el déficit público de España, tan criticado, ha sido “un buen negocio” para la banca española) y también deuda privada, operativa en Bolsa, derivados y futuros, ingeniería financiera internacional, Fondos, Planes de pensiones y sobre todo, seguros, “colocar” seguros entre los clientes. Además, han recortado costes de forma drástica: han cerrado el 40% de sus oficinas (de 45.662 en 2008 a 27.320 en 2017) y se han quitado a un tercio de la plantilla (81.000 trabajadores), recortes que van a seguir. Además, han aprovechado la bajada de tipos para coger dinero sin casi pagar por él: así, en enero de 2018, la banca española pagaba un 0,04% de interés en las cuentas corrientes y libretas, un 0,17% en los depósitos a un año (la banca europea, el 0,37%) y un 0,10% en los depósitos a 2 años (0,72% en Europa), según los datos oficiales publicados por el Banco de España.

Y luego están los ingresos por comisiones, muy importantes. En 2017, por ejemplo, la banca española tuvo unos beneficios netos de 12.060 millones, un 51,3% más que en 2006. Pues bien, de todos los ingresos conseguidos (margen de intereses), 59.009 millones, casi un tercio fueron por comisiones netas: 19.107 millones, un 7,2% más que en 2016, según la AEB. Y en el caso de los 5 grandes bancos, el aumento de comisiones supuso más de la mitad del aumento de beneficios. El líder en comisiones es el Santander (subió el ingreso por comisiones un 16,4%), seguido del Sabadell (+10,3%), CaixaBank (+6,3%), BBVA (+5,5%) y Bankia (+5,3%). Y en 2018, las comisiones también están ayudando mucho a mejorar beneficios: más de una cuarta parte (el 28,3%) del margen bruto de los 10 grandes bancos se debe a los ingresos por comisiones.

La banca da pocos créditos y los tipos que cobra son más bajos que nunca, porque el precio oficial del dinero es el 0%, con lo que su “margen” se deteriora y tiene que buscar “otros negocios” y cobrar más comisiones a particulares y empresas. Este año 2018, muchos grandes bancos (Bankia, BBVA, Santander y Caja España entre ellos) han anunciado que subían en enero las comisiones por mantenimiento de cuenta, tarjeta o descubierto. Pero son muchas las comisiones que pagamos cada día “sin enterarnos”. En general, la política de los bancos es tratar de que domiciliemos las nóminas y recibos y que contratemos tarjetas, ofreciéndonos a cambio no pagar comisiones. Y si no lo hacemos, nos cobran por casi todo: por mantenimiento de cuenta (45 euros de media al año, según Facua), por apunte (0,36 euros), por tarjeta de crédito (de 30 a 45 euros anuales), por transferencia (0,3%, con un mínimo de 3 euros), por operar en Bolsa, por Fondos y Planes y una comisión por descubierto, que afecta a 1 de cada 7 clientes (hay una doble comisión: una fija por la reclamación, de 25 a 45 euros, y otra variable, del 2 al 4,5% del importe y un mínimo de 15 a 18 euros).

Mientras la banca no deja de “ordeñar” las comisiones para ajustar sus cuentas, en los dos últimos años ha visto un nuevo resquicio de negocio: los créditos al consumo, para comprar coche, vacaciones, gastos de casa o estudios, al amparo de que hay más españoles con trabajo (2 millones más que en 2014) que ahora pueden pagar un crédito. Así, han multiplicado su oferta de pequeños créditos a los clientes y el importe ha dado un gran salto: de los 12.811 millones de euros concedidos en 2012 se pasó a 24.706 en 2016 y a 29.121 millones en 2017, según el Banco de España. Son créditos al consumo fáciles de conseguir (si se justifica un trabajo, claro), rápidos, y que se devuelven en 1 a 5 años. Eso sí, el coste es elevado, con lo que son un gran negocio para la banca (que consigue el dinero casi al 0%): el tipo medio era del 8,52% en enero 2018 (5,21% de media en la UE), según el Banco de España.

La otra vía de prestar dinero a corto, aún más rentable, son las tarjetas de crédito, que han batido todos los récords: había 52,35 millones de tarjetas de crédito a finales de 2017, casi 10 millones más que en 2007 (43,49 millones). Y una buena parte son las llamadas “tarjetas revolving”: en lugar de pagar al mes siguiente todo lo gastado, operan como un crédito y se paga una cantidad establecida cada mes, a cambio de pagar un elevadísimo interés, de hasta el 20% anual (1,5% mensual). Por este sistema, la banca española ha financiado compras por importe de 13.290 millones de euros en 2017 (la mitad que con los créditos al consumo), un gran salto desde los 8.343 millones financiados en 2012, según el Banco de España.

En paralelo a este tirón de los préstamos al consumo (directamente o a través de las tarjetas), la banca ha explorado en 2017 otra vía de negocio: volver a dar hipotecas, tras las malas experiencias de impagos y stock de pisos desde 2008. El año pasado, el saldo vivo de hipotecas (las que se amortizan menos las nuevas concesiones) volvió a caer (-13.166 millones), pero las nuevas hipotecas crecen más cada año: de 21.853 millones concedidos en 2013 a 36.506 millones de euros en hipotecas nuevas en 2017, según el Banco de España. La banca aprovecha el buen momento del mercado de la vivienda y la fuerte subida de los alquileres (teniendo que pagar 900 euros de alquiler, mucha gente vuelve a pensar en comprar) para volver a “colocar hipotecas”, ahora que los tipos están bajos: el tipo medio estaba en enero en el 2,66%, según el INE.

En estos meses de 2018, la banca “ha abierto la mano” en la concesión de hipotecas, según reconoce textualmente el Banco de España, que no está especialmente preocupado, porque se conceden unas 28.000 al mes (febrero 2018), la cuarta parte que en los años de la burbuja (103.250 al mes en 2007). Todo indica que 2018 va a ser el año de “la guerra de las hipotecas” y ya hay entidades (como BBVA) que han bajado sus “tipos escaparate” (Euribor +0,89 = 0,70% el primer año), como “gancho. Pero la mayoría de los bancos llevan años comentando a sus clientes que “los tipos van a subir” y que les conviene contratar hipotecas a tipo fijo (al 3% y más), para prepararse a los futuros tipos altos (algo no recomendable). La campaña parece haber tenido éxito, porque un tercio de todas las hipotecas están ya a tipos fijos (del 3,05% de media), lo que son ganancias fijas mientras los tipos no suben.

Las hipotecas tienen otra ventaja adicional para la banca, si las hacen con cuidado y mirando mucho al cliente, como ahora sucede: “atan” al cliente con la entidad. Porque generalmente le “obligan” a domiciliar la nómina y los recibos y, últimamente, a contratar tarjetas y un seguro de vida. Todo ello son más comisiones futuras, sin olvidar que la propia hipoteca es una fuente de comisiones: de estudio, de apertura (hasta del 1% y considerada nula por "abusiva" en una reciente sentencia de la Audiencia de Castellón), de cancelación parcial o total…Claro que también les reportan muchos conflictos: la asociación de consumidores ADICAE va a presentar casi 60 demandas colectivas a los Tribunales para intentar recuperar los gastos hechos en la formalización de 6 millones de hipotecas, gastos considerados “abusivos”.

Mientras los créditos personales se disparan y las hipotecas despiertan, no mejoran los préstamos de la banca a las empresas: en 2017, el saldo vivo (reembolsos menos nuevos créditos) volvió a caer otros 13.166 millones de euros, porque las empresas siguen reduciendo su deuda. Por dos razones. Una, porque están escaldados de la crisis y no quieren endeudarse, sólo financiarse día a día. Y la otra, porque la banca tampoco quiere financiar a las empresas, sobre todo a las pymes, porque no se fía que se hayan saneado. El resultado es que la banca no ha abierto la mano del crédito a las empresas ni estas piden más, lo que sí pasa en Europa, según dice el Banco de España. Y así, mientras el crédito empresarial se recupera en Europa, aquí sigue cayendo, aunque tengamos menos empleo y más del doble de paro. Y encima, cuanto menor es el préstamo, mayor es el tipo (1,51% de interés los créditos de más de 1 millón y 2,33% los de menos de 250.000 euros), lo que perjudica más a las pymes: pagan de media un 2,35% (y el 4,10% las microempresas de menos de 10 trabajadores), frente al 2,2% que pagan las grandes empresas.

En resumen, la banca española, tras ser saneada con mucho dinero público irrecuperable (56.803 millones de euros), ha “bandeado” la crisis y mejora sus beneficios (+15% en 2018 los 5 grandes), a costa de subirnos las comisiones (los 5 grandes ya han ingresado con ellas 5.394 millones en estos tres primeros meses, un 4,6% más)  y de los créditos a las familias, que han vuelto a endeudarse para consumir y comprar vivienda. Pero no "tira" el crédito a las empresas, que debería ser uno de los motores de la modernización del país y del empleo futuro. Y mientras, los clientes pagamos más por una atención personal que se deteriora, por el tremendo cierre de oficinas. Tal es así que la mitad de los municipios del país no tienen ya una oficina bancaria: 4.114 de 8.117 pueblos, según un estudio de IVIE, con datos del Banco de España, lo que deja sin servicio directo a 1.256.590 españoles, sobre todo en Castilla y León (79,7% de municipios sin banco), Navarra (55,9%) y la Rioja (50%). De hecho, los bancos se están pensando abrir oficinas conjuntas, sin marca, para recuperar parte de este negocio rural perdido.

Ahora, la banca espera como agua de mayo que suban los tipos de interés en Europa, en 2019 y 2020, como en EEUU, una mala noticia para la economía (España es uno de los países más endeudados del mundo y el Estado, las empresas y las familias tendrán que pagar más intereses) pero buena para la banca, que espera así subir sus tipos y márgenes de beneficios, aún a riesgo de que muchas familias puedan verse otra vez “pilladas”. Además, la banca va a continuar cerrando oficinas y despidiendo plantilla, en un proceso de digitalización del negocio que va muy atrasado y donde la competencia es muy poderosa: Amazon, Google, Apple y las grandes telecos (Orange lanzará su banco en España a principios de 2019) ya se están posicionando para manejar nuestro dinero. Y son muy eficaces, además de tener mejor reputación que la banca española, acosada por la “mala imagen” generada en la crisis, el aumento de quejas (les han presentado más de un millón de reclamaciones en 2017) y las demandas de clientes que colapsan los Juzgados (165.000 demandas hipotecarias presentadas sólo en 2017).

Lo dicho: la banca española se recupera, pero ojo a las comisiones que les cobran y a los créditos que les dan, porque muchos están pagando demasiado mientras el dinero no fluye a la inversión productiva y al empleo. Si queremos consolidar la recuperación, modernizar la economía y hacer más competitivas e innovadoras las empresas, la banca tiene que mojarse, con garantías públicas. Hace falta que financien el futuro y no sólo coches o casas. Es un negocio, pero tienen una función económica y social clave. Cumplan con ella. Porque sólo para darnos una tarjeta o facilitar los pagos puede haber otros. La banca debe ser “otra cosa”. Y si no, en vez de privatizar Bankia en 2019, utilícenla, con el crédito oficial (ICO), para configurar una potente banca pública que financie el futuro del país. Así de claro.

jueves, 21 de septiembre de 2017

Rescate bancario: más coste que los recortes


Rajoy y su Gobierno prometieron que el rescate bancariono iba a costar un euro a los españoles”. Ahora, el Banco de España dice que 41.150 millones de dinero público aportados a 14 Cajas y bancos son irrecuperables (7 de cada 10 euros). Y somos el país europeo de los grandes que más pierde con el rescate bancario: 2.286 euros por familia. Superan los 37.000 millones recortados por Rajoy para rebajar el déficit. Significa que sin el rescate bancario, no tendría que haber hecho los dolorosos recortes en sanidad, educación, paro, dependencia, tecnología, ayudas sociales y otros. Además, este enorme esfuerzo de todos ha servido para que los grandes bancos beneficiados, que se quedaron con las entidades saneados, sean ahora más fuertes: entre 5 controlan el 64% del mercado, más que en Europa, imponiendo tipos y comisiones. Y además, destruyen empleo, dan pocos créditos y no son transparentes. Es hora de pedir, a cambio de un ajuste tan costoso (por el que sólo hay 4 en prisión), una banca más ética, transparente, cercana y útil. Necesitamos una banca “nueva”.



                                                                                         enrique ortega

Entre 2010 y 2011, la Comisión Europea rescató a Grecia (mayo 2010), Irlanda (noviembre 2010) y Portugal (mayo 2011). España, demasiado grande para ser intervenida, se salvó del rescate como país por la puerta de atrás : el 9 de junio de 2012, el Gobierno Rajoy pidió finalmente 41.300 millones de ayudas europeas para rescatar a la banca. Y en estos años, hasta finales de 2016, se han destinado 77.702 millones de euros a sanear 14 Cajas y bancos, según el balance oficial del Banco de España publicado en septiembre. Han sido para Bankia (22.424 millones), Catalunya Bank (13.887 millones), Caja de Ahorros del Mediterráneo (11.093 millones), Novacaixagalicia (10.384 millones), Banco de Valencia (6.154 millones), Caja Castilla la Mancha (4.215 millones), Unnim (2642), BMN (1.645 millones), CEIIS (1.559 millones), Cajasur (1.192 millones), Banca Cívica (977 millones), Caja 3 (407 millones), Banco Gallego (245) y Liberbank (124 millones).

De estos 77.702 millones inyectados a esas 14 entidades, dos tercios (55.425 millones) son ayudas públicas (a través del FROB) y el tercio restante (22.277 millones) lo han aportado bancos y Cajas, a través del Fondo de Garantías. Pues bien, según el balance del Banco de España, de los 55.425 millones de ayudas públicas, ya se han recuperado 3.873 millones y se esperan recuperar otros 10.402 millones con la futura venta de Bankia-BMN (9.800 millones) y los 604 millones (ya recibidos) de Unicaja por Caja Duero. O sea, que de una aportación pública (FROB) al rescate bancario de 55.425 millones, son irrecuperables 41.150 millones, el 74%. A lo claro: se perderán 7,4 de cada 10 euros gastados, una media de 889 euros por español y 2.286 euros de coste final por cada familia. Y los ciudadanos también pagaremos buena parte de la otra parte de la factura, la que ha pagado la banca, los 22.277 euros aportados por el Fondo de Garantías y de los que sólo se han recuperado 673 millones: los pagaremos vía más comisiones (los clientes) y menos dividendos (los accionistas).

Pero al final, el coste del rescate bancario puede ser mayor de los 41.150 millones de que habla el Banco de España. Sobre todo, porque otros cálculos indican que el coste ha sido superior a los 77.702 millones que dice el banco emisor. Por un lado, el Tribunal de Cuentas ya elevó la cifra de ayudas a la banca a 107.914 millones de euros, en un informe de 2014, donde incluía créditos y avales no contemplados por el cálculo del Banco de España. Y la Comisión Europea, en su informe Scoreboard 2015, elevaba las ayudas públicas a la banca en España a 93.300 millones de euros, el 8,49% del PIB. Y señalaba que en toda la Unión Europea se han destinado 642.000 millones de euros (el 4,94% del PIB) a sanear la banca, siendo España el 7º país que más ha gastado, tras Irlanda (34,86% del PIB), Chipre (17,53%), Grecia (16,88%), Bélgica (12,04%), Eslovenia (10,11%) y Portugal (8,86% PIB).

Y encima, España es el país europeo de los grandes que más lleva perdido en el rescate bancario, según los últimos datos de la Comisión Europeaun coste no recuperado de 48.000 millones (6.850 millones más de lo que dice el Banco de España), el 4,3% del PIB, que triplica el coste perdido por los 28 paises europeos (1,5%) y duplica con creces los costes no recuperados en el rescate bancario por los paises euro (1,9%). También supera lo perdido por Alemania (1,3% del PIB), Italia (0,2%) o Reino Unido (0,6%), mientras Holanda o Francia han recuperado con intereses las ayudas prestadas, igual que EEUU. Con ello, España es el 5º país europeo con más ayudas irrecuperables a la banca (4,2% PIB), tras Irlanda (17%), Grecia (15,6%), Eslovenia (13,3%), Chipre(10,7%) y Portugal (7%). Esta mayor factura del rescate bancario se debe, según los expertos, a que en España se actuó tarde (en 2012 en lugar de en 2009 y 2010, como otros paises), la crisis inmobiliaria era más profunda, la supervisión fue errónea (Banco de España y Gobiernos) y chocó con la resistencia y la politización de Gobiernos y autonomías (Cajas).   

Además, hay otras ayudas que no se incluyen en estas cifras, como las ayudas fiscales que van a tener durante muchos años los bancos que han comprado Cajas y bancos rescatados. Se llaman “créditos fiscales” y son millones que deja de recaudar Hacienda. CaixaBank, por ejemplo se apuntó 1.208 millones de créditos fiscales (menos impuestos, más beneficios) en 2013, por la compra del Banco de Valencia. Y lo mismo han hecho BBVA o Sabadell, los otros grandes que han comprado bancos en crisis. Hay también otros costes, como los 82.000 empleos perdidos en la banca desde 2008 (3 de cada 10 empleados) y el cierre de 16.000 sucursales bancarias (1 de cada 3), que provoca un deterioro del servicio a los clientes en media España. Y además, en estos 5 años de reconversión bancaria, los bancos supervivientes no han estado para prestar a empresas y familias, con lo que ha habido un coste adicional de menos créditos (-500.000 millones) y un mayor cobro de comisiones y tipos, para compensar sus propios costes (298.541 millones en saneamientos).

Pero eso sí, también hay quien ha salido ganando con este rescate bancario que tanto ha costado a los contribuyentes, empleados y clientes. Son los grandes bancos, que ahora son más grandes, sin haber gastado demasiado en unas compras que nos han costado a todos 41.150 millones. Los más beneficiados han sido CaixaBank, que se quedó con Banco de Valencia (6.154 millones de ayudas públicas irrecuperables) y Banca Cívica (toda la ayuda pública se ha recuperado) y Banco Sabadell, que adquirió la Caja de Ahorros del Mediterráneo (11.093 millones aportados por el Fondo de Garantías sin recuperar) y el Banco Gallego (340 millones de ayudas públicas irrecuperables). Y BBVA, que se adjudicó Cataluña Bank (11.803 millones de ayudas públicas irrecuperables) y Unnim (2.642 millones del Fondo de garantías irrecuperables). Luego están Banesco, el mayor banco de Venezuela, que compró Novacaixagalicia-Abanca (9.052 millones de aportaciones públicas irrecuperables) y Unicaja, que se adjudicó CEIIS, una entidad (Caja España + Caja Duero) a la que se aportaron 955 millones públicos irrecuperables. Y Cajastur, que se quedó con Caja Castilla la Mancha (4.215 millones del Fondo de garantías irrecuperables), BBK que compró Cajasur (392 millones públicos irrecuperables) e Ibercaja que adquirió Caja3 (Caja Inmaculada, Caja Círculo y Caja Badajoz), una de las tres entidades rescatadas donde se ha recuperado toda la ayuda pública, como en Liberbank (Cajastur, Caja de Extremadura, Caja Castilla-La Mancha y Caja Cantabria), que podría fusionarse con Ibercaja. Ahí están nuestras ayudas perdidas.

Ya no es sólo que los grandes bancos se hayan quedado con Cajas y bancos rescatados por todos a precio de saldo, sin pagar todo el dinero inyectado (público y privado). Es que además, gracias a estas compras, la gran banca se ha hecho más fuerte, sobre todo tras la reciente compra del Popular por el Santander (también a precio de saldo, 1 euro, y ayudas y créditos fiscales). Así, ahora, los 3 grandes grupos bancarios (Santander, CaixaBank y BBVA) controlan ya la mitad del mercado bancario (48,3% del crédito y 49,6% de los depósitos). Y si incluimos a Bankia  y Sabadell, los cinco grandes controlan el 64% del mercado bancario (el presidente de Bankia habla incluso del 72%), un porcentaje que llega al 75% (y lo supera incluso) en 21 provincias (Galicia, Aragón, las 2 Castillas, Gerona, Cáceres, Huelva y Tenerife), según ha alertado el Banco Central Europeo (BCE). Un oligopolio bancario que no se da en ningún otro país europeo, donde los 5 grandes bancos controlan el 48% del mercado en la zona euro, el 32% en Alemania, el 48% en Francia, el 41% en Italia y el 39% en Reino Unido. Y esta concentración aumentará en 2018, cuando se vendan Bankia-BMN (y aunque se prevé ingresar por la venta 9.800 millones, aun quedarán otros 14.271 millones públicos aportados irrecuperables).

Así que el rescate bancario se ha saldado con 41.150 millones de euros públicos perdidos, más ayudas fiscales indeterminadas, 82.000 despidos y 16.000 sucursales cerradas, menos crédito y más tipos y comisiones bancarias para los clientes. Un elevado coste que ha salvado los depósitos de millones de clientes, como dice Rajoy, pero ha hecho más fuertes a los grandes bancos, que este año han digerido ya la crisis y ganan 7.967 millones de euros en el primer semestre, un 21% más que el año pasado. Y que son más fuertes para imponer tipos y comisiones a los clientes, mientras no se “mojan” en dar créditos a las empresas (sobre todo a las pymes) y centran su actividad en dar créditos al consumo (a tipos más altos que en Europa) y más hipotecas. Y que siguen en los Juzgados, porque hay ya 57.000 demandas presentadas desde junio por clientes, por presuntos abusos en préstamos y cláusulas suelo.

O sea, que tenemos una banca poco transparente, que presta menos de lo que se pide, cobra altos tipos y muchas comisiones, paga poco por el ahorro y  además,  tiene una mala imagen entre los clientes: “la reputación de la banca está bajo mínimos. Es un problema muy serio”, ha dicho sin ambages el consejero delegado de CaixaBank. Un pobre balance para un sector que se ha beneficiado de 41.500 millones de ayudas públicas irrecuperables. Unas ayudas que han obligado al Gobierno Rajoy a hacer unos recortes drásticos estos años, para reducir el déficit: se han recortado desde 2012 unos 37.000 millones de euros en ayudas a los parados (-11.364 millones), en sanidad (-9.787 millones), educación (-7426 millones), Dependencia (-2.865 millones), ayudas a las familias (-1.200 millones), gastos sociales (-1.000 millones) y Ciencia (-3.741 millones en I+D+i), entre otros. Recortes que han sufrido millones de españoles y que se podrían haber evitado si las Cajas y bancos rescatados se hubieran gestionado mejor y si su supervisor (el Banco de España no ha hecho autocrítica) y los gobiernos de Aznar y Zapatero los hubieran auditado mejor y obligado a sanearse con sus propios medios, sin coste público, como han hecho con el Popular.

Y hay otro tema que “clama al cielo”: tras un rescate bancario tan costoso para los españoles, sólo hay 4 directivos bancarios en la cárcel: 4 directivos de Novacaixagalicia, en prisión desde el 16 de enero, tras ser condenados a 2 años de cárcel. El presidente de esa Caja, Julio Fernández Gayoso, salió en libertad  el pasado 4 de agosto. Y otro ejecutivo bancario que pasó por prisión, Miguel Blesa, estaba en libertad y se suicidó en julio. Y aunque hay 274 directivos bancarios investigados en los juzgados, en 47 causas remitidas a la Fiscalía por el FROB, todos están en libertad. Y casi ninguno de ellos, que se beneficiaron de sueldos e indemnizaciones de escándalo, ha devuelto nada de los 41.500 millones públicos perdidos por su corrupción y mala gestión.

Así que lo peor no es sólo lo mucho que se ha perdido con el rescate bancario sino que no se ha castigado a los culpables y que los bancos beneficiados son más fuertes que antes y no cambian su comportamiento ante los clientes. Todavía se está a tiempo de aprovechar la nacionalización de Bankia y BMN (fruto de la fusión de Caja Murcia, Caixa Penedés, Caja Granada y Sa Nostra) para crear con estas dos entidades (fusionadas desde el 14 de septiembre) un banco público, que sea el contrapunto a una potente banca privada. En vez de malvenderlo a uno de los grandes (y hacerlos así más poderosos), el Gobierno y la posición deberían pactar utilizarlo como ariete para promover una banca más cercana, que preste más y sea más transparente. Y eso es lo que habría que exigir al resto de la banca: que si se ha beneficiado de 41.500 millones que hemos aportado todos, los reviertan a la sociedad, con una banca ética, justa, cercana útil y comprometida con la recuperación. No es mucho pedir dado lo que nos han costado a los españoles. Necesitamos una banca ”nueva” para encarar mejor el futuro.