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jueves, 3 de octubre de 2024

5,5 millones de españoles viven solos

En más de la cuarta parte de los hogares españoles viven personas solas: hay 5,5 millones de hogares unipersonales en 2024, casi el doble que en 2003. Y casi la mitad de estos españoles que viven solos son mayores de 65 años, las tres cuartas partes mujeres. Eso agrava la salud de nuestros mayores y provoca depresiones y otras enfermedades, mientras apenas reciben ayuda en casa. Pero la soledad no deseada no sólo afecta a los que viven solos (algunos porque quieren), también a toda la sociedad: el 20% de los españoles se sienten solos, en especial jóvenes (aunque tengan familia y estén digitalmente conectados)  y mayores de 75 años. Esto provoca problemas mentales, suicidios y depresiones, con un alto coste sanitario y económico. El Gobierno ha prometido una Estrategia contra la Soledad no deseada que no llega, mientras autonomías y ayuntamientos toman medidas descoordinadas. Los expertos piden mejorar los mecanismos de detección y más recursos para paliar la soledad no deseada, una pandemia de nuestro tiempo.

                   2.450.000 mayores viven solos en España

Entre los grandes cambios que ha sufrido España en las últimas décadas está la forma de vida, el tipo de familia que se crea: hemos pasado de hogares con muchos miembros (padres, hijos y abuelos) a hogares con menos personas. Así, el tamaño medio de los hogares ha pasado de 3,82 miembros (1970) a 2,54 (2021) y 2,41 personas por hogar en 2024, según el INE. Y actualmente, de los 19.370.408 hogares que hay en España, según el Censo del 1 de julio de 2024, el hogar más frecuente es la vivienda donde viven 2 personas (5.576.100, el 28,78% del total), pero le siguen muy de cerca los hogares una persona sola : son ya 5.452.100 hogares unipersonales, el 28,14% del total. Y les siguen lejos los hogares con 3 personas (3.877.021) y los que tienen 4 o más personas (4.464.644 hogares).

Lo más llamativo es el salto que han dado los hogares unifamiliares, donde viven personas solas: eran 3 millones en 2003 y casi se han duplicado hasta los 5,45 millones actuales. Eso se debe, básicamente, al progresivo envejecimiento de la población y el aumento de la esperanza de vida (de 79,70 años en 2003 y 84,12 años en 2024), junto al cambio en las relaciones sociales, con un aumento de separaciones y divorcios, así como de personas que eligen vivir solas. El mayor número de hogares unipersonales se registra en Andalucía (910.000), seguida de Cataluña (828.230), Madrid (687.683), Castilla y León (370.429), Galicia (345.912), Castilla la Mancha (240.156) y Canarias (234.311 hogares unipersonales), según el INE. Pero si miramos las autonomías con más peso de estos hogares, el mayor porcentaje de personas que viven solas se da en Castilla y León (35,16% de los hogares, frente al 28,14% de media en España), Asturias (33,96%), La Rioja (31,9%), Extremadura (31,2%), País Vasco (31%) y Cantabria (30,69%), la mayoría regiones con mucha población mayor. 

Y eso, porque casi la mitad de los que viven solos son mayores de 65 años: en 2020, el último año donde el INE publica datos detallados, el 43,64% de los que vivían solos tenían 65 años o más, un porcentaje que había aumentado desde 2013 (cuando eran el 40,92% de los que vivían solos). Así que ahora, en 2024, puede estimarse que el 45% de los que viven solos son ya mayores: 2.450.000 mayores que viven solos, 645.000 más que en 2013. Y además, la amplia mayoría de estos mayores solos son mujeres (viudas en su mayoría, porque la esperanza de vida de las mujeres, 86,20 años, es muy superior a los hombres, que está en 80,74 años): en 2020, las mujeres que vivían solas suponían el 71% de hogares unifamiliares y hoy se estima que las mujeres serán el 75% de los que viven solos.

Los datos son muy llamativos sobre el avance de los hogares unifamiliares en las últimas décadas, pero España es uno de los paises europeos con menos porcentaje de personas que viven solas, también mayores. El porcentaje de viviendas unifamiliares en España (28,14% del total) es alto, pero se supera en Centroeuropa y sobre todo en los paises nórdicos, donde oscila entre el 25 y el 35% de los hogares, según Eurostat. Y sobre todo, el porcentaje de población que vive sola es mucho menor en España: suponen el 10,3% de la población total, frente al 14,8% de media en la UE-27, el 20,9% en Alemania, el 21,2% en Finlandia o el 22,2% que viven solos en Dinamarca, según datos del INE.

Lo mismo pasa con los mayores. En España, el 25,2% de los mayores de 65 años viven solos, un dato muy preocupante, pero inferior al porcentaje de mayores que viven solos en toda la UE-27 (el 32,5%), en Francia y Alemania (el 36,2% de los mayores viven solos), Reino Unido (34,8%) o Italia (28,5%), aunque el porcentaje de viejos solos es menor en Chipre (16,6%), Grecia (24,4%), Eslovaquia (24,5%) y Portugal (24,8%), según el INE. En todo el mundo, se estima que 1 de cada 7 personas mayores de 60 años viven solos (el 14,2%), pero el reparto es muy desigual: hay más mayores viviendo solos en Norteamérica y Europa (en torno al 35%) y muchos menos en Asia, Latinoamérica y África  (en torno al 10%).

Muchos de las casi 5,5 millones de españoles que viven solos lo han elegido así, porque se han emancipado, están solteros (casi 400.000) y no tienen pareja, están casados pero viven solos (120.000)  o se han separado (86.000)  y divorciado (200.000 de los que viven solos). Pero casi la mitad, esos 2,45 millones de mayores que viven solos están en esa situación, mayoritariamente, porque están viudos/viudas (1.400.000), así que no les queda más remedio que vivir solos (o “repartirse” entre sus hijos o ir a una residencia).

El mayor problema reside pues en la soledad no deseada de los mayores, que va a ir a más, porque en las próximas décadas se van a jubilar (y morir) los españoles nacidos con el “baby boom” (entre 1960 y 1975). La previsión es que si hoy, un 20,4% de los españoles tienen más de 65 años (y una cuarta parte viven solos), en 2055 serán mayores el 30,55% de los españoles, según las proyecciones del INE. Así que la soledad de los mayores aumentará en los próximos años, agravándose con ello los problemas que causa.

El grave problema que tienen los mayores que viven solos es su “aislamiento social”, la menor relación con familiares, amigos y vecinos: un estudio de la Junta de Andalucía reveló que los mayores que viven solos tienen hasta 4 veces más de aislamiento social que el resto. Y este mayor aislamiento social supone  un grave riesgo para la salud de los mayores solos: todos los estudios nacionales e internacionales insisten en que esta soledad no deseada provoca depresión, ansiedad y trastornos del sueño, problemas de movilidad (salen menos a la calle) y caídas), problemas de concentración y deterioro cognitivo, mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares, ictus y diabetes, además de deficiencias nutricionales (les da pereza cocinar y hasta hacer la compra), además de tener más problemas para cumplir con la medicación (aunque en las farmacias les ayudan con los pastilleros…). Y en ocasiones, esta soledad no deseada lleva a los mayores al abandono y al suicidio: en 2023, de los 3.952 suicidios registrados por el INE, el 30,2% (1.194) fueron de mayores de 65 años.

Pero el problema de la soledad no deseada no afecta solo a los mayores. Vivimos en una sociedad donde “cada vez hay más gente que se siente sola, aunque viva acompañada”. Ya no se trata sólo de la típica viuda, sino de muchos de sus hijos y sobre todo nietos. De hecho, el último Barómetro de la Soledad no deseada en España, publicado en junio de 2024 por la ONG Soledad.es y la ONCE, alerta que 1 de cada 5 españoles encuestados (el 20%) sufren “soledad no deseada” (el 21,8% de los hombres y el 18% de los hombres). Y además, 2 de cada 3 de estas personas que se sienten solas “llevan en esta situación más de 2 años”. Y la soledad se siente más entre las personas que viven solas (el 34,5% de los afectados viven en hogares unipersonales) que en el resto de hogares (17% se sienten solas).

Lo más llamativo de este Barómetro es que quienes se sienten más solos son los jóvenes: sienten soledad no deseada el 34,6% de los jóvenes de 18 a 24 años. Y además, un 27,1% entre 25 y 34 años y un 20,8% los que tienen entre 35 y 44 años, bajando a partir de esa edad la sensación de soledad, incluso a partir de los 65 años (solo el 14,5% de los que tienen entre 65 y 74 años se sienten solos y un 20% de todos los mayores de 75 años). Choca esa sensación de “soledad no deseada” en las generaciones más conectadas y con más relaciones, aunque los expertos alertan de que muchas de las relaciones juveniles son digitales, a través de las redes sociales y “no les llenan” afectivamente. El Barómetro revela también que la soledad es mayor en las personas con menos formación, en los hogares con menos recursos y en las ciudades (en los mayores, en las zonas rurales).

Para muchos expertos, la “soledad no deseada” es una de las pandemias de nuestro tiempo, en todo el mundo y también en España. Y afecta muy negativamente a la salud, aumentando la depresión y las enfermedades mentales, así como el consumo de alcohol, drogas, ansiolíticos y antidepresivos. Y tiene también un efecto directo en la economía, al aumentar las bajas laborales y reducir el interés por el trabajo y la productividad. Por todo ello, algún estudio señala que el coste económico de la soledad no deseada alcanza los 14.141 millones de euros anuales (el 1% del PIB español), una parte por costes en sanidad (5.600 millones) y medicamentos (500 millones) y por pérdida de productividad (8.041 millones). Con todo, el mayor coste es el deterioro de la calidad de vida y las muertes y suicidios inducidos.

¿Qué se puede hacer?  La primera receta en la que coinciden la mayoría de expertos es detectar y prevenir la soledad no deseada, algo que exige especialistas y medios, que no existen ni en la sanidad pública ni en la enseñanza o las empresas. Sería importante formar a los médicos de familia y crear unidades de detección de la soledad no deseada en los Centros de Salud, así como en Colegios, Institutos y Universidades. Y en las empresas, dentro de una política integral de detección de riesgos laborales. Y a partir de ahí, contar con medios y profesionales para atender a los afectados, algo escaso en la mayoría de las autonomías y ciudades donde hay más soledad no deseada.

Con todo, la prioridad debe ser atender la soledad de las personas mayores, esos millones de mayores que se levantan cada día sin ver a nadie y con la única compañía de la radio o la TV. Que se encierran en casa y no salen casi a andar o hacer la compra y no hablan con los vecinos (que a veces dan la alarma porque no les ven y es porque han muerto…). Estas personas mayores solas requieren algún tipo de atención y ayuda pública, aunque hoy está centrada en los mayores dependientes, los que tienen problemas para valerse por sí mismos. Pero la ayuda a la Dependencia es escasa: hay 1.471.946 Dependientes (mayores y jóvenes) que reciben alguna ayuda, la mayoría una pequeña aportación para  un cuidador o la familia. Y sólo hay 496.887 que reciban teleasistencia, 344.899 que reciben ayuda a domicilio (unas pocas horas a la semana) y 107.163 Dependientes que acuden a Centros de Día… Medidas que ayudan pero son insuficientes.

El Gobierno, a través del ministro de Asuntos Sociales (Pablo Bustinduy) ha anunciado en varias ocasiones que “prepara” una Estrategia para combatir la soledad no deseada, pero no acaba de aprobar nada. Y si no consigue aprobar el Presupuesto 2025, no habrá nuevos recursos para ello. Mientras, el ministro ha pedido “un amplio consenso” entre las distintas administraciones y organizaciones sociales, porque cada uno trabaja a su aire: hay muchas autonomías, Ayuntamientos y ONGs que tienen Planes para combatir la soledad no deseada, sobre todo de los mayores. Pero falta un Plan que fije prioridades, que tenga recursos y que coordine actuaciones. Porque hoy por hoy depende de cada región y de cada ciudad. Así, en Madrid (donde hay 276.000 mayores que viven solos), la Comunidad tiene un programa de atención a mayores solos y el Ayuntamiento otro, mientras múltiples ONGs y voluntarios ayudan y acompañan a mayores solos. Y la Diputación de Guadalajara, con ACCEM y Cruz Roja, reparten comida a los mayores que viven solos en zonas rurales…

Hace falta un Plan estatal contra la soledad no deseada, apoyado por autonomías, Ayuntamientos y ONGs. Pero sobre todo hay que detectar y valorar el alcance del problema, establecer prioridades y tomar medidas, con dinero y personal. Por justicia, por salud física y mental y también porque nos ahorraríamos muchos costes. Pero no parece que este sea un problema importante para nuestros políticos, desde el Estado a autonomías y ciudades. Y mientras, nuestros mayores (y muchos de nuestros jóvenes) sufren una soledad aplastante y angustiosa, muy preocupante. Es otro gran contrasentido: vivimos en una sociedad desarrollada, con un alto nivel de vida y cada vez más solos. Tremendo.

jueves, 25 de mayo de 2017

Un país de hogares solitarios


En 1 de cada 4 hogares españoles vive una persona sola: separados, divorciados, jóvenes y mayores que viven solos, la mitad “por obligación”. Son 4,6 millones de personas, 1 de cada 10 españoles, el triple de “solitarios” que hace 25 años. Pero España es uno de los paises donde viven menos personas solas: el 25,2% de hogares, frente al 31,8% en Europa o el 45% en Dinamarca. Y eso, porque en España, los jóvenes no tienen empleo ni ingresos para irse del hogar familiar y muchos mayores viven con sus hijos o en residencias en vez de solos como en la Europa del norte. Con todo, cada vez hay más españoles que viven solos y eso está cambiando el consumo, los alquileres, la sanidad y la asistencia social. El Gobierno debería tomar medidas para ayudar a los mayores que viven solos, 3 de cada 4 son mujeres con bajas pensiones de viudedad. Porque muchos ancianos están abandonados y la soledad les causa depresiones y enfermedades. Hay que atenderles mejor.


                                                                                            enrique ortega

Los hogares españoles están hoy mucho más vacíos que hace 25 años. Si en 1991 había una media de 3,2 personas por hogar, en 2001 había bajado a 2,9 y en 2016 son 2,5 personas de media por hogar, según la Encuesta continua de Hogares 2016 del INE. Ello se debe a que las parejas tienen ahora menos hijos (1 y como mucho 2) y  a que hay muchas más personas que viven solas: separados, divorciados, jóvenes y mayores. Así, de los 18.406.100 hogares registrados en España, un 25,2% son hogares unipersonales, donde vive una persona sola. En total, son 4.638.300 españoles “solitarios”, según el INE, 1 de cada 10 habitantes. Y su número se ha triplicado en los últimos 25 años, pasando de 1.581.055 personas que vivían solas en 1991 (el 13,3%) a 2.876.572 en 2001 (el 20,27%) y a los 4.638.300 (25,2%) de hoy. Con ello, los hogares unipersonales son hoy los segundos más frecuentes, tras los hogares con dos personas (30,5%) y por encima de los de tres personas (21%).

¿Quién vive solo en España hoy? De los 4.638.300 “solitarios” censados, 4 son mayores de 65 años (1.933.300) y los otros 6 son jóvenes y adultos no jubilados (2.705.100 personas). La mayoría son mujeres (2.476.700) y sólo el 46,6% son hombres (2.161.600). Por estado civil, destacan los “solitarios” solteros (45,8%), seguidos de los separados o divorciados (17%), casados (6%) y viudos (30,2%). Y por autonomías, las que tienen más hogares unipersonales son Cataluña (750.000), Andalucía (736.000), Madrid (655.000) y Comunidad Valenciana (517.000), aunque en porcentaje relativo, hay más hogares con gente sola en Asturias (29,7% de hogares unipersonales), Castilla y León (28,7%), La Rioja (28,5%), País Vasco (27,2%) y Aragón (27,1%), según la Encuesta continua de hogares 2016 del INE.

Aunque los hogares unipersonales se han triplicado desde 1991, España es todavía uno de los paises europeos donde hay menos gente que vive sola: hay un 25,2% de hogares unipersonales frente al 31,8% de estos hogares en Europa (UE-28), con lo que hay 18 paises con más “hogares solitarios” que España, según Eurostat. El ranking lo encabeza la Europa del norte: Dinamarca (45% de hogares unipersonales), Finlandia (40,8%), Noruega (40,6%), Alemania (40,5%), Suecia (39,9%) y Holanda (39,6%), seguidos de Austria (37%), Bélgica (34,3%), Francia (35,8%) o Italia (34,3%). Y entre los paises con menos “solitarios”, la Europa del sur y del Este: Chipre (20,8%), Portugal (21,4%), Irlanda (22%), Rumanía (22,1%), Hungría (22,8%), Malta (23,3%), Bulgaria (24,2%), Polonia (24,4%), España (24,6%) y Grecia (25,7%).

La causa de que en Europa haya más hogares donde sólo viva una persona es doble. Por un lado, los jóvenes europeos se emancipan antes que los españoles y viven por su cuenta en mayor medida que aquí. Y por otro, las relaciones entre padres e hijos son diferentes: en la Europa del sur hay más costumbre de que los hijos se hagan cargo de los padres y vivan con ellos, mientras en la Europa del norte hay más “independencia” intergeneracional. Baste un dato: en España, el 54,3% de los padres mayores de 65 años tienen contacto con los hijos todos los días, mientras en Europa sólo tienen este contacto diario el 37,8% de los padres jubilados (y en Dinamarca el 18,3%), según un estudio de Eurofound 2012.

Veamos con detalle los dos grupos de españoles que viven solos: los jóvenes y adultos no jubilados y los mayores de 65 años. Primero, los 2.705.100 “solitarios” menores de 65 años en 2016 (1.228.528 más que en 2001). La mayoría son hombres (1.595.800) y en los últimos años han crecido los que viven solos porque se han separado o divorciado, mientras se reducían los jóvenes que viven solos, por la crisis. De hecho, la edad media de los jóvenes para independizarse ha subido en España a 29,4 años, frente a 26,1 años de media en Europa, los 20,7 años de Suecia , los 23,7 de Alemania, los 23,8 años de Francia o los 24,9 años de Reino Unido, según datos de Eurostat (2016). Y hay un dato todavía más llamativo: en España, el 80,3% de los jóvenes de 19 a 29 años (5.233.406 jóvenes) sigue viviendo con sus padres frente al 70% de media en Europa, según el Observatorio del Instituto de la Juventud. Y si tomamos a jóvenes algo más mayores, entre 22 y 29 años, el 70% de los españoles viven con su familia, frente al 16% en Francia, un 21% en Alemania o un 30% en reino Unido, según un informe de la OCDE (2015).

¿Por qué los jóvenes españoles no se lanzan a vivir solos? Por su penosa situación económica. Primero, la tasa de paro juvenil (menores de 25 años) es en España del 40,5% (la segunda más alta tras el 48% de Grecia), más del doble del paro juvenil de la UE-28 (17,2%) y la zona euro (19,4%), según Eurostat. Y segundo, los jóvenes con empleo tienen un trabajo muy precario: el 73% de los jóvenes españoles (menores 25 años) tienen contratos temporales frente a un 43,8% de media en Europa (UE-28). Con ello, su incertidumbre laboral es muy alta y su salario muy bajo: un tercio de los jóvenes españoles de 16 a 29 años (casi 2,5 millones) son oficialmente “pobres”, ingresan menos del 60% de la media de ingresos española. O sea, ingresan menos de 8.209 euros netos anuales, según el INE. Así no hay forma de irse de casa y ponerse a vivir solo o en compañía y formar un hogar.

Veamos al otro grupo de los que viven solos, los mayores de 65 años: forman 4 de cada 10 hogares solitarios, según la Encuesta continua de Hogares 2016. Son 1.933.300 personas mayores que viven solas, 552.000 más que en 2001. Y de ese total de mayores solos, el 70% son mujeres mayores solas (y cuanto más mayores, más solas: el 21,4% de las que tienen entre 65 y 74 años viven solas y el 39,7% de las que tienen más de 85 años). En España, los mayores que viven solos suponen el 22,9% de todos los hogares de personas mayores (2016), un porcentaje que no ha dejado de crecer desde 1991 (hace 25 años, sólo el 16,6% de mayores españoles vivían solos). Con todo, esta proporción de “mayores solitarios” es también menor en España que en Europa: 24% en 2015 frente a 32,2% de mayores que viven solos en Europa, según Eurostat. Donde hay más mayores viviendo solos es en los países nórdicos y centro Europa: 40% del total en Dinamarca o Finlandia, 39% en Suecia, 38% en Francia, 34% en Alemania o 32% en Reino Unido. Y donde menos en la Europa del sur: 31% de mayores en Italia y 24% en Portugal, España o Grecia.

La explicación de que en España tengamos menos mayores que viven solos que Europa es múltiple. Por un lado, hay razones familiares y educativas: en la Europa del sur funcionan mejor las redes familiares y las hijas están más acostumbradas a cuidar a los padres en casa. Por otro lado, en el norte y centro de Europa existen más ayudas sociales para que los ancianos puedan vivir en su hogar, con asistencia externa. Y como contraposición, las pensiones españolas son muy bajas (el 47% son menores de 650 euros) y no permiten a muchos jubilados vivir solos, con lo que acaban aportándolas a sus hijos, también como forma de ayuda para salir adelante todos. Y en el caso de las mujeres, su pensión de viudedad es aún más exigua y les dificulta vivir solas: la pensión media de viudedad es de 645 euros al mes y hay 538.000 viudas (casi 1 de cada 4) que reciben menos de 400 euros de pensión al mes.

Con todo, 1.933.300 mayores de 65 años viviendo solos (el 22,9% de todos los mayores) son muchos mayores solitarios. Y esa abultada cifra, que crece año tras año, conlleva varias consecuencias económicas. La primera, cómo estos “mayores solitarios” consiguen sobrevivir y pagar con su exigua pensión la comida (17,4% de su gasto frente al 15% en el presupuesto de los menores de 65 años), los gastos de vivienda (39,9% frente al 31,8% el resto) y la salud (4,7% frente al 3,5%), ya que en lo demás gastan mucho menos: en ocio (10,2% frente a 15,1%), en vestir (3,8% frente al 5,1%) y en los demás bienes y servicios (24% frente al 29,5%), según la Encuesta de presupuestos familiares del INE. Con la crisis, muchos mayores solitarios se han encontrado con que no pueden pagar la luz o la calefacción y están a la cabeza de la pobreza energética.

Otro elemento clave del aumento de mayores que viven solos es su atención sanitaria y social, para evitar que su salud se deteriore o se mueran solos, como se informa con demasiada frecuencia. Debería existir un Plan de choque de la sanidad pública para tener censados a estos mayores que viven solos y asegurarles una asistencia sanitaria y social frecuente, con la ayuda de la teleasistencia. De hecho, la soledad es un grave problema que acaba teniendo efecto sobre la salud de los mayores, provocando en un 10% de los casos depresiones y enfermedades, según los expertos.

El aumento de los hogares donde vive una sola persona, sea mayor, joven o de mediana edad, está revolucionando el consumo y lo va a modificar mucho más, desde la presentación de los alimentos (no es lo mismo comprar para uno que para cinco) a los servicios (lavadora para uno). Y va a aumentar la oferta de servicios comunes para personas solas, desde comedores a lavanderías. Y lo mismo en la vivienda: promotores y constructores tendrán que pensar cada vez más en pisos-estudio para jóvenes, adultos y mayores que viven solos y a los que no compensa comprar o alquilar una casa de varias habitaciones.

En paralelo, el Gobierno debería actuar en dos frentes, a la vista de los datos de españoles que viven solos. Por un lado, fomentando que los jóvenes puedan emanciparse y vivir solos (o formar familias) como en Europa. Eso pasa por mejorar la formación y educación de los jóvenes (somos un país líder en abandono escolar: el 19% de los jóvenes de 18 a 24 años, frente al 10,7% de media en Europa), para que estén mejor preparados para trabajar en lo que se demanda, ampliando la Formación Profesional, los contratos en práctica y la contratación estable de jóvenes, menos precarizados y mejor pagados.

Por otro, hay que tratar de apoyar más desde el Estado a los mayores que viven solos. Primero, reforzando su asistencia social y sanitaria, con un servicio de visitas frecuentes al domicilio y teleasistencia, que prevengan enfermedades y depresiones. Segundo, fomentando servicios comunes y desarrollando proyectos como los  pisos tutelados y viviendas compartidas iniciados en Madrid. Tercero, promoviendo ayudas para el acogimiento familiar de los mayores y co-financiando cuidadores a domicilio, una fuente de trabajo y residencia para jóvenes. Y por supuesto, trasvasando los ancianos más vulnerables de sus viviendas a residencias de mayores, lo que exige aumentar las plazas disponibles y, sobre todo, redistribuirlas mejor porque hay regiones con poquísimas residencias para ancianos (2,22 por 100 habitantes mayores de 65 años en Canarias, 2,91 en Valencia, 2,95 en Andalucía, 3,06 por 100 en Galicia) y otras mejor dotadas (7,43 plazas por 100 mayores en Castilla y León, 7,09 en Castilla la Mancha,6,38 en Aragón ó  5,16 por 100 en Navarra).

Al final, de los 4.638.300 españoles que viven solos, algo más de la mitad (59,4%) lo hacen por voluntad propia, pero casi la mitad (40,6%) se ven obligados a ser “solitarios” , según una encuesta de la Fundación Once (2015). Y la mayoría de estos “solitarios obligados”  son ancianos que se han quedado solos, el 70% de ellos mujeres. Aquí es donde deberían centrarse las ayudas públicas, para mejorar su vida y sus últimos años. Si es posible en su casa, mejor, pero reduciendo riesgos y problemas. Y si no, evitando que malvivan solos, facilitando su atención familiar o en una residencia. Es lo menos que merecen.